Amor extranjero

Comencé a moverme con furia, mis pechos se movían al compás y Alex no dejaba de verme a los ojos, no pude contenerlo más, sentía cómo el calor inundaba mi interior, la mirada de Alex estaba perdida y descargaba en mí toda su energía que de ninguna manera pude contener, sentí mi interior explotar y de nuevo las caricias de mi amor en mi espalda tras bajar poco a poco la velocidad.

Mi nombre es Fernanda, soy intérprete traductor, tengo 25 años y aquí cuento la mejor experiencia de mi vida.

Hace un tiempo estaba yo trabajando en mi tesis de traducción, por lo que tenía que hacer constantes viajes a la biblioteca, trabajar muchas horas en la computadora y buscar la mayor cantidad de información posible para sacar un buen proyecto.

Siempre que mi mejor amiga, Elisa, me veía trabajar me invitaba a salir en un intento desesperado por que cambiara de aires, pero generalmente prefería quedarme trabajando en internet… ese día yo estaba viendo una página de traducción cuando vi uno de esos letreros que salen de publicidad en internet encuentra el amor, hoy ahora, lo ignoré por instinto, pero algo dentro de mi me hizo sentirme muy sola y me di cuenta de que ya me hacía falta algo de compañía.

-¡Qué demonios!- Dije, -vamos a divertirnos un rato… ¿a donde vamos?- Le pregunté a Elisa.

Me contó que ella, su pareja y unos amigos más llevaban algunos fines de semana yendo a este lugar, un rincón musical muy agradable en el centro de la ciudad. Así que dejé papeles, escritos, notas, agendas, y páginas web para arreglarme para salir. Me miré al espejo, por lo menos parecía que no había perdido mi toque, seguía teniendo una bonita figura, no podía negar que en la preparatoria solía ser popular por mi cuerpo, cosa que siempre me molestaba, pues siempre prefería resaltar por el intelecto. Miré mi cara, aún firme, aún tersa, ojos verdes, y mis cabellos castaños que me cubrían los pezones.

Me bañé, me dejé el cabello suelto, me puse una falda sencilla, sandalias y una blusa de algodón un poco transparente, pero cómoda a fin de cuentas. Salimos en grupo, pero no podía evitar pensar en que éramos impares y era la única que no iba con pareja, cosa que me recordó al anuncio de internet.
La cosa se puso peor cuando en ya en el bar comenzaron a cantar trova y los temas de amor y consuelo me llevaron a derrochar unas cuantas lágrimas en el baño de mujeres. Me vi a mi misma en el espejo, con los ojos verdes encendidos por lo rojizo de mis párpados por llorar.

Saliendo del baño pasó algo que atrajo inmediatamente mi atención, un hombre como pocos, atlético, de quijada firme, ojos divertidos (que saben lo que buscan en una mujer), de piel tostada, barba muy cortita y pantalones negros que parecen de cuero por lo ajustados. Me miró a los ojos e interesada le devolví la mirada, intentando sentirme lo más segura de mí misma después del episodio de tristeza… Me miró de corona a los pies, haciendo especial acento en mis pechos y cintura. Los pocos segundos en los que había ocurrido esto terminaban cuando él se dirigía hacia el baño de hombres y yo tuve que seguir mi camino hacia la mesa.

Toda la noche nos estuvimos mirando, pensando en toda fantasía, piel morena, ojos claros… me fascinan los hombres de tintes extranjeros. Pasaron los minutos y él no hacía más que divertirse con sus amigos, canturreando algunas canciones, parecía tener buena voz, aunque no llegaba a escucharlo. Pasó la noche y sin importar cuánta seguridad le transmitía para que se acercara, el hombre no llegó más que a mirarme detenidamente en cada nota de amor.

Harta de mi suerte, me convencí que debería regresar por donde vine y regresar a mi tesis. Salimos del lugar, yo evadiendo todo tipo de comentario y esperando llegar a casa cuanto antes. Llegando no pude contener un aire de tristeza, me sentía realmente sola, nunca pensé llegar a ese punto. Saqué las fotografías de la preparatoria, puse música romántica, una copa de vino y me dispuse a ver las fotos de mi adolescencia. Realmente no habría tenido más que dos novios en toda mi vida, uno demasiado tímido y otro que terminó siendo un cornudo.

Llegó el lunes y tuve que regresar a mi habitual rutina, biblioteca, universidad, trabajo… Me llamaron por teléfono para un nuevo trabajo y acudí a mi cita tras jugar un poco con la supuesta comida que usualmente comía con ansias. Fui a mi cita, supuestamente para traducir el libro de una escritora que lanzaba su debut y quería traducirlo al  español, pues parecía ser extranjera. Su representante me citó en un café para conocerla y así conocer el proyecto por igual.

Cuando llegué, a las cuatro de la tarde, aún era temprano para que el café estuviera lleno, y sólo vi una mesa ocupada con dos hombres, así que esperé a que llegara mi representante. Tras media hora de esperar me llamaron a mi celular y para la sorpresa del que me llamó, el representante era el que estaba sentado en esa mesa cercana junto con otro hombre, pensaba que cuando había dicho Alex se había referido a una mujer, por lo visto, era el nombre del hombre que lo acompañaba, el escritor del libro que traduciría. Saludé a ambos, el representante, Nicolás, era un hombre tranquilo que se veía que trataba a menudo con escritores, pues tenía esa nota cortés e intelectual sin dejar de ser lo que parecía un negociante con bastante labia. Por otro lado, Alex me saludó con un apretón de mano y un marcado acento británico.

Comenzamos a hablar en inglés de lo despistados que éramos y que habíamos perdido ya un buen tiempo esperándonos unos a otros para la cita. Platicamos de la novela, mismo escrito que tenía Alex en un portafolio verde que hacía juego con sus ojos… unos profundos ojos verdes, como si contuvieran un entero bosque salvaje dentro de ellos. Recuperé la atención en lo que me decía, me preguntaba sobre mí misma… sobre mi carrera profesional. Mientras contaba distraídamente sobre mí no dejaba de ver sus ojos… era como si me encontrara a mí misma en ellos, como si me estuvieran absorbiendo el alma.

Cerramos el negocio, quedamos en un presupuesto y una fecha. Me fui a mi casa con el recuerdo de su suave mejilla contra la mía en nuestra despedida, luego vi el papel con sus datos, fecha de entrega: 10 de octubre… eso me dejaba con escasas tres semanas para terminar la traducción, todo un reto. Me llevé el libro y comencé a leerlo, nunca me esperé que fuera una novela erótica. Movida por el impulso de dejarme llevar por la novela, la leí por las noches en la cama, imaginándome a Addam a cada página que pasaba, era una fantasía personal que habría de acabar tan pronto terminara de traducir el trabajo. Tras unos días de comenzar a traducirla, recibí una llamada.

-¿Hello?- escuché del otro lado… me quedé atónita por unos segundos mientras cambiaba el casette de mi mente por el de otro idioma.

Comencé a conversar en inglés, era él, no su representante sino él… olvidaba que le había dejado mi número en la tarjeta que le di a su representante, me imagino que se la había dado. Quería aclararme unas cosas de la novela, así que quedamos de vernos en el mismo café donde nos habíamos visto la otra vez. Apenas me dio tiempo de arreglarme, quería ver los avances ese día mismo, Me desvestí para cambiarme la pijama cuando sonó el teléfono de nuevo, era él… preguntaba muy cortésmente si mejor nos podíamos ver en mi lugar de trabajo, pues por lo visto le quedaba más cerca que el dichoso café. Ya que mi lugar de trabajo era una oficina en mi departamento escombré un poco y después de ponerme unos sencillos vaqueros y una blusa del color de sus ojos.

Llegó al poco tiempo, realmente estaba muy cerca. Bajé a recibirlo al portal de entrada, siempre con un trato de colaboradores. Subimos a mi departamento y él pareció sentirse muy incómodo al darse cuenta que se trata de mi casa… traté de reconfortarlo y nos hundimos en el trabajo. Fuera de unas cuantas miradas fugaces no sucedió nada, pero programamos citas cada algún día para ir checando los avances.

La siguientes dos citas pasaron en una semana, a veces me daba cuenta de cómo se me quedaba viendo cuando leía su novela, yo con la mira en la computadora, pensaría que es interés por su novela, pero el hecho de que estuviera en un idioma que él no podía comprender me decía lo contrario. Conforme iba terminando el trabajo las citas se hacían más largas y las pláticas más distantes del tema central de la novela.

Al poco tiempo llegó la última cita, aquella que antecedía a la entrega a su representante, de manera que, acongojada por no saber si seguiríamos viéndonos, me puse la misma falda que ese día en el bar: púrpura, suelta que me llegaba a los tobillos y una blusa blanca que remarcaba mi cintura y lo suficientemente delgada como para que se notara la textura de mis pezones cuando tenía frío. Llegó directamente al departamento. Él vestía un poco más arreglado de lo normal, pantalón de vestir, de esos que muy finamente muestran los típicos glúteos de un hombre de buen cuerpo, una camisa que denotaba lo que parecía ser un cuerpo más atractivo de lo que parecía cuando se vestía de vaqueros y playera. Olía delicioso.

Más sonriente que nunca, le ofrecí un café y me acompañó a la cocina para prepararlo. Busqué el azúcar en la alacena, se había terminado, así que me estiré lo más que pude para alcanzar el bote en lo alto para rellenar la azucarera, se levantó, me imaginé que para ayudarme a bajarlo (era mucho más alto que yo) tomó el azúcar rozándome con su cuerpo, le agradecí y comencé a bajar (pues estaba de puntillas) pero mientras tomaba con una mano el bote de azúcar, con su otro brazo me rodeó la cintura. Parecía que comenzaba una de esas escenas de su novela, sólo que a diferencia de los personajes, yo no era diestra en el asunto y hacía mucho tiempo que no practicaba ese arte.

Me quedé muda, había fantaseando tanto con eso, que realmente nunca pensé que llegara a pasar de verdad. Me giré hacia él con toda mi cintura ocupada por su duro antebrazo y su enorme mano, miré hacia arriba, lo miré a los ojos, más divertidos que nunca que paseaban por mi mirada como surcando mi deseo interior. Al no decir nada, al no quejarme, parecía que le acababa de dar permiso…

Me abrazó con su otra mano ya toda la cintura y me atrajo hacia él, yo estaba muy tensa, pero aún así subí la mirada cuando él buscó mis labios y cerré los ojos para cuando su nariz exhalaba a milímetros de mi cara, sentí sus labios besando los míos, esperando una reacción mía. Con mis labios apreté los suyos, se cayó la última pequeñísima barrera que quedaba entre nosotros y abrí la boca para besarnos apasionadamente. Sus manos eran autoritarias, pero aunque fuertes y enormes, sólo conocía sus caricias. Le acariciaba el pecho, comencé a bajar las manos mientras había hecho lo mismo hacía unos segundos y ahora jugaba con la firmeza de mis glúteos. Me aproximaba a una zona mucho más cálida que la de arriba, pero falta un poco aún para eso. Así que subí mis manos y acaricié su quijada, pronunciada y fuerte, nos seguíamos besando. Con el contacto de sus manos me comencé a sentir pequeña y delgada, pues con su estatura, su espalda y la fuerza que se veía contener, me parecía que mi cuerpo era para él este pequeño deseo manipulable que parecía estar hecho de cristal por la delicadeza con la que me tocaba.

Su mano rozó mi entrepierna y lo besé con mucha más pasión, catalizando la explosión de mi estómago y bajándola hasta donde comenzaba a humedecerme. Nos abrazamos, nos besamos, con fuerza, con una bondad furiosa que gritaba del deseo de arrancarnos la ropa y seguir esto desnudos.
Entretanto me cargó a la tarima donde preparo la comida, haciendo a un lado las tazas, haciendo que una rodara y callera al piso. Su tórax quedaba al nivel del mío y al abrazarlo con mis piernas me di cuenta que también otra cosa suya quedaba justo al nivel de mi clítoris. Le quité la playera, besé el vello castaño de su pecho, le abracé la espalda y mientras él me acariciaba y olía mi cabello.

-Vamos al cuarto-, le dije en inglés.

Él asintió, me besó y me cargó hasta donde él sabía ya era mi cuarto. Me tiró en la cama, pisando la orilla de la falda y sin querer tirando de ella y dejándome en bragas. Con mirada divertida por el nuevo hallazgo, tomó una de mis piernas y comenzó a besarla lentamente, acariciando mi entrepierna sobre las bragas a medida que subía. Mientras tanto yo acariciaba sus hombros, y exhalaba ruidos quedos de ansias. Subió de pronto y me quitó de un solo movimiento la blusa, mientras yo le quitaba el cinturón y le desabrochaba el pantalón, ya más justo por aquello que aumentaba de tamaño en su interior. Los pantalones quedaron encima de mi falda sobre el piso, sus zapatos y calcetines. Subió por completo a la cama acariciando con su nariz, su boca y su delicioso aliento cada centímetro de mi piel.

Con un movimiento se deshizo de mi brassiere, y con pasión acarició y saboreó mis erectos pezones mientras nuestras piernas se entrelazaban, haciendo que una de sus rodillas ejerciera cierta presión sobre mi pubis. Sentí un flujo de sensaciones vibrar de abajo a arriba. Nos besamos, nos abrazamos, nos giramos y quedé arriba de él besándole el pecho, el abdomen y el ombligo. Seguida por el deseo que inspiraban sus ojos bajé un poco más, le quité los calzones y dejé salir su miembro, para entonces totalmente erecto y comencé a acariciarlo con mi aliento, con cada exhalación, haciendo que se estremeciera todo su cuerpo.

Me puse en cuclillas y comencé a besar su glande, suave, terso, firme…él tomó mi cabello y me lo puso en mi espalda para que aquella cortina no le impidiera verme amarlo. Jugué con las texturas, las formas, las temperaturas y los sabores mientras exploraba esa parte de su cuerpo. Él parecía disfrutarlo como nada en el mundo, pero no tenía idea de lo que estaba por disfrutar. Subí de nuevo a su pecho, le besé los labios y mientras él me acariciaba la espalda y bajaba hasta mis glúteos es una caricia continua. En un arranque de deseo contenido, me giró y se puso sobre mí. Entre palabras dulces y respiraciones entrecortadas besaba mis pechos como un loco, bajó a mi vientre, deslizó mis bragas por mis piernas deshaciéndose de ella para con su barba acariciar mi entrepierna y con su lengua probar mi esencia. Sentí explotar mil cosas dentro de mí, acariciaba mis pechos, luego mis piernas, pero no detenía sus caricias con su boca.

Tras ruidos y gemidos pareció no contenerse, me besó desde el pubis hasta la frente y me miró fijamente cuando acercaba su miembro a mi clítoris. El leve rozar me hizo arquear la espalda misma que abrazó con sus fuertes brazos, besando mis pezones, succionando cual bebé mientras nuestros cuerpos comenzaban a fundirse. Se fue abriendo paso dentro de mí hasta que, llegando a fondo, pareció haber presionado un botón mágico que aceleró aún más las cosas. Ambos explotamos de deseo y aumentamos el ritmo, moviéndonos al unísono, como si nadáramos en sincronía.

El deseo aumentaba a cada movimiento que hacíamos, aumentó la velocidad, se agarró fuertemente de la cabecera, dejando ver sus musculosos brazos, mientras con el impulso se hundía más en mí. Aceleramos el paso hasta que la presión era tanta que era poco el movimiento que me permitía. Lo abracé con las piernas, dejándolo marcar el ritmo de la penetración, mismo que aumentó poco a poco.

Nos besamos con furia y le hice el gesto de voltearse. Se recostó boca arriba y me puse encima de él, mirándolo intensamente a los ojos mientras me sentaba en su miembro. Mi peso sobre su pene logró una profundidad mucho mayor que hizo que mis pezones se irguieran fuertemente, mismos que tras un gemido de placer se llevó a los labios como chupones. Con sus manos aprisionando mi cintura con fuerza comenzaba a moverme hacia donde mejor se sentía. Me incliné hacia él, lo besé, él me besó los pezones antes de que aumentara la velocidad, hasta que el movimiento impidió que siguiera besándome los pechos.

Comencé a moverme con furia, con pasión, mis pechos se movían al compás y Alex no dejaba de verme a los ojos, de repente perdiendo la mirada por el placer del movimiento. Sentía más, y más cada vez más, roce, roce, se hundía, se encajaba, era delicioso, él me movía la cintura hacia delante y hacia atrás como un loco buscando saciar su deseo.

Llegó un momento en que no pude contenerlo más, la sensación aumentó demasiado, el movimiento no se detenía y sentía cómo el calor inundaba mi interior, la mirada de Alex estaba perdida, lo estaba sintiendo, y descargaba en mí toda su energía que de ninguna manera pude contener, sentí mi interior explotar y de nuevo las caricias de mi amor en mi espalda tras bajar poco a poco la velocidad.

Tuve la intención de bajarme, pero me besó los pechos, mis pezones estaban más sensibles que nunca, de manera que de no ser por la suavidad de su contacto, habría sido molesto. Con cariño me giró, quedamos cara a cara, acostados sobre un costado en la cama, comenzó a acariciarme la cintura mientras su pene recuperaba su tamaño normal. Me acarició los pechos con una sonrisa en los labios, me besó, tomándome de la cintura, acomodó mi cabello, me acarició la cara.

-Eres hermosa- me dijo con palabras dulces.

Me acerqué a él, lo besé y le pregunté si quería un café y fui a prepararlo a la cocina mientras escuchaba cómo canturreaba una canción desde la cama.

Tras más sesiones trabajando juntos él se regresó a Inglaterra y yo me fui con él.

Autora: Fernanda

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El linyera

Empujó hasta lograr meterle la mano entera dentro, la cogía por los dos agujeros al mismo tiempo. Julia, muy a pesar suyo sintió de que de nuevo estaba a punto de acabar, y finalmente el tipo acabó en largos chorros dentro de ella, empujando su puño profundamente en su concha y fue ahí cuando ella tuvo el orgasmo más espectacular de su vida. Entre las bolsas de basura, violada por un linyera.

Esa tarde julia había salido como siempre a dar un paseo por el parque cercano a su casa.
Era una rica hembra con tetas enormes y un culo saltón. Tenía apenas 18 años pero ya tenía una gran experiencia, iniciada en el sexo por su propio padrastro.

Pero esa es otra historia, esa tarde, digo, había salido a dar un paseo por el parque, estaba caliente y mojadita como siempre, y se le ocurrió dar rienda suelta a una fantasía, masturbarse en un lugar público.

Fue a un sitio poco transitado, detrás de un edificio, junto a los depósitos de basura, se levantó la pollerita, se bajó la tanga y agachadita en cuclillas se metió un dedito sabroso en su concha jugosa.

La calentura llegó como un huracán, se excitó tremendamente, amasándose las tetas con la mano izquierda, con la derecha se metía el dedo del medio todo lo que podía, entre las bolsas de basura. Sacó el dedo de su agujero y se lo chupó, junto a tres dedos más, y se los metió todos a la vez, su conchita mojada los tragó de inmediato.

Sacó una teta fuera de su corpiño para poder pellizcarse un pezón, sin darse cuenta de que la estaban observando.

Un viejo que andaba por ahí, un tipo de la calle, maloliente y abandonado, contemplaba la escena mientras se pajeaba de lo lindo. Tenía una verga enorme, erecta y chorreante que sacudía con fuerza su mano mugrosa.

Julia empezó a gemir, despacito primero, mordiéndose la boca para no gritar, y después mientras se acercaba al orgasmo no pudo más y gritó como una perra, de la misma manera que lo hacía cuando se encamaba con su padrastro.

El viejo no pudo más, se había estado acercando lentamente, en silencio, para poder contemplar la deliciosa escena con más detalle, esa nenita estaba realmente caliente, era un macho lo que necesitaba, un verdadero macho que le partiera la concha y la pusiera a gritar de verdad. Ella había cerrado los ojos, completamente deleitada con su manoseo perverso en el callejón, no se dio cuenta del peligro hasta que fue demasiado tarde.

Gemía desesperada, estaba al borde del orgasmo cuando sintió una mano en la nuca, y un pene enorme y maloliente que le introducían brutalmente en la boca, le dio nauseas, estaba confundida, asustada y lo que es peor, muy pero muy caliente.

El tipo agarró la tierna cabecita con sus dos manos y le metió la pija hasta el fondo de la garganta, sacudiéndola con fuerza una y otra vez. Después  sacó la verga de la suculenta boquita de Julia y por un instante se miraron a los ojos, ella pudo ver lo viejo y feo que era el tipo. Él la tomó por las exilas y la tiró al piso, se la montó por la concha, metiéndole su enorme pija enterita de una sola vez, mientras le tapaba la boca para que no gritara.

Le dio unos pijazos rápidos y después vino la gloria, consiguió levantarle las piernas lo suficiente para metérsela por el culo, su verga perfectamente lubricado por los abundantes jugos vaginales de Julia entró entera.

Julia trató de gritar, le estaba rompiendo el culo, el tipo la bombeó brutalmente, ella se lo merecía por puta y calentona, además no pensaba desperdiciar semejante oportunidad.

Con un vigor inusitado para su edad la cogía incansablemente mientras sentía como el culito de ella se estrechaba sobre su pija. Ella se debatía tratando de soltarse, pero era imposible, y lo pero era que muy a pesar suyo el dolor tremendo que sentía dio paso a una calentura impresionante, como nunca había sentido antes.

La estaba violando un tipo asqueroso, pijudo y sucio y ella estaba caliente como una perra en celo. El se dio cuenta y  comenzó  a meterle cuatro dedos por la concha para dejarla bien cogidita, y sintió como su mano se empapaba de lubricidad.

Sin dejar de cogerla violentamente por el culo, empujaba los dedos dentro de la estrecha vagina de Julia. La combinación de su carita de nena llena de lágrimas y su concha húmeda lo estaba volviendo loco.

Empujó hasta lograr meterle la mano entera dentro, la cogía por los dos agujeros al mismo tiempo.

Julia, muy a pesar suyo sintió de que de nuevo estaba a punto de acabar, y finalmente el tipo acabó en largos chorros dentro de ella, empujando su puño profundamente en su concha y fue ahí cuando ella tuvo el orgasmo más espectacular de su vida. Entre las bolsas de basura, violada por un linyera.

El tipo apenas terminó salió corriendo, Julia se quedó tirada en el suelo, sintiendo como el semen se le escurría entre las nalgas. Estaba adolorida y asustada, había recibido mucho más de lo que esperaba. Trató de levantarse y las piernas le temblaban. Cuando se puso la bombachita esta se le mojó de inmediato, con una mezcla de sus jugos y el semen del desconocido. Trató de recomponerse y volvió a su casa.

Cuando llegó se bañó de inmediato, aplicándose crema en la vagina dilatada y su ano desgarrado.

Esa noche durmió tranquila, su calentura estaba apagada. Por ese día.

Autora: juliaputa

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