¿Sarita con dos Negros?

–          ¿Sarita con dos negros? – preguntó impactada Bea.

–          No exactamente, pero algo así… – le dijo sonriente su amiga Amaranta.

–          ¿Y cómo lo sabes?

–          Me lo contó ella misma…

–          ¡Anda ya!

 

Mientras sus dos amigas hablaban de ella frente al espejo del baño de una discoteca, Sara sonría desde dentro de uno de los urinarios.

Tan sólo había pasado una semana, y aún notaba las consecuencias de lo que ocurrió. Dejó de prestar atención a los cotilleos de sus amigas y se transportó mentalmente hasta los recuerdos de aquella noche.

 

1 SEMANA ANTES…

Sara, a sus veinte pocos años salía cada fin de semana de marcha con un grupo de amigas. Se lo pasaba bien, pero la rutina empezaba a hacer mella en ella. Siempre iban a los mismos locales, tomaban las mismas copas, se emborrachaban las mismas personas y solían ver a los mismos chicos. Estaba un poco cansada de siempre lo mismo.

A la 1 de la madrugada convenció a su amiga Amaranta para ir a otros sitios y luego volver con el resto del grupo.

Saltaron de un garito a otro en su afán por conquistar nuevas tierras hasta que se quedaron más  rato en un lugar de música latina. Ambas chicas eran guapas, y los chicos no pararon de acercarse a ellas.  Algunos de los moscones les preguntaban si eran hermanas, ya que ambas eran muy delgadas y vestían pantaloncito corto y top; Amaranta rubia y Sara morena.

Amaranta se empezó a sentir un poco agobiada y le pidió a su amiga volver con el resto del grupo. Justo en ese momento, Sara bailaba con un chico de color, y le dijo que fuera yendo ella, que ella ya iría cuando acabara la canción.

En cuanto ambos empezaron a liarse, Amaranta les dejó solos y se fue.  El chico, de nombre Ibra, hablaba español con un marcado acento senegalés. Delgado y con los músculos bien definidos era toda una pantera a los ojos de Sara.

Ibra intentó meter mano a Sara, pero ella le paró.

–          Aquí no – le dijo ella con una sonrisa pícara.

–          ¿Aquí no? ¿Eso es que tú quieres? ¡Ven!

El chico la cogió de la mano y salieron del local.

–          ¿Dónde vamos? – preguntó Sara achispada.

–          A donde yo vivo. Aquí cerca – le contestó con una amplia sonrisa llena de felicidad.

Sara envió un SMS a su amiga Amaranta, diciéndole que no la esperara porque estaría con el chico que había conocido. Le rogó  que no dijera nada al resto.

El bloque de pisos de Ibra parecía de protección oficial y estaba muy necesitado de reformas. Aquella primera impresión asustó un poco a la joven Sara, pero tras echar un vistazo a los músculos de su conquista, se quedó más tranquila. Estaba en buenas manos.

El interior del piso no tenía mejor aspecto, aunque no pudo inspeccionarlo mucho ya que Ibra se lanzó a besarla tan pronto como cerró la puerta de entrada.

De repente, unas voces en un idioma desconocido les interrumpieron. Sara se giró asustada y pudo ver como otros dos negros más discutían con Ibra.

–          ¿Qué pasa? ¿Por qué discutís?

–          No discutimos. Ellos amigos: Omar y Salif.

Los chicos le dedicaron una amplia sonrisa de un blanco puro. Omar tenía la cabeza rapada y era enorme. Su cuerpo de oso destacaba por brazos tan anchos como sus piernas. Salif, con su pelo rizado y su bigotito, era muy delgado; No tenía la musculatura de Ibra.

Su análisis se vio interrumpido cuando Ibra pronunció su nombre, y los otros dos lo repitieron.

–          Sara. Amiga. – Le dijo Omar dándole la mano.

Ella se la estrechó, y su blanca extremidad desapareció entre los dedos de aquella manopla oscura.

Ibra le cogió las manos y se las izó para que diera una vuelta. Sara, divertida, giró sobre sí misma lentamente. Los chicos le dedicaron palabras en un idioma desconocido mientras disfrutaban viendo su culito respingón y pequeños pero erguidos pechos girar.

Alguien le dio un azotito en el culo, y ella se giró de golpe cortando el aire con su larga melena morena.

–          ¿Quién ha sido?

–          ¡Yo! – dijo Ibra.

Para sorpresa suya, Omar le dio un pellizo en el culo.

–          ¡Yo! – dijo tras su fechoría.

–          Yo – imitó Salif, tocándole también el culo.

Los cuatro se rieron. A Sara le intrigaba qué pudiera pasar aquella noche. Nunca antes había estado con un chico de color, y en ese momento estaba ni más ni menos que con tres. ¿Protegería Ibra su premio, o lo compartiría siguiendo las costumbres promiscuas que ella pensaba que tenía su pueblo?

Ibra apresó uno de sus pechos entre sus manos y la besó con su enorme lengua.

Sara notó como otras manos le tocaban los pechos hasta que Ibra le subió el top y la dejó en sujetador.  Salif se lo desenganchó sin que ella tuviera tiempo a reaccionar, y Omar le chupó una de sus tetitas nada más emergió de su sujetador.

Rodeada por aquellos tres negros, notaba manos por todas partes. Sus pequeños y rosados pezones desaparecían en una vorágine de dedos que no se detenían ahí, sino que también trabajaban su culito amasándolo como si hicieran pizza.

Ibra tenía uno de sus pechos casi entero dentro de su boca mientras que la marabunta de manos ya no sólo se concentraba en su culo, sino también en la parte delantera de su pantaloncito.

Alguien le estiró de los shorts hacia arriba para marcar más su culito. No contentos con eso, varias manos manipularon la prenda. A medio bajar, le apretaron las nalgas y le dieron un par de azotitos. Salif le dio un beso lo más abajo que pudo, y finalmente Sara se quedó en tanga.

Salif se arrodilló tras ella y le hundió su cabeza entre  las piernas. Sara gimió cuando el chico le besó y mordisqueó por encima del tanga, y se excitó mucho cuando la cálida lengua del senegalés se abrió camino y encontró su hirviente sexo.  Su lengua, tremendamente húmeda, hacía milagros entre sus piernas.

Ibra se bajó el pantalón, y su gran polla negra asustó a Sara.

La chica le quitó la camiseta a su hombre y se deleitó con aquel cuerpo ajeno a la grasa. Acarició su prieto pecho y deslizó sus níveas manos por las cordilleras que eran sus abdominales. Sus manos llegaron al ombligo y se detuvo al ver la pequeña manguera de su amiguito. Riéndose, se inclinó hacia delante y agarró aquel ariete más útil para derribar castillos que para hacer el amor.  Masturbándole con amplios movimientos de su mano, se llevó la punta a la boca y empezó a chupar.  Tenía la sensación de estar en la feria comiéndose una de esas manzanas cubiertas de caramelo. Era sin duda el pene más grande con el que había tratado a sus veinte pocos años. Por un instante se imaginó lo que sería tener ese falo en su interior, pero prefirió desechar esos pensamientos rápidamente  ante la preocupación que le daba poder dar cobijo esa tubería.

Omar contemplaba la escena totalmente excitado.  Aquella chica blanquita estaba de pies, inclinada y con el culo en posición de hacer una sentadilla. La jovencita le estaba chupando la polla a su amigo Ibra con ansiedad mientras que Salif le comía el coño desde detrás.

No queriéndose quedar aparte, el chico se desnudó y se agarró el pene. Si bien no era tan largo como el de Ibra o el de Salif, sí que era más gordo. Se acarició la verga mirando la escena  y notando como vibraba la herramienta erecta en su mano.

Sara, a tientas, agarró con la mano libre el grueso pene de Omar.  Sin mirarlo, lo masturbó con movimientos secos mientras que sus labios seguían ocupados de Ibra.

De repente Sara se detuvo a la vez que la lengua de Salim. Otro miembro del chico estaba reemplazando el contacto con su zona erógena. La chica se agarró a la cintura de Ibra, y puso el culo un poco en pompa. Poco a poco, el afilado miembro de Salim se introdujo en su interior. Aquel no era un chico enamorado ni un amante fiel; ¡Un negro bien salido estaba a punto de follársela! Una vez introducido su miembro al completo, Salim empezó un mete-saca que en pocos segundos alcanzó un ritmo digno de película porno. El culo inmaculado de ella chocaba contra la oscura pared del chico cada vez que se la metía.

Él le agarraba las nalgas, mientras que ella, volvió al antiguo oficio de chupársela a Ibra. Le chupó con la lengua los negros testículos y ascendió hasta coronar con su boca la cima de su glande. En su boca sólo se metía la punta, pero con su mano le masturbaba toda la inmensa polla del chico.

Ambos chicos gemían, mientras que Omar se masturbaba sentado en una silla.

–          ¡Ahora yo! – gritó Ibra.

El chico musculoso se sentó en un sofá que había en el suelo al tiempo que Salim la cogía en volandas. Izándola metiendo sus brazos bajo sus rodillas, la colocó justo encima de Ibra.  Ella, según bajaba, agarró con una mano la polla descomunal de su nuevo amigo y la colocó en la entrada de su vagina. Respiró lentamente varias veces y por fin empezó a meterse aquel tren bala dentro de su túnel sexual.

En cuclillas, Sara sólo pudo hacer el leve ejercicio de mover su cintura arriba y abajo metiéndose lo mínimo de la extremidad de Ibra. Salim se acercó a ella por delante, y en un idioma que ella desconocía le debió de decir algo así como que se la chupara. Sin necesidad de entender las palabras, ella le cogió aquella figurita de portal de Belén que tenía por polla y se la metió en la boca. En la parte alta de cada salto se metía una polla en la boca, y en la bajada otra en el coño. Sara gemía sin parar con tonos agudos.

Desde el suelo, Ibra podía ver como las pequeñas y blancas tetas de Sara saltaban con cada embestida. No le gustaba mucho tener que ver el pene de su amigo por encima de su cabeza, pero en aquel momento le daba igual por el placer que le estaba dando aquella blanquita.

Sara pasó de cuclillas, a sentarse sobre el pene de Ibra y metérselo casi entero. Estaba tan cachonda, que aunque notaba cierta resistencia, disfrutaba con aquella follada. El negro aumentó el ritmo de sus caderas y hasta sus testículos golpearon contra ella.

Salim se inclinó hacia delante, y agarró las nalgas de Sara. Las hizo subir y bajar bien rápido haciendo que se incrustara con furia la polla de su amigo.

–          ¡Qué buena eres follando! – dijo su macho alfa.

El susodicho agarró la agarró por la cintura, y sin necesidad de dejarla en el suelo, la levantó en el aire con la fuerza de sus potentes músculos.  Ella le rodeaba el cuello con sus brazos, y la cintura con sus piernas. En ningún momento se la había sacado de la vagina. La hizo saltar sobre su polla con la fuerza de su cadera. Ella, en éxtasis, saltaba y recibía aquel gran gusano de Dune como si fuera su madriguera.

Al ver que Salim estaba cerca, se descolgó de un brazo, y en el aire, se la chupó como pudo al otro chico.

–          Yo. – Dijo Salim tras intercambiar palabras en Senegalés con Ibra.

Ibra la dejó con delicadeza sobre el colchón del suelo. Ella, a cuatro patas, no tuvo tiempo para cambiar de postura porque Salim e Ibra taponaron sus agujeros vaginal y bucal respectivamente con sus miembros.  No podía creer que se la estuvieran follando dos negros y que le estuviera gustando tanto. Aquello iba más allá de todas sus experiencias sexuales.

Salim hizo amago de metérsela por el culo, pero ella no le dejó. Si dejaba a uno, los otros querrían, y aquello podría ser una destrucción anal.

Ambos chicos se turnaron follándola hasta que en un momento dado, mientras se la chupaba a Salim, notó un tiró en el pene del chico. Sin avisarla el chico había empezado a correrse. Notó el primer chorro de semen impactar en su garganta provocándole una arcada por la presión y cantidad. Al abrir la boca, un borbotón de líquido blanquecino se derramó desde sus labios. Ni corta ni perezosa siguió chupándosela hasta dejarle seco. El chico se alejó justo en el momento que Ibra se la sacaba del coño. De repente notó como un latigazo caliente le golpeó la espalda. Después otro, y otro. Ibra se estaba corriendo sobre su espalda con la fuerza de un camión de bomberos.

Agotada, se levantó para ir al baño y limpiarse junto con Ibra y Salim. En aquel momento se acordó de Omar y su ancho pene. El chico seguía masturbándose y justo cuando ella se acercaba, se corrió derramando borbotones blancos sobre su propio cuerpo. Ella suspiró, más de alivio por no tener que lidiar con aquel cipote que por otra cosa.

 

1 SEMANA DESPUÉS

Bea y Amaranta seguían hablando en el baño de la discoteca. Cuando Amaranta terminó de contarle la  historia que Sara le había contado, la expresión de Bea era muy distinta.

–          ¿Así que al final realmente se folló sólo a dos negros? – preguntó Bea.

–          Se podría decir que sí. ¡¿Te parece poco?!

–          Ufff, vaya con Sarita.

Una vez reunidas con el grupo, tras invitar a Sara a una copa, Bea le pidió ir las dos solas a otro garito. Sara le sonrió, y Bea anheló poder vivir la misma aventura que su amiga.

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Ayudar a unos turistas

Sara y Luis, como buena pareja de casi treintañeros sin hijos, disfrutaban casi todas las semanas de ir a cenar a algún restaurante.

Aquel sábado decidieron ir a un sitio que estaba de moda y les habían recomendado. Por el camino, una pareja de turistas españoles les abordó y les preguntó cómo llegar a un restaurante. El lugar lo conocían bastante bien, y Luis se entretuvo explicando a la pareja cómo llegar.

 

La demora fue mínima, y llegaron sin retraso a la mesa que tenían reservada. El local no era muy moderno, y estaba lleno a rebosar de gente. Pese a que las apariencias no acompañaban, los buenos comentarios incitaban a quedarse y disfrutar de los platos.

Las mesas estaban casi pegadas unas a las otras, y la cena prometía no ser muy tranquila por la proximidad de un grupo de chicos jóvenes extranjeros bastante ruidoso en la mesa de al lado.

–          ¿Te has fijado en la pareja de antes? – preguntó Sara mientras esperaban las bebidas.

–          ¿Qué pareja?

–          La que nos ha preguntado cómo llegar a un restaurante.

–          Pues la verdad es que  no mucho. Estaba concentrado pensando en cómo llegar… ¿qué les pasaba?

–          Nada, nada…

–          ¡Venga, ahora no me dejes con la intriga! – dijo Luis falsamente ofendido.

–          Bueno… – Sara resopló – la parejita estaba bastante bien.

–          ¿Sí? Haberme avisado…

–          Pues me extraña que no te fijara en ella, porque iba bien descocada.

–          Joder Sara, estas cosas se avisan.

Ambos rieron, y a no mucho tardar les trajeron la cena. El camarero hizo hueco en la pequeña mesa con la mala fortuna que tiró un tenedor al suelo. Sara se agachó para recogerlo y de repente el grupo de chicos de al lado se puso a silbar y vitorear.

Ella no sabía qué pasaba, pero en cuanto se percató que los mozos la miraban a ella, se rio. La chica iba vestida de forma sencilla: unos zapatos negros con algo de tacón, una minifalda vaquera y un top negro ajustado. Su delgado cuerpo encajaba perfectamente en aquella indumentaria y su sujetador con relleno juntaba sus pequeños pechos lo justo como para realzar su escote.

–          Voy a pedirles que nos hagan una foto para subirla a Facebook – dijo Sara con sonrisa picarona.

Al acercarse a los chicos, estos la volvieron a arengar. Chapurreando con uno de ellos en inglés, consiguió que les hiciera una foto con el móvil. Aún no había publicado la foto cuando el mismo chico se acercó y que les hiciera una foto. Al principio no se entendieron, pero finalmente ella comprendió que lo que querían era una foto con ella.

Luis cogió la cámara que uno de los chavales le dio, y Sara se colocó entre el grupito. Ellos reían, y Sara notaba como algunas manos estaban más cerca de sus pechos y culo que de su cintura.

 

La cena continuó sin más percances, y tras despedirse de los franceses, la pareja salió al frescor de la calle.  Al girar en la primera esquina, y para sorpresa de ambos, se encontraron con la pareja de turistas de antes.

–          ¡Hola! – les saludó la chica bastante animada.

–          ¡Hola! ¿Encontrasteis bien el restaurante? – preguntó Sara sonriente.

Mientras la chica le respondía afirmativamente y le contaba cómo había ido la cena, Luis se fijó en ella.  Tendría más o menos la misma edad que ellos (28 – 29). Lucía unos pantalones amarillos muy fashion, y un top sin mangas blanco estampado con flores rojas. Tenía la piel muy bronceada, y su desmesurado escote debía de albergar casi una talla 100 de pecho.

–          Soy Amparo – La presentación de la chica le pilló por sorpresa, y le devolvió los dos besos nervioso.

El chico se presentó como Rafa, y ambas parejas continuaron callejeando ya que sus caminos coincidían.

Amparo y Rafa se detuvieron ante la puerta de un elegante hotel de ciudad.

–          ¿Por qué no os subís y nos hacemos una copa? Tenemos bebidas que hemos comprado esta mañana. – Propuso Amparo. Sara miró a Luis, y ante la sonrisa de este, aceptó rápidamente.

En el ascensor, la pareja de turistas se hablaron al oído sin dejar de sonreír ni de mirar a sus nuevo amigos.

 

En el pasillo, camino de la habitación, ambas parejas charlaban animadamente. La puerta marcaba 406, y Rafa hizo servir la tarjeta del hotel para abrirla. Las luces se encendieron al colocar la tarjeta en su ranura, y Sara y Luis se maravillaron por el aspecto de la suite.

Mientras Rafa preparaba las copas, los otros tres se acomodaron en los dos sofás de la habitación.

–          Sara, tendrás que permitirme que te diga que ese top te queda fenomenal – Dijo Amparo.

–          Ufff. No es nada del otro mundo. Apenas me he arreglado para salir. No como tú, que vas increíble.

–          ¿Te gusta? – dijo estirando la espalda, sacando pecho y moviéndolo hacia los lados sin dejar de sonreír.

–          ¡Sí! Lo que yo no sé si me pondría algo así.

–          ¿Por?

–          Bueno… tú tienes más material para rellenarlo.

Las dos chicas rieron ante la sonrisa bobalicona de Luis.

Rafa trajo las copas acompañadas unas pajitas más largas de lo normal.

–          Así, como si fuera la de un negro – le dijo Luis a su novia mientras esta bebía por la pajita.

–          Tampoco te creas… – dejó caer Amparo.

–          ¿Lo dices por experiencia propia? – le preguntó con los ojos muy abiertos Sara.

–          Pues sí. Donde esté la de mi marido…

Todos miramos a Rafa, que no pudo sino abrirse de hombros y sonreír.

–          ¿Más grande que esta pajita? – preguntó Sara.

–          Sí. Y sobre todo más gorda.

–          ¡Menos más que no es así de fina! Aun así… ¡Eso tiene que doler!

–          ¡Qué va! Una se acostumbra a todo.

Amparo abrió y juntó ambas manos formando casi dos palmos y los colocó encima de la tripa de Sara.

–          Sí, te cabría.

–          ¡Qué dices! ¿la tiene así?

–          Más o menos… Seguro que ahora mismo estás imaginando cómo debe ser tenerla dentro… ¿a qué sí?

–          Ufff…

–          ¿Te gustaría probarlo?

–          No creo que pudiera…

–          Claro que sí. Además, yo te prepararía para ello…

Amparo acarició con dos dedos el brazo desnudo de Sara. Ella levantó su mirada de aquellos dedos que le pusieron la piel de gallina a los ojos de Amparo. El escalofrío dejó entreabiertos los labios de Sara. Amparo llevó su mano lentamente hasta su cara y la acarició acercándose cada vez más. Sara la miraba como hipnotizada, y apenas se dio cuenta cuando aquella, hasta ahora desconocida, posó sus labios sobre los suyos. Eran carnosos, y pronto la cálida y dulce lengua de aquella chica encontró la suya.

 

Rafa y Luis contemplaban de pies frente al sofá como sus chicas se lo estaban montando. Cuando la mano de Amparo aterrizó sobre el pequeño escote de Sara, ambos chicos se miraron sonrientes.

Sara le devolvió la caricia, y pudo agarrar un pecho de Amparo.

–          Qué grandes las tienes – le dijo con expresión pícara.

Como respuesta, agarró a Sara por la nuca y la guio con suavidad hasta su escote. Cuando emergió de entre sus tetas, el canalillo de Amparo mostraba restos de saliva y rojez.

Amparo le manoseó los pequeños pechos a Sara sin miramientos. Acariciaba sus pezones y en uno de estos tocamientos dejó un pecho de la chica sacado por fuera de la ropa.

–          No las tienes tan pequeñas como decías. De hecho son deliciosas, mmmmm…

Amparo le succionó el rosáceo pezón mientras su nueva amiga le tocaba las tetas.

 

Sara se levantó y se subió encima de Amparo. Ambas se besaron con pasión mientras los chicos se ponían las botas contemplando el tanga y perfecto culito de Sara, descubierto por habérsele subido la mini falda vaquera en aquella postura.

Sara le bajó el top dejando a la otra chica en sujetador. Sin dejar de besarse, sus hábiles dedos desengancharon su sujetador y dejaron las tetazas de Amparo a la vista.

Sara se lanzó a chupar los pezones de Amparo. Les daba vueltas con su lengua y los succionaba. Mientras lo hacía, movía su culito con excitación.

–          Uff, ¡qué calor hace!

Igualando condiciones, Sara alzó los brazos y se quitó primero el top negro, para después hacer lo propio con su sujetador.

Amparo empezó a besarle el abdomen hasta llegar a sus pechos. Cogiéndola por la cintura, pasó su lengua tan grande era por ellos, para pasar a chuparlos posteriormente.

–          Veamos cómo tienes lo demás…

Las chicas cambiaron de postura y en menos que canta un gallo terminaron de desnudarse mutuamente las dos.

–          Abre las piernas.

Sara obedeció y Amparo lamió sus muslos lentamente. Cuando llegó al pequeño sexo de su amiga, buscó con la punta de su lengua el clítoris de esta.

Amparo se recreó en la pequeña dura bolita del placer de su amiga, mientras que ella se contoneaba y gemía mordiéndose los labios.

Le introdujo un dedo en la vagina que pasó con facilidad dada la humedad que contenía la cueva. La masturbó un rato más hasta que le introdujo otro dedo…. Cuando llegó al tercero Sara estaba en la gloria.

Amparo le iba a decir que ya estaba preparada cuando Luis, masturbándose a toda velocidad se acercó a su novia y le dijo:

–          Ufff cariño, cómemela… estoy tan caliente que no puedo seguir mirando más.

 

Sara agarró la polla de su chico y empezó a comérsela. La otra chica miró a Rafa y le dijo que se acerara.

–          Ya está lista para que te la folles, pero tendrás que hacer cola.

–          Tú sí que vas a hacer cola. Venga, chúpamela.

Cada chica se la estaba chupando a su chico en el sofá.

Sara, concentrada en su novio, no se dio cuenta de lo que pasaba a su alrededor hasta que pasados unos minutos Rafa les dijo que fueran todos a la cama.  Los cuatro se desplazaron desnudos hasta la cama tamaño King Size, y tras subirse Sara a la cama, Rafa se colocó delante de su novio.

–          Tú conmigo.

El turista se acercó polla en mano a Sara y le dijo:

–          Por estos 23 centímetros son por los que has puesto cachonda.

Ella se rio, y la agarró con cuidado.

–          ¡Es enorme!

–          ¡Pues hazme una mamada enorme!

Su risa volvió a trinar mientras se la acercaba a la boca. La lamió por todos los ángulos hasta introducirse finalmente su capullo en la boca. Además de ser una polla larga, era bien gorda. La de su novio no estaba nada mal, pero es que aquella era inmensa.

Se la metió hasta la mitad en la boca, y la mamó todo lo bien que sabía. Rafa le manoseaba las tetas sin cariño ni dulzura. Se las apretaba, juntaba y pellizcaba sin miramientos.

–          ¡Joder Luis, cómo la chupa tu putita!

–          Ja, ja, ja, ¡le encanta hacerlo!

–          ¡Pues va a tener polla para un rato!

Sara se giró, y vio como Amparo se la chupaba a su novio lenta pero profundamente mientras él no le soltaba las grandes tetas.  Miró a Rafa, y tras incorporarse, se lanzó a sus labios para besarle. Pegó su cuerpo al de él y buscó su lengua con pasión correspondida. Él le agarró el culo y le masajeó las pequeñas nalgas, mientras que ella le pajeaba con rapidez.  No aguantó mucho dándole a la mano, y volvió en seguida a mamársela.

–          Estás hecha toda una zorrita. Túmbate, que yo también quiero comerte el coño.

Sara obedeció, y dejó sus piernas abiertas frente a Rafa. El chico se lanzó como un águila, y le comió el sexo como una batidora al tiempo que le metía dos dedos. Ella gemía sin cesar, hasta que él paró para decirle:

–          ¿Qué, lista para sentir mi polla dentro de ti?

–          Uffff.

–          Venga, tú tranquila. Súbete encima de mí y a tu ritmo…

 

El chico se sentó en la cama, y Sara pasó una pierna por encima de él. La punta de su lanza conectó con facilidad, y el capullo se coló dentro. En cuclillas, Sara comenzó a cabalgarle lentamente, dejando entrar cada vez más falo en su interior.

Poco a poco, se introdujo más de la mitad de aquel miembro en su coño. La melena de Sara saltaba a igual que sus pequeños pechos.

–          Qué coñito tan apretadito. ¿Te gusta?

–          Siiiiii!!!

Sara sentía como aquel pollón la llenaba por dentro y no dejaba ni un centímetro hueco en su interior. Su amante le apretaba las nalgas y la movía para dar más velocidad a las penetraciones.

–          Joder qué pollaaaa, ahhhhh, mmmmmm – deliraba de placer Sara.

 

 

Mientras tanto, Amparo y Luis follaban en la postura del misionero. Las grandes tetas de la chica giraban en cada embestida del chico, quien se impulsaba agarrándola de las rodillas. Su polla, perfectamente depilada, entraba limpiamente hasta su base.

Amparo le agarró un tobillo a su compañera y la miró sonriente disfrutando de la visión de ver a su novio ser cabalgado mientras le comía las tetitas como un mamífero hambriento.

Sara se colocó en una postura más cómoda para cabalgar, y cabalgó abrazada a Rafa mientras ambos se morreaban con pasión.

En frente suya, las tetas de Amparo se balanceaban como campanas mientras ésta estaba siendo follada a cuatro patas por Luis. Los gestos del chico podrían pasar por sufrimiento, aunque nada más lejos de la realidad… era todo lo contrario.

–          Yo también quiero así – dijo entre jadeos Sara.

Se colocó a cuatro patas pegada a Amparo; hombro con hombro, hombre con hombre.

Las chicas se besaban con la lengua por fuera de la boca mientras que los novios intercambiados se las follaban.

Amparo estiró su mano hasta llegar al sexo de Sara y notar como el pollón de su novio entraba.

–          ¿Ves como sí que cabe? – le dijo sonriente.

–          Ufff, nunca había sentido nada así…

Ambas féminas competían por gemir más fuerte.

Por iniciativa de Sara, las parejas sincronizaron de nuevo su postura y se colocaron en la del misionero. La cama se hundía con la presión de las embestidas y la excitación flotaba en el aire.  Para Luis, ver a su chica ser follada por una brutalidad de polla como aquella era casi tan excitante por el pibón que se estaba beneficiando.

 

Rafa se levantó y se colocó al revés sobre Sara. Aquella trompa humana calló sobre ella, y se la chupó a toda velocidad en aquel frenético 69. Más tarde, Sara no recordó si Rafa le había dicho algo, pero de repente la polla que tenía en la boca se tensó. Una vibración le alertó demasiado tarde, y un gran chorro tremendamente caliente de líquido estalló dentro de su boca. Sara abrió los labios y un borbotón de semen se derramó por su barbilla y mejillas. La siguiente eyaculación entró directa en su garganta y se la tragó. Chupó bien aquel falo mientras el hombre no dejaba de comerle el coño. Sin soltar aquella gran morcilla, se dejó llevar en manos del cunnilingus y tuvo un orgasmo brutal.

 

Sara y Rafa se quedaron en aquella postura unos minutos mientras el sonido de los gemidos de los otros dos cortaba el silencio. Ella se sentó en la cama y contempló como su novio tenía a Amparo tumbada boca abajo y se la follaba aplastándola con su cuerpo con frenesí.

–          Mi chico no tendrá lo que el tuyo, pero lo sabe usar bien.

–          Sí…. Mmmm…. Me encanta.

Luis la volteó y la abrazó tapándola boca arriba con su cuerpo. Las nalgas del chico subían y bajaban como si practicara un deporte olímpico.

–          De aquí a Tokio 2020 – dijo Sara.

La pareja no les hizo caso y Luis colocó las piernas de Amparo sobre sus hombros para follarla con más profundidad.

 

Luis se la sacó, y se colocó al lado de la cara de Amparo masturbándose. Sara se acercó y se la chupársela un poco. Apenas le dio cuatro chupadas cuando su novio empezó a gemir y a derramar potentes chorros de semen sobre su cara y la de Amparo. Esta última se acercó a Sara y le dio un beso en los labios cargada del semen de su chico.

 

Pasados unos minutos, Sara y Luis se limpiaron y se dispusieron para irse… no sin antes intercambiar teléfonos y quedar para el día siguiente.

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Memoria USB perdida (II) – Sudamericano

Había pasado casi una semana de los acontecimientos narrados en el relato “Memoria USB perdida” (I) entre Sara, Isma y yo.

Era viernes y estaba en el trabajo cuando recibí un mensaje de whatsapp de Isma (chico de entre 18-19 años) en el que decía:

“Mira lo que estamos haciendo mi amigo Raúl y yo”.

Tras el mensaje, recibí una imagen en mi Smartphone en el que se veía un monitor con una de las fotos de mi novia Sara que había perdido y dos pollas erectas justo delante.

Le contesté:

“Disfrutad con mi novia chicos. Enviadme una foto cuando acabéis. ”

A los 5 minutos mi móvil sonó. Me fui a una esquina de la oficina y descargué la foto. En ella se veía la misma foto proyectada en el monitor de antes cubierta por un montón de semen y dos pollas flácidas al frente.

Al verlo, les envié un mensaje diciéndoles que estaba en el curro y que ahora no podía escribir mucho y que a ver si Isma me contaba quién era el propietario del otro miembro y qué le había parecido mi novia Sara.

Aunque no lo contesté ese día, Isma me comentó que era la de su mejor amigo Raúl, de total confianza y que pensaba que Sara era una diosa a la que había que hacer ofrendas de semen.

* * *

Ya en casa, le conté y enseñé lo ocurrido a Sara y esta se excitó enseguida.

Al día siguiente (sábado), Isma nos llamó y nos dijo que su amigo Raúl nos invitaba a tomar algo a su casa.  Sara y yo lo hablamos y accedimos.

El amigo de Isma vivía en un chalet grandecito en la periferia.

Llegamos a la casa y nos recibieron Isma y Raúl, su amigo sudamericano. Pasamos al comedor y allí estaban los padres del anfitrión. Nos presentamos como unos amigos de Isma y que más tarde nos iríamos de marcha.

Sara y yo estábamos bastantes nerviosos porque los chicos no estaban solos. ¿Qué tendrían en mente? Les propusimos ir a nuestra casa, que estaríamos solos, pero dijeron que no, y que no nos preocupáramos.

Seguimos a Isma y a Raúl por las escaleras hasta llegar al garaje, desde el que  se podía acceder a un cuarto hecho a medida que Raúl usaba para estudiar, fiestas y jugar a la consola.

Una vez dentro, Sara se quitó el abrigo y dejó a la vista de todos cómo iba vestida:

Llevaba las piernas, perfectamente depiladas al descubierto y un vestidito compuesto por una minifalda en volantes y una parte de arriba con filigranas y transparente. Todo el vestidito era negro, y el sujetador con relleno que se descubría bajo las transparencias era del mismo color.

Isma y Raúl se quedaron alucinados.

Mientras Sara les sonreía, observé aquella habitación desprovistas de ventanas y pude ver una tele de 52 pulgadas con varias consolas conectadas, un sofá, una mesita, una mesa llena de papeles con un ordenador y una pantalla de 22”, estanterías llenas de libros y una pequeña cama de 90.

Sara se sentó en el sofá cruzando las piernas. Aquel cruce le subió la falda un poco y dejó ver aquellas dos preciosas y tersas extremidades blanquecinas.

Raúl abrió un armario y dejó a la vista un nutrido mueble-bar. Todos decidimos tomarnos unas caipirinhas. Mientras Raúl las preparaba, Sara  y yo nos reíamos de las bromas que nos contaba Isma.

Nos sentamos, bastante estrechos en el sofá. En un lateral estaba yo, con Sara a mi derecha, seguida por Raúl y por Isma.

Bebíamos y reíamos hasta que sonó la puerta y se abrió de golpe. La madre de Raúl entró y nos preguntó si necesitábamos algo. Su hijo le contestó que no, que estábamos tomándonos algo para no gastar tanto cuando saliéramos. Su madre dijo que eso estaba muy bien, que ahorraran un poco y dijo que para que no nos sentara mal que nos traería algo para comer.

SARA: qué susto me he dado.

RAÚL: ahhh, no te preocupes. Ahorita nos traerá algo y nos dejará tranquilos. Ahora están viendo la tele pero a las 11 y nomás se irán a la cama.

La mujer cumplió y nos trajo unas minipizzas y otros menesteres para comer.

MADRE: ¿cariño, no pasarás frío? – le dijo a mi novia al comprobar el hecho que llevaba una camiseta transparente.

SARA: no, no se preocupe señora. Llevo un buen abrigo. Es que con tanta gente hace mucho calor en las discotecas y así es como si fuera en bikini.

MADRE: bueno, cuídate y no te resfríes.

La madre se acercó y nos dio dos besos a cada uno.

MADRE: no sé si estaremos despiertos cuando os vayáis así que pasáoslo bien y tened cuidado. Rauilito, si necesitas cualquier cosa llámanos.

RAÚL: valeeee mamita. No te preocupes. Te quiero mamita.

La mujer cerró la puerta y nos dejó solos.

Raúl puso música y nos dijo que no nos preocupáramos por el volumen, que sus padres dormían dos pisos más arriba y no se oía nada.

Pronto las caipiriñas fueron bajando en los vasos y Sara le preguntó a Raúl:

SARA: Luis ya me ha enseñado la foto que le enviasteis. ¿Os lo pasasteis bien con mis fotos?

RAÚL: estabas muy lindaaaaa.

SARA: ya vi que os gustó…

RAÚL: sí… Las fotos las hicimos frente a ese ordenador – señaló la mesa y la pantalla panorámica que reposaba encima.

SARA: ¿pensabas que sería así en persona tras ver las fotos?

RAÚL: así con ropa no sé, ¡¡pero estás padre!!

SARA: Isma antes nos ha contado que jugas al fútbol con él y que eres un crack. ¿Por qué no me enseñas las abdominales?

Sin perder tiempo, el chico obedeció y se subió en seguida la camiseta. Se podían apreciar unas abdominales muy marcadas, mejores que las que hace una semana nos enseñó Isma, en una piel morena como la madera.

Sara pasó dos de sus dedos lentamente por aquella cordillera de músculos del vientre hasta llegar al ombligo.

Sara se levantó riendo y dijo de improviso:

SARA: ¡¡¡esta canción me encanta!!!

Empezó a bailar delante de nosotros tres. Primero abrió los brazos y los fue subiendo lentamente al ritmo que movía la cadera adelante y atrás.  Se colocó una mano en la falda, y la movió arriba y abajo (casi dejando a la vista su ropa interior), mientras que levantaba por encima de la cabeza su otro brazo. Se puso de lado y empezó a contonear su cadera con los brazos levantados. Pese a no tener mucho pecho, aquel sujetador push-up le hacía parecer tener una 90. El vestido ceñido realzaba sus formas, su vientre plano y su culo respingón y de infarto.

Se dio la vuelta, y bailó de espaldas a nosotros, moviendo su culito como si le picara algo y poniéndonos a los 3 bien calientes. Levantó tanto su falda que s ele pudo apreciar un poco el culo. En un descuido hasta su tanga negro.  Volvió a bailar de frente de forma provocativa, luego de lado, y terminó el ciclo de espaldas. De frente se subió el vestido enseñándonos el ombligo. Siguió provocándonos y se subió la parte de arriba dejándonos ver su sujetador negro, que ya teníamos visto por sus transparencias.

Se dio la vuelta, subió su falda enseñándonos las rayitas de su tanga y comenzó a agacharse haciendo una sentadilla sin parar de mover aquel culito blanco y terso.

Se pasó los pulgares por los laterales del tanga y subió y bajó las manos sin parar de bailar. Nos dio la espalda, se agachó y empezó a mover el culito como si tuviera espasmos.

Se dio la vuelta mirándonos y acarició las piernas hasta llegar a los pechos. Los juntó y se inclinó hacia delante marcando un gran cañón transparentado por su parte de arriba del vestido.

De repente la puerta se abrió y apareció Nicolás, el padre de Raúl:

NICOLÁS: a ver, podéis bajar la música que estoy viendo una pelí…

El hombre, bajito, regordete y moreno, de unos cuarenta y tantos, vestido en chándal, se quedó helado al ver a Sara, al verla bailar tan sexy. Se acercó, con el ceño fruncido, al sofá, a donde estaba Sara y le dijo en voz alta casi gritando:

NICOLÁS: ¡¿cómo te atreves a comportarte así en mi casa?! ¡Esto no es una discoteca!

SARA: sólo bailaba, no se enfade. Ahora nos iremos de marcha.

NICOLÁS: ¡ha! ¿Ahorita? ¡Tú lo que hacías era poner cachondos a estos críos!

SARA: ¿no le gustaba cómo bailaba? Se ha quedado mirando fijamente unos segundos…

NICOLÁS: yo, yo…

Justo en ese momento comenzó una canción latina con mucho ritmo. Sara empezó a bailar inconscientemente. Puso una mano en el pecho de Nicolás y le empujó, haciendo que este cayera se tropezara con el sofá y se sentase donde antes se había sentado ella.

NICOLÁS: ¡¿Pero qué carajo haces?!

SARA: shhh – mi chica se llevó un dedo a los labios.- Le bailaré esta canción que seguro le gusta. Relájese y verá como no hago ningún mal.

El hombre se dispuso a rechistar pero en cuanto Sara le dio la espalda y comenzó a bailar moviendo al ritmo de reggaeton su culito se quedó callado y con la boca abierta.

RAÚL: ¿a que baila bien papito?

NICOLÁS: calla, calla…

Sara contoneaba su culito de espaldas, y cuando dobló la espalda su mini falda se levantó dejando a la vista sus duras nalgas y su tanga negro. Él levantó las cejas y ella sonrió al percatarse. Agitó aquel trasero y se movió ligeramente como un flan. Se pasó las manos por el culo lentamente, provocándonos a los cuatro.

Se dio la vuelta y al mirar a Nicolás, éste le sonrió levemente. Bajó la vista y pudo notar una pequeña protuberancia en el pantalón de chándal de aquel hombre maduro. Se acercó a él de frente, colocó sus manos en sus hombros y contoneó su culito. Isma se asomó un poco para ver aquel trasero, pero el resto no perdimos de vista aquella cara viciosa de labios carnosos entrecerrados y el escotazo que tenía mi novia. Aquellas dos tetitas estaban bien cerca de la cara del hombre. Sara abrazó lentamente al hombre, rozándole con los pechos el cuerpo. Cuando se incorporó, sus tetitas estaban a la altura de la lengua del hombre. Sara se puso las manos en los laterales de sus senos y empezó a juntarlos como si quisiera dar palmadas con ellos. Los ojos del padre de Raúl casi se salían de sus órbitas y no paraba de resoplar.

El hombre se estiró para besarle los pechos, pero en ese momento ella se dio la vuelta, siguió bailando lentamente de espaldas y bajando su culito. No hubiéramos sabido si se estaba restregando contra Nicolás si no hubiera sido por su interjección:

NICOLÁS: mmm, ¡qué culito más rico!

Sin previo aviso el hombre le bajó la falda dejándola en tanga. En lugar de protestar ella se rió.

SARA: ¿más tranquilo señor?

NICOLÁS: mmm. Niña, tendrás que quitarme el enfado con tus bailes.

Sara, de espaldas, apoyó sus manos en las piernas de Nicolás y contoneó su culito contra su paquete, del que ya se podía ver una gran erección bajo la ropa.

Aquel culito blanco y puro parecía casi desnudo por el pequeño tanga y se movía de arriba abajo aplastando el paquete de aquel hombre.

Nicolás se lanzó y colocó sus manos en las piernas de Sara. Fue bajando hasta tocarle el culo. Aprovechaba para apretar a la chica más contra él.

Sara se levantó y se subió encima de Nicolás, como una amazona sobre aquel hombre regordete. Le apartó las manos cuando este intentó tocarle las tetas y se quedó quieta.

SARA: ¿nos dejarás hacer lo que queramos sin rechistar?

NICOLÁS: sí sí. Pero amor, no pares.

Sara rio apoyándose con los brazos en el sofá, empezó a cabalgar al hombre. Al principio despacio, restregando lentamente su tanguita por encima de el paquete de él, pero poco a poco fue cogiendo velocidad y emitiendo gemiditos. Se podía apreciar una mancha de humedad en su tanguita. En un momento dado la camiseta del hombre se subió, y la punta de su polla salió a la luz. Ella la tocó con un dedo, se rio y cabalgó más rápido. Cuando el hombre no aguantó más, se corrió, soltando un buen chorro blanco que le impactó sobre la barriga, seguido de otros 3 que terminaron formando una laguna que se desbordaba por los lados.

Sara se paró y le dio un piquito al hombre. Éste se levantó y se fue al baño a limpiarse.

SARA: ¿qué? ¿Nos vamos de marcha?

Los 3 chicos nos miramos y tras aquella exhibición pasional contestamos con una tímida afirmación.

RÁUL: Papá, ¿qué nos podrías acercar a la disco en el auto? – preguntó a su padre nada más este salió del baño.

NICOLÁS: claro que sí hijito – dijo sonriendo – os llevaré a los 3.

***

En el coche no ocurrió nada digno de mención. Llegamos a un pub de mala muerte bastante pequeño que solían visitar Raúl e Isma. Estaba bastante lleno por chicos de su edad, y tanto la música como las personas eran claramente latinas. Nos quitamos los abrigos y nos dirigimos al otro extremo de la puerta para poder dejarlos apoyados en una barra llena de ropa.

En cuanto Sara dejó a la luz sus suaves piernas acabadas en minifalda y su camiseta transparente que era una ventana hacia su sujetador, los chicos del lugar centraron su vista en ella como si sus miradas fueran arpones.

Isma propuso invitarnos a unos chupitos, y nos dirigimos abriéndonos paso hasta la barra. Yo iba justo detrás de Sara. Pude ver cómo muchos chicos más que apartarse un poco para dejarle paso hacían justo lo contrario para rozarse y acercarse más. Otros tantos le dedicaban piropos o la animaban a que se fuera con ellos.

Nos resguardamos en una parte de la barra que quedaba un poco solitaria al tener una columna por medio. Tomamos nuestros chupitos y aprovechamos el espacio libre para bailar un poco.

Sara bailaba extremadamente sexy. Sólo nosotros tres la separábamos del mar de tiburones que intentarían comérsela a la mínima ocasión. Éramos sus protectores, pero nosotros, y más tras el espectáculo acontecido en casa de Raúl, también éramos escualos.

LUIS: cariño, porqué no te quitas esa camiseta, que total el efecto será el mismo – le dije bromeando.

En lugar de burlarse de mi broma, se puso a reír y se quitó la camiseta, quedándose en sujetador. Sus tetitas botaban con su baile dentro de aquel constringente sujetador.

Mientras Sara bailaba aquella música latina, Raúl se le acercó animado. La cogió por la cintura y se pusieron a bailar cada vez más pegados. Ella giró y siguió bailando de espaldas. Su culito se movía como la rueda de un coche, y en cada vuelta rozaba el paquete de Raúl. En un momento determinado ella dio un giro, y todos pudimos apreciar la imponente erección que tenía el chico. Se volvieron a pegar y Raúl la agarró de la cintura juntándola bien contra sí.

Su baile era cada vez más caliente hasta que Sara se separó y se acercó a Isma, que estaba sentado en un taburete. Le beso lentamente en los labios, y se arrejuntó los pechos en el sujetador frente a la cara del chico. Éste, hundió su cabeza entre aquellas dos tetas, no muy grandes, pero bien turgentes.

Raúl se acercó a Sara por la espalda y se pegó a su culito diciéndole.

SARA: nos has puesto muy cachondos en mi casa. Al chófer ya le diste lo suyo, ahora nos toca a nosotros.

Raúl se apretó más a ella  y le colocó sus manos en la cintura. Sin parsimonias, subió rápidamente hasta llegar a los pechos y los apretó hacia arriba. Le acarició las piernas y fue ascendió hasta subirle la falda lo suficiente para dejar al descubierto su tanguita. Sin delicadeza, le desabrochó el sujetador y le estrujó las tetitas mientras que ella no dejaba de besarse con Isma.

Mientras Raúl seguía magreándola, Sara le bajó la bragueta de los vaqueros a Isma y sacó su polla al aire libre. Empezó a masturbarle al son de la música sin dejar de mirarle.

El chico se levantó del taburete y ayudó a sentarse a ella. Inmediatamente, acercó su tranca a la cara de Sara, y ésta empezó a darle lametones al prepucio.

ISMA: sí nena, cómetela.

Ella, obediente, se metió aquel miembro erecto en la boca y empezó a chupársela. Raúl también había desenfundado y se la cascaba justo al lado. El joven acercó su miembro a la cara de Sara, y esta, en un rápido movimiento, cogió aquella cola por la base y empezó a chuparla. Su cabeza se movía con rapidez mientras mamaba alternativamente aquellas dos pollas.

Se bajó de la silla y se puso en cuclillas en el suelo para chupar aquellas pollas mejor. Sus pechos botaban por el ritmo de sus succiones. Juntó los dos capullos y se los metió a la vez en la boca.

Los mirones se arremolinaban entorno a nosotros cuatro y mantenían las distancias.

RAÚL: así así, putita, así. Chúpatela toda. Toda la pija…

Ella aumentó el ritmo sin dejar de mirarle.

RAÚL: ¿te gusta?

SARA: mmmm, sí, mmm.

Me senté en el taburete y empecé a cascármela yo también. Raúl ayudó a mi chica a levantarse y tras meter una mano bajo su falda empezó a masturbarla.

RAÚL: no hace falta mucho… qué mojadita está…

Le subió la falda y tras apartar el tanga a un lado, fue buscando con la punta de su lanza su coñito.  Sara se apoyó en mí para no caerse. Nos sonreímos y su cara se transformó cuando nuestro nuevo amigo se la metió de golpe.

Se la estaba follando con golpes secos, y ella me miraba con un gesto agónico de placer. A los pocos minutos, me miró con cara traviesa, y tras coger mi miembro empezó a chupármela.

RAÚL: mmmm, qué culito tienes, mmmm. – Decía mientras le agarraba el culo al ritmo de sus penetraciones.

SARA: sí… Isma.. ahora tú guapetón… Métemela…

Sonriente, el aludido pidió turno y se colocó detrás de Sara. Le acarició la espalda y empezó a penetrarla muy lentamente. Ella quería más, pero él disfrutaba cada introducción con deleite. Pegó su cuerpo al de ella y le susurró al oído:

ISMA: voy a correrme dentro de ti, como he estado haciendo a diario en mi imaginación mientras me la cascaba.

El chico aumentó el ritmo hasta que su voz se elevó por encima de la música y empezó a correrse dentro de mi chica. Se apartó a un lado, y sin dar tiempo a que Sara se limpiase, Raúl ocupó su lugar y empezó a follársela con fuerza.

Los mirones se habían envalentonado y un par de chicos acariciaban a Sara. Poco a poco se fueron soltando más, y uno le estrujaba las tetas mientras que otras tantas manos anónimas la toqueteaban por todos lados.

Aquello se nos estaba yendo de las manos. Pude ver cómo Isma llamaba desde el móvil de Raúl con cara seria. Raúl no tardó en correrse. Se separó y chorreones de semen cayeron por las piernas de mi chicas. Un desconocido intentó penetrarla, pero Sara se pegó a mí y le rechazó.

LUIS: chicos, hay que irse. Coged la ropa y abridme paso.

Cogí a Sara en brazos y seguí a Raúl e Isma que se abrían paso entre la multitud. Al salir a la calle, el padre de Raúl nos esperaba con la puerta abierta.

NICOLÁS: ¡vamos, vamos, a dentro!

***

Nos metimos a toda velocidad, con Sara casi desnuda dentro del coche y conducimos hacia casa de Raúl.

NICOLÁS: Isma ya me lo ha contado todo. No os preocupéis,  no pasa nada.

De repente Sara cortó la tensión riéndose a carcajadas.

SARA: eso, no ha pasado nada. Sólo que casi me follo a todo el pub.

Todos nos reímos. Mientras hablaba, se iba vistiendo.

SARA: a todos menos al más importante…

Isma y Raúl se bajaron al llegar a su casa y su padre nos acompañó hasta nuestra casa. Entró por el parking y una vez paró el coche Sara le dijo:

SARA: gracias por todo Nicolás. Es usted un caballero.

NICOLÁS: faltaría más.

SARA: fíjese que mi novio se ha quedado sin disfrutar esta noche. Iba a recompensarle en el coche, pero por respeto a usted no lo he hecho.

NICOLÁS: no pasa nada…

Sara metió la cabeza entre los asientos delanteros y le dio un beso en la mejilla a Nicolás. El hombre rio, y no me di cuenta de por qué hasta que me pude dar cuenta que Sara le estaba acariciando el paquete. En un santiamén le sacó la polla y empezó a pajearle.

Yo hice lo propio y cuando Sara se dio cuenta, se acercó a mí de espaldas y levantó la falda. Apartó su tanga a un lado. Y se agachó hasta meterse mi polla. La luz del parking se apagó dejándonos a oscuras. Aún estaba empapada por dentro. Empezó a cabalgarme y yo apenas sólo podía ver su culito saltando y su espalda. Se reclinó un poco más hacia detrás y pude ver a nuestro conductor entre los dos asientos con la polla en ristre. Ella volvió a inclinarse hacia delante, y me imaginé que los gemidos que oía debían de provenir de la satisfacción de Nicolás mientras mi chica se la chupaba.

El hombre no aguantó mucho y al poco tiempo se corrió. Sara se levantó y dio la vuelta. Pude ver cómo tenía la cara y el cuello llenos de semen. Empezó a cabalgarme de frente hasta que me corrí dentro de su coñito.

Nos limpiamos con clínex y recompusimos, listos para volver a casa.

FIN.

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Realizando fantasías

Sus deliciosos pechos fueron presa de manos y bocas. Me acerqué a ella y la metí entre mis brazos, sintió mi pene excitado y duro rozar los labios de su vagina y, debido a su humedad, entrar con total fluidez; eso le arrancó varios gemidos. Carles, se situó detrás y trató de penetrarla analmente, primero, con cuidado, luego con más fuerza y al final, introdujo su dura verga dentro de su culito.

Conocí a Maite en un Chat de Internet. Me llamo Carlos y vivo en una ciudad del norte bañada por el Cantábrico, ella en una capital castellana. Nuestros primeros meses de contacto sirvieron para conocernos a través de muchas horas de conversaciones que, posteriormente, acompañamos de Web-Cam.

Encontré en ella una mujer con falta de cariño, que había soportado una relación matrimonial desafortunada y que era esquiva a abrir sus sentimientos; durante este tiempo fuimos avanzando poco a poco hasta que nos dimos cuenta que nos habíamos enamorado. Decidimos conocernos personalmente y organizamos un encuentro en su ciudad; fue un día para verificar físicamente mucho de lo que habíamos hablado y, a partir de ese día nuestra relación inició un bonito camino hasta el día de hoy.

Teníamos encuentros de fines de semana en su ciudad y disfrutábamos de cada momento del día y de la noche. Nos encerrábamos en la habitación del hotel y, en ocasiones, pasábamos el día en la cama, entregándonos mucho amor, mucho sexo e imaginando algunas fantasías. Un día, descubrió el sexo anal y a partir de ese momento se dispararon los deseos de hacer cosas nuevas. Durante la semana, por motivos laborales, cada uno vivía en su ciudad y a diario comentábamos e imaginábamos por el chat situaciones morbosas y de sexo.

Maite tenía dos deseos que valoraba por encima de los demás: Hacer el amor mientras la observaba otra persona y ser penetrada por dos hombres a la vez; las mías eran otras dos: Hacer un intercambio de parejas y verla con otra mujer. Poco a poco, superamos los miedos de llevar a cabo cualquiera de ellas y, finalmente, un día, decidimos dar el paso; para hacerlo de forma suave y con la única intención de ver como era, decidimos acudir a un club de parejas; buscamos por Internet y nos decidimos por uno.

Los vuelos procedentes de nuestras ciudades nos reunieron en el Prat, en Barcelona; yo llegué primero y esperé su desembarco en la terminal. El corazón me latía con fuerza, por fin volvíamos a vernos, teníamos por delante varías horas y una noche para realizar uno de nuestros deseos: disfrutar en un club de parejas.

Le veo llegar por el largo pasillo del aeropuerto, con su maletita de ruedas, moviendo su precioso cuerpo, con una deliciosa sonrisa y con la felicidad reflejada en los ojos. Mientras se acerca, un hombre trajeado y con su cartera de ejecutivo le sigue con la mira, yo, pienso que la imagina desnuda. Tiene buen gusto, digo para mí, y eso me excita. Nos damos un prolongado abrazo, pegando nuestros cuerpos, para fundirnos en un beso apasionado y sensual; cuando nos separamos, observo que nuestro mirón permanece atento y, de nuevo, imagino que le habría gustado poseer esa boca y ese cuerpo de mujer.

Nos encaminamos en un taxi al centro de Barcelona para buscar nuestro hotel y poder estar solos, las ganas se reflejan en nuestras caras y en nuestras manos, que durante el trayecto no han cesado de apretarse unas a otras. Las miradas, las caricias, las sensaciones y sentimientos nos han aislado del resto del mundo. Llegamos al hotel y nos instalamos en la habitación; tras un rápido y breve reconocimiento de la misma, nos fundimos en un apasionado beso; eso mismo ha ocurrido siempre que nos hemos encontrado en un hotel, y ahora no podía ser menos.

En un instante ambos percibimos nuestras sensaciones, ella, al igual que yo, siente mi erección en su vientre, y yo, sentí su estremecimiento y sensibilidad; mi lengua penetró en su boca mientras notaba sus pechos en el mío, en unos segundos, nuestras manos se perdían por nuestros ya excitados cuerpos, mi boca pasó a su cuello, a sus hombros y mis manos se fueron a sus pechos, uno primero, otro después, para sentir sus pezones. Mi excitación provoca un fluido líquido en mi pene que atraviesa mi pantalón; mi mano se mueve bajando por su vientre, alcanza su entrepierna y acaricia sobre sus blancas braguitas ese excitado coñito, cuya humedad ha mojado totalmente.

Mi mano aparta su prenda y la acaricia interiormente; sus flujos hacen que se deslice plácidamente y eso provoca los primeros gemidos. La desnudo apresuradamente mientras ella me imita; sin tomar medida alguna y con el sofoco de la calentura pintado en nuestras caras, la penetro, con toda el alma, con un deseo incontenible, quedándonos unos instantes así, de pie, unidos por nuestros sexos y sintiendo. La tumbo sobre la cama, me pongo un preservativo y la penetro de nuevo; al cabo de unos minutos siento que se viene, que gime, que se arquea y comienza a clavarme sus uñas en mi culo.
Acelero mis movimientos, levanto sus piernas y empujo con fuerza y deseo tratando de llegarle al fondo, siento que se me cierran los ojos, estamos a punto y, nos corremos juntos, bajo un conjunto de jadeos y suspiros. Nos quedamos un rato pegados uno a otro, empapados en sudor y en placer, saco mi pene de su interior y nos abrazamos intercambiando mil besos; tumbados en la cama recostados uno sobre el otro, enciende un cigarrillo. Habíamos quitado nuestra ansia inicial, pero nos quedaba mucho por vivir ese día.

Tras la comida, regresamos al hotel, nos desnudamos y nos metemos en la cama; se acerca a mí, apoya su cabeza en mi pecho y comenzamos a acariciarnos, muy despacito, con mucha delicadeza, mientras hablamos. Comentamos la experiencia que deseamos vivir esta noche; ella se muestra nerviosa y excitada, yo trato de animarla mientras me calienta la idea. Hablamos de cómo sucederá y que ocurrirá, si seremos capaces de llevarlo a efecto y como terminará la aventura. Acordamos que, en caso de resultar desagradable, nos retiraríamos del lugar y finalizaríamos esa experiencia. El hablar y pensar en ello, unido al contacto de nuestros cuerpos desnudos y las caricias que nos proporcionábamos, nos llevó de nuevo a una tarde de placer, relajado, disfrutado y sentido. Dormimos abrazados durante un rato.

A las 8 nos fuimos a la ducha para comenzar a prepararnos, nuestra excitación ante la aventura era evidente; ella se puso un conjunto de ropa interior blanco muy sexy, sus pechos lucían y se mostraban deliciosos, su braguita incitaba a devorarla, sobre ello una camisa blanca, ceñida y escotada y una falda negra ajustada y corta que marcaba una figura envidiable y un culo provocador. Estaba radiante y atractiva, muy atractiva. Unas sandalias dejaban al descubierto sus pies, sensuales y morenos, al igual que toda su piel.

Un taxi nos acercó al lugar, una masía muy bien decorada y privada, cerca del aeropuerto. Nos recibe una mujer, elegante y muy amable que nos da la bienvenida y pregunta por nuestra reserva; una vez dentro, nos acerca a un bonito salón donde nos ofrecen una copa para entrar en ambiente. La casa está muy bien decorada, luces indirectas y salas confortables, nos informa de las instalaciones y nos indica como funciona el local, al ser nuestra primera visita a la casa. La noto nerviosa, yo también lo estoy, cogidos de la mano nos miramos y, con una sonrisa cómplice, nos sentamos en un sofá, comenzamos a tomar nuestra copa y a fijarnos en la gente que hay. Numerosos hombres y mujeres, charlan, fuman, beben o se ríen. Otros bailan en la sala contigua y otros ven por televisión una película de las que ponen en ambiente.

Al cabo de unos minutos, ya más serenos y después de fijarnos y comentar cosas sobre las personas que vemos, se nos acerca una pareja y, amablemente, se presentan y nos saludan. Comenzamos a hablar con ellos, nos dicen que son clientes asiduos del local y sus nombres son Carles y Marta, viven el Casteldefells, cerca de donde nos encontramos; nos parecen muy agradables y empezamos a intercambiar nuestras impresiones sobre el local, confesándoles que es nuestra primera vez. Ante esta manifestación, Marta se ríe y dice:

Huuy, hay que romper el hielo, ¿os apetece ir a la pista de baile?

Nos miramos y aceptamos su propuesta, dirigiéndonos hacia la sala que se destinaba para ese uso, un lugar poco iluminado donde había un buen número de personas bailando. Comenzamos ella y yo, algo nerviosos, pero expectantes y excitados, muy pegaditos, y besándonos para darnos ánimos; mis labios buscan su cuello y mis manos acarician sus nalgas, algo que, seguramente no pasa inadvertido para algunos de los presentes.

Algunas parejas se acercan bailando y el roce de cuerpos se hizo inevitable; Maite me comenta que sentía unas manos acariciarle el culo, las mismas que yo había encontrado junto a las mías. Esa acción hizo que mi dureza aumentara y ella la percibió entre sus piernas. El roce de mi pene abultado, unido a las manos extrañas en su culo, motivaron que comenzara a excitarse, poco a poco iba rompiendo el hielo y la timidez, cosa que aumentó cuando una mano mía comenzó a acariciarle el pecho sobre su camisa. ¿Te excitas?, pregunté, Si, además ya estoy menos tensa.

En ese instante se acerca Carles y me dice:¿Puedo bailar con Maite?, Marta espera tu presencia.

La toma de la mano y se pega a ella; Marta hace lo mismo conmigo. Al contacto de su cuerpo con él, siente que su pene se va endureciendo y el contacto de aquellas manos en su espalda y el juego de su lengua sobre la oreja de Maite, hace que cierre los ojos. La presencia de Marta, que se ciñe a mí como una lapa, me hace sentir sus duros pezones y comenta.

Noto que estás poniéndote duro, ¿te gusta sentirme cerca? Si, desde luego, es una excitante sensación ¿Crees que María estará igual?, espero que Carles la ponga en marcha. Nos aproximaremos para ver como van.

Nos acercamos y veo el brillo de sus ojos, presiento que empieza a gustarle la situación. Ahora él esta besando su escote, mientras tienen totalmente pegados sus sexos; detrás Marta toma mi mano bajo la suya y la conduce al culo de Maite; juntos acariciamos toda la zona, deslizándola por entre sus nalgas para llegar a la entrada de tu ano. Maite, con la cabeza apoyada en el cuello de Carles, se deja hacer; él, facilita nuestra labor, sacándote la camisa de la falda e introduciéndole su mano por la espalda, que la recorre entera. Con astucia, nuestras parejas de baile nos van desplazando hacia un lateral del salón, hacia una zona totalmente oscura, allí nos apoyan contra la pared y nos juntamos las cuatro; los botones de la camisa de Maite están desabrochados casi todos, facilitando el acceso de nuestras manos a sus pechos.

En ellos nos encontramos las manos de los tres, que de forma inmediata se mueven por su vientre hasta perderse entre sus piernas; Marta, con habilidad, cuela sus dedos bajo la braguita de mi novia y acaricia sus labios vaginales, haciendo mención en lo húmedos que están, y con ellos mojados de sus flujos, se los introduce en su boca, en la de Carles y en la mía, invitándome a hacer lo propio con los suyos.

Carles conduce la mano de Maite hacia su pantalón y le hace palpar su pene totalmente duro, para proceder a desabrocharse su cremallera e introducir aquella mano hasta alcanzar su polla, la cual extrae del pantalón, quedando libre y a merced de sus manos; el contacto con ellas, produce un gemido de placer en Carles, mientras sus dedos juegan abiertamente ya dentro de Maite; los gemidos empiezan a ser continuos y me busca con la mira, extiende su mano y nos fundimos en una profundo beso en la boca. Marta, que tenía sus pechos fuera de su camiseta, se acerca a nuestro beso e introduce su lengua entre las nuestras, mientras acerca sus pechos a mi cara y desvía su boca a los pezones de mi novia.

Las manos que teníamos unidas, las desplazó al coñito de ella, quien, al sentir el contacto de los labios en sus pezones y el de nuestras manos en su clítoris jadea abiertamente. Subo la falda de Maite facilitando el juego con su sexo, Carles le desplaza las bragas por las piernas donde Marta se introduce rápidamente para, con su boca, hacerla vibrar. Me sitúo a sus espaldas y comienzo a rozar mi pene, durísimo ya, por sus nalgas; Marta juega con los pezones y comienza a inclinarle la cabeza dirigiéndola en busca del pene de Carles.

Así, agachada me facilita la penetración en el culo el cual, al tener la falda tan subida, sirve a Marta de botín y se afana en ayudar mi penetración anal mientras juega con ese coñito sin piedad. Siento que no puedo más, estoy a punto de reventar y sin remedio, vacío todo mi semen dentro de Maite, lo que motiva su orgasmo inmediato.

Ellos, mucho más expertos en estos juegos, han aguantado el envite sin problemas, aunque el trabajo de la boca sobre el pene de Carles, da resultado y este se viene salpicándole el pelo, parte de su cara y sus pechos. Marta, entera todavía, se dedica a limpiarla toda con su lengua. Metidos como estábamos en tal faena, no éramos conscientes de que otras parejas nos habían ido rodeando y distintas manos se paseaban por todos nuestros cuerpos. Marta, que no había alcanzado el orgasmo nos propuso algo:

Podemos subir a un apartado, donde deberemos compartir habitación y cama, seguramente, con otras personas o irnos a nuestro chalet, que está a poca distancia y disfrutar del resto de la noche mucho más cómodos y sin que nadie nos moleste.

Decidimos irnos a su casa. Recompusimos nuestras formas y salimos del local ante la mirada de mujeres y hombres. Mi excitación volvía a estar en primera línea; subimos a su coche y mientras Carles conducía, Marta de sentó detrás, dejando a mi chica en medio de los dos. No dejaremos que esta preciosidad se enfríe Y sin más, comenzó a acariciarla a ella y a mí. Sus manos pasaban de sus pechos a mi pene o al coñito de Maite que seguía al aire, ya que sus bragas las había guardado Marta. Carles, desde su puesto de conductor, extendía su brazo hacia atrás para acariciar lo que podía, tanto a una como a la otra. Hasta en una ocasión alcanzó a tocar mi pene, cosa que me sorprendió y dijo:

Sólo quería comprobar que estabas animado.

Llegamos en muy poco al chalet, una casa de dos plantas con una jardín amplio. Entramos directamente por el garaje y salimos a un amplio salón, Estaba en el paseo marítimo de Casteldefells, bien amueblada y confortable. Maite fue directamente al baño, a donde le condujo Marta, y de camino le dijo:

Tengo tus braguitas, aún están mojadas y me encanta olerlas. Creo que vas a disfrutar como nunca, déjate llevar y siente el placer al completo.

Marta apareció en el salón con una camisa de su marido, muy desabrochada y con un minúsculo tanga de color rojo; se apreciaban sus buenos pechos, y sus pezones marcaban la camisa, fruto de su excitación. Puso la luz en penumbra, conectó la mini-cadena y se dispuso a servir unas copas de cava muy frío, pasó su lengua por los labios y me dijo: ¿Te apetece bailar?. Se apretó contra mi, poniendo su boca sobre mi cuello; sentía sus pezones clavarse en mi pecho mientras su mano se introducía por mi parte trasera del pantalón para recorrerlo interiormente a través de mi cintura y llegar a la hebilla del cinturón y comenzar a aflojarla.

Una vez suelta, comenzó bajar la cremallera y soltar mis pantalones que, poco a poco comenzaban a descender por mis piernas, lo que me impedía, casi, moverme del sitio; su mano se fue directa a mi slip y comenzó a acariciarme el pene sobre él, lo que provocó con su dureza un suspiro de aprobación y un movimiento de boca por mi cuello, para seguir, ahora, con los botones de mi camisa.

Mis manos, se habían dedicado a soltar los dos únicos botones que ella llevaba abrochados, dejando sus pechos con total libertad a disposición de mi boca, bajando rápidamente a su entrepierna y comenzando a acariciar su casi depilado coñito. Esto provocó el inicio de gemidos, lo que, ante la tardanza de Maite en volver al salón, permitió que Carles se hubiese despojado de su ropa y, colocándose detrás de Marta, formase conmigo un bocadillo humano. Bajó su tanga, quitó su camisa y metió sus manos en su coño, donde se encontró con mis dedos jugando con su clítoris. Ella, sacó mi pene de su escondite y lo acarició para, colocarlo a la entrada de su sexo y, con la ayuda de la mano de Carles, introducirlo de un golpe, entero, todo, dentro de si. El, la penetraba analmente mientras se escuchaban continuos gemidos de placer y Marta, totalmente excitada perdía su boca y sus manos repartidos por nuestros cuerpos.

Se disponía a ponerme un preservativo cuando apareció Maite; eso hizo que las cosas cambiaran ligeramente; con una amplia sonrisa extendió sus manos y se acercó a ella, le ofreció una copa y la metió en medio de los tres, la rodeamos y nuestras manos iniciaron un recorrido minucioso por todo su cuerpo; sin apenas darse cuenta, su camisa había desaparecido y su falda descendía piernas abajo, dejando a la vista un preciosa mujer en sujetador y con su pubis totalmente blanco, frente al bonito color moreno de su cuerpo.

Las manos de Carles, más rápidas que las mías, le soltaban el sujetador liberando así sus deliciosos pechos que, inmediatamente fueron presa de manos y bocas. Me acerqué a ella y la metí entre mis brazos, sintió mi pene excitado y duro rozar los labios de su vagina y, debido a su humedad, entrar con total fluidez; eso le arrancó varios gemidos. Carles, se situó detrás y trató de penetrarla analmente, primero, con cuidado, luego con más fuerza y al final, introdujo su dura verga dentro de su culito. Estaba siendo penetrada por dos penes y acariciada por las sabias manos de una mujer, quien, con su boca, jugaba con aquellos duros pezones y los chupaba como un dulce caramelo.

Poco tardó en pronunciar un largo y excitante gemido, seguido de cortas palabras poco audibles que denotaban su inminente orgasmo. Eso me llevó al borde de mi aguante, lo que provocó que sacase mi pene de su coño para pasar a la boca de Marta, quien bien situada, ahora entre nuestras piernas, desplazaba su boca y lengua entre el coño y mi pene, tragándose los flujos y mi semen. Carles, también llegaba a su límite, y acariciando su polla, se desplazaba desde el culo de Maite a la posición de Marta y una vez frente a ella, disparó su leche sobre su pecho que, arrolló despacio a lo largo de su vientre e incitó a Marta a agarrar la cabeza de Maite y hacerle lamer sus vertidos con la lengua.

Sólo Marta no había tenido su final, por eso se dispuso a disfrutar de nosotros y se dedicó a motivar nuestros miembros, primero de forma física, y luego de forma provocativa. Cómodamente sentados en un gran sofá se colocó de rodillas sobre la alfombra en medio de nosotros dos, se dirigió a mi novia y tomándola de la mano, la acercó a mi pene, juntaron sus cabezas y sus bocas y con su mano, alternaba mi miembro, que ya empezaba a ponerse duro de nuevo, de una boca a otra. Carles se sentó a mi lado y reclamó a mi novia, condujo su cabeza a la polla y le ayudo a hacer una exquisita felación; mientras lo hacía, me miró excitada y deduje que estaba disfrutando, acerque mi boca a la suya y nos besamos, descubriendo en ella un sabor extraño, tal vez al pene y los fluidos de Carles.

Marta, se colocó sobre mis piernas, de espaldas a mí, buscando que penetrara su culo, se ajustó el miembro en su entrada y se dejó caer suavemente, notando como penetraba en ella milímetro a milímetro, agarró la cabeza de Maite y se la colocó delante, entre sus piernas mientras le suplicaba que lamieras su clítoris; Carles se puso de pie y acercó su miembro, ya muy duro, a la boca de ella quien, de inmediato se lo tragó entera. Cuando estaba en pleno éxtasis y a punto de correrse, le pidió que comiera sus pezones y que Carles la penetrara por delante. Así, en una maraña de cuerpos, manos, bocas y gemidos, descargó con unas ganas inmensas, toda la calentura que llevaba dentro, al tiempo que nos arrastraba a nosotros a una segunda eyaculación inmediata.

Así, juntos y agotados, permanecimos un rato; nuestros cuerpos pegados y sudorosos, empapados de nuestros propios jugos y comenzando a relajarnos de la excitación y actividad vivida. Nos separamos y, desnudos como estábamos, Maite y yo nos fundimos sobre un sofá en un dulce beso y un prolongado abrazo; así permanecimos un buen rato, casi dormidos, pero me despertó su agitada respiración; con cuidado traté de ver que la provocaba y en esto vi a Marta, acariciándole el coñito y metiendo su lengua en él. Tal como estaba, agarrada a mí, condujo su boca a la mía y se corrió dulcemente, mordiendo mis labios y clavándome las uñas.

Marta, nos miró y dijo: Le debíamos una.

Pasado un tiempo, nos desperezamos, buscamos nuestras ropas, un ligero aseo y nos preparamos para abandonar la casa. Marta dormía sobre el sofá, mientras Carles nos llamaba un taxi. Nos dimos los teléfonos, las direcciones y nos despedimos con un beso sensual. Nos fuimos al hotel, cansados pero satisfechos, nos duchamos y nos metimos en la cama. La excitación y las situaciones vividas, nos impedían dormir; desnudos y abrazados, hicimos el amor, a nuestro modo, delicado, tierno, suave, con mimo; nos corrimos juntos y nos dormimos.

Al día siguiente, con aspecto muy cansado, regresamos a nuestras casas. La experiencia había sido realizada y habíamos disfrutado. Acordamos hacer otras cosas… y así lo haremos

Autor: Raitán

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