Mi novia Laura

Hola a todos el siguiente relato es una historia verídica en su totalidad, debo empezar presentándome, mi nombre es Carlos soy vitoriano, 28 años, 1.78, complexión atlética, moreno, no muy guapo, pero atractivo según algunas chicas. debo deciros que me animé a escribir esta historia para a ver si alguno de vosotros as os ha sucedido algo parecido. Todo comenzó hace aproximadamente 4 meses cuando mi novia(su nombre es Laura, 29 años, guapa, unos pechos increíbles, súper extrovertida) me transmitió la noticia de una boda sorpresa por parte de unos amigos suyos y que se celebraría una semana más tarde, me comentó que la boda iba a ser a varias decenas de kilómetros de nuestra ciudad, así que deberíamos pasar la noche en el hotel donde se celebraría la boda, así como los otros 150 invitados, se puede decir que sus amigos tiraron la casa por ventana, alquilando el recinto desde el sábado por la mañana, hasta el domingo. Los días previos los pasamos como os podéis imaginar liados con todos los preparativos, regalos, vestidos, etc.

Llegó el gran día la ceremonia era a las 12 de la mañana, en una pequeña capilla, me llamó la atención la cantidad de chicas guapas que acudieron al convite, pero sobre todo mi novia con ese vestido tan escotado que hacía volver loco a cualquier hombre. Terminada la ceremonia, llegó el lunch previo a la comida, disfrutamos de cócteles, picoteo y demás manjares. A Laura la notaba bastante contenta a pesar de no haber probado ni una sola gota de alcohol, a lo largo del lunch me percaté de la cantidad de gente que conocía mi novia, sobre todo del lado masculino, familiares de los recién casados, pero no le di la mayor importancia lo consideraba algo normal, por que ella es una chica sociable y simpática.

Yo al contrario no conocía a nadie solo a una botella llamada JB jjajaja. Fueron transcurriendo las horas, tranquilamente sin ningún sobresalto, degustando la comida cada pareja en las mesas junto con la gente más afín. Pero todo comenzó a cambiar de pronto a partir de las 8 de la tarde cuando llegó la barra libre y la orquesta, en ese preciso momento cuando Laura comenzó a tomar sus copitas de ron, los chicos que os dije entes la conocían se acercaban mucho a donde nosotros siendo especialmente más simpáticos con ella que conmigo, la pidieron que luego bailara con ellos, que me separara un poco de mi que no la iban a comer, comentarios que me tomé a risa como ella.

Hasta que uno de ellos dijo en mi presencia mira “yo me tomo 3 copas y no se ni a quien entro”, Laura sonreía, pero de una manera pícara. Luego llegaron preguntas del tipo “Laura ¿sabes inglés? a lo que mi novia contestó con un “yo francés y griego” delante de esos tres desconocidos para mi que me empezaron a descolocar y a producir en mi cogí celos.

La tomé de la mano y la incrusté más fuerte su mano en mi pantalón y la dije ¿has visto como te miran todos? se las estás poniendo durísimas a todos, ella me miró con mirada de niña mala y me dijo ¿tú crees? y yo claro mira como te devoran con los ojos tu escote.

La dije que se fuera y que fuera una niña mala, recuerdo sus ojos de loba en celo cuando se fue lanzándome un besito. Pasaban las horas y yo excitadísimo en la habitación imaginándome a mi novia haciendo mil locuras, me masturbé cada poco rato no podía dormir, pensando en ella sola allí abajo rodeada de tanto macho, pasaban las horas en esto que sobre las 5 de la mañana se abrió la puerta allí apareció Laura tambaleándose, se metió al baño, yo me hacía el dormido, se desnudó completamente, y entró en la cama estaba completamente borracha y enfermamente puta.

Lo primero que la dije fue has sido mala y ella me dijo he sido una auténtica calienta pollas y voy a explotar, toqué su rajita y solo encontré flujos, su tanga estaba en el suelo como nunca antes lo había visto y ahí empezó la narración de los hechos que sucedieron en el baile…

 

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Mi mujer, su amante y yo

Volvió a las 12 del mediodía, con el pelo mojado, recién salida de la ducha de casa de él y la ropa del día anterior. Estaba como loca, lloraba de alegría, me abrazaba, me besaba, se lo había pasado genial. Me estuvo contando los detalles durante una hora, decía que David era un amante extraordinario, había tenido 3 orgasmos con él, había practicado sexo oral y lo habían hecho con condón.

Hola a todos, soy seguidor de esta página desde hace bastante tiempo. Tengo 42 años y mi mujer 40.

Me llamo JL. Desde hace más de un año ella tiene un amante. La relación es absolutamente consentida y sincera.

Nos casamos muy jóvenes y hasta entonces ella solo había practicado sexo conmigo. El caso es que hace unos dos años, empezamos a fantasear con algunos relatos eróticos, pelis eróticas de Tinto Brass, revistas y demás.

Digamos que nos empezó a picar el gusanito del rollo liberal. Compramos un consolador para nuestros juegos y le pusimos nombre. Estuvimos un tiempo así, jugando, fantaseando hasta que un día decidimos hablar sobre nuestra situación y nuestras fantasías.

Yo había tenido más relaciones con otras mujeres antes del matrimonio y estaba de acuerdo en que ella debería probar al alguien más que a mí. En principio no se planteó como un rollo de cornudos, simplemente, si a ella le apetecía estar con alguien sabía que contaba con mi aprobación, por lo que ella aceptaba esa situación, al ser dependiente de ella y sin ninguna presión.

Pasaron los meses y ella conoció a alguien de su trabajo. Era un superior, pero no su jefe directo. Un hombre de 52 años, alto, viudo, bastante atractivo, con el que empezó a quedar después de trabajar, para tomar unas cañas, salir a cenar y demás.

Durante esas semanas que se vieron, se sinceraron mucho, se hicieron muy amigos y ella le habló sobre mí, sobre nuestros gustos y demás.

Así fue pasando el tiempo hasta que un dia mi mujer me dijo: ” Creo que David me gusta, es un hombre encantador y me gustaría que le conocieras, es el hombre con el que quiero llevar a cabo nuestra fantasía”

Cuando me dijo eso casi me da algo, al principio reaccioné mal (por orgullo) y me enfadé. Pero después de un rato recapacité y le dije a mi mujer que le trajera a casa para presentármelo.

El día que vino quedamos a las 8 de la tarde en nuestra casa y cenamos como 3 amigos. Me pareció un hombre encantador, culto, muy atento, sincero. A mi mujer le encantó que me cayera tan bien, cuando se marchó mi mujer me dijo:

“El sábado me ha invitado a cenar a su casa y me apetece mucho ir si no tienes inconveniente” Le dije que no. Me abrazó con mucha ternura y me dio las gracias. Me dijo: ” Ten en cuenta que es posible que el sábado pase algo” y le dije: “lo sé”. Esa noche hicimos el amor.

Durante la semana, estuvo como loca, muy nerviosa y excitada, El viernes se compró un par de vestidos y se depiló. Mientras tanto yo, tenía una mezcla extraña de dolor, cabreo y excitación.

A las 8 de la tarde vino David a buscarla, subió mientras ella terminaba de arreglarse. Le serví un vino mientras esperábamos los dos viendo el fútbol por la tele.

Cuando apareció iba preciosa, llevaba un vestido negro con medias y tacones. Iba muy bien maquillada y muy elegante. Él le dijo lo guapa que iba y ella le dio un beso en la mejilla y preguntó: ¿nos vamos?

Les acompañé hasta la puerta, él me dio un apretón de manos y ella un beso en la cara. Me dijo:
“Luego te llamo” y me susurró al oído: “Gracias”

Cuando se fueron, no sabía donde meterme, estaba muy excitado, por un lado deseaba que se lo pasara bien pero por otro quería que volviera enseguida. A las 11 de la noche, recibí un mensaje al móvil que decía:

“Lo estoy pasando genial, David cocina muy bien, tiene una casa preciosa, no me esperes despierto, te quiero”

Estaba muy nervioso y no me podía dormir, la estuve llamando pero no me contestaba, no se cuantas veces me masturbé esa noche.

Al día siguiente volvió a las 12 del mediodía, con el pelo mojado, recién salida de la ducha de casa de él y la ropa del día anterior. Estaba como loca, lloraba de alegría, me abrazaba, me besaba… se lo había pasado genial.

Me estuvo contando los detalles durante una hora más o menos, decía que David era un amante extraordinario, había tenido 3 orgasmos con él, había practicado sexo oral y lo habían hecho con condón.

Estaba contentísima y a la vez muy cansada. Como todos los hombres le pregunté: ” ¿Como la tiene David?” me dijo:

“No quieras saberlo”

Parecía una adolescente, no sentía ni vergüenza ni arrepentimiento.

Pasaron 2 semanas, de mucho morbo, muchos juegos entre ella y yo, y un día me dijo:

“Me gustaría volver a quedar con David”

Continuará.

Si les interesa la historia sigo. Un saludo a todos.

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Obras en casa 2

Era sábado por la tarde después de comer y estábamos tumbados uno a cada lado del sofá, medio adormilados. Nuestros pies se encontraron  y empezamos a juguetear.  Yo sonreí  porque ya sabía cómo acababan normalmente esto. Con los dos follando o haciendo alguna otra cosa sexual. Para pinchar a Mariluz la pregunté si había vuelto a saber algo de Larbi, nuestro obrero marroquí.

  • He hablado con él un par de veces.
  • ¿Y qué tal? ¿No quiere repetir lo de la otra vez?
  • Si fuera por él estaría follándome todo el día, pero le he dicho que esta vez tienes que estar tú delante, que si no, no hay nada. Y dice que no le gusta, que no lo ve claro, que no sabe cómo reaccionará al haber otro hombre en la habitación.
  • Jajaja, tiene cojones el tío. Le dejo que se folle a mi mujer y el que viene con remilgos es él.
  • Jajaja, es verdad. Lo que pasa es que esta gente está muy cohibida con el tema del sexo, y cualquier cosa un poco fuera de lo normal, ellos lo ven como una aberración. Pero si te apetece le vuelvo a llamar. Y ya veo que te apetece – dijo mientras con su pie desnudo me tocaba mí ya dura polla por encima del calzoncillo.
  • Bueno no estaría mal.

Se levantó y cogió el móvil y llamo a Larbi. Se fue a otra habitación a hablar y cuando volvió me dijo:

  • Voy a arreglarme que se venía ya para aquí.
  • Yo también fui a cambiarme. Me quité toda la ropa y me quedé solamente con un albornoz.
  • Pedro, ven a la habitación, me llamó Mariluz.

Ya había preparado el ambiente. Había perfumado la habitación, se había perfumado ella. Había encendido las lámparas pequeñas y las había puesto un tejido de gasa rojo, con lo que había una especie de penumbra muy sensual. Pero lo mejor era como se había puesto ella. Braguitas pequeñitas negras transparentes, mini sujetador a juego, que prácticamente solo tapaba el pezón y poco más. Y por encima un camisoncito transparente y unos zapatos de tacón, con lo que el efecto era realmente sexy.

  • Se sentó en la cama y me preguntó:
  • Oye, he pensado algo. ¿Qué te parece si para no asustarle, te sientas en una silla? ¿Podría ponerte las esposas?

Tenemos unas esposas que compramos una vez por Internet. Forradas con tela, así no hacen daño.

  • Ok, me parece bien. Pero quiero que me hagas algo, no quiero estar sólo mirando.
  • No, yo tampoco quiero que mires.

En ese momento llamaron al timbre de abajo. Fue ella a abrir. Yo mientras cogí una silla y me senté cerca de la cama. También cogí las esposas. Mientras Larbi subía, Mariluz vino, me puso las manos a la espalda, me cerró las esposas sin apretar mucho y me dio un lento beso en los labios.

  • Te quiero, cariño, dijo.

Llamarón a la puerta, cerró la de la habitación y fue a abrir. Oí como se abría y cerraba la puerta y estuvieron hablando unos minutos fuera. Yo estaba de espaldas a la puerta y no podía girarme. Se abrió la puerta y oí como ella decía

  • ¿Ves como está atado? Pero ya te lo advierto, si no dejas que él este presente, es la última vez que nos vamos a ver.
  • Es que no sé si me gustará, señora.

A pesar de que se lo había follado, seguía llamándola señora.

  • Pues ya sabes lo que hay.

Entraron en la habitación y ella me habló:

  • Mira a quien me he encontrado en la puerta.
  • Hola, señor Pedro.
  • Hola, Larbi. ¿Qué tal estás?
  • Bien, ¿y usted?

La situación era un poco cómica.

  • Bueno, Larbi. ¿Te gusta mi mujer?
  • Sí, me gusta mucho. Está muy buena, señor.
  • ¿Quieres follártela otra vez?
  • Sí, señor.
  • ¿Pero ya sabes que esta vez voy a estar delante?
  • Sí, señor. Lo sé.

Ella se puso detrás de él, y con lentitud fue desabrochando los botones de la camisa que traía. Cuando se la quitó, vi un cuerpo listo, sin pelo. Pensé en lo que habría disfrutado ella, comparado conmigo, que tengo mucho pelo en el cuerpo. Siguió quitándole el cinturón, bajando la cremallera y dejando caer los pantalones. Se puso de rodillas, y le quitó los calcetines y el pantalón que estaba en el suelo. Y como una perra se puso a morder el cipote de Larbi por encima del calzoncillo. Se veía perfectamente cómo iba aumentando de tamaño a medida que los dientes de ella pasaban por la tela. El me miraba esperando mi reacción. Para tranquilizarle, le señalé mi erección que ya se notaba en la tela del albornoz. El más tranquilo, sonrió y se mordió los labios como respuesta a los labios de Mariluz. Ella se pasó un rato restregando toda la cara por el paquete del moro. De vez en cuando me miraba y sonreía. También miraba a mi paquete que luchaba contra la tela del albornoz. Larbi ya estaba más relajado, se había apoyado contra la pared y jugaba con el pelo de mi chica. Ella me diría más tarde que olía un poco a meados, a sudor y a semen, y que eso la había puesto hirviendo.

En cuanto a mí, el espectáculo me había puesto como una moto. Aunque parezca mentira, estaba disfrutando de cómo mi mujer gozaba. Puede parecer raro a algunos, pero para mí es muy importante que mi mujer esté satisfecha, y eso es lo que estaba consiguiendo.

Chicos, ¿por qué no pasáis a la cama? Allí estaréis más cómodos.

Rápidamente tiraron toda la ropa al suelo, se tumbaron en la cama y empezaron a comerse la boca lentamente, saboreándose. Larbi quitó a mi chica el camisón y empezó a chupar todo el cuerpo desde los pies. Mi mujer se tocaba las tetas por encima del sujetador, y se tiraba de los pezones demostrando que ya había empezado a disfrutar. Mientras en sus braguitas ya se veía una mancha de humedad brillante. Y el bulto del calzoncillo de él demostraba que ya estábamos todos como unos burros. Larbi fue pasando la lengua por sus piernas hasta terminar en su vagina. Primero chupó la brillante rajita por encima de la tanga, pero luego, separando la tela, contactó con su lengua con los sabrosos flujos de mi mujer. Dios, una buena comida la pone hirviendo. Ella sacó las tetitas por fuera del sujetador para poder tocarse mejor. Y dio comienzo a un pequeño y excitante concierto de gemiditos, del que sólo paró para poder decir:

  • Larbi, quítame los zapatos y chúpame los pies.
  • Es que me da mucho asco, señora.

Me quedé de piedra. Mariluz le soltó un bofetón que sonó en toda la habitación. El se llevó la mano a la cara. Yo pensé: Cómo se cabree y empieza a soltar hostias, entre yo que estoy atado y Mariluz que no pesa nada, lo llevamos claro. Para mi sorpresa, Larbi bajó la cabeza y sólo dijo:

  • Lo siento, señora.
  • Que no vuelva a pasar. Mientras estés en esta habitación, se hace lo que yo diga, ¿vale?
  • Sí, señora.

Al final, ella se salió con la suya y le lamió todo los pies, dedo a dedo. Ella estaba radiante de poder y de satisfacción, y me miraba sonriendo.

Se tumbaron luego en la cama, y allí empezaron a retorcer los cuerpos, creando una sinfonía de manos, bocas, sexos y sudor. Sólo puedo decir que estuvieron una hora lamiendo coño, chupando polla, cabalgándose uno a otra y viceversa, montando, jodiendo, besándose, jadeando, insultando (ella a él), a cuatro patas, por encima, por debajo, gimiendo…..

Yo contemplaba todo aquello extasiado, viendo a aquella maquina de dar y recibir placer que era Mariluz aguantar todas las embestidas de aquel miembro que parecía que no iba a bajarse nunca. Por cierto, igual que el mío, en todo el tiempo no desfalleció ni una vez.

Cuando terminaron, estuvieron unos minutos recuperando el aliento. Ella se levantó, vino a donde estaba yo y me dio un beso largo, interminable. Se sentó encima de mí, no fue ningún problema incrustarse mi polla hasta el fondo, pues tenía la vagina encharcada de semen, flujos y sudor. Empezó a moverse lentamente.

  • Larbi, ven aquí, dijo.

El se puso a nuestro lado. Ella le agarró del culo y le acercó más a nosotros. Cogió su polla morcillona y se la metió en la boca. Con cuatro lametones que la dio creció en su boca. Y así me follaba mientras le hacía una felación de campeonato. A mí me estaba follando despacito, pero a él se la estaba mamando fuerte. El también estaba muy cerca de mí, y su polla estaba a pocos centímetros de mi cara. Podía oler su sudor, pero también podía oler en su polla el olor del coñito de mi mujer. Estaba seguro que si chupara su polla, también notaría el sabor de ella. Se sacó la polla de la boca, y agarrándola fuerte por el tronco, la sacudió mientras pegaba su cara a la mía. La verga del moro empezó a agitarse y su leche salía disparada cayendo en nuestras caras, nuestras bocas, nuestras mejillas. Joder, parecía una vaca, y eso que se había corrido dos veces en la última hora y pico. Mi mujer le soltó y empezó a lamer el semen de mi boca.

  • Límpiame la cara, me dijo.
  • Sí cariño.

Acercamos nuestros labios y nos estuvimos besando un buen rato, mezclando saliva, semen y todos nuestros fluidos, mientras lentamente seguíamos moviendo las caderas. De repente dijo:

Larbi, vístete y vete, que ahora quiero hacer el amor con mi marido tranquilamente.

Sí, señora.

Ya te llamaremos.

Se vistió y se fue, mientras nosotros seguíamos echando, el que cuando lo hablamos después, describimos como el mejor polvo de nuestras vidas. Estuvimos unos 20 minutos follando muy despacito, lentamente, mientras comentábamos lo que había pasado en la habitación….

Nos fue envolviendo el mejor orgasmo que por lo menos yo he tenido. Fue una intensa sensación durante por lo menos un minuto, mientras veía el rostro de Mariluz experimentar un inmenso placer. Si yo me corrí durante un minuto, ella estuvo por lo menos cuatro, según me contó.

La verdad es que fue una buena tarde de sábado…..

Si queréis comentar algo,…

 

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Mi mujer en el sex-shop

Espero que este relato sea de vuestro agrado , por lo menos hemos intentado escribirlo utilizando el máximo de los detalles que hicieron de ese día algo nuevo e inolvidable.
De la misma forma los nombres que saldrán en este relato no son los originales pero los sitios si que lo son así por lo menos quien conozca la zona podrá imaginarse esta narración de una forma mas clara.
Nos llamamos Carlos y mi mujer Patricia, ambos tenemos 28 años. Soy un chico completamente normal pero con la suerte de tener una mujer de escándalo: es morena , mide 1,67 y sus medidas son 95-60-87. A todo esto hay que sumarle que tiene una cara cargada de morbo y siempre viste de manera muy provocativa por lo que llama atención allí por donde pasa.
Un día paseando por Barcelona vimos un sex-shop en la rambla y nos decidimos a entrar, en un inicio solo era para hacer el curioso.
Empezamos mirando lencería, lubricantes y juguetes para ella (tengo que decir que juguetes tiene algunos ya que sabe que me encanta jugar)
Al poco vi la puerta de la sala de mini cine X así que decidí preguntarle:
-¿Te apetece que entremos a mirar un poco?
-Bueno como quieras pero si no nos gusta nos vamos.
Entramos en la sala, se apagaron las luces y empezó la película, la verdad es que era realmente buena, sin decirle nada empecé a pajearme, al principio sin que ella se diera cuenta ya que estaba totalmente absorbida por la película. Ella movía las piernas constantemente ya que tenía el tanguita empapado como me percate mas tarde.
Yo estaba disfrutando y mi mujer aunque parecía tener un poco de vergüenza también parecía gustarle, en ese instante me fije que a tres o cuatro sillas de allí había un chico más joven que nosotros mirando. Evidentemente que se había sentado cerca de ella para mirarla.
Al poco mi mujer aparto la mirada de la película y me vio disfrutando con la escena de la película (un trío de 2 con 1 sola chica)
Tengo que reconocer que estas son las escenas que mas me excitan, me encanta ver a una solo chica hacer disfrutar a 2 tíos.
Patricia me comento viendo lo bien que lo estaba pasando:
-¿Te gusta verdad?
Yo afirme que me lo estaba pasando muy bien con la película, ella sonrió y me susurro al oído; ¿que pensarías de mí si te echo una mano y la gente me ve hacerlo? ¿Te molestaría que me vieran?
-Me encantaría la verdad, además allí ya tienes un espectador, si a ti no te importa a mi me gustaría que te vieran masturbarme.
Me agarro la polla y empezó a subir y bajar con su mano masturbándome además de acariciarme los huevos para ya hacer de esa paja algo impresionante. Estaba muy caliente , sin pensarlo mucho, decidí abrirle las piernas dejando su cochito a la vista del chico para que disfrutara viéndoselo y empecé a acariciárselo, primero empecé tocándole el clítoris dándole pellizquitos a veces y acariciándoselo dando círculos como a ella le gusta
La escena acabo aproveche para sacarle las tetas y empezar a tocárselas asegurándome de nuevo que nuestro espectador no perdiera ningún detalle. Disimuladamente me fije como ya no podía dejar de pajearse mirando como mi mujer estaba totalmente cachonda y disfrutando de la paja que yo le estaba haciendo.
Yo ya había perdido los papeles, decidí mirando al chico invitarlo discretamente a sentarse a nuestro lado para seguir con el espectáculo y cuando mas se acercaba mas crecía el morbo en mi interior por aquella situación.
Cuando por fin se sentó al lado de Patricia me fije como esta de forma discreta miraba la polla que tenia a su otro lado hasta que finalmente se dio cuenta de que yo la había visto y por su reacción creo que entendió bien que le daba mas que permiso para que mirara sin miedo.
En esta situación opte por decirle a mi mujer:
-¿Te gustaría masturbarlo a el también?
Lo estaba diciendo y casi me corría solo en pensarlo, había imaginado alguna vez a mi mujer con otro tío, sobretodo lo imagino cuando la masturbo con consoladores, y eso me excita mucho.
Mi mujer al principio con un poco de vergüenza empezó a bombearle el miembro a nuestro nuevo amigo, me encantaba estaba pajeandonos a los dos.
Ahora yo ya no podía dejar de masturbarla pero viendo que el chico no dejaba de pasarle las manos por las piernas saque mi mano para que pudiera masturbarla como forma de romper un poco mas el hielo y sin duda alguna funciono. Observe que cuando el chico empezó a tocarle el clítoris mi mujer se ensalivo dos dedos y se mojó de nuevo todo el chochito. Me encantaba ver como masturbaba a mi mujer, le acariciaba el clítoris dando círculos , le metía 2 deditos, le daba palmaditas en el conejito y mi mujer cada vez lo pajeaba mas como si fuera una putita.
Viendo que sabia bien donde tocarle y que iba bien cachonda yo empecé a lamerle las tetas disfrutando con sus gemidos que hizo que algún otro hombre (un poco mayor) se diera cuenta de nuestra pequeña fiesterita.
Aguantamos un par de escenas mas hasta que cuando ya estaba apunto de acabar la película nuestro nuevo amigo hizo que mi mujer se corriera metiéndole los deditos para que así acabara con unos gemidos que hacían la competencia a los que salían de la película.
Ya lista no tubo compasión ninguna y fue tal la paja que nos hizo que creo que dejamos las butacas llenas de manchas.
Al salir de allí nos despedimos de Pedro y nos dirigimos para la salida pero antes me fije como varios hombres (mayores) la miraban con mucho deseo.
Espero que haya sido de vuestro agrado este relato, si es así colgare algún otro porque esta fue la primera pero no la ultima experiencia.
Esperamos vuestros comentarios

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Mis historia real de cómo gozo mis inicios de cornudo

Lo que voy a contar son cosas reales que han pasado muy recientemente, trata de cómo poco a poco fui emputeciendo a mi mujer, en realidad solo darle un empujoncito porque solita bien que le ha gustado.

Comenzaré con decir que siempre fui algo celoso, Hace 5 años supimos en la familia que uno de mis hermanos no era mi padre sino de un entonces empleado cuando vivíamos en cierto municipio de San Luis Potosí, México. Mi papá murió y nunca supo nada. Todo eso es un tema escabroso para mi y algo hiriente, pero a la vez imaginaba que habría orillado a mi madre, una mujer respetable y aparentemente incapaz, a darle las nalgas a ese tipo. Acaso mi padre no la satisfacía y gozaba más con su amigo y que tantas cosas habrían hecho?, es algo que me preguntaba morbosamente que a veces me llenaba de excitación, la imagen de mi santa madre empinada o abierta con sus piernas al hombre y el otro cabrón clavándole la verga, o si le mamaba la verga. Hice memoria de cuando era niño y luego caí en cuenta de varias cosas, por ejemplo que mi mamá se llegaba a desaparecer por largos ratos cuando mi papá salía a Querétaro por algunos días, de cómo la vi una vez llegando con este tipo en su camioneta despeinada algo rearo en ella y bajándose rápidamente para que no la mirasen, o de sonidos en la cama durante el día que en ese entonces no entendía.

Aquí empiezo, somos por anonimato digamos Claudia y Carlos, ella de 36 y yo de 32 de San Luis Potosí capital. Ella es muy alivianada, con buen carácter, atractiva, muy vanidosa, buen cuerpo, nalgona y un poco bajita, pechos pequeños pero bien formados. No es modelo ni nada del otro mundo pero tiene un algo que atrae, siempre ha sido pretendida por amigos y compañeros de trabajo sin importar que sea casada y no faltan seguido los piropos y quien le haga la lucha para ligársela. Tampoco faltan los comentarios muy directos y subidos de tono que le mandan por teléfono o Facebook, algunos comentarios a vista de todos. Tanto así que mis familiares, muy tradicionales me cuestionan cómo permito eso. No pasan de ser comentarios simples que a ella le gusta como toda mujer vanidosa, y no tenía razones para tener celos puesto que siempre me mostraba lo que le decían y yo encantado de ser envidiado por una mujer así.

Levamos 4 años de casados y desde novios vestía muy simple y recatada con ropa holgada y me agradaba que así fuera por los celos que sentía. Nos casamos y fuera de eso normal como toda pareja tradicional. Al inicio era muy recatada como toda su familia en cuanto a su vestimenta y actitud, una de sus hermanas incluso es monja.

Gradualmente la fui convenciendo para que se fuera animando a hacer cosas simple como una pareja común, ver películas porno, tomarle fotos sexy, ponerse lencería sexy etc. Me costaba trabajo la primera vez pero después de probar le gustaba repetir.

Era de las de usar calzón mata pasiones, ropa muy holgada, como en casa la habían acostumbrado. Yo quería que vistiera un poco más sexy y se negaba, más que nada por que qué dirán nuestros conocidos. Así se ofreció un día en que por el trabajo tenía que salir del país por 3 días y aproveché para chantajearla para llevarla conmigo. Le sugerí llevarla con la condición de que allí usara ropa muy sexy al fin que no la conocerían y no había pretexto. Terminó en una discusión en la que le reclamé lo mona que vestía y estuvo muy enojada por un par de días, ya luego me dijo que lo haría pero que ella sabría que se iba a poner y que me iba a arrepentir. Yo lo tomé a broma, incluso sabía que a la mera hora se iba a echar para atrás como tantas veces por lo penosa.

Se llegó el día y todavía estaba visiblemente enojada conmigo, me quedé a beber algo en el aeropuerto mientras ella salió con su maleta al baño a cambiarse desde ahí, no se iba a esperar a llegar. Yo me daba por bien servido si se llegaba a poner una minifaldita como siempre quise.

Cuando la vi llegar me quedé impactado y me dije a mi mismo “Ándele cabrón por andar de hocicón, a ver si es cierto que aguantas” no podía creer lo putísima que se miraba.   Solo llegó para decirme préstame tu navaja para cortarle la etiqueta a la tanga y la vi de espaldas regresar al baño juro que era un putivestidito blanco transparentoso al ras de las nalgas, con tanga visiblemente negra a través del vestido, zapatillas doradas tacón de aguja, escotazo, maquillada, vil puta de verdad. Una cosa era haber deseado algo sexy y otra fue aguantar cómo la miraban. Increíble que ella fuera mi mujer. En ese momento juro que me arrepentí, sentí muchas ganas de taparla, de decirle que diablos te pasa, regrésate a cambiarte esto es bastante.

Cuando regresó tomó unas copas, me dijo “esto es para que se te quite cabrón, a ver si como roncas duermes” y acabando estuvimos por ahí caminando, volteaban a verla bien morbosamente y por primera vez sentí algo muy raro. Sentía bastantes celos y coraje con ella por andar así, a la vez quedé muy excitado con la verga bien parada, más que nada porque a ella le encantó y lo gozaba en vez de darle pena como pensé que pasaría. Disimuladamente vi cómo varios nos llegaron a seguir celular en mano para tomarle foto pues la tanga se le veía a simple vista y no costaba trabajo ver como se asomaban por abajo las nalgas. Pude ver cómo se llenó su mirada de una picardía que nunca le conocí, supe que le había encantado ser observada así y hasta con gusto meneaba el culo la muy puta. Duré días excitado recordando todo y durante todo el viaje de verdad parecía que había tomado una bella putita de paseo. De hecho en el hotel donde nos quedamos pensaron que a eso se dedicaba y que subía a mi cuarto a hacer un servicio. Nos dimos cuenta que nos había encantado.

Por un año, cada que salíamos de la ciudad repetía su papel de puta, al cabo que no nos conocían. Para esto lo planeábamos, yo mismo la acompañaba a comprar estas cosas y me excitaba escoger lo usaría, y sacarla a pasear así.   Me encantaba irnos a tomar algo algún bar, ella dejando ver de todo, mostrando sus piernas con medias de liguero, provocar. Yo sabía que estaba sacando la puta reprimida que tenía oculta, y era un juego solo entre nosotros, ella decía no tener deseos con nadie solo por excitarme.

A partir de ahí, cambió mucho, se volvió mucho más cachonda y comenzó a vestir a diario por voluntad mucho más provocativa. Seguido comparte fotos más sexys entre algunos amigos por Facebook y le gustan los comentarios que amigos cercanos le hacen.

Le gustó mucho andar enseñando el hilito de las tangas como que sin querer, y particularmente me encantaba que mis amigos la miraran morbosamente. Todos ellos se percataron del cambio, pues muy seguido nos juntábamos a beber algo, en casa de algún amigo o en algún bar y constantemente la llevaba desde que nos conocimos. No siempre pero la mayoría de las veces éramos solo hombres y por la confianza con ellos vestía cada vez más sexy y le gustaba ser la atracción de las miradas morbosas y centro de comentarios candentes en doble sentido y directos. Conmigo siempre fue todo tranquilo y con respeto por la amistad de toda la vida. Nunca se pasaban de más, pero era muy evidente cómo se la tragaban siempre con la vista y cómo le daban sus arrimones y una agarradita arribita de las nalgas al saludarla de abrazo, o tocaditas de piernas mientras tomábamos así como amistosamente.

Un amigo me comentó en secreto, con pena pensando que me enojaría, de lo que se decía de ella, que estaba muy sueltita y de seguro soy un pinche cornudo y de cómo entre tragos se comentaban que cómo quisieran “darle unas buenas vergueadas a la cabrona”.

Yo le comenté esto a Claudia al hacerlo una noche, nos calentábamos de saber que le traían ganas y qué querían, era una idea que seguido recordábamos y nos provocaba excitación. Comenzamos a reunirnos principalmente ya en nuestra casa, pues no tenemos hijos , siempre había pretexto, un partido de futbol, una carne asada, o solo conversar bebiendo.

Con las cervezas siempre los ánimos se caldean y a Claudia se le sube fácilmente y se desinhibe. Yo simulo que no me doy cuenta de nada y ella los provoca sutilmente. A veces andaba en shorcito cacheteros de licra o minifalditas cortísimas y a propósito recogía algo para levantarles el culo o no cruzaba las piernas y las abría como sin querer, a veces no llevaba sostén y se le marcaban los pezones en la blusa, cosas así de juego soft. Acostados ya, me contaba situaciones que me perdía cuando los dejaba solos. Era un juego de placer entre pareja nada más, ella decía que no quería ni se animaría nunca a estar con otro que no fuera yo. Con el cambio que había visto en ella y con lo de mi madre, no me queda más que pensar de que todas en el fondo tienen una gran puta dentro, sólo que por circunstancias de la vida, por celos del marido, la educación etc. no tienen la oportunidad. Me di cuenta de que la mía siempre necesitaba su empujoncito para hacer algo y solita agarraba vuelo.

Todo cambió hace medio año. Descubrí mensajes de Claudia con Moy, uno de los amigos. Le pedía disculpas por lo pasado, al parecer una de las veces en que bebimos en nuestra casa y quedaban 2 de mis amigos, yo salí a comprar cerveza y fui a dejar a uno de ellos que vive cerca y se quedó Moy con Claudia. No tardé más de 15 minutos. Cuando volví los vi sentados conversando, supuse que le había estado agarrando la piernita pues se acomodaron y simularon, como ya era costumbre. De esa vez al acostarnos sólo me contó que le había estado agarrando la pierna y un toquecito suave en los pezones, algo sorprendente que se animara porque siempre ha sido muy tímido. Nunca me contó que ella le estuvo sobando la verga por encimita del pantalón justo antes de llegar. Leí que le había encantado por lo bien que se le sentía y no faltaba la comparación que hacía con la mía mucho más pequeña. El se disculpaba porque sentía que hacía mal por mi amistad y que no le quedó mas remedio que hacérselo a su mujer e imaginarse que se lo hacía a Claudia. Intercambiaron algunas fotos y el le mandó fotos de su verga, no la tenía muy larga pero si muy gruesa. Leí todo lo que se dijeron, que de haber podido ese día le hubiera gustado darle una tremenda mamada. Yo no podía creerlo, duré una semana con la excitación a flor de piel imaginando. Supongo que Claudia nunca me lo comentó por miedo a que me doliera la comparación con mi amigo y a que le comentaba que mi verga no le era suficiente. Si admito que la tengo algo pequeña y ella siempre evadía la pregunta de cómo calzaban sus novios anteriores, de si la llenaban más. Solo me decía que lo importante era que nos queríamos, pero nunca se a sinceró en ese sentido.

Quería decirle a mi esposa lo que había leído y mejor decidí ponérsela a modo para que se la cogiera y sentir mis primero cuernotes. Esa idea me hervía la sangre.

Me acordé de mis padres y pensaba, total tanto cabrón cornudo que ni cuenta se da y de nada le sirvió a mi papá ser bien celoso y andar cuidando a mi madre. Por ahí se la llevan y la entregan bien cogida, llena de leche y embarazada y uno ni en cuenta. A lo mejor lo de mi padre fue también por tener el pito chico y mi madre tendría necesidad de una buena verga, el tamaño es hereditario. Total si de todos modos te hacen cornudo cuando quieren, al menos yo al menos quiero disfrutar viendo cómo goza la mía.

Planeé beber en casa solo nosotros 3, y luego dejarla con él y espiarlos o de perdido escucharlos. Pero dejé de verlo por casi un mes, cuando por fin lo encontré lo notaba muy penoso, le dije que lo esperaba el viernes en casa y buscaba pretextos pero al final se decidió y llegó. Se saludaron de beso y desde el inicio supuse que le había agarrado de más una nalga en el abrazo. Estuvimos bebiendo como siempre, aprovechaba cada oportunidad que sentía que miraba a otro lado para mirarla o poder tocarla discretamente yo los miraba por un vidrio que alcanzaba a reflejar.   Salía y adrede me tardaba en el baño o los dejaba en la sala mientras duraba en la cocina haciendo unas micheladas. Varias veces vi los manoseos entre ambos siempre bien disimulados, solo que yo entraba en silencio para ver en que podía sorprender. Yo fingía no saber nada. Duramos mucho rato así, ya se nos habían subido las copas y los comentarios se encendieron. Ellos estaba sentados juntos en el sofá y yo en un sillón enfrente. Yo le dije,

-que piensas de mi mujer Moy?

Se puso rojo pensando que le iba a reclamar algo, la paré y la besé abrazándola mientras le levantaba la falda. Le dije.

-Apoco no está como para partírsela a vergazos?

Dijo que si bien nervioso mientras le miraba todo. Le dije

-ya Güey toda la tarde nomás te la has pasado tocándole las piernas y los senos a mi esposa y tragándotela con los ojos. Aquí en mi casa se hacen las cosas como se deben cabrón si se las vas a agarrar que sea como se debe y me vas a hacer cornudo como dios manda.

Claudia, ve y ponte el liguerito que compraste el otro día y que te diga Moy si te queda bien. Mientras subió le dije

-Te la quieres coger verdad? Te voy a dar chance pero quiero que me la dejes bien cogida, una buena culeada y bien llena de leche.

Lo notaba penoso y nervioso, pero a la vez muy emocionado. Quedamos como camaradas que todo estaba bien.

Al bajar Claudia ya lo traía, con unas medias con una faldita tipo colegiala y otras zapatillas, le dije trae las tiritas sin poner todavía.

Le dije aquí que te las ponga Moy, ándale, y bien obediente va y le pone una pierna para que se las ajuste, y luego la otra, se dio vuelta y se inclinó para que le ajustara las tiras traseras. Acabando ella se sentó en sus piernas. Uffff!!! que espectáculo ver vestida bien puta y vulgar a tu esposa en las piernas de tu amigo y el acariciándola.

Le dije

-Apoco no está más chingón agarrárselas así que a escondidas?

Así estuvimos de puro cachondeo, mi plan de dejarlos no me salió, al ver cómo se manoseaban no pude aguantar comencé a masturbarme viendo cómo otro cabrón agarra a mi esposa.

Las cosas se me salieron de control, la idea original que era simular dejarlos solos con el pretexto de irme a dormir, no se pudo, comencé a masturbarme al ver tan rico espectáculo.

Ella dijo

-Mira que pinche verguita, tu crees que esa chingadera me llena? Yo necesito algo mejor. Moy la tiene bien rica.

Le dije, y como sabes?

-Se la sentí

Le dije,

-si ya sé que las has tocado por encimita y que se la has visto en foto, ándale cómetela yo se que es lo que quieres.

Nunca olvidaré esa mirada llena de lascivia de mi mujercita, se bajó, se inclinó y se la sacó. Se la acariciaba y decía mira que rica está esta. Luego se la metió a la boca y se la comenzó a mamar como desesperada, apenas si le cabía pero se la metía hasta donde le alcanzara. Me vine de inmediato y le seguía mientras contemplaba tal espectáculo.

Se miraba tan rico que daba gusto, no sabía si era ella la que mas disfrutaba mamándosela. Luego se le montó, no quiso que se la mamara a ella, dijo prefiero la verga ya como desesperada. Se quitó la tanga toda chorreada y pude ver lo que tanto había soñado, mi esposa ensartada por una verga de a de veras y ella gozándolo como se debe. Desde que se metió la puntita ya la disfrutaba y a la primera que tocó fondo gritó súper rico quizás en exceso para que viera el gusto que le daba sentirla, comenzó a subir y abajar como loca moviendo la cadera a un rito sensacional, meneando la cola como para mostrarme cómo era posible hacerlo sin que se saliera la verga en esa postura como conmigo. Después de un rato se la pone de patitas al hombro y ella gritaba de placer y me con la mirada me parecía decir cómo lo disfrutaba y me decía

-pinche cornudo pitochico, para que veas lo que es un hombre de verdad, el sí me sabe coger, para qué chingados querías una puta en casa si ni sabes complacerla ahora soy la puta para machos de verdad como Moy y el que yo quiera.

La volteó y se la metió de perrito. Se la estuvo cogiendo por rato y ella gozando de verdad, gimiendo cada que los huevotes de Moy rebotaban en sus nalgas.

Me encaba que se escuchara, que los vecinos se dieran cuenta de lo cornudo que soy y de cómo en ese momento mi putísima esposita gozaba con su macho.

Él le decía

-Así te quería coger desde que te conocí y me masturbaba pensando en ti, y más ya cuando empezaste a ponerte esas pinches licritas que tan sabrosas te quedan. Tremenda piruja tienes de esposa cabrón cornudo. Ahí está por dejar que ande exhibiendo las nalgas. Ella con hambre de macho pidiendo a gritos una buena verga en el culo.

Yo me masturbaba y no cabía en placer escuchando y viendo tal espectáculo. Le dije

-Ah que cabrón, de las cosas que se viene uno enterando hasta que esto pasa jajaja.

Terminó echándole todo el semen en las nalgas y se lo dejó todo embarrado. Me dijo mi amigo, ahí tu puta bien cogida la perra.

Y yo la comencé a besar mientras todavía jadeaba y me decía cómo lo había disfrutado.

Esa noche le seguimos, nos la cogimos entre los dos pero por mas que quería el era el que la satisfacía. Cuando se fue me dijo, así quiero que me tengas siempre a mi puta pinche cornudo.

A partir de ahí Moy ha venido los viernes a cogérsela, aparte, ya dos veces por común acuerdo, se la ha llevado y la he ido a recoger a un motel de paso después del trabajo. Y en voz alta he dicho

-Como te fue mi vida. Te gustó cómo te cogió tu macho verdad? te veo feliz.

Y Ayer justo le dije en un Sears, mira cómprate esta tanguita, ya sabes cómo a Moy le encanta que uses de estas y hacértela a un ladito para metértela. A ella todavía le da pena y se puso roja por los que alcanzaron a oír pero solo respondió con un como gemidito bien cachondo recordando cómo la sentía cuando se la clavaba.   Como nos reímos luego recordando la expresión de una señora.

Me animé a escribir esto porque sigo con la excitación de todo esto, y porque recién nos enteramos de que mi esposa está embarazada. Aunque no tengo la certeza me siento un orgulloso cornudo con un futuro hijo de mi esposa con mi amigo. Sólo a él de mis corneadores piensa dejarlo coger sin condón. Moy se ha guardado el secreto con el resto de amigos, no le conviene tampoco por que se entera su mujer, sin embargo pero ya otros amigos están apuntándose con mi puta y piensa tirárselos.

El tiempo dirá como me van saliendo más cuernotes porque a mi esposa se le ha desatado el hambre de macho y quiere más.

kaliman.kamo@gmail.com

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El Primer Amante de mi Esposa

Somos Francisco y Almira.

Nosotros nos casamos jóvenes, yo de 31 y Almira de 28, hace ya 30 años, en 1979.

Almira era (y sigue siendo) una mujer muy atractiva, blanca, bonita, cabello castaño oscuro por los hombros , de cuerpo voluptuoso, con grandes tetas redondas, pesadas, paraditas y un trasero generoso, macizo, sobresaliente.

Una noche, cuando llevábamos 6 años de casados, tomábamos unas copas de vino y nos pusimos a conversar acerca de nuestras fantasías. Almira me confesó que ella fantaseaba con probar que se sentiría hacer el amor con otro hombre y yo salté emocionado y le confesé que mi mayor fantasía era, precisamente, imaginármela haciendo el amor con otro hombre, que a veces me masturbaba pensando en ello y que a veces cuando le hacía el amor me imaginaba que yo era algún desconocido.

Ella se escandalizó un poco pero logré convencerla que esa era una fantasía relativamente común y entonces me aseguró que, en todo caso, si alguna vez llegaba a acostarse con otro hombre -con mi permiso- de ninguna manera aceptaría que yo estuviera presente porque le parecería demasiado incómodo y vergonzoso. Yo le dije que estaba bien, que quizás luego cambiaría de opinión pero que si alguna vez se sentía tentada que lo hiciera, que tenía mi permiso y mi promesa de que jamás se lo sacaría en cara pero que la única condición era que tenía que contarme todo, hasta el más mínimo detalle.

Transcurrió el tiempo y yo siempre le preguntaba a Almira si no había encontrado ningún candidato, finalmente un día a principios de 1986, me dijo que había un hombre que le estaba “echando los perros” y que a ella le gustaba.

Se trataba de Arturo, el dueño y presidente de una empresa a la cual ella le compraba insumos para sus labores. Me contó que era un hombre comenzando los 40, muy varonil, guapo, delgado, altísimo y que cada vez que la veía se la “comía con los ojos” y la estaba atacando de frente a lo cual ella respondía con el tradicional “yo soy una mujer seria, casada”.

Yo me emocioné mucho y la animé a que, como sólo saben hacerlo las mujeres, se mostrara interesada y a la vez temerosa y que poco a poco fuera dejando caer las defensas hasta “dejarse seducir”.

Almira me iba contando de los “avances”: al poco tiempo Arturo la llamaba por teléfono a la casa y ella lo atendía. La cosa comenzó a avanzar cuando un día ella le “confesó” que sí, que ella pensaba que era un hombre muy atractivo y que a ella le gustaba pero que “no quería faltarle el respeto a su marido” y que, además, le daba miedo. Mientras tanto, nuestras relaciones se tornaron ardientes: hacíamos el amor imaginando que era Arturo quien se la estaba cogiendo; ella se apretaba las tetotas y decía “Arturo se va a dar un banquete de tetas, cada vez que me ve no me puede quitar los ojos de las tetas!”; se preguntaba cómo sería el guevo de Arturo; como sería tenerlo montado sobre ella, en fin….

Un día al llegar del trabajo mi adorada mujercita me dijo, sonriente, “¡mañana te monto los cachitos como tú quieres!” , yo me emocioné mucho y le pregunté que qué pasaba y me dijo que Arturo la había invitado a almorzar y ella había aceptado. Le respondí que un almuerzo no significaba “cachos” pero ella me respondió ” las mujeres sabemos de eso, estoy segura que después de almorzar él me va a proponer que vayamos a otro sitio y le voy a decir que si…¡se la voy a dar!”

Esa noche hicimos el amor divinamente, luego yo le afeité la cuquita dejándosela totalmente peladita salvo una rayita justo sobre el comienzo de la rajita (en ese entonces todavía no se usaba pero a mí me encanta así y pensé que a Arturo también le gustaría); escogimos la ropa que usaría; conversábamos emocionados: primero la aconsejé que se dejara calentar muy bien pues quizás Arturo estaría demasiado excitado y podría acabar rápido dejándola insatisfecha; recuerdo que tomó un huevo de pascua de chocolate que había en la mesa de noche y me dijo, sonriendo pícaramente
“¿y si lo tiene así de grueso?”
y yo le respondí
“no te preocupes mi amor que si estás bien aguadita te va a entrar rico aunque lo tenga así de grueso, recuerda que por allí cabe un bebé, lo importante es que estés bien aguadita y bien excitada”
“¿y si lo tiene muy largo?”
“no te abras tanto al principio y vas probando si aguantas y si te molesta le dices que lo tiene muy grande y que no te de tan duro”
“Y si me pide que se lo mame?”
“bueno….eso depende de ti mi amor, si tu quieres mamárselo ¡hazlo!. Ahora bien…si él no te mama la cuquita y pretende que tu se lo mames a él te recomiendo que te hagas la que te da vergüenza y nada más se lo acaricies y así lo dejas con las ganas de un segundo encuentro durante el cual te dejes convencer de mamárselo ”
“¿le pido que se ponga condón?”
“si tu quieres que se ponga condón tengo que salir a comprártelos porque a lo mejor él no lleva pero……él es un hombre sano, casado, tú estás ligada y a ti te gusta sentir la lechita, al menos conmigo, así que….tú me dices”
“yo quiero sentir su lechita”
“como tú quieras mi amor! Otra cosa….al menos en el primer polvo, hasta que lo conozcas mejor, no te vayas a menear muy duro, suavecito ¿oíste?”
“¿porqué?’”
“porque ahí sí que lo vas a hacer acabar muy rápido y te vas a quedar con las ganas!”
“ayyyyyy! ¡pero yo quiero que él también goce!”
“y yo quiero que tu goces mi cielo, ¡yo te aseguro que él va a gozar un mundo! ¡te lo aseguro! De todas maneras…, si tu acabas primero entonces si puedes menearte con todo o si acaban al mismo tiempo entonces, en el momento en que él comience a acabar te abres bien, lo abrazas con manos y piernas por las nalgas, empujándoselas para que lo tengas todo bien adentro y aprietas la cuquita rítmicamente como ordeñándolo, así como haces conmigo ”
Y así continuamos hasta caer dormidos…..
Llegó el día anhelado, un miércoles de abril de 1986. Yo salí para el trabajo temblando de emoción y poco antes de mediodía Almira me llamó por teléfono.
Me contó que se había dado un largo baño, que se había dado una ducha vaginal y luego se había perfumado y vestido con la ropa que habíamos escogido: un vestido de una tela liviana como de bluejean, bastante escotado, con dos tirantes que se amarraban en un lazo detrás del cuello. Debajo llevaba un brassiere strapless negro y unas pantaleticas negras tipo bikini, de encaje, muy bonitas y sexys. Calzaba unas sandalias azules, del mismo tono del vestido, amarradas a los tobillos, muy sexys y finalmente un blazer.
Me dijo que estaba un poquito nerviosa pero emocionada y dispuesta y que ya iba saliendo.
La cita era en el restaurante Shorthorn Grill, en La Castellana.
Yo estaba muy nervioso y pasado un tiempo prudencial quise asegurarme de que todo marchara bien y llamé por teléfono al restaurante, pregunté si ya había llegado una pareja de tal descripción y me confirmaron que si, ¡me moría de emoción! (luego Almira me recriminó riéndose que yo estaba loco, que si el mesonero les hubiera dicho que había llamado un señor preguntando por ellos probablemente Arturo se habría asustado y no hubiera pasado nada)
Una hora más tarde tuve que encerrarme en el baño y masturbarme imaginando que ya para ese momento Arturo estaría montando a mi mujer y anhelando que Almira lo gozara para que así…, se repitiera.
Pasé la tarde tan nervioso que me subía por las paredes, finalmente llegué a casa y mi esposa llegó pocos momentos más tarde, con una gran sonrisa en su bello rostro.
“i Mi amor, me tienes loco esperándote! ¿Cómo te fue?”
“Bien mi amor… ¡Chévere!”
“¿Lo hicieron?”
“Siiiiiiiiiiii, ¡ dos veces! ¡Muérete que él quería echarme el tercero pero le dije que era tarde y que tenía que llegar a casa antes que mi marido!”
“¿Y…..? ¿qué tal? ¿gozaste? ¿acabaste?”
“Si mi amor, fue divino, ¡acabé dos veces en el primero y creo que tres veces en el segundo!
“guaoooooooooooo, que bien! ¡ven! ¡vamos para el cuarto para que me cuentes!”
“ya va mi amor, déjame atender a los niños!”
Me fui a nuestra habitación temblando de emoción y pasó lo que me pareció una eternidad hasta que por fin Almira entró al cuarto y cerrando la puerta me dijo:
“mi amor… ¡tengo que lavarme!. Me dio cosa lavarme en ese bidet del hotel y sólo me pasé un papel tualé y estoy toda empegostada!”
Yo exclamé “Noooooooooooo, ¡no te laves!, ¡déjame ver! y abrazando a mi esposa la dejé caer en la cama y le levanté el vestido.
Al separarle las piernas ya de una vez vi que había una gran mancha de humedad en el puente de la pantaleta. Comencé entonces a bajarle la pantaleta y ella se resistía riendo: “nooooo chicoooo, déjame lavarmeeeee, me da penaaaaaa”.
Cuando logré bajarle la pantaleta hasta medio muslo observé en la parte interior del puente una asombrosamente grande cantidad de semen fresco, muy espeso, pegostoso, como almidón o engrudo, así como en los labios vaginales de mi esposa
“¡mi madre! mi amor… ¿qué te hicieron? ¡mayor cantidad de leche!” exclamé y ella me respondió
“siiiii!, yo sentía como me bajaba mientras venía para la casa….¡y eso que se me salió un montón después del primero y tuve que pararme a secarme y después me volví a pasar papel tualé después del segundo, antes de vestirme!”
Sin poder contenerme terminé de bajarle la pantaleta dejándosela en torno a una sola de sus piernas y bajándome los pantalones me abalancé sobre ella.
Almira me gritó “noooooo, locooooo, déjame lavarmeeeee” pero fue inútil: hurgando con mi pene en su rajita y sin duda ayudado por la lubricación de la enorme cantidad de semen en su vagina la penetré hasta el fondo de un solo envión. ¡Jamás olvidaré la sensación!. ¡Era como si su apretadita vagina estuviera súper lubricada!… solo que no era la lubricación vaginal natural si no la leche de Arturo dentro de ella. La abracé y besé con locura y casi no quería moverme, sólo permanecer dentro de ella, sentía su vagina palpitar y creo que no aguanté ni siquiera un minuto antes de comenzar a emitir sonoros gemidos que Almira trataba de ahogar apretando mi cabeza contra su cuello y finalmente derramarme dentro de ella uniendo mi leche a la de Arturo.
Mi cuerpo temblaba sin parar y no paraba de estremecerme. Luego…, poco a poco, a medida que recuperaba el aliento, comencé a besar a mi adorada esposa, su cuello, su rostro, sus párpados, sus labios diciéndole sin parar lo mucho que la amaba y ella me abrazaba y acariciaba sonriente, ¡feliz!, ¡fue un momento inolvidablemente hermoso!
Cuando finalmente desmonté a mi adorada ella trató de levantarse para , ahora sí, ir a lavarse, pero se lo impedí y haciendo un esfuerzo por lo extenuado que estaba le volví a colocar su pantaleta y abrazándola le pedí…..
¡ahora sí!, ¡cuéntamelo todo!….¡por favor!, ¡hasta el más mínimo detalle!”
Almira me sonrió tiernamente, con una sonrisa hermosísima, la más dulce de las sonrisas, correspondió a mi abrazo y tras darme un besito exclamó:
“¡si que eres loquito!”
y comenzó a contarme los detalles….
Bueno, yo llegué al restaurante a las 12 en punto y ya Arturo estaba allí. Se paró muy galante y me dijo –estás preciosa!- y se le caía la baba viéndome las tetas. Me preguntó que quería tomar y le pregunté que estaba tomando él y me dijo que una cuba libre y le dije que lo mismo.
Yo pedí una ensalada y Arturo un salpicón de mariscos, conversábamos y el muy pícaro llevó la conversación al tema de las cosas que uno anhelaba de tal manera que yo me hice la gafa y le pregunté ¿y cuál es tu mayor anhelo? -¡hacerte el amor!- entonces yo le tomé la mano y le sonreí así como tímida. El me tomo la mano entre las suyas y me preguntó -¿quieres que vayamos a otro lado?- Yo bajé la cabeza y le respondí muy bajito -bueno…-
Arturo pidió la cuenta rapidito y cuando salíamos me dijo –deja tu carro aquí, vamos en el mío, así es más discreto- bueno, el muy bandido como que lo tenía todo planeado porque en 2 minutos llegamos al hotel, me llevó a uno que se llama Hotel residencial El Cid allí mismito en La Castellana. Se estacionó y me dijo, muy caballeroso, -espérame aquí- y me dejó en el carro prendido con el aire acondicionado. Al ratico llegó, apagó el carro, salió y me abrió la puerta me tomó la mano y me llevó así hasta el ascensor. En lo que abrió la puerta de la habitación me quitó el blazer y lo puso en una mesa que había en la entrada, me volteó y comenzó a besarme. Besa bien rico pero es tan alto que tenía que doblarse muchísimo para besarme, entonces me bajó el escote, me desabrochó el sostén y comenzó a acariciarme las tetas y no paraba de besarme. Luego me bajó el cierre y cuando se cayó el vestido se me separó, dio un paso atrás y se me quedó viendo boquiabierto al tiempo que me decía -¡que maravilla! y comenzó a desabrocharse la camisa…
Yo me dirigí a la cama, me senté y me quité los zarcillos y el collar y me acosté. Cuando Arturo se desnudó completico y venía a meterse a la cama yo levanté una pierna y le dije –quítame los zapatos- y él se puso a desabrocharme las sandalias pero sin dejar de comerme con los ojos ¡estaba que se babeaba!.
Cuando finalmente se acostó al lado mío comenzó a besarme otra vez pero acariciándome las tetas, al cabo de un rato bajó y se dedicó a mis tetas, me las besaba, lamía, mordía, acariciaba, estrujaba, en verdad se dio un banquete de tetas al tiempo que me apretaba la cuquita por encima de la pantaleta y yo estaba muy humedecida. Transcurridos algunos minutos comenzó a besarme milímetro a milímetro pero bajando hasta que llegó a la pantaleta y entonces me daba mordisquitos suavecitos encima de la pantaleta hasta que llegó a mis muslos y siguió besándome siempre hacia abajo hasta llegar a mis tobillos. Entonces estiró sus brazos y tomó la liga de mi pantaleta para bajármela. Yo levanté un poco la cadera para ayudarle y pude oír claramente como un suave quejido cuando comenzó a bajarla, seguramente originado en el momento en que me vio la totona peladita…
Terminó de quitarme la pantaleta y comenzó nuevamente a besarme pero ahora desde los tobillos hacia arriba. Cuando llegó a la cuquita me besó y mordisqueó delicadamente todo el bollito pero no llegó a besarme la rajita y muchos menos a mamármela si no que continuó subiendo hasta llegar nuevamente a mis tetas, se detuvo en ellas algunos segundos y entonces comenzó a besarme en la boca y sentí su mano acariciándome y apretándome la cuquita. Yo abrí un poco las piernas y sentí su dedo entrar en mi rajita que estaba totalmente empapada, eso lo entusiasmó y después de acariciarme a lo largo de la rajita por algunos momentos (sin dejar de besarme) me metió el dedo.
Yo abrí las piernas aún más y sentí su dedo entrarme bien profundo -¿te gustó?- interrumpí y Aldira continuó: si, tiene los dedos largotes y se sentía rico, era tan rico que yo comencé a menearme pasito y casi estuve a punto de acabar pero entonces me lo sacó y me abrazó e hizo que nos volteáramos de tal forma que yo quedara sobre él y me dijo –¡bésamelo por favor que me gusta mucho!-.
Yo me senté encima de sus muslos y comencé a acariciarle el guevo, lo tiene casi igualito al tuyo quizás un poquito más grueso pero las bolas si las tiene enormes y le cuelgan bastante. Cuando se dio cuenta que no se lo iba a besar o mamar me sujetó y nuevamente hizo que nos volteáramos y yo pensé -¡ya está! ¡me va a montar!- y en efecto se me montó y yo me abrí. ¿Eso es normal? ¡ni siquiera me preguntó si yo me cuidaba ni nada si no que se me montó! – Ay mi amor, tu eres una mujer casada y el supondrá que te cuidas y que si no lo haces y te preña….bueno, tienes un marido a quien achacarle la barriga! ¡sígueme contando!-
Bueno, yo le agarré el guevo y me lo pasé por la rajita varias veces para lubricarlo y me lo acomodé. El pobre estaba tan desesperadito que cuando lo sintió en la puertica me lo metió todito de una sola vez… ¡despacio pero hasta el fondo! . Entonces yo doblé las piernas y me abrí toda y lo abracé y él comenzó a darme pero suavecito y yo también comencé a menearme pasito…. No era como tú me dijiste….. aguanta bastante, se ve que ha cogido mujeres a montón porque se sabe controlar y se mueve rico, a ratos me daba de frente, después girando hacia un lado y luego hacia el otro y así, pero siempre suavecito. Fíjate que estuvo dándome suave por un buen rato, no sé, como 5 minutos o más y cuando yo comencé a respirar hondo y gemir y abrazarlo más fuerte me puso una mano bajo las nalgas y la otra sobre la cabeza, como para sujetarme y comenzó a darme duro, bien duro! y allí fue cuando yo acabé la primera vez.
Mientras yo acababa él me lo empujaba bien duro pero sin sacarlo, nada más como para que yo lo sintiera bien adentro y para que me rozara el clítoris. Después que yo dejé de gemir y de apretarlo y me relajé un poquito él comenzó a cogerme suavecito otra vez, como al principio y yo empecé a menearme más duro y así estuvimos un rato hasta que yo comencé a acabar otra vez y él volvió a ponerme una mano sobre la cabeza y la otra bajo las nalgas y me dio durísimo hasta que me lo metió completico y se quedó quieto y comenzó a gemir, acabando y yo lo abracé como tú me dijiste, con manos y piernas y estuvo acabándome adentro un buen rato, ¡no paraba de estremecerse! ¡con razón bota tanta leche! Se quedó un rato así, encima mío y yo le acariciaba la espalda. Cuando el guevo se le puso blandito y se me salió se medio incorporó y me besó y me dijo -¡Dios! ¡eres maravillosa!…. ¿sabes?…. ¡No pareces una mujer casada y con hijos!, estás apretadita como una señorita- y me volvió a besar por el cuello y me desmontó.
Nos quedamos abrazados y después de un rato él se paró al baño a orinar y en ese momento fue cuando sentí como me empezaba a brotar la leche….¡tiene la leche blanquita y espesísima , pegajosa!…..
¿y te gustó? le pregunté yo…..
¡umjú, se sentía rica!

¿y cómo sabes que la tiene blanquita?
¿no te vas a molestar?
Ay mi amor….¿como me voy a molestar? ¡dime!
porque me pasé un dedito y la vi
¿y la probaste?
Si, la tiene dulcita, más dulce que la tuya!
Ajá ¿y entonces?
Arturo regresó del baño y me paré yo para pasarme un papel tualé porque estaba chorreando leche. Cuando regresé y me acosté él me abrazo y se puso otra vez a besarme las tetas y conversamos un rato….. me dijo que quería que siguiéramos viéndonos; me preguntó que si mi marido era muy celoso; que si alguna vez nos encontrábamos por casualidad por allí en algún sitio y yo andaba con mi marido que hiciéramos como que no nos conocíamos para que mi marido no fuera a sospechar nada (allí lo abracé y le di un besito pensando “¡si supiera!”), le pregunté como era su esposa, si había tenido muchas amantes y me dijo que ninguna como yo y así estuvimos un rato charlando hasta que yo fui nuevamente al baño porque me había salido otro montón de leche.
Cuando regresé del baño Arturo estaba sentado en el borde de la cama con el guevo parado y me dijo “¡ven!”. Al llegar frente a él se puso a disfrutar de mis tetas y a apretarme las nalgas hasta que finalmente se recostó y me dijo “¡móntate!. Yo me senté sobre él, le agarré el guevo y me lo acomodé y me lo fui metiendo despacito, hasta que entró todo y comencé a cabalgarlo. Arturo a ratos se medio incorporaba para besarme las tetas, a ratos me las estrujaba y a ratos se quedaba viendo como me brincaban con la cabalgata. Cuando yo comencé a acabar me pasó las manos por detrás de la espalda y comenzó a corcovear para darme duro y yo acabé rico y me desplomé sobre él. Al ratico me abrazó y nos volteamos (sin sacármelo) y me dijo “¡ábrete!. Yo levanté las piernas en el aire y me las sujeté por los tobillos, bien abierta y él se puso a darme durísimo y no tardé en acabar otra vez abrazándolo con mis piernas y revolviéndole el cabello con mis manos hasta que tomó mis manos y me abrió los brazos en cruz para ver como se me bamboleaban las tetas con sus embestidas y así pasó un rato dándome duro hasta que comenzó a gemir ¡ahí te va! ¡ahí te va! ¡ahí te va! Yo comencé a tener otro orgasmo justo en el momento que él se desplomó sobre mí y me abrazó durísimo y comenzó a acabar también empujándomelo como si quisiera entrar todo él dentro de mí y yo lo ayudé abriéndome toda y empujando sus nalgas con mis manos y piernas. Él se quedó un rato sobre mí, respirando fuerte entre mis cabellos y contra mi cuello y yo le acariciaba la espalda y contraía rítmicamente mi vagina para que la sintiera palpitar, finalmente me besó suavecito en la cara y en los labios repitiéndome que yo era maravillosa, me desmontó y se acostó boca arriba y me jaló hacia él haciendo que yo descansara mi cabeza en su pecho mientras me acariciaba la espalda y las nalgas. Conversamos un rato y me insistió que quería que saliéramos otra vez. Yo le dije (inventando) que quizás mi marido iría para Valencia el miércoles próximo, en cuyo caso saldría de madrugada y regresaría en la noche y él se entusiasmó y quedamos en que si yo le confirmaba el viaje de mi marido nos veríamos el miércoles. Así pasaron los minutos y él me pidió nuevamente que se lo besara, yo le respondí que me daba pena y comencé a acariciárselo y no tardé en sentir que comenzaba a ponérsele duro pero….para dejarlo con las ganas, le dije que era tarde y que mejor nos fuéramos. Yo me levanté , recogí mi pantaleta que estaba en el piso y me fui al baño, nuevamente me pasé papel tualé por la totona y cuando salí Arturo estaba esperándome con el guevo tieso “¡anda! ¡ven! ¡hagámoslo otra vez!” me rogó pero yo le dije que mejor era evitar problemas y que debía llegar a casa antes que mi marido para lavarme y cambiarme de ropa, etc., etc. y el aceptó –aunque desilusionado- y se dio una ducha rápida..
Cuando terminamos de vestirnos y arreglarnos él me abrazó y me besó diciéndome que estaba divina y finalmente salimos….me dejó nuevamente frente al Shorthorn Grill y se bajó, muy caballeroso, para darle su propina al valet y abrirme la puerta de mi carro y me susurró ¡”hasta el miércoles!” y partimos. De camino a casa, como venía sentada manejando, fue cuando sentí como me bajaba la leche y me empegosté toda.
Terminado el relato le dije a Almira “en algo tiene toda la razón Arturo: ¡eres maravillosa!” y la desnudé por completo e hicimos el amor dulcemente, despacio, divino y mucho, mucho más tarde finalmente la dejé que fuera al baño a lavarse.
Arturo estuvo cogiéndose a mi mujer durante poco más de un año, se la cogió innumerables veces, en todas las posiciones y prácticamente hicimos un ritual del hecho que ella siempre me regresara a casa con la cuquita repleta de leche y yo la montara.
En una ocasión que el carro de ella estaba en servicio y yo tenía que ir al centro de Caracas, me pidió acompañarme para que la pasara un momentico por la compañía de Arturo para encargarle unos materiales y pagar una factura. La espera en el estacionamiento fue más larga de lo normal y cuando finalmente regresó me contó que cuando Arturo supo que yo la esperaba abajo se excitó muchísimo y comenzó a besarla y manosearla desoyendo sus protestas (fingidas) y finalmente la recostó sobre el escritorio, le subió el vestido, le medio bajó la pantaleta y allí mismo se la cogió y ella acabó. Cuando Arturo acabó y se lo sacó le subió la pantaleta y se la frotó por la zona de la cuquita –como para que se impregnara bien – y bajara al encuentro con su marido con la cuquita y la pantaleta bien llenas de leche…..

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Cornudo consentido

Hola a todos, soy seguidor de esta página desde hace bastante tiempo. Tengo 42 años y mi mujer 40. Me llamo JL. Desde hace mas de un año ella tiene un amante. La relación es absolutamente consentida y sincera.

Nos casamos muy jóvenes y hasta entonces ella solo había practicado sexo conmigo. El caso es que hace unos dos años, empezamos a fantasear con algunos relatos eróticos, pelis eróticas de Tinto Brass, revistas y demás. Digamos que nos empezó a picar el gusanito del rollo liberal. Compramos un consolador para nuestros juegos y le pusimos nombre. Estuvimos un tiempo así, jugando, fantaseando hasta que un día decidimos hablar sobre nuestra situación y nuestras fantasías.

Yo había tenido mas relaciones con otras mujeres antes del matrimonio y estaba de acuerdo en que ella debería probar al alguien más que a mi. En principio no se planteó como un rollo de cornudos, simplemente, si a ella le apetecía estar con alguien sabia que contaba con mi aprobación, por lo que ella aceptaba esa situación, al ser dependiente de ella y sin ninguna presión. Pasaron los meses y ella conoció a alguien de su trabajo. Era un superior, pero no su jefe directo. Un hombre de 52 años, alto, viudo, bastante atractivo, con el que empezó a quedar después de trabajar, para tomar unas cañas, salir a cenar y demás. Durante esas semanas que se vieron, se sinceraron mucho, se hicieron muy amigos y ella le hablo a el sobre mi, sobre nuestros gustos y demás.

Así fue pasando el tiempo hasta que un día mi mujer me dijo: ” creo que David me gusta, es un hombre encantador y me gustaría que le conocieras, es el hombre con el que quiero llevar a cabo nuestra fantasía” Cuando me dijo eso casi me da algo, al principio reaccione mal ( por orgullo) y me enfadé. Pero después de un rato recapacité y le dije a mi mujer que le trajera a casa para presentármelo.

El día que vino quedamos a las 8 de la tarde en nuestra casa y cenamos como 3 amigos. Me pareció un hombre encantador, culto, muy atento, sincero. A mi mujer le encantó que me cayera tan bien, cuando se marchó mi mujer me dijo: “el sábado me ha invitado a cenar a su casa y me apetece mucho ir si no tienes inconveniente” Le dije que no. Me abrazó con mucha ternura y me dio las gracias. Me dijo: ” ten en cuenta que es posible que el sábado pase algo” y le dije: “lo sé”. Esa noche hicimos el amor.

Durante la semana, estuvo como loca, muy nerviosa y excitada, El viernes se compro un par de vestidos y se depiló.

Mientras tanto yo, tenia una mezcla extraña de dolor, cabreo y excitación.

A las 8 de la tarde vino David a buscarla, subió mientras ella terminaba de arreglarse. Le serví un vino mientras esperábamos los 2 viendo el fútbol por la tele. Cuando apareció iba preciosa, llevaba un vestido negro con medias y tacones. Iba muy bien maquillada y muy elegante. El le dijo lo guapa que iba y ella le dio un beso en la mejilla y dijo: ¿nos vamos?

Les acompañe hasta la puerta, el me dio un apretón de manos y ella un beso en la cara, me dijo: ” luego te llamo” y me susurró al oído: “gracias”

Cuando se fueron, no sabia donde meterme, estaba muy excitado, por un lado deseaba que se lo pasara bien pero por otro quería que volviera enseguida.

A las 11 de la noche, recibí un mensaje al móvil que decía: “me lo estoy pasando genial, David cocina muy bien, tiene una casa preciosa, no me esperes despierto, te quiero”
Estaba muy nervioso y no me podía dormir, la estuve llamando pero no me contestaba, no se cuantas veces me masturbé esa noche.

Al día siguiente volvió a las 12 del mediodía, con el pelo mojado, recién salida de la ducha de casa de el y la ropa del día anterior.

Estaba como loca, lloraba de alegría, me abrazaba, me besaba.. se lo había pasado genial.

Me estuvo contando los detalles durante 1 hora mas o menos, decía que David era un amante extraordinario, había tenido 3 orgasmos con él, había practicado sexo oral y lo habían hecho con condón. Estaba contentísima y a la vez muy cansada. Como todos los hombres le pregunte: ” ¿Como la tiene David?” me dijo: “no quieras saberlo” Parecía una adolescente, no sentía ni vergüenza ni arrepentimiento.

Pasaron 2 semanas, de mucho morbo, muchos juegos entre ella y yo, y un día me dijo: “me gustaría volver a quedar con David”.

Cuando me lo comentó, me enfade bastante, ya que en un principio esto se trataba de un cosa puntual. No dije nada y estuvimos 2 días sin hablar del tema hasta que hicimos el amor, y volvió a salir. Le pregunte: ” ¿De verdad quieres volverle a ver?” me dijo: ” no te voy a mentir, tengo muchas ganas, la otra vez disfrute muchísimo en su casa, es una persona muy inteligente, entiende estos juegos a la perfección”.

Ver a mi mujer tan madura y tan dispuesta a volver a verse con él hizo que me inundara un terrible excitación. Ella se dio cuenta y me preguntó: “¿te excita imaginarme con él?” le dije que si, y me dijo que cuando quedara con él me contaría todo tipo detalles.

Al día siguiente le llamo por teléfono, y le contó nuestra conversación. El como siempre se mostró encantando con ella con la idea de tener un nuevo encuentro para el sábado siguiente.

Esa semana, los 3 días antes no tuvimos sexo, porque según ella ” quería llegar al sábado con mas ganas” y así fue.

Del mismo modo que paso la otra vez, David se presentó en casa a eso de las 8 a recogerla. Mientras mi mujer terminaba de prepararse, estuvimos charlando un rato. Me agradeció la decisión que había tomado dejandoles verse un día mas. Cuando llegó mi mujer, le dio un beso a David, esta vez en la boca.

Llevaba preparada una bolsa con ropa para el día siguiente. Les acompañe a la puerta y se despidieron de mi. Rápidamente me asome por la ventana y vi como ya salían del portal cogidos de la mano, lo que me puso a cien.

Al día siguiente, regresaron los 2 a casa a eso de las 11 de la mañana. Yo aun continuaba en pijama. Llevaban una sonrisa en la cara los dos, se les veía llenos, satisfechos. Me dijeron tenemos que hablar y nos sentamos los 3 en el salón.

Empezó a hablar David y dijo: ” JL, tu mujer no se atreve a pedírtelo, pero entre nosotros hay un química sexual especial” mientras mi mujer miraba al suelo,” nos gustaría poder vernos de forma rutinaria, no queremos ocultarte nada”.

Me quede blanco, agradecí su gesto de sinceridad y le pregunte a mi mujer: ” ¿tu que dices al respecto?” y me dijo con lagrimas en los ojos “estoy de acuerdo, deseo seguir quedando con David, nunca había disfrutado tanto con un hombre”.

Mi cara decía una cosa y mi polla otra. Tuve una erección terrible, de la que ellos se percataron y por tanto no pude negarme.

David de todos modos, deseaba asegurarse y me preguntó: “¿estas seguro?, eso significa que serás un cornudo consentidor” Volví a asentir y mi polla siguió creciendo. Pero todavía no había terminado la conversación, y me dijeron los dos: ” si vamos a empezar esto juntos nos gustaría que nos dieras permiso para que Marta se pusiera el diu” Otro golpe mental que no hizo sino aumentar mas mi calentura. A cambio les pedí que siempre me mantuvieran informado de todo y que me gustaba que fueran contando con mi aprobación para dar los pasos siguientes. Ahí termino la conversación, ella le acompañó a la puerta y le abrazo como despedida.

A solas con mi mujer le pregunte: “¿estas segura del paso que vamos a dar?” a lo que me respondió:” nunca he estado tan segura de algo en mi vida, es un hombre generoso, morboso, guapo, saca lo mejor de mi en la cama y tenemos muchas ganas de experimentar” y le conteste:” ¿que hicisteis ayer” Me dijo que habían follado con muchísima pasión y que se habían corrido muchas veces. Le pregunte:” ¿por qué quieres ponerte ahora el diu?” y me dijo:” no quiero quedarme embarazada, necesito sentirle dentro realmente, a él tampoco le gustan los preservativos, necesito que lo entiendas”. Seguí con mi interrogatorio y le pregunté: ” ¿cuantas veces se corrió él ayer?” y contestó: “3” y continué con mis preguntas: ” ¿donde se corrió?” y no dijo nada, simplemente miró al suelo, volví a insistir: “dónde?” y tímidamente contesto: ” en mi boca”.

Casi me da un vuelco al corazón, levante el tono de voz, y le dije: “en 20 años que llevamos juntos nunca me has dejado hacerlo a mi ¿y al segundo día se lo haces a él?” Ella no sabia que decir, ¿como iba a explicarme que se había tragado varias veces el semen de su amante y encima le había gustado?
A los dos días llamó a su ginecólogo para pedirle cita y colocar el diu.

El morbo iba en aumento y empezaba a tener unos tintes peligrosos.

El lunes por la mañana Marta llamó a su ginecólogo quien le dio cita para el viernes. Coincidió con que ella tenia el periodo, lo que según su ginecólogo favorecía la implantación del diu, por lo que no esperaron y ese mismo día por la tarde se lo colocó. El ginecólogo que la conocía de toda la vida, no dudo en preguntarle el porqué de esa decisión. Ella le contestó que estaba en un momento muy dulce de su vida. También le aconsejó que estuviera unos días sin sexo porque era posible que tuviera algo de dolor si mantenía relaciones.

Cuando estábamos en casa me pregunto: ” ¿el domingo vas a ir al fútbol”? Le conteste que si y me dijo: ” es que había pensado invitar a David a comer el domingo a casa” Le dije “por mi no hay problema pero yo a las 4 y media de la tarde me voy que quiero ver el partido” Se notaba que a ella le apetecía quedarse a solas con él, pero yo sabia que mucho no haría por el consejo que le dio su ginecólogo.

El sábado mi mujer llamo a David, para preguntarle si le apetecía comer algo en concreto, le dijo que compráramos marisco que él llevaba unas botellas de vino blanco. Mi mujer encargó por teléfono la comida a un vivero conocido y por la tarde tras chuparme doscientos atascos, recogí la comida, mientras mi mujer visitaba a su madre.

El domingo a la 1 del mediodía llamó David por teléfono, estaba abajo dando vueltas con el coche, no encontraba aparcamiento. Mi mujer que estaba preparando la comida, le dijo: ” espera en doble fila que ahora baja JL y te ayuda”.

Yo me encontraba en el salón viendo la tele, mi mujer se acercó y me dijo: ” ha llamado David, que no encuentra aparcamiento, si no te importa baja y le aparcas el coche que me ha dicho que se está meando y que no aguanta mas, ademas el no conoce nuestra zona bien”. Y así lo hice, baje y le pedí las llaves del coche, tenia un BMW serie 1, él se quedó sorprendido de mi disponibilidad, me dijo: “acuérdate de coger el vino que está en el maletero”.

Tardé unos 20 minutos en encontrar aparcamiento, cuando llegué al portal me di cuenta que había bajado sin llaves. Estuve llamando y a los 5 minutos me abrieron. Mi mujer me dijo que estaban en la cocina y que con el extractor de humos no se oía el timbre.

La comida transcurrió con normalidad, los dos felicitamos a mi mujer, estuvimos charlando, bebiendo y riendo. David es un hombre muy culto, viajado, hablaba de sitios donde había estado, restaurantes donde había comido, gente que había conocido y mi mujer mientras se derretía escuchándole.

A las 4 y 30 mi mujer me volvió a preguntar: “¿cariño vas a ir al fútbol?” le dije que si y me dijo: ” pues date prisa que no vas a llegar” Se apreciaba cierto tono de ansiedad en sus palabras. Así que me levente y mi mujer me acompaño a la puerta, le dije: “acuérdate de lo que te dijo el ginecólogo” y me dijo:”¡ya lo sé! mas me fastidia a mi” Nos dimos un beso y me marché.

Estuve viendo el partido mientras mi cabeza estaba en mi casa pensando en lo que podría estar pasando. Encima el Atleti perdía 1 a 2 con el Espanyol.

Llegue a las 7 y media a casa y él se acaba de ir. Le fui a dar un beso y giró la cabeza, le pregunte que porqué no me besaba, y me dijo: ” es que todavía no me he lavado” así que le dije que me contara todo lo que habían hecho.

Comenzó a hablar: “cuando te fuiste me abalancé sobre él en el sofá y empezamos a morrearnos con mucha pasión, nos estuvimos calentando y me quitó la ropa. Le dije que no podíamos tener penetración asi que empezó a comerme el coño” Ella suspiraba y siguió: ” Es increíble como me lo hizo, me corrí 2 veces, estuvo 45 minutos lamiéndome” Yo me estaba poniendo a mil con lo que me contaba, asi que no lo pude evitar y empece a masturbarme delante de ella y le pregunte: ” ¿que mas paso?” y continuó contándome: ” le dije que si yo me había corrido 2 veces me gustaría devolverle el favor, y empece a chupársela en el sofá”. Le dije que el otro día él fue la primera vez que un hombre se corría en mi boca, él me preguntó: “¿quieres que lo haga hoy otra vez?” estaba muy cachonda y le contesté: “siempre que tú quieras” Y así lo hizo.

Yo tenía la polla a punto de explotar, después de la mamada se abrazaron un rato y se marchó.

Le pregunte: ” ¿no paso nada mas?” me dijo:”estaba muy caliente y le prometí que seria el primero en estrenar el diu, hemos quedado el miércoles”

Cuando escuche esas palabras tuve un orgasmo impresionante, casi único. Ella me preguntó:” ¿te gusta ser cornudo?” le dije “me excita mucho pero no se como va a terminar todo esto” y ella me dijo: ” ya sabes que esto acabará cuando tu quieras que termine mi amor” Me dio un abrazo y un cariñoso beso en la frente y me dijo: “soy muy feliz mi amor”.

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Historias Morbosas: El favor

Pedro y Natalia vivían en un pueblo pequeño cerca de la costa. Ambos contaban con treinta y nueve años, era un matrimonio felizmente casado  y sin hijos. Él trabajaba de administrativo en una inmobiliaria y ella de auxiliar en una clínica. Atravesaban ciertos apuros económicos porque unos años antes montaron un negocio que se fue al traste y quedaron endeudados hasta las cejas. Más de la mitad de ambos sueldos lo destinaban al pago de los préstamos, aunque iban tirando. Llegaban a fin de mes bastante apurados.

Pedro era un hombre sencillo, muy deportista, iba diariamente al gimnasio y practicaba el ciclismo por lo que destacaba su tórax musculoso. Estaba enamorado de su mujer y procuraba complacerla en todo lo que quería, al fin y al cabo la familia estaba lejos y estaban el uno para el otro, sin intromisiones. Natalia era una mujer de bandera, un cuerpo fino y delgado, con un culito poco voluminoso aunque sí algo ancho, destacaban sus pechos grandes y blandos de erguidos pezones, algo caídos hacia abajo, su melena rubia y ondulada, sus labios gruesos y sus ojos verdes, una monada, una mujer ya madurita que provocaba las miradas de cualquier hombre que se cruzase con ella. Amaba a su marido y era feliz, pero se acercaba a los cuarenta y no veía cumplir su deseo de tener un hijo, de ser madre, algo que siempre había soñado. A ambos le gustaban los niños, se propusieron tenerlo nada más casarse, pero se habían pasado más de cinco años intentándolo sin éxito. Preocupados, acudieron a un especialista, quien lamentablemente dictaminó tras unos análisis, que Pedro era estéril. Más que por él, Pedro lamentó la enorme desazón de Natalia, que unida a las numerosas deudas, sufría diversas depresiones y casi siempre actuaba desanimada y sin ilusión. La monotonía hacía estragos en la relación. Pedro le propuso adoptar un niño, pero ella se negó, no le atraía la idea, por mucho que le cuidase y mimase, siempre sabría que no era su hijo. Más tarde le propuso acudir a un banco de semen y ella pareció ilusionarse con la idea, pero cuando les entregaron el presupuesto tuvieron que desecharla. El procedimiento era demasiado costoso y sus economías no estaban para semejantes gastos. Las posibilidades se esfumaban y el tiempo avanzaba. Pedro ya no sabía qué hacer. Se le ocurrió una idea, una idea descabellada que le trastornaba, pero la amaba tanto que estaba dispuesto a llevarla a cabo con tal de salvar su matrimonio, aunque era consciente del esfuerzo psicológico que iba a suponer. Estuvo dándole vueltas a la cabeza durante unos días hasta que decidió contárselo. Su primo Toni, de treinta años, podía ser la solución, a él estaba dispuesto a pedirle el favor más duro de toda su vida. Ambos se llevaban bien, como amigo, le consideraba el mejor, compartían todo, hasta salían en la misma pandilla, iban juntos de pesca, a jugar a los bolos y vivía en la ciudad. Estaba soltero y sin compromiso, era un tío independiente al que no le gustaban las ataduras y mucho menos los niños, de hecho tenía por ahí dos hijos y no sabía absolutamente nada de ellos, las dejó embarazada y pasó de ellas y del compromiso. Era un jeta, un despreocupado, pero precisamente en su despreocupación Pedro vio la luz.
– Él puede ayudarnos, mi amor, él confía en mí, nos quiere, nos hará el favor de prestarnos su semen, es la única posibilidad y encima llevaría mi sangre.

– Pero tú no lo has pensado bien, tendría que acostarme con él, con tu primo…

– Lo sé, madita sea, tendremos que soportarlo juntos – la agarró de las manos -. Luego lo olvidaremos, junto lo olvidaremos. Sólo será un poco de sexo, sí, joder un mal trago, pero cuando llegue el momento sé dónde estaría tu mente. Hay parejas como nosotros que compran el semen, hacen lo que vamos a hacer nosotros. Vamos a hacer lo mismo, cariño, pero no tenemos dinero y, bueno… Nos queremos, Natalia, y te conozco. Será un esfuerzo grande, tuyo y mío, pero lo superaremos. Deseamos tanto ese niño…
– Pero, Pedro…

Tardaron días en tomar la decisión. El amor era fuerte, más fuerte que cualquier cosa, y deseaban tener un hijo a toda costa, aunque tuvieran que pagar un precio tan caro como una infidelidad consentida. Pedro se reunió con su primo Toni en una cafetería con la intención de tantearle. Pidieron unas copas. Pedro necesitaba algo de alcohol para serenar los nervios y allí estaba su primo, ciertamente era un putero, pero era la única persona en la que le confiaría una petición como la que estaba a punto de hacerle. Podían haber elegido un desconocido, pero la incertidumbre y el temor siempre les hubiese acechado y además seguro que hubieran tenido que pagar. Aunque se trataba de una abochornante situación, había mujeres y matrimonios que acudían a los bancos de semen, con el mismo objetivo, sólo que ellos debían superar el estrago del sexo.

Toni trabajaba de mecánico y casi siempre iba hecho un asco, sin afeitar y con el mono manchado de grasa. Era algo bajo y regordete, destacaba su panza pronunciada y blandengue, sus piernas robustas, sus gruesas manos y su vello en el pecho porque normalmente siempre llevaba las camisas a medio abrochar. Su cabeza era cuadrada, iba rapado y poseía unos ojos saltones que llamaban la atención, un tanto deprimente para los gustos de una mujer pija como Natalia, pero el físico daba igual en este caso, la cuestión era otra, necesitaban su semen, conseguir que la dejara embarazada. Era bastante dicharachero y divertido y le gustaba todos los vicios, las mujeres, el tabaco y el alcohol.
– ¿Y Natalia? Hace más de un mes que no la veo.

– No está bien, Toni, sigue con las depresiones…

– Bueno, tampoco se termina el mundo porque no tenga un hijo…

– Bueno, verás, quería hablarte de eso -. Pedro se sonrojó y mostró una estúpida sonrisa -. Hemos estado hablando y, bueno, tú y yo, en fin, somos primos, pero yo confío en ti y bueno, ya que eres mi primo…

– Quieres que me haga una paja y te dé el semen – adivinó sonriente -. Sin problema. Nadie se enteraría nunca y si hace falta os firmo cualquier documento como que renuncio al crío. No sería el primero. Llevará tu sangre. Somos primos hermanos. Yo paso…

Ciertamente, su primo le facilitaba la conversación y entonces Pedro decidió ser más explícito.

– Veras, Toni, no tenemos dinero para una inseminación -. Se pasó la mano por la cabeza, había empezado a sudar -. Tendrías que acostarte con ella, tendrías que hacernos ese favor. Eres la única persona a quien confiaría algo así.

– ¿Quieres que me folle a tu mujer? – se sorprendió emocionado. Para Toni, Natalia estaba buenísima y en más de una ocasión se había masturbado pensando en ella. Inesperadamente, su marido se la ofrecía en bandeja.

– No hables así, por favor, voy a pasarlo mal, pero la quiero, tengo que hacerlo por ella. Ya lo hemos hablado. Confiamos en ti.

– No te preocupes, primo – le atizó unas palmaditas en la cara -. Cuando tú digas. Habla con ella, por mí no hay problemas.

Aquella tarde y durante los días siguientes Toni no paró de masturbarse electrizado por la posibilidad de follarse a la mujer de su primo. A Pedro y Natalia les costaba dar el paso. Estaban desesperados. Tardaron más de un mes en decidirse. No iban a hacer nada malo, la gente en su misma situación compraban semen en las clínicas, sólo que ellos debían utilizar el sexo, el sexo con otro hombre. La vida les había jugado una mala pasada económica y psicológicamente. Pedro telefoneó a su primo un sábado por la mañana y se citaron para cenar esa misma noche. Sería la primera vez que estarían los tres juntos. Toni, que iba en vaqueros y con una camisa de cuadro, con una barba de tres días, saludó a Natalia como si tal cosa, con un par de besos en las mejillas y rodeándola por la cintura con el brazo, forzándose en aparentar normalidad, por nada del mundo permitiría que se echaran atrás. La examinó de arriba abajo, los enormes pechos tras el jersey blanco que lucía, unos pechos que tendría la oportunidad de saborear, y aquel culito tras los ajustados tejanos, tan rico y maduro, estaba dispuesto a romperlo follándola. Cenaron animadamente, aunque Pedro estaba bastante cabizbajo. Para él iba a ser una experiencia muy desagradable. Ni siquiera sabía como serían los detalles del encuentro sexual, no lo habían hablado. Toni llevaba la voz cantante, se esforzó en divertir a Natalia para que se sintiera cómoda con la situación que se avecinaba. Aunque procuraba serenarse, Natalia también estaba nerviosa. Tendría que acostarse con aquel hombre de físico ciertamente repelente, todo por conseguir el deseo de ser madre, pero sabía que Toni era el mejor amigo de su marido y la única persona en quien confiar algo semejante. Tras varias copas y una velada que se alargó hasta las tres de la madrugada, Pedro, con la voz temerosa, sugirió ir a casa. Fruto de los nervios, Natalia había bebido bastante alcohol, a conciencia, necesitaba serenidad para afrontar la delicada situación. Ya en casa, se acomodaron en el salón y Pedro alargó más el tiempo sirviendo otra copa, con síntomas de arrepentimiento en su mirada. Toni temió que su primo se echara atrás y se anticipó a él. Se levantó de repente, soltó la copa y le tendió la mano a Natalia. Pedro, sentado junto a su mujer, se quedó atónito y sin palabras, muerto de celos. Natalia, nerviosa, tragó saliva.

– Bueno, vamos, Natalia. No le demos más vuelta. No pasa nada, coño. Perico, tu mujer y yo vamos a pasar un rato a solas -. Natalia, envuelta en una insulsa sonrisa, miró a su marido y se levantó -. No pasa nada hombre, nadie se enterará de nada.

Los celos lo ahogaban. Su mujer permanecía junto a su primo, ambos agarrados de la mano. Toni tiró de ella y juntos se dirigieron hacia el dormitorio. Pedro sufrió un agudo dolor en la frente y frío por todo el cuerpo. Iba a permitir que su mujer hiciera el amor con otro hombre. Sólo era sexo, pensó asfixiado. Se asomó al pasillo. Su esposa marchaba delante y claramente su primo iba comiéndosela con los ojos. No había sido una idea apropiada, pero permaneció inmóvil cuando les vio entrar en el dormitorio. Sonó un portazo y el ruido del cerrojillo. Desesperado, regresó al sofá y cerró los ojos con una lágrima escapando de entre sus párpados. Los celos le abrasaban las entrañas.

Ya en el dormitorio, Natalia se dirigió hacia el tocador sin saber cómo actuar. Toni se acercó a ella y le acarició la cara achuchándole suavemente las mejillas.

– Lo pasaremos bien, tranquila -. Ella asintió nerviosa -. Vamos a divertirnos un poco. El sexo es eso, diversión. ¿No?

– Claro, sí…

– Míralo de esa manera, coño. ¿Vale? – Natalia volvió a asentir cuando él le pellizcaba la barbilla a modo de niña buena. La miró de los pies a la cabeza -. Estás muy guapa. Anda, ponte cómoda.

Obediente, Natalia se dirigió al cuarto de baño que había en la habitación y cerró la puerta tras de sí. Antes de comenzar a desnudarse, se miró al espejo y cerró los ojos para reflexionar. Luego comenzó a quitarse la ropa hasta quedarse completamente desnuda. Descolgó un camisón de la percha y se lo metió por la cabeza. Era un camisón corto de volantes en la base y en los tirantes, de muselina color negro, con escote a pico, muy suelto, semitransparente. Volvió a calzarse con los tacones y volvió a colocarse frente al espejo. Estaba muy provocativa, dispuesta como una puta para complacer al primo de su marido. Cerró los ojos, suspiró y abrió la puerta para irrumpir en el dormitorio. Encontró a Toni de espaldas junto a la cama, desnudo, sólo con unos slip blancos apretujados en sus carnes amondongadas. Vio su culo respingado y su cintura con pronunciados michelines. Enseguida se giró hacia ella. Se quedó boquiabierto al verla. Natalia se fijó en su enorme y fofa barriga, en su pecho peludo y en el impresionante paquete que abultaba el slip. Acostumbrada al aspecto musculoso y depilado de su marido, aquel cuerpo la impresionó. Toni apenas parpadeaba. Estaba para comérsela. Se le transparentaba todo, el coño con la forma triangular del vello y las dos enormes tetazas que se vaiveneaban con lentitud al más mínimo movimiento, con gruesos y erguidos pezones en el centro. Se fijó en su vientre liso y en sus piernas finas y delicadas. Los tacones y la melena rubia, que destacaba con el negro del camisón, ofrecían un aspecto de prostituta, una prostituta a su disposición.

– Estás muy guapa.

– Gracias.

Toni se bajó el slip y exhibió su miembro. Natalia tragó saliva al comprobar el tamaño de aquella grandiosa polla rodeada de un denso vello, aún algo fláccida, gruesa y bastante larga, casi doblaba en tamaño y volumen a la de su marido, con un glande enrojecido y carnoso. Jamás vio algo parecido. Se fijó en sus testículos, grandes, ásperos y muy peludos.

– Echa una copa – le ordenó él.

Natalia dio media vuelta para servirle un whisky y entonces él pudo disfrutar de cómo se contoneaba aquel delicioso culito de nalgas ligeramente abombadas, con una raja profunda y unas curvas impresionantes. Los tacones y examinar aquel culito a través del camisón electrizaban el momento. Toni se sentó en el borde de la cama, ya con la verga bastante empinada. Natalia se acercó a él y le entregó la copa, procurando no mirar aquel pene.

– Siéntate -. Ella se sentó a su lado y enseguida cruzó las piernas. Toni le dio un trago a la copa y la soltó en la mesilla. Su fragancia era muy masculina, la colonia y el sudor se mezclaban, vio unas gotas resbalando por sus sienes. Él le miró las tetas con descaro y bajó la mirada hacia la vagina -. ¿estás nerviosa?

– Un poco, sí, también por Pedro, va a pasar un mal rato…

– Olvídate de él, coño, y disfruta un poco. ¿Le has puesto los cuernos alguna vez?

– No, no…

– Por una canita al aire no pasa nada. Seguro que alguna vez se habrá ido de putas. Tú también tienes derecho. Vas a probar otra cosa diferente y te va a gustar. A mí no me gustan las depilaciones y las mariconadas esas de mi primo. ¿Sólo has follado con él? – asintió abochornada -. Pues hoy vas a probar un hombre de verdad. Iremos despacio. Tranquila – le acarició la cara con la yema de los dedos y le cogió la mano para conducirla hasta su pecho -. Tócame.
Natalia, obediente, deslizó con suavidad la palma por aquel pecho peludo de piel grasienta y sudorosa. Él echó los brazos hacia atrás, relajado, examinando las transparencias del camisón. Pasó la mano por el vientre haciendo círculos con lentitud, volvía a subir hacia el pecho y pasaba por encima de las tetillas. El hijo de perra la estaba calentando, sabía cómo hacerlo, su vista se clavaba en aquella verga tiesa y empinada.

Fuera, Pedro recorrió a hurtadillas el pasillo y pegó la oreja a la puerta del dormitorio. Apenas oía nada, sólo algunos murmullos de vez en cuando. Se estaba volviendo loco. Con las manos a la cabeza y muerto de celos, regresó al salón. Se sentaba y volvía a levantarse desesperado Reconoció que actuaba como un maldito cobarde. En el dormitorio Natalia continuaba sobándole el pecho y el vientre. Él se irguió y ella le miró a los ojos.

– ¿Estás cachonda?

Natalia apartó la mirada avergonzada, pero él le sujetó la barbilla y la obligó a mirarle.

– Bueno, un poco…

– ¿Te gusta mi polla?

– Sí  – contestó con una sonrisa idiota.

– ¿Quieres tocarla? -. Ella se mordió el labio y respiró hondo. Por las formas, había conseguido ponerla cachonda y que por momentos se olvidara de su marido. Aquella verga era realmente apetecible, ciertamente más apetecible que la de su marido. Cerró los ojos y lanzó un bufido, inquieta por el momento -. Mastúrbame.

Le sujetó la polla con la mano izquierda y comenzó a meneársela muy suavemente, como queriendo gozar de aquel tacto. Los huevos se movían ligeramente y entonces acercó la mano derecha para sobárselos con leves estrujamientos. Permanecía sentada hacia él, algo inclinada para poder masturbarle. Sus tetas se balanceaban ligeramente tras el camisón. Toni la agarró por las mejillas y le acercó la cara para babosearle los labios con la lengua fuera. Sus pechos se apretujaron contra aquel tórax sudoroso. Pasaron a besarse enrollando las lenguas. Él le tenía una mano en la nuca y la otra apoyada en el colchón. Ahora se la sacudía un poco más fuerte con la mano derecha y había dejado de sobarle los huevos. Dejaron de besarse. Ella se apartó, concentrada en masturbarle. Un tirante se deslizó por el hombro y el escote se bajó de un lado dejándole media teta a la vista, pero continuó meneándosela.

– ¿Te gusta así?

– Lo haces muy bien.

Cada vez aceleraba más las sacudidas. Toni había comenzado a emitir débiles jadeos y ella gozaba haciéndole la paja. A veces se detenía, le pasaba la mano por los huevos y reanudaba la masturbación. Con la mano izquierda le acariciaba la espalda peluda e impregnada de sudor, que ya le abrillantaba todo el cuerpo. Él sabía que estaba muy cachonda, sólo había que verle sus ojos desorbitados y su ceño fruncido. Las tetas se vaiveneaban al son de los movimientos del brazo y un pezón ya asomaba por encima de la tira del escote.

– Chúpamela – le ordenó.

Cesó la masturbación, sujetó la verga por la base con la mano izquierda y se echó sobre su regazo lamiéndole el glande. La derecha la utilizó para sobarle los huevos. Quería hacerlo bien. Permanecía con la cabeza pegada en la barriga, moviendo la cabeza lentamente para lamerla de arriba abajo, recostada de lado. Primeramente, Toni la sujetó por la cabeza con ambas manos para ayudarla a mamar, pero antes tiró del camisón hacia la cintura y la dejó con el culo al aire. Con la izquierda la agarró de los pelos y con la derecha le acarició todo el culo de una pasada antes de asestarle un cachete. Luego metió la mano bajo el camisón, pasó por su vientre y le achuchó con rudeza una de las tetas. Se las zarandeó con rabia, estrujándolas, pasando de una a otra. Ella permanecía afanada en chupar y no paraba de mover la cabeza con la verga dentro de su boca, sin cesar de manosearle los huevos.

En el pasillo Pedro oyó los murmullos y el ruido de la palmada. Pegó la oreja a la puerta y sólo oyó unos chasquidos. Se arrodilló y trató de mirar por el hueco de la cerradura. La visión fue espeluznante para él. Lo primero que vio fue el culo de su mujer elevado del colchón unos cuantos centímetros, lo suficiente para diferenciar la raja del coño en los bajos, el vello de la entrepierna y el fino y enrojecido ano en el centro de ambas nalgas. Mantenía el camisón arrugado en la cintura. Le estaba haciendo una mamada, echada de costado sobre su regazo, aunque no podía verle la cara, tan sólo apreció los movimientos de su cabeza. Su primo estaba sentado en el borde, con los ojos cerrados, manoseándole el cabello y ayudándola a mamar. Vio que Toni se escupía en la mano y extendía el brazo derecho para sobarle el culo y embadurnarlo de saliva. Le pellizcó las nalgas y a continuación introdujo los dedos en la entrepierna para agitarle el coño presionándolo y moviendo la mano en círculos. Ella lo contrajo y lo meneó al sentir los dedos hurgando entre sus labios vaginales. Pedro se levantó ofuscado. Le temblaban las manos y sentía escalofríos en el pecho. Se apoyó en la pared con la cara oculta entre sus manos.
Natalia continuaba mamando a la vez que le agitaba el coño. Notó que se corrían en la mano de Toni. Toni le tiró de los pelos y la obligó a levantar la cabeza. Numerosas babas colgaban de los labios y se unían a la punta de la polla. La besó rudamente retirando la mano de su culo.
– Mastúrbame con tus tetas…

Bajó de la cama y se arrodillo entre sus robustas piernas. Él echó los brazos hacia atrás para adoptar una postura más cómoda. Se colocó el tirante, agarró sus tetas y atrapó la polla. Enseguida comenzó a menear el tórax para masturbarle. Toni notaba el roce del camisón y su verga presionada entre aquella carne blanda. Jadeaba emocionado ante aquella postura tan provocativa. Se miraban a los ojos. Ella se esforzaba en presionar la polla y deslizar las tetas a lo largo de todo el tronco. Las babas del glande impregnaban la muselina del camisón. Toni, con el placer desorbitado, se dejó caer hacia atrás y quedó tumbado boca arriba mientras la mujer de su primo le masturbaba con los pechos. Por iniciativa propia, liberó la polla y acercó la cabeza para lamerle los huevos mediante lengüetazos, como una perra olisqueando en la basura. Ahora las tetas le colgaban hacia abajo por fuera del escote. Toni se sujetó la verga para sacudírsela él mismo. Natalia se hallaba fuera de sí. Tras ensalivarle los huevos, le obligó a elevar ambas piernas. Entonces bajó la lengua hasta el ano peludo para lamerlo nerviosamente, intentando introducir la lengua en el interior. Le abría la raja y hundía la boca escupiendo y esparciendo la saliva alrededor del ano. El cosquilleó al chuparle el culo acrecentó el placer de Toni, que ahora se la sacudía velozmente.
– Me voy a correr – jadeó nervioso elevando el tórax.

Ella apartó la cabeza del ano y permaneció arrodillada. Él se puso de pie sin parar de sacudírsela. Algunas finas babas colgaban de los huevos y el culo. Natalia miró hacia arriba acariciándole las piernas. Toni dirigió la punta de la verga hacia la cara y a los pocos segundos varios escupitajos de un semen viscoso y amarillento se esparcieron en el rostro de Natalia.

– Chúpala…

Sujetó la verga y la lamió como si fuera un helado, limpiando y saboreando el semen que aún brotaba de la punta. Unos segundos más tarde, la agarró del brazo y la obligó a levantarse. Ambos permanecían de pie junto a la cama, cara a cara. La empujó rudamente contra la pared, se abrazó a ella subiéndole el camisón hasta la cintura y pegó las manos en su culo. Ella se colgó de su cuello, con las tetas aplastadas contra su pecho sudoroso. Toni se agarró la verga y la dirigió hacia el coño. Rebuscó entre los labios vaginales con la punta y se la metió hasta el fondo con un golpe seco. Natalia gimió con los ojos desorbitados. Enseguida Toni comenzó a follarla velozmente meneando la cadera para ahondar al máximo, apretándole las nalgas para mantener el equilibrio. En segundos, ambos jadeaban alocadamente.
Pedro, en el pasillo, oyó los jadeos de su mujer mezclados con los de su primo. Estaban follando. Su mujer gemía como una descosida. Era horrible. Los alaridos retumbaban en su cabeza. Se arrodilló para mirar a través de la cerradura. Les vio de pie al fondo del dormitorio. Vio su primo de espaldas, envuelto en sudor, sacudiéndole aligeradamente mientras la besuqueaba por el cuello. Ella mantenía la cara apoyada en su hombro con el ceño fruncido y gritando de placer. Vio las manos de su mujer plantadas en el culo de su primo, como ayudándole a empujar. Cada vez gemían más nerviosos y las sacudidas eran más veloces. Clavaba las uñas en aquellas nalgas peludas y asquerosas. Cómo había permitido semejante hecho. De pronto, su primo le asentó un golpe seco y mantuvo el culo contraído con la verga dentro del coño. Ella cerró los ojos con fuerza subiendo las manos hacia la espalda. Cesaron los jadeos. Toni se retiró unos centímetros, aunque se mantuvo de espaldas a Pedro, y le permitió ver a su esposa con el camisón transparente, con las tetazas en reposo y el coñito que aquel hijo de puta acababa de perforar. Un grueso hilo de semen viscoso le colgaba del vello. Seguro que el muy cabrón la había obligado a vestirse así, seguro que bajo amenaza, que la había obligado a hacerle una mamada. Había sido un grave error.

– Nos tomamos un respiro – le oyó decir a su primo -. Voy por un cigarro.

Natalia se dirigió hacia el cuarto de baño y él examinó su forma de contonear el culo tras la gasa del camisón. Cuando Toni se volvía, Pedro se levantó y anduvo hasta el cuarto contiguo. Se metió dentro y dejó la puerta entreabierta, oculto en la penumbra del cuarto. Oyó el cerrojo y la puerta. Al instante vio a su primo por el pasillo. Iba desnudo, con la polla empinada, balanceándose en cada zancada. Acababa de follarse a su mujer y él lo había permitido. Vio el glande enrojecido y una fina baba colgando de la punta. Sudaba a borbotones. Irrumpió en el salón en busca del paquete. Le vio el culo peludo y respingón al que su mujer se había aferrado mientras la penetraba. Pedro permaneció oculto en el cuarto, aterrado como un jodido cobarde, comido por los celos, llorando como un crío. Su primo regresó con el cigarro encendido y saboreando la calada. Aún llevaba la polla tiesa cuando pasó delante del cuarto. Irrumpió en el dormitorio del matrimonio y cerró la puerta tras de sí. Al instante sonó el cerrojo. Entonces Pedro salió de su escondite y anduvo hacia la puerta. Sacudió la cabeza y se apoyó en la pared, sin fuerzas para cortar con aquel delirio.
Toni entró en la habitación y vio a Natalia sentada en el borde de la cama con las piernas cruzadas, como a esperas de la nueva imposición. Se había limpiado la cara de semen y las manchas del camisón y se había alisado el cabello. Toni se fijó en sus tetas en reposo tras la gasa. Ella sonrió al verle, como temerosa de contrariarle, no sin antes fijarse en la verga, algo más fláccida.

– ¿Quieres una copa? – preguntó él.

– No, no… Ya he bebido bastante.

Toni se sirvió un whisky y le dio unos tragos para acompañar las caladas del cigarro. Con la copa en la mano, rodeó la cama y se acercó hasta ella. Se colocó delante, de pie, sin dejar de fumar. Natalia tenía la verga a la altura de su cara, a escasos centímetros.

– ¿Te lo estás pasando bien?

– Sí – sonrió tontamente.

– Tócame un poco los huevos, necesito calentarme…

Soltó la copa en la mesilla y apagó el cigarrillo. Con la misma obediencia, Natalia condujo la mano derecha hasta los huevos y los acarició con extrema suavidad, hundiendo levemente las yemas en la carne áspera y peluda. Con la izquierda le agarró la verga para sacudírsela con la misma lentitud.

Al otro lado de la puerta, Pedro no oía nada. Se arrodilló y acercó el ojo al hueco de la cerradura. La misma visión horrenda que jamás olvidaría. Les vio de perfil, a su primo de pie y a su mujer sentada haciéndole una paja y sobándole los huevos. Vio cómo su primo le levantaba la barbilla para obligarla a mirarle. La estaba sometiendo y él no hacía nada por impedirlo. Vio cómo le metía la mano por dentro del escote y observó como le achuchaba una de las tetas tras la gasa. Se la estrujó con tanta intensidad que llegó a sacársela por fuera. Fue cuando le agarró un pezón y se la zarandeó hacia los lados. Su mujer continuaba masturbándole sin dejar de mirarle. Pedro se incorporó horrorizado y se alejó unos metros. La desesperación aumentaba en cada segundo.

Natalia le sacudía algo más rápido, sin parar de manosearle los testículos. Estaba fuera de sí, caliente como una perra. Estaba mal sentir aquel gusto, pero no podía controlar el ardor que corría por sus venas. Aquella noche iba a vivir su encuentro sexual más intenso, con un hombre de verdad que la volvía loca. No pudo aguantarse, retiró la mano derecha de los huevos y se la metió bajo el camisón para frotarse la vagina con toda la palma. Toni sonrió al ver cómo se masturbaba y cómo le masturbaba a él, ciega de placer, con los ojos vueltos y una respiración acelerada.

– Te gusta, ¿verdad?

Descontrolada, acercó la cabeza a la barriga y deslizó la lengua por todo el vientre, saboreando el sudor que impregnaba aquella piel basta y peluda. Metió la punta en el ombligo y bajó hacia el vello de los genitales. No paraba de hurgarse en el coño. Pegó la verga al vientre y le soltó varios lengüetazos a los huevos antes de volver a besarle por la zona de la barriga. Las babas goteaban de los testículos hacia el suelo. La verga golpeaba sus tetas al inclinarse. Toni se inclinó para besarla en la boca. Enrollaron sus lenguas y babosearon durante unos segundos. Toni la agarró de los tobillos y le subió inesperadamente las piernas. Cayó tumbada boca arriba con las piernas en alto y el camisón en la cintura. Sus tetas se vaivenearon como flanes sobresaliendo por los costados y el escote. Toni elevó aún más sus muslos hasta que las rodillas casi rozaban los hombros. Tuvo ante sí aquel coño abierto y aquel ano tan jugoso. Le lanzó un escupitajo y bajó la cabeza deslizando la lengua por todo el coño. Ella gimió. Ahora Toni le escupió en el ano. Con los pulgares le abrió la raja e insertó la lengua para esparcir la saliva. Le humedeció bien todo el culo antes de incorporarse. Se escupió en la mano y se embadurnó toda la polla de saliva.

– No bajes las piernas, vas a probar algo bueno…

Natalia se las sujetó para no bajarlas a pesar de la incómoda postura, con sus rodillas pegadas a los hombros.

– ¿Qué vas a hacer?

– Acercó la punta hacia el ano. Volvió a escupirse en el glande antes de empujar.

– Por ahí no, Toni, por favor… – protestó ella tímidamente.

– Cállate, coño…

Toni empujó con fuerza hundiendo el glande en el culo. Enseguida se echó hacia ella para que no pudiera bajar las piernas, apoyó las manos en el colchón y los tobillos de ella cayeron sobre los hombros de él. Natalia gimió dolorida agarrándose con fuerza a las sábanas. Siguió empujando y hundió media polla dilatándole aquel ano fino y delicado. Toni comenzó a contraer el culo para follarla y a gemir acalorado. Los gemidos de Natalia parecían alaridos cuando notaba que la polla penetraba.

Pedro deambulaba por el pasillo cuando se reanudaron los escandalosos jadeos. Su mujer gemía enloquecida. Asustado, se acercó a la puerta y la golpeó varias veces tratando de abrirla.

– ¿Estás bien, Natalia? ¿Pasa algo?

No le hicieron caso, los chillos de uno y otro se sucedían. Con la barbilla temblorosa y lágrimas en los ojos, cayó arrodillado con la cabeza apoyada en la puerta.
Dentro, Toni continuaba follándola por el culo, cada vez hundiendo más la polla. Tras un par de minutos, la extrajo del ano y se incorporó. Ella mantuvo los pies en los hombros de él, con el culo aún algo dilatado. Dejó de gemir, resopló para recuperar el aliento y le miró a los ojos. Sintió el cabello humedecido por el sudor. Ahora Toni se la metió por el coño sujetándole las piernas por los tobillos y asestándole fuertes embestidas, deslizando la verga hasta los testículos. Las tetas se movían alocadas bajo la gasa del camisón. Natalia gemía con el ceño fruncido, muerta por un placer inevitable, aunque dolorida por la penetración anal. Toni aceleró los movimientos de su cadera penetrándola con rabia. El sudor le goteaba de las sienes. Todo el cuerpo de Natalia convulsionaba cuando se la clavaba. Él emitió un quejido profundo y se detuvo en seco con la verga dentro. Natalia profirió un gemido estridente cuando le sintió eyacular en el interior. Le asestó otro golpe seco y se detuvo de nuevo, como si quisiera escurrirse. Le soltó las piernas y ella las bajó. La polla salió de la vagina y la punta rozó el vello impregnándolo de los últimos resquicios. Del interior del coño brotaron unos pegotes de leche. Toni soltó un bufido, sofocado, y se retiró de entre las piernas de ella.

En el pasillo Pedro notó que los gemidos cesaban. Deseó que el infierno llegara a su fin y se asomó por la mirilla de la cerradura. Vio a su primo de pie frente a su mujer, quien permanecía tumbada boca arriba en el borde de la cama, con el camisón subido hasta la cintura y la vagina a la vista de aquel cerdo. Vio sus tetas caídas hacia los costados y los pezones por fuera del escote. Su primo tenía la verga completamente tiesa y empinada. Se dirigió hacia el tocador para sacar un cigarrillo del paquete. Su esposa se incorporó. Notó sus carillos morados y el pelo humedecido por el sudor. Acezaba como una perra malherida. Se colocó los tirantes del camisón y se puso de pie. Malditasea, se dijo para sí, se le transparentaba todo.

– Voy a darme una ducha – la oyó decir.

– Bien. Habrá que tomarse un respiro.

Pedro cerró los ojos y se incorporó justo cuando su mujer se adentraba en el baño. Regresó al salón y se dejó caer en el sofá con las manos en la cabeza, agobiado por la alarmante situación.

En la habitación, Toni apuró la copa y se echó bocarriba encima de la cama. Estaba agotado de tanto follar, algo inimaginable para él, y con la mujer de su primo. Natalia salió del baño un cuarto de hora más tarde. Se había dado una ducha de agua fría para serenar la terrible excitación. Salió con el camisón y se dirigió hacia el tocador para colocarse los cabellos. Por el espejo vio cómo Toni la examinaba y se deleitaba con las transparencias del camisón, con el culito que un momento antes había taladrado. Para ella sería una experiencia inolvidable. El hijo de puta había conseguido que disfrutara como nunca lo había hecho con su marido, bastante tradicional y reprimido en temas sexuales. Vio su polla fláccida echada hacia un lado.

– Vamos, guapa, échate un rato conmigo…

Natalia rodeó la cama y se tumbó de costado, mirando hacia él. Él le pasó el brazo por los hombros y ella apoyó la cabeza en su pecho, como si fueran dos enamorados que acaban de hacer el amor. Pasó el brazo derecho por encima de su barriga y sintió sus tetas presionadas contra el costado de aquel cerdo. Toni apagó la luz y unos minutos más tarde Natalia le oyó roncar, pero se mantuvo echada sobre su cuerpo. Pedro se asomó desde el salón al fondo del pasillo y comprobó que habían apagado la luz. El silencio reinaba en el ambiente. Su mujer seguía encerrada con su primo. Eran las cinco y media de la mañana. Volvió a sentarse sin poder controlar el temblor de su barbilla.

Al amanecer, en torno a las siete y media de la mañana, cuando ya la luz del día inundaba la habitación, Toni abrió los ojos. Ella permanecía abrazada a él. Enseguida elevó la cabeza para mirarle.

– Buenos días, guapa.

– Te has dormido, ¿no?

– Bésame.

Natalia le correspondió. Comenzaron a besarse con pasión. Ella deslizaba la palma de la mano por su pecho y por la barriga hasta que lentamente bajó hasta los genitales. Continuaba el beso. Le acarició los huevos pasando la palma repetidas veces y posteriormente le agarró la polla para empezar a sacudírsela. Le encantaba hacerle una paja, gozar del tacto de aquella grandiosa verga. Toni gimió y cerró los ojos, muerto de gusto. Tiró del camisón hacia arriba para dejarla con el culo al aire. Ella pegó el coño a su pierna para menear la cadera y rozarlo por aquella piel áspera y peluda. Natalia, presa de la lujuria, comenzó a chuparle las tetillas y a pasar la lengua por el vello del pecho. La verga fue poniéndose dura y tiesa. No dejaba de menear la cadera para refregar el coño por la pierna. Quería chupársela, pero él se giró hacia ella y se echó encima. El peso de aquel cerdo sobre su delicado cuerpo la dejó sin respiración. Le bajó los tirantes para sentir las tetas sobre él y comenzó a besarla mientras meneaba la cadera en busca del coño. Se la metió unos segundos más tarde, con lentitud, y comenzó a follarla sin presura. Enseguida Natalia comenzó a jadear descontroladamente.

Pedro se asomó al pasillo al oírla y con el mismo sigilo se acercó a la puerta. Sólo ella gemía, unos gemidos secos y profundos. Se acuclilló para asomarse y les vio en la cama, él encima y ella debajo. Su primo contraía las nalgas para ahondar en el coño y ella mantenía las manos en el culo, acariciándolo mientras la follaba. Podía distinguir los huevos moverse hacia dentro y los bajos del coño sobre el colchón. Se incorporó y se dirigió al cuarto contiguo, no quería escucharla más. Pero los gemidos retumbaban. Toni había acelerado las contracciones del culo hasta que vertió su leche unos segundos más tarde. Sacó la verga limpia de semen.
Sofocado de tanto follar, bajó de la cama y fue en busca del paquete. Natalia, con las piernas separadas y el coño abierto, trataba de recuperar el aliento y se mantuvo tumbada. Dio varias caladas al cigarro y después cogió su slip y descolgó un albornoz que pertenecía a su marido.

– Voy a darme una ducha en el otro baño. Luego nos vemos.

Toni abandonó la habitación. Pedro le vio por el pasillo desnudo y con la porra empinada. Se había hartado de follarse a su esposa durante toda la noche. Cuando se encerró en el baño, salió del cuarto y miró hacia el dormitorio. La puerta estaba abierta. Se sintió avergonzado de sí mismo, abochornado por tener que mirarla a la cara. Se asomó tímidamente al dormitorio. Vio a su mujer en camisón alisando las sábanas de la cama. Se encontraba de espaldas a él y se le transparentaba a la perfección la raja del culo y las nalgas enrojecidas, como con señales de palmadas.
Natalia -. Dio media vuelta. Las tetas se vaivenearon tras la gasa. Distinguió igualmente la vagina y su ombligo. Estaba seria y con la mirada perdida.

– Lo siento, de verdad que lo siento -. Ella levantó los brazos y chasqueó la lengua a modo de lamento -. Ha sido un error, siento por lo que has pasado.

– No pasa nada, ¿vale?

– ¿Estás bien?

– Voy a darme una ducha.

– ¿Qué te ha hecho, amor mío?

– Hemos follado, era lo que había que hacer, ¿no? Disculpa.

Pedro bajó a la cocina desolado. Su primo la había sometido, la había humillado, le había destrozado la dignidad. Había sido un error fatal pedirle semejante favor, y todo por la ilusión de tener un hijo. Los celos le trastornaban. Aún resonaban los gemidos en su cabeza. Iba a costarle salir de aquella angustia. Preso de los remordimientos, vio que su primo se dirigía hacia la cocina. Iba abrochándose el albornoz y se fijó que bajo la prenda sólo llevaba el slip.

– Buenos días, primo – le saludó sonriente sirviéndose un café.

– Ho…Hola, Toni.

Toni se sentó a la mesa con la taza del café y unos bollos.

– Hemos pasado un buen rato. Como folla la hija puta… Y cómo la chupa…No me habías dicho nada.

Pedro tomó asiento a su lado dispuesto a zanjar el asunto.

– Mira, Toni, yo…

Su primo le cortó asestándole unas palmaditas en la cara.

– No pasa nada, coño, tranquilo, me pediste un favor y he cumplido, hostias, ¿sí o no?

– Sí, ya, pero…

– Me la he follado y a tomar por culo. Alegra esa puta cara, cojones…

Antes de replicar, vio que su mujer bajaba las escaleras y se dirigía hacia la cocina. Prefirió guardar silencio, además el tono de voz de su primo sonaba amenazante. Corría el riesgo de contrariarle y que después contara por ahí lo sucedido. Se convertiría en el cornudo más imbécil del mundo. Iba ataviada con unas mayas blancas muy ajustadas que definían sus curvas de cintura para abajo, incluso se le notaban las tiras laterales de las braguitas, llevaba una camiseta ajustada color negro de tirantes que resaltaba el volumen de sus pechos y calzaba los zapatos de tacón, lo que le otorgaba un estilo sensual, maquillada y con el pelo recogido. Pedro lamentó que se hubiera vestido así, que sirviera de deseo sexual para aquel cabrón.

– Buenos días – les saludó ella.

– Hola, guapísima – le correspondió Toni, que enseguida examinó su culito con descaro, en presencia de su marido.

Se sirvió café y se sentó entre ambos. Su marido estaba pálido y aturdido. Toni le pellizcó la barbilla cariñosamente.

– ¿Lo pasaste bien? -.

Ella se limitó a sonreír mientras su marido observaba los halagos. Los siguientes minutos Toni habló de los viajes que debía hacer esa semana con el camión y hablaron de donde celebrarían la fiesta de noche vieja dentro de quince días. Al parecer los amigos habían alquilado unos bungalows para pasar la noche. Más tarde, Toni cogió el periódico y se acomodó en el sofá del salón. Tendió las piernas encima de la mesa y entonces los faldones del albornoz cayeron hacia los lados y le dejaron el slip a la vista.
Pedro se fijó desde la cocina. Miró a Natalia, que terminaba de enjuagar la loza.
No tiene intención de irse, joder – lamentó aturdido -. Maldita sea…
Natalia se secó las manos.

– Voy a tender la ropa.

Vio que su mujer abandonaba la cocina en dirección a la escalera. Al pasar por delante de su primo comprobó que cruzaba una mirada con él, tal vez de asco, no supo interpretar el sentido de aquella mirada. Siguió hacia delante. Toni se incorporó con descaro para deleitarse con la forma de contonear el culo. Se apreciaba a la perfección los contornos de unas pequeñas braguitas. Desesperado, Pedro deambuló por toda la casa sin saber cómo afrontar la situación. Al rato regresó a la cocina para tomarse una aspirina. Tenía un  agudo dolor de cabeza. En ese momento su primo irrumpió en la cocina. Se giró hacia él y le vio con el albornoz desabrochado y abierto. Se fijo en el enorme bulto del slip, con la verga echada a un lado.

– Pedro, oye, por qué no te vas a dar una vuelta…

– ¿Qué?, Toni…

– Venga, coño – se acercó a él y lo agarró de la nuca -. Tómate algo, relájate. Venga, coño, no quiero mosquearme, estoy haciéndote un favor, deberías estar agradecido. Vamos, vete…

– No me hagas esto, Toni…

– Lárgate un rato, anda…

La amenaza era latente. Era un jodido cobarde. Desistió. Temió que sacara todo a la luz. Acató la imposición de su primo. Cogió la cazadora y abandonó la casa a sabiendas de lo que iba a suceder, dejaba a su mujer desamparada ante aquella bestia que no pararía de humillarla. Natalia no se lo perdonaría nunca. Cruzó la calle y montó en el coche. Apoyó la cabeza en el volante y se puso a llorar.

Toni se encontraba en la cocina bebiendo una lata de cerveza cuando apareció Natalia. Le echó una mirada lujuriosa al comprobar cómo las tetas botaban tras la camiseta elástica. Volvió a fijarse en los contornos de sus braguitas tras la maya blanca y ajustada. Él permanecía con el albornoz abierto y ella se fijó en el bulto del slip.

– ¿Y Pedro?

– Estamos solos -. Toni se despojó del albornoz y se quedó sólo con el slip -. Tengo ganas de besarte.

Ella dio unos pasos hacia él.

– No puede ser, Toni, soy una mujer casada.

– Sé que te gusta – alzó la mano para acariciarle ambas mejillas con las yemas de los dedos – sé que te pongo cachonda.

A Natalia le hervía el coño con sólo verle desnudo, pero quería resistirse o su matrimonio terminaría malamente.

– Por favor, no me hagas esto, quiero a mi marido…

La sujetó por la nuca y le acercó bruscamente la cara. Empezaron a besarse con una pasión lujuriosa. Ella se abrazó a él con las manos en aquella espalda robusta, sus tetazas aplastadas contra aquel pecho velludo y su zona vaginal rozando el bulto de la bragueta. Toni también le manoseaba la espalda por encima de la camiseta. Invadida por el placer que le proporcionaba aquel cabrón fue desplazando sus manos hacia abajo hasta meterlas por dentro del slip, gozando del tacto de aquel culo abombado y peludo. Seguían besándose con las lenguas enrolladas. Toni imitó el gesto y metió sus manos por dentro de la malla para sobárselo con delicadeza.

Pedro bajó del coche. Trató de envalentonarse, debía cortar con aquel delirio. Temeroso, entró por la puerta del patio y se dirigió hacia la puerta de acceso a la cocina, pero antes decidió asomarse por la ventana. Allí les vio. Pedro, desnudo, permanecía apoyado sobre la encimera. Vio a su mujer de espaldas, abrazada a él, besándole con pasión. Vio las manos de su primo por dentro de la malla sobando el culo de su esposa. No paraban de moverse. El hijo de puta la estaba obligando a besarle. Las manos salieron de dentro, pero acto seguido le bajó la prenda de golpe hasta dejarla unos centímetros por debajo de la entrepierna. A continuación le bajó las pequeñas braguitas blancas y la dejó con el culo al aire. Volvió a plantar las manos en las nalgas y enseguida le abrió la raja al máximo. Pedro pudo distinguir el ano palpitante de su esposa y parte del coño. Su esposa se ladeó hacia un costado de él. Vio la mano derecha actuar dentro del slip Le sobaba los huevos. La verga, completamente tiesa, escapaba por encima de la tira. Él le manoseaba el culo con la derecha. La izquierda la metió bajo la camiseta y la vio actuar estrujándole las tetas. No paraban de besarse. Ella había agarrado la polla y le estaba masturbando. Los huevos de su primo botaban en cada sacudida. Pedro dejó de mirar, se apartó de aquel infierno y deambuló por el patio muerto de celos. Aquello era un infierno. Unos minutos más tarde se asomó de nuevo. Ahora su esposa se había inclinado y se la estaba chupando a modo de helado. La tenía sujeta por la base y con la otra mano tenía agarrado los huevos. Sus dos tetas colgaban hacia abajo por fuera del escote. Él, con la mano derecha en el culo de Natalia, la masturbaba hundiendo la mano en su coño mientras que con la izquierda la agarraba de los pelos. Se apartó de nuevo como un cobarde y cayó arrodillado en el suelo. Las palpitaciones del corazón le crearon temblores en todo el cuerpo.

En la cocina, Natalia levantó la cabeza para mirar los ojos de su amante, sin dejar de masturbarle, como suplicando que se la metiera. Toni la besó, la agarró del brazo y la condujo hasta la mesa de madera. La colocó contra ella, de espaldas a él, y la obligó a curvarse sobre la superficie.

– Ábrete el culo

Ella obedeció. Pegó la cara a la superficie y echó los brazos hacia atrás para abrirse la raja. La carne de los pechos le sobresalía por los costados. Toni se arrodilló ante el culo. Le lanzó un escupitajo al coño y pasó varias veces la lengua entre los labios vaginales. Ella lo meneó ante la invasión de placer. Se escupió en la mano y le ensalivó todo el ano, como si quisiera lubricarlo. Después se levantó, se escupió en la verga y se la sacudió antes de acercarla al agujerito y hundir el glande. Natalia chilló al notar el volumen penetrar en su interior. Toni fue empujando despacio y con rabia y consiguió dilatar el ano hasta hundir media polla. Natalia, jadeante y dolorida, retiró las manos de las nalgas y se aferró a los cantos de la mesa para soportar las embestidas. Toni comenzó a moverse y a empujar. La sacaba hasta el glande y la hundía hasta la mitad, eran movimientos secos y trabajosos. La tenía sujeta por la cintura para follarla con más soltura. La frente de Toni era un hervidero de sudor. Natalia gritaba de forma estridente cuando la verga avanzaba. Su marido escuchaba sus alaridos arrodillado en el patio, envuelto en lágrimas. Más cómodo, aunque empujando con lentitud, le acarició la espalda subiéndole la camiseta y le abrió la raja con los pulgares. La follaba hasta media polla. Él sólo jadeaba. Meterla en aquel culo tan delicado era una delicia. La agarró de los pelos y tiró fuerte levantándole la cabeza de la superficie. Ella gimió con la boca muy abierta y los ojos desorbitados.

– ¿Te gusta, zorra? – Natalia apretó fuerte los cantos de la mesa -. ¡Contesta!

– Sí… – jadeó.

– Eres mía.

La soltó y ella volvió a apoyar la cara contra la superficie. Toni se curvó sobre su espalda, dio un par de empujones y se detuvo para correrse dentro del culo. Emitió varios quejidos de placer mientras vertía toda su leche. Se mantuvo con la verga dentro varios segundos, después la extrajo despacio y se apartó de ella unos centímetros. La punta y el ano permanecían unidos por un hilo de babas blanquinoso. Aún lo tenía dilatado por la magnitud del pene y enseguida brotó semen en abundancia. Un goterón resbaló hacia los labios vaginales. Natalia aún resoplaba para recuperar el aliento. Elevó el tórax de la superficie y le miró por encima del hombro. Ambos sudaban escandalosamente. Parecían recién llegados de una carrera estrepitosa. Aún insatisfecho, le abrió la raja con los pulgares y le clavó la verga en el coño, hasta el fondo. Ella se contrajo mediante un débil gemido. Meneó la cadera con el pene dentro. Comenzó a follarla velozmente, asestándole fuertes sacudidas en las nalgas, mirándose a los ojos, gimiendo a la vez.

Pedro oyó de nuevo el martirio. Se incorporó y se acercó a la ventana. Vio de frente a su mujer con la camiseta levantada por encima de los pechos. Las tetas se balanceaban alocadas cada vez que su primo le clavaba la verga. La estaba follando a una velocidad de espanto. Su mujer tenía la cabeza vuelta hacia Toni. Pero inesperadamente, miró al frente y le descubrió tras la ventana. Se miraron a los ojos, aunque no paró de gemir. Todo su cuerpo temblaba en cada embestida. Tenía el pelo sudoroso y la piel brillante. Aparecieron las manos de su primo por el vientre y se aferraron a las tetas para manosearlas y estrujarlas.

– Mírame, zorra – le ordenó su primo.

Con suma obediencia, Natalia volvió la cabeza hacia él. Entonces Pedro se apartó de la ventana y se dirigió hacia la salida.

En la cocina, Toni se detuvo en seco con el culo contraído. Natalia sintió cómo le vertía el semen dentro del coño. Al momento retiró la verga empapada de algunos resquicios. Tensó la braguita y se la pasó por el glande hasta secarlo impregnando toda la prenda, luego se subió el slip. Se fijó en la rabadilla de Natalia, inundada de una leche amarillenta y viscosa. Aún manaban algunas gotas del ano. Le asestó una palmada en la nalga y se acercó a la encimera en busca del paquete de cigarrillos. Natalia cogió una servilleta y se la pasó por el culo y por la vagina, luego se subió las bragas y las mallas y a continuación se bajó la camiseta.

– Follas como una condenada -. Se acercó a ella y le estampó un beso en la mejilla -. Tengo que irme. Ya nos veremos.

Toni abandonó la cocina. Natalia se apoyó en la mesa y cerró los ojos tratando de reflexionar sobre lo sucedido. Había vivido una experiencia sexual frenética, aquel cerdo le había inducido una ninfomanía inaudita. Había gozado como una puta, hasta se olvidó del verdadero objetivo del encuentro, quedarse embarazada. Quería a su marido, llevaban media vida juntos, pero la lujuria había sido incontrolable. Hastiada de tanto follar, con el culo y el coño doloridos, subió a darse una ducha.

Pedro regresó al anochecer. Había estado dando vueltas con el coche, sin rumbo, avergonzado de sí mismo, arrepentido del día que decidió pedirle el favor a su primo. Los celos le aniquilaban la entereza. Su primo había follado con su mujer hasta la saciedad. Nunca olvidaría el tormento. Encontró a su esposa en el sofá viendo la televisión. Su primo se había marchado. Estaba en albornoz, recién duchada, con el pelo recogido. Notó su mirada sobria, ni siquiera le miró cuando se sentó a su lado.

– Lo siento, amor mío, sé por lo que has pasado. Ha sido horrible. Ese cerdo se ha aprovechado de nosotros y…

Ella le miró con severidad.

– Ha pasado lo que sabíamos que iba a pasar ¿no? -. Pedro, abochornado, agachó la cabeza  -. ¿Te arrepientes? Eres un idiota, un pelele…

– Me amenazó con contarlo… – musitó agobiado.

– Hemos follado y punto. Tú sabías lo que iba a pasar. No quiero hablar más del asunto, ¿de acuerdo? -. Él asintió como un imbécil -. Me voy a la cama…

Pedro se fue tarde a la cama. Los celos al oírla hablar provocaron sus lágrimas. Gimoteó como un niño. Su esposa le oyó llorar desde el dormitorio donde horas antes había hecho de todo con su primo.

Fue una semana tensa para Pedro. Ella se comportaba de una manera distante y despectiva. Le contestaba con monosílabos, se iba pronto a la cama y apenas conversaban. Tampoco sacaron a relucir el tema. Sin embargo con las amigas que iban a casa se comportaba de otra manera, más alegre y con más naturalidad. Estaba seguro de que le hacía culpable de todo lo que aquel cabronazo le había hecho, estaba seguro de que se sentía violada y humillada. También pasó malos momentos recordándola bajo el poder de su primo. Aún retumbaban los jadeos en su cabeza. Natalia tampoco olvidaba la lujuria vivida con Toni y en más de una ocasión tuvo la necesidad de masturbarse en el baño al recordar las mamadas, el sabor de su verga y de la leche caliente, las penetraciones y los tocamientos. Hacerle las pajas había sido fascinante y su manera de follarla única. Su marido le daba pena, pero la lascivia resultaba incontrolable.

Llegó fin de año. La pandilla alquiló una casa rural con numerosas dependencias. Todos pasarían allí la noche. A la fiesta acudieron más de veinte personas, entre ellas Toni, que saludó a Natalia como si no hubiera pasado nada, con un par de besos en las mejillas, y estrechó la mano de su primo como si todo estuviera olvidado. A ver si la hemos dejado preñada ¿eh? – fue lo que le dijo -. Le di caña, creo que habré acertado, ¿no te parece?
Una ola de celos inundó sus entrañas al verle tan cerca de su esposa. Cenaron todos animadamente en una mesa larga rectangular. Por suerte para Pedro, su primo se sentó en el otro extremo con los chicos que estaban solteros. Estaba pendiente de él y era incapaz de distraerse. Temía que se insinuara o que volviera a cometer alguna barbaridad. Su esposa conversaba y reía con las amigas, ajena al sufrimiento que él padecía. Luego llegó el baile con la música a todo volumen. Pedro se sentó con dos amigos alrededor de la chimenea. Hablaban de fútbol, pero él permanecía ensimismado en sus pensamientos. Natalia bailaba con algunas amigas y Toni conversaba de pie con otros de la pandilla. De vez en cuando les echaba una ojeada, no había forma de serenarse, la presencia de su primo le inquietaba.
Toni iba de traje, muy elegante para como solía vestir. Se encontraba en un corro de hombres hablando de diversos temas. Alzó la mirada y la dirigió hacia Natalia. Ella le correspondió con una media sonrisa y unos ojos insinuantes. Estaba muy guapa. Llevaba un vestido negro de hilo ajustado al cuerpo, con la base a la altura de las rodillas y escote a pico, medias negras y unos zapatos de charol con tacones aguja. Iba muy maquillada y se había recogido el pelo con un moño en lo alto de la cabeza, con la nuca al descubierto. Estaba demasiado sexy como para resistirse. La estrechez del vestido en la cintura definía su culito y también el grandioso volumen de sus pechos, hasta resaltaban los pequeños pezones. Estaba muy buena. Algunos de los otros chicos le echaban una ojeada de vez en cuando. Las miradas se sucedían. Ella dejó de bailar y se dirigió hacia la barra para servirse otra copa. Contoneaba el trasero con sensualidad gracias a la finura de los tacones. Toni decidió abordarla. Eran las cuatro de la mañana. Cruzó la pista de baile. Pedro se pasó la mano por la cabeza cuando le vio ir en busca de su mujer. Iba a acosarla. Debía enfrentarse a él, pero permaneció sentado. ¿Cómo armar un escándalo delante de todos los amigos? ¿Qué se enteraran de lo que había pasado? Se mantuvo clavado en la silla.

– Estás para comerte – le dijo él.

Ella sonrió.

– Tú también estás muy guapo.

Le dio un sorbo al cubata y acercó la boca a su oído.

– Quiero besarte.

– Toni, estoy casada, no puedo…

– Estás cachonda – le susurró -. Lo estás deseando.

– Por favor, Toni, no quiero, en serio, no me hagas esto…

– Por qué no tomamos una copa en algún sitio más tranquilo, sin tanto jaleo. ¿Qué te parece? – Toni le quitó el vaso para llenarlo -. Venga, no seas tonta.

– Está Pedro, Toni…

– Dile que estás cansada, venga, anímate…

Realmente, estaba deseosa de pasar un rato con él, revivir la experiencia del pasado fin de semana. Dio media vuelta y se encaminó hacia la chimenea donde Pedro simulaba conversar con los amigos. Él les había espiado, había comprobado cómo su primo le susurraba algo al oído.

– Pedro, me duele la cabeza, me voy a descansar, ¿vale?

Pedro, aterrorizado, tragó saliva.

– Te acompaño.

– Quédate, no te preocupes, es temprano…

No le dio opciones a replicar, se giró con rapidez y se dirigió hacia el pasillo de la casa. Observó cómo su primo salía a su encuentro y se marchaban juntos. Los nervios y una oleada de celos le azotaron el corazón. Sonrió amargamente para disimular y se levantó como si fuera a servirse una copa. Se asomó al pasillo. Ambos se alejaban con presura. Su primo le había pasado la mano por la cintura como si fueran una pareja formal. Se detuvieron ante la puerta. Ambos llevaban un cubata. Natalia sacó las llaves del bolso, abrió y entró seguida de su primo. Después oyó un portazo. El infierno resurgía en forma de temblores, los celos le aceleraron el corazón. Se puso a sudar, sintió frío en todo su cuerpo. Tuvo que sentarse. Uno de los amigos pasó por su lado y se percató de su rostro cabizbajo.

– Tienes mala cara.

Sonrió amargamente.

– Estoy bien.

– ¿Y Natalia?

– ¿Qué? Es…Se ha ido… Estaba cansada.

– Alegra esa cara, coño.

Natalia y Toni irrumpieron en una pequeña sala de estar. Encendieron una lámpara de luz tenue y pasaron directamente a la habitación. Toni empujó la puerta y la dejó medio abierta. Era una estancia pequeña y cutre compuesta por un camastro estrecho, una pequeña tocadora, una mesita acristalada y un sillón bastante cómodo. Natalia se miró al espejo para retocarse el maquillaje. Toni se despojó de la chaqueta y se quitó la corbata. Ella le observaba a través del espejo. No le quitaba ojo de encima. Luego se desabrochó la camisa y se la abrió hacia los lados para exhibir su pronunciada barriga y su pecho velludo. Le dio un sorbo a la copa. Ella se giró hacia él y se apoyó en el mueble.

– Estás muy elegante -. Se desabrochó el cinturón y se bajó la cremallera -. Estás tan buena. Me pones a cien.

Se bajó los pantalones y se quedó en slip, un slip negro y elástico. Natalia reparó en el bulto y en el relieve del pene echado a un lado. Precisó de un trago para serenar el ardor de su vagina. Toni soltó el vaso y se bajó el slip. Lo tiró con el pie y se dejó caer en el sillón con las piernas separadas. La verga iba empinándose, los huevos gordos le colgaban tambaleantes y flojos. Ella resopló, aún permanecía inmóvil con el vaso en la mano. La estaba poniendo muy cachonda, allí, desnudo, sólo con la camisa desabrochada. No apartaba la vista de aquel pene tan grandioso. Toni se la sujetó y comenzó a masturbarse muy despacio mirándola con fijeza, como si la elegancia del vestido y del peinado fuera suficiente para complacerse.

– Toni, esto no está bien, no podemos hacerle esto a Pedro…

– Olvídate de ese maricón. Ven, acércate -. Ella soltó el vaso y dio unos pasos hacia él -. Bésame.

Deseosa de tocarle, se arrodilló entre sus piernas y apoyó las manos en sus muslos peludos acariciándolos con suavidad, desde las rodillas hasta las ingles. Toni soltó el pene, se irguió y le agarró la cabeza con ambas manos para besarla con pasión. Ella le correspondió con la lengua. Toni la soltó y acto seguido le abrió bruscamente el escote del vestido. Le dejó las dos tetas al descubierto, que se balancearon con el gesto. Las acarició palpándolas despacio, recreándose en los pezones, y volvió a reclinarse en el asiento para darle unos sorbos al cubata. En ese momento ella se echó hacia él para besarle la barriga. Le estampó unos besos y después deslizó la lengua por aquella piel áspera y grasienta. Pasó por encima del ombligo, llegó al vello del pecho y se puso a lamerle una de las tetillas. Sus tetas aplastaban el pene. Toni contraía el culo para masturbarse con ellas. Natalia se incorporó, agarró la polla y se puso a sacudirla con agilidad. El glande golpeaba los pezones de sus tetas en algunas sacudidas.

– Chúpame los huevos…

Natalia se colocó a cuatro patas para lamerlos con más ansia. Abrió la boca y los mordisqueó sacudiéndole con la lengua para ensalivarlos. Él se irguió y tiró del vestido hacia la cintura, después extendió el brazo y le apartó la tira del tanga hacia un lado dejándola con el culo al aire. Volvió a reclinarse y alzó las piernas. Natalia deslizó la lengua hacia abajo y comenzó a lamerle el ano con la punta de la lengua mientras él se masturbaba.

Pedro, desolado, recorrió a paso lento el pasillo. Abrió despacio la puerta y accedió a la sala de estar. Vio la puerta del cuarto medio abierta. Descubrió a su mujer a cuatro patas, con el vestido subido, la tira del tanga a un lado y el culo al aire, lamiendo el ano de su primo, olisqueando bajo los huevos como una perra. Retrocedió abordado por el pánico con  la mano en la frente. Se mantuvo contra la pared hasta que les escuchó gemir escandalosamente. Se asomó de nuevo. Natalia se había desnudado por completo y permanecía sentada encima de su primo, abrazada a él, cabalgando sobre la verga, la que distinguía clavada en el coño, entrando y saliendo. Él le abría y le cerraba el culo y la ayudaba a menear la cadera. Las tetas golpeaban la cara de Toni cada vez que saltaba. Follaban desquiciadamente.
Pedro fue hasta la mesa camilla y tomó asiento de una de las sillas. Gimieron durante varios minutos, hasta que notó un jadeo profundo de Toni. Cinco minutos más tarde, su primo salió de la habitación en busca de un cigarrillo. Pedro alzó la vista hacia él con sus ojos calamitosos. Iba desnudo, con la camisa abierta y sudando a borbotones. Llevaba la polla empinada e impregnada de babas.

– Coño, Pedro, me has asustado, ¿qué haces ahí, hombre?

Pedro sacudió la cabeza sin decir nada. Toni se encendió el cigarrillo y regresó a la habitación. Enseguida salió Natalia. Cuando Pedro levantó la vista la vio bajo el arco de la puerta. Se había puesto una fina bata color rojo sin abrochársela. Podía verle el coño y las dos tetazas balanceándose.

– ¿Qué haces ahí? – le preguntó cerrándose la bata para cubrirse, como si él ya no tuviera derechos a verla desnuda.

– Yo te quiero, Natalia… – lloriqueó.

Natalia le observó durante unos instantes. Después dio media vuelta, entró en la habitación y cerró la puerta. Unos minutos más tarde se reanudaron los gemidos. Volvían a follar. Pedro comprendió que todo se había terminado, que su historia de amor con Natalia llegaba a su fin. Había sido un cobarde y un imbécil. Tendría que vivir con los celos durante toda su vida. Abandonó la habitación con su vida rota. Regresó al pueblo. Más tarde se enteró de que Natalia se había quedado embarazada y que convivía felizmente con su primo Toni.

Autor: Joul Negro

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Me pone ser el más cornudo.

Anoche, mientras se corría durante mucho rato, me decía que pensaba aprovechar el tiempo y follar “mas” fuera del nido.

Somos un matrimonio al principio de la cuarentena, con niños y muchos años de unión y amor. Desde siempre me ha tirado un poco primero el tema voyeur y luego los cuernos. Empezamos jóvenes a jugar a salir de noche con una vestimenta provocativa y una calentura enorme en mí, y de ella, por sentirse deseada por los demás y verme tan caliente.

Con el paso del tiempo y muchas conversaciones empezó a atreverse a hacer cosas mas fuertes, primero bailar con otros (existían las canciones lentas), después breves escarceos de besos y caricias, pero reconozco que lo hacía mas por mi que por ella misma.
Con el paso del tiempo y mucha constancia por mi parte, se decidió a probar un trió y por los nervios y la falta de experiencia no lo disfruto tanto como yo quisiera, pero no fue mal, pues después de su estricta educación, eso ya era todo un logro. Paso un año hasta que repetimos con nuevo chico.

Pasado un año mas, conseguí que chatease con chicos y uno fue lo suficiente sutil para hacer que se riese y le apeteciese chatear con el con frecuencia, hasta que como fruta madura, termino por desear estar con el en la cama. Ese fue el gran principio del cambio, pues lo disfruto mucho, ya que era con alguien con quien había conversado en bastantes ocasiones, y se sentía mas segura, y viendo que mi reacción fue muy positiva y me volví mas cariñoso y salido, le dio pie a que hiciésemos mas tríos con el, nuestro amigo “A”.
La historia con A duro sobre dos años en la que nos veíamos cada dos meses aproximadamente, pues ella no quería que fuese mas frecuente y el estaba casado y no siempre estaba su mujer de viaje. Con el conseguí que hiciese su primera salida en solitario. Aún recuerdo los nervios de estar esperando a que volviese, y la de pensamientos obscenos que pasaron por mi cabeza mientras la esperaba en casa cuidando de los niños.

Lo cierto es que A no era ni tan buen amante, ni tan inteligente y con el tiempo se le vio el plumero y demostró cada vez menos inteligencia para tener seducida a una mujer, por lo que mi mujercita decidió dejarle. Pero con el probamos muchas cosas como sexo oral en todas sus facetas, hacerlo en el coche mientras yo conducía, anal, doble penetración vaginal y anal/vaginal, y lo que mas me ponía…… se atrevía a provocarlo en sitios públicos haciéndome que se me pusiera dura como las piedras. Nos vino bien para evolucionar.

Cuando la relación con A estaba apagándose, conoció por internet a “F”. F es un tipo genial, con saber estar, saber tratar en cada momento de una manera, y un buen amante, tanto que consiguió que yo tuviese un ataque de cuernos como nunca, pues vi disfrutar a mi mujer como nunca antes la había visto. El consiguió sacar su faceta multiorgasmica que yo solo sacaba en contadas ocasiones, y la hacía gritar de gusto. F fue nuestro mejor amigo a nivel de evolución, pues saco la faceta más morbosa de mi mujer, y tras superar mi ataque de cuernos, salí fortalecido en mi capacidad para estos juegos. La pena es que F es de Almería y al ser nosotros de Málaga, la distancia y los problemas cotidianos nos lo ponían difícil. Pero sin duda su saberla tratar como una señora, y en momentos como una puta, su buen hacer como amante y su mucha educación y saber estar hacen que nunca le hayamos olvidado, y que cualquier día volvamos a verlo si el quiere y puede.

Ha sido una constante en todos estos años que tengamos rachas de parón en estos juegos (mas por ella que por mí). Y entre tanto, yo que siempre he presionado un poquito para reactivarla, conseguí que tuviese una aventura con un chico casado, pero fue una sola vez, y ella no se siente cómoda saliendo sin mí.

Tras una racha de parón conseguí hacerla jugar a buscar nuevo amante, y tras chatear con el, un día quedamos y nos conocimos y ahí empezó la historia “K”.

Con K tuvimos un periodo de dos años y medio en los que nos veíamos los tres y muchas veces ellos a solas. Era un gran amante para ella, que la regalo noches de mucho y muy buen sexo.

Esta historia hizo que se volviese mas segura, mas independiente, y como a mi me gusta, muy señora en publico y puta en privado. Con el, al tiempo y tras una primera vez que descontrolamos, lo hizo sin condón. Y sabiendo que el no era promiscuo y teniendo cierta seguridad, se convirtió en habito, lo que hizo que descubriese que contra mas sucio y mas prohibido, mas me pone, mas me gusta la idea de saberla muy puta con otro.

Con K hizo absolutamente de todo lo que se puede hacer (salvo sado o escatológico, que descartamos sin dudar). Practico sexo en todas sus facetas y formas, jugo a salir de tiendas, intercambiábamos los papeles y yo era el amigo en las salidas, e incluso se veían o veíamos en su casa o en la nuestra, y como siempre digo, contra mas transgresor mejor, nunca olvidare cuando se lo follo en nuestra cama mientras yo trabajaba y los niños estaban en el cole.

Fue una historia larga y bonita que hizo que sacase su faceta mas morbosa y caliente, pero la pareja de K detecto algo y el opto por dejar la relación y asegurar su familia, cosa que sentí, pero comprendo perfectamente.

La decepción hizo que mi mujer dejase todo tipo de juegos durante casi dos años, pero al ser yo tan perseverante, conseguí que volviese a chatear y conoció a “L”.

L es su actual amante y yo diría que el mejor, o con el que mejor lo pasa pues también puede ser que este ella mas preparada.

Lo cierto es que L logro que ella estuviese siempre húmeda y caliente como una perra, y consiguió algo que yo le pedía hace tiempo….que fuese mas independiente. Y tanto cambio que llego a asustarme la situación, pues la vi con una valentía e independencia que nunca había demostrado, saliendo con él a tomar café, algunas copitas por la tarde noche y sus primeros escarceos sexuales. Fue tal evolución que volví a padecer un ataque de cuernos como antaño, y es que no es lo mismo desear…que conseguir.

Cuando supere mis celos ella se había enfriado, pero tras un periodo corto en el que yo pensé que lo había estropeado, conseguí que volviese a jugar, ……y un día nos montamos un trío y disfruto de él al completo por primera vez.

Desde hace mas de dos años se mantiene esa amistad que no es tan frecuente en visitas como me gustaría (reconozco estar enganchado a mis cuernos), pero si disfruto de un nuevo amigo con quien me encuentro a gusto incluso fuera del juego. Hemos tenido la suerte de encontrar a alguien que además de saber sacar la faceta mas zorra de mi mujercita, es un amigo para ambos, y con quien se han creado unos lazos muy fuertes y buenos, hasta tal punto que cada día pienso mas en el, como el artífice que haga cumplir mis mayores fantasías, pues cada día evoluciono mas, y deseo cosas algo mas fuertes.

Con L hemos hecho de todo y en todos los lugares imaginables, como su casa o la nuestra (cada día me da mas morbo que follen en mi cama), en el coche, trabajo, casa de un amigo, etc. Practican sexo sin protección pues tenemos plena confianza ambas partes y ella toma la píldora, y he descubierto que eso me da muchísimo morbo, hasta el punto de comérmela entera cuando vuelve de haber estado con el y disfrutar el morbo de ese sabor.

A pesar de no ser virgen analmente, siempre me ha costado practicarlo con ella pues le dolía bastante, pero L la pone tan cachonda que a pesar de tener un pene grueso disfruta de su culito con frecuencia, por lo que me estoy reservando practicarlo yo, para dentro de un tiempo cuando lo haga, notarla muy abierta y saber que tiene el culito así de su amante, que él es el principal protagonista de que este bien abierta.

Reconozco que me estoy convirtiendo en un cornudo consentido de campeonato, pero eso es justamente lo que me mas me pone. Me encanta la idea de ser su cornudo consentido, y espero serlo mas aún, rozando un poquito el sentirme dominado por ella, por su independencia, por su libertinaje, y como cada día lo tengo mas claro, busco llegar a sentir otra vez el vaivén en el estomago que me han producido mis anteriores ataques de cuernos, para lo que es necesario que mi mujercita sea mas atrevida y viciosa aún.
Cada día descubro que me escita más mi mujer contra mas zorra se comporta, contra mas libremente decide sus citas. Cada vez deseo mas conseguir que utilice un lenguaje obsceno y a la vez provocador conmigo….y con quien sea.

Llevo años siendo cornudo, y espero que cada vez el roll que tenemos sea mas extremo, pues contra mas zorra es, mas la deseo, mas disfruto del sexo y me siento mas vivo.

He pensado, que ya que tengo la suerte de haber dado con L , tengo que aprovechar el tirón y conseguir que me ayude a emputecerla mas aún, a sacarla su faceta mas golfa, a hacerla vivir mas experiencias, y mas fuertes. Me planteo pedirle que la haga entrar en juegos nuevos, a probar cosas distintas, a ser mas promiscua con el y con quien ellos decidan, a esperar a disfrutar de su culito muuuuuy abierto. Me pone pensar que llegue a engañarme con otros o tener vivencias de intercambio de parejas, o tríos con otra chica o chico, o cualquier otra vivencia que no haya realizado aún conmigo. Espero que L con su buen saber hacer, consiga hacerla la mas puta de Málaga…..y a mí el mas cornudo.
Lo reconozco, ME PONE SER EL MAS CORNUDO.
p.d nos gustaría saber de parejas en situaciones similares

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