Del Messenger a llenar de semen

Mi novia Sara (27 años) y yo hicimos un viaje a Madrid para ver un musical. Aprovechamos que unos amigos se iban de viaje ese mismo fin de semana para hospedarnos en su ático en pleno centro.

El viaje transcurrió sin problemas, y a la hora que tocaba estábamos haciendo cola, bien vestidos, para entrar a ver el musical.

Mientras esperábamos, de repente un chico de treinta tantos se nos quedó mirando. Al principio no le reconocí, pero en seguida supe quién era. Se trataba de Rafa, un chico al que había enseñado fotos provocativas de mi novia por Internet. La última vez que habíamos coincidido, ambos nos habíamos masturbado frente a la Webcam viendo fotos de mi novia.

Nos saludamos, y nos dijo que tenía prisa porque tenía que descambiar una cámara en unos grandes almacenes y que su esposa le estaba esperando. Intercambiamos teléfonos.

Dentro del teatro, Sara me preguntó quién era, y se lo expliqué. Me dijo que “menos mal que no lo había reconocido antes o se habría muerto de vergüenza”.

* * *

Una vez terminó el musical nos fuimos al ático de mis amigos. Mientras preparábamos una cena fugaz, sonó el teléfono. Era Rafa. Me dijo que le había dicho a su mujer que había quedado con unos compañeros del trabajo para jugar al Póker y que  tenía la noche libre por si queríamos vernos. Miré a mi novia, y le dije que sí. Le di la dirección del ático y me dijo que en una hora llegaría.

Se lo explicó a Sara y al principio le molestó un poco que no lo hubiera comentado con ella. Después, simplemente pasó del tema como si no hubiera existido.

Aproximadamente una hora después, estando nosotros sentados en el sofá viendo la tele, llamaron al interfono. Era Rafa.

Le abrí la puerta, y nos saludó a ambos muy amablemente.

RAFA: Sara, no sabes la alegría que me da conocerte en persona.

SARA: ¿y eso?

RAFA: bueno, supongo que Luis te ha contado que “te conozco” un poco. – El hombre se quedó mirando de arriba abajo la ropa que se había puesto Sara para andar por casa que consistía en un pequeño top amarillo, sin sujetador, y un pantaloncito corto del mismo color.

SARA: sí… está hecho un guarrete… ósea ¿que has visto fotos mías?

RAFA: Algunas… y me encantan. Que sepas que soy un gran fan de tus fotos. Espero que no te  moleste. No hay maldad alguna en los ratos que echamos Luis y yo. Además, un cuerpo tan hermoso como el tuyo merece ser admirado.

Hubo una pausa mientras sólo Sara sonreía.

RAFA: Oye, Sara, y a ti qué te parece esto que hacemos? No te molesta, verdad?

SARA: no, Luis y ya tenemos definidas las normas.

RAFA:sabes, sara, he fantaseado un millón de veces con este momento

SARA: ¿y qué te has imaginado?

RAFA: uhm, tantas cosas… pero ninguna tan buena como lo que veo… eres un sueño

Sara se cruzó las piernas y te sonriendo pícaramente.

RAFA:  a ti qué te parece cuando te cuenta Luis lo que hace? No tienes curiosidad por ver cómo es la gente a la que le enseña tu cuerpo?

SARA: alguna vez me ha excitado y hemos terminado follando.

RAFA: me encantaría saber que alguna vez habéis echado un polvo a mi salud

SARA: claro que sí…

RAFA: uhm, así sé que, por lo menos, no me masturbo sólo. Ahora pensaré cuando lo haga que folláis después de que te cuente lo que hacemos.

Sara se rió.

RAFA: sabes, lo que más me gusta de ti son tus tetas. ;e encantan, son tan juveniles…

SARA: pero sin son chiquititas… – Dijo mirándoselas.

RAFA: son magnificas y mira qué escote te hacen. No puedo quitar los ojos de ellas.

SARA: ¿sabéis qué? Mucho me ha contado lo que enseña de mí Luis por el Messenger, pero yo no he visto en directo lo que pasa.  – Mi novia se sentó en el sofá de en frente. – Veréis lo que vamos a hacer. Voy a posar como en las fotos que me hace Luis y luego enseña, y vosotros haced lo mismo que haríais por Internet, con las Webcams.

Rafa y yo nos miramos sonrientes, mientras Sara posaba.

Se sentó de lado, dejando el culo a nuestra vista. La redondez y blancura de su pequeño culito nos puso a mil. Levantó un poco los bordes del pantaloncito y sus nalguitas hicieron suspirar a Rafa.

RAFA: ufff, qué culo. Madre mía.

Sara se acarició la pierna terminando en la nalga sin dejar de mirarnos.

Se medio tumbó en el sofá, y estirando las piernas hacia nosotros, las levantó y se quitó lentamente el pantalón corto. Poco a poco, unas pequeñas braguitas con dibujos, como si fueran de niña pequeña, quedaron a nuestra vista.

Sara pasó una mano entre sus piernas y se acarició el culito al tiempo que se chupaba un dedo sin dejar de mirarnos.

RAFA: con vuestro permiso, y como ha dicho Sara, voy a hacer lo que haría frente a la webcam.  – El chico se empezó a desvestir hasta quedarse en pelotas, con una polla bien tiesa apuntando al cielo. Cuando se sentó, empezó a pajearse lentamente.

Sara se sentó de lado, y se llevó una mano a los pechos. Los acarició lentamente por fuera del top y luego los juntó dejándonos ver un escote increíble y un atisbo de sus pequeños pezones rosados.

Yo no pude aguantar más e imité a Rafa, que en aquellos momentos se masturbaba sin cortarse un pelo.

Sara se puso a cuatro patas apoyándose sobre un cojín, y se acarició las braguitas por detrás, a la altura del coñito. Mientras lo hacía, se bamboleaba con suavidad hacia delante y atrás como si la penetraran.

Mi novia, se sentó sobre el cojín como si quisiera cabalgarlo… y de hecho fue lo que hizo.  Lentamente, y doblando la espalda, restregó su coñito sobre el cojín dejando a nuestra vista su culo perfecto.

SARA: y ahora lo último…

Sara se tumbó boca arriba y se colocó el cojín entre las piernas. Se retorció bajo su peso, levantando el culito y moviendo la pelvis en círculo mientras se frotaba contra el cojín. Ella gemía e iba cada vez más rápido hasta que de repente se paró y se levantó.

SARA: ¿qué os ha gustado más, esto o la Webcam?

Todos nos reímos y Sara se sentó entre Rafa y yo en el sofá.

LUIS: ven aquí cariño.

Sara se levantó y se sentó sobre mis rodillas orientada hacia nuestro amigo.

Empecé a subirle el top desde abajo dejando a la vista su vientre plano, subiendo poco a poco hasta dejar al aire sus dos tetitas acabadas en pezones en punta. Sus pechos eran respingones, blancos, y apuntaban hacia arriba.

RAFA: he soñado tanto con tocarlas…

Mi novia se inclinó hacia atrás sacando pecho.

LUIS: pues esta es tu oportunidad… – le dije mientras tocaba distraídamente los pechos de mi novia.

Con timidez, Rafa palpó uno de sus pechitos y le acarició con ternura la cara, bajando su mano por todo su cuerpo hasta acabar en la rodilla de ella.

Sin mediar palabra, mi novia se levantó y se sentó en las rodillas de Rafa.  El hombre le acarició los pechos con suavidad y le rozó los pezones con la punta de los dedos.

Acercó su boca para chuparlos, pero en el último momento le dijo:

RAFA: de verdad que no sabes cuántas veces he pensado esto… La envidia que me daba Luis pudiendo hacerlo siempre que quisiera…

Llevó su lengua a un pezón y lo chupó despacito. Le lamió con más intensidad los pezones al tiempo que su mano fue bajando hasta su entrepierna. Empezó a masturbarla lentamente por encima de la ropa al tiempo que le comía todo el cuello.

Sara se levantó y se puso a cuatro patas en el sofá.

RAFA: mmmm. Son muchos meses de pensar en este cuerpo, Sara, de masturbarme con él,

de desearlo a todas horas.

Su culito respingón estaba bien erguido y sus braguitas avisaban con desaparecer engullidas. Rafa le pasó la lengua por las dos nalgas y acto seguido las acarició como si fueran de papel. Las mordisqueó y poco a poco las fue sobando y estrujando entre sus manos, dándole algún azotito.

Le bajó las braguitas y empezó a jugar con sus dedos por dentro y por fuera hasta al final hundir su cabeza justo debajo y comerle el coñito. Mientras lo hacía, acariciaba todo el cuerpo de ella que podía, con avaricia, con ansia.

Rafa notaba como se le humedecía el coñito a  mi novia. Aquel pequeño coñito depilado que parecía el de una chica de 18 años.

RAFA: eres maravillosa…

Él hombre le devoraba el coñito mientras que su nariz se hundía en su culito.

Sara se levantó, acalorada se quitó el top y las braguitas quedándose totalmente desnuda. Se sentó entre Rafa y yo. Se inclinó sobre mí y me dio besos húmedos y excitantes sobre el ombligo. Rafa se levantó para verle mejor el culito  y se lo acarició con ternura. Ella se giró, y tras apoyar la mano en su barbilla, le besó lentamente la boca. Mi chica me agarró la polla al tiempo que Rafa le besaba el cuello. Sara me agarró la polla y masturbó lentamente mientras que Rafa le estrujaba el culito.

Tan pronto como Sara empezó a chupármela, Rafa le comenzó a acariciar el coñito.

RAFA: mmm, qué coñito de colegiala. Lo tiene bien mojadito.

Sara me la chupaba más rápido y nuestro amigo le daba besos, mordiscos y chupetones por las nalgas. Ella estaba a cuatro patas con el culo en pompa, y todos estábamos muy excitados.

RAFA: me gusta ver cómo te la come…

El hombre agarró aquel pequeño culo que parecía un melocotón y siguió chupándolo hasta llegar a su coñito. Paseó toda la extensión de su lengua por sus labios inferiores para luego jugar con la punta de su lengua sobre su clítoris.

Sara gemía mientras Rafa le comía el coño al tiempo que su nariz le rozaba el culo.  El hombre pasó la lengua del coño al culo y viceversa, llenándolo todo bien de saliva.

RAFA: me encanta, qué rico…

Sara gime hasta que le pide que pare. Se arrodilla y empieza a comérsela a nuestro invitado: le da tímidos lametazos con la punta de la lengua haciendo que él se retorciera de gusto.  Le masturba rápidamente haciendo que sus tetitas salten al ritmo del brazo, para luego llevársela entera a la boca.

RAFA: mmmmm. Sara, Sara, Sara, mmmmm. ¡Estoy empalmadísimo! Siiiiii, sigueeee.

Mi novia se la come con maestría, acelerando y frenando en los momentos clave.

RAFA: ufff preciosa. Qué cachondo estoy. Nunca la he tenido así de grande. ¡Qué ganas de follarte!

SARA: ¿follarme? ¡mejor te follo yo!

Sara se levantó y se sentó de espaldas a Rafa. Se abrió de piernas, y agarrando con los dedos aquel pollón, se lo metió entero lentamente en el coño. Se inclinó hacia atrás, y con la fuerza de sus piernas, empezó a botar sobre aquella polla sin dejar de gemir.

Se paró un momento y se la metió entera. Me miró con lujuria al tiempo que se frotaba el clítoris.

RAFA: uffff. Es muy estrecho y está muy húmedo. Ahora me toca a mí follarte.

El hombre le agarró el culito, y lo agitó arriba y abajo haciendo que su miembro la penetrara sin descanso. Ella gemía como una loca, y en un momento dado él se paró y se la sacó.

RAFA: mmmm. Tengo que parar para no correrme. Me tienes loco. ¡Loco! Déjame que disfrute de ese culito.

Cambiaron de postura y Sara se puso a cuatro patas, con el culito bien en pompa. Me senté a su lado y ella me la chupó al instante.

SARA: ¡vamos! ¡fóllame como un animal! ¡Cómo te lo imaginabas cuando me veías en foto desnuda!

Rafa se la metió lentamente y comenzó una serie de fuertes embestidas que venían de improviso, precedidas por una breve pausa mientras se la sacaba. Aquel pollón entraba y salía muy duro. Sara apenas podía con el vaivén de las embestidas y no era capaz de chupármela en condiciones.

LUIS: creo que ya me toca ¿no?

Todos nos reímos. Sara se dio la vuelta y se la metí con mucha facilidad en el coñito. Me la follaba a buen ritmo mientras ella se la comía a nuestro invitado. Rafa se entretenía jugando con las tetitas de ella.

RAFA: me encantan tus tetas Sara. Mmmmm. No me canso de ellas.

La aludida levantó la cabeza sin dejar de masturbarle y le besó con la lengua por fuera de la boca. Rafa se puso de pies en el sofá, y tras meterle la polla en la boca a mi chica, empezó un mete saca que literalmente le estaba follando la cabeza.

RAFA: ¿por qué no cabalgas un poco a tu chico?

Dicho y hecho, al momento tenía las tetitas de Sara dando botes sobre mi cara. Era lo único que veía mientras intentaba comerle los pezones, así que Rafa me contaba lo que hacía.

RAFA: le estoy metiendo un dedito a tu chica por el culo y le encanta. Se mueve más rápido excitada ¿lo notas? Le he escupido y ahora pasa mejor. ¿Probamos si también entra algo más grande?

SARA: ¡despacio, despacio, despacio! – gritó Sara.

RAFA: se la estoy metiendo por el culo poco a poco. Sólo la puntita… Así… mmmmm… ¡Qué apretado está!

Sara se movía lentamente mientras la penetrábamos por el culo y el coño. Según se iba adaptando su cuerpo, ella se movía más rápido. Pasado un rato pidió que paráramos que ya no podía más.

Mi novia cabalgó a toda velocidad, de frente a Rafa mientras que ambos gemían. Ella me la chupaba a duras penas hasta que entre gritos Rafa se quedó quieto.

LUIS: ¿qué pasa?

SARA: ¿Que qué pasa? ¡que me ha llenado el coño de semen! ¡eso es lo que pasa!

Mi chica se tumbó boca arriba, empapada en sudor, con la mano apoyada en la frente agotada.

No perdí la oportunidad y me coloqué encima. Se la metí por el coñito, y el ardor de la corrida de nuestro amigo me puso más caliente aún. Me la follé a lo misionero como si fuera una muñeca hinchable que no rechistara. Cuando no aguanté más, sin avisar, me corrí dentro de ella disfrutando al máximo y llenándome de placer.

Me retiré, y cual volcán, riachuelos de semen manaron del coño de mi novia.  Rafa se vistió rápidamente y se tuvo que ir casi sin despedirse porque le llamaba su mujer…

Mi novia y yo estábamos tan cansados que nos quedamos dormidos desnudos en aquel sofá donde tanto habíamos disfrutado los tres.

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Trío a los 18

A los 19 años yo salía con una chica llamada Lidia, de 18 y muy caliente y pervertida. En los dos años que llevábamos juntos habíamos hecho más cosas en el ámbito sexual que muchas otras parejas más mayores.

Tras mucho hablar del tema y ruegos por parte de ella, decidimos dar un paso más y hacer un trío.

Decidimos poner un anuncio en un famoso portal Web de contactos que decía:

“Pareja jovencita , guapa e inexperta busca chico en Barcelona para el primer fin de semana de Agosto, cachas de gimnasio para trío. Enviar fotos de cuerpo entero.”

Para que el anuncio fuera más efectivo Lidia se dejó hacer varias fotos: dos en ropa interior y una con las tetas al aire. Le tapamos la cara y las añadimos al anuncio.

El anuncio lo pusimos un viernes, y hasta el lunes no vimos las respuestas. Teníamos el correo algo saturado con notificaciones. La mayoría era de chicos que no se ajustaba al perfil por una razón u otra. Lidia dio con 5 candidatos que al final redujo a dos. Chateamos por el Messenger con ambos y uno iba muy a saco y no nos inspiró confianza. El otro, de nombre Salva, fue el elegido.

El chico tenía 32 años (14 más que mi novia), no era muy alto, guapo de cara según Lidia y tenía un cuerpo esculpido en el gimnasio. En las fotos que nos envió salía en calzoncillos, así que no pudimos valorar nada más físicamente.  Trabajaba como funcionario y vivía solo en un piso cerca de la plaza Cataluña.

Chateando parecía muy majo, seguro de sí mismo y simpático. Le hablamos sobre nuestra inexperiencia y fantasías y el fin de semana que íbamos a estar de viaje en Barcelona.  Nos dijo que no había problema y hasta se ofreció a hablar con nosotros por teléfono por si no nos fiábamos. Primero habló conmigo, y la verdad es que cualquiera diría que lo que quería era hacer un trío. Después habló con Lidia, y esta no paraba de reír.

***

Llegó el día del viaje y ambos estábamos muy nerviosos. Salva nos invitó el sábado a cenar a su casa. En el hostal, Lidia se visitó con un vestidito atado al cuello, con colores naranja y marrón. Muy escotado. Me quedé mirando su cara de niña traviesa, su larga melena rizada, sus grandes labios, su esbelta figura y pechos talla 90 y no pude evitar decirle lo buena que estaba.

Llegamos a la casa de Salva y éste nos abrió la puerta. Nos recibió con un abrazo para cada uno y en seguida hizo que cogiéramos confianza y sintiéramos como si ya le conociéramos de antes.

Tras hablar un poco nos pusimos a cenar en una mesa redonda que tenía los exquisitos manjares que él mismo había cocinado. El ágape estuvo regado por sangría que no paraba de vaciarse de los vasos.

Entre el calor y el alcohol, no tardamos en sudar los tres. Salva se quitó su camiseta dejando al descubierto sus grandes músculos y tableta de abdominales. Lidia se le quedó mirando comiéndoselo con la mirada.

–          Contadme chicos ¿a quién se le ocurrió lo del anuncio? – dijo Salva.

–          Lo escribimos entre los dos.- Contesté yo.

–          Me lo imagino, pero ¿quién quería hacer lo del anuncio?

–          Yo –  dijo Lidia sonriendo coquetamente y mirando a Salva de arriba abajo. Él le respondió con otra sonrisa.

–          ¿Y tú no estás celoso? – me preguntó con cara de pena.

–          No, no…

–          ¿Cómo te sientes imaginándote a Lidia con otro tío?

–          Pues… La verdad es que me pongo cachondo imaginándomelo.

–          ¿Y a ti Lidia?

–          Bueno, je je je. No te enfades cariño, pero me pone imaginarme totalmente ocupada por dos hombres haciéndome disfrutar.

Mientras que decía estas palabras, Lidia se inclinó hacia delante juntando lo suficiente los brazos como para lucir y remarcar un gran escote. Sus tetas blancas y claras destacaban redondas encajadas en su vestido.

–          Y tú Luis ¿dónde te sueles correr?  – dijo Salva sin quitar la vista del escote de Lidia.

–          Ufff, jeje. Pues aparte de dentro de ella aprovechando que toma la píldora, pues por todos lados… en su cara, en sus tetas, en su espalda, en… cualquier parte.

Lidia y Salva sonreían.  Al inclinarme para coger la jarra de sangría pude ver que aquel hombre tenía su mano puesta sobre la pierna de mi chica. Empecé a ponerme muy nervioso. El corazón me latía como si se me fuera a salir.

–          Tienes motivos para estar contento. Tu novia Lidia es preciosa.

–          Gracias – dijo Lidia al tiempo que detenía unos segundos su dedo en sus labios.

–          Oye Lidia, ahora que estamos en confianza… ¿cómo la chupas?

–          Je, je, je. Me da un poco de vergüenza describírtelo… Dame la mano…

Lidia separó  el dedo índice de Salva y se lo acercó a la boca sin dejar de mirarle a los ojos. Sacó su lengua y recorrió círculos con su punta sobre la yema del dedo. Se introdujo el dedo lentamente en la boca hasta llegar a los nudillos. Después lo sacó, y lo recorrió de arriba abajo con la lengua para terminar metiéndoselo en la boca y darle un par de mamadas más. Todos nos quedamos callados. Se respiraba tensión sexual en el ambiente.

–          Eso ha estado muy bien…  Ha sido la mejor respuesta de la noche, ja, ja, ja- dijo Salva

Esta vez pude percatarme cómo Salva acercaba la mano que tenía en el muslo de mi novia más hacia su sexo, levantándole la parte de abajo del vestido y dejando a la vista su tanga.

–          ¿Y tú Luis? ¿Eres celoso? ¿Crees que aguantarías que otro hombre se tirara a tu chica?

–          Sí… creo que aguantaría.

–          ¿Ya te lo has imaginado?

–          Vaya.

–          ¿Y cómo te has sentido?

–          Pues… cachondo – todos reímos.

–          Entonces… – Salva se levantó de su silla y se colocó tras la de Sara.- ¿Qué sientes si hago esto?

Salva colocó sus manos abiertas en la cintura de Lidia y fue subiendo hasta llegar a los costados de sus pechos. Una vez allí, juntó sus manos hacia el centro haciendo que aquellas dos hermosas tetas conjurasen un gran escote pálido.  Salva siguió tocando las tetas de Lidia por encima de la ropa ante el silencio de ella.

–          ¿Te gusta Luis?

–          Sí, ufff. Me pone.

–          Vaya tetas que tienes – le dijo a Lidia – ¿Te gustaría que me follara a tu novia? – me dijo mirándome con los ojos muy abiertos.

–          ¡Sí! – respondió por sorpresa Lidia.

–          ¡Aha! Así que Luis, tienes una novia un poco guarrilla ¿eh?

–          Está hecha toda una zorrita.

Lidia pasó sus manos por el pecho y abdominales de Salva mientras se mordía el labio. Salva se volvió a sentar y Lidia colocó la mano sobre su paquete.

–          Cariño, creo que nuestro nuevo amigo esconde una buena polla.

–          ¿Te gustaría verla eh?

Lidia se levantó y se sentó de frente sobre Salva. Le agarró la nuca y empezó a besarle de forma apasionada.

–          ¿Estás caliente eh? – dijo Salva en un respiro.

Lidia le respondió chupándole los pezones al tiempo que le masajeaba el paquete. Le agarró la nuca y tras besarle un rato más, colocó la cabeza del chico entre sus pechos. Éste empezó a chuparlos y le sacó las tetas por fuera del sujetador y del vestido, desvelando sus grandes pezones rosados.

–          Tengo ganas de comerte la polla – le susurró Lidia en el oído.

–          ¡Pues tendrás que esperar!

Desde mi posición podía ver cómo aquel bruto sobaba el culo de mi novia, durito y erguido entre su tanga. Salva empujó platos y otros objetos que estaban sobre la mesa y con algo de rudeza cogió a Lidia en volandas y la sentó sobre la mesa.

–          Atento Luis, vas a aprender a comerle el coño a tu chica.

De un tirón le quitó el tanga y lo lanzó al suelo. Le subió la parte de debajo del vestido dejando a la vista su coñito depilado y le dijo:

–          Niña, antes de que me comas la polla, te voy a comer yo ese coñito tan bonito que tienes.

Salva hundió su cabeza entre las piernas de la chica y esta emitió un grito.

–          ¡Madre mía! ¡tienes el coño empapado! Debes de estar muy cachonda. Seguro que estabas deseando que hiciera esto. ¿A qué sí guarrilla? Seguro que saber que tu novio te está viendo con otro también te pone bien cachondilla. ¿Qué tienes que decir?

Lidia se inclinó hacia delante y agarró a Salva por el pelo:

–          ¡Que te calles y me comas el coño de una vez!

Tras decir esto, forzó la cabeza del chico tirándole de los pelos hasta ubicarlo entre sus piernas.

Viendo como gemía mi chica y se retorcía de placer, me bajé los pantalones y empecé a masturbarme.

Me acerqué a Lidia a ver si me la chupaba, pero estaba tan extasiada  que pasó de mí.

–          Ha llegado la hora de las pollas

Dicho esto, Salva se puso de pies, cogió a Lidia por las piernas y se la metió de una sentada. Ella gimió de placer.

–          Síiiii, fóllame – le suplicó.

Empezó a follársela lentamente, aumentando el ritmo poco a poco, acercando su cuerpo con la ayuda de sus poderosos brazos.  Lidia pasaba de mí, pero yo no podía parar de cascármela viendo aquello: mi chica gimiendo mientras se la follaba un conan, y sus tetas saltando al ritmo de sus gemidos.

De repente Lidia se zafó de su presa y se puso de pies antes la sorpresa de todos.

–          Te he dicho que  tengo ganas de comerte la polla, y eso voy a hacer.

De un empujón sin mucho éxito indicó a Salva que se sentara en la silla. No había terminado de poner sus nalgas sobre el asiento cuando Lidia se lanzó hacia su polla, chupándola como una auténtica profesionalidad. Con una mano le masturbaba mientras que se metía en la boca aquel trabuco a toda velocidad. Mientras, Salva le tocaba las tetas y se las tocaba como si quisiera sacarles brillo.

–          Para, para, para que me corro.

La chica lo hizo en el momento justo para evitarlo. Aprovechando que el chico estaba sentado, Lidia se sentó sobre él dándole la espalda y metiéndose del tirón aquella pollaza en su coñito.

Empezó a cabalgarle apoyándose en la mesa. Parecía una amazona cabalgando sobre su corcel en plena batalla.

Salva se levantó sin desengancharse de Lidia y la apoyó sobre la mesa. Empezó a follársela a lo perrito con el cuerpo de ella apoyado sobre la destartalada zona en que minutos antes habíamos comido.  Me acerque a la cara de Lidia y me sonrió.

–          Venga cariño, chúpamela un poco.

–          Amhhh, amhhh, no pue.. puedo, amhhh.

Se giró unos segundos hacia mí y me dio unos pocos chupetones en el capullo mientras me masturbaba.

–          Vamos al sofá

Salva se sentó en el sofá y colocó rápidamente a Lidia sobre él. Le hincó la polla con total precisión y Lidia le cabalgó de frente con una mano pasada por su cuello. Sus tetas redonditas saltaban a la altura de la barbilla del chico, que ayudaba a trajinar a mi novia agarrándole las nalgas, subiéndola y bajándola.  Salva le agarró las dos tetas, las juntó y empezó a chuparlas con un ruido de absorción mientras movía la cabeza de un lado a otro como si estuviera negando algo.

–          ¿Querías follarme? ¡ahora verás!

Besó a Lidia con lujuria y la colocó a cuatro patas con la cabeza inclinada en el sofá.  Se la folló con fuerza y en un momento dado apoyó su pie sobre la cabeza de la joven Lidia. Nunca había visto a nadie follar así. Lidia debía de tener el coño escocido.

Cambiaron a la postura del misionero. Lidia se veía diminuta bajo aquel enorme cuerpo cultivado por horas y horas de gimnasio. Todo su cuerpo se estremecía.

–          Me corro, me  corro!!

Con fuertes gemidos animales Salva se corrió dentro Lidia. Cuando la sacó, un hilillo de semen resbaló desde dentro de su coño.  Salva se tumbó encima de ella y se quedaron así unos minutos. Finalmente, y sin decir nada, se levantó y se fue al baño.

–          Bueno, ya va siendo hora de que me toque a mí ¿no?

–          Ufff, cariño, estoy destrozada. No puedo más – Lidia hizo pucheritos.

–          Pues entonces vámonos, que llevo un calentón que no puedo más.

Nos vestimos y nos fuimos sin despedirnos.

En el taxi de vuelta al hotel, el móvil de Lidia sonó.

–          Es Salva…

–          ¿Qué dice?

–          Te leo: “no os habeis despedido!ha stado gnial preciosa.repetimos mañana?dile a tu chico k disfrutara mas,lo prometo.muacs”

–          Joder… Por lo menos admite que no me he comido un rosco.

–          ¿Qué hacemos?

–          Pues cuando lleguemos al hotel tendrás que ayudarme a descargar.

–          Eso está hecho. ¿Y mañana?

–          ¿A ti qué te apetece?

Lidia contestó sólo con una sonrisa lasciva.

CONTINUARÁ…

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Compartiendo a mi pareja

Yo no sabía que hacer porque no fue la intención de la visita, pero bueno, llegamos al cuarto y ella se quitó la ropa de una y empezó a besarlo, yo sentía rabia y excitación al mismo tiempo, él se sentó en la cama y comenzó a besarle el rabo, lo hacía demasiado rico, yo que trababa de estar como espectador no aguanté mucho y le besaba el culito y la rajita.

Soy de Venezuela, todo comenzó en mi oficina, había una mujer espectacular que siempre me gustó desde el primer momento que comencé a trabajar allí, era alta, rubia, de cara preciosa y un cuerpo para morirse.

En ese momento yo estaba soltero y ella también pero por cosas del destino, ella comenzó a salir con alguien y yo me casé. Pero creo que la química no miente, con el tiempo comenzamos a hablar mucho y a decirnos como nos sentíamos hacia cada uno y terminamos teniendo el mejor sexo que en mi vida había tenido.

Lo mejor de todo fue una vez que me comentó que había hecho un trío con otra mujer y su pareja, a partir de allí la mente se me enfermó, comenzó una búsqueda de la fantasía de todos los hombres, un trío con otra mujer.

Poco a poco el sexo, la lujuria, la morbosidad se fue convirtiendo en amor hasta que nos enamoramos los dos.  En una oportunidad y creo que aquí comienza una de las experiencias, me encontraba con un amigo en mi ciudad que venía a visitarme y salimos a tomarnos algo, pero le comenté que si quería pasábamos por casa de ella para que la conociera.

Nos llevamos una botella de whiskey y llegamos, el amigo me dijo que era muy bella. Comenzamos a beber y hablar, hasta que en algún momento empezamos a bailar los tres, ella se molestó pensando que yo había llegado con intenciones de compartirla con mi amigo y dijo (con rabia) si ustedes lo que quieren es tirar vamos al cuarto de una vez.

Yo no sabía que hacer porque no fue la intención de la visita, pero bueno, llegamos al cuarto y ella se quitó la ropa de una y empezó a besarlo, yo sentía rabia y excitación al mismo tiempo, él se sentó en la cama y comenzó a besarle el rabo, lo hacía demasiado rico, yo que trababa de estar como espectador no aguanté mucho y le besaba el culito y la rajita.

Trataba de meterle la lengua lo más que podía, así estuvimos un tiempo y cambiamos de posición, yo me senté en el medio de la cama y ella me chupaba la verga en cuatro patas y mi amigo la penetró en posición de perrito, era demasiado rico sentir como la bombeaban duro y me golpeaba con la boca, tanto así que le dejó dos moretones en el culito por el choque con su cadera.

Después volvimos a cambiar de posición, ella se sentó encima de mí y le chupaba el miembro con él parado al lado de ella, me encantaba verla gozar, luego él se sentó en la cama y ella encima de él…

Yo traté de metérselo por el culito para que sintiera las dos vergas adentro, que era una de sus fantasías pero no pudimos, luego ella se sentó nuevamente encima mío hasta que me hizo acabar como nunca.

Yo tengo un defecto que me quedo dormido por un lapso de minutos justo después de acabar y así lo hice, cuando me desperté salí del cuarto y ellos estaban afuera vestidos y hablando como si nada, él le acariciaba las piernas y le decía cosas como que bella eres…

Después de eso seguimos bebiendo y yo estaba medio cabreado porque ella me ignoraba por completo, en algún momento fueron a la cocina a recargar las bebidas y tardaban mucho cuando entré se estaban besando como desesperados, allí ya dije al amigo mío, vámonos, sentía como rabia y ella estaba molesta porque pensó que le había dicho a mi amigo que la íbamos a compartir.

Después nos costó un poco contentarnos pero igual seguimos inventando algunas otras cosas.

Autor: Pie grande

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Enculado por mi padre

El orgasmo más sensacional de mi vida lo tuve en el momento que fijé la imagen en la cual mi padre y yo le dábamos por el orto a mi primo haciendo un trío, donde mientras yo le arremangaba el culo para adentro con mi verga, mi padre se pajeaba en su boca y le llenábamos el estómago y los intestinos con nuestro semen.

Desde principios de año empezamos a masturbarnos mutuamente con mi primo. Lo hacíamos a diario y nos iniciamos una tarde cuando navegando por internet mirábamos fotos y videos de hombres haciéndolo entre ellos. De repente sentí la mano de mi primo Eduardo sobándome el bulto y no me resistí en lo más mínimo, ello hizo que se animara a bajarme el cierre de la bragueta y sacar afuera mi pene que ya estaba bien erecto y húmedo, con una mano lo empuñó por el tronco realizando lentos movimientos de sube y baja mientras que con la palma de la otra frotaba el capullo.

Inmediatamente busqué con desesperación su pito y repliqué esos movimientos tan placenteros, así estuvimos pajeándonos un buen rato mirándonos fijamente nuestras pijas.

El silencio reinante se interrumpió con los jadeos de Edu cuando su semen salió a borbotones chorreando mi mano, ahí apreté más la verga y aceleré el ritmo de la batida lo más que pude hasta que observé que ya no derramaba ni una gota más de leche, por curiosidad pasé la lengua por los restos de semen que quedaron en mi mano, estaban todavía tibios y tenían gusto salado.

En ese momento mi primo me dijo que era mi turno y se arremangó aún más las mangas de su polera para baquetearme el miembro como nunca antes ni yo lo había hecho, me impresionó su maestría para variar las formas de empuñarlo, sus manos me provocaban un goce sexual nunca experimentado y eso que yo me hacía la paja con frecuencia, pero que te la haga otro era francamente mucho más excitante. Hice todos los esfuerzos posibles para contener la acabada y prolongar el intenso manoseo. Pero la destreza de mi primo fue tal que no pude aguantar más y mi esperma voló por los aires en cantidad. No puedo negar que con el descenso de la temperatura sexual aumentó la vergüenza por lo que habíamos hecho y nos juramos mantenerlo en absoluto secreto por el resto de nuestras vidas.

Así, día tras día las sesiones masturbatorias eran mejores, porque fuimos incorporando otras técnicas y otros juegos sexuales, por ejemplo el estímulo visual de los cuerpos desnudos y sobre todo del rico trasero de Eduardo, al cual yo me aferraba y apretujaba cada vez que él me masturbaba. Me estaba vedado introducir los dedos en su ano que era lo que yo deseaba pero eran las reglas del juego, aprovechándose de ésto mi primo se paraba desnudo dándome la espalda y meneaba sus redondeadas asentaderas rozándome la cara, lo que me ponía muy caliente y sólo me dejaba darle chupones.

Ninguno de los dos se animaba a más, no queríamos asumirnos como verdaderos putos, rompiéndonos el orto el uno a otro y chupándonos la verga para tragarnos la lechada como lo harían dos maricas en celo.

Durante las pajas nos susurrábamos al oído historias eróticas plagadas de chanchadas y palabras soeces. Fue un atardecer cuando escuché de su boca una detallada narración de la furtiva relación sexual de un adolescente con un hombre mayor, el cual desde hacía ya casi un año y dos veces por semana mantenían sexo oral y anal. El chico asumía siempre el rol pasivo, o sea que el hombre mayor le tenía prácticamente por hembra y lo sometía a todos sus lujuriosos deseos, ya que además de hacerle mamar la verga a su antojo, para degenerarlo, corromperlo y hacerlo más vicioso, le metía en el culo objetos tales como zanahorias, pepinos, botellas y juguetes sexuales de los más variados y sofisticados.

Todo eso era detallado con impresionante realismo por mi primo mientras yo no podía contener mis acabadas que se sucedían una tras otra.

Lejos de repugnarme tremenda confesión, por mi mente se sucedían las imágenes de mi primo enculado por mi padre. Lo veía ensartando con su miembro, que debería ser enorme, ese culito mullido y respingón que a mí tanto me deleitaba manosearlo, imaginaba el destrozo que ocasionaba en sus entrañas ese mismo miembro enorme, grueso y erguido, cómo esa cavidad era inundada por semen espeso y caliente que necesariamente buscaba salida cayendo por el anillo de carne exageradamente dilatado entre esas abultadas nalgas abiertas de par en par.

No me cabían dudas que mi primo montaba a horcajadas a mi padre, para enterrarse su verga en el orto y cabalgar sobre ella para que esa pijota serruchara una y otra vez saciando el hambriento orificio anal.

No podía dejar de imaginarme el placer de mi progenitor introduciendo su lengua en ese culo joven y lampiño para luego en ensartarlo con un vibrador y observar detenidamente como el esfínter iba cediendo ante los embates del aparato y ver a ese chico contorsionarse de placer al recibir fuertes palmadas en las nalgas.

No podía quitar de mi mente la imagen de mi primo tendido sobre una cama boca abajo con su fantástico trasero elevado, quebrando la cintura, las piernas abiertas y los pies hacia dentro, esperando con ansiedad ser sodomizado mientras succionaba furiosamente el pedazo de mi padre.

El orgasmo más sensacional de mi vida lo tuve en el momento que fijé la imagen en la cual mi padre y yo le dábamos por el orto a mi primo haciendo un trío, donde mientras yo le arremangaba el culo para adentro con mi verga, mi padre se pajeaba en su boca y le llenábamos el estómago y los intestinos con nuestro semen.

No resultó un trabajo difícil convertir esa fantasía en realidad, planear un fin de semana de pesca era la excusa ideal y en la noche después de haber comido y sobre todo bebido alcohol en abundancia era el momento oportuno, nada mejor que toquetear descaradamente el culo de mi primo delante de mi padre para despertar su lujuria, quien se acercó a nosotros y dijo que ya sabía que a Eduardo le gustaba mucho, a la vez que le colocaba la verga en la boca para que se la chupara, mi padre me ordenó que le lamiera el agujero de la cola, entonces desnudé a mi primo y separé con mis manos sus glúteos turgentes. Ahí apareció el ano rosado y bastante arruchado de mi primo, lo llené de saliva y después mi padre me indicó que le frotara con un trozo de manteca que estaba sobre la mesa.

Con la presencia del experto aprendí que un culo es un manjar muy delicado que hay que tratar con mucho cuidado, nunca hay que rempujarlo ni forzarlo, hay que apoyar en su boca de acceso previamente lubricada lo que se le quiera meter y el culo sólo empezará a comer. Fue mi primera verdadera orgía durante dos días, donde la pasamos de maravillas enculando a mi primo en las poses más variadas, a veces entre los dos y otras por separado.

Mi pose preferida era hacerlo poner en cuatro patas para ver mejor como le estaba rompiendo el orto, en cambio mi padre elegía la pose de piernas sobre los hombros para cogerlo como a una hembra.

Ya conseguí tener algo en común con mi padre, compartimos un putito de ano sumamente complaciente.

Autor: jcviterbo

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