Verdaderas amigas Primera Parte

PRIMERA PARTE

Con tan sólo ocho meses de conocer a Vanessa nos hemos vuelto buenas amigas. Ella es esposa de un socio de mi marido.

Este fin de semana tanto Alex, el esposo de Vanessa, como mi marido salieron a entrevistarse con otros posibles socios para un nuevo proyecto. Bueno, por lo menos eso me dijo Santiago. Igual (como me dice Vanessa) se fueron de conquista. Eso, a estas alturas, ya ni me preocupa pero hasta el día de ayer todo era diferente. En fin, ayer decidí que en vez de aburrirme sola, y estar a la espera de Santiago, la pasaría con mi amiga.

Tras ir de shopping fuimos a su casa que es bellísima. Está distribuida en distintas terrazas y tiene una vista verdaderamente soberbia de la ciudad. Nadé un rato en la piscina y luego me recosté junto a ella en una tumbona a tomar el sol.

Mientras jugueteaba con mi sortija dándole vueltas a mis pensamientos ella me hizo una pregunta.

—¿Cómo va tu matrimonio?

—Es un asco —me atreví a decir.

La sinceridad de mis palabras fue muy clara, pues necesitaba desahogarme.

—Déjame adivinar… ¿Te refieres a… en la cama? —me preguntó Vanessa con una sonrisa algo pícara.

Un tanto sonrojada asentí.

—Ya nada es como al inicio. Santiago está… pues, diferente —continué—. Pero es que no sólo es eso. Ya no me presta ninguna atención, es como si yo sólo fuera un objeto decorativo que perdió su novedad —seguí confiándole.

—Nena, te entiendo, créeme. Yo pasé por lo mismo: distanciamiento, falta de interés y al final hasta de sexo. Créeme te llevo años de ventaja —me confesó Vanessa.

Por sus palabras sentí que mi nueva amiga realmente se identificaba conmigo. Era reconfortante hablar con alguien en quien podía confiar.

—Y ¿cómo has hecho para sobrellevarlo? Tú y Alex no parecen tener problemas—le pregunté.

—Nuestra relación es bastante cordial. Él creé que me engaña y yo le dejo creerlo, sólo me enfoco en los beneficios de su desdén y no le reclamo nada —me respondió ella.

—¿Beneficios? ¿Como cuáles? —le pregunté intrigada.

—Como este día. Me gusta tener tiempo para mí, ya sabes, mientras Alex se va a hacer… lo que sea que haga, yo aprovecho el tiempo —me dijo con total contento Vanessa.

—Guau, pues te lo tomas muy bien. Mejor que yo, creo. La verdad me gusta ir de compras y pasar el tiempo contigo pero… —no terminé de hablar ya que ella me interrumpió.

—No, espera, no me refería a eso. Y no me malinterpretes, este tiempo sólo para chicas que compartimos es genial pero de lo que hablo es de… —y esa vez fue ella quien se vio interrumpida cuando alguien se aproximó.

Se trataba de  un chico bastante alto (yo estimo de 1.90 m. de estatura y 26 o 28 años), de piel oscura, notable musculatura y una atractiva calva, quien se acercó con una bandeja entre sus manos para ofrecernos un par de bebidas que cada una tomamos de la charola. Tras darle las gracias él se retiró.

Mientras el camarero se alejaba de nosotras noté que mi amiga Vanessa no lo perdía de vista dejando en evidencia un interés particular en él.

—Ah, vaya… a eso te refieres —le dije en tono socarrón.

Ella sonrió.

—Pues sí amiga, qué te puedo decir. El mejor consejo que te puedo dar es éste: Busca diversión más allá de tu relación.

—¿Te refieres a tener sexo con otros hombres? —le pregunté asombrada de lo que me sugería.

—¡Claro! La vida se hizo para coger. A mí me funciona y no sabes lo desestresante que es. Una mujer sexualmente satisfecha es una mujer feliz.

—¿De verdad lo has hecho con… él? No te creo —le dije señalando al camarero y dudando de si hablaría en serio; no sabía si ella sólo estaba jugando o si de verdad Vanessa se había atrevido a hacerlo con tremendo hombre quien me imaginaba estaría bien dotado.

—Aún no. No tiene mucho que lo contraté.

—Ah, ¿pero te lo piensas…? —le dije con estupor.

—¿Coger? Pero por supuesto. ¿No has visto el buen físico que tiene? ¿Por qué crees que me interesó? —me preguntó ladina.

—Porque da un buen servicio —le respondí sonriendo y señalando mi bebida que estaba deliciosa.

—Sí pero en la cama, por lo menos eso espero —dijo entre risillas Vanessa.

Ambas reímos y luego continuó.

—Ay amiga si te contara mis aventuras —me dijo.

—Cuenta, cuenta —le dije con real interés.

Mordiéndose el labio guardó silencio un segundo y luego de asegurarse de que nadie de su servidumbre estaba tan cerca como para escucharnos prosiguió.

—Está bien Daima, pero sólo para que te animes y te liberes tú también —me dijo.

Fue entonces que Vanessa me contó sobre su primera infidelidad.

—Un par de años antes de conocerte, Alex y yo habíamos ido junto con unos amigos de él a un bar. Para ese entonces ya me había fastidiado el distanciamiento de mi marido y esa noche se había portado particularmente indiferente. Sólo por mi insistencia me había permitido acompañarle esa noche, de seguro quería pasarla bien con sus amigotes y algunas fulanas. Bueno, el caso es que probablemente le fastidié sus planes porque toda su atención la volcó a sus amigos. Alex ni siquiera me dirigía la palabra así que decidí alejarme y con el pretexto de ir a los sanitarios me fui a sentar frente a la barra donde pedí un par de tragos. No pasó mucho tiempo para que alguien me abordara. Yo, que ya estaba picada, ni tarda ni perezosa acepté sus insinuaciones.

Después de asegurarme que Alex no me veía tomé la iniciativa y me llevé al tipo al baño de las chicas. Al entrar con él las chicas que allí estaban se molestaron por meter a un hombre junto conmigo pero no me importó. Me encerré con él en uno de los cubículos y nos comenzamos a fajar violentamente.

Me hervía tanto la sangre, amiga, que prácticamente me violé a aquel hombre de quien ni supe su nombre. Tras darle una deseosa y jugosa mamada en la que descargué mis febriles deseos con poderosas succiones, lo tiré haciéndolo caer sentado en el retrete. Metí mis manos bajo mi falda y me deshice de mis pantaletas. Subí mi falda hasta mi cintura y me senté en él.

Ufff amiga, no sabes… El cogidón que nos dimos allí adentro.

—¡Guauuu…! Uy amiga, no me lo puedo creer, qué afortunada eres. Yo sólo he tenido sexo con Santiago en toda mi vida… mi vida sexual es patética —me lamenté.

—No digas eso. Es cosa de que te animes. De seguro has notado hombres que te echan el ojo, ¿o no? —me preguntó Vanessa.

—Pues sí pero… —respondí.

—Allí está. Es sólo que te decidas, de seguro que rápidamente encuentras a uno que te eche un buen polvo.

Me sonrojé nuevamente.

—Oye se me está ocurriendo una idea. Yo había pensado cogerme a este chico hoy mismo. Después de que se fuera María y Juanita… y tú, naturalmente. Pero ahora que lo pienso… ¿por qué no te nos unes? —me preguntó Vanessa.

Quedé impactada ante su proposición.

—No, ¿cómo crees? —le respondí perpleja.

—Anda, anímate, no se trata forzosamente de que participes. Tan sólo puedes limitarte a ver —me insistió.

—No… no lo sé, no… no sé —le dije mientras trataba de localizar al camarero en el bar, aunque sin dar con él.

—Vamos, anda, será divertido. Mira, tú no tienes que hacer nada, tan sólo mirar —me propuso con total confianza.

—Ay, no sé. ¿Y si se da cuenta Santiago? —le pregunté con genuino temor.

—¿Cómo crees? No tiene porque enterarse, además los hombres están tan enfocados en sí mismos que se les puede engañar fácilmente. Si te sientes insegura sólo muéstrate un poquito celosa ahora que lo vuelvas a ver y él solamente se preocupara de que no lo descubras en alguna de sus movidas.

—¿De verdad crees que Santiago me pone el cuerno? —le pregunté con angustia.

—Ay amiga, todos los hombres son iguales. —me respondió con tanta seguridad que le creí.

Quedé unos segundos en silencio meditando lo dicho por Vanessa.

—¿Y de verdad Alex nunca se ha enterado de tus…? —le pregunté tratando de cobrar seguridad.

—¿Infidelidades? No, que va. Con decirte que, cuando lo besé la otra noche antes de irnos a dormir, ni siquiera percibió el tufillo del semen que otro hombre había depositado en mi boca minutos antes.

Vanessa rió. Y tras una breve pausa yo también reí.

—¿Quieres oír algo más caliente? —Vanessa me preguntó y yo inmediatamente asentí intrigada—. Pues desde hace tiempo, cuando le pongo con alguien de verdadera confianza, dejo que se venga dentro. No sabes lo cachonda que me pone esperar a ver si Alex se dará cuenta o no.

Las palabras de Vanessa me dejaron, para ser honesta, algo caliente, así que no reflexioné más y dije:

—Está bien, acepto.

Continuará…

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Mi mujer en el sex-shop

Espero que este relato sea de vuestro agrado , por lo menos hemos intentado escribirlo utilizando el máximo de los detalles que hicieron de ese día algo nuevo e inolvidable.
De la misma forma los nombres que saldrán en este relato no son los originales pero los sitios si que lo son así por lo menos quien conozca la zona podrá imaginarse esta narración de una forma mas clara.
Nos llamamos Carlos y mi mujer Patricia, ambos tenemos 28 años. Soy un chico completamente normal pero con la suerte de tener una mujer de escándalo: es morena , mide 1,67 y sus medidas son 95-60-87. A todo esto hay que sumarle que tiene una cara cargada de morbo y siempre viste de manera muy provocativa por lo que llama atención allí por donde pasa.
Un día paseando por Barcelona vimos un sex-shop en la rambla y nos decidimos a entrar, en un inicio solo era para hacer el curioso.
Empezamos mirando lencería, lubricantes y juguetes para ella (tengo que decir que juguetes tiene algunos ya que sabe que me encanta jugar)
Al poco vi la puerta de la sala de mini cine X así que decidí preguntarle:
-¿Te apetece que entremos a mirar un poco?
-Bueno como quieras pero si no nos gusta nos vamos.
Entramos en la sala, se apagaron las luces y empezó la película, la verdad es que era realmente buena, sin decirle nada empecé a pajearme, al principio sin que ella se diera cuenta ya que estaba totalmente absorbida por la película. Ella movía las piernas constantemente ya que tenía el tanguita empapado como me percate mas tarde.
Yo estaba disfrutando y mi mujer aunque parecía tener un poco de vergüenza también parecía gustarle, en ese instante me fije que a tres o cuatro sillas de allí había un chico más joven que nosotros mirando. Evidentemente que se había sentado cerca de ella para mirarla.
Al poco mi mujer aparto la mirada de la película y me vio disfrutando con la escena de la película (un trío de 2 con 1 sola chica)
Tengo que reconocer que estas son las escenas que mas me excitan, me encanta ver a una solo chica hacer disfrutar a 2 tíos.
Patricia me comento viendo lo bien que lo estaba pasando:
-¿Te gusta verdad?
Yo afirme que me lo estaba pasando muy bien con la película, ella sonrió y me susurro al oído; ¿que pensarías de mí si te echo una mano y la gente me ve hacerlo? ¿Te molestaría que me vieran?
-Me encantaría la verdad, además allí ya tienes un espectador, si a ti no te importa a mi me gustaría que te vieran masturbarme.
Me agarro la polla y empezó a subir y bajar con su mano masturbándome además de acariciarme los huevos para ya hacer de esa paja algo impresionante. Estaba muy caliente , sin pensarlo mucho, decidí abrirle las piernas dejando su cochito a la vista del chico para que disfrutara viéndoselo y empecé a acariciárselo, primero empecé tocándole el clítoris dándole pellizquitos a veces y acariciándoselo dando círculos como a ella le gusta
La escena acabo aproveche para sacarle las tetas y empezar a tocárselas asegurándome de nuevo que nuestro espectador no perdiera ningún detalle. Disimuladamente me fije como ya no podía dejar de pajearse mirando como mi mujer estaba totalmente cachonda y disfrutando de la paja que yo le estaba haciendo.
Yo ya había perdido los papeles, decidí mirando al chico invitarlo discretamente a sentarse a nuestro lado para seguir con el espectáculo y cuando mas se acercaba mas crecía el morbo en mi interior por aquella situación.
Cuando por fin se sentó al lado de Patricia me fije como esta de forma discreta miraba la polla que tenia a su otro lado hasta que finalmente se dio cuenta de que yo la había visto y por su reacción creo que entendió bien que le daba mas que permiso para que mirara sin miedo.
En esta situación opte por decirle a mi mujer:
-¿Te gustaría masturbarlo a el también?
Lo estaba diciendo y casi me corría solo en pensarlo, había imaginado alguna vez a mi mujer con otro tío, sobretodo lo imagino cuando la masturbo con consoladores, y eso me excita mucho.
Mi mujer al principio con un poco de vergüenza empezó a bombearle el miembro a nuestro nuevo amigo, me encantaba estaba pajeandonos a los dos.
Ahora yo ya no podía dejar de masturbarla pero viendo que el chico no dejaba de pasarle las manos por las piernas saque mi mano para que pudiera masturbarla como forma de romper un poco mas el hielo y sin duda alguna funciono. Observe que cuando el chico empezó a tocarle el clítoris mi mujer se ensalivo dos dedos y se mojó de nuevo todo el chochito. Me encantaba ver como masturbaba a mi mujer, le acariciaba el clítoris dando círculos , le metía 2 deditos, le daba palmaditas en el conejito y mi mujer cada vez lo pajeaba mas como si fuera una putita.
Viendo que sabia bien donde tocarle y que iba bien cachonda yo empecé a lamerle las tetas disfrutando con sus gemidos que hizo que algún otro hombre (un poco mayor) se diera cuenta de nuestra pequeña fiesterita.
Aguantamos un par de escenas mas hasta que cuando ya estaba apunto de acabar la película nuestro nuevo amigo hizo que mi mujer se corriera metiéndole los deditos para que así acabara con unos gemidos que hacían la competencia a los que salían de la película.
Ya lista no tubo compasión ninguna y fue tal la paja que nos hizo que creo que dejamos las butacas llenas de manchas.
Al salir de allí nos despedimos de Pedro y nos dirigimos para la salida pero antes me fije como varios hombres (mayores) la miraban con mucho deseo.
Espero que haya sido de vuestro agrado este relato, si es así colgare algún otro porque esta fue la primera pero no la ultima experiencia.
Esperamos vuestros comentarios

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