Nuestra propia sesión sado

 

Me habías dado unas ordenes muy claras:

A las 17:00h, en el hotel acordado, tenía que vestir vaqueros, camisa blanca y tacones, pero todo ello sin ropa interior y con un pequeño plug anal en mi culito. Esa mañana me pediste que me depilara completamente y me pusiera  un enema.

Eran las 11:00h y estaba en el baño, depilándome por completo, dejando todo sin un pelo, para que después mi amo pudiese disfrutarlo. Una vez terminada la depilación, cogí el enema que compré la tarde anterior en la farmacia mas cercana, me puse a 4 patas y lubriqué mi ano con un poco de saliva. Apunté con la cánula y la metí poco a poco. A pesar de los nervios, estaba muy excitada y me excitaba mucho mas pensar para qué estaba preparándome. Apreté un poco el bote, y comenzó a entrar liquido en mi interior haciéndome sentir llena. Vacié el bote en dentro de mi y esperé un rato hasta que ya no pude aguantar mas y solté todo en el wc. Me volví a poner a 4 patas y me puse otro enema. Hasta que ya no quedó nada en mi interior.

Apenas comí, estaba muy nerviosa. Una hora antes de nuestra cita, cogí el plug y le puse lubricante. Me coloqué a cuatro patas y lo metí poco a poco hasta que entró por completo.

Era la sensación de sumisión lo que me hacía perder los papeles, estaba excitada, me ibas a usar a tu antojo y yo lo estaba deseando. Con el plug en mi culo, me vestí en 5 minutos. Al salir a la calle, pensaba que todo el mundo me miraba, creía que se me notaba que iba “rellena por detrás”. Cogí el coche y fui al hotel acordado. Mientras aparcaba, me llegó un mensaje al móvil:

“HABITACION 505. Llama a la puerta y cierra los ojos”

Cogí el ascensor y llegué a la 5ª planta. El corazón me latía a 1000 por hora. Habitación 505, aquí está, respiré profundamente llamé a la puerta y cerré los ojos.

-Ummm, pero si está aquí mi putita y tan puntual como a mi me gusta, por fin…  Quiero que des dos pasos al frente sin abrir los ojos.

Obedecí enseguida, y después de escucharse cerrar la puerta noté como ponías un pañuelo en mis ojos.

-Quiero comprobar que has cumplido cada una de mis ordenes. ¿Estas de acuerdo?

-Si.

-Si, ¿que? Zorra??!!

-Si, amo.

-Así me gusta, soy tu amo, me perteneces y voy a jugar contigo, tal y como hemos acordado. Sé que te excita que te diga lo puta que eres, que te insulte y que te utilice como a una zorrita, pues bien, hoy va a ser el día, ¿de acuerdo?

-Si, amo.

Mientras desabrochabas los botones de mi camisa y dejabas al aire mis pechos. Me quitaste la camisa por completo y con un dedo recorriste mi cuello hasta el pezón derecho, lo pellizcaste y se puso duro despues noté como bajabas la cabeza, metiste un pezón en tu boca y comenzaste a lamerlo. Poco después lo mordías lentamente, mas tarde arrastraste tu dedo hasta el pezón izquierdo y repitías la operación, con el mismo dedo bajaste hasta el ombligo, recorriendo cada centímetro de mi piel con suavidad y tranquilidad.

-Putita, tienes unas tetas preciosas, podría morderte los pezones durante horas, pero quiero comprobar que eres tan obediente como puntual.

Decías mientras desabrochabas mi pantalón, lo bajaste hasta las rodillas y me hiciste salir de el.

Palpabas mis muslos y mi culo, notaste como salía la base del plug entre mis nalgas, y lo tocaste haciendo presion hacia dentro. Noté como se movía en mi interior, y se me escapó un pequeño gemido, estaba muy excitada. Me notaba mojada y sentirme usada me excitaba aun mas.

-Ponte de rodillas, quiero que chupes mi polla hasta que brille.

Me puse de rodillas, y pusiste tu polla en mis labios. Empecé lamiendo tu prepucio, después pasaba la lengua desde tus huevos hasta la punta de tu polla y me metía toda tu polla en mi boca, intentaba chupártela lo mejor posible. La notaba grande, y me la imaginaba como en esas fotos que habías intercambiado conmigo. Lamía tu polla, la succionaba, la metía en mi boca para después con mis labios subir y bajar metiendola y sacándola de entre mis labios. Notaba como se iba poniendo cada vez mas dura, hasta que me ordenaste que parara.

– Para guarra, por ahora ya esta bien de chupar… Quiero que te pongas a 4 patas yo te guiaré hasta donde quiero que vayas, ¿vale?

-Si, amo.

Me cogió un puñado de pelo y me guió unos pasos mas adelante, no conocía la habitación de hotel y no sabía su distribución, pero cuando llegamos al borde de la cama, me ordenaste que subiera a ella. Así lo hice.

-Quiero que ahora te pongas boca arriba, con las piernas abiertas y flexionadas. Pon los brazos encima de tu cabeza y ni se te ocurra moverlos. ¿Entendido?

-Si, amo.

Escuché como abría alguna puerta de un armario, cogiste algo y la volviste a cerrar.

-Mmmmmmm…

Era un trozo de hielo, lo pusiste entre mis pechos y lo deslizabas por los pezones, haciendo que se pusieran duros y erectos. Al momento pusiste una pinza en cada uno de ellos, me gusta el dolor que provocan las pinzas en los pezones.

Bajaste con el hielo por la barriga y te detuviste en mi ombligo. Ahí noté como se derretía el hielo poco a poco. Al momento, lo deslizaste por la barriga hasta llegar a mi clítoris… Estaba mojada, húmeda y el hielo hacía que mi clítoris estuviese mas sensible. Sin esperarmelo, colocaste otra pinza sobre el capuchón del clítoris.

-Ahhhhh.

No pude evitar dar un pequeño grito de dolor, tenía pinzado el clítoris.

Con el hielo ya casi derretido, lo metiste en mi vagina que ya ardía de excitacion.

-Mmm estas caliente como una perra en celo, derrites el hielo con solo acercartelo. ¿Notas como ahora chorreas aun mas?

-Si, mi amo.

Sin mediar ni una palabra mas, metiste un dedo en mi  vagina que se hundió por completo sin esfuerzo. Lo sacaste y metiste dos, y con ellos me follaste un buen rato.  Y yo no paraba de gemir. Las embestidas de tu mano hacían que se moviera todas las pinzas que habías colocado por mi cuerpo, lo que hacía que me pusiera mas caliente aun. Estaba a punto de correrme cuando paraste de follarme con tu mano. Sacaste los dedos y me abriste un poco mas las piernas. Tenía las piernas completamente abiertas, quedaba completamente a tu disposicion. Cuando de repente tiraste del plug que aun conservaba en mi culo. No salió a la primera, pero al tirar un par de veces mas, lo conseguiste sacar. Tenía el culo abierto, lo sentía abierto.

Te levantaste de la cama, cogiste algo, y volviste. Era lubricante, escuché como ponías lubricante en tu mano y cerrabas el bote.

-Te voy a contar todo lo que hago, zorrita. Voy a meter en este culito de zorra mis dedos, para follarte el culo como te mereces.

Empezaste con un dedo, que entraba fácilmente, y al momento probaste con dos.

-Uy que putita, acabamos de empezar y ya le entran dos dedos…

Tus dedos entraban y salían de mi con firmeza. Notaba como me ibas follando el culo poco a poco sin descanso y con la otra mano movías la pinza de mi clitoris. Yo gemía con cada embestida de tu mano.

-Sé que te gusta, zorra. Ahora voy a probar con tres.

Me dolía, me dolía porque notaba como se abría mi culo para dejar paso a esos 3 dedos de mi amo, pero estaba tan caliente que gemía por el dolor y placer que me estaba dando. Pasó un tiempo hasta que mi culo se adaptó a esa nueva dilatación para poder empezar a follarme, ahora con tres dedos. Pero una vez pasado ese tiempo, me follaba con contundencia. Me volvía loca de placer, estaba excitadísima.

-Mi amo, me voy a correr, mmmmm por favor, déjeme correrme amo.

-No zorrita, todavía no te puedes correr. Como te corras tendrás un castigo por desobedecerme.

Seguía follando mi culo dilatado, cada vez a mas velocidad, y yo sentía que cada vez sus dedos entraban mas en mi culo. Y de repente, quitaste la venda de mis ojos.

Allí me vi, completamente desnuda, boca arriba, con los pezones duros y con una pinza cada uno, jadeando, otra pinza en mi clitoris, las piernas abiertas y el culo mas abierto aún. Mientras metías tus dedos en mi culo, me mirabas a la cara.

-¡Que cara de zorra tienes! ¡Te encanta sentirte rellena, dilatada!

-Ahhhhhhh, dios! Para mi amo!!!!

Me corri, no pude evitarlo…

-Con lo bien que lo estabas haciendo… Ahora te has ganado un castigo…

-Si, mi amo.

– Te quitaré la pinza del clitoris. Ponte a 4 patas, apoyate en los codos y las rodillas.

-Si, amo.

Mientras me daba la vuelta, vi tu polla, podía medir unos 19cm, quizás 20, y 3 de diámetro. Tambien me fijé en que encime del escritorio de la habitaión habia varios utensilios. Una fusta, un consolador negro bastante grande, mas pinzas…

Fuiste al escritorio y cogiste la fusta, yo ya estaba en 4.

Los pechos seguían con las pinzas en los pezones, lo que hacía que cada vez estuviesen mas sensibles. Ademas ahora me rozaban un poco con las sabanas y con cada roce me dolian aun mas.

-Prepárate, porque has sido una zorra mala, y aqui viene tu castigo. Te voy a dar 10 azotes con la fusta, y con cada azote quiero que cuentes y me des las gracias.

Y soltaste el primer azote, no me lo esperaba. Me entró un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo. El azote me daba en las nalgas y alguna parte de la fusta también me daba en el ano.

-Uno. Gracias amo.

-Dos. Gracias amo.

-Tres. Gracias amo.

.

.

.

-Nueve. Gracias amo.

-Diez. Gracias amo.

-Ese era el último, ahora, voy a follarte como te mereces. Vas a sentirte rellena por todos tus agujeros, como sé que te gusta, zorra.

Trajiste 2 consoladores, los dos bastante grandes. pusiste uno en mis manos, apoyadas en la cama para que no dejara de chuparlo. Te pusiste detrás mía y me metiste el otro por el culo. Te costó un poco de lubricante y paciencia, pero al final entró, y con él, salió de mi boca un gemido de dolor.

Comenzaste primero a follarme el culo con el consolador, para adaptar mi culo a la dilatacion del consolador, y cuando ya estaba diladado me metistetoda tu polla en mi vagina.

-Así me gusta verte zorra, follada por todos tus agujeros.

Me embestías cada vez con mas fuerza, y a eso le acompañaban mis pechos con las pinzas aun puestas. Notaste que no podía aguantar mas…

-Correte zorra, ahora si te puedes correr como la zorra que eres, con el culo y el coño abierto y follado…

Acabé con el mejor orgasmo que he tenido nunca. Aun con el consolador en el culo, sacaste tu polla de mi coño y te pusiste delante de mi cara. Te pajeaste hasta correrte en mi boca, en mi pecho y en toda mi cara.

Mas tarde me quitaste las pinzas de los pezones y sacaste el consolador de mi culo.

Nos tumbamos uno al lado del otro y comentamos nuestra propia sesion sado.

 

 

 

Espero que os haya gustado.

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Una semana en el balneario

Hola, me llamo Carlos y lo que escribo a continuación ocurrió en realidad durante el otoño de 2009.
Desde hace ocho años estoy casado don Miriam, una chica morena, con el pelo largo, y muy buen tipo. Quizá no tenga ninguna parte especial, pero en conjunto es muy atractiva. Nuestra relación actualmente es muy buena, aunque durante el noviazgo y los dos primeros años de matrimonio tuvimos una relación tormentosa, con bastantes escarceos por ambas partes, especialmente con gente del propio sexo tanto por mi parte como por la de ella; actualmente, aunque hacemos alguna salida extraconyugal, es más discreta y menos frecuente.
En el sexo nos gusta de todo, yo me considero bisexual y ella lo sabe, y a ella le ocurre lo mismo con las chicas. A veces comentamos nuestros episodios y al final acabamos calentándonos.
Durante todo el año estuve trabajando mucho y me tocó viajar mucho por España y el extranjero. Por el tipo de trabajo suelo viajar solo, y me toca pasar las noches por muchas ciudades y pueblos, donde a menudo acabo estando en algún club nocturno, tanto hetero, como gay.
Tras un periodo de largo viaje, al regresar a casa mi mujer me propuso ir a un balneario a pasar una semana, para relajarnos y poder estar juntos. Yo estaba encantado y a principio de diciembre nos fuimos. Ya durante el viaje noté que Miriam estaba muy animada; así me comentó que se había depilado toda, que había comprado lencería, que iba a comprar juguetes eróticos en el pueblo al que íbamos, etc. La verdad me sorprendió, pues no suele se tan explícita en estas cosas.
Al llegar al balneario, me comentó que había una cosa que no me había contado, que se trataba de una zona nudista, por lo que la ropa sólo servía para salir a la calle; no es que me molestara, pero me sonó raro. Otra cosa que no me dijo es que había contactado con dos parejas más, por Internet, y que tendríamos habitaciones contiguas que se comunicaban entre sí.
No quise decir nada, pero ya me imaginé de que se iba a tratar la semana de vacaciones, lo cual me desorientó un poco, por una parte por emoción y por otra por sentirme encerrado.
Una vez en la habitación, las otras parejas ya habían llegado; la primera se trataba de una pareja de chicos de color Luis y Carol, que vivían en Madrid y la otra una pareja de Asturias, Diego y Laura, ella una rubia con aspecto de alemana espectacular, con años pero bien retocada y el algo menos resaltón, pero muy simpáticos. Lógicamente todos estaban desnudos, menos nosotros, por lo que enseguida nos invitaron a desnudarnos.
Inmediatamente, Luis y Carol prepararon una pequeña merienda en su habitación, que estaba entre la nuestra y la de Diego. Allí empezamos a hablar de nosotros y de nuestras cosas. Ellos ya llevaban un rato y más o menos se habían conocido, además Miriam les había contado parte de nuestras vidas, por lo que pude comprobar. Tras un rato de conversación, Luis me preguntó de repente, si en mis relaciones homosexuales era activo o pasivo.
Yo me quedé muerto, pues es un tema que apenas lo he comentado con mi mujer, pero nunca fuera, y la verdad no contesté.
Entonces Diego dijo que él iba a romper el hielo, y comenzó a tocar la enorme polla de Luis, que se estaba empalmando por momentos. La verdad es que Luis hace honor a su raza; del mismo modo Diego también se estaba empalmando, mientras comenzaba a lamer su glande con la boca.
Yo estaba congelado, pues en media hora había descubierto toda la jugada, pero la verdad es que no podía quitar la vista de aquella enorme polla y de la de Diego, que era muy larga aunque delgada, como a mí me gustan.
Sin darme cuenta, las tres chicas se habían ido a la cama de nuestra habitación, y comenzaban también a jugar entre ellas.
Diego me dijo: “Te vas a quedar ahí todo el rato, ven con nosotros y elige lo que quieras, como bienvenida”. En ese momento escuché los gemidos de la habitación, y me asomé a ver lo que estaba pasando. Miriam estaba entre las dos chicas, una le comía el coño y ella se lo estaba comiendo a Carol, la cual estaba chupando un enorme consolador. De repente espabilé y me uní a los dos chicos, que me empezaron a comer la polla entre los dos.
Yo estaba como en una nube, por una parte me estaban haciendo de todo ellos, pero también me excitaban las chicas, a lo que Luis le comentó a Diego: “creo que vamos a ir con las chicas también”, y así lo hicimos.
Al llegar tenían ya tres consoladores que se metían unas a otras tanto por el coño como por el culo, y al vernos Miriam dijo.
¿Por qué no apagamos la luz de todas y nos juntamos?, a lo cual respondimos todos afirmativamente.
Apagamos la luz y nos metimos en la cama, ésta era grande, pero al final éramos seis personas y los roces eran continuos.
Aquello fue el paraíso. Al minuto noté que me estaban comiendo el culo, no puedo decir quién era, y yo empecé a comer una polla, eso sí sabía que era la de Diego por lo delgada, a su vez estaba metiendo los dedos en el coño de una chica, la cual tenía un consolador en el culo, pero no supe quien era. Al rato noté que me metían otro consolador a mí en el culo y la verdad es que estaba a cien, mientras averigüé que Luis le había dado por culo a mi mujer, por el grito que pegó; yo mientras cogí a otra chica, creo que Carol, y empecé a follarla como no lo había hecho nunca, mientras seguía comiendo la polla a Diego. A los cinco minutos me corrí, pues aquello no se podía aguantar, y entonces noté como Diego me ponía a cuatro patas y me embestía por detrás, en plan salvaje, como nunca había sentido, mientras notaba una mano en mi polla que intentaba que volviera a excitarse, lo cual ocurrió de inmediato a la vez que notaba una boca en ella.
A partir de esto todo fue un desmadre, se corrieron en mí, me metieron consoladores y pollas, comí la polla de Luis, folle a las chicas por el coño y por el culo y más cosas que no recuerdo.
Al final todos nos quedamos dormidos y extasiados, y a las horas despertamos todos juntos.
El resto de los días aquello continuó, casi todos los días ya con luz, e incluso un día se incorporó una camarera que parecía una modelo y que reconoció que aquello era la orgía más grande que había tenido jamás.
Esa tarde la contaré en otro relato, que no tiene desperdicio.

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Curiosidad

Empecé a besar todo el cuerpo de Ana los muslos, su tanguita, su sexo mojado, pecho y lo que más deseaba sus axilas sudadas. Mientras tanto Ana me tocaba el clítoris por encima de la ropa con una mano y con la otra el culito. Después me sacó las bolitas muy despacio. El orgasmo fue bestial nos corrimos las dos a la vez.

Hola. Me llamo Patricia, tengo 28 años, casada y sin hijos. Mido 1,70 delgada y bien proporcionada. Me gusta cuidar mi cuerpo con una alimentación equilibrada, gimnasio, salón de belleza… Me siento realizada sexualmente con mi marido ya que en la cama con tu pareja todo es válido. Practicamos el sexo oral, vaginal, anal, con juguetitos (bolas, consoladores…), que utilizamos el uno para el otro ya que a mí me gusta ser penetrada por los dos agujeritos simultáneamente y a mi marido tampoco le desagrada que juegue con su culito. También nos gustan las películas de sexo.

Como os he comentado voy al gimnasio a practicar aeróbic. Nunca me había fijado en mis compañeras de gimnasio, pero desde el día que vi con mi marido la película de Enmanuelle en la que la protagonista tiene una relación con una amiga suya en el vestuario después de un partido de tenis, empecé a mirar a mis compañeras de otra manera. Desde entonces cuando estoy en el vestuario, me gusta ver sus maillots manchados de sudor en las axilas, pecho, ingles, las miro disimuladamente cuando se desnudan para ver su ropa mojada. Días atrás, durante las clases, me fijé en una mujer de mi misma edad y tipo que vestida de gimnasia no marcaba la ropa interior. Como coincidía con ella en el vestuario me fijé como iba vestida interiormente. Llevaba unas mini tanguitas semi transparentes en las que la tela delantera era un pequeñísimo triangulito que marcaba todos sus labios y una fina tira por la parte trasera que se escondía en la rajita del culo.

Me encantó su tanguita. Al acabar las clases y desnudarnos para ir a la ducha, dejaba su ropa de gimnasia encima del banco. Cuando veía su ropa sudada, siempre me acordaba de la escena del vestuario de Enmanuelle. Un día no pude reprimirme más y esperé a que se fuera a duchar para tocar y oler su ropa. Cuando cogí sus braguitas tuve una sensación de escalofrío en todo mi cuerpo, estaban húmedas del sudor. Las toqué con suavidad y las olí. En aquel momento me mojé toda. Dio la casualidad que mi compañera llegaba de ducharse y me vio tocando su ropa, entonces me preguntó con toda naturalidad si me gustaba su ropa. Le contesté que sí, pero que lo que más me gustaba era su minúscula tanguita y que me gustaría poder probármela para ver que tal me sentaban para hacer gimnasia con unas iguales para no marcar la ropa interior el maillot. Me dijo que por ella no tenía ningún problema en que me las probara, pero que aquellas estaban usadas y que si quería mañana me traería unas limpias

Le comenté que no hacía falta que me probaba aquellas. Me desnudé (cosa que todavía no había hecho esperando a que se fuera a duchar), y me las probé. Que sensación ponerse aquella ropa todavía caliente y mojada de mi compañera. Como el tanguita era tan mini, me salía vello por la parte superior y laterales. Ana que así se llama mi compañera me dijo tocándome suavemente del vello que era normal que pasara y que si quería usar tanguitas como la suya lo mejor era que me depilara un poco. Me saqué el tanguita y se lo devolví. Después de la ducha me masturbé pensando en Ana. Al regresar de la ducha, vi a Ana doblando cuidadosamente el tanguita que me acababa de sacar. Mientras nos vestíamos íbamos hablando de trapitos y cosas banales. Le pregunté donde compraba esta ropa interior. Dijo que las compraba por internet y que si quería fuera a su casa para desde su PC mirar la página y comprar si me interesaba. Quedamos en su casa el siguiente día por la tarde, antes de ir al gimnasio.

Llegué a casa de Ana una hora antes de ir al gimnasio. Estaba con su marido el cual me presentó y se fue casi inmediatamente a trabajar. Nos quedamos a solas ya que tampoco tenían hijos. Pusimos en marcha el PC y entramos en la página donde compra su ropa interior, quedé maravillada de los modelitos. Ana me dijo que era clienta habitual y que tenía un extenso surtido, que si quería verlos. Le dije que sí que al natural siempre mejor que en las fotografías. Fuimos a su habitación, abrió un cajón de su mesita de noche y había una auténtica colección de tanguitas de todos los colores y modelos a cual más mini y erótico.

Empecé a mirarlos y tocarlos todos. Ana me dijo que si quería probármelos que adelante que por ella mostraba como se veían con su coñito semi rasurado. En aquel momento desee estar en el gimnasio para poder contemplar su coñito y axilas sudadas. (Me vuelve loca el olor de perfume y sudor corporal de una mujer). Nos contemplamos las dos delante del espejo era la primera vez que miraba detenidamente el cuerpo de una mujer. Ana sugirió que me cambiara el tanga y que me pusiera uno igual que el de ella para ver como quedaba mejor el tanguita si viéndose o no los pelines.

Buscó uno igual que el suyo y dijo ven que te voy a cambiar este trapito. Se arrodilló y empezó a bajarme el tanguita negro. Cuando me lo hubo sacado me miró fijamente y empezó a tocar suavemente mi pubis y muslos yo no hice nada para evitarlo. Seguidamente empezó a besar mis piernas subiendo despacio hasta llegar a mi coñito que estaba mojadísimo. Me pasó su lengua por mis labios, buscó mi clítoris y entonces sentí estallar. Ni en las mejores sesiones con mi marido había tenido tanto placer. Continuó por mi barriga, ombligo, pasó por encima de mis pechos que estaban duros como una piedra y buscó mi boca. Nos fundimos en un gran beso (mi primer beso con una mujer). Ana continuó besándome todo el cuerpo, yo estaba en otra galaxia empezando a sudar y gemir.

Entonces tímidamente empecé a acariciar sus nalgas y resto del cuerpo, ella también empezaba a gemir. Ana me susurró que quería que yo la besara y acariciara todo su cuerpo. La bese en la boca jugando con nuestras lenguas, tocándonos nuestros paladares, dientes y saboreando su saliva ¡Qué placer! Continué besando todo su cuerpo. Pasé la lengua por sus axilas (cosa que ansiaba locamente hacer), en este momento exploté y tuve un orgasmo impresionante. Después de estar un rato acariciándonos tranquila y suavemente Ana me comentó que se lo pasaba maravillosamente con su marido, pero le gustaba intimar con mujeres y que él no sabía nada de sus tendencias lésbicas.

Ana volvió a besarme en la boca y me dijo que quería volver a gozar conmigo. Entonces sacó de su mesita un par de juegos de bolitas chinas, me las enseñó y las empezó a chupar, una vez mojaditas me dijo si quería probarlas en mi vagina, le dije que si, ella empezó a introducirlas suavemente, después me pidió que hiciera lo mismo con ella. Empecé a introducir la primera y mientras introducía el resto de bolitas le chupé el coño.

Una vez que tuvimos las dos las bolitas dentro, Ana me comentó que siempre había deseado ir a una clase de aeróbic con las bolitas en el coño para saber que sensación se tiene con el movimiento. Le respondí que era una aventura arriesgada, pero que me seducía la idea. Lo dejamos para el día siguiente ya que hoy ya se nos había hecho tarde. Al día siguiente fui a su casa antes de la clase, nos besamos y masajeamos, una vez calentitas nos pusimos las bolitas una a la otra después nos vestimos por supuesto con las mini tanguitas para la clase de aeróbic y fuimos al gimnasio.

Estábamos muy excitadas con la nueva experiencia, por la calle notaba como se movían las bolitas al caminar y empecé a mojarme, se lo comenté a Ana y me dijo que a ella le pasaba igual. Empezamos la clase de aeróbic y el placer fue inmenso al notar cómo se movían las bolitas dentro de mi coñito con el movimiento rápido de los ejercicios y se me iba clavando el tanguita dentro de mis labios y culo. Al rato no pude aguantar más, noté que me corría y mojaba toda, me dio vergüenza que se pudiera notar en el maillot lo mojada que estaba ya que el tanguita estaba chorreando. Por señales le dije a Ana que me iba al vestuario. Ana me siguió.

Por el pasillo hasta el vestuario le dije que me estaba corriendo viva y no aguantaba más que necesitaba masturbarme. Llegamos al vestuario y Ana me dijo que nos masturbáramos mutuamente que a ella le pasaba igual. Nos quitamos los maillots y sujes cogimos las toallas y el gel y en tanguita fuimos a las duchas, nos encerramos las dos en la misma ducha.

Inmediatamente empecé a besar todo el cuerpo de Ana los muslos, su tanguita, su sexo mojado, pecho y lo que más deseaba sus axilas sudadas. Mientras tanto Ana me tocaba el clítoris por encima de la ropa con una mano y con la otra el culito. Después me sacó las bolitas muy despacio. El orgasmo fue bestial nos corrimos las dos a la vez. Nos duchamos y salimos disimuladamente de la ducha para que no nos vieran juntas. Nos vestimos y cada una fue a su casa. Al igual que Ana mi marido no sabe nada de mis relaciones lésbicas. Nos vemos a diario en el gimnasio y muchos días en casa de una o la otra para amarnos. Por cierto utilizo mini tanguitas para la gimnasia y a menudo para diario.

Hace unos días que nos hemos fijado en una chica rubia con todo el cuerpo bronceado menos la marca del tanguita con el que toma el sol, tiene el pelo rubio al igual que el del pubis, es una tentación ver un cuerpo femenino desnudo al que se le marque el bañador. Ana y yo, queremos conversar y si podemos, intimar con ella. Si ocurre ya os lo contaré.

Un beso a todas.

Autora: pmn82

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