Historia morbosas: Jugando con fuego

Laura, de 35 años, y Carmen, de 30, eran hermanas y mantenían una estupenda relación. Pertenecían a una familia acomodada de banqueros y vivían en un barrio residencial de Madrid. Carmen se casó pronto, a los veinticinco, y había tenido dos hijas con Paco, su marido, abogado de profesión y de la misma edad que ella. Laura convivía con su novio de toda la vida, Pablo, un chico tímido, pero romántico y enamorado. Carmen dejó de trabajar cuando vinieron las niñas, sin embargo Laura dirigía la sucursal de un banco en el centro de la ciudad. Los cuatro solían salir juntos, quedaban los fines de semana, organizaban viajes y fiestas y algunas veces celebraban veladas en casa de una o de otra, incluso se quedaban a dormir. Por suerte para ellas, Paco y Pablo también se llevaban bien y compartían diversos hobbies. Jugaban al pádel, hacían senderismo o iban al fútbol. Físicamente, Carmen era más guapa que su hermana, era de mediana estatura y delgada, con media melena color castaño, ojos negros, fino trasero y pequeños pechos, una modelo que despertaba la envidia de muchos hombres. Laura tampoco podía quejarse de su físico, aunque estaba más rellenita que su hermana y se apreciaba considerablemente los cinco años que le llevaba. Era bastante alta, poseía un culo ancho y carnoso de nalgas fláccidas que se vaiveneaban en cada zancada, tenía pechos  acampanados de copa ancha y una melena pelirroja y ondulada, con la raya al lado, muy a los años sesenta. Solía ir muy bien maquillada. Sus ojos eran verdes y sus labios carnosos, y destacaba su piel, muy blanca, con la cara algo sonrosada y con algunas pecas en los pómulos. También resultaba ser más simpática que su hermana y todo el mundo confiaba en ella. A diferencia de Pablo, más atortolado y siempre pendiente de su novia, Paco, más dicharachero, pasaba de romanticismos y miraba el matrimonio como un río de monotonía a pesar de la extraordinaria belleza de su mujer, de hecho, alguna que otra vez se había corrido alguna juerga con los amigos y había follado con alguna puta. Pero se llevaba bien con su mujer, aunque mucho mejor se llevaba con su cuñada, con Laura.

Laura se sinceraba con él, solía confesarle sus inquietudes, sus problemas en el trabajo, le pedía consejos y Paco siempre estaba dispuesto para hacerle cualquier favor, lo hacía con más gusto que cuando se lo pedía su mujer. Ante cualquier disputa, con sus suegros, con Pablo o con Carmen, para él Laura llevaba razón y siempre salía en su defensa. Laura contaba con un aliado para cualquier cosa. Su cuñada era como su debilidad. A pesar de la estrecha confianza entre los dos, Laura nunca sacó de contexto la relación y siempre le vio como un buen amigo, que la defendía, que la mimaba, que la hacía sentirse bien, sin embargo Paco, más golfo, siempre sintió una atracción sexual por su cuñada, desde que la conoció diez años antes. Admiraba su cuerpo, sus pechos con formas de campanas y su culo de nalgas blandas, casi el cien por cien de sus fantasías se basaban en ella. En más de una ocasión había olido sus bragas sucias, le había tirado fotos en bikini para luego masturbarse, se la había imaginado de mil maneras, la había visto en camisón y una vez en paños menores. Cuando hacía el amor con Carmen, muchas veces se la imaginaba a ella. A pesar de sus sucios pensamientos, siempre la respetó y jamás insinuó sus deseos. Sabía que tales fantasías nunca traspasarían la realidad. Debería convivir con su obsesión en alguna parte de su mente retorcida.
Laura nunca detectó la inmoralidad de su cuñado, sin embargo una noche, cuando celebraban una acampada con la pandilla de amigos, todo cambió. Fue el comienzo de la perdición de Laura. Ella se encontraba con su hermana y sus amigas alrededor de la lumbre mientras los chicos jugaban a las cartas. Permanecía sentada en una silla con las piernas separadas. Llevaba unos vaqueros ajustados. Se fijó de casualidad en cómo su cuñado la miraba con otros ojos, embelesado en la bragueta de sus pantalones, cómo tratando de imaginar lo que se escondía detrás. No supo qué hacer en ese instante, si cerrar las piernas o hacerse la despistada. Le pareció normal, los chicos solían comportarse así. Mantuvo la posición permitiendo que su cuñado se deleitara con su entrepierna, incluso llegaron a intercambiar una mirada. Todo se quedó ahí, en una mirada llena de complicidad.
Con el tiempo sucedieron más miradas en momentos puntuales, cuando estaban los cuatro, cuando estaba a solas, con los suegros, con los amigos. Cuando hablaban, siempre la miraba a los ojos. Laura se sentía observada por su cuñado, a veces le resultaba incómodo, sobre todo cuando estaba en bikini o en casa con el pijama. La miraba de otra manera. Ella mantuvo el mismo nivel de confianza, tampoco quería equivocarse, por otra parte, muy en el fondo, no le desagradaba la idea de gustarle a su cuñado, no sabía exactamente la razón, quizás el morbo o quizás su físico, Paco era un chico guapo y elegante, un pijo, bastante más macho que el memo de su novio. El morbo se fue acentuando entre ambos con gestos que sobrepasaban la confianza. Se llamaban más a menudo, se tiraban más tiempo charlando, se mandaban mensajes y se daban situaciones un tanto comprometidas que la misma Laura provocaba. En una ocasión, en la piscina de la casa de sus padres, cuando Pablo se encontraba ausente, le pidió que le embadurnara la espalda de crema solar. Otra vez se cruzó con él en los pasillos. Iba con el albornoz abierto y en slip. Pudo fijarse en el bulto del paquete, casi llegó a diferenciar el relieve del pene. Laura se sonrojó, llegaron a mirarse, pero no cruzaron palabra. Fueron unos instantes embarazosos y fue incapaz de conciliar el sueño aquella noche. Otra vez se encontraban los dos a solas en el sillón viendo una película. Tanto Pablo como Carmen ya se habían subido, Pablo para dormirse y Carmen para acunar a la niña. De pronto Laura se levantó para irse a la cama y sintió una palmadita en el culo, una palmadita cariñosa de despedida que desbordaba la confianza, pero ella no le reprochó el gesto. Otra vez ella llevaba unos pantalones blancos y él le preguntó si llevaba tanga porque le veía el culo muy flojo, y ella le respondió afirmativamente con toda naturalidad. Paco se estaba excediendo con su abusivo comportamiento, pero en el fondo, a Laura le embargaba aquel morbo, incluso a veces se vestía con el fin de agradarle. Le gustaba que a veces le acariciara el brazo, que le pasara la mano por la cintura, que le dijera lo guapa que estaba o que  le diera una palmadita en el trasero.
La relación entre ambos se fue estrechando aún más. Las llamadas y los mensajes entre ambos, aunque en ningún caso eran insinuantes, aumentaron considerablemente. Paco tomó la costumbre de pasarse todas las mañanas por el banco para invitarla a desayunar, y ella, tuviera más o menos trabajo, le acompañaba encantada. Nunca faltaban los halagos, que si estaba muy guapa, que si iba muy elegante, y ella tonteaba hechizada ante aquel comportamiento seductor. Con el paso de los días, comprendió que su cuñado le gustaba como hombre, le conquistaba su carácter y sus maneras, incluso llegó a pensar en alguna fantasía erótica. Pero era el marido de su hermana pequeña y la relación debía dejarla ahí, en fantasías.
Un lunes a primera hora de la mañana, Laura se encontraba en su despacho del banco cuando recibió una llamada de su cuñado. Sugirió comer juntos en un restaurante de las afueras y ella aceptó encantada. Antes de las dos, Paco se presentó en la oficina. Iba trajeado y con su maletín. Saludó a Rodrigo, el interventor, un hombre cercano a la jubilación, bastante obeso, calvo salvo un hilo de pelo en forma de herradura, y con una densa barba canosa. Después saludó a Manuela, la cajera, una chica de veintidós años que llevaba poco tiempo contratada, de un físico espectacular, con la nariz puntiaguda, melena larga, pechos grandes y redondos y culo fino. Después irrumpió en el despacho. Su cuñada estaba espléndida. Enseguida se levantó para besarle en las mejillas. Vestía un traje gris de finas rayas blancas compuesto por una minifalda muy ceñida que resaltaba el volumen de su culo, una chaqueta y una blusa blanca con varios botones desabrochados para que se pudiera admirar su escote, donde se llegaba a apreciar parte de la ranura que separaba sus pechos. Llevaba medias de color carne y unos zapatos de tacón.
– ¿Nos vamos? – preguntó ella sonriente.
– No tengo coche.
– Cogemos el mío.
Mientras caminaban hacia el coche, ella marchaba ligeramente por delante con paso decidido. Su culo apretujado tras la falda se contoneaba en cada zancada y Paco no le quitaba ojo. ¿Cuántas ganas tenía de follársela?
– Estás muy guapa.
– Gracias.
Cuando Laura se montó al volante, las minifaldas se tensaron dejándole gran parte de sus muslos a la vista de su cuñado, que enseguida se percató de la visión. Al poco de arrancar y tras pisar el embrague y el acelerador continuamente, la falda se fue contrayendo hasta la cintura aumentando la visión de sus piernas hasta casi dejar visible las tiras laterales del liguero que sujetaba las medias. Laura sabía que su cuñado la miraba, pero no podía hacer nada y llegó a sonrojarse. Se le notaba en los pómulos por la blancura de su piel. Paco sacó el móvil y le tiró unas fotografías.
– ¿Qué haces?
– Estás muy erótica así.
Laura se miró las piernas unos instantes y enseguida volvió la vista al frente.
– Está dichosa falda… Anda, borra esa foto y no seas tonto…
– No pasa nada, estás muy guapa así. ¿Usas liguero?
– Sí, a veces, bueno, depende de la ropa.
La falda se corrió aún más por los movimientos de las piernas y dejó al descubierto la delantera de las bragas, unas bragas rojas de satén, muy brillantes. Paco se fijó en ellas, aunque no se transparentaba nada de lo que había detrás. Ella juntó las piernas todo lo que pudo para que viera  lo menos posible, pero, descaradamente, Paco se curvó para asomarse. Ahora se le veía casi toda la tira del liguero y la pinza sujeta a las medias.
– Qué bragas más bonitas.
– Son cómodas. Anda, no seas aprovechado.
Paco le soltó una palmada en el muslo.
– Tranquila, estás muy guapa.
El trayecto resultó embarazoso para Laura, pero de alguna manera gozó con el hecho de que su cuñado hubiese disfrutado. Tras aquella comida, una incontrolable pasión por él se desató en sus entrañas. Cuando se acostaba, trataba de reflexionar. Estaba llevando demasiado lejos aquel frenesí, comprendió que debía parar con aquello, que no podía ser, que era el marido de su hermana. Comenzaron los problemas con Pablo. Ya no le apetecía hacer el amor con él y continuamente alegaba alguna excusa. No le apetecían besos, ni caricias, comenzaba a sentir una mezcla de pena y de placer por estar, de alguna manera, engañándole. Su cuñado ocupaba constantemente sus pensamientos y ni siquiera lograba concentrarse en el trabajo. Deseaba que la llamara, que la sacara a desayunar, oír sus halagos, sabía que no podría ir a más y que debería conformarse con aquella relación superficial. No sabía si estaba enamorándose o solamente se trataba de una mera atracción sexual. Darle gusto le provocaba placer. Pablo, su novio, estaba preocupado por su repentino cambio de carácter, ahora se comportaba de una forma más ariscas y apenas mantenía relaciones íntimas. Se lo contó a Paco, pero su cuñado le aconsejó que no se preocupara, que seguro que todo se debía al estrés del trabajo.
Pablo pensó que su novia había dejado de quererle y un domingo por la mañana se lo hizo saber entre lágrimas. Se comportó con indiferencia, como si la preocupación de Pablo le trajera sin cuidado.
– ¿Hay otra persona? – le preguntó él cabizbajo.
– ¿Otra persona? ¿estás tonto?
– Algo pasa, Laura, ya no me quieres.
Ella, decidida, se levantó de la mesa.
– Mira, Pablo, estoy pasando una mala racha, ¿vale? Lo siento. Sería una buena idea que nos tomáramos un tiempo.
– Laura, por favor, no me hagas esto, nos queremos… Dime qué te ocurre, yo te ayudaré.
– Quiero estar sola, vete.
Desconsolado, Pablo preparó una pequeña maleta y se marchó de casa sin entender el insólito comportamiento de su novia. Nada más irse, Laura descolgó el teléfono y llamó a su cuñado para contarle que había discutido con Pablo y que éste se había ido de casa, maquilló la situación de tal manera que le hizo creer que había sido Pablo quien había tomado la decisión de marcharse y dejarla sola. Ejerció el papel de víctima a la perfección. Era consciente de su degenerado comportamiento, de que jugaba con fuego al darle alas a esa pasión por su cuñado, que estaba traicionando a su hermana, pero Paco la hechizaba con su sola presencia. No acertaba a saber si se había enamorado de él o sólo se trataba de una mera atracción sexual, o quizás una mezcla, una mezcla peligrosa de pasión. Tras una larga conversación se despidieron y ella auguró que su cuñado se presentaría en breve. Estaba en pijama y decidió cambiarse para él, sumergirse en ese arrebato pasional. Se arregló la melena y se perfumó, después se atavió con un camisón blanco semitransparente, de muselina, muy corto, el volante de la base quedaba muy por encima de las rodillas, con finos tirantes que le dejaban el escote muy flojo y la espalda a la vista, con los pechos sueltos y unas braguitas color crema de finas tiras laterales y una delantera igualmente de muselina. Para rematar su intención, se forró las piernas con unas medias blancas muy brillantes a juego con la tela del camisón. Estaba demasiado provocativa para recibir a su cuñado. Aguardó impaciente sin parar de fumar. El timbre sonó una hora después. Antes de abrir, se aseguró por la mirilla de que era él y respiró hondo, después le abrió la puerta. Al verla, Paco quedó deslumbrado. No se lo podía creer. Enseguida examinó las transparencias del camisón, sus braguitas, donde se apreciaba ligeramente la mancha triangular y oscura del vello de la vagina, su ombligo y sus tetas, balanceantes tras la gasa, de gruesos pezones y manchas circulares moradas que abarcaban casi toda la base. Se besaron en las mejillas.
Sus pechos se vaiveneaban en cada gesto.
– ¿Qué ha ocurrido?
– Ahora te cuento. Querrás un café.
– Vale.
Ella marchó delante hacia la cocina y él tras ella, fijándose en su espalda al descubierto y en cómo contoneaba el culo. Sus nalgas anchas y lacias se movían con las zancadas. Llevaba unas bragas muy pequeñas que sólo abarcaban una pequeña parte del culo, de hecho por encima de la tira se distinguía la parte superior de la rabadilla. Paco, electrizado, tuvo que sofocar su pene rascándose en la bragueta. Laura se sintió desnuda ante sus descaradas miradas, también algo culpable, pero la pasión que le transmitía la presencia de su cuñado superaba cualquier indicio de arrepentimiento. En la cocina ella le contó una falsa película acerca de la relación con Pablo y Paco no paró de fijarse en los detalles que se apreciaban tras las transparencias del camisón. Ella actuaba como si tal cosa, con una descomunal confianza que Paco no sabía cómo interpretarla, si como una provocación o como algo natural producto de la buena relación que mantenían. Ya no sabía qué pensar. Cada vez estaba más seguro de que su cuñada quería algo más que el simple tonteo y que no se atrevía a dar el paso por razones obvias.
– Por favor, Paco, me tienes que ayudar. Imagínate a mis padres y a mi hermana cuando se enteren…
Paco se acercó a ella y ambos se abrazaron. Él la rodeó por la cintura y la besó en la frente, percibiendo sus pechos apretujados contra la camisa. Las manos le acariciaron la espalda y ascendieron por ella hacia los hombros. Un tirante resbaló por el brazo, pero ella se lo levantó enseguida, antes de que el escote le liberara el pecho. El tacto de las manos en su espalda y su fragancia masculina multiplicaron el arrebato que se apoderaba de su mente. Sintió que las piernas le temblaban y pensó en su hermana Carmen.
– Sabes que puedes contar conmigo.
– Ya lo sé…
Temerosa, se apartó de él para servirle la taza de café. Paco no cesaba en mirarla con fijeza. Con la taza en la mano, su cuñado se sentó en el sofá y ella se mantuvo de pie ante él, como exhibiéndose. Paco no apartaba los ojos de su cuerpo.
– No sabes cuánto te lo agradezco, Paco, ya les conoces, todos se pondrán en contra de mí.
– No te preocupes, ven, siéntate.
Laura se sentó a su lado, en el borde, con las piernas juntas, como si quisiera ocultar sus vistas íntimas, no queriendo dar sensación de descarada, ligeramente mirando hacia él. La base del camisón coincidía con el final de las medias y dejaba a la vista unos centímetros de carne de sus piernas.  Ahora sus pechos se mantenían en reposo, aunque Paco no apartaba la vista de ellos.
– Gracias, Paco, sé que tú me entiendes…
Paco alargó el brazo derecho y le pasó la yema del dedo pulgar bajo los ojos, como para secarle unas lágrimas que no existían. Después le pellizcó cariñosamente la barbilla, a modo de niña buena, y le colocó algunos cabellos tras las orejas.
– Sabes que yo siempre estoy de tu parte -. Le acercó la cabeza con suavidad y le estampó un beso, primero en la frente y después en la mejilla, posición que la obligó a curvarse hacia él para que se aprovechara de una visión de sus pechos bajo el escote -. Tú eres mi niña y no quiero verte preocupada.
Laura volvió a erguirse, pero él no paraba de acariciarle la cara y de colocarle algunos cabellos revoltosos.
– Pero sabes que llevo razón, ¿verdad?
– No te preocupes más, estás tensa, ven, anda…
Le pasó el brazo por los hombros y la obligó a echarse sobre su regazo. Laura apoyó la cara en sus pectorales, por encima de la camisa, mirando directamente hacia la bragueta del pantalón, una bragueta que la tenía muy cerca, con el pecho izquierdo apretujado en el costado de su cuñado y el derecho sobre su vientre. Su cuñado la besó en el cabello y le acarició el brazo desde el hombro hasta la muñeca. Paco ahora disponía de unas vistas fascinantes de su cuerpo, de su espalda y de su enorme culo, aún cubierto por la gasa del camisón. Ella había flexionado las piernas y quedó tumbada, en posición fetal, con la cabeza apoyada en su regazo y las piernas juntas y dobladas. No paraba de acariciarla alisándole el cabello y deslizando las uñas por el brazo, disfrutando de aquel tacto tierno y de aquella piel blanca.
– Bueno, espero que todo se arregle – dijo ella -. Sé que Pablo es buena persona.
– Tú tranquila -. Ahora deslizó las uñas por la zona de la espalda que estaba al descubierto-. No quiero que mi niña se preocupe por nada.
Ella se contrajo ante las cosquillas.
– Vas a conseguir que me duerma.
– Tú relájate, lo necesitas.
Laura se atrevió a modificar la posición y se tumbó completamente boca abajo, con la mejilla derecha plantada encima de la bragueta, mirando hacia la hebilla del cinturón. Los brazos los dejó pegados a los costados y cerró los ojos, como si fuera a dormirse con las cosquillas. Notó el relieve de la verga que lentamente iba hinchándose. Confiado por la extrema docilidad de su cuñada, Paco tiró de la tela y le subió el camisón hasta donde pudo, dejándola en bragas, unas braguitas color crema de donde sobresalía parte de la rabadilla. Su verga terminó de hincharse y ella notó la dureza. Le pasó la mano derecha con suavidad por toda la espalda mientras continuaba alisándose el cabello con la izquierda. Tras darle varias pasadas, le atizó una palmada en el culo. Ella lo contrajo.
– ¡Auhh!
– Tienes un culito precioso – comentó sin pestañear, atento a cómo aquellas nalgas blandengues se movían tras la sonora palmada.
– No digas tonterías, está muy fofo.
Volvió a asestarle otra palmada, esta vez más fuerte, hasta le dejó señalada la mano en la piel blanca.
– ¡Auh! ¿Qué haces?
– Es precioso.
– No seas tonto y deja de tocármelo.
Ahora le pellizcó una de las nalgas tomando una buena porción de carne. Ella alzó el brazo y le asestó un manotazo.
– Paco, te quieres estar quieto. Anda sigue por la espalda…
Le pasó la palma por encima de la braga.
– Me encanta. ¿Por qué no usas tanga?
– Vale, sí, venga…
Paco le sujetó la braga y tiró bruscamente metiéndosela por la raja, dejándoselas a modo de tanga. Pudo deleitarse entonces de una vista completa de ambas nalgas, aunque enseguida ella se las sacó.
– Paco, por favor…
Él volvió a tirar y volvió a metérsela. Ella alzó el brazo, pero le sujetó la mano y sólo se sacó una parte. Una de las nalgas quedó completamente desnuda. Laura pareció darse por vencida. Paco le plantó la palma encima para acariciársela, pero en ese momento sonó el teléfono. Entonces ella se levantó con presura para dirigirse a la mesita. No se sacó la parte de la braga y Paco disfrutó  con el espectáculo que le ofrecía aquel sabroso trasero.
– Era mi padre – dijo volviéndose hacia él, con sus pechos balanceantes tras aquella gasa transparente -. Viene para acá.

Pablo le ha llamado. Me espera un buen sermón. Voy a cambiarme.
Paco asintió disgustado. Sólo le quedó verla alejarse por las escaleras y aquella última visión que le permitían las transparencias del picardías. Había sido una lástima, dada su excesiva docilidad, podría habérsela follado en cualquier momento. Abandonó la casa antes de que llegara su suegro. Tampoco quería escándalos ni levantar sospechas, sólo echar un buen rato con su cuñada. Pablo le vio salir de la casa y le asoló una ola de celos. Sabía que se llevaban bien, pero dado los trágicos momentos, en su mente se dibujaron inconcebibles situaciones. Perturbado, se echó a llorar como un niño pequeño. Más tarde telefoneó a Laura, pero no atendió ninguna de sus llamadas. Luego decidió probar con Paco y éste le aconsejó que se alejara de ella por un tiempo, que estaba muy afectada y necesitaba tiempo para ordenar su vida.

Al día siguiente, lunes, Laura volvió al trabajo en el banco, aunque no logró concentrarse en toda la mañana, hasta Rodrigo, el interventor, le preguntó qué le pasaba. Pablo le llamó en numerosas ocasiones, pero no atendió ninguna de sus llamadas. Sus padres y su hermana no comprendían qué pasaba, a qué se debía su actitud con Pablo, un chico bueno y encantador, ella sólo se excusaba alegando que últimamente discutían mucho y que se había cansado, que por un tiempo necesitaba estar sola. Todo era falso. La pasión por su cuñado y ese fogoso arrebato sexual eran los culpables de su comportamiento despectivo. Era consciente del juego peligroso, de la terrible traición, pero se trataba de un sentimiento irresistible. Aguardó impaciente una llamada de Paco. Le resultó raro que no la recogiera para desayunar, que ni siquiera la hubiese telefoneado. Tal vez había recapacitado, quizás fuese lo mejor para todos antes de que el asunto desembocara en un horrible escándalo. Almorzó sola, dudó si llamarle al despacho, pero quería comportarse como una ingenua, que él tomara la iniciativa. Por la tarde regresó a la oficina y a las ocho, cuando ya se disponía a marcharse, sonó su móvil. Era él.
– ¿Cómo estás, guapísima?
– Bueno, regular.
– Te noto decaída. Te dije que no te preocuparas por nada. En cinco minutos te recojo y tomamos una copa. Te vendrá bien.
– Vale.
Antes de un cuarto de hora, su cuñado, ataviado con chaqueta y corbata, se presentó en la oficina del banco. Ella estaba preciosa. Llevaba un vestido negro de hilo, enterizo, con la base por las rodillas, ajustado, de tela suave, con escote redondo. Calzaba unos zapatos negros de tacón aguja y llevaba medias negras. La blancura de su cara y sus carnosos labios pintados de un rojo fuerte destacaban con la oscuridad de las prendas. Se besaron en las mejillas y se dieron un cálido abrazo. Después se marcharon a un disco pub cercano. Sentados cada uno en un taburete, charlaron durante casi cerca de una hora y se bebieron casi cuatro copas cada uno. Producto de los efectos del alcohol, Laura se puso a bailar moviendo el esqueleto locamente. Paco sólo la observaba. Estaba bastante borracha. Tras un rato sin parar, bebió un largo sorbo de la copa de Paco y, sofocada, se apoyó en él, entre sus piernas, de espaldas, con su amplio culo apoyado en la bragueta de su cuñado. Paco la abrazó entrelazando los dedos en su vientre y apoyó la barbilla en uno de sus hombros. Le estampó un beso en la mejilla.
– Me encantas, eres mi niña. ¿Sabes que estuve enamorado de ti antes de conocer a tu hermana? Siempre me has gustado. En realidad, tú eres mi tipo. Me gusta tu carácter, tu físico, me gusta todo de ti. Me hubiese encantado terminar contigo. Eres mi amor platónico.
– ¿De verdad? – sonrió ella.
Paco acercó los labios a su oreja para susurrarle.
– Me pones a cien cada vez que te veo…
Ella meneó sensualmente su culo refregándolo por el bulto de la bragueta. Notó con claridad el volumen del pene.
– No hace falta que lo jures…
– No dejes de moverte… – susurró a modo de jadeo, con los ojos entrecerrados.
Esta vez echó el culito hacia atrás para sentirle mejor. Notó la longitud y el grosor de la verga en su trasero.
– No seas tonto, somos cuñados, mi hermana…
– ¡Chsss! Hoy eres mía, hoy quiero jugar a que eres mía. Retrocedamos en el tiempo. Esta noche imagina que somos novios.
– Tú me gustas, Paco, pero estamos jugando con fuego.
– Es sólo un juego. Nos estamos divirtiendo, ¿no? ¿Damos una vuelta?
– Como tú quieras – aceptó ella.
Al salir del local, Paco le pasó el brazo por los hombros y ella a él por la cintura. Caminaron hasta el coche abrazados como una pareja de novios. Cortésmente, él le abrió la puerta y después se montó al volante. Laura había cruzado las piernas montando la izquierda encima de la derecha.
– ¿Dónde vamos? – preguntó ella.
– Recuerda que somos novios.
– Paco, no seas bobo…
Él extendió el brazo derecho para acariciarle la cara y el cabello. Luego le asestó una palmadita en el muslo, por encima del vestido. Ella ni se inmutaba. Volvió a extender el brazo y le acarició el muslo arrastrando el vestido hasta la cadera, dejándole la pierna al descubierto. Las medias negras terminaban hacia medio muslo, y Paco deslizó la palma por encima hasta la ingle, palpando aquella carne fría y blanca.
– Estás tan buena – la mano regresó en dirección a la rodilla y la metió bajo la media -. Tienes un polvazo.
Ella se reclinó en el asiento cuando Paco retiraba la mano para tomar una curva. Se miró con sigilo y comprobó su erótica posición.
– Estoy mareada, no estoy acostumbrada a tanto alcohol, deberíamos irnos…
Paco volvió a plantar la mano en su muslo arrugando más el vestido en la zona del vientre, dejando a la vista la delantera de sus bragas, unas bragas negras de satén, muy brillantes, aunque sin transparencias. Descruzó las piernas y entonces él aprovechó para deslizar la mano por el interior del muslo hasta que el canto de la mano rozó la tela de satén. Le acarició la otra pierna y se las separó para disponer de una mejor visión de las braguitas negras. Pero tuvo que sujetar el volante para una nueva curva.
– Eres preciosa, me vuelves loco.
Esta vez dio una pasada por sus tetas, por encima del vestido, pero no se detuvo y bajó a las piernas para manoseárselas por todos lados. Miraba hacia el frente y volvía la cabeza hacia ella para no perderse detalle. Atrevidamente, esta vez tiró del vestido hacia arriba para levantárselo. Obediente, Laura elevó el trasero del asiento para que él lo subiera unos centímetros por encima del ombligo, a modo de jersey, dejándola completamente en bragas. Se fijó en la fina tira lateral del costado y metió la mano por debajo acariciándole lo que pudo de la nalga. Ella con los ojos entrecerrados, simulando los efectos del alcohol, se reclinó en el asiento apoyando la cabeza contra la ventanilla. Dados los incesantes manoseos, notó que se corría, que las bragas se le humedecían. La palma le acarició con suavidad el vientre y bajó despacio hacia la vagina, por encima de las bragas, pero enseguida volvió a subir para meterla bajo la tira lateral y regresar por la pierna. Tras cinco minutos de incesantes manoseos, Paco detuvo el coche cerca de una oscura alameda. Ella se bajó  para tomar el aire y el vestido cayó cubriéndole las piernas. Paco rodeó el vehículo y se dirigió hacia el otro lado. Se apoyó de espaldas y la cogió de la mano para acercarla. Su cuñada se dejaba manejar dócilmente. Pegó  el culo a su bragueta y lo meneó ligeramente percibiendo su verga. Paco la rodeó por la cintura besándola en la nuca y en las orejas.
– No dejes de moverte – susurró.
Apoyó la nuca en el hombro de su cuñado, relajada, mirando hacia el cielo estrellado, sin dejar de refregar sus nalgas por la bragueta.
– Paco, deberíamos irnos, esto no esta bien.
– Hoy quiero estar contigo.
Paco tiró con suavidad del vestido y se lo fue subiendo hasta dejarlo por encima del ombligo. La dejó en bragas presionando la bragueta contra aquellas nalgas que se meneaban sosegadamente. Temerosa de lo que estaba a punto de suceder, dio media vuelta en los brazos de su cuñado para colocarse frente a él. Paco metió las manos bajo el vestido para deslizar las yemas por su espalda, elevándolo aún más, casi hasta la base de los pechos.
– Paco es tarde y nos estamos pasando.
– Tranquila -. Le estampó un beso en los labios -. El juego no ha terminado -. Volvió a besarla -. Relájate.
– Esto no esta bien, Paco – lamentó sin dejar de mover la cadera, sólo que esta vez era su vagina la que rozaba aquel enorme bulto. A pesar de sus destellos de arrepentimiento, el tacto de aquellas manos y el roce con su pene la estaban poniendo muy cachonda -. No quiero hacerle esto a mi hermana.
– Sólo estamos pasando un buen raro. Relájate. Eres tan hermosa.
Paco alzó la mano derecha y le pasó la yema del pulgar por los labios. Ella suspiró entrecerrando los ojos, sintiendo que volvía a mojar las bragas. Introdujo el dedo entre ambos labios y deslizó la yema por los dientes. Abrió la boca y se lo empezó a chupar muy despacio, como si lamiera un diminuto pene. Luego retiró el dedo y pasó la palma abierta por todo su rostro. Le revolvió el cabello. Ella frunció el entrecejo al sentir los flujos vaginales.
– Bésame – le pidió él.
– No, Paco, ya está bien, es mejor que nos vayamos.
– Bésame.
Laura le miró a los ojos y un segundo más tarde se lanzó a besarle apasionadamente, con los labios unidos y las lenguas entrelazándose. Paco aún le acariciaba la espalda bajo el vestido, pero muy despacio fue bajando las manos hasta plantar una en cada nalga. Se las apretujó para unirse más a ella, que aún meneaba la cadera rozando la entrepierna en su bragueta, como si estuviera masturbándose con el roce. Metió las manos por dentro de las bragas y le estrujó las nalgas acariciándolas con rabia. Continuaban besándose. Ella tenía los brazos en sus hombros. Paco tiró de las tiras laterales y se las bajó unos centímetros dejándola con el culo al aire. Enseguida le sobó el culo nerviosamente, pellizcándole aquellas nalgas tan blanditas, abriéndole la raja y pasando la yema por su ano.
– Tócame.
– No, Paco, por favor, ya basta, no hagamos algo de lo que podamos arrepentirnos.
Ambos hablaban a modo de jadeos, cachondos por aquella situación tan lujuriosa.
– Sólo un masaje.
– Vámonos, Paco, esto no está bien…
– Cállate, coño, tócame…

Laura fue atizada por un fogonazo de pánico, pero aún así bajó el brazo y plantó la palma de la mano encima de su bragueta para refregarla con lentitud por todo el bulto. Notó el relieve del gigantesco pene y el volumen de sus testículos. Estaba completamente empalmado. Paco, fuera de sí, continuaba sobándole el culo  y separando sus nalgas para abrirle la raja. Ella deslizaba la mano sin apretar. Unos segundos más tarde, retiró las manos del culo para comenzar a desabrocharse el cinturón. Laura le miró y también dejó de tocarle. El vestido cayó hacia su posición.

– ¿Qué haces? – preguntó con temor.
– No puedo más…
– Ya está, Paco, vámonos -. Se subió las bragas y se alisó el vestido cuando él se bajaba los pantalones – Déjalo ya, Paco.

Dio media vuelta y abrió la puerta, pero Paco la cerró bruscamente y la empujó contra el coche, de espaldas a él, como si fuera a cachearla. Le miró por encima del hombro, estaba en slip con la parte delantera bajo los huevos, sacudiéndose aquel grandioso pene que no pudo ver con claridad.
– Paco, déjame, qué haces…
– Súbete el vestido, vamos coño…
Obediente, se sujetó el vestido en la cintura e inmediatamente él tiró de las bragas y se las bajó hasta las rodillas. Se masturbaba vertiginosamente, sin apartar la vista de aquel culo blanco, aquel culo que tantas veces había deseado. Mantenía las piernas juntas y la penumbra le impedía una visión del coño, pero parecía conformarse y sólo le atizaba algunas palmadas en las nalgas. De vez en cuando, Laura le miraba por encima del hombro y trataba de fijarse en su polla, pero apenas pudo distinguirla por la oscuridad y la velocidad de las sacudidas. A pesar de la dominación que su cuñado ejercía sobre ella, volvió a sentirse húmeda, con los labios vaginales empapados de flujos. Entonces cerró los ojos y miró hacia delante, confundida entre el placer y el remordimiento. Se sintió como una puta a su disposición.

– Ábrete el culo – profirió Paco.
Echó los brazos hacia atrás y separó sus nalgas. Paco distinguió su ano en el fondo y abundante vello procedente de la entrepierna. Aceleró las sacudidas, acezado como un perro, sin apenas parpadear, sin perder detalle. Cuando notó que jadeaba más profundamente, Laura retiró las manos del culo para sujetarse el vestido. La raja volvió a cerrarse. Estaba a punto de eyacular y no quería que se lo manchase. Paco bufaba desesperado. Ella miró al frente y cerró los ojos. A los pocos segundos contrajo las nalgas cuando sintió la leche caer sobre su culo en forma de gotitas muy líquidas y dispersas. Varias hileras se deslizaron desde distintos puntos de las nalgas hacia las piernas y hacia la raja, inundando la rabadilla y alcanzando el vello del coño. Un pegote chorreó hacia las bragas y algunas gotas alcanzaron la liga de las medias. La dejó empapada. Cuando volvió a mirar él se estaba abrochando el cinturón con un cigarro en la boca. Con una mano se sujetó el vestido en la cintura y con la otra se quitó las bragas para secarse el culo con ellas, en presencia de su cuñado.
– Lo siento – se disculpó él -. Espero que te haya gustado. No he sabido contenerme.
– Eres un cerdo, Paco, me has hecho sentir como una fulana, me has humillado.
– Tú reconoces que eres una calientapollas.
– Me das asco, no me esperaba esto de ti.
– Lo siento, ¿vale? Me has calentado y se me ha ido la cabeza.
Terminó de secarse, aunque se notó el culo pegajoso, y tiró las bragas impregnadas de semen. Después se bajó el vestido y se lo alisó antes de abrir la puerta.
– ¿Ha terminado tu asqueroso juego, Paco? ¿Puedes llevarme a casa?
Durante el trayecto de vuelta, ninguno de los dos abrió la boca y cuando Paco detuvo el coche, ella se bajó aligeradamente hacia su casa. Se sentía avergonzada, humillada, con la dignidad rota, pero consciente de que ella había propiciado aquella embarazosa situación. Ignoraba qué sucedería, pero no debería repetirse. Realmente, para ella había sido morboso y fascinante, su cuñado estaba muy bueno, pero tendría que contenerse, por el bien de todos. Pablo, su novio, la esperaba oculto tras unos andamios. La vio bajar del coche de Paco y, tras un portazo, anduvo ligera hacia el portal. Los celos le comieron las entrañas. Le abordaron las sospechas de que su novia tenía un lío con su propio cuñado, el marido de su hermana. No podía ser, trató de descartar esa posibilidad, ambos se llevaban bien, quizás sólo habían quedado para hablar, ella se apoyaba mucho en él. Temeroso, se acercó hasta la puerta y pulsó el timbre. Ella abrió enseguida. Aún llevaba el vestido negro. No tenía buen aspecto, con un semblante demacrado y ojos llorosos.
– Hola, Laura. Perdona, pero, te he llamado, necesito hablar contigo. Te quiero.

Laura le invitó a pasar y le pidió que esperara, que tenía que ducharse, que luego hablarían. Sigilosamente, Pablo la siguió. La vio entrar en la habitación. A través de la ranura observó cómo se despojaba del vestido. Se sorprendió que no llevara bragas, sólo las medias. Se fijó en sus nalgas, coloradas en algunas zonas, como si hubiera recibido unos cachetes. A Pablo le tembló la barbilla producto de los celos. Aturdido, se frotó la cabeza, con ganas de ponerse a llorar de rabia. Tal vez había estado follando con alguien, casi seguro que tendría un amante. La imagen de Paco conquistó su mente. Sin embargo, cuando ella salió de la ducha y bajó al salón, le pidió perdón por su comportamiento, puso la excusa del exceso de trabajo, del estrés, reconoció que le habían surgido dudas acerca de los sentimientos hacia él, pero que sólo se había tratado de una crisis. Pablo respiró más tranquilo y alejó los fantasmas, aunque no quiso preguntarle sobre las bragas. Laura creyó conveniente reanudar su relación con Pablo y con ello normalizar su vida tras un lapsus tremendo e inolvidable. Lo sucedido con Paco no debía repetirse, por su hermana y por toda su familia. No habría forma de enmendar su error, pero al menos sólo quedaría como un ingrato recuerdo. Hizo el amor con Pablo aquella noche. Lo hicieron como casi siempre, él encima y ella abrazada a él, con los ojos cerrados, imaginándose que quien la follaba era su cuñado.

La relación con su cuñado fue deteriorándose con el paso de los días. Cesaron los mensajes cariñosos al móvil, cesaron las llamadas, dejó de pasarse por la oficina para invitarla a desayunar y cuando se juntaban los cuatro o en familia, apenas cruzaba una palabra con ella, ni siquiera la miraba, salvo lo necesario, lo justo para no levantar sospechas. Era lo mejor, sin embargo, Laura le echaba de menos, echaba de menos sus caricias, sus halagos, su morbosa dominación. A veces tenía que masturbarse irremediablemente para apaciguar los deseos. Siempre que su novio le hacía el amor, ella, mentalmente, lo sustituía por Paco. Pero su cuñado despreciaba su presencia y ya ni se fijaba en ella, por muy elegante que fuera. Se había vuelto más cariñoso con su hermana, como una forma de enmendar el error de aquella noche, y a Laura los celos le abrasaban las entrañas. Estaba volviéndose loca y el tiempo no la ayudaba. Transcurrió un mes. La relación era nula. Ni siquiera lograba concentrarse en el trabajo, su cuñado ocupaba la mayor parte de sus pensamientos. Una mañana decidió enviarle un mensaje al móvil, un simple qué haces, pero no obtuvo respuesta. Al día siguiente le telefoneó al despacho.
– ¿Paco? Hola, soy Laura, ¿te acuerda de mí? – bromeó.
– Hola, Laura. ¿Bien?
– Sí, sí.
– ¿Ocurre algo? – preguntó él con seriedad -. Estoy muy liado, Laura.
– Bueno, vale, no pasa nada, sólo era para saludarte…
– Hasta luego – le cortó.
La dejó con la palabra en la boca. Ya no le hacía el más mínimo caso, ya no significaba nada para él. Necesitaba revivir la experiencia de aquella noche. Estaba enloqueciendo, con los sentimientos desbordados por fantasías con su cuñado, incapaz de concentrarse, incapaz de conciliar el sueño. No sabía qué hacer, si pedirle directamente otro encuentro como el de aquella noche o intentarlo con la misma ingenuidad. Le necesitaba. El secreto se había mantenido guardado, nadie se había enterado ni tenía por qué enterarse y ella necesitaba una experiencia más, sólo una más o se volvería loca. Su hermana Carmen no había sospechado nada en todo el tiempo a pesar de los desplantes de Paco.
Desesperada, al día siguiente, a primera hora de la tarde, se atavió con un traje estampado de flores, muy ceñido, y se presentó en el despacho donde él trabajaba. Le encontró en su despacho muy afanado con el ordenador, vestido de traje y muy repeinado. Ella dio unos golpecitos en la puerta y él levantó la cabeza dando un repaso con la vista a su cuerpo, aunque enseguida retomó la tarea con el ordenador.
– ¿Puedo pasar?
– Pasa, siéntate. ¿Qué pasa, Laura?
– Bueno, he tenido que hacer una visita, y bueno, si me invitabas a un café.
– Estoy muy ocupado.
– El sábado es el cumpleaños de mi hermana. ¿Qué le vas a regalar? Para no coincidir.
– No lo sé, ropa interior.
– ¡Ah! Bien -. Incómoda, tragó saliva y se lanzó a una pregunta decisiva -. ¿Aún sigues enfadado?
– Lo siento, Laura, me pasé tres pueblos. Olvidado, ¿vale?
– Claro, Paco, por mi parte no pasa nada. Yo también te pido disculpas. Nos pasamos los dos. Fue un juego, ¿no?
Sonó el teléfono y Paco descolgó. Tras una pausa, tapó el auricular y se dirigió a ella.
– Lo siento, Laura, estoy muy liado. Ya nos veremos.
– Sí, sí, perdona, ya me voy.
Decepcionada, abandonó las instalaciones del despacho y se marchó a casa para masturbarse, que era lo único qué podía hacer para apaciguar su lujuria. Había pasado de ella, ya no quería saber absolutamente nada, ya no existía ninguna posibilidad de que reviviese una experiencia semejante con su cuñado. Sabía que era lo mejor para todos, pero iba a costarle huir de aquella ninfomanía. Tal vez estaba enferma y precisaba de la ayuda de un profesional. Aquella noche, su novio le propuso matrimonio y ella le contestó que sí. Hicieron el amor, aunque durante el acto ella tuviera presente a Paco.

El viernes por la tarde, Laura se encontraba en casa de sus padres. Vestía de sport, con unos tejanos ajustados, zapatos de tacón y una camiseta elástica blanca de escote redondeado que resaltaba el volumen de sus pechos. Se había hecho una cola de caballo y llevaba las uñas pintadas de rojo. Para su sorpresa, su madre le anunció que esperaba a Paco, que tenía que pasarse por allí para recoger unas sillas y trasladarlas al chalet, donde al día siguiente celebrarían el cumpleaños de Carmen. Se le presentaba una oportunidad única de estar a solas con él. No debía desaprovecharla. En el cuarto de baño, se arregló la coleta y se perfumó. Le hubiese gustado tener un vestido más provocativo, pero el pantalón acentuaba el trasero que tanto admiraba Paco y la camiseta dejaba entrever el volumen de sus pechos. Emocionada, aguardó la llegada de su amante. Temió que le acompañara su hermana Carmen y le desbaratara el plan, pero Paco se presentó media hora más tarde sin la compañía de su mujer. Se saludaron con un beso en las mejillas, él reparó en su figura durante unos segundos, aunque trató de no ser descarado. Estaba buenísimo. Llevaba unos vaqueros y una camisa de cuadros desabrochada. Se fijó en sus pectorales, fuertes y peludos, en sus abdomen atlético y en su paquete, aunque no pudo diferenciar ningún bulto. Hubo un par de miradas de complicidad. Laura se comportaba como si lo sucedido entre ellos no hubiese tenido importancia. Su suegra les puso café y charlaron más animadamente que la última vez que se vieron.
– ¿Y dónde vas? – le preguntó ella.
– A llevar las sillas para la fiesta. ¿Quieres venir?
– Vale.
Él había tomado la iniciativa, que era lo que Laura pretendía. Quería mantener el papel de ingenua y que él continuara con su papel dominante. Cargaron las sillas en el todoterreno de Paco y se marcharon a la finca. Durante el trayecto hablaron de trabajo, Laura le anunció su compromiso con Pablo y él se alegró fríamente. De vez en cuando la miró de reojo, sobre todo cuando ella separaba las piernas, aunque en ningún momento llegó a tocarla.
Ya en el chalet, se pusieron a descargar las sillas. Cuando ella caminaba delante, Paco fulminaba aquel culito donde vertió su leche. Gracias a los tacones, lo contoneaba con estilo. Se calentó al recordar aquel momento cuando se corrió en sus nalgas. Las tetas también se balanceaban bajo la camiseta. Estaba para comérsela y sabía que era una calientapollas a pesar de lo que ocurrió, que le gustaba el riesgo, que le gustaba jugar peligrosamente. Qué ganas de follársela, sin peligro de que nadie se enterara. Una de las veces, Paco se rascó la zona de la bragueta para comprobar su docilidad, pero ella ni se inmutó, como no se inmutó cuando le dio una palmadita en el trasero y le dijo que seguía muy guapa. Sólo sonrió agradeciéndole el halago. Cuando fueron al maletero a por las últimas sillas, Paco se quitó la camisa y se quedó desnudo de cintura para arriba. Ella miró su espalda corpulenta y sudorosa. Sólo su presencia y con aquel aspecto ya se ponía cachonda. Recogió las dos últimas sillas y Laura se fijó en una bolsa.
– ¿Y esa bolsa? ¿Es el regalo de Carmen?
– Sí.
– ¿Qué le has comprado?
– Ropa interior, como te dije. En Internet.
– ¿Puedo verlo?
– Claro.

Paco cogió las sillas y ella la bolsa y juntos entraron en el chalet. Él se abrió una lata de cerveza y se apoyó en una barra sin dejar de mirarla. Laura se sentó en el sofá y sacó las prendas. Primero desplegó el tanga de color negro, con la delantera de muselina, muy transparente, con finas tiras laterales engarzadas por detrás a una anilla gruesa plateada, de donde salía el fino hilo que iba metido por el culo. A continuación sacó el sostén, de blondas ovaladas, diminutas, lo suficiente para tapar los pezones.
– ¿Te gusta? – le preguntó él.
– Está muy bien. Muy erótico – sonrió.
– ¿Te lo quieres probar?
– Me quedará pequeño, mi hermana está mucho más delgada.
– Vamos, pruébatelo, y vemos cómo queda.
– Bueno, vale…
La situación subía de tono. Había conseguido llevarle a su terreno. Laura, emocionada, se dirigió al cuarto de baño. Cerró los ojos y suspiró antes de desnudarse, estaba muy cachonda. Se puso el tanga y el sostén y se miró al espejo. Parecía una puta. Las prendas le quedaban pequeñas y demasiado insinuantes, pero tras un nuevo suspiro, se calzó con los tacones y salió hacia el salón sólo con el tanga y el sujetador. Paco la vio venir reclinado en el sofá mientras le daba un sorbo a la cerveza. Se quedó perplejo al verla. La examinó boquiabierto. Las blondas del sostén cubrían justo la zona del pezón y dejaban a la vista casi todo el pecho, que sobresalía por abajo, por arriba y por los laterales. Ambas tetas botaban en cada zancada y ella tuvo que ajustarse las tiras anudadas al cuello para que no se le movieran las blondas. Bajó la vista, se recreó en su vientre plano y blanco, y se detuvo en la delantera del tanga, apretujado en sus carnes, con las tiras laterales hundidas en la piel. Las transparencias de la tela le permitieron distinguir su enorme coño, muy velludo, con abundantes pelillos que escapaban por las ingles y por la tira superior, como si la delantera de gasa fuese incapaz de cubrir toda la zona.
– Estás guapísima.
– ¿Te gusta cómo queda?
– Date la vuelta.
Tuvo que rascarse la bragueta cuando vio su desnudez, su espalda y su enorme y blando culito, con la brillante anilla en la cintura y el fino hilo metido en el fondo de la raja.
– ¿Queda bien?
– Perfecto. Trae una cerveza.
Anduvo hacia el frigorífico, de espaldas a él, exhibiendo sus encantos traseros, exhibiéndose ante su cuñado como una vulgar prostituta. Paco se fijaba en cómo se contoneaba aquel precioso culito donde él se corrió, en cómo se vaiveneaban sus nalgas fláccidas. De entre las piernas pudo distinguir más vello vaginal. Volvió a tocarse la bragueta sin importarle que ella se fijara cuando se giró para entregarle la cerveza. Paco la abrió para darle un trago mientras ella se mantuvo de pie, como aguardando una nueva orden.
– Siéntate, ¿quieres un trago?
– No, gracias.
Algo abochornada, se sentó en el borde del sofá, erguida, y cruzó las piernas girándose ligeramente hacia su cuñado, quien aún permanecía recostado, con las piernas extendidas. Laura se fijó en cómo sudaba a borbotones y en sus pectorales tan corpulentos y peludos.  Paco la miró y se lanzó acariciándole con suavidad la pierna, desde la rodilla hasta el muslo.
– Eres preciosa -. Le pellizcó cariñosamente la barbilla y la sujetó por la nuca para acercarle la cabeza y estamparle un beso en la mejilla -. Eres mi niña, ¿verdad?
Sonrió como una tonta.
– Claro.
Le soltó la horquilla que le sujetaba la coleta y le alisó el cabello.
– Así estás mejor -. Volvió a sujetarla por la nuca y bruscamente volvió a acercarle la cabeza, esta vez para besarla en la frente -. Qué buenas estás.
Laura se irguió de nuevo. Sus pechos se balancearon por el movimiento.
– ¿Cómo eres? – tonteó envuelta en la misma sonrisa estúpida.
Paco la señaló con el dedo.
– Me debes un masaje.
Su cuñada respondió con un suave manotazo.
– No seas malo, ¿vale?
Comenzó a desabrocharse lentamente el cinturón.
– Sólo será un masaje, en los testículos -. Fue desabrochándose los botones de la bragueta -. Me relaja mucho y tú sabes hacerlo -. Se bajó los pantalones hasta quitárselos y volvió a reclinarse con las piernas separadas. Laura notó que la vagina le ardía al verle aquellos muslos robustos y peludos, bronceados, y en aquel volumen que abultaba la delantera del estrecho slip negro que llevaba. El relieve del pene, echado a un lado, se distinguía con claridad -. Vamos, no seas tonta, me lo debes.
– Cómo eres, Paco.

Fascinada por el momento, extendió el brazo derecho y pasó con suavidad la palma por la zona de los testículos. Dio varias pasadas antes de estrujarlos tímidamente. Paco se relajó. Mientras ella le amasaba los testículos, él le revolvía el cabello y le acariciaba la cara. Laura permanecía fija al movimiento de su propia mano y en cómo la verga iba hinchándose cada vez más.
– Qué bien lo haces.
Le cogió la mano izquierda y la condujo hasta el pecho peludo. Ahora con la izquierda le acariciaba los pectorales y la barriga y con la derecha la zona de los testículos. Él, totalmente reclinado, rozándole la espalda con la yema de los dedos, emitía profundos jadeos con los ojos cerrados. Mientras, ella se corría en las bragas, notaba los flujos empapándole la entrepierna. Aún le estrujaba los testículos con suavidad cuando la sujetó de la barbilla y la obligó a mirarle.
– Mete la mano…
Con la misma obediencia, introdujo la mano por el lateral del slip y le agarró los huevos zarandeándolos vivamente. Los tenía duros y ásperos, con abundante vello. Se fijó en cómo se movían sus nudillos bajo la tela, en cómo la mano actuaba dentro del calzoncillo. La energía con la que le achuchaba los huevos hizo que parte del pene escapara por encima de la tira. Era un glande carnoso y afilado. La mano que acariciaba la barriga estuvo a punto de rozarlo. Paco bajó la mano izquierda, se agarró la polla y comenzó a sacudírsela pausadamente mientras ella le sobaba los huevos. Era una verga no muy gruesa, pero muy larga. Laura decidió bajarle el slip para hacérselo mejor y lo deslizó hasta quitárselo. Paco separó más las piernas. Enseguida retomó su tarea de manoseárselos mientras él se masturbaba con lentitud. Los estrujaba como si estrujara una esponja, sin peder detalle de la masturbación, sin cesar el masaje por sus pectorales y barriga.
– ¿Te gusta así? – le preguntó ella.
– Sí… – jadeó -. Sigue…
– Vas a conseguir que me ponga caliente – se atrevió como una  cachonda perdida.
Paco la miró.
– ¿Quieres seguir tú?
– Lo que tú quieras.
Paco soltó la verga y ella la agarró con la mano izquierda. Comenzó a sacudírsela sujetándola por la base mientras continuaba golpeándole los huevos con las yemas. Él relajó los brazos y las piernas mientras se la agitaba con un movimiento aligerado e incesante. Estaba haciéndole una paja a su cuñado, el marido de su hermana. Le abordó el temor, pero su ninfomanía alejaba cualquier tentación de arrepentimiento. Dada la vibración del brazo, la blonda derecha del sostén se fue deslizando hacia abajo y dejó una teta al descubierto, balanceándose al son de las sacudidas. Ni siquiera se percató, se mantuvo concentrada en aquella polla tan sabrosa. Paco alargó el brazo, la sujetó por el pezón y se la zarandeó bruscamente. Laura se quejó frunciendo el entrecejo. A continuación, le apartó la otra blonda y la dejó con las tetas al aire. Ella se la sacudía cada vez con más fuerza y le agarraba los huevos con más rabia. Él le acariciaba los pechos dándole pequeñas palmadas con las yemas. Unos instantes más tarde, la sujetó por la nuca y la acercó hasta él para besarla rabiosamente baboseando con la lengua dentro de su boca. Las tetas se aplastaron contra su costado sudoroso. Ahora le soltó los huevos y le agarró la polla con la derecha para masturbarle más deprisa. Se besaban con las babas chorreando de sus labios. Se la sacudía con agilidad, con las tetas empapadas del sudor del costado. Allí se encontraba, echada sobre su cuñado, haciéndole una paja. Dejaron de besarse. Paco echó la cabeza hacia atrás sin dejar de jadear. Laura volvió a incorporarse, de nuevo le sujetó la verga con la izquierda para poder sobarle los huevos con la derecha y aceleró las sacudidas procurando estrujar el glande, disfrutando del placer que le proporcionaba aquel tacto. Su cuñado la miró.
– Qué bien lo haces, cuñada.
– ¿Te gusta?
– Me encantaría ver cómo lo haces con tu novio -. Laura sonrió, atenta a cómo le masturbaba -. ¿No tenéis ningún video?
– No, Pablo esas cosas…
– Podías grabar uno…
– Anda, calla…
Paco volvió a relajarse apoyando la cabeza en el canto del respaldo y reclinándose aún más. Mientras su cuñada le zarandeaba la verga y los huevos, él se deleitaba achuchando sus tetas. A veces, la mano que le tocaba los huevos pasaba a sus muslos para acariciárselos, incluso le frotaba parte de la raja del culo que sobresalía por el borde. Su cuñada parecía fuera de sí, concentrada en hacerlo bien. En pocos segundos los jadeos se volvieron más intensos, por lo que Laura avivó más las sacudidas volviéndola a sujetar con la derecha. Un minuto después la polla salpicó leche en abundancia sobre la barriga de Paco. Ella continuó sacudiéndola hasta escurrirla mientras que con la palma de la mano izquierda esparcía las gotas de semen por todo el vientre, como si fuera una crema con la que embadurnar la piel. Luego Laura se dedicó a palparle la verga con suaves caricias mientras iba poniéndose blanda. Dominada por la lujuria, no pudo aguantar y retiró la mano de la polla para meterla dentro del tanga. Necesitaba tocarse, necesitaba aliviar aquel placer que hervía en su sangre. Paco sonrió al comprobar cómo se masturbaba embelesada en su pene fláccido. Se fijó en cómo la mano actuaba tras las transparencias de la prenda, refregándose el coño con ansia. Apenas parpadeaba y mantenía la boca abierta.
– Estás cachonda, ¿Eh?
Desesperada, utilizó la mano izquierda para tocarle el pene mientras trataba de calmar su vagina con rabiosos refregones. Le gustaría chupársela, pero no se atrevía. Retiró la mano izquierda del torso de su cuñado y la metió también dentro de la braga para frotarse el coño con ambas manos. La sensación lujuriosa resultaba inaguantable. Paco, sonriente, observaba ambas manos tras las bragas mientras irremediablemente la verga iba poniéndose dura. Su cuñada actuaba como una puta abriéndose el coño y metiéndose los dedos.
– Me has puesto muy caliente, Paco – jadeó -. ¿Quieres masturbarme tú?
– Levanta – le ordenó su cuñado.
Laura obedeció y se puso de pie retirando las manos de las bragas. Paco se irguió en el sofá, la sujetó de la mano y la condujo hasta detenerla entre sus rodillas. La obligó a darle la espalda.
– Bájate las bragas -. Deslizó la prenda hasta medio muslo y dejó su culito a pocos centímetros de la cara de su cuñado -. Inclínate.
Acató la orden y se inclinó hacia delante apoyando las manos en las rodillas. En ese momento, su cuñado le abrió la raja con ambas manos y hundió la cara hasta el fondo para lamerle el ano y parte del coño. Ella sentía el cosquilleo de la punta de la lengua intentando perforarle el culo. Otras veces la deslizaba por toda la rabadilla. De vez en cuando le escupía en el coño y después esparcía la saliva entre los labios y el vello. Sentía la presión de los pulgares apretujándole las nalgas para separar la raja. Se tiró más de cinco minutos lamiéndole el culo. Ella lo meneaba muy lentamente. Sintió que se corría en la boca de su cuñado. Al momento, Paco se reclinó en el sofá con las piernas separadas.
– Mastúrbame con tu culo, venga…
Laura, con las piernas juntas y las bragas a la altura de las rodillas, bajó el culo lo suficiente para rozar la enorme polla erecta. Y con las manos en las rodillas, comenzó a menearlo a lo largo de toda la polla, con el tronco insertado a lo largo de la raja. Paco sonreía observando a su cuñada de espaldas, casi sentada en su pene, haciéndole una paja con aquel culo blandito.
– Vas a conseguir que me corra otra vez – jadeó agitando la cabeza -. Joder… Ahhhh…
Laura no se pudo aguantar, dio media vuelta y se arrodilló entre sus piernas para sacudírsela con la mano derecha, velozmente, mientras utilizaba la izquierda para sobarle los huevos. Se miraban a los ojos. Ella cada vez se la meneaba más deprisa y su cuñado iba frunciendo el entrecejo. Hubiese querido chupársela, pero desistió de más iniciativas lujuriosas. En pocos segundos, la leche le salpicó toda la cara, incluso tuvo que mirar hacia otro lado porque algunas gotas le cayeron en los párpados y las cejas. Le manchó los pómulos y la frente, parte del cabello  y un goterón le cayó en la oreja. Tras escurrírsela, soltó la verga y se mantuvo arrodillada entre las piernas de su cuñado, sólo acariciándole los mulos.
– Nos hemos pasado ¿no, Paco? – le preguntó forrándose las tetas con las blondas del sostén.
Paco se irguió y le sujetó la cabeza con ambas manos.
– Tranquila, mujer, sólo nos hemos hecho unas pajas, no pasa nada, nadie se va a enterar -. Con la yema del dedo índice le quitó un pegote de semen del párpado y uno de las cejas y lo condujo hasta la boca de su cuñada – No has probado mi leche -. Laura sacó la lengua y lamió el dedo impregnado – Trágatela -. Volvió a limpiarle los pómulos y de nuevo le ofreció el dedo para que lo chupara, también de la frente y una gota que le colgaba del cabello. Laura tuvo que probar aquel sabor amargo y calentón y tuvo que tragárselo. Después Paco volvió a reclinarse y fue entonces cuando ella se levantó, se subió las bragas y se dirigió hacia el cuarto de baño para vestirse. Frente al espejo reflexionó acerca del tremendo error que acaba de cometer. Pero el frenesí había desbocado su dignidad. Acababa de ponerle los cuernos a su propia hermana. Cuando salió del cuarto de baño, bastante pálida por el acoso del remordimiento, su cuñado le arreó una palmada en el culo.
– Alegra esa cara, cuñada, que no pasa nada, coño…
– No estoy bien, Paco, me siento sucia por lo que acabamos de hacer. Vámonos por favor…

No durmió en toda la noche. Su novio intentó hacerle el amor, pero ella le rechazó. Las escenas junto a Paco en el campo se rebobinaron en su cabeza una y otra vez. Al mediodía se celebró el cumpleaños de su hermana Carmen en el chalet de sus padres. Acudieron toda la familia y todos los amigos de ambos, en total más de cuarenta personas. Ella, pensativa todo el tiempo, era incapaz de mirar a su hermana a los ojos y estuvo pendiente del comportamiento de su cuñado, quien apenas le hacía caso y se comportaba como si nada hubiera sucedido. Tenerle tan de cerca le calentaba la vagina, se veía invadida por esa sensación frenética. Quería evitarla, pero resultaba irresistible, hasta le dio de lado a su propio novio, bastante preocupado por su comportamiento. Al anochecer se agotó el alcohol y Paco se ofreció para acercarse a la ciudad a comprar un par de botellas. Se le presentaba otra oportunidad para estar a solas con él. Cuando se dirigía hacia el coche, ella se le acercó.
– ¿Dónde vas, Paco?
Su cuñado la examinó. Vestía una minifalda vaquera ajustada, sin medias, y una camiseta elástica de color negro, corta, por encima del ombligo, que definía el volumen de sus pechos.
– A por whisky.
– Yo tengo en casa un par de botellas. Si quieres te acompaño.
– Venga.
Pablo, su novio, la vio montarse con Paco en el coche. Un aluvión de celos le abrasó las entrañas. Miró hacia Carmen, su cuñada, y le llamó la atención indicando hacia el coche.
– ¿Dónde van?
– Mi hermana dice que tenéis dos botellas en casa y que no hace falta comprar ninguna. Paco irá a llevarla.
No conforme, se levantó y se fue a dar un paseo par calmar sus nervios. Sabía que a su novia le pasaba algo, pero sólo se sinceraba con Paco.
Paco conducía y de vez en cuando la miraba y sonreía. Una de las veces le asestó una palmada en los muslos de las piernas y aguardó su reacción, pero ella ni se inmutó.
– ¿Cómo estás, cuñada?
– Bien, muy bien.
– ¿Te lo pasaste bien? -. Ella sonrió nerviosa -. No pasó nada, mujer -. Le asestó otra palmada, esta vez acompañada de una larga caricia por todo el muslo -. ¿Te gustó mi leche?
– ¡Paco, no seas guarro, anda!
– Dime, ¿te gustó?
– Sí, y anda mira hacia delante.
– ¿Qué bragas llevas?
– Unas normales.
– Enséñamelas.
Obediente y bastante cachonda, elevó el culo y se subió la falda hasta la cintura exhibiendo sus braguitas de satén color crema. Paco alargó el brazo y le apartó la parte delantera hacia un lado dejándole el coño pelirrojo a la vista. Le atizó varias palmadita. Después elevó el brazo y le introdujo bruscamente dos dedos de la mano dentro de la boca. Ellas percibió una arcada al lamer las asperezas de las yemas. Después le metió un tercero y el meñique, y empezó a agitar el brazo follándola con la mano por la boca mientras conducía con la otra. Laura procuraba chuparle toda la mano con la boca muy abierta mientras las babas le colgaban de la comisura y le goteaban en el escote. Paco movía la mano muy deprisa como si le introdujera un pene y ella le sujetaba la muñeca como para frenarle. Las babas le caían a chorros. Retiró la mano de golpe y ella tomó aire bruscamente vomitando varios salivazos. Volvió a palparle el coño mediante palmaditas y de nuevo la sujeto por los pómulos agitándole la cabeza. Le metió el pulgar y ella tuvo que chuparlo. Después, con rudeza, le metió la mano en el escote y le manoseó las tetas apretujándolas con fuerza. Ella se quejaba débilmente ante la brusquedad que ejercía su cuñado. Seguía conduciendo con una sola mano sin dejar de tocarla por todos lados.
– Date la vuelta, quiero verte el culo… -. Ya con los flujos empapándole el coño, se subió en el asiento arrodillándose, de espaldas a él, y pegó la cara al cristal de la ventanilla. Procuró inclinarse lo suficiente para ofrecerle a su cuñado su delicioso y blando trasero. Paco agarró las bragas y se las bajó de un tirón – Ábretelo.
Echó los brazos hacia atrás y se abrió la raja dejando al descubierto su ano tierno y rojizo. Paco se escupió en la yema y se la pasó por encima. De vez en cuando miraba hacia delante para no descuidar la dirección. Volvió a taponarle el ano con la punta del dedo índice y poco a poco le introdujo el dedo hasta el nudillo. Ella contrajo las nalgas y emitió un gemido de dolor. Comenzó a follarla con el dedo al son de los débiles gemidos. Le retiró el dedo y lo llevó a su boca.
– Chupa -. Laura le lamió la yema probando el sabor de sus propias heces -. Estás muy buena.
Le atizó una sonora palmada y le dejó señalada la mano. Ella retiró los brazos y la raja se cerró. Estaban llegando a casa. Temerosa de ser vista por los vecinos, volvió a sentarse y se subió las bragas. Paco aparcó junto a la puerta principal. Se apearon y ella abrió consciente de que el juego no había terminado. Nada más entrar y empujar la puerta, su cuñado la abrazó por detrás y le bajó bruscamente el escote dejándola con los pechos al aire. Se los estrujó con fuerza mientras la besuqueaba en la nuca y las orejas. Con la misma rudeza le subió la falta y la dejó en bragas.
– Vamos a la habitación donde follas con ese maricón.
Abrazados y sin parar de manosearla, se dirigieron hasta el dormitorio. Una vez allí, Paco la empujó hacia la cama y ella cayó de espaldas. Sus tetas botaban alocadas. Nervioso, comenzó a desabrocharse la camisa y los pantalones. Ella se incorporó mientras él se desnudaba.

– ¿Qué vamos a hacer, Paco?
Cuando se bajó el slip mostrando su enorme polla erecta, la agarró de los brazos y violentamente la tumbó boca abajo.
– ¡Paco, qué haces! – suplicó con la cabeza pegada a la almohada y sintiendo cómo le bajaba las bragas -. Paco, esto no esta bien. ¿Qué vas a hacer?
– Follarte.
– Paco, no.
Se echó encima de ella movilizándole los brazos. Sintió sus pectorales sudorosos pegados a su espalda y el aliento apestoso en la nuca.
– Cállate, cuñada, vas a probar algo bue…
– Paco, que no…
La polla se introdujo duramente por la entrepierna y le perforó el coño con brusquedad. Ella gritó alocada agarrándose con fuerza a las sábanas. Empezó a follarla ágilmente, con velocidad y asestándole con fuerza cuando la hundía hasta el fondo del coño. Ella se sentía húmeda y gemía fuera de sí, envuelta en sudor, con los ojos abiertos como platos y respirando trabajosamente por la boca. Él meneaba la cadera velozmente y a veces tensaba los brazos para incorporarse y verla tumbada sin parar de chillar. Una de las veces le colocó una fotografía de Pablo junto a sus ojos.
– Mírale, no dejes de mirarle.
Laura, chorreando a sudor, acezaba como una perra y empañaba el cristal del portafotos donde aparecía su novio. Paco le sacudía con violencia en los bajos del culo metiéndole la verga hasta los huevos. Ella no paraba de chillar, abrigada por un  placer incalculable. Sus tetas, presionadas contra el colchón, le sobresalían por los costados. Intentaba elevar unos centímetros el culo para que se la metiera mejor. Tras varios minutos, Paco frenó en seco tras un gemido y se dejó caer encima de ella con la cara en su nuca. Laura sintió el manantial de semen en el interior de su vagina. El hijo de perra se había corrido dentro. Tras serenarse, Paco se echó a un lado boca arriba con los brazos extendidos.
– Chúpamela.
Invadida por el placer, se incorporó y se giró hacia el pene, a cuatro patas, dándole la espalda a su cuñado. Agarro la polla con la derecha y se inclinó para lamer los resquicios de la eyaculación, deslizando la lengua alrededor del glande. Al estar inclinada hacia sus genitales, las tetas rozaban la barriga de su cuñado. Mantenía el culo abierto y Paco se fijó cómo del coño manaba semen que le chorreaba hacia las piernas y el vello, incluso alguna gota cayó en el colchón. Le atizó una palmada en una de las nalgas antes de incorporarse y quedar sentado junto a ella. Su cuñada continuaba lamiéndole la polla, a cuatro patas, como una perra que está junto a su dueño. Paco le pasó el brazo por encima del culo para apoyarse. Laura elevó la cabeza y le miró a los ojos sin dejar de sacudírsela muy despacio. Aún estaba algo fláccida, pero no la soltaba. Paco acercó la cabeza y le escupió dentro de la boca y ella se tragó el salivazo sin inmutarse. Las tetas le colgaban hacia abajo y se balanceaban con lentitud.
– No sabía que eras tan puta, cuñada.
– Y tú un cabrón.
Le pasó la mano derecha por el coño y se embadurnó todos los dedos de su propio semen.  Después cogió la fotografía de Pablo y untó el cristal como si fuera una tostada. A continuación lo acercó a la boca de Laura.
– Chupa a este maricón.
Laura sacó la lengua y la deslizó por el cristal del portafotos empapándose de la leche viscosa que empañaba el rostro de su novio. La saboreó y se la tragó antes de volver a mirarle. Su cuñado sonreía y ella continuaba sacudiéndosela con la misma lentitud, como si no quisiera soltar aquella enorme verga, una verga que cada vez iba poniéndose más dura.
– Eres un cabrón, Paco.
Le pasó el dedo índice de nuevo por el coño y apresó un último pegote de semen. Se lo adhirió a una de las tetillas de sus pectorales y enseguida Laura comenzó a mamársela hasta dejarla limpia de semen. Se relajó con los ojos cerrados dejando que se la sacudiera con aquella suavidad. Ella mantenía la posición, a su lado y a cuatro patas. Al momento, se puso de rodillas y Laura tuvo que soltársela. Se colocó detrás de ella, le abrió el culo al máximo y le lanzó varios escupitajos. Después deslizó la lengua repetidas veces desde los bajos del coño hasta por encima del ano, hasta probó algunas gotitas perdidas de semen. Ella dejó caer la cabeza contra el colchón  y mantuvo el culo en alto gozando del cosquilleo de la lengua. Sintió que se corría. Tras ensalivarle toda la rabadilla, Paco se sacudió la polla, como preparándose para penetrarla. Con la cabeza en el colchón, Laura echó los brazos hacia atrás y se abrió el culo. Paco se la clavó hasta los huevos con una sacudida seca que la hizo gemir profundamente. Tomó un ritmo fuerte, sacudiéndole severamente, pellizcándole con rabia aquellas nalgas blandas y sonrosadas mientras la follaba. Laura gemía escandalosamente y él apretaba los dientes para acelerar el ritmo. A veces le sacudía fuertes azotes en el culo. La polla resbalaba hasta el fondo con enorme facilidad dado el manantial de flujos que brotaba del interior de la vagina. La estuvo follando algo más de cinco minutos sin que  ella parara de gemir. Le había enrojecido todo el culo por los azotes y las sacudidas de las caderas. Paco paró en seco y jadeó con los ojos cerrados cuando vertía su leche en el interior de la vagina. Ella aún continuaba abriéndose el culo y sudando a borbotones, con el cabello remojado, sintiendo la inundación en su interior. Paco le sacó la polla limpia de semen y se dejó caer hasta sentarse, bastante fatigado del sobreesfuerzo. Ella también se incorporó quedando de rodillas encima de la cama. Enseguida empezó a gotear leche del coño y a empaparle las bragas. Le miró por encima del hombro cuando se subía el escote y se forraba las tetas.
– Tenemos que irnos, Paco -. Él asintió. Ella se apeó de la cama para dirigirse al cuarto de baño con la fotografía de su novio en la mano y con las bragas bajadas hacia medio muslo -. Nos hemos vuelto locos, Paco.
Regresaron a la fiesta y nadie pareció sospechar nada. Durante el camino de vuelta apenas hablaron. Ella se reunió con su novio y excusó su tardanza alegando que no había encontrado las botellas y que habían tenido que ir a una gasolinera. Trató de comportarse cariñosamente con él con la intención de olvidar lo sucedido y no levantar sospechas. Sería su perdición si la relación con su cuñado salía a la luz, ni siquiera se atrevía a mirar a su hermana, muy enamorada de su marido. Paco no le hizo caso durante el resto de la velada y se emborrachó con los amigos. Pablo le propuso irse y ella aceptó. Hicieron el amor envueltos en el romanticismo que a Pablo le gustaba, nada que ver con la agresividad que empleaba su amante. Tuvo que ocultar su culo de las miradas de Pablo para que no se extrañara de sus nalgas enrojecidas. A pesar de sus intentos por recomponer su vida, necesitó masturbarse cuando su novio se durmió, Paco la había enloquecido con su humillante actuación.
El domingo no supo nada de su cuñado y salió a comer con Pablo. Tenía muchas ganas de follar con él, pero debía mentalizarse de que aquella locura tenía que terminarse. El lunes apenas se concentró en el trabajo. Rememorar las escenas con su cuñado la ponía cachonda y se corría en las bragas a la más mínima, hasta cerró la puerta del despacho y le pidió al interventor que nadie la molestara. Miraba el móvil y el aparato de la mesa, pero no recibió ninguna llamada de Paco. Ella tampoco se atrevió a telefonearle. Debía superar aquel trauma por mucho que le costase. Tal vez Paco también había recapacitado. El martes tampoco tuvo noticias de él. Empezaba a desesperarse y a comportarse de forma arisca con todo el mundo. Llamó a casa de su hermana, pero tuvo la mala fortuna de que fue ella quien atendió la llamada.
– ¿Y Paco?
– Muy liado, llega bastante tarde a casa. ¿Y tú?
– Bien, bien.
– ¿Estás mejor con Pablo?
– Sí, sí, tranquila.
Debía idear cualquier plan para volver a verle. Aguardó toda la mañana del miércoles y nada. Tampoco durante la tarde. Antes de irse a casa, le telefoneó al despacho con la excusa de que tenía un cliente con problemas laborales, pero una secretaria le dijo que ya se había marchado a casa. Se le ocurrió una buena forma de atraerle. Llegó a casa antes que su novio. En el dormitorio, colocó estratégicamente el bolso encina de la cómoda y metió una cámara de video en el interior con ángulo para enfocar toda la cama. Por la noche se comportó de una forma acaramelada y engañó a Pablo vilmente. Le hizo una felación y después él le hizo el amor sin variar la postura, él arriba y ella abajo. Toda la escena quedó registrada en vídeo. El jueves por la mañana pasó la película a un DVD y aguardó una llamada de su cuñado. No la recibió. Ya a última hora de la tarde, decidió llamarle al móvil.
– ¿Qué tal, Laura?
– Bien. Oye, puedes pasarte por el banco. Quiero enseñarte una cosa.
– ¿Qué?
– Una cosa que tú querías ver.
– Qué cosa, Laura, en cuarenta minutos tengo que recoger a Carmen en el gimnasio.
– Bueno, tranquilo, mañana, yo… – se sonrojó.
– ¿Qué es, Laura?
– Nada, había grabado una escena erótica con Pablo y como querías verla…
– Bueno, me paso en un momento.
Aguardó impaciente y nerviosa la llegada de su amante. Estaba muy guapa, llevaba días arreglándose para él.  Se había recogido el pelo, llevaba unas faldas plisadas de color blanco, muy sueltas, una camisa blanca de seda anudada en la cintura, medias blancas brillantes sujetas a un liguero y un tanga pequeño de satén, a juego con el liguero. Para agudizar su atracción llevaba unos tacones. En el cuarto de baño se perfumó y se abrió el escote para lucir la ranura que separaba sus pechos. Sabía que sorprendería a su amante. Cuando Paco llegó, enchaquetado y encorbatado, se besaron en el patio de operaciones y se dirigieron hacia el despacho. Le asestó una cariñosa palmada en el trasero y mientras ella caminaba delante le levantó la falda para examinarle el culo. Las nalgas botaban en cada zancada y ocultaban el hilo del tanga.
– Estás muy hermosa. Lástima que no tenga mucho tiempo. – dijo él sentándose en el sofá de visitas.
Laura giró el monitor del ordenador, introdujo el DVD y pulsó “play”. Enseguida se sentó junto a su cuñado. Comenzó a reproducirse la escena cuando ella y su novio se besaban al borde de la cama. Paco observaba atento. A los pocos segundos, sin descuidar su mirada de la pantalla, se levantó, se desabrochó la camisa y se bajó los pantalones y el slip hasta los tobillos. Volvió a sentarse y se agarró la polla para meneársela con lentitud. Ella se fijaba en sus genitales con ganas de comérselos. Sintió flujos en sus bragas. Él no paraba de masturbarse sin decir palabra y sin apartar los ojos del monitor. Ella tomó la iniciativa y se volvió hacia él para acariciarle el pecho peludo con la mano derecha. La izquierda la pasó despacio por su robusta pierna. Dio varias pasadas antes de bajar para sobarle los huevos apretujándolos con suavidad. Él la miró y tiró del nudo de la camisa. Ésta se abrió y los pechos se balancearon con suavidad.
– Sigue tú.
Laura sujetó la polla con la mano derecha y mantuvo el mismo ritmo lento. Quería que la escena durara. Con la izquierda no paraba de sobarle los testículos. Él se relajó reclinándose en el sofá mientras ella le masturbaba, atento igualmente a la escena que sucedía en la pantalla. No pudo resistirlo, la vagina le hervía. Retiró la izquierda de los huevos y se la metió por dentro de las bragas para refregarse el coño húmedo. Paco sonrió al verla, la mano actuaba tras la prenda con agilidad. Con una mano se masturbaba ella y con la otra le masturbaba a él. Transcurrieron varios minutos sin que alteraran la posición, después Paco la sujetó de los pelos para babosearle la boca sin que cesara la masturbación.
– Quítate la falda y chúpamela.
Con la misma obediencia de siempre, Laura se levantó y se despojó de la falda. Luego se quitó el tanga y la blusa y se quedó desnuda ante su cuñado, tan sólo con el liguero alrededor de la cintura y las medias blancas. A continuación, se arrodilló para quitarle el slip y los pantalones y se colocó entre sus robustas piernas. Primero Paco se irguió y la sujetó de la nuca para acercarla y besarla bruscamente. Sus enormes tetas aplastaron la polla y los huevos.
– Vamos, chúpamela.
Laura bajó la cabeza, le sujetó la verga por la base y comenzó a chuparla como si fuera un helado. Él continuaba visualizando la película mientras su cuñada le hacía la mamada. Se fijó que meneaba suavemente su culito blando cada vez que se metía la polla dentro. Deslizó la lengua por el tronco de la polla hacia abajo y llegó a los huevos. Comenzó a chupárselos a base de lengüetazos muy seguidos. Paco jadeó secamente y se sujetó la polla para sacudírsela él con más velocidad mientras ella, a cuatro patas, le lamía los huevos. Ella quería dejarle satisfecho, que cada momento fuera especial. Continuaba ensalivándole los testículos cuando él comenzó a jadear nervioso. Se irguió meneándosela con más fuerza. Ella también elevó la cabeza al ver que iba a correrse.
– Sigue chupándolos…
De los huevos colgaban numerosos hilos de babas por la cantidad de saliva. Volvió a lamerlos esta vez con más ansia. Él dio un grito y enseguida saltó semen sobre el rostro y el cabello de Laura, también algunas gotas se esparcieron por el borde del sofá y el suelo. Ella dejó de lamer, aunque se mantuvo a cuatro patas mirándole a los ojos. Paco se escurrió bien la polla, cogió el tanga de su cuñada y se limpió el glande, después consultó la hora y a toda prisa se subió los pantalones y se colocó la camisa y la corbata.
– Me tengo que ir -. Laura se incorporó junto al sofá, postrada ante su amante, con numerosos pegotes de semen repartidos por la cara y el pelo -. Mañana te llamo y quedamos por la tarde -. Sacó el DVD y se lo guardó en el interior de la chaqueta -. Mañana te lo devuelvo.
– Ten cuidado, Paco.
– Descuida. Te llamo.
Le atizó una palmada en la cara y abandonó el despacho. Cuando sintió la puerta, ella continuaba arrodillada junto al sofá. Vio algunas gotas en el borde. Muerta de placer, se inclinó y lamió todas las gotas perdidas, incluso un par de ellas que habían caído en el suelo. Del mismo modo, se relamió los labios y se chupó los dedos impregnados de semen. Luego se sentó en el sofá, abrió las piernas y se introdujo el dedo en el coño para masturbarse con los ojos cerrados. Su ninfomanía resultaba ilimitada. Comprendió que se había vuelto loca y que padecía una obsesiva atracción hacia su cuñado. Regresó a casa abochornada de sí misma, consciente del riesgo que estaba corriendo. Reflexionó acerca de la idea de acudir a un psicólogo, pero desechó la idea, el placer que le proporcionaba su cuñado resultaba muy superior. Incluso lloró de impotencia por ser incapaz de apartar tan incontrolable lujuria.
CONTINUARÁ

Autor: Joul Negro

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Me cogí a mi rica cuñadita #3

Ya había pasado algún tiempo desde la última vez que mi cuñada y yo la habíamos pasado bien, ya hasta nos veíamos como cualquier par de personas que tienen un parentesco en común, o sea mi novia, ella se portaba cada día más distante y un martes me citó en su casa, después de hablar llegamos a la firme decisión de cortar por un rato.

No pasaron ni dos días cuando recibí la llamada de mi ex cuñada, no me pregunto nada de su hermana, solo me pidió un trabajo de medio tiempo en la empresa donde laboraba ya que se quería ir de vacaciones y aun le faltaba un poco de dinero, a mi me dio mucho gusto saber de ella, así que le pedí que saliéramos un día de estos, ella aceptó, pero con la condición de buscarle algo y colgamos.

Para seguir tengo que describir a la secretaria de donde laboraba, ella era una madre soltera súper guapa, se rumoraba que había sido miss DF y luego se dedicó al modelaje, lo que más resaltaba eran su par de pechos muy bien puestos que siempre dibujaban un par de pezones duros, una cara de yo no fui que se te antojaba saber cómo gozaba una verga bien adentro y unas piernas torneaditas ya que a leguas se veía que aun le metía duro al GYM, de 35 años y con un hijo de 15 años con el cual me llevaba muy bien, nadie se metía con ella ya que sabíamos que era el querer del jefe, un día se reportó enferma dos días seguidos, a lo que aproveche y le hablé a mi ex cuñada porque necesitaba con urgencia la trascripción de unos documentos.

Ella llegó súper guapa como siempre, hasta mi jefe que es un perro me dijo que si tenía algún problema en que le invitara una copa, a lo que le dije que ya tenía novio, siguió la tarde y ya instalada mi ex cuñada comenzó a trabajar, como era mucho trabajo habló a su casa que llegaría tarde y seguimos trabajando.

Como a eso de las 8 de la noche salió mi jefe y me dijo que se tenía que ver con alguien, todos sabíamos que así decía cuando salía con la secretaria y más si era ya tarde, así que se despidió muy efusivamente de mi ex cuñadita diciéndole no se qué tanto para que se animara trabajar con nosotros, se fue y nosotros nos quedamos solos.

La verdad quería terminar y cogérmela ahí mismo pero el poli rondaba mucho, y no acabamos hasta las diez de la noche y le pregunté si me aceptaba un cafecito, y aceptó, nos fuimos en mi auto y ya en camino me dijo – ¿oye por acá no hay moteles? – – a pero claro que si – le contesté rápidamente, nos fuimos a uno que está un poco retirado, y al entrar al estacionamiento nos topamos de frente con el auto de mi jefe y por supuesto acompañado de su secretaria al vernos se hicieron los que no nos habían visto aunque tuvieron que esperar un rato para salir, nosotros nos moríamos de la risa aunque permanecimos serios.

Entramos a la habitación, y nos abrazamos muy fuerte, nos besamos primero suavecito y cada vez más fuerte nos desfogamos quedándonos viendo como viejos amantes que no se habían visto en años, al desnudarnos le vi unos moretones en el cuello que me pusieron mas cachondo, y al irla penetrando me di cuenta de lo bien que mi verga embonaba en su rica puchita, se la fui dejando adentro cuando me volteo boca arriba, me sentó recargándome en la cabecera y se subió encima de mí, cruzamos las miradas y me dijo – ahhhhh cuñadito no sé que me hiciste, ahora nadie coge tan rico como tu – y se fue dejando en un mete y saca delicioso y junto con sus gemidos fui sintiendo sus contracciones en su cuevita dejándose venir una y otra vez diciéndome que la hiciera mia, que la cogiera fuerte, que ya era mi puta por siempre, que le hiciera lo que quisiera y después de unos minutos comenzó a gritar – aaaaaaaaaa me estoy viniendo, me orino, aaaaaaaaaaa que rica vergaaaaa me estoy clavando haaaaaaaaaaaaaaaaaah clávamelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa- y así hizo sus últimos movimientos y nos quedamos frente e frente yo recargado sentado de la cabecera de la cama y ella bien clavada arriba de mi, solo me decía – espera no te muevas, no seas malo, otra vez – yo la obedecí pero de pronto comenzó a cabalgar de nuevo, a lo que supe de inmediato que quería venirse como la zorra que es y me puse a moverme en cortito pero duro, se la fui clavando así cuando ella solo decía – nooooooooooooooooooooo no seas cabrón me vengo muy fuerte, nooooo – ella no se dejaba de mover así que acelere mis envestidas tomándola de la cinturita y jalándomela hacia mí.

Sorpresivamente sentí sus perritos que me succionaban mi pene hacia adentro de su vagina, yo la verdad estaba excitadísimo pero por todos los gritos que daba no me dejaba venirme, comencé a sentir como sus líquidos escurrían en mis piernas de tanto que se estaba viniendo, hasta que solita detuvo su ritmo y me dijo ahora ponme en cuatro, y al metérsela por atrás me fije en su anito aun virgen, sin más se la puse y se la fui empujando, ella saltó al sentirlo pero no dijo nada, después de un rato me lo ofrecía descaradamente, en una envestida mi glande logró entrar y con eso se relajo su esfínter y se la pude ir metiendo poco a poco, ella y yo no decíamos nada, yo sentía muy raro era mi primer expedición por ahí, y ella se empezó a arquear y a gritar – oOOOOooo Dios mío OOOOO- mientras tenía sus orgasmos ,por lo que me hizo a mi también vaciarme adentro de sus intestinos, fue todo una explosión de ganas de coger, deseo, lujuria, añoranza, todo se nos juntó, como siempre los celulares sonaron mientras cogíamos y al reportarse a su casa inventamos que le habíamos trabajado un poco más para evitar ir mañana, que saldríamos en unos minutos.

Nos bañamos y sin yo pedírselo me limpio súper bien mi verga con una mamada que nos llevó de nuevo a la cama, nos vestimos aun con ganas y nos fuimos a su casa donde nos recibió su papá al que le agradecí que me prestara a su hija para mi trabajo, me despedí y me fui a mi casa donde quería mas del cuerpo de mi ex cuñada.

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Me cogí a mi rica cuñadita #4

Después de ese último encuentro, mi cuñada fue invitada a trabajar aun más activamente en la empresa y todo indicaba que comenzaba a salir con mi jefe, ya que nunca tenía tiempo y salía mucho con él, no dije nada al fin ella y yo no teníamos compromiso alguno, la amistada no se había dañado y por supuesto lo nuestro era solo pasional, comencé entonces a voltear a otros lados y eso me hizo acercarme más a mis amigos y amigas entre ellas la secretaria de mi jefe, que desde que los habíamos sorprendido saliendo del motel se había vuelto más “cercana y atenta” conmigo.

Estas atenciones por supuesto fueron bien aprovechadas ya que con eso me levantaba el ego frente a mis compañeros, claro sin abusar, me gusta ser discreto y somos amigos, además estaba su hijo con quien también llevo una muy buena amistad.

Un sábado por la mañana que tuve que ir a revisar unos asuntos a la oficina, el poli estaba en su caseta lo cual quería decir que no había nadie, llegué, cerré la puerta, tomé asiento y al tratar de concentrarme comencé a escuchar a lo lejos una discusión, por lo que entendía le iba a dar más dinero alguien a alguien por no sé qué cosa, yo creí que era una discusión de un compañero que se estaba divorciando así que mejor me puse a trabajar.

Estaba tan concentrado que cuando tocaron la puerta salté del susto, sonriendo mi secretaria favorita ingresó preguntando si tenía un “momentiux” como siempre me decía para sacarme de mi inercia, yo por supuesto le dije que sí, hizo una mueca con su carita de yo no fui y acordamos que mejor me ayudaba a terminar mis pendientes y que me invitaba a comer, yo acepté, terminamos en menos de una hora, donde más de una vez pude apreciar su cuerpo de diosa griega que dibujaba su pants muy deportivos ajustaditos a sus piernas y nalgas, su top que con su sudadera rosa muy coqueta que la hacían ver muy bien, más de una vez pude rosar su cuerpo ya que “necesitábamos” cambiar de lugar para utilizar la compu.

Quedamos en ir a comer a Coyoacan algo más o menos cercano y en utilizar mi auto, ella dejaría su auto en un estacionamiento y yo la esperaría ahí, me dijo que me adelantara ya que se iba a arreglar un poco, (pero qué se tenía que arreglar si sé veía muy bien) me dirigía hacia mi cita cuando sonó mi cel, era mi cuñadita, – ¿hola guapa que milagro?-, pues acá saludándote ya que no te importo – noté un cierto aire de cachondeo , – a pero como no me vas a importar-, -tú dime, ¿para qué soy bueno? – , – a pues mira quiero hacer mañana una fiestecita en la noche ¿vienes? -, – a claro, ¿qué quieres que lleve?-, – unos condones-, esa respuesta me puso súper cachondo ya que la tenía atrasada de unas semanas, – muy bien te llevo de los que te gustan, ¿algo más?-, -muchas ganas, vente open mind, bueno te espero como a las siete ¿ok?, te mando la dirección por mensajito, cuídate, chauuuu-, – chau hermosa- y colgué con una erección bien puesta, aunque eso de open mind me dio vueltas por la mente me desvié en una farmacia para comprar los condones.

Después de casi media hora tocando la ventana mi secretaria me pidió entrar al auto, se había cambiado de ropa, y ahora lucia arrebatadoramente hermosa unos jeans ajustaditos y una blusa ajustadita blanca que resaltaban sus hermosos pechos, solo dijo vamos a comer y a platicar a gusto; nos sentamos juntos como si fuéramos pareja, ya comiendo platicamos de nuestras vidas nos sorprendimos de lo mucho que nos parecíamos, me confesó que efectivamente salía con mi jefe y que efectivamente se estaba acostando con mi cuñada, que eso a ella no le importaba y como vio que a mí me importaba lo mismo se pudo abrir aun mas, pasando a una plática mas cachonda y de doble sentido.

Me conto que la tenía muy atrasada y que bueno, los muchos juguetes ya no le eran suficientes, bajo la mirada como tratando de ver qué impacto había logrado, y claro que reaccioné, tenía una erección a toda su expresión ella sonrío y me vio a los ojos y dijo -podríamos aprovecharla ya qué esta durita – le dije – sí, mejor vámonos o vamos a terminar arriba de la mesa – pagamos y subimos al auto y a dos cuadras me dijo estaciónate, me dio un beso con lengüita largo y delicioso bien cachondo, me separó de ella, me dio la espalda, y se bajó un poco los pantalones, y al mostrarme su tanga casi torciéndose se me quedó viendo a los ojos, ¡WOOOOW! Saque fuerzas no sé de donde para no cogérmela ahí mismo, era todo lo que esperaba que fuera con mil puntos extra, llegamos a un hotel, subimos rápidamente, entramos a la habitación besándonos, y tocándonos, y por un momento casi de frialdad quise disfrutar lo que veía, así que hice lo más difícil, me aguanté un poco y la dejé desnudarse sola, ella me entendió inmediatamente, sonrió y comenzó un baile súper erótico frente a mí, quitándose prenda por prenda, regalándome la estampa de su cuerpo, cómo le quedaban esas telitas, ella termino de desnudarse y yo no podía creer que una mujer así existiera, todo lo tenía súper bien, sus tetas eran una delicia de solo verlas, sus piernas, sus nalgas, su abdomen, toda depilada y con su carita de yo no fui, era un sueño verla.

Yo quise desnudarme y ella me detuvo, haciéndolo ella, primero me quitó lo de arriba y creo que le gustó porque se me quedo viendo con ojos de putita y luego abajo, los zapatos los calcetines, ahí me chupó el dedo gordo del pie, eso me resultó muy nuevo, muy erótico, muy desprendido, siguió con el pantalón y de un bolsillo salieron los condones, con los que me dijo viéndome a los ojos con una voz cachondisima, – lo lograste, ya me tienes donde querías – me bajó los bóxers ajustado negro y mi verga casi le pica un ojo del salto que dio y de lo cerca que estaba ella, sacó un condón se lo puso en la boca y me lo fue poniendo, ella sí que sabe cómo hacer eso, yo estaba en la gloria, cuando ella misma se sentó en mi boca, como explicándome en donde eran sus puntos sensibles y qué quería de mí, yo solo debía por lo que le entendí poner la lengua dura y moverla de haciendo una cruz rebotándola entre sus labios vaginales su entradita y su clítoris, sus olores eran bien definidos y deliciosos.

La deje hacerse conmigo un rato, cuando comenzó a gemir deliciosamente diciéndome – ahí, ahí – gritando mi nombre, su cuerpo se puso tenso me tomo de las manos y me invito a que cambiáramos de posición yo quise aprovechar que aun se estaba viniendo para ponerme atrás y le comencé a pasear la puntita por toda su entrada con ella en cuatro, lo que hizo que se viniera una vez más, retirándose un poco de mi, cuando vi que estaba terminando, se la fui metiendo y ahí ella ya no pudo mas sus brazos se vencieron, ofreciéndome su vulva deliciosa, la que le penetre con todas mis fuerzas y velocidad ya que no aguantaba más, y así en un ruidoso orgasmo los dos gritando terminamos.

Nos acostamos rendidos pero mi verga no se bajaba del todo y al verla de perfil me dijo que si me ponía otro condón yo le dije que sí que traía suficientes, así me lo volvió a poner e inmediatamente se sentó sobre de mi clavándoselo bestialmente, estaba ya comenzando a gemir cuando sonó su cel, sin sacarme de ella lo tomó y comenzó a hablar, como si no pasará nada, seguro era mi jefe ya que le decía que lo estuvo esperando en la oficina, yo no quería ser malo pero me la seguía cogiendo sin parar, hablaron de muchas cosas y ella le dijo – si ok quedamos al rato. No es solo que voy caminando, ándale adiós- y colgó, comenzando a gemir y a apretarme muy fuerte con las piernas y a apretarme de las tetillas, eso me dolió mucho pero no me detuve mis movimientos aunque cortitos le estaban dando un disfrute descomunal a mi amante, seguí y seguí y ella no me soltaba ni me dejaba de apretar, estaba como en transe yo no podía llegar del dolor que hacía en mi, era la primera vez que una mujer se me prensaba, que se me pegaba, y no dejaba de sentir las contracciones en su vagina, después de sentir sus fluidos que inundaban la cama, abrió por fin los ojos vio hacia arriba se metió mi verga aun más y soltando un grito de alivio se la metió toda, sintiendo claramente como se venía muy fuertemente, terminando se acostó encima de mi sin sacárselo y después de un rato se quedó profundamente dormida, pasaron como 10 minutos y sonó de nuevo su celular se despertó, contestó, dijo que ya estaba cerca pero que le diera más tiempo porque andaba en la calle y se quería bañar, y colgó, me besó, moviéndose como buscando mas sexo, pero solo fue instintivo, se metió a bañar, luego se disculpó y me pidió que la llevara por su auto.

Pronto les platicaremos más de lo que pasó entre mi cuñadita y su servidor.

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Me cogí a mi rica cuñadita #4

Después de ese último encuentro, mi cuñada fue invitada a trabajar aun más activamente en la empresa y todo indicaba que comenzaba a salir con mi jefe, ya que nunca tenía tiempo y salía mucho con él, no dije nada al fin ella y yo no teníamos compromiso alguno, la amistada no se había dañado y por supuesto lo nuestro era solo pasional, comencé entonces a voltear a otros lados y eso me hizo acercarme más a mis amigos y amigas entre ellas la secretaria de mi jefe, que desde que los habíamos sorprendido saliendo del motel se había vuelto más “cercana y atenta” conmigo.

Estas atenciones por supuesto fueron bien aprovechadas ya que con eso me levantaba el ego frente a mis compañeros, claro sin abusar, me gusta ser discreto y somos amigos, además estaba su hijo con quien también llevo una muy buena amistad.

Un sábado por la mañana que tuve que ir a revisar unos asuntos a la oficina, el poli estaba en su caseta lo cual quería decir que no había nadie, llegué, cerré la puerta, tomé asiento y al tratar de concentrarme comencé a escuchar a lo lejos una discusión, por lo que entendía le iba a dar más dinero alguien a alguien por no sé qué cosa, yo creí que era una discusión de un compañero que se estaba divorciando así que mejor me puse a trabajar.

Estaba tan concentrado que cuando tocaron la puerta salté del susto, sonriendo mi secretaria favorita ingresó preguntando si tenía un “momentiux” como siempre me decía para sacarme de mi inercia, yo por supuesto le dije que sí, hizo una mueca con su carita de yo no fui y acordamos que mejor me ayudaba a terminar mis pendientes y que me invitaba a comer, yo acepté, terminamos en menos de una hora, donde más de una vez pude apreciar su cuerpo de diosa griega que dibujaba su pants muy deportivos ajustaditos a sus piernas y nalgas, su top que con su sudadera rosa muy coqueta que la hacían ver muy bien, más de una vez pude rosar su cuerpo ya que “necesitábamos” cambiar de lugar para utilizar la compu.

Quedamos en ir a comer a Coyoacan algo más o menos cercano y en utilizar mi auto, ella dejaría su auto en un estacionamiento y yo la esperaría ahí, me dijo que me adelantara ya que se iba a arreglar un poco, (pero qué se tenía que arreglar si sé veía muy bien) me dirigía hacia mi cita cuando sonó mi cel, era mi cuñadita, – ¿hola guapa que milagro?-, pues acá saludándote ya que no te importo – noté un cierto aire de cachondeo , – a pero como no me vas a importar-, -tú dime, ¿para qué soy bueno? – , – a pues mira quiero hacer mañana una fiestecita en la noche ¿vienes? -, – a claro, ¿qué quieres que lleve?-, – unos condones-, esa respuesta me puso súper cachondo ya que la tenía atrasada de unas semanas, – muy bien te llevo de los que te gustan, ¿algo más?-, -muchas ganas, vente open mind, bueno te espero como a las siete ¿ok?, te mando la dirección por mensajito, cuídate, chauuuu-, – chau hermosa- y colgué con una erección bien puesta, aunque eso de open mind me dio vueltas por la mente me desvié en una farmacia para comprar los condones.

Después de casi media hora tocando la ventana mi secretaria me pidió entrar al auto, se había cambiado de ropa, y ahora lucia arrebatadoramente hermosa unos jeans ajustaditos y una blusa ajustadita blanca que resaltaban sus hermosos pechos, solo dijo vamos a comer y a platicar a gusto; nos sentamos juntos como si fuéramos pareja, ya comiendo platicamos de nuestras vidas nos sorprendimos de lo mucho que nos parecíamos, me confesó que efectivamente salía con mi jefe y que efectivamente se estaba acostando con mi cuñada, que eso a ella no le importaba y como vio que a mí me importaba lo mismo se pudo abrir aun mas, pasando a una plática mas cachonda y de doble sentido.

Me conto que la tenía muy atrasada y que bueno, los muchos juguetes ya no le eran suficientes, bajo la mirada como tratando de ver qué impacto había logrado, y claro que reaccioné, tenía una erección a toda su expresión ella sonrío y me vio a los ojos y dijo -podríamos aprovecharla ya qué esta durita – le dije – sí, mejor vámonos o vamos a terminar arriba de la mesa – pagamos y subimos al auto y a dos cuadras me dijo estaciónate, me dio un beso con lengüita largo y delicioso bien cachondo, me separó de ella, me dio la espalda, y se bajó un poco los pantalones, y al mostrarme su tanga casi torciéndose se me quedó viendo a los ojos, ¡WOOOOW! Saque fuerzas no sé de donde para no cogérmela ahí mismo, era todo lo que esperaba que fuera con mil puntos extra, llegamos a un hotel, subimos rápidamente, entramos a la habitación besándonos, y tocándonos, y por un momento casi de frialdad quise disfrutar lo que veía, así que hice lo más difícil, me aguanté un poco y la dejé desnudarse sola, ella me entendió inmediatamente, sonrió y comenzó un baile súper erótico frente a mí, quitándose prenda por prenda, regalándome la estampa de su cuerpo, cómo le quedaban esas telitas, ella termino de desnudarse y yo no podía creer que una mujer así existiera, todo lo tenía súper bien, sus tetas eran una delicia de solo verlas, sus piernas, sus nalgas, su abdomen, toda depilada y con su carita de yo no fui, era un sueño verla.

Yo quise desnudarme y ella me detuvo, haciéndolo ella, primero me quitó lo de arriba y creo que le gustó porque se me quedo viendo con ojos de putita y luego abajo, los zapatos los calcetines, ahí me chupó el dedo gordo del pie, eso me resultó muy nuevo, muy erótico, muy desprendido, siguió con el pantalón y de un bolsillo salieron los condones, con los que me dijo viéndome a los ojos con una voz cachondisima, – lo lograste, ya me tienes donde querías – me bajó los bóxers ajustado negro y mi verga casi le pica un ojo del salto que dio y de lo cerca que estaba ella, sacó un condón se lo puso en la boca y me lo fue poniendo, ella sí que sabe cómo hacer eso, yo estaba en la gloria, cuando ella misma se sentó en mi boca, como explicándome en donde eran sus puntos sensibles y qué quería de mí, yo solo debía por lo que le entendí poner la lengua dura y moverla de haciendo una cruz rebotándola entre sus labios vaginales su entradita y su clítoris, sus olores eran bien definidos y deliciosos.
La deje hacerse conmigo un rato, cuando comenzó a gemir deliciosamente diciéndome – ahí, ahí – gritando mi nombre, su cuerpo se puso tenso me tomo de las manos y me invito a que cambiáramos de posición yo quise aprovechar que aun se estaba viniendo para ponerme atrás y le comencé a pasear la puntita por toda su entrada con ella en cuatro, lo que hizo que se viniera una vez más, retirándose un poco de mi, cuando vi que estaba terminando, se la fui metiendo y ahí ella ya no pudo mas sus brazos se vencieron, ofreciéndome su vulva deliciosa, la que le penetre con todas mis fuerzas y velocidad ya que no aguantaba más, y así en un ruidoso orgasmo los dos gritando terminamos.

Nos acostamos rendidos pero mi verga no se bajaba del todo y al verla de perfil me dijo que si me ponía otro condón yo le dije que sí que traía suficientes, así me lo volvió a poner e inmediatamente se sentó sobre de mi clavándoselo bestialmente, estaba ya comenzando a gemir cuando sonó su cel, sin sacarme de ella lo tomó y comenzó a hablar, como si no pasará nada, seguro era mi jefe ya que le decía que lo estuvo esperando en la oficina, yo no quería ser malo pero me la seguía cogiendo sin parar, hablaron de muchas cosas y ella le dijo – si ok quedamos al rato. No es solo que voy caminando, ándale adiós- y colgó, comenzando a gemir y a apretarme muy fuerte con las piernas y a apretarme de las tetillas, eso me dolió mucho pero no me detuve mis movimientos aunque cortitos le estaban dando un disfrute descomunal a mi amante, seguí y seguí y ella no me soltaba ni me dejaba de apretar, estaba como en transe yo no podía llegar del dolor que hacía en mi, era la primera vez que una mujer se me prensaba, que se me pegaba, y no dejaba de sentir las contracciones en su vagina, después de sentir sus fluidos que inundaban la cama, abrió por fin los ojos vio hacia arriba se metió mi verga aun más y soltando un grito de alivio se la metió toda, sintiendo claramente como se venía muy fuertemente, terminando se acostó encima de mi sin sacárselo y después de un rato se quedó profundamente dormida, pasaron como 10 minutos y sonó de nuevo su celular se despertó, contestó, dijo que ya estaba cerca pero que le diera más tiempo porque andaba en la calle y se quería bañar, y colgó, me besó, moviéndose como buscando mas sexo, pero solo fue instintivo, se metió a bañar, luego se disculpó y me pidió que la llevara por su auto.

Pronto les platicaremos más de lo que pasó entre mi cuñadita y su servidor.

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Me cogí a mi rica cuñadita #4

Después de ese último encuentro, mi cuñada fue invitada a trabajar aun más activamente en la empresa y todo indicaba que comenzaba a salir con mi jefe, ya que nunca tenía tiempo y salía mucho con él, no dije nada al fin ella y yo no teníamos compromiso alguno, la amistada no se había dañado y por supuesto lo nuestro era solo pasional, comencé entonces a voltear a otros lados y eso me hizo acercarme más a mis amigos y amigas entre ellas la secretaria de mi jefe, que desde que los habíamos sorprendido saliendo del motel se había vuelto más “cercana y atenta” conmigo.

Estas atenciones por supuesto fueron bien aprovechadas ya que con eso me levantaba el ego frente a mis compañeros, claro sin abusar, me gusta ser discreto y somos amigos, además estaba su hijo con quien también llevo una muy buena amistad.

Un sábado por la mañana que tuve que ir a revisar unos asuntos a la oficina, el poli estaba en su caseta lo cual quería decir que no había nadie, llegué, cerré la puerta, tomé asiento y al tratar de concentrarme comencé a escuchar a lo lejos una discusión, por lo que entendía le iba a dar más dinero alguien a alguien por no sé qué cosa, yo creí que era una discusión de un compañero que se estaba divorciando así que mejor me puse a trabajar.

Estaba tan concentrado que cuando tocaron la puerta salté del susto, sonriendo mi secretaria favorita ingresó preguntando si tenía un “momentiux” como siempre me decía para sacarme de mi inercia, yo por supuesto le dije que sí, hizo una mueca con su carita de yo no fui y acordamos que mejor me ayudaba a terminar mis pendientes y que me invitaba a comer, yo acepté, terminamos en menos de una hora, donde más de una vez pude apreciar su cuerpo de diosa griega que dibujaba su pants muy deportivos ajustaditos a sus piernas y nalgas, su top que con su sudadera rosa muy coqueta que la hacían ver muy bien, más de una vez pude rosar su cuerpo ya que “necesitábamos” cambiar de lugar para utilizar la compu.

Quedamos en ir a comer a Coyoacan algo más o menos cercano y en utilizar mi auto, ella dejaría su auto en un estacionamiento y yo la esperaría ahí, me dijo que me adelantara ya que se iba a arreglar un poco, (pero qué se tenía que arreglar si sé veía muy bien) me dirigía hacia mi cita cuando sonó mi cel, era mi cuñadita, – ¿hola guapa que milagro?-, pues acá saludándote ya que no te importo – noté un cierto aire de cachondeo , – a pero como no me vas a importar-, -tú dime, ¿para qué soy bueno? – , – a pues mira quiero hacer mañana una fiestecita en la noche ¿vienes? -, – a claro, ¿qué quieres que lleve?-, – unos condones-, esa respuesta me puso súper cachondo ya que la tenía atrasada de unas semanas, – muy bien te llevo de los que te gustan, ¿algo más?-, -muchas ganas, vente open mind, bueno te espero como a las siete ¿ok?, te mando la dirección por mensajito, cuídate, chauuuu-, – chau hermosa- y colgué con una erección bien puesta, aunque eso de open mind me dio vueltas por la mente me desvié en una farmacia para comprar los condones.

Después de casi media hora tocando la ventana mi secretaria me pidió entrar al auto, se había cambiado de ropa, y ahora lucia arrebatadoramente hermosa unos jeans ajustaditos y una blusa ajustadita blanca que resaltaban sus hermosos pechos, solo dijo vamos a comer y a platicar a gusto; nos sentamos juntos como si fuéramos pareja, ya comiendo platicamos de nuestras vidas nos sorprendimos de lo mucho que nos parecíamos, me confesó que efectivamente salía con mi jefe y que efectivamente se estaba acostando con mi cuñada, que eso a ella no le importaba y como vio que a mí me importaba lo mismo se pudo abrir aun mas, pasando a una plática mas cachonda y de doble sentido.

Me conto que la tenía muy atrasada y que bueno, los muchos juguetes ya no le eran suficientes, bajo la mirada como tratando de ver qué impacto había logrado, y claro que reaccioné, tenía una erección a toda su expresión ella sonrío y me vio a los ojos y dijo -podríamos aprovecharla ya qué esta durita – le dije – sí, mejor vámonos o vamos a terminar arriba de la mesa – pagamos y subimos al auto y a dos cuadras me dijo estaciónate, me dio un beso con lengüita largo y delicioso bien cachondo, me separó de ella, me dio la espalda, y se bajó un poco los pantalones, y al mostrarme su tanga casi torciéndose se me quedó viendo a los ojos, ¡WOOOOW! Saque fuerzas no sé de donde para no cogérmela ahí mismo, era todo lo que esperaba que fuera con mil puntos extra, llegamos a un hotel, subimos rápidamente, entramos a la habitación besándonos, y tocándonos, y por un momento casi de frialdad quise disfrutar lo que veía, así que hice lo más difícil, me aguanté un poco y la dejé desnudarse sola, ella me entendió inmediatamente, sonrió y comenzó un baile súper erótico frente a mí, quitándose prenda por prenda, regalándome la estampa de su cuerpo, cómo le quedaban esas telitas, ella termino de desnudarse y yo no podía creer que una mujer así existiera, todo lo tenía súper bien, sus tetas eran una delicia de solo verlas, sus piernas, sus nalgas, su abdomen, toda depilada y con su carita de yo no fui, era un sueño verla.

Yo quise desnudarme y ella me detuvo, haciéndolo ella, primero me quitó lo de arriba y creo que le gustó porque se me quedo viendo con ojos de putita y luego abajo, los zapatos los calcetines, ahí me chupó el dedo gordo del pie, eso me resultó muy nuevo, muy erótico, muy desprendido, siguió con el pantalón y de un bolsillo salieron los condones, con los que me dijo viéndome a los ojos con una voz cachondisima, – lo lograste, ya me tienes donde querías – me bajó los bóxers ajustado negro y mi verga casi le pica un ojo del salto que dio y de lo cerca que estaba ella, sacó un condón se lo puso en la boca y me lo fue poniendo, ella sí que sabe cómo hacer eso, yo estaba en la gloria, cuando ella misma se sentó en mi boca, como explicándome en donde eran sus puntos sensibles y qué quería de mí, yo solo debía por lo que le entendí poner la lengua dura y moverla de haciendo una cruz rebotándola entre sus labios vaginales su entradita y su clítoris, sus olores eran bien definidos y deliciosos.

La deje hacerse conmigo un rato, cuando comenzó a gemir deliciosamente diciéndome – ahí, ahí – gritando mi nombre, su cuerpo se puso tenso me tomo de las manos y me invito a que cambiáramos de posición yo quise aprovechar que aun se estaba viniendo para ponerme atrás y le comencé a pasear la puntita por toda su entrada con ella en cuatro, lo que hizo que se viniera una vez más, retirándose un poco de mi, cuando vi que estaba terminando, se la fui metiendo y ahí ella ya no pudo mas sus brazos se vencieron, ofreciéndome su vulva deliciosa, la que le penetre con todas mis fuerzas y velocidad ya que no aguantaba más, y así en un ruidoso orgasmo los dos gritando terminamos.

Nos acostamos rendidos pero mi verga no se bajaba del todo y al verla de perfil me dijo que si me ponía otro condón yo le dije que sí que traía suficientes, así me lo volvió a poner e inmediatamente se sentó sobre de mi clavándoselo bestialmente, estaba ya comenzando a gemir cuando sonó su cel, sin sacarme de ella lo tomó y comenzó a hablar, como si no pasará nada, seguro era mi jefe ya que le decía que lo estuvo esperando en la oficina, yo no quería ser malo pero me la seguía cogiendo sin parar, hablaron de muchas cosas y ella le dijo – si ok quedamos al rato. No es solo que voy caminando, ándale adiós- y colgó, comenzando a gemir y a apretarme muy fuerte con las piernas y a apretarme de las tetillas, eso me dolió mucho pero no me detuve mis movimientos aunque cortitos le estaban dando un disfrute descomunal a mi amante, seguí y seguí y ella no me soltaba ni me dejaba de apretar, estaba como en transe yo no podía llegar del dolor que hacía en mi, era la primera vez que una mujer se me prensaba, que se me pegaba, y no dejaba de sentir las contracciones en su vagina, después de sentir sus fluidos que inundaban la cama, abrió por fin los ojos vio hacia arriba se metió mi verga aun más y soltando un grito de alivio se la metió toda, sintiendo claramente como se venía muy fuertemente, terminando se acostó encima de mi sin sacárselo y después de un rato se quedó profundamente dormida, pasaron como 10 minutos y sonó de nuevo su celular se despertó, contestó, dijo que ya estaba cerca pero que le diera más tiempo porque andaba en la calle y se quería bañar, y colgó, me besó, moviéndose como buscando mas sexo, pero solo fue instintivo, se metió a bañar, luego se disculpó y me pidió que la llevara por su auto.

Pronto les platicaremos más de lo que pasó entre mi cuñadita y su servidor.

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Me cogí a mi rica cuñadita #2

Hola amigos nuevamente contando las aventuras de mi deliciosa cuñada con su servidor. Habían pasado ya tres semanas de la aventura que les conté anteriormente ocurrida en Cuernavaca cuando por motivos del trabajo y una salida que tuve que hacer a Monterrey no tuve la oportunidad de buscar un nuevo encuentro con mi deliciosa cuñada que cada día se pone más buena.

Cada que podía iba a visitar a su hermana, mi cuñada iba de salida muy bien arreglada, al saludarla con un beso la veía de reojo y se me antojaba aun mas, era para mí una diosa de cuerpo perfecto que tuve el honor de poseerla por primera vez y por supuesto quería volver a vivir ese encuentro tan rico.

Casi siempre cuando ya estaba en mi cama, mi mente volaba y reconocía que ella me había dado un gran mi archivo masturvatório, al recordar verla desnuda en aquel motel de Cuernavaca, y revivir mis imágenes mentales, olores y sensaciones hacia que se me pusiera dura de solo recordarla, así que estoy seguro que hasta el día de hoy la despierto de todo lo que le hago una y otra vez.

Cuando se normalizó el trabajo fui directo a mi casa para dormir un rato, yo vivía solo con mi hermano en un departamento que por lo general servía más que para dormir y a veces ni eso, pasaban semanas para que estuviéramos juntos ya que mi hermano vivía con su novia que es madre soltera y que no lo dejaba ni dormir ja ja ja ja pobrecito, pues para variar esa noche estaba solo cuando recibí un mensaje de mi novia que si podíamos vernos en mi departamento y salir un ratito a bailar o a algún lado, yo por supuesto accedí ya que ella también esta buenísima y por ser tan difícil no había tenido el gusto de encontrármela en la cama.

No había pasado ni media hora, de estarme bañando y planeando la noche, cuando el timbre de la puerta sonó, yo me enrollé en mi toalla ya que no encontré mi bata y salí a ver quién era, para mi sorpresa era mi novia con su hermana, las dos lucían como unas diosas, definitivamente estaban vestidas para la ocasión, mi novia con una falda lisa y una blusa muy coqueta y mi cuñada traía una falda de cuados tipo lolita que le arrancaba la vista del camino a cualquiera.

Por supuesto las hice pasar y sentarse; las dos se me quedaron viendo mi torso que lucia bien por el ejercicio, les prendí el estéreo y propuse que se sirvieran lo que gustaran y que yo me iba a terminar de bañar.

Estaba casi terminando cuando toco la puerta del baño mi cuñada, me dijo que ya no aguantaba más, que si podía pasar al WC, yo claro, le dije que sí, que no había problema, pasó y cerró la puerta, pude ver que se acercaba a la cancelería traslucida de la división de la ducha con el baño, abrió, se me quedó viendo y mientras me jalaba hacia ella, secándome un poco con la toalla, se volteo de espalas, se alzo la falda, respingó sus nalgas deliciosamente redondeadas y se hizo a un lado su tanguita, mi erección era máxima nunca se me había puesto igual de dura, de una sola arremetida se la clave toda, y me moví rápida e intensamente, ella se puso la toalla en la boca y me hizo una seña de que parara pero no lo hice, aceleré mas mis envestidas, a lo que ella ya no sabía qué hacer, había entrado para seducirme y ahora tan solo se limitaba a recibir mis envestidas que estaban llenas de lujuria, dureza y fricción , así se entregó a un intenso orgasmo que aun con la toalla se entrego en un grito junto con sus contracciones y su lubricación, las cuales me hicieron vaciarme adentro de ella una vez más, al recuperarse un poco se separó de mi como pudo y salió del baño sin decir nada.

Terminé de bañarme y me fui a mi cuarto, me puse muy elegante y salí a recibirlas, mi novia estaba muy coqueta, a mi cuñada se le veía una cara de lujuria que no podía con ella, salimos del departamento como a las once de la noche después de platicar, bailar y escuchar algunas canciones, fuimos a un club de música para bailar y muchos se nos quedaron viendo, parecía que tenía dos novias de lo bien que me trataron.

Las pasé a dejar a su casa como a las tres, definitivamente yo ya estaba con la pila baja y al llegar a mi casa le hablé a mi novia para informarle que había llegado bien, me contestó mi cuñadita y me dijo muy rápidamente – que rico me coges cuñadito… te paso a mi hermana –

Esa fue nuestra siguiente aventura, espero les haya gustado y nos sigan leyendo, muy pronto publicaremos mas aventuras saludos.

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Me cogí a mi rica cuñadita #3

Ya había pasado algún tiempo desde la última vez que mi cuñada y yo la habíamos pasado bien, ya hasta nos veíamos como cualquier par de personas que tienen un parentesco en común, o sea mi novia, ella se portaba cada día más distante y un martes me citó en su casa, después de hablar llegamos a la firme decisión de cortar por un rato.

No pasaron ni dos días cuando recibí la llamada de mi ex cuñada, no me pregunto nada de su hermana, solo me pidió un trabajo de medio tiempo en la empresa donde laboraba ya que se quería ir de vacaciones y aun le faltaba un poco de dinero, a mi me dio mucho gusto saber de ella, así que le pedí que saliéramos un día de estos, ella aceptó, pero con la condición de buscarle algo y colgamos.

Para seguir tengo que describir a la secretaria de donde laboraba, ella era una madre soltera súper guapa, se rumoraba que había sido miss DF y luego se dedicó al modelaje, lo que más resaltaba eran su par de pechos muy bien puestos que siempre dibujaban un par de pezones duros, una cara de yo no fui que se te antojaba saber cómo gozaba una verga bien adentro y unas piernas torneaditas ya que a leguas se veía que aun le metía duro al GYM, de 35 años y con un hijo de 15 años con el cual me llevaba muy bien, nadie se metía con ella ya que sabíamos que era el querer del jefe, un día se reportó enferma dos días seguidos, a lo que aproveche y le hablé a mi ex cuñada porque necesitaba con urgencia la trascripción de unos documentos.

Ella llegó súper guapa como siempre, hasta mi jefe que es un perro me dijo que si tenía algún problema en que le invitara una copa, a lo que le dije que ya tenía novio, siguió la tarde y ya instalada mi ex cuñada comenzó a trabajar, como era mucho trabajo habló a su casa que llegaría tarde y seguimos trabajando.

Como a eso de las 8 de la noche salió mi jefe y me dijo que se tenía que ver con alguien, todos sabíamos que así decía cuando salía con la secretaria y más si era ya tarde, así que se despidió muy efusivamente de mi ex cuñadita diciéndole no se qué tanto para que se animara trabajar con nosotros, se fue y nosotros nos quedamos solos.

La verdad quería terminar y cogérmela ahí mismo pero el poli rondaba mucho, y no acabamos hasta las diez de la noche y le pregunté si me aceptaba un cafecito, y aceptó, nos fuimos en mi auto y ya en camino me dijo – ¿oye por acá no hay moteles? – – a pero claro que si – le contesté rápidamente, nos fuimos a uno que está un poco retirado, y al entrar al estacionamiento nos topamos de frente con el auto de mi jefe y por supuesto acompañado de su secretaria al vernos se hicieron los que no nos habían visto aunque tuvieron que esperar un rato para salir, nosotros nos moríamos de la risa aunque permanecimos serios.

Entramos a la habitación, y nos abrazamos muy fuerte, nos besamos primero suavecito y cada vez más fuerte nos desfogamos quedándonos viendo como viejos amantes que no se habían visto en años, al desnudarnos le vi unos moretones en el cuello que me pusieron mas cachondo, y al irla penetrando me di cuenta de lo bien que mi verga embonaba en su rica puchita, se la fui dejando adentro cuando me volteo boca arriba, me sentó recargándome en la cabecera y se subió encima de mí, cruzamos las miradas y me dijo – ahhhhh cuñadito no sé que me hiciste, ahora nadie coge tan rico como tu – y se fue dejando en un mete y saca delicioso y junto con sus gemidos fui sintiendo sus contracciones en su cuevita dejándose venir una y otra vez diciéndome que la hiciera mia, que la cogiera fuerte, que ya era mi puta por siempre, que le hiciera lo que quisiera y después de unos minutos comenzó a gritar – aaaaaaaaaa me estoy viniendo, me orino, aaaaaaaaaaa que rica vergaaaaa me estoy clavando haaaaaaaaaaaaaaaaaah clávamelaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa- y así hizo sus últimos movimientos y nos quedamos frente e frente yo recargado sentado de la cabecera de la cama y ella bien clavada arriba de mi, solo me decía – espera no te muevas, no seas malo, otra vez – yo la obedecí pero de pronto comenzó a cabalgar de nuevo, a lo que supe de inmediato que quería venirse como la zorra que es y me puse a moverme en cortito pero duro, se la fui clavando así cuando ella solo decía – nooooooooooooooooooooo no seas cabrón me vengo muy fuerte, nooooo – ella no se dejaba de mover así que acelere mis envestidas tomándola de la cinturita y jalándomela hacia mí.

Sorpresivamente sentí sus perritos que me succionaban mi pene hacia adentro de su vagina, yo la verdad estaba excitadísimo pero por todos los gritos que daba no me dejaba venirme, comencé a sentir como sus líquidos escurrían en mis piernas de tanto que se estaba viniendo, hasta que solita detuvo su ritmo y me dijo ahora ponme en cuatro, y al metérsela por atrás me fije en su anito aun virgen, sin más se la puse y se la fui empujando, ella saltó al sentirlo pero no dijo nada, después de un rato me lo ofrecía descaradamente, en una envestida mi glande logró entrar y con eso se relajo su esfínter y se la pude ir metiendo poco a poco, ella y yo no decíamos nada, yo sentía muy raro era mi primer expedición por ahí, y ella se empezó a arquear y a gritar – oOOOOooo Dios mío OOOOO- mientras tenía sus orgasmos ,por lo que me hizo a mi también vaciarme adentro de sus intestinos, fue todo una explosión de ganas de coger, deseo, lujuria, añoranza, todo se nos juntó, como siempre los celulares sonaron mientras cogíamos y al reportarse a su casa inventamos que le habíamos trabajado un poco más para evitar ir mañana, que saldríamos en unos minutos.

Nos bañamos y sin yo pedírselo me limpio súper bien mi verga con una mamada que nos llevó de nuevo a la cama, nos vestimos aun con ganas y nos fuimos a su casa donde nos recibió su papá al que le agradecí que me prestara a su hija para mi trabajo, me despedí y me fui a mi casa donde quería mas del cuerpo de mi ex cuñada.

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Cuñados y primos.

Mi nombre es Jaime, tengo 46 años y estoy casado desde hace 20 años con Marta. Tenemos un hijo de 18 años, que se llama Rodrigo. Esta historia comienza cuando Rodrigo, terminó la secundaria y decidió estudiar contabilidad en la universidad de Buenos Aires.

Nosotros vivimos en un pueblo del interior del país, por lo que mi hijo se debería mudar a la capital, para poder estudiar. Los gastos para solventar los estudios de Rodrigo, se nos hacían imposibles, si teníamos que alquilar un departamento, por tal motivo le pedimos a mi cuñado, que vive en dicha ciudad, si mi hijo podía quedarse a vivir con su familia hasta que pueda trabajar y poder mantenerse solo. Sin dudarlo, ni por un minuto, mi cuñado le abrió las puertas de su casa a mi hijo.

Juan, mi cuñado, es viudo, Marian, la hermana melliza de mi esposa, falleció en un accidente de tránsito hace unos años. Juan, tiene 45 años y no volvió a tener pareja, tal vez, por no ofender a su hijo, Bernabé, de 20 años.

Rodrigo, se mudó con ellos al comenzar el ciclo lectivo y me manifestó que estaba muy a gusto conviviendo con su tío y su primo. Ya a mitad de su primer año, era un alumno destacado entre sus pares, es que él tenía una ventaja sobre los demás, pues Bernabé también estudiaba contabilidad y ya se encontraba en cuarto año, por lo que le explicaba, a Rodrigo, todas sus dudas. En poco tiempo, los dos primos se hicieron muy buenos amigos, no solo compartían horas de estudio, sino que también salían juntos a bailar y practicar deportes.

Fue a mitad de ese año que, por razones de trabajo, tuve que viajar a Buenos Aires y necesitaba quedarme por una semana, así que me alojé en casa de Juan. Como la casa solo tenía tres cuartos, por esos días, Rodrigo dormiría con Bernabé, en su cuarto. Llegué un lunes y durante el día estuve haciendo trámites, ya de tarde regresé a la casa y con Rodrigo preparamos la cena, que resultó deliciosa. Después, nos pusimos a ver televisión en el living. Haciendo zapping, quedó puesto un programa de sexo y el tema era sobre el tamaño del órgano sexual masculino.

–            Yo la tengo de ese tamaño.-dijo Rodrigo, cuando en el programa decían que unas vergas, eran de tamaño extra grande.

–            Ja, ja. No te creo, no tenés ni idea de que son 10 pulgadas.- dijo Bernabé.

–            Claro que sé, son 25cm. Yo tengo una verga de 25cm de largo y más de 6cm de diámetro.-respondió mi hijo.

–            La mierda! Salió dotado tu hijito, Jaime. Lo heredó de vos?-me preguntó Juan.

–            Ja, ja. Nunca me la medí, pero la verdad es que la tengo muy grande, también.-respondí.

Todos reímos y el tema terminó ahí. Después todos se fueron a dormir, menos yo, que me quedé viendo unos papeles que tenía que llevar al banco al otro día. Cuando decidí ir a acostarme, pasé por la habitación de los chicos y sin querer me puse a escuchar lo que hablaban.

–            Che y a las minas, no les duele cuando te las coges?-preguntaba Bernabé.

–            Bueno, yo estuve, solo con dos chicas, nada más y sí, les hice doler un poco.

–            Y te entra del todo?

–            Ja, ja. Bueno eso intenté, pero las hice llorar. Ja, ja.

–            Que hijo de puta, yo que pensaba que la tenía grande y la tuya es el doble.

–            No creo que el doble, cuanto te mide?-preguntó Rodrigo.

–            De largo 17cm y de ancho casi 4cm.

–            Bueno, no esta mal, solo parece chica si la comparas con la mía.

–            Che, te la puedo ver?-pregunta mi sobrino.

–            Ja, ja. La curiosidad mato al gato.

–            Dale! Así, comparamos.

–            Ok, pero no te desmayes.-concluyó Rodrigo.

Hubo un pequeño silencio.

–            Wouw! Es gigante!-comentó Bernabé.

–            Y eso que no está parada todavía.-respondió Rodrigo.

–            Bueno y que esperas? Ponela dura!

–            Yo necesito un poco de estímulo, Berna.

–            Uh, no tengo ni la compu, ni revistas, acá.-dijo Bernabé.

–            Entonces ya fue.

–            No! Para! Queres que te haga la paja yo? Cerras los ojos y te imaginas que es una mina, yo ni hablo para que no te desconcentres.-propuso Bernabé.

–            Eeeehhh. Está bien, pero no le cuentes a nadie, primo. Yo cierro los ojos.

Dejaron de hablar y al cabo de unos segundos, se escucharon unos tenues gemidos de mi hijo. Yo, no podía creer lo que estaba pasando, mi sobrino le hacía una paja a mi hijo, parecía un niño con chiche nuevo. Al escuchar como Bernabé, idolatraba la verga de mi hijo, me sentí orgulloso y contento por Rodrigo, él había heredado mi gran pija, era “hijo e tigre”, era mi hijo, tan vergón como yo. En ese momento, me vi la entrepierna y tenía una erección tremenda, me había excitado lo que había escuchado y me comencé a tocar.

–            Que haces?-dijo Rodrigo, como exaltado.

–            No te gusta?

–            Sí, pero, no pensé que me la ibas a chupar. No sé, si esto está bien.

–            Si te gusta, disfrútalo. Nadie se va a enterar de nada.-agregó Bernabé.

Al escuchar eso, mi excitación llegó a mil, saqué mi verga y me puse a pajearla. Luego de unos minutos, los gemidos de Rodrigo aumentaron y se corrió.

–            Te llené la boca de leche, Berna, perdóname.-habló mi hijo.

–            No te preocupes.

–            Te la tragaste?

–            Si.

–            Sos gay Bernabé?-preguntó Rodrigo.

–            No man, para nada. Nunca hice algo así, creo que me zarpé un poco.-respondió.

–            Está bien. Vamos a dormir.-concluyo mi hijo.

Yo me había acabado toda mi leche en el pantalón, cuando escuchaba que Rodrigo le había acabado a su primo en la boca. Nunca hubiera pensado, que una situación homosexual, me haría excitar de esa manera. Cuando me di vueltas para dirigirme a mi cuarto, vi que la puerta de la habitación de Juan se movió de repente. Yo fingí no darme cuenta y entré a mi habitación, pero estaba seguro que mi cuñado me había estado espiando.

El día siguiente, fue de muchos trámites e idas y vueltas por la capital, pero aunque estaba muy ocupado, no podía sacarme de la cabeza lo que había sucedido la noche anterior. Me imaginaba a mi sobrino chupándome la verga, como se lo había hecho a mi hijo. Me preguntaba si pasaría algo en la noche, entre ellos dos y no me lo quería perder por nada.

Esa noche, después de cenar y charlar un rato, nos fuimos a dormir. Luego de una hora de estar en la cama, me levanté como para ir al baño, pero con el objetivo de espiar a los jóvenes. Al pasar por su cuarto, me puse a escuchar detrás de la puerta.

–            Huy, como duele.-dijo Bernabé.

–            Ahora te la bancas, me lo pediste y te lo estoy dando.-agregó Rodrigo.

–            Es que, es muy grande!

–            Aguanta un poco más, la cabeza ya entró.

Mi hijo se estaba culeando a su primo, no lo podía creer. De inmediato, mi verga estaba dura como una roca y mientras escuchaba, me empecé a pajear. Después de un rato, los gemidos de Rodrigo se empezaron a escuchar e iban en aumento, pero también se escuchaba a mi sobrino, que emitía sonidos de dolor.

–            Que culito, primo, te la aguantaste toda, hasta el fondo.-dijo mi hijo.

–            Me la metiste toda?

–            Toda! Nunca me había entrado toda antes.

–            Por eso me duele tanto.

–            No seas boludo, desde que te puse la cabeza que te duele, ahora disfruta que te voy a hacer vibrar.

–            Haaaayyy.-gritó Bernabé.

Un grito, tras otro y luego muchos seguidos, que provenían de mi sobrino, pero luego empezó a gemir cada vez más. También se escuchaba a mi hijo, que gemía y hacía mover la cama, mientras penetraba a su primo. Luego Rodrigo aceleró sus movimientos y lanzó un grito, por lo que supuse que había acabado, en ese momento llené mi calzoncillo de leche, di media vuelta y volví a mi cuarto.

Al día siguiente, llegué temprano de hacer trámites, la casa parecía vacía ya que estaba en silencio, pero me equivocaba. Como tenía que usar la computadora, me dirigí a la oficina de mi cuñado y cuando entré, estaba Juan, que se quedó mirándome muy sorprendido. Enseguida, me di cuenta que se estaba masturbando, mientras veía algo en la computadora.

–            Juan, pensé que no había nadie.-dije.

–            Salí temprano del trabajo hoy.

–            Che, te estas pajeando?

–            Eeeeeeeeehh. Je, je. Un poco.-respondió.

–            Ja, ja. Un poco? Te estas haciendo tremenda paja! Mostrame lo que ves en la compu.- dije mientras me acercaba al monitor.

Me quedé boca abierta al ver, lo que él estaba viendo. Era el video de Rodrigo, que se estaba culeando a Bernabé, eso era lo que había pasado la noche anterior. No podía reaccionar, era increíble lo que estaba viendo, además el video mostraba a los jóvenes cogiendo con lujo de detalle. Inmediatamente, tuve una erección tremenda, que no podía ocultar.

–            Creo que a vos también te gusta el video.- me dijo Juan, mirándome la pija.

–            Como filmaste esto? Hay cámaras, en los cuartos?

–            No! La puse ayer, cuando los chicos no estaban.

–            Pero esto está mal, Juan.-dije.

–            No te hagas el distraído Jaime, te vi haciéndote una paja, detrás de la puerta de los chicos.

–            Pero te calientan los tipos?

–            No se, tengo algunos morbos con las pijas, pero en general me fijo en las mujeres. Además, siempre sospeché de Bernabé.

–            Para mí, esta es la primera vez que me excité pensando en hombres, ni siquiera lo había pensado antes, pero este video está mejor que el escuchar detrás de la puerta. Me hace, re, calentar.-dije.

–            Es una sensación rara, no la entiendo todavía. Por un lado sé que está mal, pero la calentura que tengo, quien me la baja.

–             Yo, me voy a hacer la paja.-dije y me bajé los pantalones.

Los dos nos pajeamos, viendo el video de nuestros hijos.

–            Que pedazo de pija, tienen vos y tu hijo.- comentó Juan.

–            Si, el pendejo tiene la misma verga que yo. Que orgullo!

–            Es realmente enorme, muy gruesa también.

–            Basta de dar vueltas Juan, comete mi verga, que están por llegar los chicos.- dije.

–            Que?

–            Pero, si te morís de ganas.- le contesté, mientras le agarraba la cabeza y la presionaba hacia mi verga.

No tuve que hacer mucho esfuerzo para agacharle la cabeza a Juan y además iba con la boca abierta, para engullir mi chota. Me chupaba la verga con mucho entusiasmo, parecía un experto, me encantaba como movía sus labio y su lengua, lo hacía mucho mejor que mi esposa. No pude aguantar mucho y le descargué todo mi esperma en la boca, él sin parar de chupar, pero también sin derramar una gota de mi leche, se hizo una paja hasta acabar. Nos quedamos un momento en silencio, pero después Juan agarró mi verga, que estaba un poco morcillona.

–            Que pedazo de verga cuñado! Que lindo se sentía dentro de mi boca!-me dijo, mientras agarraba mi verga.

–            Seguro, que te gusta mi pija, me la chupaste de una manera increíble, ni mi mujer lo hace tan bien.

–            Enserio? Es la primera vez que lo hago.

–            No te creo.-dije.

–            Es verdad! Yo creo que, al saber lo que a mi me gusta, cuando me la chupan, te hice lo mismo y por eso te gustó tanto.

–            Alguna vez escuché esa teoría, no se si creerte, pero de algo estoy seguro, entre hombres, nos entendemos”.

–            Lo mismo, digo.

–            Cambiando de tema. Como se daban anoche!-comente.

–            Querrás decir, como le daba tu hijo al mío.

–            Sí, claro, pero además, sabe usar vergón como todo un experto. Recuerdo, que yo no pude penetrar un culo, así de fuerte, hasta los veintipios de años.- le comenté.

–            Pero, ahora aprendiste a garchar así, no?

–            No te preocupes cuñadito, antes de irme al pueblo, te hago la cola. Ahora no te la rompo, porque están por venir los chicos.

–            Que hora es? (se fijó la hora en el reloj) Uh, no tenemos tiempo, en 10 o 15 minutos llegan.

–            Se me ocurre algo.-dije.

–            Que?

–            Te gustaría hacer una orgía con los pibes?

–            Ja, ja. Me lees el pensamiento, pero no sé como vamos a convencerlos.- me respondió.

–            Que te parece, si ponemos una peli porno después de cenar?

–            Pero, con que escusa?

–            Yo, ya tengo todo pensado. Te vas a alquilar dos DVD´s, uno que sea de una película porno, luego los cambias de caja, entonces  cuando ponemos el DVD en el reproductor, “Ho, sorpresa” hay una película porno en ves de la que elegiste.- conté el plan.

–            Claro, los chicos van a querer ver la película, sin problemas. Es un muy buen plan, Jaime.

–            Y viendo la película, nos ponemos todos cachondos.- agregué.

El plan, no podía fallar, los dos jóvenes, ya habían experimentado con otro hombre y por lo que había visto, les gustó mucho. En algún momento de la película, los cuatro estaríamos empalmados y alguien propondría hacernos una paja. Después de pelar nuestras pijas, al vernos, de seguro que compararíamos los tamaños y para eso tendríamos que juntarnos, ese en ese momento que algún manotazo se va a escapar. Lo siguiente, es fácil de imaginar.

Siguiendo el plan, después de cenar, Juan, propuso ver una película que había alquilado. Todos, pensamos que era una gran idea y nos fuimos al living, para ponernos cómodos en los sillones, pero además había un LCD de 42¨. Juan, colocó el DVD en el reproductor y rápidamente, antes que empiece la película, corrió al sillón. La película comenzó con los adelantos de otras películas porno y como sabrán, en los adelantos, están las mejores y más calientes escenas de sexo. Todos nos quedamos mudos, viendo la pantalla.

–            Papá, alquilaste una película porno?-dijo Bernabé.

–            No, alquilé una de acción, Rambo 5!- respondió Juan.

–            Los boludos del videoclub, deber haber equivocado los estuches.-agregué.

–            Ja, ja, ja, ja. Que gracioso!- Rodrigo, no paraba de reír.

–            Y bueno, sácala del aparato y vemos Rambo mañana.-dije.

–            No, déjala correr, tío. No quieren, verla un ratito? Para saber de que trata, la trama. Ja, ja, ja.- propuso mi hijo, riendo.

–            Trama? Ja, ja. Voto por darle una oportunidad a esta película.-agregó Juan.

–            Yo, también quiero verla.-dijimos al mismo tiempo mi sobrino y yo.

La película, empezó con una mina que se tocaba sola, pero después, uno a uno fueron llegando tipos por todos lados. La mujer los puso en hilera y les chupaba la pija a cada uno, pero luego se la empezaron a coger, por la concha, por el culo, doble penetración, etc. La escena era muy excitante y noté que todos, teníamos una carpa en el pantalón.

–            Huy, boludos, como le dan a la pobre, la están destrozando, me hacen re calentar.- les comenté a todos y rompí el hielo.

–            Yo también, estoy a full.- dijo Bernabé.

–            Cuando le meten dos vergas por el ano, como ahora, me re caliento.-dijo Juan.

–            Yo, ya la tengo dura como una roca.- comentó mi hijo, mientras se agarraba el trozo de carne, sobre el pantalón y nos lo mostraba.

–            Hijito, sos tan calentón, como tu padre.- al decir eso, manoteaba mi verga y la mostraba, tal como él había hecho.

–            No hay duda que soy tu hijo, pa!- me dijo.

–            Che, yo me quiero pajear, no aguanto más, la calentura.-dije.

–            Bueno, yo también tengo muchas ganas de hacerme la paja. Alguien tiene algún problema, si me la hago acá?- preguntó Juan.

–            Si mi papá se hace una paja, yo también me pajeo.-dijo Bernabé.

–            Listo, pelamos todos. Ja, ja. Que loco, me voy a hacer una paja con mi viejo. Ja, ja.-dijo riendo mi hijo.

Todos reímos, por el comentario de Rodrigo y luego pusimos, nuevamente, atención a la película. Fui el primero en animarse, me bajé el pantalón, me agarré la chota y me puse a pajearme. Un segundo después, todos estábamos con la verga en la mano y sobándola con ganas.

–            Viste, Bernabé? Estos dos, nos sacan mucha ventaja.- Juan, le comentaba a su hijo.

–            Son dos vergas enormes, no es justo.- respondió Bernabé.

–            No te tocó, no te tocó, ja, ja, yo por suerte tengo la herencia de mi viejo.- le dijo Rodrigo burlándose.

–            Bueno, pero las pijas de ustedes, no están nada mal.- dije.

–            Pero, si me comparo con vos, pierdo antes de la largada.- me dijo Juan.

–            OK, para que no haya conflictos, nos las podemos comparar los cuatro y listo.- propuso Rodrigo.

Todos estuvimos de acuerdo, nos paramos enfrentados y miramos, nuestras vergas. Definitivamente, mi hijo y yo, mostrábamos unos miembros que hacían ver a los miembros de Juan y Bernabé, muy pequeños. Entre ellos dos, Juan tenía una pija, levemente mayor a la de su hijo, se notaba en el lardo, casi unos 18cm. Entre Rodrigo y yo, estaba más pareja la cosa, las dos eran muy similares, tanto en tamaño como en grosor. Juan y Bernabé, observaron, nuestras vergas más detalladamente, para hacer de mediadores.

–            No sé, están muy parejas las dos.- dijo Bernabé.

–            Para mí, hay una leve diferencia en el grosor, a favor de Jaime.-acotó Juan.

–            Creo que tenemos que usar un centímetro para medirlas y listo.- dijo Bernabé.

–            Lo voy a buscar.- Juan mientras salía.

Tratábamos de medir, lo más objetivo posible, pero cuando me la medía yo, mi hijo no estaba de acuerdo con la forma en que me tomaba las medidas y a mí me pasaba los mismo, cuando él se medía la chota. De todas maneras, era una competencia divertida y nos reíamos a carcajadas. Decidimos que uno de ellos, nos mida y problema solucionado.

–            A mí no me jode, que Juan me toque un poco la verga.- me dijo Rodrigo.

–            Yo, no tengo problemas, en lo absoluto. Además seguro que lo disfruta.- le dije y nos reímos juntos.

Al final, de largo, ganaba Rodrigo, por un cm (25 vs24), pero de grosor ganaba yo, con 7cm de diámetro, contra 6,5 cm de él.

–            Y bueno pa, la tenemos casi iguales.

–            Casi, pero me gustaría, saber la circunferencia. Nos las medía Juan?- le pregunté.

Cuando Juan se agachó y me agarró la verga, yo hice un movimiento de caderas, haciendo que mi verga, rosara sus labios. Juan, levantó su mirada hacia mí y yo le acerqué, más aun, mi miembro, para que entienda que era el momento. ÉL, se la puso en la boca y se puso a mamarla. Los chicos, no sabían que hacer, pero se empezaron a pajear con mucha fuerza, sin decir nada. Juan, comenzó a chupar la verga de mi hijo también y la intercalaba con la mía.

–            Bernabé, vení acá y ayudá a tu padre, que solo no puede con las dos.- le dije.

Se acercó y arrodilló junto a su padre, para poder mamarme la verga, mientras su padre se la mamaba a mi hijo. Luego iban intercalando vergas en sus bocas.

–            Que lindo es estar así, con vos papá, nunca pensé que iba a compartir esto con mi padre.- me dijo Rodrigo.

–            Es verdad hijito mío, este momento es único. Te quiero mucho.

Nos abrazamos y nos besamos en la boca, con increíble pasión y por un largo rato, mientras los otros dos, nos chupaban las vergas.

–            Guau!!!- dije.

–            Es el mejor beso de mi vida.- agregó Rodrigo.

–            Lo mismo digo. Pero y si lo repetimos, mientras nos culeamos a estos dos?

–            Papá, sos un genio!

–            Bueno muchachos, a ponerse en cuatro patas.- les ordené.

–            Quieren pija?- preguntó mi hijo.

–            Si. –dijeron los dos al mismo tiempo, ya en cuatro patas.

–            Ahora van a tener pija.- agregue.

Les untamos, un poco de crema en el ano y le apoyamos nuestras vergas. Rodrigo, se iba a culear a Bernabé y yo a Juan, no quería perderme, el poder desvirgar ese culito. La verga de mi hijo, entraba más fácilmente, por el ano de su primo y este último, no paraba de gemir. Pero, yo no tenía esa suerte, mi verga a duras penes progresaba, además, Juan no paraba de gritar de dolor y se le caían las lágrimas.

–            Papá, tenés que relajarte, vas a ver que entra más fácil.-le dice Bernabé a su padre.

–            Mira, pendejo, no te burles de mí. Esta es mi primera vez, en cambio a ti ya te metieron una verga así.

–            Que?

–            No te hagas el desentendido, tu primito te desvirgó antes.- dijo Juan.

–            Ja, ja. No discutan en vano, cuando terminemos de cogerlos, eso dos culitos, van a tener, el hoyo del mismo diámetro. No te parece, hijo?

–            Ja, ja. Si!- rió Rodrigo.

–            Y ahora te voy a hacer doler mucho, cuñadito.-le dije.

Se la ensarté hasta el fondo de una sola vez y le empecé a bombear con todo. Juan, gritaba y lloraba.

–            Haaaaaaaayyyyy! Que dolor! Por favor, pará! No! Me duele mucho!- gritaba Juan.

Yo le seguí dando con todo, sin hacerle caso. También, mi hijo le empezó a dar con todo a su primo y este también gritaba y lloraba. Así, estuvimos por un buen rato, sin parar de colearlos, con toda potencia y de repente, los llantos cesaron, los gemidos de placer aparecieron y nos pidieron que no paremos, que les demos más.

–            Cuando les gusta, quiere decir que el culito ya está bien abierto.- le dije a mi hijo.

–            Claro, ya no sienten doler.

–            Exacto. Ahora, podemos intercambiar culos, sin problemas.- agregué.

Le dábamos a uno y después al otro, ahora nuestras vergas entraban, hasta el fondo de sus anos, con gran facilidad. Juan y Bernabé, disfrutaban mucho ser penetrados, gemían con mucho placer.

–            Hay! que placer! Voy a acabar!-gritó Juan.

–            Yo también!- agregó Bernabé.

Se corrieron los dos al mismo tiempo, mientras eran penetrados por mi hijo y por mí. Descargaron toda su leche, sin tocarse el miembro ni una sola vez, pero ni Rodrigo ni yo, habíamos acabado aún y le seguíamos dando muy duro.

–            Bueno, vasta! Acaben y listo!- nos dijo  Juan.

–            No, a mi me falta un poco.- respondió Rodrigo.

–            Pero, no damos más.- agregó Bernabé.

–            Ahora, se la aguantan!- dije.

Se quisieron zafar de nuestras vergas, pero nosotros lo impedimos y le seguimos dando fuertemente. Se los notaba molestos y referían dolor nuevamente, pero le dimos hasta que, por fin acabamos dentro de sus entrañas. Cuando sintieron nuestra leche, que les calentaba su interior, se excitaron nuevamente, de tal manera, que acabaron otra vez, mientras con mi hijo todavía teníamos las vergas en sus anos. Rodrigo y yo, sacamos nuestros miembros y empezamos a besarnos apasionadamente.

–            Hijo mío, este fue, el mejor momento de mi vida. Te vi, como un gran hombre, todo un macho, me vi en ti.- le dije a Rodrigo.

–            Para mí, también fue la mejor experiencia de mi vida, pero no por coger estos culos, sino por compartir este momento con vos. Te quiero mucho papá.

–            Yo también te quiero mucho hijo.-le dije mientras lo abrazaba.

Esa semana, nos cogimos a Juan y Bernabé, todas las noches. Cuando me marché, Rodrigo me contó, que les daba una noche a cada uno y les mantenía el ano bien abierto. Yo empecé a viajar muy seguido hacia la capital, pero eso es otra historia…

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Los hermanos de mi joven esposa II

Fueron las pasadas fiestas decembrinas cuando la familia de mi esposa vinó a la casa, yo al saber que pasarían con nosotros el 24 y 25 de diciembre, estaba que no cabía de contento, tanta felicidad seguro debía de ser pecado.

Primero llego Carlos con su novia Liz, luego llegaron mis suegros, y por ultimo hizo su arribó Luis quien venía acompañado de su prometida Claudia y de sus jóvenes cuñados Cristian Alixander, Alfonso y Brighton, todos ellos de ojos azules igual que Claudia, eran delgados, de pelo semi rubio, de piel blanca, y facciones finas, y por lo visto eran bastante alegres, porque enseguida empezaron de parlanchines. Otra cosa curiosa es que todos se veían de la misma edad, lo cual me desconcertaba, pero decidí no hacer ningún comentario al respecto.

Todos habían llevado vivires para enriquecer la cena de navidad, pero él que se destacó al hacer venado al horno fue Cristian quien estudiaba para ser Chef, yo nunca había probado el venado, me agradó la carne aunque un poco recia para mi gusto, tenía un muy buen sabor;

Como era de esperarse en cuanto supimos que estudiaba Cristian para ser Chef, le pedimos que nos preparara más cosas igual de suculentas, asintió enseguida y en cuestión de horas ya tenía todos los ingredientes listos para preparar jaiba, pez espada, una sopa de mariscos y empanadas de camarón, el solo hecho de pensar que comería camarón me hizo pensar que en la noche andaríamos todos como burros en primavera; De pensar que solo había dos mujeres y 7 hombres eso sería una verdadera orgia.

Pasaron las horas y el hambre ya empezaba a ser demasiado evidente, pues en nuestras platicas el tema de conversación giraba en torno a la comida, que si alguien habían preparado tal o cual cosa, que cual era la comida más rara que habíamos degustado, etc, etc, por ello decidí ir a la cocina haber en que le podía ayudar a Cristian y aprovechar para comer algo de lo que estaba preparando, debido al calor que hace en la cocina, vi a Cristian sin camiseta, se le marcaba bien sus músculos del abdomen y su pans se le ajustaba marcándole el contorno del calzón, y dividiéndole las nalgas, no sé cuánto tiempo me quede como hipnotizado observándole, pero fue evidente, porque el, a pesar de darme la espalda, sonrió soltando una leve risa y me dijo – “¿estarás todo el tiempo observándome el culo o vendrás a ayudarme a terminar la cena?”, yo también solté una risa nerviosa por ser tan obvio, y me acerque a ayudarle, le ofrecí una disculpa, él me dijo que no había problema, que no le quitaba yo nada con verle, que ya estaba demasiado acostumbrado a que lo vieran de esa forma, por eso no le daba mucha importancia.

Continuo la cena todo normal, pero yo no podía dejar de pensar en Cristian, a mi izquierda se encontraba Diana sentada y a mi derecha se sentó Cristian. Al paso de unos minutos por debajo del mantel deslice mi mano hacia la pierna de Cristian, si él se incomodaba mi estrategia era fingir que me apoyaría para levantarme, pero no se incomodó, solo sonrió un poco, así que empecé a subir mi mano, poco a poco hasta llegar a su entrepierna, y comencé a acariciársela sobre el pans, se le empezó a poner dura, y dejo de platicar tanto como era su costumbre, ya que empezaba a tener uno que otro espasmo de excitación, sus otros hermanos se dieron cuenta del cambio de actitud de Cristian, pero decidieron no decir nada, entonces decidí desamarrar su jareta del pans y meter mi mano, así lo hice y sentí su pene a traves de una pequeña tanga, eso me indicó que el iba preparado para buscar un encuentro así, entonces metí mi mano debajo de su tanga y le toque su pene, mismo que ya había lubricado por la excitación, empecé a subir y bajar su prepucio, así hasta que, me trataba de detener con la otra mano para que no siguiera, era inminente una eyaculación, saque mi mano tome 3 servilletas y la baje otra vez, y continúe masturbándolo lentamente hasta que se vinó en mi mano, pero las servilletas lograron absorberle su eyaculación.

Eenseguida me levanté y me fui al baño, no precisamente a tirar las servilletas, más bien quería saborear sus esperma, me las metí en la boca en cuanto estuve en el baño, su esperma sabía muy dulce, me gustó mucho, luego de que tome todo lo que pude, tire las servilletas al escusado y me lave la boca, regrese a la mesa, y me incorpore a la convivencia, note que Cristian estaba algo sonrosado, quizá se sentía mal por lo que pasara unos minutos antes, entonces le puse otra vez mi mano en su entrepierna y note que no había anudado la jareta del pans, por lo que mi mano incursiono una vez más en su entrepierna, así que le toque su pene, el cual ya estaba flácido y retirándole el prepucio con un dedo empecé a sobarle el glande, creo eso lo éxito muchísimo, porque con su mano me toco también mi pene, y tuve que detenerle pues se podía dar cuenta mi esposa. Después fui a sacar colchones inflables y a extender el sillón cama para que pudieran acostarse nuestros invitados, en la recamara principal nos quedaríamos mi esposa y yo en la cama matrimonial y en un colchón con ruedas se quedarían mi cuñado Luis y su prometida Claudia, en el otro cuarto se quedarían mis suegros, en el sillón cama de la sala se quedaría mi cuñado Carlos y Liz, y en tres colchones inflables se quedarían Cristian, Alfonso y Brighton. Al otro día me levante como a eso de las 6am al baño y decidí ir a la cocina por un vaso de leche, pero volteé a la sala y gracias a que tenían prendida la luz de una pequeña lamparita, daba una luz muy tenue pero que servía para alumbrar los contornos de las personas y un poco más, vi que mi cuñado Carlos estaba en un colchón inflable junto con Brighton, y su novia Liz dormía muy profundamente, lo cual me hiso suponer que le dio pastillas para dormir, Alfonso hacia como que dormía pero estaba al pendiente de lo que pasaba con su hermano Brighton, y Cristian el me seguía con la mirada, decidí acercarme a Cristian, y en ese instante el levanto sus cobijas invitándome a meter con él, pude ver que estaba completamente desnudo, y luego le pregunte si podía llamar a sus otros hermanos, él se sorprendió, y se portó indiferente, así que me incorpore y fui a donde estaba Alfonso, lo toque, y el brinco de lo nervioso, empecé a desnudarle, podía sentir su temblor, no sé si de miedo o de excitación, luego le di un beso en su boca, y cuando lo tuve desnudo le hice sexo oral tanto en el pene como en el culito, luego le dije que se pasara al colchón de Cristian, y me fui con Carlos y Brighton, me metí en medio de los dos, y empecé a meterles mano, luego Carlos ya quería penetrarme y yo le hice la seña que fuéramos al colchón donde estaban Cristian y Alfonso, se pararon Brighton, y Carlos y nos reunimos en el colchón los 5, y empecé a penetrar a Cristian, mientras Carlos penetraba a Alfonso, y a Brighton le metí el pene de plástico de mi esposa, por lo visto esos tres hermanos eran vírgenes, nunca habían estado con un hombre o con una mujer, por eso nos fue más fácil ganarles la voluntad de que se dejaran penetrar, empezaron a gemir al poco rato, y pensé que se despertarían los demás invitados, pero creo Cristian a mis suegros y a las mujeres les había echado una especie de pastilla adormilante , el único que se despertó fue Luis, y al vernos a todos cogiendo, decidió cogerse a Brighton, así estuvimos un rato, luego nos cambiamos de hermano y cogíamos a otro, hasta que logramos cogernos cada quien a los tres hermanitos, ni se diga las veces que eyacularon al ser cogidos, luego les hicimos nos chuparan el pene, al principio no querían, pero cuestión es que se animara Cristian que los demás también lo hicieron, con un poco de asco, pero lo hicieron, se notaba su inexperiencia, porque a veces como que querían morderlo, también terminaron haciéndonos sexo oral en el culo. Ya como a eso de las 8am nos fuimos a bañar todos juntos y mi cuñado Carlos le interrogo a mi cuñado Luis si sabía que sus cuñaditos les gustaba el pene y que por eso los había invitado?, a lo que Luis respondió – “como iba yo a saberlo, yo creo ni ellos lo sabían, pero ahora que lo experimentaron, seguro les gusta el camote”, lo que no dejamos fue que ellos experimentaran que se siente penetrar, quizá porque no queríamos que se nos acabara la oportunidad de penetrarles, ya que a ellos seguro que también les gustaría penetrar, pero ese gocé simplemente se los prohibimos, cada vez que querían darnos la vuelta para saber que se siente penetrar, nosotros nos reusábamos diciendo que aún no habíamos terminado, que quizá después dejaríamos a ellos que nos lo hicieran también, pero por el momento nosotros éramos los que habíamos iniciado y los que debíamos de quedar satisfechos. Por fin a las 10am dieron señales de vida mis suegros y nuestras mujeres, parecían todos aletargados, pero se compusieron luego de echarse un buen baño, dijeron que tuvieron pesadillas, y nosotros cambiamos la conversación, no vaya a ser que se dieran cuenta que todos escucharon los mismos sonidos y que cayeran en cuenta que no habían sido pesadillas, sino que había sido real. Otra vez en la tarde del 25 me ofrecí a ayudarle a Cristian, pero esta vez todos los demás idearon que también querían ayudar y que sería mejor que se fueran a hacer las compras las mujeres y mis suegros, que según esta vez las queríamos consentir, así que debía ser sorpresa lo que prepararíamos, y les indicamos que no regresaran hasta que les llamáramos, entonces se fueron al cine a matar el tiempo, y en eso nosotros nos apuramos a hacer la comida – cena y enseguida nos desnudamos, y nos empezó a grabar con su celular mi cuñado Carlos que ya para entonces tendría unos 19 años y los cuñados de Luis tendrían unos 18 años, todos empezamos a coger y probamos nuevas posiciones, en algunas la penetración era más profunda, Luis propuso usar condón, pero nadie le hicimos caso, ya que los muchachos habían sido vírgenes y nosotros no teníamos sida ni ninguna enfermedad de tipo sexual, pues decidimos hacerlo al natural, los chicos empezaban a ser más propositivos y después también empezaron a ser parlanchines igual que lo eran cuando platicaban sobre otras cosas, eso era novedad para mí, pues cuando tenía yo sexo con mi esposa casi no hablábamos según yo para no desconcentrarme, pero esa nueva experiencia rompió ese tabú que tenía yo y mis cuñados, y entonces esa orgia fue un verdadero jolgorio . Los cuñaditos de Luis aunque no les gusta mucho la mecánica se hicieron contratar por el dueño del taller como chalanes, y pese que se supone deben de ayudar a quien sea de los mecánicos, ellos solo están conmigo. Ya también se hicieron de novias, hasta se mandan cartitas de amor, y quizá si las estimen, pero su gusto por el sexo gay sigue igual de presente en sus vidas. Además ninguno de los 6 somos afeminados, es decir no se nos nota que somos gays, o bisexuales, no es como la gente piensa que son los gays, al menos nosotros somos normales como cualquier persona, pero con nuestro gusto sexual distinto, si a veces echamos un taco de ojo con algún buen galán que veamos, pero sabemos ser discretos, normalmente no pasa de unas miradas y ya.

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