mi esposa cristina de calienta vergas con los vendedores

Otra de las aventuras de cristina, fue hace poco, cuando me dijo que había comprado algo de ropa y se la iban a llevar a la casa,

Yo de principio pensé que no podía pasar nada malo, hasta que después de unos minutos de que me dijo eso, salió de la recamara vestida únicamente con una pequeña bata semitransparente, que dejaba ver perfectamente su ropa interior, me le quede viendo algo extrañado y le dije,

– ya estás pensando en estar de puta, verdad., cristina,

Ella solo me sonrió y me dijo,

– bien sabes que si me sale algo interesante, pues no voy a dejar pasar la oportunidad, además el chico que me atendió ayer estaba bastante guapo y espero que sea el quien me la traiga, así que mejor ni digas nada,

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Cuando una noticia en televisión puede cambiar las cosas.

Amor Filial Hetero, Tía y sobrino. Sexo con maduras. Ella estaba llegando a su segundo orgasmo y yo al primero, retiré mi pene, la llevé a la tapa del inodoro y apunté a su frente. Fueron tres tiros de leche caliente en su cara. Nunca había hecho eso antes, y había sido estupendo. Si bien, no le gustó a mi tía como terminé, se llevó con gusto mi leche a su boca, y luego se lo tragó, poniéndome la mejor cara de turra posible al hacerlo.
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El secreto de la dueña de casa

Deseoso de seguir metiendo y sacando mi verga de su culo aceleré mis movimientos, ella seguía moviendo sus nalgas, me vine apretándola contra mi cuerpo, me quedé acostado a su lado, cuando sentí su mano sobre mi verga, la agarró y la comenzó a limpiar, de inmediato sentí como la metía en su boca con la que divinamente me la chupó, hasta que se me volvió a poner dura.

Cuando joven recién había llegado a la ciudad, dispuesto a trabajar en la misma empresa en la que hoy soy gerente. Por suerte gracias a mis padres, había conseguido ese empleo, pero necesitaba donde vivir. Aunque tenía algo de dinero no era mucho, también gracias a uno de los empleados conseguí una habitación, en casa de una señora. Cuando lo escuché referirse a ella como una vieja rara, me hice la idea de que sería más o menos, como mi abuela materna que era bastante vieja. Pero cuando llegué a la antigua casa, dentro de una las más lujosas urbanizaciones de la ciudad, comencé a llevarme varias sorpresas.

Después de tocar la puerta, salió una llamativa y exótica mujer, mucho mayor que yo, que apenas tenía veinte años en esos momentos, pero ella se veía muy bien conservada, alta de cabello rubio platinado, de tez morena y ojos almendrados. De elegante vestir y muy finos modales. La verdad sea dicha, me impresionó, pero por lo visto yo a ella no, me tomó algunos datos y me pidió el pago del mes adelantado, que realmente tomando en cuenta todo lo dicho sobre la casa, no era mucho. Ella misma me dijo que tenía derecho a desayunar y cenar, pero que no le gustaban las fiestas ni visitas en su casa. Cosa que para mí no era problema, no conocía a nadie en la ciudad, como para invitarlos a visitarme. Desde ese momento me sentía casi como en mi propia casa, podía ver la televisión en la sala, leer, estudiar y a la señora Cristina, la dueña de la casa, en nada le molestaba.

En ocasiones la podía ver, que recibía la visita de un hombre mayor que yo, pero menor que ella, con el cual pasaba horas encerrada en su habitación. Cuando me levantaba, había días en que ella estaba vistiendo únicamente una delicada bata de cama, que le quedaba muy bien, ocasionalmente no es que lo hiciera con intención, pero accidentalmente podía ver parte de sus llamativos senos y hasta sus oscuros y parados pezones. Cuando no era que al sentarse distraídamente, también podía ver, sus fabulosos muslos, los cuales quedaban casi del todo descubiertos.

Ella por lo general, no se encontraba en la casa cuando yo regresaba de estudiar de noche. Pero un sábado mientras limpiaba y ordenaba mi dormitorio, pasé frente a la puerta de su habitación, la que estaba completamente abierta, por curiosidad di un vistazo y lo que alcancé a ver me dejó loco. La señora Cristina se encontraba completamente desnuda acostada en su cama, por la posición en que estaba nada más podía verle gran parte de sus bellas nalgas. Pero solo eso bastó, para que yo de inmediato me dirigiera al baño a masturbarme como un loco.

Desde ese día, no perdía ocasión para ver si podía echarle una buena mirada a la señora. Quizás de manera inconsciente, comencé a hacerle veladas insinuaciones a ella. Las que por lo visto o ella no se daba cuenta o simplemente no me hacía el menor caso. Comencé a salir del baño apenas con una pequeña toalla cubriéndome, con la esperanza de que ella se fijase un poco en mí, lo único que me dijo un día de esos, fue que me cubriera, que me podía dar un catarro. Pero nada de nada, ni siquiera piedras me tiraba, como dicen en mi tierra. Yo estaba algo descorazonado, Cristina era toda una hembra, alta, de cabellera rubia platinada, grandes ojos verdes, de piel morena y ese enorme par de tetas que me tenían loco, sin contar su tremendo culo, que movía tan y tan bien cuando caminaba por toda la casa.

Cuando llegaban los fines de semana, yo compartía un poco más con ella. Pero un sábado salió temprano y no la vi durante todo el día, hasta que llegó ya entrada bastante la noche. Ya me disponía a irme a dormir, cuando Cristina como cosa rara me buscó conversación, encantado me puse a charlar con ella, fue que me di cuenta por el olor de su aliento, de que la señora había estado bebiendo, hasta que en cierto momento, me ofreció un trago el que acepté de buena gana, pero le dije que con la condición de que ella me acompañase. Después de seguir charlando, ella me comentó que se iba a cambiar de ropa, pero que regresaba enseguida. Cuando regresó vistiendo esa sensual bata que tanto me gustaba verle puesta, en lugar de sentarse en su butaca, tomó asiento a mi lado en el sofá de la sala y seguimos charlando de un montón de cosas sin importancia. Yo solamente me conformaba, con verle parte de sus hermosos senos. Ella me volvió a servir otro trago y además ella también se sirvió otro.

Mis ojos no veían otra cosa que parte de sus senos, cuando ella por lo visto se dio cuenta de mi gran interés. Fue cuando me pregunto sin rodeo alguno ¿te gustan? Yo me quedé cortado, sin saber que decir. Casi de inmediato, ante mis propios ojos los descubrió ante mí. Yo no podía creer lo que estaba sucediendo, frente a mí y a tan poca distancia, estaban uno de los motivos de mis mayores pajas, desde que llegué a esa casa.

Pensé que poco faltaba que me dijera que se los tocase, cuando de momento su melosa y gruesa vos como si me hubiera leído la mente me preguntó si deseaba tocarlos. Tartamudeando de la emoción, apenas respondí un casi audible sí. Cristina me tomó ambas manos y las dirigió directamente sobre sus parados senos, los que yo casi temblando comencé a tocar, hasta con miedo de que me fuera a decir que me detuviese. Por un rato, realmente no sé por cuanto tiempo no hice otra cosa que acariciar sus senos y pezones con mis manos, sentir la suavidad y el calor de su piel bajo mis manos. Hasta que nuevamente escuché su voz preguntarme ¿quieres besarlos? a lo que casi sin salir de mi asombro, le respondí que si, pero asintiendo con la cabeza, es que la voz no me salía, de lo emocionado que estaba. Lentamente fui colocando mis labios sobre sus parados y oscuros pezones.

Me sentía como en las nubes, era la primera vez en toda mi vida, realmente que llegaba a tocar a una mujer. El aroma de su tersa piel me tenía embriagado, sus manos comenzaron acariciar mi cabeza, mis cabellos mis orejas, mientras que yo seguí chupa que chupa, pegado a esas tetas como si yo fuera un nene pequeño a su madre. En esos momentos mientras yo seguía chupando sus tetas desesperadamente, me dijo que tuviera calma, que se las habían operado hacía menos de seis meses. Mientras yo seguía disfrutando de tal experiencia, la bata se le fue corriendo hasta que parte de ella cayó al piso de la sala. Vi de reojo apenas parte de su oculto coño y como si fuera un imán, mi mano se sintió atraída por el. Había ya casi colocado mis dedos, sobre la pelambre superior de su coño, cuando su mano agarró la mía con una fuerza que no sospeche que ella tuviera, diciéndome. Espera, no te desboques, que todo llega a su tiempo, pero antes quiero ver que me muestres tu cosa.

No lo podía creer, ella quería ver mi verga. La que dentro del corto pantalón que cargaba puesto yo en esos momentos, luchaba por salir. Apenas escuché su pedido, de inmediato aunque de manera bien torpe me quité los pantalones y hasta el interior. Quedándome desnudo de la cintura para abajo, súper excitado aunque algo cortado. Ella sin embargo, me siguió hablando tranquilamente, mientras tomándome de las manos, me hizo sentar nuevamente a su lado. Apenas me senté, ella dirigió sus manos a mi verga, la acarició delicadamente, mientras la observaba con detenimiento. No me había dado cuenta pero a su lado en la pequeña mesa de sala, había una pequeña fuente llena de agua y una pequeña y mullida toalla blanca. Con la que sin decir palabra, después de tomarla entre sus dedos, comenzó a pasarla humedecida en el agua, por toda mi verga. Yo me quedé esperando que ella me dijera que más hacer, no quería romper la magia del momento, metiendo las patas tirándome sobre ella. Sin soltarme la verga me dijo, quiero llegar a un acuerdo contigo, pero antes de que sigamos hablando déjame ver algo.

No sabía a que se refería con dejarla ver algo, pero casi de inmediato me di cuenta de que se trataba. Cuando colocó su boca completamente sobre mi verga y con su lengua comenzó a lamerla, para después seguir mamándola divinamente. Yo estaba que me sentía en las nubes, la señora Cristina me estaba dando mi primera mamada de mi vida y que rico se sentía. De la misma manera que comenzó se detuvo, levantándose del sofá y sujetando su bata evitando quedar toda desnuda frente a mí, me dijo, que la acompañase a su habitación.

Yo la seguí a pocos pasos de ella sin quitar la vista de la parte superior de sus bien formadas nalgas, ya que el resto quedaba oculto por la condenada bata. Apenas entramos me tomó una mano y cerrando la puerta me dijo, soy un poco rara sabes, cuando estoy con un hombre como tu, la primera ves me gusta hacer el amor de manera muy especial, pero con las luces completamente apagadas. La oscuridad era total, pero la sola idea de que me acostaría con ella, realmente poco me importaba que las luces estuvieran prendidas o apagadas.

A medida que me iba subiendo a la cama, me dijo que me quitase la camiseta y que hiciera todo lo que ella me indicaba. Pensé para mi, ha esta señora le gusta mandar, pero eso tampoco me importaba. Lo que deseaba, era acostarme con ella. Con la palma de mis manos fui tocando la cama hasta que sentí sus piernas y fui subiendo por ellas hasta encontrar sus nalgas. Sentí como Cristina, separaba sus piernas diciéndome, colócate sobre mí. De inmediato le hice caso, agarrando mi verga con una mano mientras que con la otra tocaba sus nalgas. Lentamente me fui inclinando sobre ella una de sus manos guió mi verga y sentí como poco a poco la iba penetrando. Me sentía en la gloria, no podía creer que se lo estuviera metiendo a la señora en esos momentos.

Cristina movía sus caderas de una forma y manera que para mi me parecieron únicas, aunque no lo crean me había enamorado completamente de esa mujer. Yo como podía, acariciaba sus senos, la sujetaba por las caderas con fuerza contra mi cuerpo, en fin no sabía que más hacer. Hasta que justo antes de venirme dentro de ella, me dijo. Sabes que me estás dando por el culo, yo no lo podía creer, pero al fin y al cabo darle por el culo o por el coño para mi era lo mismo, en esos momentos. Deseoso de seguir metiendo y sacando mi verga de su culo, aceleré mis movimientos, mientras que ella también seguía moviendo sus nalgas divinamente. Hasta que me vine apretándola con fuerza contra mi cuerpo. Por un buen rato me quedé acostado a su lado, cuando sentí su mano nuevamente sobre mi verga, la agarró y nuevamente la comenzó a limpiar. Para luego de inmediato sentí como la metía en su boca. Con la que divinamente me la chupó, hasta que se me volvió a poner dura. Pero Cristina no se detuvo siguió y siguió, hasta que aunque demoré un poco me volví a venir.

Yo estaba, que no podía creer, todo lo que me había sucedido. Después de un corto rato Cristina prendió la luz de la mesa de noche, ella se encontraba acostada boca arriba, con parte de sus sábanas apenas tapándole el coño. Mientras que yo completamente desnudo, estaba recostado a su lado. Fue cuando me dijo, ahora quiero que tú me lo mames. Tras decir eso, con un rápido movimiento de su mano retiró la sabana. Realmente en mi vida no había visto un coño de mujer tan de cerca, si los había visto en fotos y en alguna que otra película porno, pero nada como eso, en vivo y a todo color. Aunque no sabía ni que hacer, ante mí tenía ese oscuro monte de pelos negros, me atreví a ir colocando mis manos en sus rodillas, hasta que le pregunté que más hacía,

Cristina me tomó con una mano por la nuca, mientras que con la otra separaba los labios de su vulva. Dirigiendo mi cara al centro de su coño me dijo, ahora a medida que yo me mueva tú me lames o me chupas aquí. Como que al principio no le vi la gracia, pero a medida que mi cara se acercaba su aroma me comenzó a embriagar, apenas mi lengua tocó su clítoris, algo en mi sucedió, comenzó a gustarme eso de mamarle el coño a ella. Mientras más enterraba mi cara entre sus piernas, más ella se movía, mi saliva estaba por todo su coño.

Cristina comenzó a gemir como una loca, hasta llegué a pensar que le estaba dando un ataque al corazón, pero como seguía moviéndose y restregando su coño contra mi cara, yo también seguí mamándoselo hasta que ella soltó mi cabeza y agotado se quedó completamente recostada, conmigo a su lado. Cristina se vino a convertir para mí, en toda una maestra. Durante varios años viví en su casa, aún después de salir de la universidad y comenzar a subir de puestos dentro de la empresa. Al tiempo me enteré que el hombre que la visitaba y del cual yo había comenzado a sentirme celoso, era su único hijo.

Autor: Narrador

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Fui violada por mi esposo y sus amigos

El moreno continuaba metiendo y sacando su enorme miembro de mi vulva, no pude evitar mover mis caderas, es que su cosa era tan y tan grande, que me llenaba toda, haciéndome sentir y disfrutar de cosas que jamás había sentido y mamé con mayor empeño el miembro que tenía entre mis labios, alcancé un tremendo orgasmo gracias a como el moreno ese me enterraba toda su macana.

El moreno me la enterró en mi coño y casi el mismo tiempo no sé quién de ellos, me enterró su verga por el culo, mientras Efraín me puso su verga contra mi boca. La que sin demora comencé a mamar.

Si así como lo leen. Después de todo decidí hablar de esto que me sucedió. Mi nombre es Cristina, tengo 28 años, y estoy casada con Efraín desde hace casi 8 años, no tenemos hijos, y trabajo en una de las oficinas de gobierno. Efraín trabaja en el  campo de la construcción por lo que hay temporadas, en que no trabaja. Lo que a su vez le genera mucho más tiempo libre para compartir con sus amigotes.

Bueno debido a eso, mi esposo y sus amigos habían agarrado la mala costumbre de ponerse a beber, iban de bar en bar, hasta que un día mi madre me convenció de que por aquello de que no fuera a pasarle algo, le propusiera que mejor comprasen la cerveza y se la tomasen en casa. Yo acepté, pensando que de esa manera, por lo menos sabía dónde estaba. Por lo general los fines de semana mi casa prácticamente, se convertía en un bar más del barrio, se la pasaba llena de gente que yo ni conocía.

Al principio, yo les atendía, es decir les servía sus tragos o  cervezas, hasta les preparaba algo para que si les daba hambre comieran. Pero la manera en que comenzaron a verme alguno de los amigotes de Efraín, me incomodó bastante, se quedaban viendo mis nalgas y senos sin la menor discreción. Para colmo en más de una ocasión escuché claramente, como se referían a mí, pero de manera bien vulgar, diciéndose entre ellos. Mira qué lindo culo tiene Cristina; si me dejan soy capaz de comerle el culo a la mujer de Efraín.

Cosas como esas realmente me molestaban y mucho, aunque les diré también, que en ocasiones me sentía algo alagada, a pesar de lo vulgares que eran. Cuando al día siguiente se lo reclamaba a mi esposo, Efraín me decía que era cosa de borrachos que no mes hiciera el menor caso, cosa que me molestaba más todavía. Hasta que una noche, mientras les servía los tragos y recogía las colillas de cigarrillo del piso, volví a escuchar lo que decían de mí y mi culo, fue cuando me di cuenta de que al agacharme a recoger la basura, les juro que sin querer y sin intención alguna, les mostré gran parte de mis muslos y nalgas.

Pero aun y así pensaba llamarles la atención y ponerlos en su lugar, cuando de momento sentí que me agarraron por la cintura y sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo, me han subido la falda y bajado las pantis, en ese instante escuché la voz de mi esposo, que decía completamente borracho y entre risas. Ven el lindo culo que tiene Cristina, esta noche me lo como, y tras decir eso me dio una ardiente nalgada, que me dejó toda la nalga derecha ardiendo y bien colorada.

Cuando me soltó, yo salí llorando más que por el dolor, por la vergüenza que me acababa de hacerme pasar, frente a todos sus amigotes. Normalmente después dejar todo más o menos arreglado me iba a la cama, después de darme un baño. Pero en esos momentos dejé todo como se encontraba y me marché a nuestra habitación.

Efraín se emborracha con facilidad, y por lo general, en la madrugada llega a nuestra cama, con ganas de acostarse conmigo, al principio yo me hacía la desentendida, hasta que finalmente de tanto él insistir, yo terminaba por abrirle mis piernas. Pero esa noche después de lo que me hizo, me dije a mi misma que antes de dejar que me volviera a tocar, me iba para la casa de mi mamá. Temprano lo sentí que entraba en nuestro cuarto, así que antes de que se pusiera con sus cosas le dije. Que no me tocase, que se fuera con sus amigos, que no lo quería ver más. Efraín solo dijo Ok. Con que esas tenemos, está bien. Tras decir eso salió de la habitación, sin decir o hacer más nada.

Yo me quedé dormida en la cama, creo que de tanto llorar, hasta que de momento me desperté al sentir que me arrancaban la cobija con que dormía. Cuando traté de reaccionar, Efraín saltó sobre mí como si fuera un salvaje, al tiempo que me arrancaba prácticamente la bata. No sé si fue lo rápido que sucedió todo, pero me quedé paralizada de miedo, al no entender que era lo que pasaba. Cuando de repente escuché otras voces que le decían a mi marido. ¿Estás seguro de lo que vas hacer?, si quieres lo dejamos para otro momento. A Lo que mi marido le respondió. Yo dije que lo haríamos y lo vamos hacer.

Su tono de voz me asustó más todavía, en ese instante fue que me di cuenta de que él me había arrancado la cobija que estaba usando, dejándome con mi bata de dormir nada más. Efraín se volvió como loco, prácticamente me terminó de desnudar, frente a todos. De momento alguien prendió la luz de la habitación, lo que terminó por dejarme, más confundida y asustada. Ya que apenas mis ojos se adaptaron a la luz, vi que en nuestra habitación, se encontraban como cuatro o cinco hombres más, algunos los conocía de vista nada más, y a otros ni idea tenía de quienes eran. Yo infructuosamente traté de zafarme, pero mi esposo había dejado caer casi todo el peso de su cuerpo sobre el mío, impidiendo así que yo escapase. No fue hasta que él mismo se los ordenó, que ellos me sujetaron, por pies y manos. Lo único que yo veía era la manera en que todos ellos me miraban.

Efraín separó mis piernas, y sin consideración alguna, sacando su miembro del pantalón frente a sus amigos, me lo a metió salvajemente.  No podía creer que él me hiciera eso, y menos frente a esos tipos. Efraín me clavaba su miembro de manera salvaje sin consideración alguna, mientras que yo inútilmente trataba de resistirme, por lo que de momento me ha dado una tremenda cachetada, que me hizo quedarme quieta, al tiempo que le preguntó a sus amigos ¿quién vendría después de él? De inmediato un moreno alto y bastante grueso dijo que él. Y sin llegar a venirse dentro de mi coño, Efraín sacó su verga, y regó con su leche todo mi vientre. De inmediato él y el moreno cambiaron de lugar, mientras que yo entre confundida y asustada, me quedé sin moverme.

El moreno agarró lo que quedó de mi bata de dormir, la pasó sobre mi coño y mi vientre, retirando la leche que Efraín había derramado sobre mi cuerpo y de inmediato, vi como entre una de sus manos mantenía agarrado, algo que me pareció de primera impresión casi como un bate de beisbol, pero bien negro.

A diferencia de mi esposo, el tipo ese fue más considerado, al punto que en cierta forma sentí algo de placer a medida que enterraba su cosa dentro de mi cuerpo. Aunque en el fondo, me sentía sucia, vejada, en fin violada, y lo peor de todo era que mi propio esposo lo había propiciado todo. A medida que el moreno continuaba clavándome su verga, uno de los tipos, acercó la suya a mi boca, y fue cuando escuché a Efraín decirle, no te preocupes que no te va a morder, si se atreve hacerlo le tumbamos todos los dientes a patadas. Escuchar eso para mí fue una clara advertencia de lo que me pasaría de no obedecer, así que tragándome mi indignación y rabia, abrí mi boca y comencé a  mamar.

Después de un corto rato ellos se dieron cuenta de que yo ya no oponía la menor resistencia, por lo que me soltaron, dejando que el moreno continuara metiendo y sacando su enorme miembro de dentro de mi vulva. Ya en esos instantes, no pude evitar el comenzar a mover mis caderas, es que su cosa era tan y tan grande, que me llenaba toda, haciéndome sentir y disfrutar de cosas que jamás había sentido. A tal grado que mamé con un mayor empeño el miembro que tenía entre mis labios. Lo que trajo en consecuencia que a los pocos segundos sintiera como se llenaba mi boca con el semen de ese extraño.

Yo no lo hubiera querido así, pero alcancé un tremendo orgasmo, gracias a como el moreno ese me enterraba una y otra vez toda su macana.  A diferencia de Efraín, el moreno se vino por completo, dentro de mi coño, sentí todos y cada uno de sus embates contra mi cuerpo, hasta que finalmente se detuvo y permaneció quieto hasta que otro de los tipos le dijo que él seguía. Aun en ese momento me sentía sumamente avergonzada, inútilmente trataba de esconder mi completa desnudes con mis brazos y cerrando mis piernas. Por mi cara corrían unos cuantos lamparones de leche, los que traté de limpiar con una de mis manos, hasta que sin que yo lo pidiera Efraín me entregó una botella de ron, y me ordenó que bebiera, amenazándome con darme otra cachetada de no hacerlo.

Después de que me bajé unos cuantos tragos, el siguiente tipo, sin tan siquiera esperar a que me lavase o aseara el coño por lo menos, se bajó los pantalones, y dirigió su verga contra mi cuerpo. No quedándome más remedio que abrir mis piernas, ante la amenaza de volver a ser golpeada por Efraín. A medida que comenzó a meterme su miembro, y que el ron que me habían obligado a tomar hacía efecto, comencé a moverme mis caderas, y al voltear a un lado de la cama vi a Efraín masturbándose mientras observaba como ese otro tipo me penetraba. Realmente mi coño estaba más que lubricado por el semen del moreno, y al parecer el idiota que estaba sobre mí en ese momento ni cuenta se dio de ello, ya que a los pocos segundos de haberme metido su verga se vino.

No bien él se había levantado, cuando Efraín me volvió a obligar a que siguiera bebiendo,  lo que rápidamente se me fue a la cabeza, ya que comencé a sentirme bastante mareada y que como aunque no quería, eso de que me violasen me estaba comenzando a gustar. Fue cuando el cuarto tipo, me agarró entre sus manos y como si fuera una muñeca de papel me volteó, colocándome boca abajo. De inmediato sentí como sus dedos llenos de saliva me los fue enterrando suavemente dentro de mi culo.

Yo en mi vida había dejado que Efraín me hiciera eso, y mucho menos lo que ese tipo después continuo haciéndome. Pero cuando sentí lo caliente de la punta de su  verga, presionando contra mi pobre culito virgen, me asusté. Aunque la bebida que me había ya tomado, en parte como que también me hizo pensar, que era algo gracioso el que un tipo, me diera por el culo, frente a mi marido quien nunca me lo había hecho así.

Cuando él comenzó a presionar su verga contra mi culo, sentí como se abría, aparte de un fuerte dolor, que hasta me hizo correr varias lágrimas. Pero cuando su cuerpo finalmente estuvo en pleno contacto con el mío, quizás fue la borrachera que ya tenía, que comencé a mover mis nalgas de un lado a otro, y de momento que otro de los tipos me vuelve a poner una verga frente a mi boca, no quedándome más remedio que ponerme a mamar, bajo la continua mirada de mi esposo, que sin dejar de masturbarse les decía a ellos que hacerme, y a mi diciéndome puta que moviera más el culo…

Cosa que estuve haciendo hasta que ese mismo tipo, me ha enterrado una de sus manos dentro de mi coño de manera bien bruta, no se conformaba con meter y sacar toda su verga dentro de mi apretado culito, sino que introducía una de sus manos prácticamente por completo dentro de mí, lo que yo disfrutaba ampliamente, y lo demostraba gimiendo y moviendo mis caderas a más y no poder.

Cuando menos lo esperaba volví a tener otro orgasmo, y algo bien morboso me sucedió, ya que lo disfruté bastante, por el solo hecho de que Efraín nos miraba sin dejar de masturbarse e insultarme. El tipo ese me dejó bien agotada, y pensé que se marcharían los cuatro, pero no fue así. El moreno me tomó por el brazo me levantó y me condujo al baño, al tiempo que mi marido me volvía a obligar que me diera otro trago de ron, ya en el baño, el moreno me sentó en el bidé y me dijo que me lavara el coño y culo, lo que hice frente a todos ellos como si estuviera haciendo una gracia.

Al terminar, me levanté dando tumbos, por lo mareada que me encontraba, y nuevamente me tiraron en la cama, fue cuando el moreno, poniendo su monstruosa verga frente a mi boca me ordenó que se la mamase, lo que me dediqué hacer hasta que comencé a sentir que eso casi me ahogaba, fue cuando él la sacó de mi boca y nuevamente me la enterró en mi coño, pero colocándome sobre él, y casi Al mismo tiempo no sé quién de ellos, me enterró su verga por el culo, yo estaba que no sabía ni que hacer, mientras Efraín acercándose a mí, me puso su verga contra mi boca. La que sin demora comencé a mamar.

En cierto momento pude ver mi cuerpo, en el espejo de la peinadora, en mi vida había ni tan siquiera pensado en hacer algo como eso, y lo mejor de todo era que lo estaba disfrutando como una loca. Hasta que por el agotamiento o la borrachera que agarré me quedé dormida. Lo último que recuerdo fue al moreno grandote, que apretando su verga entre mis tetas, se vino en mi cara.

Lo cierto es que cuando al día siguiente me desperté, me encontraba sola en casa, completamente desnuda, hedionda a sudor, mi cabeza me dolía, me dolía mi culo, mi coño, mis tetas, además de varios mordiscos en mi cuerpo, tenía grandes lamparones de leche por todo mi cuerpo y mi cabello, en fin estaba hecha un desastre.

De inmediato recordé todo lo sucedido, y me dio rabia y dolor el que mi propio marido me hubiera violado, y para completar en compañía de todos esos tipos. Por un largo rato pensé en llamar a la policía, pero también me acordé, de lo mucho que disfruté en parte de que me hicieran todo eso. Y que sería mi palabra contra la de todos ellos, además pensé que si Efraín decía que todo fue idea mía al decirle que invitase a sus amigos a casa y  con que uno de ellos, hablase de cuando me agaché a recoger las colillas de cigarrillo del piso, que me pudieron ver parte de mis nalgas. Cualquiera diría que fue que los provoqué, además nadie me creería que mi marido auspició todo.

Finalmente mientras me di un buen y reparador baño de agua caliente, decidí no denunciarlos. No porque perdonase a mi marido por lo que había hecho, nada de eso, es que después de pensarlo bien, como ya lo dije pensé, que llevaba las de perder si lo hacía. Efraín se apareció prácticamente al día siguiente, sin decir nada, se me quedó viendo y de momento se puso a llorar como un chiquillo, pidiéndome que lo perdonara. Estaba bien asustado, quizás pensó que lo había denunciado, pero para su tranquilidad y la mía propia, le dije que no lo había hecho y que no lo pensaba hacer.

Casi me besó los pies, me juró por todos los santos que más nunca pasaría nada igual. Durante los siguientes días, se comportó como todo un modelo de marido, hasta que me dijo que pensaba salir a beber a un bar con sus amigos. Fue cuando le dije, que no, Efraín se quedó cortado, cuando le sugerí que los trajera a casa, que yo les serviría como de costumbre, pero con la condición de que no se emborrachase. Cosa que yo de por sí sabía, que él no iba a cumplir.

Apenas llegaron sus amigos, los recibí como si nada hubiera sucedido, puse los tragos, serví la comida, pero en lugar de encerrarme en mi habitación, fui y me cambé de ropa cuando me di cuenta que Efraín ya se encontraba bien borracho, y sus amigos comenzaban hacer comentarios sobre mi cuerpo.

Al regresar, al igual que ellos me puse a tomar, para después de un buen rato, comenzar a bailar sola y a pedido de Efraín, comencé a quitarme la poca ropa que tenía puesta. Hasta que me quedé completamente desnuda y todos ellos me volvieron a hacerme sentir la mujer más deseada del mundo. A medida que me fui acostando con todos y cada uno de ellos, ante la atenta mirada de mí satisfecho marido.

Autor: Narrador

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De señora a puta II

Iba entrando y yo no podía contener pequeños gritos de dolor, ya la tenía toda dentro. Parece que mi culo empezaba a acomodarse. Él empezó a bombear. Aunque todavía sentía dolor, no era tan intenso, y aunque me cueste admitirlo, sentía una especie de placer difícil de describir, que me hizo lanzar pequeños jadeos, también para mi interior…no le iba a dar el placer al hijo de puta ese.

Voy a seguir explicando un poco cómo me van las cosas. Los días van pasando y el piso de la calle Rosellón de Barcelona se está convirtiendo en mi segundo hogar. Ya he cobrado por primera vez…y no ha estado mal. Por una semana de trabajo me he llevado 800 €.

He podido pagar lo que debía en el piso dónde estoy y aún me ha sobrado algo de dinero. He podido comprarme algún capricho. Hacía tanto que no me sentaba en una cafetería y dejar pasar el tiempo y la gente delante de mí dejando que me sirvieran, sin pensar si mañana voy a tener algo de dinero en el bolsillo para comer. Esta ha sido la única parte gratificante y me pregunto si vale la pena.

Sí, finalmente tengo mi independencia, finalmente tengo algo de dinero en el bolsillo, pero no tengo amigos, no conozco a nadie y cada día pienso en mi hija, a la que no me atrevo a llamar. Le he fallado tanto que no puedo decirle nada. Si consigo suficiente dinero como para mudarme a un apartamento de alquiler para mí sola quizá llame a mi hija y decirle que su madre la necesitaba y que si quería pasar unos días conmigo.

Además he perdido cualquier resto de dignidad que pudiera quedarme al vender mi cuerpo cada día a todo el que está dispuesto a pagar por el. Seguro que muchos pensareis que es un trabajo más, pero no es cierto. Hay clientes que te degradan hasta hacerte sentir que no vales absolutamente nada y que no mereces ni que te paguen ni siquiera el aire que respiras. También es cierto que a veces, tienes suerte y te toca algún hombre que lo único que quiere es no sentirse solo durante un rato, sentirse acompañado, en alguno de estos casos, he llegado a sentir ternura.

Supongo que os interesará saber qué pasó después que Marcos y Cristina me contrataron. Pues bien, efectivamente fui a hacerme unos análisis de sangre a la consulta de un médico cercano al piso dónde iba a trabajar. Me esperaban, una enfermera me sacó sangre, me dijo que la analizarían y que ellos mismos enviarían los resultados a Marcos.

La enfermera me dijo que esperara que el médico me visitaría. Poco más tarde, un señor de unos 40 años me hizo pasar a su consulta, me dijo que era ginecólogo y que me iba a hacer una exploración. Me dijo que estaba todo bien, que tomara pastillas anticonceptivas y que nunca trabajara sin condón. Que volviera allí cada lunes antes de las 9 de la mañana para un análisis. Con estas me fui a la otra dirección que me dieron que resultó ser un piso particular de unas estilistas. Me mandaron desnudar. Una de las chicas me rasuró completamente con un aparato que no había visto nunca que hacía un poco de cosquillas. Me dijo que el pelo tardaría en aparecer de nuevo.

Me arregló el pelo, me hicieron masajes…me dijeron que debía ir allí cada semana. Una de las chicas me dijo que estaba preciosa y me invitó a que me mirara en un espejo de cuerpo completo. Y lo estaba. Mi coñito depilado quedaba súper sexy aunque se me hacía raro no ver ningún pelo ahí. Me recomendó ropa interior blanca para resaltar el color de mi piel.

Tres días después, estaba yo muy nerviosa. Era el día de empezar a trabajar. Llegó la hora y me presenté en el piso. Me esperaba Cristina. Me presentó a Juan, un hombre de unos 55 años, tan amanerado que parece artificial y al resto de chicas con las que iba a compartir turno. Eran 8 más, sólo una española, el resto eran de distintos países de América y una polaca. Las reglas eran que cuando llegaba un cliente, lo atendía Juan, que le preguntaba si quería una chica en concreto. Si decía que no, pasaba a una sala de espera y Juan nos llamaría para que pasáramos a saludar.
Había que entrar, de la forma más sexy posible, y decirle nuestro nombre. Juan le preguntaría que servicio sería y le cobraría. Juan nos diría quien es la escogida. Me pareció que aquello sería como una exposición de caballos, a ver cual se vende mejor.

En seguida vi entre las chicas que aquello iba a ser una competencia, que todas te hacían buena cara, pero me examinaban, cómo comparándose con ellas, cómo evaluando quien era más guapa. Pasaron tres clientes que no me escogieron, pero el cuarto, un hombre de unos 35, vestido con traje, bastante guapo tengo que decir, me escogió a mi. Juan, vino con Cristina y me dijo: bueno ya toca. Ese señor ha pagado por completo con griego. Cristina iba a empezar a hablar cuando la interrumpí: qué es un griego? Cristina me dijo: por detrás, por el culo. ¿Lo has hecho antes verdad? yo me la quedé mirando, con ojos llorosos y le dije que no, que nunca me habían penetrado por el culo. Me dijo…que mala suerte tienes Susy… para ser tu primera vez. Relájate, y no llores más, joder, sécate las lágrimas y ve con el cliente.

Nos fuimos a la habitación, el cliente ni me dijo hola, Como un mueble. Se desnudó entero. Yo no podía dejar de mirarle y pensar lo que me esperaba, lo que estaba haciendo…Él me sacó de mis pensamientos: ¡Qué! te desnudas o no? le pedí disculpas con voz muy tenue, me desnudé. Él mismo empezó a ir hacia el baño, que estaba en la puerta de al lado. Era como si hubiera estado aquí miles de veces. Se sentó sobre el bidé. Yo no sabía que quería…Oye guapita, no pierdas el tiempo que cuesta mucho dinero, me lavas la polla y empezamos ya, ¿por favor? tenía el mismo sentimiento que hacía tres días con Marcos, como un autómata empecé a lavarlo, la tenía grande y al contacto con mi mano, se hizo más grande.

Me estaba entrando el terror. En poco se levantó y se fue hacia la habitación. Por lo que me habían dicho, yo también tenía que lavarme, antes y después del “servicio” así que lo hice y volví a la habitación yo también. Allí estaba él, de pie. Me dijo: a ver, ponte de rodillas y empieza a chupármela, me arrodillé y empecé a metérmela en la boca, era grande y caliente. él empezó a gemir, diciéndome lo bien que lo hacía. Me decía que seguro que hacia mucho que era una putita come pollas y cosas por el estilo.

En ese momento me vino a la mente lo que me dijeron: nada sin condón. Y me la saqué de la boca. ¿Qué te pasa? me dijo él. ¿Creo que te falta el condón no? él, con cara de pocos amigos, me permitió que se lo pusiera. Me costó muchísimo. Estaba muy nerviosa y hacía tiempo que no le ponía un condón a nadie.

Una vez puesto, él me dijo: oye mira, no vamos a perder el tiempo. Mi mujer no quiere que la encule y para eso he pagado, así que ponte en cuatro. A mi se me llenaron los ojos de lágrimas aunque no llegó a caer ninguna. Le hice caso, me puse en esa posición, esperando lo peor. Él me preguntó dónde estaba el lubricante. Ah! el lubricante…pensé para mi, sí, está ahí y se lo pasé. Me puse a rezar. Poco después empecé a notar en mi parte trasera un dedo, luego dos, que se iban haciendo camino por mi culo, aún virgen, untándome crema.

Vaya culo precioso, iba diciendo él…que bien lo voy a pasar. Y el agujerito…parece que no lo haya usado nunca nadie, esto es más de lo que esperaba! sacó sus dedos y por un momento quedé a la espera. Duró poco…en seguida algo mucho más grande intentaba abrirse camino por mi agujerito aún cerrado. y con un dolor indescriptible para mí…lo estaba consiguiendo.

Iba entrando y yo no podía contener pequeños gritos de dolor, aunque hubiera gritado hasta quedarme sin voz y le habría partido la cara…pero no, allí estaba. Ya la tenía toda dentro. Parece que mi culo empezaba a acomodarse. Él empezó a bombear. Aunque todavía sentía dolor, no era tan intenso, y aunque me cueste admitirlo, sentía una especie de placer difícil de describir, que me hizo lanzar pequeños jadeos, también para mi interior…no le iba a dar el placer al hijo de puta ese.
En cinco minutos más, todo estuvo ya…él se corrió, pensaba que me iba a destrozar, pero no…allí estaba yo, con mi culo partido, pero mi primer servicio hecho. Me había sentido sucia y todavía me sentía, pero ahora ya estaba. El cliente parece que se fue contento. Cuando volví con mis compañeras y Juan, me preguntaron como fue. Les dije que bien, pero que necesitaba un rato de soledad.

Cristina se acercó a la silla dónde estaba y me dijo: Bueno, ya has hecho tu primer servicio, ahora ya los siguientes serán más fáciles. Trabaja mucho y deja felices a los clientes y seremos amigas.

Os debéis preguntar (de hecho os preguntáis) como fueron los siguientes días: pues sí, a todo se acostumbra una, y yo me estaba acostumbrando a pasar más horas desnuda que vestida, a que todo tipo de pollas entraran por mis agujeros. a no preguntar a hacer lo que me mandaran…a que Cristina de vez en cuando se me acercara y me dijera ve a la 7 y espérame, quiero que me comas el coño. Tampoco había probado nunca a una mujer…y no me disgustó.

La vida sigue y yo cada vez me siento mejor. Empiezo a tener nuevas ideas y aunque me sigo sintiendo sucia…ahora soy una mujer sucia, con dinero para llegar a final de mes.
Quizá pueda ver a mi hija pronto. Quizá.

Me jode que en el piso se queden tanto dinero de mi esfuerzo. Le empiezo a dar vueltas a otros métodos. No sé. Os seguiré contando.

Besos, Susy.

Autora: Susy

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De señora a puta

Me sacó su aparato de la boca y me puso a cuatro en el suelo, yo en este punto, ya no sabía ni que estaba pasando y me dejaba hacer. Me la clavó de golpe, desde atrás en mi coñito. No sé que es lo que fue, pero empecé a sentir placer. Él no dejaba de bombearme, la mujer me miraba y yo, allí empecé a gemir. Le oía a él, de fondo, decir, venga puta, si encima te lo pasas bien.

Aún no tenía muy claro cómo había llegado a aquella situación. Era la tarde de mi segundo día en aquel piso dónde no paraban de afluir hombres, buscando aventuras sexuales pagadas. A mis 20 años yo había tenido una vida sexual bastante activa. Había estado casada e incluso tenía una hija esperándome al otro lado del Atlántico.

Me llamo Carolina, pero desde ayer me llaman Susy. Todavía no me he acostumbrado y cuando Juan dice Susy cortinas o Susy te ha escogido a ti a veces no me doy por aludida.

Tengo padre español y madre dominicana, he vivido toda mi vida en Santo Domingo, me educaron en la escuela española, he vivido como una privilegiada, hasta que hace unos meses, decidí dejarlo todo, a mi hija, mi marido, al que ya no podía soportar más…e irme a España, sin nada, a encontrarme a mí misma, sin que nadie hiciera nada por mí. Quería demostrar que podía vivir sola, ganarme la vida sola.

Aterricé en España, sin nada, deseando empezar una nueva vida. Pronto descubrí que para los españoles yo era una sudaca que podía limpiar sus casas y para los dominicanos yo era la pija española. Iba a ser más difícil de lo que pensaba.

Empecé a trabajar haciendo la limpieza en algunas casas…pero a duras penas me podía mantener con lo que ganaba, para el esfuerzo que requería. Yo, que estaba acostumbrada a levantarme tarde y hacer poco…tenía que recoger la basura de otra gente.

Una mañana, en el metro, un señor olvidó un periódico, que yo agarré y me puse a leer pronto. Llegué a una sección, en la parte trasera dónde había anuncios, que decía, demandas relax, allí buscaban algunos anuncios, mujeres jóvenes y guapas dispuestas a ganar mucho dinero haciendo compañía a hombres. No tenía ni idea en qué consistiría el trabajo…pero la remuneración era muy buena, y la única condición era ser guapa.

De eso, modestia aparte, yo lo soy mucho: morena, con cara simpática, bastante aniñada. De cuerpo delgadita, no mucho pecho pero muy buen puesto, bien formada y cuidada, muchos años de gimnasios todas las tardes. El color de mi piel era tostado, como si hubiera pasado muchas horas al sol. Me gustaba vestir con prendas bastante ajustadas y sexys y el resultado global es que muchos hombres se me quedaban mirando.

Me presenté al primero de estos anuncios y aterricé de golpe cuando me explicaron exactamente en qué iba a consistir mi trabajo…lo de compañía a los hombres era un subterfugio para llamar a una prostituta. YO prostituta. ¡Nunca! me fui indignada.

Fueron pasando los días y las semanas y yo iba a peor cada vez, tenía menos dinero, gastaba más de lo que ganaba. tuve que trasladarme del hostal en el que empecé viviendo, a una pensión y luego a un piso compartido con 7 personas más colombianas, de clase bastante baja, con poca educación y que chillaban todo el día. Y llegó el día en el que esas colombianas de clase baja podían pagar su parte del alquiler y yo no. Así que me dieron una semana para que fuera buscando otro lugar dónde vivir si no pagaba mi parte.

Pasé muchas horas pensando…y finalmente decidí que las únicas alternativas eran robar…o volver a mirar el periódico algún anuncio de aquellos de mujeres para hacer compañías a hombres…aquel que yo dije que nunca haría. Me llamó la atención uno en la calle Rosellón de Barcelona, en el que prometían unos ingresos medios de 3000 € mensuales. Y fui.

Les expliqué que nunca había hecho aquello. Eran un hombre y una mujer los que me atendían, creo que no me escucharon mucho. Me pidieron que me desnudara. Yo me quedé paralizada. Él me dijo: oye guapa, no tengo todo el día. Desnúdate que te veamos o lárgate. De forma inconsciente me quité el top que llevaba dejando a la vista un sujetador de encaje que escondían mis preciosos pechos y mi vientre plano con un piercing en el ombligo.

El hombre me miró apremiante, la mujer…admirada. Me quité los jeans y dejé un tanga a la vista, de color negro. Les miré, y él me hizo un gesto como diciendo…sigue…y seguí…me quité sujetador y tanga quedando completamente desnuda delante de aquellos dos extraños que me miraban como a mercancía.

Ella rompió el silencio que se había hecho en la pequeña sala: eres muy guapa cariño…ahora arrodíllate y chúpasela a Marcos. ¿Cómo? respondí yo, a lo que él, con menos contemplaciones, se bajó la cremallera del pantalón se sacó su pene, que estaba ya completamente preparado para el ataque, se me acercó, me cogió del pelo y me acercó la cabeza a su aparato.

Yo estaba como en un estado artificial, no sabría cómo explicarlo, abrí la boca y me lo metí dentro. Yo tengo una vida sexual bastante activa desde años y en este terreno, creo que he probado bastantes cosas y una de las que me gustaba más era tener el control de un hombre mientras se la chupaba.

Pero aquello era distinto, ¡estaba mamándosela a un desconocido, que me estaba haciendo una prueba para ser prostituta! me sacó de mis pensamientos cuando Marcos le comentó a la mujer, vaya…para ser que no ha hecho esto nunca…mama como una putita bastante experta…voy a probar como folla ahora.

Me sacó su aparato de la boca, me agarró con su potente brazo y me puso a cuatro en el suelo…yo en este punto, ya no sabía ni que estaba pasando y me dejaba hacer. Me la clavó de golpe, desde atrás en mi coñito. No sé que es lo que fue, pero empecé a sentir placer. Él no dejaba de bombearme, la mujer me miraba…y yo, allí empecé a gemir. Le oía a él, de fondo, decir, venga puta, si encima te lo pasas bien.

Con esta nos vamos a forrar, zorra, te vamos a convertir en una putita adicta al sexo. Volví a levantar la vista y la mujer estaba con una pequeña cámara de video grabando las escenas finales de nuestro encuentro y no puede más, me corrí, ruidosamente, a la par que él soltaba toda su carga dentro mío, como un caballo, gimiendo y agarrándose a mis tetas desde atrás. Cinco minutos después, yo estaba todavía en el suelo, temblando, no muy segura de qué hacía allí ni qué había hecho ni qué iba a pasar desde aquel momento.

Marcos estaba ya con su pantalón subido de nuevo, diciéndome: bien Carolina, estás contratada. Mañana por la mañana vas a esta dirección que te hagan un análisis completo de sangre, no quiero putas enfermas en mi casa, luego te vas al centro de estética de esta otra dirección que te depilen entera. No quiero ni un pelo en tu cuerpo. Ese coño es demasiado peludo, a los clientes les gusta afeitado, que te arreglen, te tonifiquen la piel y luego vuelves aquí, en tres días si no te hemos llamado para decirte que hay algún problema con los análisis, vuelves aquí, lista para trabajar.

Te llamarás Susy, aquí dentro ya no te llamas Carolina, nadie sabrá que te llamas Carolina. Mis reglas son: análisis semanales. Si encuentran cualquier tipo de droga en tu sangre o alguna enfermedad, a la calle y no cobras esa semana, los clientes obtienen exclusivamente el tiempo por el que pagan. No te tomes confianzas con ningún cliente.

Los clientes obtienen T O D O por lo que pagan. A la tercera queja de un cliente, no cobras esa semana y no hace falta que vuelvas. Te pagaré cada sábado al acabar el día, el 50% del importe total de los servicios que hayas hecho. Nosotros llevaremos el control y tú también puedes llevarlo. Cristina (señalando a la mujer) o yo, tenemos derecho a follarte cómo y cuándo nos apetezca y eso no cuenta como servicio.

¿Alguna duda? yo me quedé mirándolos…y contesté con un hilo de voz “no”. Así empecé mi vida como prostituta en Barcelona. Ya os contaré como fue mi primer día y como me va a partir de ahora. Os adelanto que ya he dejado de llorar.

Saludos Susy (antes Carolina)

Autora: Susy

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Mi prima Cristina

La tumbé en la cama con las piernas abiertas, cogí espuma de afeitar y le rapé los pocos pelitos que tenía, después se lo comí entero y mi pene entró otra vez en erección, le mojé con los dedos la entrada de su culo y cuando ella esperaba esa enculada, de un golpe seco se la metí en su coñito, ella gritó de dolor, yo empujaba a muerte mientras sentía mis huevos golpeando su culo.

Mi historia comenzó cuando yo tenía 20 años y vino mi prima Cristina a pasar una temporada con mi familia para olvidar algunos problemas que tenía con sus padres (os aseguro que los olvidó). Ella por aquel entonces tenía 18 años, llevaba gafas y un aparato de ortodoncia que la hacía un poco fea además aparentaba ser más niña por su forma infantil de vestir. Mis padres trabajaban en turno partido por lo que tenía que estar con ella casi todo el tiempo, una noche mientras cenábamos mis padres nos aconsejaron que fuésemos a la piscina municipal o al río que pasa cerca de donde vivíamos.

Al día siguiente decidimos ir a la piscina municipal, al entrar le indiqué dónde estaban los vestuarios y le dije que la esperaba en la salida, cuando salió de allí me di cuenta que todo iba a cambiar entre nosotros, aquella chica un poco repelente se había quitado las gafas y lucía un minúsculo bikini que prácticamente no tapaba casi nada, bajo la fina tela se imaginaba un coñito tierno y virgen y unos pechos que parecían querer salir de su opresión, pasamos el día jugando en la piscina tocando su cuerpo intentando que no se diese cuenta que aquello para mí no era un juego, sus pezones estaban muy duros y eso hizo que tuviese que salir de la piscina para ir al baño intentando disimular mi erección, parecía que iba a reventar el bañador y una vez allí tuve que masturbarme, no podía creerlo lo había hecho pensando en mi prima. A las seis nos fuimos y ella se puso otra vez aquellas gafas y aquellos trapos, volvía a ser la niña repelente.

Por la noche planeamos ir al día siguiente al río a pescar, aproveché para aconsejarle que cogiera el bikini pues allí había un agua cristalina y ella asintió con la cabeza. Nos levantamos a las 8 de la mañana, cogimos la moto y ella me propuso conducirla, yo no puse ningún inconveniente, durante el trayecto me cogí a su cintura y con disimulo le rozaba los pechos por lo que otra vez mi erección fue evidente. Cuando llegamos preparé los artilugios mientras ella preparaba el almuerzo, a media mañana por fin se quitó la ropa, las gafas y otra vez aquella hembra estaba frente a mí, yo me puse las gafas de sol para poder mirarla sin que ella lo notase.

Cuando menos lo esperaba me dijo que si le podía untar crema protectora, yo sin dudarlo me fui hacia ella, se puso boca abajo y empecé a untarle la crema, aquella situación me envalentonó de tal manera que le propuse que hiciera top-less pues aquel lugar era muy tranquilo, ella no dudó ni un instante se soltó el nudo y ante mi cara aparecieron sus pechos en forma de pera, eran medianos pero muy bien formados para su edad, yo no sabía qué hacer, si tocárselos o seguir pescando, finalmente la cordura hizo decidirme por lo segundo, la tarde pasó sin más, de camino a casa sufrimos un pequeño accidente con la moto, yo no me hice nada pero ella se rascó la espalda, le propuse llevarla al hospital pero me sugirió ir primero a casa para asearse, así lo hicimos.

Al llegar se fue al baño para darse una ducha, al poco de entrar me llamó para ayudarla, sin pensarlo me dirigí hacia el baño, me pidió que la ayudase a desnudarse ya que sola no podía, dudé pero me dijo que no pasaba nada que éramos primos, le hice caso y la ayudé, aquella situación la excitó pues al quitarle el pantalón noté la humedad en la parte inferior del bikini, estaba húmeda como una perra, después se lo quité y pude ver su coñito con muy poco vello y otra vez sus tetas me miraban a la cara desafiando la ley de la gravedad, esta vez no pude evitar tocarlos e incluso los besé, después me propuso ducharnos juntos, sin dudar me desnudé y vio mi pene, estaba duro, se agachó y se lo llevó a la boca, todavía llevaba el aparato de ortodoncia, me la chupó, estuvo jugando con mi pene, le daba mordisquitos, el roce con el hierro frío era algo total.

Nos metimos en la ducha y la hice sentarse, abrí sus piernas y metí mi lengua en su coño, ella gemía mientras me sobaba el pene, después me dijo que la penetrase por detrás para guardar su virginidad, la giré de espaldas, la puse un poco en cuclillas y de un golpe seco se la metí hasta que mis huevos tocaban sus cachetes, se estremecía de placer, su culo se tragaba mi polla como si nada, al momento se la saqué, se giró y abrió su boca para acoger mi corrida, descargué dentro y ello me miró riendo mientras se le escapaba la leche entre sus labios, después nos lavamos y fuimos al hospital donde nos dijeron que sólo tenía una pequeña rascada, o sea nada de importancia.

Por la noche mis padres nos preguntaron que cómo había ido y entre sonrisas de complicidad les dijimos que muy bien, después de eso pensé en lo que había hecho, me había tirado a mi prima de 18 añitos en la bañera de mi casa y en ese momento decidí poner fin a aquello.

Durante toda la semana siguiente intenté evitar roce alguno, en cambio ella no dejaba de calentarme, se paseaba por casa en ropa interior o simplemente con una camisa que cubría su perfecto cuerpo, así pasaron los días, ella seguía insinuándose, otro día salió de la ducha tapándose con una toalla que al pasar junto a mi lado dejó caer ante mí y otra vez pude ver aquel cuerpo joven y sensual, como yo intentaba no hacerla caso me amenazó que si no hacía lo que ella quería le contaría a mis padres lo que habíamos hecho, yo no tuve más remedio que obedecer, una vez me hizo echarle un bote de nata por todo su cuerpo y después tuve que lamerla toda, entre sus piernas, sus tetas y aquello para mí no fue una obligación aunque así se lo hice creer.

Ese mismo día estuve pensando que si quería sexo lo iba a tener en ración extra, le dije que íbamos a probar una cosa nueva, la até de manos, le tapé los ojos y la puse en pompa encima de mí, me saqué el cinturón y le di unos azotes, por cada azote ella me respondía con un gemido, como aquello no surtía efecto decidí poner fin a algo que ella guardaba con mucha gusto así que decidí desvirgarla.

Me desnudé, le obligué a que me la chupara y otra vez el roce con aquel aparato bucal y los movimientos hábiles de su lengua hicieron que me corriera entre sus labios y ella aún me dijo que quería más, la tumbé en la cama con las piernas abiertas, cogí espuma de afeitar y le rapé los pocos pelitos que tenía, después se lo comí entero por lo cual mi pene entró otra vez en erección, la giré de espaldas, le mojé con los dedos la entrada de su culo y cuando ella esperaba esa enculada, de un golpe seco se la metí en su coñito, ella gritó de dolor, pero aquello dio paso a un jadeo constante, yo empujaba a muerte mientras sentía mis huevos golpeando su culo, ella me decía que siguiera, mientras me la tiraba, con las manos pellizcaba sus pezones, se la sacaba del coño y se la metía en el culo, así durante un rato.

Ella tuvo dos orgasmos antes de que me corriera inundando su coñito afeitado, la giré, le di un beso en la boca y le dije que cuando me provocara tendría otra ración de lo mismo. Nos pasamos todo el verano follando como locos, incluso alguna vez participó algún amigo mío. Yo fui su primer macho y espero que nunca se le olvide aquel verano del 94 en que ella perdió su virginidad y yo follé como nunca.

Lo mejor es que este fin de semana viene a verme, ella tiene ahora 20 años y hace tiempo que no la veo, ¿llevará el aparato de ortodoncia? ¿Y las gafas? ¿Lo tendrá afeitado? espero contestar muy pronto a esas preguntas.

Autor: Mensakka

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Mi ardiente madura

Tuvo un orgasmo fuertísimo por las caricias de mis dedos en su botoncito, presioné un poquito para apenas meter la cabeza de mi pene y acabar casi dentro de su ano, con mi mano agarraba mi pene y desparramaba la leche entre su ano y su vagina, sintiendo las contracciones en sus dos agujeros y resbalando por la mezcla de sus jugos y los míos.

Hola a todos, ante todo me presento, me llamo Eduardo soy de la ciudad de La Plata, Argentina, tengo 32 años, 1,84, de contextura robusta (siempre he practicado deportes), morocho y casado, si bien como a muchos/as les pasará, estoy muy bien con mi matrimonio, pero el tema es que desde que tuvimos nuestro hijo es como que mi señora le fue restando importancia al sexo y yo en ese sentido (si bien no soy Superman ni mucho menos) soy bastante activo y me gusta disfrutarlo seguido.

Esto que les voy a contar me sucedió a principios del 2008, por curiosidad un día entré al chat de yahoo y buscando alguien con quien charlar vi un nick que me llamó la atención, ahí conocí cibernéticamente a Cristina, me contó que tenía 48 años (eso me llamó más la atención ya que me encantan las maduras), que era casada y demás cosas que uno charla en el primer contacto, como estaba en la oficina y ella en la casa y ya era hora de mi horario de salida me despedí diciéndole que ya le escribiría y quedamos de acuerdo que los dos la habíamos pasado muy bien y se había generado muy buena onda entre nosotros.

Al otro día envié un mail saludándola, ya que ella en su trabajo no podía conectarse al Messenger, tendríamos que comunicarnos por esa vía, así transcurrieron unas semanas, hasta que, ya con más confianza, comenzamos a charlar de cosas más íntimas.

Un día aprovechando que había salido temprano del trabajo y estaba en su casa, se conectó y la charla se puso muy picante, hasta el grado de preguntarle como estaba vestida y me dio el detalle a lo cual comencé a hacer volar mi imaginación (que la tengo y a granel) y se dio una charla de lo más caliente, confesándome que estaba súper mojada y excitada, ya que no sabía que se pudiera dar rienda suelta por esa vía y diciéndome que ella no hacía ni la mitad de lo que le estaba contando, porque las cosas con su esposo eran muy rutinarias ya que no pasaban de algunos morreos, el típico misionero, a veces inconcluso para ella (él se iba muy rápido, según ella) y a dormir.

Así seguimos fantaseando vía mail por unos cuantos meses, y charlando telefónicamente (¡que voz!) hasta que un día le dije si le gustaría que nos viéramos, a lo cual ella no tuvo ningún problema, salvo que como yo voy por lo menos tres veces por mes, por motivos laborales a Capital (60 Km. aproximados de La Plata), y ella trabajaba en otra ciudad cercana, teníamos que convenir un horario cómodo dentro del horario laboral.

A las dos semanas de haber sugerido la idea, tenía una reunión a media mañana, en dicha cuidad, así que después de intercambiarnos los números de celular, quedamos en que cuando me desocupara, la llamé y si podía salir nos encontraríamos.

Siendo las 11:30 y terminada la reunión, no hice otra cosa que llamarla al móvil, me comentó que estaba todo tranquilo en la oficina y no tendría problemas en salir y dejar dicho que no volvería porque tenía que hacer unos trámites personales, así que los nervios y las ansias que no habían aparecido en ningún momento ¡ahí aparecieron todas juntas! Y después me quedé tranquilo porque ella me confesó lo mismo. En el acto llamé a mi oficina para decir que no regresaría hasta última hora y aprovecharía estar en el centro para hacer unas cosas…

La premisa era que ella como tenía el auto disponible y yo cuando viajo lo hago en remis (por una cuestión de comodidad), me dio los datos del auto y yo le comenté el color de mi traje, camisa y corbata, (si bien no nos conocíamos físicamente, sabíamos como éramos por detallarnos en los mails, ya que nos pudimos de acuerdo en no enviarnos fotos para que la cosa fuera más aventurera todavía), me pasaría a buscar por X esquina y allí me pondría al volante, porque a ella le daba no se que entrar manejando al hotel.

Llegado el momento vi que se acercaba un auto de las características y era ella, no me había mentido en absoluto y es más creo que era muchísimo más linda de lo que decía… estaba vestida con un trajecito gris, de esos compuesto por falda, y saco (creo que se llama trajecito sastre), con una camisa blanca por la cual se traslucía un corpiño del mismo color con encaje, rubia de ojos claros, 1,70, tenía el pelo atado, y unos lentes que la hacían ver muy sensual, sus pechos eran medianos tirando a grandecitos, con una cintura no muy marcada pero que hacían un contraste muy interesante con sus caderas y lo que más me encantó fue que tenía una cola de esas medio grandecitas pero sin llegar a ser gordas, con los cachetes redonditos y medio paraditos… en fin creo que los minutos que estuvimos parados al lado del auto saludándonos los aproveché para sacarle una radiografía jajajajajajaja…

Ya dentro del auto, le pregunté si antes quería ir a tomar algo, a lo que con una mirada de esas que te comen y un beso profundo, me contestó que no, ya que me quería “aprovechar” al máximo y no le gustaría perder tiempo, ya que deseaba con locura revivir todo lo que nos habíamos dicho en su momento…

Por supuesto arranqué y me dirigí a un hotel que queda por el bajo, que ya conocía, un lugar muy cómodo y agradable… hicimos los trámites de rutina (pagar, pedir las llaves, etc.) y nos dieron una habitación en el 5º piso, pasamos al ascensor y ahí comenzamos a besarnos y a acariciarnos, la abracé de la cintura y comencé a lamerle el cuello, mientras le decía lo que me gustaba y ella haciendo lo mismo se apretaba contra mi pene, que lo podía sentir muy bien gracias a la delgada tela de mi pantalón.

Llegamos al piso, entramos y pusimos el lugar a media luz para que fuera más acogedor, puse música y nuevamente nos besamos como queriendo comernos, le saqué el saco, ella hizo lo mismo y agarrándola de la mano nos dirigimos a un sillón que había a los pies de la cama, ahí nos sentamos y comencé a acariciarle la espalda mientras jugábamos con nuestras lenguas, le lamía el cuello mientras ella tiraba la cabeza para atrás, mientras masajeaba suavemente sus pechos con una mano y con la otra recorría todo el costado de sus piernas y cadera.

Mientras ella me besaba y jugaba con sus manos en mi pecho y lo iba bajando hacia mi pene que frotaba sobre el pantalón, luego me sacó la corbata, desabrochó mi camisa, mientras yo hacía lo mismo, era un concierto de, mmmmmmmmsssss, y siiiisssssss, le saqué el corpiño y comencé a jugar con sus pezones con la yema de mis dedos mientras mi lengua seguía enroscándose con la suya, fui bajando la boca hasta apoderarme de sus pezones, esto la ponía cada vez más caliente ya que de suspirar pasó a gemir muy suavemente, mientras ya había bajado mi cierre y me sobaba el pene sobre el slip…

Luego la hice parar y la giré, tomé el cierre de la pollera y lo bajé muy lentamente mientras acariciaba sus caderas, le desabroché el botón y bajé la pollera haciéndola rozar muy suavemente por sus piernas, ahí comprobé lo que me había dicho, que le gustaba usar tangas, esta era muy pequeña, al igual que su corpiño blanco y con un triangulo de encaje adelante y se hundía por completo por su cola, así parada se tiró un poco para adelante y me pude deleitar la vista con el bultito que producía su conchita con la tela de la tanga, comencé a pasar mi lengua por sus hermosos cachetes mientras mis dedos recorrían el borde de la tanga hasta perderse en los contornos de su conchita, me levanté y la abracé desde atrás apoyándole mi pene en su cola mientras le lamía los hombros y cuello, pasando la punta de mi lengua por sus lóbulos, mientras mis manos seguían masajeándole los pechos, como sopesándolos al principio para pasar a acariciarle los pezones con ambas manos, ella cada vez gemía más y se restregaba más contra mi pene que a esa altura estaba en su máxima expresión (no me gusta poner medidas pero más o menos de 17 x 5, si… bastante gruesito)…

Me terminó de bajar los pantalones y el slip y la llevé de la mano hasta la cama, se acostó boca arriba y yo me puse de costado mientras nos besábamos, le pasaba el dedo medio por su tanga rozando levemente su vagina hasta su ano, luego comencé a bajar por su cuello y al llegar a sus pezones, que estaban súper duros y más que erectos, me deleité lamiendo en círculos y a la vez levantándolos con mi lengua, seguí bajando por su abdomen lamiéndolo entero, y al llegar al su monte de venus jugué con mi lengua por el triangulito de encaje, mientras ella gemía cada vez más profundo, me situé entre sus piernas acostado y comencé a pasarle la lengua por el contorno de los elástico de la tanga mientras abría sus piernas con mis manos, luego agarré la tanga (muy mojadita) por los bordes y se la bajé, levantó la cola para ayudarme a sacarlo, ahí encontré su tesoro, unos labios carnosos semiabiertos y casi toda depilada, salvo un triangulito en el pubis y comencé a lamerle la conchita por los bordes y sobre sus labios, realmente olía exquisito y eso me ponía más caliente todavía.

Con mi lengua fui abriendo sus labios mayores que estaban hinchados y pude comprobar que sus jugos brotaban en cantidad, dándole un brillo especial a sus muslos y al interior rozado de su concha, comencé a pasar mi lengua a todo lo largo y alternaba metiéndola lo más posible ya que notaba que eso la ponía a mil, así estuve un buen rato hasta que comencé a lamer su clítoris mientras abría sus labios con los pulgares, después de unos minutos me agarró la cabeza y me apretó casi con violencia contra su vulva y casi gritando, aaaayyy, siiiiii, bebeeee, chúpame, meee maaaataassss connn esaaaa leennguaaaaaaa ¡huuummmmmmmmm! tuvo un orgasmo espectacular… me separé lleno de sus exquisitos jugos y me pasó la lengua por mi cara como limpiándome y saboreándolos, mientras su conchita latía seguía con mis dedos estimulándola y alargándole el placer que estaba sintiendo…

Luego me pidió que me pusiera arriba para formar un 69, seguí jugando con mi lengua y mis dedos mientras ella me daba una mamada grandiosa ya que mientras me pasaba la lengua o la tenía en su boca, recorría con la yema de los dedos mis huevos y seguía hasta mi ano, así estuvimos un rato más hasta que volvió a acabar, lo que aproveché para meter la punta de mi dedo medio en su ano sintiendo como se contraía, en ese momento le dije que parara porque ya no aguantaba e iba a largar toda mi leche y no quería terminar así…

Entonces volví a desandar el camino con mi lengua hasta nuevamente fundirnos en un beso muy caliente, mientras ella tomaba mi pene y se lo refregaba sobre su concha y lo hacía en círculos sobre su clítoris, hasta que en un momento lo colocó en la entrada y de a poco se lo introdujo mientras abría las piernas todo lo que podía, mientras yo también las abría al máximo para trabárselas con las mías, como para que la penetración fuera bien profunda y nuestras pelvis se pegaran al máximo… primero lento, la sacaba hasta la cabeza y la volvía a meter hasta que tomamos un ritmo frenético para explotar los dos al mismo tiempo de una forma brutal, lo que más me gustó era su control sobre los músculos vaginales ya que sentí como que me ordeñaba y eso prolongó mis contracciones y mi erección por un buen rato…

Después de higienizarnos por separado, pedimos unas gaseosas y seguimos prodigándonos mimos, caricias y besos y charlando de lo bien que la habíamos pasado, y lo lindo que fue sentirme dentro, más porque era medio estrecha y sumado a que mi pene era más grueso de lo que acostumbraba (marido) el roce era muchísimo, hasta que nuevamente comenzamos a recorrer nuestros cuerpos con manos y lenguas para quedar ella sobre mí, y amarrándome el pene lo refregaba pasando la mano desde atrás y tomando mis testículos, sobre su vulva mientras le comía los pechos y con la superficie de mi lengua le apretaba los pezones y cerraba mi boca en torno a ellos lengüeteándolos rápido, cuando ya estaba a punto otra vez la hice poner en cuatro y comencé a lamer sus hombros mientras refregaba mi pene por su cola y vagina, bajé con mi lengua por su espalda mientras masajeaba sus pechos, y seguí hasta llegar a su cola la cual recorrí alternando su ano y metiéndola en su concha ya que por la posición quedaba perfectamente abierta para mi deleite, al rato me dijo porrr favorrr noooooo seaaasssss maaalooo y… cooogemeee hummmm!

Acaricié su espalda y me situé atrás refregándole mi pene por los labios vaginales y jugando con la cabeza sin llegar a penetrarla hasta que ella misma tirándose hacia atrás se fue penetrando lentamente, hasta sentir mis huevos rozar su monte de venus, la agarré de las caderas y comencé el tan conocido mete y saca suave, hasta que nuestros gemidos aumentaron y automáticamente el ritmo, de golpe levantó su torso y casi lo pegó a mi pecho así tiró sus brazos para arriba y me tomó de la cabeza, lo que aproveché para poder lamer su cuello y bajar las piernas como sentándome en mis tobillos para que quede literalmente sentada en mi pene, y así alternar con mis manos sus pechos y su clítoris.

Después de unos minutos más la hice volver a la posición original y sacaba mi pene y lo pasaba por su ano apoyándolo a lo largo, rozándolo, como bombeando en el aire sin querer penetrarlo, ya que en su momento me había comentado que no le gustaba el sexo anal, y no quería romper el encanto del momento, aunque como no me dijo nada y al hacer esto coincidió con que tuvo un orgasmo fuertísimo por las caricias de mis dedos en su botoncito, presioné un poquito para apenas meter la cabeza de mi pene y acabar casi dentro de su ano, mientras decía aaaayyy, siiiiiiii, humm, beebee, mee, gustaaaaaa, hummm!, mientras con mi mano agarraba mi pene y desparramaba la leche entre su ano y su vagina, sintiendo las contracciones en sus dos agujeros y resbalando por la mezcla de sus jugos y los míos… mientras nos recuperábamos abrazados, me comentó que no le había disgustado la pequeña invasión en su ano y me dijo que quizás probaríamos más adelante, realmente pasamos una tarde espectacular y quedamos muy contentos de poder encontrarnos, y compartir esos momentos tan calientes que nos debíamos desde hace algún tiempo…

Luego de eso nos fuimos a duchar juntos teniendo el último polvo de la tarde mientras corría el agua y la espuma por nuestros cuerpos… cuando nos quisimos acordar habíamos pasado más de tres horas en el hotel y ya no contábamos con tiempo como para seguir dando rienda suelta a nuestra imaginación, a nuestros cuerpos y a nuestras ganas y había que volver a nuestra rutina, aunque por supuesto mucho más aliviados y con otra mirada a las cosas, porque creo que estas vivencias sirven como para darle nuevos aires a nuestras vidas…

Lamentablemente no pudimos volver a repetirlo ya que su marido enfermó y las cosas se le complicaron bastante, por supuesto lo respeté aunque mis instintos primitivos me pedían poder verla nuevamente, hoy seguimos hablando pero dadas las circunstancias y como se imaginarán todo se enfrió y no pasa más que de compartir algún café o algún almuerzo, hoy somos muy buenos amigos y confidentes…

Ojalá les haya gustado el relato, realmente es la primera vez que escribo y espero haber volcado como se merecen mi experiencia, es 100% real y espero vuestros comentarios.

Autor: Blackangel

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