El test y las pruebas

Nos conocimos en Sevilla que es donde vivimos. Tras un encuentro empezamos cruzándonos e-mails y no recuerdo como, empezó a hablarme sobre rellenar un test. Tras insistirle para que me lo enviara un día me lo encontré en mi bandeja de entrada y cuando empecé e leerlo no daba credibilidad a mis ojos. Al principio casi me enfadé pero pronto empecé a excitarme y acabé contestándole.

La postura en la que me encuentro ahora es con mis tetas apoyadas en la alfombra mis muñecas atadas entre sí, mis piernas abiertas sin posibilidad de cerrarlas porque están inmovilizadas con cuerdas por encima de las rodillas y por los tobillos y por tanto mi coño y mi culo elevados y totalmente expuestos.

El coño y hasta los muslos los tengo totalmente húmedos porque gracias a mi amo (como tengo que llamarlo) me acabo de correr por segunda vez con la ayuda de un vibrador pero sobre todo por su maestría en tocarme.

Ahora mismo él está sentado en un sillón seguramente disfrutando de la vista que le brindo. Espero, paciente y plácidamente con la total seguridad de conseguir otro orgasmo tal y como lo acordamos antes de que acabe nuestra sesión.

Lo que no tengo claro y por eso estoy excitadísima es como va a disponer de mí, seguramente lo está pensando y poniéndose caliente, porque sabe que puede hacer lo que quiera dentro de lo que tenemos pactado.

Se me ocurren varias posibilidades: que me folle el coño o el culo porque se los tengo bien preparados, que me azote con el látigo que tiene en la mano o con la fusta que me hace sostener con mi boca, que me decida pinzar los labios de mi coño o simplemente que me magree… no lo sé pero a la espera de estos minutos de descanso me excita más.

Ya oigo como se acerca y me susurra al oído: ¿preparada para ser mía otra vez? – sí amo estoy preparada… pero antes de seguir os cuento como empezó todo…

Nos conocimos en Sevilla que es donde vivimos, por motivos de trabajo. Tras un encuentro relacionado con un proyecto, empezamos cruzándonos e-mails y no recuerdo como, empezó a hablarme sobre rellenar un test. Tras insistirle para que me lo enviara (me podía la curiosidad) un día me lo encontré en mi bandeja de entrada y cuando empecé e leerlo no daba credibilidad a mis ojos. Al principio casi me enfadé pero pronto empecé a excitarme y acabé contestándole.

Más o menos podéis imaginar las contestaciones, pero de momento aquí van las preguntas que me hizo.

1.- ¿Te gustaría ser sometida sexualmente?
2.- ¿Te gusta que te aten para ser follada salvajemente?
3.- ¿Te gusta que te azoten?
4.- ¿Te dejarías pinzar pezones, coño y otras partes del cuerpo?
5.- ¿Te gusta la cera sobre tu piel?
6.- ¿Qué juguetes tienes en casa?
7.- ¿Te dejarás sodomizar siempre que yo quiera?
8.- ¿Dime tres formas con las que te gustaría que te llamaran?
9.- Cuéntame tus fantasías sexuales.
10.- Dime alguna página favorita de la web que te guste.

Para acabar el e-mail me decía: bueno espero que me contestes pronto y que nos podamos ver para actuar según tus contestaciones.

Dudé algo, pero en un par de días le contesté. Cuando pulsé el botón “enviar” pensé: “La suerte está echada”. Estuve varios días nerviosa y mirando continuamente los e-mail sin recibir contestación.

Cuando ya pensaba que todo había sido un juego y nada más me llevé la gran sorpresa de que se presentó en la oficina con la excusa de hablar sobre un proyecto. Nada más verlo se me encendió la cara y me puse nerviosa.

Entramos los dos solos en una sala de reuniones y al principio disimuló hablando de trabajo. Cuando ya pasó un rato y se aseguró que no había nadie cerca fue al grano: me ha gustado mucho como has contestado el test, ahora viene la prueba.

¿La prueba?, le dije yo.

Sí, mañana a las seis quiero que quedemos en el café XXX, toma lleva puesto esto desde que te levantes de la cama por la mañana. Ya te adelanto que te pondré dos pequeñas pruebas: la primera será que entrarás en el servicio para que te quites las bragas y me las des y la segunda… bueno esa es un pequeño secreto. Te espero.

Cuando estaba a punto de contestarle, se levantó para despedirse cortésmente y se marchó.

Lo que me entregó eran unas bolas chinas, nada más verlas se me humedeció el coño. Al principio volví a dudar pero al cabo de un par de horas ya había decidido acudir a esa cita.

Por la mañana nada más sonar el despertador salté de la cama y ya excitada me metí en la ducha. Me puse las bolas chinas que entraron sin ningún esfuerzo y el tanga y sujetador más sexy que tenía, por lo demás y como no tenía más indicaciones unos vaqueros bien ajustados y un camisa con un buen escote.

Ni que decir tiene lo caliente y húmeda que estuve todo el día, de vez en cuando tenía que ir al servicio a secarme un poco.

Cuando llegó la hora me fui, porque no quería llegar tarde y a las 6 menos 5 ya estaba en el café. El si que se hizo de rogar y ponerme de nuevo nerviosa y hasta las 6 y cuarto no llegó.

– Hola, como estás. – Bien. – ¿Qué quieres tomar? – Un café, gracias.

Pidió 2 cafés y sin darme respiro me dijo: ¿a que esperas? Ya puedes ir al baño.

Mi corazón latía al máximo pero obedecí inmediatamente. Volví con el tanga dentro de un bolsillo de los vaqueros y me volví a sentar.

-Enséñamelo. -¿Aquí? -Claro, ahora mismo.

Ya tenía una voz autoritaria y no dudé en sacar una parte del bolsillo.

-Bien, veo que me obedeces al instante ¿dispuesta para la siguiente prueba? -Por supuesto.

No supe otra cosa que decir.

-¿Tienes móvil? -Sí, le contesté.

Esta prueba es muy fácil: haz como que vas a llamar, sal del bar detrás del cristal que yo te vea el culo y tienes dos opciones, si te vas sin entrar ya se acabó este “juego” y no volveremos a hablar de nada de esto y si vuelves a entrar serás mi putita personal y podré hacer lo que quiera contigo esta misma tarde.

Todavía si cabe se me aceleró más el corazón, pero obedecí y me salí como hablando con el móvil. Sabía que si entraba ya me iba a poseer y eso me hacía sentir entre excitada y con algo de “miedo”.

Estuve “hablando” por el móvil un rato y… volví a entrar. Lo único que acerté a decir es “Ya estoy a tu disposición”…

Ese fue el inicio y ya os contaré como siguió todo…

Ahora, tras varios encuentros aquí estoy.., os recuerdo, con mi culo bien levantado, a su plena disposición y mientras estaba pensando en todo esto ya se ha resuelto mi duda… mi amo ha decidido azotarme el culo, esta vez diez azotes, creo que bien merecidos porque la mamada anterior no fue todo lo bien que él se merece. Entre azote y azote, esos segundos tan excitantes y como siempre me hace contar:

1… gracias amo, 2… gracias amo, 3…

Siento como mi culo se enrojece mientras pienso en ser follada otra vez…

¿Te ha gustado el relato? Espero tus comentarios.

Autor: cadoan41

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