Yo era parte del trato 2

Me acerqué a su miembro estando arrodillado y comencé a chuparlo, el Cliente se hizo para atrás y dejó que hiciera lo mio. Pensé que Javier, arrodillado detrás mio, me penetraría, pero no fue así, simplemente me dio una nalgada y se sentó en un pequeño silloncito a mirar la escena.

Movía mis nalgas lo mas sensual que podía, tratando de invitarlo a entrar, quería que fuera el primero, pues ademas de que su miembro era mas chico y sería mas fácil para arrancar, me daba algo de pena no satisfacerlo a el primero. Si quería mirar, le daría un buen show.

Me desnudé y seguí  chupando el miembro del cliente, lamiéndolo desde la base, metiendo solo la punta y chupándola mientras jugaba con mi lengua, mordidas suavecitas en las pelotas… todo mi repertorio. De repente se paró y me agarró del cabello y comenzó a bombear mi garganta, pero dándome chance de respirar cada dos o tres bombeadas.

Para esto a mi ya se me había olvidado que estaba javier viendo, solo me levante, tome su miembro entre mis manos, me puse de espaldas contra el, arrimándome su miembro y le dije -“¿me la metes?”

Aunque estaba algo nervioso por el tamaño, estaba extremadamente caliente y no podía soportar más. Me tomó de las caderas, me giro hacia la cama y me empinó. -“Pon los codos en la cama”- me dijo y así me quedé arrimado contra su miembro hirviendo, con las piernas estiradas y los codos en la cama.

Javier le pasó algo, -“el condón”, pensé, se despegó de mí, se lo puso, me puso alguna crema en mi culito y se apoyó. -“Ven a ver como se la meto”- le dijo a Javier, que de inmediato se paró al costado de la cama, el cliente me giro un poco para que quedara mi rostro a la altura del miembro de javier y sin que me lo pidieran se lo comencé a chupar.

El cliente se acomodó en la orilla de la cama, volvió a apoyar la punta hirviendo de su miembro justo en la entrada y comenzó a empujar.

Pensé que costaría trabajo, pero gracias a la crema, entró la punta, me dolió pero al mismo tiempo se sentía hirviendo , muy diferente a las demás veces con otros hombres y aunque apreté un poco, el resto de su gran miembro se deslizó hasta el fondo de mi culito.

Tres chorros de leche salieron de mi miembro, estaba loco del placer… se hizo para atrás y pensé que me dolería, pero se deslizó con facilidad y comenzó a cogerme, yo temblaba recibiendo todo aquello y en mi boca noté que Javier estaba mas excitado que nunca.

El cliente solo hacía ruidos y de vez en cuando decía cosas como “Que rico culo”, “Vamos a tener que hacer muchos negocios”, “Eso, eso”, “Muévete sola”. Yo de repente buscaba los ojos de Javier, que siempre que se encontraban nuestras miradas, me hacia una cara de “muy bien, dale” dándome su aprobación para todo lo que sucedía

Comenzaron a ser tan fuertes los empujones del cliente, que después un rato, javier estaba sentado ya contra la cabecera de la cama y yo de perrito recibiendo al cliente.

-“y te estoy cumpliendo otra fantasía que me habías contado”, me dijo Javier. No sabía de que hablaba, el trío y mirar eran sus fantasías. (Aunque yo las estuviera disfrutando) Me saque su miembro de la boca y a penas pudiendo hablar le dije -“Cual fantasía?”.

El cliente me la enterró hasta el fondo y con sus manos pellizcando mis pezones, me levanto hasta quedar mi espalda contra su pecho, los dos de rodillas.

Sin salirse ni un milímetro me dijo al oído-“te la estoy metiendo sin condón y usando pura vaselina”. Me calenté al doble de lo que estaba, empuje mi culo con todas mis fuerzas contra su miembro para que entrara si es posible un milímetro mas.

Me empinó de nuevo pero después de unas pocas metidas, se salió. Giré a mirarlo y vi que se fue al silloncito donde antes estaba javier.

-“Venga potranca a montar su caballito”

…continuará.

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Mi esposa y mi nuevo contrato

Andrea se sentó tomando la verga de Nick e introduciéndosela en su vagina mirándolo con ojos de sumo placer. Nick la penetró por completo, comenzando Andrea a cabalgar en esa enorme verga muy caliente, mientras él le chupaba una vez más sus exquisitas tetas, ambos se vinieron corriéndose Nick con abundante esperma dentro de mi esposa, y ella gritando de placer de una manera increíble.

Me casé con mi esposa Andrea luego de que ella cumpliera sus 19 años, yo tenía 25. En ese momento yo tenía un buen trabajo, que me permitía tener una vida holgada y tranquila en lo económico, además contaba con la amistad de mi jefe, un tipo mayor, divorciado amante de la buena vida.

Mi esposa con sus 19 años era un verdadero manjar fino a ojos de muchos, mediana estatura, delgada, piel blanca, cabello castaño claro, ojos cafés, senos medianos con una aureola rosada y buen pezón, caderas anchas con un culito redondito y bien parado, de tamaño mediano, y siempre con una actitud muy sexy. Siempre fui su único hombre, puedo decir con orgullo que la desvirgué a sus 15 años, y hasta ese entonces jamás fue tocada por otro hombre. Cada vez comenzamos a tener un sexo más placentero, aprendió con creces todo lo que pude enseñarle, perdiendo por completo todo pudor y complejo en la cama, como yo, se hizo una amante del sexo fuerte.

Mi jefe tenía una casa en la playa, donde los fines de semana se “relajaba” en fiestecitas donde no faltaba el buen trago y las comidas, siempre acompañado de sus mejores amigos con sus parejas y algunas putitas amigas de él que siempre invitaba para su deleite personal. Como era obvio, gracias a mi buen trabajo, me comencé a ganar invitaciones a su casa los fines de semana a disfrutar de ese relajo, obviamente me invitó que fuera pero siempre con mi joven esposa.

Cada vez que íbamos lo pasábamos muy estupendo, al acostarnos en una habitación que siempre ocupábamos, teníamos sexo fuerte, sin límite. Mi jefe, un macho caliente de 50 años, no escatimaba seductores elogios, pero sin propasarse mayormente, para mi pequeña bebe, como llamábamos a mi esposa. Andrea, de a poco fue entrando en confianza, convirtiéndose en la regalona de mi jefe, ya que aportaba con su juvenil belleza y simpatía a la alegría que reinaba en esa casa.

Yo nunca he sido celoso, así que instaba a Andrea que cada vez que fuésemos a la casa de mi jefe, se vistiera muy sexy, con faldas o vestidos muy cortos y ajustados, escotes, tops, tacos, etc. Incluso para bañarse en la piscina le pedí que usara un biquini muy pequeño. Comenzó a ser la delicia del lugar. Un día mi jefe invitó a un amigo de él, que residía en el extranjero, de visita en el país, con el cual comenzarían una serie de buenos negocios, a que pasara un fin de semana de aquellos en su casa. Nick, como se llamaba, era un tipo de mucho dinero, de unos 55 años, alto, bien apuesto y muy en forma para su edad. Apenas vio a mi esposa el primer día que llegó se prendó de ella, comenzando inmediatamente una sutil seducción, la que para mi admiración Andrea comenzó a responder también muy sutilmente, entre conversaciones y bailes.

Esa noche al acostarnos y comenzar nuestra acostumbra y muy esperada sesión de sexo, noté mucho más caliente a Andrea, pidiéndome incluso que se lo hiciera por el culo, situación que me produjo extrañeza, pues siempre tenía que batallar mucho con ella para que me permitiera el sexo anal. La verdad que junto a sus teta su culo era mi adicción. Al día siguiente, sábado, nos levantamos como de costumbre cerca del medio día, y nos fuimos a reponernos a la piscina, ella se puso un pequeño bikini blanco, con un calzón tipo colaless, sin pareo mostrando su exquisito culito, además el sostén era muy pequeño el cual a penas tapaba sus duras y juveniles tetas. Pude ver todo el día como Nick el amigo de mi jefe, miraba sin parar a Andrea. Si lugar a dudas que ese manjar de 19 años lo tenía a punto de reventar.

Llegada la noche, nos preparamos para una jornada de buena fiesta, mi mujer se bañÓ largamente, se puso un vestido a media pierna de color blanco, muy ajustado a su cuerpo, sin espalda, amarrado al cuello y con un escote hasta más debajo de su ombligo y que apenas tapaban sus juveniles pezones, una tanga blanca que era un hilo en su culo, y adelante un triángulo muy pequeño que se metía en su depilada vagina, dejando casi sus labios al aire, obviamente sin sostén, además se puso unas sandalias de correas muy finas, taco muy alto y fino, las uñas de sus delicados y sexys pies pintadas de color rojo, con un añillo de oro en un dedo y una cadena también de oro a su tobillo derecho, su pelo tomado desordenadamente con su cuerpo muy perfumado, o sea como decía siempre mi jefe, un exquisito y muy caro manjar de 19 años.

Al llegar al living, pude ver los ojos de deseo de Nick al ver a mi esposa, bueno como los de varios. Inmediatamente mi jefe se me acercó y me dijo que necesita pedirme un favor urgente, me solicitó que por favor saliera hasta el pueblo a comprar dos botellas de whisky, de la marca preferida de su amigo, ya que a él no le quedaba, yo asentí y cuando quise pedirle a mi esposa que me acompañara, mi jefe me detuvo y me dijo que la dejara ahí, que fuera solo, que él la cuidaría. Extrañado y sorprendido acepté, antes de partir vi como Nick, el amigo de mi jefe, y mi esposa se juntaban a conversar en el bar, muy amistosamente, y pude ver como mi esposa le sonreía a Nick muy sensualmente. Mi jefe me miró y acompañándome a mi auto me tomó el hombro y me dijo que Nick había conversado con él y había decidido hacer un muy suculento negocio con mi jefe, y que quería que yo lo manejara, así que fuera inteligente y que no perdiera esa oportunidad de oro por un arranque de celos estúpidos.

Tomé mi auto y me marché, pensando en las palabras llenas de indirectas de mi jefe, pero también en la posibilidad que tenía por delante. más o menos me demoré una hora en ir y volver, cuando llegué vi a mi esposa que estaba bailando muy sexy con Nick, muy juntos, mi jefe me llamó y me invitó a sentarme junto a él y a su amiguita a tomarnos una de las botellas de whisky que había comprado. No podía dejar de mirar como ese tipo de 55 años, seducía a mi bebe mientras bailaban, ocupando toda sus mañas de viejo zorro en esos campos. Fácilmente me podía percatar como se acercaba a sus oídos y le insinuaba algo, puesto que mi esposa lo miraba muy sorprendida pero sin negarle una cómplice sonrisa, además podía ver como se daba mañas para rozarla, abrazarla y hacerle de a poco sentir su verga en su culo, ocultando ese acto con movimientos propios del baile, pero también me percataba que con ese movimiento mi esposa cerraba sus ojitos y se quedaba muy quieta, aprobando su actitud.

No se si el trago que había bebido, que a esa hora del día ya era bastante, comencé a sentirme mareado, situación que rápidamente comenzó a aumentar, situación que se agravaba con los insistentes brindis de mi jefe, hasta que sucedió lo que tenía que suceder, me quedé dormido en el sillón. Dormí como por dos horas, al despertar muy perdido me percaté que ya no quedaba nadie, solo mi jefe con su amiguita muy acaramelados en un sillón adjunto, y al mirar al centro de la sala, que estaba casi a oscura vi a mi esposa colgada del cuello de Nick besándolo muy caliente, y él con sus dos manos debajo del vestido de ella acariciándole el culo. Quise incorporame y detener ese espectáculo, pero mi estado y mi jefe me lo impidieron, diciéndome que los dejara, que era una orden. Al volver a mirar vi como mi esposa sin dejar de besarlo, comenzó a desabotonar por completo su camisa, comenzando a besar su pecho, pasando muy eróticamente su lengua, esa situación junto con sorprenderme me puso mi verga muy dura, ya que Andrea siempre me dijo que no le gustaban los hombres con mucho pelo en el pecho.

Tras eso, Andrea lo volvió a besar muy apasionadamente, él le dijo algo a su oído, ella le sonrió y lo tomó de la mano cual pareja normal y se fueron a nuestra habitación, riéndose ambos, entraron y dejando la puerta abierta como si nada. Me quedé un rato extasiado con lo que estaba viviendo, me serví una copa, la que me tomé de un solo trago, me serví otra, prendí un cigarrillo y me dirigí a la habitación, al llegar me paré en la puerta sin que me vieran, observé que ambos estaban parados en un balcón de la habitación, Nick tenía abrazada a Andrea por detrás, besándole el cuello y recorriendo con sus manos sus piernas, mi verga se puso muy dura, la cabeza del pene me dolía puesto que la tenía muy hinchada. Una mano recorrió sus piernas por dentro hasta la vagina de mi esposa, ella se abrió de piernas permitiéndole que la acariciara, mientras la otra mano, comenzó a tocar sus senos. Podía escuchar los gemidos suaves de Andrea, mientras claramente Nick tocaba su clítoris, y pellizcaba sus pezones. Andrea giró su cabeza introduciendo su lengua en la boca de Nick, encorvando cada vez más su espalda, señal clara de su éxtasis. No pasaron más de dos minutos y Andrea comenzó a tener un clímax el cual gozó como la chiquilla que era.

Me excitaba ver como ese hombre, mucho mayor que mi esposa, la gozaba, pero sin duda me excitaba mucho más ver como ella, con tan solo 19 años, gozaba a ese tipo, mucho mayor que ella. Al acabar de esa forma, Andrea giró y colgándose una vez más de su cuello, lo premió con otro excitante beso. Ahí Nick besó el cuello de mi esposa, comenzando a bajar con su lengua hasta llegar a sus tetas, tomándola fuertemente de la cintura y comenzando a chupar sus exquisitos pezones, Andrea se quejaba y sonreía en una señal clara de aprobación. Estaba en eso cuando ella me vio que estaba para ahí, riéndose me dijo:

-Mi amor, ¿despertaste? – a lo que le respondí, preguntándole que estaba haciendo, Nick me miró y sonriendo me dijo – La bebe está firmando tu contrato. Andrea me dijo: -Tienes dos caminos, irte a casa, o entrar, sentarte en ese sillón y masturbarte gozando viendo como mi nuevo papi me hace gozar, porque hoy voy a pasar una noche muy exquisita con Nick, mi otro papi. Tras eso Andrea le dio otro beso a Nick.

Me dolía tanto la verga, que entré, me bajé los pantalones, me senté en un sillón que había en el balcón y comencé a masturbarme, Andrea se acercó a mi, me dio un beso y se fue donde su amante que se había sentado frente a mi en otro sillón. Prendió un cigarro y se sentó en sus piernas, subiéndose el vestido hasta la cintura. Nick comenzó a chupar las tetas de Andrea muy apasionadamente mientras tocaba su culo, corriendo el hilo de la tanga e introduciendo un dedo en su hoyito.

Andrea comenzó a moverse muy enérgicamente gimiendo como una chiquilla, lo que nos calentaba más a ambos. Una vez más mi esposa se vino como una verdadera putita. Sin dejar de besarlo se corrió un poco hacia atrás y rápidamente soltó su pantalón sacando la verga de Nick comenzando a masturbarlo. La verga de Nick era inmensa, debo decir que mucho más grande y gruesa que la mía, lo que a ella la calentó aun más, ya que rápidamente se arrodilló en el suelo y comenzó a mamarla entera muy desesperadamente, pasándosela por sus tetas y masturbando en su pequeña boca. Nick se encorvaba de placer, soltando pequeños chorros de esperma, que ella se comía con mucho placer.

Nick le dijo que parara que ya no aguantaba más y que se iba a correr en su boca, Andrea se paró muy sensualmente y se volteó a tomar un vaso de whisky que había en una pequeña mesita al medio, agachándose con el culo hacia él, no perdió tiempo y comenzó a pasar la lengua por el culito de ella, provocando más placer en mi mujer, luego de un minuto de eso Andrea se paró frente a él, se sacó la tanga y colocó un pie en la rodilla de Nick ofreciendo su pequeña y caliente vagina, él comenzó a lamérsela, chupando extasiado al sentir su sexo completamente depilado, lo que la hacía verse aun más como una bebe.

Andrea me miró y tirándome un beso, me dijo, ¡Goza!, sentándose de frente una vez más, tomando la verga de Nick e introduciéndosela en su vagina muy suavemente mirándolo con ojos de sumo placer. Nick la penetró por completo, comenzando Andrea a cabalgar en esa enorme verga muy caliente, mientras él le chupaba una vez más sus exquisitas tetas, mientras yo me masturbaba tratando de calmar el dolor de la cabeza de mi verga. Ambos se vinieron rápidamente, corriéndose Nick con abundante esperma dentro de mi esposa, y ella gritando de placer de una manera increíble, como nunca lo había hecho conmigo y al mismo tiempo que yo también me corría.

Los tres quedamos casi muertos, ella comenzó a besarlo nuevamente, moviendo sus caderas una vez más muy suavemente, pues él aun seguía con su verga dura dentro de mi esposa. Nick me miró y me dijo que jamás había tenido una vagina de una bebe, era un sueño. Lo miré aun caliente y le dije:

-Y eso que no has probado su culito.

Andrea me miró sorprendida, le dio un buen beso a Nick, se paró dándole la espalda, diciéndole que le chupara el culito, luego de unos segundos se sentó nuevamente en él, dándole la espalda, tomando su verga y colocándola en el culito, introduciéndola muy lentamente, una vez más hasta el fondo. Andrea comenzó a gritar de dolor y placer, pero sin parar se comió todo ese enorme pedazo de carne por su hoyito hasta hacerlo acabar una vez más dentro de ella.

Luego de unos segundos de descanso, Andrea me miró y me dijo que me fuera a acostar a otra habitación, que ella se quedaba con Nick esa noche. Hasta las 9 de la mañana escuché los gemidos de Andrea, sin duda ambos se dieron un festín, Nick gozando una chica casada de 19 años, que por primera vez tenía otro hombre y Andrea gozando su nuevo papi maduro, que le enseñó a ser una verdadera putita bebe, muy cara y yo disfruté mi nuevo contrato. Cada vez que Nick viajaba a ver su negocio, Andrea lo atendía, pero eso es otra historia.

Autor: Opcech

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Casada insatisfecha

Así con la verga enterrada en mi culo cambiamos de posición, de tal forma que el que me tenía ensartada por detrás quedó echado boca arriba y yo encima de él, dándole la espalda y con las piernas abiertas. El otro se puso encima mío y me la metió por la concha y los tres nos movíamos haciéndome delirar entre besos, caricias y sus dos vergas dentro de mí.

Empezaré este relato contándoles primeramente algo de mí. Soy una mujer de 38 años y estoy casada hace 15 años. Vivo en un país de América del Sur y no diré que país es, ya que no quiero que mi marido o algún conocido lea casualmente este relato y me reconozca. El hombre que me hizo mujer fue precisamente mi esposo y siempre pensé que las relaciones sexuales eran de la forma que él quería.

Debido a la crianza estricta que tuve, nunca se me ocurrió decirle a mi marido que quería experimentar una nueva posición en la cama ya que temía que me preguntara donde la había aprendido. Además él siempre ha sido muy convencional y solo hacemos el amor de una forma.

Las amigas que tenía me hablaban de cosas sobre el sexo que me llamaban la atención, como el tamaño del pene y las diferentes poses que ellas habían practicado. Cuando ellas hablaban esto yo fantaseaba como sería que te penetrara un hombre con un pene de esas dimensiones, y mi cuerpo sentía sensaciones nunca antes experimentadas

En las mañanas me dedico a mostrar casas a potenciales compradores y en la tarde estoy libre para estar en mi casa, y gracias a este trabajo tengo oportunidad de conocer mucha gente. Fue así que un día conversé telefónicamente con un cliente que deseaba visitar una propiedad, e hicimos una cita para el día siguiente.

Siempre que voy a mostrar una casa trato de vestirme sobriamente para dar una buena impresión a los clientes, y debido a que nos encontrábamos en la estación de verano, saqué del closet un conjunto claro. Puse sobre mi cama una falda y una blusa de gasa y entré a ducharme para sentirme fresca. Al salir de la ducha puse agua de colonia en todo mi cuerpo. Mi marido ya había salido a trabajar y me agradaba estar sola en mi habitación.

Me miré desnuda en el espejo y pensé que se me estaban yendo los años sin disfrutar plenamente de los placeres que me ofrecía la vida. Mi vida sexual se limitaba a tener sexo una vez al mes y apenas mi marido se satisfacía se levantaba de la cama sin importarle si yo había disfrutado. Esa mañana quería sentirme deseada por otro hombres y quise ponerme una ropa interior especial, aunque solo yo supiera lo provocativa que estaba, si alguien me viera sin falda y blusa. Saqué de mi cajón un calzón pequeño y transparente, igual al sujetador que hacía juego. A través de estas prendas se notaban mis pezones los cuales siempre sobresalían a través de la ropa que me ponía, y debía usar blusas holgadas para que nadie se diera cuenta.

Me puse unas medias color carne con encaje, y me vestí con la ropa que había seleccionado. Calcé mis pies con unos zapatos que no tenia talón y en la parte delantera unas tiritas que mostraban los dedos de mis pies. La falda me quedaba un poco más alta que mis rodillas y la transparencia de la gasa de la blusa permitía a un buen observador apreciar mi sujetador a través de ella.

Me dirigí a la cita y en el camino mis pensamientos se hacían cada vez más sensuales, hasta que el conductor del taxi me dijo que había llegado a mi destino. Ingresé a la casa y mientras llegaba el cliente revisé el contrato en caso aceptaran comprarla. El precio era un poco alto ya que estaba amueblada y pensé que si conseguía el contrato tendría una buena comisión. En ese momento tocaron el timbre y fui a abrir la puerta, encontrándome con dos hombres como de unos 30 años bien parecidos. No se porque al verlos me ruboricé y al parecer ellos lo notaron, pero disimulé invitándolos a pasar y procedí a presentarme.

Mientras caminábamos por la casa sentía sus miradas por todo mi cuerpo y más parecían estar concentrados en ver mis piernas que la casa en si. Luego que terminamos el recorrido llegamos a la sala y les pedí que tomaran asiento para darles el costo de la vivienda. Uno de ellos se sentó en un sillón frente a mí y el otro a mi costado. Debido a que los asientos eran muy mullidos mi falda dejó ver un poco del encaje de mis medias. El que estaba al frente me miraba descaradamente mientras yo les explicaba las condiciones de pago, pero lejos de molestarme su actitud me agradó ya que sentía que aun podía despertar deseos en un hombre. Cuando ellos hablaban yo los observaba, viendo sus manos grandes y recordando las conversaciones de mis amigas sobre la relación de que si un hombre tiene manos grandes, también tenían grande el pene. Trataba de concentrarme en mi trabajo pero no se si por la falta de sexo o por los deseos de mi cuerpo, solo podía pensar en eso mientras hablábamos.

El que parecía mayor me sacó de mis pensamientos cuando dijo que estaban interesados en comprar la propiedad, pero si es que les hacía una buena propuesta. Dentro de mi pensé, ¿que les parece si además del precio los dejo que me hagan el amor entre ambos? Que loca que soy pensé, y les dije que les podía hacer un descuento si cerrábamos el trato ese día.

Como si me hubiera leído el pensamiento, el que estaba a mi lado tocó mi cabello con su mano y me dijo que ellos estaban pensando en otra clase de propuesta. Me puse nerviosa y le contesté que era una mujer casada. El sonrió y esta vez puso su mano sobre mi pierna diciéndome que nadie se iba a enterar de lo que pasara ahí, y que podría ganarme la comisión de esa venta. Miré al que estaba frente a mi y sin querer miré hacia su pantalón viendo que su bulto se había parado escuchando la proposición que me hacía su amigo. Por otro lado pensé, ¿porqué no aceptar estar con ellos? Hace tiempo que quería vivir intensamente y además esta sería una buena oportunidad para mostrarme tal como era, o tal como deseaba sentirme acariciada por todo mi cuerpo.

Dejé que siguiera acariciando mi pierna al momento que subía cada vez más mi falda, hasta que se vio completo el encaje de mis medias y mi calzón. Miré a los ojos al joven de mi costado y este me besó en la boca con sus labios gruesos, al momento que con su mano separaba mis piernas dejando que su compañero me viera la concha a través de mi calzón transparente. Mi respiración estaba a mil sintiéndome observada y manoseada sin que mi voluntad ofreciera ninguna resistencia. Con sus dedos jaló mi calzoncito y pasó sus dedos por mi concha acariciando mi clítoris suavemente. Cuando abrí mis ojos él dejó de besarme y se metió los dedos a su boca para saborear el líquido que había conseguido de mí.

-Queremos gozar los dos contigo, me dijo el que estaba frente a mí y solo atiné a preguntar que era lo que querían que haga.

Me pidieron que me levante y me quite la ropa. Incorporándome de donde estaba sentada me quité la falda y la blusa. Estaba mostrándome ante esos dos extraños tal como lo había deseado esta mañana en la intimidad de mi habitación, y podía ver en sus miradas el morbo al ver mi cuerpo semidesnudo. Los dos se pararon de sus asientos y me empezaron a besar en el cuello y a poner sus manos por todo mi cuerpo. Uno estaba detrás mío y el otro adelante, y mientras me acariciaban poco a poco quedé sin calzón y sin sujetador, quedándome solo con las medias de nylon. Cada uno había agarrado una de mis manos y me hacían que les agarre sus penes. Al mirarlos y tocarlos pude constatar que ni se parecían al de mi marido, sino que eran de gran tamaño y con unas cabezas rojas e hinchadas.

Me pregunté en ese momento como había aceptado tan fácilmente mostrarme desnuda y permitir que me toquen estos dos desconocidos, pero ya nada me importaba, solo quería seguir sintiendo esas sensaciones tan deliciosas. Continué corriendo sus vergas con mis manos mientras sentía que uno de ellos me agarraba las tetas por detrás y el que estaba delante mío me besaba metiendo su lengua totalmente en mi boca. De pronto ya no sabía cual de ellos me metía la mano en mi concha y cual era el que jugaba con mi ano. Me dijeron que me arrodille y obedecí sin dudar, para ver que más tenían planeado para mi. Ambos se quitaron los pantalones y las camisas para luego ponerse delante de mí mostrándome sus vergas que apuntaban directamente a mi cara.

Tomé una verga en cada mano y empecé a correrlas hasta que me dijeron que se las comience a chupar. Aunque parezca increíble nunca había chupado una verga, ya que como les mencioné antes mi esposo es muy convencional y nunca me propuso que se la chupara. Metí la que vi más grande y el sabor que sentí me pareció extraño pero a la vez delicioso. Dejé de chuparla solo para meterme la otra a la boca, y así alternadamente darles placer a los dos.

Podía ver en sus caras el placer que estaban sintiendo y luego me pidieron que me acueste en el sofá. Abrí mis piernas sin ningún pudor y uno de ellos se echó sobre mí metiéndome su verga, y comiéndome a besos mientras que su amigo observaba y esperaba su turno. No se si fue la situación tan especial o lo experto que era mi amante de turno, pero sentí un orgasmo que hizo que las lágrimas salieran de tanto placer que sentía.

Seguidamente sentí un chorro caliente de semen dentro de mí, para luego ver que mi amante se paraba para dar paso a su amigo. No me había recuperado de los cosquilleos que invadían mi cuerpo, cuando nuevamente sentí una verga totalmente dura que entraba en mí. Yo me movía para sentir su verga más adentro, y él con fuertes movimientos me penetraba sin piedad.

Mis pezones estaban erectos y duros de tanto que los chupaban, y mis labios los sentía hinchados de tanto mordisqueo y lengüeteo. Cuando apretaba mis dientes soportando las arremetidas del que tenía encima, nuevamente mi concha se sintió inundada por su leche caliente.

A pesar que dos hombres me habían hecho el amor en forma seguida, aun tenía ganas de que me sigan culeando. Mi cuerpo pedía más verga y el que había estado observando nuevamente tenía su pene erecto. Me bajé del sofá y como una perra me puse en cuatro patas sobre la alfombra, mostrándole mi culo sin ninguna vergüenza para que me la metiera en esa posición.

El no se hizo de rogar ante mi invitación y se colocó detrás mío para darme lo que sin palabras le pedía. Se movía con una fuerza tal, que el choque de su cuerpo hacía que mis nalgas se movieran y mis tetas se bamboleen de un lado a otro. Su compañero al ver la escena se echó delante mío como pidiendo que le chupe la verga, y comencé a mamársela hasta que se le paró completamente.

Mientras estábamos en esa posición sentí que la verga que tenía en la concha salió y quería entrar en mi ano, ejerciendo una presión para poder entrar. A estas alturas ya no me cuestionaba si esto estaba bien o no, y solo deseaba sentir el mayor placer posible.

Así con la verga enterrada en mi culo cambiamos de posición, de tal forma que el que me tenía ensartada por detrás quedó echado boca arriba y yo encima de él, dándole la espalda y con las piernas abiertas. El otro se puso encima mío y me la metió por la concha y los tres nos movíamos haciéndome delirar entre besos, caricias y sus dos vergas dentro de mí.

Nuestros cuerpos sudorosos estaban mezclados en la alfombra hasta que eyacularon dentro de mi, uno en mi concha y el otro en mi recto. Me separé de ellos y los vi con sus vergas que chorreaban aun leche. Quise sentir el sabor de ese líquido que salía de sus cabezas y los lamí a ambos hasta que no quedó ni una gota de semen convirtiéndome así en la puta que había deseado ser siempre.
Está demás decir que luego firmamos el contrato y llegué a mi casa realizada como mujer, sin saber aun que más placeres podía sentir mi cuerpo. Cuando llegó la tarde, volvió mi marido al cual había hecho cornudo pero no estaba arrepentida, y esperaba tener otra oportunidad para ser culeada como lo fui en esa casa.

En otra oportunidad les contaré como recibí a alguien en mi casa luego que entré en un bar para hombres solteros, y fingí ser una mujer de pago solo para disfrutar de ser culeada por una verga de verdad.

Autora: Ana

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