Quedamos a las ocho

Hetero, Confesiones. Quiero mezclar tu sabor con el mío en mi boca. Quiero tenerte líquido en mí. Quiero toda tu leche. Me preguntas dubitativo. ¿Quieres que me corra? No hace falta que te conteste. Mira mi cara de deseo. Tengo sed de ti. Mi cabeza está entre tus piernas moviéndose para que tu polla llegue a todos los rincones. Siente mi paladar y mi lengua por debajo masajeándote la polla mientras entras y sales.

Read more

Me gusta / No me gusta

Mi conversion de Amo a sumiso

Llevaba yo un tiempo teniendo algunas fantasias nocturnas en las que yo ejercia el rol de sumiso y un Amo me usaba y humillaba. Me despertaba tremendamente excitado pero al principio no le di demasiada importancia (yo era muy macho, un Amo).

Una noche estaba yo el el bar que os comento, llegue demasiado temprano y no habia mucha gente; aun asi me fui al pasillo de los glorys, me saque la polla y la meti en un agujero. Nada paso, ninguna boca avida se abalanzo a mamarmela. Debo reconocer que senti cierta decepcion, pero al mismo tiempo, me brindaba la oportunida de conocer el otro lado de los glorys, la parte de las bocas asi que sali de la parte de las pollas y me meti en la parte de las bocas. Rapidamente senti una excitacion que me sorprendio y asusto un poco. Inmediantamente vivieron a mi mente esas fantasias en la que yo me mostraba sumiso. ¿que haria si de repente una polla asomara por uno de los agujeros?. Por una parte, estaba seguro de que me lanzaria a mamarla, pero por otra.. al fin y al cabo, yo era un Amo, el brazalete negro de cuero en mi brazo izquierdo asi lo hacia notar. Y sin embargo…

Casi de inmediato, entraron dos sumisos en la zona de bocas y se colocaron frente a sendos agujeros, con una pequeña inclinacion hacia alante y apoyando una mano en el agujero (asi los Amos saben desde elotro lado que hay una boca esperando). Entraron ptros tres, uno se quedo delante de un agujero y los otros dos pasaron de largo saliendo por el otro extremo. Pense que era el momento de salir de alli, se empezaba a oir ruidos de gente entrando, en mi condicion de Amo, ese no era mi sitio, pero cuando estaba pasando por el anteultimo agujero que era donde se habia apostado uno de los sumisos, un Amo desde el otro lado metio su polla. El sumiso hizo una pequeña inclinacion, casi reverencial, beso primero con devocion la polla del Amo y empezo a mamarla. He de confeasar que el ritual me dejo maravillado y excitadisimo. Como decia, estaba yo a la altura del ultimo agujero y mi intencion era salir de alli (probablemente para meter mi polla por uno de los agujeros), pero de repente una polla entro en el ultimo agujero. Por unos segundos no supe reaccionar, no sabia que hacer, pero pense en el ritual del sumiso que habia visto y no pude contenerme: me incline en una pequeña reverencia, bese con cierta devocion la polla del Amo y empece a mamarsela. Tenia cierta confusion en mis sentimientos, por un lado me encontraba excitadisimo y disfrutando de poder mamar la maravillosa polla de ese Amo; por otro lado estaba nervioso, alguien podia verme haciendo eso y seria muy humillante. Esto hacia que mi exitacion aumentara. Tras un rato mamando la maravillosa polla del Amo, este la retiro. Pense que algo habria hecho mal, o simplemente El se habia cansado, pero no; lo que habia hecho era pasar al lado donde estaba yo. Practicamente no lo vi, me agarro bruscamente del pelo y llevo mi cabeza hacia Su polla. Sin darme yo cuenta me habia puesto de rodillas ante El para seguir mamando la polla. MIentras lo hacia, no podia dejar de pensar en que desde ahi, quienquiera que fuese el Amo, podria verme la cara y saber quien era. Al de muy poco, mis temores se hicieron realidad: el Amo me cogio del pelo y tiro de el haciedo que levantara la cabeza. Ahi se encontraron las miradas: era Miguel, un amigo mio, Amo, de los buenos, habiamos usado cantidad de sumisos a lo largo de los años. Fue como si el mundo se parara, se congelara. El con los ojos muy abiertos mirando hacia abajo, y yo de rodillas, con Su polla en la boca, mirandole desde abajo. Miguel reacciono primero:

– Pero, que haces, tio, estas loco?

– Miguel tio, no se lo que me ha pasado, lo siento

– Vamos a tomar una birra y hablamos, me has dejado flipado

 

Nos acercamos a la barra y Miguel se sento en un taburete. Yo pedi dos cervezas y le dije al camarero que apuntara las dos a mi numero de taquilla. No me atrevia a mirar a la cara de Miguel; estaba muerto de verguenza y me sentia humillado. Por otro lado, tenia una enorme ereccion, y Miguel fue bien consciente de ello.

– Cuentame, que cojones hacias tu mamando pollas como un puto esclavo

Apenas me salian las palabras, balbuceaba, tartamudeaba intentanod explicar a Miguel las fantasias que habia estado teniendo ultimamente

– Quieres hablar claro tio?, no te entiendo una mierda, te has metido algo?

Decidi ser completamente sincero con Miguel, que era un buen amigo desde hace muchisimos años.

– Mira, desde hace un tiempo a esta parte, estoy teniendo muchas fantasias en las que yo adopto del rol de sumiso y un Amo me usa y me humilla. Ultimamente cada vez que me hago una paja es pensando en que estoy con un Amo como Su sumiso. Hoy cuando he entrado, habia poca gente y me he metido en los glorys, he visto un sumiso la ceremonia para comer la polla a un Amo y me he puesto cachondisimo. Cuando ya iba a salir, has metido la polla en un agujero. No sabia que eras tu, te lo juro, y no me he podido resistir. Perdoname por favor…

– Bueno Bueno (risas). Tranquilo, no te preocupes no eres el primero, ni tampco seras el ultimo.

– Gracias Miguel

– Y, dede cuando tienes esas fantasias como sumiso?

– Desde hace ya año y medio mas o menos

– Y hasta ahora no lo habias probado?

– No Miguel, te lo juro

– Y que? te ha gustado tu rol de sumiso?

– (rojo como un tomate, muerto de verguenza) pues…. si te digo la verdad, ….. si

– jaja, ya lo veo, no hay mas que ver la empalmada que llevas

– la verdad es que si (sonrio, pero en realidad estoy avergonzado y humillado)

– Esta bien, no te preocupes. Te propongo una cosa: Vamos a subir a la sala de cine, alli no hay nadie y podemos hablar mas tranquilos. Tendremos una conversacion desde la perspectiva del Amo (Yo) y tu el sumiso. Ya sabes como debe comportarse un sumiso. Despues de la conversacion te pregunatare UNA SOLA VEZ si quieres seguir ejerciendo de sumiso. Si dices que no, bajamos, y usamos a algun imbecil de por aqui. Si dices que si, seras Mi sumiso el resto de la noche y mañana volvere a hacerte la misma pregunta. Esta claro?

– Si

– Si… QUE?

– Si ….Señor

 

Miguel termino Su cerveza, la dejo en la barra, se levanto del taburete y me dijo tajante: SIGUEME

Empezo a subir las escaleras hacia el piso de arriba. Iba vestido con unos jacks de cuero, un arness de cuero y acero y una muñequera de cuero ancha que le cubria medio antebrazo izquierdo. Yo iba doas pasos por detras de El, con un jackspot negro de algodon y mi brazalete de cuero en el brazo izquierdo.

Al llegar a la sala del cine, que estaba vacia, MIguel fue hasta la primera fila y se sento en la ultima butaca de la izquierda. Yo estaba muy nervioso y no sabia que hacer…. me sente a Su lado

– Se puede saber que cojones haces? no ha quedado claro abajo lo que eres ahora mismo?

– Si Señor, perdon – Y me arrodille a Su lado

– Creo que el puto brazalete esta en el lado equivocado, no crees imbecil?

– Si Señor – Me quite el brazalete del brazo izquierdo y me lo coloque (por primera vez en mi vida) en el derecho

– Ya CASI pareces un puto esclavo, pero ya me conoces,… como deben estar los putos esclavos ante MI?

– Completamente desnudos, Señor

– Y a que estas esperando, pedazo de mierda??

– Si Señor – me quite el jockstrap y quede arrodillado, completamente desnudo y con el brazalete en la derecha, arrodillado ante Miguel, al que ya empezaba a ver como mi AMO

 

——-CONTINUARA—-

Me gusta / No me gusta

Marido de alquiler

Vemos a un matrimonio en la cama. Tienen las luces de las lámparas de las mesitas de noche encendidas. Él es un hombre metido en los cincuenta, con leve sobrepeso y calvo. Ella es una muñeca irresistible, rubia, sexy, muy parecida a la actriz Jenna Jameson, aunque algo más delgada. El marido está leyendo y ella se muerde las uñas y mira hacia el techo.

-¿Cómo te ha ido hoy? -pregunta él, sin mirarla.

-Oh, muy bien.

-¿Y eso? ¿Qué has hecho?

-Solucioné un problema de humedad.

-¿De humedad? ¿Dónde? -pregunta él algo inquieto.

-No te preocupes, ya está arreglado. Ha venido un fontanero esta mañana y lo dejó todo muy bien.

-Pero, cuenta, ¿qué humedad?

-Pues verás, esta mañana me levanté, me duché, me depilé enterita y me hice de desayunar. Tú ya estabas en el trabajo. (Él asiente y deja el libro a un lado). Puse la tele y vi que estaban haciéndole una entrevista a Miguel Silvestre para promocionar su nueva serie. Ya sabes lo mucho que me gusta y me empecé a tocar.

-¿Te masturbaste viendo una entrevista?

-Oh cariño, tú ya no me haces últimamente mucho caso y yo soy joven. Es normal que me gusten los hombres atractivos. Pues eso, me senté en el sofá y empecé a darme suavecito en el clítoris mientras veía a aquel tío con barba incipiente, ese rostro tan bello, por Dios.  Me mojé irremediablemente. Pero no me mojé de una forma normal, no. El coñito se me empapó todo todito. Una barbaridad, vamos. (Él pone los ojos en blanco y comienza a sudar; ella se acerca más a él y le pone un dedo sobre los labios). ¿Y dime, cariño? Si tenía un problema tan, tan grave de humedad, ¿a quién iba a llamar?

-¿Al fontanero? -responde él, excitado.

-¡Exacto, mi amor! Pues estuve buscando por internet fontaneros especialistas en la tipología de humedades que me afectaban y encontré uno que me impactó. Tenía una página propia que se llamaba “Marido de alquiler”. Tenía fotos suyas, un muchacho cubano guapísimo, cuerpo de infarto, tatuado, ojos verdes, una pasada. Y tenía un lema que decía que  arreglaba todo aquello que mi marido no podría. Lo llamé de inmediato. Contestó con voz sensual. Le expliqué cuál era la situación y que era algo de vida o muerte. Me preguntó si tú estarías en casa y le dije que no. (Ella aparta las sábanas y comprueba que el marido tiene una erección bajo sus monótonos calzoncillos). Vaya, cariño. ¿Esto qué es? ¿Te gusta lo que estás oyendo?

-Sigue… ¿Qué pasó luego?

-Pues decidí vestirme para la ocasión. Me pusé el corset de encaje negro con lazitos rosa de raso, medias negras y taconazos. Prescindí de las braguitas. Pensé que la humedad debía estar a la vista, ¿no crees? (El marido asiente y se muerde el labio mientras ella le baja el pantalón y rodea su pene con la mano). Ohhh, mira lo tiesecita que  se te ha puesto, mi vida.

-Oh Dios mío, sigue.

-Está bien. Me maquillé, me pinté los ojos así con mucho rímel estilo gatita, y los labios muy fucsia, además me apliqué un brillo especial con efecto calor que compré por internet y que asegura que acentúa el placer para los hombres durante el sexo oral. Me eché perfume (del caro que me regalaste para Navidades) y de pronto… ¡Ding Dong! El timbre de la puerta. Fui con pasos rápidos apoyándome sobre las puntas de los tacones y abrí la puerta. Allí estaba ese hombre. ¡Estaba buenísimo! En persona era mucho más guapo que en las fotos. Vestía un peto de trabajo ajustado,  sin camiseta, con esos tirantes cruzando parte de sus poderosos pectorales. Sus hombros eran voluminosos y redondos, tenía tatuajes muy atractivos. Figuras japonesas con flores y cosas así, muy sexy. Y esa cara, mmmm. Con barba de dos días, ojos verdes, moreno, ohhh. Además esos brazos, con esos músculos, lleno de venas gordas, Diosss. Me apoyé contra la pared para no caerme de lo nerviosa que me estaba poniendo. Se presentó, me dijo que se llamaba Rubén (tenía una voz grave y dulce al mismo tiempo), yo le dije que me llamaba Laura.  Me pidió entrar y yo acepté claro. Llevaba una caja de herramientas en la mano.

“Dime, princesita, ¿dónde tienes el problema de humedad?”, me preguntó y yo suspiré. Le dije que pasara al dormitorio y me puse delante de nuestra cama. Él dejó su caja de herramientas en el suelo y se acercó a mi. “¿En qué puedo ayudarte, Laura?”, me preguntó con sus labios rozando los míos. Sentía una caricia de fuego sobre mis labios, el brillo estaba haciendo su efecto. Él olía a macho protector, una mezcla de madera y tabaco muy atrayente.  Destilaba testosterona, feromonas salvajes de lujuria que me incitaban a abrirme de piernas ante él y dejar que me usara a su antojo. Me estaba derritiendo. “La humedad la tengo en el coño…”, le susurré.  Él sonrió y me tocó suavemente con una de sus manos fuertes y viriles. Sentí su dedo separando con delicadeza mis labios vaginales y me estremecí. “Oh vaya, sí que estás húmeda. Muy húmeda”, confirmó él. Se llevó su dedo mojado a la boca y lo chupó. “Estoy caliente perdida, mi marido no me satisface y necesito que me follen bien, que me folle un hombre como tú, un macho poderoso, un semental rudo y musculoso…”, le dije en plan inocente, ya sabes ese tono que utilizo a veces.

(El marido cierra los ojos, el presemen resbala en forma de hilos por todo el glande mientras ella afloja el ritmo de la masturbación para no adelantar acontecimientos).

-Eres una puta…

-Oh cariño, ¿te estás enfadando conmigo? Si quieres no sigo contándote nada.

-No, no, está bien, lo siento, sigue…

-Vale. Bueno, ¿por dónde iba? A sí, Rubén se puso de pronto en plan machote dominador y me ordenó que me pusiera inmediatamente de rodillas. Yo le obedecí sumisa y me coloqué expectante frente a él. Se desabotonó los tirantes y dejó caer el peto hasta su cintura. Desde mi posición tenía una perspectiva excelente de su cuerpazo. Pude admirar sus abdominales duros como una piedra. Los empecé a acariciar, deslizando mis dedos sobre aquellos relieves tan eróticos. No todos los días tiene una la oportunidad de tocar un vientre así… Él se encendió muchísimo y me apretó las mejillas con una mano, deformándome la boca como la de un pecesito. Entonces me besó, me metió la lengua en la boca y me exploró con ella todos los recovecos. Besaba tan bien… Era increíble. Aquello prometía.
“Mmmm, te arden los labios”, dijo él al notar el efecto del brillo. “Te has puesto uno de esos bálsamos pensando en que me iba a gustar mientras me haces una mamada, ¿no?” Yo asentí. “¿Y quién te ha dicho a ti, que te voy a dejar chupármela? ¿Acaso has hecho méritos para merecerte que te meta mi polla en la boca?” Ufff, ese tono arrogante y humillante me ponía a cien. En ese momento se bajó el peto del todo. No llevaba calzoncillos y dejó a la vista ese… Santo Dios, ese pedazo de pollón al aire. Estaba totalmente depilado, ni rastro de vello, todo liso. Su polla era como un robusto pepino, gordo y grande. Imponente. Yo estaba desconcertada, solo veía venas y pliegues alrededor de ese momumento de carne morena, coronado por un hongo descomunal e inabarcable de un irresistible tono rosado. Al principio sentí algo de miedo al verla, luego me sentí deslumbrada ante un ejemplar de masculinidad de ese realce, al final estaba totalmente abrumada y embebida de una lascivia desquiciada.

-Mierda Laura, espera, espera…

(Ella se detiene y deja de masturbar a su marido. Su pene se tensa y se agita solito. Ha estado a punto de eyacular, pero se detiene. El marido está visiblemente excitado).

-Casi te corres, cielo. Pero si todavía no te he contado nada. Me dijo que debía comportarme como una gatita buena y cariñosa si deseaba mi premio. Y yo enseguida me senté sobre mis talones y comencé a relamerme las manos y a parpadear inocentemente. Su polla comenzó a endurecerse al verme en esa actitud. Yo maullaba y me refregaba por sus piernas musculosas, ronroneando, poniéndome en pompitas, mirándolo a los ojos, suplicante. Su polla estaba ya casi erecta, y vista desde el suelo me daba la impresión de ser un estandarte de hombría, fortaleza y potencia. Tan grande, tan gorda… Me tenía enamorada. Si me hubieras visto, allí, en celo, haciendo la tonta sólo para poder meterme aquel manubrio en la boca. Me da vergüenza decirlo, pero empecé a suplicarle, toda cachonda y mojada. Le pedía clemencia, necesitaba esa polla ¡ya! Ufff, creo que te hubieras ruborizado de la bajeza a la que llegó tu mujer.

(El marido vuelve a cerrar los ojos, su pene está a reventar. Ella deja de tocarlo y prosigue con la tortura).

-Eres la más puta que hay, una zorra imperdonable.

-Bueno, relájate, cielo. Sabía que te enfadarías conmigo… Snif, snif. Mejor lo dejamos, no quería contarte nada…

(El marido suspira. Tiene la cara roja)

-Está bien. Sigue que me vas a volver loco. ¿Se la chupaste al final?

(Ellar se ríe. Una risa encantadora, picarona, dañina).

-Sí, pero fue muy duro conmigo. Me hizo sufrir taaaaanto. Me tuve que arrastar mucho ante de él… Pero al final tuve mi recompensa. Mmmm, no sabía cómo lamerla, chuparla, besarla, para hacerla más mía. La recorría de arriba abajo, la succionaba, le comí los huevos bien comidos… Estaba como una dieciochoañera desesperada mamándosela a su ídolo, volcándome en cuerpo y alma para ofrecerle lo mejor de mi lengua y de mi boca. Cada vez que me la metía entre los labios, amorcito, sentía un placer inexplicable, era cómo estar subyugada ante la superioridad viril, algo que jamás había sentido con ningún tío. ¿Entiendes lo que te quiero decir?

-Oh sí, puta, sí.

(Ella vuelve a reír).

-Él parecía gozar también de lo lindo. Me decía que el calor que desprendían mis labios le excitaba muchísimo. Cuando se hartó de tanta mamada, me tiró sobre la cama y me devoró el coño mojado como un perro rabioso… Ohhhh, me corrí tantas veces… Esa lengua, esos labios acariciando mi clítoris, era tan experto, tan perverso. ¡Y tan guapo! Se dedicó a rebañármelo bien. Abría la boca así como una fiera y me engullía mi débil conejito indefenso. Luego, después de dejarme el coño bañado en saliva, se puso un condón con olor a chocolate y me la clavó hasta el fondo, sin miramientos.

(Ella se acerca al oído de su marido y le susurra:)

Oh, cielos, ese tío me la metió hasta los cojones. Y tenía tanto aguante. Pimpam, pimpam, pimpam. Y así, durante tanto tiempo, metiéndomela sin piedad, follándome como todo un hombre, en posturas que jamás pensé que existían. Una máquina, amor, una máquina. Llegó un momento, cielo, a la hora de follarme sin parar, mientras me partía como un toro bravo por la mitad, con hondas y pesadas penetraciones, que sentí una sensación de renuncia a todo y por todo. Me corrí tan salvajemente que en ese momento me daba igual todo lo demás, solo me importaba que ese pollón entrara más y más dentro de mí. Ya nada le hubiera detenido de seguir follándome, ni yo se lo hubiera impedido pasara lo que hubiera pasado.  Si nos hubieras sorprendido, por ejemplo, hubiéramos seguido follando como locos. Me hubiera dado igual verte entrar por la habitación, cariño, y te puedo asegurar que él me hubiera jodido con más ganas aún de ver tu cara de pasmado. De hecho, mientras me jodía bien me pedía que te llamara cornudo, que le dijera que tenía la polla más grande que tú, que nunca podrías follarme así cómo él. Le gustaba mucho oírlo, cielo, y la verdad es que a mí me ponía una barbaridad decirlo.  ¿Sabes?, cuando te abres de piernas para que te folle un macho así, te sienes como una zorrona deseada y es la más excitante sensación del mundo y lo demás se queda relegado al ridículo, tú incluido.

(El marido se retuerce y se tensa todo. Ella no para de menearle la polla.)

Después de joderme el coño lo que le vino en ganas, me puso a cuatro patas y me la metió por el culo. Ya sabes que nunca te he dejado que me penetraras analmente, y jamás pensaba que eso me pudiera gustar, pero…  mientras me la clavaba por el culito me decía tantas guarradas: que si era una puta, una guarra, que tenía el coño malfollado, que si mi culito estaba hambriento. Además, me vi aquí, en nuestra cama de matrimonio, con ese hombre detrás de mí, partiéndome el ano con ese pollón, apoderándose de lo que se supone que es tuyo, ganándote la batalla como hombre, como marido, como follador, como todo, sodomizando a tu esposa en tu propia casa, que empecé a gritar de placer, suplicándole que no se le ocurriera dejar de follarme nunca, que me arruinara el culo todo lo que quisiera. Ufff, me corrí de nuevo y esta vez como una perra… Me hice pis encima, qué vergüenza. El tío estaba ya a punto también, noté su polla hinchada palpitando dentro de mi esfínter. Le pedí que se corriera dentro de mi boca y así lo hizo. Me la sacó de golpe, dejando un gran vacío en mi interior y yo, como loca, me coloqué debajo de él con la boquita abierta, así, mira… ¿ves? aaaaaaahhhhh. Y él se la meneaba, todo ese embutido gordo de venas, mmmm… Y de pronto, ¡¡splaaash!!, una ráfaga de semen templado me llenó toda la carita, luego otro chorró más potente entró en mi boca, luego otra descarga menos ya más discreta terminó resbalando en mi barbilla. Me dejó toda hecha un desastre. Me tragué su semen y saborée su salada masculinidad hasta el deleite. Después seguí un buen rato chupándosela, hasta saciar mi apetito. Fue el mejor polvo de mi vida.

Y éste ha sido mi día de hoy. (Ella le da un beso cariñoso en la mejilla a su esposo). ¿Y a tí cómo te fue en el trabajo, amor?

(El marido grita y se corre. Un chiato largo y potente salta por lo aires y salpica su abdomen flácido. Ella sonrié y se aparta. Pone la mano tiesa como si le diera asco pringarse).

Por cierto, el tío me cobró 600 euros por el arreglo, gordito. Menos mal que te dejaste la cartera en casa. ¿No es tan caro, verdad?

Me gusta / No me gusta

Viaje a Tailandia

Lo decían los Planetas en aquella canción, “…si te esfuerzas, puedes desaparecer…”

La verdad, tenía ganas de desaparecer. Si, estaba viviendo una época curiosa con Luna. Nunca había disfrutado del sexo como lo hacia con aquella mujer, pero no estaba bien. Necesitaba desaparecer por un tiempo. Era la vida que giraba alrededor de mi relación con Luna lo que me pesaba. Además, no sabía donde se dirigía dicha relación. No me veía saliendo en firme con una mujer que no era mujer y contándoselo a mis padres.

Me acaban de despedir de mi trabajo. No estaba a gusto en esa fábrica. Demasiada tensión, estrés o como queráis llamarlo, pero mi cuerpo empezó a acusar dicha tensión y las bajas se sucedían mes tras mes. La empresa lo tomó como un deseo de ser despedido y eso hicieron. Me dieron lo que me correspondía y conseguí un buen colchón de euros. Use parte de ese dinero para financiarme un buen viaje al país que llevaba años queriendo visitar, Tailandia.

No me voy a inventar ninguna historia ficticia (bastante hay ya que contar), que pudiese haber ocurrido en el avión o de camino, pues hice una larga escala en Franckfurt.

Aterricé en Pucket, una gran ciudad como otra cualquiera en Tailandia. Pero para mi que era nuevo en el país, supuso un choque para mis sentidos. La gente habla del impacto cultural, pero lo primero que se aprecia cuando vas a una cultura tan distinta, es el olor, la temperatura, la humedad, los colores, etc…

No pasé mucho tiempo en Pucket. Pronto salí hacia el sur, evitando las islas más turísticas y terminé en Kravi. Ciudad que recomiendo a todo el que visite el país. El mercado nocturno de comida es espectacular. Fue allí en esa ciudad donde me dí cuenta de la cantidad de oferta sexual que se respiraba en el país. Quizá no es tan pronunciada como en el norte o la capital, pero desde luego se hace notar.

Me alojé en un albergue más bien modesto aunque muy cuco, en una calle tranquila de la ciudad. Algunos garitos y pubs pillaban de camino al centro. Comencé buscando en mi guía de viaje los sitios más interesantes que ver; Templos, mercados, playas…Bueno lo de ir a las playas no funcionó por la época que elegí para visitar Tailandia. Al segundo día de estar en Kravi visitando la ciudad en si, decidí darme uno de los muchos masajes que me di a lo largo de las vacaciones. Escogí un lugar cerca del hostel, más por comodidad que por otra cosa.

Un sitio mixto con peluquería, manicura y masajes como muchos otros. Un hombre mi misma edad (unos 30), me recibió y me atendió con pocas palabras, pues imagino que no hablaría mucho inglés. Me hizo una seña para que le siguiese. Subí al piso de arriba y entré en una habitación con compartimentos separados por cortinas, todas abiertas. Pasamos al último y más iluminado por una ventana cercana.

Me dejaron una camisa y un pantalón para cambiarme. A los dos minutos el hombre regresó y me pidió que me tumbase todo con gestos. Trajo consigo una par de botes. El muchacho empezó por las piernas. Aceite de coco abundante para no hacer daño con los pelos. Me relajé mucho y disfruté de lo que me hacían. Cambiaba de las piernas a la espalda, lo cual era inusual, pero placentero. Se centró un rato en los muslos, los cuales recorría con sus manos de arriba a abajo. No sé si fue la primera vez la que me di cuenta pero hubo un momento que cada vez que subía sus manos me rozaba un poco los testículos. Yo lo notaba, pero era tan leve que dudo que el se diese cuenta. Me gustaba. No me planteé que el fuera un hombre, ni que lo estuviese haciendo adrede, estaba demasiado centrado en el masaje y me estaba gustando mucho. Tras unos minutos me dijo con un gesto que me quitase la camiseta. Se centró entonces en un muslo. Cada vez que subía me tocaba un huevo. Yo por mi parte recuerdo tener un poco de vergüenza y pensé que no se me debía poner dura, sobre todo por respeto al profesional. Yo lo miraba como podía puesto que estaba boca abajo y el me sonreía. Cambió de pierna y con un gesto que no entendí echo mano a mi paquete y lo cambio de lado. Sonrió de nuevo y sin más comenzó a darme el mismo masaje en la otra pierna. Cada vez rozaba más mis testículos. Yo no decía nada entre otras cosas porque me estaba gustando, aunque me daba vergüenza que se me pusiese dura, así que estaba concentrado en ello, cuando el masajista con otro gesto, como si le estorbasen me pidió que me quitase también los pantalones. Así lo hice, con dudas, puesto que no lo esperaba. Ya en calzones, reanudó el masaje con el mismo rozamiento de huevos. Me estaba excitando. La verdad, lo hacía muy bien y me acariciaba toda la pierna. El aceite ayudaba a que se sintiese un mejor tacto. El hombre continuaba masajeando los muslos y en ocasiones mis glúteos metiendo un poco sus manos por debajo de mis calzoncillos. Sus roces con mi entrepierna se incrementaron en numero e intensidad. Noté como agarraba la goma de mi bóxer y tiraba de ella para abajo. Levanté un poco la cadera y me quitó mi ropa interior. Ya estaba desnudo. Sin remilgos se fue directamente a masajear mis glúteos de una manera entre profesional y sensual. Me estaba excitando. Llegado un punto deslizó un par de veces la mano por mi ano y al ver que yo no reaccionaba negativamente lo hizo de forma más marcada. Poniendo un poco más de aceite. Así estuvo un poco, hasta que me tocó un hombro y son la misma sonrisa que me recibió, me pidió que me diese la vuelta. Un poco avergonzado lo hice y se hizo visible el motivo de mi vergüenza, pues mi polla ya estaba semi-erecta. Claro que razonando un poco en el momento, pensé: “El sabe que me está tocando, no esperará que no reaccione, ¿no?”, así que me acomodé. Él, con una sonrisa un poco más cómplice comenzó a masajearme los muslos por la parte de arriba, claro. Cada vez que subía sus dedos se deslizaban por mi ingle y yo respiraba al compás de los vaivenes. Poco a poco, me fue tocando más y más hasta que el masaje lo daba directamente en mis testículos. Con gesto como si lo hiciese todos los días, cogió el bote de aceite y me echó un poco en la polla que se escurrió hasta mi ano, pasando por los huevos. Dejó el bote y lo extendió todo por mi rabo, huevos y ano. A mi me arrancó un gemido, al cual contestó con una sonrisa, queriendo decir algo como “lo sé, se siente bien, ¿verdad?”. En ese momento se pasó por mi cabeza si se estaría aprovechando de mi, pero si era así no tenía yo ninguna queja. El masaje de ahí en adelante se concentró en mis partes, vamos que me estaba masturbando. Bueno, no. No sólo era eso, porque los estaba haciendo tan sensual que no parecía algo sexual, sino más bien relajante, pero la paja me la estaba haciendo. Mis dudas que tuve al llegar de si sería gay, quedaron confirmadas. Tonterías aparte, disfrute de la paja. Una paja increíble. Con una mano que nunca separaba de mi polla me masturbaba y con la otra jugaba a acariciarme los huevos, acariciarme el perineo, rozar mi ano incluso meter la puntita de su dedo a lo cual no me negué, por supuesto. Yo sabiéndome sólo en la habitación con él, no dejaba de gemir, no muy alto pero no me corté. El me acariciaba la tripa, mis muslo, regresaba a los huevo pero siempre sin soltar mi verga y sin cesar en el sube y baja de la mano que me la asía.

Jugó mucho con mi ano. Metió lentamente su dedo. La puntita, un poco más…masajenado el interior de mi culo, como si de una vagina se tratase. Mi polla iba a estallar. Jugaba con lo poco de dedo que instrucción en mi culo e incrementó la intensidad de la paja. No tardo mucho en llegarme el orgasmo…Y que orgasmo!! Hasta el mismo puso cara de asombro de la cantidad de semen y la intensidad del orgasmo que me provocó. El semen fluía como de un volcán manchando mi tripa, sus manos e incluso su camisa.

Me limpió con una toallita cuando hube terminado del todo. Lentamente como si de algo cotidiano se tratase. Con un gesto me indicó que me relajase. Y derramando unas gotas más de aceite en mi vientre, termino el masaje que había empezado hacia ya casi una hora. Con movimientos suaves me acarició todo el cuerpo, ya sin reparos. De vez en cuando pasaba sus manos por mi verga ya fláccida, pero sobre todo mi pecho, cuello y cara. Creo que hasta me quedé dormido por unos minutos. Abrí los ojos y allí estaba él, sonriendo. Me señaló mi ropa y me dejó a solas para que me vistiese.

Al salir me despidió como si el masaje hubiese sido de lo más normal. Ahora si podía apreciar el tono gay de sus gestos. ¿Sería normal en ese sitio ese tipo de masajes? No lo sé. Lo que si supe en ese momento es que regresaría a por otro masaje como ese.

Me gusta / No me gusta

Engaño Confesado II

Y aquí va la continuación del relato que publiqué el año pasado ;) Engaño confesado I

Engaño confesado II

Sentí como mis ojos se humedecían ante el último pensamiento. Era solamente la verdad, Diego podía tener una mejor verga, podía tener un mejor cuerpo e incluso quizás era mucho mejor durante el sexo que Gerardo; pero eso jamás lograría llenar el espacio que Gerardo ocupaba en mi corazón. Gerardo me hacía sentir mejor solamente teniéndome contra su pecho, estrechándome entre sus brazos. No necesitaba estarme cogiendo para hacerme sentir bien.

Gerardo movió su cabeza, pude verlo de reojo, pero yo no hice mayor movimiento.

-¿Qué tienes? -preguntó preocupado.

¡Maldita fuera! Creí que desde ese ángulo no alcanzaría a ver mis lágrimas. Aunque quizás las que lo habían alertado eran las que se habían derramado sobre su pecho.

-Nada -contesté en un tono de voz que hizo de mi mentira algo muy evidente.

-No me digas que… ¡Demonios! ¿Te lastimé? Discúlpame. No debí de haberme dejado llevar por el momento. Debí de al menos haberme molestado a ir a buscar el lubricante.

¿Él creía que mis lágrimas se debían a que me había lastimado al penetrarme? ¿El chico más cuidadoso con el que había tenido sexo alguna vez se preocupaba de esa manera por mí? Aquello solo hizo que mis lágrimas se volvieran un caudal.

-Calla tonto -le dije mientras de mi pecho surgían sollozos-. Solo estás diciendo tonterías.

-¿Entonces por qué lloras? -me preguntó él mientras acariciaba suavemente mi cabello.

-Porque estoy perdiendo lo mejor que he tenido en mi vida -contesté entre mis sollozos.

Ya no me importaba retener las lágrimas. Dejé que estas se deslizaran por mi rostro hasta caer en su pecho. Él no dijo nada durante un buen rato.

-No entiendo -confesó finalmente-. Eres tú quien quiere cortarme. Yo jamás te pediría que me dejaras, especialmente si te sientes así.

Lo estreché más fuerte entre mis brazos, aunque no pude hacer que mis lágrimas se detuvieran. ¿Cómo explicarle lo que estaba sucediendo? ¿Cómo podía decirle que la razón de que lo estuviera cortando era yo y no él? Sonaría a cliché más usado que vagón del metro.

-Gerardo -me dijo él. Era realmente curioso que nos llamáramos de la misma manera, especialmente en situaciones como aquella-. Necesito una explicación.

Tomó mi barbilla con una de sus manos, obligándome a voltear a verlo.

-¿Por qué quieres cortarme si crees que soy lo mejor que has tenido en la vida? -inquirió él.

Negué levemente con la cabeza sin atrever a mirarlo a los ojos.

-¿No crees que me merezco saber al menos la razón por la cual me estás cortando? -me preguntó él.

Se merecía más que eso. Pero no tenía nada más para darle.

-Tú te mereces algo mejor que yo -le contesté.

-¿Cómo va a haber algo mejor que tú? -cuestionó él con un nudo en la garganta-. En toda mi vida jamás he encontrado a alguien que sea mejor que tú.

Comencé a negar inmediatamente con la cabeza ante aquellas palabras. Por supuesto que debía de haber encontrado a alguien mejor que yo.

-Gerardo, no tienes porque subestimarte -me dijo él.

-¡Yo no me estoy subestimando! -exclamé molesto-. Cuando digo que te mereces a alguien mejor que yo me refiero a que te mereces a alguien que no te ponga el cuerno a la menor oportunidad.

Finalmente lo vi directamente, solo para ver una expresión de sorpresa y dolor que cruzaba su rostro. No aguanté eso. Me separé de él y me senté en un espacio libre del sofá mientras hundía mi rostro entre mis manos. Había estado a punto de decirle que le había puesto el cuerno con su propio hermano, pero aquello no podía confesárselo. Jamás.

Él se quedó en su lugar quieto durante un buen rato, pero después sentí como se movía y se sentaba a mi lado.

-¿Acaso lo quieres más a él? -preguntó.

Aquella pregunta hizo que mis lágrimas se pararan de golpe. No me esperaba una pregunta como esa.

-Por supuesto que no -contesté mientras volteaba a verlo sintiéndome confundido.

-Entonces… ¿acaso es mejor que yo a la hora del sexo? -inquirió él, aparentemente también confundido.

-No, no. Tú lo superas por mucho -contesté yo. Porque aunque había sido placentero con Diego también había habido dolor y cierto sentimiento de sometimiento. Con Gerardo solo sentía placer y me sentía más bien amado.

-¿Entonces por qué estás haciendo esto? -me preguntó él.

-Ya te lo dije -le respondí mientras desviaba la mirada-. No te mereces a alguien que te haga algo como eso.

-No sé como lo veas tú, pero para mí no es tan malo -respondió él-. Entiendo que quizás tenías curiosidad por sentir que era estar con alguien más, pero no me provoca conflicto especialmente porque si estoy entendiendo bien, aquello se trató solo de sexo. Me preocuparía si tuvieras una relación más emocional con él, pero incluso si me dijeras que él es mejor que yo a la hora del sexo me sentiría conforme sabiendo que soy yo a quien tú amas.

No podía creer lo que estaba oyendo, pero no podía ver en sus ojos rastro de que estuviera mintiendo o algo así. Y por otro lado, ¿por qué me costaba tanto trabajo creer aquello? ¿No yo mismo le había dicho algo similar a Diego el día en que había tenido sexo con él? ¿No había sido un discurso bastante parecido lo que había hecho que Diego se animara a seducirme?

-Respóndeme esto con sinceridad Gerardo. ¿Soy yo el hombre al que más amas? -me preguntó él mientras tomaba nuevamente mi barbilla.

-Sí, por supuesto que sí. El único -le contesté yo mientras veía sus bellos ojos castaños.

-Pues mientras así sea no voy a permitir que me dejes -me prometió él con una esplendorosa sonrisa-. Solo hay dos formas en que puedes dejarme. Una, que dejes de amarme. La otra forma es si encuentras a alguien a quien ames más que a mí, ¿entendido? Incluso si encuentras alguien que sea mejor que yo en la cama no me puedes dejar mientras me ames más a mí que a él, ¿okey?

No sabía qué pensar de aquello. Era un acuerdo bastante extraño, ¿no? ¿Significaba aquello que me daba permiso de coger con cuanto hombre quisiera? Sin embargo, yo sabía que el único hombre con el que quería estar, tanto emocional como sexualmente, era él.

Mis ojos volvieron a humedecerse, pero esta vez era diferente. Lo abracé con fuerza y me hundí en su pecho mientras sentía una felicidad desbordante dentro de mí. Sentí su olor, aquel olor que quedaba justamente después de tener sexo, aquel olor suyo que me volvía loco. Sería mío, no tendría que despedirme de él jamás. Porque estaba convencido que nunca encontraría un chico más al que amar que a él.

Lo oí reírse mientras me estrechaba contra sí y me acariciaba la espalda. Creí que era una caricia un tanto inocente hasta que me di cuenta que su pene estaba recuperando dureza poco a poco.

-¿Se puede saber en qué estás pensando? -le pregunté mientras lo miraba fijamente con una sonrisa pícara.

-Bueno, me has tenido más de un mes con abstinencia -me dijo él-. Creo que aguantaría bastante bien un segundo round. Aunque si tú no quieres lo entenderé.

Por toda respuesta le planté un beso apasionado. Mi lengua entró en aquella boca que ahora sentía como mía mientras mis brazos se deleitaban con el cuerpo del hombre que tanto amaba. Era increíble la nueva percepción que me daba el haber renunciado a él y tenerlo nuevamente entre mis brazos sabiendo que no tendría porque hacerlo.

Él dejó que su boca se deslizara por mi barbilla y de ahí a mi cuello, mordiéndome suavemente mientras yo dejaba que una de mis manos recorriera una de sus piernas hasta llegar a su ingle. Justo a un lado ya se encontraba su amiguito totalmente despierto.

-Por cierto, te tenía una sorpresa -me dijo sin separar sus manos de mi cuello.

-¿En serio? ¿Cuál? -pregunté yo mientras tomaba su pene con mi mano, deleitándome con su tacto, disfrutando la sensación de recorrer totalmente su prepucio.

Mi novio me separó ligeramente de mí y se levantó, dejándome a mí sentado con las manos vacías.

-Si esta es la sorpresa no me gusta demasiado -le dije yo mientras lo veía de pie. Sin embargo, cuando acabé de decir eso me di cuenta que no era del todo cierto. Era una bonita imagen verlo de pie frente a mí totalmente desnudo y erecto. Aunque necesitaba un buen bronceado en las piernas aquello no hacía que se reduciera mi deseo por él.

-Esta no es la sorpresa -me dijo mientras me tomaba de la mano para jalarme.

Me dejé arrastrar por él, aunque no estaba seguro de si era su mano la que me atraía o en realidad se trataba de la atracción que me producía todo su cuerpo la que me llevó a seguirlo por su casa hasta llegar a su habitación.

No solo la sala había sido remodelada, si no que también lo había sido su habitación. Las paredes habían cambiado su tono de verde por un amarillo, lo cual me recordó sin poderlo evitar que yo le había comentado hacía tiempo que me gustaría tener mi cuarto pintado de amarillo. También había colgado una foto enmarcada de los dos. Recordaba esa foto. Habíamos cumplido un mes y habíamos ido a visitar Teotihuacán. Al fondo de la foto se veía la pirámide del Sol.

Sin embargo, lo que más me atrajo la atención fue que la cama individual que de antaño ocupaba el espacio había sido remplazada por una tamaño matrimonial. Me pregunté si aquello significaba que Gerardo quería más espacio a la hora de dormir o tenía otras implicaciones, especialmente sumándole lo de la pintura en la pared.

-¡Vaya, te conseguiste un espacio más amplio! -comenté mientras me sentaba en la cama.

-Pensé que nos merecíamos un poco más de movimiento -dijo él con una gran sonrisa.

Esperaba que él se dirigiera inmediatamente hacia mí, pero en lugar de eso fue hacia un cajón del escritorio para sacar una cajita envuelta en papel de regalo.

-Toma -me dijo él mientras se sentaba a mi lado-. He de decirte que originalmente este regalo iba a ser para celebrar cuando cumpliéramos seis meses de novios, pero bueno. Supongo que tampoco está tan mal como para celebrar los siete meses.

Miré la cajita con interés mientras intentaba desamarrar el moño que traía. ¿Qué había planeado regalarme mi novio para celebrar nuestros seis meses juntos, ahora siete?

Cuando abrí la caja me sentí ligeramente decepcionado. Solo se trataba de una botella de lubricante. Él normalmente se encargaba de tener uno siempre a mano. ¿Por qué tendría que regalármelo? ¿Era su manera de decirme que me tocaría a mí mismo prepararme?

-Lubricante -comenté en tono ambiguo.

¿Mi novio esperaba una especie de show? ¿La idea era que yo me pusiera el lubricante mientras él me veía? Sí, quizás fuera excitante; aunque debía de confesar que en lo personal prefería que él mismo me embarrara el lubricante. Pero bueno, sería egoísta de mi parte esperar que él hiciera todo siempre, ¿no?

-Pareces decepcionado -dijo él mientras me abrazaba y me jalaba para quedar los dos recostados en la cama.

-No es que sea algo que no hayamos probado antes, ¿verdad? -le dije. Ni siquiera se había conseguido un lubricante con sabor o de esos que producen otras sensaciones.

-Te equivocas. Definitivamente es algo que no hemos probado antes -me contradijo-. Solo que aún no te digo la mejor parte.

Mi imaginación no podía trabajar alguna posibilidad. ¿Acaso Gerardo pensaba en una nueva posición? ¡Mejor me hubiera regalado un kamasutra!

-¿No se te ocurre nada? -preguntó él.

-No -contesté.

Él me tomó de mi mano para dirigirla hacia su cuerpo.

-El lubricante es solo para que lo coloques aquí -dijo finalmente él mientras restregaba mi mano contra su trasero.

Aquello me sorprendió totalmente. Es decir, yo me consideraba inter, pero desde que Gerardo y yo andábamos solo la había hecho de pasivo. Pensaba que mi novio era activo, y la verdad me hacía sentir tan bien que nunca me había cuestionado que las cosas pudieran ser de otra manera.

-No me vas a decir que eres de los que solamente les gusta ser penetrados, ¿verdad? -cuestionó él, seguramente ante mi expresión de sorpresa.

-No, para nada -le respondí-. Sin embargo, después de seis meses había creído que tú eras solo de los que les gustaba penetrar.

Aquello originó una carcajada por parte de Gerardo. Yo me le quedé viendo de manera inquisitiva.

-De hecho, eso solo ha sucedido contigo -me confesó-. Antes de conocerte solo la hacía de pasivo. Pero aquel primer día contigo… no estoy seguro de como fue, solo supe que de repente tuve deseos de penetrarte, de hacerte mío, y tú pareciste disfrutarlo tanto.

-No solo “parecí” -le aclaré yo mientras dejaba que uno de mis dedos danzara sobre su pecho.

-Okey -aceptó él con una sonrisa-. Y tú lo disfrutaste tanto. Yo también, por supuesto. Y como fue pasando nuestra relación parecía algo natural, ¿no? Sin embargo, de repente no podía evitar preguntarme qué se sentiría que las cosas fueran al revés, quizás de vez en cuando, quizás una vez tú, otra vez yo. Y no sé, se me ocurrió la idea de que intentarlo sería una buena idea de celebrar nuestros seis meses, pero pasó lo de mi mamá y pues ya no se pudo.

-Bueno, tampoco es que sea tan mala idea a los siete meses, ¿no? -le dije yo intentando no pensar en lo que había sucedido el día que habíamos cumplido los seis meses-. Además, creo que también es un buen regalo después del mes de abstinencia.

-Eso espero, o de lo contrario nos encerraremos tú y yo en este cuarto durante toda la semana para compensar ese mes -dijo él en tono bromista, aunque no estaba seguro que se tratara solo de una broma.

Mis labios sellaron los suyos apasionadamente. Nuestros cuerpos se acercaron, mis manos rodearon su cuerpo y empecé a masajear su trasero. Debía aceptar que el trasero de mi novio era bueno, carnosito y resaltaba, quizás no mucho pero si algo. Físicamente era una de las cosas en que superaba a Diego, ya que Diego realmente no se podía decir que tuviera trasero. Dejé que mis manos estrujaran aquellas masas de carne y que mis dedos se perdieran por la raja que tenían en medio hasta dar con su pequeño agujerito. Nunca había estado cerca de aquel punto, a excepción de una ocasión en que haciendo un 69 me había estirado para hacer algo de rimming. Sin embargo, en aquella ocasión no había pasado de aquello, y ahora sabía que sí lo haría.

Hice que mi novio se tumbara bocabajo y me subí sobre él. Dejé que mi polla erecta se colocara justo detrás de sus glúteos mientras mi boca se deslizaba por su cuello. El juego apenas iba iniciando. Mis labios se deslizaron por cada centímetro de su cuello, dejé que el aroma de su nuca me embriagara, mordí suavemente uno de los lóbulos de sus orejas, me atreví incluso a dejar que me lengua se moviera por la línea donde terminaba su cabello…

Mientras tanto también mis manos no podían quedarse quietas. Recorrieron el contorno de los hombros de mi novio, de sus fuertes brazos, por sus antebrazos; entrelacé una de mis manos con una de las suyas mientras la otra delineaba la zona de piel que quedaba libre de su espalda. Podía sentir como Gerardo se estremecía debajo de mí y sus ligeros suspiros de satisfacción.

Mi boca se fue moviendo hacia abajo, mi lengua se deslizó lentamente por su columna vertebral mientras mis manos la acompañaban en los dos lados de su espalda. No me detuve ante nada, ni siquiera cuando la textura de mis manos cambió por algo más suave y mi lengua se hundió entre los dos montículos que se encontraban detrás de su anatomía. Solo me paré cuando mi lengua dio con aquel hoyo que marcaba la entrada (o salida, dependiendo de como se viera) del interior de su cuerpo. Lengüeteé con placer aquella zona, aquel agujero apretadito que parecía imposible de abrirse, mientras mis manos se deleitaban con sus dos nalgas.

Su ano se había contraído ante el primer contacto de mi lengua, pero poco a poco se iba relajando. Dejé que mi lengua siguiera bajando mientras ahora mis dedos dejaban sus glúteos para dirigirse hacia el hoyito que me volvía loco. Mi lengua se deslizó por su perineo hasta llegar a sus testículos.

-Ponte bocarriba -le pedí mientras me separaba ligeramente de él y tomaba la botella de lubricante.

A mi novio pareció sacarle de onda mi petición, pero no dijo nada. Con una mano hice que levantara las piernas, y con la otra llena de lubricante me dediqué a untárselo alrededor del ano.

-Copión -dijo él con una ligera risa cuando vio que dirigía mi rostro hacia sus genitales.

-Solo un poco -le contesté antes de que mi boca se apoderara de su pene.

Y así, comencé a hacerle sexo oral a mi novio mientras mis dedos se dedicaban a estimular y preparar su ano. Disfruté del sabor de su pene (el cual tenía un ligero sabor a semen debido a la eyaculación anterior y al líquido preeyaculatorio) al mismo tiempo que de la sensación que me daba su ano abriéndose lentamente para albergar uno de mis dedos. Intenté ser lo más cuidadoso que pude, intentando forzar lo menos posible su esfínter.

Su pene se introdujo totalmente en mi boca al igual que mi dedo en su interior. Sentía prácticamente las palpitaciones de su pene al igual que las de su recto mientras dejaba que mi lengua recorriera las superficies de su miembro y mi dedo las de su interior.

-Oh Gerardo -exclamó él con placer.

Introduje un segundo dedo en su interior mientras dejé que mis labios y lengua se deleitaran con toda la superficie de su pene y sus testículos. Usé más lubricante para un tercer dedo, mientras que él sostenía sus piernas con ayuda de sus manos.

-En esto no te copiaré -le dije mientras me ponía de pie-. Mantén tus piernas así.

Sabía ya donde estaban los condones. Tomé uno, lo abrí con mis dedos y lo coloqué sobre mi pene mientras mi novio me miraba con algo de expectación.

Al regresar acomodé sus piernas sobre mis hombros y después coloqué más lubricante sobre mi pene enfundado. Coloqué mi glande en la entrada de su recto y comencé a ejercer presión. No necesité mucha, y así comencé a penetrarlo lentamente mientras no me perdía detalle de la expresión de su rostro. Me detuve cuando torció el gesto y vi que sus puños se cerraban agarrando la colcha de la cama.

-No te detengas -me pidió él a media voz. Fue cuando me di cuenta que su expresión no era de dolor, ni mucho menos. Era de puro placer.

Asi que continué introduciendo mi pene dentro de él hasta que mis caderas chocaron contra su trasero. Era increíble lo bien que se estaba ahí dentro. La presión de las paredes de su recto contra mi pene resultaba sumamente placentera.

Comencé a bombear, primero suavemente, después rápidamente, luego reduje un poco la velocidad y volvía aumentar. Nunca había hecho un juego como aquel, pero es que me di cuenta que dependiendo de la velocidad eran diferentes sensaciones, pero sin embargo todas muy placenteras. Además, seguramente eso nos daría más tiempo para disfrutar que si solo acelerara hasta venirme dentro de él.

Mi novio también lo disfrutaba, bastaba ver la expresión de su rostro para saberlo. Tomé su pene entre mis manos mientras él me acariciaba el pecho. Masturbarlo me producía una sensación bastante curiosa. Me imaginé que su pene era una extensión del mío propio, como si realmente fuéramos uno solo y entonces su pene fuera otra parte de mí.

-¡Oh Gerardo! -volvió a exclamar él mientras sus piernas se deslizaban para entrelazarse detrás de mí.

-Te amo -le dije yo mientras me inclinaba hacia él.

Nuestros labios se encontraron, se movieron unos contra otros y después sus dientes se aferraron con fuerza a mi labio inferior por vez primera y aquello hizo que mi excitación subiera como la espuma. Me di cuenta que ahora realmente éramos uno solo, ambos nos pertenecíamos mutuamente sin duda alguna. Lo penetré con mayor fuerza, y poco después sentí como las paredes de su recto comenzaban a apretarme mientras sus brazos me atraían con fuerza hacia él, como si quisiéramos fundirnos más allá de lo que ya estábamos. Aquello me hizo llegar al clímax de una manera que nunca antes había llegado. Era un placer puro, absoluto. Todo rastro de pensamiento desapareció de mí, al igual que mi alrededor. Lo único que importaba era el cuerpo que se encontraba justo debajo del mío.

Fue solo un instante, pero fue el mejor instante de mi vida. El placer fue remitiendo mientras nuestros labios seguían jugando y mi lengua se abría paso en su cavidad oral.

-Fue maravilloso -dijo él cuando nuestros labios finalmente se separaron.

Fue cuando noté la humedad en el abdomen. Por supuesto, aquello había sido el origen de las contracciones que había sentido sobre mi pene. No me molestó en absoluto, y no hice ningún ademán de separarme de él ni él de apartarme. Permanecimos bastante rato así, abrazados, con un beso ocasional mientras disfrutaba de su aroma. Solo hasta que mi pene salió de su interior por sí solo fue que nos movimos para quedar ambos recostados en la cama, frente a frente. Tomé el condón y lo arrojé hacia donde sabía que se encontraba el bote de basura de su habitación, si bien parte de su contenido ya se había regado. Pero a ninguno de los dos nos importó que nuestros fluidos corporales resbalaran por nuestra piel y se embarraran cada vez que nos repegábamos el uno contra el otro, mientras mis piernas se cruzaban con las suyas y cosas así.

-¿Y bien? ¿Valió la pena o nos vamos a quedar encerrados aquí durante una semana? -le pregunté pícaramente mientras nuestros pies jugaban entre sí.

-Valió tanto la pena que estoy pensando en quedarnos encerrados en el cuarto no para compensar, si no para seguir gozando -contestó él muy sonriente-. Podría volverme adicto a tenerte dentro de mí.

-Espero que eso no signifique que no piensas volver a penetrarme -dije yo-. Digo, estuvo bastante bien, pero creo que sería mejor si variáramos la acción de vez en cuando. Porque también me encanta a mí tenerte dentro de mí.

-Mejor variaremos seguido -dijo él antes de estampar su boca contra la mía.

Aquello me sonaba estupendo.

Me gusta / No me gusta

El día en que te emborrachaste

Carlos,
Me has pedido que te cuente todo lo que sucedió aquella noche, ¡después de que perdiste el sentido!
Sé que esta carta no será agradable para ti, pero he decidido escribírtela porque –como sabes- siempre he necesitado ser sincera contigo, en cualquier situación o circunstancia. También la escribo porque no me siento capaz de decirte frente a frente lo que sucedió con Lucas, espero me entiendas, ¡¡¡y me perdones!!! El Sábado, como ya sabes, me llamaste al apartamento para invitarme a la fiesta de tu empresa y me pediste que me arreglara bien provocativa porque querías que luego hiciéramos el amor. Dijiste que querías desearme durante la reunión y que tus compañeros me observaran y me desearan sin poderme disfrutar.
Acepté, y me puse el cortísimo vestidito negro que tanto te gusta, sin medias veladas y no me puse pantis. ¿Recuerdas que cuando llegamos me tomaste una foto mientras subíamos las escaleras? Decías que me veía como una puta, espectacular y deseable.
Me excitaba la idea de estar rodeada de tus amigos sin nada de ropa interior, con mi cuquita al aire y expuesta para que luego me metieras mano. Noté como a más de uno se le iban los ojos cuando me observaron. Todo transcurría normalmente, pero como siempre, empezaste a beber demasiado y a buscarle problemas a todo el mundo. Mientras bailábamos comenzaste a echarme en cara que te había confesado hace unos días que me gustaba tu amigo Lucas. Me decías que era el colmo que fuera precisamente tu principal rival en la empresa quien me atrajera. Yo te decía que solo me gustaba, que nunca tendría nada con él, por su fama de mujeriego y de vividor.
No me quito de la cabeza el hecho de que más tarde y ya completamente borracho te hubieras enojado con Lucas porque estaba bailando conmigo “apretado”. Te reconozco que sí, él me estaba tomando fuerte por la cintura mientras bailábamos, pero no se estaba sobrepasando conmigo (por lo menos no aún). Lo retaste a pelear y cuando le mandaste un golpe, el hábilmente te esquivó y te golpeó fuerte en la cara dejándote noqueado, inconsciente. No sabía qué hacer, estaba preocupada por ti pero sabía que te lo habías buscado, que te lo merecías. Al ver que no reaccionabas Lucas se ofreció a llevarte a un centro hospitalario cercano para que te revisara un médico… salimos los tres. Nos subimos al auto de Lucas, al subir a su automóvil, subí mí vestido más de la cuenta sin querer mostrándole mis muslos y pudo ver que no traía nada debajo.
Y tú acostado e inconsciente en el asiento de atrás.
Lo siguiente que sucedió es lo que sé que nunca me vas a perdonar. Mientras íbamos para el hospital Lucas me preguntó si te veía muy mal. Le dije que tenías sangre en la boca, pero que pensaba que estabas tan ebrio que era eso lo que no te dejaba reaccionar. Lucas me dijo que sentía lo sucedido, que tal vez era su culpa, pero que no había podido evitar acercarse a mi mientras bailábamos, que me veía muy linda con ese vestido… muy “deseable”. Me dijo también que le encantaban mis piernas y que mi cola siempre le había hecho delirar porque se notaba apretadita con mi ropa ajustada.
Carlos, no sé que me pasó, no sé si fueron los cocteles que me habías dado durante la fiesta, el caso es que vi a Lucas tan atractivo, tan “macho”, tan varonil, que sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo. Me sentía halagada y atraída por él.
Lucas, sin detener el auto, empezó a acariciar mis piernas. Sus dedos gruesos recorrían mis extremidades produciéndome un cosquilleo inquietante. Me volví a mirarte para comprobar que estabas bien dormido, y miré a Lucas, que parecía más concentrado en la conducción que en su mano sobre mí.
Cuando menos pensé ya me tenía agarrada la cuca, me sobaba con su experta mano en mis vellitos (que la misma noche había rasurado para ti). Comprobó que estaba mojadísima, e intentó introducir un dedo en mi cuevita.
Lo detuve, le dije “para, por favor, esto no debe suceder”, pero el hábilmente hizo un movimiento, y yo ya tenía su dedo adentro, hurgándome, jugando con mis líquidos y arrancándome gemiditos de placer. “No te preocupes” – me dijo – “Solo quiero tocarte un poquito”. Continuó manoseándome a su antojo, lo hizo por un buen rato. Yo decidí dejarlo, estaba tan excitada… Entonces vi que se estaba sacando su pene, se empezó a masturbar diciéndome “mastúrbate tú también”. Le obedecí, empecé a darme dedo como él lo estaba haciendo hacía un momento, sin dejar de mirar su verga entre su mano.
¿Recuerdas el día que fuimos a piscina con Lucas, el verano pasado? Nunca te lo dije, pero ese día yo había notado lo grande que se le veía el bulto a tu amigo (o ex amigo) bajo la pantaloneta de baño. En el auto comprobé que tiene un instrumento inmenso, es más grande que el tuyo, más grueso, más cabezón, más moreno, con venas que se le marcan a lo largo de su palo. Ese si es un pene de macho….
De pronto Lucas me tomó por la cabeza y me inclinó sobre él, haciéndome mamar. Le obedecí, empecé a escupirle su pene y mientras con mi mano lo masturbaba, con mi boca le chupaba el tolete que casi no me cabía en la boca. En ese momento tú hiciste un ronquido que me hizo incorporarme, pero al ver que seguías durmiendo continué mamándoselo a Lucas.
Él empezó a mover sus caderas, culiándome con su verga por mi boca, me la hacía tragar casi hasta la mitad mientras que me cogía las tetas por debajo del vestidito. Yo empecé a masturbarme nuevamente, metiéndome el dedo en mi cuquita, no podía creer lo mojada que estaba, mi cuca “chorreaba” flujos hasta que me vine en un terrible orgasmo mientras sentía la verga de Lucas llegándome hasta la garganta.
Lucas detuvo el auto y me dijo Ven mamacita, móntate en mi que te la quiero meter
-”Y si se despierta?” – pregunté-.
-”Míralo… – me dijo- ¿tú crees que se va a despertar?… no se despertaría ni aunque se la metiera por el culo” – me dijo. Jejeje reímos
-ya no aguanto más!!! “Solo un poquito – me dijo – Déjame penetrarte un poco, te juro que no te voy a acabar, solo quiero saber que se siente estar dentro de ti”.

-Pero aquí? Le pregunte cachonda, -Si mamacita aquí mismo te voy a coger!!! Yo sonreí, y subiéndome el vestidito me puse encima de él mientras te miraba compadeciéndote. Pensé: “Hay Carlos…, si supieras que Lucas, además de darte un puño y dejarte vuelto añicos te ubicará en la frente unos cuernazos!”.
Echó su asiento hacia atrás golpeándote sin querer con el asiento en la cabeza. Tu abriste los ojos adormilado, y caíste de nuevo en un profundo sueño. “No Lucas -le dije- no más, ya estuvo bien así, me da pesar con Carlos verlo cornudo y borracho”.

No me hizo caso y continuo dándome mano por todos lados mientras me besaba hasta lograr calentarme yo estaba sobre él , me jalo y me ensarto haciéndome dar un grito hayyy, era enorme su verga, me entro de golpe ya que al sentirme en su pene me jaló y me ensarto hasta el fondo produciéndome algo de dolor pero muy agradable, empecé a mover mi cadera de forma que me entraba y salía muy sabroso, mientras Lucas me chupaba las tetas y me acariciaba y apretaba las nalgas que quedaban entre el volante y él.

Le dije Que rica verga tienes, ¡esta enorme, no me deja ni respirar!  ¡¡¡Así papi cógeme duro!!! Me dijo -Que rico te mueves , que estrecha tienes tu panochita, y que nalgas tan sabrosas, duras y suavecitas!!! Me vas a hacer explotar!!!
La forma en que me empezó a culear no tiene nombre, me comía las tetas al tiempo que me hacía cabalgar sobre su verga, me decía que soy una puta, que te mirara, que te viera los cuernos que te estábamos poniendo, que gozara de un verdadero hombre. Yo le respondía que me la siguiera metiendo, que no parara siiii sigueeeeeee, que me demostrara quien mandaba. Mientras me culeaba yo te observaba, y verte derrotado e indefenso me producía un placer extraño e indescriptible. (Lo siento Carlos, pero esa es la verdad, me encantó que Lucas me gozara a solo un metro de tus narices, que me usara el muy sin vergüenza sin importarle nada.) Al cabo de unos seis minutos de culiada espectacular me dijo que me volteara… Yo incómoda lo hice para dejarlo que me la metiera esta vez por mi cuquita desde atrás. Sentía que los movimientos que producíamos sobre el auto te despertarían, pero la verdad si lo hubieras hecho no me habría importado, estaba dispuesta a seguir hasta que acabáramos los dos. Lucas no dejaba de manosearme por todo lado, pero lo que me hizo venir nuevamente fue que me empezara a estirar el clítoris con sus dedos mientras me la empujaba duro. Me halaba duro mi clítoris húmedo al tiempo que me clavaba su vergota hasta los huevos. No lo pude evitar, y observándote dormido me dejé caer en el abismo de un orgasmo delicioso y extenso.
Lucas estaba por terminar también, así que me dijo que se la mamara otra vez. Yo me incliné y empecé a chupar duro y rápido su verga acariciándole con mis uñas los huevos cargados de semen. Su cabezota sabía a gloria mientras me la empujaba diciéndome que se iba a venir. No niego que me sorprendí y me excitó cuando sintiendo que se venía se cogió la verga y apuntándote a la cara te botó toda su leche sobre el rostro. Pensé que esta vez si te despertarías pero no fue así, botó unos cinco chorros espesos sobre tus ojos, nariz, boca y cabello, y tú ni te moviste ante semejante venida.
Luego de limpiarte con un trapo le pedí a Lucas que nos llevara a mi apartamento. Cuando llegamos me ayudó a dejarte acostado en la sala  él Se levanto y se dirigió hacia mí y mi instinto fue darme la vuelta y tratar de salir, me tomo de mi brazo y me atrajo hacia él y solo me limite a cerrar los ojos y esperar lo que venía. Me tomo de la cintura y se apoyo en mí, sintiendo su verga ya erecta en el canal de mi culo, y me dijo:
°    Como te he deseado preciosa
°    Estas tan rica, que en este momento te comería toda, ummm
Una de sus manos me estrujaba las nalgas y con la otra sobaba mis tetas sobre mi bestido y besaba mi cuello hablándome al oído, mi cuerpo reaccionaba con descargas de electricidad y mi cuquita era un mar pidiendo ser penetrada.
°    Suéltame se puede despertar Carlos y nos va encontrar así… aaahhhh
°    No lo hará… déjate
°    Tengo que irme por favor
°    No, no todavía no
No se como, Lucas había subido mi vestido a mi cintura y me agarraba cada nalga con sus enormes manos, mis tetas estaban afuera de mi brasier y con sus dedos me halaba mis pezones, que para en ese momento ya estaban duros y bien paraditos. Su boca recorría desde mis tetas a mi cuello, sus dedos recorrían desde mi cuquita que estaba encharcada hasta pasármelos alrededor de mi culito, yo solo Gemía y me dejaba hacer todo… hasta que se agacho me abrió cada nalga y empezó a pasarme la lengua por mi culito, yo no tuve más remedio que abrirme de piernas y ayudarle a que entrara fácilmente con su lengua.

El alcohol me abrió los ojos y mire que era un hombresote fornido y fuerte me gusto mucho mas Él estaba de pie y baje mi vista y vi con más claridad su verga afuera, con una cabezota impresionante, roja a punto de estallar húmedo por su liquido pre seminal, su verga que se mostraba orgullosa y parada con esas gruesas venas mmmm que me encantaron al sentirla en mi interior, no resistí y se la chupé de nuevo.
Pasaba mi lengua por toda la verga sintiendo cada vena que se inflamaba al sentir lo húmedo y lo calientito de mi lengua, la tome de la base y empecé a saborear la verga de este macho. Succionaba y sacaba hasta dejarla en mi lengua esperando que él abriera sus ojos y me viera como me la había metido.
Seguí cerca de los 10 mins. Y empecé a sentir que él tenía ya ganas de terminar, pero lo resistía, yo lo ayudaba apretando la base fuertemente para alargar más su eyaculación, pero creo que no daba más y me dijo:
°    ¿Quieres que termine en tu boquita preciosa?
°    ¿Tu lo deseas?. –Le dije.
°    Siiiiii, solo tienes que decírmelo y te echo mi leche caliente en tu boquita siiiiii?… vamos mi reina dime que siiiiii ummmm.
°    Espera… quiero disfrutarte más o ya no podes más?.
°    Ufff siento que termino, pero si quieres paramos un momento y luego seguimos. –Lo tenía bien caliente.
°    Te mire cuando te vi estabas totalmente borracho botando saliva por la boca
°    Y le dije Será mejor que subamos a mi cuarto, ven. –Me levante y vino tras de mi, tocándome el culo y sobando mis piernas.
°    Ummmm que rico culo tienes cosita y que nalgas tan preciosas ummmm
°    Te gusta?. –Parándome a media escalera para que admirara mi culito.
°    Me vuelve loco… este día será mío. –Abrazándome y arrimándome su verga en medio de mis nalgas.
°    Así no vamos a llegar a mi cuarto. –Le dije.
°    Por mi fuera… acá mismo te lo hago putona rica. –Esa palabra me encendió y lo tome de la verga y lo hale a nuestro cuarto.
Ya en el cuarto lo solté y continúe solita a la orilla de mi cama acomodándome en cuatro pero con mis piernas cerradas, lo volví a ver y camino hacia mí y se arrodillo, me abrió las nalgas para empezarme a chupar el clítoris que asomaba entre mis abultados labios, su respiración la sentía en la entrada de mi cuca, primero empezó con suaves lengüetazos y movía la punta de la lengua en círculos alrededor mi clítoris, sus manos se encargaban de abrirme cada nalga y pasaba las yemas de los dedos sobre mi culo, luego empezó a agarrarme el clítoris con sus labios y empezó a succionármelo, el placer era indescriptible

Cuando empecé a sentir como con su lengua hacia penetraciones en mi hoyo, quise abrirme pero no me dejo
y abriendo mis piernas le ofrecí las nalgas poniéndome de perrito para él, me atrapo por las nalgas, me puso su verga en la entrada de mi coño haaa y me la dejo ir nuevamente que ricoooo!!, me empezó a coger brutalmente, me entraba y salía y me hizo venir sabrosísimo yo solo gritaba haaay si siiiiiiii!, y entonces yo empecé a decirle ¡Cógeme más! ¡Clávame toda tu verga que la tienes deliciosa! ¡¡Que gorda la tienes mi vida siento que me revientas por dentro!!! Sigue, ¡Más, más, así! Así me tenía clavada yo solo decía Así mi vida cógeme mucho! así Lucas, cógeme masssss! Soy una puta para ti!
¡¡¡Le doy las nalgas muy rico!!!
Me contraía del puquita como ordeñándole al verga hasta que toda su leche era MÍA, la sentía escurrir entre los labios de mi puquita, me voltio y me deje caer sobre el en un tierno abrazo mmm que rico!!, agotada y sudorosa, me abandone a sus caricias me besaba, me chupaba la lengua, me apretaba las nalgas y me chupaba las tetas apretándolas causándome algo de dolor, pero me encantaba lo que estaba pasando, me besaba mucho, me puso boca abajo sobre la cama y empezó a besar mi espalda, me estremecí hahahahha, me bajo a la cintura por mi espalda y sentí renacer mi calentura, abrí mis piernas y con esto también mis nalgas, Sin esperar más, me vine y él me trababa con mas brío cada vez, luego me puso una almudada debajo de la pelvis apunto su vergota en mi cuquita y me la mando sin más haaaa que rico paapiii dame durooo hahahah!!! me empujaba y me entraba toda mmm siiiiiii, así una y otra vez me enfundaba su verga en mi panochita expandida por su gorda verga, hasta que se vino inundándome de nuevo, sentí contraer su verga y sus chorros de leche me llenaron y sentía como salía calientita, me seguía trabando todo sudoroso, yo le daba las nalgas así bien ricoooo, y el me disfrutaba, se dejo caer sobre mi y su verga dentro aun, me aplasto por la espalda y mis duras nalgas fueron su soporte, me estremecía de tenerlo así aplastando mis nalgas hasta que se quito y se coloco a mi lado me decia que era la putita mas deliciosa lo bese y le dije tu nunca me culeaste tan rico
luego sentí su lengua por el canal de mi culo y su lengua me invadió después, lo sentí comerme el culito contraído uuufff, me imagine lo que estaba pensando cuando lo sentí abrirme más las piernas y poniéndose en medio de mí, me lamía el culo y el coño alternadamente hhaaaa mmmm siiiiii, ya no pude mas y me empecé a venir de nuevo con sus lamidas, me abrió con ambas manos las nalgas y enterró sus cara entre ellas, su lengua me perforaba el culito, me lo mamaba como nadie, incluso me lo mordisqueo suavecito haciéndome gritar de gusto haaaahahaha sii, entonces vino lo que esperaba me dijo te voy a cojer hasta por el culo!!! Que te lo desfloro para siempre jajajajaja. Le suplique nooo porfavor lucasssssss le dije que tu nunca me lo perdonarías no le importo solo reía a carcajadas

Lucas me tiró un salivazo en el ano aaay que rico, lubricó un poco este con el dedo, sin esmerarse, y sin demora empezó a sobarme su vergota  por el culo. se acomodo sobre mi, su verga me busco el culo y me intento entrar, yo grite…-No! Por el culo no, lo tengo muy virgen! A el le valió Cuando, me eche para delante, soltándome, porque me dolía, hizo lo mismo otra vez, y me solté echándose para delante, hasta que ya no podía echarme más para delante mi cabeza toco con la cabecera de nuestra cama y me la intentó meter otra vez, como no había espacio, y además él me sujeto del pelo, metió la cabeza ufff sentí que me partia mi ex culito virgen que tu nunca probaste jejeje lo siento me la fue metiendo hasta que llegó al fondo siiii Yaaa me aaaabriiiste eell culoooo. –
El ultimo trozo lo metió de un empujón, que rico!!!!, sentía como un hierro ardiendo,llore y le suplique que me la sacarar lucasssss sacamelaaaaa me tuvo  así clavada y sin moverme Mientras escuche un ruido pareció q te despertarías intente quitarme, pero me tenía bien agarrada, gritaba bastante de dolor,
acostumbrada un poco a su polla, Lucas empezó a darme hahahaha ssisisi, al principio despacio, para progresivamente luego cuando le fui cogiendo el gustillo más rápidohahahahahah sigue suige siiiiiiii hasta que perdí la conciencia Y empecé a gritar
Papito rómpeme el culo siiiiii soy tu perrita!!!!!, que rico le suplicaba que me partiera. Aaaaaahh siiiiii mientras me bombeaba Lucas me dijo que tenía la sensación de cómo si estuviera violando a alguien, que era muy placentero, que sabía que yo era una puta, pero que no se imaginaba que podía a llegar a ser tan zorra, me lebanto las caderas a cuatro patas.
Pasado unos minutos, no aguantaba más su peso que hombre, deje de sujetarme con las extremidades a cuatro patas, mis brazos perdieron apoyo y me deslice sacando su verga de mi culo el me empujo del cuello hasta y me tumbó de mejilla en  la cama le dije que me ardia mi culito, a Lucas no le importó, y volvió a metérmela en esa postura haaaaayyyy, no podía moverme, me estaba partiendo bien el culo siiiiii ronpemelo,
me gustaaaaaa, mientras Lucas me detenía de la cadera bombeando incansable, otro orgasmo, y el seguía sin venirse, el culo me ardía ya de sus metidas, pero le pedía y le suplicaba que me diera mas maaaassss siiiiii no pares
Moví mis nalgas y a cada embestida yo me empujaba hacia atrás para sentir más profundamente su cogida, esto le encanto a Lucas…
Dijo -que rico coges, eres una putita deliciosa!
me quede tumbada él le dijo que ya terminaba, y dicho y hecho, momentos después, sacó su pene del culo, y se corrió, soltando el semen en mi cara, la cual llenó por completo, y algo en mis  piernas y el culo.
Me recosté con mis nalgas al aire boca abajo me quede más de una hora tirada en la misma posición, dolorida, no queriéndose mover para que me  pasase el efecto de la mejor  penetración anal de mi vida. Lucas dice que desde donde él estaba podía ver el culo abierto y enrojecido y se reía a carcajadas,

Y luego de darme un apasionado beso se marchó pidiéndome que lo llamara cada vez que me diera la gana.
La decisión que tomes luego de leer estas líneas yo sabré respetarla. Recuerda que a pesar de todo te quiero, y no quiero que lo nuestro se acabe. Solo quiero agregar que decidas o no seguir con nuestra relación, yo no dejaré de verme con Lucas ni de disfrutar de su vergota de macho que me enciende y me hace feliz!!!… Espero tu respuesta…. cornudazo!

Me gusta / No me gusta

Mi segunda comunión

Cuando estuve acostado me dejó totalmente desnudo. Me pidió si podía penetrarme, evidentemente nunca antes lo había hecho porque se lo notaba nervioso. Yo obviamente accedí gustoso. Y que cogida me dio. Lo gocé muchísimo. Cuando estaba por acabar me dijo que quería bendecirme por hacerlo tan feliz, me hizo poner de rodillas, y me llenó la cara de leche, una leche espesa y demasiado sabrosa.

Tenía yo 21 años cuando sucedió lo que voy a contarles ahora. Si leyeron mi otra historia sabrán que me gusta ser muy putita y siempre tengo fantasías muy calientes. La historia que les voy a contar hoy es sobre como cumplí una de las mejores fantasías que tuve y logré hacer realidad.

Antes que nada y para que me vayan conociendo un poco mejor, les cuento que vengo de una familia bastante “chapada a la antigua”, al menos en lo que a apariencias respecta. Papá casado con mamá, un hijo varón, dos hijas mujeres y católicos desde el nacimiento. Siempre fuimos todos los domingos a misa y así surgió esta fantasía.

Íbamos a una iglesia cerca de casa todos los domingos. La misa era bastante aburrida y la daba un cura joven que no superaría los 30 años. No había notado lo hermoso que era hasta que descubrí mi verdadera orientación sexual. A partir de esa época, empecé a ir mucho más atento a misa, estaba realmente enamorado. Para lograr acercarme al sacerdote, que luego supe se llamaba Andrés, intenté de todo. Me hice del coro de la iglesia, ayudaba en las clases de catecismo, en fin creo que fue tanto lo que hice que me gané algún pedacito en el cielo.

Sin embargo, el padre Andrés no se percataba mucho en mí, o al menos eso creía yo, ya que me trataba como a uno más. Era un hombre muy amable y con el que pudimos llegar a entablar una muy buena relación. Pero por más que me esforcé mucho durante años nunca pude lograr nada con él, y cierto día nos anunció que había sido designado para atender a otra parroquia y debía irse. Mi tristeza fue muy grande al verlo partir, ya que desde que lo conocí siempre tuvo un lugar importante en mis fantaseas más oscuras.

El sacerdote que lo reemplazó era un anciano que con suerte caminaba y se mantenía en pie pero a pesar de eso no pudo hacer desaparecer en mi mente la fantasía de que el padre Andrés iba a volver. Tanto lo deseé que cuando supe que volvía (tres años después) salté de alegría. ¡Estaba feliz! iban a hacer una fiesta de bienvenida ya que era muy querido por todos. Obviamente fui a la fiesta con mi mejor ropa y una calentura inmensa.

La fiesta fue bastante aburrida. Pero al final se fueron yendo todos y quedamos pocos. El padre dijo que quería descansar así que los que quedábamos empezamos a irnos. Uno a uno lo saludaron y se iban, yo quedé al último. Aprovechando mi suerte y tratando de prolongar más el tiempo con él le dije,- Padre, ¿antes de irme puedo confesarme con usted?, la verdad que el padre que lo reemplazó no sabía comprenderme y no me sentía cómodo confesándome con él.

Crucé los dedos para que aceptara y de hecho lo hizo, me hizo pasar a una capilla para que haga mi examen de conciencia mientras él se ponía la sotana. Mi mente estaba a mil revoluciones por minuto, nunca antes había estado tan solo con él y no sabía que le iba a decir. Finalmente volvió y comenzó la confesión.

-¿Hace cuanto que no te confiesas? – La verdad que no recuerdo, creo que un año, un año y medio. – ¿Y qué pecados quieres confesar? Comencé diciendo pecados triviales, como mentiras, peleas en casa y ese tipo de cosas hasta que tomé valor y dije, -¡Creo que soy gay! El padre no pareció asombrarse y me preguntó ¿cómo que creía? -Si le respondí, últimamente suelo vestirme de mujer y tener fantaseas con hombres.

Al llegar a este punto lo noté un poco turbado y supe que tenía que aprovechar la oportunidad, profundicé mi confesión, le conté toda la verdad de como soñaba con tener sexo con él y hacerlo gozar como quizás no lo había hecho nunca nadie. Cuando terminé se hizo un silencio profundo.
Abrí los ojos, que había mantenido cerrados para no avergonzarme, y para mi asombro debajo de la sotana del padre se veía un bulto evidentemente crecido y bastante grande a decir verdad. El se lo acariciaba despacio. – Me gustó mucho lo que me dijiste Sebastián- me dijo. Yo no sabía qué hacer o decir. Estaba todavía de rodillas frente a él que ya había empezado a frotarse con más ganas. Estaba cumpliendo mi fantasía!

Una felicidad enorme me invadió y comencé a desabrocharle la sotana de a poco, evidentemente el padre no tenía mucha experiencia sexual porque estaba tímido y no decía mucho, pero le gustaba porque no me decía que frene. Así que yo proseguí hasta tener en mis manos su pija que era demasiado grande como para ser de un sacerdote, ya estaba un poco húmeda y tenía un olor a excitación muy evidente.

Iba a empezar a chupársela cuando me frenó. Mi felicidad desapareció pero por suerte luego volvió a subir cuando me dijo: -Esperá en tu fantasía, ¿mi pija no tenía un rosario enrollado? ¡Si vamos a hacerlo vamos a hacerlo bien! Sacó su rosario y se lo enrolló en su gruesa verga. Apenas le daba dos vueltas y era muy excitante verlo así.

¡Ahora si empecé a chupársela con ganas! El no sabía mucho que hacer al principio, pero fue dándose cuenta que le calentaba mucho sentir que podía dominarme estando yo de rodillas. Tomó mi cabeza con sus manos y me empujó más y más profundo. Su pija era extremadamente sabrosa. En un momento dijo: -¡Te molesta si rezo? -Yo no contesté pero en el fondo ansiaba que comience a rezar y así lo hizo…

¡Pedía perdón mientras yo le chupaba la pija como una verdadera puta! Era algo muy excitante para ser verdad. Pero lo mejor estaba todavía por pasar. Me dijo si quería ir para alguna cama para estar más cómodos, yo le contesté que ¡sí! Pero mi sorpresa fue enorme cuando en lugar de llevarme a la cama me dijo que me acostara sobre el altar.

Cuando estuve ahí acostado me desnudó todo y me dejó totalmente desnudo. Me pidió si podía penetrarme, evidentemente nunca antes lo había hecho porque se lo notaba nervioso. Yo obviamente accedí gustoso… ¡Y que cogida me dio! ¡Lo gocé muchísimo! Cuando estaba por acabar me dijo que quería bendecirme por hacerlo tan feliz y me hizo poner de rodillas delante de él. Me llenó la cara de leche, una leche espesa y demasiado sabrosa y luego dijo- Yo te perdono tus pecados y me hizo la señal de la cruz, ¡realmente fue una experiencia mágica!

Años después supe que el padre Andrés dejó los hábitos y actualmente tiene una familia con dos hijos. La verdad me alegro mucho por él.

Espero que les haya gustado la historia, y pronto estaré contándoles ¡más!

¡Saludos!

Autor: Sebastiaan

Goza con un buen video, clica aquí. http://www.videosmarqueze.com/ y lo guardas en tu PC.

Me gusta / No me gusta

Una tarde húmeda

Cuando él sacaba el consolador lograba moverme un poco hacia delante y hacia atrás para meterme su verga yo misma, pero estos momentos duraban poco pues él inmisericorde hundía de nuevo ya fuera sus dedos o el falo en mis entrañas una y otra vez hasta que se corrió de nuevo envuelto en intensos jadeos.

Mi esposo y yo entramos a la casa completamente mojados, de la cabeza a los pies por causa del tremendo aguacero que ese día caía en la Sabana de Bogotá. Agitados, pero felices por el pequeño trote que habíamos tenido que emprender unas cuadras atrás comenzamos a despojarnos de nuestra ropa la cual dejamos tirada por ahí. Ya en la habitación cerramos las cortinas, no había necesidad de palabras, para ambos el mejor plan en una tarde como aquella era pasar un rato bajo las cobijas y ya estando desnudos que otra cosa podíamos hacer. El sexo es el entretenimiento más barato y además se queman calorías.

Me sequé un poco el cabello con una toalla mientras él me estiraba los brazos desde la cama. Me hundí en ellos y me envolví con las cobijas para calentarme. Se dio inicio entonces a un festín de besos, caricias y arrumacos, suaves al principio e intensos después.

Alejandro: Me debes una apuesta, ¿qué tal si me la pagas de una vez?

Haber perdido la apuesta no era para nada grave pues consistía en una mamada record, en una mamada de aquellas que según él sólo le doy una vez al año. Para darle la razón miré mi reloj y le dije:

Marcela: Ok, hoy es 14 de octubre de 2003, hasta dentro de un año repetiré esta súper mamada que voy a darte, ojalá tengas buena memoria.

Y diciendo esto me arrodillé frente a su verga y comencé a lamerla suavemente desde el capullo hasta las bolas. Posteriormente me la metí en la boca por completo saboreándola y frotándola a conciencia con labios y lengua. Estando ya húmeda la froté con una mano mientras con la otra halaba sus bolas suavemente. Repetí esta operación varias veces con algunas variantes y sin exceso de emoción pues tampoco pensaba sobre actuar en el pago de mi apuesta. Aún así no hice tan mal mi trabajo pues alcancé a tragarme una buena cantidad de fluido pre seminal y le arranqué un par de gemidos. El mientras tanto tiraba de mis pezones como podía deteniéndose demasiado a menudo cuando se concentraba mucho en su placer. Froté entonces su verga contra mis tetas y la pasé por el canal entre ellas.

Alejandro: Cuando vaya a correrme te aviso y tú decides si te lo tragas o no.
Marcela: Nada de eso… me acostaré a tu lado y ya te diré que hacer, ha sido suficiente mamada por hoy. Me has puesto muy arrecha con esa halada de tetas.

El, aunque desilusionado no protestó y siguió mis instrucciones comenzando a masturbarme y a chupar mis tetas con avidez.

Marcela: Mmmmmmmm… Que bien… cuando estás así iniciado, haces mejor tu trabajo.

A pesar de encontrarme disfrutando de lo lindo sentí pena por su verga a punto de estallar y decidí sentarme sobre ella para no desperdiciarla. Me coloqué sobre él metiéndome su verga deliciosa para luego pegar mi boca a la suya y fundirnos en un apasionado beso. Levantándome un poco le ofrecí una de mis tetas para que me la chupara como si me la quisiera arrancar.

Alejandro: Date la vuelta.

Me di la vuelta entonces para darle gusto, estacándome de nuevo en su polla, pero dándole la espalda, cosa que él aprovechó para acariciar mis nalgas y meter un dedo en mi vagina a hacerle compañía a la polla. Esta posición es deliciosa para frotar mi clítoris con sus pelotas si me inclino lo suficiente hacia delante, cosa que por supuesto hice.

Pocos minutos después me anunció que el momento culminante llegaba. Yo ya sabía que hacer y me detuve un poco para luego moverme de nuevo, pero más lentamente hasta el final…

Nos acostamos uno al lado del otro y él como consciente del trabajo que le esperaba dirigió su mano hacia mi cueva y comenzó a masajearme para que me corriera en ella. No tardé mucho en hacerlo y para cuando esto ocurrió él ya estaba dormido.

Aprovechando esto y viéndome aún con ganas me puse de pie y me dirigí hacia el armario. Del cajón de la ropa interior saqué una bolsa y regresé a la cama. Me senté en ella y saqué los dos objetos que guardaba en ella cuidadosamente. El primero, un frasquito de glicerina carbonatada, un lubricante que me habían recomendado por efectivo y económico. El segundo un consolador que había comprado hacía pocos días especialmente para una cita muy importante, pero eso es otra historia.

Dejé aparte la glicerina pues no la necesitaría debido a los abundantes flujos que se mezclaban con el semen de mi marido y salían a borbotones por mi chochito.

Me acosté de nuevo a su lado y comencé a masturbarme concienzudamente introduciéndome con una mano el falo de goma mientras la otra jugueteaba aquí y allá, ya fuera pellizcando mis pezones o mi clítoris. De rato en rato sacaba la seudo verga y la frotaba por mis labios vaginales, la dejaba resbalar por ellos y por mi perlita para luego dejarla entrar de nuevo sin demora por mi caliente cueva.

De repente y como si fuera la eterna historia de mi vida el ser descubierta, me di cuenta que mi marido me miraba lascivamente cuando yo apenas comenzaba a disfrutar. Me asusté un poco, pero no me detuve, continué metiendo y sacando a mi gran amigo el consolador mientras veía como la verga de mi marido comenzaba de nuevo a endurecerse.

Alejandro: ¿Te ayudo? Marcela: Si quieres…

Sin demora se arrodilló entre mis piernas y tomó con una de sus manos la punta que sobresalía del consolador que estaba bien metido en mi chocho. Lo hundió más aún y lo dejó un rato allí para dedicarse simplemente a observar mi almeja abierta, con un objeto adentro, completamente húmeda, tanto que las gotas caían hasta mi culo y de allí a las sábanas. Comenzó entonces a meter y sacar el falo para divertirse con el espectáculo de verme retorcer y levantar mi cadera para ayudar a devorármelo.

Alejandro: Hazlo tú sola otra vez y yo te miro.

Lo tomé de nuevo y reanudé los juegos del principio, metiéndolo y sacándolo, a veces un pedacito y a veces todo, para meter de nuevo sólo la punta, poco a poco, trozo a trozo sin dejar de masajear mi clítoris que en ese instante ya estaba completamente paradito de nuevo, mirando al techo.

Alejandro: ¿Qué tal si ahora te lo metes por detrás?

Lo miré un poco asombrada pues él nunca me había pedido algo así, supuse que mis ganas de probar cositas nuevas lo habían contagiado. Decidí complacerlo pues el pobre suponía que mi culo era aún virgen, así que me puse en cuatro patas mientras él se recostaba en un lugar de la cama desde donde podía ver todo a sus anchas. En ese momento recurrí a mi amiga la glicerina la cual unté en mis manos que luego buscaron el orificio de mi ano. Froté mi culito concienzudamente con mis dedos y comencé a tantear el estrecho pasaje con uno de ellos. Después de un rato unté la punta del consolador con el lubricante para comenzar con mi labor. Encaminé el aparato hacia mi culito y comencé a empujar, relajando mis piernas lo más posible, apoyando mi cara en la almohada para equilibrarme.

Comencé a sudar pues no era nada fácil y le dirigí una mirada a mi marido que seguía acostado a mi lado completamente extasiado con mi pequeño show. El como entendiendo mi mirada de auxilio se ubicó tras de mí y me quitó el consolador de la mano.

Alejandro: Apóyate bien porque lo que es hoy te voy a romper el culo.

Sus palabras me excitaron y asustaron a la vez y cerré los ojos.

Alejandro: No te tensiones, relájate y verás lo fácil que entra.

Procuré relajarme y aún así no fue una entrada sencilla. Después de varios intentos, retrocesos, sacadas, metidas y vueltas a sacar lo logramos; el consolador entró hasta más de la mitad aunque me arrancó más de un grito de dolor.

En ese punto él no solo comenzó a sacarlo y meterlo sino que metió su propia verga por mi vagina, de golpe y sin previo aviso, cosa que no me molestó en lo más mínimo pues estaba bastante lubricada. Es lo más parecido que he hecho a una penetración doble y fue increíble sentirme completamente invadida por dos vergas aunque una fuera de mentiras.

El continuó moviendo el consolador sin tregua torciéndolo dentro de mí, haciéndolo girar en círculos, metiéndolo y sacándolo. A veces lo sacaba por completo e introducía dos dedos en su reemplazo los cuales hurgaban dentro de mí sin contemplaciones. Yo no paraba de gemir agarrada a las sábanas, arrugándolas y tratando de sostenerme con mi propia cara contra los almohadones.

Cuando él sacaba el consolador lograba moverme un poco hacia delante y hacia atrás para meterme su verga yo misma, pero estos momentos duraban poco pues él inmisericorde hundía de nuevo ya fuera sus dedos o el falo en mis entrañas una y otra vez hasta que se corrió de nuevo envuelto en intensos jadeos. En el momento de correrse dejó el consolador dentro de mí y con ambas manos me agarró las nalgas fuertemente, tan fuerte que me hizo gritar… igual también lo disfruté, me moví con el acompasadamente para aumentar la fricción y por consiguiente el placer.

Su polla se encontró de nuevo flácida y él se acostó completamente agotado. Me acosté a su lado con el consolador aún clavado en mi culo. Ya que más daba sacármelo o dejarlo allí… al fin me decidí por esto último para que el culo se fuera acostumbrando a estas visitas. En ese momento decidí que practicaría a diario el sexo anal con mi consolador y así estar preparada para una verga de carne de 17 cm que tengo en la mira…

Autor: Horny

Me gusta / No me gusta