La camarita indiscreta

Se sentó en el bidet y dejó que la bañara un chorro cálido de agua. Inmediatamente, para mi sorpresa, seguramente azuzada por la estimulación del agua en su vagina, bajó su mano derecha y comenzó a masturbarse. Berta abrió aún más las piernas y se metió dos dedos en la concha, introduciéndolos y sacándolos, hasta que, luego de unos minutos, se advirtió que acababa.

Les comento que el hecho de haber sido criado por mujeres, lo que me permitió conocer a fondo su psicología, sus gustos, sus manías, por un lado y la generosidad de la madre naturaleza, que me dotó de una verga de 17 x 6 cms., atractivo, irresistible para cuanta fémina se cruzó en mi camino, hicieron de mí un cachondo permanente. No he tenido demasiado problema en ligar, todo lo cual, sin embargo, no ha impedido que desde mi despertar sexual hasta la actualidad en que promedio la cuarta década de mi vida, me la pasé el día excitado.

Mi permanente calentura me ha hecho cometer locuras de las más variadas, desde pasar por las armas a familiares, clientas, y todo el hembraje que se me puso a tiro, a otras acciones que me propongo relatarles en ésta oportunidad. Soy abogado y me especializo en derecho de familia. Resido y ejerzo mi profesión en la ciudad de Buenos Aires, en la cual, desde 1985 en que se aprobó el divorcio vincular hasta la fecha, la disolución de los matrimonios es una epidemia.

En razón de ello, y por el éxito obtenido en algunos casos con resonancia periodística, mi clientela es bastante abundante y, sobre todo, integrada por mujeres que desean no sólo divorciarse de sus esposos, sino tomar revancha y solicitar jugosas cuotas alimentarias y quedarse con buena parte del patrimonio de los cónyuges.

Mi temperamento calenturiento me hizo maquinar una treta para soslayarme con aquellas clientas que considerara que merecían una “atención” personalizada y supra profesional, así que en el cuarto de baño de mi estudio, instalé, convenientemente ubicada, una cámara filmadora, cuyas imágenes se proyectan en tiempo real en la pantalla de mi computador.

Por supuesto que la instalación fue, en principio, un obstáculo, pero que gracias a mis rudimentarios conocimientos de electricidad pude solucionar, ya que, por pudor, no llamé a un tercero para instalar la cámara, sino que un fin de semana me dediqué personalmente a instalarla. Culminada la tarea y de sólo imaginar el provecho que le sacaría al aparatejo, estaba más que cachondo, así, que, recordando viejos tiempos, le hice una visita a mi prima Aída, recién separada de su esposo y con unos cuantos años más encima, y recordamos viejos tiempos, primero en el sillón de su living, luego en su cuarto de baño y finalmente en su habitación, aprovechando que sus hijos estaban fuera, en el club donde hacían deportes.

Volviendo al tema que nos ocupa, transcurrido el fin de semana, se hizo el lunes y me encontraba ansioso por comprobar los beneficios del sistema. Llegué a mi estudio cerca del mediodía, me impuse de las novedades, me encerré en mi despacho y quedé atento a la caída de la primera presa. Al rato de haber arribado, escucho a través de la puerta, que mi secretaria, una joven de 22 añitos, se levantaba y se dirigía al lavabo. Si bien mis predilectas son las mujeres maduras, una concha es una concha, y quería ver que se traía entre las piernas Belén. Esperé que cerrara la puerta del baño y maximicé el programa que tenía minimizado en la pantalla de mi PC.

La cámara estaba oculta en el vanitory y apuntaba con un buen ángulo de captación, al inodoro y al bidet, que se encontraban uno al lado del otro. La imagen realmente era buena, pues el cuarto de baño tiene luz potente y la cámara que adquirí era de buena calidad. Observé con detenimiento como Belén bajaba primero sus pantalones, luego una tanga pequeña, se sentaba en la taza y comenzaba a largar un potente chorro de orín. Tenía una conchita rasurada, con un bigotito hitleriano alrededor de la raja y unos labios pequeños. Al primer chorro siguieron dos más cortos. Luego observé como con papel higiénico se secaba los restos de orín, se subía la tanga y luego el pantalón y finalmente se acercaba a la bacha para lavarse las manos.

El espectáculo era realmente bueno, así que la pija me dio un respingo debajo del pantalón y tuve que hacer esfuerzos para no tocarme y hacerme una aliviadora paja. Vale decir que desde ese momento los ojos con que miré a Belén fueron similares a los que tiene un lobo frente a un pequeño cordero. Sin embargo, un típico carnívoro argentino, la verdadera mercadería tenía que tener algunos años y kilos más para ser más sabrosa.

A primera hora de la tarde, luego del almuerzo, tenía cita en mi despacho, la Sra. Kloss, una dama irresistible de la gran colectividad judía de Buenos Aires, con quien tenía pocas esperanzas de tener un encuentro sexual, dado que somos de distintas religiones, ella es unos 15 años mayor que yo y con una posición económica envidiable, lo que me hacía suponer que buscaría, una vez que despedazara a su anterior marido, el Dr. Goldemberg, a un caballero de su colectividad mayor y más adinerado.

Atendí a mi cliente en la sala de reuniones, encendí la refrigeración a punto conveniente, la convidé con té y con abundante jugo, y esperé, entreteniéndola con charla procedente a su caso y no tanto, que me pidiera permiso para pasar a los servicios. No tardó en suceder, me puse de pie, ella salió de la sala y se dirigió al toilette, mientras que yo abandonaba el recinto y me apresuraba a instalarme delante de la pantalla de mi ordenador.  Llegué cuando aún no había comenzado la función. Berta, se instaló frente al espejo, seguramente para retocarse el maquillaje, luego se alejó, se paró de espaldas a la taza, se bajó la falda y primero pude observar que llevaba medias con liguero, de encaje, haciendo juego con una bombacha también de encaje, con un gran cavado sobre las ingles y también en “V” tapando apenas los labios de su melenuda vagina.

El verla vestida así, me puso a mil, provocando una instantánea erección. Luego se bajó el calzón y dejó a la vista una abundante mata de vellos negros y ensortijados, una visión que obnubilaba. No apoyó sus nalgas en el inodoro, solo flexionó las piernas y dejó caer el chorro de pis dentro de la taza, mostrando como los gruesos labios vaginales cedían frente a la presión del orín. Al mirarla la pija me latía y no tuve más remedio que tocármela.

Pero allí no terminó la función. Sin subirse la ropa se sentó en el bidet y dejó que la bañara un chorro cálido de agua. Inmediatamente, para mi sorpresa, seguramente azuzada por la estimulación del agua en su vagina, bajó su mano derecha y comenzó a masturbarse. Hacía círculos sobre su vagina de derecha a izquierda y viceversa. Yo, simultáneamente, saqué la pija del pantalón y acariciaba la cabeza humedecida por el líquido pre seminal. Berta abrió aún más las piernas y se metió dos dedos en la concha, introduciéndolos y sacándolos a gran velocidad, hasta que, luego de unos minutos, se advirtió que acababa, pues se contraía frente a la pantalla. Se secó la argolla con papel higiénico, levantó sus bragas, luego su falda, se puso frente a la bacha, se higienizó y salió del baño.

La esperé de pie en la puerta de mi despacho y le pedí que en lugar de la sala de reunión, pasara a mi escritorio. Ante tal visión mi calentura no había cedido y luego de ver como se había masturbado, se me ocurrió que le debía dar una oportunidad similar. De modo tal que dejé maximizada la imagen de la cámara del baño, corrí la pantalla de modo tal que pudiera verse adecuadamente desde la silla ubicada frente a mi mesa de trabajo y con un indisimulable bulto debajo de mi pantalón, pasé con el paquete delante de sus narices, diciéndolo:

“Mi querida señora, me ha dado un poquito de envidia, así que yo también iré a imitarla, regreso en unos segundos”.

La Sra. Kloss me miró sorprendida a la altura de mis pantalones e intrigada por mi comentario. Cuando llegué al baño, me puse delante de la cámara, bajé mis pantalones, luego mis calzoncillos lentamente y comencé a menearme la pija delante de la cámara.

Luego, me senté en la taza de baño acomodándome la espalda sobre el respaldo, y las piernas abiertas y estiradas, con la pija apuntando al techo. Previamente, escupí la cabeza de la chota abundantemente y la tomé con las dos manos. Comencé a hacerme una paja lenta y viciosamente, para ir aumentando la intensidad, hasta que no mucho después de principiar con la puñeta, sentí como la leche pugnaba por salir en forma abundante de la cabeza.

Cuando me estaba por venir, guiñé un ojo a la cámara, me incorporé, me coloqué cerca de la pantalla y me derramé, manchando los cerámicos del baño con abundante esperma. Limpié el enchastre, me higienicé la punta de la pijota con papel, luego me lavé las manos y salí hacia mi despacho.

Cuando arribé a mi escritorio Berta estaba casi desparramada en el sillón, con la ropa arrugada y desarreglada, transpirada y con la cara colorada. Sin embargo, nada me dijo, en ese momento, de mi faena en el baño, pues imaginó que yo había disfrutado de la suya.

En las sucesivas visitas a mi oficina, me regaló con nuevos espectáculos, para los cuales se vino producida con interiores cada vez más sexys, con la cachucha y hasta con un juguete que viciosamente se introducía en sus cada vez más prolongadas asistencias a los servicios.

Espero que haya sido de su agrado y lo voten, muchas gracias…

Autor: Tano Feroz

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Mi cuñadito me rompió el culo

El seguía metiendo sus dedos en mi culito que empezaba a dilatarse, de pronto sacó su verga de mi cuquita y la puso en mi culo, le dije que suavecito, que nunca lo había hecho por ahí, que mi culito era virgen. Me dijo, que rico, porque así nos desvirgábamos los dos, al tiempo, sentí cuando metió su glande en mi culito, creí que me lo rasgaba, insistí que me la meta, era demasiada mi hambre.

Hola buenos días, he leído cantidad de veces esta página y hasta ahora me atrevo a escribir una pequeña parte de mi vida que me ocurrió hace unas cuatro semanas.

Pero empecemos por el principio, mi nombre es Luisa y tengo 36 años, casada con un ingeniero civil de 39 años, en nuestro hogar hay dos hijos; y convivimos con un  hermano de Jorge, mi esposo, de 18 años.

Vivimos en Colombia, Bogotá, al noreste, una casa amplia y muy bonita. Mi esposo por su trabajo sale muy temprano y regresa a altas horas de la noche, casi no me busca, y cuando yo lo busco me dice que está muy cansado, le insisto, el duerme siempre en interiores y tiene un buen aparato…

Me le arrimo y empiezo ha acariciarle el pecho bajo mi mano muy suavemente hasta llegar a su verga la cual siento muy dura, la cual cojo con la mano y empiezo ha pajear suavemente, beso sus pechos y bajo despacio hasta llegar a su capullo el cual siento gordo y dilatado el cual escasamente pongo en mis labios y no se demora ni tres segundos cuando se me derrama en la boca, me deja toda caliente y me toca acabar con mi mano masturbándome.

Mi cuñado Orlando es bastante juicioso, le gusta mucho el estudio y casi no sale de casa, se la pasa metido en el computador, un día le llevé jugo al cuarto de estudio y él se asustó mucho, me causó extrañeza porque tanto susto, dejé que pasara el tiempo y un buen día, en horas de la tarde, después de que reposara el almuerzo, me dijo que iba a estudiar en el computador, que por favor no lo molestara, le dije que tranquilo…

Como a las dos horas me acordé que mi cuñadito estaba estudiando y también se me vino a la cabeza el susto del otro día, con cuidado me asomé por la ventana que da al patio y cual fue mi sorpresa, El estaba concentrado en el monitor mirando fotos pornográficas, no tenía los pantalones ni los interiores y se acariciaba su verga que no estaba nada mal, bastante larga y gruesa. Me quedé mirándolo y empecé a sentir un cosquilleo por todo el cuerpo, en especial en mi cuquita, que sin querer empezó a mojarse mirándolo como se hacía la paja, terminé también acariciándome y en una pajeada terrible.

Dejé que pasara el tiempo pero no podía quitarme de la cabeza la linda verga de mi cuñadito y debido al descuido de mi esposo mis masturbadas se estaban convirtiendo en una obsesión con Orlando. Una tarde que sabía que Orlando estaba en el computador, me cambié de ropa y me puse una camiseta bastante atrevida, sin sujetador, y una tanguita que no me tapaba era nada, serví  un refresco y se lo llevé, casi se cae de la silla cuando entré al cuarto…

Estaba de la cintura para abajo desnudo y con su verga bien parada, le escurría el liquido preseminal ya casi que terminaba, estaba a punto de derramarse. Le dije que tranquilo, que no se asustara, que para esto era normal, que más bien, si él quería, yo le podía ayudar para que dejara de hacerse tanto la paja, entre bobo y loco me preguntó que pasaría con su hermano, le dije que ese era nuestro secreto.

Sin más lo acomodé en la silla, Yo me arrodillé y tomo con mi mano aquella linda verga  que se había caído, no se demoró nada cuando estaba otra vez bien erguida, bien parada, me la metí en la boca   y me dijo, cuñada espere, es que nunca he estado con una mujer, lo miré y le pregunté si todavía era virgo y me dijo que si. No te preocupes, eso no importa que yo no te he de lastimar y te iniciaré muy bien en la vida sexual.

Me lo introduje nuevamente en la boca y con una mano le acariciaba sus huevos y con el dedo corazón le acariciaba el ano. No aguantó mucho, cuando sentí todo su semen en mi boca se lo seguí mamando y lo limpié con mi lengua, no había acabado cuando lo tenía otra vez bien parado y me dijo que quería meterlo en mi raja le dije que si, me acostó en el suelo boca arriba y colocó mis piernas en sus hombros, Yo estaba muy mojada y de un solo empujón me la metió toda, empezó un movimiento rítmico con fuerza, me colocó en cuatro patas y me dijo que hacía mucho tiempo que tenía ganas de cogerme, y que le gustaba que esa pose, era genial…

Me lo metía todo y sacaba y otra vez lo metía todo, con un dedo me empezó a acariciar el ano y metía el dedito suave, me preguntó si lo había hecho por ahí y le dije que no, que su hermano hacía mucho rato que no me hacía nada…

El seguía metiendo sus dedos en mi culito que empezaba a dilatarse, de pronto sacó su verga de mi cuquita y la puso en mi culo, le dije que suavecito, que nunca lo había hecho por ahí, que mi culito era virgen.

Me dijo, que rico, porque así nos desvirgábamos los dos, al tiempo, sentí cuando metió su glande en mi culito, creí que me lo rasgaba, que lo rompía en cuatro, sentía mucho dolor, pero insistí que me la meta, era demasiada mi hambre de tener dentro de mi cuerpo una buena verga…

Se quedó quieto y de una sola me lo mandó hasta el fondo, me dolió mucho pero después de un ratito me gustó el mete y saca.

Me lo empujó todo hasta el fondo y se quedó quieto haciendo fuerza, sentía sus huevitos pegarme, me dijo que se venía, apreté duro mi culo y sentí como me llenaba de leche, lo sacó de mi culo,  se lo agarré y empecé a limpiarlo con mi lengua. Me dijo que cuando quisiera él estaría siempre en el cuarto de estudio en el computador. Y me daría por todos mis agujeros.

Esto me dejó muy caliente y mis visitas a “ver” su “computador” es cosa de todos los días, que lo pasamos genial, les puedo asegurar que mi cuñadito es muy dedicado y aprende con mucha rapidez…para mi beneplácito, y porqué no decirlo, para mis agujeritos que los esperan muy ansiosos, y que el cornudo de mi marido se las aguante…

Autora: Luisa

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