En la cola con Rebequita

No sé cuanto tiempo estuvimos pegados, pero ya no podía más y aceleré mis embestidas; me vine con una eyaculada que casi explota el condón y caí rendido sobre ella; estábamos cansados y tan satisfechos que nos quedamos dormidos. Al despertar caí en cuenta de la situación; Rebequita dormía sobre mi pecho, desnuda, en un cuarto de motel, después de una de mis mejores cogidas de la vida.

Hola, ante todo debo confesar que es primera vez que me atrevo a compartir una experiencia tan íntima como la que a continuación les voy a relatar; también es primera vez que vivo ese tipo de situación en mi vida. Comienzo diciéndoles que tengo 32 años, soy abogado y vivo en Caracas, Venezuela. Llevo una vida normal, dentro de lo común. Novia, apartamento de soltero, buen empleo, buen carro, soy, como dicen aquí en Venezuela, un tremendo partido; aparte, físicamente llamo bastante la atención: 1,78 mts; 85 Kgs. blanquito, cabello lacio oscuro, ojos cafés y con muchísimas pecas. Mi novia es bellísima, y, hasta los momentos, tenemos una relación del más allá.

Mi historia comienza un martes, saliendo de la oficina; mi novia se había ido hacía 3 días a Margarita con su mamá por trabajo, y aún me quedaban 3 días más de ausencia, esperándola como un loco. Bueno, saliendo de la oficina, aproveché la oportunidad de que aún era temprano y me dispuse a comprar un caucho (neumático) para mi carro, y, sin tener un sitio específico donde ir, entré en la primera “cauchera” que me pasó por la vía. Me atendieron, pedí el caucho, y, cuando me dispuse a pagar, me encuentro con la sorpresa que la encargada de la caja era Rebeca, una prima de la mejor amiga de mi novia. Yo la conocía, habíamos salido en grupo un par de veces y la verdad, me había fijado en el cuerpazo que se gasta, sobre todo en su trasero, enorme y super bien formado, ya que al bailar con ella en alguna oportunidad, casi me fractura la pelvis con los movimientos de cadera que me daba al ritmo del reggeatton.

Al verme me saludó efusivamente, me atendió de maravillas y hasta me hizo un descuento en el pago; yo, en franco agradecimiento, le pregunté si quería que la llevara hasta su casa, que podía esperarla hasta que ella saliera, ya que mi novia estaba de viajes y la verdad no tenía mucho apuro en llegar al apartamento vacío. Ella muy sonriente me dio las gracias y me dijo que la esperara, que no tardaría más de 15 minutos en estar lista.

No pude evitar verla de arriba abajo, vestida con su uniforme, un pantalón negro ceñido que no dejaba mucho a la imaginación, una blusita de rayitas blancas y negras muy sensualmente desabrochada a la altura del escote y una chaqueta negra abierta, en juego con el pantalón; llevaba el cabello suelto, perfectamente arreglado, y usaba un perfume muy rico. Quizás el hecho de llevar varios días solo, quizás porque yo sabía que ella gustaba de mí, fue que me atreví a ofrecerme a llevarla, con la intención de pasar un tiempo a solas con ella y hablar de cualquier cosa.

Estuvo lista y nos fuimos. Nos montamos en mi carro y nos dispusimos a aventurarnos en la diaria desgracia de nuestra querida ciudad: el tráfico. En Caracas se hacen colas interminables, insoportables, hasta de dos horas, donde los conductores nos las ingeniamos para sacar el mejor provecho del tiempo (es en esas colas donde me hice asiduo a estos relatos, aprovechando el wireless de mi laptop) como mejor se nos ocurre. Y la verdad que pasar 2 horas en cola con Rebequita no era para nada mala idea. Nos pusimos a hablar de cualquier cosa, desde el clima hasta los tragos que más nos gustaban, de su prima, de mi novia, de política, cualquier cosa, hasta que caímos en el tema que nunca falta: el sexo.

Rebeca me decía que había terminado con su novio hacía más de un mes, que estaba cansada del tipo, que si no la satisfacía, que si esto, que si aquello; comenzó a darme detalles de cómo era el sexo con su ex y lo poco que lo había disfrutado, describiendo a la perfección lo que le gustaba a ella y que su ex novio no le daba.  La conversación se ponía intensa, yo solo podía atinar a decirle que su ex había sido un idiota al no saber aprovecharla, que ella era una mujer espectacular y que cualquiera mataría por complacerla; ella puso su mano en mi pierna y me dijo…

“Eres demasiado lindo! Que suerte que tiene Anita de ser tu novia” Ese contacto comenzó a subirme la temperatura, sentí como la sangre iba acumulándose en mi pene y éste comenzaba a ponerse duro, claro, me daba vergüenza porque la tela del pantalón del traje era muy suave y denotaba mi incipiente erección.

Ella sabía lo que estaba haciendo, y comenzó a acercar su mano hacia mi entrepierna, se sacó el cinturón de seguridad y se fue acercando a mi, yo, comenzaba a ponerme nervioso, nunca antes había estado en una situación similar con una mujer que no fuera mi novia, y la verdad, que eso me calentaba aun más. Puso su mano izquierda en mi nuca, sosteniendo mi cabeza, y acercó su boca a mi oreja, susurrándome “¿qué pasó papi? Como que estás alborotado?”, su aliento tibio en mi oreja me puso a tres mil, no hallaba palabras que decirle, ella, sabiendo que me tenía literalmente en sus manos, comenzó a lamer mi oreja, metiendo y sacando su lengua, ya mi erección estaba a tope, mis 20 centímetros estaban en su máxima expresión, ahogados dentro de mi bóxer, haciendo una enorme carpa en el pantalón; Rebequita diestramente bajó el zipper y metió su mano en mi bóxer, de inmediato quedó expuesta mi verga, perfectamente parada y con el glande rosadito en todo su esplendor.

Rebeca tomó mi bicho en su mano derecha y me dijo “¡Que verga tan linda! Papi, ¿Anita se come esto ella solita? No señor, tiene que compartir!” Mi respiración estaba demasiado acelerada, sentía que el corazón se me iba a salir del pecho, le dije “Anita no está, así que te la presto para lo que quieras, agarra con confianza mami”. Como toda una experta, Rebequita comenzó a pajearme de lo lindo, bajaba su mano por todo mi instrumento, la subía, me apretaba las bolas, hacía circulitos en mi glande que brillaba de líquidos preseminales; mientras su mano derecha me deleitaba la verga, la izquierda acariciaba la base de mi cuello, me halaba el cabello y me apretaba la nuca mientras me susurraba al oído “¿te gusta papi, te pajeo rico, verdad?” alternando frases como esa con metidas y sacadas de lengua.  Me sentía en el cielo, pero a la vez en el infierno, no podía corresponderle como quería, entre la palanca de cambios y el volante, no tenía chance de meterle mis dedos en la conchita, le frotaba de a raticos por encima del pantalón y sentía que le palpitaba, ¡estaba tan caliente! Y yo con unas ganas de cogérmela ahí mismo.

Mi cara de placer no era normal, poco nos importó que los conductores vecinos se dieran cuenta de lo que estábamos haciendo, Rebeca me estaba matando de placer y yo sentía la necesidad de retribuírselo. “Que rico mami, dale, así, agárrame las bolas, pajéame rico mami” le decía, Rebequita me dijo al oído “te la voy a comer aquí mismo”, y diciendo esto, se agachó, se acomodó entre mi abdomen y el volante y comenzó a darme una mamada de campeonato. ¡Como mama la condenada! Pasaba su lengua por la cabecita, succionaba el meato, luego lamía todo el tronco, me mordisqueaba las bolas, se la metía completita hasta la garganta como toda una experta; comenzó un vaivén de arriba abajo con su boca, mientras yo como podía, le masajeaba el culo y le metía la mano dentro del pantalón halando su hilo dental hacia arriba acompasadamente.

Estaba que iba a morir de la excitación, no sé cuanto tiempo me estuvo mamando, pero ya no podía más, mi verga se hinchó más y más en su boca, señal que iba a eyacular y la aparté; ella retiró su boca y retomó la paja con su mano; el primer chorro de semen salió con tal fuerza que cayó en la consola de velocidad, en el volante, seguí acabando a borbotones y ella ni corta ni perezosa me dijo “quieres que me lo tome?” y yo le dije “es tuyo mami, has lo que quieras” Acercó nuevamente su boquita y me limpió el rabo hasta dejarlo sin una gotita de semen.

Se incorporó y me dio un beso tan apasionado que sentí que quería arrancarme la lengua; su saliva mezclada con mi semen, su lengua hurgando hasta el último rincón de mi boca,  ¡Era fantástica!. Le dije “Rebequita no puedo dejarte así, de verdad quisiera que hiciéramos una parada antes de llevarte a tu casa, ¿quieres?” Ella me respondió “lo que tu digas papi, lo que quieras, hoy considérame de tu propiedad” ¡Esa mujer si que sabe como volver loco a un hombre!

Enfilé la dirección hacia un motel de la famosa “calle de los hoteles”, pagué el servicio y entramos al cuarto. Al cerrar la puerta, Rebeca se vino encima de mi, la levanté, pasó sus piernas alrededor de mi cuerpo y la tenía agarrada por el culo; nos pegamos un beso tan largo y tan profundo que nuevamente estaba tan parado y listo como si no hubiera tenido sexo en 7 días. Empecé a frotar mi verga contra su conchita por encima de la ropa, le quité la chaqueta, le desabotonaba la blusa con desespero; ella a su vez me sacó la corbata y me abría la camisa; le bajé los pantalones y quedó solamente en brasier e hilo, realmente es una hembra monumental; un culo perfecto, un vientre planito adornado con un piercing en el ombligo y unas tetas que muestran orgullosamente unos 500 cc de silicona. Ella me quitó los pantalones y el bóxer de una vez; me agarró por la espalda y clavó sus uñas atrayéndome hacia ella para decirme “ahora si papi, cógeme rico, quiero sentirte bien adentro”

La enfilé hacia la cama, la acosté boca arriba y fui besándola desde el cuello hacia abajo; me deleité mamando esas tetas perfectas, mordisqueando esos pezones rosaditos y duros como dos caramelos; le acariciaba el cuerpo; seguí bajando, lamiendo su vientre, su ombligo; bajé por sus piernas, besé la corva de sus rodillas y enloqueció de placer; subí hasta sus ingles y me detuve frente a esa conchita, depiladita, rosada, hinchada y húmeda; empecé a soplársela tenuemente, a echarle mi aliento tibiecito; se volvió loca de placer y de repente, le arremetí una mamada de película: lamía de lado su raja, metía y sacaba mi lengua sin cesar, mordisqueaba su clítoris.

Rebeca se arqueaba de placer, sus jugos me llenaban la barbilla, los labios, la nariz; me gritaba desesperada “métemelo, cógeme papi, ¡cógeme ya!”; paré la mamada, me incorporé, me puse un condón (siempre hay en estos moteles), abrí sus piernas al máximo y le apunté directo al huequito: en un instante se tragó toda mi verga y comencé un bombeo que ella acompasó con un sinuoso movimiento de caderas; subí sus piernas a mis hombros y podía ver su cara de placer; veía su culito, rosado, cerradito, y no resistí darle un masaje como para dilatarle; sus gemidos eran fenomenales y me excitaban tanto que la cogía con más fuerza y rapidez.

Le di vuelta, la puse boca abajo, le levanté las caderas y se lo metí desde atrás; le masajeaba las tetas y besaba su espalda. No sé cuanto tiempo estuvimos pegados, pero ya no podía más y aceleré mis embestidas; me vine con una eyaculada que casi explota el condón y caí rendido sobre ella; estábamos sudados, cansados y tan satisfechos que nos quedamos dormidos. Al despertar caí en cuenta de la situación; Rebequita dormía sobre mi pecho, desnuda, en un cuarto de motel, después de una de mis mejores cogidas de la vida.

La desperté y le di las gracias, le pedí disculpas porque yo no estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones y que era la primera vez que engañaba a mi novia. Ella sonrió, me dio un beso y me dijo: “papi, tranquilo, yo no me quiero casar contigo, te tenía ganas desde la primera vez que te vi, imaginé que debías coger muy rico y no me equivoqué. Tú con tu novia, no me voy a meter en eso…pero, aun te quedan tres días de soltería, ¿no? Ya sabes donde trabajo, si gustas me puedes buscar al salir y nos hacemos compañía en la cola, para que no sea aburrido el tráfico, ¿quieres?”

Está demás decirles que los siguientes tres días fueron de una pasión descontrolada; Rebeca me dejó literalmente seco y me hizo el tiempo del tráfico muy feliz. Después de esos tres días no volvimos a tener encuentros de ese tipo; mi novia regresó y volví a la normalidad. Pero sé que cada vez que ella salga de la ciudad, voy a contar con la compañía de Rebequita. Y tengan por seguro que lo compartiré con ustedes.

Autor: Beto

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La primera vez de Vanina

Vanina estaba decidida y se la metió toda. Hizo una pausa y comenzó a moverse y a gozar. Verla ahí arriba, sacudiéndose de placer, con la chaqueta puesta, la remera levantada y las tetas en un dulce vaivén me hicieron acabar como si aquel tercer polvo hubiera sido el primero, sentí que la pija me dolía, pero ella continuó cabalgando hasta conseguir un nuevo orgasmo.

Hace un par de años atrás un amigo me llevó de visita a un club hípico en las afueras de la ciudad de Rosario. Rápidamente me interesé en esa actividad al punto de incorporarme a las clases a partir del fin de semana siguiente al que fui presentado. Los alumnos estaban distribuidos en tres grupos: principiantes, avanzados y competencia. Cómo era lógico entré en el grupo de principiantes, cuyas clases eran dictadas por una mujer llamada Susana.

Ella misma era la dueña del lugar y a pesar de contar con casi cuarenta años se la veía muy bien en todos los aspectos. Hablando con otros que tomaban clases como yo, supe que Susana ratoneaba a casi todos los varones que formábamos el grupo. Ella siempre estaba vestida de negro. Chaqueta y calzas bien ajustadas a su cuerpo, botas de montar y casco de salto. Toda la indumentaria negra. El color favorecía enormemente su “look”, pues era una morocha de grandes ojos oscuros y mirada profunda. Cuando se quitaba el casco, sacudía su melena para dejar al descubierto un cabello negrísimo que caía pesadamente sobre sus hombros coronando un rostro más que bello: exótico.

Era difícil verla reír durante las clases, aunque fuera de ellas tenía muy buen humor y participaba activamente de las conversaciones que se originaban una vez terminada la sesión semanal. Lo que más hería nuestros sentimientos masculinos era verla cabalgar con la gracia de una amazona, acompañando con sus caderas el movimiento acompasado del potro durante el galope lento del entrenamiento. Aquel sube y baja perfecto de su cuerpo sobre la montura, con las piernas bien abiertas y el torso tirado ligeramente hacia delante era una actitud más que sugestiva para aquel grupo de hombres que se imaginaban ocupando el lugar del potro.

Luego de asistir durante un mes y notar que progresaba en mi desempeño, solicité la posibilidad de asistir a una clase durante la semana. Susana estuvo de acuerdo en concederme un turno los días miércoles. La primera vez que concurrí me llamó la atención que Susana no estuviera dirigiendo la clase. En su lugar estaba Vanina, la hija de Susana. Era tanto el parecido físico entre ambas que al principio creí que eran hermanas.

Vanina era más menuda que Susana, pero su cuerpo era un calco del de su madre. Cintura pequeña, caderas generosas, y busto exacto y firme era lo que dejaba traslucir a través del atuendo totalmente negro que usaba, al igual que Susana. Lógicamente, en su rostro, visto de cerca, se adivinaba que no pasaba de los veintidós años de edad. Sus ojos eran más claros aunque siempre en la tonalidad del castaño y la gran diferencia, si es que la había respecto de su madre, estaba en su boca. Era pequeña, pero de labios bien carnosos y cuando sonreía -cosa que hacía en todo momento y con cualquier pretexto- su rostro se iluminaba. Desde esa primera asistencia en día miércoles, ya no volví a sentirme atraído por Susana. Vanina ocupó su lugar en mis pensamientos y sentía hasta vergüenza, en virtud de la edad de ella, veintidós y la mía, cuarenta y uno. Me cuidé de hacer comentarios entre mis compañeros de los sábados y me felicito de aquella decisión.

Todo ocurrió una tarde de agosto. El día amaneció tormentoso y después del mediodía se largó una lluvia torrencial que duró hasta cerca de las cuatro de la tarde. A esa hora comenzaba la clase de los miércoles, y recuerdo que estuve tentado de no asistir, pero luego, al recordar que debía pasar por la casa de mi socio al atardecer, decidí llegar por el club para ver qué pasaba.Lógicamente, de los seis alumnos del turno sólo yo había ido. Al verme llegar, Vanina se sorprendió pero al mismo tiempo pareció entusiasmada con mi presencia.

Me comentó que, convencida de que nadie llegaría con aquel tiempo, había decidido ponerse a ordenar un depósito en el cual guardaban monturas, mantas y demás artículos afectados a la actividad, así como mesas, sillas, y vajilla que utilizaban durante las reuniones que se realizaban todos los lunes, a la que asistían los socios y sus familias. Me ofrecí a ayudarla, lo que aceptó rápidamente, sobre todo cuando le dije que no me interesaba tomar una clase solo.

Caminamos por un pasillo a cuyos lados estaban los boxes de los caballos, hasta llegar al galpón que íbamos a ordenar. El primer contratiempo surgió cuando quiso encender la luz. La llave estaba falseada y no accionaba correctamente. Luego de soltar una puteada recordó que para encender la luz de entrada había que ajustar la bombilla que estaba sobre la puerta. Tomó una pequeña banqueta que estaba allí y se subió para estirarse y enroscar la lámpara. En ese momento, una vez que estuvo parada, me pidió que la tomara de las piernas porque sufría de vértigo y se iba a marear.

Al acercarme y tomarla de las piernas su culo redondo quedó a menos de cinco centímetros de mis ojos. Su olor a mujer me cubrió como una ola de lava que es arrojada por un volcán. Sentí que la verga se movía dentro de mi pantalón como si se despertara de un largo sueño. Rápidamente ajustó la lámpara que se encendió y giró hacia mí esperando que la ayudara a bajarse.

Extendí los brazos para tomarla de la mano, pero se arrojó como una niña, brincando desde la banqueta. Su reacción me sorprendió por lo que no atiné a correrme. Vanina cayó literalmente en mis brazos. Tuve que tomarla para que no se golpeara contra mí. Quedamos en la misma posición que si estuviéramos por besarnos. Yo la tenía tomada por detrás de sus hombros y ella apoyaba ambas manos sobre mi pecho. Se tentó de risa y bajó su cabeza hasta colocarla en el hueco que le ofrecía mi cuello.

Instintivamente la abracé con más decisión. Dejó de reírse al sentir una de mis manos en su cintura y la otra en la nuca y lentamente alzó la vista para mirarme fijo a los ojos. Sentí que el corazón me estallaría al igual que la pija que ya estaba como un hierro. “¿Qué me vas a hacer?” preguntó. “¿Qué querés que te haga?” repliqué. “Lo que quieras” respondió con firmeza.

A todo esto, ella sentía latir la pija contra su sexo y presionaba y tomó la iniciativa de besarme. Su lengua era ágil, húmeda y extremadamente suave. El beso, casi salvaje, duró el tiempo necesario para encontrar de memoria un lugar donde caer. Quedé boca arriba y ella, sentada a mi lado estaba en un estado de cachondez próximo a estallar. En sus ojos se notaba la excitación que recorría su cuerpo. Las mejillas se le habían puesto de color carmesí y la boca entreabierta era una fruta en su estado justo para comer.

Sin quitar sus ojos de mis ojos, comenzó a acariciarme la pija por sobre el pantalón. Con un poco de dificultad, bajó la cremallera, desajustó el cinturón y liberó el botón metálico del jean. La verga saltó como un muñeco y con su mano tibia la recorrió una y otra vez. “Soy virgen” me espetó de golpe. Sus palabras, mientras me acariciaba los testículos, me dejaron próximo a terminar. Cómo pude contuve la eyaculación y Vanina, arrodillada a mi lado comenzó a chupar lentamente la cabeza de la pija. Recorría con su lengua como si estuviera tratando de descubrir cada pliegue, cada milímetro para aprenderla de memoria.

De pronto se metió toda la pija en la boca y comenzó un juego de succión que me produjo un placer que no recuerdo haber experimentado en mi vida. Su pequeña boca se llenaba con la cabeza solamente, pero ella estaba interesada en tragársela toda. Ver aquellos labios recorrer de arriba hacia abajo la totalidad de la pija me hicieron acabar de manera impresionante. Habrán sido tres o cuatro chorros de leche que Vanina se tragó sin dejar de chupar. Por momentos el goce me hizo pensar que me iba a desmayar de placer.

Cuando dio por terminada su tarea, noté que escondía la mirada con vergüenza. En silencio, la tomé suavemente y la acosté a mi lado. Desabroché su chaqueta y levanté su remera para dejar sus tetas al aire. No llevaba sostén y los pezones estaban erguidos, duros y tibios. Me acerqué y los besé. Gimió de placer, por lo que repetí la acción.

Instintivamente los levantaba para que no salieran de mi boca. Sin decir palabra, le quité las botas y la calza negra. Llevaba un diminuto bikini rojo que estaba empapado. Se lo quité. Me acerqué a sus labios y la besé tiernamente. En su boca había olor a mi sexo y a esperma. Eso me excitó terriblemente. Comencé a bajar con mis labios por su cuello. Fui lamiendo cada parte de cuerpo tibio y tembloroso mientras Vanina vibraba de placer.

Bajé lentamente por su vientre recorriendo con la punta de la lengua el camino recto hasta su pubis. Tomé sus muslos y los abrí mientras los levantaba. La conchita de Vanina era pequeña. Tenía el vello natural pero no era abundante y un aroma capaz de excitar al más híbrido de los hombres. A través de sus pelitos totalmente húmedos amanecían los labios de la pequeña vulva. Casi con curiosidad, los abrí.

Resplandecía su orificio; brillaba por la miel que lo cubría y por el reflejo amarillento de la única luz que nos alumbraba. No pude contenerme y me lancé sobre su clítoris erguido como un sediento se arrojaría en una cuba de agua. Al contacto de mis labios, Vanina se estremeció. Su vientre hizo un movimiento convulsivo y se tomó muy fuerte de mis cabellos. Succioné con energía el clítoris que fue adquiriendo un tamaño desmesurado y una rigidez propia de un pene.

Vanina no paraba de moverse como una ola y comenzó a gemir. Yo, mientras no dejaba de recorrer toda su conchita con mis labios y la lengua. En pocos minutos tuvo dos orgasmos y la miel cubría totalmente aquel hoyito virgen rebalsando exageradamente hacia el ano. Levanté apenas un poco más sus piernas y dejé correr la lengua hasta el mismo agujerito del culo.

Noté que el esfínter estaba totalmente relajado y dilatado. La lengua recorrió la entrada una y otra vez y Vanina tuvo otro orgasmo. En ese momento me di cuenta que gozaría si se la ponía por el culo. “¿Me va a doler?”, preguntó cuando se lo propuse. “Claro que no” respondí para tranquilizarla. En realidad mentí porque estaba convencido de que iba a dolerle. Una cosa era la lengua y otra una pija de dieciséis centímetros con una cabeza de cuatro de diámetro, y que encima estaba rígida como un hierro. “Probemos y si te duele no lo hacemos” susurré.

Me quité rápidamente el jean y el slip que ya tenía bajos y me arrodillé entre sus piernas. Le ayudé a alzar las piernas y coloqué mi pantalón y el suyo doblados debajo de su cintura para mantener un poco la elevación. Al abrir bien las piernas y estar la cadera bien elevada, el ano se abrió un poco. Estaba repleto de la miel que había corrido desde la conchita, por lo que no hizo falta lubricar. Probé con la yema del pulgar para ver si contraía al sentir la presión.

Introduje lentamente el dedo y juzgué que era el momento. Apoyé la cabeza de la pija en la puerta y presioné lentamente. Costó un poco, pero entró. Vanina jadeaba y se mordía los labios. “¿Te duele”?, pregunté. Movió la cabeza en un gesto negativo, entonces empujé hasta la mitad y comencé un mete y saca lento y tratando de que sólo entrara un poco más de la cabeza.

Vanina comenzó a gozar y a contraer el esfínter. Sentir esa presión en la pija me impulsó a metérsela hasta el tronco. “¡Aaaaayyyyyyyyyyy!” gritó y me clavó las uñas en los hombros. Seguí cogiéndola lentamente pero llevando la pija hasta el fin cada vez hasta que ella tuvo su orgasmo y yo le vacié totalmente la leche en el culo.

Quedó exhausta, con los ojos cerrados y la respiración a mil revoluciones. Saqué la verga, o lo que quedaba de ella, y también salió la leche. Me tendí junto a ella, la abracé y la besé. Me ofreció su boca y no pude resistirme. Me gustaba su aliento tibio y perfumado de sexo. Tenía los labios irritados e hinchados por cómo se los había mordido. Se los chupé. “Siempre me imaginé que iba a hacer esto con vos” me dijo mirándome fijo a los ojos.

“No me preguntes por qué, pero tuve la sensación desde el día en que llegaste.” agregó. “Pero ¿es verdad que sos virgen?” pregunté con incredulidad. “Sí, claro, ¿por qué lo dudás?” volvió a preguntar. “Es que no tenías una actitud propia de una novata” retruqué. “¿Te explico”?, en casa hay canal codificado y mis viejos no saben que mi hermana y yo conocemos la contraseña. Miro muchas películas, el tema es que mi novio no me calienta; lo quiero, pero no me calienta como vos, que cuando me abrazaste me mojé, ¿entendés?”.

Volvió a besarme y sentí su mano suave en la pija que no reaccionaba. Insistió. Recorría mi boca con la punta de su lengua y presionaba en la cabeza de la verga y acariciaba mis testículos. Lentamente el miembro comenzó a incorporarse hasta que se puso duro otra vez.

“Ahora voy a desvirgarme” resolvió. En un movimiento rápido se ubicó a caballo sobre mí. Ligeramente inclinada hacia delante, tomó por detrás la pija, la puso justo sobre su pequeña conchita y se deslizó suavemente hacia abajo. Sentí el esfuerzo que hacía por entrar, pero Vanina estaba decidida y se la metió toda. Hizo una pausa y comenzó a moverse y a gozar.

Al principio lento, luego con más decisión y ya al final con desesperación. Verla ahí arriba, sacudiéndose de placer, con la chaqueta puesta, la remera levantada y las tetas en un dulce vaivén me hicieron acabar como si aquel tercer polvo hubiera sido el primero. Pasado el momento del orgasmo sentí que la pija me dolía, pero ella continuó cabalgando hasta conseguir un nuevo orgasmo, a pesar de que mi pija ya era un trapo.

Después de aquella vez continuamos encontrándonos una vez por semana. Por supuesto que con la más absoluta discreción. Hoy, dos años después, Vanina y yo estamos en pareja, vivimos en Brasil y cogemos todos los días.

Autor: bg35x

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Gracias a mi honestidad

En el preciso momento de un orgasmo de Carla apoyé la cabeza de la verga en su culito, Juli empujó mi verga hasta que entró mientras Carla se desgarraba del dolor, estuvimos así un rato sin movernos mientras seguían lamiéndose sus conchas hasta que paró el dolor y empecé a bombear solo hasta la mitad de mi verga mientras Carla no paraba de insultarme a la vez que pedía más.

Les cuento es la primera vez que escribo y por lo tanto voy a pasar a contarles quien soy. Mi nombre es Sebastián, tengo 25 años y soy de Rosario, Argentina, soy soltero, vivo solo y según dicen bastante bien parecido, por lo tanto no me cuesta mucho con las mujeres. Pero la historia que les quiero contar me sucedió hace unos meses.

Todo empezó cuando volviendo del trabajo me encuentro en la calle con una agenda, la cual contenía dinero y un documento, mi gran sorpresa fue al abrir el documento. Era de una chica de 18 años llamada Julieta, que en la foto parecía menor. Buscando encontré un teléfono del mismo apellido de ella y tras preguntar di en la tecla. Nos pusimos de acuerdo y quedé en que la encontraba en su facultad para entregársela.

Mi gran sorpresa llegó cuando la encontré, tiene una figura perfecta, rubia y con cara de niña que me dejó enloquecido, desde ese momento supe que si había encontrado esa agenda por algo era. No estuvimos hablando más de 10 minutos porque yo tenía que volver al trabajo, pero antes de irme me dijo como podía agradecerme y contesté que si podía llamarla otro día para tomar algo a lo que ella contestó “quizás”.

Pasaron un par de días y una noche que tenía libre la llamé para invitarla a tomar algo a mi casa, ella en un principio tenía miedo de aceptar, a lo que yo le dije que yo iba a estar en casa esperándola y que si quería la esperaba sin ningún compromiso. Al cortar me di cuenta que me había apurado con tal invitación y estaba seguro que no vendría, así que me fui de un amigo y mi gran sorpresa fue cuando volví a casa, a las 10 de la noche, cuando en la entrada del edificio me encontré con ella y una amiga esperándome sentadas. La amiga se llamaba Carla y era muy linda pero no tanto como ella.
Antes de subir compramos varias cervezas y una vez en el departamento comenzamos a charlar de todo un poco. Ambas vestían un jean muy ajustado que marcaba sus perfectas siluetas, Juli tenía un top ajustado que marcaba bien sus tetas redonditas y Carlita una camisa que no dejaba ver tan bien el tamaño de sus tetas aunque estaba claro que era más grandes que las de Juli.

Después de charlar como dos horas y tomar varias cervezas cuando no sabíamos más que hacer propusieron jugar a verdad/consecuencia a lo que acepté gustoso. El juego venía medio aburrido hasta que aprovechando que estaban bastantes borrachas me tocó ponerle una prenda a Juli a lo cual le indiqué que tenía que darle un beso de lengua a cualquiera de los presentes, descontando que me lo daría a mi, pero para mi sorpresa se dio un beso con Carla que casi tengo que separarlas, y luego empezaron a reírse que con la situación y el alcohol no pararon durante un buen rato.

Cuando pararon de reírse les expliqué que había encontrado la manera con la que me podía recompensar por mi devolución de agenda. Apenas me preguntó ¿de que forma?, le di un beso que fue reciproco. No pasaron ni 10 segundos cuando me di cuenta que había otra boca en ese beso, era Carlita que se había incorporado a ese beso de tres.

Después de separar nuestras bocas Juli me dijo: -Me parece que después de esto me vas a tener que recompensar vos, a lo que agarrando a cada una de una mano las dirigí hacia la habitación. Mientras caminábamos nos íbamos besando y desnudando como podíamos, llegando a la pieza ya los tres sin la parte de arriba de nuestra ropa. Llegando a la cama empecé a recorrer todo el cuerpo de Juli con mi lengua empezando con su cuello y siguiendo por sus pechos mientras Carlita bajaba mis pantalones y recorría mi estómago con su lengua.

Una vez totalmente desnudos empezaron a besarse mientras bajaban lentamente hacia mi pene recorriendo mi cuerpo con sus lenguas entrelazadas. Una vez en mi pene comenzaron a mamarlo de una manera increíble, turnándose entre la cabeza los huevos y el culo, cosa que me encanta.

Estuvimos así un rato hasta que las levanté y puse a Juli y empecé a chupar su conchita mientras ella se la chupaba a Carlita. Era una imagen perfecta que si bien no era la primera vez que hacía un trío si era la primera vez con dos mujeres tan hermosas. Continuamos un rato saboreándonos con lo cual tuvieron un orgasmo al mismo tiempo y acto seguido Juli me pide por favor que la penetre, a lo cual no me hice rogar clavándole la verga de un solo golpe a lo que ella respondió con un grito que pensé que se iban a quejar todos los vecinos…

Si bien mi pija no es muy larga, unos 17 cm., es muy ancha según me han dicho, una vez que el dolor pasó a ser placer empezaron unos gemidos hermosos mientras Carlita se tumbó debajo de ella empezando lamer desde su clítoris hasta mis huevos. Luego de un rato cambiaron posiciones y así pude comprobar que la conchita de Carla era más estrecha y por lo tanto más hermosa.

Mientras yo penetraba a Carla con todas mis fuerzas y ellas en un perfecto 69 Juli empezó a meter un dedito en el culo de Carlita y viceversa, la verdad es que perdí la cuenta de los orgasmos y yo con el efecto del alcohol no había llegado ni al primero y ya hacía como media hora que no paraba de bombear.

En el preciso momento de un orgasmo de Carla, Juli me hizo señas y apoyé la cabeza de la verga en el culito de Carla a lo que ella respondió con un “no-hijo de puta” y acto seguido Juli le dijo, callate y empujó mi verga hasta que entró la punta mientras Carla se desgarraba del dolor (luego me confesaría que era virgen del culito), estuvimos así un rato sin movernos mientras seguían lamiéndose sus conchas hasta que paró el dolor y no dudé y empecé a bombear solo hasta la mitad de mi verga mientras Carla no paraba de insultarme a la vez que pedía más…

Después de un rato me salí y les pedí que me mamaran las dos juntas ya que con el alcohol es la única manera de venirme, y dado que ellas ya habían tenido innumerables orgasmos ahora me tocaba a mí. Estuvieron chupándome las dos juntas un ratito hasta que acabé justo en la boca de Juli que no dudó ni un instante. Quedamos los tres tendidos un rato en la cama pero la noche no terminaría allí, no antes de probar el bello culo de Juli.

Después de esto agradecimos los tres a esa agenda perdida y nos encontramos frecuentemente para darnos placer que ya contaré en otra historia.

Espero comentarios y si alguna mujer quiere placer estoy dispuesto a dárselo como a mí me lo dan estas chicas. Un abrazo.

Autor: Siraola

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Leticia y una fría mañana de julio

Ariel comenzó a besarle las tetas a Clara, tenía la conchita bien húmeda, necesitaba la verga de Ariel en mi boca, la deseaba como el aire, mientras él le mordía las tetas a ella me puse a chupársela, mientras comía esa hermosa verga, Clara empezó a chuparme la conchita, me tocaba el clítoris y me enloquecía, todo el placer que recibía me daban más ganas de chupar esa verga.

Una y mil veces pensé que los relatos que leía en la web eran inventos, pero como dicen, siempre hay una primera vez. Soy una mujer de 29 años, vivo en la capital de Argentina. Mi nombre es Leticia y estoy casada desde hace cuatro años con Ariel, soy alta, rubia y grandota, mis medidas son 105-70-100 y hasta este hecho que he decidido contarles mi vida sexual era activa, pero muy normal.

Todo comenzó una fría mañana de julio, me dirigía a mi trabajo en el centro. Ya en el subte, logré sentarme, cosa bastante complicada por la mañana, lo cierto es que desde que subí, me llamó la atención una mujer que estaba sentada a mi lado, era una cara conocida, pero no lograba recordar de donde. Llegó la estación donde debía bajarme y esta mujer, se levantó y bajó en la misma estación que yo. Mientras intentábamos salir por el molinete la miré fijo a los ojos, intentando reconocerla, al mismo tiempo ella me sonrió y saludó.

– Hola Leti, ¿cómo estás, tanto tiempo? La mire intrigada… – ¿No te acordás de mí? – Soy Clara, la hermana de María Juárez, ¿te acordás?

Ahí reaccioné, María Juárez era amiga mía de la época del secundario, y esta mujer, que me había intrigado durante todo el viaje, era su media hermana, era mucho más grande que nosotras, pero un par de veces había salido con nosotras en aquellas épocas del secundario, Clara tenía ya cuarenta y dos años, pero realmente no los aparentaba.

– ¿Cómo estás? Pregunté sorprendida por su imponente presencia, estaba vestida con un traje azul que le sentaba muy bien. – Muy bien, me parecías conocida cuando subiste, pero pensé que vos ni te acordabas de mí. – Como no me voy a acordar, que fue de la vida de María. – Se casó, hace un par de años y se fue a vivir a Costa Rica. – Mira que bien, y vos en que andas. – En nada fuera de lo común vengo a trabajar, pero discúlpame, ahora estoy bastante apurada porque llego tarde, pero si querés un día nos juntamos y charlamos.

Nos pasamos los teléfonos y cada una siguió su camino, no entendía que era exactamente lo que me había pasado, pero como nunca en la vida me había sentido atraída por una mujer, Clara despertó en mí una sensación hasta aquí inédita. Esa noche, al tener sexo con Ariel me excité muchísimo imaginando a Clara entre nosotros, y gocé de un orgasmo maravilloso. Al día siguiente tenía ganas de llamarla, de verla otra vez, pero la verdad es que no me animaba, así que dejé pasar el tiempo, una semana después, estando en el trabajo, me pasan una llamada, y era ella.

– ¿Hola Leti? Soy Clara, ¿te acordás? – Si, por supuesto… – Bueno, si querés nos encontramos, tomamos algo y charlamos. – Dale…

Nos encontramos, a las siete de la tarde en un bar céntrico, y estuvimos charlando hasta casi las diez de la noche, nos contamos muchas cosas de nuestras vidas, y la pasamos muy bien, yo, volví a sentir la misma atracción que la mañana aquella en que nos encontramos. La charla fue muy amena, hasta que se puso… digamos que un tanto caliente. Clara me preguntó:

– Y tu matrimonio, ¿cómo va? – Muy bien, la verdad que con Ariel encontré el paraíso. – ¡Bueno! Contame como es. – Tiene 26 años, es alto y no es para ser fanfarrona, pero, ¡es muy lindo! Nos reímos y de pronto, Clara dijo algo que me excitó mucho. – ¡26 años! ¡Que bombón! Lo bien que te debe tratar en la cama, ¡un bebito te buscaste! – Si, pero además de eso es un muy buen tipo. – A bueno, entonces déjamelo ver, porque debe ser de mentira. – Si querés, venite a comer a casa algún día. – dale.

No se bien por qué, pero lo cierto es que ese diálogo, me dejó bien calentita, a tal punto, que esa noche como estaba sola en casa, me hice un pajita deliciosa, ya no tenía dudas, quería que Clara entre en mi cama, me la imaginaba entre Ariel y yo, y volaba de calentura. Lo cierto es que un día arreglamos y vino a comer a casa, cuando entró, noté como Ariel la miraba y eso me gustó, Clara era casi tan alta como yo, pero de medidas más suaves, aproximadamente 95-60-100, tiene un cuerpo muy lindo y armónico que llama la atención enseguida, es morocha y súper simpática. Clara me acompañó a la cocina para ayudarme con la comida, apenas quedamos solas me comentó lo siguiente:

– ¡Que bien guardado te lo tenías! Que lindo es Ariel, la verdad debes ser la envidia de todas tus amigas.

Me hice la tonta y le cambié el tema, creyendo que todo era producto de mi imaginación y de la sensación que me generaba tenerla en mi casa y el deseo que despertaba en mí. Todo transcurrió dentro de lo normal, comimos y charlamos de nuestras de vidas, de su media hermana, de mi trabajo, del trabajo de Ariel y de cosas por el estilo. La noche cambió radicalmente cuando ya instalados en el sillón y charlando de la vida Ariel tomó la posta de las preguntas:

– Y vos Clara, ¿estás casada, en pareja, divorciada, a que club perteneces?

Clara, con cara de pícara contestó:

– Al club del placer. – ¿Y como es eso? – Es un club en el que haces lo que querés, cuando querés, con quien querés… y está muy bueno. – A qué te referís con lo que querés…

Yo observaba la situación y escuchaba atenta, estaba increíblemente excitada, y ni siquiera sabía de qué se trataba realmente.

– Me refiero, a que si me gusta un hombre, lo busco, si me gusta una mujer, la busco…

Me quedé asombradísima, y notaba en la cara de mi marido, la expresión de calentón que lo distingue.

– Debe estar bueno… -dijo Ariel. – Es hermoso, y mucho más hermoso cuando lo que imaginas lo haces realidad. – Me imagino – acoté temerosa y excitada como estaba.

Clara me miró fijo y casi obligándome a responderle me preguntó:

– ¿Qué te imaginas? Contanos. No recuerdo como hice para juntar coraje, pero lo junté… – Imagino tantas cosas… – Contame, no me dejes así… – me dijo Clara. – La verdad, me intrigas… desde que te vi, te imagino en la cama entre Ariel y yo…

La cara de mi marido era espectacular, lo notaba muy excitado, y yo no podía creer lo que había dicho. Clara, no dijo nada, solo nos miró y avanzó sobre el sillón donde yo estaba sentada, se acercó hasta mi boca y me dio un beso hermoso, suave y caliente. Su lengua entró y salió de mi boca, y me estremeció. Mientras me besaba comenzó a acariciar mis tetas, haciendo hincapié en mis pezones, que estaban durísimos. Yo me dejé llevar, dejé que me toque toda, comencé a tocarle las tetas, cuando paramos de besarnos, Clara miró a Ariel, que se estaba tocando, después depositó su mirada en mí y me preguntó:

– ¿Y si le hacemos mimitos?…

Nos acercamos a Ariel, Clara le dio un beso de lengua, y se agachó hasta su verga, la sacó y me pidió que entre las dos chupáramos esa pija. Ariel volaba de calentura, tenía la verga durísima, y entre las dos besamos primero la cabeza y después Clara se la introdujo toda en su boca, Ariel tiene una verga hermosa, de unos 18 centímetros y bastante gruesa, la chupábamos un ratito cada una, de vez en cuando nuestras lenguas chocaban y nos besábamos, poco a poco nos fuimos quitando la ropa…

Ariel comenzó a besarle las tetas a Clara y verlos me calentaba sobre manera, tenía la conchita bien húmeda y caliente, necesitaba la verga de Ariel en mi boca, la deseaba como el aire para respirar, entonces mientras Ariel le mordía las hermosas tetas a Clara me puse a chupársela, mientras comía esa hermosa verga, Clara empezó a chuparme la conchita, ¡que delicia!

Chupaba y metía sus deditos en mi jugosa concha, me tocaba el clítoris y me enloquecía, todo el placer que recibía me daban más ganas de chupar esa verga, estaba tan caliente que no aguantaba más, sentía que estaba por acabar en cualquier momento y Clara chupaba mi conchita con toda su lengua y con cuatro dedos me tocaba todo mi interior, estaba por acabar cuando Ariel me llenó la boca de leche, acabamos casi al mismo tiempo, mientras mi conchita chorreaba Clara no paraba de chupar, tuve un orgasmo hermoso, unos minutos después, Ariel, con su pija parada todavía, comenzó a penetrar a Clara, se movía lenta, pero firmemente sobre Clara, no tardó mucho mi amiguita en acabar, gritó como loca con la pija de mi marido adentro.

Apenas acabó se la pidió por la cola, Ariel, que ama el sexo anal, le dio vuelta violentamente, Clara metió su mano en su concha y se lubricó la cola con sus juguitos vaginales, Ariel apoyó en ese culo hermoso la gruesa cabeza de su pija y la insertó de una, comenzó un bombeo infernal en el culazo de Clara, me acerqué a la boca de Clara y volvió a chuparme la concha mientras su culo se comía la pija de mi marido. Clara volvió a acabar, esta vez desesperadamente, Ariel sacó su verga y me la puso en mi conchita, duró un par de minutos y me volvió a llenar de leche calentita, cuando la sacó, Clara se la limpió con la lengua y quedamos exhaustos, besándonos entre los tres.

Fue la noche más hermosa de mi vida sexual, desde esa noche, necesito a mi marido y a una mujer en mi cama, adoro los tríos, con Clara lo hicimos algunas veces más, ahora estamos a la búsqueda de una mujer que sienta lo mismo que yo, entre tanto con Ariel seguimos teniendo sexo maravilloso, aunque en mi interior creo que para lograr el placer máximo necesito además de la hermosa pija de mi marido una conchita para chupar y para ver como Ariel la coge. Espero que les haya gustado este aspecto de mi vida, espero sus comentarios. Un beso a todos.

Autor: Rocio

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Karina mi compañera de trabajo

Karina se sentó en mi pija y comenzó a cabalgarme, Estela con su lengua comenzó a chuparme los huevos y a chupar la concha a Karina que no duró nada sobre mi pija, tan caliente estaba que derramó jugos calientes sobre mí, Estela, bien puta como es, chupó toda su concha y después me besó. Yo tenía todavía la pija dura, entonces mis chicas comenzaron a chupármela entre las dos.

Hola amigos, les cuento que soy Fernando, tengo 24 años y soy de Argentina, espero que les guste este relato, ya que a mí me libera bastante esto de escribir parte de mi vida. Desde que perdí mi virginidad gracias a Estela Santillán, la jefa de mi sector, mi vida realmente cambió, comencé a disfrutar del sexo a diario y cada día de mejor manera, increíblemente para mí, también cambió la forma en que me tratan, sobre todo en la oficina, no es que antes me trataran mal, pero ahora sucede que las mujeres de mi oficina me dan más bola, hablan más conmigo, me preguntan cosas que no incumben lo laboral, me invitan a salir con ellas y con su grupo de amigos, realmente me siento mejor, con mayor autoestima.

Esto que voy a contarles sucedió hace un tiempo, Karina, una de mis compañeras de trabajo, es una hermosísima mujer de 23 años, alta, rubia de muy buen cuerpo, buenas tetas, muy buena cola y súper cuidadosa con su vestuario, siempre con ropa de calidad, es la típica chica de oficina. Cuando ingresé a esta oficina (todavía virgen), no podía dejar de pajearme pensando en su cuerpo y en el de mis otras compañeras, después de lo sucedido con Estela dejé de dedicarle pajas, pero no de observarla como lo que era, una mujer muy apetecible.

Lo cierto es que una mañana de lunes, Karina y yo nos encontramos por casualidad en un bar donde ella desayuna y donde yo me acerqué buscando a Diego, uno de mis compañeros de oficina. Entré buscando con mis ojos a Diego y la vi a ella haciéndome señas desde el fondo, me acerqué a su mesa y me pidió que la acompañe en el desayuno, me senté, y comenzamos a charlar de tonterías del trabajo, la notaba entusiasmada, estaba vestida con una minifalda negra, camisa azul fuerte y un escote que me imantaban los ojos, sus tetas, sugerían tantas cosas, que durante un instante mi imaginación voló de lo lindo. Lo cierto es que a partir de ese desayuno nos hicimos más… digamos amigos.

Comenzamos a partir de ese entonces a contarnos cosas personales, sobre nuestras familias, sobre sus novios, sobre chicos que yo conocía de la empresa que le enviaban montones de mail por día. Una tarde, a la salida, me vio con Estela, no estábamos en una situación embarazosa, pero noté en la mirada de Karina, un gesto adusto. Al otro día, a la hora del almuerzo Karina se me acercó a charlar como lo hacíamos últimamente (cosa que molestaba mucho a mi Estelita), sólo que esta vez, fue más un interrogatorio por parte de ella.

– ¿Qué hacías ayer con Estela? – Nada… me comentaba algo de sobre Langer (es un cliente nuestro).  ¿Por? – Por nada, pero me pareció otra cosa, no se, imaginé que tenías algo con ella, no me hagas caso.

Dudé, pero decidí llevarla al terreno donde ella me había intentado llevar.

– ¿Y qué, te pone celosa esa idea? – ¡Noooo! Nada que ver nene, ¡solo imaginé cositas locas! (se echó a reír). – ¿Cositas locas? – Si, bueno, te dije, no me hagas caso. – No dale, decime, no me dejes así, si no voy a imaginar cosas y es peor, ¡dale! – …cosas, que se yo, te imaginé en una escena íntima con Estela. – ¡Vos estas loca nena! (lo negué rotundamente por miedo a que todos se enteraran de mi relación con Estela). – ¡Bueno! No te pongas así… te dije que no me hagas caso, fue solo un pensamiento. – Está bien, te perdono, pero nada que ver. – Bueno listo, eso si, un poco celosa me ponía la idea, ¡ustedes dos sin mi!

Dijo esto último y se echó a reír, yo reí con ella, pero por dentro sentí como si mi sangre hirviera, ¿a qué se refería exactamente? Estaba celosa de mí o de Estela, o ¿tenía ganas de estar con los dos?  Esa misma noche la pasé en un hotel con Estela, cogiendo a más no poder y pensando en Karina, no podía sacar de mi cabeza esas palabras. Tanto me rondaban por mi mente que Estela me preguntó si me ocurría algo, y tuve que contarle, al principio la asustó lo mismo que a mí, que alguien supiera lo nuestro y después para mi sorpresa dijo:

– ¿Sería lindo coger los tres juntitos no?

A partir de ese día volví a sentir la excitación que sentía antes de mi debut sexual, la imagen de Karina y Estela cogiendo conmigo me daba vuelta por la cabeza y me calentaba la pija como nunca antes. Estela se fue de viaje por una semana por cuestiones de trabajo, esa semana fue terrible, me la pasé pensando como podía hacer para convencer a Karina, ya que tenía en mi cabeza la frase de Estela “¿sería lindo coger los tres juntitos no?”, rebotando de un lado hacia otro, pensé mil formas de encararla, pero ninguna me convencía, así que decidí preguntarle sobre sus tendencias sexuales. Antes de ir a buscar a Estela a Aeroparque que regresaba de su viaje, le pregunté, después que ella me contara una desventura amorosa si había tenido alguna experiencia lésbica.

– ¿Por qué me preguntas eso? – Que se yo, por lo que dijiste el otro día. – ¿Qué dije? – Eso de que te ponía celosa imaginarte a Estela y a mí… – … – y que vos no estuvieras… – No, nada que ver, nunca tuve experiencia con otra mujer, lo que dije tiene que ver con una fantasía mía, nada más. -¿Qué fantasía? – ¿Es algo muy privado no te parece? – Bueno disculpa… solo me interesaba conocerte. – ¿Te interesaba o te calentaba? (fue sumamente directa su pregunta, así que decidí responder con toda sinceridad). – La verdad, me calienta mucho la idea, el otro día cuando dijiste lo que dijiste me dejaste… – Me imagino… – No, no te imaginas… – Creo que estamos yendo muy lejos, la verdad es que desde un tiempo a esta parte me gustas, y el otro día, cuando te vi con Estela supuse que entre vos y ella había algo…

No pude contenerme y a su honestidad brutal le agregué la mía:

– Bueno, vos también me gustas y mucho, pero quiero ser sincero, (hice un pausa). Hace un tiempo que con Estela tengo una historia hermosa, no se si nos amamos, pero la pasamos muy bien juntos.  – Y fue por eso que me calentó tanto lo que me dijiste. – Ya que de contar nuestros secretos se trata, lo que dije, lo dije porque lo sentí, se desde hace un tiempo, lo tuyo con Estela, y me surgió la fantasía de estar con vos y con ella, no se como nació esto, no me considero lesbiana, pero primero me calenté con vos y ese día… los vi juntos y me imaginé entre ustedes.

Después de sus palabras la besé, duró unos minutos y fue muy lindo. Entre tanta charla se había hecho tardísimo y debía ir por Estela, Karina me acompañó a Aeroparque y aquí comenzó a darse el momento más sublime de mi vida hasta hoy. Cuando llegamos fui en busca de Estela yo solo, le pedí a Karina que se quedara en el auto, llegué tarde, cuando la vi, ya estaba agarrando su equipaje, la saludé (muy discretamente), estaba cansada y necesitaba relajarse según sus palabras, me pidió que le llevara a su casa, cuando llegó al auto y vio a Karina, me miró fijamente a los ojos, como preguntando que hacía ella ahí, yo le guiñé un ojo, y su mirada cambió de sorprendida a cómplice. El camino a su casa fue casi en silencio, solo Karina habló, pidió que la dejáramos cerca de la estación de Retiro para que así pudiera tomar algo hasta su casa, pero Estela, con voz firme dijo:

– No seas tonta, conmigo no tenés que fingir, se por qué estás ahí, y vos también sabes por qué estás ahí…

Karina me miró por el espejo retrovisor sin entender nada, yo quedé sumamente impactado con lo dicho por Estela, pero no me sorprendía, la conocía y sabía como actuaba cuando quería algo. Estela que iba sentada a mi lado mientras yo manejaba, se dio vuelta y posando una de sus manos sobre la rodilla de Karina dijo:

– Cuando Fernando me contó lo que dijiste, me asusté… pero después comprendí todas las miradas que me regalabas todos los días, y comprendí por qué me calentabas tanto cuando me mirabas sin mirar. – Estela, mira yo no se que te dijo Fernando pero… (Estela la interrumpió). – ¿Qué, me vas a decir que no es cierto que te caliento, me vas a decir que no es cierto que te calienta Fernando?

Yo tenía la pija dura a más no poder, Estela me miró y le dijo a Karina:

-Decídete ya, no andes con vueltas, no me gustan las vueltas, a parte, mira, Fer ya está listo… dijo posando su mirada sobre mi pija.

Y Karina que no quiso ser menos desató el maravilloso vendaval sexual que se vino con sus palabras:

– Y yo no sabes como tengo la concha…

Llegamos a la casa de Estela, mientras guardaba el coche en la cochera, Estela le estaba tocando a Karina la conchita, Karina gemía a viva voz, nos bajamos del auto, ingresamos por la puerta de servicio a la casa de Estela, yo tenía miedo que apareciera alguna de las personas que hacen la limpieza en lo de Estela, ya que estaba con mi pija en todo su esplendor, por suerte no había nadie. Entramos al living, me senté en un sillón y presencié un espectáculo único e imborrable, Karina y Estela se perdían en un beso profundo y húmedo delante de mi mirada lasciva, mi Estelita guiaba a Karina que estaba increíblemente caliente, era maravilloso verlas, Estela con su cuerpo grandote y Karina con esa figura casi perfecta.

Estela comenzó a chuparle las tetas y Karina que le acariciaba el pelo con una ternura asombrosa, Estela le dedicó unos cuantos minutos a cada pezón, cuando los tuvo bien chupados bajó con su lengua por la panza de Karina que estaba en un grito de calentura, la despojó de su bombachita (¡era negra con encajes! ¡Cómo me calentó!), y la empezó a tocar con un dedito, Karina con su lengua afuera la excitó sobre manera a Estela, que de un impulso hundió su cara en la concha mojada de Karina.

Debo serles sinceros, me hice una paja monumental, recorrí todo el largo de mi pija salvajemente con mi mano derecha y acabé una cantidad de semen sobre el piso, unos minutos después de mi memorable acabada, Karina explotó en un orgasmo desesperante, fue muy excitante verla a Estela levantar su cabeza y distinguir en los alrededores de su boca y su nariz todos los jugos de Karina…

Estela se despojó de su ropa y quedó todo su maravilloso y gran cuerpo al desnudo, Karina con timidez, pero muy excitada comenzó a chupar la concha de Estela, nuestra jefa, golosa como es me llamó, yo me acerqué con mi pija a medio crecer y mientras gozaba de la chupada de Karina ( que se iba soltando y chupaba cada vez con más ganas), comenzó a chuparme la pija.

Como gozaba con la pija adentro de esa boca, Estela chupa de una manera increíble, cuando la tenía bien dura, se la saqué de la boca, me dirigí a Karina y le pedí que me la chupara, dejó por un rato la concha de Estela y se puso toda mi pija de a poco en su boquita, que putita que era, la chupaba despacito, gozando cada centímetro de mi durísima pija, Estela se acercó y entre las dos me terminaron de chupar bien la pija, estaba por acabar, cuando Estela la pidió toda para ella sola, se puso en cuatro y le rompí la concha con toda la furia, Karina miraba y se tocaba la concha, Estela hablaba sin parar mientras le rompía la conchita…

– ¡Cógeme bebé, dámela toda, gózame la concha! ¡Ves Karina, así te va a romper la conchita a vos después! ¡Dámela toda! ¡Por favor! ¡Más!

Tanto me habló con su tono de puta golosa que no aguanté más, Estela tampoco soportó más y los dos explotamos en un polvazo lleno de placer, le llené la concha con lechita calentita. Quedé exhausto, pero con ganas de más, todavía no me había cogido a Karina, que estaba a punto de acabar otra vez, me acosté sobre el piso, siguiendo las claras instrucciones de Estela, Karina se sentó en mi pija y comenzó a cabalgarme, que belleza lo que mis ojos veían, Karina y sus increíbles tetas moviéndose sobre mí, Estela, se puso a mis pies y con su lengua comenzó a chuparme los huevos y a chupar la concha a Karina que no duró nada sobre mi pija, tan caliente estaba que derramó jugos calientes sobre mí, creo que nunca más volveré a sentir a una mujer acabar tanto y tan caliente sobre mi pija.

Estela, bien puta como es, chupó toda su concha y después me besó… Yo tenía todavía la pija dura, entonces mis chicas comenzaron a chupármela entre las dos, un poquito cada una, la chuparon durante casi veinte minutos, no pude más, esas dos putas chupando mi pija y pidiéndome leche fue demasiado, derramé una cantidad asombrosa de leche para ser el tercer polvo, acabé en la cara de Karina, Estela limpió su rostro con su lengua y se fundieron las dos en beso de lengua conmovedor. Después, nos bañamos cenamos y comentamos lo bien que la pasamos, fue increíble lo que Estela, Karina y yo vivimos esa tarde noche.

Estos encuentros se sucedieron un par de veces más, después se cortó, aunque por boca de Estela supe que entre ellas se encontraron al menos dos veces más, (cosa que me calentó mucho), y un par de veces entre Karina y yo disfrutamos mucho del sexo. Espero que haya sido de su agrado mi experiencia, traté de contar todo tal cual sucedió, y creo que lo he logrado.

Si alguno quiere realizar algún comentario sobre esta parte de mi vida en particular, no dude en hacerlo. Saludos a todos.

Autor: Fernando L.

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Con mi cuñada

Me pidió que le metiera porque no aguanta más, abrió sus piernas y la metí suavemente, ella gemía de placer, le dije que se ponga de cuatro, la metí despacito, mientras metía mi dedo en su culito me dijo que nunca tuvo sexo por atrás, le dije que ahora será entonces la primera vez, y me dijo que no quiere, pero como estaba tan caliente la cuñada, seguí cogiéndola por la conchita bien apretadita.

Fuimos a Floripa – Brasil en enero de 2008, mucho calor por todos lados. Fui con mi novia, estaba su hermano, su hermana, un primo de ellos, una amiga y el padre de mi novia.-

Llegamos a la playa a eso de las 10 de la mañana, cansados por el largo viaje, yo sólo quería acostarme y dormir un buen rato y tal vez a la tarde ir a la playa y nadar en el mar. Y así lo hice, me acosté un rato.-

Mi novia, su hermanita y su amiga, mi cuñado y su primo dijeron que iban a ir ya a la playa, por lo que comenzaron a cambiarse de ropa. Me dormí unas 3 horas más o menos, luego desperté y nadie estaba en la casa que habíamos alquilado. Entonces me preparé el almuerzo, y luego llegan de la playa las chicas, mi novia, con su bikini muy sexy, me abraza, su cuerpito mojado por las aguas del mar, me da un beso muy caliente y me pide que me entre a la ducha con ella.

Lógicamente no podía decir que no. Pero al mismo tiempo miro a mi cuñadita y a su amiga que estaban también con bikini y mojaditas y no pude evitar mirar las tetas de mi cuñadita que eran muy redonditas y tenía muchas ganas de apretarlas.-

Entramos a la ducha con mi novia, le saqué todo el bikini, la desnudé, comencé a tocarla, meter mi dedo en su conchita que se mojaba muy rápido, acariciaba su culito, le chupaba las tetas y ella gemía de placer, me bajo el short y comenzó a chuparme como ella sola lo sabe hacer, luego la di vuelta y la metí de cuatro, bien adentro. Estoy seguro que mi cuñadita y su amiga se habían acercado a la puerta a escuchar los gemidos de mi novia, pero no me interesó eso porque estábamos sintiendo  mucho placer con mi novia.-

A la tarde fuimos a la playa todos, yo no podía dejar de mirar las tetas de mi cuñadita, bien redonditas, con el agua del mar corriendo entre las tetas, la arena de la playa en su colita, me excitaba y ella me miraba de una forma extraña también, que sinceramente pensé que contaría a mi novia que yo la estaba mirando mucho.-

Al otro día, todos se levantaron como para ir nuevamente a la playa, yo dije que quería seguir durmiendo y que se vayan que yo iría más tarde, y seguí durmiendo.-

Luego de un rato me desperté, fui al baño a cepillarme, estaba con mi bóxer y sin remera, ya que pensaba que nadie estaba en la casa. Luego voy a la cocina a preparar mi desayuno y comienzo a desayunar. Comencé a pensar en las hermosas tetas de mi cuñadita, sus ojos grandes y negros, su cintura pequeña, y sus nalgas bien carnosas, y mi pene se comenzó a endurecer.

Luego de desayunar me levanté de la mesa, fui a llevar las cosas a la cocina, yo caminando con bóxers y mi pene semi erecto, y al dar vuelta veo que mi cuñadita estaba allí, detrás mío con su bikini puesto, esas tetas redondas, ella respirando hondo y no pude evitar mirar esas maravillosas tetas. Ella se sonrió y me dijo: “te queda muy bien el bóxer” mirando claro mi pene semi erecto.-

Yo le dije “te queda muy bien el bikini cuñadita”, y ella miró sus tetas y me dijo: “creo que otra cosa estás mirando”, y yo le respondí que sí.-

Me dijo: “te quiero mucho cuñadito lindo, vení que te quiero abrazar”, abrió los brazos y me acerqué a ella, nos abrazamos fuerte, y pude sentir esas hermosas tetas un poquito calientes en mi pecho, y sin dudar le abracé fuerte y apoyé mi pene en su cintura.-

Nos abrazamos durante un tiempo, luego no aguanté y comencé a besar su cuello, y acariciar su espalda, ella me acariciaba la espalda y respiraba fuerte, le dije que me encantan sus tetas y que me muero por acariciarlas, puso mi mano en una de sus lolas y me dijo, apretalas como quieras y comencé a jugar con sus tetas. Luego vino un rico beso muy caliente, su lengua en mi boca me excitaba, su cuerpo caliente, su respiración.-

No aguanté más, y comencé a acariciar las dos tetas, y le saqué todo el bikini, le chupé suavemente las lolas y ella gemía, metí mi dedo en su conchita y estaba demasiado mojada, le dije que me muero por probar el sabor de su conchita, ella me agarró del cabello y lo jaló hacia abajo, me puso frente a su conchita y dijo: “probá mi conchita, haceme tuya”.-

Le chupé la conchita y ella gemía y gemía, con mi dedo jugaba en su culito. Luego me dijo que quería probar mi pene, me sacó el bóxer y agarró mi pene con ambas manos y metió en su boquita y me pajeaba suavemente.

Me pidió que le metiera porque no aguanta más, abrió sus piernas y la metí suavemente, ella gemía de placer, luego la metí fuerte, rápido, como loco, ella estaba super mojada gritando de placer, le dije que se ponga de cuatro, la metí despacito y luego mas fuerte, mientras le tocaba el culito, metía despacito mi dedo en su culito, y me dijo que nunca tuvo sexo por atrás, le dije que ahora será entonces la primera vez, y me dijo que no quiere, pero como estaba tan caliente la cuñada, seguí cogiéndola por la conchita bien apretadita…

Metí todo mi dedo en su culito y le dije: “voy a meterte por el culito, ya está preparado, con mi dedo ya lo preparé, ahora vas a sentir algo un poco más grande”, y puse la cabeza de mi pene en el orificio de su culito y comencé a empujarlo despacito, ella gemía, se tocaba la conchita, metía su dedo en su conchita. Hice un poco de fuerza y la metí hasta la mitad mi pene, y ella gritó de dolor.-

Comencé a moverme despacito y ella gritaba de dolor y de placer, luego ya le metía todo hasta los huevos. Era muy apretadito el culito, por eso tuve que meterle por la conchita nuevamente, porque gritaba mucho de dolor.-

Me dijo que soy un morboso por cogerla por el culo, pero que le gusta mucho. La cogí como loco por la conchita, ella dijo que quería terminar porque está muy caliente, y comencé a lamer su conchita y meter mi lengua, y terminó en mi boca, ella gritó como puta y terminó en mi boca, luego la metí como desesperado nuevamente, hasta que no aguanté y saqué mi pija de su conchita y la metí en la boca y terminé toda mi leche en su boca, le dije que la trague toda, ella agarraba mi pija y la seguía pajeando y chupando hasta que terminé toda la leche en su boca.

Me dijo “ahora podemos ir a la playa  refrescarnos ya”.-

Autor: Perfect love

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Me follé a mi prima Carolina

Continué apretando una de sus tetas y empecé a penetrarla con todo por su cochita peludita, y ahí si que gimió como una perra cuando la penetré con toda mi fuerza, después me entregó el culo y juro que nunca penetré tan bien a una mujer ni siquiera a mi novia. Me encantó porque era muy angosto y me costó hacerlo pero empecé un mete saca infernal que terminó en un orgasmo sin limites.

Bienvenidos amigos a este nuevo relato de mi parte, esta vez es con mi hermosa prima de solo 19 añitos.

Todo comenzó cuando yo tenía 21 años y ella, Carolina, tenía 19. Fue en Navidad cuando se me ocurrió la idea de cogerme a mi prima o de solo tocarla pero esta ilusión no sería solo eso, sino que sería mi meta para este año.

Ya que yo soy un chico muy despreocupado, y alegre con el tema de mi facultad, debo motivarme cada año con una nueva meta, en este caso, con mi prima, y la primera meta que se iba a realizar en el campo sexual.

Como les decía por el momento, tengo un pequeño trabajo en la empresa de mi cuñado, que no es la gran cosa pero me mantiene a mi y a mi novia, ya que vivimos juntos en un pequeño departamento.

La noche de Navidad, es la cual toda familia se encuentra en la casa de mi abuela desde mis primos hasta mis bis abuelos.

Fue exactamente a las 23:30, cuando justo miré los bellos senos que tenía mi hermosa primita. Eran grandes pero no demasiado. Robustos, pero no exagerados. En una palabra eran perfectos, su culito redondito y medianamente chiquito, que se re marcaba con su jean bien ajustado.

Mi prima no es una persona de mucha charla y las palabras hay que sacárselas con saca-corchos, pero igualmente yo charlaba mucho con ella hasta el punto que me consideraba su hermano mayor, entonces al obtener este importantísimo cargo empecé a emocionarme más y más pensando que yo podría ser el primero en desvirgar ese pedazo de culo.

Después del brindis y todo el resto, eran ya como las 3:00, hora perfecta para ir a bailar, por lo menos es una costumbre en nuestro país ir a bailar a la noche en Navidad, lo mismo en año nuevo.

Más tarde, antes de irnos mi novia y yo pensamos decirle a Caro y a sus dos amigas que vengan a comer algo a casa o solo a escuchar música. La idea que se le había ocurrido a Daniela (mi novia), me parecía excelente, pero me veía venir un No rotundo. Y así fue, entonces le pregunté porque no querían venir y ellas contestaron que era debido a que querían ir a bailar esa noche, entonces sin pensarlo dos veces le dije a Daniela de ir con ellas a bailar.

Cuando llegamos, el boliche era impresionantemente grande y había como 5 barras por piso y tenía 3 pisos.

Eso quería decir que iba a haber alcohol hasta la muerte. Más me excité cuando Daniela me empezó a tocar la verga. Uhhhhhh, ese momento no se puede describir con palabras, fue increíble y me dijo que la acompañara, pero yo me sentía mal porque estaba dejando sola a mi prima Caro, que era la que realmente en ese momento me estaba gustando.

Daniel me llevó hasta un “intento” de cama que tienen todos estos boliches, donde te podes tirar con la mina que querés y cogértela pagando solo una pequeña parte de la entrada.

Esa noche la pasé genial, tenía un pedo encima increíble y estaba con mi novia cogiendo en un boliche, era una locura para mi casi, ya que hacía mucho que no iba a bailar.

Terminado nuestro acto, bajamos despacio por la escalera ya que yo no podía controlarme bien.

Pasaron los días y el momento principal llegó, yo había ido a visitar a mi prima ya que es huérfana de padre y madre, está solita en su casa con sus amigas y un perro Rottweiller hermoso.

Yo tenía la puerta de entrada de su casa, entré lo más bien y observé a simple vista un cartelito que decía: “Caro, salimos a comprar cosas al super, volvemos en 2 horas” Era el tiempo necesario para explicarle todo a Caro.

Me paseé por la casa buscándola y no la encontré por ningún lado, solo me quedaba el baño, entré sin pensar y en ese momento la vi, completamente desnuda saliendo de la ducha, con sus tetas al aire y su hermosa concha peludita al aire y su cara de loca de amor, en ese momento le dije todo lo que le tenía que decir y ella me contestó con un beso en la boca, y yo seguí metiendo lengua hasta al fondo.

Continué apretando una de sus tetas muy fuerte y comencé a desnudarme y empecé a penetrarla con todo por su cochita peludita, y ahí si que gimió como una perra cuando la penetré con toda mi fuerza, después me entregó el culo y juro que nunca penetré tan bien a una mujer ni siquiera a mi novia.

Me encantó porque era muy angosto y me costó hacerlo pero empecé un mete saca infernal que terminó en un orgasmo sin limites. Chupé toda su concha y sus jugos y terminamos destruidos en la cama.

Ella me dijo que si quería seguir con esta relación a ocultas y obviamente contesté que si.

Pero eso es otra historia.

Autor: Chacabuco

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Le dio mi leche a su marido

Mientras le contestaba el teléfono a su inoportuno esposo, yo seguía entrando y saliendo de su culo, de este culo rico y hermoso. Pude notar como ella aprisionó aún más mi verga… y acercaba más aún sus nalgas a mí. Sus movimientos se hicieron frenéticos, salvajes, sus gemidos inundaban toda la casa. Fue cuestión de unos quejidos más, de unas cuantas rotaciones de sus nalgas hermosas y borbotones de leche caliente salieron disparadas e inundaron todo su precioso culito.

¡Ahhhh! Había terminado dentro de su apretado culito, descargué toda mi leche caliente dentro de ella, me quedé varios minutos así, sintiendo como su culo apretaba mi verga que se encontraba bien adentro, con mis bolas rozando sus nalgas hermosas.

Todo empezó por la mañana, tenía unas ganas enormes de cogerla, teníamos algunas semanas de no podernos ver y quería cogerla. No nos habíamos visto porque no podía salir de su casa, su marido la cuidaba demasiado. Así que tenía que ir a visitarla, falté ese día al trabajo, el día era espléndido, con un sol radiante que invitaba a una cogida matutina, mientras todos trabajaban, mientras su amado esposo trabajaba intensamente, mientras sus pequeños hijos estudiaban arduamente en la escuela… nosotros cogeríamos deliciosamente.

Muy cerca de su casa le hablé por teléfono, me contestó como siempre – ¿dónde estás?- me preguntó, muy cerca de tu casa, ¿estás sola? Si – me respondió. Tengo ganas de cogerte, de cogerte muy rico. Pero no puedo salir, Víctor me hablará en cualquier momento y ya sabes que se enoja mucho si no me encuentra. Bueno podemos hacerlo en tu cama o en tu sala o en tu cocina o tal vez en el baño o en la escalera, donde tú quieras… Nooo – me respondió- como crees eso es muy peligroso, alguien se puede dar cuenta. Nooo. Sin embargo, su respiración era más rápida, su voz temblaba de la emoción y del deseo de hacer lo prohibido. Bueno, si no quieres pues nos vemos en otra ocasión. Noo, ven… pero trata de que no te vea nadie, tengo ganas de besar tu verga, solo le doy unos besitos y te vas, ¿si?  Si, claro solo unos besitos… le dije en tono muy suave.

Yo sabía que no sería solo unos besos, se tragaría toda mi verga, hasta casi ahogarse, hasta que la punta tocara su garganta, como a ella le gusta y tal vez si podía convencerla me daría su tesoro más preciado, ese agujero apretado que tanto se había resistido a dar, que ni su querido esposo había podido penetrar en casi 8 años de feliz matrimonio, aunque no había ocasión en que se lo pidiera. Mientras manejaba las dos o tres calles que me separaban de su casa, iba imaginando como estaría vestida. Tal vez estaría con su minifalda azul, que se pegaba a sus caderas, a su culo hermoso y que dejaba ver más de la mitad de sus muslos, que tanga llevaría (de unos meses acá, sólo usaba tangas), tal vez la negra, sostenida por unos delgados hilos metidos y abrazados por ese par de hermosas nalgas, rozando su culito hermoso y metida entre esos labios gordos de su concha empapada de sus líquidos amorosos.

Llegué frente a su casa, se veía hermosa, acogedora, no había nadie afuera, así que tranquilamente baje y llame. La puerta se abrió lentamente y apareció la mujer que me volvía loco, mmm pude oler su perfume… recién bañadita, con su cabello aún mojado, sus ojos grandes mirando nerviosamente en todas direcciones, su boca entreabierta como anticipando lo que entraría en ella en unos minutos, sus pechos pequeños (“para que no los confundan con montañas”), subiendo y bajando junto con su respiración agitada, su cintura pequeña, y lo mejor… estaba abajo, con su falda azul que envolvía perfectamente ese culo delicioso, perfecto, con sus muslos hermoso mas abajo… Te ves divida, le dije lentamente… Pasa por favor, alguien te puede ver…

La seguí por el jardín, hasta su casa, que delicia, iba tras de ella, viendo como ese culo hermoso se movía de un lado a otro, podía ver (o imaginar), el pequeño triángulo de tela que se dibujaba en medio de esas caderas e imaginaba como se metía en medio de sus nalgas… uffff tiene que ser mío pensé, tengo que cogerme ese culito… Pasamos a sus casa, estábamos solos, en medio de la sala la abracé, besé sus labios, pude sentir sus pechos y sus pezones, acaricié su cintura y por supuesto bajé lentamente a sus nalgas, pufff que nalgas… Las acaricié sobre su falda, pude sentir su pequeña tanga, había acertado, se sentía bien metida, deliciosamente apretada, bajé un poco más y mis manos sintieron la piel delicada de sus mulos, su piel tibia; fui subiendo, recorriendo lentamente cada centímetro de su piel, sintiendo como se estremecía cada vez que me acercaba a sus caderas, a sus nalgas.

Finalmente llegué, a ese par de nalgas, me regocijé, las acaricié, las estrujé, pude sentir las delicadas tiritas de tela que sostenían su tanga y que desaparecían en medio de ese valle hermoso. Mis manos inquietas recorrieron todo su cuerpo, la derecha hacia adelante, hacia su conchita preciosa, que tenía efectivamente en medio de sus labios ese pedazo de tela mordido con sus labios, esos labios empapados, húmedos, deliciosos, que tal vez hoy tendrían que esperar… Mi mano izquierda, estaba tratando de seguir el pedazo de tela en medio del valle de sus nalgas, efectivamente se hacía cada vez más profundo y lo pude tocar, ahí estaba su culito hermoso, recién bañadito para mí, con sus pliegues, que se hacían más fuertes cada vez que los rozaba con mis dedos inquietos y que se apretaban fuertemente cuando trataba de entrar en el…

Nooo me dijo muy suavemente, nooo, por ahí noooo. Pero su culo hermoso no obedecía lo que sus labios decían, más bien se arqueaba y trataba de acercarse más a mis dedos traviesos que intentaban horadar su pequeño agujerito. Finalmente y ayudado por los jugos que de su conchita tomaba, su culito hermoso cedió, abrió lentamente sus pétalos y pude entrar, apenas unos milímetros, pero rápidamente se fue comiendo todo mi dedo, que quedó aprisionado muy profundamente, mientras por delante su conchita hermosa había devorado dos dedos de mi otra mano. Su respiración era cada vez más agitada, no por ahí no, me repetía una vez más, pero sus ojos entrecerrados, su boca entreabierta me decía todo lo contrario.

¡Al fin! Ese culito hermoso sería mío. Súbitamente ¡ringgggggggg! el teléfono sonó, el maldito teléfono sonó… ¡Es él -me dijo- es él!  Sin dejar de estar ensartada por mis dos manos en sus lindos agujeritos, tomó el teléfono. Ho-ola dijo con su voz entrecortada, si, si amor, estoy bien, sólo que tengo un poco de dolor de cabeza -mientras mis dedos reiniciaban sus movimientos lentos, mientras mi dedo pulgar frotaba su clítoris inflamado- si no te preocupes, me voy a recostar un rato y a tomar algo para el dolor… si bye.

El hablar con su esposo la había puesto más caliente, sus besos eran más intensos, los movimientos de sus nalgas acompañaban al de mis manos y me susurró al oído, cógeme, cógeme… pero por atrás, quiero darte algo que no le he dado nunca a nadie…  cógeme. Si mi amor, claro, lo que tú quieras… ¡Lo había logrado! Su culito virgen sería mío. Se fue recostando apoyando sus pechos sobre el sofá, parando su culo hermoso, con su minifalda apenas cubriendo sus deliciosas nalgas, ahora podía ver perfectamente como estaba ahí en medio de sus nalgas, cubriendo casi nada de su culito apretado. Me acerqué, besé todas sus nalgas, lamí su conchita que estaba más mojada que nunca, pasé mi lengua por sus labios, la metí profundamente y luego subí, subí a su culito, separé un poco el pedazo de tela que lo cubría y lo besé, tiernamente, agradeciendo de antemano el placer que me daría en algunos momentos.

Luego lo lamí, lo llené de saliva, tenía que estar bien lubricado, aspiré su olor, olía a su perfume, traté de guardar en mi memoria cada uno de los detalles, su culo, su minifalda, su olor, so conchita entreabierta, su tanga a un lado. Cógeme, cógeme por el culo me ordenó, sii, claro que sí… pero antes dale un besito. Si. Le acerqué mi verga que estaba a reventar, la puse en sus labios hermosos, su boca se abrió, rápidamente la cabeza tocó su garganta, estaba insaciable, no eran besos como siempre, eran chupadas, mamadas, por vez primera mi verga desapareció totalmente dentro de su boca y de su garganta, no lo podía creer, siempre me decía que no le cabía y ahora se la había comido totalmente, podía sentir su garganta caliente y húmeda.

Cuando mi verga salió de su boca, hilos de saliva densa, de mucosidad de su garganta conectaron la punta de mi verga con sus labios, ese era el material que necesitábamos, con ese líquido baboso en la punta de mi verga nuevamente me acerqué a sus nalgas y la punta finalmente lo tocó, pude sentir los pliegues de su culo que se resistía a abrirse, pero el lubricante natural lo hizo todo, poco a poco los pliegues se fueron abriendo y la cabeza de mi verga empezó a entrar. Podía sentir la presión de su esfínter, y como poco a poco avanzaba hasta que la cabeza de mi verga desapareció y con ella un aaaaahhh intenso se escuchó en toda la casa. Cógeme, métemela toda, todaaaa… Poco a poco todo el tronco desapareció, lentamente hasta que toda mi verga quedó sepultada dentro de ese túnel, apretado, más apretado que su conchita.

Posé mis manos en sus nalgas y empecé a moverme hacia adentro, hacía afuera, mis manos recorrían todas sus nalgas redondas y mi verga entraba y salía en su culito. Riiinggggg nuevamente el cochino teléfono… ¿Si? Si ya me siento mejor, pero creo que me quiere dar gripe porque además de la cabeza también me duele la espalda y las caderas, de hecho me duele todo el cuerpo. Mientras le contestaba a su inoportuno esposo, yo seguía entrando y saliendo de su culo, de este culo rico y hermoso. Pude notar como ella aprisionó aún más mi verga cuando hablaba con su esposo… y acercaba más aún sus nalgas a mí. Si amorcito adiós y colgó… Y con ello sus movimientos se hicieron frenéticos, se hicieron salvajes, sus gemidos inundaban toda la casa. Aaaahh, aaaaahhh, másss, másss. Me agaché un poco y tomé sus senos en mis manos y mi verga entraba y salía, salía hasta la cabeza y entraba nuevamente hasta desaparecer totalmente.

No podía más de un momento a otro terminaría. Fue cuestión de unos quejidos más, de unas cuantas rotaciones de sus nalgas hermosas y borbotones de leche caliente salieron disparadas e inundaron todo su precioso culito. En ese momento mi verga estaba enterrada profundamente en ella, la abracé fuertemente y descargué toda mi leche en ella. Discúlpame, pero no podía más -le dije-, pero tú no terminaste. No te preocupes, pero ahora tienes que irte porque Víctor viene para acá.

¿Amor me permites quedarme y ver que pasa cuando él llegue? Me da miedo que te vea y todo se complique. No te preocupes me ocultaré bien y cuando todo pase, me marcho sin hacer ruido.  Lo pensó, se sonrió y luego, aceptó. Mi corazón latía aceleradamente, rápido salí y moví el auto, afortunadamente no había nadie. Ahora me imaginaba las siguientes escenas, del culito hermoso siendo cogido por su dueño, pero con la leche mía, a unos milímetros y sin que se diera cuenta. Rápidamente regresé, me escondí en el closet, el escondite estaba perfecto.

Ella se quitó la blusa, se quitó la falda y quedó únicamente con su tanguita y se metió a la cama, de lado, con su cuerpo rotado y descubierto, con culo paradito y orientado hacía mí. Que vista tan espectacular, podía ver sus nalgas, la tanga que había desaparecido nuevamente en medio de ellas y todo su cuerpo pidiendo terminar, quitarse esa calentura que no había podido bajar. Los minutos se hicieron interminables, finalmente el ruido de la cerradura de la recámara me hizo volver a la realidad. Como sigues amor- escuché al esposo decir- apareció en la recámara y se quedó parado, admirando ese culo hermoso, el culo de su esposa, sin sospechar que era un culito recién cogido y no por él precisamente. No hablo más, se acercó y le dio un beso en la mejilla a su mujer- amor creo que si tienes fiebre, te noto muy caliente, estás muy rojita de tu cara y estás respirando muy agitada. Creo que si- respondió ella- ya me tomé un analgésico y pronto me sentiré mejor- ¿Me podrías dar un masaje?, me duele todo mi cuerpo. Si por supuesto.

Pude ver como la verga de Víctor se había parado debajo de su pantalón. Se montó sobre ella y empezó a pasar sus manos por todo su espalda, en algún momento pareció percibir algún olor porque se detuvo y aspiró como si tratara de identificar algún olor. Finalmente siguió, la hermosa vista de las nalgas de su mujer lo volvieron a la realidad. Bajó sus manos a esas nalgas, a esas nalgas que solo algunos minutos antes yo había acariciado. Las tomó entre sus manos y lentamente se acercó, empezó a besarlas, pasó su lengua por las mismas zonas que hace unos minutos yo había recorrido.

Hizo un gesto de extrañeza cuando separó los labios de su conchita y los encontró inundados, que raro pensó, luego siguió a ese culito, un poco rosado aún y lo besó, lo besó tiernamente. Finalmente sólo escuchó una orden, cógeme mi amor, cógeme, y bruscamente ella se acomodó, paró su culo hermoso y empezó a hacer movimientos de acercamiento. El no pudo más, era imposible permanecer quieto con tremenda invitación. Rápidamente sacó su verga y la introdujo en esa conchita caliente, entró y de deslizó como nunca antes, le llamó la atención, pero siguió adelante.

Podía ver como su verga desaparecía en esa conchita y como el culito recién cogido se contraía en cada embestida. Esto no duraría mucho, ella gemía cada vez con más intensidad, sus movimientos eran más intensos, su culito se contraía cada vez más, como si se esforzara en retener algo. Unos segundos antes de que ambos terminaran, pude ver como ese culito no pudo contener más y unas cuantas gotas de leche blanca abandonaron esos pliegues irritados de ese culito recién cogido. Víctor no pudo ver nada, unos segundos después estaba depositando borbotones de leche caliente en la conchita húmeda de su mujer. Ella rápidamente se giró y se sentó, hummm amorcito te viniste como nunca, mira cuanta lechita me dejaste, que bárbaro. Si, es cierto, es que estaba muy excitado, tú me enciendes mucho. El no sabía que justo cuando su querida esposa se giró y se sentó, salía de su culito la leche que poco antes había depositado yo.

Si tienes algún comentario, estaré agradecido de recibirlo.

Autor: sur9983

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