El placer estaba donde menos lo imaginaba…

Isabel, la mucama que calmo mi calentura en una noche donde queria que mi semen fluyera .

Hola, mi nombre es Joaquin y vivo en argentina, desde que comencé a enviar relatos a el marqueze, me siento bastante mejor, no se por que, pero disfruto mucho el hecho de saber que alguien disfruta leyendo mis andanzas. En un principio mi idea era contar de a poco todas las vivencias que he tenido en esta vida, pero bueno, los hechos suceden y no puedo evitar contarlos. Mi mujer decidió irse unos días a la ciudad de México, a descansar, se que ella disfruta mucho la libertad que le doy, me gusta que sea libre y que haga lo mas le plazca, se también, que a veces se ha dejado llevar por el deseo y me ha sido infiel, sin embargo, por alguna extraña razón, eso no me molesta, en absoluto, es mas, a veces hasta me excita… pero bueno, ese es otro tema que otro día les contare.

Lo que quería contarles ahora es otra cosa, comencé entonces el 2004 solo, trabajando mucho, entrando a mi oficina a las nueve de la mañana y saliendo de la misma a las ocho o nueve de la noche, con la clara intención de dejar todo listo, si bien tengo un excelente grupo de trabajo, hay cosas que no puedo evitar supervisar yo mismo, con tanto trabajo fui dejando de lado el placer, mi ultima relación sexual había sido por partida doble en los últimos días del 2003 con la deliciosa vendedora del sex-shop y con mi mujer. Sin embargo como les decía, este 2004 venia sin acción, y entre trabajo y mas trabajo se pasaron diez días….

El ultimo fin de semana finalice todo el trabajo que quería dejar listo antes de partir a mis vacaciones, regrese a mi casa de San Isidro con la fiel intención de descansar y prepararme para mis vacaciones que aun no se a donde serán, creo que rumbeare hacia el frío europeo durante enero y en febrero visitare la hermosa costa Argentina.

Era sábado, había llegado a casa, me estaba relajando en una reparadora ducha de inmersión, al finalizar esta tarea, cene y después me fui a dormir, cuando me retiraba hacia mi cama, Isabel, mi mucama me consulto si podía retirarse, accedí y me fui a dormir. Dormí durante tres horas de corrido, desperté cerca de las dos de la mañana, pero no era un despertar normal, desperté con la pija en todo su esplendor, parada a mas no poder… estaba muy excitado, tenia la necesidad de tener una mujer… pense en llamar a alguna de mis amigas, pero la hora no era de lo mas prudente y seguro que estarían “ocupadas”, salir no podía, ya que no podía lograr que se me “durmiera” la pija… entonces recordé a Isabel, mi mucama. Les cuento como es Isabel, cuando la contrate, busque alguien que este fuera del tipo de mujer que me gusta, para evitar problemas con mi mujer, es por eso que Isabel tiene 42 años (uno menos que yo) es algo gordita y bastante alta. Sin embargo la calentura que me invadía podía mas, era tanto la excitado que estaba que al pensar en Isabel sentía que se me ponía mas dura todavía…

Me puse la bata, baje por las escaleras y llegue a la planta baja de la casa, no prendí ninguna luz para que la gente de seguridad no se altere, camine hacia el cuarto de Isabel (que esta pasando la cocina) cuando llegue a la puerta del cuarto, esta estaba abierta (supongo que debido al calor que hace en Enero por estos lados del planeta) me asome muy cuidadosamente (todavía mi pija seguía bien dura) y observe a Isabel tirada sobre la cama, en camisón y viendo televisión, no se que miraba, pero se la notaba muy concentrada y hasta diría que con la respiración entre cortada, decidí salir al patio para observar por la ventana que era lo que la tenia despierta a las dos de la mañana de un sábado, cuando logre observar por la ventana grande fue mi sorpresa, Isabel estaba mirando el canal de cable The Film Zone, observaba una película erótica (no llegaba a ser porno) en la imagen había dos jóvenes y agraciadas mujeres jugando con un hombre de físico envidiable. Mi calentura se agrando aun mas, de pronto, mientras observaba Isabel comenzó a tocarse…era maravilloso observar eso, se tocaba lentamente mientras miraba la tele, su mano derecha se movía lentamente bajo su camisón, note que ya no tenia bombacha, tenia las caderas anchas y los pechos grandes, con los pezones bien notorios, la observe mientras se masturbaba, la situación me estaba gustando demasiado, comencé a tocarme un poco la pija, para aliviar tanta calentura, ella estaba a punto de explotar, lo podía notar por sus gemidos que eran cada vez mas seguidos, cuando no pude mas, tome la pieza por asalto, ingrese con mi pija bien parada, fue increíble, Isabel estaba en semejante transe que ni noto mi presencia, ella seguía con los ojos cerrados y con sus dedos hundidos en su concha, me pare al lado suyo, le toque la cara con mi pija, abrió los ojos, primero puso cara de asombro y vergüenza al mismo tiempo, dos segundo después, me estaba chupando la pija, la comía desesperada…

– que rica señor!!!

– Le gusta Isabel???

– Mucho señor!!! Hace tanto que no tengo una…

– Ahhh que bien la chupa Isabel….

Me la chupo un buen rato, después, pido que la coja, se acostó, me subí sobre ella y la cogí… cabalgue sobre mi mucama durante un buen rato, la sentí acabar, la sentir disfrutar mucho de mi pija, antes de acabar la saque, me pajee unos instantes hasta que unos buenos chorros de leche caliente salieron de mi pija y bañaron sus grandes tetas, su cara, su pelo y su boca…trago y después limpio toda mi pija con su lengua…debo decir que diez días sin sexo me pusieron muy caliente y que para mi asombro, Isabel me ayudo mucho a sacarme la gran calentura que llevaba encima, jamas hubiera pensado que mi mucama de 42 años y gordita podría hacerme disfrutar tanto, no es mi tipo, pero bueno…Isabel me hizo gozar mucho mucho….

Espero que les haya gustado, y ya saben, como dice el refrán, cuando hay hambre no hay pan duro, gran verdad!!! Saludos a todos y espero que me escriban.

 

Me gusta / No me gusta

Ángela.

Aquella tarde había quedado como tantas otras veces con un grupo de amigos, todos interesados en el BDSM, para charlar, tomar un par de cervezas y reírnos un rato, nada realmente apasionante. Aquella tarde vino Ángela, una chica sumisa que no conocía, era de pelo castaño, nariz respingona y unos ojos que denotaban simpatía y desparpajo. Pasamos la tarde entre risas y no se como ella y yo congeniamos, nos caímos simpáticos. Cuando llegó la hora de despedirnos, ambos nos quedamos con ganas de más. Pero ninguno de los dos teníamos tiempo para más.

Al dia siguiente, decidí invitarla a casa a cenar, sería la ocasión de seducirla y hacerla mía, así que quedamos a las 21:00 horas en mi casa.

Justo a las 21:00 horas en punto, sonó el timbre de mi casa, abrí la puerta y cuando la vi, me quedé sorprendidísimo, Ángela  venía espectacular, su pelo perfectamente peinado sobre sus hombros, un vestido negro a medio muslo con escote palabra de honor, y unos stiletto rojos con un tacón que mínimo median 10 cm.

La hice pasar, y serví un par de copas de un buen vino, para tomarlas mientras se hacia la cena, las cuales bebimos entre charla, risas y miradas cómplices, los dos sabíamos cual era el fin último de aquella cena… Pasamos a la mesa y empezamos a cenar un rico solomillo con salsa roquefort, regado con el mismo vino que habíamos tomado antes de la cena. En ese momento, metí mi mano por debajo de la mesa y empece a acariciar uno de sus muslos, y entre el tacto de sus medias, y el de la seda del vestido, empece a calentarme ya en demasía. Ella sonreía y se dejaba hacer, lo cual me ponía mas caliente todavía. Cuando terminamos de cenar, yo ya no podía más, así que me levanté, ella me imitó, y la cogí de su pelo, estirando fuertemente de el

— ¿Vas a ser una putita buena y me vas a hacer caso verdad?

— Si, soy suya para lo que necesite– contestó.

Entonces la llevé al medio del salón, donde la puse con las piernas abiertas y los brazos en cruz, a que esperase (me encanta hacer esperar a las sumisas, cuando ya saben por donde van los derroteros, hace que se calienten muchísimo más, pensando en lo que vendrá a continuación). Mientras tanto, fui al baño, y me di una larga y relajante ducha, excitado por lo que tenía en el salón. Cuando volví al salón lo hice desnudo y con mi verga totalmente erecta de lo cachondísimo que estaba.

Me pare justo detrás suya, y rodeándola, agarré sus pechos por encima del vestido mientras le echaba el aliento en su nuca. Noté como se le erizaba el vello. Poco a poco y en completo silencio le iba bajando la cremallera de su vestido. Cuando terminé, y sin permitir que ella bajara los brazos, que ya le debían doler bastante de mantenerlos en cruz tanto tiempo, le di una vuelta completa admirando tanto las curvas y la voluptuosidad de su cuerpo como la increíble lencería roja (tanga y sujetador a juego) de raso y encaje que llevaba, era realmente una mujer espectacular.

Mientras iba al dormitorio a por un vibrador y otros juguetitos para jugar con ella, le dije que fuese quitándose el sujetador y el tanga, y se tumbase en el sofá. Cuando volví estaba tumbada en el sofá, solo con las medias puestas, se había quitado los zapatos. La mire fijamente con mirada severa, ella me miró con miedo, sabiendo que algo había hecho mal. Cogiéndola del pelo y con voz autoritaria, pero sin gritar, le dije: –Eres una zorra mala, levanta puta. La levanté y la obligué a apoyar las manos en la pared y bajarlas hasta que su cuerpo quedó paralelo al suelo, así tendría el culo bien hacia afuera y tendría buen acceso a él.

Volví al dormitorio a por mi fusta la cual iba a usar por primera vez, llegué al dormitorio, fusta en mano, le pregunte: — A ver zorra, dime un numero del 20 al 40, vas a ser castigada, una buena puta no se quita nunca los tacones, ni siquiera para el sexo. — Si señor, no volverá a pasar– contestó. — El 25 señor.
— Vale, empieza a contar, y no te equivoques, porque si no, volveré a empezar.

Empece a descargar fustazos en su culo, variando en intensidad, y en ritmo. 1… 2… 3… 4… iba diciendo Ángela, cada vez mas dolorida, pero a la vez mas excitada, estaba demostrándome lo buena sumisa que es, le dolía, si, y sufría, si, pero ese dolor y ese sufrimiento le excitaba, y eso se notaba. 12… 13… 14… a Ángela cada vez le costaba más seguir la cuenta y entre fustazo y  fustazo se le escapaba algún gemido. En ese momento le acaricie el coño, ante lo cual ella reaccionó con un gemido en toda regla, estaba chorreando, estaba disfrutando de su castigo, de su sufrimiento… Que gran Sumisa era… 23… 24… 25… justo después del   ultimo fustazo, estalló en un gran orgasmo que la dejo temblando.

Después, la abracé, la tranquilicé, bese sus preciosos labios y le dije que me había encantado, que lo había hecho genial. Entonces la arrodillé suavemente, y hice que me la chupara, hasta que me corrí en su boca, y se lo tragó todito. Había sido una mamada espectacular. Que hembra, dios mio, que hembra!!!

Volví a abrazarla y le pregunté:

— ¿Qué Ángela, te animas a ser mi sumisa?

— Por supuesto contestó.

Me gusta / No me gusta

El agujero…de la tubería

Entre besos volví a estar tieso. Intenté que se diera la vuelta y metérsela por el culo. Ella me dijo que no. Por ahí no pasaba. Yo tampoco insistí, porque creo que en materia de sexo, no hay que forzar a nadie. No voy a presumir de haberle penetrado el culo, porque no lo penetré. Acabamos esta vez al revés. Ella se corrió de nuevo con una lamida vaginal mía, y yo me corrí en el interior de su cuerpo.

En esta historia yo ya tengo 34 años y la mujer en cuestión tiene 50 años. Esto ha pasado este verano, en agosto (para los del hemisferio norte, es verano). La verdad es que este verano ha sido uno de los más calurosos en 100 años, y a mí, pobre, me ha tocado trabajar. Al menos, el calor tuvo su recompensa, en forma de sexo desmesurado y experiencia única. Es verdad que he tenido muchos contactos con mujeres maduras, pero este ha sido especial.

Nunca lo había hecho con una mujer de esta edad, y nunca con una mujer con tanta pasión y ganas de gozar al límite. A partir de aquí, ahora ya me inclino por mujeres de esta edad. De los 50 a los 55, queda un universo de sensualidad y placer para los que nos gustan las mujeres maduras.

Es algo que debéis probar si tenéis oportunidad; y a las mujeres de esta edad las animo a practicar sexo sin tapujos con hombres jóvenes, y no van a tener ningún rechazo, al menos si se portan como la mujer que va a ser la protagonista de esta historia, de la cual no voy a dar nombre real, ni domicilio. Ella está de acuerdo en que publique nuestra historia, siempre y cuando no trascienda su identidad.

Yo trabajo en una importante empresa inmobiliaria de mi país, después de dejar mi anterior trabajo en la clínica. Me ocupaba de los contactos con los inquilinos. Cobro de recibos a domicilio, partes cuando alguna cosa de la casa se estropeaba y había que arreglarlo, quejas, etc. Un día encontré una nota en mi mesa. Decía que habían llamado de un piso donde el calentador de agua no funcionaba bien, y tenía yo que ir a comprobarlo, y dar parte a nuestro servicio de reparaciones.

La verdad es que no me apetecía nada ir, porque el inmueble quedaba lejísimos, y además la casa era muy vieja, siempre había algo que reparar, y las quejas de los vecinos eran continuadas. Me esperaba una buena queja, y una buena discusión, sin duda. Miré el nombre de la nota: M… Bueno, al menos era una mujer. Eso no quería decir nada, seguro que el marido estaría ahí para que el chorreo aun fuera más grande. Me armé de resignación, y partí a ver que pasaba con el dichoso calentador.

Llegué al inmueble, subí en ascensor al piso y llamé al timbre. Me abrió un hombre de mediana edad. Yo me sorprendí, porque esperaba a una mujer. El me explicó que el piso lo tenía alquilado su hermana, pero que por las mañanas ella trabajaba, y él había ido a esperarme, para contarme el problema. Pasamos a la cocina, y efectivamente, el calentador estaba estropeado. Le dije que el modelo era antiguo (por lo menos tenía 25 años), y que ya veríamos si habría que cambiarlo. Me despedí, llegué a la oficina, y pasé nota a nuestro servicio técnico.

Pasó una semana, me olvidé del tema. Un día, casi a punto de ir a comer, me suena el teléfono. La mujer del jodido calentador. Que no se lo han cambiado, que se lo repararon de una manera chapucera, y que vuelve a estar estropeado. Dijo que a ver si podía pasar a verlo por la tarde, ya que estaría ella, y así podríamos solucionar el problema directamente, porque el problema ya pasaba de la raya.

Otra vez para allí, y para colmo, llovía a raudales, la típica tormenta de verano. Salí de la oficina de manera que luego ya no tendría que volver, e ir directamente hacia mi casa. Chaparrón en la calle, y el chaparrón que me iba a caer por parte de la señora. Toqué el timbre del piso, y me abrió la señora. Conté que debería tener unos 45 años, bien cuidada, muy guapa de cara, con un cabello rubio rizado. Vestía una bata de estar por casa, por encima de las rodillas, pero al mismo tiempo recatada. Se adivinaban unos pechos medianos, pero con la bata no se podía hacer una aproximación del tamaño real.

Me dio las buenas tardes, y me hizo pasar a la cocina. Evidentemente, le habían hecho una chapuza. Me subí a una escalera y vi que la tubería superior estaba desencajada, aparte de que el calentador no recibía gas y no se encendía.

– Este calentador lo cambiaremos. Usted no debe pagar nada, ya que va a cargo del inquilino. – ¿Pero el fallo dónde está?, dijo ella. – Bueno, no recibe gas, no produce chispa, está para tirarlo. – Ya. Cerré la llave de paso al ver que olía a gas, y es que lo perdía por arriba – Justo. Súbase si quiere, y verá el tubo. Esta medio podrido. – Vale, subo, pero sujéteme la escalera.

Cogió, y subió. Yo aguantaba la escalera, y no me atrevía a levantar la cabeza. Pero claro, el instinto me la hizo levantar. Lo que vi me puso malo. Debajo de la bata sólo llevaba una braguita tanga, que no tapaba ni la mitad de su peludo coño. Se le salían los labios por los lados, y apenas tapaba su lindo agujero trasero. Para mí que se dio cuenta, y juntó las piernas, que eran gruesas pero no celulíticas, y solo pude ver sus preciosas nalgas, algo caídas, pero para nada despreciables. Bajó inmediatamente.

– Vaya, ya he visto el agujero de la tubería – Si, respondí. Yo también lo he visto. – Ya, ya! Dijo ella, poniéndose un poco roja.

Me acompañó hasta la puerta, y me preguntó cuánto iban a tardar en cambiárselo. Le dije que unos 4 días por lo menos. Ella contestó que no importaba esperar un poco, porque al fin de cuentas, estábamos en verano y tampoco dependía del calentador. Quedé que pasaría por ahí cuando los operarios le hubiesen instalado el calentador, para verificar que todo estaba bien. Me fui para mi casa con la imagen del coño de esa mujer, que, aunque solo había visto un poco, ya fantaseaba con comérmelo enterito.

Pasaron los días, y me llamó la señora, comunicándome que ya estaba puesto, y que funcionaba de maravilla. Yo le dije si hacía falta que pasara por ahí, y me dijo que si, que me había comprado una cosita por lo atento que había sido con ella. Quedamos que saldría del trabajo a la tarde, e iría a su casa.

Llegué, llamé, y me abrió. Ya no iba con bata, sino con un vestido con tirantes, que le llegaba hasta un poco por debajo de la rodilla. Ahora sí que podía ver sus pechos. Eran grandes, y se marcaban los pezones. Iba con sujetador, pero los pezones se adivinaban bien. Estaba más arreglada que el otro día, y me invitó a sentarme en el sofá. Ella se aproximó con un paquete y me lo dio, sentándose enfrente mío.

– No hacía falta que comprara nada, mujer – Si, si, que te portaste bien. Ahora ábrelo.

Lo abrí, y era una camiseta nike, de color azul marino. Le di las gracias, y ella se arrellanó un poco más en el sillón donde estaba sentada. Se le abrió un poco más el vestido por la falda, y pude ver que llevaba las mismas braguitas que el otro día. Ya me empecé a poner nervioso. Me probé la camiseta, y me iba perfecta. Le di dos besos de agradecimiento, y nos pusimos a hablar de cosas varias.

Me contó que estaba separada de su marido hacía 5 años, y por eso vivía aquí sola. Me confesó que tenía 51 años, y me dejó perplejo. Yo le echaba 45, y se lo dije. Ella sonrió.

– La verdad es que me cuido todo lo que puedo, y mi trabajo me cuesta. – La verdad es que está Vd. estupenda; le respondí. – Si, pues mira que mi marido me dejó para irse con una 20 años más joven que yo – No puedo creer que la dejara a Vd. – Si, ya ves, las jóvenes son las que ahora cortan el bacalao. Las de mi edad, nada de nada

Me dijo eso, y me levanté, y me dirigí hacia ella. Ella me miraba seria, y fijamente. Me incliné, y la cogí de los hombros, mientras ella permanecía sentada, y se los acaricié. Sabía que me estaba jugando un tortazo, pero valía la pena. Me incliné aún más, y rodeando su cuello con mis brazos, le lamí la oreja. Ella no dijo nada, y no movió ni un músculo. Luego me situé detrás del sillón, y sin dejar de atacar las orejas y el cuello con la lengua, deslicé mis manos hacia sus pechos, sobándolos por encima del vestido, notando su dureza, que no era poca a pesar de su edad, y sus pezones, que ahora ya estaban desbocados.

– ¿Ves como las mujeres como tú también son apetecibles?; le dije flojito en la oreja, mmm, mmmmm…ya veo… ¡Aaaah! no tan fuerte…suspiraba ella, poniendo sus manos encima de las mías, mientras amasaba sus tetas. – Espera…dije yo. Ahora si que vas a suspirar de verdad.

Le desabroché la bata. Me puse delante de ella de rodillas, y ella, acercó su trasero hasta el final del sillón, de manera que su coño quedara a la altura de mi boca. Con una suavidad increíble, puse mi mano encima de sus braguitas, notando su rajita a través de ellas. Mi polla estaba que reventaba, pugnando por salir de su prisión. Separé un poco su braguita, y una raja inmensa apareció delante de mi, brillante por la humedad. Me acerqué, y olí aquel aroma de sexo, que tanto nos gusta a los hombres. Enseguida mi lengua empezó a recorrer los pliegues de aquella vagina, pasando del clítoris al interior de su agujerito.

– Joder…joder…joder…mmmmmm. -Iba repitiendo ella, muy flojito, mientras movía su cintura al mismo ritmo que yo movía la lengua. – Te gusta, ¿eh?…- dije yo, mientras con una mano no dejaba de tocar sus pechos.

Luego decidí lamer su trasero. Le quité aquellas braguitas tan tentadoras. Tal como estaba, le abrí un poco las nalgas, y le planté el primer lametón. Ella intentó apartarme con sus manos en mi cabeza, pero yo continué, y ella ya no ofreció resistencia. Con una mano se frotaba el coño, y con otra se tocaba los pezones, que habían alcanzado una medida sin igual.

Cuando ella me confesó que ya se había corrido (yo ya lo había notado por los chillidos que pegó), me hizo levantar. Me desabrochó los pantalones, me bajó los calzoncillos, y me acarició los huevos con las dos manos. Luego, dejando una mano en los huevos, con la otra recorrió mi polla de abajo a arriba, y luego hizo como si me masturbara.

– Hijo, lo que me has hecho no me lo había hecho ni mi marido cuando yo era joven. ¡Que pasada!
– Pues creo que podríamos seguir… ¿no te parece? – Si, pero…ahora me gustaría chupártela…Pero me da cosa, a mi marido solo se la chupé una vez, y al poco, y sin avisar, se corrió como un cerdo en mi boca…Ahora me da un poco de respeto, aparte que hace mucho tiempo que no lo he hecho. – No te preocupes, que aún me queda aguante. Si veo que me haces daño, te avisaré.

Pues nada, abrió la boca y se la tragó enterita. No es que yo la tenga enorme, pero tampoco es pequeña. Sus labios, con mi polla dentro de su boca, casi tocaban mi cuerpo. Luego empezó a sacársela y a metérsela en la boca poco a poco. No era una mamada de campeonato, pero no lo hacía mal. De mientras, ella no dejaba a su coño tranquilo.

Ahora un dedito, ahora dos deditos, ahora me froto el clítoris… estaba como una perra en celo. Yo me moría de gusto, pero aún no estaba por correrme. Eso lo quería hacer en su interior. Le dije que parara, y me preguntó si lo había hecho bien. Yo, como respuesta, la besé en la boca, donde nuestras lenguas se juntaron, y no dejamos de sobarnos y lamernos un buen rato.

Le dije que pusiera su culo en pompa, y ella se puso a cuatro gatas, ofreciéndome su trasero. Puse mi lengua en el agujerito oscuro, y se la pasé de arriba abajo. Mientras, dos dedos míos entraban y salían de su vagina, llenos de flujo, que hacían que el meneo de dedos fuera suave, y la introducción, hasta el fondo. Entre jadeos y suspiros, me dijo que nadie le había lamido el ano nunca, y que no se imaginaba que fuera tan placentero.

– Desde luego, esto es una gozadaaaaammm…decía entre jadeo y jadeo. Pero… ¿no te da un poquito de asco? – Mujer, mientras todo esté bien limpio… – Mmmmm…Mmmmmmmm, aaaah! Ahora quiero hacértelo yo a ti.

Y nos pusimos a la inversa. Yo a cuatro patas, y ella detrás. Mmmmm. Sentir su lengua húmeda en mi trasero, y sus manos en mis huevos, fue una pasada. Mi rabo alcanzó el máximo estiramiento, y necesitaba vaciarme inmediatamente. Después de unos minutos así…

– Bueno, querida, creo que ha llegado el momento de correrse…

No se lo tuve que decir dos veces. Me cogió de la polla, y fuimos andando hacia su habitación, ya que hasta ahora no nos habíamos movido del comedor. No se molestó ni en deshacer la cama, se tumbó de espaldas, y abrió las piernas al máximo. Me puse entre ellas, lamí su coño de nuevo, y acerqué mi rabo a su cueva. La puse hasta el fondo sin ningún esfuerzo, y me puse a moverme dentro y fuera.

Ella suspiraba, se agarraba los pezones, y nos morreamos. Después de un buen rato así, sentí que ella llegaba al orgasmo, con los ojos como platos, y abrazándome como una posesa. Simplemente, se corrió. Yo aún no estaba, y aunque quería hacerlo en su interior en un principio, le pedí que me la chupara.

– Vale, pero por favor, en la boca no te corras… – Tranquila, te avisaré…

Y así fue. Empezó a chupar y amasarme los cojones. Cuando vi que iba a correrme, la saqué, y apuntando a sus pechos, solté mi carga. Sus pechos quedaron bañados de mi esperma, y me derrumbé en la cama. Estaba hecho polvo. Ella se levantó a lavarse, y volvió a tumbarse a mi lado. Al cabo de un rato, ella me pedía más. Entre besos y meteduras de mano, volví a estar tieso. Intenté que se diera la vuelta y metérsela por el culo.

Ella me dijo que no. Por ahí no pasaba. Yo tampoco insistí, porque creo que en materia de sexo, no hay que forzar a nadie a hacer cosas que no desea. No voy a presumir de haberle penetrado el culo, porque no lo penetré. Acabamos esta vez al revés. Ella se corrió de nuevo con una lamida vaginal mía, y yo me corrí en el interior de su cuerpo, vía también vaginal.

Ya era muy de noche cuando me fui. Antes de irme estuvimos hablando de lo que había pasado, y quedamos que lo podríamos repetir. Pero esto ya es otra historia.

M…como leerás esto, veras que no he exagerado, y que he sido bastante fiel a la realidad. No voy a explicar, como mucha gente hace aquí, de haber penetrado por el culo ni nada de eso. Tengo tu permiso para publicar esto. Espero que te guste, y recuerdes nuestro primer encuentro. Te envío un beso, y hasta pronto.

Esta es mi historia.

Autor: Ericsson

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Meneando su lindo culito

Comencé a follármela dándole unos empujones que parecía que la quisiera traspasar. Ella llevaba con mi polla metida en su coño un buen rato, y ni se las veces que se había corrido, pero parecía disfrutar como el primer minuto, no pude más, me salí, se arrodilló y me corrí llenándole la cara de semen. Había follado como nunca en mi vida, pero un pedazo de hembra como Rocio bien lo merecía.

Cuando uno acaba una carrera de filología hispánica tiene bastante claro que el mercado laboral no está a la puerta esperando para ofrecerle una oportunidad. Ese era mi caso y tampoco me lo tomaba demasiado a pecho. Preparar oposiciones para ser profesor era el paso natural en estos casos y eso es lo que hice, con santa resignación. Ayudaba a mi padre en su trabajo por las mañanas y estudiaba (más o menos) por las tardes, hasta que llegó el día de las oposiciones.

Aquel día me levanté, desayuné y me fui para allá. Como éramos tropecientosmil para hacer el examen nos habían dividido en distintos grupos según el apellido. Busqué la aula de la M y cuando llegué me encontré con Rocio M.

A Rocio la había conocido en el instituto, y era una chica un poco contradictoria. No es que fuera rara, al contrario, tendía más bien a pasar desapercibida, pero había algunas cosas en ella que no encajaban. Para empezar, era andaluza, pero no era nada graciosa. Entendedme, no es que fuera aburrida, ni que no tuviera sentido del humor. Simplemente es que el gracejo y la simpatía andaluza brillaban por su ausencia.

Lo suyo era más bien el comentario irónico y con un poco de mala leche. Era muy inteligente, o por lo menos los estudios los í dominados con aparente poco esfuerzo. Sabía quien era Dostoievski, sabía hacer raíces cuadradas sin calculadora… pero cuando te acercabas a su mesa pensando que era una niña buena, te encontrabas dibujos sobre los Sex Pistols. Jugaba brutalmente bien al baloncesto. Y estaba muy buena, ya en aquella época.

Esto último no lo hubieras dicho a primera vista. El lugar donde vivo es bastante frío, y las chicas no suelen lucir palmito, y desde luego no lo hacía Rocio, que como he dicho solía ser bastante discreta. Pero el primer día en la clase de gimnasia, cuando hacíamos los equipos para un partidillo de baloncesto, pensé que no estaba nada mal, y cuando comenzó a moverse decidí que, aunque las tías buenas oficiales de la clase eran otras, Rocio estaba como un tren. Desde entonces, lunes y miércoles, los días que teníamos gimnasia, volver a casa y hacerse una paja pensando en Rocío se convirtió casi en una tradición.

Esto es lo que recordaba de Rocio. Al comenzar el segundo año que ella estaba en el instituto su familia volvió a Andalucía y no la había visto hasta aquel día. La verdad es que me alegró la mañana, porque la perspectiva de un examen como aquel me hacía bien poca gracia. No había cambiado nada, o eso me pareció. Me acerqué a ella y le dije:

– Vaya, Rocio, parece que la hija prodiga vuelve a casa. – Es lo que tiene el proletariado intelectual, tenemos que buscar trabajo donde lo ofrecen. – Pues yo no me haría demasiadas ilusiones.

Nos dimos dos besos, pero ya iba a empezar el examen y tuvimos que entrar en clase. Solo tuve tiempo para comprobar que aquel culito que tanto me ponía en el instituto seguía bien puesto. Mi polla se mostró de acuerdo y dio un tirón en los pantalones, pero por mucho que me gustara el culo de Rocio, había que concentrarse en el examen. Mi futuro dependía de ello.

Llevábamos un rato de examen y yo casi había olvidado que Rocio estaba en el pupitre de al lado, hasta que se le cayó el boli y se agachó a recogerlo. Volví la vista y solo de mirarla se veía que la cosa no iba bien, que no sabía por donde coger la pregunta del examen. Me dio un poco de lástima. Y en ese momento entró otro profesor para ver si todo iba bien, y se puso a hablar con el que nos vigilaba. No se que pasó por mi cabeza, pero aprovechando el despiste, le pasé el esquema que había hecho para contestar el examen. Ella me miró y me dio las gracias sin decir nada, comenzó a escribir. Continuamos haciendo el examen sin ni siquiera mirarnos.

Acabé uno de los últimos el examen, y después de comentarlo con la gente me fui a coger el coche para volver a casa. Cuando estaba a punto de entrar me vi venir a Rocio. La verdad es que estaba bastante orgulloso de lo que había hecho. Ayudarla en el examen era como devolverle el favor por todas las bonitas pajas que me habían proporcionado aquellos partidos de baloncesto. Así que le puse mi mejor cara y esperé a que dijera algo: – La verdad es que no se como agradecerte lo de antes.

– Pues no lo hagas, es gratis. Mi buena acción del día…

Sonrío un poco, y nos quedamos como dos imbéciles sin decir nada. Yo tenía las llaves del coche en la mano, así que por decir algo le dije:

– ¿Quieres que te acerque a algún sitio? – Bueno, no quiero abusar, pero la verdad es que me vendría bien. – ¿Donde vives? – Estoy estos días en casa de una tía mía. Iba a llamarla, pero así no la molesto. Si te viene de paso claro.

Ni que decir tiene que donde me dijo que vivía estaba a la otra punta de la ciudad de donde yo vivo. Y ni que decir tiene que le dije que me venía perfectamente de paso. Puestos a ser unos caballeros, lo seríamos hasta el final.

Durante el viaje no hablamos mucho. Yo nunca he tenido mucha facilidad de palabra y ella parecía pensativa. Simplemente me limitaba a echar miradas de reojo, porque vete a saber cuando la volvería a ver. Notaba que la polla comenzaba a reaccionar ligeramente, nada que no pudiera controlar (Rocio, como de costumbre, iba muy recatada), pero pensé que era mejor apartar la vista y hacer como si yo también estuviera pensando en algo. En realidad tenía la mente en blanco, o eso intentaba.

Llegamos a un semáforo cerca de su casa, y por hacer algo me puse a silbar y a mirar a la chica del coche de al lado. Entonces noté la mano de Rocio en la cremallera de mi pantalón. Empezó a sacarme la polla, que ahora ya crecía a ojos vista, y me levantó un poco el brazo que yo tenia en el volante para poder meter su cabeza entre mis piernas, mientras me decía:

– ¿Me permites? Será solo un momento.

Yo estaba flipado. Rocio nunca había dado esa imagen, así que me costó hacerme a la idea que aquella chica que yo conocía me estuviera haciendo una mamada en un semáforo. Pero, allí estaba, y mi polla aceptó la cosa con más naturalidad que yo. En unos momentos, la tenía toda tiesa, mientras Rocío comenzaba a comérmela.

Mentiría si dijera que Rocio era una gran mamadora, y encima el tamaño de mi miembro, modestia aparte, no es apto para aficionadas. Pero joder, ¡que voluntad le ponía! Yo tenía mi mano sobre su pelo mientras ella subía y bajaba, metiéndosela todo lo dentro que podía. Joder, aquello era mejor que todo lo que yo le había hecho en sueños a Rocio en tiempos del instituto. Y encima era real. Yo tenía los ojos cerrados, cuando el coche de detrás empezó a pitar.

El semáforo estaba en verde, estábamos en hora punta y un montón de coches esperaban que arrancara, así que metí la primera como pude y arranqué mientras Rocio aumentaba aún el ritmo. No llegué a meter la segunda antes de correrme en su boca. Ella casi se atraganta con todo lo que le metí en la boca, y comenzó a toser. La verdad es que tenia una cara muy divertida, así que le dije:

– Rocio, deberías beber menos – Que idiota que eres, me contestó medio riendo. Ahora estamos en paz ¿no? – Más o menos – Vivo ahí delante.

Yo me había vuelto a poner la polla dentro de los pantalones como había podido, y comenzaba a conducir más o menos con normalidad, pero maldita la gracia que me hacía dejar a Rocio en aquel momento. Cuando llegamos al edificio que me había indicado, me miró con una media sonrisa y me dijo: – Yo te invitaría a subir, pero no creo que a mi tía le gustara ver las cosas que te iba a hacer.

Aquello cada vez era más frustrante. Cinco minutos antes hubiera dado mi vida por una mamada de Rocio, pero ahora aquello ahora me sabía a poco, y Rocio parecía disfrutar poniéndome aún más caliente. Miré hacia delante para no ver a Rocio y entonces supongo que se me cruzaron los cables. Vi la entrada de un Parking subterráneo en ese mismo edificio, puse la primera y entré en el parking.

Rocio no dijo nada, pero yo ya ni la miraba. Cogí el ticket, bajé un par de plantas y aparqué. En aquel momento me di cuenta de lo que había hecho, pero había que apechugar con lo hecho, así que le dije:

– Bien, ahora puedes irte con tu tía o quedarte aquí a hacer cosas conmigo. Tú eliges.

La cara de felicidad que puso Rocio no se me olvidará en la vida. Se puso encima de mí, con el culo sobre el volante, y me metió la lengua hasta la garganta, sin decir nada. En aquella posición, mis manos se fueron sin pensarlo a por su culo, aquel culo que tanto me gustaba y que ahora podía sobar a manos llenas. Ella llevaba unos pantalones azules de esos desgastados, que yo debí desgastar más de sobarlos tanto y tan fuerte, mientras ella seguía marreándome y al mismo tiempo me sacaba la polla. Separó un momento su boca de la mía y me dijo casi sin aliento:

– Creo que llevas demasiada ropa, y comenzó a sacarme la camiseta.

Yo estaba tan caliente que aproveché que ella se había levantado un poco y eché la cara hacia adelante, sin soltar su culo, y comencé a comerle las tetas, mordiéndolas a través del suéter que llevaba. “que bruto eres, espera”, me dijo, y se quitó el suéter. Otra sorpresa: sostén negro, bien bonito.

Lástima que durara tan poco, porque después de sobarle bien el culo yo tenía un hambre de tetas que no me aguantaba. Y más después de comprobar algo que ya sospechaba: que la delantera de Rocio estaba a la altura de su esplendido trasero. Sus tetas no eran exageradamente grandes, pero tiesas y con unos pezones oscuritos, estaban bien ricas.

Con el banquete que me estaba dando a costa de Rocio, bien estaba que hiciera yo algo por ella. Comencé por desabrocharle los vaqueros, mientras mi boca iba de una teta a la otra. Luego metí la mano dentro de su pantalón y comprobé que estaba muy mojada. La inteligente Rocio estaba bien cachonda, y eso me gustaba. Quería comerle el coño y hacerla gritar de placer, aunque solo fuera para compensarla por su mamada, por su culo, por sus tetas.

Como en aquella posición era imposible, le dije a Rocio que fuéramos al asiento de atrás. Salimos del coche medio desnudos, debíamos tener una pinta bastante cómica (si había alguna cámara de seguridad, el vigilante se debería descojonar), pero nos daba igual. Abrí la puerta de atrás y metí a Rocio. Yo me quedé fuera, ella se echó en el asiento y yo estiré de sus pantalones hasta quitárselos. Ahora Rocio estaba cachonda y desnuda, dos cosas que siempre me habían hecho mucha ilusión.

Me arrodillé, aún fuera del coche, y metí la cabeza entre sus piernas, mientras ella sentada en el asiento pero con las piernas encima de mis hombros, se dejaba ir y comenzaba a gemir. Si Rocio no era una gran mamadora pero me había hecho la mejor mamada de mi vida, yo estaba en el mismo caso. Nunca me había gustado demasiado comer coños, pero aquella vez le puse toda la voluntad del mundo. Y parece que funcionó, porque de unos pocos gemidos Rocio pasó, en pocos minutos, a correrse en mi cara entre gritos nada discretos.

Entonces tuve uno de los pocos momentos de lucidez en la última media hora: estaba en un parking público, medio desnudo, comiéndole el coño a una chica (encantadora, eso sí) y con la polla toda tiesa entre mis manos (mientras se lo comía, no había dejado de masturbarme). Pero que mas daba! Además, bien mirado, follármela lo que se dice follármela, aún no me la había follado. Y no pensaba salir de allí sin hacerlo, así que sin perder tiempo entré en el coche, me eché sobre ella y se la metí hasta el fondo, mientras ella me decía al oído:

– Me encanta tu polla. – Pues aprovecha, porque vas a tener polla hasta que te canses, le dije.

Comencé un metisaca frenético, mientras ella cerraba sus piernas tras de mi. Pero la verdad es que aquella posición estaba bien, daba gustito, pero no era la mejor. Yo estaba sobre ella, pero apenas podía ver nada de ella, y quería verle la cara mientras la follaba, así que como pudimos cambiamos de posición. Me senté y ella se empaló sobre mí, y comenzó a cabalgarme. Aquella posición sí que molaba. En ella tenía sus tetas al alcance de mi boca, y mis manos se llenaban de su culo. Ella tampoco parecía pasarlo mal, porque gritaba y sudaba como una loca “siiiiiiiii, fóllame más, más, más. Hasta el fondo, por favor”.

Yo estaba a punto de correrme, pero quería probar todavía una última posición. La giré hacia adelante, mirando hacia la parte delantera del coche, aguantándose en los respaldos de los dos asientos delanteros, me quedé un momento mirando el esplendido panorama, antes de empuñar mi polla y metérsela en su coñito por detrás, hasta el fondo. Sabía que estaba cerca del final así que me dispuse a disfrutar al máximo.

Cogí sus tetas con las dos manos y comencé a follármela tan fuerte como pude, dándole unos empujones que parecía que la quisiera traspasar. Ella llevaba con mi polla metida en su coño, en una u otra postura, un buen rato, y ni se las veces que se había corrido, pero parecía disfrutar como el primer minuto. Cuando ya no pude más, me salí de ella, subí como pude al asiento trasero, mientras ella se arrodillaba delante de mí, de manera que su cara quedó justo delante de mi polla.

Llegó justo a tiempo, porque me corrí casi enseguida, llenándole la cara de semen. En ese momento me di cuenta de lo cansado que estaba, porque las piernas me temblaron. Había follado como nunca en mi vida, pero un pedazo de hembra como Rocio bien lo merecía.

Nos vestimos y salimos del parking (se empeñó en pagar ella). Cuando salía del coche le pregunté si nos volveríamos a ver y me dijo: – Mañana me voy a Sevilla, pero si he aprobado este examen volveré dentro de 15 días para el segundo examen.

– Rezaré por tus notas, le dije. – Yo también, no creas. Además, aún te queda un agujerito mío por descubrir, me dijo sonriendo. Y se fue, meneando su lindo culito.

Autor: Ethan

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Mi mujer y su primer orgía

Saqué la verga y se la hundí en el huequito, me corrí casi al instante por la excitación, después de venirme, seguí bombeando, vi que mi mujercita era culeada por Mario, haciendo que ella gimiera ruidosamente. Clara era empalada por uno de los amigos de Mario, una vez que terminé, se acercó uno y también se comió a Martha, todos, les dimos una buena dosis de verga a las tres muchachas.

Mi nombre es Eduardo, tengo 28 años, soy abogado, casado, no soy muy alto ni muy acuerpado, aunque hay amigas que no me encuentran feo, no me siento el más tumba locas.

Vivo en Bogotá, tengo que confesar algo, en estos momentos soy adicto al sexo, me encanta. Esto último, tal vez porque tuve una juventud un poco reprimida, además que no tuve mayores experiencias juveniles, me pajeaba constantemente a mis 17, cuando oía lo que contaban mis amigos de colegio, según ellos habían hecho cosas que los relatos publicados en esta página serían cuentos, pero no importa hoy en día, he logrado acumular suficiente experiencia y descubrí que me encanta el sexo, sobre todo, me encanta el voyerismo, la infidelidad consentida, las orgías, el intercambio de pareja, y otras cosas por el estilo.

Voy a comenzar por contarles alguna de mis historias. La primera Orgía de Mi esposa y Mía, todo es 100% real, tan real que quedó un artículo periodístico del asunto.

Como en Bogotá, el alcalde impuso una medida que se llama hora zanahoria, en donde los bares de la ciudad deben cerrar a una hora relativamente temprana, me fui para una ciudad cercana, que se llama Chía, en donde no opera este tipo de restricciones y uno se la pasa de maravilla. Fuimos con mi esposa, ella se llama Carolina, iba vestida de forma espectacular, usa pantalones que acá en Colombia se llaman descaderados, pero a mí me gusta que sean bien bajos en la pelvis, usaba las tiras de una tanguita que compramos en Miami (que es diminuta, la parte de atrás es un hilo que se une a las tiritas) afuera, que se puedan ver por encima del pantalón (bueno, debo aclarar que el pantalón lo recortamos para que quedara más bajo de lo normal), una blusa de tela militar que escasamente le tapan sus preciosas tetas, bien maquillada. Habíamos dejado las argollas en casa, pues no queríamos que los posibles amigos de la noche se sintieran tímidos al sentir al esposo cerca.

Al llegar al Bar, no podemos evitar sentir todas las miradas de las personas cerca, la verdad es que la ropa de mi esposa es muy llamativa y por eso todos la miran, las mujeres se burlan, se hacen ojos de desaprobación entre ellas, se miran con escándalo, pero que va, no nos importa, a mi esposa ya poco le importa y antes bien, disfruta viendo como se escandalizan las mujeres. Los hombres por el contrario la miran y dicen cosas morbosas, que yo atento leo en sus labios y le cuento a mi mujer.

Normalmente salíamos en este plan y nunca pasaba nada, yo simplemente le contaba las cosas que oía o que leía en los labios de los otros, y hacíamos el amor con pasión pensando en esas cosas. Un día oyendo una emisora juvenil, estaban hablando de las orgías, ella me dijo que ya que nos gustaban las cosas arriesgadas, por qué no hacíamos una orgía. Yo de inmediato acepté. Tengo que contar adicionalmente que siempre nos ha gustado hacer cosas extravagantes, como hacer el amor en público, en bares, en piscinas, en la playa, en un balcón a la vista de todos, etc… Pues ese día me pareció de maravilla que pudiéramos hacer algo más. Y cumplir con esa fantasía.

Ella comenzó a bailar conmigo, le encanta la música electrónica, el trans, música brasilera, etc… ese día bailaba haciendo gala de su mayor sensualidad. Alzaba los brazos, consiente que eso dejaba al descubierto parte de sus tetas, se agachaba como para que se pudiera ver mejor su culito, pues el pantalón, como ya lo he explicado, lo recortamos para que a nuestro juicio quedara mejor. Un muchacho, que supuso que éramos pareja, aunque no teníamos argolla, pues llegamos juntos, me pidió permiso para bailar con ella. Yo le dije que sí y salieron a la pista. Él comenzó a decirle cosas al oído, que yo sabía que Carolina me contaría después, y ella se reía y hacía gestos amables de que no.

Se acabó la pieza y ella volvió a la mesa, en donde yo tenía una botella de ron, para que Carolina se desinhiba del todo, nada hay mejor que el ron. Yo le ofrecí un trago, y le pregunté que ¿qué le había dicho? Ella me contestó que él le había dicho que le había encantado desde que llegamos, que yo quien era, que si era su novio o qué (yo le pregunté que qué le había contestado) ella le dijo que yo no era nada, solamente un amigo, que si podían ser novios, ella le dijo que no, que no le interesaba tener un novio pues eso le quitaba libertad.

Yo salí a bailar con ella, y me acerqué a la mesa donde estaba Mario y sus amigos, que así se llamaba el muchacho, y le ofrecí una panorámica del culito de Carolina, al tiempo que enredada mis manos entre las tiritas de la tanguita y le pedí que la acomodara sensualmente, ella lo hizo, enredó sus finos dedos en las tiritas que eran de esas de amarran, y bailando y a la vista de todo el mundo, las desamarró, las subió un poco y las volvió a amarrar más apretado, lo que hizo que se entreviera que en la parte de adelante, la chochita estuviera cubierta por un pequeño triangulito de tela brillante y atrás que no era nada, que su culito estaba a descubierto y protegido por un débil hilito que se metía entre sus glúteos.

Le pedí que le calentara mucho más, a ver qué pasaba y que se dejara tocar, que le provocara, mejor dicho que le manosearan. Mario se volvió a acercar y la sacó a bailar, era música trans, por lo que ella se movía sensualmente, le dio la espalda y le tomó de la mano, y la puso encima de su barriguita descubierta, adornada con un hermoso piercing que le sienta de maravilla. Ella se veía que ya estaba excitada. Después le bailaba de frente y arqueaba la espalda y alzaba los brazos, consiente del efecto que surtía esa posición en su blusita, dejando al descubierto la parte inferior de sus tetas. Él intentó darle un beso, y ella sin querer desvió la cara, pero para remediarle se puso de nuevo a bailar de espaldas a él y le sobaba de arriba abajo la verga de Mario y dejó que le diera todo tipo de besos con lengua detrás de sus orejas, de su cuello y de sus hombros. Le bajó la mano más abajo del ombliguito, sin llegar a tocar su chochito.

La imagen era supremamente erótica, pues ella sabía como bailar. Todos los del bar me miraban y los miraban, se reían de mí pensando en que soy un cornudo, pero que va, no me importaba en lo más mínimo. Yo por mi parte lo disfrutaba. Él le dijo algo al oído y ella respondió tal vez, lo sé porque le leí los labios. Siguieron bailando la siguiente canción y ahora ya se besaban descaradamente. Se veía la lengua de él recorriendo la boquita de mi esposa, y yo parecía sentir los besos que se estaban dando. Le volvió a decir algo y ella volvió a contestar: tal vez. Supuse que se lo estaba pidiendo.

Ella volvió a la mesa y yo le pregunté de nuevo que le había dicho, ella me dijo que le pidió dejarla ver solamente vestida con la tanguita, y tú le contestaste tal vez, ¿no? sí, me dijo ella. Y después, que te dijo, me volvió a preguntar lo mismo y yo volví a responder que tal vez, y la última vez me dijo que si podría algún día quitarme esa tanguita, yo le dije que tal vez. Bueno, yo por mi parte estaba ya muy caliente, mi pene estaba parado a su máximo esplendor. Ella me dijo que se lo dejara tocar, lo hizo debajo de la mesa y comenzó a humedecerse los labios. Yo estaba que explotaba. Me dijo que le dejara dar un beso, que me amaba y me adorada, yo le dije que no, pues si no se perdía el trabajo hecho hasta ahora, ella consintió y él muchacho volvió a sacar a Carolina.

Ella sabiendo que yo estaba muy caliente, resolvió calentarme mucho más. Entonces, comenzó de nuevo el sube y baja por encima, apretando su culo a la verga del muchacho. Ya para ese momento, Mario le daba lengüetazos en sus hombros y besos de lengua cuando ella bailaba de frente y le metía la mano por el pantalón, bien sea que estuviera bailando de espaldas (entonces lo metía a la altura de su chochita) o de frente (y le acariciaba el culito), él le dijo algo, y ella asintió con ojos de lujuria y le volvía a hablar y ella contestaba. Yo estaba tan caliente que ya ni era capaz de leer los labios de ella. Se volvió a sentar y vi como Mario les decía a sus amigos cosas acerca de la tanga y como les decía a sus amigos que era depilado.

Le pregunté a Carolina, quien me dijo que él le había curioseado que si le gustaba tener la chocha depilada, y que ella le contestó que totalmente, pero que a veces era difícil mantenerla así, pues no había nadie que le ayudara a rasurarse, que la última vez que se había rasurado, el fin de semana anterior, lo hizo con la ayuda de un amigo que también conoció en un bar, él le preguntó que si podía ayudarle a rasurarse y ella respondió que estaría encantada.

Yo le dije, deja que te meta un dedo. Ella dijo que no, que todo por encima… pero inmediatamente me dijo, ¿de verdad quieres que me meta un dedo? Yo le dije que sí, que se dejara hacer lo que el muchacho quisiera. Respondió que por qué no nos íbamos a otro lugar, o que en ese mismo bar había un sótano que era mucho más reservado. Contesté que si quería podríamos irnos los dos, o con Mario…. dijo con algo de picardía que con todos ellos. Los amigos de Mario eran cuatro muchachos más. Respondí, entonces baila no solo con Mario sino también con los demás.

Ella se acercó a la mesa, por sus pasos comprendí que el ron comenzaba a hacer efectos y sin más se sentó en las piernas de uno de ellos, que quedó como bobo viendo que semejante mujer se le sentara en las piernas, la tomó de la cintura y ella le dijo que quería bailar con él. No había comenzado a bailar, cuando él ya le estaba metiendo mano y la besaba con pasión, ella cerraba los ojos y se dejaba besar. Ya para este momento las demás personas se habían percatado de todo esto y no dejaban de mirar con cara de escándalo. Debo comentar que las personas en Colombia (sobre todo en Bogotá) son muy recatadas, a veces exageran y muchas veces ven morboso aquello que no es.

Cuando mi mujer pasó a bailar con el tercero, quien también le echó mano y ella se dejaba hacer de todo, pues uno de los meseros se me acercó y me dijo que si podía controlar a mi novia, pues los demás clientes del bar ya se estaban quejando. Yo le dije que no era mi novia y que la verdad no era mi problema, que simplemente se trataba de una amiga que me había pedido el favor de divertirse y que yo la estaba acompañando, pero que si quería que ella parara, que se lo dijera el mismo.

El mesero se acercó y le dijo algo al oído, ella en lugar de achantarse, le sentó un beso en la boca y le dijo que no pasaba nada, que si no les gustaba que se fueran o que no la miraran. El muchacho quedó como paralizado, se fue con cara de vergüenza, mientras mi mujer se reía de su travesura. Yo también me reía desde mi rincón. Fue entonces cuando vino el administrador del bar y nos pidió que o le bajamos el tono al asunto o nos íbamos. Carolina me dijo que nos fuéramos, yo le dije que si había en el bar algún sitio más reservado (ya sabíamos que había un sótano, pero queríamos que él nos lo dijera), nos indicó precisamente el sótano (a decir verdad, con la situación económica de este país no se pueden dar el lujo de rechazar un cliente, aunque haga las cosas más inmorales, plata es plata).

Nos fuimos todos al sótano, mi esposa, yo, Mario y sus amigos. Yo la verdad me demoré un poco, pues fui al baño, la verdad me quería hacer una paja desde hacía rato y entré a hacer eso. Cuando me vine dejé chorretones de semen por todos lados, lo que no me importó, incluso quedó un lagrimón cayendo por un espejo. Me salí y dejé que los demás apreciaran mi obra. Cuando bajé, ella ya estaba haciendo un emparedado, bailando con dos muchachos, quienes la toqueteaban por todos los lados, la besaban, la chupaban, le metían las manos por entre la blusita, acariciando sus tetas.

Cuando ella me vio, me dijo que me acercara, yo vi que Mario estaba masturbándose a la vista de todo el mundo, lo que me emocionó. Lo mejor, fue cuando el mesero bajó para traernos nuestros tragos, pues mi mujer se levantó la blusa y se le acercó y le dijo: por qué estabas tan bravito, si tú también tienes derecho. Pues bien, el muchacho se achantó mucho y ella, en lugar de dejarlo ir, lo puso a bailar con ella, y le tomó el rostro y le dio tremendo beso. El muchacho correspondió el beso, lo que calentó a todos, y le pidieron que se quedara un rato, que le hiciera lo que quisiera, que si se la quería comer en ese momento que lo hiciera, él dijo que no podría, que su patrón estaba arriba y que lo echaría a la calle si lo encontraba en esas. Lo dejamos ir.

Entre tanto, en otra de las mesas, había dos mujeres jóvenes, que nos miraban, no estaban nada mal, a decir verdad también usaban jeans descaderados, bien bajos, con unos hermosos topsitos que apenas cubrían un par de apetitosas tetas. Ellas, al ver que las miraba, me sonrieron, yo sentí valor para ir a hablar con ellas, y me acerqué, me dijeron que teníamos una fiesta de maravilla. La verdad es que ellas conocían a mi mujer (habían ido juntas a la Universidad) y por ende, sabían quien era yo, eso me avergonzó mucho, para ser sincero, pues confiaba en que nadie nos reconociera. Me dijeron que si se podían unir o que si yo prefería una fiesta para mi solito. Yo les dije que ya regresaba. Le dije a Carolina y ella me dijo que le encantaría verme gozar a una de esas muchachas o a las dos. Pues volví donde ellas estaban y nos pusimos a bailar.

Bueno, yo un poco más abusivo, les fui echando mano a las dos, y ellas entre risas se dejaban hacer lo que yo quería. Tenían unas tetas formidables, yo soy adicto a las tetas y unos culos de infarto, la verdad es que no tenían nada que envidiarle a mi esposa. Se llamaban Clara y Martha, yo sin haber terminado de bailar una canción que ahora está muy de moda en Bogotá, las comencé a besar alternativamente, viendo como a mi esposa se la pasaban de mano en mano, y todas le hacían algo. A estas alturas, mi esposa organizó una rifa, me dijo que tenía ganas de rifar su ropa y que no tendría inconveniente en salir desnuda a la calle. Pues bien, yo le dije que estaba de acuerdo, pero que no quería perder las tanguitas, pues era un recuerdo de nuestro viaje a Miami. Ella me dijo que bueno.

Mis amigas se presentaron, se reconocieron y se rieron de todo lo que estaban haciendo, y ellas dijeron que también querían participar en la rifa. También rifarían sus propias tanguitas, no tan espectaculares como las de mi esposa, pero que no estaban mal. Yo le dije que rifara la tanga, pero que hiciera que me las ganara yo. Así comenzamos, se rifó primero el top de Martha, que se lo ganó uno de los amigos de Mario. Ella no tenía nada debajo, así que quedó con las tetas al aire. Se me acercó, a la vista de mi mujer, para que yo le protegiera su desnudez, y yo se la protegí con mi boca. Mi lengua chupaba sus pezones rosado oscuros, y se los paré de tal forma que parecían pequeños penes queriendo eyacular.

Clara se ofreció para la segunda rifa, y ofreció también su top. Se lo ganó Mario, quien pidió poder quitarlo, lo quitó con la boca, chupando lo que quiso. El broche del sostén era adelante.
Le tocaba a Carolina, quien dijo que rifaría su tanguita, y que quien la ganara se la guardaría, pero que el segundo premio era quien se la iba quitar, pero que se la quitara con la boca. Ya sabía yo que me ganaría la tanguita, era el convenio, pero no sabía quien se la iba a quitar. Poco a poco nuestra esquina del sótano, a pesar de la penumbra, era la que atraía más ojos.

Efectivamente me gané la tanguita, yo hice cara de sorpresa y de molestia por no ser quien la quitaría. Rifó la quitada y se la ganó otro de los amigos de Mario, con quien ella no había bailado. Ella se quitó el pantalón sin recato, y se dejó caer en el suelo haciendo movimientos bastante eróticos al ritmo de la música. Se movía lentamente de arriba a abajo, en redondo, en fin, de todo para que nos arrecharamos y le dijo al muchacho que comenzara a quitarle la tanga, por la forma en que le habló supuse que ni siquiera sabía el nombre ni había hablado con él.

El muchacho se arrodilló y comenzó a tomar con sus labios la tanguita, de la parte media, es decir de la que tapa la chochita, le estaba pegando una mamada a la chocha en mi cara, poco a poco comenzó a apretar, lo que hacía que también apretara el clítoris de Carolina y que ella gimiera de gusto.

Fue bajando el minúsculo pantaloncito y dejó a descubierto una chocha húmeda, rasurada totalmente, como a mi más me gusta, abiertos sus labios, lo que evidenciaba que si le habían metido los dedos en la chocha, en fin, un postre apetitoso, el muchacho se le iba a abalanzar encima y ella lo paró y le dijo que más tarde. Se quedó totalmente desnuda, a la vista de todo el mundo, sin que le diera vergüenza. Bailaba, a la vista de todos. Siguió la rifa, Martha ofreció también su tanga, con la misma condición que puso Carolina. Bueno, ella hizo que se la ganara otro de los muchachos, y que la quitada fuera mía. Yo también hice lo mismo que le habían hecho a Carolina, pero con un poco más de atrevimiento. Le metí la lengua en su huequito, y ella gemía de puro gusto. Ella dijo que quería que me la culeara ahí mismo, sin más dilaciones. Yo miré a mi esposa, quien me hizo cara de que sí podía.

Pues sin más, me saqué la verga y se la hundí en el huequito, a pesar de que me había hecho una paja menos de media hora antes, no pude más que correrme casi al instante por la excitación en que estaba. Pero después de venirme, seguí bombeando con fuerza, y cuando volví la cara, vi que mi mujercita era culeada por Mario, quien se la metía y se la sacaba con mucha fuerza, haciendo que ella gimiera ruidosamente. Clara era empalada por uno de los amigos de Mario, mientras que los otros se pajeaban. Bueno, una vez yo terminé, se acercó uno de los otros y también se comió a Martha. En fin, todos, éramos cinco, les dimos una buena dosis de verga a las tres muchachas. Cuando estábamos en eso, bajó el administrador del Bar, que sin decir más nos echó del mismo.

Vale la pena decir, que las muchachas no tuvieron tiempo de vestirse, así que salieron desnudas a la calle y todas se metieron en nuestra camioneta. Los muchachos se hicieron en el platón y nos fuimos del lugar. Los dejé en sus casas, a cada uno, tomando en cuenta la dirección de cada una de las muchachas, mientras que Carolina hacía lo propio con los muchachos.

Cuando llegamos a la casa volvimos a hacer el amor, hasta que estuvo bien entrada la mañana, sin importarnos nada de lo que pudiera suceder en el mundo, recordábamos todo lo que hicimos, y nos prometimos nunca más ser tímidos ni mojigatos con respecto al sexo del uno o del otro, desde entonces siempre intentamos conseguir socios y socias que quieran escandalizar y tener sexo del más abierto. Yo me encargo de las socias, no sin antes hacerles un riguroso examen de aptitudes y ella (Carolina) hace por su lado lo propio.

Autor: Eduardo

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La madurita me la mamó en el cine

Ella abrió la boca y se tragó mi verga, era una maravilla como me la mamaba, recorría todo mi tronco y con su lengua acariciaba la cabeza de mi pija que estaba por estallar, ella estaba muy caliente, se contorsionaba y ronroneaba como una gatita en celo, de pronto tuvo un orgasmo, casi salta del asiento del gusto que sentía, le avisé que me corría, acabé y se tragó todo sin dejar ni una gota.

Hola hoy les voy a escribir mi experiencia por que siento que es muy importante que la gente se anime a participar y disfrutar de las nuevas alternativas sexuales que inquietan a nuestra generación y enriquecen nuestra sexualidad.

Soy un hombre de 35 años, muy caliente que debido al cine descubrí opciones que han cambiado mi sexualidad, en los cines pornográficos se presentan situaciones deliciosas que uno no se alcanza a imaginar.

Una tarde entré al Esmeralda Putssy Cat, que está en Bogotá en la carrera séptima con calle 23, me acomodé como siempre a disfrutar de mi película.

Siempre me llamó la atención cuando una pareja entraba poder estar cerca me excitaba el poder ver como se toquetean o que caras hace ella ante las escenas.

Grande sorpresa cuando una pareja se sentó en la fila de al frente, ella de unos 40 años y él de 45, ella parejita buena pierna, llevaba una falda de paño verde y una blusa beis y su chaqueta, la verdad es que me gustó, me gustan las mujeres mayores y esta pareja me pareció agradable.

Yo no les quitaba la vista de encima, esperando en que momento el señor empezaba a meterle la mano bajo la falda.

Cuando la miro ella me estaba mirando y se pasaba la lengua por los labios provocándome y me guiñaba el ojo, me calenté mucho, pero también me asusté por el esposo. Mi sorpresa fue grande cuando veo que él me mira y empieza a sobarle las tetas a su esposa sin quitarme la mirada y ella continua lamiéndose los labios en forma provocadora.

Así transcurrió la película y durante el intermedio ellos continuaron conversando como si nada.
Después comprendí que lo hacían para que nadie más se diera cuenta del asunto.

Terminados los cortos se inicia la película y ella me hace señas para que me siente cerca de ellos. Yo estaba muy asustado pues jamás había vivido algo como esto, pero a la vez me encontraba muy caliente y esta situación del marido me produjo algo que me indujo a pararme y hacerme al lado de ellos.

Cuando me senté me temblaba todo, ellos continuaron en su toqueteo él le sobaba las tetas y me miraba. Ella empezó a deslizar su mano por mi pierna hasta que llegó a mi verga que estaba a reventar. Luego me tomó la mano y la guió hasta sus piernas y abrió esas deliciosas piernas que yo empecé a acariciar llegando hasta su conchita.

Tenía unos calzoncitos abiertos en la mitad por lo que pude meterle los dedos y masturbarla, mis dedos entraban y salían, ella gemía bajito. Me sobaba el paquete, abrió la bragueta y mi miembro saltó como resorte, comenzó a acariciarlo arriba y abajo, mientras yo la masturbaba cada vez más rico, ella se agachó, abrió la boca y se tragó mi verga hasta la campanilla.

Me agarré del apoya brazos del placer, era una maravilla como me la mamaba, recorría lentamente todo mi tronco y con su lengua acariciaba la cabeza de mi pija que estaba por estallar.

Se notaba que ella estaba muy caliente, se contorsionaba y ronroneaba como una gatita en celo, de pronto tuvo un orgasmo, casi salta del asiento del gusto que sentía, le avisé que me corría. Por lo bajo me dijo, dame toda tu lechita, la quiero toda en mi boca, acabé y se tragó todo sin dejar ni una gota, ella me miró a los ojos como señal de agradecimiento, y dejó mi pija de todo rastro de semen.

Antes de acabarse la película me invitaron a acompañarlos y tomar algo. Salimos del cine y entramos en un bar. Hablamos un poco y ellos me contaron que les gustaban los tríos, yo estaba sorprendido por que no sabía que estas cosas ocurrían en la realidad.

Me dieron su teléfono y luego nos vimos una vez más, con ellos aprendí lo que sucede en los sitios de intercambios y de estas tendencias del sexo.

Soy un aficionado a los tríos y he buscado la forma de encontrar estas situaciones pero la verdad es que no es fácil. La gente se cuida mucho y es lógico que así sea. Recientemente puse un aviso en internet para conocer parejas interesadas en el tema y tuve la oportunidad de conocer una pareja a la cual les transmití mi conocimiento en el tema, sitios y experiencias.

Debo reconocer que con ellos estuvimos hablando durante casi dos meses por teléfono. En un par de ocasiones nos encontramos y hablábamos de las fantasías, de las experiencias, entramos a internet a ver fotos.

A un chat para hablar con otras parejas, a esta página a leer historias y entrar en contactos, en el que, por otra parte, conseguimos muchas citas y lo pasamos genial.

Finalmente una noche ellos se decidieron y lo hicimos con ella.

Pero esto es para otra historia.

Autor: elfotografo1

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