Mi mujer, su amante y yo

Volvió a las 12 del mediodía, con el pelo mojado, recién salida de la ducha de casa de él y la ropa del día anterior. Estaba como loca, lloraba de alegría, me abrazaba, me besaba, se lo había pasado genial. Me estuvo contando los detalles durante una hora, decía que David era un amante extraordinario, había tenido 3 orgasmos con él, había practicado sexo oral y lo habían hecho con condón.

Hola a todos, soy seguidor de esta página desde hace bastante tiempo. Tengo 42 años y mi mujer 40.

Me llamo JL. Desde hace más de un año ella tiene un amante. La relación es absolutamente consentida y sincera.

Nos casamos muy jóvenes y hasta entonces ella solo había practicado sexo conmigo. El caso es que hace unos dos años, empezamos a fantasear con algunos relatos eróticos, pelis eróticas de Tinto Brass, revistas y demás.

Digamos que nos empezó a picar el gusanito del rollo liberal. Compramos un consolador para nuestros juegos y le pusimos nombre. Estuvimos un tiempo así, jugando, fantaseando hasta que un día decidimos hablar sobre nuestra situación y nuestras fantasías.

Yo había tenido más relaciones con otras mujeres antes del matrimonio y estaba de acuerdo en que ella debería probar al alguien más que a mí. En principio no se planteó como un rollo de cornudos, simplemente, si a ella le apetecía estar con alguien sabía que contaba con mi aprobación, por lo que ella aceptaba esa situación, al ser dependiente de ella y sin ninguna presión.

Pasaron los meses y ella conoció a alguien de su trabajo. Era un superior, pero no su jefe directo. Un hombre de 52 años, alto, viudo, bastante atractivo, con el que empezó a quedar después de trabajar, para tomar unas cañas, salir a cenar y demás.

Durante esas semanas que se vieron, se sinceraron mucho, se hicieron muy amigos y ella le habló sobre mí, sobre nuestros gustos y demás.

Así fue pasando el tiempo hasta que un dia mi mujer me dijo: ” Creo que David me gusta, es un hombre encantador y me gustaría que le conocieras, es el hombre con el que quiero llevar a cabo nuestra fantasía”

Cuando me dijo eso casi me da algo, al principio reaccioné mal (por orgullo) y me enfadé. Pero después de un rato recapacité y le dije a mi mujer que le trajera a casa para presentármelo.

El día que vino quedamos a las 8 de la tarde en nuestra casa y cenamos como 3 amigos. Me pareció un hombre encantador, culto, muy atento, sincero. A mi mujer le encantó que me cayera tan bien, cuando se marchó mi mujer me dijo:

“El sábado me ha invitado a cenar a su casa y me apetece mucho ir si no tienes inconveniente” Le dije que no. Me abrazó con mucha ternura y me dio las gracias. Me dijo: ” Ten en cuenta que es posible que el sábado pase algo” y le dije: “lo sé”. Esa noche hicimos el amor.

Durante la semana, estuvo como loca, muy nerviosa y excitada, El viernes se compró un par de vestidos y se depiló. Mientras tanto yo, tenía una mezcla extraña de dolor, cabreo y excitación.

A las 8 de la tarde vino David a buscarla, subió mientras ella terminaba de arreglarse. Le serví un vino mientras esperábamos los dos viendo el fútbol por la tele.

Cuando apareció iba preciosa, llevaba un vestido negro con medias y tacones. Iba muy bien maquillada y muy elegante. Él le dijo lo guapa que iba y ella le dio un beso en la mejilla y preguntó: ¿nos vamos?

Les acompañé hasta la puerta, él me dio un apretón de manos y ella un beso en la cara. Me dijo:
“Luego te llamo” y me susurró al oído: “Gracias”

Cuando se fueron, no sabía donde meterme, estaba muy excitado, por un lado deseaba que se lo pasara bien pero por otro quería que volviera enseguida. A las 11 de la noche, recibí un mensaje al móvil que decía:

“Lo estoy pasando genial, David cocina muy bien, tiene una casa preciosa, no me esperes despierto, te quiero”

Estaba muy nervioso y no me podía dormir, la estuve llamando pero no me contestaba, no se cuantas veces me masturbé esa noche.

Al día siguiente volvió a las 12 del mediodía, con el pelo mojado, recién salida de la ducha de casa de él y la ropa del día anterior. Estaba como loca, lloraba de alegría, me abrazaba, me besaba… se lo había pasado genial.

Me estuvo contando los detalles durante una hora más o menos, decía que David era un amante extraordinario, había tenido 3 orgasmos con él, había practicado sexo oral y lo habían hecho con condón.

Estaba contentísima y a la vez muy cansada. Como todos los hombres le pregunté: ” ¿Como la tiene David?” me dijo:

“No quieras saberlo”

Parecía una adolescente, no sentía ni vergüenza ni arrepentimiento.

Pasaron 2 semanas, de mucho morbo, muchos juegos entre ella y yo, y un día me dijo:

“Me gustaría volver a quedar con David”

Continuará.

Si les interesa la historia sigo. Un saludo a todos.

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Amar Haciendo El Amor (III)

Aquí tenemos el final de una serie de relatos que comencé a publicar en febrero de este año. Aunque la segunda parte se publicó solo dos meses después de la primera, esta tercera parte ha demorado bastante. Aún así, espero que quienes hayan conocido las dos primeras partes y querían leer el desenlace sigan por aquí. Y para todos aquellos que no lo han leído y quieran saber de que va la historia, aquí les dejo el link para la primera y la segunda parte:

Amar Haciendo El Amor (I)
Amar Haciendo El Amor (II)

Amar haciendo el amor III

Froto mis ojos antes de acomodar mis brazos sobre el pupitre y mi cabeza sobre ellos. Me siento extrañamente cansado. He estado soñando con Víctor durante varios días, siempre en las mismas circunstancias. Siempre que sucede eso despierto muy cansado, como si realmente me hubiera pasado la noche entera teniendo sexo con Víctor.

-Te dije que estaría aquí -oigo decir a una voz conocida.

Volteo la mirada hacia la puerta de mi salón, y tal como lo sospeché al oír la voz se trata de mi amigo Miguel, acompañado de Samuel. Los dos entran al salón en el que me encuentro (en el cual solo hay además de mí unos cuantos compañeros más que decidieron quedarse en el salón después de que nos anunciaran que el profesor no se presentaría).

-¡Hola! ¿Cómo estás? -pregunta Miguel mientras se sienta de lado en la banca frente a mí y Samuel hace lo mismo en la que está al lado de la mía.

-Hola -le regreso el saludo, y luego, creyendo que no tiene sentido fingir añado-: Algo cansado, pero bien.

-¿Por qué cansado? -pregunta Samuel mientras se balancea sobre su banca.

-No he podido dormir bien -contesto.

-¿Tiene que ver con Víctor? -pregunta Miguel.

Volteo a ver a mi amigo totalmente confundido. ¿Por qué él piensa que tiene que ver algo con Víctor? No puede imaginarse lo que ha estado pasando cada noche en mis sueños, ¿o sí? Aquello es sencillamente impensable, inimaginable.

-¿Por qué tendría que ver con Víctor? -le pregunto mientras intento mantener una expresión neutral, aunque por dentro siento como el miedo me invade completamente.

-Porque no te has juntado con nosotros desde el día en que tú y Víctor se fueron a “platicar” -me contesta Samuel, con un leve énfasis en la voz que hace que me confunda aún más.

-Eso solo es coincidencia -les contesto mientras cierro los ojos por un momento para bostezar-. Solo es que he estado algo ocupado.

-¿Seguro? -inquiere Miguel.

Veo a mis dos amigos con atención. Sus expresiones me parecen extrañas. Estoy acostumbrado a verlos divertirse, a verlos reír con chistes o incluso a sus caras de excitación cuando cuentan sus aventuras. Nunca los había visto como en este momento: molestos, preocupados.

-Por supuesto que estoy seguro -respondo-. ¿Qué les sucede a ustedes?

Mis amigos se lanzan una mirada de complicidad antes de que Miguel me conteste.

-Israel, Víctor no tiene derecho a hacer lo que se le venga en gana -me dice Miguel con la rabia tiñendo su voz-. Si te hizo algo lo mejor es que nos lo digas ahora.

-¿Hacerme algo como qué? -pregunto yo. Aquello si me confunde totalmente. ¿Qué demonios piensan mis amigos que pudo haberme hecho Víctor?

-Israel, aunque no lo digamos ya la mayoría de nosotros sabemos que eres gay -comenta con mucho tiento Samuel.

-¿La mayoría de ustedes? -contesto mientras siento que los colores se me suben a la cara. Aquello no puede ser cierto. ¡Si eso es algo de lo que no estoy seguro siquiera yo!

-Bueno, no puedes esperar que por ejemplo Juan y Alfredo se den cuenta -contesta Miguel mientras pone los ojos en blanco-. Vamos, si ni siquiera se dan cuenta cuando le gustan a una chica. Uno tiene que ser el que se los ande diciendo.

-Dejémoslo en que Miguel y yo lo sabemos -agrega Samuel-. Creo que los demás si no lo saben por lo menos lo sospechan. Digo, tampoco se necesita ser un genio para darse cuenta que no te gustan las mujeres.

Bajo mi cabeza abochornado. ¡No es posible que los demás ya se hayan dado cuenta de aquello que a mí me ha tomado tanto tiempo aceptar!

-No tienes nada de que avergonzarte Israel -me dice Miguel mientras me toma del brazo-. Eres gay, ¿y qué? No por eso dejas de ser nuestro amigo.

Siento un terrible arrebato de agradecimiento hacia Miguel. A pesar de que no suelo charlar mucho cuando estoy con ellos, me doy cuenta que entre nosotros sí ha crecido un lazo que nos une.

-Sin embargo, el que seas gay no le da derecho a Víctor de hacer lo que se le venga en gana -añade mi amigo.

Aquello me vuelve a confundir. ¿De qué demonios está hablando Miguel? Volteo a verlo solo para ver su expresión de molestia y preocupación nuevamente. Miro a Samuel buscando alguna explicación, pero él solo me mira perspicazmente, como si estuviera esperando alguna reacción de mi parte.

-¿De qué hablan? ¿Qué creen que me hizo Víctor? -inquiero mientras miro uno al otro alternativamente.

-Víctor se las puede dar de muy machito -contesta Miguel-. Pero yo sé bien que ese wey se tira a cualquier cosa que se mueva y tenga un agujero para penetrarlo. Pero si cree que contigo puede hacerlo solo porque eres gay está muy equivocado.

-¡Santo cielo! ¿En qué están pensando? -grito debido a la sorpresa, al mismo tiempo que me pongo de pie. ¿Cómo es que Miguel sabe aquellas cosas sobre Víctor? Dudo que él se lo haya contado, ya que a mí me dijo que no quería decírselo a ningún otro de los chicos.

-¿Te ha hecho algo relacionado con eso Israel? -me pregunta Samuel mientras él y Miguel se ponen de pie también.

-Porque si es así ahorita voy y le parto toda su madre -expresa Miguel mientras golpea una de sus manos con la otra.

-No, no, no -niego-. De verdad Víctor y yo jamás… ¿Cómo se les ocurre?

-¿Entonces por qué quería estar solo contigo? -inquiere Samuel perspicazmente.

-Quería que habláramos -respondo-. Sobre la chava que le gusta. Creía que yo era el que mejor podía entender su situación.

Mis amigos parecen relajarse ante aquella respuesta.

-Bueno, entonces no es tan idiota como creíamos -comenta Samuel mientras asiente distraídamente.

-Sí, la verdad es que yo también te buscaría a ti si se tratara de hablar sobre enamoramientos -opina Miguel-. Sin embargo, eso no explica porque desde ese día has estado evadiendo reunirte con nosotros.

-Ya les dije que he estado ocupado -contesto con una sonrisa-. Pero intentaré dejar que mis deberes ya no me absorban tanto. No es bueno también que pase tanto tiempo solo y sin amigos.

-Eso espero wey -me dice Miguel mientras me da un ligero golpe en el hombro-. Bueno, de todas formas me alegra haber aclarado las cosas. Sobre todo teniendo en cuenta que mi impulso inicial había sido ir a golpear directamente a Víctor.

-Y si yo no le digo que mejor primero habláramos contigo sí lo hace -comenta Samuel para después reírse-. Bueno Israel, entonces te dejamos. Cuídate y nos andamos viendo.

Miguel se despide chocando su mano contra la mía, aunque Samuel me da un abrazo. Uno de esos abrazos raros donde más parece que chocas contra el otro que otra cosa, pero el gesto es lo que importa. Mis amigos se marchan, dejándome nuevamente solo. Una vez que se fueron me doy cuenta de algo tremendamente cómico y comienzo a carcajearme. Mis amigos estaban enfadados porque creían que Víctor había hecho algo que yo me moría porque hiciera, y que sin embargo no había hecho más que en mis sueños.

——❤——

El tiempo corre de una manera extraña para mí últimamente. Los días me parecen eternos, sobre todo debido al cansancio que me produce no dormir bien por las noches. Sin embargo, al pensarlo, me parece sorprendente que hayan pasado quince días desde que habíamos hablado Víctor y yo sobre su enamoramiento, pues esas dos semanas se me han pasado volando. Extrañamente mis días son más largos que mis semanas.

-Israel -oigo una voz frente a mí.

En ese momento me doy cuenta que Víctor se encuentra justo frente a mí. Iba distraído, pero al verlo de repente ahí sonriéndome, cuando voy saliendo del baño, no puedo evitar enfocar mi atención totalmente en él.

-Ah hola -le digo. Lo único que pienso es que ojalá no me esté poniendo rojo. Porque no me sorprendería después de apenas haber visto a Víctor los últimos quince días, a excepción de mis sueños, donde estaba en unas situaciones que… bueno, es mejor que Víctor no se entere de ello, creo.

-¿Dónde te has metido todos estos días? -pregunta de repente él mientras se borra su sonrisa y un gesto de preocupación aparece sobre su rostro.

¡Qué cosas! ¿Por qué me siento más nervioso ante la idea de que él se preocupa por mí? Aquello no puede ser bueno.

-He estado ocupado -le contesto, de la misma manera en que lo hice con Samuel y Miguel.

-Ah, vaya -dice él mientras frunce los labios-. Entonces, ¿no tiene nada que ver conmigo?

-¿Por qué tendría que ver contigo? -le pregunto confundido.

-Pensé que lo habrías notado y habrías decidido echarte a correr -dice él mientras comienza a mover un pie nerviosamente.

-¿Qué fue lo que noté? -inquiero mientras siento mi confusión crecer.

Él me mira un momento detenidamente, como si buscara algún indicio de que mi reacción es fingida. Sin embargo, no hay nada que fingir. ¿Qué demonios cree él que habría notado que me habría hecho evitarlo?

-¿Entonces no dedujiste quien es la persona que me gusta? -pregunta él.

-Pensé que no la conocíamos -le digo yo cada vez más confundido.

Víctor vuelve a quedárseme viéndome atentamente. Al final parece decidir que no finjo, porque su sonrisa vuelve a surgir espontáneamente, haciendo que mi corazón dé un brinco.

-Ah, olvídalo, estoy loco -dice él-. Oye, ¿crees que podamos charlar nuevamente un rato?

-Este… tengo pendiente una tarea de matemáticas -contesto, agarrándome a lo primero que se me ocurre-. No creo tener tiempo en la tarde.

-Oh, vaya… -dice él luciendo frustrado, aunque inmediatamente recupera su confianza-. Tengo una excelente idea. Yo también tengo tarea que hacer. ¿Por qué no vienes a mi casa o yo voy a la tuya después de clases y aprovechamos para hacer la tarea y charlar?

No encuentro una razón para negarme a aquello, así que antes de separarnos Víctor logra que le prometa que nos veremos a la salida para ir a mi casa a hacer la tarea. Una vez hecho eso, él entra al baño y yo me dirijo hacia mi siguiente clase. Mientras voy por el camino no dejo de darle vueltas en mi cabeza a lo que me ha dicho. ¿Por qué creía que yo me echaría a correr al saber quien le gusta a él?

Después de un rato, se me ocurre una explicación, y la verdad me aterroriza saberlo. Si es cierto lo que me dijeron Samuel y Miguel sobre que todos sospechaban que era gay, quizás Víctor ya sabía que a mí me gustaba él. Quizás por eso creyó que yo ya no querría nada con él. Aunque si él sabía que a mí me gustaba él y a él no le importaba, tal vez podríamos seguir siendo amigos.

——❤——

Me encuentro a la salida de la escuela con Víctor, y en cuanto nos juntamos comenzamos a caminar hacia mi casa. Durante el camino se me hace fácil olvidar cualquier cosa que me preocupe sobre si Víctor ya sabe que me gusta, ya que se porta muy bromista y me hace reír constantemente. Resulta que además de los chistes sobre sexo que suele contar cuando estamos en compañía de los demás también se sabe otros igual de divertidos pero sin esa clase de contenido. Es imposible seguir tenso cuando uno se divierte de aquella manera.

-¿No hay nadie? -pregunta él una vez que entramos a mi casa y nos recibe el silencio.

-No, mis padres trabajan y mis hermanas estudian por la tarde -le contesto yo.

-Tu casa es bastante agradable -comenta él mientras entramos a la sala.

-Gracias -le respondo yo con una sonrisa.

Dejamos nuestras mochilas sobre un sillón, sacamos los cuadernos que necesitamos y aunque yo propongo la mesa él dice que porque no mejor simplemente nos tumbamos sobre la alfombra. No encuentro ningún pero, si bien jamás lo he hecho. Me pongo con los problemas de matemáticas, aunque intento hacerlos despacio pues no quiero terminarlos rápidamente y que Víctor se de cuenta de que solo buscaba un pretexto cuando hablamos en la escuela.

Sin embargo, mi reticencia resulta innecesaria. Víctor resulta ser realmente malo en matemáticas, todo lo contrario de mí, por lo que paso mucho tiempo intentando explicarle como resolver los problemas que le dejaron de geometría analítica.

-No, así no se calcula eso -digo sin poder aguantarme la risa ante un intento de resolución de un problema por parte de Víctor bastante cómico.

-¿No? -pregunta él confundido. Incluso frunciendo el ceño me parece extremadamente lindo.

-Te lo explico de nuevo -le digo con calma mientras me acuesto justamente a su lado.

Hasta que no termino de explicarle el método que debe de seguir no me doy cuenta de lo cerca que me he colocado de él. Desde donde estoy puedo ver perfectamente su perfil mientras él se concentra en su cuaderno, donde nuevamente comienza a hacer cálculos. Siento como mi corazón comienza a acelerar mientras veo sus bellas facciones y siento el calor de su cuerpo a tan solo unos centímetros del mío. Nada me costaría acercar un poco más mi cuerpo al suyo, incluso podría hacerlo pasar por un movimiento casual y así podría estar junto a él como nunca antes he estado, a excepción de mis sueños.

-Por cierto, ¿qué ha pasado con la chava que te gusta? -pregunta él justo en ese momento.

Aquello hace que pierda el hilo de lo que estaba hablando, y que la cruel realidad se imponga frente a mí. ¿De qué me serviría acercarme a él si de todas formas él va a estar pensando en alguien más?

-Lo mismo que ha pasado y pasará -le digo yo-. Nada.

-¿No te has intentado acercar a ella? -pregunta él mientras voltea a verme.

Yo evito su mirada. No quiero hablar de ello, pero supongo que no tengo alternativa.

-Voy a renunciar -afirmo tajantemente-. Creo que desde el principio siempre supe que lo haría.

-¿Por qué? -inquiere él confundido.

-Porque es más importante para mí la felicidad de esa persona que el que esté conmigo -le contesto finalmente mirándolo a los ojos.

Esa es la simple verdad. Es mucho más importante para mí verlo a él feliz que el hecho de que esté conmigo, o peor aún, a arriesgarme a la posibilidad de que él me rechace y no quiera volver a saber de mí.

-Oye, cambiando de tema -dice él con la mirada clavada en su cuaderno. Es obvio que no le presta atención a los problemas, pues empieza a rayar una de las esquinas de su libreta con garabatos-. ¿Recuerdas que te hable que me había metido con chicos gay?

¡Madre mía! ¿Acaso Víctor estaba pensando en hacerme una propuesta? Pero si él sabe que yo soy gay, o cualquier cosa que sea por estar enamorado de un chico ¿por qué me había preguntado en femenino sobre la persona que me gusta?

-Sí -le contesto con algo de reticencia.

-¿Tú crees que dos hombres se pueden realmente amar? -inquiere él finalmente.

No le contesto de inmediato, lo cual hace que él hable más.

-Mucha gente suele condenar muy feo a los gays -cuenta-. He oído que muchos dicen que los gays solo buscan sexo, pero no creo que todos busquen solo eso, ¿o sí? Es decir, también entre los heterosexuales hay quienes solo buscan sexo, pero hay otros que buscan algo más. Incluso si uno es de los que en un principio solo busca sexo puede terminar enamorándose, ¿no? ¿Por qué debería ser sustancialmente diferente entre los gays?

No sé que contestarle. ¿Sospecha algo o solo es un tema casual? Quizás es una duda que tiene desde mucho tiempo atrás, pero solo conmigo ha encontrado alguien en quien confiar para sacar esos temas a colación y no recibir burlas e insultos.

-¿Tú qué piensas? -pregunta él nuevamente ante mi silencio.

-Es un chico -contesto sin mirarlo. Las palabras surgen de mis labios sin que las haya razonado.

-¿Es un chico? -repite él confundido.

Yo inhalo profundamente mientras mantengo la mirada en el muro que se encuentra frente a los dos. Si ya le confesé la primera parte no me cuesta nada explicarle.

-La persona de la que estoy enamorado es un chico -aclaro.

-¡Oh! -es lo único que le oigo decir.

Quiero voltear a verlo para saber su expresión, pero también tengo miedo. Tengo miedo de que esa revelación le lleve a concluir que el chico que me gusta es él, y que eso implique el fin de nuestra amistad.

-Entonces supongo que tú si crees que dos hombres se pueden amar -dice él casi murmurando.

Yo permanezco con la vista clavada en el muro de enfrente. Me siento incapacitado para mirarlo, el miedo no desaparece aunque su tono de voz no suena a que este molesto o decepcionado. Más bien parece esperanzado, si soy sincero. ¿Pero esperanzado en qué?

-Israel, si tú has decidido renunciar a ese chico, quizás… no sé… podrías… fijarte en mí -dice él. Comienza con una voz fuerte y segura, sin embargo, la última parte de su discurso es apenas un susurro. Eso hace que yo no pueda estar seguro de haber oído bien.

-¿Qué fue lo que dijiste? -inquiero volteándolo a ver finalmente, mientras mi corazón comienza a acelerarse.

-Me gustas mucho Israel -me dice él mientras su rostro se acerca lentamente al mío.

No puedo creer lo que estoy oyendo. Debo estar alucinando, puesto que aquello no es posible. Es sencillamente imposible que Víctor me esté diciendo que yo le gusto a él.

Sin embargo, de pronto sus labios me demuestran que no estoy teniendo alucinaciones auditivas, puesto que se estampan contra los míos y comienzan una suave danza acompasada. El sabor de sus labios es mejor de lo que había soñado. Sin separar nuestras labios nuestros cuerpos se mueven, hasta que quedo recostado boca arriba y él encima de mí, apenas recargando su peso lo suficiente para saber que está ahí pero sin volverlo incómodo.

Cuando nuestros labios se separan aún me parece difícil de creer. Su rostro se separa un poco del mío mientras me observa atentamente, al igual que lo hago yo. Intento convencerme que seguramente estoy soñando, pero no hay nada que me lo indique de esa manera. Estoy cien por ciento seguro que no puede tratarse de un sueño, aunque lo que esté sucediendo sea increíble.

-Estoy enamorado de ti Israel -dice él mientras me mira fijamente.

-Pero yo creí… -comienzo a decir, pero él me interrumpe.

-¿Qué se trataba de una chica? No. Siempre se ha tratado de ti Israel -dice él mientras deja que sus dedos acaricien mi pómulo y mi mejilla-. Sé que parece extraño, pero eres la primera persona por la que siento una atracción que no implica solo querer coger. Cuando te veo siento algo más, algo que me atraviesa el corazón y me hace desear tenerte a mi lado, poder abrazarte y protegerte.

Siento como mi corazón se infla al escuchar esas palabras, y es que oírlas mientras veo sus profundos ojos oscuros me hace darme cuenta que está siendo totalmente sincero. Jamás lo he visto ver a nadie con esa ternura y pasión en su mirada. Siento mis ojos aguarse mientras pienso en todo lo que ello implica para el presente y el futuro.

-Claro que si tú no sientes nada por mí… -dice él mientras empieza a incorporarse.

Pero antes de que pueda hacerlo lo detengo poniendo una de mis manos detrás de su nuca.

-Eres un tonto -le digo antes de levantar mi cabeza para poderlo besar.

Cuando termino de besarlo él parece confundido. Así que decido explicarle:

-Eres tú. El chico al que pensaba renunciar eres tú.

Al principio parece que él no me cree, pero lentamente su rostro da paso a una sonrisa como nunca he visto en su rostro. Es una sonrisa de éxtasis total.

-Supongo que eso significa que tú no tendrás razón para renunciar, y yo podré estar con la persona de la que me he enamorado -dice él mientras deja que su cuerpo se pose suavemente contra el mío.

Sus labios vuelven a pegarse a los míos, pero esta vez con más fuerza, más desesperación, como si el hecho de saber que es correspondido desde hace tiempo le diese un nuevo impulso. Mi boca se entreabre para poder atrapar su labio inferior, pero él usa ese instante para meter su lengua dentro de mí, la cual comienza a entrelazarse con la mía, reconociéndose por primera vez.

Nuestras lenguas no son lo único que se está reconociendo. De repente mis manos parecen poseídas de voluntad propia mientras recorren su rostro, acariciando cada una de sus facciones, sintiendo la textura de su piel, lo rasposo de su escasa barba que vuelve a salir.

En determinado momento él hace que nos demos la vuelta, esta vez quedando yo encima de él. En cuanto estamos así él empieza a meter sus manos por debajo de mi playera, acariciando mi espalda baja y mi cintura. Mi respiración se agita al pensar que estamos solos en mi casa por horas. Todo podría pasar.

No es solo emoción lo que recorre mi cuerpo, también siento miedo. Una cosa es soñar con algo y otra muy diferente hacerlo en la realidad.

-¿Qué pasa? -me pregunta él al ver la expresión de su rostro, aunque deja sus manos sobre mi cintura.

-Víctor, yo jamás lo he hecho -le contesto atropelladamente.

Él me mira con una sonrisa tierna.

-Bueno, para mí será la primera vez que lo haré con alguien de quien me he enamorado -contesta él-. Así que podemos decir que para ambos será la primera vez.

Suelta una ligera risa para después mover sus manos y atraerme más hacia él, hundiendo su rostro en mi hombro, inhalando con fuerza, lo cual me provoca escalofríos.

-Si no quieres no tenemos que hacerlo -me dice él sin dejar de abrazarme.

Pero quiero hacerlo. Tengo miedo, pero no puedo pensar en otra cosa que desee en el mundo más que estar con Víctor. Excepto quizás estar la vida entera a su lado. Sin embargo, eso es más bien cuestión de tiempo, mientras que tener relaciones sexuales con él sería algo en el presente.

Me equivoco. No sería tener relaciones sexuales con él. Estoy convencido que aquello implicará más que eso. Con él realmente se trataría de hacer el amor.

Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Alguien sin experiencia puede pensar en una manera de complacer a un hombre que ha tenido múltiples experiencias con otras personas? Las dudas me carcomen. Mi única referencia es el mundo de los sueños, y no parece una buena referencia desde una perspectiva racional.

Comienzo a acariciar el cabello de Víctor con una mano y con la otra su cuello. El contacto con su piel me produce chispas que parecen encender un fuego potente, y sé que él siente lo mismo cuando sus brazos se cierran con fuerza alrededor de mi tronco.

-Quiero hacerlo -le digo mientras mis labios chocan contra su cuello, comenzando a besar y succionar levemente.

No es momento para dudas. Hacer el amor no es un acto racional, es un acto intuitivo, emocional; y como tal he decidido que me dejaré guiar por mi instinto y mis emociones. Algo en mi interior me dice que no importa que Víctor haya tenido encuentros sexuales antes y yo no, puesto que independientemente de eso como él lo ha dicho aquella será la primera vez para ambos. La primera vez que haremos el amor.

Víctor vuelve a acariciarme debajo de mi playera, esta vez llegando más arriba, tocando mis costillas y deslizando sus dedos por sobre de ellas con suavidad. Mientras tanto yo beso su cuello y la línea de su mandíbula, subiendo lentamente hasta llegar a su oreja.

Después de un momento ambos nos incorporamos a medias, yo arrodillado, todavía sobre sus piernas en tanto él se sienta. Lentamente, casi con timidez, voy levantando la playera que él lleva ese día. Él levanta sus manos para permitirme quitársela por completo, dejando a la vista su torso. No es como esos de los anuncios donde siempre usan chicos con pectorales y abdominales increíbles, es simplemente un torso que se estrecha un poco en la cintura, cubierto por aquella piel morena que me vuelve loco, donde lo único que resalta son sus tetillas por ser más oscuras que el resto de su piel. Y sin embargo, a pesar de no ser un torso de comercial, me gusta más por el simple hecho de pertenecer al chico que se ganó mi corazón sin proponérselo.

Mis manos se escurren por aquella piel que tanto me gusta. Mis pulgares juegan con cada una de sus tetillas al mismo tiempo que él cierra los ojos. Una sonrisa beatífica aparece sobre sus labios. Sé que disfruta de eso. Así que me dejo llevar, y acercándome a él pegó mis labios sobre su pecho. Beso su tetilla primero con delicadeza, para luego comenzar a lengüetearla y finalmente morderla suavemente. Mientras estoy inclinado besando su pecho, siento como él comienza a jalar mi playera por mi espalda. Cuando llega lo suficientemente arriba me jalo hacia atrás mientras estiro mis brazos, permitiendo que él me la retire por completo.

Vuelvo a besar su cuello mientras él acaricia mi espalda y hunde su rostro en mi cabeza, entremezclando su cálido aliento entre mis cabellos. No sé que me gusta más, si el sabor de la piel de su pecho, la sensación que me da su aliento enredándose entre mis cabellos o sus manos que danzan sobre mi columna y mis costillas. Tal vez no se trate de que una de esas cosas me guste más que otras, quizás se trate de una única sensación: la sensación de compartir todo eso con el chico que amo.

Amor. Una palabra muy fuerte que sin embargo sé cierta mientras mis manos se deslizan por el abdomen de Víctor, mientras hundo mi rostro en su pecho inhalando su aroma y dejo que mi mejilla se deslice por él.

En poco tiempo ambos volvemos a estar recostados besándonos. Él sigue acariciando mi espalda, pero hay algo nuevo que antes no estaba, dos durezas a la altura de nuestra entrepierna que a pesar de la ropa que hay entre ellas no dejan de rozarse. Mis manos se mueven por sus costados desde sus hombros hasta sus piernas mientras no paro de mover mi cadera en círculos, mientras que él hace un movimiento más hacia arriba y hacia abajo.

-Israel -dice él con voz ahogada cuando nuestros labios se separan.

Sus manos se deslizan por debajo de mi pantalón y mi ropa interior para acariciarme el trasero. Me recorre un escalofrío, mezcla de placer y miedo. Sin embargo, me recuerdo que he decidido dejar el miedo atrás. Beso nuevamente su cuello mientras me las arreglo para meter una de mis manos entre nuestras caderas y poder acariciar su miembro sobre el pantalón. Dejo que mi mano envuelva aquel pedazo de carne y la tela que lo rodea, y comienzo un movimiento que va desde la base de su pene hasta la punta.

-Ya no aguanto -dice él mientras me empuja hacia arriba.

Ahora me toca ponerme en cuatro. Él se pone justamente encima de mí, restregándome su paquete contra mi culo. Comienza a besarme la espalda mientras sus dedos se afanan en desabrochar mi pantalón. No puedo evitar arquearme ante la sensación que me producen sus labios deslizándose por mi espalda. Cuando al fin desabrocha mi pantalón, mete sus manos por debajo hasta poder acariciar mi pene con una mano. Con la otra me doy cuenta que se está desabrochando su propio pantalón, puesto que roza ocasionalmente mi trasero.

Al final logra desabrochar su pantalón, y baja la prenda de ambos hasta las rodillas, para empezar a frotar su pene sobre mi culo con solo la tela de la ropa interior de por medio, mientras sus manos me toman por el pecho para acariciarme las tetillas y sus labios alcanzan mi oído para besar su lóbulo.

-¿Quieres que te lo meta? -susurra en mi oreja.

-Antes de eso quiero otra cosa -le respondo.

No sé bien como lo logro, pero consigo darme la vuelta debajo de él, de manera que quedo tendido de espaldas con su entrepierna sobre mi rostro. Él comprende de inmediato mi deseo de hacer un 69, puesto que deja caer su cuerpo sobre el mío, con su bulto pegado a mi rostro. Con mis labios yo recorro la forma de su miembro que resalta debajo de la ropa interior, mientras que él imita mi movimiento sobre mis genitales.

Subo mi mano rozando su abdomen hasta llegar al elástico de sus interiores, el cual jalo hacia abajo para dejar a su pene libre. Es una visión espléndida la que se presenta ante mí: su falo totalmente erecto, con aquellos testículos colgantes por debajo. Inmediatamente hago que mi lengua pase por todo su tronco, saboreándolo como si se tratara de un helado. Con diferencia el helado más tentador de mi vida, pues no solo me hace salivar, sino hasta me parece que mi propia verga cobra mayor dureza ante la idea de encontrarme finalmente frente a frente con el objeto de mis fantasías.

Víctor mientras tanto ha conseguido levantar una de las perneras de mi bóxer, dejando con libertad mis bolas, las cuales se dedica a lengüetear con delicadeza. Llega incluso a meterse mis testículos en su boca, masajeándolos suavemente con su lengua.

Comienzo a comerme su verga mientras mis manos se deslizan por arriba de él, rodeando sus nalgas. Bajo también sus calzones por la parte de atrás, para poder acariciar aquel traserito con total libertad, sintiendo el contacto de su suave piel directamente bajo las yemas de mis dedos. Aprieto sus posaderas disfrutándolas, pues estrujarlas me da un extraño placer. Cada vez me acerco más al valle que se encuentra entre ellas, y cuando llego dejo que mis dedos se deslicen por el fondo hasta que uno de ellos topa con un pequeño botón que se contrae involuntariamente. Hago que mis dedos estimulen con cuidado los bordes de aquel agujero cerrado mientras ya su pene ocupa por completo mi boca.

Con cuidado voy presionando cada vez con mayor fuerza la entrada de su recto mientras con la boca succiono y saco su miembro. Me trago su falo casi por completo para después sacarlo hasta solo tener la punta dentro de mi boca, la cual me dedico a estimular con la lengua rodeándola e intentando meter la punta por el agujero de su uretra.

Finalmente consigo que uno de mis dedos entre en su interior. Voy poco a poco, pero puedo sentir como él se tensa y deja de besar mis testículos.

-¿Te molesta? -le pregunto tras sacar su pene de mi boca.

-Continúa -dice él con voz desfallecida. Sin embargo, entiendo que ese tono es resultado de que realmente le gusta lo que le estoy haciendo.

Chupo uno de mis dedos para hacer más fácil la tarea de penetrarlo, tras lo cual comienzo nuevamente a chuparle el pene y a penetrar su ano. Él no vuelve a la tarea de besarme los testículos, pero no me importa, pues lo que verdaderamente me gusta es sentir su cuerpo que se tensa, su respiración acelerada y su rostro restregándose contra una de mis piernas mientras suelta gemidos de satisfacción, lo cual es síntoma de que le está gustando lo que estoy haciendo.

Logro tragarme su miembro hasta que mi nariz se hunde en los vellos que decoran sus bolas y mi barbilla choca con su pubis. Por detrás, mi dedo ya logra entrar sin ningún problema por lo que cuando saco su pene de mi boca aprovecho para tomar más saliva entre mis dedos y ahora intentar introducirle dos. Oigo su gemido claro y potente cuando empiezo a penetrarlo nuevamente, pero él no me pide que pare, y yo no tengo intenciones de hacerlo.

-Basta -dice él de repente separándose de mí.

Aquello me saca de onda, pero la visión de su rostro frente al mío cuando se coloca justo encima de mí hace que me olvide rápidamente del asunto, especialmente cuando sus caderas se asientan sobre las mías.

-Sé que hace ratito quería penetrarte -dice él a pocos centímetros de mi rostro-, pero ahora creo que si esto va a hacer la primera vez de ambos quiero que sea la primera vez completa.

-¿De qué hablas? -le pregunto, aunque dentro de mí algo lo intuye y hace que mi pene gane más dureza si es posible.

-El ano es el único lugar del que sigo siendo virgen -contesta él mientras se desliza hacia abajo para poder desprendernos a ambos de lo único de ropa que nos queda.

Después de eso se dirige hacia su mochila, de dónde saca un condón que traía consigo. Me quedo tendido de espaldas mientras él me pone el condón con cuidado para después colocarse él mismo de tal manera que pueda sentarse sobre mi verga. Es la misma posición que tuve en mi sueño hace quince días, y la idea me encanta. Él toma mi falo con su mano orientándolo justo hacia su ano, y comienza a sentarse. Me recuerdo a mí mismo que aquello debe ser difícil, así que me contengo de levantar mis caderas y meterle así con fuerza mi miembro en su interior.

Él va clavándose mi herramienta poco a poco mientras intenta respirar profundamente. Cuando lleva la mitad dentro retira su mano y continua su camino hacia abajo. Finalmente logra que su culo se asiente directamente sobre mis caderas, y con ello suelta un gemido de satisfacción.

Es genial la sensación de su culito apretado, cuyas paredes presionan a mi pene por todas direcciones. Lo tomo de la cintura, sencillamente sintiendo el placer que me da la sensación de saber que estamos completamente unidos.

Víctor comienza a moverse, primero solamente su cadera en leves círculos, pero poco a poco empieza a alzar sus caderas para comenzar un movimiento de mete y saca que me transporta al paraíso. Lo ayudo de dos maneras, moviendo mi cadera hacia arriba y hacia abajo y cargando algo de su peso con mis manos en su cadera cada vez que él se levanta.

Las penetraciones parecen volverse cada vez más profundas. Sé que es físicamente imposible que mi pene llegue más adentro que lo que logramos inicialmente, pero así me lo parece. Quizás sea solo el efecto que resulta de que cuando Víctor levanta las caderas prácticamente solo queda mi glande dentro de su recto, o quizás sea la fuerza con la que comienzan a chocar mi cadera contra su trasero mientras la velocidad del movimiento aumenta. En cualquier caso aquello me hace desear tener a Víctor más cerca de mí, y lo logro pasándole mis brazos por la espalda y atrayéndolo hacia mí, hasta que su rostro queda justo frente al mío.

-Te amo Israel -murmura él antes de estamparme un beso.

En esa posición Víctor ya no puede saltar hacia arriba, pero el movimiento de nuestras caderas mantiene el mete y saca sin dificultades.

-Yo también te amo -le digo mientras entierro mi rostro sobre su hombro y lo abrazo con más fuerza.

Siento como mi placer comienza a incrementarse cuando oigo a Víctor gemir con fuerza y siento como su recto aprieta con fuerza mi pene, como no lo había hecho hasta el momento. Su recto se contrae de una manera que me lleva a un éxtasis completo. Siento mi orgasmo mientras aprieto el cuerpo de Víctor contra el mío y le empujo mi miembro lo más dentro posible, como si fuera posible a pesar del condón que mi semilla se depositara en su interior y de esa manera le estuviera regalando lo mejor de mí.

Dura solo un momento, pero se trata del instante más sublime del mundo. Cuando el orgasmo pasa mi abrazo pierde fuerza, pero no necesito de fuerza para sentir el cuerpo de Víctor sobre el mío, puesto que Víctor permanece en esa posición mientras su respiración se normaliza poco a poco.

-Jamás me había venido sin penetrar a alguien o sin la ayuda de una mano -comenta él mientras besa mi cuello.

-Eres fantástico -le digo yo mientras acaricio con sutileza su espalda.

Nos quedamos un buen rato ahí, sobre la alfombra, uno sobre el otro, disfrutando del contacto de nuestros cuerpos desnudos, aunque quizás no como hace un momento. Después de todo, aún faltan un par de horas para que llegue alguien más a mi casa. Horas que puedo disfrutar en compañía del único chico que me gusta en el planeta.

-Israel -dice él de pronto mientras coloca su rostro sobre el mío.

-¿Qué sucede? -inquiero yo.

-¿Somos novios? -me pregunta él con algo de pena.

-¿Quieres ser tú mi novio? -le regreso la pregunta sonriendo.

-Me encantaría -contesta él antes de besarme nuevamente con una mezcla de ternura y pasión.

Me emociona pensar que finalmente conseguí que mis sueños se hicieran realidad, y que ahora podré despertar cada mañana sabiendo que no fue un sueño, sino que en algún lugar alguien más se despierta igualmente pensando en mí, esperando el momento de verme. Estoy convencido que algún día podría despertarme al lado de ese rostro que tanto me gusta cada mañana, sabiendo que tendríamos la vida completa por delante para amarnos.

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Amar Haciendo El Amor (II)

Bueno, aquí traigo la segunda parte de la historia que subí hace dos meses Amar Haciendo El Amor (I). La vez pasada me parece que no comenté que el título del relato salió de una canción que me gusta bastante, y que inspiró de esa manera toda la historia. Como sea, espero que les guste la continuación de esta historia. Y después de esto todavía falta una parte más.

Amar haciendo el amor II

—¿En qué piensas? —me pregunta Víctor, interrumpiendo mi flujo de recuerdos.

—En algo que me pasó hace tiempo —le contesto mientras cruzo las piernas. Acabo de darme cuenta que me había excitado al recordar aquel sueño.

Nos encontramos sentados en una de las mesitas de la heladería. Él también había pedido un cono sencillo, aunque su expresión parecía anhelar algo más grande. Probablemente lo había hecho para no aparentar más que yo. Se lo agradecía, pero realmente hubiera preferido que él se hubiera comprado lo que más le gustara.

Suelto un suspiro. Lo que más le gustara. Si aquella chica realmente le gustaba y ella podía hacerlo feliz, ¿qué más daba que no pudiera yo escucharlo jamás decirme “te amo”? Mis sentimientos habían evolucionado a tal grado que ya no quería escucharlo que me dijera te amo, simplemente quería verlo feliz. Pero todavía no era cien por ciento cierto aquello. Él podía ser feliz con aquella chica, ¿pero yo?

—¿Por qué suspiras? —inquiere él mientras me mira de forma indescriptible.

Decido contestarle con parte de la verdad.

—Pensaba en la chica que te gusta —le digo—. Me cuesta trabajo creer que alguien haya ganado tu corazón finalmente.

—¿Por qué es tan difícil de creer? —me pregunta.

“Porque yo no lo he logrado” pienso sin poderlo evitar. Las palabras están a punto de salir de mis labios, pero decido que no puedo decirle eso.

—No lo sé —contesto mientras alzo mis hombros y me llevo el helado a la boca—. Tal vez porque nunca he visto a otro chico enamorado.

—Pero tú sí has estado enamorado —supone él.

Volteo a verlo, y me doy cuenta que puedo confiar en él. Él no se burlará como temo lo harían los demás. Con él puedo ser sincero, porque él vive una situación parecida.

—Sí, una vez —le respondo mientras miro mi helado—. A decir verdad, aún lo estoy.

—¿Es por eso que sigues siendo virgen? —me pregunta.

—En parte —le contesto—. Por otro lado las chicas…

Dejo que la frase se desvanezca en el aire. He estado a punto de decirle que las chicas no me interesan. Aquel hubiera sido un error garrafal.

—Apuesto que si intentaras abrirte un poco más podrías ganar el corazón de esa chica —me dice él, aparentemente pensando que mi frase iba en otro sentido—. Eres un buen chico. No como nosotros. No acabo de entender como te juntas con todos nosotros.

—Tú tampoco eres como ellos —le digo bruscamente.

Él me mira sorprendido, y yo bajo la cabeza abochornado. He hablado de más. Puedo sentir como los colores se me suben a la cara.

—Bueno, si tú lo dices —dice Víctor con una sonrisa mientras él también mira su helado—. El caso es que no me voy a poner a discutir sobre eso, en realidad quería oír tu opinión sobre mi situación. Sé que si se las pido a los demás me dirán que es una pérdida de tiempo clavarse con una sola chava, pero creo que tú puedes darme otra perspectiva, ya que tú también has estado enamorado. O estás.

—Primero debo preguntarte: ¿qué sentiste cuando Juan dijo que todas las chicas eran iguales? —le pregunto.

—Deseé que fuera una conquista tan fácil como todas las que he hecho en mi vida —me contesta él—. De esa manera no lo dudaría tanto.

—¿Qué quieres con esa chava? —le cuestiono—. ¿Quieres solo sexo como con todas las demás o…?

No concluyo la frase, ya que no sé como hacerlo. Sin embargo, él capta el sentido.

—Quiero estar con ella —me contesta él—. Para siempre. Incluso si eso suena algo rídiculo. No quiero simplemente sexo, pero creo que si fuera igual a todas mis conquistas anteriores podría acercarme a ella sin problemas.

—¿Y por qué no lo intentas? ¿Por qué no te acercas a ella como lo has hecho con las demás? —le pregunto.

Su cara es de incredulidad total. No lo entiendo. ¿Qué dije? No puede ser tan malo lo que he dicho, ¿o sí?

Bajo la mirada. No puedo entender que dije mal. De repente él suelta una carcajada. Levanto la vista, y él parece estarse divirtiendo como nunca.

—No creo que le guste mucho —me confiesa él sin dejar de reírse—. Creo que sería muy tonto llegar y decirle: “¡Hola guapa!”. Creo que sentiría que es una ofensa.

—¿Por qué? —inquiero yo confundido.

—No quieres saberlo —me dice él.

—No entiendo —le confieso—. Si lo que quieres es acercarte a ella, ¿por qué no haces eso? No te la piensas llevar a la cama, simplemente conocerla.

—¿Qué sentirías si llego y te digo “hola guapa”? —me cuestiona directa e inesperadamente.

Aquello me toma con la guardia baja. ¿Qué sentiría yo si él llegara diciéndome eso? Por una parte me molestaría que se refiriera a mí como una mujer, pero otra agradecería el cumplido proveniente de sus labios.

—¿Lo ves? —me dice mientras yo sigo en mi confusión mental—. No a todos les gustan ese tipo de frases.

Intento decirle que probablemente a una mujer sí le guste, pero no encuentro las palabras. Es como si mi cerebro estuviera bastante entretenido intentando decidir si me gustaría o no que él llegara saludándome así.

—Además, ya le hablo —me confiesa él—. Eso lo hace aún más difícil. Temo que si intento conquistarla, salga corriendo. No quiero perder lo poco de relación que ya tengo… —hace una pausa—… con esa persona.

Lo veo atentamente. Sus ojos parecen reflejar una inmensa tristeza. Decido que un toque no estará mal, y estiró mi mano para colocarla sobre su hombro. De repente es como si nuevamente descargas eléctricas recorrieran mi brazo.

—Los demás tienen razón: nadie puede resistírsete.

Por alguna extraña razón se me quiebra la voz al decir la última palabra. ¿Por qué? ¿Acaso me asusta saber que esa chica también va a caer en sus redes y los dos acabaran juntos, felices y enamorados? ¿O es por que yo mismo caigo en esa categoría?

Él levanta su mirada asustado, la cual se cruza con la mía. Él parece preocupado, y eso solo logra que me ponga peor. Siento las lágrimas que pugnan por salir de mis ojos.

—¿Qué sucede? —me pregunta él.

Yo retiro la mano de su hombro para enjugarme las lágrimas. No puedo contestarle, porque ni siquiera yo lo sé, pero decido decirle lo primero que salga de mis labios.

—Solo pensaba en que realmente tú puedes conquistar a cualquiera, mientras que yo no logro atraer la mirada de nadie.

En cuanto las palabras acaban de salir de mi boca me percato de su verdad. Eso es lo que me duele. Me duele el saber que yo no soy capaz de atraer su mirada, que él jamás se va a fijar en mí. Es lo que ansío con toda mi alma, pero eso no hace que sea posible. Si nadie se ha fijado nunca en mí, ¿qué probabilidades de que un chico como él, con tanto pegue con las chicas y heterosexual, se fije en mí?

—No digas eso Israel —me dice mientras ahora es él quien coloca su mano sobre mi hombro—. Estoy seguro que si te lo propones tú podrías lograr que aquella chica se fijara en ti.

Suspiro. No quiero que una chica se fije en mí, quiero que él se fije en mí. Su mano sigue sobre mi hombro, y de repente pienso en lo lindo que sería su pudiera recargar mi cabeza en ella.

—Israel, yo…

Miro fijamente a sus ojos. Víctor parece quererme decir algo. Sin embargo, aprieta sus labios antes que más palabras salgan de su boca.

—¿Qué sucede? —le pregunto.

Él sonríe torciendo un poco la boca. No es su sonrisa de siempre, pero también me gusta.

—¿Puedo confiarte un secreto? —me dice.

—Creo que sí —le respondo.

—Es un poco saliéndonos de tema —me dice—. Sé que no te gusta mucho hablar de sexo, pero la verdad es que siempre he tenido ganas de comentar esto con alguien más.

—¿Y por qué no se lo dices a los demás? —le pregunto. La verdad es que me molesta el cambio de conversación. No quiero oírlo hablar de las chicas a las que se ha tirado. Estábamos bien hablando de enamoramientos.

—Es algo que no entenderían. Solamente me juzgarían —argumenta él—. Y creo que probablemente acabarían rechazándome. Tendrían miedo que quisiera hacerles algo.

—¿Algo como qué? —inquiero yo. No sé me ocurre algo a lo que mis amigos puedan tenerle miedo en el aspecto sexual. En todo caso creo más probable ser yo quien salga huyendo.

Víctor se inclina sobre la mesa, reduciendo la distancia que existe entre nosotros. Yo hago lo mismo, ya que me doy cuenta que él no quiere que nadie se entere de lo que me va a decir bajo ningún motivo. Su rostro cerca del mío hace que mi pulso se acelere.

Aparentemente no soy el único que está nervioso. Él se ha puesto rojo, y parece bastante azorado.

—He tenido sexo con otros chavos —me confiesa finalmente.

No entiendo su declaración.

—¿En trío o qué? —le pregunto confundido.

—No —me responde él mientras se pone aún más rojo—. Me refiero a que he tenido sexo con chavos… gays.

Aquella noticia me toma totalmente desprevenido. Me imaginaba cualquier confesión excepto esa. Mi sueño vuelve a mi memoria con una fuerza inusitada.

—¿En serio? —le preguntó con la boca abierta, al mismo tiempo que mi corazón late con una fuerza inusitada.

—En serio —me contesta él con la vista clavada en la mesa—. O bueno, no sé si realmente pueda decir que he tenido sexo con ellos. La verdad es que solo he dejado que me la mamen y me los he cogido, pero que sea yo el que me ponga a mamar o me deje coger… nunca.

La noticia me tiene en shock. No sé que contestarle. Algo ha crecido en mi entrepierna; ahora sé que hay posibilidades de volver mi sueño realidad. Realmente podría llegar a ser suyo, aunque solo fuera por un momento.

—¿Por qué me cuentas esto? —le pregunto con trabajo, ya que no puedo hilvanar dos palabras seguidas.

Él me mira fijamente mientras se muerde el labio.

—No lo sé —me contesta finalmente—. Creo que es porque quiero que me conozcas.

—¿Quieres que te conozca? —le pregunto confundido—. Pero si ya nos conocemos.

—No quiero ser un simple conocido en tu vida —repone él negando también con la cabeza—. Quiero que me conozcas tal y como soy, por completo. Creo que esa es la única manera de…

—¿De qué? —le pregunto.

Él no me responde enseguida. Parece tragar saliva, y cuando finalmente parece que va a contestarme me mira a los ojos y comienza a reírse.

—¿Qué es tan gracioso? —le pregunto, temiendo que sea algo relacionado conmigo.

—Quiero ganarme un buen amigo, alguien que realmente me entienda sin juzgarme —me confiesa—. Creo que es todo lo que me merezco.

La última frase la dice con la vista clavada en la mesa.

—Te mereces más que eso —le digo mientras coloco mi mano nuevamente sobre su hombro.

Él me mira de una forma que me parece casi suplicante.

—¿Lo dices en serio? —me pregunta.

—Por supuesto —le contesto—. Realmente creo que mereces encontrar el amor con esta chica que te gusta.

Quisiera ser yo, ¿pero qué puedo hacer? Yo soy el que no es merecedor de su amor. Por un momento me cruza por la cabeza la idea de que tal vez la naturaleza se equivocó de sexo cuando mis padres me concibieron, pero desecho ese pensamiento rápidamente. Me gusta demasiado ser hombre, y no lo cambiaría por nada del mundo, aunque eso aumentara mis posibilidades de gustarle a Víctor. Quiero gustarle tal como soy, no como podría ser si fuera mujer.

—¡Ah, te referías a eso! —me dice él mientras aparta la mirada.

—¿A qué más podría referirme? —inquiero—. ¿No es lo más importante para ti ganar el corazón de esa chica?

Víctor me mira fijamente antes de contestarme.

—Supongo que tienes razón —acepta con una sonrisa, aunque parece más dirigirse a él mismo que a mí—. Lo que quiero es ganarme el corazón de esa persona, y lo haré sin importar cuanto trabajo me cueste. Haré que se olvide de la persona que le gusta actualmente y vea que en mí tiene a alguien que siempre estará ahí.

El corazón se me remueve al oír esas palabras. Por un momento me pregunto por qué yo no puedo pensar de esa manera. Pero no, es demasiado arriesgado. Además, quiero que sea feliz con la chica que le gusta.

Ahora los dos nos hemos acabado el helado. Es hora de despedirnos. Sin embargo, no nos despedimos como siempre, chocando las manos, sino que él se acerca para darme un abrazo. No puedo evitar sentirme abochornado, pero no lo dejo alejarse. Realmente me gusta sentirlo tan cerca de mí.

Me voy a casa con la cabeza dándome vueltas. Mañana será otro día.

——❤——

Todo comienza con un delicado beso. Soy plenamente consciente que no se trata más que de un sueño, pero quiero aprovecharme de la fantasía. Quiero hacer lo que jamás me atrevería a hacer en la realidad.
Bajo mis labios por su barbilla. Él levanta la cabeza, y me deja libre el camino hacia su cuello.

—Israel —susurra mi nombre con el deseo marcado.

Coloco una de mis manos sobre su pecho. Me percató que él está desnudo de la cintura para arriba, así que mi mano tiene tacto directo con su piel. Está ardiendo. Pero sé que él no es el único que lo está haciendo. Yo también estoy igual.

Juego con mi mano en su pecho mientras mi boca sube hacia su oreja. Muerdo levemente su lóbulo, y él suelta un ligero quejido. Sé que le gusta. Me lo dicen sus manos puestas en mi espalda, las cuales me atraen con fuerza hacia él. Apenas y me queda espacio para manipular mi mano, pero me las ingenió para deslizarla hasta su abdomen. No está muy marcado, pero me fascina ese tacto. Mi mano izquierda rodea su cintura, y hago círculos en su espalda baja con mi dedo índice.

—Israel —me dice acercando su boca a mi oído. Sé que está sonriendo—. No sabes cuanto he soñado con este día.

—No creo que sea la décima parte de lo que yo lo he hecho —le digo mientras pongo mi nariz contra la suya, de manera que ambos quedamos viéndonos fijamente.

—Eso sería difícil —me contesta él con una gran sonrisa.

Ladea un poco su cabeza, para que nuestras narices no nos estorben, y vuelve a poner mis labios sobre los suyos. El más deliciosos sabor que he probado en mi vida destila de sus labios, mientras una de sus manos sube a mi nuca. Sé que él tampoco quiere que ese momento acabe, pero ambos terminamos sintiendo la imperiosa necesidad de respirar. Es increíble como a pesar de tratarse de un sueño se necesita respirar. ¿Por qué no sueño que soy un vampiro?

Pero creo que en ese caso Víctor no me gustaría tanto.

Ahora es él quien baja hasta mi cuello. Ese es uno de mis puntos débiles. Siento un placer indescriptible e infinitamente satisfactorio. Mi cuerpo se estremece, y sé que él es capaz de percibirlo. Notó como sus manos me abrazan con más fuerza y su boca recorre una porción más de mi cuello mientras sus labios se tuercen formando una sonrisa. El muy pícaro sabe bien que me está volviendo loco.

Yo no me quedó atrás. También abrazo su cintura con más fuerza. Nuestros abdómenes y pechos se tocan, produciendo una sensación insuperable. No solo son nuestras bocas, también el resto de nuestra piel parece querer devorar al otro. Y hay algo un poco más abajo que también se roza. Ambos estamos listos para lo que sea, y lo ansiamos más que cualquier otra cosa en el mundo.

Él continúa jugando con su boca, y la dirige hacia mi pecho. Yo hundo mi cabeza en su cabello, aspirando aquel embriagador aroma que despide. No quiero despegarme de él, no quiero dejarlo por nada en el mundo.

Acarició suavemente su nuca con mi mano izquierda. El movimiento ha separado algo nuestras caderas, ya que ahora él está ligeramente inclinado. Pero está bien. Cualquier sensación a su lado es extremadamente grata.

Sus labios continúan bajando, y prontamente él se encuentra recorriendo mi abdomen mientras con mis manos recorro su cabeza. Al verlo me pregunto si habrá algo más lindo que aquel chico en el mundo, pero inmediatamente mi mente me responde que no. Jamás seré capaz de encontrar algo más lindo que Víctor.

Me acuclillo al igual que él. Nuestras caras quedan frente a frente, y ambos sonreímos. Volvemos a besarnos mientras caemos en el suelo, yo sobre él. Recostado sobre él puedo sentir más claramente lo que esconde su pantalón, pero son tantas y tan placenteras las demás sensaciones que recibo que no presto demasiada atención al asunto, al menos de momento. Es un sentimiento increíblemente confuso, ya que soy capaz de sentirlo por completo, y al mismo tiempo no siento nada. Puedo sentir sus labios contra los míos, sus mejillas con mis manos, una de sus manos sobre mi espalda, la otra tocándome delicadamente el trasero, nuestros penes rozándose sobre la ropa. Soy capaz de sentir todo eso, y al mismo tiempo no puedo sentir nada, ya que cada emoción intenta atraer toda mi atención sin lograrlo.

No dejo que quedé centímetro de su piel sin que mi boca conozca. Él me acaricia suavemente la oreja y la mejilla mientras beso su pecho. Comprendo que para él también soy el chico más lindo que existe. Sonrío con ese pensamiento. Me siento tan feliz.

Bajo un poco más mi boca y mientras mi boca recorre su abdomen mis manos se encargan de desabrochar su pantalón. Se acerca el momento con el que no he dejado de soñar desde la tarde, el momento de pertenecerle completamente.

Froto suavemente su miembro sobre el bóxer, mientras deslizo un poco su pantalón hacia abajo.

—Ven acá —me dice él incorporándose a medias.

Me arrodillo frente a él, y él aprovecha para desabrochar mi pantalón. Me lo baja hasta las rodillas, y coloca suavemente su boca sobre mi miembro atrapado.

—No querrás ser el único que disfrute, ¿cierto? —me dice mientras con sus labios aprisiona mi pene.

No puedo evitar cerrar los ojos y gemir. A pesar de la tela que existe de por medio, puedo sentir claramente su calor. Nunca hubiera creído que era posible conocer tanta excitación.

Momentos después los dos nos recostamos de lado, frente a frente, ya con los pantalones fuera. Su cuerpo en ropa interior me parece aún más hermoso que nunca. Su piel morena es un espectáculo digno de quedar grabado para siempre. Si fuera un pintor o dibujante no dudaría en hacer algo al respecto, pero nunca se me ha dado bien ninguna de las dos.

Acaricio suavemente su cintura mientras él sonríe, viéndome a los ojos.

—Me alegra haberte conocido Israel —me dice mientras acerca su rostro al mío—. Me alegra finalmente haber conocido el amor.

Posa sus labios sobre los míos, mientras sus brazos se aferran con fuerza a mi cuerpo. El beso se vuelve cada vez más apasionado, mientras nuestro abrazo es cada vez más apretado. El espacio es demasiado. Queremos compartir un solo lugar, llegar a ser realmente una sola piel.

Él baja sus manos hacia mi trasero, y una gran excitación recorre mi espina dorsal. Él mete sus manos debajo de mi ropa interior, y mientras mi boca conoce su lengua y sus dedos los alrededores de mi ano, comprendo que el momento se acerca. No deseo otra cosa en el mundo.

—Víctor —le digo cuando el beso termina, mientras acaricio su pene sobre su bóxer nuevamente—, quiero que me penetres.

Él se muerde los labios.

—No —me responde.

Sus palabras me confunden. Su gesto no es de rechazo, como si se estuviera contradiciendo interiormente. No me puedo sentir herido, porque sus ojos me dicen que no hay persona en el mundo que desee más que a mí. Estoy a punto de descubrir que esa es la razón por la cual me dijo que no.

—Tú sabes que eso lo he hecho con otros chicos —me dice mientras toma mi pene, metiendo su mano bajo mi ropa interior—. Pero tú no eres como todos aquellos. Por ti siento algo verdaderamente especial, y no quiero que esta noche acabe sin conocer lo que es tenerte dentro de mí.

Sus palabras me sorprenden. ¡Demonios! Este sueño es demasiado bueno para ser cierto. Resulta que no solamente puedo pertenecerle, sino que además yo voy a penetrarlo.

—Me encantaría —le susurró en su oído mientras ahora soy yo quien mete las manos debajo de su ropa interior para tocar su trasero.

Víctor gime mientras mis dedos juegan con su orificio anal. Estoy más que emocionado. Él libera de la prisión que es mi ropa interior mi pene mientras continúa masturbándolo. Es una sensación maravillosa.

Nos movemos para poder quitarnos lo que nos queda de ropa, y en el movimiento quedamos en posición de 69. Es demasiada tentadora la oferta que tengo frente a mí, así que comienzo a lamer su pene mientras mis manos siguen entretenidas en su trasero.

Él no se queda atrás. Igualmente comienza a hacerme sexo oral. No puedo evitar pensar que mi fantasía es lo mejor que me ha pasado en la vida. No solo estoy teniendo sexo con el chico que más me gusta, si no que además él me está haciendo todo lo que no había hecho con otros chavos. No puedo evitar considerarme afortunado. Y también dichoso. La dicha era algo que nunca había conocido tan a fondo.

Mis labios y mi lengua recorren sus testículos, mientras siento como él aprisiona mi pene en su boca. Me acercó otro poco más a su orificio, y en cuanto mi lengua pasa por su frenillo puedo sentir como se retuerce. Eso parece darle la idea a él, y siento como uno de sus dedos me acaricia con algo de fuerza la misma zona. El placer es indescriptible.

Me acomodo otro poco, listo para darle un beso negro. Siempre había creído que sería algo asqueroso, pero con la excitación de por medio no me lo parece. Además, parece como si Víctor se acabase de bañar, como si se hubiera preparado explícitamente para la ocasión.

Mi lengua recorre su ano con avidez. Puedo sentir como todo su cuerpo se tensa por el placer. Debo prepararlo. Su primera vez, mi primera vez…

—Creo que es hora —me dice incorporándose, después de haber jugado con mis dedos en su ano.

Él tiene un condón entre sus dedos. Realmente me sorprende. Pero él tiene razón. La protección es lo primero, independientemente que estemos soñando. Él se encarga de colocármelo mientras yo me acuesto boca arriba. Su mano recorriendo mi miembro me provoca oleadas de placer.

—Listo —anuncia él después de haberme colocado el preservativo.

Se sube encima de mí, y se va sentando poco a poco sobre mi pene. Puedo sentir las paredes de su recto presionar mi miembro. Nunca había sentido algo tan placentero. Él respira lentamente. Puedo ver que le cuesta algo de trabajo, pero al mismo tiempo parece no querer detenerse. Yo intento moverme lo menos posible, a pesar de que mis instintos me gritan que se lo meta todo de golpe. Pero creo poder imaginarme que aquello solo le traería un dolor innecesario al chico que amo.

Después de un momento que parece eterno al fin puedo sentir la piel de su trasero directamente contra mis caderas. Todo mi miembro está dentro de él. Víctor cierra los ojos un momento, probablemente buscando acostumbrarse a eso.

—¿Te gusta? —le pregunto mientras pongo mis manos sobre su cintura.

—No estoy seguro —me confiesa—. No puedo decir que sea totalmente cómodo, pero creo que tiene su encanto.

—Yo tendré que probarlo después —le digo.

Él me sonríe con su perfecta dentadura. Comienza a moverse lentamente sobre mí, primero en círculos y después levantándose suavemente de mí. El placer que experimento en ese momento es sencillamente indescriptible. No puedo evitar gemir. Intento no moverme, ya que por sus movimientos pausados sé que aún le cuesta algo de trabajo. Sin embargo, mi cuerpo no le hace caso a mi mente. Quiero sentir el placer de penetrarlo profundamente, y quiero que él también sienta lo que es tenerme completamente dentro de él.

—¡Ay! —se queja él cuando comienzo a acelerar demasiado.

Mi ritmo baja, pero igualmente continuo moviéndome. Él tiene los ojos cerrados, aparentemente disfrutando de las sensaciones que recibe en todo su cuerpo. Para mí es un espectáculo increíble verlo sobre mí mientras siento mi pene entrando y saliendo de su estrecho agujero y mis manos agarradas firmemente en su cintura. Veo como su pecho sube y desciende, en medio de su respiración profunda y pausada. Miro su pene moviéndose ligeramente tras cada uno de sus movimientos. Todo eso no hace más que prenderme más de la cuenta.

Recorro mi mano derecha y tomó su pene entre mis dedos. Él abre los ojos, me mira fijamente y me sonríe. Yo también le sonrío mientras sigo moviéndome dentro de él. Claro que él también ayuda, y con esos movimientos circulares de cadera vuelve delirante la situación. No quiero que termine nunca. Pero hay algo que aún nos falta por hacer.

Sacó cuidadosamente mi pene de su ano, mientras él se pone de rodillas yo me doy la vuelta para quedar de perrito. Él saca otro condón (¿Es tan fácil conseguir las cosas en los sueños?) y se lo coloca, para después penetrarme lentamente.

—¡Oh! —suelto un gemido sin poder evitarlo cuando consigue meter su pene completamente dentro de mí.

Siento sus bolas contra mi cuerpo, y después la manera en que su pene va saliendo lentamente de mí. Además, sus manos están en mis caderas, lo cual me parece condenadamente placentero.

—¡Uh! —exclama él con placer—. Israel, no sé que tienes, que esto me resulta mejor que cualquier chico o chica con el que haya estado.

Aquello me prende todavía más, y pego mi trasero hacia él para enterrarme yo solito su falo. Mi respiración comienza a acelerarse al igual que la suya mientras el ritmo de la penetración va aumentando. ¡Demonios! Aquello se sentía totalmente bien. Si aquello no es el punto G no tenía la menor idea de que pudiera ser, porque no se me podría ocurrir cosa más placentera que aquello.

—Te amo —me susurra mientras pega todo su cuerpo contra mi espalda, aprovechando para besarme el cuello.

—Yo también te amo —le contestó mientras intento voltear mi cuello.

Nos besamos en la boca. Es un gran trabajo hacerlo en esa posición mientras me sigue penetrando, pero no quiero que sea de otra manera. Nuestras lenguas se entretienen mientras mi recto le da suaves apretones a su miembro al mismo tiempo que éste se mueve hacia dentro y hacia afuera.

Él comienza a gemir, y sé que su explosión se aproxima cuando vuelve a la posición inicial y se despega de mi espalda.. Saca su pene de mi culo, y apenas se retira el condón empieza a eyacular con fuerza sobre mi espalda.

—¿Y eso a que vino? —le preguntó mientras volteó a verlo un poco decepcionado. Tenía la esperanza que se viniera dentro de mí.

Pero no me contesta nada. Simplemente se inclina y con su lengua empieza a recoger el semen que ha depositado sobre mi cuerpo. Las caricias sobre mi piel, más lo que alcanzan a ver mis ojos me parece tremendamente erótico. En cuanto termina de recoger con su boca lo más que puede de sus propios líquidos se acomoda debajo de mí y empieza a chupar mi pene. No duro mucho, la verdad. En menos de un minuto me vengo abundantemente en su boca debido a la sensación que me produjo su húmeda cavidad. Creo que me la estaba chupando sin haberse tragado su semen.

Él sube más debajo de mí, pasa sus manos por detrás de mi nuca y me jala hacia sí para darme un beso. Inmediatamente le respondo, dejo que mi lengua penetre dentro de la boca de aquel chico que me gusta tanto. El sabor de nuestros fluidos seminales mezclados me parece afrodisíaco, y permito que mi cuerpo caiga sobre el suyo, logrando una compenetración perfecta. En ese momento compartimos todo: piel, placer, sudor, semen, amor…

El beso solo termina cuando ambos hemos comido parte de nuestros fluidos seminales mezclados. Separo levemente mi rostro del suyo, pero no permito que nuestros cuerpos pierdan contacto.

—Fantástico —dice él.

—Maravilloso —concuerdo yo.

Me mira fijamente a los ojos, y yo le sostengo la mirada porque me encanta ver como me ve. Su mirada es tan tierna, tan amable…

—Te amo —dice él.

—Yo te amo aún más —respondo antes de volver a plantarle un beso.

Un sopor se va apoderando de mí poco a poco. Las sensaciones que Víctor me produce son cada vez menos vívidas. Me lamento de que aquello no esté sucediendo en realidad. Porque si fuera más que un sueño, su cuerpo no se desvanecería mientras vuelvo a caer en la inconsciencia.

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Si visitas Bogotá

Me aproximé por detrás y vi su ranura dilatada y excitada esperando ser poseída, El esposo me pasó un condón y me lo puse, le apunté a su agujero y se lo clavé hasta el fondo, escuché su exhalación de placer… Empecé a entrar y a salir en semejante mujer que estaba siendo poseída por mí, el esposo le preguntó cómo se sentía y ella le decía que delicioso; algo le mencionó acerca de que esa chochita llevaba mucho tiempo hambrienta.

Mantuve algunos contactos por Internet con una pareja que vive de la Ciudad de Cúcuta, especialmente con él: un hombre de unos 45 años, muy agradable y muy culto,  quien tenía conversaciones con su pareja para vivir nuevas cosas en su vida, una rubia de ojos verdes con unos 38 años de edad muy bien vividos.

Por algún anuncio de la página me escribieron un correo diciendo que pensaban viajar a Bogotá y querían conocerme. Yo muy diligente les contesté ofreciéndome a ser su guía por la ciudad y a recibirlos como buen anfitrión.

En el siguiente correo me pidieron que enviara unas fotos y a cambio me estaban enviando unas de ellos en poses insinuantes que dejaban ver un trasero muy bonito de ella y unos ojos verdes llamativos y agradables.  Todo en su conjunto me pareció excitante.

Me contaban en el correo que era su primera experiencia con alguien distinto en su propio cuarto, pero que consideraban que era el momento de probar nuevas cosas. Me prometían que si las fotos eran de su agrado, me volverían a escribir y efectivamente me respondieron diciendo que tan pronto viajaran a Bogotá, me contactarían.

Pasaron como 4 meses sin saber de ellos y supuse que se habían arrepentido, hasta cuando recibí una llamada de él, en la que me decía que si tenía disponibilidad para el día siguiente porque venía a Bogotá con su esposa. Le dije que sí y conversamos por unos minutos.

Me comentó que estaban hospedados solos en el apartamento de un hermano que vivía en Cúcuta y lo tenía para sus visitas a la ciudad y que la idea era que conversáramos un poco en un bar del Centro Andino. Quedamos de vernos al siguiente día a las 5:00 p.m., pero hablaríamos previamente para concertar el sitio exacto.

Al día siguiente, yo tenía una reunión de trabajo a las 2:30 p.m. que calculaba terminaría a eso de las 4 p.m. para cumplir la cita, pero por ley de Murphy, mi jefe no pudo llegar a la reunión de las 2:30 p.m. y me pidió que lo esperara un par de horas… Pensé que todo se había dañado y llamé a nuestro amigo para comentarle el percance.  Él fue muy comprensivo y me pidió que le marcara en cuanto pudiera salir.

Lo llamé a las 6:30 p.m. y me contó que estaban en el barcito cerca al centro Andino y que esperaban a que se terminara el pico y placa para que nos encontráramos en el apartamento. Así lo hicimos, yo partí hacia la dirección de la calle 127 que él me acababa de dar. Llegué a las 7:10 p.m. y ellos estaban ya allí. Él salió a recibirme y creo que nos caímos bien mutuamente.  Mientras subíamos las escaleras me dijo que la idea era hacerle un masaje con aceite a ella y de ahí, mirar a ver si pasaba algo.

Cuando entré al apartamento las luces estaban apagadas, a excepción de la cocina. Me invitó a pasar y me ofreció un vodka en lata.  A continuación me invitó a pasar al cuarto.

Allí estaba ella con una levantadora, acostada en la cama… La saludé de beso en la mejilla y le pedí permiso para sentarme al borde de la cama. Hablamos durante algunos minutos, me preguntaron por mí, por mis cosas y por algunas de mis experiencias en el tema, que no son tantas.  Me dijeron que era su primera vez, pero que necesitaban hacerlo y que me habían escogido a mí. Creo que fueron totalmente directos, pero eso lo hizo muy diferente. Entonces, él dijo que empezáramos a darle un masaje. Él se puso en calzoncillos y yo me quité mi camisa… empezamos a dar el masaje y al cabo de unos minutos retiré también mi pantalón.

Él masajeaba las piernas de ella y yo su espalda.  Luego él pasó a masajear su espalda y yo sus pies, pero me di cuenta que ella aprovechaba para chupar su palito.  Entonces, yo aproveché para masajear sus partes íntimas.   Luego, cambiamos nuevamente y él empezó  a darle lengua en su conchita húmeda, mientras yo me coloqué por delante de ella: tomó mi pene entre sus manos y empezó a acariciarlo para que se empezara a parar.

Cuando mi herramienta se creció ella lo miró y le dijo a su esposo que le gustaba… Él le contestó ¿y lo quieres tener adentro? Ella le respondió que sí y él le preguntó que ¿por qué? Ella contestó que estaba gruesito y que se lo quería medir.  Toda esa conversación mientras él la estaba clavando en cuatro.

Me aproximé por detrás y vi su ranura dilatada y excitada esperando ser poseída, El esposo me pasó un condón y me lo puse… le apunté a su agujero y se lo clavé hasta el fondo, mientras escuché su exhalación de placer… Empecé a entrar y a salir con todo mi deseo por semejante mujer que estaba siendo poseída por mí en ese momento.

El esposo empezó a preguntarle cómo se sentía y ella le decía que delicioso; le preguntaba si así quería estar, ella le decía que sí y él replicaba diciéndole que así quería verla…  Algo le mencionó acerca de que esa chochita llevaba mucho tiempo hambrienta.

Por mi parte yo le dije que tenía  un culo riquísimo y que lo estaba disfrutando mucho… mientras ella gemía de placer le di una palmada en sus nalgas y maulló de más placer… El esposo mientras tanto observaba totalmente excitado.

Cuando sentí que me iba a derramar lo retiré de su caliente hueco y le di paso a su esposo quien la penetró; me dediqué mientras tanto a acariciarla y a besarle sus deliciosos senos… y en algún momento el esposo se recostó en la cama y ella se paró para sentársele encima… vi cómo su verga iba entrando deliciosamente por su apretado culito…

Una vez que se lo hizo entrar hasta el fondo ella recostó su espalda contra el pecho de él y abrió sus piernas…

Aprecié como tenía toda la verga entre el culo y como estaba de húmeda su rajita… se me volvió a parar al máximo y empecé también a penetrarla.

Me excitó sentir como ella y su esposo se quedaron quieticos para permitir la entrada de mi arma… sentí como se abría paso en el interior de su vagina y percibía el movimiento del pene de su esposo en el otro orificio…apenas un pliegue de piel separaba una verga de la otra.

Esa mujer se sentía la más afortunada del mundo, con la verga de su esposo en el culo y con la mía en su húmeda conchita… empezamos a movernos todos y la sensación era impresionante… sentí ganas de morderle un seno y empecé a hacerlo suavemente mientras ella me decía que delicioso…

Quizás tuvo unos tres orgasmos ella, hasta que finalmente me derramé entre el condón, mientras que el esposo lo sacó, se quitó el condón y se acercó a su boca para dejarle caer toda la leche…

Fue una experiencia excitante e inolvidable para todos…  después de ello nos hemos hablado y escrito para volverla a repetir… tenemos algunas cosas en mente, pero aún no nos hemos vuelto a ver… Ya ha pasado casi un mes… ellos desean que nos veamos y yo también.

Cuando ocurra algo nuevo les contaré, pero por ahora si les ha gustado esa experiencia a mí me gustaría recibir sus comentarios…

Autor: hotwrites

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Me pasó en Brasil

Me puso el condón con la boca, contoneándose por la cama como una gata en celo, luego se sentó sobre mí y se la metió en la vagina de golpe. Empezó a restregarse, a subir y a bajar, yo apretaba sus tetas, se corrió entre fuertes espasmos, me quité el condón y le metí la polla en la boca, utilizaba sus tetas para moverla por la cama, me corrí en su garganta, ella se la comió y se lo tragó todo.

Desde que conocí esta página, la leo de vez en cuando y me gusta conocer sus historias. Por eso me he animado a contar lo que me pasó en Brasil hace 4 años durante unas vacaciones en Salvador de Bahía. Me llamo Vicente, Soy de Valencia, España, alto de 1.94, delgado, las mujeres dicen que soy atractivo.

Para entrar en situación debo decir que el ambiente allí en Brasil es embriagador, sol, calor océano, playas, mujeres etc…

Marché solo para desconectar del trabajo aquí en España y allí iba completamente a mi aire, no paraba, excursiones y playa de día, y discotecas y garitos de noche, un poco de eso que ahora llaman turismo sexual

Al tercer o cuarto día allí ya me había aclimatado totalmente, y ya estaba cansado de tanto fulaneo nocturno y del incordio de taxis y moteles en estas aventuras nocturnas, así como del coste que ello supone. Debo aclarar que está prohibido subir a mujeres a las habitaciones del hotel en que me hospedaba. Era un hotel de 5 estrellas, en primera línea y con todas las comodidades, Era una lástima no aprovecharlo al máximo.

Por las mañanas temprano bajaba a la playa y a la piscina del hotel a espabilarme de la juerga de la noche anterior, ahí observaba a la masajista oficial del hotel como preparaba la camilla y sus cremas para dar masajes de espalda a los clientes del hotel que lo solicitaran previo pago.

La chica llamaba la atención, tenía unos 20 años, era blanca, pero muy morena ya que se pasaba al sol todo el día. Pelo castaño y ojos verdes, no era muy alta pero estaba muy jamona que decimos en España, para nada gorda pero si tenía un culo fantástico y lo mejor de todo, unas tetas grandes y muy bien formadas, que se adivinaban por el contorno de su camisa muy frescas y lozanas. Era muy atractiva e irradiaba sexualidad de la cual ella no era consciente, y esto la hacia aún más apetecible.

Yo me entretenía desde la tumbona con varios rones en el cuerpo observando a la chica como realizaba los masajes a otros huéspedes europeos con toda la profesionalidad médica exigida, como correspondía a los servicios en ese tipo de establecimiento de lujo. Y empecé a idear un plan, una mujer así no se me podía escapar.

En un momento que estábamos los dos solos en la piscina y ella no tenía clientes, la llamo y le indico que se acerque a mi tumbona.

Cuando se acercó obediente y la vi desde la tumbona me gustó aún más, estaba algo sudada y la ropa se le pegaba al cuerpo, los finos shorts exudaban y marcaban todas sus partes íntimas y un culo súper tierno. El fino tanga se adivinaba que estaba escondido entre tanta exuberancia. Su camisa blanca estaba envolviendo como podía sus generosos pechos naturales que parecía que en cualquier momento fueran a reventar y sacar leche.

Su cara era muy linda, y con toda educación y sin dejar de sonreír me preguntó muy dulcemente y en portugués si quería un masaje. Yo le dije sonriendo y en mal portugués que si, pero no en la piscina. Tomaría el masaje en la habitación, ya que tenía problemas dermatológicos con la piel si me exponía mucho al sol. Le mentí.

Se quedó pensando y me dijo que no era la norma del hotel, pero le volví a explicar la excusa y a insistir. Ella accedió, debía dar servicio a los huéspedes y no podía prescindir de ningún cliente por miedo a tener problemas con su trabajo. Me indicó que en ese caso habría un pequeño suplemento por el servicio particular en la habitación. Le indiqué el número de habitación y quedamos para media hora más tarde.

Yo subí a la habitación, me di una ducha fría y abrí todas las ventanas. La brisa y la vista del océano eran increíbles. Yo estaba excitado, había desayunado bien, hecho algo de deporte y me había tomado unas copas, y eran aún las 12 de la mañana. No conseguía quitarme el jet lag del cuerpo

Solo con una toalla enrollada en el culo, me tumbé en la cama relajado a esperarla. Llegó puntual, cargada con sus toallas, aceites y demás potingues, algo extrañada de veme solo con la toallita, pero no dijo nada.

Me indicó que me tumbara de espaldas, y me dio un buen masaje por un rato. Hablamos poco ya que yo no hablo portugués y ella nada de español o inglés. Estaba claro que era una chica sencilla, de algún arrabal de Bahía que trataba de conservar un buen trabajo en un país difícil como Brasil.

Durante el masaje yo descaradamente intenté tocarle las nalgas, ella muy correcta me retiró la mano y siguió a lo suyo.

Cuando acabó con mi espalda, que me la dejó nueva, me dijo que me tumbara cara arriba para proceder a masaje de hombros y piernas. Con el movimiento para darme la vuelta en la cama, la toallita se me había subido algo, y el bulto de mi pene era más que aparente. Al rato me indicó que había acabado y que como me encontraba, yo le dije que muy bien, pero que necesitaba otro masaje a mi pene, Bartolo, señalándoselo, para que todo fuera perfecto 100%.

Ella se ruborizó y me dijo que eso no era posible, algo afrentada, y que se jugaba el puesto. Yo me quité la toallita y le pedí por favor que me la pajeara, que seria un momento, que no lo sabría nadie y que le pagaría servicio doble. Ella dudó, se quedó mirando mi pene morcillón y lo cogió con la mano. Empezó a apretarlo suavemente y a meneármela despacio, el pago del servicio doble y la visión de mi polla la habían convencido.

Yo disfrutaba de ver a esa hermosura pajeándome muy recatadamente, y en un momento coloqué mi mano en su seno acariciando toda su voluptuosidad y apretando suavemente, luego la acaricié por dentro de la camisa, palpando el sujetador y apretando más el contorno de sus pechos.

Ella seguía masturbándome y me dejaba tocar sus tetas y espalda con libertad. Pronto advertí que a ella le daba placer y le gustaba, y que llevábamos el mismo ritmo acompasado de movimientos. En un momento, para facilitar mi sobe de tetas, ella se quitó la camisa y el sujetador y emitió un jadeo.

Sus tetas eran hermosas, gordas y firmes, y colgaban lozanas desafiando a la gravedad con un precioso pezón rosadito ya algo puntiagudo por su excitación. Le cogí las tetas con las dos manos, las apreté y me las llevé a la boca inmediatamente. Ahí estuve besándoselas, estirándolas y apretándoselas, cuanto más fuerte se las apretaba, más notaba que le gustaba y su respiración se hacia más rápida.

Mi pene estaba ya firme y curvado, masajeado con fuerza por mi masajista y cogiendo su máximo tamaño. Estaba en el cielo y ella también. En ese momento con mi mano, envolví con fuerza su pecho y con suavidad dirigí su boca a mi pene, lo engulló todo y chupó con fuerza. Se la metió toda en la boca con avidez y también me masajeaba y besaba los testículos.

En esa posición, con ella al borde de la cama chupándomela, empecé a palparle el culo y el coño.  Rápidamente, le bajé el short y el tanga y le introduje un dedo en su vagina y empecé a moverlo, estaba húmedo y carnoso. Ella se retorcía de placer y me la chupaba con más fuerza, yo la abría y me acerqué su culo a mi cara para poder hacer un 69. Que gusto. A todo esto yo apretaba sus pechos con tanta fuerza que sentía lastimarla, pero a ella le gustaba.

Cuando me faltaba poco para correrme, le dije que se tumbara, y a horcajadas sobre su pecho con mi pene entre sus senos, la indique que me la chupara, mientras que con mis manos abrazaba sus enormes senos y me pajeaba con ellos.

Ella se volvía loca, comiéndome la polla, con sus tetas siendo apretadas y golpeadas con mi pene y con mi mano libre le frotaba la vagina y le metía un dedo. Todo a buen ritmo y jadeando.

Cuando estaba a punto de correrme, saqué mi polla de su boca y le golpeé con ella sus tetas con fuerza repetidamente, a ella le gustaba y buscaba lasciva mi polla con su boca para tragárselo todo, yo me corrí sobre sus senos apretando sus tetas con mi polla. Luego la metí en su boca para que me la limpiara.

Me separé algo sudado y la vi toda excitada, frotándose su coño y metiéndose los dedos en su vulva abierta, con la otra mano se retorcía los senos y me miraba con cara de excitación. Le gustaba mucho, se le notaba a la legua, quizás su noviete brasileño no la cuidaba tanto.

Yo me metí en la ducha para quitarme el sudor y la llamé para que se metiera conmigo en la ducha, allí nos enjabonamos un poco no dejando de manosear sus tetas y apretárselas, luego incliné su cabeza bajo el agua tibia y le metí mi polla en su boca, mientras me movía y la obligaba a tragar más y con más fuerza. Sus senos, ahora brillantes y rojos por su sudor y el agua, colgaban como ubres de rica miel que yo no paraba de manejar.

Cuando ya estábamos más refrescados, me tumbé en la cama y le di un condón.

Me puso el condón con la boca, contoneándose por la cama como una gata en celo, luego se sentó sobre mí y se la metió en la vagina de golpe. Empezó a restregarse, a subir y a bajar, yo apretando fuerte con mis manos sus tetas la ayudaba a coger más fuerza en sus movimientos.

Se corrió entre fuertes espasmos, yo la quité de encima, me quité el condón y le metí la polla en la boca, utilizaba sus tetas como agarraderos para moverla por la cama y cambiarla de posición. Ella se la comió con fuerza y se lo tragó todo.

Al terminar recogió sus cosas, me miró y me dio un buen beso. Yo le pagué con propina incluida. Ella estaba muy contenta y agradecida. Habíamos sido muy discretos.

Tuve “masaje” en mi habitación dos veces diarias durante el resto de mis vacaciones, una por la mañana cuando empezaba ella la jornada y otra al finalizar. Simplemente bajaba a la piscina y concertaba la hora, todo muy discreto y normal. Ella ya sabía lo que había.

No tuve que pagar ningún extra más, Solo la tarifa barata del masaje pues directamente subía a mi habitación y nos poníamos a follar. Ya no tuve que ir más de farra a discos ni garitos.

Me fui ganando su confianza pues me portaba bien con ella y lo pasábamos muy bien, le hacía regalitos e incluso me llevó a su casa una vez. Allí ella vivía con su prima en una pequeña casita con una habitación, y al advertir que me atraía su prima y con mi insistencia después de cenar me organizó un dúplex con ella, no quería que su prima se me beneficiara con exclusividad. Fue estupendo.

Pero eso es otra historia.

Lo pasé genial. Viva Brasil.

La vida es para gozarla, para llenarla de polvazos, y si en algo ayudé a “calentar” la vuestra espero sus comentarios.-

Autor: Vicente

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El hombre de mi vida

Los días pasaban lentamente y yo moría por mi vecino Diego. Alto, delgado, con un cuerpo de infarto; me pasaba las noches soñando con él desde aquel día que lo había visto sin playera. Pectorales marcados, un lavadero de diez; exactamente el tipo de hombre con el que cualquiera pasaría la noche despierto con todo gusto. Sin embargo, él no daba la más mínima señal de saber que existía.

Pasé muchos días planeando que podía hacer para lograr acercármele, pero todos los planes que se ocurrían flaqueaban en algún punto. Sin embargo, un día se presentó la oportunidad perfecta sin siquiera propónermelo.

Iba tranquilamente en el camión. Un chavo se había sentado junto a mí, pero yo no le había prestado la menor atención hasta que él me habló.

-Oye, tú eres hijo de don Memo, ¿verdad? -me preguntó.

Volteé a ver al chico en cuestión. Me di cuenta que era Gerardo, mi tocayo, el hermano mayor de Diego. Él no era nada despreciable, pero no era lo que yo estaba buscando. Yo acababa de cumplir los dieciocho años y él ya tenía veinticuatro. Diego tenía diecinueve.

-Sí, lo soy -le respondí.

Así comenzamos a charlar, y cuando bajamos nos pusimos a caminar hacia nuestras casas. A punto de llegar él me dijo que había estado estudiando no sé que cosa relacionada con matemáticas, y que cualquier cosa que tuviera problemas, no dudara en ir a su casa. Estuve a punto de decirle que no necesitaba su ayuda, después de todo, era el mejor alumno de mi curso de Cálculo; pero lo pensé bien, y le dije que necesitaba un poco de ayuda con las integrales. Así él me propuso que fuera a su casa el sábado por la tarde, proposición que yo acepté encantado.

El sábado por la mañana estuve muy emocionado: me bañé, me rasuré, me puse mis mejores ropas y me perfumé (cosa que casi nunca hago). Sabía que Diego estaría en casa, y no quería bajo ningún motivo pasar desapercibido.

Llegué a su casa a las tres de la tarde en punto. Me recibió Gerardo y me hizo pasar. Nos sentamos a la mesa, y él me preguntó cuál era la parte que se me dificultaba de las integrales. No recuerdo que le contesté, pero si recuerdo que él me empezó a explicar desde las derivadas. Creo que mi respuesta le dio a entender que de cálculo no sabía nada. He de confesar que era algo aburrido fingir que no entendía aquello cuando en realidad me lo sabía a la perfección, pero afortunadamente creo que Gerardo tomó mi aburrimiento como el clásico tedio que experimenta el alumno promedio hacia las matemáticas.

Después de un rato aparecieron en la sala Diego y Marcos (otro hermano, éste de 21 años). Me saludaron y se sentaron a ver la televisión. A partir de ese momento yo medio escuchaba a Gerardo; estaba más entretenido viendo ocasionalmente a Diego. Gracias a que ya conocía el tema podía contestarle a Gerardo sin ningún problema cuando me hacía una pregunta sobre lo que acababa de explicar, y también resolver algunos ejercicios que me puso para practicar. Claro que hice uno que otro mal a propósito para no dejar caer la farsa.

A las cinco de la tarde llegó la hora de la comida, y los tres me invitaron a comer. Su madre no estaba, por lo que me invitaron a comer (en cuanto a su padre, nunca he sabido que fue de éste). Así que comimos los cuatro juntos. La comida estaba bastante bien aunque era el recalentado de lo que había dejado su madre; y mientras comíamos empezamos a charlar y a bromear. Yo participé muy animadamente en la charla y me la pasaba riendo. Era la primera vez que hablaba con Diego, y me parecía cada vez más encantador.

Al llegar al postre, Marcos y Diego se pusieron a hablar y yo me le quedé viendo a Diego. Quizás no fuera muy carita, pero a mí me agradaban sus facciones. De repente tuve el impulso de voltear a ver a Gerardo y así lo hice. Él me estaba viendo, y cuando nuestras miradas se cruzaron él sonrío. En aquel momento me pasó por la cabeza la idea de que Gerardo tenías unas facciones mucho más lindas que las de su hermano, aunque le faltaba aquel cuerpo de infarto. Le devolví la sonrisa y volteé hacia mi plato. Cuando terminamos de comer me retiré a mi casa, después de prometer regresar al siguiente sábado.

El segundo sábado fue casi igual. Seguimos viendo lo de las derivadas. No obstante, al llegar la hora de la comida sucedió algo.
Estábamos hablando animadamente cuando Diego preguntó si no quería comer más.

-No, gracias -le respondí.

-¡Oh vamos! -exclamó Marcos mientras me ponía la mano en el hombro-. No tengas reservas. Después de todo ya casi eres de la familia.

En ese momento Gerardo se atragantó con la comida y los otros dos comenzaron a reírse. Yo no entendí el porqué de la situación, especialmente cuando Gerardo les lanzó una mirada de advertencia a los otros dos. Así que solo sonreí ligeramente para quedar bien.
Al poco rato me despedí, y quedé con Gerardo que el siguiente sábado llegaría más temprano.

El tercer sábado llegué al mediodía, al mismo tiempo que la madre de los tres hermanos salía. La saludé y la despedí al mismo tiempo. Entré a la casa. Gerardo estaba totalmente arreglado, como siempre, con sus jeans y su playera de rayas, peinado con gel. Marcos estaba frente al espejo arreglando su cabello, y supuse que Diego debería estar en su cuarto. Me senté con Gerardo a la mesa. Finalmente habíamos logrado pasar a las integrales.

-Ya párate huevón -oí decir la voz de Marcos.

Concluí inmediatamente que se lo había dicho a Diego, y me sorprendió. No estaba seguro de cómo alguien podía aguantar seguir en la cama hasta tan tarde.

En cierto momento Gerardo me dejó porque tenía que ir al baño. La puerta del baño estaba cerca, y justo cuando entró al baño Diego hizo su aparición en la sala, causándome una gran impresión.

La gran impresión fue debido a que Diego había salido solo llevando encima un bóxer ajustado, dejando a la vista su torso marcado, al igual que sus piernas torneadas. Pero lo que más me llamó la atención fue el asombroso bulto que se veía debajo del bóxer.

Él me saludó y yo intenté devolverle el saludo, cosa que no estaba seguro de haber logrado. Diego volteó la cabeza y se empezó a rascar el paquete. Mi pene empezó a aumentar de tamaño rápidamente entre mis piernas, y tuve que reprimir el fuerte impulso que sentí de correr hacia ese cuerpo y empezar a besarlo.

Él se sentó en el reposabrazos de un sillón, y yo no hice otra cosa que seguirlo con la vista. Me estaba excitando demasiado, y me temía que él no tardaría en darse cuenta. Por suerte en ese momento Gerardo salió del baño y Diego entró. Aún así, estuve todo el día con aquella imagen en la cabeza, y por la noche no pude evitar masturbarme recordando el cuerpo de Diego. De hecho, así me la pasé toda la semana, viniéndome con la imagen de Diego en la cabeza.

Al siguiente sábado otra vez llegué temprano a su casa, aunque en esta ocasión no me encontré a su mamá en el camino. Llegué a su casa y me recibió Gerardo. Me sorprendió no ver ni rastro de Diego o Marcos.

-¿Y tus hermanos? -le pregunté.

-Salieron a una fiesta -me contestó él.

Me decepcioné un poco al oír eso. Eso significaba que aquel día no vería a Diego. Traté de disimular mi decepción, aunque al darme cuenta de cómo me estaba viendo mi tocayo me preocupé. Era una expresión que no recordaba haber visto nunca en ninguna otra persona.

-¿Qué te pasa? -le pregunté mientras inclinaba la cabeza.

Él no respondió en seguida. Se quedó otro momento mirándome así, y después dio un paso vacilante hacia mí.

-Verás -comenzó-. Tengo algo que confesarte.

Hubo otro momento de silencio. Yo me sentía confundido. ¿De qué demonios me estaba hablando Gerardo? Cuando finalmente se decidió a hablar, me tomó de las manos.

-Desde el primer momento en que te vi, sentí algo muy especial en mi interior, así que cuando tuve la oportunidad de hablarte decidí aprovecharla. Y luego, al irte conociendo más, pues… me fui enamorando totalmente de ti.

La declaración me dejó estupefacto. No sabía qué decir. Yo le había hablado a Gerardo para poder llegar hasta Diego, y ahora él me decía que estaba enamorado de mí. ¿Cómo le podía explicar la situación sin herirlo?

No obstante, no tuve tiempo de pensar en una respuesta, ya que él me plantó un beso. Fue un beso lento y calmado, muy tierno, y sin embargo muy profundo. Aquello me hizo perder la cabeza. No tenía ninguna intención de contestar su declaración, al menos no con palabras.

Lentamente Gerardo fue bajando hacia mi cuello. Una parte de mí quería detenerlo, pero por otro lado de repente el chico que se encontraba frente a mí me estaba haciendo sentir cosas que ningún otro hombre me había hecho sentir. No podría explicarlo con palabras, ya que no entendía de dónde surgía aquella sensación de plenitud y de que me tenía completamente bajo su control que me embargaba mientras sus manos recorrían lentamente mi cintura y su boca mi cuello. Solo sabía que me fascinaba que fuera tan delicado, tan cuidadoso.

Gerardo subió hasta mi oreja y metió su lengua dentro. Ningún hombre me había hecho aquello antes. Empecé a gemir, y me empecé a preguntar si lo que sentía era por lo que me estaba haciendo y la forma en que lo hacía, o simplemente porque se trataba de Gerardo.

Él comenzó a desabrocharse la camisa, aunque yo terminé de hacerlo. Mis manos temblaban, así que me decidí a recargarlas sobre su pecho y abdomen para detener el temblor. No estaba nada marcado, lo único bueno es que no tenía panza. Le quité la camisa entera. Mis manos seguían temblando, mi respiración se aceleraba mientras él seguía besándome entre la oreja y el cuello.

Comencé a acariciar sus brazos y su espalda, atrayéndolo un poco hacia mí. Mientras tanto, él iba levantando suavemente mi playera, rozando al mismo tiempo mi piel con sus dedos. De antaño hubiera jurado que me fascinaba el sexo ligeramente rudo y salvaje, donde la ropa sale volando en menos de un minuto. Creía que un chico que fuera lento a la hora del sexo no valdría la pena. Pero en aquel momento junto a Gerardo, en el que todo parecía dudar una eternidad, sentía que era aquel tipo de relación el que valía la pena.

Al terminar de quitarme la playera me tomó de la cintura y volvió a besarme el cuello. Lentamente fue bajando hacia mi pecho, el cual también besó. Al llegar a mis tetillas, sentí un placer indescriptible. Siguió bajando y al llegar a mi ombligo me tenía al borde del extásis. No sé cómo le hice para que se pusiera nuevamente de pie, pero cuando lo hice nos volvimos a besar. Sus besos me enloquecían, y por un momento me pasó por la cabeza la idea de que sería feliz si pudiera besarlo cada día de mi vida.

Después del beso bajé hasta su cintura y comencé a desabrocharle el pantalón. Comencé a bajárselo de la misma manera en que él me había quitado la playera, suavemente y sintiendo con las yemas de mis dedos la delicada piel de sus piernas, las cuales tenían muy poco vello y eran increíblemente blancas. Por lo visto, no dejaba que les diera el sol muy seguido. Llevaba puesto un bóxer ajustado, el cual resaltaba su pene, el cual obviamente ya estaba erecto. No se veía muy grande, me daría la impresión que mediría unos trece o catorce centímetros, pero aquello no apagó mi pasión. Puse mis labios contra aquel bulto, del cual emanaba un calor extrañamente reconfortante. En ese momento recordé tantas otras aventuras que había tenido en mi vida, aquellas en las que lo importante era llegar a la penetración ya fuera oral o anal lo más rápidamente posible. Definitivamente, lo que estaba viviendo con Gerardo superaba con creces aquellas aventurillas.

Comencé a bajar su bóxer con mis manos, dejando al descubierto su hermoso pene. A pesar del tamaño me pareció maravilloso. Aunque bueno, nunca he sido muy fanático de los penes enormes. He de aceptar que visualmente son muy atractivos, pero a la hora de pensar en una penetración como que la cosa ya no es tan linda. Como fuera, el pene de Gerardo me pareció digno de admirarse, con su prepucio que se recorría fácilmente hacia atrás y su cabeza ligeramente más ancha que el tronco. Acerqué mi boca a aquel tronco, y lentamente fui abriendo la boca, dejando que al principio el contacto fuera exclusivamente con mis labios. Poco a poco su pene entreabrió mi boca, y poco a poco fue entrando en ella, empujando mi lengua. Mi saliva comenzó a cubrir aquel miembro, y mi lengua se enroscó a su alrededor.

Gerardo puso su mano contra mi mejilla, y a partir de ahí comenzó a acariciar mi rostro. Yo disfrutaba grandemente con el sabor de su pene. Se notaba que se acababa de bañar, pero aún así conservaba aquel sabor suavemente seductor que caracteriza a un hombre. Gerardo pasó su mano por mi oreja y de ahí subió a mi cabello. A mí siempre me había molestado que me acariciaran el cabello mientras les hacía sexo oral, me sentía como un perro; pero con Gerardo era totalmente distinto. Con él no me sentía como un perro, si no como un hombre amado, algo a lo que tal vez siempre había aspirado.

Empecé a sacar el pene de Gerardo de mi boca lentamente, y cuando solo tenía su glande dentro de mí comencé a rozarlo con la lengua. Pasé mis manos por la parte posterior de sus piernas, luego por enfrente y las fui subiendo hacia su entrepierna. Acaricié suavemente sus testículos con mi mano derecha. Aparentemente era el único lugar del cuerpo de Gerardo donde los vellos resaltaban, y sin embargo así resultaban suaves al tacto. Él bajó su mano y pasó por mis párpados hacia mi nariz. Su forma de acariciarme era tan suave y tan maravillosa, que resultaba sencillamente perfecta.

Subí mi mano derecha hacia su falo, y lo acaricié mientras continuaba con su glande dentro de mi boca. Mientras tanto, mi mano izquierda se entretenía con la suavidad de sus piernas.

Al sacar su pene de mi boca, el se agachó para que quedáramos a la misma altura.

-Te amo -me susurró él, con la voz más dulce y tierna que he escuchado en mi vida.

Acercó su rostro al mío y me volvió a besar. Parecía que no importaba cuantas veces me besara, no importaba si eso significaba que nuestros genitales quedaran separados, pero quería que me siguiera besando.

Al terminar el beso Gerardo me tomó del brazo, me ayudó a levantarme y me llevó hacia su habitación. Durante el camino me rodeó la cintura con el brazo, y yo me recargué en su cuerpo. Era sumamente agradable caminar de aquella manera.

Al llegar al cuarto me volteó para quedar frente a él y me volvió a besar. Su lengua se introdujo con dulzura dentro de mi boca, recorriendo suavemente mi paladar, mis dientes y también mi propia lengua. Al terminar de besarme, se separó un poco de mí y se me quedó viendo sin soltarme de la cintura. Fue la mirada más tierna y linda que he visto en mi vida, acompañada de la sonrisa más dulce y que siempre he disfrutado ver.

Puso su rostro contra mi pecho y comenzó a recorrerlo con la lengua mientras me desabrochaba el pantalón. Cuando lo hubo conseguido empezó a bajar su lengua al mismo tiempo que mi pantalón. Pasó por mi abdomen, y al llegar a mi pene lo rozó suavemente con la lengua. Siguió bajando por mi pierna izquierda, y cuando faltaba poco para llegar a mi rodilla terminó de bajarme el pantalón y se volvió a levantar. Me puso una mano detrás de la espalda y con la otra me empujó con cuidado sobre la cama hasta que quedé acostado en ella.

Una vez acostado, él se acercó a mi pene. Después de todo lo que habíamos hecho mi pene había soltado algo de líquido preeyaculatorio y éste había quedado embarrado en mi calzón. Gerardo sacó la lengua y comenzó a lamer aquel valioso líquido. Su lengua recorriendo mi glande, aunque fuera sobre la ropa, me enloqueció. Solo esperaba el momento de sentir su lengua recorriendo mi miembro sin ninguna tela de por medio.

Cuando terminó de limpiar mi ropa interior levantó un poco la cabeza, tomó el resorte de mi trusa con los dientes y la empezó a bajar. Yo lo ayudé levantando ligeramente mis caderas de la cama. Así la llevó con mis dientes hasta casi llegar a mis pies, donde la tomó con sus manos para terminar de quítarmela. Cuando hubo terminado y comprendí lo que seguía, mi pene volvió a producir un poco de líquido preseminal. Gerardo lo notó inmediatamente, y con la punta de su lengua empezó a recorrer mi glande, saboreando aquel líquido que brotaba de mi interior.
Yo por mi parte sentía que tocaba el cielo, y comencé a acariciar su cabello con mi mano. Alcancé a ver cómo el sonreía, tomó mi pene con su mano y comenzó a lamerlo como si fuera la mejor paleta que hubiera probado en su vida. Comenzó a bajar su lengua por mi falo mientras con su mano me masturbaba lentamente. Llegó a mis testículos, y sin detener su lengua siguió bajando hasta llegar muy cerca de mi ano. Luego volvió a subir. Durante su ruta de regreso me estremecí de placer, y cuando llegó de nuevo a mi glande se empezó a tragar mi pene. Fue introduciendo lentamente mi pito en su boca. Era como una máquina de succión, y lentamente entraba más y más.

Cuando sentí rozar su campanilla con la punta de mi pene pensé que él se detendría, pero él continuó como si nada hasta que tuvo mi pene totalmente dentro de su boca (tampoco es que tenga el pene enorme, por lo que realmente no fue mucho más adentro de lo que implicaba que se hubiera detenido cuando rocé su campanilla). Sentí mi glande en su garganta, y él inició a sacar mi pene de su garganta tras unos segundos. Cuando la mitad de mi falo estuvo fuera él volvió a tragárselo todo. Comenzó a hacer esto repetitivamente y yo me sentí en la cima del cielo.

Mientras él seguía metiendo y sacando mi pene de su boca comenzó a penetrarme mi pequeño agujero con su dedo índice. No le costó gran trabajo debido a toda la excitación que estaba cargando, pero aún así metió su dedo cuidadosamente, causando cero dolor y una oleada de infinito placer. ¿Qué más se puede esperar cuando tienes al chico más delicado haciéndote una mamada espectacular y penetrándote con un dedo?

Gerardo sabía mover aquel dedo a la perfección, estimulando mi punto G con maestría, mucho mejor de lo que lo habían hecho en toda mi vida, incluyéndome a mí mismo.

Cuando Gerardo me sacó el dedo y se separó de mi pene me dijo con voz dulce:

-Voltéate.

No me lo tuvo que pedir dos veces. Estaba completamente a su merced. Lo obedecí sin pensarlo, y me acabé alegrando por eso. Tomó mis dos nalguitas con ambas manos y me las empezó a masajear. Sabía muy bien lo que hacía, apretándolas de una forma que me enloquecía, sin ser agresivo o duro.

-¡Tienes un culo buenísimo! -me dijo.

-Es todo tuyo -le respondí.

Gerardo separó con sus manos mis nalgas, y al momento siguiente sentí su lengua en la entrada de mi ano. Fue introduciéndola lentamente en mi interior (“Qué bien que me bañé bien antes de venir” pensé). Cuando la tuvo lo más adentro posible comenzó a moverla. Me volví a sentir en el cielo. No había otra comparación posible para lo que me hacían sentir sus manos masajeando mis nalgas, su cara contra mi trasero y su lengua moviéndose en mi interior.

Momentos después se separó de mi culo, se dirigió hacia una cómoda que había en su habitación y sacó un condón y lubricante que guardaba en el cajón. Abrió el condón, se lo puso y comenzó a colocarme lubricante en mi ano. Finalmente colocó su pene a la entrada de mi recto, tras haberle echado más lubricante encima.

-¿Estás listo? -me preguntó.

-Listo -le contesté yo. Sencillamente no podía decir otra cosa.

Comenzó a meter su pene lentamente en mi lubricado y dilatado ano. Lo metió con máximo cuidado, sin provocarme ninguna clase de dolor. Cuando lo tuvo dentro comenzó a sacarlo de una manera casi parsimoniosa. Recordé aquellas ocasiones en las que me cogían lo más rápido posible, y en aquel momento pensé que en aquellas otras veces no había disfrutado ni la centésima parte de lo que ahora disfrutaba con Gerardo. Él se recargó totalmente sobre mí, sintiendo de esa manera su cuerpo contra mi espalda, así como su respiración en mi nuca. Metió con algo de trabajo su mano debajo de mi cuerpo y me empezó a masturbar.

-Te amo -me dijo nuevamente al oído.

En ese momento me empezó a besar el cuello y yo no quise saber más. Solo sabía que quería quedarme ahí para siempre, sintiendo su mano en mi pene, su pene en mi culo y su boca en mi cuello.

Pero lamentablemente todo tiene un final, y el nuestro llegó luego de un rato de estar así. Sentí en mi interior como el condón se inflaba, sentí la respiración de Gerardo acelerarse a mi espalda, las contracciones que le dieron en su cuerpo; todo al mismo tempo que yo sentía que aquellas sensaciones también me atacaban a mí. Cuando terminamos Gerardo oprimió levemente mi pene como si lo ordeñara y yo sentí otra oleada de placer. Poco después me quedé dormido.

Desperté al anochecer, acostado de lado y Gerardo me estaba abrazado por detrás. Me di la vuelta con cuidado, pero eso originó que Gerardo también despertara.

Nos miramos un momento a los ojos, y después él empezó a rascarme la oreja mientras yo me decidí a acariciarle la mejilla. Por un momento pensé que podría acostumbrarme a eso. Entonces Gerardo habló:

-Tengo que hacerte una pregunta -me dijo.

Yo detuve mi caricia un momento. Él me miraba de la manera más tierna posible.

-¿Quieres ser mi novio? -me preguntó.

En primera instancia no supe que contestarle. Me había gustado lo que habíamos hecho, sin duda alguna; pero a mí me seguía gustando Diego. ¿O ya no?

No sé si él habrá visto mi indecisión, pero supo disipar mis dudas de la mejor manera posible: me dio otro beso. Fue un beso que me pareció duró horas, y cuando terminé me di cuenta de una simple y llana verdad: no me importaba que Diego tuviera un mejor cuerpo que Gerardo, no me importaba que la diferencia de edad fuera mayor con el hombre frente al que ahora estaba. Gerardo era el hombre con el que quería estar siempre al lado, era el rostro que quería disfrutar viendo el resto de mi vida.

-Me encantaría -le contesté perdiéndome en aquella mirada que en ese momento reflejaba la mayor alegría posible.

Éste es uno de los pocos relatos que lamento que solo sean una fantasía :) Espero que lo hayan disfrutado tanto como cada vez que yo lo leo

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Mi compañero de semestre

Me acosté boca arriba atrayéndolo hacia mí, tomando su pene con mi mano, guiándolo hacia mi vagina introduciéndolo hasta que él inició un meneo con su propio ritmo, en el proceso alcancé por lo menos dos orgasmos intensos, cuando ya no aguantó más llegamos los dos al mismo tiempo quedando exhaustos y cansados, pero satisfechos.

Cuarta semana de semestre, trabajos de investigación, trabajos en grupo, trabajos de taller, trabajos…trabajos…trabajos y también mi séptima semana sin novio y aunque la U. no me deja casi tiempo libre para pensar en el romance si siento la falta de pareja a la que venía acostumbrada y créanme que aunque cada uno de nosotros es un experto en el arte de la masturbación las sensaciones no son las mismas y la necesidad de un macho no hace más que rondarme la cabeza y todos los sentidos, como decimos por aquí: el verano está bien largo…

Me preocupaba que veía en cada compañero bonito o feo una pareja sexual para pasarla rico y por las noches me masturbaba pensando en uno u otro compañero imaginándome como sería el sabor de su pene en mi boca o la fuerza de sus embestidas mientras me penetraban con pasión y desaforo. Así que parte de la solución estuvo en el gym al que acudía cada dos días tratando de salir al máximo cansada y con ganas de dormir.

Por el contrario mis amigas no hacían más que pasarla de maravilla con sus novios y cada vez que salíamos juntas me sentía como florero mal parqueado y encima cada una no hacia más que presentarme al galán de ocasión que al final de la noche no hacia más que mandarme la mano a las tetas o la cuca y para colmo de males ninguno me inspiraba un mal pensamiento (que aunque a dieta, no me como lo primero que cae).

En la U. no me llamaba la atención ninguno de mis compañeros y para colmo de males me tocó de compañero de grupo el más tontarrón de todos, no es que sea feo, pero es el típico niño de mamá siempre bien vestido, el que nunca se queda después de clases por que tiene algo que hacer en casa, el que nunca se toma una cerveza (y no es que a mi me guste el trago) por que ese es plan para los vagos alcohólicos en fin la clase de tipo que a mi no me cuadraba. Físicamente es alto (1,86 cm.) de más o menos 70 Kg., ojos castaños oscuros, cabello siempre bien recortado y peinado y de cuerpo esbelto más nada fornido.

Como llegué tarde a clase un día (por estar chateando) me encontré que nos habían asignado a los dos en un grupo para un trabajo que incluía presentación en el tablero y por supuesto un informe detallado del tema. Le sugerí que nos reuniéramos en mi apto. el siguiente viernes para hacer el trabajo, pero él (después de sonrojarse hasta la raíz del cabello) prefirió que nos encontráramos en la biblioteca de la U. en las horas de la tarde ya que lo consideraba un sitio neutral (¡que tontera! Pensé), pero igual fui juiciosa a las 3:00 p.m. a su encuentro.

Finalmente no pudimos adelantar nada ya que los computadores estaban todos ocupados así que retiramos un par de libros y nos marchamos a mi apto. Empezamos a trabajar y empecé a notar que mi compañerito no hacía más que mirar mis senos y mi entrepierna de forma disimulada cada vez que tenía la oportunidad y aprovechaba toda oportunidad para rozar su antebrazo con el mío cuando estábamos revisando cualquier cosa en el computador lo mismo que sus rodillas contra las mías cuando había ocasión; mejor dicho me resultó un avión el muchachito.

Al rato me pidió prestado el baño y cuando salió para sentarse a mi lado venía con la cara roja nuevamente sin mirarme a la cara así que le pregunté que le pasaba, por que se comportaba de esa forma conmigo,

-¿Puedo preguntarte algo? Me dijo. -Claro, pregunta. -¿Tú usas esa ropita del baño? (me acordé que yo lavo mis calzones cuando me ducho y siempre los dejo colgados en la división del baño). -Sip. Son míos, ¿por qué, te molestan? -Noooooo, para nada, es que son bien pequeñitos y no puedo evitar pensar en cómo se te ven puestos… -Ja, ja, ja, pues como se le ven a cualquier mujer, ¿acaso tus hermanas no usan tangas? -¿Estás loca? Mi papá no se lo permitiría y yo solo tengo una hermana mayor.

-Pues si, yo los he visto juntos en la U. y te aseguro que ellas las usa, fíjate que en el jean no se le marca la ropa interior, ¡a no ser que no use! -¡Yo le conozco la ropa interior a mi hermana y se que no usa eso! -¿Ahora resultó fisgón también? ¿Le revisas los cajones a la hermana? ¿No me dirás que también te pones la ropita de ella? -¡Qué tal? Para nada, es que siempre me han causado curiosidad esas cosas en las mujeres.

-¿Y no le preguntas a tu novia? Mi pobre compañero no podía estar más rojo y a la vez temblando de nervios. -Yo nunca he tenido novia. -No te creo. Tú eres mayor que yo, debes tener 24 y ¿nunca has tenido una novia? -Aunque no me creas así es. Yo no tengo suerte con las mujeres nunca les puedo hablar sin sonrojarme o titubear; mejor dicho ¡soy una hueva completa! A lo que empecé a reírme como loca de verlo todo sonrojado y achantado; él se puso de pie y como pudo metió sus cosas entre el maletín y antes de que llegara a la puerta lo abracé desde atrás deteniéndolo.

-Espérate, ¿qué te pasa? -¡Yo no vine aquí para que te burles de mi! -No me mal interpretes, no seas bobo, es solo que siempre te he visto tan serio y tan sobrador que me sorprendiste con lo que me acabas de contar. Además cálmate que yo soy muy fresca y de aquí no sale nada de lo que hablemos.

Ya calmado me contó que la mamá lo sobreprotegía y por eso ninguna de sus amigas era aceptada en la casa y siempre las sacaba corriendo acosándolas por todo y que lo mismo le pasaba a la hermana aunque él si la había pillado manoseándose con el novio. En fin toda la confesión de su vida amorosa. Yo le conté sobre mi ex novio, de mi vida amorosa, mejor dicho dejamos de estudiar y al final de dos horas conocíamos todas nuestras intimidades y nuestros proyectos y todo de todo; muchos abrazos y todo lo cursi que pasa en estas situaciones, me sentía hablando como con una de mis amigas, no porque lo viera como una mujer si no por que me inspiraba esa confianza.

En fin, terminamos el trabajo como a las 8:00 p.m. y decidimos pedir una pizza a domicilio para cenar; nos sentamos en la sala y empezamos a hablar de bobadas haciendo tiempo y él cada vez con más descaro me miraba los senos o el culo cuando me paraba, pero no pasaba de ahí. No se por que decidí pasar a la acción y empecé a seducirlo con disimulo, parándome enfrente de él para alcanzar algún libro de la repisa dejando entre ver las tiras de mi tanga al empinarme y viendo de reojo como me devoraba mirando el jean entre mi entrepierna o mirando mi blusita cuando me agachaba para servirle la gaseosa y sin embargo nada lo hacía pasar a la acción.

Cuando llegó la pizza nos la devoramos en pocos minutos y cuando me iba a tomar mi gaseosa descuidadamente me la derramé encima de la blusa y del pantalón maldiciendo después y avisándole a mi compañero que me iba a dar un duchazo para no quedar pegajosa. Intencionalmente dejé la puerta de mi cuarto entreabierta de tal forma que con poco esfuerzo él pudiera verme mientras me desnudaba y me metía al baño, pero a la vez yo lo podía ver a él por el rabito del ojo por el espejo de la cómoda.

Me quité la blusa y el bra y dándole la espalda me bajé el pantalón y la tanguita mientras veía como él se ponía de pie y se metía la mano entre el pantalón para arreglarse el pene que en ese momento debía estar totalmente estrangulado en su entrepierna; a los pocos minutos lo llamé con la excusa de que me alcanzara una toalla del tendedero de la cocina y en menos de un minuto estaba tocando en la puerta del baño estirando el brazo para alcanzarme la toalla a lo que pícaramente le dije:

-¿Y qué? ¿No te das el duchazo conmigo? -¿En serio? -¿Tú que crees?

Mientras le decía esto me estaba lavando el jabón de la cara y cuando abrí los ojos él ya estaba enfrente mío totalmente desnudo; mi primera reacción fue la de cubrirme los senos con un brazo y con el otro mi sexo. Al ver esto él se atemorizó y trató de salirse pidiendo disculpas a lo que yo respondí estirando mi brazo reteniéndolo y abrazándolo por la espalda dejándolo sentir mis senos y mi cuerpo sobre su espalda; él se quedó muy quieto sin saber cómo reaccionar mientras yo lo abracé pasando mis manos por su pecho, acariciando sus hombros mientras le besaba el cuello y la nuca mientras el gemía de placer y un temblor invadía su cuerpo.

Seguí bajando mis manos por su pecho hasta llegar a su vientre para encontrarme con su miembro totalmente erecto y palpitante, el cual acaricié bajando su prepucio y apretando su glande con la punta de mis dedos sintiendo como reaccionaba inflándose después de cada apretón. Acaricié sus testículos mientras él colocó sus manos contra la pared disfrutando de mis caricias.

-Dime que tengo que hacer Sandra, enséñame por favor. -¿Qué tal? ¿Ahora yo de profesora?

Le di la vuelta para que nos fundiéramos en un beso y poco a poco penetré su boca con mi lengua y jugueteamos no se cuanto tiempo con nuestras bocas mientras le puse sus manos en mi cola para que me la apretara meneando nuestras caderas al mismo ritmo sintiendo su verga sobre mi vientre subiendo y bajando lentamente controlando sus movimientos con mis manos sobre su cadera.

Duramos un buen rato en este juego hasta que él con su mano subió una de mis piernas de tal forma que lo abrazara sobre su cintura dejando que su pene quedara a la entrada de mi vagina y al adivinar sus intenciones lo detuve; espérate un poco, le di la vuelta nuevamente haciendo que apoyara sus manos sobre la pared y ubicándome a sus espaldas abrazándolo desde atrás para morder su cuello, colocando una de mis manos entre sus piernas para acariciar sus testículos mientras con mi otra mano lo empecé a masturbar agarrando su verga con cuatro dedos por delante y el dedo gordo por detrás (así me enseñó mi novio)

Él solo gemía de placer empezando a aumentar el movimiento de sus caderas al ritmo de mis dedos en un aprieta y afloje hasta que ya no pudo contenerse más y se vino con un chorro caliente de semen que se estrelló contra la pared, entonces puse mi mano en su glande para sentir esa leche caliente saliendo de su volcán y recibirla esparciéndola sobre todo el tronco de su pene en un menear de arriba hacia abajo hasta que ya no salió nada más. Cerré la ducha y cogidos de la mano salimos del baño para pasar a mi cama; él quedó cansado y se recostó mientras yo secaba su cuerpo con la toalla.

-¿Te gustó? -¡Es lo mejor que me ha pasado en toda la vida! -Que rico que te haya gustado, me encanta ser tu primera vez y espero que nunca lo olvides.

El empezó a adormilarse por lo que me apresuré a secarlo notando que su pene no había perdido la erección del todo, entonces me agaché sobre su verga acariciándola con mis manos, subiendo y bajando su prepucio hasta que recobró su erección totalmente notando que el forro no le cabria totalmente en su glande. Entonces le di un beso suave con mis labios en su glande a lo que él respondió con un gemido apagado tomando mi cabeza con una de sus manos obligándome a permanecer en esa posición. Bajé con la punta de mi lengua por todo su tronco hasta sus pelotas jugueteando con ellas y nuevamente subí hasta su glande introduciéndolo suavemente en mi boca sintiendo su palpitar, sintiendo su sabor y disfrutando del momento.

Empecé a succionarlo masajeado su tronco de arriba hacia abajo y con mi otra mano masturbándome yo misma, ya que él no tomó la iniciativa hasta que en pocos minutos sentí nuevamente su excitación con el aumento del ritmo de sus caderas y la tensión de los músculos de sus piernas entonces empecé a consentir la punta de su glande con la punta de mi lengua hasta que alcanzó otro orgasmo salpicando mi cabello con su semen ya que no me alcancé a quitar, cuando levanté mi cara para verlo estaba completamente cubierto en sudor con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados con un gesto de placer indescriptible.

Me puse de pie y fui caminando al baño para lavar mi cabeza y al regresar él estaba sentado en el borde de la cama esperándome, me acerqué caminando despacio y mirándolo a los ojos hasta que desvió su mirada a mi sexo; me paré enfrente ofreciéndole mi raja para que no le quedara duda de la geometría femenina.

Tomé su cabeza con mis manos y lo atraje sin mucha resistencia hacia mi rajita a lo que él empezó a besar mientras que con sus manos apretaba mi culo pegándose literalmente contra mi sexo, como sabes de rico me decía, ¡no me imaginaba un sabor así! Chupaba, lamía y se notaba su inexperiencia, pero lo dejé hacer a su antojo hasta que me hizo alcanzar un orgasmo delicioso.

Entonces lo atraje hacia mi cara y lo hice acostarse sobre mí separando mis piernas para recibirlo y a la vez bajando su rostro a la altura de mis tetas pidiéndole que me las besara y me las mordiera cosa que hizo de inmediato sin necesidad de repetírselo, pude sentir su erección sobre mi muslo y separándolo un poco busqué en mi mesa de noche los condones entregándole uno, él procedió a abrirlo colocándoselo al revés por lo que el látex no podía bajar por su pene, entonces se lo quité colocándolo como debe ser con mis manos y asegurándome que lo cubriera totalmente.

Me acosté boca arriba atrayéndolo hacia mí, tomando su pene con mi mano, guiándolo hacia mi vagina introduciéndolo hasta que él inició un meneo con su propio ritmo: suave al principio y después de unos minutos incontrolables, hasta que tuve que calmarlo para disfrutar un poco más del momento. No puedo negar que en el proceso alcancé por lo menos dos orgasmos intensos y al final cuando ya no aguantó más llegamos los dos al mismo tiempo quedando exhaustos y cubiertos de la mezcla de nuestros sudores, cansados, pero satisfechos.

De esto ya han pasado varias semanas y aunque seguimos viéndonos en la U. no ha vuelto a ocurrir nada nuevo.

Espero que les guste. Un beso.

Autora: Sandra

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Historia real con una mujer madura

Metí mi cabeza entre sus piernas, la mordisqueé los muslos, pasé mi lengua por su rajita y con los dedos separando sus labios metí la lengua, y después  en su clítoris. La situación era deliciosa, yo estaba muy motivado y ella con su mano me oprimía la cara contra su coñito. Se incorporó, me la chupó, bastante bien por cierto, no podía más, saqué un condón, me lo puse y me puse sobre ella.

Hola, por fin me decido a empezar mi relato. De vez en cuando me gusta leer relatos eróticos, sobre todo aquellos que son factibles, nada de esas fantasías raras y que solo son posibles en la mente del autor. Yo como no tengo mucha imaginación, me limitaré a contar mis vivencias personales, ni más ni menos, eso sí, puede que los nombres que aparezcan en el relato no se correspondan con los reales, pero bueno, supongo que los nombres aquí es lo de menos.

Este relato tiene dos personajes protagonistas, yo, que ahora tengo 24 años, pero los hechos que les contaré datan de hace 2 años.  Yo tenía 22 y ella… 40 por aquel entonces.

¿Cómo nos conocimos? Muy típico, hablamos por el chat de nuestra ciudad, la agregué al Messenger y seguimos charlando sobre nosotros, la envié mi foto… -“Que chico tan guapo” me dijo, no la creí, ella me envió su foto, no estaba mal, pero bueno, no lo di mayor importancia, una foto de tantas como las que te mandan por el Msn.

Tardé un tiempo en volver a hablar con ella, unas semanas creo recordar, y desde ese día hablamos un poco más seguido, nos contamos nuestras cosas intimas, etc… Está casada, tiene un hijo de 10 años y un trabajo bien pagado en una importante empresa, y hablando, hablando, pensamos a ambos nos apetecía conocernos en persona, y tal vez, algo más. Pues así fue, en unos días allí estábamos frente a frente, la verdad que la situación no fue para nada tensa, y ese día hablamos frente a una taza de café, fue una conversación cordial. Rubia, pelo por los hombros, unos ojos castaños, estaba rellenita, pero bueno, a mí nunca me importaron unos kilitos de más, de pecho andaba bastante bien, la verdad que cuando la vi, me dije, si, me apetece acostarme con ella.

Quedamos algún día más a tomar algo y si, a ambos nos apetecía pegar un polvo, el problema es que no había un sitio propicio para ello.

Un día me propuso que la acompañase a unos recados en coche, y yo, pues sí… fui, y bueno, la cosa se empezó a calentar, así que mientras conducía por la carretera… la subí como pude la falda, le aparté el tanga y la empecé a meter un dedo, dos, estaba muy mojada, y cuando me quise dar cuenta había parado el coche en una trasera de una urbanización, la verdad, a mí aquello no me daba buen rollo, me daba la impresión de que alguien podía aparecer en cualquier momento, pero, nos miramos, nos empezamos a besar, meter mano y me dijo si me apetecía follar, no lo dudé, y dije, “claro”, “pues vamos a la parte de atrás”.

Afortunadamente era un todo terreno, ella se tumbó, la desabroché la camisa y le subí los pechos por encima del sujetador, se alzó la falda y disfruté quitándola el tanga, bueno, no se lo quité del todo, lo dejé en un tobillo… sin pensarlo dos veces metí mi cabeza entre sus piernas, la mordisqueé los muslos, pasé mi lengua por su rajita y con los dedos separando sus labios metí la lengua, y después me entretuve en su clítoris… puff. La situación era deliciosa, yo estaba muy motivado y ella con su mano, me oprimía la cara contra su coñito. Se incorporó, me la chupó, bastante bien por cierto, no podía más, saqué un condón, me lo puse y me puse sobre ella…

Mis labios chupaban sus pezones, mordisquitos, Mmm, y se la metí, y empecé a moverme sobre ella, la verdad es que estaba realmente con ganas, no tardó mucho en correrse, yo sin embargo seguí…y a ella la gustaba. Sin pensarlo más la dije que se diera la vuelta, que se pusiese a cuatro patas, que me apetecía darle por el culo, se que a ella por detrás no le gustaba mucho, así que no estaba convencido de que se dejara, pero no dijo nada, se puso con el culo en pompa y con la cabeza pegada al asiento. Le comí el culito durante un rato, metí un dedo, la puse saliva, dos dedos, y creo que estaba lista para admitir mi pene, y así fue, no costó mucho el meterla, delicioso, estuvo un buen tiempo en esa posición hasta que no pude más, me corrí increíblemente, fantástico, nos abrazamos y besamos, pero…pasada la pasión del momento pensamos que tal vez lo más recomendable sería salir de allí.

Me dijo que había estado muy bien, que no disfrutaba así con su marido, y que le dolería el culo unos días, que no estaba acostumbrada a un pene de ese grosor, y por eso la dolió un poco, pero que aun así la encantó. Se me olvidó un dato, un dato importante que dota de morbo a todo el polvo, yo tenía una cámara de fotos digital y ella me dejó hacerla fotos en todas posiciones… (No, no me pidan las fotos, porque como es obvio no las voy a mandar, tengo su permiso para publicar esto, pero no para enviar las fotos)

Y esta fue el primero de muchos otros encuentros que si lo desean les seguiré contando, la verdad que ese día fue genial, pero poco a poco fuimos probando cosas nuevas en nuestra relación…ya lo contaré.

Autor: Ano Nimes

Goza con un buen video, clica aquí. http://www.videosmarqueze.com/ y lo guardas en tu PC.

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Que rico es el sexo sea como sea

José trataba de penetrarlo, cuando lo penetró Juan nos pidió detenernos y mantener la verga toda adentro del otro, nos pidió apretar el culo y a la vez apretar la verga dentro del culo en cuestión, que riquísimo fue eso yo sentía riquísimo, estar penetrado con toda una verga muy rica dentro de mí y sentir a la vez como el culo que albergaba mi verga se apretaba muy rico.

Hola amigos, aquí estoy de nuevo ya tenía un tiempo sin escribirles, pero había estado casi sin actividad, bueno sin actividad de la que me gusta a mí, les mando otro relato que al igual que los anteriores se desarrolla en el metro de la ciudad de México (divino transporte), este me ocurrió apenas ayer.

Salí algo ya tarde de la oficina y me dirigí a el metro Viveros, al llegar vi que ya había muchísima gente esperando su llegada, al llegar este no venía con tanta gente, pero al terminar de subir la gente en esta estación el vagón se llenó por completo yo fui a dar hasta adentro del vagón casi pegado a la puerta posterior solo quedó un hombre como de 28 años detrás de mí, pero sin quedar muy pegados el metro empezó su andar y de inmediato sentí como el tipo que había quedado frente a mi dándome la espalda me empezó a repegar su trasero, poco a poco mi verga se fue poniendo a todo lo que da y él empezó un rico movimiento restregándome su rico culo por encima de ella, yo venía con las manos libres pues quedé lejos de algún tubo como para poder sujetarme, llevé mis manos a su cintura y lo agarré y empecé a jalarlo hacia a mí como si lo estuviera penetrando y él me restregaba el culo más rico.

En la siguiente estación bajó algo de gente y el aprovechó para girarse y quedar de frente a mi y al subir la gente de esa estación volvimos a quedar apretadísimos aún más que antes, él enseguida buscó mi verga con sus manos me la sobaba muy rico por encima de mi pantalón y yo solo cerraba los ojos disfrutando de eso, un caballero que iba a un costado mío se dio cuenta de esto porque vi que no retiraba su mirada de nosotros y me empezó a repegar su verga en una pierna, se sentía muy rico y me súper excité más.

Llevé mi mano hacia la verga de este caballero y se la empecé a sobar muy rico, se sentía de muy buen tamaño, estuve solo algunos segundos así y después le bajé el cierre y metí mi mano adentro de su pantalón y la tomé, me sorprendí al ver que no usaba ropa interior, pero lo agradecí porque esto facilitó mi trabajo, lo masturbaba muy rico dentro de su pantalón y agarraba su cabeza  sintiendo como ya estaban sus jugos saliendo de ella, entonces el metro se detuvo en el túnel y nos dio tiempo para disfrutar más aún, el de enfrente ya había bajado mi cierre y tenía mi verga ya afuera de él y me masturbaba muy rico yo al ver esto hice lo mismo con el señor al que estaba masturbando y se la saqué, bajé un poco la mirada para verla y se la seguí sobando muy rico, yo estaba casi a punto a terminar  y para no hacerlo me hice hacia atrás quitándole mi verga de sus ricas manos, pero al hacerme hacia atrás me pegué a él que estaba detrás de mí y la idea me gustó y empecé a restregarle mi culito al de atrás, este se dio cuenta y se quedó quietecito y yo sentí como le crecía su verga al entrar en contacto  con mi culito.

El metro reanudó su viaje y aproveché para dejarle ir todo mi peso en su rica verga y sentí como él me sujetó por la cintura y me jalaba hacia él y yo sentía su verga exactamente en mi culito y me le dejaba ir con todo, el chico de enfrente ya había tomado de nuevo mi verga, pero ahora me masturbaba más tranquilito, más rico, el tipo de el costado se peleaba mi verga con él y yo para no llamar la atención se la di al tipo del costado y busqué la verga de el chico de enfrente y se la saqué y lo masturbé muy rico, así estuvimos hasta que llegó la estación Balderas cada quien guardó su verga y para sorpresa mía también bajaban ahí, el tipo de al costado me preguntó mi nombre y que si tenía tiempo me invitaba a un lugar, pero el chico de enfrente me pidió irme con él, estaba decidiendo cuando el tipo que quedó detrás de mí se unió a nuestra plática y nos preguntó si queríamos tener acción, yo le dije que si los demás también y nos pidió esperar unos minutos al regresar él nos llevó a una entrada de servicio de la estación entramos y él cerró con llave desde adentro.

Para nuestra suerte él es un trabajador del metro y le prestaron llaves de ese lugar, al estar ya adentro todos sacamos la excitación que habíamos tenido controlada en el vagón, el chico de enfrente se llama Juan, él se agachó, me sacó la verga de inmediato y se puso a chuparla muy rico, la metía y la sacaba de su boca muy rápido y le pedí que lo hiciera más despacio y accedió, se la sacaba y lamía mis bolas muy rico, mientras el señor del costado, de nombre Esteban, me quitaba la camisa y me besaba todo el cuerpo y el trabajador del metro, de nombre José, me quitaba el pantalón y me apretaba las nalgas y me picaba mi culito.

Yo estaba en la gloria pues era atendido por todos lados pues José ya me mamaba el culito muy rico y me metía su lengua hasta a donde llegara, ellos también se empezaron a desnudar yo aproveché para sentarme en un sillón y Juan se fue a arrodillar ahí y me la siguió mamando Esteban se subió a el sillón y me puso su verga en la boca, al fin después de algunos meses de no probar una verga tenía una enterita para mi, se la agarré y metí la cabeza en mi boca la empecé a chupar como si fuera un caramelito estaba riquísima empecé a meterla más a la boca hasta que la metí hasta donde me cupiera y le agarraba sus nalgas y lo jalaba hacia a mí y lo retiraba, pero también aproveché para abrirle sus nalgas chuparme un dedo y metérselo en su culito, Juan me la seguía mamando muy rico y escuché que empezó a gemir muy rico y a decir – así, así papito, así – entonces retiré un poco a Esteban y vi que José ya le estaba mamando su culito y gemía muy rico

De pronto José levantó a Juan y se lo llevó y lo inclinó en un escritorio le puso su verga en la entrada de su culo y se la empezó a meter muy rico, Juan solo gemía y pedía más, pedía todo y José se lo dio todo y empezó un tremendo mete y saca riquísimo Esteban y yo nos quedamos viendo y nos acomodamos en el sillón para un riquísimo “69” yo mamándole su verga no dejaba de picarle su culito y él a mí estuvimos como 5 minutos así y Juan y José seguían en lo suyo, yo me levanté y fui a donde ellos y me puse a ver como le entraba y le salía a Juan la verga de José, al estar cerca de este me agarró la verga y me la empezó a sobar mientras Juan gemía y pedía más.

Esteban llegó por detrás de mi y me empezó a mamar el culito y me  metía un dedo muy rico, se levantó me pidió acostarme en el sillón se ensalivó la verga y me la quiso meter pero le pedí que usara condón, pero para mi sorpresa ya lo tenía puesto entonces lo dejé seguir y me la empezó a meter, su verga era como de 17 cms., pero delgada y no me dolió mucho cuando estuvo toda adentro de mi, escuché los gemidos de José que estaba apunto de terminar dentro de Juan y Esteban aceleró más su movimiento, pero lo detuve para poder ver a José terminando dentro de Juan, me levanté y fui a donde ellos le di mi verga a Juan que la empezó a mamar como desesperado y Esteban me volvió a llegar por detrás y me la volvió a meter toda, sentía sus bolas chocar en mis nalgas mientras José solo nos veía sentado en el sillón.

Alcancé mi cartera y saqué un condón me lo puse y Juan entendió se dio media vuelta y me dejó su culo a mi entera disposición y se la metí de golpe, entró todo de una sola estocada, imagínense la imagen yo penetrando a Juan y Esteban metiéndomela toda, pero yo masturbando a Juan, yo entraba y salía de Juan como desesperado cuando escuché que Esteban pedía cuidado, al voltear vi ya repuesto a José tratando de penetrarlo, cuando lo penetró Juan nos pidió detenernos y mantener la verga toda adentro del otro, nos pidió apretar el culo y a la vez apretar la verga dentro del culo en cuestión, que riquísimo fue eso yo sentía riquísimo, estar penetrado con toda una verga muy rica dentro de mi y sentir a la vez como el culo que albergaba mi verga se apretaba muy rico y fue así como terminé, cuando gemía y echaba mi lechita en el condón Juan se separó de mi y me la limpió muy rico tragándose toda mi leche.

Esteban no se acomodaba muy bien para venirse y me la sacó y terminó masturbándose y echándolos en el suelo y José si terminó dentro de él, quedamos exhaustos, pero de inmediato me metí a el bañito de ese cuartito y me lavé, salí y me vestí solo José no se vistió por completo pues se iba a quedar hasta media noche los demás nos vestimos y nos salimos de ahí no sin antes quedar para otra ocasión nos despedimos y cada quien agarró su camino y así amigos es lo que acabo de vivir apenas este 5 de enero y la verdad que mejor forma de empezar el año o ¿no lo creen?

Espero sus comentarios y me pongo a su completa disposición por si alguien tiene en mente una pequeña orgía y que me invite a ser parte de ella.

Autor: Mister

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Una chica normal

Todo el tiempo pensaba que estaba totalmente desnuda debajo de la bata de trabajo, normalmente llevaba alguna ropa ligera, pero ese día sólo llevaba las bragas y mira donde habían terminado. Me excitaba de pensar que se me abriera la bata de repente y desconocidos saltaran sobre mí para follarme, fantasías por supuesto. Pero después de la experiencia que había tenido todavía quería más.

Nunca he destacado por la calle por ser una chica 10. De esas que levantan más que pasiones cuando andan por la calle. A lo más, algún que otro piropo perdido por parte de algún obrero viejo y feo, una vez que se me levantó el vestido con el viento…

No, yo soy una chica normal y corriente, tirando a bajita y morena. No estoy gorda, pero tampoco tengo un cuerpo estilizado. De cara soy normal, ni guapa ni fea, para gustos se hicieron los colores, ¿verdad? He tenido varias relaciones con varios chicos, antes de que me pasara lo que os voy a contar, pero muy normales, no creo que destacara mucho en la cama ni cosas de esas. Cuando salgo con mis amigas, tengo éxito, es cierto, pero más porque suelo caer bien a los chicos que porque sea un bellezón.

Trabajo en un supermercado en una ciudad del País Vasco, pero no voy a dar más datos, perdonadme, porque no quiero que nadie se llegue a dar cuenta de quién soy. En ese momento tenía 23 años y estaba saliendo con un antiguo compañero de instituto, nos habíamos encontrado un día en un bar de copas, nos enrollamos esa misma noche y empezamos a salir más o menos formalmente. Vamos, yo le consideraba mi novio y él me consideraba su novia. Llevábamos así más de un año. Yo acababa de terminar en la universidad, y como tampoco había destacado muchísimo en los estudios (soy así de normal), me había buscado un trabajillo donde fuera, mientras que estudiaba idiomas e informática, en fin, para completar estudios, ya sabéis…

Como ya he dicho, encontré trabajo en un pequeño supermercado, ni siquiera en un hipermercado o algo así. Me pusieron a trabajar primero de reponedora, pero finalmente, como se me daba bien la gente el jefe se decidió a ponerme de cara al público en la sección de congelados. El trabajo era sencillo y no me mataba de cansancio. Ayudar a los clientes a echarse lo que compraran en las bolsitas, pesárselo, cerrar la bolsa, ponerle una etiqueta con el precio y había terminado con ellos. También reponía lo que se acabara, hablaba con el almacén, llevaba el recuento… Vamos ese tipo de pequeñas cosas.

En general, la vida era bastante aburrida, durante el día sólo veía marujas y por la tarde-noche iba a mis clases (dos horas cada día), a veces me iba para casa y otras veces mi novio venía a buscarme, cuando podíamos echábamos un polvo rápido, a veces se la chupaba (ya se lo había hecho a otros), pero tampoco lo hacía con demasiado entusiasmo y jamás le había permitido que se corriera en mi boca. Él tampoco es que fuera una maravilla, la mayor parte de las veces terminaba, casi antes de que yo hubiera empezado. Pero como yo tampoco había tenido muchas experiencias en mi vida, casi me había acostumbrado a que fuera así. Me gustaba, pero parecía que siempre me quedaba a medias y muchas veces, después en casa tenía que masturbarme para poder dormir tranquilamente. No me hacía preguntas, ya había entrado en la rutina. No sabía que las cosas iban a dar ese giro, la verdad.

El día que empezó todo yo estaba en los congelados, como cada día, atendiendo a una señora que nunca se acababa de enterar de cómo funcionaba esta historia. Cuando un hombre llegó. Al principio ni siquiera miré hacía él. Sólo cuando el hombre tropezó con una caja le miré a los ojos… ¡qué mirada! Me miró tan fijamente que parecía que entraba dentro de mi cerebro y me leía los pensamientos, me humedecí al momento y mis pezones se pusieron duros (casualmente se día no me había puesto sujetador y se notaban a través de la bata de trabajo). Aparté mi mirada y me ruboricé, pregunté si se había hecho daño, mientras él se disculpaba por haber tirado la caja al suelo, con su ayuda la levanté y de paso pude observarle bien, me sorprendí de que un hombre así me hubiera excitado, era tan normal como yo.

Tendría casi 40 tacos y se le notaba un poco la barriga, estaba afeitado y de cara era normal, supongo que de joven no se le darían las chicas ni bien ni mal, no sé por qué me imaginé que estaba casado. Sus ojos, eran marrones, tan normales como los que más y sin embargo, cuando me miró de nuevo, mis pezones volvieron a ponerse duros. Él me miró los pezones y yo, roja como un tomate, me di la vuelta un poco y le pregunté si podía ayudarle en algo, el hombre tartamudeó un poco, estaba tan nervioso como yo. Diciendo que no, me dio las gracias y se marchó. Me quedé en medio del pasillo, más caliente que una perra en celo y me puse a recoger unas cajas. No podía concentrarme, así que pensé que lo mejor era hacer como la mayoría de las veces cuando acabo con mi novio, ir al baño y masturbarme. Le pedí a un compañero que se quedara mientras iba al baño y me fui a la parte de atrás.

Mis pezones, se iban poniendo cada vez más duros sólo pensando en aquel hombre que había despertado mis instintos. Cuando estaba cerca del baño, y al estar sola, comencé a acariciarme los pezones. Y hubo un momento que puse mi mano en mi entrepierna, cuando oí un ruido, de nuevo me ruboricé, cuando vi que era uno de los repartidores. Me di la vuelta para meterme al aseo y no sé por qué lo hice, pero me desabroché en un segundo los dos botones superiores de mi bata de trabajo. Como ya he dicho, ese día no llevaba sujetador y con los pechos erectos como los tenía me acerqué al repartidor, preguntándole si quería ayuda, según andaba notaba que mi bata se abría y cerraba dándole una visión bastante buena al chico que había abierto la boca mientras me decía en voz muy bajita que no necesitaba ayuda.

– Yo creo que sí la necesitas. Y cierra la boca, que te van entrar moscas…- Le dije, con una sonrisa. El no podía apartar la vista de mis pechos.- Sólo tengo que coger esa caja-, dijo agachándose.

Me las arreglé para inclinarme lo suficiente para que él tuviera una buena visión. Su pene había comenzado a aumentar sus dimensiones. Cuando él se levantó con la caja en las manos, le roce suavemente el paquete y a él se le cayó de las manos la caja. Es que era un chico muy joven, 18 años y acababa de entrar en la empresa. Era la primera vez que yo le veía, pues no siempre venían los mismos. Le pedí perdón por haberle tocado y me respondió poniendo una de sus manos en una de mis tetas, como con miedo. Yo no hice nada, así que se animó y me cogió la otra. No me creía que pudiera estar haciendo aquello, pero todo se disparó. Comenzamos a besarnos como si fuera lo último que hacíamos en nuestras vidas. Entonces yo le saqué la polla del pantalón y me arrodillé a chupársela, como nunca había hecho en mi vida. Casi explota allí mismo, aunque me di cuenta y no quise quedarme así, teniendo que masturbarme al final… Le cogí de la camiseta y le metí en el baño. El se sentó en la taza y yo, apartándome un poco la braga me metí su polla hasta el fondo, estaba teniendo un orgasmo.

No me lo podía creer… Y seguí subiendo y bajando, pidiéndole que se aguantara. Entonces él me levantó, con fuerza, sin miramientos y me dio la vuelta, me la metió por detrás como si fuera una perra y cómo lo estaba disfrutando, gemía sin parar, sin control, hasta que el chico estalló en mí, sin control ni nada, menos mal que tomaba la píldora y ni siquiera pensé en enfermedades. Me dejó las bragas destrozadas, y le dije que se largara y que no quería verle más. Yo me lavé como pude y tiré las bragas envueltas en mil papeles a la papelera. Sólo de pensar que alguien me hubiera visto en esa situación me daba vergüenza… Volví a mi puesto de trabajo, diciéndole al jefe que no me había encontrado muy bien y que por eso había tardado tanto. Me dijo que me fuera a casa, pero no quise. Esto acababa de empezar. Todo el tiempo pensaba que estaba totalmente desnuda debajo de la bata de trabajo, normalmente llevaba alguna ropa ligera, pero ese día sólo llevaba las bragas y mira donde habían terminado…

Me excitaba de pensar que se me abriera la bata de repente y desconocidos saltaran sobre mí para follarme, fantasías por supuesto. Pero después de la experiencia que había tenido todavía quería más. Miraba mis compañeros de trabajo, pero decidí que no, luego empezaban las habladurías y no era plan… Seguí trabajando y llegó un cliente que compró dos cajas de determinado producto. Allí sólo tenía una, así que le dije que iba al almacén por la otra y él me dijo que mientras tanto pagaría. Puse las dos cajas en un carrito y le dije que se lo llevaba a su coche. El hombre, este sí que era barrigudo y viejo, me dijo que lo tenía aparcado en el garaje más próximo. El tío no me excitaba en absoluto, ni siquiera había pensado en el sexo con él, así que le acompañé. Cuando estábamos llegando, el hombre iba detrás de mí, el carro chocó un momento con una piedra de la carretera y se paró por un segundo. Eso bastó para que yo frenara en seco y el hombre chocara contra mí, mi culo tocó su paquete y durante esos dos segundos, yo se lo froté.

Pensé al momento, ¿pero qué hago? Y seguí mi camino, al entrar en la oscuridad y lo anterior, me desabroché el botón de la bata y caminé moviendo mis caderas delante del hombre. Sabía que el tío me miraba y no se lo podía creer, tendría como 60 años. Al meter las cajas en el capó del coche me incliné lo suficiente para darle una vista esplendida de mis tetas. Me estaba poniendo a cien, ya no podía parar. Al acabar, hice lo anterior, cuando iba delante me paré en seco, él chocó contra mí y yo me incliné a atar mi zapatilla, rozándole increíblemente. Su polla empezaba a crecer, era ahora o nunca. Me di la vuelta y me abrí la bata, el viejo, con los ojos fuera de las órbitas, me tocó el duro pezón con la mano y como le dejé comenzó a chupármelo mientras yo buscaba su polla. Joder, que grande la tenía el cabrón y le estaba creciendo rápido para ser tan viejo y decrepito. Se la manosee y le dije que me la metiera ya, que no podía más.

Entonces me di cuenta, en el coche había otro viejo, que acababa de abrir la puerta para ver mejor el espectáculo. Le hice señas para que se acercara y mientras le decía al otro que me la metiera mientras me ponía a cuatro patas sobre el suelo. El otro viejo llegó y comenzó a chuparme las tetas, era increíble, me estaba follando dos viejos y me estaba gustando. Le saqué la polla al otro, era más pequeña y me la metí en la boca mientras el otro me follaba sin descanso, me lo estaba pasando genial. Luego cambiaron y me puse a cabalgar sobre el viejo al que se la había chupado mientras el primero me tocaba y chupaba las tetas sin descanso.

El viejo se corrió justo en el momento en que íbamos a hacer otro cambio, pero lo hizo fuera de mí, el viejo que me chupaba las tetas, tomó rápidamente su lugar y me folló como un loco, estaba sobre mí, desenfrenado, pensé que igual le daba un ataque al corazón, ponía los ojos en blanco y se le estaba cayendo la baba y yo estaba teniendo otro orgasmo… Era increíble, con dos viejos asquerosos, hasta que también se corrió, mierda, otra vez dentro de mí, pensé que tenía que coger condones por si acaso, a este paso…

Los viejos se montaron en el coche, me dejaron una toalla para limpiarme y me dieron besos en las tetas antes de irse, prometiendo volver en un tiempo… Uno de ellos se metió la mano al bolso y sacó dos billetes de 100 euros, ¡joder con los viejos! Encima me había tomado por una puta. Y eso, sin querer hizo que me excitara. Arrancaron el coche y se marcharon, yo estaba otra vez con mi bata puesta y me dirigía a la salida, cuando me vio el vigilante, este si estaba bien, era alto y con músculos, aunque no le veía bien la cara. Estaba oscuro. Le conté que había venido ayudando a un cliente, llevaba el carro conmigo. Me dijo que muy bien, pero me dijo que no volviera a entrar sola, porque a veces entraba gente que él no controlaba y era peligroso por la oscuridad, etc. Estaba caliente otra vez y tuve la idea de buscar el peligro, algo que al momento olvidé, tampoco estaba en ese plan.

Llevaba la bata medio desabrochada, el guardia se dio cuenta y como no aparataba la vista de mis pechos, me abroché al momento, pidiéndole perdón recatadamente. El me dijo que no pidiera perdón, si a él le estaba haciendo un favor. Me reí… y sin querer le dije que podía hacerle más si él quería… ¡Joder! Pero qué me pasaba, yo nunca he sido así y ahí estaba diciéndole a un tío que me follara allí mismo, hice ademan de irme, pero el chico me cogió de un brazo. Y me beso, uf… Me puse a mil otra vez, y nos lo hicimos allí mismo, esta vez afortunadamente con condón, pero este tuvo muchísimo más aguante… Me dijo que me esperaba a la salida del supermercado, pero cuando volví adentro me lo pensé mejor, para novios ya tenía el mío, ahora quería vivir. Me cogí un paquete de condones de la estantería y le pedí a mi jefe que me dejara salir media hora antes. El día no había terminado y menos la semana.

Autora: Jade

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