El conscripto y la esposa del coronel

Estuvimos culeando, gozando, ella pedía más, apretaba sus pechos grandes que bailaban cuando yo la penetraba, hasta que acabé y le dejé el culo lleno de mi leche, esa noche culeamos tres veces más, era una mujer muy ardiente, nunca se llenaba, con razón el coronel tenía que complacerla, le fascinaba el sexo y él ya no se la podía coger.

Primero que nada me presento, me llamo Aldo tengo 20 años, soy de Chile, mi historia ocurrió hace un año atrás, cuando estaba haciendo el servicio militar, en el norte de mi país, más específicamente en Iquique.

Llegué a cumplir con mi deber militar, casi comenzando el año, en pleno verano y en el norte de Chile, hace demasiado calor, éramos alrededor de 20 los conscriptos que haríamos nuestra instrucción militar en ese lugar, todos jóvenes entre 19 y 21 años.

No me había descrito, soy alto, delgado, lampiño, buen cuerpo, que en el servicio saque más músculos, debido a los constantes y extremos ejercicios que realizábamos.

Pero mi historia va por otro lado, mi superior directo era el coronel Almarza, era respetado en el regimiento, autoritario, terco y mandón, todos le temíamos, hasta que un día me dijo:

–Quiero que vayas a mi casa a hacerme unos trabajitos…

Quedé preocupado, no sabía que tipo de trabajo me mandaría a hacer, yo le respondí:

– Lo que usted diga mi coronel, – Me parece perfecto-exclamó él.

Me dijo que pasaría a buscarme en la noche del viernes para irme a su casa…

– ¿De que se trata?- le pregunté. – Cuando lleguemos a la casa verás que tienes que hacer-. Quedé más preocupado, no me aclaró nada.

Llegó la noche del viernes y el coronel me retiró del regimiento y me llevó a su casa, no habló nada por el camino, hasta que llegamos, era una casa enorme, con un gran patio, piscina y terraza, era una casa maravillosa, no veía ningún arreglo por hacer.

Entramos y me dijo:

-Ven, vamos adentro, ahí te digo lo que debes hacer…

Yo muy tenso no sabía nada, en eso aparece su esposa la señora Teresa, era gordita, con pechos grandes, rubia de pelo corto teñido, como de 49 años…

Lo que más me llamó la atención era que venía en una bata de seda negra y en ropa interior, no era el tipo de mujer que me gustaba, pero así con ropa sexy y gordita que era me calentó.

La miré de pies a cabeza y el coronel me preguntó:

– ¿Te calienta mi mujer? -, yo quedé sorprendido por la pregunta, – Si mi coronel, su señora me calienta-, le dije temblando, – Entonces culeátela- me dijo, yo quedé impávido, no esperaba esa orden.

El coronel me decía que era impotente hace tres años, por tal motivo, él le llevaba conscriptos para que la hicieran gozar, así no le dolería tanto si su mujer lo engañaba y que me había elegido a mí para acostarme con su gordita señora,

– Yo feliz coronel- le respondí. Me dijo que se iba y que me dejaba a su mujer para que le hiciera de todo.

El coronel se fue y me quedé solo con su esposa, me tomó de la mano y me llevó a su dormitorio, ahí nos besamos y nos desnudamos, mamaba sus pechos como un niño recién nacido, eran enormes, nunca había culeado con una madura y menos de pechos tan grandes, ella me acariciaba el pene, lo apretaba y gemía, bajé poco a poco, llegué a su sexo y lo lamí…

El olor a hembra en celo que salía de su vagina me volvió loco, lamia y mordisqueaba su clítoris, lo que a la señora Teresa la volvía loca de placer, gemía y despeinaba mi pelo.

Nos revolcamos en la cama, la señora sudaba y sudaba, yo la besaba, hasta que bajó a mi pene, lo miró y se lo llevó a la boca, era una maestra para chuparlo, lo lamia desde la cabeza al final, se lo comía todo, dejó de chuparlo me miró y me dijo:

-Métemela…

Me puse encima de ella y la penetré, su vagina estaba caliente, me moví sobre ella, ella solo se quejaba, se lo metí un buen rato, después la di vuelta y la penetré por el culo, ella gritó, pero se notaba que ese terreno no era virgen.

Estuvimos mucho rato en esa posición culeando, gozando, ella pedía más y más, apretaba sus pechos grandes que bailaban cuando yo la penetraba, hasta que acabé y le dejé el culo lleno de mi leche…

La besé y me acosté a su lado, ella apoyó su cabeza en mi pecho y lo besó, quedamos rendidos después de esa agotadora sesión de sexo.

Esa noche culeamos tres veces más, era una mujer muy ardiente, nunca se llenaba, con razón el coronel tenía que complacerla, le fascinaba el sexo y él ya no se la podía, me vestí y volví al regimiento…

Yo ya sabía que todos los viernes me esperaba la esposa del coronel, para acostarme y culear con ella toda la noche.

Autor: Aldo

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