El Trio con Lucia y Jairo

El inicio de mi depravación.
Hola amigos les voy a comentar una experiencia de mi tiempo en el cole, tenía 18 años y fue para mi el mejor encuentro sexual que he tenido hasta ahora.
Durante la mayoría de años en el colegio siempre estuve acompañada de mi mejor amiga Lucía, tenía mi misma edad y éramos inseparables, nos contábamos todo, éramos muy íntimas. Ella había conseguido novio desde hace ya 3 años y estaba enamoradisima, el tipo no me caía bien sin embargo acepto que era muy guapo al igual que Lucía ella tenía un cuerpo de envidia y era muy popular en el colegio. A mi la verdad no me gustaba la idea de tener novio, me gustaba pasarla bien y ya. Cierto día de camino a casa íbamos juntas como siempre, entonces ella me comentó algo que lo cambiaría todo.
Lucia: sabes que Jairo (su novio) me está pidiendo hacer un trío!
Yo: jaja que dañado! Que le dijiste?
Lucía: me quedé fría pero me pica la curiosidad jaja
Yo: estas loca! Vas a permitir que el este con otra!
Lucía: no se, lo tengo que pensar.
Después de despedirnos y llegar a mi casa no pude evitar imaginar ese trío, escenas de eso me rondaban la cabeza y la verdad también me entró la curiosidad. Varios días pasaron con normalidad y no volvimos a topar ese tema hasta un viernes que ella llegó a mi casa para quedarse a dormir y aquella noche en mi habitación…..
Lucía: sabes que me sigue fregando con eso del trío! Me dice que eso quiere de regalo para su cumpleaños

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Teresa Despertando la puta que vive en su interior 2

Teresa Despertando la puta que vive en su interior 2

Lunes 8:00 a.m Teresa está sola en casa, hace 5min que Alfredo salió hacia la farmacia.

Extraño fin de semana (piensa Teresa) el sábado mi marido me pone una inyección para convertirme en su puta. Resultado tres orgasmos y el último en plan exhibicionista en la ventana, bueno mas bien guarra exhibicionista que es como me he sentido después, sin embargo no puedo decir que no me gustase. Tal vez por eso estoy dispuesta a no correrme hasta que no me lo permita AMO porque en el fondo me gusta. Fue duro aguantar el calentón de aquel supositorio si me hubiesen dejado habría tenido por lo menos tres otra vez y en cambio lo que he tenido que darme son tres duchas frías.

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Mi tia Sofia, parte 1

Milfs, Amor Filial Hetero. Era el cumpleaños de mi padre y justo esa semana habían ocurrido dos eventos familiares, con mis tías (sus hermanas) la menor Paula había sido madre de un varón y justo había vuelto a casa y la mayor Sofía había sido abandonada por su marido quien al dejó por su secretaria.

En ese momento yo tenía 8 años, Sofía 42 y Paula 30, mi padre era el hijo del medio cumplía 39 ese año, habían hecho en mi casa una fiesta de las tradicionales de cumpleaños, todos estaban emocionados con el nacimiento de mi primo menos yo que nunca le daba bolilla a los bebés y mi tía Sofía que estaba deprimida por su tema sentimental, eso hizo que esa noche Sofía se sentara al lado mío y estuviese hablando de todo conmigo, escuché todo su dolor por el abandono que había sufrido.

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Con mi otra compañera

Mi nombre es Simón y la historia que voy a contar sucedió una noche de junio cuando fui al cumpleaños del novio de mi amiga Carmen.

En esa fiesta estaban todos sus amigos incluso estaba mi compañera Beatriz muy amiga de su novia y mía, y para mi desgracia también estaba el novio de Beatriz “el Fiti”. Esa noche Beatriz iba vestida con un vestido de hilo que se le transparentaba su negro sujetador y resaltaba su piel bronceada. La novia de Jorge el cumpleañero, Carmen, también estaba. Ella llevaba una falda larga de hilo y un top que dejaba ver su ombligo. Es castaña, con el pelo ondulado, sus ojos son marrones y su boca es excesivamente grande en comparación con su rostro, mide 1,80 m pesa alrededor de 60 kilos, tiene unos pechos, no muy grandes, de una talla C y una piernas larguísimas las cuales le encanta enseñar siempre que el tiempo se lo permite y eso noche el tiempo se lo permitía.
Estuvimos hablando con la gente, muy maja toda. A eso de las 4 de la mañana nos escapamos “El fiti”, Beatriz, Carmen y yo a la chupitería, en verdad fuimos al baño todos menos “ El Fiti” al baño cuando salí me encontré a Fidel, El fiti, en la barra con dos cervezas, luego Beatriz y Carmen pidieron una copa y luego nos liamos a chupitos mientras que Fidel y Beatriz volvieron a la cerveza Carmen y yo nos metimos con el albariño, vino blanco, nos bebimos casi dos botellas, es suave al entrar pero una vez dentro de un gran pelotazo en la chorla. Beatriz y Fidel empezaron a discutir porque Fidel había quedado con su colegas y Beatriz se quería quedar con su amigos, la cosa acabó en pelea y como no Beatriz cediendo. Carmen y yo nos quedamos en la mesa de la chupitería solos con una segunda botella de Fragata medio vacía.Nos servimos otra copa de fragata, y brindamos por nosotros. Empezamos a hablar y el tema se desvió al sexual. Empezamos a contarnos anécdotas, algunas graciosas y otras excitantes. Las miradas se iban cruzando, y yo, con las ansias de sexo, y el alcohol que había tomado y ella va y me dice

– Sabes… alguna veces me masturbo pensando en el polvo que echamos en mi casa.
– ¿qué?
– Si el polvo que echamos en mi casa delante de Jorge y Beatriz, ¿ te acuerdas?
– ja ja ja ja ja, si.
– Pues muchas noches me masturbo pensando en ese polvo.y quiero que lo repitamos.
– Carmen estás borracha, y no piensas lo que dices.
– Sabes los borrachos y los niños dicen la verdad, o es que no quieres volver a chupar esos pechos.- dijo tocándose los pechos, me acerqué mirando sus pechos e intenté besarle los labios. Ella me paró.
– Simon, ¿ qué haces? aquí puede vernos Jorge o cualquiera de sus amigos.
– Es verdad.- sígueme.
la abracé y salimos del local dirigiéndonos al grupo donde estaba su novio y sus colegas-
– Jorge, Carmen está muy perjudicada para conducir, me la voy a llevar a casa.
– No espera Simón, que la llevo yo.
– No Jorge, tú disfruta de tu cumple con tus colegas.
Convencido el novio Carmen y yo nos fuimos a su coche.
– ¿Dónde quieres que vayamos?
– a casa.

Conduje el coche de Carmen por la ciudad hasta llegar a su casa, ella abrió el garaje y me dijo “ metemelo hasta el fondo… el coche” nos reímos. aparcado el coche y apagado el motor nos quedamos quietos hasta que la puerta del garaje se cerró entera. Saltamos el uno contra el otro besandonos y tocandonos, su short salió por encima de su cabeza, mi camisa se abrió en un abrir y cerrar de ojos. Su falda en nada de tiempo desapareció, yo le besaba en los labios y en el cuello, ella me besaba en los labios y en la barbilla, lamía mi pecho y mis pezones. Abrió mi bragueta y sacó mi polla medio morcillona.

– Vamos a adentro. me dijo

Salimos del coche y entramos en su casa, nada más llegar al salón la volteé y le quité su sujetador, comencé a besar y a succionar sus preciosos pezones, y ella comenzó a gemir y a clavarme las uñas. Su cuerpo se movía cadenciosamente. Al poco le dije al oído: “quiero que me la chupes”, y ella aceptó sin inmutarse. Me desabrochó los pantalones bruscamente, y me los bajó hasta las rodillas junto con los calzoncillos, cogió mi verga y se la fue metiendo en la boca poco a poco, haciéndome sentir un enorme placer. Ella me miraba, y al ver la cara de placer que tenía, se excitaba mas, moviendo su cabeza más rápidamente. Cuando creí que ya no aguantaba más, ella paró, como si lo adivinase que iba a correrme en su boca “aún no, quiero que te corras dentro de mí”,me dijo lo cual me excitó muchísimo, así que me decidí a bajarle las bragas y dejarla completamente desnuda, la subí encima de la mesa, le abrí las piernas, y le comencé a chupar su lindo y peludo coño, haciéndola gemir de placer. Sus jugos me ponían enfermo, y mi polla estaba dura como una estaca. Ella me pedía a gritos que la follara, así que accedí encantado. Introduje mi verga suavemente en su coño, y ella gimió otra vez, mientras me decía: “hazme tuya, clávamela hasta el fondo, quiero sentirte muy dentro de mi”. Estas palabras me ponían cada vez peor; ella movía sus caderas cada vez más rápido, teniendo un gran orgasmo. me miró la cara de defraudado y dándose la vuelta me dijo “ dame por atrás”. Me coloqué detrás de ella, y comencé a penetrarla suavemente. Poco a poco fui incrementando la velocidad, hasta que ella llegó a otro orgasmo más brutal que el de antes. Su cuerpo se retorció y ella me sonrió de manera pícara, y me dijo: “ahora te toca a ti”. Se incorporó y cogió mi polla entre sus manos, y comenzó a chupársela con energía, y mientras tanto me acariciaba los genitales con suavidad, hasta que no pude aguantar más y me corrí dentro de su boca. Nos recostamos el uno junto al otro en el sofá y nos fumamos un cigarrillo, y ella me comentó que con su novio Jorge la tenía un poco larga que yo pero yo la tenía más gruesa, lo que hacía que disfrutara tanto como conmigo. Después nos vestimos y la dejé en su casa y me fui a la mía.

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La caída moral VI

El orín de Jorge caía ya en mis tetas, en mi pelo y yo como una yegua barata y sucia abría la boca para poder tragar su líquido dorado Cogimos en todas las maneras posibles y por todos los huecos que mi cuerpo tenía, A la 1.25 de la mañana llegué a casa, cansada, con olor a semen, a orín, a flujo.

Pasaron dos días en los que no quise ir a trabajar. Si es que se le podía llamar trabajar a estar pendiente de la pija de Jorge.

En casa las cosas eran literalmente un desastre. Los momentos en que estaba en casa parecía un zombie, no contestaba a mi marido, no contestaba a mis hijos, no me interesaba por la comida, por la ropa, por las compras, por nada.

Vivía desesperada ansiando el momento en que mi jefe me deseara nuevamente. Llegué al extremo, al tercer día de esta situación de ir a trabajar sin bragas, con la remota esperanza de que Jorge lo notara y me llamara a su despacho. Y así fue.

-Ana, ¿podes venir? -Si, como no.

Las piernas me temblaban al caminar y la vagina comenzaba a humedecerse. Entré a su despacho y sin mediar palabra él se puso de pie y avanzó a mi encuentro, me abrazó y besó tiernamente.

-Quiero que esta noche cenemos juntos.

Mi corazón casi se rompe…era el cumpleaños de mi hijo menor y teníamos a toda la familia de visita en casa esa noche.

-Jorge, esta noche no….no puedo, quizás mañana…

Comencé a llorar.-No, es hoy cuando tengo ganas, ¿porque no podes Ana?-Es que es el cumpleaños de mi hijo Jorge y…-Ah, bueno. Si cambias de opinión hacémelo saber por favor.

Y dio media vuelta y se sentó nuevamente en su escritorio

Di media vuelta y salí de su despacho con lágrimas en los ojos y en el alma. Mi familia, mi hijo, mi otro hijo, su cumpleaños, la torta preparada en la heladera de casa, los tíos, primos, abuelos, cuñados y cuñadas.

Mi deber de madre y de esposa, luchaban una batalla desigual con mi progresivo degeneramiento. Mi caída moral era increíble.  Mis lágrimas eran un río ya cuando tomé el intercomunicador y marqué el interno de mi macho.

-Si? -Soy yo Jorge….pensé que si vamos temprano a cenar puedo estar en mi casa relativamente temprano y argumentar trabajo extra inesperado… -No te prometo nada, respondió.  A las 21 salimos de acá a cenar Ana. ¡Y me cortó!

A las 21 estaban citados todos en casa.

Llamé a Germán a su trabajo. Mi voz temblaba cuando le dije: -Germán llegaré un poquito más tarde hoy, ¿podes hacerte cargo de todo?  -¡Ana! Es el cumpleaños de nuestro hijo, ¡tenemos a toda la familia en casa! ¿No podés, aunque sea hoy, venir a la hora en que solías hacerlo siempre?

Ese “aunque sea hoy” sonó como una bofetada para mi. -Haré todo lo posible, le dije.

A la hora indicada por Jorge comencé a impacientarme, hasta que a las 21.15 hs salió de su despacho. Estaba hermoso, radiante, dominante, como siempre. Ni siquiera me miró al pasar a mi lado y yo como una perra sucia me apresuré a correr tras sus pasos. En el auto no me dirigió la palabra y manejó hasta uno de los hoteles más hermosos de la zona de Recoleta.

La mesa estaba reservada a su nombre y fue exquisita, regada con abundante vino blanco helado como correspondía.  Charlamos de cosas triviales y reímos distendidos. Parecíamos una pareja de esposos o de novios como tantos hasta que…el reloj de pared del restaurant, con sus campanadas  anunció las 22,30 hs Hace una hora y media que me esperan en casa, pensé desesperada.

El, seguramente advirtió el cambio en mi semblante porque rápidamente llamó al mozo y pagó la cuenta. Se puso de pie, me tomó del brazo y me guió hasta la escalera que llevaba a las habitaciones. Lo miré interrogándolo con la mirada y él suavemente me susurró: -Lo estás deseando Ana. En ese instante tomé la decisión que cambió mi vida. Ese fue el instante, ahora lo sé, en que perdí a mi familia.

Mientras él se duchaba en la lujosa suite que había rentado, tres mensajes de texto entraron a mi celular. Dos de Germán y uno de mi hijo: “mamá, ¿ te falta mucho? quiero apagar las velitas. Y apareció Jorge de la ducha, mojado y con la verga apuntándome. Las sienes me estallaron y me dediqué a apagar la vela yo. Su vela. Su inmensa vela.

Una vela venosa, roja que se balanceaba a medida que él avanzaba.

En un instante me desvistió entera y yo me abalancé a chuparle la pija como desesperada mientras él con sus manos me acariciaba las tetas. Yo estaba desesperada por orinar y le pedí ir al baño a lo que respondió -Vamos los dos…Nos metimos en la bañera y se acostó en ella cuan largo era con mis piernas a sus costados.

-Dale, oriná o te va a hacer daño, me dijo.

Insólitamente advertí que yo seguía con el celular en la mano y mientras comenzaba a bañarlo de mi orín tibio y humeante, este comenzó a sonar.

-Atende, me dijo con su sonrisa característica que tanto me podía.  -¿Hola? dije.-Ana,  ¿Qué diablos haces? Acá están todos muy desesperados ya por tu ausencia. Era mi marido. -Amor…ya en un rato estoy ahí, balbuceé mientras con mi cadera hacía movimientos para regar la mayor cantidad posible  del cuerpo de mi macho. -¡Ana! ¡No podes hacernos esto justo hoy! Claro que podía. Y lo estaba haciendo.

Estaba traicionando a mi familia en un día tan sagrado como era el cumpleaños de uno de mis hijos.

-¡Ana! ¿Me escuchas? Todo esto mientras Jorge se incorporaba y suavemente me acostaba en la bañera y era él quien ponía sus pies a los costados de mi cuerpo. -Si…si, acá estoy Germán. El orín de Jorge caía ya en mis tetas, en mi pelo y yo como una yegua barata y sucia abría la boca para poder tragar su líquido dorado

Cogimos en todas las maneras posibles y por todos los huecos que mi cuerpo tenía, A la 1.25 de la mañana llegué a casa, cansada, con olor a semen, a orín, a flujo. Suavemente y como pude hice girar la llave y vi en el sillón del living a mi hijo. Restos de comida en la mesa y la torta de cumpleaños…intacta, sin cortar. De la oscuridad, una voz me sobresalto: -No quiso cortarla hasta que su madre no estuviera.  Comencé a llorar. La madre había preferido que su jefe le abriera el culo como un túnel, tragar orín, semen y pajearse para él, mientras este, con una sonrisa comía una porción de torta con champagne que había pedido a conserjería.

-¿Que vas a hacer de nuestras vidas Ana? Sé de donde venís, me dijo Germán.

Ni siquiera atiné a responder nada. Mi mente recreaba una vez más, mientras lloraba, la hermosa sensación de ser regada en orín por Jorge.

Y mi vagina se mojaba nuevamente…

Autora: Ana.

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Continuara…

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Infidelidades de una cuarentona II

Fue soberano, me metió la lengua hasta el útero, esa lengua que no paraba. De nuevo me corrí. Me bajó, sentados en la arena, abrió sus piernas, me atrajo hacia él y otra vez de nuevo al galope, yo eché el tronco hacia detrás, amasó mis tetas y estrujó mis pezones hasta hacerme gritar, me besaba con esa boca llena de mis flujos vaginales e hizo que me corriera de nuevo.

Los regalos de cumpleaños de mi negro.

En una anterior narración os conté la primera experiencia sexual completa a los 40 años. También os expliqué que me veo con mi negro, sin pagarle, una vez a la semana y que follamos sin parar toda la tarde. Es la dieta que mejor me va para perder peso.

Cuando faltaban 4 días para mi cumpleaños, mi negro me preguntó qué tipo de regalo quería, material o de placer. Le dije que de placer: una experiencia sexual que no había tenido nunca, ser el jamón de un bocadillo (él y otro negro con una polla, si cabe más grande que la suya) y que me comiera el coño una joven negra, con unas tetas tan inmensas como las mías. No se sorprendió. Sólo me puso una condición: que no le pidiera tocar al otro tío. En su profesión de puto sólo se dedicaba a las mujeres.

El día de mi cumpleaños era sábado, por suerte mi marido estaba todo el fin de semana asistiendo a un Congreso en Alemania (creo que él se lo empezó a montar con otra colega, ese mismo fin de semana). Le dije que le esperaba en mi casa a las 2 para comer. Vino solo. Me trajo un ramo de flores y un conjunto de lencería precioso, muy sexy, con dos orificios para dejar los pezones al aire y un tanga con una raja para dejar a la vista el chochito. Yo quedé decepcionada, esperaba otro regalo: que viniera en compañía. El notó mi expresión y me dijo que lo mejor vendría por la noche.

Comimos, bebimos, follamos y dormimos. A eso de las 5, bajamos a la playa, aunque era invierno, la temperatura ambiental era buena, la del agua no tanto. Era la primera vez que nos bañábamos en el mar juntos. Había una luz rojiza, de atardecer, su cuerpo se parecía al de un Dios, fuerte, musculoso, un culito bien formado, respingón y esa piel negra que tanto me gusta y que tan bien sabe, brillante con los últimos rayos del sol. Tiene el pelo corto y no muy rizado, sus ojos son grandes y muy brillantes, la nariz chata, la boca…, la boca es un placer: labios grandes y generosos que se saben de memoria todas las partes de mi cuerpo, unos dientes blancos y bien formados que me muerden y me hacen temblar y una lengua grande y rosada para volverme loca: palpa, pellizquea, embiste y lame todas las partes de mi cuerpo que se le ponen por delante. Y lo mejor, tiene una polla superdotada, larga y gorda, con un glande enorme de color grana y una piel suave, donde se le marcan las venas, que se incrustan en las paredes de mi vagina y me hacen sentir dolor y placer hasta perder el sentido.

Después de admirar ese cuerpo yo entré en el agua ya mojada, me chorreaba el coño y ya echaba de menos su verga. Hacía una hora que no la tenía dentro. Él vio mi expresión y dijo que se me había puesto cara de viciosa y de putona y que iba a tener otra experiencia: follar en el mar, al compás del oleaje. Su verga empezaba a mirar el cielo y se ponía gorda, al contacto con la primera ola, ya estaba del todo empinada, dispuesta a ser engullida. El agua me cubría hasta el cuello, a él hasta las axilas. Me cogió en brazos, cara a cara, puso mi coño a la altura de su polla y me la insertó de un golpe seco, como estaba muy excitada y mojada apenas sentí dolor, además a fuerza de haber follado con él tantas veces, mi vagina ya estaba, prácticamente hecha a su medida, aunque siempre me sorprende que toda esa dimensión quepa en un cuerpo pequeño como el mío. No había nadie en la playa, por eso no me sentía reprimida, podía gemir y gritar a gusto.

Fue maravilloso, nos pusimos de espalda a las olas, él sólo sostenía mis piernas en sus caderas y mordía mis tetas y pezones, yo bajaba y subía y sentía que sus huevos me golpeaban el culo. En esas subidas y bajadas, perdí el contacto con su verga en varias ocasiones, pero después volvía a encontrarla entre el agua y me la clavaba más adentro. Apretaba mis piernas a sus caderas para no caerme y me apoyaba en sus hombros, él me tenía cogida por la cintura y me ayudaba a galoparlo con más presión en mis bajadas, hasta hacerme sentir que sus huevos iban a entrar en mi vagina. Con el movimiento de una ola un poco fuerte y un empellón enorme que me dio, me corrí. Fuimos hasta la parte menos profunda de la playa y bajé hasta tocar suelo, me dio un morreo fenomenal, cogió aire y se metió debajo del agua a buscar mi vulva. Metió su cabeza entre mis piernas y me abarcó todo el coño con su boca, hacía fuerza y me levantaba hacia arriba, yo sentía que perdía el contacto con el suelo, me cogió de las caderas y me levantó hasta quedar él, de rodillas con la cabeza fuera del agua y echada hacia detrás y yo sentada en toda su cara, con el coño en su boca.

Fue soberano, me metió la lengua hasta el útero. Yo me apoyaba en sus hombros por miedo a perder el equilibrio y además me servía para cabalgarle los labios, el paladar, los dientes, y esa lengua que no paraba, dura y guerrera… De nuevo me corrí. Me bajó de su cara a tierra firme, uno enfrente del otro, sentados en la arena, abrió sus piernas e hizo lo mismo con las mías, me atrajo hacia él y otra vez de nuevo al galope, yo eché el tronco hacia detrás y él amasó mis tetas (no os lo he contado pero con tanto masaje he ganado una talla de sujetador, ahora es la 120, y además las tengo más firmes y turgentes que nunca, os lo recomiendo) y estrujó mis pezones hasta hacerme gritar, me besaba con esa boca llena de mis flujos vaginales e hizo que me corriera de nuevo.

Eran las 6 de la tarde, ya oscurecía, mi negro llevaba una hora empalmado, me había dado tres orgasmos y tenía que agradecerle todo eso. Le hice un masaje por todo el cuerpo con los pezones mojados (tamaño chupete) y bien erguidos y mi coño lleno de jugos. Abrí bien su culito y le metí un pezón por el ano, a la vez le toqué los huevos como si fueran bolas chinas y le pellizqué el glande con los dientes hasta que la verga estuvo a punto de reventar. Acabé haciéndole una cubana, mis enormes tetas eran proporcionales a su gran verga. Me gustaba coger con la boca la cabeza de su polla, allí en medio del enorme surco que dejan mis tetas, apretarla y moverla arriba y abajo hasta que él ya no puede más. Según mi negro ni la puta más puta, lo hace mejor. Se corrió, me llegó hasta la garganta y me tragué todo su semen (debe ser un buen remedio para la hipertensión, pues ya no la padezco), y lamí su polla hasta dejársela en estado de revista. Me besó, como siempre, con pasión y deseoso de volver a empezar otra vez. Nos metimos de nuevo en el agua para limpiarnos de tanto jugo corporal, después nos vestimos y fuimos al cine y a comprar algo para la cena.

Cuando volvíamos a casa, estaba esperándonos “el 1er regalo de placer”. Era un mulato soberbio. 1,80 de altura, espaldas anchas, culito estrecho, buen paquete, pelo muy corto, labios sensuales y unos ojos verdes muy expresivos. Mi negro me lo presentó, el nuevo iba lanzado me saludo con un soberano morreo y unas caricias nada inocentes en el culo, yo le respondí exactamente igual. Cenamos y nos servimos unas copas de cava. En cuestión de media hora nos habíamos cepillamos una botella y empezamos la segunda. Tomamos unos pasteles de trufa y licor. Sobraron algunos. El “1er regalo” jugueteaba, manchándome la nariz y el escote con la trufa y después se acercaba y lo lamía. El ambiente se estaba caldeando. Mi negro nos miraba inexpresivo.

Yo necesitaba desinhibirme, me tragué otra copa de cava. Estaba un tanto violenta delante de la situación que yo misma había provocado. Mi negro me sugirió que me pusiera el conjunto de lencería sexi que me había regalado. Subí a la habitación y me duché. Después me puse el sujetador y el tanga. Me miré al espejo, me sobraban todavía unos cuantos kilos, pero con ese conjunto que dejaba ver mis pezones-chupete y mi chochito depilado y gordito, podía poner cachondo al más frígido. Yo ya estaba caliente y húmeda. Abrí la puerta del baño y de poco me mareo, dos vergas gigantes estaban mirándome. Se acercaron y me empujaron suavemente hacia la ducha. En la ducha tengo colocadas unas espalderas para hacer gimnasia, mi negro me las hizo subir y me colocó colgada de la última barra, sentí un poco de vértigo y de dolor en los brazos, pero mis pezones denotaban mi excitación y mi vagina se dilataba y sudaba. Me roció la boca, las tetas, el vientre y el coño con el cava y los pasteles de trufa que había sobrado. Me dijo que le apetecía tomarlos así.

Mi negro se puso de pie debajo de mí y colocó su boca, por el orificio del tanga, sorbiéndome y comiéndome el chocho, sabía a cava, a trufa y a flujo, su polla cada vez estaba más grande. Me dijo que me soltara y dejara caer todo mi peso en su boca, como en la playa, empezó a follarme con la lengua. El “1er regalo” subió por las espalderas y me lamió las tetas, mordió los pezones y empezó a sobármelas y mi negro seguía comiéndome el coño y follándome con la lengua. Me corrí. Le puse la cara perdida de flujo. Cambiaron la postura. Ahora, mi negro arriba y el “1er regalo” abajo. Mi negro me acercó su cara para que lamiera todos los restos, me dio un morreo que parecía una follada bucal. Era un amante excepcional. Sabía lo que me ponía cachonda en todo momento. El “1er regalo” no estaba mal, pero no era lo mismo. Mi negro me dijo al oído que me quería toda para él, pero que por esa noche aceptaría mi deseo de compartirlo. A pesar de la excitación del momento y de la postura rara que teníamos, me dio tiempo a comprender que estaba un tanto celoso.

Mi negro me bajó al suelo, me abrió las piernas, el “1er regalo” se metió debajo y empezó a morderme el clítoris. Mi negro se puso de pie y empezó a embestirme la boca con su enorme polla, me llegaba hasta la laringe, me ahogaba, no me dejaba disfrutar del trabajo que me hacía el “1er regalo”. Mi negro me empujaba cada vez más fuerte la cabeza en dirección a su polla y no paraba de gemir de placer y me decía: querías sentirte como una putona, pues ya lo has conseguido, las putas no eligen, sólo tragan. Me cabreó pero a la vez me puso más cachonda y con más ganas de ponerlo celoso. Me zafé de sus manos y de su polla, retiré de mi coño al “1er regalo”, lo estiré en el suelo y empecé a tocar su magnífica verga, le restregué otro pastel de trufa y licol y empecé a comérsela como una auténtica profesional, le hice una cubana igual que las que le hacía a mi negro. El “1er regalo” se corrió dentro de mi boca, dejé que su verga se pusiera blandita y sin sacarla empecé a ponérsela a tono, mordiendo sus huevos, su glande, lamiendo sus surcos y tragándomela toda. Seguía con la mamada y mi negro no se perdía detalle, me cogió de las caderas, separó la tira del tanga y me metió dos dedos y después me enculó de una sola embestida.

Me hizo daño, y él lo sabía, empujaba fuerte el cabrón, iba a partirme en dos, era de las veces que empleaba más fuerza, empujaba y dejaba caer todo su peso sobre su verga, yo aprovechaba sus embestidas para darle el mismo ritmo a la mamada que le estaba haciendo al “1er regalo”, éste se corrió sin remisión a la tercera embestida. Mi negro seguía maltratándome y me destrozaba de dolor y de placer, gritaba como una posesa, él salía de mi culo y se metía en mi vagina, y así un buen rato y a mi me volvía loca, le lleve las manos a las tetas, tiró del sujetador y me las estrujó con fuerza, yo daba alaridos, me iba a romper, pellizcó con fuerza los pezones, a la vez que yo sentía sus huevos golpear contra mi culo y así siguió unos instantes hasta que me corrí por segunda vez. Después mi negro se estiró en el suelo con ese miembro mirando al techo, me senté encima, quería más, se la dirigí hacia mi agujero chorreante, aprete y me la tragué de una vez. Él estaba pasivo, yo me movía arriba y abajo y el “1er regalo”, ya recuperado, se colocó de pie, con la verga señalando mi boca, de espaldas a mi negro, y me empujó la cabeza hacia él, para que me la comiera. Que gusto me daba, dos pollones perforándome a la vez, una por abajo y otra por arriba. Nos corrimos los tres a la vez. Era la 1 de la mañana. Nos duchamos. Estabamos exhaustos. Llevábamos 2 horas follando sin parar. Mi negro prácticamente ni me miraba. Fuimos a la cama los tres juntos. Yo me coloqué en medio de los dos. Dormimos bastante rato.

Me desperté a las 5 de la mañana, me parecía un sueño estar rodeada por dos tíos imponentes y con unas dotes sexuales nada desechables. No me reprimí, era mi cumpleaños y quería disfrutarlo a tope. Cogí una polla en cada mano y empecé a agitarlas. Ellos estaban durmiendo boca arriba, me puse en medio de los dos, con la boca a la altura de sus miembros. Se despertaron y me miraron sorprendidos, les dije que se pusieran más juntos, seguía agitando sus vergas y alternándolas, ahora chupaba una, ahora la otra. La de mi negro no respondía bien. Se notaba que estaba mosca. A fuerza de dedicación respondió. Mi negro me dijo que saliera de la cama y se puso de pie junto a mi. Me levantó, pasé las piernas por encima de sus caderas y me la insertó. Él “1er regalo” se colocó detrás, me lamió el agujero, se ensalivó la verga y me la metió. La postura era incómoda, no quedaba a la medida. Intenté tocar el suelo pero no pude.

Estaba colgada de enormes vergas, que me tenían clavada por delante y por detrás, con un vaivén que me mareaba y dolor intenso. Era una sensación extraña, parecía una muñeca, las embestidas de mi negro se juntaban dentro de mí, con las del “1er regalo”, tenía la sensación de que las puntas de sus cipotes se tocarían dentro y me perforarían. Mi negro se acercó a la oreja y me dijo que ya se había cumplido mi fantasía sexual: ser el jamón de un bocadillo. Le mordí la punta de la lengua. Me estaban dando mucho placer, me sentí la puta más grande del mundo y la más afortunada. Me gustaba. Me corrí, no sé cuantas veces. El “1er regalo” se corrió el primero, sentí un chorro caliente que salía con fuerza y me recorría todo el ano. Sacó su verga y siguió salpicando semen por toda mi espalda. Se puso a lamerla como si tuviera hambre. Mi negro, se estaba poniendo enfermo, me demostró una vez más la potencia sexual que tenía.

Sacó su polla de la vagina, me cogió por el culo y me arrinconó contra las espalderas del baño, me cogí a una de las barras altas, puse las piernas encima de sus hombros y el metió su boca en mi coño, me lo maltrató, lo tenía escocido de tantas embestidas, me mordió, tiró con los dientes de mi clítoris, yo daba alaridos de dolor o de placer, todo junto. Me follaba con la lengua sin parar. Parecía una maquina de placer. Me corrí de nuevo. Salió de mi vagina con toda la cara empapada, se la lamí y le hice un morreo como nos gustaba a los dos, hasta la laringe. Seguía agarrada a la barra, me puso las piernas en sus caderas y tiró de mí hacia fuera, cambié las manos a una barra más baja, quedé como si estuviera estirada en una cama, pero estaba en el aire, con dos únicos apoyos: su elemento y una barra en la pared.

Me la insertó con violencia para castigarme por haber querido compartir el placer con otro tío. Sus embestidas me hacían perder el mundo de vista, alargaba sus manos hasta mis tetas para maltratarlas, tiraba de los pezones, me parecía que se salían. Con sus embestidas mis brazos cedían con riesgo a golpearme la cabeza en las barras de la espaldera, pero él no parecía darse cuenta, estaba siendo una máquina de follar y de dar placer. Al poco rato empezó a correrse, salió rápido de mi vagina, me puso de pie en el suelo y me disparó todo el semen en la cara y las tetas. Me lamió la cara y me morreó de nuevo, mordió mis pezones hasta hacerlos casi sangrar y yo volví a correrme. Empecé a llorar. Se dio cuenta, se disculpó y me besó en los párpados. Sabíamos que esta experiencia nos cambiaría la vida. Y así ha sido. Cuando acabamos, el “1er regalo” se estaba vistiendo, se despidió con un beso en la mejilla y se fue.

Nos duchamos con agua muy caliente. Tenía todos los orificios de mi cuerpo escocidos y doloridos. Mi negro me puso crema de caléndula en los pezones, en el chochito y en el ano. Me besó en el cuello y nos fuimos a la cama cogidos de la mano.

A las 12 de la mañana sonó el timbre. Era “el 2º regalo”. Una negra con unas tetas enormes, tal como yo la había pedido. Tenía labios enormes e iba muy maquillada. Daba el aspecto de putón. No me gustó. No sé por qué. Se veía muy sexi y cachonda y seguro que esa boca sabía dar placer. Empezaron mis celos, porque seguro que mi negro se la iba a tirar delante de mí.

Le dije que subiera a la habitación. Fui a la cocina a preparar café. Cuando subí me quedé perpleja, la tía estaba en pelotas y mamándole la polla a mi negro. Me senté en el sillón, me tomé el café y esperé a que mi negro me mirara. No lo hizo. Se dejaba hacer por aquella zorra. Se corrió enseguida, cosa que nunca le había sucedido conmigo. “El 2º regalo” se percató de mi presencia, vino al sillón, me retiró la taza de café, me quitó el batín, y se sentó encima. Con una mano empezó a acariciarme las tetas y a tirar de los pezones y con la otra me metió dos dedos en mi chochito. Me gustó, me sabe mal reconocerlo, pero me gustó y era una tía.

Supe que era bisexual. Bajó su cabeza a la altura de mi coño y empezó a comérmelo, me corrí. La llevé hasta la cama, nos estiramos y empezamos a acariciarnos, me estiré encima de ella, fue curioso ver como se juntaban nuestras enormes tetas, las movíamos con fuerza y cuando chocaban y se juntaban nuestros sexos depilados me daba un gran placer. Ella ya se había corrido y seguía metiéndome los dedos por la vagina empujando como si quisiera meter todo su puño, me puso muy cachonda. Me tenía rodeada, con una mano me trabajaba el clítoris y con la otra me follaba el culo.

Mi negro se estaba empalmando. Probé su chocho, hacía buen olor y estaba bueno. Se lo recorrí entero con la lengua, se la metí bien adentro y la tía se revolvía buscándome las tetas con la boca. Me gustaba la postura que teníamos, yo con los dedos dentro de su coño y ella comiéndome los pezones. Nos corrimos de nuevo. No la deje descansar, seguí con su coño y con la otra mano cogí la verga de mi negro y se la maltraté con fuerza. Se puso a tono y mientras yo mamaba el chocho de “el 2º regalo”, me la metió por detrás. Fue estupendo, sólo me tocaba a mí. “El 2º regalo” se corrió de nuevo y vino a buscar mi coño. Casi se juntaban su lengua y los huevos de mi negro. Me corrí al momento.

Estaba cansada. Mi negro la sacó de mí, se puso un preservativo, cogió “el 2º regalo” y la enculo con fuerza mientras yo miraba. Le retorcía los pechos, la besaba en el cuelo y se la follaba por el culo. Se la sacaba del culo y se la metía por el chocho. Y así hasta que eyaculó. Yo había contado el tiempo, 5 minutos. Me sentía celosa y cabreada, aunque conmigo aguantaba hasta una hora. Hice una reflexión: hasta ese momento no había recapacitado sobre su trabajo: hacer felices a mujeres que como yo lo había buscado para darse placer.

Nos duchamos por separado y “el 2º regalo” se fue. Eran las 2 de la tarde.

Nos estiramos en la cama, nos besamos y me dijo al oído con voz muy caliente: quiero que te separes de tu marido, yo cambiaré de trabajo y viviremos en pareja. Y de cuando en cuando, sin que te acostumbres, te haré regalos como los de ayer y hoy. Te quiero. Hicimos el amor durante toda la tarde. Nunca lo habíamos hecho. Siempre habíamos follado. Nos hicimos el amor durante horas.

Me separé de mi marido amigablemente. Mi negro se dedica a dar clases de inglés en una academia. Yo sigo trabajando con mi ex. Seguimos siendo buenos amigos. Él también ha probado el placer con otras y está disfrutando. Todos somos más felices que antes. Yo he adelgazado los kilos que me sobraban y cada día me veo mejor. Con mi negro, 8 años más joven que yo, vamos a adoptar un niño de Guinea, su país de origen. A mi negro ahora le llamo MI AMOR.

Os seguiré explicando los regalos de mi negro.

Autora: Cuarentona

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28 de junio

Le dije que me chupara el pene, lo hacía de maravilla, había momentos en que introducía totalmente mi pene en su boca, sus labios rozaban mi vello púbico, diría que parte del pene le tocaba  el esófago. Me estiré en la cama, ella se puso encima, al ponerse encima me cayó una gota de jugo vaginal en mi ombligo, estaba extremadamente excitada.

Hoy es el día de mi cumpleaños, todo está preparado para que vengan los invitados, estoy algo nervioso porque viene una invitada que no conozco, es la hermana de un compañero de trabajo, la chica vive con su hermano y tiene algo de fobia a la soledad y no quería quedarse sola en su casa, por lo tanto, vendrá con su hermano a la fiesta, y claro, no puedo decirle que no. ¡Ring! ¡Ring! ¡Ring! Me llaman al móvil.

– ¡Dime Carlos! – Carlos: Hola Cristian, llegaremos un poco más tarde, porque hay mucho tráfico, ¿de acuerdo?- Vale, he quedado con todos los invitados dentro de 2 horas. -Carlos: Haremos todo lo posible para llegar cuanto antes.-Venga, no tardéis mucho, que la fiesta empieza a las 6.-Carlos: Venga, hasta ahora.

Hoy he tenido un día muy estresante en el trabajo, he vendido más coches que nunca, pero estoy contento, estoy ganando mucho dinero ahora. Me dormiré un rato, la fiesta empieza dentro de 2 horas. ¡Ring! ¡Ring! Ya están aquí, voy abrir la puerta, acabo de escuchar la voz de Carlos, a ver qué tal está su hermana, nunca la he visto, estoy dispuesto a enrollarme con ella, si vale la pena, claro.

-¡Holaaaaa! ¡Qué tal! -¡Hola tío, que pasa! -¡Pasar, pasar!

No me lo puedo creer, pero que pedazo de hermana tiene Carlos, morena, pelo largo, ojos de color miel, y 175 cm aproximadamente, cuerpazo impresionante, no me la puedo dejar escapar, esta chica tiene que caer en mi cama hoy mismo.

– Mira Cristian esta es mi hermana Mónica. -Encantado guapa, ¡Mua! ¡Mua!, ir para el comedor y poneros cómodos.

He tenido que ir al lavabo a masturbarme no podía aguantar más, esta mujer me tendrá en tensión durante toda la fiesta, está claro que, esta noche será mía, aparentemente la he visto muy tímida, es una chica que está muy buena y a la vez introvertida, una combinación perfecta de morbo, siempre me han gustado las chicas así.

-Voy un momento al coche, me he dejado una cosa.-Vale Carlos, puedes ir, tranquilo que no me voy a ir. Mónica deja escapar una sonrisa.

Vaya, la chica esta me acaba de reír la gracia, me parece que le he caído simpático, es un punto a favor, la cosa va viento en popa. Que pensamientos más raros estoy teniendo, ahora que ha ido Carlos al coche estoy por decirle algo a Mónica, pero no puedo dejarme guiar por estos malos pensamientos, además, no quiero dejar mal a Carlos, no puedo hacerle esto, podría perder su amistad.

-¿Cuántos años cumples Cristian? -Mmm, 27. -¡ Ah! Como pasan los años, yo tengo 31 y parece que fue ayer cuando tenía 18, cuando eres adolescente estás deseando de ser mayor de edad, una vez lo eres se pasan los años volando.-Ya ves, que me lo digan a mí, que parece que fue ayer cuando celebraba mi último cumpleaños. Pero mira, la vida es así.

Si quiero hacerle algo, lo tengo que hacer ya, antes de que vuelva Carlos, podría perder su amistad, mejor que no haga nada, lo dejaré para más tarde, cuando acabe la fiesta, he comprado bebida y cuando esté un poco borracha, me la llevaré para la habitación.

-¡Ya estoy aquí! ¿Cuándo empezará a venir la gente Cristian?-Vamos a ver, son las 17:30, y he quedado con la demás gente a las 18:00, pues dentro de media hora Irán viniendo, a no ser que vengan antes.-Está bien, nos podríamos tomar unas cervezas mientras vienen, ¿no? -Vale, pero no te acostumbres. Mónica sonríe nuevamente.

Esto va mejor de lo que pensaba, Mónica se está riendo en cada comentario gracioso que le hago a Carlos, tengo que ser hábil en mis conversaciones, que Mónica se dé cuenta que soy un tipo gracioso. Si la trato bien y le caigo en gracia, tendré muchas posibilidades de llevarla a la cama, el problema está, en cómo llevarla.

-Tomad las cervecitas, a ver si os vais a emborrachar antes de que empiece la fiesta.-Mónica: Je je je-¡Joder! Cristian, pero si has comprado cervezas sin alcohol.-¡Anda! Se me ha ido el santo al cielo en el súper, ¡que torpeza tío! ¿Ahora qué?-No pasa nada, llévate estas dos a la nevera, tranquilo que no pasa nada.- ¿Y eso? ¿Y la cerveza de Mónica, qué?

-Perdona Cristian, no te lo había dicho, Mónica está tomando unas pastillas contra la fobia y no puede tomar nada que lleve alcohol.-Bueno, pues nada, espero que te lo pases bien sin bebida.-Tranquilo Cristian, estoy acostumbrada a ir serena por la vida.-Ah, perdona si te he ofendido, no era mi intención cariño, voy a llevar esto a la cocina.

La cosa empieza a ir hacia atrás, ni bebe y para colmo le ha sentado mal lo que le he dicho. Es igual, hay otras formas de llevarla a la piltra, tengo que tener la mente lúcida para no cagarla, un movimiento en falso y podría ser fatal.

-¿Pero qué es esto? -Ven a mis brazos cariño mío, ven y fóllame, fóllame, fóllameeeeeeee!

Esto no me lo puedo creer, como puede ser que este Mónica en el sofá desnuda y con las piernas abiertas, y dónde estará Carlos, si hace medio minuto estaban los dos en el salón, no le ha podido dar tiempo a desnudarse y a Carlos desaparecer, aquí está pasando algo muy raro.

-Vamos a follar, que Carlos está al llegar, date prisa Cristian, que Carlos vendrá y te comerá.-Eso está hecho muñeca, vamos para la cama.

La cogí de la mano, la estiré en la cama, empecé a tocarle la vagina, la tenía muy húmeda, le introduje los dedos que se deslizaban muy suavemente, tenía la mano totalmente lubricada de jugo vaginal, se le veía muy excitada. Acto seguido le dije que me chupara el pene, lo hacía de maravilla, había momentos en que introducía totalmente mi pene en su boca, sus labios rozaban mi vello púbico, diría que parte del pene le tocaba  el esófago. Me estiré en la cama, ella se puso encima, al ponerse encima me cayó una gota de jugo vaginal en mi ombligo, estaba extremadamente excitada.

Después, la puse a 4 patas, me dijo que era su postura favorita, el pene entraba con muchísima facilidad. Me corrí 2 veces dentro de ella. De repente abrió la boca y dio un fuerte grito de placer que hizo eco en toda la casa. Fue un rato inolvidable, cuando acabamos le dije que se vistiese que ya mismo empezaba la fiesta, pero no quiso y eso me preocupó bastante, ya mismo vendría la gente.

Salí de la habitación y cuando entré en el salón, habían unas 20 personas diciéndome: ¡Felicidades! Eran personas que no conocía de nada, tenían el rostro tapado, noté una sensación muy rara. Fui hacia la habitación y encontré a Mónica con un bebé entre los brazos que me decía:

-Papá, papá, ven conmigo, mamá te quiere, todo el mundo te quiere.

Giré la cabeza y vi como entraba Carlos por la ventana con una botella de champagne y decía:

-¡Enhorabuena Cristian, brindemos por el niño! Los tres cogimos una copa y cuando fuimos a brindar aparecieron todos los invitados en la habitación. De repente la habitación se convirtió en el comedor, había una mesa con Mónica desnuda estirada en ella y el bebé en brazos, y todos los invitados alrededor. Y dijo Carlos:

¡Salud por el niño, y todos gritaron, Saluuuud!

Cuando subí la copa para brindar se derritió y fui el único que no pudo brindar. Entonces todos me miraron a mí, y me pusieron cara de malos. De repente se tiraron encima de mí y me empezaron a golpear la cara.

-Eh tío, eh, despierta joder, que tío más despistado, la puerta de la calle estaba entreabierta, si fuese un ladrón ya te hubiera robado todo lo que tienes. -Joder, me he quedado dormido, vaya asco, todo ha sido un maldito sueño, vaya mierda vida. -Pero que estás diciendo tío, va, espabílate que faltan 10 minutos para que empiece la fiesta.

Sin duda, había sido todo un sueño, un sueño donde todo te lo imaginas bonito y fácil, pasé un buen rato, aunque solo fuese un sueño, incluso me había corrido en los calzoncillos.

Fue una fiesta muy divertida, bailamos, bebimos, etc. Cuando acabó la fiesta y todo el mundo se fue, me tuve que conformar con masturbarme con una peli porno. Nunca había visto una tía tan fea como la hermana de Carlos. En mis sueños la viví como una chica atractiva y sensual, conseguí follármela, incluso pude ver a nuestro hijo, es más, todos brindamos por nuestro amor y por nuestro hijo.

Autor: eternity_life_xy

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El regalo de cumpleaños

Comenzó a introducirme la cabeza de su pene con absoluta suavidad. Entró con mucha facilidad y siguió hundiendo hasta llegar al fondo. Yo no podía contener la excitación, sentía convulsiones de placer. Siguió bombeando dentro de mi hasta que dijo, me vengo, sentí un chorro de semen inundando mis entrañas. Siguió un poco más hasta asegurarse de haber expulsado todo.

Comenzaré por describirme. Soy un joven de 25 años. Soy muy pobre por lo que comparto un departamento con un amigo de mi edad. Él se llama Damián y es gay, es un chico tranquilo y casi nunca lleva a nadie al departamento sin embargo tiene mucha experiencia. Compartimos el departamento desde hace varios meses y sé que me tiene muchas ganas, en verano duermo con unos slips elastizados bastante ajustados al cuerpo y apenas tapado por una sábana o nada y puedo sentir como él me observa y hasta se pajea mirándome mientras yo me hago el dormido.

Pero por más que nos llevamos muy bien nunca había pasado nada hasta el día de su cumpleaños. Ese día yo no sabía que regalarle y no le compré nada, a la noche  vinieron unos amigos de él, varios de ellos gays tomamos cerveza hasta emborracharnos, comimos, contamos chistes, etc. Cuando ya era tarde, se fueron yendo hasta que quedamos solos de nuevo. Estábamos tan ebrios que no podíamos mantenernos parados, sobre todo yo, y él me llevó abrazado hasta su cama donde me acostó y me quitó los zapatos. En un torpe movimiento, simulando estar más ebrio de lo que estaba, él se tiro a la cama junto a mí. En eso yo le dije:

-¿Sabes? No sabía que regalarte para tu cumpleaños. -Pero lo pensé muy bien y ya se que te daré.-Yo no necesito un regalo. Contestó él.-Pero este te gustará.- ¿Qué es? Preguntó intrigado.-Esto. Respondí pasando suavemente mi mano desde mi cadera hasta mi pierna.

-¿Qué cosa?-Esto, mi cuerpo, para que hagas por hoy lo que quieras con el.- ¿De verdad? -Absolutamente, quiero darte el gusto, se que te va a gustar.-Claro que sí. Respondió. -¿Pero puedo hacer todo lo que quiera?-Todo lo que quieras hacerme o que te haga, solo dilo.-De acuerdo, entonces, quiero que beses. Me dijo para saber si era en serio.

No lo dudé ni por un instante. Tomé su cabeza y junté nuestros labios en un beso excitante. Él metió su lengua en mi boca como probando si era en serio y yo le correspondí de la misma forma. Comenzó a quitarme la ropa y yo su ropa apasionadamente hasta quedar ambos semidesnudos. En eso me detuvo y me tiró contra la cama como indicándome que me quede acostado. Bajó hasta mis slips y me los bajó con la boca. Mi pene estaba ya erecto y comenzó a mamarlo como todo un profesional. Comenzó lento y seguía cada vez más fuerte. Yo ya no daba más de la calentura y él eso ya lo sabía, entonces me hizo detenerme, tomó un pomo de vaselina y se untó una buena cantidad. Y me dijo:

-Quiero que me penetres.

Yo obedecí como si fuera una orden. Me puse detrás suyo y comencé a penetrarlo suavemente hasta alcanzar un buen ritmo. Qué fantástico que se sentía penetrarlo escuchándolo gemir como una yegua. Después de un rato así no puede aguantar más el, mete y saca, y terminé viniéndome dentro de él. Me tira a su lado, ambos estábamos empapados en transpiración, la cama estaba hecha agua del calor. Pero él todavía no había terminado así que me decidí a hacerlo.

Bajé hasta su pene que estaba erecto, y duro como hierro, en el camino le besaba y lamía su pecho y su cuerpo que estaba salado y húmedo por la transpiración. Y mientras él miraba comencé a chupársela. Lo tenía a mil, y eso me calentaba mucho a mi también. Me pedía que lo mirara a los ojos mientras se la chupaba, eso lo excitaba más. Pero la tenía tan dura que estaba a punto de explotar. Él me decía:

-Sigue, sigue. Pero yo lo detuve como lo hizo él. Era su cumpleaños, así que quería entregarle el regalo mayor. -Aunque me encantaría que terminaras dentro de mi boca, quiero que termines en un lugar mejor que habías deseado desde hace mucho tiempo.

Temblando de excitación me contestó:

-Por favor dime que no es un sueño.-Claro, que no, solo trae ese pomo de vaselina, y por favor se suave.

Así lo hizo. Me puso boca abajo en la cama, me separó las piernas, agarró el pomo y me rellenó de vaselina como un a un pavo. Exageradamente mucho, pero mejor estar preparados.

-¿Estás seguro de esto? Preguntó…-Ya abre tu regalo de una vez. Le respondí.

Se puso detrás de mí y comenzó a introducirme la cabeza de su pene con absoluta suavidad. Entró con mucha facilidad y siguió hundiendo suavemente hasta llegar al fondo. Yo no podía contener la excitación, sentía convulsiones de placer. Siguió bombeando dentro de mi en cámara super lenta. Después de un rato de tanto placer comencé a sentirme algo ansioso por tanta delicadeza así que comencé a pedirle:

-Más duro,… -¡Más duro!,… ¡Más duro!

Y así lo hizo hasta alcanzar un ritmo que renovó muestra mutua excitación. Yo comencé a gemir como él lo hacía, en parte por placer y en parte porque le gustaba. Siguió aumentando el ritmo hasta que dijo,

-Me vengo, me vengo. -Hazlo. Respondí, y  en eso sentí un chorro de semen caliente inundando mis entrañas.

Siguió bombeando un poco más hasta asegurarse de haber expulsado todo y salió de dentro de mí. Ambos estábamos tan cansados que solo nos quedamos tirados donde estábamos y pasamos la noche juntos.

Si te gustó el relato, aguardo tus comentarios…

Autor: Test1784

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La primera vez

Hoy acabaste con la virginidad de mi vagina, porqué no me das por el culo, si tú quieres podemos intentarlo mi amor, le dije, ella me ofreció lo que un hombre quisiera tener a toda hora, culo y coñazo juntos, besé su coño mientras le miraba el culo que iba a desflorar, le di unos lengüetazos y me incorporé, me puse tras de ella y con mi pene hacía que los jugos de su vagina impregnaran su ano.

Hola a todos los lectores que lean este relato, es la primera vez que me atrevo a escribir mi historia y es que al leer las que vosotros mandan, me han dado el ánimo para participarles de mi real vivencia sexual. Tengo 25 años y realmente mi testosterona siempre me ha hecho quedar bien, mi deseo sexual nunca decrece y cuando no puedo tener una mujer a mi lado para satisfacerla y satisfacerme, pues recurro a técnicas de masturbación realmente calientes.

Mi debilidad siempre han sido las mujeres y os voy a contar lo que me ocurrió con mi primera novia, vivía cerca de mi casa y era realmente una trigueña es-pec-ta-cu-lar, tenía un cuerpazo y por eso la asediaban los jóvenes de entonces, sin embargo conmigo hubo química y nos enamoramos, ella tenía una cara divina, unas nalgas impresionantes y voluminosas y unas piernas deliciosamente hermosas, bien torneadas que yo me imaginaba besando y abriéndolas a mi gusto, pero la verdad fue otra, ella tenía unos principios muy moralistas y no me fue posible desvirgarla sino dos años después de conocerla, no creáis que fue falta de morbo y tonterías mías, simplemente era de esas chicas bien difíciles, pero cuando ella cumplió sus 18 años, esa noche de fiesta logré alcanzar mi objetivo y convertirla en mujer.

Después de su fiesta, eran como las 3:00 de la mañana y estando toda su familia en el club donde ésta se realizó, su padre me pidió que llevara a casa su hija, porque realmente ella estaba cansada, la fiesta seguiría sin ella y obviamente sin mí, yo asentí gustoso porque dentro de mi morbo sabía que en casa estaríamos solos, pero yo ya estaba acostumbrado a que todo eran caricias y besos y nos mojábamos los genitales de la excitación, pero nada más, pero cual no sería mi sorpresa cuando al bajar del auto, ella misma me invitó a seguir a su casa y su cara de cansancio desapareció por arte de magia, ella estaba bellísima, y me dijo: todo esto fue una mentira, quería llegar a casa y quedarme a solas contigo, porque quiero que el primer día de mis 18 años me conviertas en mujer.

Esas palabras tan llenas de erotismo y sexo tan directas, me llenaron la cabeza de morbo y excitación, pero puse los pies en la tierra y pensé en que debía ser una madrugada muy especial y que debería portarme a la altura con semejante oportunidad, pensé entonces en ser el mejor amante para que su primera vez fuera realmente inolvidable.

Así pasamos a su casa y después de cerrar la puerta se aferró a mi cuello y yo a su cinturita de avispa y nos estrechamos en un beso larguísimo, donde nuestras lenguas y labios jugueteaban sin cesar, mis manos no aguantaron el nerviosismo y de su cintura bajé lentamente a tu culo, el cual empecé a acariciar suavemente, empecé a subir su vestido rosa brillante y empecé así mismo a besar el cuello y sus hombros desnudos, mis manos lograron apartar la tela de su vestido y tomar las nalgas de mi novia con firmeza, sus panties eran muy pequeños y la piel estaba a mi entera disposición, quise en un momento tomarle el coño encima de sus bragas pero pensé que sería mejor de otra manera, saqué mis manos de abajo y empecé a desabrochar su vestido, poco a poco, mientras sus ojos cerrados me denotaban su excitación, sus jadeos eran más fuertes y seguidos, al fin terminé de liberar el vestido y éste cayó, ofreciéndome el cuerpo escultural de mi novia, solo para mí, había llegado el momento de olvidar tantas caricias furtivas, tantos deseos inconclusos, tantas eyaculadas sobre sus panties, ahora todo iba a ser distinto, todo se iba a consumar, su cuerpo virginal estaba a mi disposición y mi pene estaba dispuesto a dar lo mejor de sí, nos estrechamos en un profundo abrazo y empecé a bajar recorriendo su cuerpo con mi lengua, mis manos hacían lo propio acariciando cada centímetro de piel, como pude…

Liberé su sostén, y llegué sin prisa a cada seno redondo, turgente, cuyos pezones erectos esperaban por mi lengua, cada pecho se ofrecía con tal delicia que ella mediante sus manos, hacía que no me olvidara que tenía otro esperando por mis besos y chupadas, mis manos ahora tomaban sus nalgas y yo las separaba para que su culo se estremeciera de placer, sus jadeos eran realmente hechizantes, cuando estuvo bien de mamadas a su senos, me levanté y la cargué, la llevé a su cama amplia y bien dotada, la acosté suavemente y ella se llevó la mano a sus pechos para seguirlos acariciando, yo me quité todo lo que tenía por encima de la cintura, mi cuerpo siempre fue orgullo para mí, un poco musculoso debido a que hacía gimnasio, me acerqué a ella y besé por unos instantes sus pechos, empecé a bajar poco a poco, llegué a su ombligo y con mi lengua hacía círculos en su piel, ella instintivamente abrió sus espectaculares piernas para que mi pecho se encajara en su pubis, mis manos tomaban ahora sus caderas y yo poco a poco me acercaba al encaje de sus bragas, las cuales besé desenfrenadamente mientras ella disfrutaba con goce y sin temor todo este preludio.

Tal vez estaba muy segura de este paso que iba a dar, porque pensé en algún momento que no era su primera vez, pero un rato después… confirmaría cuán equivocado estaba yo. Cuando logré llegar a pubis, el olor a sexo era evidente, la vulva de mi novia estaba rebosante, bajé un poco más sobre sus bragas de seda de color rosa y con mi lengua empecé a recorrer la forma de su vulva, imaginándome como sería, quería ya quitar ese trozo que me separaba de ella, pero este juego nos gustaba, los jugos lubricantes de su vulva empapaban exageradamente su panty, en ese instante en que ya era apreciable el tamaño de su clítoris para mi lengua, ella instintivamente levantó sus piernas, las juntó y me ofreció el espectáculo de sus piernas, culo y coño juntos, tomé sus panties y la liberé de ellos.

El espectáculo que me ofrecía mi novia en su primera vez, era digno de reyes, su pubis estaba realmente liso, sin rizo alguno, estaba depilado, y sus labios vaginales eran divinos, ella abrió aun más sus piernas, tomó la almohada y como pudo se la metió debajo para ofrecerme aún más su coño divino, el cual saboreé durante más de media hora, ella apretaba mi cabeza contra su sexo y se movía como en círculos y a veces arriba y hacia abajo, a veces ella metía sus dedos para jugar con mi lengua y ayudaba a abrir sus labios para dejar el clítoris bien al descubierto, yo lo chupaba, lo succionaba, lo rozaba, lo besaba y sus jugos eran cada vez más cálidos y brotaban tanto que mi cara estaba totalmente empapada, yo miraba a veces hacía su cara y sus gestos me excitaban aún más y podía ver sus senos a punto de estallar.

Yo estaba de rodillas y ella me pidió que me subiera a la cama, que ella quería hacerme lo mismo que yo le estaba haciendo, me trepé en menos de un segundo y quedamos de lado a modo de un 69, yo seguí chupando y ella tomó mi pene enormemente engrandecido, largo y gordo, y sentí como su cálida boca lo envolvía por primera vez, su lengua intentaba a veces hasta meterse en el hoyuelo de mi pene…

Ella lo tomaba con dulzura y recorría cada centímetro fuera y dentro, yo abría abajo su coño desnudo y lo recorría con delicia, su cuerpo temblada en unas oleadas extrañas durante toda la sesión y me imaginaba que mi novia estaba teniendo múltiples orgasmos, pero me parecían exagerados que tuviera tantos, tal vez estaba haciendo bien mi trabajo, pero esto mismo me lo confirmó ella al poco rato, ya que le dije que si seguía chupando mi pene de esa manera tan sensacional, tendría un orgasmo y me vendría en su boca, ella replicó entonces que sería maravilloso sentir mi semen en su boca y que era justo que eyaculara en ella, porque los que yo le había hecho sentir hasta el momento eran inimaginables.

Seguimos con placer extremo durante algunos minutos y no pude contenerme más, le advertí que me venía y ella apretó mis nalgas contra ella y mi pene atravesó su boca hasta su garganta, oleadas de placer invadieron mi cuerpo y mi pene turgente disparó ráfagas de leche cálida y espesa en su virginal boca, ella jugaba con placer con mi pene, lo metía una y otra vez, exprimía sus jugos hasta el máximo y la leche se la bebió toda, replicó que era un manjar, lo mamaba con tal lujuria que en un minuto estaba ya como si nada, estaba duro y diría yo hasta más grande, yo seguía lamiendo su vulva lentamente ahora, para no permitir que su vulva se habituara y perdiera de pronto algo de sensibilidad, cuando en un momento dado, sacó mi pene de su boca y me dijo, estoy realmente preparada, es el momento, esas palabras me transportaron al lugar donde los dioses se preparan para desflorar a las doncellas.

Me incorporé y le dije las palabras de rigor, llenas de ternura para prepararla para el momento, ella me dijo sin temor que cual debería ser la mejor postura para ser penetrada y le repliqué sin machismo que ella debería llevar las riendas, es decir, encima de mí, para que tuviese el control de la penetración, yo me acosté hacía arriba y mi pene estaba a punto, totalmente lubricado y parado como una mástil, ella con su pubis angelical desnudo y lubricado me iba a dejar ver el momento de la desfloración en primer plano, sus senos turgentes estaban super erectos, su cabello negro cubría sus hombros y sus piernas y su vientre plano me iban a hacer realmente loco.

Ella se acercó observando mi pene y lo miraba con delicia y picardía, se imaginaba ese momento después de muchos años en que solo nos habíamos excitado con caricias, esto era real y se consumaría al instante, ella se subió sobre mí, colocó sus piernas abiertas y se arrodilló y se sentó lentamente en mi verga, la cabeza se fue perdiendo de mi vista, sus labios vaginales apretados empezaban a ceder y a rodear mi pene, un pequeño quejido empezó a brotar de la boca de mi novia, pero su excitación era tal que el dolor que sentía era menos importante, al notar que la penetración era lenta, empuje un poco y ella soltó mi pene de su mano, y dejó que yo empujara.

El calor de su vagina era delicioso, mi pene resbalaba hacia adentro, ella dejó de hacer fuerza en sus piernas y literalmente se acopló y se sentó en mi verga, sacudió su cabeza hacía adelante, su cabello cubrió su rostro y se quedó allí un momento, volvió a echarse hacia atrás, apoyó sus manos en mis rodillas y me ofreció un vulva entreabierta y mi pene totalmente adentro, se levantó un poco y mi pene salió victorioso, mi novia no dejó que la cabeza saliera, pero el cuerpo de mi verga tiesa salía de un tono rosado producto de su desfloración y su lubricación.

Empezó a subir y bajar con frenesí, su vulva apretaba con furia y mi pene se batía con fiereza en su interior, empezó a moverse como una profesional, mi novia brincaba sobre mi carne y hacia de este acto un verdadero festín, comía cada centímetro y lo sacaba una y otra vez para embestirlo con violencia, la pérdida de su virginidad fue total, ella se echó hacía adelante y empecé a comerme ese delicioso postre, le tomé las nalgas para ayudarla a subir y bajar, mientras mis caderas se agitaban una y otra vez, en un momento ella se tumbó hacía un lado y yo la seguí, quedé ahora sobre ella y ella colocó sus piernas abiertas bien atrás, tocando sus propios hombros, me acosté sobre ella y empecé a entrar y salir de ella como loco, ella se veía claramente perdida de la excitación.

Estaba totalmente entregada a mi verga y su vientre contorsionaba y gemía de placer, se llevó el dedo pulgar a la boca para acallar sus pequeños gritos y quejidos y mi pene como roca tocaba su interior vaginal y su vientre tenía oleadas de placer, tenía uno y otro orgasmo y nuestras lenguas se retorcían entre ellas, sus uñas rallaban mi espalda y yo besaba sus senos también, quiero venirme contigo de nuevo, replicó, ella tuvo dos orgasmos más y cuando estuve listo le dije que no aguantaría más, eso la hizo venirse rápidamente y descargué mi leche en su interior, en ese punto el pene se hincha otro tanto y la vagina se contrae, por eso nos quedamos como perros, amarrados, llenos de pasión y sexo virginal, no quería dejarme salir de su intimidad, pero se le ocurrió otra idea más loca…

Hoy acabaste con la virginidad de mi boca, de mi vagina, porqué no me das por el culo, me dijo: ¡me quedé de una sola pieza!, si tú quieres podemos intentarlo mi amor, le dije: ella, se colocó en cuatro, me ofreció todo lo que un hombre quisiera tener todos los días a toda hora, culo y coñazo juntos, esta vez besé su coño de nuevo, mientras le miraba el culo que iba a desflorar, le di unos lengüetazos y me incorporé, me puse tras de ella y con mi pene hacía que los jugos de su vagina impregnaran su ano.

Además el semen de la eyaculación servía de primera y salía a borbotones de sus labios, la empape, tomé mi pene con la mano y empecé a empujar mi gran cabeza sobre el culito de mi novia, ella no se relajaba, tal vez por reflejo o instinto, pero eso no era problema, tome las dos nalgas, las aparté y su culo se entreabrió, acerqué mi pene y se lo empecé a embutir suavemente.

Ella ahora apretaba su esfínter y hacía que mi pene volviera a cobrar un tamaño grandioso, se agachó en la oscuridad de la sala, sacó mi pene ya duro de nuevo y lo besó con tal pasión que se paró como un resorte, ella me pidió que la cargara.

Así lo hice y cuando iba bajándola, ella echó su pubis hacía adelante, yo sentí su vulva contra mi pene y la ensarté hasta el fondo, ella me apretó con pasión y le hice el amor parado y ella rodeó mi cintura con sus piernas, así la cabalgué un rato mientras ella tenía intensos orgasmos, se la saqué, se agachó de nuevo y me la mamó hasta hacerme eyacular, se tragó mi leche y me fui feliz a dormir.
Ese era el momento porque en cualquier instante podría llegar su familia de aquella que era su fiesta de cumpleaños. Todos los días, durante mucho tiempo, seguimos conociendo las mieles del sexo en todas las posiciones y formas inimaginables, sin inhibiciones, pero mis ansias no quedarían ahí…

La hermana de mi novia me atraía aún más, ni que decir de la prima de ella y de su madre, una delicia de mujer madura de 49 años, y es que realmente era una familia de mujeres deliciosas, exuberantes, bien dotadas y lindas, que yo con mi personalidad conquisté siempre y cuya historia real continuaré muy pronto, porque logré “acabar” con todas estas mujeres de esta familia, no es fantasía, es real, y si me dais el voto de confianza, podré contarles quién estaba espiándonos esa madrugada y como disfruté del sexo con todas estas mujeres. Desde Colombia, les escribe un verdadero Casanova.

Espero hayáis disfrutado mi historia y gracias por excitarse conmigo, yo termino esto y voy a masturbarme un rato porque mi actual esposa no se encuentra aquí, sino, la cogería en esta misma silla, la haría mamar, le follaría la vagina, le succionaría los labios vaginales, le daría por el culo y haría que se tomará toda mi leche. Adiós.

Autor: Koronel

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