Enseñando a mi esposa

Me llamo Oswald, tengo 31 años y mido 1,75 metros. Tengo una complexión normal aunque no especialmente fuerte. Hace dos años me casé con Elaine, una chica de la misma edad que yo, rubia y con carita inocente y cuerpo delgado, con tetas bonitas aunque sin ser exuberantes y un culo bien hermoso.

Aunque mi carácter siempre ha sido más bien de salido (no lo voy a negar, me gusta follar y mucho, como pueden atestiguar mis anteriores relaciones) Elaine siempre ha sido en ese sentido una chica fría. Pero quizás fue por eso por lo que me excitó, aparte de que cuando nos conocimos en la bolera a la que solíamos acudir el flechazo fue por ambas partes. Aquí tendría que hacer un inciso, para decir que yo me dedico a rotulista en una empresa de publicidad, mientras que ella trabaja de enfermera en el ala de pediatría del hospital general. O sea que tampoco es que trabajemos ni juntos, ni que nos dediquemos a lo mismo.

Tras salir un tiempo con ella nos decidimos a casarnos. Ella era muy tradicionalista, y la noche de bodas fue cuando por primera vez la pude follar, porque hasta entonces no se dejó. Ese hecho puede sorprender porque soy una persona que, sin ningún tipo de aberración ni nada por el estilo, siempre me han gustado ciertos juegos sexuales que quizás pueden parecer una guarrada, pero que a mí me gusta mucho practicar. Me refiero a cosas como realizar el 69, darle por el culo a una mujer, meneármela entre sus tetas (lo que normalmente se llama una paja a la cubana) o sobretodo correrme en la cara de la chica con la que estoy fornicando.

Pensareis, y no sin razón, que ella se negaría en redondo a muchas de esas cosas, pero la noche de bodas ya cedió a que yo la enculara. Y he de reconocer que me lo pasé muy bien, aunque como me comentó que era la primera vez que le follaban el culo fui con cuidado, que no quería hacerle daño (al acabar ella me dijo que aunque quizás le había dolido un poquito, el placer fue mayor que el dolor, y además ella se había estado masturbando vigorosamente mientras la enculaba, con lo cual también disfrutó).

Poco a poco fue cediendo en el resto de cosas. La cubana, por ejemplo, me la hizo el día en que estábamos los dos preparándonos para una cena con unos amigos. Ella se había desnudado, para elegir que vestido llevar esa noche, cuando yo (excitado ante la visión de sus hermosas tetas) la agarré, la tumbé sobre la cama, me puse sobre ella y justo cuando ella abría la boca pensando que se la iba a meter dentro, la sorprendí, metiéndola entre sus tetas y apretándolas luego (sin hacerle daño, eso si) para, moviéndome rítmicamente, menearla entre sus pechos hasta que al final eyaculé por encima de ella.

Aunque aún no habíamos probado la eyaculación facia por diferentes motivos habíamos estado una semana sin poder acostarnos juntos (y eso me afectaba incluso a mí, que no me masturbaba ni nada para guardar toda mi leche para ella) y viendo que teníamos una oportunidad la llamé por teléfono y le dije:

– Cariño, voy para allá, vete quitando las bragas.

Al llegar yo no sólo tenía fuera las bragas, sino todo lo demás. Yo me desnudé rápidamente, sacando al aire el misil caliente que tenía entre las piernas. Ella se arrodilló y se lo metió en la boca, empezando a chuparme la polla, primero delicada y lentamente, para acabar moviendo la cabeza como loca, introduciendo y sacando la polla de su boca a la máxima velocidad que podía.

Y ahí fue cuando al final lo conseguí. Sin poder aguantar más le dije que me iba a correr y entonces ella me dice:

– En mi cara.

Dicho y hecho, saqué mi cipote de su boca y masturbándome furiosamente le solté en la cara no uno ni dos sino tres abundantes chorros de semen disparados por mi polla, los cuales le mojaron la frente, las mejillas y la boca. Ella aceptó bien la corrida y a partir de entonces fue cuando la pude convencer para que lo repitiéramos siempre que nos fuera posible..

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