Maestro y Alumno III

Bueno, ha llegado el momento de leer otra parte de la historia de José y Nahúm, especialmente cuando la segunda parte tuvo tan buena aceptación. En esta nos ponemos más melosos, pero en lo personal me gustó el resultado y espero que a ustedes también ;)

Maestro y alumno III

-¿Y Nahúm? -preguntó asombrado José mientras Susana entraba al cubículo sola.

-Me dijo que lo excusara profe, pero que se sentía mal y no iba a poder quedarse -contestó la chica.

José no pudo evitar torcer la boca. Durante los últimos quince días Nahúm lo había estado evitando. Desde aquel día en que ambos habían tenido relaciones en el cubículo el profesor no había encontrado modo de charlar en ningún momento con Nahúm. Aquel día José había estado seguro que todo había terminado bien, pues incluso Nahúm se había despedido con un beso bastante pasional y le había dicho que había sido fantástico. Sin embargo, a juzgar por los acontecimientos posteriores, aparentemente aquello no fue tan fantástico para el chico. Nahúm había faltado a la clase de José posterior al encuentro, y después de eso el chico se había encargado de llegar siempre que la clase ya había comenzado y retirarse antes de que José pudiera guardar sus cosas o quitarse de encima a las alumnas que solían acosarlo.

Susana se retiró después de darle el trabajo a su maestro. Éste lo único que pudo hacer fue tirarlo con fuerza sobre el escritorio, intentando desahogar un poco de la frustración que sentía. Para José no era tan sencillo como parecía estarlo siendo para Nahúm. La misma noche en que ambos habían tenido sexo, mientras José intentaba dormir, había sentido la imperiosa necesidad de tener a Nahúm ahí a su lado. Quería tener a su querido pupilo junto a él, dormirse abrazándolo, sintiéndolo cerca de él, pero sobre todo sabiendo que en la mañana estaría ahí a su lado y lo recibiría con una increíble sonrisa y con el mismo sentimiento de goce que él experimentaría al verlo.

José nunca había sentido algo así. Jamás había querido compartir su vida con nadie. Había tenido novias un par de veces, pero jamás se había imaginado con ellas compartiendo su vida. Con Nahúm era distinto. Quería tenerlo siempre a su lado. Aquel instante de sexo con Nahúm había cambiado toda su existencia.

José había estado ilusionado por varios días después de eso. Ansíaba ver a Nahúm como cualquier enamorado al objeto de su enamoramiento. No hubiera admitido en voz alta que estaba enamorado, pero la verdad es que no había ninguna otra palabra que describiera la situación de José. Y así fue hasta que volvió a toparse con Nahúm mientras caminaba por los pasillos. Ya había pasado la clase en que el chico había faltado. Nahúm iba con un grupo de chicas que saludó al profesor animadamente, pero el chico ni siquiera le dirigió la mirada y continuó su camino como si nada.

Algo dentro de José se había roto aquel día. Quería una explicación por parte de Nahúm. Pero el chico se estaba encargando de escapar de él.

——♂——

Los días pasaban y José seguía sin poder acercarse a Nahúm. Quizás lo mejor fuera resignarse y hacerse a la idea de que nunca tendría de nuevo el cuerpo de su querido alumno entre sus brazos, que jamás volvería a besar aquella boca de labios gruesos que lo enloquecía, que su pene jamás volvería a sentir el calor de aquella boca o del orificio anal de su amado pupilo.

El maestro entró con esos pensamientos al baño, el cual se encontraba vacío. La vida parecía perder sentido con esa resolución. Orinó, y tras sacudirse su verga para soltar las últimas gotas de líquido se dio la vuelta mientras se la guardaba para encontrar que alguien se encontraba a unos pasos de él y lo miraba embelesado.

-¡Nahúm! -exclamó sorprendido José. El chico ni siquiera lo miraba al rostro, lo miraba justamente en su entrepierna, donde la bragueta de su pantalón seguía abierta.

-Eh… profesor -dijo Nahúm mientras parecía volver en sí.

El chico se dio la vuelta, y dio la impresión de que pensaba echarse a correr antes de que José lo detuviera agarrándolo del brazo.

-No Nahúm, por favor -le dijo José mientras se le acercaba-. Por favor,
no te vayas. Me has estado evadiendo y no entiendo porqué.

-No quiere saberlo -le respondió el chico con la mirada baja.

-Por supuesto que quiero saberlo -le respondió José. Necesitaba saberlo. Necesitaba saber cuál era la razón por la que tenía que renunciar a aquel chico que lo volvía loco, el único varón que había logrado atraerlo.

Nahúm volteó a verlo directamente con mirada vidriosa. El sentimiento de desasosiego que había sentido cuando el chico lo ignoró no era nada con el quiebre que su corazón sentía en aquel momento. No soportaba ver a su querido alumno de esa manera.

-No sé que es lo que me pasa -contestó el chico.

-¿Te arrepientes de lo que hicimos? -le preguntó José mientras tragaba saliva. Sabía que un sí lo destruiría.

-¿Arrepentirme? -preguntó Nahúm mientras miraba a los ojos a su profesor-. La verdad no lo sé. Solo sé que desde ese día no dejó de pensar en usted, que a diario sueño con usted, que cada mañana ansío poder verlo y abrazarlo. Y que sin embargo, sé que para usted fue solo sexo, y que…

-Calla, calla -le dijo José mientras colocaba un dedo sobre los labios de su pupilo y sonreía. Jamás en la vida se había sentido tan feliz como al oír a Nahúm decir todo eso-. Tontito, ¿de dónde sacaste la idea de que para mí eres solo para tener sexo?

Nahúm intentó contestar algo, pero estaba tan sorprendido que solo surgieron sonidos inconexos de sus labios.

-Nahúm -dijo José mientras acariciaba suavemente su rostro y lo miraba a los ojos-. Al igual que tú no ha habido momento en que deje de pensar en ti. Cada noche cuando me acuesto solo quiero tenerte a mi lado para dormir abrazado a ti y despertarme sabiendo que encontraré tu bello rostro a mi lado. Muero porque tú y yo salgamos a algún lado por el simple placer de estar juntos.

Hubo un momento de silencio en que ambos personajes se miraron fijamente a los ojos.

-¿Habla en serio? -preguntó el chico.

-Por supuesto que sí -contestó José con una sonrisa.

Y antes de que el maestro se diera cuenta, su pupilo le había pasado los brazos por el cuello y le había plantado un beso. Un beso desesperado, como si su alumno hubiera estado esperando por aquello durante bastante tiempo. Sus labios presionaron a los de su profesor con pasión, y pronto su lengua se asomó para intentar abrirse paso al interior de la boca del docente. José permitió el paso de aquel ente al interior de su cavidad oral, el cual recorrió sus dientes, llegó hasta su paladar y luego se enzarzó con la suya propia en una lucha en la que cada una parecía reconocerse.

Oyeron algunos pasos que se aproximaban, y ambos se separaron justo a tiempo para no ser sorprendidos por otro chico que entró al baño. Afortunadamente el joven no les prestó mucha atención, por lo que no notó nada extraño. El chico se dirigió directamente hacia la zona en la que se encontraban los inodoros.

Ambos se rieron nerviosamente ante la situación.

-Vamos a mi cubículo -le dijo José a su alumno mientras lo tomaba de la mano-. Apuesto que nuevamente no debe haber nadie en la zona.

-¿Ahorita? -inquirió sorprendido Nahúm.

-Sí -le contestó José con tono de voz urgido pero bajo. No podían arriesgarse a que los alcanzara a oír el chico que había entrado-. Acuérdate que me has dejado sin la posibilidad ni siquiera de verte bien durante más de quince días.

-Es que mis amigas me están esperando para irnos -respondió Nahúm mientras se mordía el labio inferior.

-Por favor Nahúm -le rogó José mientras lo jalaba hacia sí, tomándolo de las nalgas para que pudiera sentir como se había puesto con simplemente tenerlo cerca. Para la sorpresa del profesor, él no era el único que se había excitado.

-De acuerdo -dijo el chico para después darle un ligero beso sobre los labios-. Veré que les invento a mis amigas. Lo veo en su cubículo dentro de cinco minutos.

Nahúm se retiró, no sin antes dedicarle una gran sonrisa a su profesor mientras salía. José dejó que transcurrieran unos segundos antes de salir, por si acaso Nahúm estuviera afuera con sus amigas.

José caminó a paso rápido hacia su cubículo. Sentía su corazón explotar y no podía esperar el momento de quedar a solas con Nahúm. Su pene se encontraba nuevamente a full, como consecuencia de la idea de volver a estar con su alumno preferido. Llegó a la zona de cubículos, y sacó las llaves lo más rápidamente que pudo para poder ingresar. Como lo suponía, el hecho de que hubieran cerrado significaba que no había ya nadie por la zona.

El maestro entró a su cubículo y aventó su mochila en un rincón del espacio. De repente todo lo que traía puesto le parecía excesivo. El calor en su cuerpo había empezado a subir, y empezó a pensar en una manera especial de recibir a Nahúm.

——♂——

Nahúm despachó a sus amigas inventándose el pretexto de que se había encontrado con un viejo amigo en el baño y quería charlar un rato con él. Una vez que las chicas se hubieron retirado, el chico prácticamente corrió hacia donde se encontraba el cubículo de su maestro José.

No había nadie en el lugar. Nahún entró al pasillo que desembocaba en el cubículo de su amado profesor y tocó la puerta del cubículo 9.

-Adelante -dijo la voz de José desde el interior con un tono entre formal y seductor.

Nahúm se emocionó al escuchar su voz, y entró totalmente emocionado al cubículo. Su maestro se encontraba sentado detrás del escritorio, justamente como estaría si aquello fuera una tutoría como las que había tenido a lo largo del semestre.

-¿Estás listo? -preguntó José desde detrás de su escritorio.

-Eso creo -contestó el chico sonriendo.

-Ven -le pidió José.

El chico rodeó el escritorio, y cual no fue su sorpresa cuando descubrió que su maestro se encontraba desnudo de la cintura para abajo. Su pene entre sus piernas se alzaba como un poderoso mástil. Más allá de eso, Nahúm se quedó embelesado ante la visión de las piernas de su profesor, con su piel clara y escasamente cubiertas de vello.

-Ven -le dijo José con un ligero movimiento de cabeza-. Me muero por sentir tu boca nuevamente.

Nahúm sonrió mientras se arrodillaba y se acomodaba entre las piernas de su maestro. Lo acarició con sus manos desde las pantorrillas hasta las ingles, mientras que bajaba su cabeza y posaba un suave beso sobre el glande del pene de José. Primero fue solo un suave roce de sus labios, pero luego empezó a rozarlo con la lengua para finalmente terminar introduciéndolo en su boca. El profesor sintió como cada centímetro de su pene era engullido por aquella cavidad cálida y que le presionaba suavemente desde abajo, ya que la lengua de su pupilo buscaba la manera de saborear todo aquel tronco que poco a poco se introducía en aquel espacio en el que normalmente se encontraba sola.

El chico tragó despacio pero con dedicación. José sintió como la punta de su pene tocó el fondo de la garganta de Nahúm, mientras que el chico intentaba relajarse para vencer el reflejo del vómito. Le funcionó parcialmente, y aunque algunas lágrimas salieron de sus ojos en su interior no tenía ningún deseo de sacar de su boca aquella hermosa verga que ahora la llenaba por completo.

-¡Oh Nahúm! -dijo en voz baja José mientras acariciaba la cabeza de su adorado alumno, dejando a sus dedos correr por su cabello lacio y rozar sus orejas y su cuello.

Sin estar seguro del porqué, el tono de voz utilizado por José excitó al chico más que cualquier otra cosa. Se preguntó a sí mismo si su maestro estaría dispuesto a algo, pero antes de eso decidió seguir chupando otro rato el pene que tenía ante sí.

La boca de Nahúm empezó a bajar y subir por ese pedazo de carne que parecía que cada vez se hinchaba más ante el placer que recibía de aquellos labios que recorrían prácticamente su extensión, y también de aquella lengua que frotaba lentamente el glande cuando salía e intentaba introducirse por el pequeño agujero que tenía antes de volverse a meter.

-¡Eres fántastico! -le dijo José a Nahúm acunando su cabeza entre las manos, una vez que éste último se separó de su pene.

Lo único que hizo el chico ante eso fue sonreír, y después acercarse al rostro de su profesor para plantarle un beso. Se acomodó de rodillas en el espacio que quedaba libre en la silla, medio sentándose sobre su profesor mientras con sus manos le desabrochaba la camisa. Por su parte, José empezó a sobar suavemente las nalgas de su pupilo, imaginándose como sería volver a meter su pene en aquel pequeño agujero que lo volvía loco.

-¿Quieres que te lo meta de una vez? -le preguntó José mientras presionaba levemente las nalgas del chico.

-De hecho, estaba pensando que quizás sería mi turno de sentir que se siente que te la mamen -dijo Nahúm mientras miraba profundamente a su maestro.

José se quedó asombrado. Aquella idea no le había pasado por la cabeza ni siquiera durante sus fantasías con Nahúm. Había estado tan confundido y aferrándose a la idea de que no era gay, que no se había puesto a pensar en algún momento hacerla de pasivo.

-Por favor -le pidió Nahúm mientras se sentaba sobre el escritorio, tal como José lo había hecho la primera vez que habían estado juntos.

El tono de voz usado por el chico desarmó a José. Quería a ese chico, vaya que lo quería; y sería una injusticia obligarlo a ser simplemente su juguete sexual sin darle nunca nada a cambio.

José puso su mano sobre el bulto que sobresalía en la entrepierna de su querido alumno, sintiendo su dureza. Quizás no era demasiado grande, pero mientras pasaba su mano por ahí buscando el botón para desabrochar el pantalón sintió un escalofrío que recorría su columna vertebral. Bajó la cremallera con cuidado, revelando la ropa interior de Nahúm, la cual consistía en unos bóxer ajustados de color café claro. José hundió su cabeza en la entrepierna de Nahúm, sintiendo la textura del bóxer y la dureza que se ocultaba bajo de él sobre su rostro. Inhaló profundamente, saboreando el olor que destilaban los genitales del chico. El hombre se dio cuenta que prefería aquel olor al que había experimentado la vez anterior cuando Nahúm le había ofrecido el culo. Era un olor difícil de describir, pero de cierta manera le recordaba al lugar donde había crecido cuando era joven.

Dejó que sus labios recorrieran el bulto que se marcaba claramente bajo la ropa interior del chico, sintiendo como el pene de Nahúm parecía palpitar, como si deseara romper la tela que lo aprisionaba y que evitaba que aquella dulce boca tuviera contacto directo con él. José también empezó a estar harto de aquello, y con un solo movimiento jaló el resorte de los bóxer de su pupilo y liberó al indómito ser moreno que se ocultaba bajo ellos.

La vez anterior el hombre no había prestado excesiva atención a la polla de su alumno. Sin embargo, ahora le pareció asombrosa, con su tronco moreno y su glande de color entre rosa y morado, seguramente debido a la acumulación de sangre. No era excesivamente grande, pero le encantaba ver la manera en que las venas la surcaban y como se mantenía totalmente erguida. Sin saber muy bien porqué, no pudo evitar el impulso de sus labios de engullir aquello que prometía ser un manjar.

El maestro no se equivocó. En el momento en que su lengua hizo contacto con la verga de Nahúm sintió que estaba probando el plato más delicioso de su vida. Empezó a chupar prácticamente con desesperación, como si aquello fuera a hacer que el sabor saliera más concentrado y él pudiera probarlo mejor.

-Con cuidado -dijo de repente Nahúm con un tono de voz ligeramente molesto.

José sacó el pene de su alumno de su boca mientras volteaba a verlo. La cara del chico mostraba que no había sido precisamente placentero.

-Lo siento -le dijo su profesor mientras apretaba ligeramente con una mano.

-Al principio estuvo bien -le dijo su pupilo mientras lo miraba directamente a los ojos-. Solo cuando empezaste a chupar con fuerza fue cuando me molestó.

El profesor decidió tomar nota mental de aquello. Así que acercó nuevamente su rostro al miembro de Nahúm. Empezó con un suave roce de sus labios contra el glande, y luego utilizó la lengua. Mientras su lengua recorría aquella cabeza José volteó a ver el rostro de Nahúm, quien había cerrado los ojos para poderse concentrar mejor en la sensación que le estaba produciendo su profesor, el cual le estaba dando uno de los mayores placeres de su vida, quizás solo comparable con el que le había dado la vez anterior masajeando su punto G mientras lo penetraba.

José empezó a engullir el pene de su alumno, esta vez con más cuidado. Dejó que sus labios recorrieran suavemente aquel tronco mientras su lengua se deleitaba con todas las superficies que podía recorrer de aquel pene. Lo introdujo suavemente, y cuando sintió que estaban a punto de atacarlo las arcadas lo sacó. Ese proceso se repitió unas cuantas veces, aunque cada vez que volvía a meterlo llegaba más cerca de su garganta.

-¡Oh profesor! -susurró el alumno mientras su pene se perdía dentro de la boca de José.

José se sintió contento de poder proporcionarle aquel placer a su alumno favorito. Dejó que su lengua recorriera cada centímetro de la superficie de aquel pene, al igual que sus labios. Permitió a su lengua deslizarse por el tronco de su amado hasta tocar los testículos, aquellas pequeñas bolsas donde se producía el sagrado líquido que la vez pasada su pupilo había derramado sobre el escritorio, líquido que José había disfrutado tomándolo entre sus dedos y oliéndolo.

Nahúm pasó las manos por el cabello lacio de su profesor, enredando sus dedos y también dejando deslizarse sobre él. Al chico le encantaba el cabello lacio y negro de su profesor.

-Profe -dijo de repente Nahúm mientras que con una mano acariciaba suavemente el rostro de su maestro-. Creo que es tiempo de otra cosa.

-¿Otra cosa? -inquirió José mientras se despegaba de los genitales de su alumno.

-Venga -dijo el chico mientras se levantaba del escritorio.

Sin estar muy seguro de que quería hacer Nahúm, José se puso de pie y se dejó guiar por el chico. Éste hizo que el hombre se sentara en el borde del escritorio y después lo obligó a recostarse. José pensó que quizás su alumno se acomodaría para realizarle sexo oral, pero cuando se acomodó de tal manera que con sus manos levantó las piernas del maestro, éste supo que Nahúm quería hacer otra cosa. José sintió que un escalofrío recorría su ser entero, y aunque una parte de sí le dijo que no debía permitir aquello, la acalló inmediatamente pensando que aquello era lo que quería Nahúm. No importaba si viéndolo desde algún punto de vista lo que iba a suceder equivalía a perder su hombría, porque sencillamente ya había tomado la decisión de entregarse a su pupilo para que éste también pudiera disfrutar.

El chico se arrodilló en el suelo y acercó su rostro al trasero de su profesor mientras que con sus brazos seguía sosteniendo las piernas de su profesor. José hacía lo posible por aligerar el peso que sostenían los brazos de su alumno. Sintió la cara de Nahúm acercándose a su trasero, sintió el contacto de las mejillas del chico antes de que su boca tocara el pequeño orificio que se ocultaba en el trasero del maestro.

De alguna extraña manera, Nahúm disfrutaba del sabor que tenía aquella parte de la anatomía de su pene. Sabía que si de antemano le hubieran propuesto que hiciera algo así se hubiera negado, pero sencillamente se había dejado llevar por la calentura del momento. Había sentido aquel impulso y le había parecido buena idea. ¿Si hacía sexo oral a los genitales, por qué no también al pequeño agujero donde se introducirían sus genitales? Dejó que sus labios y lengua recorrieran la superficie que rodeaba el ano de su maestro, besó sus nalgas y la raja que se encontraba entre ellas, para finalmente entregarse al placer de sentir como sus labios se acoplaban al pequeño agujero que se encontraba ahí. Su lengua hizo el esfuerzo de entrar, aunque era algo difícil ya que estaba cerrado y se contraía cada vez que su lengua cerraba lo que constituía aquella entrada.

-Relájese profe -le pidió Nahúm mientras le acariciaba una pierna.

-Me sentiría más cómodo si usaras el lubricante -contestó José.

La verdad era que sus contracciones eran resultado de la idea de que Nahúm consideraría que con la saliva bastaría para penetrarlo. Sin embargo, al muchacho jamás se le hubiera ocurrido hacer eso. Recordaba aún cuando su profesor lo había penetrado, y no se imaginaba lo incómodo y molesto que aquello hubiera sido de haber prescindido del lubricante.

-¿Dónde lo encuentro? -preguntó Nahúm mientras se ponía de pie.

-En el segundo cajón -contestó el maestro mientras señalaba el archivero que se encontraba allá.

El chico se dirigió hacia allá, y rápidamente encontró el lubricante a base de agua y tomó además un par de condones. Volvió donde estaba el profesor más rápido de lo que se había ido.

-¿Ahora sí nos relajamos? -inquirió el chico mientras se colocaba nuevamente donde pudiera ver el trasero de su profesor.

En esta ocasión José tuvo que mantener sus piernas en el aire, ayudándose con las manos, ya que Nahúm tenía las suyas ocupadas con el lubricante. Empezó a untarlo con cuidado en la entrada del pequeño agujero que se abría entre las nalgas de su maestro, y con mucho cuidado empezó a introducirlo con ayuda de un dedo.

José sintió un escalofrío a lo largo de todo su cuerpo y no pudo evitar un gemido. Su pene se puso más duro si cabía, porque la excitación que estaba experimentando de repente superaba a cualquier otra cosa que hubiera experimentado. Había oído que el ano era una zona muy sensible a la estimulación, pero no esperaba que en su caso fuera tanto.
Nahúm empezó a follar de manera literal a su profesor con ayuda de su dedo medio, para posteriormente introducir además el índice. Estaba usando cantidades ingentes de lubricante para asegurarse que todo era más fácil para su amado maestro. El chico disfrutaba de la visión de sus dedos perdiéndose dentro del agujero de su profesor, y su pene se mantenía totalmente tieso ante eso.

No obstante, su lengua tenía curiosidad. Retiró sus dedos, y cuando José pensó que su alumno se pondría de pie para penetrarlo de una vez por todas sintió como la boca de su alumno volvía a atacar. En esta ocasión la lengua de Nahúm se abrió paso sin problemas dentro del agujero de su profesor con ayuda del lubricante, y aunque Nahúm prefería el sabor sencillo del culo natural de su profesor, disfrutó pasar su lengua por las paredes de aquel agujero.

Al terminar con aquel beso negro, el muchacho volvió a colocar más lubricante en el ano de su profesor (su boca se había llevado algo de eso) y se puso de pie para colocarse el condón y después colocar su pene en la entrada de su profesor.

-¿Listo? -inquirió el chico mientras rozaba su glande en la entrada del ano de José.

-Hazlo ya -contestó el maestro.

Tuvo un poco de miedo, pero José se tranquilizó pensando que el pene de su querido pupilo no era excesivamente grande. Si Nahúm había aguantado el suyo de 17 centímetros, él podía arreglárselas para alojar a aquel inquilino de 13 centímetros, si bien el pene de su alumno era más cabezón y un poco más grueso que el propio.

Pero más que arreglárselas, disfrutó enormemente cada centímetro que Nahúm introdujo dentro de él. Desde el momento en que la cabeza de la verga de Nahúm entró a su interior José sintió una sensación que jamás había sentido. Era como vivir un orgasmo sin venirse, y que se prolongaba mientras el pene de su adorado alumno entraba más y más dentro de sí.

Más allá de eso, José no era el único que estaba disfrutando enormemente de eso. Nahúm no pudo reprimir sus gemidos mientras aquel pequeño ducto que era el recto de su profesor parecía acoplarse a la forma de su pene, aplicándole presión desde todos lados.

Cuando las caderas de Nahúm chocaron contra las nalgas de su maestro, para ambos la sensación era casi divina. José sentía su recto lleno, pero también algo más que su recto. Era como si hubiera tenido siempre un vacío dentro de sí del que nunca había sido consciente, el cual era llenado por el pene de su amado pupilo, el cual ahora prácticamente parecía latir dentro de él.

Para Nahúm aquello no tenía parangón en su corta vida. Se había masturbado varias veces como cualquier adolescente, pero por mucho que hubiera apretado su pene con la mano o frotádolo con diferentes objetos jamás había obtenido aquel placer que le hacía experimentar el recto calientito y apretado que tenía José. Era como haber encontrado el lugar del que nunca quería separarse.

Nahúm empezó a mover sus caderas mientras se inclinaba un poco sobre el escritorio, de tal manera que los rostros de maestro y alumno no perdían nada de la expresión del otro. José rodeó con sus piernas a su querido alumno, atrayéndolo con su piernas cada vez que quería que lo penetrara de la manera más profunda posible.

Aquel movimiento se fue acelerando, y si antes ambos se habían sentido completos ahora sentían que juntos estaban viajando al cielo. Nahúm se reclinó completamente sobre su profesor para poder besarlo, y mientras sus labios se acoplaban, una explosión debajo de la cintura de ambos tenía lugar.

-¡Oh Nahúm! -exclamó José mientras atraía con sus brazos a su amado pupilo.

-¡Pepe! -alcanzó a decir entre sus gemidos Nahúm. Nunca le había llamado a José otra cosa que no fuera maestro o profesor, pero en ese momento el mote salió de forma natural de sus labios.

Una ola de placer se extendió por los dos cuerpos, uniéndolos de una manera perfecta y que pocas personas en la vida llegan a probar. Así, mientras el pene de José expulsaba su semen sobre el abdomen de Nahúm y éste se escurría hacia la entrepierna de José y hacia su abdomen también; el condón en el interior del maestro se llenaba de la leche de su querido alumno. Ambos alcanzaron una sincronización perfecta en el clímax.

El placer se desplazó en ondas que se iban desvaneciendo mientras recorrían ambos cuerpos, dejando dentro de ambos personajes un eco sordo del placer que se había cernido sobre ellos. Y si el eco parecía algo intangible, había una sustancia que manchaba sus cuerpos entre ellos, el semen que había surgido del pene de José y que ahora se embarraba con cualquier pequeño movimiento que Nahúm realizaba sobre su maestro.

-¡Te amo! -dijo Nahúm aún sin salir de su profesor mientras le plantaba un beso.

El beso fue tremendamente tierno. El calor y la pasión de hacía unos momentos había sido acallada un poco, y ese beso parecía querer demostrar que entre ellos había algo más que la calentura que llevaba al sexo.

-Y yo a ti -le respondió José a su alumno con una sonrisa cuando finalizó el beso.

¿Cómo no amar a aquel hermoso chico? ¿Cómo no amarlo cuando le acababa de dar el mayor placer que jamás había experimentado en su vida? José solo sabía que esperaba que ese momento se repitiera muchas veces más.

-Nahúm -dijo el maestro mientras acariciaba el rostro de su alumno-. ¿Alguna vez has pensado vivir con alguien?

La pregunta sorprendió a Nahúm, si bien no pudo evitar una sonrisa al darse cuenta que José estaba hablando en serio. Él también acarició el rostro de su profesor, y se dio cuenta que nada le gustaría más que ver ese rostro a su lado cada mañana, además de que le encantaría repetir cada noche lo que habían experimentado ya en dos ocasiones en aquel pequeño cubículo. Sin embargo, un cubículo no les daba demasiadas variaciones, mientras que una casa o un departamento con su sala, cuartos, cocina y baños seguramente sí lo harían.

-No, pero me encantaría hacerlo contigo -le contestó Nahúm mientras hundía su rostro en el cuello de su profesor para besarlo.

Y aunque la calentura se había apagado, ambos estaban a punto de encenderla de nuevo.

——♂——

Bueno, eso fue la historia de José y Nahúm. Creo que esta tercera parte ha sido hasta el momento el más largo de mis relatos. Espero que la hayan disfrutado como yo al escribirla :D

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La curiosidad en el baño II

Sabía que me llenaría muy pronto la boca así que me dediqué a él y masturbar al otro. Y así fue, en menos de 10 segundos estaba con la boca llena de semen. El otro chico descargó todo en mi mano y un poco alcanzó mi boca, el más alto me besó para compartir los jugos, el chico más joven se agachó para exprimirme. Sabía como hacerlo, en dos minutos ya le estaba llenando la boca.

Después de mi primera experiencia en el baño de aquella plaza comercial, fue inevitable dejar de ir, calculé un poco la hora en la que la “diversión” comenzaba, justo cuando el calor de la ciudad se volvía más intenso, el calor en mi cuerpo se volvía insoportable. Era como si un imán me jalara hacia aquel baño. Pero esta vez estaba totalmente consciente de lo que encontraría si entraba a algún cubículo y me sentaba a esperar a que poco a poco fueran llegando aquellos, que como yo, buscaban diversión y un poco de sexo.

¿Cómo podías darte cuenta de quienes iban a eso? Poco a poco iban llegando personas y más personas, quienes necesitaban realizar sus necesidades, entraban hacían lo que debían y salían, quienes no, podían entrar a alguno de los cubículos disponibles y no emitir ningún ruido. Y allí estaba yo, sentado con el pantalón desabrochado acariciando un poco mi verga para que se fuera excitando poco a poco, y cuando algún hombre interesante se apareciera, saliera, yo de mi escondite “terminando de abrochar” mis pantalones, y lo digo así porque me daba tiempo de que el espectador viera un poco mis calzoncillos, que normalmente son ajustados.

No tuve que esperar mucho, 5 minutos después de mi llegada y luego de visitantes exprés, estaba uno en los mingitorios haciendo que orinaba, pero gracias al silencio que nadie más hacía podías deducir que estaba buscando acción, me apresuré a ver que tipo de hombre era; tengo especial interés en los hombres altos y morenos… Sólo que esta vez no sería tan exigente dado que el tiempo era limitado. Así que me dispuse a salir, abrí la puerta y allí estaba de espaldas, un hombre blanco y muy alto, de barba cerrada y fingiendo orinar, simulé que tenía problemas con mi cinturón y él volteó con descaro, pudo ver el resorte de mis calzoncillos blancos.

Pasé lentamente a su lado, cual cazador acechando a su presa, con malicia observé su rica verga. No era algo descomunal como la vez anterior, pero se veía antojable.

Obvio que se dio cuenta de mis intenciones, seguí de largo al otro extremo del baño donde se encuentran los lavabos, de inmediato se acomodó el paquete y me siguió, yo como si nada pasara enjuagué un poco mis manos, mientras él me veía por el espejo. Tuve que voltear a ver su pantalón, parecía que estaba  muy dura. Con una seña me indicó que fuéramos del otro lado, era tal mi emoción que no lo dudé. Fui donde él me indicó y nos colocamos en posición de orinar, poco a poco se asomó a mi lado y vio que me la estaba jalando. Me asomé un poco y vi que la tenía muy dura, sinceramente se veía muy rica, un poco curvada hacia la izquierda, con un glande rosado y un poco de orín en la punta. Atrevidamente él volteó a los cubículos mostrando la verga, y para mi sorpresa ¡teníamos público! El sanitario de en medio estaba ocupado, pero alguien disfrutaba de la vista por la rendija.

Realmente me excitaba saber que alguien se masturbaba viendo como iba a saborear esa rica verga húmeda. Dejé que me tocara un poco, y él hizo su mano a un lado para que yo masturbara su verga. Y sin pensarlo me dio un beso, mientras no dejaba de jalar, sabía genial, como a fresa. Él estaba atento a que nadie fuera a sorprendernos, mientras yo me agachaba a mamar aquello que me moría de ganas por disfrutar, mientras que el misterioso del cubículo no dejaba de ver.

Sin más me agaché, y comencé a deleitarme con tal delicioso sabor, me tomó del cabello y me hundió por completo en su rico miembro hasta sentir sus vellos en mi nariz, se movió un poco, porque al parecer alguien entraría, me puse de pie rápido y me escabullí al tercer sanitario mientras él volvía a su posición de orinar.

Si acaso, el visitante duró 2 minutos allí. Yo estaba ansioso por volver a salir y seguir con aquello, parecía eterno el momento. En cuanto oí que se cerró la puerta salí yo y cual es mi sorpresa, que el vecino del sanitario hizo lo mismo.

Los tres nos quedamos viendo, desenfundamos nuestros penes duros, yo no iba a perder tiempo me hinqué de inmediato y los dos me ofrecieron sus ricas vergas mientras ellos se besaban acaloradamente, el chico nuevo parecía muy joven unos 18 años tal vez, moreno y un poco robusto. Pero sin duda sabía que le encantaba lo que estaba haciendo porque varias veces sujetó su pene cuando lo sacaba de mi boca para meterme el del tipo alto, estaba retardando su venida.

Sabía que me llenaría muy pronto la boca así que me dediqué a él y masturbar al otro. Y así fue, en menos de 10 segundos estaba con la boca llena de semen. El otro chico vio la escena y descargó todo en mi mano y un poco alcanzó mi boca, me puse de pie y el más alto me besó para compartir los jugos del otro. Mientras que el chico más joven se agachó para exprimirme. Sabía como hacerlo, en dos minutos ya le estaba llenando la boca; lo saboreó bastante, me limpió muy bien y yo estaba en la gloria completamente.

Era magnifico ir al baño en esa plaza donde más de dos encontraba diversión. En esta ocasión un trío… en la próxima. Más de uno disfrutó de mi boca y de mi culo… Espero comentarios.

Autor: Hugo

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