Las aventuras en la cabaña

M le hizo señas a P para que se acercara a la cara de Y, quien no dudó en ponerse ese pedazo de verga en su boca mientras era embestida por M desde atrás, el pescador no demoró en acabar litros de semen que Y degustó con sumo placer. A su vez M tuvo un orgasmo mortal, viendo por el espejo de la pieza la cara de gozo de Y ante semejante fiesta y por haber alcanzado innumerables orgasmos.

Y y M compartían encuentros esporádicos pero sí muy apasionados, en los que disfrutaban de la fuerte atracción física que se tenían, de lo bien que se caían en todo sentido y de los mucho que les gustaba estar juntos. Y el sexo en sí, era gozado en forma colosal.

Esta vez habían decidido pasar unos días a solas en un complejo de cabañas a la vera del río. Salieron a la tarde y ya de entrada, en el viaje en auto, todo empezó muy sensualmente. Ambos arrancaban muy excitados sabiendo que pasarían unos momentos inolvidables, llenos de placer y erotismo. Estaban dispuestos a excitarse mutuamente, a hacer el amor alocadamente, besarse, tocarse, mimarse, a concretar algunos jueguitos muy eróticos, fantasías, ratonearse, exhibirse y llegado el caso compartir la cama con alguien más. ¿Fuerte no? Un poco.

Esto último la intimidaba un poco a Y, pues si bien ella tenía muchas fantasías de este tipo, se reprimía un tanto, pero a la vez sus fibras íntimas le pedían no detenerse. M estaba más experimentado en este terreno y sabía de las fantasías de Y. Añoraba poder satisfacerla plenamente cumpliéndoselas y viéndola gozar completamente como mujer, sacando toda la perra y diabla que todas las mujeres llevan adentro. Claro, la mayoría no se anima a tener estas aventuras, pero las que sí lo hacen, disfrutan y viven situaciones muy emocionantes… Es solo cuestión de decidirse y organizarlo bien… Y no esperar a tener 80 años para hacerlo, ya será muy tarde…

Al parar en la ruta a cargar nafta, M le propuso el primer jueguito a Y, quien se levantó un poco más su minifalda para que el muchacho que les limpiaba el parabrisa pudiera ver sus bellas y tostadas piernas. En ese momento y simulando que no se habían percatado de la presencia del estacionero, pues Y cerraba sus ojitos disfrutando la escena, M empezó a besarla y le acariciaba suavemente sus piernas, levantando la mini y mostrando sutilmente la bombachita blanca de Y. El tipo no podía creer lo que veía, estaba boquiabierto. Como el surtidor estaba del lado del acompañante, Y le pagó, insinuando sus hermosos pechos en esa musculosa ajustada que tenía puesta. Luego de pagar siguieron camino. Había sido solo un jueguito, pero les había levantado mucho la temperatura a ambos.

Al llegar al complejo se instalaron en una de las cabañas con vista al río por un lado y a la pileta por el otro. La noche ya había llegado y se vistieron para ir a cenar. Fueron a comer al hall del complejo. Y se había vestido muy sugestiva, con un pantalón blanco ajustado y una remerita negra al cuerpo, atrevidamente escotada: muy elegante y sexy al mismo tiempo, lo que ocasionó que todos la miraran anonadados en el comedor al entrar. Estaba deslumbrante y su carita bonita resplandecía de belleza.
Había algunas parejitas que también habían ido a pasar unos días al complejo, y otras mesas de pescadores del lugar, rudos y toscos, a los que se los veía un tanto ebrios y excitados de ver ese bombón en aquel paraje tan lejano de la ciudad.

Luego de una rica cena y una charla muy amena, las luces bajaron su intensidad y pusieron música, por lo que algunos comenzaron a bailar. Y se meneaba muy sugerente y el juego era que los pescadores la vean y divertirse con la calentura de los lugareños. Posteriormente, sonó música suave y las luces se atenuaron aún más. M y Y se besaron apasionadamente en un rincón, ahora lejos de las miradas de los demás. Sus lenguas se buscaban con deseo. M la apretaba a Y contra la pared, quitándole la respiración.

Estaban al mango y regresaron raudamente a la habitación, Como estaban muy calientes, pues hacía unos cuantos días que no estaban juntos, se pasaron horas haciéndose el amor. Por momentos de una forma muy dulce y romántica, en otros de una manera muy salvaje y pervertida. No quedó ningún centímetro de sus cuerpos sin ser explorados ni franeleados. Sus lenguas tocaban todas las partes sensoriales del otro, en un entretenimiento que les llevaba al infierno. Hicieron sexo oral y M la penetró varias veces y por todos lados a Y, quien gemía de placer. Llegaron varias veces al climax y en una de ellas M le esparció todo su líquido en las tetas de Y que tanto lo provocaban. Al terminar, exhaustos, se quedaron abrazados, acariciándose suavemente, y se quedaron dormidos luego de un día agotador.

Al amanecer, y como estaban aún muy calientes, repitieron nuevamente la sesión de sexo, previo a ir a desayunar. Lo que no se dieron cuenta esta vez, era que el sol de la mañana ya iluminaba la pieza y la cortina descorrida permitía ver su show desde afuera. Un joven jardinero, observaba azorado esa escena extraída de una película porno. M y Y se dieron cuenta de la presencia del muchacho y continuaron como si nada, lo que excitaba sobremanera a ella al verse así observada. Al terminar, y totalmente desnuda, Y fue a cerrar la cortina, demorando un rato lo suficientemente prolongado para que el jardinero pudiera ver su escultural silueta desnuda.

La pareja fue a desayunar y luego pasearon por los alrededores. Al regresar, cerca del mediodía, se toparon con el jardinero, un chico joven y muy agradable, quien los saludó cordialmente, sin evitar echarle una mirada profunda y libidinosa a Y. Al alejarse, conversaban:

M: Eh Y, ¿viste cómo te miró el jardinero? ¿Es ese el que nos vió esta mañana? Y: Sí es él. Me da un poco de vergüenza. Pero es lindo. M: No temas, acá no nos conoce nadie y creo que nunca más volveremos. Así que podemos jugar un poquito. Es una buena oportunidad. ¿Crees que le gustas? ¿Por qué no le preguntamos? Y: No, por favor, dejá M que me pongo roja de la vergüenza…

Pero la idea de seducir al jardinero le revoloteaba a Y en su cabeza y no podía evitar sentirse mojadita en su bombachita. Quedaba la mecha prendida para más adelante. Era común en ella esa confusión entre su deseo por un lado y su negación por el otro. Aunque esta vez iba a ser distinto…

Almorzaron frugalmente y tomaron sol en la pileta. Había otras parejitas también. M no paraba de mirar a una rubiecita con una bikini, con un físico armónico y muy proporcionado, muy atractiva y extremadamente sexy. Ella, en forma disimulada, también lo miraba a él. Sin dudas había química. Ya habría tiempo de charlar con ella y su novio. ¿Y si le proponían estar los 4 juntos en la cama? Un poco loco, pues no sabían qué onda tenían los chicos, pero los ratones a esa altura desbordaban a M.
Y tenía una bikini blanca muy pequeñita, con un cola less infartante, que apenas le tapaba mínimamente su colita paradita y broceada. Ella sentía la mirada de los hombres posarse en su cuerpazo. M le pasó bronceador por todo su cuerpo, dándose cuenta de la envidia que los otros hombres sentían de él en ese momento.

Al rato se fueron a descansar un rato, pero pasaron cerca de los pescadores que dejaron lo que estaban haciendo para deleitarse ante el paso de Y, quien caminaba despacio y moviéndose muy sutilmente, solo con su bikini y con zapatillas. Además paraba mucho la colita para excitarlos un poco más. A algunos se les escaparon unos piropos, algunos medio zarpados y muy fuertes. M simuló no escuchar, pero era notorio el efecto que ello ocasionaba en Y, que se sentía desnudada por la mirada. Y esas cosas puercas que gritaban los tipos le alteraban su mente.

En la habitación M le propuso a Y que se cambiara de ropa y que fueran a ver cómo pescaba la gente en al orilla del río. Uy, el jueguito sería provocar un poco más a los pescadores y volverse a la pieza exaltados a hacer el amor sin parar.

Y se vistió para matar: un shorcito minúsculo que permitía mostrar sus hermosas y torneadas piernas, tan ajustado que se le marcaba todo su sapito y le hacía una colita perfecta, zapatillas altas que la estilizaban aún más y una musculosa sin corpiño que dejaban ver sus pezones que sin dudas se pararían mucho ante la presencia de aquellos machos hambrientos. Si bien no eran muy jóvenes, algunos de ellos eran fuertes y muy rudos. Y parecían excesivamente necesitados…

Caminaron por el complejo y luego se acercaron a los pescadores. Claro, los tipos del lugar no estaban acostumbrados a ver una mina así, que se les acerque tan simpáticamente y se les ponga a hablar. Sin dudas era una hembra infernal, entregada al juego, con un poco de pudor si, pero con sus sentidos disfrutando esas “locuritas” que ambos estaban dispuestos a compartir.

Luego de conversar animosamente con los pescadores, ellos les enseñaron cómo pescar y hasta Y se animó a tirar la caña. Los pescadores con gusto le mostraban cómo hacer y a veces la rozaban y tocaban sin querer (queriendo). M temía que la cosa se pusiera más picante y se descontrolara, y con el fin de proteger a Y y que nada le pasara (nada malo) decidieron volver a la habitación a coger. Ambos volaban de la calentura que dicha situación les ocasionaba.

En la pieza, M le propuso hacer el amor con la cortina descorrida, justo en la ventana que daba al río y se veía a los pescadores, no muy cerca, pero sí lo suficiente como para que ellos pudieran verlos. Y se dirigió insinuante a la ventana, descorrió la cortina y se sacó la musculosa delante de los tipos, exhibiendo sus pechos de ensueño. Sus pezones ya los tenía muy erectos y deseosos de una boca que los mordisqueara, de unos dedos que los apretaran y manosearan bestialmente. Se dio vuelta, mostrando su espalda a la ventana y se agachó insinuante a levantar una toalla tirada del piso…

M y Y comenzaron a besarse y tocarse, pero al ratito uno de los pescadores se había acercado a la cabaña y golpeó la puerta. Al pánico inicial, le siguió la compostura. Y se vistió y lo hicieron pasar. Era el más joven y apuesto de ellos y el que había despertado algunas “sensaciones” en Y. El tipo quería un vaso de agua y pidió si podía quedarse un rato sentado allí bajo techo que estaba fresco. M y Y se miraron cómplices y le preguntaron si quería disfrutar del show…

El pescador (Pedro se llamaba) asintió agradecido (era eso a lo que había ido) pero le hicieron prometer que solo podía observar y hacer únicamente lo que ellos le permitieran. Y inició un baile erótico en el que comenzó a sacarse la ropa y quedó solo con la lencería de encaje que tenía debajo, muy sensual, de color negro, que M le había regalado en otra oportunidad y que habían disfrutado juntos en otras oportunidades. Luego se abrazó a M y se empezaron a sobar sus cuerpos, hasta que se fusionaron en uno solo cuando M la penetró brutalmente. El tipo miraba y se le caía la baba. Su bulto había crecido enormemente y su miembro ya no cabía en su pantalón.

M: ¿No querés que le dejemos a P que se desabroche el cinturón? Está incómodo. Y: Bueno, pero que no me toque, solo puede mirar.

P se bajó el pantalón, dejando a la luz su enorme verga, venosa y totalmente erecta. Se la veía muy hinchada. Eso descolocó a Y quien no esperaba ver algo tan descomunal y apetitoso y los líquidos de su vagina chorreaban.

M: ¿Por qué no le mostrás a P tu conchita depiladita, sin un mínimo pelito? Y parale la colita a ver qué dice, así nos dice si estás buena o no. Y: Ay, no sé, ¿creés que le gustaré a P? No sé. ¿Te parece P que tengo buen lomo? A lo mejor no te excito… A ver, decime qué te parezco…

El tipo estaba al límite de la excitación, viéndola así a Y empezó a masturbarse con su imagen. M, quien estaba muy caliente con el juego, volteó ferozmente a Y, la puso en cuatro patas y la partió desde atrás, agarrándola del pelo con furia. Y gozaba como un animal en celo.

M le hizo señas a P para que se acercara a la cara de Y, quien no dudó un segundo en ponerse ese pedazo de verga en su boca, mientras era embestida con violencia por M desde atrás. Lógico, el pescador no demoró mucho en acabar litros y litros de semen que Y degustó con sumo placer. A su vez M tuvo un orgasmo mortal, viendo por el espejo de la pieza la cara de gozo de Y ante semejante fiesta y por haber alcanzado innumerables orgasmos.

… Falta otra parte con la aparición del jardinero, los juegos sexuales con la parejita de la pileta (¿recuerdan?) y más historias y juegos entre M y Y solos los dos, antes de volver a la ciudad…

Continuará…

Autor: Narciso

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MI HIJO Y YO

Lo que voy a contar es algo real, quizás no les parezca demasiado erótico, eso es porque no le estoy agregando nada a lo que me está pasando, lo que yo quiero es contarlo para que los que puedan me den sus opiniones y consejos sobre como actuar en esta situación en la que estoy.

Tengo 38 años, soy Monica, separada y vivo sola con mi hijo de 18 años, desde hace unos meses coincidiendo con el comienzo de la primavera en Buenos Aires empecé a notar que mi hijo me mira mucho mas que lo que lo hacía antes, además lo hace cuando yo estoy mirando otra cosa, trata de que yo no me dé cuenta.

Esto también coincide con que en los meses de calor yo ando por la casa con poca ropa, pero siempre fue igual, el que cambió es él, antes ni me miraba y ahora no me saca los ojos de encima cuando se me ve algo o el se imagina que se me va a ver.

Voy a contar como fue la última semana para que se den cuenta de la situación: El lunes pasado llegué a mi casa a eso de las 7 de la tarde y lo fui a saludar a su pieza como siempre, charlamos un rato y le dije, me voy a cambiar, ¿me podes preparar la mesa y comemos?

Me fui a mi dormitorio y me empecé a sacar la ropa mientras él iba a la cocina, cuando me quedé sin corpiño me di cuenta que él estaba parado en la cocina mirándome, no lo miré directamente, hice como que no me daba cuenta de que me estaba mirando porque no lo quiero avergonzar diciéndole algo, no le quiero hace algún daño diciéndole cosas molestas.

Me puse una blusa y me fui a comer, yo estando en la casa no uso corpiño nunca, mientras comíamos notaba que cada vez que me movía el me miraba el escote, comimos y charlamos muy bien todo el tiempo y después de la cena se fue otra vez a su pieza, cuando llegó la hora de dormirnos lo fui a saludar como todos los días.

El martes no pasó nada porque cuando llegué a casa estaba con sus amigos en la pieza y comieron una pizza todos juntos pero el miércoles a la mañana ocurrió algo nuevo.

Yo me levanto un poco antes que él todos los días porque me gusta bañarme a la mañana, ese día cuando salí del baño me envolví en un toallón y lo fui a despertar, mientras él estaba en el baño yo me terminaba de secar en mi dormitorio, me puse un conjuntito de ropa interior blanco muy transparente y un short encima nada más, el salió del baño y se fue a desayunar, yo arreglé un poco mi dormitorio y me fui al baño a pintarme siempre en short y corpiño, el corpiño ese es muy transparente, me cubre un poco abajo pero se me ven los pezones por completo.

Cuando terminó de desayunar vino a saludarme al baño porque se iba para el colegio, yo estaba con la puerta entornada pero el la abrió, me miró bien directo las tetas y me dijo, ese corpiño que tenés es nuevo? Le dije, no, lo tengo hace unos meses, ¿te gusta? Siguió mirándome y me dijo, si, está lindo, lo señalaba y casi me rozó las tetas con la mano, creo que se puso un poco nervioso pero todo quedó ahí, le di un beso y lo acompañé hasta la puerta.

El mismo miércoles a la noche cuando llegué del trabajo lo saludé como todos los días y me fui a mi pieza para cambiarme, el me siguió y se paró en la puerta de mi dormitorio, me hablaba de cosas del colegio mientras me miraba, yo empecé a sacarme la ropa sin mirarlo mucho y poniéndome de costado a la puerta, me senté en la cama, me saqué los zapatos, el pantalón y las medias, me quedé con una bombachita muy chiquita y transparente, me paré y me puse un short, siempre de costado porque si le daba la espalda se me veía el culo y no quería mostrarle tanto.

Después y siempre parada de costado me saqué la blusa y muy rápido el corpiño ese que me deja los pezones a la vista y me puse una remera larga, me debe haber visto un poco las tetas de costado, esto de venir a hablarme cuando yo me cambio no lo hacía antes, yo creo que alguna intenci&oac

ute;n de mirar tiene, más que me estuvo viendo bastante en estos días. Pero nunca lo vi pajeándose o que me haya agarrado ropa interior para tocarse.

Después comimos y charlamos muy bien y nos fuimos a ver tele cada uno a su pieza, el jueves a la mañana traté de vestirme rápido para que no viera nada más porque no lo quiero volver loco.

El viernes pasó algo a la mañana, yo salí del baño envuelta en un toallón y lo fui a despertar como siempre, después me fui a mi pieza para terminar de secarme y vestirme un poco, cuando estaba sentada en la cama, vestida solo con una bombacha y poniéndome crema en los pies, se apareció en la puerta y me preguntó si hoy venía temprano del trabajo, nunca me lo pregunta, me parece que busca excusas para venir a mirar, yo estaba con las tetas al aire pero le contesté como si nada que iba a llegar a eso de las 7, me dijo, ah bueno y se metió en el baño, después me vestí bien antes que saliera del baño.

Quiero que me digan que les parece esta situación yo no se si es mejor dejarlo mirar o ocultarme quizás lo que él quiera es ver a una mujer desnuda y si lo dejo que me mire bien se calma y se queda tranquilo, estaba pensando que algún día que esté mirándome cuando me cambio me puedo sacar el corpiño y hablarle de cualquier cosa mientras lo dejo que me mire las tetas de frente un rato antes de vestirme, tampoco sé si decirle algo o seguir haciendo como que no me doy cuenta de nada.

Lo que no creo que pueda hacer es tener sexo con él, a lo mejor me puedo animar a hacerle una paja si lo veo muy caliente y con la excusa de ayudarlo a que se tranquilice. Esto le puede traer problemas a él y a mi? Estoy bastante confundida con esto y no lo puedo comentar con personas conocidas.

Muchas gracias a todo el equipo de esta sensacional página por darnos esta oportunidad de abrirnos sexualmente.

Autor: Monica P.

moprada (arroba) hotmail.com

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