Un día de incesto

Él se retiro el preservativo, tomó nuevamente a su tía de las caderas y, mirando su miembro y el ano de ella, acercó su pene y comenzó a introducirlo lentamente. Cuando su glande ya estaba dentro de Sonia, introdujo el resto de su carne con gran fuerza. Ella gimió, luego dio un suspiro y Cristóbal comenzó su frenético ir y venir. Ella gozaba la potencia del muchacho.

A diferencia de otros sábados, Sonia se levanta muy temprano para preparar su casa. Tiene visitas. Su hermana mayor, Marta, viene de viaje con su familia. No la ha visto desde hace siete años, cuando se fue al extranjero junto a su esposo. Le avisó hace un par de semanas atrás que tomaría unas vacaciones y que aprovecharía de visitarla. Asea la casa con dedicación y, previo baño, se dirige al aeropuerto para recibirla. No pasa mucho tiempo cuando ve aterrizar el avión.

Luego de los abrazos de rigor para ella, su esposo y sus dos hijos, suben al auto de Sonia rumbo a su casa. Durante el trayecto faltaban las palabras para relatar las historias que se vivieron mientras se hallaban fuera del país. Al llegar, todos se dan largas duchas con agua tibia. El viaje fue largo y agotador. Sin embargo, después del almuerzo, nadie toma siesta. Hay muchas cosas que hacer, lugares que recorrer y el tiempo, como siempre, es un bien escaso.

Marta y Sebastián, su esposo, salen a pasear por la ciudad junto a su hijo, David. ¿Y Cristóbal? preguntó Sonia. Él ya salió a recorrer su antiguo barrio, estaba muy ansioso y no quiso esperarnos le respondió Marta. Sonia quedó un tanto inquieta, después de todo, la ciudad ya no es la misma y Cristóbal sólo tiene… 19 años. Cuánto tiempo ha pasado piensa Sonia. La última vez que lo vi apenas era un mocoso de doce. Marta se da cuenta de que su hermana está preocupada por su hijo. Sonia, no te preocupes. Tiene un poco de dinero para movilizarse y es bastante responsable. Verás que lo encontraremos y si no, él sabrá cómo volver hasta aquí. Con esas palabras, Marta se despide y se marcha, prometiendo volver en unas cuantas horas más. Antes de eso, Sonia le presta una copia de las llaves de su departamento. Esperaba una llamada y tal vez tendría que salir. Se asoma al balcón y ve cómo la familia de su hermana se va de paseo. Un esposo, un par de hijos preciosos… no sabe el tesoro que tiene consigo reflexiona Sonia mientras los ve alejarse. A veces tiene sus momentos de ternura.

Mientras termina de lavar los últimos platos, escucha que alguien golpea la puerta. Era Cristóbal. ¿Qué paso, no te encontraste con Marta? Él le responde que, a poco andar, se dio cuenta que había olvidado su billetera. Tenía mucho calor, quise comprarme una bebida y como no tenía dinero, volví. Me voy a dar otra ducha, estoy completamente sudado. La verdad es que hacía mucho calor y la alta humedad ambiental hacía que los cuerpos no dejasen de sudar. Fue a la habitación donde habían dejado sus maletas y cerró la puerta. Sonia volvió a la cocina para terminar de guardar los platos, cuando escuchó sonar su celular, que estaba en su dormitorio.

Mientras se dirigía hacia allá, se dio cuenta que Cristóbal no había dejado la puerta bien cerrada. Iba a tomar la manilla de la cerradura, cuando pudo ver que su sobrino estaba completamente desnudo, buscando ropas entre las maletas. Él no advirtió nada, le daba la espalda a la puerta. En verdad, cuánto tiempo ha pasado. Para tener 19 años, tiene un cuerpo bastante bien formado. ¿Hará ejercicios?. Un nuevo ring del celular la hizo reaccionar. ¡Por favor!, es mi sobrino. Mejor contesto el celular. Fue a su cuarto y respondió. Era la llamada que estaba esperando, Mientras hablaba, se dirigió a la ventana de la habitación, para tener una mejor recepción de la señal. Hablaba al mismo tiempo que miraba la ciudad, gris e infinita, cuando, de repente, se dio cuenta por el débil reflejo de uno de los vidrios que Cristóbal estaba en el umbral de su cuarto, mirándola detenidamente, de pies a cabeza.

Ella pensó voltearse, pero desistió. No se ha dado cuenta que sé que está ahí pensó y siguió hablando. La conversación fue un tanto prolongada y en todo momento, Cristóbal no le sacaba los ojos de encima a Sonia. Ella se despide de su interlocutor y, como sospechaba, ve que el hijo de Marta se aleja, con suma cautela y sin el menor ruido. Apagó el celular, se sentó en la cama y analiza la situación. El muchacho no me ve desde hace siete años y puede ser que no sienta un fuerte lazo familiar hacia mí. Además, siendo hombre, no me parece extraño que tenga fantasías sexuales conmigo. Soy su tía, vivo sola en un departamento, soy joven y, modestia aparte, tengo un agraciado cuerpo. Además, debo reconocer que el chiquillo me excitó, aunque haya sido levemente. Luego de esto, recordó que su hermana Marta le dijo que se tomarían toda la tarde para recorrer la ciudad.

Mientras escuchaba correr el agua de la ducha, decidió cambiarse de ropa. Este pantalón no es el más sexy que tengo, mejor me pongo el vestido largo. Ese es un vestido bastante tradicional, pero que dejaba ver el escote con disimulo y buen gusto. Sonia ya lo había decidido. Lo más probable es que, después de estas vacaciones, no vuelvan en unas cuantas temporadas más. Le daré a Cristóbal algo de qué fanfarronear con sus amigos de la universidad. Al salir de la ducha y mientras se vestía, Sonia le comentó que la llamaron para una junta de negocios. Nada formal, pero debía ir. El muchacho no demoró en vestirse. Al salir del cuarto, ve que Sonia llevaba unas carpetas en sus brazos, supuso que con documentos. Él la siguió, en plan de abandonar la casa juntos.

Repentinamente, ella se dio media vuelta. La distancia entre ambos era breve, al tropezarse con Cristóbal, las carpetas caen de los brazos de Sonia. Ella se agacha a recogerlas, Cristóbal también. Por supuesto, nada fue accidental. Ella sabía que, con ese vestido y en esa posición, él no le sacaría la vista de sus pechos. Y así fue. Mientras ordenaba los papeles, le dice a su sobrino ¿te gusta lo que ves?. Inmediatamente, él la mira directo a los ojos, con una expresión de sorpresa y de no haber entendido bien, aunque sabía a la perfección que sí había entendido. Dije que si te gusta lo que ves reiteró Sonia, realzando su prominente busto.

El muchacho vio tamaños monumentos de carne, la miró a los ojos, volvió a fijar la mirada en sus pechos y dijo que le gustaba mucho lo que veía. Seguro no es virgen, pero tampoco experimentado pensó por el modo de actuar de Cristóbal. Se levantaron y, dejando las carpetas en la pequeña mesa que estaba a un lado de ellos, Sonia le invitó a ir a su habitación. Lo tomó de una de sus manos y lo llevó hasta el cuarto. Cerró la puerta con llave, sin sacarle la vista de encima a su sobrino. Luego, fue hasta la ventana y juntó las cortinas, traslucidas desde el interior. Sin dejar de mirar hacia la calle, le pidió a él que le bajara el cierre del vestido. Cristóbal acata la orden y ayuda a Sonia. Ella advirtió que el muchacho estaba nervioso, por el tacto de sus manos. Una vez con el vestido completamente abierto, se lo saca y queda completamente desnuda, lo aleja con los pies, se da media vuelta y le da un beso carnoso a su sobrino.

Él se relajó por completo. Luego, Sonia se recuesta en la cama. Cristóbal comienza a desnudarse de manera apresurada. Ah, ah, ah le dice antes que de que él se le lance encima. Puedo ver que estás listo dijo mirando su miembro erecto, pero yo no lo estoy, así que tendrás que excitarme primero. Después te acostarás conmigo. ¿Qué quieres que haga? dijo Cristóbal. Acaríciame, respondió Sonia. Acaríciame de pies a cabeza. Él comenzó por los pies. Con sus pulgares, recorría la planta de los pies de Sonia, haciendo círculos en ellos. Ella sentía un placer ligero, pero acogedor. Luego, recorrió lentamente las piernas, esas largas y moldeadas piernas, forjadas al calor de las clases de aeróbica que toma tres veces por semana.

Cuando Cristóbal estaba por llegar a su monte de Venus, Sonia se dio media vuelta y le pidió que acariciara sus nalgas. Ese masaje sí fue estimulante para ella. Él iba a continuar hacia la espalda, pero Sonia pidió que siguiera con el masaje en sus glúteos. Al cabo de unos minutos, le dio la orden para que subiera hasta la espalda. Cristóbal recorrió las caderas, luego la cintura, el torso y los hombros. Sonia estaba lista desde hacía rato, pero prefería que el muchacho terminase lo que había empezado. Finalmente, puso sus manos sobre el cuello. Lo acariciaba de manera similar a como lo hizo con sus pies. Sonia le dijo que ya era suficiente, se dio otra media vuelta y le dijo que se acostara a su lado. Yo estaré arriba le susurró. Él asintió con la cabeza y se dispuso en la cama. Sonia abrió el cajón de su velador y sacó el envase de un preservativo, lo abrió y se lo puso a su sobrino. Luego, se sentó sobre su miembro, el cual la penetró fácilmente, ya que ella estaba excitadísima y sus labios estaban muy lubricados.

Él quería comenzar rudo desde el principio, pero ella lo detuvo. Vamos a hacer esto con calma, lentamente. Confía en mí, verás que lo disfrutarás mucho. Además, tenemos toda la tarde. Cristóbal se dio cuenta que estaba con una experta. La tomó por las caderas y la apretaba en contra de su cuerpo, dándole penetraciones largas y profundas. Eso es exactamente lo que quería que hicieras dijo Sonia, con la voz entrecortada. Así estuvieron por unos minutos, cuando sin previo aviso, Sonia se separó, se puso en cuatro piernas y le pidió a Cristóbal que le diera sexo anal. Esta vez quiero que sea muy duro, dame penetraciones fuertes y rápidas.

Puedes sacarte el condón si lo deseas. Él se retiró el preservativo, tomó nuevamente a su tía de las caderas y, mirando su miembro y el ano de ella, acercó su pene y comenzó a introducirlo lentamente. Cuando su glande ya estaba dentro de Sonia, introdujo el resto de su carne con gran fuerza. Ella gimió, luego dio un suspiro y Cristóbal comenzó su frenético ir y venir. Ella gozaba la potencia del muchacho. Entre tanta exaltación, le preguntó si hacía ejercicio. Él le respondió que practicaba natación desde hacía cuatro años. Entonces, dame más fuerte, más duro le gritó Sonia. Cristóbal comenzó a darle penetraciones muy fuertes, no tan rápidas, pero más profundas. Sonia ya estaba gritando como suele hacerlo cuando está a punto de llegar a su clímax. Y casi al unísono, ambos lograron tener un orgasmo.

Sonia, rendida por el momento, se dejó caer sobre la cama, lo mismo que Cristóbal, quién quedó sobre su espalda sin dejar de penetrarla. Él comenzó a besarle el cuello, lamer sus orejas, acariciar sus brazos. Ella pudo darse cuenta que Cristóbal no lo hacía nada de mal, además se comportaba muy tiernamente. ¿Tienes pareja? le preguntó. Él le dijo que se llamaba Daniela y que estaban juntos desde hacía año y medio. Ella me enseñó a amarla, entendí que el sexo es para darle placer a la mujer. Antes, me preocupaba solamente de quedar satisfecho, ahora quiero que las mujeres con las que tengo relaciones queden completamente satisfechas. ¿Acaso le has sido infiel a Daniela? le preguntó Sonia. No hasta ahora le respondió Cristóbal. Ella se dejó querer un poco más y luego de unos breves minutos, le dijo a Cristóbal que quería el segundo round. Escucha bien lo que te voy a pedir le dijo a su sobrino. Sonia le dio las instrucciones con detalle. Primero, él debía arrodillarse y luego sentarse sobre sus piernas.

En esa posición, Sonia se sentaría sobre su miembro. Luego, ella se echaría hacia atrás, para que Cristóbal se inclinase hacia delante. Por último, él tomaría ambas piernas de Sonia y las pondría contra sus hombros, de tal manera que él al empujar hacia delante, abriría a Sonia de par en par. Así lo hizo y, desde el principio, Sonia gemía de placer. Esa era una de posiciones favoritas. Cristóbal le empezó a penetrar muy duro y de manera insistente. En esa disposición de su cuerpo, él podía ejercer mucha fuerza sobre su tía. En ese momento comenzó a volverse un tanto vulgar. Te voy a culear hasta llenarte de semen le dijo entre tanto ir y venir.

Ella, lejos de indignarse, se excitó aún más. A pesar de que recordó que Cristóbal no se había colocado un nuevo preservativo, no tuvo la más mínima intención de parar su goce. Al final, hoy no es mi día fértil pensó. Él acabó, ella estaba a punto, cuando usando sus piernas, lo empujó, nuevamente se puso en cuatro piernas y le dijo esta vez, que no se te olvide acariciarme el clítoris cuando me estés penetrando. Dicho y hecho, él le daba penetraciones más exageradas que la primera vez, sus dedos se hacían pocos para sobar su clítoris, hinchado de tanto placer. Con la mano que le restaba, Cristóbal pellizcaba los pechos duros de Sonia. Ella no paraba de jadear y él, ya un tanto agotado, la penetraba duro, profundo y sin prisa.

Al acabar, nuevamente descansaron tendidos en la cama. Luego de unos minutos, se dieron una ducha para limpiarse el sudor de sus cuerpos. Por supuesto, en el baño se dieron buen gusto. Sonia, cual policía, puso a Cristóbal contra una de las paredes del baño. Con el jabón en mano, le recorría la espalda, luego las piernas y después, soltó el jabón para agarrar su miembro y comenzar a masturbar a su sobrino. Inmediatamente se dio cuenta que él lo disfrutaba mucho y, por eso, empezó a darle una agitación muy fuerte, intensa y rápida. Parecía que le iba a despellejar el pene de tanto ánimo que le puso. Él sólo suspiraba y decía más fuerte, más rápido. Cuando estaba a punto de eyacular, le tomó la mano a Sonia, la sacó de su carne, se dio media vuelta y, tomándola por los hombros, la instó a arrodillarse. Ella no necesitó mayores explicaciones. Tomó el miembro con ambas manos y se puso de lleno en su boca. Dos chupadas bastaron para que él le vaciara toda su esperma, blanca y abundante.

Ella le lamía todo su jugo, al tiempo que le limpiaba los restos que quedaban alrededor de su pene. Al terminar, ella le dijo quería ser montada. ¿Acaso no te cansas? le preguntó Cristóbal. Ella sonrió. Le rodeó una cadera con una de sus piernas, le instó a sujetar su trasero y cuando lo hizo, se montó en su carne. Por supuesto, esto cansaba mucho a Cristóbal, pero ella lo reconfortó diciéndole que, al terminar, le prepararía un buen plato de comida. Te quiero muy vigoroso para esta noche. En ese momento, Cristóbal comenzó a preocuparse. Si seguían en la noche, despertarían sospechas. No te preocupes, no te pasará nada malo.

Sonia sabía muy bien que Cristóbal no sería descubierto, porque Marta le había comentado antes de salir que, por la noche, irían al casino a jugar y bailar. Además, ya se había dado cuenta que la comunicación entre él y sus padres era la que se acostumbra a tener entre adultos y adolescentes: prácticamente nula. Y ella sacaría partido de la situación.

Autora: Sonia

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