En la clínica privada

Comenzó a penetrarme, muy rápidamente y muy bruscamente acelerando muchísimo sus embestidas, mientras yo intentaba no gritar por el placer, agarrándome de la pared. Él sacó uno de mis pechos de mi brassier y lo comenzó a estrujar, empujándolo al ritmo de sus penetraciones.

Primero que nada, me presento de nuevo, díganme Audrey si quieren, es un seudónimo. Me describo a mí misma, la gente dice que tengo buen cuerpo y lo acepto, soy rubia, con ojos azules y labios carnosos.

Mis pechos son medianos, acercándose más a grandes, y mi trasero es un objeto de deseo. He vivido sola los últimos 3 años, lo cual me ha dado tiempo de fantasear de muchas cosas. El relato que escribiré ahora es ficticio, igual que los personajes y las situaciones.

Durante cierto tiempo, trabajé como asistente de consultorio en una clínica privada, aunque el trabajo era fastidioso, por estar sentada todo el día, casi sin descanso viendo gente enferma, además de que contagiarse era algo fácil. Lo único que disfrutaba de ese trabajo era que el doctor me trataba muy bien; en ciertas ocasiones lo había descubierto mirando el amplio escote que tenía mi bata. Casi nunca usaba nada abajo, por el calor.

Bueno, un día, el doctor me llamó a su consultorio, al cruzar la puerta, noté como sus ojos se encajaban inmediatamente en mis pechos, desvió la mirada inmediatamente y me invitó a tomar asiento. Después de una corta conversación, me invitó a cenar con su esposa a su casa, en 2 días, yo acepté encantada, le dije que me presentaría ahí. Los dos nos levantamos al mismo tiempo y salimos del consultorio. Se ofreció a llevarme, pero le dije que no, que prefería caminar, además de que sólo lo hacía desviarse más.

Ya camino a casa no podía evitar dejar de pensar en el doctor, en la manera en que siempre me veía, y más aún, ahora no podía creer que estaría en su casa dentro de 2 días, quizá debía estar preparada… no, solo ilusiones, recordé que era casado y su esposa estaría ahí. En fin, ya en la esquina de mi casa, cerca de un parque, un sujeto salió con una navaja, y me la puso en el cuello, diciéndome que no hiciera ruido, y que caminara con naturalidad hacia el parque.

Lo obedecí, con miedo a que pudiera herirme. Cuando al fin llegamos a una zona cubierta de árboles, me puso de frente a él y me miró, diciéndome. “Ahora vas a saber para lo que eres buena”; y de un solo tajo, abrió mi bata y mis senos salieron al aire. Intenté taparme, pero el sujeto me tomó las manos y las ató con una cuerda. Me quitó lo que quedaba de la bata, mi cuerpo temblaba, de nerviosismo, de frío y a la vez ¿de excitación?  Me tiró al suelo y me levantó la cadera. Pude ver como sacaba el pene de su pantalón, demasiado asustada como para intentar huir.

El sujeto apartó las bragas de mi vagina y ensartó su miembro dentro de mí, haciéndome gemir. Intenté zafarme, pero me tenía bien sujeta de las caderas. Él me decía que me quedara callada o que me iba a matar, prefería morir, pero poco a poco, esta sensación de dominación me fue dando más placer. Creo que inconscientemente acepté la situación y fue entonces cuando comencé a gozar de aquella violación.

El tipo este, como ya dije, me tenía sujeta de las caderas, con las manos atadas y con su pene dentro de mí. Le dije que parara, que le iba a ayudar con la situación. Me miró unos segundos, sospechosamente, pero finalmente pareció aceptar. Lo senté en el pasto, crucé mis brazos amarradas por su cuello y me levanté poquito, para meterme su pene.

La sensación al principio fue dolorosa, pero muy placentera, me desinhibí totalmente y empecé a gritar como loca, moviendo mis caderas para que su pene entrara en mí cada vez más y más. El sujeto apachurró mis senos, los lamía mientras mordía mis pezones que se habían endurecido, sentía como mi vagina se contraía contra su pene, haciéndome sentir un placer intenso. Comencé a acelerar mi sube y baja de caderas, hasta que un grito del hombre, me hizo saber que acababa de eyacular dentro de mí. Los dos nos relajamos. Su verga seguía dentro de mí, tratando de recuperar la respiración, me eché para atrás y di un último gemido, mientras me apretaba mis pechos. Le di un beso en la boca y me levanté, arreglando lo poco que me quedaba de ropa.

Esa noche, llegué a mi casa y dormí muy cómodamente, preguntándome cómo es que me había excitado tener sexo con un desconocido. A la mañana siguiente, llegué tardísimo al consultorio, pues la aventura me había agotado totalmente. El doctor me recibió apresurado, sorprendiéndose de mi aspecto de cansancio y me pidió que comenzara cuanto antes. Le pedí disculpas y comencé a reorganizar a los pacientes.

Fue otro día aburrido, como de costumbre, sin nada más que hacer, que ver a gente tosiendo, vomitando, corriendo al baño, etc. Si no fuera por el doctor, ya hubiese renunciado hace tiempo. En fin, ya era la hora de salida y las consultas ya habían sido cumplidas, el doctor me mandó llamar. Cuando entré a su oficina, de igual manera que la noche anterior, lo primero que vieron sus ojos fueron mis pechos. Esta vez, sin embargo, lo noté mucho más interesado en mí.

Me preguntó:

-¿Qué te pasó hoy? Nunca habías llegado tarde Audrey, y eso no es todo lo que me preocupa, es decir, con todo respeto, mírate, estás hecha un desastre, ¿Qué te pasa?

Inmediatamente vi mi oportunidad, este era el momento para satisfacer mis deseos por mi doctor.

-Bueno-le dije- lo que pasa, es que… es algo personal, es que es algo que me avergüenza. -No importa, dijo él, cuéntame lo que quieras. -Bueno, lo que pasa, es que ayer, me pasé masturbándome pensando en ti, deseaba tenerte dentro de mí, sólo pensaba en ti, cogiéndome, me imaginaba chupándote todo. -¡Por favor, basta, no sea imprudente, estoy casado! Lo sé- le dije, mientras me sentaba en sus piernas.

Le di un beso en la boca, mientras tocaba su aparato, el cual ya tenía una notable erección. Desabroché mi bata y saqué un pecho de mi sostén, poniendo el pezón en su boca, mientras yo seguía tocando su miembro.

-¿No vas a hacerme tuya? le pregunté. -Agárrate de lo que puedas niña.

Me tendió sobre su escritorio y me abrió de piernas, dejando al descubierto mis braguitas rojas, se deshizo de ellas inmediatamente y comenzó a masajear mi clítoris, metiendo uno que otro dedo en mi vagina, yo empujaba su cabeza hacia mi vagina, quería correrme en su boca, quería que probara mis jugos. Para acelerar la excitación, comencé a acariciar mis pechos, apachurrarlos, lamiendo mis pezones.

El doctor seguía con su exquisita labor, nunca había sentido algo tan delicioso, sin duda su esposa era feliz.

-¡Dame más, dame, dame más! Quiero que me excites, cógeme, te quiero dentro de mí, te deseo, soy tuya, hazme lo que quieras.   El doctor hizo caso omiso a mis peticiones y siguió lamiendo mi vagina. No pude retenerme más, tuve un orgasmo en su boca, se encargó de chupar todos mis jugos. Se embarró la mano con ellos y mojó mis pechos con mis líquidos los sobó, Ahh. ¡Cógeme, cógeme, quiero tenerte dentro de mí! Me moría porque me metiera su miembro.

El doctor me tomó de la espalda, me levantó y me sentó sobre el escritorio. Me quitó la bata, botón por botón y yo desabroché mi sujetador, dejando mis pechos al descubierto total, con mis pezones erectos, manchados de mis jugos.

-Tómalos, son tuyos, ¿Querías mis pechos? ¡Ya son todos tuyos! Crucé mis piernas alrededor suyo y tomé su miembro, hasta tener el glande en la entrada de mi vagina. Puse los dos brazos en el escritorio y entonces él hizo su primera embestida; sentí un placer increíble y me corrí inmediatamente. Sentir su enorme miembro dentro de mí, mi trasero flotaba, mientras mis pechos rebotaban con cada sube y baja de nuestras caderas.

-¿Estás contenta? ¿Quieres más?-dijo el doc. -Dámela toda, le dije.

Me tomó de las caderas y me bajó del escritorio cargada, pasamos, a un cuarto anexo al consultorio, donde había una pequeña cama individual (para propósitos médicos, obviamente). En el camino que me llevó cargada, no dejaba de mirar su pene, era de tamaño muy respetable, como 22 centímetros, muy grueso, me iba a dar un placer inmenso, aún no había dado todo de mí, quería esperar el momento óptimo. En cuanto llegamos al pie de la cama, él me dejó hincada en el piso, y él se sentó en el borde de la cama.

-Quiero que me la chupes, quiero llenarte de semen esa deliciosa boca tuya.

Y luego, luego, me di a la tarea de chupársela, su olor era delicioso, igual que su sabor, la metí completa, hasta casi ahogarme, pasé mi lengua por toda su verga, chupé su cabecilla, y entonces, el doctor me empujó la cabeza, haciendo que su pene me llegara hasta la garganta. Es todo tuyo… y haciendo una última embestida dejó todo su semen sobre mi boca, me escurrió hasta que llegó a mis pechos. Lo embarré en ellos. Su pene parecía nuevo, seguía igual de grande, como al principio. Ahora vas a saber lo que es placer niña, te voy a dar por el ano Esa idea me espantó un poco, pues había oído que era muy doloroso, pero la excitación me llevó a aceptar.

El doctor, me puso en cuatro sobre la cama y me dijo que me relajara, que iba a doler al principio, pero que sería la gloria cuando me acostumbrara. Acepté y me preparé a recibir el impacto de su pene. El doctor jugó un poco con mis enormes nalgas, las acarició y me relajó bastante, mis glúteos se había puesto duros, levanté la cadera un poco para indicarle que era el momento de ser penetrada. Inmediatamente sentí como su miembro se introducía dentro de mí casi completo, dejé salir un gemido de dolor, el maldito no había usado ni lubricante, sentía como me desgarraba el ano, fue un dolor inmenso, que no pude soportar mucho tiempo, intenté salirme de él, pero como había pasado la noche anterior, estaba bien sujeta de las caderas, el doctor no me dejaba salirme.

-¡Déjame, déjame, salte de mí, me estás partiendo, ahhhh, nooo, ayyy, me duele mucho, sácamelo, sácamelo! Pero no me escuchó y siguió con sus penetraciones, cada vez lo hacía más y más duro, y también cada vez me iba acostumbrando más y más al dolor que me produjo ese inmenso miembro, sentí como mis jugos se escurrieron sobre las telas que cubrían las camas, mientras el doctor seguía con sus movimientos de caderas, tuve no sé cuantos orgasmos seguidos, mi vagina se dilató totalmente y mi ano estaba ocupado por alguien más.

-Ahora te voy a llenar toda de semen. ¿Quieres? ¿Quieres? Te voy a soltar todo.

Estaba tan adolorida que no contesté, pero sentí como se corrió dentro de mí y apoyé mi cabeza en la almohada, para ver como se escurría su semen y se mezclaba con mi sangre y mis fluidos.

-Ahora sí, vas a tener que limpiármelo todo.

Debo admitir que me dio asco, puesto que esa combinación es repugnante, pero la excitación me hizo hacerlo. Y vaya que no es algo recomendable, casi vomito. Pero en fin, el doctor me dio un aventón a mi casa y llegué a dormirme, sin siquiera bañarme. Lo bueno es que me dio el día libre, para que me recuperara y pudiera ir a cenar a su casa en la noche, con la esposa. El día siguiente me desperté bastante tarde, el dolor que había tenido toda la noche parecía haber desaparecido mágicamente, de hecho podría masturbarme sin herirme, realmente tenía ganas de hacerlo, pero recordé la velada que me esperaba en la noche, de nuevo con mi doctor, ya vería la manera de hacerlo sin que su esposa estorbara.

Me arreglé muy bien para aquella noche, me bañé, me dediqué especialmente a tallar mis pechos, pues habían quedado con el olor del semen y de mis fluidos. Al salir, rasuré mi vagina, me quité todo el vello que tenía en mi pubis, me puse lápiz labial rojo, atractivo, sombra en los ojos que me hacía ver hermosa, me puse un brassier ajustado, negro, con bordados en las copas, me puse un calzón negro, de esos que se unen con medias, encima de todo, un vestido con escote al frente y a los lados, me hubiera cogido a mí misma de lo atractiva que me veía (sin afán de presumir, pero es la verdad).
Me alisté a ir, tomé las llaves de mi auto y me dirigí a casa del doctor. Toqué a la puerta y me abrió una señora bastante bella, con una voz sensual ¿Audrey?-preguntó. Sí, mucho gusto y me invitó a pasar. La casa era bastante bonita, se veía que le habían dedicado mucho dinero a construirla.

-¿Algo de tomar? dijo ella. No gracias, así estoy bien.

De pronto llegó mi deseo, el doctor vestía un traje, que lo hacía ver aún más atractivo, mi deseo por él se hizo de notar, puesto que mis pezones se pusieron duros al instante. Traté de cubrirlos con el abrigo que tenía, pero aparentemente él se dio cuenta, puesto que su mirada se clavó fijamente en ellos. Pasamos al comedor y estuvimos hablando de cosas triviales, bromeando de algunas cosas, criticando otras, opinando. Pese a que todo parecía ameno, yo me estaba aburriendo, pues mi intención esa noche era cogerme al doctor, a ese macho tan atractivo que en esos momentos me hacía humedecerme nada más de verlo.

Pero mi momento llegó, cuando su esposa dijo: Ahora vuelvo, tengo que ir al baño, sigan divirtiéndose. En cuanto subió el último escalón, lo único que pude hacer fue descubrir mis pechos y enseñárselos al doctor. Se paró inmediatamente y me dio la mano para que me parara.

– Desabróchate el vestido. -Pero su esposa está arriba, doctor. -Hazlo, solo hazlo, nunca se enterará.

La excitación de que su esposa nos viera no me hizo esperar y desabroché mi vestido inmediatamente, él levantó mi abrigo junto con la falda y me bajó un poco las bragas, desabrochó su pantalón y sacó su pene. Inmediatamente comenzó a penetrarme, muy rápidamente y muy bruscamente acelerando muchísimo sus embestidas, mientras yo intentaba no gritar por el placer, agarrándome de la pared. Él sacó uno de mis pechos de mi brassier y lo comenzó a estrujar, empujándolo al ritmo de sus penetraciones.

-Ya te voy a acabar y acto seguido, sentí como su semen se desparramaba dentro de mí, llenándome hasta el tope. Nos relajamos y nos vestimos de nuevo, limpiando nuestros fluidos con servilletas, algo bastante sucio de mi parte, pero era preferible a que su esposa se diera cuenta. Su esposa bajó unos segundos después de que nuestro breve acto sexual acabara.

-Muy bien, ¿De qué hablamos? dijo la esposa de manera dulce. De cualquier cosa…

El celular de mi doctor interrumpió el comentario y se levantó muy rápidamente de la mesa.
Demonios, debo irme, adiós, me necesitan de emergencia en la clínica, mil perdones, adiós. Audrey, nos veremos el lunes. Amor, nos vemos más al rato, perdón. Y así, aquella noche se arruinó, pues sabía que no iba a poder coger más con mi señor del deseo.

-Bueno, será mejor que me vaya, dije, mientras me levantaba de la mesa. – Si, tal vez, sea mejor.

-Adiós- me dijo la esposa del doctor- y de repente me dijo: ¡Adiós, maldita zorra! Mientras me daba una cachetada. -Muy linda cogiéndote a mi esposo, pues ahora vas a saber lo tanto que me dolió.
Me dio otra cachetada y me tendió sobre la mesa. Puso sus manos sobre mis pechos, mientras yo aún no podía creer lo que estaba pasando, me costó bastante trabajo, no sabía cómo reaccionar, no sabía si debía irme, o no sabía si debía quedarme. Pero por el momento simplemente le seguí la corriente a la señora. Me sentó sobre la mesa y me quitó el abrigo, prácticamente me arrancó el vestido, Vaya, un vestido de $500 medio roto por una loca, pero en fin, decidí ver que tan lejos podía llevarme la excitación. Me bajó los calzones de un solo tirón y me dejó con mi vagina recién rasurada tendida sobre la mesa.

-Con que venías preparada para mi esposo, eso es bueno, me dio un par de cachetadas, por alguna razón me excitaron y mis pezones se pusieron duros. Ella continuó con su tarea de desvestirme, tomó un cuchillo de la mesa y cortó mi brassier, liberando a mis pechos de su encierro.
Vaya, con razón mi esposo hablaba tan bien de ti, estás bien dotada niña, pues ahora me vas a ver a mí.

Yo seguía sentada en la mesa, mientras ella comenzó con un bailecito bastante erótico que me excitó al máximo, se quitó la falda poco a poco, dejando al descubierto sus nalgotas, debo admitir que se me antojaron como nada más, pero me mantuve sentada y dejé que la señora tomara la iniciativa. Se arrancó la blusa y con esto, me dejó ver su enorme par de senos, eran lo más hermoso que había visto, eran redondos, con un gran pezón oscuro, tuve el impulso de chuparlos y me abalancé sobre ellos, pero la señora me soltó otra cachetada, esta vez me dolió bastante.

-No, ahora yo seré tu ama, si yo no te pido que me lamas no lo harás. ¿Entiendes? Ven acá, ven.
Y entonces me tomó de los cabellos y me jaló para que la siguiera hasta la cocina. Ya que estábamos ahí me subió al mostrador y me ordenó que me quedara quieta, si veía que me movía, me azotaría. Mis pechos, mis glúteos y mis pezones estaban en su máxima dureza. Se fue por un momento y yo me quedé sola, sumida en mi excitación, preguntándome que era lo que me aguardaba; la noche no era tan mala como creía que acabaría. Y al fin, mi captora regresó, cargando unas cuerdas y una cinta, claro que sabía lo que significaba. Estar indefensa de nuevo, ante una desconocida y con todo mi cuerpo a su disposición, este pensamiento me hizo correrme un poco, traté de contenerme, pero escurrí mis jugos sobre el mostrador.

-¡Límpialos con la lengua!  Ahora, maldita perra, hazlo.

Me di a la tarea de hacerlo, me probaba a mí misma al limpiar eso, me excitaba tanto pensar que había salido de mi sexo. Mientras tanto, mi dueña ya me había atado las manos y los pies, me agarró un busto y jaló de él, para indicarme que me levantara. Me tomó de los pechos y me subió a mi posición en el mostrador. Tomó la cinta y me puso un pedazo bastante grande en la boca. Estaba inmóvil e indefensa.

-Ahora sí, vas a saber lo que soy yo. Sacó un pepino enorme del refrigerador, era ancho y largo, debo admitir que me aterró el verlo, pues no creí que fuera a tener ninguna compasión conmigo. Metió ese pepino de un sólo empujón, casi completo, como 30 cm. Y 8 de ancho, lloré inmediatamente, mis ojos saltaron por el dolor, mientras sentí esa cosa enorme dentro de mí. Me retorcí como pude, intentando que esa cosa saliera de mi vagina, intentando que el dolor cesara, pero no salía, comencé a chillar, pero no podía gritar por la cinta en mi boca. Mi dueña estaba parada, viéndome fijamente, metiéndose los dedos en la vagina, no comprendía cómo es que podía gozar viendo mi dolor.

Nunca había experimentado un dolor tan extremo, creo que me desmayé o algo así, porque cuando desperté, estaba en una habitación, tendida desnuda en una cama, con mi ropa a un lado. Sin dudarlo, me vestí, salí de ahí y renuncié a mi trabajo en el consultorio médico, casi no podía caminar por el dolor que aún me agobiaba.

Bueno, este es el segundo de muchos relatos que les contaré, por favor, mándenme sus comentarios u opiniones y díganme que piensan. Debo aclarar que no soy lesbiana.

Autora: Nellis_cuteblonde

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Mi puta enfermera

Con gusto la comencé a penetrar sintiendo un rico calor que no sentía ni con mi pareja desde hacía mucho, me tomé los pechos y por primera vez nos comenzamos a besar, un beso tan apasionado que olvidé totalmente con quien me encontraba, la penetraba con mi bien dotado pene mientras ella producía un leve pujido de placer.

Esta historia es totalmente verídica, todo sucedió hace algunos meses cuando luego de que la enfermera que tenía en mi consultorio se jubilara, y tuve que contratar una nueva enfermera, esta era una persona mayor, 38 años, morena, de 1,65 metros, nada especial…

Luego de que pasaran unos meses y las cosas entraran en confianza, fuimos conociendo cosas personales de nuestras vidas, ella siempre me contaba de las frustraciones con su pareja, quien luego de procrearle dos hijos se fue alejando de ella en todo sentido, sobre todo en la parte sexual, al principio pensé que sería por lo descuidada que se encontraba, aunque muchos hombres mayores la frecuentaban y es que ella es muy espontánea y habla de temas que muchas mujeres prefieren callar… en cierta ocasión hablamos de lo difícil que era para ella esa situación, más aún estando acostumbrada a hacer cosas con su marido que la habían convertido de insaciable en el sexo, yo pregunté como era eso, más bien intrigado como aquella diminuta mujer pudiera ser tan exigente en el sexo…

Ella en confianza comenzó a contarme que una de las cosas que más disfrutaba era  practicarle sexo oral a su pareja, tanto que no podía dejar de tragarse su semen cada vez que lo hacían, que entre sus grandes pechos, porque en verdad los tiene muy grandes, ponía el pene de su pareja y le propinaba una eyaculaciones fabulosas, pero lo mejor de todo era que el sexo anal la volvía loca, fueron muchas las cosas que me contó que en un momento estaba por tener una erección, traté de cambiar de tema y por algunas semanas no hablamos al respecto…

Meses después mientras hablábamos de cosas de trabajo pude ver un poco bajo su sostén la silueta de sus pechos, por un instante recordé las cosas que me había dicho de poner el pene entre ellas, traté de concentrarme, mientras ella ya enterada que la veía se me acercó y en un acto de  amistad  me dio un abrazo sintiendo esos dos melones que tenía….me sorprendió sentir eso por ella, cuando siempre la había considerado una persona poco atractiva, de hecho hasta mi esposa me había dicho que se sentía en confianza con ella por lo poco atractiva que estaba.

Durante el fin de año salimos junto a otros compañeros a celebrar la cena de navidad, donde tomamos algunos tragos, bailamos todos y al final de la velada me fui a dejarla a su casa, ella estaba un poco tomada y antes de llegar se puso triste, pues me dijo que la había pasado muy bien y que lástima que en su casa las cosas no le daban felicidad, a lo que le dije que si sentía mal que me llamara para conversar, que estaría hasta tarde en Internet y que podría platicar un poco…

Una hora después me llamó para decirme que ya se sentía un poco mejor y que eran los tragos, que mi amistad era una bendición, que de tener ella un hombre como yo, haría todo para no dejarlo perder, que las cosas que me había contado sobre el sexo no eran  nada para lo que estaría dispuesta hacer por complacerme, esos comentarios me pusieron un poco interesado en el asunto y le pregunté que sería eso que podría hacerme, a lo cual contestó que no podía ni imaginarlo por que en el momento solo se dejaría llevar por mi, que ella sería como una esclava, pero que de una cosa estaba segura, que jamás podría olvidar lo que pasara aunque no existiera ningún compromiso entre los dos…

Ya en ese momento estábamos de confesiones, le dije que nunca me había sentido atraída por ella, pero que cuando hablaba de las cosas que podría hacer en el sexo, me sentía muy intrigado y que eso me confundía… ella me dijo que si me sentía muy cansado como para hablar de eso en su casa, que su marido tenía una semana de no estar en casa, pues se había marchado a la casa de un amigo y que estaban separándose… yo también me encontraba solo esa noche y con una mala excusa de que le llevaría unas actas pendientes, le dije que llegaría en 30  minutos…

Me levanté, me lavé la cara para tratar de reflexionar sobre lo que estaba apunto de hacer, pero tenía el morbo en la cabeza y no había nada que me lo sacara de la mente, en unos minutos estaba rumbo a su casa, pasando a comprar una botella de vino y condones por lo que fuera a pasar… llegué unos 40 minutos después, ella estaba ya en bata con un perfume que nunca le había sentido, pensé que sería yo el que terminaría cediendo a sus deseos…

Me puse cómodo, abrimos la botella de vino y rápidamente entramos en el tema que teníamos pendiente… ella me dijo que no pensara en ella como la enfermera de su clínica, que ahora era solo una mujer sedienta de placer y que sería solo ese el tema de la noche… se me acercó y me comenzó a acariciar el pecho con sus manos, me besó el cuello y volví a sentir a ver esos inmensos pechos, pero esta vez no tenía nada, juro que el perfume que tenía me encantaba,

la bata de seda me producía cierto morbo también… me quitó la camisa, mientras me daba pequeños besos en todo el cuerpo, luego de unos minutos comencé a meter mano también entre sus piernas, me impresionó que estaban duras y firmes y no como creía antes…

Le quité su bata quedando dos inmensos pechos frente a mí, me impresionaron, ya para entonces me estaba quitando el pantalón, quedando solo en bóxer, me acarició entre el, dándome una erección total, luego me quedé desnudo, mientras ella comenzaba a darme una chupaditas suaves entre mis bolas y entrepierna, sin llegar a mi pene.

Yo la trataba de llevar ahí, pero ella sabía lo que hacía, me proporcionó una chupada completa para luego llegar a meterse mi pene en su boca, yo mientras le tomaba los pechos y le daba pequeños besos… en un momento me había producido tal excitación y tan loca chupada, que le propuse darle placer a ella también, nos fuimos a su casa y la tendí en la cama abriéndole las piernas, estaba mejor de lo que pensé, estaba muy mojada y un olor que les juro me encantó. tanto que comencé a darle besos y lengua con todo…

Ella solo se retorcía de placer, luego me puse en 69 y comenzamos una loca chupada y metida de dedos que ya estaba por venirme,  pero ella me toca mi pene y comenzó a hacerme una paja entre sus grandes tetas que nuevamente me llevó a una excitación a más no poder… hasta que me vine en su cara, era una locura aquello, pero lo estaba disfrutando tanto… rápidamente se metió mi pene en su boca dejándolo limpio y excitándolo todo nuevamente hasta que se me puso abierta para que la penetrara.

Me disponía a ponerme el preservativo cuando me dijo que no, que confiara en ella que no tenía relaciones desde hace un año y que tenía todo en orden, confié en ella, pues yo mismo le indiqué todos sus exámenes, en fin con gusto la comencé a penetrar sintiendo un rico calor que no sentía ni con mi pareja desde hacía mucho, me tomé los pechos y por primera vez nos comenzamos a besar, un beso tan apasionado que olvidé totalmente con quien me encontraba, la penetraba con mi bien dotado pene mientras ella producía un leve pujido de placer…

Que rico la estaba pasando con la muy puta de mi enfermera… luego ella me pidió que le permitiera besarme el trasero, lo cual me pareció extraño, pero estaba muy excitado, me di vuelta y comenzó a besarme las nalgas, con pequeñas mordidas y me rozaba sus pechos… luego se dio vuelta y me dijo que la clavara por atrás, me di vuelta y le comencé a poner saliva en su orificio y a meterla de a poquito, pero rápidamente la tenía clavada toda, ahí ella comenzó a gritar de placer y a decirme:

-Jefecito que rico me lo haces papi… Soy tu puta que me podes dar por el culo cuando quieras. Métemela toda la verga rica que tenés.

Ya estaba como loco con aquello, le estaba dando una culeada tan rica que me vine con una grandes ganas, solo quería prolongar aquello lo más que pudiera… ¡que locura y que rico!… luego nos quedamos abrazados un rato y nos fuimos al baño donde me pegó la mamada más rica que se puedan imaginar, toda mi verga en su boca, mientras con la lengua me la acariciaba toda…

Ya pasaron 4 meses y no hemos vuelto a tener nada, pero les juro que no pasará mucho tiempo en que nos volvamos a reunir con la puta de mi enfermera y ahora si tengo unos trucos preparados, esa puta preferirá no haberme invitado ya que ahora si le voy a romper el ano… ya les contaré en la próxima… chau…

Autor: Richard

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