Cumpliendo mi fantasia

Había llegado el momento. Al fin la conocí. Era mi sueño. Era hacer realidad una de mis fantasías sexuales. Ésta consistía en follar con alguien a quien nunca antes había visto. Algo parecido a conocer a alguien en un bar, en una cafetería, en el metro o caminando por la calle y sin demasiadas explicaciones acabar follando salvajemente. Sin más. Y a continuación, al acabar, cada uno por su lado.

En este caso había conocido a Isa por Internet. Habíamos hablado algunas veces, nos habíamos visto en foto, pero nada más. Había feeling. Había química. Había conexión. Y le conté mi fantasía. Era la persona. Quería follar con ella. Ella era la mujer perfecta para poder cumplir con el sueño de follar con una desconocida. Me atraía su físico, su forma de pensar, su manera de hablar. Aceptó el reto y esto es lo que pasó.

Era una tarde de finales de julio. Ella vivía en Madrid, ciudad donde yo me desplazaba habitualmente por trabajo. Hacía calor. Mucho calor. Cuando llegué a la habitación del hotel que había reservado días antes puse la calefacción al máximo para refrescar el ambiente. Lo preparé todo con cuidado. Un buen Rioja y dos copas. Incienso. Algunas velas, aún sin encender. Me duché, recogí la habitación y dejé todo ordenado para que Isa encontrara un clima acogedor que la cautivara cuando le abriera la puerta.

Cuando lo tuve todo listo le mandé un mensaje al móvil: “niñita, te estoy esperando!!”. Era la señal que ella tenía que recibir para venir a mi encuentro, para vernos por primera vez, para follar con alguien a quien nunca antes habíamos visto cara a cara. Supongo que los dos estábamos algo nerviosos. La idea me encantaba y a ella le pareció genial cuando se la conté. Y, aunque habíamos hablado varias veces por Messenger y por teléfono y nos habíamos enviado mensajitos y también muchos e-mails, no era lo mismo. Al fin y al cabo, nunca antes nos habíamos visto las caras en vivo. No sabíamos cómo eran nuestras sonrisas, nuestras miradas, nuestra imagen en movimiento. Todos sabemos que muchísima gente cambia la imagen real respecto a la que ofrece en una fotografía. Pero me atraía. Y yo a ella.

Y llegó el momento. Encendí las velas y el incienso. Respiré profundo y casi, casi me santigüé. Sí, ya sé. Estaba a punto de fornicar con alguien a quien no conocía y le pedía ayuda a Dios. Bueno, a Dios o a quien sea. Sólo deseaba que todo saliera bien.

Isa había recibido mis instrucciones. Ella sabía perfectamente lo que quería hacer en todo momento. Y yo sabía que era muy, muy disciplinada. Y que lo íbamos a pasar muy, muy bien.

A los pocos minutos alguien picó a la puerta. La habitación ya estaba en penumbra. Las velas daban algo de claridad. Y el olor del incienso se mezclaba con el de mi perfume. Era mi favorito. Y como gustaba a todo el mundo, sabía que a Isa también le gustaría.

Abrí la puerta. Isa entró en la habitación. Nos abrazamos. Imagino que seguíamos estando algo nerviosos. Después de aquel abrazo, nos besamos. El momento era mágico. Excitante. Emocionante. Después de besarnos con una pasión increíble para tratarse de dos personas que jamás antes han estado juntos, cerramos la puerta de la habitación y sin despegar nuestros labios, sin separar nuestros cuerpos, nos dirigimos a la cama. Sin mediar palabra.

Isa llegó realmente guapa. Mucho más de lo que me imaginaba. Estaba preciosa. Su sonrisa me encantaba y su mirada me cautivaba. Llevaba un vestido que marcaba las formas de su cuerpo. Aunque con la oscuridad de la habitación y los nervios de la situación casi no me había dado tiempo de poder contemplarla. Pero estaba muy bonita.

Nos tumbamos en la cama. Seguíamos besándonos. Seguíamos abrazados. Rozábamos el uno el cuerpo del otro con nuestras manos, con nuestros dedos. La respiración se agitaba. Nos gustábamos y eso se notaba en nuestra forma de proceder. El momento se agitaba. Se hacía cada vez más salvaje. En el ambiente se respiraba pasión, emoción. Puro sexo. Los dos queríamos más.

Mientras seguíamos besándonos, yo estaba tumbado en la cama debajo de ella. Isa estaba sobre mí. Con mis manos rozaba todo su cuerpo. Su cabeza, su espalda, sus piernas y el culito que desde hacía algunos días deseaba tener, tocar, juguetear y penetrar. Ella me hablaba de su trasero en algunos mensajes y yo soñaba con él.

Y ella, al notar mi polla cada vez más dura, a punto de estallar, rozaba su cuerpo contra el mío. Y se empezaba a masturbar con mi pene erecto. Siempre por encima de la ropa. Pero se excitaba más y más y su respiración y sus dulces gemidos me estaban dejando cada vez más loco.

Entonces le subí el vestido y pude comprobar como estaba siguiendo una a una todas las instrucciones. Había venido sin bragas. Puse mis manos sobre su culo ahora ya descubierto y yo la apretaba contra mi cuerpo para que notara aún más mi polla deseosa de entrar dentro de ella.

Al mismo tiempo, ella se estaba volviendo loca cuando rozaba su piel con la yema de mis dedos. Muy suavemente. Con cariño. Estábamos pegando un polvo dos personas que nunca antes se habían visto cara a cara pero que tenían una química especial. Parecía haber conexión sexual.

Nuestra respiración se hacía cada vez más agitada, más rápida. El momento era especial para los dos. Parecía que se nos acababa el tiempo y queríamos aprovechar cada segundo, cada minuto, cada hora, toda la noche.

Me moría por follármela, por meter mi polla dura y a punto de reventar y llenarla de leche en su cada vez más mojado y excitado coño. Pero no podía ser. No tan pronto. Primero quería saborearla. Chupar su coño. Sentir en mi boquita y en mi lengua el sabor de sus jugos.

Entonces abrazándola la aparté de mí, la coloqué sobre la cama y me puse sobre ella. Sin dejar de besarnos, de tocarnos, de rozar nuestros cuerpos. Estábamos pegados y no queríamos separarnos. Siempre sin mediar palabra. Ni ella ni yo habíamos hablado todavía. Ésa era también una de mis instrucciones. No debíamos hablar en ningún momento mientras durara nuestro encuentro. La propuesta es que ella llegaba a la habitación follábamos, acabábamos y después ella se vestía poniéndose la ropa en su cuerpo sudado y todavía manchado de mi leche y se marchaba. Y después, a los 30 ó 40 minutos, yo la llamaba por teléfono y hablábamos de nuestra experiencia. En eso consistía mi fantasía.

Volviendo a lo que estaba sucediendo en ese momento en la habitación 518 de un bonito hotel del centro de Madrid, después de haberla puesto a ella debajo de mí, seguimos besándonos. Yo movía mis caderas de forma circular para que notara mi polla durita rozando su coño, su clítoris, su entrepierna.

Empecé a bajar por su cuerpo. Besé su cuello. Sus hombros. Rozaba sus pechos. Siempre por encima de la ropa. Notaba sus pezones erectos. Excitados. Ella tenía sus ojos cerrados. La expresión de su cara reflejaba excitación y eso me ponía malísimo. Quería volverla loca de placer. Así que quité su vestido con movimientos relativamente torpes. Quizás el deseo, quizás la excitación. O directamente porque soy torpe. Pero no era capaz de despojarla del vestido. Tuvo que ayudarme.

Su cuerpo era precioso. Ahora que la estaba contemplando, su desnudez, ésa con la que había soñado tantas veces desde hacía algunos días, me parecía mágica, esplendorosa, perfecta. Y ahora ya sí, sin vestido que interrumpiera mis deseos, empecé a recorrer su cuerpo con mis labios, con mis besos, con mis dedos. Y saboreé sus pezones erectos mientras con una mano acariciaba una de sus piernas y con la otra rozaba su coño para comprobar que estaba cada vez más mojada.

Ella me fue quitando la ropa como podía. Yo también la ayudé. Dejamos todo a un lado y seguimos besándonos, tocándonos, rozándonos. Ella buscó mi polla para comprobar el nivel de mi excitación. Estaba dura. Muy dura. Y se la colocó en la entrada de su coño. Y la movió para mojarla, para lubricarla. Pero era muy pronto todavía. Aún no había llegado el momento.

Yo seguí besando sus pezones, sus pechos, su barriguita. Y seguía bajando por su cuerpo mientras con mis manos acariciaba sus piernas. Y su vagina. Suavemente. Sin penetrarla. Sin movimientos bruscos pese a lo salvaje del momento.

Y así llegué con mi boquita a su sexo. Lo besé. Pasé mi lengua por su rajita. La puse en su agujerito como si intentara penetrarla. Y seguí mi recorrido por su cuerpo. Acaricié sus piernas, sus muslos, sus rodillas y llegué a sus pies. Los besé. Los contemplé. Me encantaban. Y empecé a subir por su cuerpo pasando mi lengua por cada rincón del mismo.

Le di la vuelta. Me puse sobre ella. Subí hasta colocarme a su altura. Besé su nuca. Observé su tatuaje. Miré su culito. Me pegué a su cuerpo y rocé su trasero con mi polla mientras besaba y rozaba su espalda. Llegué nuevamente a su nuca y empecé a bajar de nuevo hasta que volví a llegar a su culito. Lo llené de besitos y teniéndola así debajo de mí, abrí un poquito sus piernas y rocé su coño desde atrás. Mojé mis dedos y rocé la entrada de su culo. Notaba como se estremecía.

Entonces con mis brazos, con mis gestos, le pedí que se diera la vuelta. Seguíamos sin hablar, sin mediar palabra. Ella me miraba con ojitos llenos de excitación y deseo. Yo la miraba e intentaba que entendiera que me moría por follármela, pero que antes le iba a hacer una cosita que le había prometido.

Volví a besar sus labios. Volví a recorrer su cuello, sus pechos, sus pezones y su barriguita. Y me fui directo a su coño. Metí mi cabeza entre sus piernas. Con la puntita de mi lengua empecé a rozar su rajita, su clítoris, la entrada de su coño. Intentaba penetrarla con la lengua. Ella temblaba de placer. Su respiración se agitaba más y más y apretaba mi cabeza con sus manos contra su cuerpo.

Y entonces empecé a lamer todo su coño. Enterito. Desde su clítoris hasta su agujerito. Y empecé a ayudarme con un dedito. Lamía su sexo, lo rozaba con un dedito. Y con dos. Los mojaba en los líquidos que salían de su interior. Me tenía loco el momento, la situación, su respiración, sus gemidos, su agitación, el ambiente, el olor a sexo. Con uno de mis dedos mojados rozaba su coño y de vez en cuando follaba despacito su coñito mojado. Y con otro dedo, también mojado en sus flujos producto de la excitación, rozaba la entrada de su culito. Y algunas veces abría su ano y lo follaba dulce y suavemente.

A todo esto, mi polla estaba dura, grande, enorme, llena y preparada para follarme a Isa con toda mi alma, con todas mis ganas. Deseaba que sintiera mi polla dentro de ella y tenía unas ganas que me moría de llenar su cuerpo de mi leche calentita, de manchar sus pechos, sus pezones con mi semen.

Y así llegó su primer orgasmo. Sentí como se estremecía. Los espasmos que acompañaron el momento en que se estaba corriendo llenaron el ambiente de mayor excitación, si cabe. Disfruté sintiendo como acababa. Saboreé todos y cada uno de los jugos que brotaron de su coño. Me los bebí. Y no dejé de rozarla hasta que ella me lo pidió. Entonces subí hasta poner mi cara a la altura de la suya y nos besamos. Nos abrazamos y durante unos segundos nuestros labios se juntaron y nuestras lenguas juguetearon.

Pero entonces ella pasó a la acción. Sin más dilación, fue bajando por mi cuerpo. Besó mi cuello, mi pecho, mi abdomen. Con una mano buscó mi polla y empezó a masturbarme sin dejar de besarme. Yo estaba a mil. Ella lo sabía. Y sin dejar de mover su mano, se introdujo mi pene en su boca y empezó a saborearlo. Subía y bajaba. Sus manos, su boca, su cuerpo. Yo gemía. Si no paraba, me iba a correr. Intenté que parara. No quería acabar tan rápido. Pero ella siguió lamiendo mi polla. Sólo paró para chupar despacito mis huevos. Recorrió cada rincón de mi sexo. Y entonces, cuando estaba a punto de regalarle mi leche calentita, se detuvo. Se sentó sobre mí, se colocó mi polla en la entrada de su coñito y empezó a bajar suavemente para que yo notara como iba entrando en ella. Estaba muy mojada. Muy excitada. Y yo muerto de deseo y a punto de reventar. Y se empezó a mover dulcemente sobre mí, subiendo y bajando despacito, mientras se masturbaba con una mano y me miraba con ojos traviesos.

Intenté contener mi orgasmo, pero entonces me dijo que se corría otra vez. Y en el momento en que ella estaba acabando yo casi no podía aguantar. Ella me sonrió y yo con un rápido movimiento me deshice como pude de ella, la tumbé en la cama y empecé a correrme. Ella me cogió la polla en el momento en que a mí me venía el orgasmo y me acompañó con sus manos. Los chorros de leche calentita llenaron su cuerpo, su ombligo, su barriguita, sus pezones.

La visión de su torso desnudo con los chorros de mi semen sobre ella era mágica. El momento fue impresionante. Había cumplido mi fantasía con Isa y entre los dos hicimos que la situación fuese excitante, alucinante. Ni en mis mejores sueños pensé que podía ser una experiencia tan satisfactoria. Entonces, siguiendo mis instrucciones, sin mediar palabra, ella se puso el vestido y sus zapatos, me besó y se marchó.

Media hora después la llamé. Conversamos. Y después de pasar por su casa para ducharse y cambiarse de ropa, volvió. Nos esperaba un Rioja, dos copas y una noche mágica.

Santi Sanjuán (dulcesalvaje69@hotmail.com)

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De fiel casada a…. (Capitulo III)

(Capitulo III: Nuevas perspectivas laborales)

A la mañana siguiente cuando me desperté, Pedro me había preparado el desayuno y el baño e incluso me había elegido la ropa para ir a trabajar.

Al ir a vestirme vi que no había ropa interior, por lo que le pregunte el porque, me contesto que mis pechos merecían estar libres y que si me encontraba incómoda en el trabajo, por cierto luego hablaré de el, que al día siguiente me elegiría un sujetador, y que respecto a las bragas, con los picores era mejor no llevarlas durante unos días.

El caso es que me convenció, así que allí estaba yo con mi falda hueso, mi blusa amarilla de seda y mi chaqueta color crema…¡y sin ropa interior! A punto de ir a trabajar en mi primer día de mujer compartida.

Mientras iba en el coche, me dijo Pedro que mi marido había llamado el domingo por la tarde desde Amsterdam y que no me despertaron pues el dijo que no lo hicieran, pero que volvería a llamar por la tarde ese día.

Prometí hablar de mi trabajo: pues bien soy ejecutiva de cuentas de una empresa publicitaria por lo cual me paso el día de reuniones y visitando clientes.

Esto viene al caso porque cuando llegue a la agencia, note como algo extraño en los compañeros del trabajo: los veía como mas hombres, mas machos y mas apetecibles, y algo les debía yo irradiar, pues algunos que eran amables conmigo pero nada mas, notaba que me desnudaban con la mirada…¡ y la verdad es que poco tenían que quitarme de ropa aquel día!.

La mañana paso entre miradas mas o menos lascivas y alguna que otra insinuación, sobre lo guapa que estaba y el conjunto que llevaba, puesto que debido al calor hube de quitarme la chaqueta en el trabajo, con lo cual mis pechos bailaron según les vino en gana para deleite de mis compañeros, a alguno de los cuales sorprendí asomándose a mi escote mientras veíamos unas pruebas de un anuncio y yo me inclinaba sobre la mesa de dibujo.

Lo que me mal traía era el picor de mi coño, y buscaba cualquier momento para darme una rascadita disimulada.

Mi primer día de mujer fatal en el trabajo me gusto y al final de la mañana tenía una cita con un importante directivo de una empresa que quería encargarnos una campaña para televisión.

Le recibí en mi despacho y le ofrecí algo de beber.

Desde el principio note que no perdía ojo a mis pechos y sobre todo a mis piernas."¡si supieras que no llevo bragas!", pensaba yo para mis adentros.

Hablamos de temas de trabajo y ya a punto de despedirnos se me quedo mirando y me dijo:"¿sabes que hoy estas muy atractiva?, si quieres te invito a comer", yo sonreí y le dije que no que tenía otros planes, pero según me volvía hacia mi mesa para coger unos papeles, me fije como se perdían sus ojos hacia mi culo, que con la fina tela de mi falda y sin bragas se mostraba sin duda apetecible.

Me volví de pronto y le sorprendí aceptando su invitación.

Llame a Pedro para decirle que no viniera a buscarme que tenía trabajo y después me llevarían a casa, que avisara a Javier.

Me recordó que debía estar en forma pues me esperaba una tarde noche de orgía, a lo cual, estando en mi despacho josé Carlos, el susodicho ejecutivo, me resulto doblemente excitante, por lo cual le dije que no se preocupara, "quedaréis ampliamente satisfechos", fueron mis ultimas palabras ante una extraña mirada de josé Carlos, mientras colgaba el teléfono.

"Cuando quieras nos vamos", le dije ofreciéndole el brazo,

Sonrió y tomándome del mismo salimos de mi despacho, ante la sorpresa de los presentes, puesto que nadie había logrado hacer el negocio con josé Carlos, pero como bien sabéis… "pueden mas dos tetas, y en este caso ademas de un culo, que cien carretas".

Hace unos días apenas 72 horas, hubiera sido incapaz de salir del trabajo del brazo de un cliente y orgullosa de mis atributos femeninos, como lo hacia en ese momento.

Fuimos a un caro restaurante y durante toda la comida no paro de hablarme de lo guapa que estaba, que no se había dado cuenta hasta ese día de mi atractivo, que debía estar ciego, etc.

Cuando llegamos al postre tras una comida que le iba a costar un riñón, me lanzo el ataque:

&

quot;Ana",me dijo,"veras, resulta que tu eres toda una hembra, ya se que estas casada y no quiero que esto que te voy a decir pueda romper nuestras amistad o nuestra relación laboral que pese a todo creo que va a ser duradera", carraspeo "yo quisiera decirte lo hermosisima que estas, lo atractiva, y me gustaría conocerte mas profundamente, sin que te lo tomes a mal," hizo una pausa y me miro intensamente a los ojos.

Yo trate de mantenerle la mirada mientras continuaba hablando:

"Quisiera charlar contigo de tus gustos, de tus hobbys, que nos conociéramos mas a fondo, si quieres puedes decir que no, que no pasara absolutamente nada y todo seguirá como antes", se detuvo,"¿quieres venir a mi casa a tomar una copa?"

Le mire como sorprendida y al tiempo recatada, pero desde la segunda palabra sabia que me quería llevar a la cama, lógicamente la formula era la invitación a su casa a tomar la copa "nada mas", en fin que se estaba poniendo cachondo y ya no eran los millones del contrato, sino que simplemente a mi me apetecía probar otra mas, pues miguel me había montado dos meses de orgía controlada y yo quería hacer algún ejercicio fuera del curso, para al final sacar nota.

"Bueno…", hice como que dudaba,"..pero solo una copa nada mas, eh", y me hice la cortita.

Se le iluminaron los ojos como satisfecho de haberme llevado al huerto, pero aunque yo sabia que iba a terminar en su cama y con su polla dentro, el no lo sabia, o al menos no estaba seguro de ello, así que se lo iba a poner un poquito difícil.

Salimos del restaurante y el aparca coches nos había traído su Bmw a la puerta.

Me abrió solicito la puerta, mientras sus ojos se recreaban en mi escote, y después subió por el otro lado, yo me senté como distraída por lo cual la falda se me subió lo suficiente como para que el intuyera, pero no viera nada, salvo mis apretados y hermosos muslos.

En el trayecto hacia su apartamento hablamos de temas banales como el calor, o como estaba el mercado de la publicidad, o los gastos de una campaña importante, mezclamos temas, pero sus manos se morían por tocarme y sus ojos trataban de adivinar que había bajo aquella falda.

Llegamos a su casa y ventajosamente se accedía a su apartamento desde el garaje, por lo cual no había control, así que pensé la cantidad de chavalas que josé Carlos se habría cepillado en su casa.

En el estrecho ascensor trato de no acercarse mucho a mi, pero yo empecé el juego rozandole el brazo con mis pechos, e inclinándome con el pretexto de no se que, de forma que pudiera verlos a través de mi escote, lo cual le puso mucho mas cachondo.

Rápidamente hice un gesto de cerrarme la blusa, y el se sonrojo como un crío pillado en falta.

Salimos del ascensor y el paso delante para abrirme la puerta de su casa.

Un pequeño y coqueto apartamento, con un salón, un dormitorio, una cocina y un cuarto de baño.

Era confortable.

Me miro y me dijo que, que quería tomar. Se quedo sorprendido cuando le dije que un zumo de algo.

"Eh",me dijo,"ese no era el trato, yo te he invitado a tomar una copa".

"Bueno",respondí,"pues ponme un poco de coñac".

Se fue al mueble bar y me trajo mi coñac mientras el se ponía el sempiterno whisky que parece hecho para estos casos.

Se sentó junto a mi en el sillón y empezó a hablarme de sus gustos de sus hobbys.

En un momento determinado cruce distraída las piernas y sin duda el debió ver mi sonrosada y pelada rajita, pues dio un pequeño respingo y se quedo fijo en mi entrepierna.

"…y sexualmente que te gusta", me pregunto de pronto.

Yo le mire fijamente y le dije sonriendo con cierta complicidad, mientras balanceaba mis entreabiertas piernas, y trataba de poner una voz sugerente:

"Por supuesto mi marido", le conteste.

"Me imagino",dijo,"pero de no ser tu marido quien te gustaría que te jodiera"

"Bueno…",empecé yo, descruzando las piernas de forma que el pudiera ver mi coño sonrosado, ya algo húmedo, y totalmente rasurado,"…pues hay muchos, todo el mundo tiene sus fantasías sexuales alguna vez, y a ti…¿con quien te gustaría follar en este momento?"

Me miro indeciso, y algo inquieto, como temiendo que al decirme lo que iba a decirme yo saliera de estampida de allí

, así que lo dijo como un susurro:

"Por supuesto…¡contigo!"

"¿como has dicho?", pregunte yo como si no le hubiera oído.

"Si, follar contigo", volvió a decir un poco mas alto.

Yo le mire sonriendo, y comencé a desabrocharme la blusa, aunque ya pocos botones me quedaban por abrir.

Se quedo como petrificado, entonces sin acabar de desabrocharme, empecé a aflojarle el nudo de la corbata.

Me miro como anonadado, y nerviosamente se fue quitando la chaqueta, mientras yo me quitaba del todo la blusa y me ponía de pie ante el.

Me miro de abajo arriba exclamando "¡caray, vaya pechos Anita!", y se levanto empezando a magrearmelos.

Aproveche para ir quitándole la chaqueta y le desabroche el cinturón del pantalón, entonces el me desabrocho la falda y se quedo perplejo.

"¿no llevas bragas?…y ademas tienes el coño afeitado!", me dijo mientras metía una de sus manos entre mis piernas,"que sensación mas ideal, nunca he follado con una tía con el chocho pelado", exclamo como un niño que encuentra un juguete nuevo.

Fue entonces cuando me di cuenta que se le habían caído los pantalones y que de sus calzoncillos, trataba de liberarse un aparato que no era nada del otro jueves, pero me podía dar un poco de placer.

Me agache y ante su sorpresa comencé a mamarsela de forma salvaje.

Se dejo caer sobre el sillón mientras gemía y me sujetaba la cabeza entre sus piernas.

"Aaasiii, mas, chupamela mas, aassiii", gemía.

Estuvimos durante un rato en esa posición hasta que yo note una dureza suficiente, momento en el que me separe.

"¿que haces?",me dijo,"¡sigue!"

"No tío, yo he venido aquí a que me folles, no a mamartela"

Se quedo alucinado, mientras yo me levantaba y me dirigía al dormitorio.

Se levanto como un rayo y me pillo a mitad de camino empujándome boca abajo al suelo, y sentándose a caballo sobre mi culo, mientras sujetaba mis brazos contra el suelo.

"¿así que quieres guerra?…¡pues vas a tenerla!", sentí como metía sus manos bajo mis pechos y me hacia rodar sobre el de forma que quede encima de el pero de espaldas, entonces me semiincorporò, y abriéndome las piernas me endoso su corta pero dura estaca entre las nalgas, haciendome sentar sobre ella.

¡por que siempre empiezan por el culo!, pensaba yo mientras josé me iba metiendo y sacando su polla con una energía de desesperado.

Me hizo correrme dos o tres veces en esa posición y el llego de forma delirante dejándome una carga de cálido fluido explorando mi recto, mientras me decía que estaba satisfecho de encularme, pues ese había sido su objetivo desde que me conoció en la agencia y que se había apostado con un directivo de su empresa, que me acabaría llevando a la cama.

¡pobre infeliz!, pensé yo, si supiera que la que le había seducido había sido yo…

Me dijo que tenía el culo mas apetecible del mundo y que pasaba de follarme por delante, pues lo que a el le enloquecía era mi culo.

Cuando termino, se derrumbo sobre mi y me beso en el cuello, yo tras unos momentos me levante y me fui al baño donde tras ducharme me vestí.

Al salir el estaba sentado en el sillón con el whisky famoso.

"Ha sido fantástico", me dijo.

"No ha estado mal", conteste yo sentándome frente a el en el sillón con las piernas entre abiertas.

"¿como que no ha estado mal?", me contesto un poco molesto.

"Bueno…, la verdad es que ha estado bien, pero me falta catarte por el coño…",hizo ademán de levantarse y sujetarme,"…pero hoy no tengo tiempo, tengo dos mas en la cola esta tarde, mañana nos veremos", y levantándome salí del apartamento, viendo de reojo como se quedaba totalmente planchado.

Baje a la calle y me metí en una cafetería desde donde llame a Pedro para que fuera a buscarme.

Me dijo que estaban muy enfadados conmigo y que cuando llegara a casa me iba a enterar pues tenía visita y miguel había llamado dos veces.

Me intrigo lo de la visita, y le dije a Pedro que me adelantara algo, pero no quiso hacerlo y me dijo que en 20 minutos estaba allí.

Estaba tan ensimismada con mi café pensando en aquella visita, que no me percate que al

cruzar las piernas, un chaval de unos 20 años se estaba poniendo ciego a ver mis muslos y mis nalgas, me gusto la sensación de sentirme semidesnuda frente a aquel chaval en una mesa de un bar, le guiñe un ojo y me gire, descruzando las piernas, de forma que por un momento vio mi coño pelado al aire.

Al pobre muchacho se le abrieron los ojos como platos, momento que aproveche para volver a cruzar las piernas ahora con mas recato y bajarme un poco la falda.

El chaval se quedo un poco cortado, y yo pensé que después de tanto tiempo un tío de veintitantos no me vendría tampoco mal, hice ademán de levantarme e ir hacia donde el chaval estaba, pero en ese momento oí que me llamaban.

Fue una lastima, pero aun quedaban muchos días de aquellos dos intensos meses.

Pedro llego antes de lo previsto, y la verdad es que no parecía muy contento.

"¿donde estabas?", me pregunto,"hemos llamado a tu agencia y nos dijeron que habías salido con un ejecutivo a comer",hizo una pausa y añadió,"…habías salido o…te habías salido?", me miro mientras me levantaba de la mesa, e insistió, "¿solo…a comer?…"

"¡a ti que te importa!", le dije muy enfadada mientras salía de la cafetería.

"No si a mi me da igual, yo te voy a dar por culo y a follar cuando quiera, pero tu marido llamo varias veces, y sobre todo el que esta cabreado es "don Jaime", me dijo.

"¿quien?", pregunte yo.

"Ya lo veras", me dijo mientras nos poníamos en marcha.

No me hablo durante todo el recorrido lo cual me dejo perpleja.

Aquello empezaba a ser raro, no sabia quien era el tal "don Jaime", y ademas me molestaba que Pedro se enfadara conmigo y que mi marido, que me había metido en esto, también se mosqueara."¿y Javier?", le pregunte.

"Dice que cuando llegaras hablaríais".

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Nombre: Aligator

dirección de e-mail: aligator (arroba) idecnet.com

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