Crónicas de una madre muy puta, XI

Milfs. Estoy en la sala de mi casa empinada sobre el sillón, mi falda esta completamente arremangada y mi pantaleta la tengo hasta los tobillos, lo que quiere decir que mis nalgas están completamente expuestas a francisco.

Quien sin ninguna pena, me las está acariciando, siento como las aprieta y me las soba de una manera bastante brusca y de vez en cuando me da algunas  nalgadas, yo solo me muevo de un lado a otro, tratando de sobrellevar las toscas caricias, pero me es casi imposible, ya que cada que me muevo francisco me sujeta por las caderas mientras me dice,

 

– estate quieta mary..!!

 

yo solo le repito que ya me suelte, que mi hijo esta por llegar de la universidad, pero eso a el parece no importarle, ya que cada vez me acaricia mas y mas fuerte,

 

– se que tu hijo no tarda en llegar, pero no te preocupes, solo me divertiré un poco con tus nalgas,

 

se que si le digo que no, el se va a aferrar mas, así que solo le digo que se de prisa,

 

– vamos francisco, apurate ya..!!

 

Francisco separa mis nalgas y empiezo a sentir, como su miembro comienza a hacer presión en mi orificio anal, se que la penetración es inminente, así que le suplico que lo haga despacio,

 

– no seas muy tosco francisco, sabes bien que no me gusta que me lo metas por detrás,

 

– tranquila mary, ahora solo quiero que te relajes, ok.

 

Y segundos después, su enorme pedazo de carne, se va abriendo paso lentamente en mi interior, es enorme y bastante caliente, siento que me rompe por dentro, y pego un ligero grito, pero francisco no se detiene, al contrario, me suelta una fuerte nalgada, a la vez que exclama,

 

– relajadita mary, si no, te va a doler mas,

 

Tomo un poco de aire, encorvo mi espalda y escondo mi cabeza entre mis brazos, y después de unos segundos, al fin aquel pedazo de carne, entra por completo,

 

– bien mary ya la tienes toda adentro,

 

 – ya francisco sacala por favor, – exclamo –

 

Pero francisco, lejos de hacerme caso, me sujeta de la cintura y comienza a mover sus caderas de atrás hacia adelante, su miembro entra y sale de mi trasero de una manera rápida y brusca, yo me muevo de un lado a otro, pero el a recargado sus brazos en mi espalda, dejándome sometida casi por completo, pero no conforme con eso, me comienza a decir,

 

– quien es tu picador mary..??

 

mi garganta esta seca y a duras penas puedo contestarle,

 

– tu francisco,

 

el, al escuchar mi contestación, acelera sus embestidas, sabe que me tiene bien sometida y se aprovecha de eso,

 

– te esta gustando mi verga en tu culo mary..??

 

se muy bien la respuesta, asi que con voz entrecortada le respondo,

 

– si francisco, me fascina tu verga…

 

el solo ríe y acentúa sus movimientos, para ese momento, yo me e quedado quieta y solo escondo mi cabeza entre mis brazos, el parece no cansarse, al contrario conforme pasan los minutos el acentúa mas sus embestidas, hasta que de pronto se detiene, me sujeta fuertemente y comienza a gemir, instantes después, siento como su caliente semen inunda mis entrañas, y aquel pedazo de carne comienza a salir de mi, el se aparta por completo, me da unas cuantas nalgadas y después se levanta, mientras me dice,

 

– te deje tu culo bien lleno de semen mary..jajajaja…

 

como puedo me levanto y me comienzo a acomodar la ropa, seco el sudor de mi frente y miro el reloj, es casi la hora en que llega mi hijo, así que subo rápidamente al baño y me limpio lo mas que puedo, me retoco el maquillaje y después de unos minutos, salgo del baño y escucho que mi hijo ya esta en la sala, platicando con francisco, vuelvo a tomar aire y comienzo a bajar las escaleras, el me ve y me saluda con un beso, no se a dado cuenta de que a su madre se la acaban de culear,  así que me sigo hasta la cocina y comienzo a lavar los trastes, y después de unos minutos, entra mi hijo y me dice, que va a salir con su amigo, yo le respondo que esta bien, que no se tarde, da media vuelta y escucho como ambos salen de casa, dejo los trastes y estoy a punto de salir de la cocina cuando me doy cuenta que un pequeño charco de semen esta justo debajo de mis pies, con las prisas no me acorde ni de ponerme las pantaletas, hasta donde va a llegar esto, no lo se…

 

Me gusta / No me gusta

Verdaderas amigas Primera Parte

PRIMERA PARTE

Con tan sólo ocho meses de conocer a Vanessa nos hemos vuelto buenas amigas. Ella es esposa de un socio de mi marido.

Este fin de semana tanto Alex, el esposo de Vanessa, como mi marido salieron a entrevistarse con otros posibles socios para un nuevo proyecto. Bueno, por lo menos eso me dijo Santiago. Igual (como me dice Vanessa) se fueron de conquista. Eso, a estas alturas, ya ni me preocupa pero hasta el día de ayer todo era diferente. En fin, ayer decidí que en vez de aburrirme sola, y estar a la espera de Santiago, la pasaría con mi amiga.

Tras ir de shopping fuimos a su casa que es bellísima. Está distribuida en distintas terrazas y tiene una vista verdaderamente soberbia de la ciudad. Nadé un rato en la piscina y luego me recosté junto a ella en una tumbona a tomar el sol.

Mientras jugueteaba con mi sortija dándole vueltas a mis pensamientos ella me hizo una pregunta.

—¿Cómo va tu matrimonio?

—Es un asco —me atreví a decir.

La sinceridad de mis palabras fue muy clara, pues necesitaba desahogarme.

—Déjame adivinar… ¿Te refieres a… en la cama? —me preguntó Vanessa con una sonrisa algo pícara.

Un tanto sonrojada asentí.

—Ya nada es como al inicio. Santiago está… pues, diferente —continué—. Pero es que no sólo es eso. Ya no me presta ninguna atención, es como si yo sólo fuera un objeto decorativo que perdió su novedad —seguí confiándole.

—Nena, te entiendo, créeme. Yo pasé por lo mismo: distanciamiento, falta de interés y al final hasta de sexo. Créeme te llevo años de ventaja —me confesó Vanessa.

Por sus palabras sentí que mi nueva amiga realmente se identificaba conmigo. Era reconfortante hablar con alguien en quien podía confiar.

—Y ¿cómo has hecho para sobrellevarlo? Tú y Alex no parecen tener problemas—le pregunté.

—Nuestra relación es bastante cordial. Él creé que me engaña y yo le dejo creerlo, sólo me enfoco en los beneficios de su desdén y no le reclamo nada —me respondió ella.

—¿Beneficios? ¿Como cuáles? —le pregunté intrigada.

—Como este día. Me gusta tener tiempo para mí, ya sabes, mientras Alex se va a hacer… lo que sea que haga, yo aprovecho el tiempo —me dijo con total contento Vanessa.

—Guau, pues te lo tomas muy bien. Mejor que yo, creo. La verdad me gusta ir de compras y pasar el tiempo contigo pero… —no terminé de hablar ya que ella me interrumpió.

—No, espera, no me refería a eso. Y no me malinterpretes, este tiempo sólo para chicas que compartimos es genial pero de lo que hablo es de… —y esa vez fue ella quien se vio interrumpida cuando alguien se aproximó.

Se trataba de  un chico bastante alto (yo estimo de 1.90 m. de estatura y 26 o 28 años), de piel oscura, notable musculatura y una atractiva calva, quien se acercó con una bandeja entre sus manos para ofrecernos un par de bebidas que cada una tomamos de la charola. Tras darle las gracias él se retiró.

Mientras el camarero se alejaba de nosotras noté que mi amiga Vanessa no lo perdía de vista dejando en evidencia un interés particular en él.

—Ah, vaya… a eso te refieres —le dije en tono socarrón.

Ella sonrió.

—Pues sí amiga, qué te puedo decir. El mejor consejo que te puedo dar es éste: Busca diversión más allá de tu relación.

—¿Te refieres a tener sexo con otros hombres? —le pregunté asombrada de lo que me sugería.

—¡Claro! La vida se hizo para coger. A mí me funciona y no sabes lo desestresante que es. Una mujer sexualmente satisfecha es una mujer feliz.

—¿De verdad lo has hecho con… él? No te creo —le dije señalando al camarero y dudando de si hablaría en serio; no sabía si ella sólo estaba jugando o si de verdad Vanessa se había atrevido a hacerlo con tremendo hombre quien me imaginaba estaría bien dotado.

—Aún no. No tiene mucho que lo contraté.

—Ah, ¿pero te lo piensas…? —le dije con estupor.

—¿Coger? Pero por supuesto. ¿No has visto el buen físico que tiene? ¿Por qué crees que me interesó? —me preguntó ladina.

—Porque da un buen servicio —le respondí sonriendo y señalando mi bebida que estaba deliciosa.

—Sí pero en la cama, por lo menos eso espero —dijo entre risillas Vanessa.

Ambas reímos y luego continuó.

—Ay amiga si te contara mis aventuras —me dijo.

—Cuenta, cuenta —le dije con real interés.

Mordiéndose el labio guardó silencio un segundo y luego de asegurarse de que nadie de su servidumbre estaba tan cerca como para escucharnos prosiguió.

—Está bien Daima, pero sólo para que te animes y te liberes tú también —me dijo.

Fue entonces que Vanessa me contó sobre su primera infidelidad.

—Un par de años antes de conocerte, Alex y yo habíamos ido junto con unos amigos de él a un bar. Para ese entonces ya me había fastidiado el distanciamiento de mi marido y esa noche se había portado particularmente indiferente. Sólo por mi insistencia me había permitido acompañarle esa noche, de seguro quería pasarla bien con sus amigotes y algunas fulanas. Bueno, el caso es que probablemente le fastidié sus planes porque toda su atención la volcó a sus amigos. Alex ni siquiera me dirigía la palabra así que decidí alejarme y con el pretexto de ir a los sanitarios me fui a sentar frente a la barra donde pedí un par de tragos. No pasó mucho tiempo para que alguien me abordara. Yo, que ya estaba picada, ni tarda ni perezosa acepté sus insinuaciones.

Después de asegurarme que Alex no me veía tomé la iniciativa y me llevé al tipo al baño de las chicas. Al entrar con él las chicas que allí estaban se molestaron por meter a un hombre junto conmigo pero no me importó. Me encerré con él en uno de los cubículos y nos comenzamos a fajar violentamente.

Me hervía tanto la sangre, amiga, que prácticamente me violé a aquel hombre de quien ni supe su nombre. Tras darle una deseosa y jugosa mamada en la que descargué mis febriles deseos con poderosas succiones, lo tiré haciéndolo caer sentado en el retrete. Metí mis manos bajo mi falda y me deshice de mis pantaletas. Subí mi falda hasta mi cintura y me senté en él.

Ufff amiga, no sabes… El cogidón que nos dimos allí adentro.

—¡Guauuu…! Uy amiga, no me lo puedo creer, qué afortunada eres. Yo sólo he tenido sexo con Santiago en toda mi vida… mi vida sexual es patética —me lamenté.

—No digas eso. Es cosa de que te animes. De seguro has notado hombres que te echan el ojo, ¿o no? —me preguntó Vanessa.

—Pues sí pero… —respondí.

—Allí está. Es sólo que te decidas, de seguro que rápidamente encuentras a uno que te eche un buen polvo.

Me sonrojé nuevamente.

—Oye se me está ocurriendo una idea. Yo había pensado cogerme a este chico hoy mismo. Después de que se fuera María y Juanita… y tú, naturalmente. Pero ahora que lo pienso… ¿por qué no te nos unes? —me preguntó Vanessa.

Quedé impactada ante su proposición.

—No, ¿cómo crees? —le respondí perpleja.

—Anda, anímate, no se trata forzosamente de que participes. Tan sólo puedes limitarte a ver —me insistió.

—No… no lo sé, no… no sé —le dije mientras trataba de localizar al camarero en el bar, aunque sin dar con él.

—Vamos, anda, será divertido. Mira, tú no tienes que hacer nada, tan sólo mirar —me propuso con total confianza.

—Ay, no sé. ¿Y si se da cuenta Santiago? —le pregunté con genuino temor.

—¿Cómo crees? No tiene porque enterarse, además los hombres están tan enfocados en sí mismos que se les puede engañar fácilmente. Si te sientes insegura sólo muéstrate un poquito celosa ahora que lo vuelvas a ver y él solamente se preocupara de que no lo descubras en alguna de sus movidas.

—¿De verdad crees que Santiago me pone el cuerno? —le pregunté con angustia.

—Ay amiga, todos los hombres son iguales. —me respondió con tanta seguridad que le creí.

Quedé unos segundos en silencio meditando lo dicho por Vanessa.

—¿Y de verdad Alex nunca se ha enterado de tus…? —le pregunté tratando de cobrar seguridad.

—¿Infidelidades? No, que va. Con decirte que, cuando lo besé la otra noche antes de irnos a dormir, ni siquiera percibió el tufillo del semen que otro hombre había depositado en mi boca minutos antes.

Vanessa rió. Y tras una breve pausa yo también reí.

—¿Quieres oír algo más caliente? —Vanessa me preguntó y yo inmediatamente asentí intrigada—. Pues desde hace tiempo, cuando le pongo con alguien de verdadera confianza, dejo que se venga dentro. No sabes lo cachonda que me pone esperar a ver si Alex se dará cuenta o no.

Las palabras de Vanessa me dejaron, para ser honesta, algo caliente, así que no reflexioné más y dije:

—Está bien, acepto.

Continuará…

Me gusta / No me gusta