…soy cornudo…

Mi historia comienza hace 4 años cuando un amigo me dijo que le gustaría ver a su novia con otro hombre y tiempo después yo me puse a pensar lo mismo a lo cual me empezó a llamar la atención me empece a imaginar a mi esposa con un amigo que ellos antes eran novios, después le tome unas fotos desnuda y las subí a internet me excitaban mucho los comentarios que hacían los hombres de ella. 

Read more

Me gusta / No me gusta

Trío si o no

Somos una pareja heterosexual que disfrutamos el sexo al máximo, cada encuentro es diferente e inolvidable, mi chica siempre esta dispuesta a recibir todo lo que le quiera dar y se entrega al 100%, no existiendo limites alguno, sin tabú, hemos incluido en estos años juguetes en nuestras fantasías las cuales al pasar el tiempo son mas y mas placenteras, sus orgasmos cada vez son mayores, llegando a tener eyaculaciones fenomenales, en fin tengo una mujer maravillosa la cual me complace y me llena en todo.

Este no es un relato al uso: aún no nos ha pasado, no hemos realizado nuestra fantasía. Es una pregunta a la comunidad, para saber que pensáis. Ya imagináis que preguntar a nuestro entorno es demasiado comprometido: no me gustaría que nuestros deseos fueran conocidos por personas inadecuadas.

Cada vez que tengo la oportunidad de buscarla en el trabajo comienzan las picardías, el morbo y la sexualidad, ya que no me puedo aguantar y siempre mi mano se posa en sus grandes y hermosos senos, así como en su clítoris, y su ano, sin importar que tan concurrida estén las calles, al posar mi mano en los senos se ponen duros los pezones y su vagina se humedece, y el culito se dilata, todo divino, y mi pene se pone bien erecto.   Muchas veces nos vamos a algún hotel a saciar nuestras ganas, otras veces dejamos que el morbo nos lleve a otras situaciones y aparcamos el vehículo y nos tocamos tanto que ambos acabamos, incluso haciéndolo ella en varias oportunidades. Siendo cada día maravillos.

Como veis, nos gustan las situaciones en “peligro” de ser pillados, romper la monotonía del sexo matrimonial y añadir dosis de morbo a nuestro sexo.

Muchas veces hemos visitado moteles en Maracay, Venezuela, donde muchas de las películas versan sobre relaciones de tríos, y a mi en lo particular siempre me ha llamado la atención hacer alguno, por lo que le propuse a mi chica intentar hacer alguno, a lo cual se negó en muchas ocasiones, llegando a no solicitar el mismo.

Ahora bien, cual es mi sorpresa que recientemente veíamos nuevamente una película y yo le hacia una doble penetración con mi pene y un consolador y la escena en la TV era muy similar pero habían dos chica y ella misma me dijo que lo había pensado y le gustaría incorporar esa tercera persona, pero que debíamos ser muy cuidadosos al contactarla ya que ella quería que tal como a nosotros esa tercera persona fuera su primeriza en un trío, y me aclaro que no quería que fuera ninguna persona conocida por nosotros, para evitar algún vinculo o ratón moral, pero yo particularmente pienso que al ser desconocida son mas riesgos los que se puede correr.

Ahora bien quisiera saber si alguna persona a tenido esta misma fantasía y si lograron realizar ese trío, el cual desde hace años he querido hacer, y quiero aprovechar la oportunidad que mi pareja esta decidida a hacerlo. Agradezco sus comentarios

¿Que pensáis? Si tenemos la oportunidad, ¿nos animamos?

Les prometemos que una vez que lleguemos a realizar ese tan esperado trío, contaremos la historia de ese encuentro en otro relato, el cual de seguro será tan placentero como cada uno de nuestros encuentros como pareja, y de antemano agradecemos a cualquier persona que nos pueda ayudar con algún consejo para realizar esta fantasía, ya que seria nuestra primera vez, y siempre existe la incertidumbre al respecto y de seguro es la fantasía de muchas otras personas, pudiendo ayudarlos con los consejos al respecto.

Besos de parte de mi chica y de este amigo.

Se les aprecia. 

 

Me gusta / No me gusta

Viaje a Tailandia

Lo decían los Planetas en aquella canción, “…si te esfuerzas, puedes desaparecer…”

La verdad, tenía ganas de desaparecer. Si, estaba viviendo una época curiosa con Luna. Nunca había disfrutado del sexo como lo hacia con aquella mujer, pero no estaba bien. Necesitaba desaparecer por un tiempo. Era la vida que giraba alrededor de mi relación con Luna lo que me pesaba. Además, no sabía donde se dirigía dicha relación. No me veía saliendo en firme con una mujer que no era mujer y contándoselo a mis padres.

Me acaban de despedir de mi trabajo. No estaba a gusto en esa fábrica. Demasiada tensión, estrés o como queráis llamarlo, pero mi cuerpo empezó a acusar dicha tensión y las bajas se sucedían mes tras mes. La empresa lo tomó como un deseo de ser despedido y eso hicieron. Me dieron lo que me correspondía y conseguí un buen colchón de euros. Use parte de ese dinero para financiarme un buen viaje al país que llevaba años queriendo visitar, Tailandia.

No me voy a inventar ninguna historia ficticia (bastante hay ya que contar), que pudiese haber ocurrido en el avión o de camino, pues hice una larga escala en Franckfurt.

Aterricé en Pucket, una gran ciudad como otra cualquiera en Tailandia. Pero para mi que era nuevo en el país, supuso un choque para mis sentidos. La gente habla del impacto cultural, pero lo primero que se aprecia cuando vas a una cultura tan distinta, es el olor, la temperatura, la humedad, los colores, etc…

No pasé mucho tiempo en Pucket. Pronto salí hacia el sur, evitando las islas más turísticas y terminé en Kravi. Ciudad que recomiendo a todo el que visite el país. El mercado nocturno de comida es espectacular. Fue allí en esa ciudad donde me dí cuenta de la cantidad de oferta sexual que se respiraba en el país. Quizá no es tan pronunciada como en el norte o la capital, pero desde luego se hace notar.

Me alojé en un albergue más bien modesto aunque muy cuco, en una calle tranquila de la ciudad. Algunos garitos y pubs pillaban de camino al centro. Comencé buscando en mi guía de viaje los sitios más interesantes que ver; Templos, mercados, playas…Bueno lo de ir a las playas no funcionó por la época que elegí para visitar Tailandia. Al segundo día de estar en Kravi visitando la ciudad en si, decidí darme uno de los muchos masajes que me di a lo largo de las vacaciones. Escogí un lugar cerca del hostel, más por comodidad que por otra cosa.

Un sitio mixto con peluquería, manicura y masajes como muchos otros. Un hombre mi misma edad (unos 30), me recibió y me atendió con pocas palabras, pues imagino que no hablaría mucho inglés. Me hizo una seña para que le siguiese. Subí al piso de arriba y entré en una habitación con compartimentos separados por cortinas, todas abiertas. Pasamos al último y más iluminado por una ventana cercana.

Me dejaron una camisa y un pantalón para cambiarme. A los dos minutos el hombre regresó y me pidió que me tumbase todo con gestos. Trajo consigo una par de botes. El muchacho empezó por las piernas. Aceite de coco abundante para no hacer daño con los pelos. Me relajé mucho y disfruté de lo que me hacían. Cambiaba de las piernas a la espalda, lo cual era inusual, pero placentero. Se centró un rato en los muslos, los cuales recorría con sus manos de arriba a abajo. No sé si fue la primera vez la que me di cuenta pero hubo un momento que cada vez que subía sus manos me rozaba un poco los testículos. Yo lo notaba, pero era tan leve que dudo que el se diese cuenta. Me gustaba. No me planteé que el fuera un hombre, ni que lo estuviese haciendo adrede, estaba demasiado centrado en el masaje y me estaba gustando mucho. Tras unos minutos me dijo con un gesto que me quitase la camiseta. Se centró entonces en un muslo. Cada vez que subía me tocaba un huevo. Yo por mi parte recuerdo tener un poco de vergüenza y pensé que no se me debía poner dura, sobre todo por respeto al profesional. Yo lo miraba como podía puesto que estaba boca abajo y el me sonreía. Cambió de pierna y con un gesto que no entendí echo mano a mi paquete y lo cambio de lado. Sonrió de nuevo y sin más comenzó a darme el mismo masaje en la otra pierna. Cada vez rozaba más mis testículos. Yo no decía nada entre otras cosas porque me estaba gustando, aunque me daba vergüenza que se me pusiese dura, así que estaba concentrado en ello, cuando el masajista con otro gesto, como si le estorbasen me pidió que me quitase también los pantalones. Así lo hice, con dudas, puesto que no lo esperaba. Ya en calzones, reanudó el masaje con el mismo rozamiento de huevos. Me estaba excitando. La verdad, lo hacía muy bien y me acariciaba toda la pierna. El aceite ayudaba a que se sintiese un mejor tacto. El hombre continuaba masajeando los muslos y en ocasiones mis glúteos metiendo un poco sus manos por debajo de mis calzoncillos. Sus roces con mi entrepierna se incrementaron en numero e intensidad. Noté como agarraba la goma de mi bóxer y tiraba de ella para abajo. Levanté un poco la cadera y me quitó mi ropa interior. Ya estaba desnudo. Sin remilgos se fue directamente a masajear mis glúteos de una manera entre profesional y sensual. Me estaba excitando. Llegado un punto deslizó un par de veces la mano por mi ano y al ver que yo no reaccionaba negativamente lo hizo de forma más marcada. Poniendo un poco más de aceite. Así estuvo un poco, hasta que me tocó un hombro y son la misma sonrisa que me recibió, me pidió que me diese la vuelta. Un poco avergonzado lo hice y se hizo visible el motivo de mi vergüenza, pues mi polla ya estaba semi-erecta. Claro que razonando un poco en el momento, pensé: “El sabe que me está tocando, no esperará que no reaccione, ¿no?”, así que me acomodé. Él, con una sonrisa un poco más cómplice comenzó a masajearme los muslos por la parte de arriba, claro. Cada vez que subía sus dedos se deslizaban por mi ingle y yo respiraba al compás de los vaivenes. Poco a poco, me fue tocando más y más hasta que el masaje lo daba directamente en mis testículos. Con gesto como si lo hiciese todos los días, cogió el bote de aceite y me echó un poco en la polla que se escurrió hasta mi ano, pasando por los huevos. Dejó el bote y lo extendió todo por mi rabo, huevos y ano. A mi me arrancó un gemido, al cual contestó con una sonrisa, queriendo decir algo como “lo sé, se siente bien, ¿verdad?”. En ese momento se pasó por mi cabeza si se estaría aprovechando de mi, pero si era así no tenía yo ninguna queja. El masaje de ahí en adelante se concentró en mis partes, vamos que me estaba masturbando. Bueno, no. No sólo era eso, porque los estaba haciendo tan sensual que no parecía algo sexual, sino más bien relajante, pero la paja me la estaba haciendo. Mis dudas que tuve al llegar de si sería gay, quedaron confirmadas. Tonterías aparte, disfrute de la paja. Una paja increíble. Con una mano que nunca separaba de mi polla me masturbaba y con la otra jugaba a acariciarme los huevos, acariciarme el perineo, rozar mi ano incluso meter la puntita de su dedo a lo cual no me negué, por supuesto. Yo sabiéndome sólo en la habitación con él, no dejaba de gemir, no muy alto pero no me corté. El me acariciaba la tripa, mis muslo, regresaba a los huevo pero siempre sin soltar mi verga y sin cesar en el sube y baja de la mano que me la asía.

Jugó mucho con mi ano. Metió lentamente su dedo. La puntita, un poco más…masajenado el interior de mi culo, como si de una vagina se tratase. Mi polla iba a estallar. Jugaba con lo poco de dedo que instrucción en mi culo e incrementó la intensidad de la paja. No tardo mucho en llegarme el orgasmo…Y que orgasmo!! Hasta el mismo puso cara de asombro de la cantidad de semen y la intensidad del orgasmo que me provocó. El semen fluía como de un volcán manchando mi tripa, sus manos e incluso su camisa.

Me limpió con una toallita cuando hube terminado del todo. Lentamente como si de algo cotidiano se tratase. Con un gesto me indicó que me relajase. Y derramando unas gotas más de aceite en mi vientre, termino el masaje que había empezado hacia ya casi una hora. Con movimientos suaves me acarició todo el cuerpo, ya sin reparos. De vez en cuando pasaba sus manos por mi verga ya fláccida, pero sobre todo mi pecho, cuello y cara. Creo que hasta me quedé dormido por unos minutos. Abrí los ojos y allí estaba él, sonriendo. Me señaló mi ropa y me dejó a solas para que me vistiese.

Al salir me despidió como si el masaje hubiese sido de lo más normal. Ahora si podía apreciar el tono gay de sus gestos. ¿Sería normal en ese sitio ese tipo de masajes? No lo sé. Lo que si supe en ese momento es que regresaría a por otro masaje como ese.

Me gusta / No me gusta

Una negra en Buenos Aires

Es la primera vez que escribo un relato, así que tendrán que aguantar mi inexperiencia. Pero esto quiero escribirlo para no olvidarme lo que pasó, así que en el fondo lo escribo más para mí que para publicarlo, pero también quisiera publicarlo.
Ocurrió en Buenos Aires, Argentina hace un mes (más o menos). Salí con una amiga al teatro y a tomar algo, terminado el teatro nos fuimos a un bar y en la conversación, ella está a dos meses de casarse, me comenta que cuando era soltera le gustaba ir a un lugar en Palermo del cual me dio el nombre, que es un boliche de tres niveles, en el primero un restaurant, el segundo un bar y el tercero una disco. Que el lugar era muy interesante y que ella había tenido algunas buenas experiencias ahí. La acompañé a su casa y cuando le pregunté si había levante en el lugar, ella respondió que ella no había tenido problemas. Así que me dirigí al lugar indicado.
Llegue solo, pagué la entrada, siendo la una de la mañana no había mucha gente en el restaurant, pasé al segundo piso y habían dos grupos mixtos, subí al tercero, la disco, y me pedí un trago. Había gente y la verdad, bastante. Caminé en medio de las personas y de repente veo una chica de color (negra) sentada sola. Me apoyo en la pared cercana y me pongo a observarla, no vaya a ser que hubiere un novio celoso y que se arme un problema. Me fijo que dos chicas que bailaban con sus respectivas parejas, venían y le hablaban de rato en rato. Esperé a que no hubiere complicaciones unos 15 minutos, por otro lado, ninguno de los hombres solos del boliche se le acercaba, la miraban pero nadie le hablaba. Decidí hacer la movida. Me acerque a ella y le hablé, ella respondió y se inició una conversación, le invité un trago y una vez terminado la saque a bailar. Bailamos unas canciones y ella me dijo que no le gustaba mucho ese tipo de música, sus amigas seguían bailando y de rato en rato se hacían gestos. Le propuse ir a buscar otras discos y me pidió quedarnos ahí.
Pasada como una hora más, más alcohol y baile, una de las amigas se despidió y se fue con su pareja, la otra seguía bailando. “Mi negra” se volvió a quejar de la música y volví a proponerle cambiar de disco, esta vez aceptó y a eso de las dos treinta partimos a buscar otra disco. Yo ya con segundas intenciones la llevé a Recoleta, donde está mi departamento. Ya en el taxi pudimos hablar tranquilos y le pregunté de donde es ella. Me dijo que panameña, que está haciendo un diplomado en Buenos Aires, que sus amigas estaban en el mismo curso con ella. Y en el taxi me agradeció que me acercara con un suave pico.
Entramos a otra disco en Recoleta y el bailar fue más atrevido también. Que bien que bailaba!! Entre champagne, baile y algunos besos pasó una hora más así que al salir, entre besos y caricias le ofrecí ir a mi departamento. Al principio no quiso pero después de algunas promesas la convencí y partimos caminando, de la disco a mi departamento eran unas cuatro cuadras. Cada paso se hacía más difícil avanzar, ya los besos eran apasionados y las caricias atrevidas. En una vuelta, frente al Recoleta Village la apoye contra la pared y recorrí desde su boca, por su cuello y bajando hasta el borde de su pecho derecho, levanté una pierna, entre las de ella y apoyé mi rodilla contra la pared haciendo que ella se montara y empezó a gemir. No daba más!!. Llegamos a la puerta del edificio, abro la puerta y al entrar ella mete su mano en el borde de mi pantalón, así con la puerta abierta la traigo hacia mí, la beso y bajo una mano a su nalga: dura, firme, redondita. Una delicia. Ella pasa su mano por mi entrepierna y se da cuenta que vengo muy excitado. Cierro la puerta de calle y vamos al ascensor. Ahí nos matamos a besos y la verdad de ser un poco más grande, el ascensor, ha algo más me hubiere atrevido. Ya en el departamento entro a la cocina y saco una botella de champagne que tenía, con dos copas. En la sala tomamos nuestras copas y volvemos a besarnos. Yo empiezo a sacarle el vestido y ella a abrir mi camisa. Ahora la dejé hacer, besando mi cuello va bajando por mi pecho y esos labios carnosos besan e forma espectacular. Al intentar desabrochar el cinturón la detengo y yo comienzo a besar su boca, su cuello, sus hombros y saco un tiro del vestido y del sujetador sigo besando su brazo y a la mitad vuelvo a su cuerpo, por sobre su pecho aún cubierto con el vestido, llego al medio de esos dos montes negros y ella me toma por la cabeza y me besa nuevamente. En el beso subo mi mano por su espalda y desabrocho su sujetador. Cuando ella lo siente se aleja y me pregunta, no tienes música?.
Enciendo la música y ella empieza a bailar, como en la pista pero sacándose el vestido y revela un escultural cuerpo, todo negro, como tenía el sujetador suelto sale con el vestido y ella queda en calzón. Que visión!, se acerca a mí diciendo y solo llevo una prenda y tu muchas, sácate alguna. Me paro y me saco la camisa, me acerco a ella y la beso y mis manos van a sus nalgas, directo. En mi vida he tenido mis experiencias, nunca había acariciado una cola como esa, no era grande, estaba fantásticamente bien formada. Bajo a su cuello y ella hace lo mismo, pero vuelve a forcejear con mi cinturón. Lo agarro yo y lo abro, y ella abre el pantalón, con tal fuerza que hace volar el broche de mi jean, y me lo baja. Ahí me di cuenta que ambos seguíamos con zapatos. Pero bajó Todo, así que mi pene; completamente erecto, apareció ante su rostro. Ella sin más trámite se lo llevó a la boca. Esos labios, que dije besaban muy bien; bueno, chupan muchísimo mejor, yo ahí, de pie, sin camisa, con el pantalón en los tobillos y una negra entre las piernas chupándome hasta las ideas. Parecía un sueño. La levanto y la llevo al sillón, me saco los zapatos y dejo caer lo demás. Me acerco a ella y empiezo a besar sus muslos, haciendo el pequeño calzón a un lado, empiezo a chuparle la conchita negrita por fuera y rosada por dentro. Ella retorna a los jadeos y yo sigo en ello. Se levanta y me besa apasionadamente, se saca los zapatos y el humedecido calzón y le pregunta por la cama. Subimos unas gradas y llegamos al dormitorio. Ahí nos echamos en la cama y seguimos con la faena. Entre beso y beso nos colocamos en un 69 y gozamos todo lo posible, yo estando encima chupe, lamí y besé esa hermosa conchita, ella me mamaba el pene y con sus manos acariciaba mis testículos. En esta posición empecé a juguetear con su ano, primero muy suavemente y al ver que no había resistencia un poco más fuerte. Estiré mi lengua y la pasé por su agujerito, ella pego un estremecimiento y yo me detuve, sacó mi pene de su boca y me dijo suavemente, no pares, sigue. Yo seguí, jugué con su perineo, y volví a su ano. Ella empezó a gemir y a lamer y chupar mis testículos. Me levanté y volví a besar sus muslos, su cadera, barriga y llegue a sus pecho, metí uno a mi boca y lo chupé, fui soltando lentamente la succión hasta que me quedé con el pezón en la boca y cambié de pecho para hacer lo mismo, pero ella tomó mi pene y se movió. Preguntó por los preservativos, del cajón saqué una cajita y ella lo abrió y me colocó uno, se volvió a echar y me pidió que volviera a sus pechos, así lo hice y al succionar el pecho izquierdo, ella tomó nuevamente mi pene y lo guío a su conchita, mientras me decía bajito, penétrame, penétrame. Empuje mi cadera y la penetré de un movimiento y ella gemía, deje los pechos y me levanté, cruce una de sus piernas por delante mío y me monté en su pierna apoyada en la cama y seguí empujándola. Su jadeo aumentó, con mi mano izquierda empecé a acariciar su ano, cosa que le había gustado antes, ella no me detuvo y siguió disfrutándolo. De repente abre sus ojos, me mira y me pide que la penetre de cuatro, ella toma posición y yo, ahora más levantado tocaba con mi cabeza el techo, pero la penetro y lo estamos disfrutando, sigo jugando con mis dedos en su ano e intento penetrarla con mi dedo, usando un poco de mi saliva, dejo caer un poco sobre mi dedo y empiezo a presionar sobre su agujerito y de repente mi dedo entra y ella jadea más fuerte, veo la oportunidad y empiezo a moverme más rápido sin sacar el dedo, metiéndolo un poco más. Y ella tiene un orgasmo, se deja caer en la cama y mi pene sale de su encharcada conchita. Se da la vuelta y yo me echo a su lado, me ve y se da cuenta que yo sigo con mi pene erecto, saca el preservativo y vuelve con su boca a chuparme el pene, muy fuerte y le digo que pare que voy a terminar, ella levanta la cabeza y me dice, no termines quiero más, baja la cabeza y empieza a juguetear con su boca y lengua en mis testículos. La tomo del brazo y la traigo hacia mí, la beso y me abraza, al oído me dice, me gusta, me has excitado, la quiero por atrás. La hecho de barriga y empiezo a usar mi lengua en su hermoso culito, paso los dedos ensalivados y luego la lengua, humedezco la zona lo más posible y ella muy excitada saca un preservativo y me lo coloca, me mira y me pide: Ya dame!, de cuatro nuevamente y empiezo una suave penetración anal, ella empuja hacia mí y yo no me muevo , cuando entro toda, nos quedamos quietos un momento y me doy cuenta que ella está acariciándose el clítoris, así que empiezo un suave movimiento, ella empieza a gemir y con cada penetración voy un poco más rápido y más fuerte y ella gime más fuerte, la verdad es que estaba muy excitado y con el movimiento tanto mío como de ella empiezo a correrme y me parece que ella también. La mantengo dentro lo más que puedo, pero por agotamiento la saco y me hecho en la cama. Saco un papel toalla y me saco el preservativo, Bien envuelto lo dejo al borde de la cama y me hecho a su lado, veo el reloj y son las seis menos diez. Unos amigos debían llegar al departamento a eso de las nueve. Así que al acomodarnos le digo durmamos que en tres horas legarán unos amigos. Fue como darle cuerda, se paró y me dijo, no!, mejor me voy, bajó a vestirse y yo, caballero, ofrecí acompañarla. Y ella a decirme que no, que se iba sola, ya clareaba el día y yo partí con ella hasta Belgrano y volví a Recoleta, tomó como una hora. No había autos pero la verdad es lejos y con besos de despedida más, tomo su tiempo y el taxi salió caro. Pero había valido la pena. Los amigos llegaron al departamento de una ciudad del interior de Argentina a las ocho de la mañana. Pasé un sábado Zombi… pero muy contento.

Me gusta / No me gusta

La presentación de Camila

Quisiera utilizar este escrito-relato a modo de presentación e introducción para mis futuras actividades en este sitio que me ha acompañado ya varios años, desde mi adolescencia hasta estos días de joven ya no adolescente. Perdón, no sé en qué categoría debo etiquetarme. ¿En cuál debe de ir una mujer de veintidós años? Esa será mi edad el próximo mes. Innumerables ocasiones he entrado acá con la necesidad de acompañar con letras mi libido en éxtasis, mi cada vez más creciente ansiedad de placer y experimentación. Desde mis veinte años comparto departamento con una amiga, su nombre es Renata. Vivo bien, no me hace falta nada, ningún apartado económico por el cual quejarme. Esto gracias a mis padres. Sí, soy una niña de papá. Esto me provoca numerosas ideas en mi cabeza que, espero, ir contando poco a poco por aquí. Encuentro esto como una perfecta manera de desahogar mis pensamientos.

No soy una mujer voluptuosa, no soy una bomba sexy llena de curvas y despampanantes atributos. Por mis parejas anteriores puedo decir que soy una chica guapa, con un rostro “angelical”, cuerpo natural con lindas formas, mi 1.75, la inquietante blancura de mi piel, mis verdes ojos, mi vanidad de clóset, una atracción por la moda y la elegancia, el interés en cuidar mi cuerpo y una buena herencia genética, probablemente ha sido lo que ha alimentado esa idea. “La clásica chica que les presentas a tus papás como tu novia en las comidas de los domingos; no la vieja que te coges de mil formas entre tanto para aligerar tensiones”. Supongo que debo agradecer por mi rostro y relativo buen físico a mis aventureros y viajeros padres que decidieron quedarse a vivir en México. Ah sí, de ahí soy. Nací en Argentina y viví mi infancia allá, pero después de ir dando tumbos por el mundo recaí en la Ciudad de México, lugar que considero mi verdadero hogar.

Bueno, sola me encontraba yo algún sábado de Enero, sin ningún plan y sin Renata alrededor. Ella sí tiene una vida social activa, tiene novio y salió con él. Yo estaba acurrucada en mi sala mirando alguna deprimente película de Godard, la cual cumplía perfectamente su misión. Al terminar, aburrida y triste caminé directamente a mi habitación, me tiré en mi comodísima cama y cerré mis ojos. Como suele ocurrir cuando una persona cierra sus ojos por convicción y no gracias al cansancio y necesidad de dormir, empecé a repasar mi vida. Las altas y las bajas. Los momentos alegres y las desventuras. El qué hubiera pasado si tal y esas dudas existenciales aún presentes en mí. Después de horas llegué al apartado amoroso y sexual, aventuras y bellezas que he tenido la fortuna de probar. He de declararme una mujer bisexual que disfruta su sexualidad sin tabús ni traumas.

Recordé mis acostones favoritos, mis personas favoritas, mis películas, fotografías y relatos eróticos que marcaron mi sexualidad. Pronto me descubrí mordiéndome delicadamente mi labio inferior, la piel de gallina, mi mano en mis senos por encima de mi suéter y ese inquietante cosquilleo en los muslos y entrepierna. Me había excitado. Velozmente encendí mi teléfono y me dirigí a mi sitio de videos favoritos, elegí uno y comenzó a reproducirse. Solo subí el volumen y lo dejé de lado, lo que pasara en la pantalla no me importaba. Solo quería escuchar los gemidos de la actriz como respuesta a las duras embestidas y nalgadas que su fornicador le estaba proporcionando. Qué delicia, necesito ser ella en este instante.

Los gemidos y demás sonidos corporales estaban en pleno apogeo cuando mi mano ya se había deslizado por debajo de mi suéter. Tocaba con una delicadeza y suavidad, ajena a mi acompañamiento sonoro, mi abdomen y poco a poco subía mis manos hasta mi brasier. Disfruto los detalles, me encanta la lencería, Disfrutaba tocar el encaje, el algodón y la tela y amasar con ternura mis pechos. Iba acariciando mi teta derecha con la punta de mi dedo índice y al poco tiempo mis movimientos me llevaron a sentir mi erecto y rosado pezón, mientras mordía con más fuerza mi labio. Mi mano izquierda se encontraba inquieta y acariciaba mis muslos y piernas por encima de mi pantalón. El cosquilleo en mi entrepierna ya era brutal. Pedía a gritos una caricia, un lengüeteo, un aliento, un dedo ajeno, un falo. A falta de lo anterior, mi fría y delicada mano me ayudaría como en otras tantas veces. Pronto las caricias subieron de mis piernas a mi pelvis y encantada pude sentir mi calor, deslicé mis dedos hacia el botón del pantalón y lo desabroché.

Acomodé mi cabeza en una almohada, y mi espalda baja en otras dos. Bajé mi cierre y encontré mi ropa interior. Bajé un poco mis pantalones y toqué mi encaje. Estaba absolutamente empapada. El video debía ir por la mitad, y la chica seguía jadeando y gritando por más y más. Mi mano derecha ya no solo se encargaba delicadamente de uno de mis pechos, iba y venía de uno a otro y de mi boca a mis pezones, los humedecía, amasaba y tocaba con la furia del apetito sexual extremo. Más abajo, una traviesa mano izquierda se introdujo debajo de mi negro calzón. Mi pelvis completamente depilada estaba ardiendo y con una humedad impresionante, pase un par de dedos por mis jugos y rápidamente me los llevé a mi boca, me encantan mis jugos, me encanta sentir mi dedo en mi boca, acariciarlo con mi lengua, jugar con él e imaginar además que es un erecto miembro masculino. Le estaba practicando una felación a mi dedo, pero mi cabeza me hacía pensar que lo que tenía dentro era el pene más delicioso del mundo.

Mis tetas seguían siendo muy bien atendidas por mi mano derecha, a la que pronto se le unió la izquierda. Mis caderas tomaban vida propia y comenzaban a agitarse y moverse con furor. Comprendí que esa parte de mi cuerpo me demandaba mucha atención. Bajé ahora mi mano derecha y de un golpe introduje un dedo en mi vagina. Mi gemido fue precioso. Me sumé a mi banda sonora de fondo y comencé a jadear y a pedir por más, justo como la actriz. Me estaba follando, me estaba encantando, mis tetas se sentían riquísimas y suaves, yo cada vez me mojaba más y pronto un dedo fue insuficiente, metí otro y luego otro, con tres dedos en mi cálido interior y mis jugos brotando como primeriza mis gemidos ya habían sepultado a los de mi teléfono.

“Ummmmm, sí, qué delicia, qué rico me estoy follando. Quiero más”

– Eran las palabras que dulce y extasiadamente salían de mi boca sin control. Una de mis manos se aferró con fuerza a mis senos, mis labios y boca se apretaron y comencé a levantar mis caderas, estas iban y venían en un vaivén loco de arriba abajo con mis tres dedos dentro. El orgasmo estaba cerca. El orgasmo llegó, yo estallé y grité llena de placer. Un grito genuino y natural producto de una deliciosa sesión. Mi “Aaaaahhhhhhhh” fue largo, mis jugos abundantes y mi satisfacción fue total.

En el video la mujer ya se había puesto de rodillas pidiendo el semen de su hombre, aquel que le había proporcionado una cogida tremenda, aquel que le puso el culo rojo de tantas nalgadas, aquel que estaba a punto de gritar de placer como yo, mientras se vaciaba en la cara de la mujer, así como yo lo hice a mitad de mi cama y en mis hábiles y fieles dedos.

Soy Camila, esta fue mi presentación. Pronto escribiré más de mis andanzas.

Me gusta / No me gusta