Me destrozaron el bizcocho

Encajó la punta en la entrada de mi hambrienta garganta sexual, entre mis labios interiores. Mi movimiento solo logró que entrara más y el dolor aumentó, sentía yo como esa porra se abría paso en mis entrañas lastimándolas, el ardor se hizo insoportable y aquello no paraba de entrar, me estaba matando, y lo sentía deslizándose centímetro a centímetro estrenando mi vagina.

Este es el relato de mi primera vez.

Esto que les voy a platicar ocurrió cuando tenía yo 19 años pero aun lo recuerdo como si hubiera sido la semana pasada. Primero dejen que les diga algo de mi, tengo actualmente 47 años y me considero todavía una mujer muy atractiva a pesar de tener algunos kilitos de más, sin exagerar, pero los hombres voltean a mirarme en la calle, mido 1.72 y peso 75 kg. No tengo un busto enorme pero soy talla 36C y mis caderas y nalgas están bien puestas en su lugar y redondeadas sobre unas piernas largas y torneadas. Con todo he recibido propuestas de todo tipo de hombres que se acercan a mí con intención de llevarme a su cama. Estoy casada por segunda vez y tengo varios hijos, sin embargo todavía soy capaz de darle placer a mi amante de turno.

Como les decía, hace ya un tiempo estaba yo estudiando y tuve problemas con mi madre así que decidí irme a vivir con mi novio, no porque yo lo deseara sino porque no tenía donde irme, siendo todavía virgen le dije a él que no deseaba tener sexo, solo necesitaba cariño y comprensión que no tenía en casa. Él lo aceptó así y me mudé a su casa, los primeros días fueron muy tranquilos, dormíamos en el mismo cuarto pero en camas separadas, pero ya saben los hombres a fin de cuentas solo quieren “eso” y él empezó a acercarse en las noches, se acurrucaba junto a mi, me abrazaba, besaba y decía palabras dulces acariciándome sobre la ropa de dormir, short y camiseta, y yo me excitaba mucho pero no lo dejaba notar, tenía miedo.

Así fueron pasando varias noches hasta que una noche se animó a quitarme la ropa y acariciarme mis pechos con sus manos y fue bajándolas hacia mi palpitante rajita húmeda, yo no quería dejarlo pero estaba tan mojada que me era imposible mantener las piernas juntas, así que metió una mano entre mis piernas y me acarició directamente mis labios, separándolos poco a poco pudo sentir la humedad que me salía y continuo acariciando mi entradita.

– Que rico que sería estar ahí adentro mi amor y tú también vas a sentir delicioso si me dejas hacerte el amor. – Tengo miedo de que me duela. Dije temblando. – No te preocupes déjame acariciarte y besarte y verás que no habrá problema, estás muy lubricada, te va a encantar. – Pero te lo advierto si me duele, te vas a salir de inmediato. le dije. – Claro que si mi vida. Me prometió.

De esa manera lo dejé que me destapara, me sentía cohibida, era la primera vez que alguien me veía desnuda, pero también me provocó más excitación.  Con mucha calma me empezó a besar en la boca con pasión y mis labios le respondieron igualmente, cosa que me sorprendió a mi misma. Me besó por toda la cara, cuando metió su lengua en mis orejas sentí que todo me daba vueltas y las piernas se me aflojaron.

Fue bajando hacia mis tetas, que eran masajeadas por sus manos las cuales dejaron paso a sus labios, besó mis globos rozándolos apenas con su boca y lengua para luego atacar mis pezones, que para ese entonces parecían pitones de toro, de tan duros y paraditos que estaban. Les dio un tratamiento que me pareció una eternidad, chupando, lamiendo, succionando y amasando no solo mis chichitas sino todo mi pecho, era delicioso. Mientras mis bubis recibían ese tratamiento especial, con una mano me acariciaba la cuevita, tocando los labios, el clítoris y haciendo pequeñas penetraciones a mi vagina con un dedo.

– Que rico – pensaba yo – si así es el principio quiero conocer hasta el final.

A estas altura estaba tan caliente que dejé mi pudor a un lado y empecé a acariciar su verga con las manos, no era muy grande pero para ser al primera que conocía me pareció enorme. Poco a poco se fue dando la vuelta para besar mi conchita y tuve frente a mí al victimario de mi himen. Él intentó meterla en mi boca pero me negué, me daba asco, así que la estuve acariciándola y conociendo su forma, sintiendo su rigidez. Él con cariño me explicó como se llama cada parte del pene, así me dijo que se llamaba, en ese entonces yo pensé que era el nombre que él le daba a su palo, no podía pensar otra cosa.

– Hay papito está muy grande, me va a lastimar – le dije. – No, ¿como crees mi amor?, te la voy a meter despacito para que la disfrutes. – Bueno entonces métemela ¡ya! quiero sentirla – le dije con inocencia. – Tus deseos son órdenes mi reina – dijo y se acomodó sobre mi con su garrote apoyado en mi abdomen.

Fue bajando hasta acomodarse justo en la entrada de mi hambrienta garganta sexual y encajó la punta entre mis labios interiores, empezó a empujarla y sentí la húmeda cabecita abriéndome despacito, conforme entraba sentía un calor y picor extraño pero agradable hasta que algo la detuvo de pronto y dejó de deslizarse con suavidad, sentí un empujón profundo y grité un poco ahogada, pero no entraba.

– Si me duele te quitas – le repetí.

Por toda respuesta recibí otro envite que no penetró más, solo empujaba toda mi conchita hacia adentro.

– Ay, ay no sigas que me está doliendo. – Tranquila mi amorcito no pasa nada – dijo él. – Si, ¡no pasa nada! – Contesté – ya me di cuenta que no entra y me duele, ¡así que quítate!

Él se retiró un poco pero sin sacarla del todo y volvió a arremeter.

– Nooo! – grité y lo empujé para un lado.

Cayó sobre la cama y su pene se deslizó fuera de mi coño adolorido haciendo un ruido fuerte al salir. Quedó recostado a mi lado y volvió a acariciarme diciéndome que eso era normal, que muchas mujeres sienten un poco de dolor la primera vez.

– Déjame ver tu cosita, tu himen debe estar muy resistente y no se rompió por eso no pude entrártela toda.

Yo sentía ardor en mi entrepierna pero también sentía una vibración agradable en mi entradita.

– No déjame, estoy toda adolorida, y te lo dije desde el principio. – Pero no me puedes dejar así cariñito, me van a doler las bolas – argumentó. – Me vale madres, ¿crees que a mi no me duele mucho? – Déjame explorarte con mi dedo, veré si puedo romper el himen y ya no te va a doler, de veras – insistió. – Bueno pero déjame descansar un poco, de veras me duele.

Me atrajo y acurrucó entre sus brazos fuertes, me sentí protegida y me abandoné en su regazo.

Pasados uno minutos me volvió a besar y a acariciar la espalda y las nalgas hasta que poco a poco fui respondiendo a sus caricias que eran cada vez más excitantes pues pasaba sus dedos suavemente por mi espalda y la hendidura de mis nalgas hasta tocarme el chochete, jugando con los pelos recortados, de ahí y del culo. Cada vez que rozaba mi ojete sentía yo una descarga eléctrica en mi columna.

Él se dio cuenta como brincaba con el toque de mi agujerito y decidió explorar más. Mojando los dedos en mis jugos, me empezó a sobar cada vez más y luego introdujo un dedo en mi ano. Con eso pegué un reparo, pero no logré liberarme del invasor y él me dijo,

– Calmada, no te muevas que te puedes lastimar. – ¿Qué hiciste, recabrón?- Nada, ¿te dolió? ¿Qué sientes? – Siento algo extraño en mi chiquito, como si me estuviera haciendo del 2. – Tranquila no te estás haciendo, solo te metí un dedo, ¿Cómo lo sientes? – Ay se siente raro, no me gusta, sácalo ¡pero ya! – Espérate dale tiempo a tu cuerpo a asimilar todas las sensaciones nuevas y diferentes que esta recibiendo.

Lo dejé hacer y muy despacio fue moviendo el dedo haciéndolo girar y metiendo y sacando.

– Si se siente muy diferente, pero no quiero, sácamelo.

Lo sacó y continuó con las caricias de mi pepita, entonces se acomodó en medio de mis piernas y empezó a lamerla como desesperado lo que me volvió a excitar. La exploración con sus dedos en mi vagina dio comienzo y me dejé llevar ya que se sentía muy bien. Sentí como llegaron sus dedos a mi telita y al empujarlos era como si estuvieran rebotando en un elástico que poco a poco fue cediendo.

Se subió otra vez sobre mí, amenazando con su instrumento mi bizcocho y de nuevo a penetrarme, la primera parte que ya había sido abierta no fue problema hasta que llegó al himen, que todavía presentaba resistencia. Yo estaba más nerviosa que otra cosa.

– Aguanta un poquito, ya no te va a doler (tanto) – dijo y de un empujón entró otro poco.

Yo sentí que me desgarraba y empecé a luchar para sacármela, pero él hábilmente me había metido las manos por debajo de la espalda hasta los hombros y me inmovilizó. Mi movimiento solo logró que entrara más y el dolor aumentó, sentía yo como esa porra se abría paso en mis entrañas lastimándolas, el ardor se hizo insoportable y aquello no paraba de entrar, me estaba matando, y lo sentía deslizándose centímetro a centímetro estrenando mi vagina. Cuando por fin dejó de penetrar, no se si por que llegó al fondo o por que se acabó la mecha, estaba yo en un llanto. Él me dijo,

– Ya ves ya la tienes toda adentro, fue un poco difícil porque estás muy estrecha.

Yo sentía que mi vagina se contraía de manera violenta con ese intruso metido hasta el fondo lo que provocó que él se viniera en un tremendo orgasmo que me inundó de leche hasta las orejas.

Con el orgasmo él se relajó, lo que yo aproveché para deshacerme del agresor, que salió de mi rapidísimo aventando esperma en mi panza, mis piernas y por toda la cama. Y cosa increíble, al salir mi túnel se contrajo de una forma que me provocó un orgasmo espectacular, vibraba y me revolcaba en la cama con espasmos de placer que duraron casi cinco minutos dejándome totalmente desmadejada.

– Chingas a tu madre, puto – fue lo primero que acerté a decirle cuando me recuperé. – No me digas que no lo disfrutaste – decía riéndose al ver mis contracciones. – Dijiste que me la ibas a sacar si me dolía y al contrario me la aporreaste más – dije llorando. – Ya cosita linda, por lo que pude ver tuviste un orgasmo de campeonato. – Si pero me dolió mucho.

Me abrazó y acariciándome tiernamente me consoló y entre gemidos me quedé dormida un ratito. Cuando desperté todavía sentía el placer de mi orgasmo lo que mitigó el dolor.

Siento decirles que al día siguiente no podía ni enderezarme y caminaba con mucha dificultad. No quise salir de la casa en dos días, por como me sentía, creía yo que la gente se iba a dar cuenta que me habían cogido por primera vez.

Estaba tan dolida no solo de la puchita sino de mi dignidad que dejé de hablarle varios días. Aun ahora cuando me acuerdo de mi primera vez le miento la madre, pero me mojo los calzones y siento como si me estuviera desflorando de nuevo.

Después en el recuento de los daños pensé que a pesar del dolor había sido espectacular, tanto que desde entonces no he dejado de meterme todas las vergas que se me antojan. Y eso habrá tiempo de contarlo en otra ocasión.

Autora: Marielena

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El arte del sexo

Ella lo hacía todo deteniendo mis manos contra el piso. Se movía en forma divina. Me poseyó. Sabía mis sensaciones. Cuando me iba a venir, hacía una extraña contracción con su vagina y me lo impedía. Lo hizo así durante horas. En un momento dado no supe más de mi, estuve en el Universo, galaxias y objetos de todos los colores me rodeaban. Oí cantos angelicales. Vi la gran explosión.

Desde joven me gustó, para eso de las artes del amor, la interacción con mujeres maduras, y hoy que ya soy un hombre maduro y rondo casi los 50, el hábito de enamorarme de mujeres mayores aún no se desvanece. Durante mi última correría pensé que lo que muchos siquiatras habrían calificado como una desviación, gerontofilia o como se llame, al fin se me había curado pues la dama en cuestión parecía de unos 53 años, es decir, prácticamente de mi rodada como decimos en mi tierra. Y eso no solo por el rostro, que revelaba una que otra línea de expresión, pero muy sonriente y con una mirada muy expresiva.

Aunque morena, tenía los ojos claros, entre verde y gris, muy hermosos. Se maquillaba en forma discreta, pero de manera que dejaba que se notara la armonía de sus facciones. Ni siquiera por el cabello entrecano pero bien cuidado, le hubiera podido calcular más de 56 años. Y si era hermosa de cara, su cuerpo era maravilloso. La conocí en la fila del banco. No había reparado en ella pues estaba detrás de mi, hasta que se le cayeron parte de sus papeles de un fólder que llevaba en la mano. Yo leía un libro e instintivamente volteé y me agaché a levantarlos, fue ahí que vi su hermoso rostro muy cercano al mío pues ella había hecho lo mismo, me sonrió y me dio las gracias.

Parecía un poco nerviosa pues me hizo un comentario sobre la lentitud del movimiento en el banco y aún faltaba para llegar hasta la caja. Le dije que no se preocupara, que aunque no pareciera de mucha ayuda yo le cedería mi lugar. Me repitió las gracias, y me comentó que tenía solo unos minutos más para llegar a tiempo a la escuela. Le pregunté si era maestra y sonriendo, me dijo que no, sino que debía recoger a su nieto.

Sin hacer alusión a cuestiones de la edad, le dije que no pensaba que alguien como ella tuviera nietos. Parecía jovial cuando hablaba sonreía mucho y vestía una blusa fresca sin mangas que dejaba ver unos brazos aperlados, y un pantalón ceñido que denotaba unas formas muy femeninas, imagen que se reforzaba muy bien con unas zapatillas muy altas pero elegantes. Se alegró cuando viendo el reloj y lo que faltaba para llegar al cajero calculó que tomando un taxi, llegaría. Yo, sin mencionar que estaba en la hora de la comida le dije que a mi me sobraba tiempo, que me permitiera llevarla.

Accedió y llegamos a tiempo a la escuela. Le pedí que me permitiera completar mi buena obra y acompañarla hasta su casa con el chico, ella aceptó muy animada. En el trayecto a su casa ella adivinó que yo no había almorzado y me invitó a hacerlo en su casa. Me disculpé por que tenía una junta importante por la tarde, pero le di mi tarjeta y le dije que quizá algún día podíamos hacer algo juntos.

Me llamó esa misma noche, poco antes de retirarme de la oficina. Me invitó a cenar. Mi primer impulso fue rehusarme por que pensé que era algo familiar, pero ella insistió tanto, y sin explicar mucho más, me pidió que llevara un vino, mi preferido. Me arriesgué y llegué con el vino y orquídeas. Estaba sola, vestida muy elegantemente con un traje de noche, seda con encaje, abertura a media pierna, zapatillas rosas y se había soltado su hermosa cabellera entrecana. La cena y la plática, iluminada con velas, fueron maravillosas.

Me explicó que había enviudado hacía tiempo, y vivía sola. En las tardes recogía a su nieto en la escuela y lo atendía hasta la tarde en que su hija venía por él. Era una mujer cultísima, había sido maestra de arte y ahora estaba retirada.

No pude resistirme y la besé, mi beso fue correspondido, nos abrazamos. Bajé el sostén, el cuál desabroché suavemente. Sus pezones eran mayúsculos y mis dedos índice y pulgar los disfrutaron, primero en forma delicada pero luego asumieron una brusquedad instintiva que la hizo soltar el onix y tomar mi miembro por encima del pantalón, apretándolo con fuerza como devolviéndome ese placer un tanto doloroso que a veces se da en cualquier preámbulo amoroso. Se dio la vuelta y nos besamos profundamente, como escena de adolescentes. Bajé a su flor. La disfruté literalmente con todos los sentidos. Sus jugos eran abundantes, y habíamos conseguido un armónico entendimiento su clítoris y mi lengua. Se tiró en la alfombra y la penetré.

Sentí como quien se hunde en un mar cristalino y al sumergirse resulta que es el cielo y las estrellas. Me pidió que por un momento nos inmovilizaramos. Yo obedecí, en ese momento ella ya era mi Diosa. Sin soltarnos me dejé guiar por ella. Se colocó encima de mi a horcajadas. Ella oraba en un idioma que yo no conocía, pero que sonaba como a canción de Oriente, tal vez Sánscrito.

El tiempo se detuvo. Ella lo hacía todo deteniendo mis manos contra el piso. Se movía en forma divina. Me poseyó. Sabía mis sensaciones. Cuando me iba a venir, hacía una extraña contracción con su vagina y me lo impedía. Lo hizo así durante horas. En un momento dado no supe más de mi, estuve en el Universo, galaxias y objetos de todos los colores me rodeaban. Oí cantos angelicales. Vi la gran explosión. Me sentí humilde…

Al recuperar el conocimiento sentí su cuerpo desnudo muy terso tocar cada poro de mi piel. Abrazados, cubiertos con unas sábanas muy suaves. Me veía amorosamente, acariciándome el cabello, me besó con ternura. Me preguntó mi edad. Hizo una expresión de asombro, 18 años menos que yo y ya lo sabes, me dijo, yo me tardé un poco más. Tu deber ahora será enseñárselo a otras. Fue así como aprendí el arte del sexo sacro. Hoy se lo enseño a damas en edad madura, que lo quieran aprender.

Autor: Ahchinga

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En la alberca y a escondidas

Mi vagina todavía no recuperaba el tamaño que había dejado mi primer amante de ese día. Entró y salió como 10 veces y de pronto sentí  nuevamente la sensación de su miembro iba a eyacular, y otra vez apreté con fuerza, él gritó y soltó su semen dentro de mi, y creo que vació sus bolas dentro de mí, sentí como salía por mis labios menores, esta vez escurriéndose hacia mi clítoris.

Hola, me llamo Mariel, soy estudiante universitaria,  tengo 24 años y vivo en la ciudad de México,  soy muy bonita, dulce y femenina, aunque no tengo mucho busto, si tengo unas caderas anchas y un buen trasero. Quiero compartirles un relato de algo que me sucedió cuando tenía 19 años.Un fin de semana fuimos varios compañeros de la universidad a nadar a un lugar por Hidalgo donde hay albercas amplias y bonitas, con agua caliente y borbollones, desde que íbamos en el camino yo iba con mi novio jugueteando, besándonos y todo eso que podemos hacer en una camioneta, y pues echando relajo y cantando canciones.

Debo mencionar que el que era mi novio en ese tiempo, lo quería mucho y ya habíamos hecho el amor unas dos veces, entonces pues ya conocíamos nuestros cuerpos y nos queríamos mucho; pero yo sentía que necesitaba más de los 15cm. que él me ofrecía y me daba mucha pena decirle y además no tenía la confianza para decirle lo  mucho que me atraía el placer sexual.

Llegamos al lugar y pusimos  un asador y  todo eso; me fui a ponerme mi traje de baño, era bonito amarillo sin ningún dibujo, me gusta ese color pues contrasta lindo con mi piel morena, lo único malo era que no era de buena marca y si se me ponían duritos los pezones se me notarían fácilmente y ya mojado se transparentaba un poquito, pero pues dentro del agua ya nadie lo notaria (pensé).

Nos metimos a la alberca, nadamos todos, y comenzamos a jugar todas las parejas un juego que aquí en México le llamamos caballazos, este juego consiste en que las chavas nos sentamos en los hombros de los hombres ellos se paran dentro de la alberca y gana el que logre derribar a la pareja oponente, ¿lo has jugado alguna vez?, Jejeje.

Entonces sabrás que lo más rico del juego es el contacto corporal, yo sentía como mi novio me acariciaba la piernas, de pronto ponía sus manos en mis piernas acariciándome la parte interna de los muslos, eso me mojaba más que el agua misma, mi pubis se frotaba conta su cuello y yo lo apretaba más con mis piernas, eso me hacía sentir un liquido más caliente entre mis piernas que el agua misma y mira que eran agua termales, o sea calientes.

Esto me estuvo excitando, luego comenzamos a tomar un poco y yo me sentía mareada  y dentro de la alberca sentía que todo se me movía, además de que reía como loca. Entonces le dije a mi novio que fuéramos a una parte un poquito alejada de la alberca, hasta donde había una cascada, y fuimos.

Fue muy romántico, nos pusimos debajo del agua y no podíamos ni abrir los ojos, entonces así a ciegas, comenzamos a besarnos y acariciarnos, mis pezones se pusieron erectos, él me tocaba  con sus manos bajo el agua solo nos separaba la delgadilla tela de licra de nuestros trajes de baño, sentí como su miembro crecía y eso hacía que me lubricara más. Yo estaba muy excitada y comencé a sentir el deseo de ser penetrada, era como un calor, una ardor o un dolor intenso en mi conchita que exigía ser calmado con una gran inyección dentro de mí, esto aumentaba cuando comenzamos a frotarnos, yo estaba contra la pared de roca atrapada por él y su miembro que me aprisionaba y no me dejaba moverme.

El se movía como si estuviera penetrándome pero los movimientos eran muy discretos pues había gente cercana que podía mirar lo que hacíamos, era delicioso, mi  clítoris estaba tan paradito que podría verse una pequeñísima protuberancia a través de la delgada tela de mi bañador.
Entonces le dije fuerte en el oído (el ruido de la cascada no nos dejaba hablar), métemelo, lo necesito métemelo todo, entonces él me dijo, no como crees, puede vernos alguien. Eso me apagó me frustró y me enojé con él. Nos salimos de la alberca y yo estaba muy molesta, todo el placer que había sentido se había cambiado por  enojo, nos reunimos todos lo que íbamos a comer y era notorio ante todos que estábamos molestos y ya no estábamos juntos ni nada.

Para darle celos empecé a juntarme con un amigo mío… que también iba en el viaje, (me gustaba hace tiempo pero no se habían dado las cosas).  Yo veía como se enojaba y eso me alegraba más, eso le pasa por despreciar mi conchita y por pudoroso, comencé a tomar y  a bailar con mi amigo mientras mi novio ya estaba medio borracho con sus amigos y ni me hacía caso, no se si fue el alcohol o las ganas de  fastidiar a mi novio pero le dije a mi amigo que fuéramos a nadar juntos y él sí quiso.

Mi novio no hizo nada, yo creo que pensaba que lo quería demasiado para hacer algo malo, además ya ni se podía parar, entonces nos metimos a nadar y platicar y me rocé con él varias veces y  me dijo, puedo ver tus pezones a través de tu traje ¡eh! Jejejejeje y le respondí, jajajaja! Yo también veo los tuyos y  le agarré ambos pezones y se los pellizqué con fuerza, eso lo excitó y sentí su miembro crecer, y pensé… ¡wow! Esto si es una buena arma.

Eso me excitó mucho y a él también, entonces le dije que fuéramos a la cascada y accedió, allí cubiertos por el agua nos besamos y tocamos,  fue riquísimo, la idea de estar con otro hombre, que no era mi novio, me excitaba más aun, mi conchita estaba tan mojada que sentía que calentaba el agua de la alberca. Entonces yo no me iba a quedar sin sexo en esa tarde y le dije métemelo, y él, a diferencia de mi novio dijo Siii…

Entonces me recargó contra la pared de aquella cascada artificial, y sin quitarse su traje sacó su miembro, no se si era el agua pero yo lo vi del doble de tamaño que el de mi novio, lo tomé con mi mano y lo sentí tan fuerte, tan grueso, entonces sin quitarme el bikini solo lo hizo a un ladito y se asomaba mi rajita, el jugueteó un poco con mi vellos, esos vellos cortitos y delgados, suaves como un algodón, rizaditos como solo los tienes a los 19,  ya que nunca te has rasurado…

Bajó más su mano y sentí su dedo que iba hurgando lujurioso por mi rajita, hizo pequeños círculos en mi clítoris eso lo levantó, mis  pezones paraditos llamaron su atención y deslizó su mano desde mis nalgas, por mi espalda hasta llegar a mi seno, el cual mordisqueó suavecito mientras lo apretaba con fuerza por su circunferencia. Estando bajo el agua lo abracé con mis piernas y acercó su miembro; a mi me emocionó mucho, sentí su glande buscando abrirse paso entre la tela de mi bañador, como cuando un toro empuja la puerta de su prisión, solo que esta vez no para escapar si no para ser prisionero de mi muy estrecha cueva en ese entonces.

Dirigí mi mano hacia abajo y  antes de que llegara él movió bruscamente su pija y eso le abrió paso hasta el fondo, solo pude gritar un fuerte ¡ahhhhhhhhhhh! de placer, fue un momento inolvidable, sentirme flotando en el agua abrazada a él con brazos y piernas, ensartada en tan tremendo pene y sobretodo ancho miembro viril , fuerte, penetrante, empezó  a entrar y salir, mi propio peso hacía que mi clítoris rozara y se aplastara con fuerza en la base de su pene y eso me hizo tener un orgasmo, pero de pronto algo sucedió…

Una señora con sus dos hijos estaba cerca entonces, para que no se diera cuenta de lo que estaba pasando nos quedamos inmóviles, y eso fue genial, no tienes idea de lo emocionante que fue estar allí, como desnudos ante la gente, sin movernos y su pija dentro de mi,  nos seguimos besando como si fuéramos una pareja común, besándose en un parque o cualquier lugar, entonces como no se iban me acerqué y le susurré al oído, relájate ahora me toca ordeñarte.

Le dije apriétate bien fuerte contra mi, y sentía su pubis fuertemente contra el mío…, podía sentir nuestros vellos púbicos tallarse con tal fricción, lo abracé con fuerza con mis piernas y empecé a contraer mi vagina, a apretar su pene  una y otra mordida, como si mi vagina fuera un becerrito y su pene mi alimento, pude sentir como se excitaba y crecía más dentro de mi…

De pronto tuve un orgasmo y eso me hizo contraer fuertemente mi vagina, él me abrazó bien fuerte y con un grito masculino comenzó a eyacular dentro de mí, sentía la fuerza de sus contracciones, fue tan intenso que hasta imaginaba sentir las venas de su pene duras, dándole firmeza a la pija que en el fondo de mi concha bombeaba espesa leche, como estábamos inmóviles puede contar sus chorros de semen, saliendo dentro de mi, no puedo olvidarlo…

Una contracción pequeña, una mediana , luego una grande acompañada de esa sensación de líquido caliente, otra contracción igual de fuerte y más leche, otra acompañada de un gemido, ahhhhhhhhhhh,  y sentí como su leche salia por mis labios menores escurriendo hasta mi ano, para luego  diluirse por el agua, cuatro contracciones pequeñas más y sentía como se desvanecía entre mis brazos mientras recargaba su cabeza en  mi cabello, inmóvil, su piel erizada y pequeñísimas contracciones cada vez más espaciadas hasta que terminó.

Bajo mi mano, toco sus huevos y están duritos pegados al pene, como fieles bombeadores se relajan y se cuelgan de nuevo, bajo mis piernas, él se hace para atrás y saca su ya débil y semi flácido miembro, acomodamos nuestros trajes de baño, reposamos, no besamos y reímos como niños que han hecho una travesura.

Salimos de la alberca y regresamos con los compañeros, a la fogata, a cantar y convivir un rato, mi novio  me mira, seguro podía distinguir en mi rostro el placer de más de dos orgasmos en menos de una hora, le digo, oye  chiquito, acompáñame al baño ¿no?

El estaba afuera de la puerta del baño, yo me bajé el bikini y él podía ver mis pies con sandalias y bikini en el piso, se escuchaba mi orina dorada caer en el inodoro, un chorro recio, como el de una hembra que acaba de tener sexo, miré hacia el agua del inodoro y veía como mi orina se hacía espuma al chocar con el agua, esa espuma eran mis jugos y el semen de mi amigo, eso me excitó en sobremanera pensar en la leche de mi amigo pegada a las paredes de mi vagina, escurriendo lentamente como espuma en una bañera.

Abrí la puerta del baño, lo jalé adentro, cerré la puerta, le bajé su short y comencé a chupar frenéticamente su pija, los ojos de mi novio se desorbitaban, saqué su pene de mi boca, y mirando su glande, empecé a meterle mi lengua en el orificio de su pene, él se estremecía y alejaba diciendo, nononoo, me duele, pero si paraba decía, sigue, sigue por favor…

Ya lo conocía y sabiendo que pronto terminaría, tuve un deseo sucio y bajo, pensé: ¿tener leche de dos hombres dentro de mí? ¡Wooooow! Me volteé  e incliné con mi mano, dirigí su pija a mi estrecha y casi virginal conchita, entró hasta el fondo muy rápido y él me dijo, oye nena, si que te tengo a mil.

Yo le respondí, claro tigre, jajajaja, lo que él no sabía era  lo que lubricaba mi cuevita eran el semen que su amigo minutos antes había bombeado inundándome,  y que mi vagina todavía no recuperaba el tamaño que había dejado mi primer amante de ese día.

Entró y salió como 10 veces y de pronto sentí  nuevamente la sensación de su miembro iba a eyacular, y otra vez apreté con fuerza, él gritó y soltó su semen dentro de mi, y creo que vació sus bolas dentro de mí, sentí como salía por mis labios menores, esta vez escurriéndose hacia mi clítoris, pues estaba volteada, me acaricié y  nos relajamos.

Volvimos con mis compañeros y estuvimos hasta media noche en la fogata, la sensación de tener el semen de dos  hombres me mantuvo a mil toda la noche, podía sentir como escurría un poquito a  cada instante y se salía caliente de mi concha, una sensación similar a la de estar en mis días, pero esta vez salía semen de mi.

Regresamos a casa al otro dia, y como es de esperarse tuve remordimiento de conciencia, pues temía quedar embarazada, fui muy afortunada y no pasó nada, tampoco me contagiaron de nada, creo… yo solo se que han pasado 5 años de eso, y nadie puede saberlo, pero se que soy adicta al sexo, o a la leche, o no se.

Creo que tengo mucho que contarte.

Autora: Mariel – littlewetgirl

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Primita, el sexo pendiente

La penetración es profunda, intensa, la vorágine de pasión contenida nos acelera, ella se incrusta en mí, estoy en el umbral de la acabada, sin tiempo para más, me salgo y manguera en mano riego su vientre con abundante savia blanca. No fue tan prolongado como suelo hacerlo, pero lo suficiente para que ambos coronemos el acto con los “vivas” de un orgasmo que por poquito no es a dúo.

Pertenezco a una familia bastante numerosa y diseminada por el país, por razones de cercanía solo nos vemos y tenemos contacto con mayor frecuencia una parte de ésta. Dentro de este último grupo está la prima Helena. Desde pequeños nuestras familias han tenido contacto frecuente y estrecho. Fue precisamente con ella que establecí un vínculo donde primó sobre todo el afecto y el compañerismo, el mismo que perdura hasta el inicio de este relato.

Siempre nos gustamos, pero no pasó de ahí la cosa, no por falta de oportunidades, sino tal vez porque una relación de sentimientos o carnal no sería tolerada en una familia tan conservadora como la nuestra. El devenir de la vida nos llevó a formar familia cada uno por su lado. Ella fue la primera en casarse, yo al tiempo, ella separada después de siete años de matrimonio y dos hijas como resultado, yo sigo soportando con estoicismo a la misma mujer. Nos seguimos viendo con regularidad, y en varias ocasiones nos confiamos intimidades a modo de consejo o en busca de esa contención que no podíamos encontrar con otro interlocutor, esos encuentros eran como nuestro lugar en el mundo, ese refugio a los momentos de crisis.

En cierta ocasión me pidió un presupuesto por un trabajo para el taller de calzado donde trabaja Lo aceptaron y de ahí en más su patrón fue mi cliente. Al tiempo empezaron los dramas con los pagos, y comenté con Helena que su patrón me demoraba los pagos, lo justificó con tanto ardor que en cierto momento dijo: “debemos aceptar lo que nos dan…”, ofuscado le dije:

– ¡Un día te va a pedir que le chupes la pija y… vas a aceptar! No bien terminé la frase me arrepentí y disculpé, con el mismo fervor de la ofensa, ella aceptó, pero aún así no se borró el estado de contrariedad que trasuntaba su grácil y bello rostro, que ahora no irradiaba la luz de un momento antes. Seguimos tomando el café, pero había una frialdad como no había notado nunca, para congraciarme con ella ofrecí acercarla a la casa.

Durante el trayecto se disculpó por mostrar su enojo, el dardo lanzado dio en el centro mismo de su conflicto interior, las lágrimas asomaban en los preciosos ojos grises. Estacioné, la tomé de las manos, dolía ser el causante de ese incipiente llanto, no sabía por dónde comenzar para reparar el llanto, hablé más con el corazón que con la razón. – ¿Qué puedo hacer para remediarlo? Me miró a los ojos, entendió y comprendió mi sincera disculpa, posó su mano sobre la mía, la apretó y dijo:

– ¡Sácame de acá!, pueden vernos y crear un nuevo problema, no quiero complicarte, ¡vamos, llévame a otro lado!

De momento solo quería ser cortés, sin otra intención que brindarle un lugar donde pudiera dar rienda suelta al deseo de poder confiarse con su amigo del alma no tuve mejor idea que dirigirme a un hotel para parejas. A pocas cuadras había uno, entrada discreta, sugiero que entremos a tomar algo, se deja llevar, confiada y obnubilada por el pesar, no hizo resistencia ni condicionamiento a mi actitud tan inconsulta.

Los tragos ayudan a la confidencia, se disculpa diciendo que acerté, que por circunstancias económicas se vio exigida a aceptar los avances del patrón, para conservar el trabajo, ahora se sentía arrepentida, humillada y sin saber cómo salirse de la situación, que no había querido confiarme de esta apresurada decisión para no involucrarme. Lloró un poco, se dejó cobijar entre mis brazos, la calidez y el afecto fueron el bálsamo para el dolor íntimo. Por primera vez se había derribado la barrera del vínculo familiar, ahora éramos dos personas que se contenían, solo un hombre conteniendo a una mujer entregada a su custodia y protección.

Ambiente calmo, luz suave y música tenue sedan a Helena, busca consuelo y refugio. De bruces, brazos a los costados, se ofrece al masaje reparador, la piel tersa y cremosa, murmullos de agradecimiento, proporciono lo mejor de mi repertorio de caricias, para hacerlo mejor le quito la camisa, suelto el broche del corpiño, las manos suben y bajan por la espalda, conociendo cada poro, entrando en cada hueco. Ronronea como gata en celo, nuevos murmullos de regocijo placentero llenan de intimidad el cuarto apenas iluminado.

La complacencia y el dejarme hacer, van haciendo estragos en mí, el deseo de poseerla se hace carne turgente, todo mi ser es invadido por el deseo incontrolable de hacerla mía, no cabe en mi seso ni en mi sexo otro objetivo que no sea estar en ella cuanto antes.

Mi boca tomó contacto con el dorso de Helena, gustosa recibió los besos en el cuello, la estremecen toda, mis manos se pierden bajo su cuerpo hasta contener uno en cada mano. Se deja tomar por las cúpulas, cuando la pinza del pulgar e índice frotan los “timbres” gime complacida. No hay preguntas, es como si ese instante mágico hubiera sido esperado desde siempre, sin sorpresas, con naturalidad, dejamos que el instinto fuera el conductor de la locomotora descontrolada de la pasión.

Sin apresurar los tiempos, seguí buscando sus lugares ocultos, entrando en cada resquicio, demorando el contacto digital, hacerle saber como en la ceguera del deseo oculto voy reconociendo a tientas el mapa erótico de una mujer que busca contención, pasión y desenfreno. Solo gime, se agita en cada caricia, vibra con cada beso, estremece con cada lamida.

Arrecian besos y caricias sobre los pezones, quiere más, el momento decisivo se aproxima, es tiempo de recuperar el tiempo perdido, aprobar la asignatura pendiente. Vuela el jeans, sacar la tanga es la excusa para meter la mano entre las piernas y entrar en la íntima humedad. El deseo reprimido emerge en el húmedo contacto vaginal, los dedos encuentran el secreto botón del placer, acariciarlo y tenerlo entre los dedos es como encender el precursor de una bomba atómica. Gimotea anticipando un orgasmo muy sentido, estremecida, voy regulando la intensidad y duración, demoro y alargo hasta la exasperación. El ansiado desahogo la invade toda, tan esperado como la lluvia en el desierto, es el bálsamo que calma los ardores de un deseo contenido por años, la fantasía hecha carne.

Solo pudo pronunciar un ¡Ahhhh! profundo, como venido desde muy adentro, y luego el dejarse llevar por mi mano, conducirse en una seguidilla de estertores y contracciones hasta quedarse laxa, mansita y con una sonrisa dibujada en su rostro. Solo me mira y sonríe, sin capacidad de habla. Quedé a su vera, velando el relax, dejándola que goce el éxtasis del placer en silenciosa contemplación, que era mi forma de decirle gracias por haberme dejado llevarla al paraíso.

Cuando regresó de su viaje celestial giró, se colocó frente a mí, nos besamos profundo y prolongado, Helena urge una reparación para mí, necesita devolverme una parte de la gloria que transitó.

De espaldas, piernas abiertas me guía entre los labios vaginales, los pies enlazados a mi espalda ayudan a la penetración profunda, intensa y sentida, la vorágine de pasión contenida nos acelera, ella primero, se incrusta en mí, estoy en el umbral de la acabada, sin tiempo para más, me salgo y manguera en mano riego su vientre con abundante savia blanca y caliente. No fue tan prolongado como suelo hacerlo, pero lo suficiente para que ambos coronemos el acto con los “vivas” de un orgasmo que por poquito no es a dúo.

Me hubiera gustado hacerlo eterno, pero en la urgencia de la calentura no daba para prolongarlo demasiado, aún así fue tan intensamente vivido que cuando salí de ella tenía las piernas temblando, era la emoción de haber poseído algo que era mío, tener ese cuerpo que me pertenecía más que a nadie.

Me volvió a sonreír, no necesitamos expresarnos para comprender que pasaba dentro de nosotros. Agradece la delicadeza de no terminarle adentro, hubiera gustado de sentirla, está protegida, pero las urgencias afectivas y la emoción no dieron tiempo para enterarnos. – El próximo lo quiero en vivo y directo, adentro quiero sentirte. Fue complacida, previa mamada, se la mandé adentro de la conchita, gozó el contacto directo con el semen. Nos abrazamos, como amantes reprimidos y contenidos por años, es el momento del desquite, recuperar el tiempo de amor perdido. Nos debemos muchos más momentos de amor y sexo.

Luego de este primer encuentro hubo varios más y de contenido más hot, pero por ahora, amigas lectoras espero que lo hayan disfrutado e interpretado tal como fue mi intención al relatarles una parte de mi vida que pocos conocen, pero que tuve mucho placer en compartir con ustedes, es una forma de poder sacar esos momentos que nos acarician el alma y queremos revivir, pero no es fácil contarlo. A través de esta ventana que Marqueze pone a nuestro alcance tenemos una forma de hacerlo.

Si entre las lectoras se encuentra alguna que haya tenido experiencias como la mía, me gustaría saber de ellas y compartir las propias, de momento agradezco haberme dejado entrar en su atención y reitero que las espero en la dirección de correo que figura al pie.

Un beso.

Autor: Arthur

arthurk1986 (arroba) yahoo.com.ar

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