Mi querida criada

María había despertado en mí una incontenible necesidad de sexo y mi pasión por la autosatisfacción me pedía pajearme sin cesar, pero procuré calmarme. El agua fría de la ducha me calmó, y poco a poco me fui relajando, en menos de 24 horas había tenido dos sensacionales vivencias, las braguitas de María y, más que mi exhibicionismo, el voyerismo de Silvie, el descubrir que mi vecina gustaba de verme y que lo había disfrutado a la descarada, sin tapujos, sin inhibiciones, presenciando estoicamente, como me corría ante ella.

Este relato es verídico en todo su contenido. Sólo he cambiado los nombres para guardar la intimidad de los personajes que intervienen. Ocurre en Tenerife – Puerto de la Cruz. Entre los años 1996 y 2002.

Empezó a trabajar en mi casa cuando apenas tenía 18 años. No voy a dar su nombre verdadero pues no quiero perjudicarla, la llamaremos María. Ahora es una mujer casada, madre de 2 hijos y lamentablemente ya no trabaja para mí. Dejó de estar a mi servicio hace cuatro años. Nadie me cuidó como ella y nadie me ha dado tanto placer como ella. Nunca podré agradecerle tantas horas de lujuria como me hizo pasar.

Todo empezó cuando me divorcié de mi mujer, hace ya ocho años. Ana Rosa, que así se llama mi ex mujer, decidió separarse de mí. Hacía ya tiempo que lo nuestro no funcionaba. Hacía 17 años que me veía forzado a correrme “fuera” de ella cuando follábamos y eso fue apagando mis sentimientos de deseo hacia ella.

Yo siempre fui aficionado a masturbarme. Mi primera “paja” se pierde en los recuerdos, en mi casa de Sarriá en Barcelona. Me “pajeaba” en todas partes. En el baño, en el jardín escondido tras los grandes geranios que tan esmeradamente cuidaba mi madre, en el WC de la escuela. Pero todas las noches en mi cama. Era allí, en la intimidad de mi dormitorio donde mis fantasías se desbocaban. No soy homosexual, pero de siempre me ha gustado meterme toda clase de objetos por detrás: Plátanos, pepinos, huevos, bolas, collares, cadenas, toda clase de juguetes sexuales que pueda introducirme mientras me masturbo y últimamente me he especializado en enemas, sobre todo en los días en que estoy súper-caliente y en los que no paro, durante horas, de darme toda clase de satisfacciones sexuales que me calmen el fuego que me consume.

Me paso horas con la polla tiesa dándome gusto. Recuerdo que durante un buen tiempo de mi juventud, solía envolverme el pene con un pañuelo, me metía la almohada entre las piernas y me la follaba como loco, hasta correrme. Mis lechadas eran tan abundantes que todo el pañuelo quedaba totalmente empapado de semen. Un día la criada que teníamos me dijo: “Eres un machote, hay que ver cómo me pones los pañuelos”. Pero de ahí no pasó la cosa. Siempre he sido muy tímido a la hora de dirigirme a las mujeres. Os explico eso pues va relacionado con mi separación y todo lo que después ha ocurrido.

Como reacción a la negativa de mi mujer a que me corriera dentro, pues ella no quería tomar la píldora y yo no soporto el látex de los preservativos, comencé a masturbarme de nuevo a diario, pues me proporcionaba mayor placer una buena paja que el follar pensando que debía sacarla a tiempo para no dejar gota en su interior. Cuando mi mujer se iba a acostar, yo buscaba cualquier pretexto para quedarme “un rato más”. En cuanto me cercioraba de que ella dormía, buscaba un canal porno en la TV, me despojaba de los pantalones y a “pajearme” durante un buen rato. Me corría en el slip que luego dejaba en el cesto de la ropa sucia. Hacía años que teníamos a María como sirvienta y, supongo que María, cuando seleccionaba la ropa para lavarla encontraría bien mis corridas frescas o ya acartonadas. Mi mujer le exigía que lavara nuestra ropa íntima por separado y eso la obligaba a seleccionarla y consecuentemente a ver mis lechadas en todos y cada uno de mis slips, por lo que supondría que algo raro ocurría. (Más tarde supe que así era y que ello influía en su estado de ánimo, excitándola).

Más o menos un año antes de separarme de mi mujer y cuando por no coincidir nuestros días de trabajo, (ambos éramos autónomos y teníamos una profesión independiente), ella se iba y yo quedaba en casa, solía desayunar en la cocina cuando llegaba María, la diferencia de edad entre ambos es bastante grande. Ella me servía el desayuno y charlábamos de los hijos y de la vida en general mientras tomábamos tostadas, pastas y café con leche. Un día se me ocurrió exhibirme a María. Permanecí en bata sin nada debajo a la espera de María. Cuando llegó me senté en la cocina como de costumbre, en el lateral de la mesa que me permitía mostrarle mi polla al entreabrir las piernas, con un periódico en las manos, leyéndole una noticia de sucesos a los que era muy aficionada, mientras ella hacía el café y las tostadas.

Ella estaba de espaldas a mí manipulando en el tablero de los muebles de cocina. Cuando se giró hacia mí yo ya la estaba esperando con las rodillas separadas y la “polla” más que morcillona por el morbo que sentía. Levanté la vista para comprobar si miraba o no y pude comprobar con satisfacción que, aunque con disimulo, tenía sus ojos puestos en mi hermoso pene 17 centímetros de largo por 13 de perímetro, cuando está en plena erección. Seguí leyendo la noticia mientras separaba un poco más mis rodillas, por lo que una parte de la bata se deslizó por el lateral del muslo dejándome totalmente al descubierto. Yo fingía estar pendiente exclusivamente de la lectura, pero de refilón podía ver, por la posición de sus pies, que seguía frente a mí.

Como sin saber lo que estaba ocurriendo crucé las piernas, con la buena fortuna que, al hacerlo, todo mi “aparato”, huevos y polla quedaron sobre mis muslos por lo que esta última quedó totalmente erguida. Con gesto disimulado me tapé y ella se giró hacia el tablero para concluir la preparación del desayuno mientras me decía:

–”Que barbaridad. Hay que ver las cosas que pasan cuando una menos se lo espera”.

No sé si lo dijo refiriéndose a la espléndida visión que le ofrecí o a la noticia que le leía, la cuestión es que tomando la bandeja vino hacia la mesa. Esta era, bueno es, rectangular y algo estrecha. Uno de los extremos estaba y está adosado a la pared y yo me encontraba donde siempre y en la manera de siempre, es decir, sentado lateralmente al lateral con las piernas paralelas a este y ella se sentó en el extremo, por lo que podía seguir “viendo”, lo que yo le “enseñara”. Observé que tomaba asiento corriendo la silla, con disimulo, algo a su derecha para quedar “más encarada” a mí. Se incorporó para servirme el café con leche y al hacerlo desvió la mirada a mi regazo, pero yo estaba “cubierto”.

Mi polla estaba al máximo, palpitando y con las venas hinchadas. El capullo emergía morado e inflado entre el pliegue de piel, (no me operaron de fimosis). La bata mostraba un evidente bulto. Me acercó el azúcar y volvió a mirar y entonces adelante el busto y separé las rodillas como unos cuarenta centímetros por lo que de nuevo le ofrecí el espectáculo que sin duda la estaba excitando pues de inmediato comenzó a chocar sus rodillas y su voz se hizo temblorosa. Ya no hubo más. Me daba por satisfecho por ser la primera vez. Y así pasamos algo más de un año. Dos o tres veces por mes coincidíamos solos y yo le ofrecía un espléndido espectáculo y ella se excitaba. Por mi cabeza no pasaba nada más. Me conformaba con eso que me servía para, mientras ella recogía los platos tazas y demás del desayuno, yo me pajeara en el baño, teniendo cuidado de dejar mi “lechada” en una toallita de bidet, bien a la vista, para que no hubiera duda alguna que me había masturbado a su salud.

Me divorcié y María quedó a mi servicio, aunque mi mujer le propuso ir con ella un día a la semana, pero ella rehusó. Todo seguía igual, bata sin nada debajo, visión de mi miembro totalmente empalmado, paja en el baño y lechada en la toallita. Pero un día, al regresar de mi trabajo por la tarde. (María sólo venía por las mañanas, lunes. miércoles y viernes), me encontré con la sorpresa más agradable que jamás haya tenido y que se convirtió en el “Live Motive” de mi día a día.

Había previsto salir un rato pues era la fiesta del patrono de la urbanización donde vivo y después de ducharme, al buscar entre mis slip uno limpio que ponerme, encontré enrolladitas unas braguitas, que por supuesto no podían ser de otra persona que María. Primero pensé que se “habían colado” entre mi ropa pues quizás ella había aprovechado la colada para lavarlas. ¡Pero no! ¡No estaban enrolladas, estaban apretujadas y al extenderlas vi que en el lugar donde se posaba su coñito había una buena mancha! Me las aproximé a cara para olerlas y la maravillosa fragancia de un coño húmedo por excitación sexual, me embargó. La mancha era grande y ocupaba toda la parte de la entrepierna que estaba protegida por un tejido absorbente. La erección fue instantánea. Me llevé aquella fragante parte a la boca y comencé a chupar con fruición para sacar todos los jugos que allí se concentraban. ¡No estaban totalmente secos, aún conservaban la humedad de su coño! Mientras con la mano izquierda apretaba aquella deliciosa fruta, mi mano derecha solo tuvo tiempo de agarrar mi polla y darle cuatro manotazos que estallaba.

Mi leche salió despedida salpicando las puertas del armario ya que los movimientos de mi mano zarandeaban la inflada cabezota que no cesaba de lanzar chorros de leche a diestra y siniestra. Fue una corrida impresionante. De las mejores y más cuantiosa que he tenido en mi vida. Una eyaculación larga, a borbotones. Recuerdo que, sacándome sus bragas de la boca, bajé la cabeza tanto como pude para alcanzar alguno de ellos consiguiendo “cazar” uno al aire. No sé por qué lo hice, pues hasta entonces nunca me había “comido” mi leche, pero lo cierto es que a partir de ese día siempre me “como” mi leche sin dejar ni una sola gota.

Cuando terminé de “chorrear” se me aflojaron las rodillas y casi me caigo. Tambaleándome, con sus bragas entre los dientes, conseguí llegar al baño y me refresqué la cara. Eso me sosegó en algo aunque mi corazón seguía latiendo a un ritmo muy acelerado. Mi polla seguía dura como una piedra. Fui a la cocina y busqué una copa en el armario. Desnudo como estaba me senté en la terraza y sin dejar de chupar sus bragas, volví a masturbarme. Sentía el sabor de mi semen mezclándose con el de su coño. No tardé mucho en volverme a correr. Recogí la abundante leche, no tanta como en la paja anterior, en la copa y me la llevé a la boca mezclándola con el sabor que desprendía su braga y me lo tragué todo sin dejar ni la más mínima gota.

Momentáneamente satisfecho me vestí. Puse sus bragas entre el slip y mi polla y me fui a la fiesta. Mis vecinos eran los presidentes de la asociación de propietarios y estaban en el quiosco de las bebidas. Pedí una botella de Cava y me senté en una mesa con un par de conocidos. Sentía sus bragas mojadas contra mi pene que seguía más que morcillón. El Cava, los decibeles de la música que hacía sonar un DJ en su discoteca portátil y la excitación que sentía en todo mi cuerpo no me permitieron estar mucho rato en la fiesta. La distancia del lugar donde se celebraba y mi casa no es más allá de unos cien metros. Me despedí de la pequeña reunión apurando mi copa y me fui a casa. Mi deseo era tan grande que el trayecto me pareció demasiado largo para esperar llegar a la intimidad de mi pequeño chalet. Aún a riesgo de ser descubierto no pude resistir la necesidad de volverme a masturbar. Corrí la cremallera y mientras caminaba me saqué la polla de su apretado encierro y comencé a “pajearme” cadenciosamente.

El morbo que me proporcionaba la posibilidad de ser descubierto, aumentó mi excitación y casi me corro por el camino. Tuve el tiempo justo de cerrar la cancela del jardincillo que circunda mi casa e introducir mi pene en el slip para que sus bragas recibieran mi descarga. Permanecí un rato jadeante apoyando mi espalda en la cancela para no caerme. Luego descendí los pocos peldaños que separan la entrada con el pasillo que rodea la casa y apoyándome en la pared llegué a la puerta. Me costó abrirla y al conseguirlo entre juramentos, me dirigí sin más a mi dormitorio y tumbándome vestido como estaba en la cama me quedé profundamente dormido.

A la mañana siguiente, desperté con la polla dolorida, pero erguida. De inmediato regresó a mi mente lo vivido la tarde noche anterior y el pene tomó la más erecta de sus posiciones invitando a que le diera gusto una vez más. Busqué sus bragas y aspiré el perfume de mi semen y sus jugos. La enrollé al glande y con un sube y baja pausado y rítmico traté de satisfacer a aquel pedazo de carne endurecida y palpitante que quería volver a vomitar toda la crema que guardaba en mi interior. Sentí como se llenaba una bolsa en el interior de mi bajo vientre. Un fuego interior recorrió mis entrañas. Mi bolsa testicular se endurecía y estremecía ordeñando mis huevos. El conducto interno de mi palpitante salchichón se ensanchó para dar paso a los chorros de leche que pugnaban por salir. Dudé entre recogerlos en el cuenco de mis manos o derramarme en sus bragas que dicho sea de paso eran negras y con encajes. Opté por lo último y las empapé con mis descargas de oloroso néctar. ¡Qué corrida, qué fantástica corrida! Lenta y casi dolorosa. La leche salía espesa e intensamente perfumada.

Quedé exhausto sobre la cama mientras las últimas gotas seguían bañando sus bragas y escapaba rezumando por las arrugas de la tela, bañando mis dedos y entonces pensé en una respuesta. ¡Ella me había dejado sus bragas para que me masturbara con ellas y ahora debía hacérselo saber! María no vendría hasta el día siguiente, por lo que era necesario que recibiera sus braguitas “tan cargadas” como me fuera posible. Mi mente trabajaba a tope. Me levanté y busqué una bolsita de plástico de las que uso para guardar los congelados y las introduje en ella, cerrándola con el pliegue de contacto con que vienen preparadas y las puse en la nevera. Quería que mi leche conservara todo el frescor y aroma de recién salida y además le añadiría tanta como pudiera durante el día y la noche, Al día siguiente tenía trabajo y estaría todo el día fuera. Pude correrme tres veces más durante el día y una cuarta antes de dormirme. Cuando guardé las bragas en la nevera por última vez, estas estaban totalmente empapadas y con grandes coágulos de leche en las arrugas y pliegues.

A la mañana siguiente las saqué de la nevera y las puse entre las sábanas para que recuperasen una temperatura normal y luego las coloqué en el armario en el mismo lugar donde ella me las dejó. Pasé el día sin poderme concentrar en el trabajo. La llamé un par de veces para indicarle alguna cosa intrascendental sobre lo que me gustaría me cocinara y me contestó con toda naturalidad, no pudiendo notar en su voz algún indicio que me indicara que había encontrado las braguitas bañadas en mi leche. Pensaba que lo más seguro era que las había dejado allí en algún descuido, pero entonces, ¿Por qué se las había quitado? No era lógico que se cambiara de bragas en la casa y mucho menos que las olvidara entre mi ropa interior. A medida que iba avanzando el día se apoderó de mí la impresión de que me había equivocado y estaba deseoso de llegar para salir de la duda.

Entré en casa y temblando me dirigí al armario, las bragas no estaban allí. Fui al cuarto de baño y miré entre la ropa sucia. ¡No había ropa sucia! ¿Entonces? Sin duda había lavado pues yo había dejado ropa sucia los dos días anteriores. Bajé al jardín a comprobar si las braguitas estaban entre la ropa tendida. Eran las cuatro de la tarde y ella se habría marchado a las dos como de costumbre. La ropa estaba tendida y mojada, por lo que habría lavado a última hora, pero ni rastro de sus bragas. Subí a la casa y me desnudé en el dormitorio. Tenía necesidad de sexo. Lo sucedido el día anterior con María demostraba mi teoría de que a las mujeres también les gusta “mirar”, si se les presenta la ocasión de hacerlo pareciendo que no miran. Una fuerza superior me obligaba a exhibirme y no había mejor candidata que mi vecina alemana. Alguna vez me había “pillado” con solo una camiseta mientras yo regaba las macetas de la terraza…

Suelo ir por casa totalmente desnudo cubriéndome sólo con camisetas muy anchas, que apenas me llegan unos centímetros por debajo del pene y las nalgas, a las que les corto las mangas, para “andar más fresco”, me encanta sentir la suave brisa canaria colándose bajo el amplio vuelo de la prenda. Su jardín se encuentra a más o menos, 10 metros de mi casa y está situado en un plano inferior a mi terraza de unos tres metros, por lo que al alzar la vista puede ver sin dificultad “lo que hay” bajo la camiseta. Me anudé una toalla a la cintura poniendo cuidado en que quedara lo suficiente corta, fingiendo salir de la ducha, para que mi vecina alemana, si salía a su jardín, que, como ya he dicho, queda por debajo de la galería de mi salón, pudiera “vérmelo todo”. Sabía que estaba en su casa pues al prepararme el desayuno la había visto trasegar por la casa a través de sus abiertas ventanas de par en par. Alguna vez había tenido la suerte de verla en bragas. Salí a la terraza, era septiembre y aquella tarde lucía un sol espléndido. Tuve buen cuidado de que la toalla llegara, por detrás, justo al inicio de mis nalgas sobre los muslos y por delante, a un centímetro por debajo del glande, así parecía que estaba “tapado” y que se me “veía” por casualidad y sin yo saberlo, pero en realidad podría “vérmelo” todo a la perfección.

¡Tuve suerte! Silvie apareció de repente en su jardín portando un balde repleto de ropa lavada, el tendedero está entre su casa y la mía. Para tender la ropa debía ponerse de cara o de espaldas a mí. ¡Afortunadamente se puso de cara! No lo dudé ni un instante. Todo debía parecer casual y sobre todo que no me daba cuenta de que se “me veía todo”. Yo había descorchado una botella de Cava y tenía la copa en la mano. De la manera más natural la saludé:

-¡Hola Silvie! Alzó los ojos y me respondió con su acento alemán: -¡Hola Arturo! He iniciando una conversación añadí: -¿Cómo va todo? – -¡Bien! – Me dijo mientras recogía una prenda para tenderla. Alzó los brazos y su vestido playero dejó ver al completo sus buenos muslos.

Sentí como mi polla se endurecía e iniciaba la erección. Qué bien pensé, así me verá en plena forma. Mientras tendía la prenda me miró y pude percibir en ella un ligero estremecimiento. Terminó de colocar las pinzas y alzando un poco más los brazos se agarró a la barra que sostenía los cables del tendedero. El vestido se alzó un poco más y bajo el borde asomó el ángulo de la braga que tapaba su coño.

-¿Y a ti como te va?

Me miraba Sin dar a entender sorpresa y comprendí que deseaba alargar la situación por lo que iniciamos una conversación de vecindad sobre las cosas y el tiempo. De repente me dijo.

-Ahora vuelvo. Tengo algo en el fuego – Y salió a toda prisa hacia el interior de la casa.

Volvió a los pocos minutos tiempo que aproveché para descapullarme el glande pues normalmente lo tengo cubierto de piel. Hice que asomara hermoso e hinchado como estaba, rodeado de la fina piel morena, tostada por el sol. Voy afeitado. Por cierto que hoy compraré crema depilatoria… Se colocó donde estaba antes, apoyada de hombro a uno de los pilares de una pequeña pérgola de su jardín donde se enmaraña una tímida enredadera y dijo:

-He apagado el fuego y así estoy tranquila. Las niñas están en el Lago Martianez, pero no tardarán en venir.

Apoyé los codos en la baranda metálica de la galería y puse un pie derecho en la barra inferior por lo que al quedar la rodilla algo alzada y tener el busto adelantado, la toalla que cubría mi vientre, se separó lo suficiente para que mi pene quedara en plena libertad y totalmente visible. Ella, entonces, se volvió a coger de la barra donde se ataban las líneas del tendedero y su vestido volvió a subir y ¡Oh! ¡Se había despojado de sus braguitas! Comprobé que se depilaba como yo. Separé la rodilla alzada para liberar aún más mi polla que se estaba poniendo dura por momentos, levantando la toalla con la punta. ¡Qué rico! Pensé. ¡Mira Silvie mira que lo estoy enseñando para ti solita! ¡Disfrútalo amor! ¡Disfrútalo! Y me puse a cien. Sentía como la bolsa testicular se estremecía y al contraer el escroto el glande rozaba suavemente la rugosidad de la toalla, lo que me estaba excitando de tal manera que tuve que hacer un tremendo esfuerzo para no pajearme.

Seguí con las contracciones y el roce de la toalla me excitaba más y más. Presentí que me iba a correr y ¿Qué haría entonces? Silvie se estaba balanceando sostenida de la barra y su vestido se había subido un poco más dejando todo su lindo conejito al descubierto. No tenía marca de la braguita del bikini y estaba muy broceado, lo que indicaba que ella también tomaba el sol desnuda. Semi suspendida de la barra se balanceaba atrás y adelante por lo que el borde del vestido se movía en el mismo sentido chocando en el vaivén contra su vulva. Separaba y juntaba las piernas haciendo chocar sus rodillas. El clítoris apareció, rosado e hinchado, entre los labios vaginales externos. De repente un estremecimiento recorrió su cuerpo, se soltó de la barra y apartando la vista de mí me dijo:

– Bueno. A ver si termino de tender la ropa, que hablando y hablando se me va el tiempo y tengo que preparar la cena, tú ya sabes que lo alemanes cenamos muy pronto. – Y añadió. – Tu compañía y conversación es muy grata, pero lo siento debo seguir con las cosas de la casa. – Si. Claro. Cuando uno está a gusto el tiempo pasa volando.

Creí que me salvaba, pues la leche ya había iniciado su recorrido, pero no fue así pues ella mirándome y sosteniendo unas braguitas en la mano me dijo:
– Ha sido un rato muy agradable, a ver si lo repetimos como buenos vecinos que somos, la gente está falta de comunicación. Dijo mirándome fijamente.

No supe que contestar pues a mitad de su frase yo ya estaba eyaculando. El semen brotaba a borbotones. Con fuerza, como si quisiera alcanzarla. En el balanceo la toalla se había colocado sobre la caña de mi polla y el capullo estaba completamente liberado y ella podía verlo eyacular con toda claridad, estaba morado y boqueando a cada “avenida”. No pude evitarlo, mi vientre, piernas y nalgas no cesaban de dar sacudidas a cada borbotón de semen. No podía moverme mis pies estaban clavados en el suelo y mis manos se aferraban a la baranda para mantenerme en pie. Me sentía abrumado y a la vez dichoso y sumamente excitado porque mi vecina Silvie me viera en aquel trance. No podía apartar la vista de ella con el riesgo de que se armara la marimorena. Silvie se quedó absorta mientras colocaba las braguitas en la cuerda y sin dejar de mirarme se agachaba para tomar otra prenda, al levantar las manos consiguió prender el borde del vestido y me obsequió con toda su desnudez hasta la cintura, antes que este cayera volviendo a su posición normal.

Eso provocó en mi algo nunca ocurrido, sentí como un chorro de leche salía despedido con fuerza, como un surtidor, lo había hecho con mucho disimulo procurando que pareciera casual, pero no pudo ocultar la intencionalidad. Parecía decirme: “Es aquí donde deberías regar con tu leche”, y por todos los diablos eso es lo que mi polla pretendía con semejante chorro.

-Si – Le dije con voz estremecida y temblorosa por el placer mientras me corría. -Todo…s deberíamos ser más… comunicativos y mostrarnos tal como somos, sin tapujos, sin prejuicios.

Iba a desfallecer de tanta excitación. Me temblaban las piernas y tenía que agarrarme fuertemente a la baranda pues temía caerme. Mi vientre se convulsionaba al unísono de los borbotones de mi corrida. Tenía que irme o me desplomaría ante ella y despidiéndome añadí:

-Bueno adiós, yo también tengo cosas que hacer, a ver si la próxima vez tenemos ambos más tiempo.

Y dándome la vuelta entré en el salón de mi casa, dejándome caer en el sofá, jadeante y sudoroso. Todo mi cuerpo temblaba atenazado por la excitación tan intensa que sentía. Había sido algo maravilloso, extraordinario, correrme ante Silvie, mientras ella me miraba sin pestañear, absorta en mi tremendo orgasmo. Jamás hubiera pensado que mi vecina fuera de esa clase de mujeres que no se reprimen ante la oportunidad de disfrutar de algo que les proporcione gusto. ¡Qué bueno, Silvie había presenciado con indudable placer mi corrida! Lo único que yo lamentaba es haber desperdiciado aquella corrida y no haber tenido tiempo de recogerla en un vaso para bebérmela o verterla sobre las braguitas de María. Fui a la nevera y tomé un refresco que bebí de un trago. Tenía los muslos llenos de semen y mientras iba al baño para lavarme recogí las gotas que resbalaban muslos abajo y me las llevé a la boca con incontenible deseo.

María había despertado en mí una incontenible necesidad de sexo y mi pasión por la autosatisfacción me pedía pajearme sin cesar, pero procuré calmarme. El agua fría de la ducha me calmó, y poco a poco me fui relajando, en menos de 24 horas había tenido dos sensacionales vivencias, las braguitas de María y, más que mi exhibicionismo, el voyerismo de Silvie, el descubrir que mi vecina gustaba de verme y que lo había disfrutado a la descarada, sin tapujos, sin inhibiciones, presenciando estoicamente, como me corría ante ella sin ni siquiera tocarme y muy posiblemente por el estremecimiento que en ella aprecié, disfrutar de un buen orgasmo, sin como yo, masturbarse. Cené mientras visionaba una película porno y me hice una paja, tranquila y suave y la calentita crema fue el postre.

Autor: Artesco

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Lo que antecede a la locura

Me convertí en amazona cabalgando su miembro erecto, quería sentirlo muy dentro de mí, arriba, abajo y seguía el vaivén, sentí sus manos apretando mi cuerpo, resbalando con el sudor de mi piel, manoseaba mis nalgas, mis espalda, mis pechos, y yo llena de lujuria y locura seguía cabalgando haciendo lo posible por llegar al clímax de tanta excitación, perdí la noción del tiempo y la razón.

Cada vez que estamos cerca, la respiración se agita, todas las neuronas pierden el sentido… la piel se eriza solo con un roce, él tiene la particularidad de agotar mis palabras y alborotar mis instintos.

Esa noche quedamos en vernos después de las 9, él pasaría por mí… La sola idea de saber que pronto estaría bebiendo de su aliento ya hacía que mi lengua se enredara, a medida que el reloj andaba yo perdía más y más la razón… ¡pero tenía que contenerme!

Puntual llegó, y allí estaba yo lista, en la puerta muriéndome de ganas por devorarlo completo… -Hola, ¿cómo estás?, un corto beso a modo de saludo, las conversaciones habituales, las preguntas pertinentes… y mi piel ardiendo… me pidió que lo acompañara a mirar un nuevo departamento.  Llegamos, todo era blanco, hermoso, muy amplio y bastante acogedor.

Me sirvió una copa y me invitó a seguirlo a una de las habitaciones, allí pensé que por fin comenzaría a dar rienda suelta a mis instintos… pero estaba equivocada, quien le daría rienda suelta a sus instintos era él. Nos besamos apasionadamente, al llegar al punto cuando la ropa estorba, se detuvo en seco y me pidió muy dulce que me quitara la ropa, aquello era extraño, si bien ya habíamos estado juntos muchas veces lo usual era que nos quitáramos la ropa al ritmo de los besos y compartiendo la tarea…  pero ese día, esos no eran sus planes.  Salió de la habitación llevándose con él toda mi vestimenta, solo me dejó la copa y una pícara ¡sonrisa!

Regresó al rato, encendió el aire acondicionado y me llevó a una especie de columpio donde con cuidado ató mis manos a cada lado sobre mi cabeza; por la forma del asiento mis piernas quedaron abiertas y todo mi sexo expuesto, mirando mi cara de sorpresa, me calmó con un beso y me dijo que me relajara y los disfrutara… se fue, dejándome allí sola, en esa hermosa y solitaria habitación…

Sentí que el aire acondicionado estaba bajando la temperatura de la habitación, el frío comenzó a surtir efecto en mí, mis pezones estaban encendidos y ese hilo de aire frío entrando en mi sexo me ponía a mil…

Allí me dejó un buen rato, entre la lujuria y la sorpresa, el frío solo lograba excitarme un poco más… abrió la puerta y allí estaba él, cargado con muchas “sorpresitas” para pasarla bien esa noche, me alegraba mucho verlo, sentí que estaba más cerca la hora de sentirlo… puso un poco de aceite sobre mi cuerpo y comenzó a masajearlo… se sentían muy bien sus manos sobre mí… siempre teniendo cuidado de no rozar mi pecho ni mi sexo, se esmeraba en mis piernas, mi abdomen y mi cuello… era delirante, la necesidad que tenía de sentirlo y el no poder siquiera tocarlo con mis manos… comencé a mojarme a chorros… él seguía muy paciente… luego sentí un spray en mi conejito y luego la sensación de calor que se iba produciendo en el, quise moverme para lograr un roce de su cuerpo… pero no lo conseguí, estaba muy lejos de mis límites.

Decidí dejar de luchar, cerrar mis ojos y sentir… el masaje paró, después de un ruido sentí un roce muy suave y un olor delicioso… ¡eran flores! Pero flores que solo lograban excitarme más, con ellas recorría mis oídos, mis pechos, toda mi entrepierna, mis pies… la sensación era extraña, necesitaba sentir su piel, y estaba allí a pocos centímetros de mi, pero no podía tocarlo, mi excitación estaba en un grado nunca antes conocido por mi… necesitaba sentirlo, él lo sabía y disfrutaba mi angustia, mis ganas, mi desespero… poco a poco las neuronas fueron perdiendo el norte.

Nada era más importante que sentirlo dentro de mí… sentía el calor de mis fluidos chorrear por mis muslos… llegó la hora del chocolate, y poniendo pequeñas dosis sobre los puntos estratégicos y limpiándolos cuidadosamente con su lengua  me hizo delirar…y él, sintiéndose satisfecho con el nivel de excitación al que me había hecho llegar, decidió desatar esas odiosas cintas de seda y dejar libres mis manos, pudiendo cambiar de posición y lanzándome sobre él… de nuevo, truncó mis intenciones, se apartó y se acomodó en un mullido sofá con una sonrisa llena de lujuria y picardía…

De nuevo busqué la forma de colocarme sobre él, quería disfrutar su cara de placer, verlo gozar mientras me poseía, verlo cerrar los ojos y gritar… pero sin darme cuenta me puso de espaldas a él, y apartando mis nalgas se abrió paso dentro de mí, allí me convertí en amazona cabalgando su miembro erecto, quería sentirlo muy dentro de mí… arriba, abajo, arriba, abajo y seguía el vaivén… sentí las gotas de sudor resbalando por mi espalda, sus manos apretando cada centímetro de mi cuerpo, resbalando con el sudor de mi piel, manoseaba mis nalgas, mis espalda, mis pechos, y yo llena de lujuria y locura seguía cabalgando haciendo lo posible por llegar al clímax de tanta excitación, perdí la noción del tiempo y la razón…

Los movimientos se hacían cada vez más rápidos, – sigue, sigue y no pares me pedía… como podía parar si tenía tanta lujuria acumulada… comenzaron latigazos eléctricos a recorrer mi espalda, las gotas de sudor eran más constantes, la sangre se agitó y sentí todo mi cuerpo estallar en un orgasmo muy intenso y estremecedor…  al sentir su leche caliente corriendo dentro de mi… allí quedamos bañados en sudor, exhaustos de tanto placer, dormida sobre su pecho…

Y hoy, días después, aun lo recuerdo y siento como se eriza mi piel, como la electricidad de su lujuria me recorre hasta el fin…

Autora: Traviesa69

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Un rápido con la fácil de la clase

En ese momento quería darle por el culo, pero su estrategia funcionó y la dejé caer de golpe sobre mí, penetrándola de primera intención y con sus deliciosos pechos en mi boca, ya yo tenía una erección bastante avanzada tenido a la buena mamada que me había hecho, y ella no necesitaba mucho debido al tamaño de mi arma para llegar, por lo que dentro de poco ya estábamos acabando casi juntos.

Lo que les voy a contar sucedió en mi último año en la escuela, primero que todo, esto es el Caribe, aquí estamos acostumbrados a tener huracanes todos los años que nos hagan tener vacaciones inesperadas por el uso de las escuelas como refugio, lo que no estamos acostumbrados es a tener terremotos que nos hagan cambiar del edificio de nuestra escuela porque el original se derrumbó. Tuvimos que cambiarnos de edificio, pero quizás esto fue lo mejor que pudo haber pasado, pues el nuevo local resultó ser un paraíso para los rincones escondidos donde hacer travesuras.

En mi clase como en todas existía la “pizza”, esa chica que se entrega en 30 minutos y está siempre caliente, pero esta quizás está un poco más buena que el resto, se llama Nadia, es una pelirroja no muy alta pero con proporciones de ensueño, una colita paradita de esas que no te cansas de mirar y te mueres por acariciar, senos firmes y para nada pequeños, por su piel siempre imaginé que tendría pezones rojizos como su cabello, pero lo mejor del caso es que ella siempre supo que está bien buena, parecía encantada con que la miraran descaradamente y no era muy difícil andarse manoseando con ella, aunque yo por lo general me cuidaba pues como mi actual esposa, entonces mi novia, estaba también en mi clase, y me celaba hasta con la sombra de Nadia, pues todos sabían su fama de ligera; aún así, no faltaron las ocasiones en las que en busca de una tarea o para que la “ayudara” en un trabajo me dejara sentir bien de cerca sus duros senos o me dejara deslizar mis manos por sus maravillosas nalgas.

A quien pueda interesar, mido 1,92 y hace ya un tiempo que estoy yendo al gimnasio por lo que estoy algo fuerte y con el tamaño suelo verme muy bien.  Lo más que llegamos fue a una recalentada en mi camioneta una vez que le llevé el cuaderno a su casa, no pudimos más porque estábamos muy cerca de su casa y todavía no había hecho que le tintaran los cristales, cosa que me cuestionó mi novia, pero pude escaparme al darle la excusa de que no podía dejar objetos de valor como la laptop o mis discos a la vista de los ladrones.

En fin, después del cambio de edificio cuando vi todo el local me encontré en el tercer piso un rincón que estaba tan oculto que ni siquiera la administración lo había descubierto, y que bueno, pues inmediatamente se me ocurrió que podría ser un magnifico lugar para echar un polvo rápido y clandestinamente, de esa manera que pone mucho más caliente. Pensé llevar a mi novia cuando fuera posible a mi pequeño “motel” del que no le había contado a nadie aún, pues quería ser quien lo estrenara, pero pasó algo que me hizo usarlo antes de lo esperado.

En este país se va a la escuela con uniforme, pero en ocasiones se flexibiliza la regla cuando se hace una celebración o cualquier tipo de actividad extracurricular, bueno, al caso que ni me acuerdo que había esa vez pero nos tocaba ir sin uniforme y por cuestiones de la vida mi novia no fue a clase ese día, luego al llamarla supe que estuvo enferma, lo que me hizo sentir algo culpable de haber hecho lo que entonces hice. Al llegar me provocó curiosidad saber cómo vendría Nadia para provocar a los tipos en su única intención de parar los miembros de todo el que la viera, ya me esperaba algo espectacular, pero lo que vi como a todos me dejó sin aliento.

Llevaba el pelo rizado, ya era de todos conocida la discusión que siempre llevaba con mi novia porque no se quería rizar el pelo a pesar de que yo lo prefería así, en ese momento no lo relacioné con mis aficiones pero me encantó que lo haya hecho así, bajo su pelo entonces rizado sus hombros lucían descubiertos pues llevaba un top con mangas finas que se ajustaba a su cuerpo como una segunda piel, dibujando perfectamente su cintura y ajustado a sus senos que exhibían al aire la mitad de su hermosa piel, la pequeña blusa terminaba justo sobre el piercing que adornaba el obligo que ya había tenido la oportunidad de saborear en mi camioneta, lo mejor quizás era, que llevaba una falda corta hasta los muslos negra y ajustada a sus caderas quizás la hacían parecer un poco una mujerzuela, pero a ella no le importaba mucho, estaba haciendo lo que quería, atraer las miradas de todo aquel con suficiente testosterona para fantasear con ese monumento de mujer, no porque llevara poca ropa, pues más que la mini y el top, lo que me puso a mil fue esa mirada que me dio cuando se percato de que le miraba descaradamente los senos; cuando tuve la oportunidad de mirarle los ojos, saboreo sus labios como deseando que yo lo hiciera, a lo que sonreí deseando terminar ahí mismo lo que habíamos dejado inconcluso en mi camioneta.

Desde entonces traté de buscar el momento oportuno ese día para mostrarle mi lugar “secreto” luego de las primeras clases salimos al receso, ella fue con unas amigas y yo los el grupo de siempre por unos refrescos, como el sitio en el que estábamos no estaba ideado para ser una escuela, podíamos entrar y salir cuando queríamos, era algo que la administración no podía controlar, y fuera cerca había una cafetería bastante agradable donde podíamos comprar bebidas y una que otra fruta, allá nos fuimos por unas bebidas cuando encontramos al grupo de chicas en el que estaba, no había sido coincidencia, prácticamente la estábamos siguiendo para ver más de cerca y por más tiempo sus escotes, desde mesas diferentes pude ver como Nadia pelaba una banana y la mordía muy sugestivamente mirándome a los ojos, cuando digo sugestivamente quiero decir que se la metió casi entera a la boca para sacársela de nuevo y morder solo la punta, miré hacia los lados a ver si alguien más lo había visto pero parece que solo yo lo noté pues era el único que le miraba los ojos, los otros se entretenían con ese cuerpazo.

Antes de volver a clase, vi que se separaba del grupo, yo como no le quité los ojos de encima, vi que me seguía mirando, yo torpemente le inventé una excusa a mis amigos para separarme no era lo suficientemente buena como para que me creyeran pero en ese momento no me importaba, la seguí hasta que vi que iba camino a los baños, para no llamar mucho la atención no dije su nombre, sino que la llamé con un silbido, ella entendió que era con ella, cuando me acerqué me preguntó:

– ¿No estarás siguiéndome al baño?- A lo que dije: -Tengo pensado algo mejor.

La muy zorra solo había pensado en calentarme sin medir las consecuencias, pero no se imaginaba que ya tenía el plan listo desde hacía rato, mu sigilosamente subimos las escaleras y sin que nadie nos viera llegamos a mi lugar. En el camino le había dicho que aún no me terminaba de pagar por el cuaderno que le había prestado, y que me gustaría ver como terminaba de comerse una banana, ella me dijo que si encontraba sitio hasta lo podría sentir. ¿Cuál sería su sorpresa cuando se encontrara en un sitio oculto después de pasar tres puertas incluyendo una oculta que parecía una pared?

La poca luz que entraba al sitio entraba por una especie de ventana que había en el techo, donde de haber alguien de todas formas no podía ver donde estábamos, solo debíamos cuidarnos de no hacer ruido pues no sabía que podía haber en el cuarto contiguo. Cuando entramos no aguanté las ganas de besarla a lo que ella respondió fácil y sin problemas colgando sus brazos de mi cuello, yo la levanté y la pegue contra la pared, con firmeza pero en silencio luego pensé si debía besarla, pues imaginé la cantidad de vergas que habrían pasado por esa boca, pero por lo caliente que estaba y de pensar que luego pasaría la mía no me importó mucho mientras la besaba manoseaba su cuerpo hasta llegar a sus perfectas nalgas que tan bien palpaba a través de su falda, antes de yo notarlo, literalmente se sentó en mis manos enredándome totalmente con sus piernas.

En ese momento sentí su vagina en mi abdomen cuando la cargué y empecé a besarle el cuello y hasta los senos a lo que ella respondía mordiendo mi oreja, a la vez que me decía “Hazme tuya mi amor”, ya sabía que son de las estrategias de las zorras para ponerte más caliente, pero me dio una idea de algo sumamente excitante, como ya les dije yo estoy alto y fuerte y ella es flaquita y pequeña, por lo que no se me hizo muy difícil pasarla del abrazo hasta subir sus muslos sobre mis hombros, al estar recostada a la pared, no me pesaba nada y su vulva ahora estaba justo frente a mi rostro, pude sentir su raja húmeda a través de su tanga blanca que luego le quité desde atrás enrollándola por su precioso culito, dejando libre su concha para hacerle una mamada espectacular, la que le provocó unos gemidos un poco más alto de lo que hubiese esperado.

Ella seguía derramando sus jugos sobre mi cara, mientras mis manos seguían acariciando su cuerpo hasta donde pudiera hacerlo con el balance necesario, hasta para una putilla como ella esta era una situación sumamente pervertida, estaba colgando de los hombros de un tipo que le hacía una mamada en la escuela, ella normalmente le daba a los tipos algo rápido, para sacarle el polvo de prisa, pero ahora estaba gozando sola y de lo lindo, por lo que pronto la sentí estremecerse con su primer orgasmo.

Seguí dándole besos cortos mientras se calmaba y yo recogía con mis labios sus jugos vaginales, luego la bajé y me dijo: -Te toca. La dejé caer lentamente hasta que ella misma bajó hasta quedar arrodillada frente a mi paquete que desde hacía rato ya estaba desesperado por salir del pantalón.  No pretendo presumir, pero hasta en el Caribe mis 23 cms son respetados por eso aún ella, que de seguro ha visto muchas con las cuales compararla, no ocultó su asombro al encontrarse con el tamaño de mi verga, inmediatamente se la llevó a la boca, succionando primero mi glande, estimulándolo con su lengua.

No puedo negar que eso me estremece, no cabe duda de que tiene experiencia la chiquilla, después trató de tragar lo más posible, aunque no logró entrarla completa, mientras ella chupaba la hice poner el culo en pompa que ya lucía desnudo al tener la fada enrollada en la cintura, con la imagen de su cuerpo contorneándose y con el buen trabajo que hacia tragando, subiendo y bajando hasta mis bola y lamiéndome el glande debo reconocer que de haber seguido así me hubiese venido dentro de poco pues la chica sabía lo que hacía.

Luego saqué mi pene de su boca y la dejé como estaba, en la posición del perrito me di vuelta y empecé a besar su culo mientras desde atrás acariciaba sus pechos, le quité la blusa y la dejé con sus tetas al aire, definitivamente no necesitaba sostén, tenía un tamaño más que aceptable y eran totalmente firmes, cuando me arrodillé tras ella supo mis intenciones de romperle la colita, a lo que inmediatamente se giró, diciendo que solo lo había hecho una vez, con un pene más pequeño que el mío y le dolió tanto que no se había vuelto a atrever, me hubiese molestado no poder darle en ese momento pero me distrajo verla desnuda frente mío y con su coño latiendo a la espera de que se lo destrozara, puso cara de niña buena y se llevó un dedo a la boca preguntándome:

-¿No vas a aprovechar que mi conejito te está esperando?

En ese momento quería darle por el culo, pero su estrategia funcionó, inmediatamente me senté y la dejé caer de golpe sobre mí, penetrándola de primera intención y con sus deliciosos pechos en mi boca, ya yo tenía una erección bastante avanzada tenido a la buena mamada que me había hecho, y ella no necesitaba mucho debido al tamaño de mi arma para llegar, por lo que dentro de poco ya estábamos acabando casi juntos.

Después que ella dejó de cabalgarme al terminar yo dejé salir todo lo que tenía dentro de ella, pues por la calentura ni nos percatamos de usar condón, luego ella me dijo que se tomaba siempre la píldora, claro, putita al fin, solo me quedé preocupado por alguna enfermedad pero por suerte hasta ahora no ha habido problemas.

Luego de ponernos la ropa, volvimos fuera, donde todavía no empezaban las clases, yo me fui directo al cuarto convertido en salón donde luego vi entrar a mis amigos que puede que hayan tenido alguna sospecha pero no les dije nada hasta la graduación unos meses después, luego les contaré como logré romperle la cola y la primera vez que logré meter a mi novia en el rincón, saludos.

Autor: Ernesto

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Follando con mi suegra

Era un sueño realidad, follarme a la mujer que quiero, en un trío, cuando me follaba a mi mujer esta le comía el coño o le metía los dedos a su madre, cuando se la metía a mi suegra esta hacía lo mismo con su hija,  aquello era perfecto, dos coños deliciosos, que me comí, dos coños magníficos que me follé, dos culitos increíbles por donde metí mi polla.

En semana santa, que este año coincidía con fallas, pasamos mi mujer y yo unos días en Valencia, he de decir que por cuestiones laborales, vivimos fuera de la ciudad, como no tenemos domicilio en la capital, no nos queda otra opción que dormir en casa de mi suegra, viuda desde hace cinco años, y con cuarenta y dos años de muy buen ver, imagínense lo que es una semana sin apenas poder follar, poco y mal, por miedo a que nos pillaran, los pocos ratos que nos quedábamos solo.

Era el Viernes Santo, por la mañana temprano, horario, en el cual mi suegra trabaja, cuando la polla se me empezó a subir de manera descomunal, mi mujer que se dio cuenta, y tenía las mismas ganas que yo de pegar un polvazo se abalanzó sobre mi polla, y me bajó el pijama en el sofá, se la metió en la boca, y con un suave sube y baja, me mamaba la polla, que yo notaba a punto de estallar, de dura que la tenía, sería por los días tan malo que habíamos pasado, “de folleteo me refiero” que creo que fue la mejor mamada que nunca antes, nadie me había dado, cuando dejó de mamármela, me reincorporé, y desnudé a mi mujer, besando y chupando todos y cada uno de los centímetros de su cuerpo con mención especial a sus pechos y a su conejito, que me supo a gloria, estaba esa mañana más rico que cualquier otro día…

Cuando nos cansamos de besarnos y de comernos todo nuestros cuerpos, me decidí a follármela, sentado yo en el sofá y ella encima de mí, empezamos con unos vaivenes suavecitos, rozábamos la perfección, en el arte del deseo, pero no pudimos aguantar, como una yegua que galopa, empezó mi mujer a saltarme encima, no sé cuantas veces logramos llegar al orgasmo, no sé cuantas veces nos corrimos, pero aquello duraba, habían sido tantos los días de mal sexo, que aquella era nuestra mañana, me levanté  del sofá, y cogí a mi mujer por detrás, apretándole fuertemente mi polla contra su culito, en cada metida que le daba ella más gritaba, eso me ponía a cien, me temblaban las piernas, cuando al borde de llegar, al orgasmo, me susurraron al oído: “a tu suegra también te la podías follar así” saqué inmediatamente, la polla del culo de mi mujer y cuál fue mi sorpresa, ver al lado mío a mi suegra, no sé cuánto tiempo llevaría, lo cierto y verdad que estaba en ropa interior muy provocativa y muy sexy, y con el tanguita, empezando a notársele mojado.

La hija se sentó en el sofá buscando algo para taparse, los dos pensamos en aquel momento, tierra trágame, porque no arderíamos en la crema de San José, la noche anterior, cuando mi suegra cogió mi mano y se la llevó a su conejo, que cierto era, estaba súper mojado, lejos de amedrentarme, cogí a mi suegra por la cabeza, y llevándola hasta el coño de su hija, le dije: “cómete el coño de tu hija mientras yo embisto tu culo” dicho y hecho, le aparté  el hilito del tanga y le zampé la polla en su trasero, de un solo golpe, solamente se le escuchó un gemido…

Como he dicho al principio mi suegra está de muy buen ver, eran numerosas las pajas, que me había hecho pensando en ella, y viendo fotos de ella, y no me lo podía creer, hoy la tenía montada encima de mi polla, era un sueño hecho realidad, follarme a la mujer que quiero, en un trío, con una mujer de bandera, que estampa era aquella, cuando me follaba a mi mujer esta le comía el coño o le metía los dedos a su madre, cuando se la metía a mi suegra esta hacía lo mismo con su hija,  aquello era perfecto, dos coños deliciosos, que me comí, dos coños magníficos que me follé, dos culitos increíbles por donde metí mi polla.

Cuando ambas se corrieron, intenté, sacar la polla del coño de mi suegra, y me dijo, ni se te ocurra, córrete dentro, que llevo cinco años sin regar de leche mi coño, obedecí y le llené todo el coño de leche, nunca había soltado tanto semen como esa mañana.

Tanto era el calor, tanto habíamos sudado, que los tres nos dimos una ducha juntos en el inmenso plato de duchas de mi suegra, con los consiguientes sobeteos y demás, hasta que llegó a ponerse otra vez muy dura, para rabia mía, por el miedo que tiene mi mujer a la ducha, no hicimos nada, solamente, para que se me bajara el calor, mi suegra cogió mi polla y manoseándola suavemente, me dijo al oído: “ya te la bajaremos, tú tranquilo”.

Salidos de la ducha, y como la comida sólo había que calentarla en el microonda, nos pusimos a comer de inmediato, desnudos en torno a la mesa, a mi derecha mi mujer y a mi izquierda mi suegra, los tres desnudos, la primera vez que yo comía totalmente, desnudo, pensaba yo que era el único caliente, en la mesa, pero me equivocaba, mi suegra cogía el tenedor con la izquierda y con la derecha cogía mi polla, que para medio plato la tenía como el mástil de un velero.

Comiéndonos el postre dijo mi mujer que había quedado a tomar café a casa de una prima de ella, era sabido, que como yo estoy peleado con su prima me tocaba quedarme en casa, aprovechando que mi mujer fue al cuarto de baño mi suegra me dijo, que cuando se marchara entrara en su cuarto y la despertara que teníamos muchas cosas que hacer, que la tarde era muy larga.

Cuando mi suegra se acostó, al ratito mi mujer se fue, me di un momento de tregua, me fumé un cigarro y en cuanto lo acabé entré en el dormitorio de mi suegra, debería de estar la pobre cansada, estaba dormida, no quise despertarla, me metí en la cama sin hacer ruido, me puse detrás de ella, y le eché el brazo por lo alto tocándole los pechos redonditos y duros que tiene, mi verga empezó a subir, y topó con su culo, inconscientemente por mi parte, se ve que al sentir aquello tan duro, mi suegra se despertó, se giró hacia mí, y empezó a masturbarme, acto seguido se puso a cuatro patas, y se metió toda mi polla en su boca, sabiendo cómo se mama una polla…

Sólo puedo decir que esa fue la  mejor mamada que nunca antes me habían hecho, con sus pertinentes bocaditos de rigor, me cabalgó durante un buen rato, sin mediar palabra, lo único que dijo en todo el rato que estuvimos follando fue que nunca antes, ni con su marido, había disfrutado follando con la magnitud como lo hacía hoy. Nos levantamos de la cama, la cogí por el culo, y la subí contra la pared, me la estuve follando, dándole contra la pared, tal era la intensidad que teníamos, que por momentos pensaba que tiraríamos el tabique, instante antes de correrme la bajé para ponerla de espalda y joderla, pero en ese momento ella me la cogió y se la metió en la boca, toda mi leche se la tragó, que no era poca.

Los dos días que nos quedaban en Valencia, fueron del mismo calibre, tanto tuvo que gustarle a mi suegra que a las dos semanas se vino a vivir a Xátiva con nosotros, desde entonces dormimos en la misma cama, una a un lado y otra a otro, yo en medio, si me giro para la izquierda mi suegra me la pone dura, y tenemos que follar, si me giro para la derecha lo mismo hace mi mujer, somos un trío perfecto, jóvenes, ella 42, yo 25 y mi mujer 20, jóvenes con muchas ganas de joder, y lo hacemos, somos muy felices…

Al poco tiempo  de llegar mi suegra nos enteramos de que estaba embarazada, así que voy a ser el padre del hermanito de mi mujer, han pasado casi cuatro meses, y tengo a mi suegra de cuatro meses y a mi mujer embarazada de dos meses, así que dentro de siete meses seré, como he dicho el padre del hermanito de mi mujer y el padre del sobrino de mi hijo…

Autor: Nolo Digo

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Usada por mi hermano

Sentí como mi hermano guiaba mi mano hacia su pene, donde sin saber que hacer empecé a frotar. Mi hermano jadeaba y babeaba en mi oído y yo solo podía gemir. Un orgasmo increíble me sacudió calando la mano de mi hermano, que no dejó de frotarme. Vaya, la perra de mi hermanita me ha mojado todo…esto supone un castigo duro…una buena inyección para que deje de mojarlo todo.

Me llamo Beatriz y vivo en Madrid. Actualmente tengo 28 años, pero hoy en día aún me excito cuando pienso en todo lo que pude descubrir en mi propia casa gracias a mi hermano Daniel.

Dani era un chico guapo, ojos azules, pelo castaño oscuro, alto, delgado…un chico normal con cierto encanto. En cuanto a mí, tenía una media melena también castaña, los ojos del color del caramelo y un culito respingón. Mis pechos ya se habían desarrollado y, aunque no tenían un tamaño escandaloso, llamaban la atención. La relación que teníamos Daniel y yo era la de dos hermanos normales. Nos llevábamos bien contadas veces, el resto estábamos peleándonos por la paga, el mando de la televisión o chorradas similares.

Como casi todas las mujeres, en cuestiones de salir por ahí y de sexo, yo fui más precoz que Dani, y mientras él disfrutaba con su ordenador yo empecé a salir algunas noches con mis amigas del colegio y a tener mis primeros  roces  con los chicos a los que conocíamos en las discotecas. Más de una noche llegué un poco más bebida de la cuenta y al día siguiente casi tuve que sobornar a mi hermano para que no se fuese de la lengua.

A menudo me preguntaba que demonios haría Daniel en su habitación cuando yo salía los sábados y mis padres se iban de cena. Yo sólo me había besado con dos chicos, tontear con muchos, pero besarme sólo con dos, y ni hablar de meterme mano. Casi no sabía lo que era eso, apenas me había tocado yo misma y cuando lo había hecho, las sensaciones que había tenido me habían desconcertado.

Un día, aprovechando que Daniel había ido a la biblioteca me colé en su cuarto como una espía y comprobé, satisfecha, que tenía su ordenador encendido bajando cosas de Internet. No tenía mucho tiempo, así que me senté y comencé a ojear, directamente, que se estaba bajando. A pesar de que los nombres de las películas fuesen en inglés, no me supuso mucho esfuerzo saber de que iban. Mi hermanito se estaba bajando películas de sexo filial. Movida por la curiosidad, y el morbo, me dirigí a la carpeta donde estaban los archivos descargados y bajando el volumen, puse una en marcha.

Una chica estaba a cuatro patas mientras un chaval la enculaba salvajemente mientras la gritaba en inglés. Fui leyendo los subtítulos y no salía de mi asombro cada vez que leía un. -¿esto era lo que querías, hermanita?. Rápidamente apagué la película y salí de la habitación de Dani notando cierta humedad en mi entrepierna.

Durante días no hacía más que dar vueltas en mi cabeza a la imagen de mi hermano mirando esas películas. ¿Hasta donde podría llegar? Supongo que la excitación natural me hizo querer comprobarlo, estaba en mi cama y sabía que mi hermano me observaba, me metía los dedos  haciéndome más osada, comencé a frotarme el coño y el culo sabiendo que mi hermano seguía mirando en la puerta. Poco a poco observé que no sólo era yo la que estaba siendo más atrevida en aquello, también Dani estaba dando pasos.

A lo largo de los días, Dani iba abriendo un poco más la puerta, para mirar mejor, tanto que un día, al mirarle de soslayo me di cuenta de que estaba con su polla en la mano, masturbándose con fuerza mientras me miraba en la ducha. Se acostumbró a que yo le viese allí de pie, con su tranca en la mano, meneándola como un obseso, y tanto fue así, que un día, me di la vuelta en la ducha y estaba de pie, en medio del baño, a pocos metros de mí corriéndose como un animal en el suelo. Me quedé mirando como se corría sin apartar su mirada de mí, de mis tetas, de mi coño. Dejó que la leche se le cayese por las piernas, machando todo el suelo del baño y sin decir nada, agarró mis braguitas limpias, que tenía preparadas para ponerme, y se limpió con ellas. Después, las dejó en su sitio y salió del baño como si no hubiera pasado nada. Yo, salí de la ducha, y sin pensarlo bien, me puse las braguitas a pesar de estar hechas un asco. La idea de que allí estaba la leche de mi hermano me hacía cosquillas en el estómago y así estuve todo el día, terriblemente excitada (solo que yo aún no sabía lo que era estar cachonda).

Pasaron los días y mis duchas seguían siendo el alimento de sus pajas y yo seguí poniéndome las bragas caladas cada vez que él me las dejaba en el baño. Una noche, estando en mi habitación, oí a mi hermano gemir levemente en la suya. Pensé que estaría masturbándose así que decidí asomarme a ver como lo hacía y si me producía verle esas cosquillas en el estómago y la entrepierna. Había dejado la puerta de su cuarto levemente abierta y me asomé un poco. Aquello me dejó rota. Mi hermano tenía puesta su web cam y a través del MSN se veía otra polla. ¡Mi hermano estaba masturbándose con un tío! La verdad es que pude pensar que era un enfermo, pero por raro que parezca, aquello me hizo ver que mi hermano era un pervertido, un cerdo que me ponía a mil.

Sin poder evitarlo llevé mi mano a mi entrepierna y sin saber que hacía empecé a frotar mi coñito. Aquello era demasiado, empecé a tener espasmos y tuve que hacer esfuerzos enormes por no correrme agarrada a la puerta y gritar como una loca. Me corrí a la vez que él se echaba su leche sobre su vientre y el chico del otro lado de la cámara nos mostraba su culo metiéndose un par de dedos. Me fui a la cama todo lo sigilosa que pude, pero no podía dormir. La imagen de mi hermano me tenía obnubilada y estaba intentando no volver a tocarme, ya que creía que no era lo correcto, cuando oí la puerta de mi cuarto. Levanté levemente la cabeza para ver a Daniel al lado de mi cama, totalmente desnudo y nuevamente empalmado. -Estabas espiándome hace un rato por la puerta de mi cuarto dijo él. Yo asentí sin atreverme a decir mucho más, así que él me miró seriamente y dijo -Deja que me meta contigo en la cama. Me eché a un lado del colchón y él se tumbó a mi lado.

Notaba su pene erecto contra mis muslos desnudos y poniéndose de lado me miró a los ojos mientras posaba su mano en mi coñito mojado. Dani rozó las braguitas caladas y acercó sus labios a mi oído -¿Qué es esto hermanita? ¿Tienes el conejito mojado? Yo volví a asentir cerrando los ojos ya increíbles.

Sentí como mi hermano guiaba mi mano hacia su pene, donde sin saber que hacer empecé a frotar. Mi hermano jadeaba y babeaba en mi oído y yo solo podía gemir. Un orgasmo increíble me sacudió calando la mano de mi hermano, que no dejó de frotarme. -Vaya, la perra de mi hermanita me ha mojado todo…esto supone un castigo duro…una buena inyección para que deje de mojarlo todo. Dani bajó hacia mi coñito palpitante y empezó a chuparlo, abriéndolo con las manos y dejando que su punta rozara mi clítoris. Si no me acabase de correr, lo hubiera hecho en ese momento, pero como acababa de tener un orgasmo, no podía tener otro tan rápido, cosa que aprovechó Daniel para darme unas buenas lamidas.

Sin mediar palabra y ya loco por la excitación de colocó entre mis piernas, entonces me asusté. -No Dani, no lo hagas supliqué. -Solo la puntita Bea, solo te voy a meter mi puntita y te la saco, Dani comenzó a meter la puntita y así estuvo un par de embestidas, cuando sin más me la metió de un solo empujón. Aquello dolió mucho así que cuando iba a gritar mi hermano me tapó la boca con la mano para que no nos oyeran nuestros padres.

-Solo la puntita repetía, mientras me la clavaba como un loco. El dolor dio paso a un placer increíble y me relajé por completo, por lo que Daniel me destapó la boca. -Me has mentido…me dijiste que solo la puntita le decía entrecortadamente. Daniel seguía follándome como un loco y me repetía una y otra vez -hermanita, mi hermanita, te estoy follando. A mi me excitaban sus palabras por lo que le imité como pude -fóllame más hermanito, vamos guarro, que te gusta follarte a tu hermanita.

Aquello debió ser mucho para él porque me miró y me dijo -me voy a correr hermanita, pero me voy a correr en tu cara de niña buena, ¿vale? Yo estaba al borde del orgasmo por lo que accedí sin pensarlo. Un par de empujones más y yo me corrí como una loca dejando toda su polla húmeda de mis flujos, entonces él se salió y se sentó a horcajadas sobre mis tetas, con su pene apuntando hacia mi boca. Mientras con una mano se la meneaba, con la otra me cogía los carrillos. -Abre la boca, saca la lengua. Yo hacía lo que me pedía mientras aplastaba su polla contra mi boca. -Pídemelo hermanita, pídeme mi leche.

Yo le miraba extasiada. -dame tu leche hermanito, pónmela calentita por toda mi cara, dámela en la boquita Y entonces comenzó a soltar chorros de semen mientras me decía, -toma perra, toma puta. Algunos sobre mis labios, pero casi todos en mis mejillas y en mi lengua. -Traga, traga, decía agarrándome la boca. Yo metía la lengua y tragaba todo aquello, mientras, sin tocarme, volvía a correrme de nuevo. Dani me metió el pene en la boca para que se lo limpiase bien, y una vez que lo hice se levantó de la cama. De pie me miró y sonrió, -eres una puta hermanita…esto aquí no acaba… Y sin más, salió de mi cuarto, dejándome así, llena de leche…

Autora: Calabefa

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Casi un sueño

Me estaba haciendo la mejor mamada que me hicieran jamás, estaba a punto de correrme, se quitó el tanguita negro que llevaba y se subió encima de mi, con un movimiento casi perfecto se acopló mi polla en su coñito húmedo y depilado y comenzó a moverse arriba y abajo, yo saboreaba sus tetas las chupaba como si fuese a alimentarme de ellas y el placer que experimentaba era inmenso.

Hoy va para hacer un año de la noche más loca que pueda recordar, yo por aquel entonces ya había perdido toda esperanza de disfrutar del cuerpo de aquella chica, la chica más bonita que jamás he conocido.

Ella era en palabras de casi todos los tíos que pasaban por la tienda: una visión celestial, y a fe que yo también lo pienso, 1\’70, 52 kilitos, morena con larga melena, ojos grandes color miel, una boquita de fresa que cada vez que hablaba se te derretía el alma, y por supuesto un cuerpo de ensueño, unas maravillosas tetitas talla 95 que desafiaban a la ley de la gravedad y un culito que te entraban ganas de agarrarlo cada vez que lo veías, y por si esto no fuese suficiente era dulce y simpática sin esfuerzo alguno.

Os diré que esta chica estuvo conmigo trabajando durante 10 meses y que por motivos que ahora no vienen al caso dejó de hacerlo, yo la había perdido el rastro completamente hasta que una tarde del mes de febrero apareció por la puerta de la tienda, sonriente, alegre, jovial y muy hermosa, pero rápidamente me di cuenta en cuanto empezamos a charlar de que algo había cambiado en ella, aparte de su vestimenta que no era la que acostumbraba, mallas muy ceñidas que le marcaban por completo el chochito y un jersey muy ajustado que dejaba ver que no llevaba sujetador al marcársele los pezones.

Después de un ratito de charla banal, decidí probar suerte e invitarla a que después de cerrar yo la tienda nos fuésemos a tomar unas copas, ella aceptó e incluso me dijo que si quería podíamos ir a cenar, que hoy me aceptaba la invitación que tantas veces la había hecho.

Así que después de cerrar la llevé a un restaurante de un amigo mío con el fin de intentar abordarla en algún lugar apartado e íntimo que nos pudiese facilitar, la cena transcurrió muy agradablemente, yo no dejaba de perderme en sus ojos y apreciar que sus tetas cada vez se marcaban más en su jersey, y por si no fuese bastante debido al calor que nos facilitaba el buen vino que yo no dejaba de servirla, se lo quitó y se quedó con una camisetita de tirantes escotada que terminó de ponerme a cien.

Así pues no podía dejarla escapar, con lo cual y debido a que dependía totalmente de mí para volver a su casa, ya que no había autobuses que pudiese coger a esa hora decidí ir a tomar unas copas a un garito cercano, entre el vino y los cubatas que conseguí hacerla beber, su estado de embriaguez era bastante considerable con lo cual decidí llamar a su madre y decirle que hoy su hija se quedaba a dormir en mi casa, que se nos había hecho tarde y que yo había bebido y no podía conducir, su madre accedió gustosa, siempre me consideró el mejor partido para su hija, así que después de tomar unos 3 cubatas nos metimos en mi coche.

Fue entonces cuando por fin sucedió, no habíamos avanzado más que un par de kilómetros cuando se quitó el jersey y la camiseta y con las tetas al aire me miró y me dijo: ¿te gustan? ¿quieres tocarlas? Y antes de que yo dijese nada se abalanzó sobre mí y me desabrochó el pantalón agarró mi polla que por entonces ya había alcanzado un buen grado de esplendor y se puso a mamarla, busqué un lugar donde aparcar y detuve el coche, mi polla desaparecía dentro de su boca casi por completo me estaba haciendo la mejor mamada que me hicieran jamás, estaba a punto de correrme cuando levantó la cabeza y mirándome se quitó las mallas y el tanguita negro que llevaba y se subió encima de mi, con un movimiento casi perfecto se acopló mi polla en su coñito húmedo y depilado y comenzó a moverse arriba y abajo, yo saboreaba sus tetas las chupaba como si fuese a alimentarme de ellas y el placer que experimentaba era inmenso.

Fue entonces cuando por fin me corrí por completo en su interior y al momento lo hizo ella también, entonces decidí que ya era hora de tomar yo las riendas, recline los asientos todo cuanto pude y colocándola a cuatro patas le metí dos dedos en su culito, estaba apretado, se diría que por allí aún era virgen, y cuando mi polla estuvo recuperada se la coloqué en la abertura y con un fuerte golpe se la introduje, el alarido fue considerable ella jadeaba y gritaba mi nombre una y otra vez, mientras me pedía que volviera a follármela por el chochito.

No se cuanto tiempo estuvimos así, se que fue mucho por que cuando llegamos a mi casa ya casi eran las cuatro de la mañana, la tumbé en la cama ya que después de hacerlo se quedó dormida en el coche, y al tumbarla se despertó se agarró a mi cintura y me sacó la polla de nuevo, se puso a mamarla y de nuevo estaba empalmado, la recliné en la cama y la desnudé, la abrí las piernas y comencé a saborear los jugos calientes de su conejito, mi lengua se movía hasta alcanzar su completo éxtasis, y de nuevo la penetré, ahora suavemente, con dulzura para que disfrutara del momento igual que yo, estuvimos casi dos horas más haciéndolo y después estuve besándola por todo su cuerpo dulcemente hasta que llegó la hora de irme a trabajar.

Me di una ducha y salí de casa dejando a la chica de mis sueños en mi cama, cuando regresé por la noche ella ya no estaba y tan solo había una nota encima de mi cama: “Gracias y hasta siempre“.

Casi a pasado un año desde entonces y no la he vuelto a ver, llamé a su madre y me dijo que estaba trabajando fuera de Madrid, y que la daría el recado, pero ella no llama y empiezo a creer que igual todo aquello no fue más que un sueño.

Autor: El Partido

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Isabel

Me dediqué a lamerle el culo sin descanso, sentía que estaba llena de su propio flujo por todos lados, el teatro estaba inundado de olor a sexo y ella seguía jadeando y gimiendo como si fuera la protagonista de una película porno; al mismo tiempo, metía ya dos dedos en el agujero caliente de mi culo mientras que con la otra mano no dejaba de arrastrarse a lo largo de mi verga.

Siendo yo muy caballero, antes de cualquier comentario creo que debo presentarles y describirles a la mujer que ha originado esta serie de relatos los que, pese a lo que los lectores puedan decir, son totalmente verídicos tanto en lo descrito cómo en sus nombres y comentarios.

Para aquella época, Isabel era una deliciosa mujer de 18 años… Su familia era recatada y, por lo tanto, ella se mostraba así. No obstante, luego de conocerla, muy disimuladamente le hice ver que su comportamiento y su forma de vestir para nada se ajustaban a lo que ella era en realidad y a lo que las personas de la facultad y nuestros amigos, querían ver de ella.

Isabel, gracias a mis inocentes indicaciones y sugerencias, aunados a todos aquellos de sus ricas y bien putas amigas, pronto renovó su guardarropa… Ella compró diminutas minifaldas, sensuales tops, jeans súper-ajustados, y blusas y camisas con profundos escotes, etc. Todo el cambio fue genial y muy excitante, pero faltaba el cambio interior…

Debo comentarles, que el comienzo de nuestra relación fue como el común de las parejas: besos, caminar de la mano, abrazos, miradas perdidas, etc. Claro está, que no pasaron más de quince días para que nuestra temperatura subiera rápidamente, notándose en que nuestros besos eran más profundos y ardientes, a que poco a poco aparecieran las caricias “inocentes”, las miradas de deseo y frases bien subidas de color…

Una tarde en el rincón más apartado y discreto del cine, mientras nos comíamos a besos, tímidamente puse una de mis manos sobre uno de sus espectaculares senos y, como no hubo rechazo alguno, me di a la tarea de acariciarlo y masajearlo suavemente para luego hacer lo mismo con el otro.

Isabel, que no era de piedra ni mucho menos, se había calentado muchísimo ya que sin que yo se lo pidiera desabotonó parte de su blusa y colocó mi mano adentro, yo quise desabotonarle sus jeans y bajarlos lo necesario para poder acceder a sus encantos, pero ella me dijo:

-No amor, acaríciame por sobre la tela, quiero sentir cómo tus manos me acarician mi conejito, cómo me calientas a través de la ropa, para sentir cómo me voy mojando bien despacio…

Así lo hice y ella abrió sus piernas para que yo trabajara con más comodidad, comencé a acariciarla por sobre la entrepierna de sus pantalones. Mi palma abierta subía y bajaba por toda la extensión de su delicioso conejo, le presionaba despacito justo en la unión de los labios de su vagina y simulaba el meterle un dedo rozando así el centro de su vagina, para dejarla casi desmayada, mientras nos seguíamos besando.

Subí mi mano y la metí entre su tanga y llegué a su vagina… Lamiéndole su oído le dije:

-Hummmmm, me encanta que la tengas afeitadita, se siente deliciosa… ¿quieres más caricias o me dejas meterte los deditos?

Esas palabras bastaron para que ella misma me sacara los pantalones, se bajara la tanguita y quedara desnuda frente a mí. Una de sus piernas estaba sobre la silla de enfrente mientras que la otra quedo colgando. Yo me arrodillé frente a sus piernas abiertas y mis manos se dedicaron a su deliciosa rajita, dejándola transportada a otro mundo.

-¡Estás tan mojada!- le repetía yo sin poder creerlo -Nunca vi. una rajita tan mojada, tan brillante, tan cremosa.-

Isabel me respondió: -¿Verdad? quiero que me metas los dedos, los mojes y desparrames mi flujo entre los labios de mi conejito.-

-Así te gusta, ¿perrita? – le pregunté mientras le metía dos dedos hasta el fondo, les daba media vuelta dentro de ella y los acaba empapados, para después lubricarle los labios mayores y menores de su rajita.-

Isabel decía: -Más, dame más, dame tu lengua, chúpame, chúpame despacito.- Y mi lengua se dedicó a lamérsela como ella quería, recogiendo sus flujos desde su interior para esparcírselo, de adelante hacia atrás, hasta llegar al agujero de su delicioso culo que, para ése momento, ya ardía al igual que todo mi cuerpo.

Yo, estando súper caliente, le decía a Isabel: -Quiero comerte entera… ¡eres deliciosa y rica! Me encanta tu flujo, Hummmmm. De pronto sentí que una mano de Isabel me acariciaba por toda la extensión de mi verga más que erecta y en cierto momento sentí que ella trató de meter uno de sus dedos por el agujerito de mi culo, haciéndome dar un respingo de placer. Isabel ya era conciente del volumen e intensidad de sus gemidos, pero no hacía nada para mitigarlos.

La verdad, yo estaba tan caliente que tampoco se los impedía, ya que estos me excitaban muchísimo; por el contrario, yo le decía a Isabel: Quiero que gimas, quiero saber cuánto estás gozando… dime cuánto te excita…dímelo…

– Isabel casi me gritaba: Sigue, sigue, no parees… Yo le preguntaba -¿Dime qué quieres que te haga…? Isabel, presa de una lujuria suprema y con todo el erotismo que pocas veces me había demostrado me suplicó: -Muérdeme el clítoris, pásame la lengua ahiiiiiiiiiii…

Para no hacerla esperar, mi lengua comenzó a lamérsela primero en círculos para llenarla de flujos, después la subía y bajaba endureciéndoselo; cuando estaba ya bien duro y salido, lo tome entre mis dedos y se lo estiré y pellizqué para después mordérselo delicadamente arrancándole un brutal quejido de placer…

Isabel me rogaba: -Dame vuelta… ayúdame a darme la vuelta, ella me lo pedía casi con desespero: Le dije: -¿Te gusta zorra, mi sensual perra, te gusta, verdad? ¿te encantan estas cosas? pídeme más, ruégame…Isabel gritó: – Sí, quiero más, no me dejes, dame más, quiero que me hagas lo que quieras.-

Al darle la vuelta, me dediqué a lamerle el culo sin descanso, sentía que estaba llena de su propio flujo por todos lados, el teatro estaba inundado de olor a sexo y ella seguía jadeando y gimiendo como si fuera la protagonista de una película porno; al mismo tiempo, metía ya dos dedos en el agujero caliente de mi culo mientras que con la otra mano no dejaba de arrastrarse a lo largo de mi verga.

Isabel me decía: -No doy más… no puedo más… méteme los dedos en el culo, métemelos… – ¿Así?, le pregunté mientras le metía y sacaba dos dedos en su hermoso y apetecible culo… ¿esto es lo que quieres? -Hummmmm, sí, sí, sí sííííííí, más, más, másssssssssssssss.-

Yo, ya sin el menor control metí de un solo golpe toda mi verga en su ya dilatado culo, mis caderas se mecían frenéticamente y esta deliciosa hembra llamada Isabel no paraba de sollozar, patearme y exigirme que la partiera en dos… No sobra advertir que los dos estallamos en el más profundo y glorioso orgasmo como nunca habíamos tenido en la vida.

Cuando Isabel se repuso de aquella “película”, me miró fijo a los ojos y me dijo: -No hemos visto nada de la película, rentémosla y la terminamos en tu casa…

Autor: giraldof

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La vecina del cuarto piso

Que corrida, le llené todo el culo de leche, ella se pegaba más a mí como para que no saliera nada de leche de su culo y los dos caímos rendidos al piso, ella debajo de mí, que delicia, no creía que me había cogido a esta mujer, su cuerpo y el color de su piel blanca me excitaban, comenzamos a besarnos, me dijo, tú eres el único hombre en mi vida, desde ahora seré tuya para siempre mi amor.

Hola amigos, desde que descubrí esta página no dejo ningún día de leerla sus historias son interesantes, al leer estas historias me animé a contar lo que me sucedió el año pasado. Primeramente déjenme presentarme, mi nombre es Carlos y soy peruano, vivo en la ciudad de Lima y tengo 31 años, soy casado, pero eso no impide que goce al ver una mujer hermosa y sobre todo si tiene un buen culo que es lo que me gusta, la historia que les voy a contar me sucedió cuando me mudé de departamento, me fui por un barrio llamado Los Olivos a un edificio de cinco pisos, al estar bajando las cosas del carro de mudanzas, vi que entró una mujer no tan hermosa pero si de bonito cuerpo.

Cuando esta ingresó al edifico pude apreciar el buen culo que tenía, ella llevaba un pantalón apretadito y una chombita de polar por que estábamos en otoño en esa época al instalarme en mi departamento, el cual quedaba en el segundo piso y luego de pasar un tiempo comencé a conocer a los vecinos y pude conocer a esta señora, la cual supe que era casada, y que su marido era un agente vendedor, y por su trabajo este viajaba mucho, así que la señora, a la que llamaremos Karina, paraba casi sola en su casa, ella tenía dos hijas muy hermosas, ellas estudiaban en las mañanas en un colegio particular y salían de clases en las tardes, siempre yo me encontraba con ella en las escaleras y la saludaba muy respetuoso y como era lógico la ayudaba con la canasta de las compras que ella traía.

Cuando llegó el verano pude apreciar el hermoso cuerpo que ella tenía, la verdad estaba muy bien conservada sus medidas creo que son 94-62-102 ella tenía 45 años y no parecía que los tuviera por que practicaba aeróbicos en las tardes cuando sus hijas venían del colegio ella salía a sus clases de aeróbicos y a esa hora yo salía a trabajar, como el gimnasio estaba en camino al paradero, en el cual pasaba mi movilidad para ir a mi trabajo, nos poníamos a conversar y hablar de muchas cosas y cada vez que salía un tema de sus clases yo le hacía saber que los aeróbicos estaban haciendo efecto en ella, le decía lo bien que se le veía y ella me contestaba que no sea tan mentiroso, que no es verdad, al oír eso fue algo que me dio pie a seguir con el tema y comencé a decirle lo hermosa que se le notaba al caminar, que tenía una cinturita que muchas chicas universitarias envidiarían y que tiene unas hermosas piernas, además que se le ve muy bien cuando está de espaldas—

Ella al oír esto me preguntó que a que me refería, me quedó mirando a los ojos y yo me puse nervioso, en ese momento aproveché y le dije que venía mi carro, me despedí de ella luego de esto no nos vimos por días, pero cuando la volví a ver fue que yo estaba bajando las escaleras y ella entraba al edificio, ese día venía del supermercado así que llegaba con unas bolsas grandes, al verla la saludé, -Como está señora Karina, veo que a hecho compras para la semana, si gusta le ayudo con las bolsas, ella me respondió:  -Está bien Carlos, gracias por la ayuda, la verdad que ya no podía sola, estaba deseando encontrarme contigo, por que sola no podría subir…

Ella dejó las bolsas en el piso y se acercó y me saludó con un beso en la mejilla, cogí las bolsas,  -Suba primero señora Karina que yo voy atrás suyo, -Deja de decirme señora, Carlos solo dime Karina, al subir ella primero, pude darme cuenta que ella llevaba puesto un vestido floreado, de esos que se usan en verano por que ya estaba haciendo calor, al subir ella las escaleras pude ver lo hermosa que se veía así que dejé que ella se adelantara un poco para poder apreciar las hermosas piernas que tenía, ella era una mujer blanca como la leche y eso a mí me excitó mucho, al llegar al tercer piso ella me preguntó: ¿Qué pasa Carlos, acaso estás cansado o es que te estás quedando atrás para poder verme de espaldas?, esto me sorprendió así que pensé, esta es mi oportunidad para lanzarme, con un poco de miedo le dije al acercarme, -¿Quiere saber la verdad?, ese vestido que lleva le queda muy bien y no pensé que fuera tan hermosa señora Karina, la verdad quería ver lo hermosa que es.

Ella no dijo nada y siguió subiendo yo al ver que no dijo nada subí atrás de ella pero al estar subiendo escucho un ruido al levantar la cabeza para verla veo lo más hermoso que pudiera ver, unas hermosas nalgas blancas con un diminuto calzoncito de color amarillo que se metía entre sus cachetes, que panorama, que delicia, al ella verme dice, -Aaaaay, es que se me cayeron mis llaves al sacarla de mi cartera, en ese momento yo casi me caigo por el peso de las bolsas con las cosas que ella traía, cuando llegamos a su depa ella abre la puerta y me dice, -Pasa Carlos, la cocina está en esa dirección, al dejar las cosas en la cocina ella me invita a sentarme, -Siéntate Carlos, debes estar muy cansado, te serviré un vaso de refresco para que sacies tu sed.

No creo que con un vaso con agua pueda calmar la sed que llevo dentro y la quedé mirando con una sonrisa pícara en los labios, ella me trajo el vaso de refresco y lo puso en la mesa, yo comencé a tomar el refresco y ella dijo si quería una tajada de queque que recién había horneado, al escuchar esto fue lo que me decidió a darlo todo, por que el que no la intenta no la consigue, así que le contesté, -Si señora Karina se ve que su queque está muy bien preparado y no creo que me conforme con tan solo una tajadita, por mi me lo comería todito, ella sonrió y me dijo, -Mejor comenzaré a arreglar las cosas en la alacena, yo quise ayudarla y ella me dijo, -Tú no te preocupes descansa y sigue tomando tu refresco que yo acá me encargo de todo yo le pregunté -¿De todoooo? ella sonrió y se volteó…

Yo estaba frente a ella mirándola todos los movimientos que hacía no apartaba mi vista de ese hermoso cuerpo y de esas hermosas nalgas que se veían apetecibles tras el vestido que le llegaba casi hasta las rodillas en eso ella abre una de las puertas de abajo del repostero y comienza a poner algunas cosas de limpieza, en ese momento yo no perdía ni un minuto sin verla y al agacharse más de la cuanta el vestido se levanta más de lo normal y pude apreciar ese hermoso culo redondito y blanquito que me decía cogeme, muérdeme, tócame, no resistí más la tentación y me abalancé hacia ese manjar, al acercarme a ella noté que no se movió, al agarrar sus nalgas ella dio un salto de sorpresa, al ver que seguía en la misma posición acerqué mi cara y comencé a besarle diciéndole…

-Señora Karina, que hermosas nalgas tiene… Me agaché para besar y saborear esas hermosas nalgas, comencé a pasar mi lengua por toda su raja, le hice a un lado su calzoncito amarillo y comencé a besarle el huequito rosadito y muy estrecho, ella me dijo que siguiera…-No pares Carlos, que rica lengua que tienes mi papuchito, quiero que sigas, no sabes lo mucho que lo necesitaba, sigue, cómeme todita, soy tuya por completo, al subir las escaleras hice caer las llaves a propósito solo para que tú me vieras el rico culo que tengo y que mi marido no sabe masajeármelo…

Yo no dejaba de lamer ese rico aretito, ¡que ojete que tenía! yo ya estaba a mil, la verga me reventaba dentro del pantalón, me paré y la tomé del brazo, la volteo y la comienzo a besar, su lengua recorría todo mi boca, ella intentó parar esto y me dijo: -No, no, no, Carlos no sigas por favor, soy una mujer casada…  le contesté… -Yo también karinita, pero eso no importa ahora…

Después de haberme dicho que no dejara de besarle el culo ahora se daba la santurrona, así que comencé a desnudarla. ahí en plena cocina los dos estábamos volviéndonos locos de pasión, al sacarle los tirantes del vestido pude apreciar lo blanco de su cuerpo y las hermosas tetas que tenía, eran duritas y muy blancas con los pezones rosaditos como dos cerezas, al verlas comencé a chuparlas, morderlas suavemente,  a besarlas en toda su dimensión, que maravilla, ella estaba con los ojos cerrados y disfrutando de lo que hacía, comencé a bajar mis caricias por su cintura, le quité todo el vestido el cual al caer pude ver la diminuta tanguita amarilla que tenía, comencé a decirle…

-Señora Karina que hermosa que es, que lindas piernas tiene, que lindas nalgas, ella gozaba con lo que le decía, al sacarle el calzoncito pude ver la hermosa chuchita, totalmente rapadita, muy bien afeitada y unos labios vaginales rosaditos, que maravilla…

Yo estaba completamente loco por esa mujer, la tomé de los brazos y la llevé a la mesita que estaba en el comedor la subí con mucho cariño, ella se sentó y me abrió las piernas de par en par, me acerqué hacia ella y la comencé a besar en la boca, a recorrer todo el cuerpo con mi lengua, mordía y metía mi lengua por su anito, lo lubricaba bien por que tenía que meterle mi verga por ese ojalcito tan rosadito que tenía la señora Karina, ella se voltea y me comienza a sobar el bulto que tenía en el pantalón y me dice:

– Carlos que duro que está, sácate los pantalones que quiero saber lo que es tener una pinga en la boca, eso a mí me puso carretón y con lo arrecho que estaba no se como lo hice pero en un segundo estaba sin pantalón y sin polo…

Estábamos los dos completamente desnudos en la cocina, en eso ella se agacha y comienza agarrarme la verga pasando su lengua por mi glande y sobando con sus manos mis huevos, en una de esas siento un calor que encierra mi pichula, ella estaba con la verga dentro de su boca, para ser su primera vez lo hacía muy bien, yo agarré su pelo castaño y comienzo a follármela por la boca, que delicia, ella lo chupaba de una forma maravillosa,  le digo…

-Para Karina, que no quiero vaciarme en tu boca porque quiero llenarte todito ese culito de mi leche y así marcar lo que me pertenece, ella se para y comenzamos a besarnos, la pongo de nuevo en la mesa, abro sus piernas blancas y acerco mi pichula a su conchita rosadita sin ningún pelito y comienzo a metérselo de a poco, sus jugos hacían que mi pija entrara con facilidad y ella movía las caderas de una forma que no aguantaba y comencé con la penetración, mi verga entraba y salía de su rica chuchita, con mis manos no dejaba de sobarle el culo y las tetas y besándola le decía lo buena que estaba, -Señora Karina, que dulzura que es, que cuerpo que tiene, me está volviendo loco…la cambio de posición y la bajo de la mesa, le doy vuelta, la recuesto sobre la mesa y la penetro por la vagina, ella echada en la masa aplastando esas dos hermosas tetas y yo le daba de palmazos en el culo, ella decía…- Así Carlos, así azótame, soy tuya, cogeme, cogeme cuando quieras y donde quieras, -Desde este momento eres mi mujer Karina, yo seré tu cachero y te daré toda la verga que quieras, ella,- Siiiii, así Carlitos, sisisisisisisi, tú serás mi hombre dame duro mi amor…

Cambiamos de posición, la hago poner de rodillas en la silla y le beso ese hermoso culo, comienzo a metérselo otra vez por su conejito, que rico que caliente que lo tenía, la bajo de la silla y me siento, hice que ella se sentara dándome la cara para que ella sea la que me cabalgara, ella agarró mi verga y se la comenzó a meter en su chuchita, al estar adentro se comenzó a mover como una ninfómana, sentía mis huevos reventar y escucho sus gemidos, así, así asiisisisisisisisisi, sigue, que pinga, que rico…me corroooo, me cooorroorooro…

Nos abrazamos, ella había tenido un súper orgasmo luego yo le digo… – Ahora mi amorcito quiero probar ese rico queque y lo quiero todito para mi (acá se le dice queque al culo de las mujeres) ella responde…-Si mi amor, pero nunca lo hice por ahí, -No lo puedo creer, si tienes unas hermosas nalgas y un trasero de campeonato, -Es que me contaron que duele, -No te preocupes mi amorcito que yo te lo voy a perforar con mucho cuidado, solo cuando entre la cabecita te dejaré que tú te muevas…-Está bien, quiero ser tu mujer por completo Carlitos…La puse en cuatro y le comencé a pasar mi lengua por su anito y alternaba con su rajita para que siguiera caliente ella movía el culo para un lado y para el otro, era delicioso, entonces le dije:

-Primero me lo vas a chupar para que esté bien lubricada mi pichula, me puse enfrente de ella dándole la pichula y así como una perrita me comenzó a chupar la pinga, primero despacito y luego más rápido, la verga la tenía muy dura y los huevos hinchados, se la saqué de la boca y me puse atrás de ella, comencé a sobarle mi pichula por todo su culo, por el ano, que rico ojete que tenía la condenada, puse mi verga en la puerta y se la metí lentamente, estaba en un mete y saca cada vez más profundo, ella se movía a mi compás y yo al de ella, nos habíamos acoplado como uno solo, en eso comienzo metérselo y sacárselo más rápido…ella decía así, así  asisisisisisisisisisisi, sigue mi amor, que rico, no pensé que fuera taaaaan rico, yo ya no pude aguantar más y le dije…-Me corro mi amor, me corrrrrrroooorrrrrrrooooo, yayayayayayayaya, agaagagaggggggggagggggg…

Que corrida, le llené todo el culo de leche, ella se pegaba más a mí como para que no saliera nada de leche de su culo y los dos caímos rendidos al piso, ella debajo de mí, que delicia, no creía que me había cogido a esta mujer, su cuerpo y el color de su piel blanca me excitaban, nos paramos y comenzamos a besarnos, ella me dijo… -Tú eres el único hombre en mi vida, desde ahora seré tuya para siempre mi amor, -Te cogeré donde quiera y cuando quiera…- Si mi amor si soy tu mujer…

Nos comenzamos a cambiar, cuando yo estaba cambiado y ella se puso su vestido, al tomar su calzón me dice, mi amor me quedaré con tu leche en mi culo todo el día como recuerdo de que soy tu mujer, me acompañó a la puerta y la besé apasionadamente, luego bajé a mi departamento, felizmente mi mujer no estaba y pude darme un duchazo y descansar de esa faena que me había agotado, actualmente ella se ha mudado porque a su esposo le ofrecieron un puesto en la compañía en el interior del país, y ahora tan solo me quedan sus recuerdos y sus cartas que ella me escribe…

Autor: Carlos

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