Una manera de follar

Era ya media tarde y había salido del trabajo un poco cansado. Aunque estaba acostumbrado a llegar a casa y follarme a mis dos vecinitas sedientas siempre de polla esta tarde me apetecía tomar algo en un bar.

Entré en un bar al lado de mi casa que estaba bastante vacío. Me senté en la barra mirando hacia el frente y pensando en mis cosas. De repente alguien me dio un pequeño golpe y me pidió fuego. Le di fuego y le miré. Se trataba de una chica: – Hola, soy Raquel. No te he visto por aquí antes.

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Mi segunda virginidad

Se había apoderado de mí y seguía empujando, supe que era más profunda de lo que nunca pensé y seguía entrando arrastrando con el todo mi pasado y todas mis virginidades, cuando ya no tenía nada más que entregarle, porque me había llenado hasta mis orígenes, me atreví a bajar mi mano hasta mi sexo tan solo para comprobar que un trozo apreciable de su mástil aun esperaba traspasarme.

Yo no sé si en el recuerdo las situaciones adquieren dimensiones distintas pero creo que este no es el caso porque, como a veces me sucede, estoy viviendo y recordando al mismo tiempo y todo coincide.

Debo confesarles que lo que les voy a narrar tan solo está sucediendo desde una semana de modo que aun en esta narración me siento atravesada por sensaciones perturbadoras y Uds. han de decirme si tengo razón a no para estar agitada de este modo.

Yo había aceptado que la fiesta de cumpleaños de Mauricio se hiciera en mi casa porque la de mi hermana Claudia era demasiado pequeña para contener a veinte muchachos y muchachas que eran los invitados, de modo que el sábado por la noche todo estaba dispuesto para la fiesta.

Fue cerca de las tres de la madrugada cuando mi hermana se apareció en mi cuarto y al verme que aun estaba despierta y vestida sobre la cama, tratando inútilmente de sostener el libro entre mis manos, me convenció que bajara hasta la sala, pues solamente quedaban allí nuestro sobrino y su mejor amigo Pablo a quien yo conocía por ser invitado habitual de Mauricio. Así arreglé ligeramente mi cabello y dándome una rápida aprobación ante el espejo, bajé la escalera siguiendo a mi hermana y al momento estaba conversando alegremente y riendo de lo que los muchachos contaban acerca de los incidentes de la fiesta.

Casi sin darme cuenta, alentada por un par de tragos que los muchachos nos habían ofrecido, me fui sumiendo en una cautivadora charla con ellos, dejándome envolver por el aire alegre de esos muchachos de 18 años, recién ingresados a la universidad y cuya juventud parecía ser contagiosa. Ellos, a su vez, parecían sentirse importantes sintiendo que dos mujeres maduras compartieran con ellos con tal desenvoltura que animados por esta situación nos invitaron a bailar.

Sonaba la música, envolvente con su ritmo endiablado y de pronto me sentía liberada y feliz agitando mi cuerpo bien modelado y liviano ante este muchacho amigo de la casa que parecía no reconocer, distancia de edad ni de status, y bailaba conmigo como si yo fuese una muchacha más de la fiesta que había terminado y no una mujer de treinta y cinco años Debo reconocer que lo que estaba sucediendo me gustaba porque, de algún modo me traía de nuevo al centro mismo de una conducta mía que creía olvidada. Yo siempre había sido buena para bailar y las fiestas me gustaban.

Así las cosas, no opuse resistencia alguna, más bien me sentí complacida, cuando la música se tornó lenta y melódica y Pablo se acercó a mi cuerpo y sentí sus brazos rodeándome y acercándome hacia su cuerpo mientras mis pechos se aplastaban difícilmente contra su camisa diáfana. Sentí su cabeza levemente reclinada sobre mi hombro y su respiración ligeramente perfumada por el alcohol lo que lo hacía aparecer como un hombre de mayor edad. Al escuchar el murmullo de la conversación que Mauricio sostenía con su madre en la cocina, me pude dar cuenta que estábamos solos girando lentamente en medio de la sala en penumbras.

Recuerdo que fue en ese momento en que tuve conciencia de lo que estaba sucediendo quizás desde hacía rato y percibí claramente, con una nitidez que solo el tacto puede dar, la presión sostenida y dura en mi muslo derecho de lo que indudablemente era la encendida virilidad de Pablo. Por un momento quise detener el baile y poner de inmediato fin a la situación, pero rápidamente me di cuenta que lo que le estaba sucediendo al muchacho era una reacción natural, a la que yo le estaba dando quizás una connotación que iba más allá de lo accidental. De modo que me calmé y continué bailando como si nada hubiese sucedido.

Pero calma no era la palabra para describir lo que me estaba pasando, porque a los pocos minutos debí admitir que estaba perturbada y no solamente por el hecho de sentirlo allí sobre mis muslos, que era lo natural sino porque las características de la percepción me parecían realmente inquietante. Lo perturbador, más que el hecho mismo, era lo que yo estaba percibiendo en cada momento con mayor nitidez, se trataba de las dimensiones conmovedoras del miembro que sentía desplegarse en todo su esplendor a través del delgado pantalón de Pablo. Si yo hacía una apreciación de su tamaño debería reconocer que era claramente superior a cualquiera de mis más encendidos recuerdos.

El muchacho parecía no apreciar en absoluto la trascendencia del momento. El se movía naturalmente tarareando la canción que la música insinuaba y sus movimientos no tenían nada de pasional o de erótico, era simplemente un muchacho que bailaba agradablemente conmigo. No quería admitirlo en un principio, pero la situación era tan subyugante que rápidamente debí aceptar que era yo quien estaba manteniendo esa situación, porque podría haberme marchado de ahí en cualquier momento y poner fin al baile. Sin embargo mi cuerpo no me obedecía, mi cuerpo se había independizado de mi mente y yo le dejé hacer.

Así me vi apretándome brutalmente a ese muchacho encendido al máximo, acerqué mi mejilla a la suya, le hice sentir la presencia de mis pechos insolentes sobre su pecho que yo había liberado de su camisa, y lo que era peor, agitaba mi pelvis de tal manera que me permitía recorrer la extensión de su miembro en toda su magnitud a punto de romper el delgado pantalón.

Lo percibía como algo especial, luego, apreciando su longitud y su grosor, la percepción me parecía terrorífica, y por fin, esta percepción de miedo se mezcló con un deseo descontrolado y una visión de placeres imposibles de describir. Fue así como empecé a moverme sensualmente, adoptando posiciones que nos permitieran roces descarados, sin dejar de seguir el suave ritmo del baile de modo tal que el pudo acomodar su maravilloso instrumento hasta permitirme sentirlo presionando mi vientre y ahí la percepción de sus dimensiones hizo despertar en mis latidos que ya casi había olvidado. Me abrazó una sensación de placer casi malsano.

De ese modo, había permitido que el muchacho hiciese maravillas sobre mi vientre subiendo y bajando, apretándome más o menos, transmitiéndonos ambos una sensualidad que en la penumbra del recinto, se hacía casi enloquecedora, y cuando yo estaba a punto de besarlo súbitamente Pablo me dejó sola desapareciendo con inusitada rapidez en dirección al cuarto de baño.

A los pocos momentos ,y mientras yo trataba de recuperar la normalidad, mi hermana y mi sobrino hacían su entrada en el living de la casa preguntándome por Pablo, a lo que solamente contesté distraídamente haciendo un gesto de sueño. Casi al instante Pablo había regresado vistiendo su chaqueta y manifestando su deseo de retirarse, dando el argumento de que era ya demasiado tarde.

Se despidió con un beso de mi hermana y mi sobrino lo acompañó hasta la puerta, pero antes que se despidiera de mí, con un suave beso en la mejilla, pude ver la descomunal mancha húmeda sobre la pierna de su pantalón, evidencia suficiente de la gigantesca eyaculación consecuencia de nuestra calenturiento baile.

Era una mezcla de calentura y obsesión lo que me invadió los días siguientes. No era un estado de excitación sexual pura. Yo lo sabía distinguir claramente porque otras veces en mi vida había estado en periodos de celo en que anhelaba tener sexo y de hecho lo hacía. Sin embargo esto era totalmente diferente.

Lo que en realidad me pasaba era que la evocación de las dimensiones del miembro de Pablo, que yo había percibido había generado en mi una especie de renacer del deseo primario de ser poseída por él, como si eso significara que había recuperado de algún modo mi virginidad pues estaba segura que de llegar a tenerlo volverían a mi mente y a mi vida esos dolores experimentados y sería destruida de nuevo como si nunca hubiese sido visitada en mi intimidad antes de eso. Y el tiempo demostró que no estaba equivocada.

Creo que no tiene caso relatar aquí como fue que conseguí que Pablo visitara mi casa ese viernes por la tarde, solamente valga decir que yo me había tomado un trago. No para darme ánimos, sino para disfrutar más plenamente el momento, aunque debo confesar que cierta inquietud me invadía.

El muchacho demostró al llegar algo de confusión, pues yo no le había dado un motivo claro para su visita, solamente le había dicho que deseaba conversar con él acerca de un regalo que yo quería hacerle a mi sobrino. Pobre disculpa sin duda, pero a esas alturas yo no tenía ninguna dependencia con la lógica. Lo hice pasar a mi cuarto y de inmediato le pregunté si se acordaba de nuestro baile de aquella noche a lo que el rostro se le iluminó atreviéndose a tomar mi mano. De ahí en adelante todo marchó vertiginosamente.

Estábamos de pie y yo lo abracé apegándome cuanto pude a él notando de inmediato su erección diabólica. Acaricié su cabello con ademanes expertos y surgió de inmediato la premura del macho joven inquieto. Su mano abierta se apoderó de uno de mis pechos que él pudo disfrutar sin problemas y entonces para facilitarle sus operaciones de asalto, me despojé de la blusa, exponiéndole a su antojo mis dos pechos monumentales.

Pablo se extasió con mis pezones cambiando su boca ansiosa de uno a otro como si temiera que alguno de los dos se le escapara. Yo lo dejaba hacer, mientras buscaba ansiosa, la forma de abrir su pantalón lo que conseguí por fin en medio de la agitación de una pasión desbocada y entonces por primera vez pude ver el bulto monumental de su slip tensionado hasta la desesperación por la fuerza del miembro erecto que parecía agitarse desesperado en la tenue jaula de la tela.

Con agilidad me desprendí de la falda y ahora lucía desnuda frente al muchacho. Entonces, como si esa pequeña tela le molestara, con rapidez inusitada se desprendió de ella y me mostró por fin el objeto de esas ansiedades, temores y calenturas que habían poblado mi mente y sobre todo mi cuerpo en mis últimas noches.

Sin dejar de abrazar a Pablo me fui deslizando por su cuerpo hasta quedar de rodillas frente a él y por fin pude mirarlo de cerca. Era simplemente indescriptible, algo que sobrepasaba a mis mejores recuerdos algo que me atemorizaba y me atraía sin poder separar la vista de él. La boca se me comenzó a abrir casi en forma involuntaria y me fui inclinando hacia ese centro de atracción infernal para abrazarlo con mis labios. Su grosor inaudito y la dureza y suavidad de su piel en mi boca desencadenaron en todo mi cuerpo una serie ininterrumpida de latidos y mi sexo se agitaba como si se sintiera asustado y anhelante.

La poderosa cabeza de ese miembro increíble, casi llenaba el espacio de mi boca y mi lengua fue relegada hacia los costados mientras yo me movía rítmicamente para poder mamárselo mejor. Lo sentía latir dentro de mi boca y en ese momento supe que me moriría si no apuraba los momentos que faltaban para lo inevitable.

Así me puse de pie y luego me tendí sobre la cama levantando levemente las rodillas y separando las piernas y mientras él me montaba con una decisión de hombre maduro, cerré los ojos para esperar resignada una ejecución que yo misma había buscado como una loca.

Sentí su cabeza portentosa separando mis labios mayores, los sentí proyectados hacia los costados, sentí que me abría descontroladamente, sentía que me partía y cuando esperaba que al menos me besara, sentí que me estaba desgarrando entera, que una brasa ardiente me quemaba, que entraba en mi sin contemplaciones, que llenaba todos mis rincones, que las paredes de mi tubo iban a estallar y un dolor creciente y un placer sostenido, formaban dentro de mi sexo una combinación increíble de sensaciones desmedidas.

Estaba inmovilizada, ya no podía agitar las piernas ni mover el vientre, ni podía morder su miembro con mi sexo. Se había apoderado de mí de una forma inaudita y seguía empujando y supe que era más profunda de lo que nunca pensé y seguía entrando arrastrando con el todo mi pasado y todas mis virginidades y cuando ya no tenía nada más que entregarle, porque me había llenado hasta mis orígenes, me atreví a bajar mi mano hasta mi sexo tan solo para comprobar que un trozo apreciable de su mástil aun esperaba traspasarme.

No era posible, mi útero era la barrera para mi placer y para su audacia. Tan solo me quedaba esperar, esperar que saliera.

Pero no salió. Latía, latía remeciendo mis paredes y supe lo que vendría. Con mi sexo dilatado lleno y palpitante sentí la descarga brutal de su orgasmo y sentí que me llenaba como jamás lo imaginé y resistí los tres golpes poderosos de su descarga inyectándome y luego comenzó a salir.

No había perdido el sentido, estuve muy cerca de hacerlo.

El se puso de pie agitando su miembro agresor y goteante como el asesino agita en el aire el puñal con el cual acaba de ultimar a su víctima.

Y la víctima era yo, su adorada víctima, su víctima feliz su adolorida y palpitante víctima que en ese momento me ponía de pie sintiendo escurrir sus ríos y los míos y contemplando entre mis piernas una caverna roja desmesurada que era lo que quedaba de mi anterior historia de mujer.

Autora: Magdalena

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Ximena, soy puta

Este juego para mí fue apoteósico, poder chupar la verga que tenía en la boca, masturbar las dos vergas que tenía en mis manos, sentir esas vergas en mi coño y culo que no dejaban de moverse, aparte del castigo que recibía en mis pechos y clítoris, no perder el control era muy difícil, no se cuantos orgasmos tuve, casi todos se vinieron al unísono, fue como estar en las nubes.

Aunque no soy muy amiga de contar mi vida o parte de ella, lo que voy a contar es algo que no puedo guardarlo y quiero que todos ustedes sean mis cómplices y quien sabe algo más. Me llamo Ximena, soy de Chile, casada, 23 años, 1.70, 94-60-90, ojos claros, pelo negro, morena, un culo parado que saca chistas y unas tetas grandes que son como el mismo pecado. Me consideraba una mujer un poco liberal aunque más conservadora, por lo mismo solo había tenido relaciones con mi esposo, quien me llevó virgen al matrimonio por petición mía, aunque no lo voy a negar muchas veces me hizo tener uno que otro orgasmo solo tocándome.

De todo lo que les voy a contar, la culpable es una amiga. A quien llamare Teresa, ella es una chica completamente distinta a mí, es soltera, liberal y no se complica mayormente por la vida, tiene mi misma edad.

Hace unos meses atrás (diciembre 2008), un día conversando de sexo con ella, me preguntó con cuantos hombres me había acostado, le dije que solo con mi esposo, ella no lo podía creer, se reía de una manera, decía que me había perdido la mitad de mi vida. Me empezó a decir que debía probar otros para comparar como era mi esposo en la cama y otras cosas más, le decía que no, que no me interesaba a todo lo que planteaba, pero cada vez mi negación se fue haciendo más débil hasta que no pude más y le dije bueno ya, acepto pero tú tienes que ayudarme, ya que no conozco a nadie o mejor dicho no me atrevo a entregarme a si por así a otro que no sea mi esposo. Me preguntó cuando podía ser, le dije solo cuando mi esposo no se encuentre en la ciudad, dándole tal fecha (el mes de febrero). Después de eso me dijo que lo único que me pedía que yo no me preocupara de nada, ni de ropa, ni lugar, ni hombre y que aceptara todo aunque no me gustara, le prometí que sí.

Entre ese día y el día en que sucedió todo, andaba preocupada porque iba a engañar a mi esposo pero también me excitaba el poder estar con otro hombre, esto último era más fuerte en mi, que cada vez que me acordaba me excitaba tanto que terminaba masturbándome o cuando hacía el amor con mi esposo pensaba en ese desconocido, muchas veces mi esposo me dijo que me encontraba extraña cuando hacíamos el amor, que parecía que yo estaba pensando en otro, por supuesto que nunca le dije que pensaba en otro o que pensaba engañarlo, solo le decía que eran ideas de él.

Llegó el día en que mi esposo se tuvo que ausentar de la casa, apenas se fue llamé a mi amiga, le dije que ya se había ido, lo único que me dijo: bien puta, esta noche nos vamos a prostituir como nunca lo harás en tu vida, estaré en tu casa a tal hora.

Lo que me dijo me hizo pensar y dudar en dar el siguiente paso, pero era verdad, lo que iba ser esa noche, el único nombre que tenía era prostitución además de engañar a mi marido, pero como le había prometido a mi amiga que no me iba ha echar para atrás, seguí con lo que iba hacer esa noche, prostituirme.

Llego a la hora indicada, tenía puesto un vestido mini ligero con broches delante de color negro con figuras blancas y unos zapatos calados de igual color, se veía estupenda. Nos saludamos y me empieza a sacar la ropa de la bolsa que traía, a esta altura la esperaba bañada y depilada como correspondía, saco de la bolsa una copia fiel de la misma ropa que ella tenía puesta, le dije: oye pero este traje es igual al tuyo, lo único que me dijo recuerda lo que te dije por teléfono y siguió con lo suyo, cuando estaba lista con toda la ropa preparada me dijo ya desnúdate, me desnude y me quede ante ella como vine al mundo. Me dijo mmmmmmmmmmmm esta noche este cuerpecito va recibir lo que merece. Luego me paso una fina tanga blanca diminuta, que cuando me la puse era más chica de lo que me imaginaba el hilo no se metió entre mis nalgas si no que se incrusto y mi coño era un era cubierto por un pequeño triángulo que lo hacia más provocador que cualquier otra tanga que había usado antes, me pasa el vestido, el cual era de mi talla, era elegante y cómodo, aparte de que resaltaba mi figura, me paso los zapatos y procedí a pintarme. Cuando ya estaba lista me hizo mirarme en el espejo mural, ooooooooooh, no podía creerlo, éramos iguales, como si fuéramos dos hermanas gemelas, le dijo paremos unas pu…, antes que terminara de hablar me dice calla, y no parecemos, somos, al menos esta noche.

Luego agregó solo falta un detalle, se me acercó y me desabrochó tres botones del vestido de las piernas hacia arriba, luego hizo lo mismo en el de ella. Le dije se nos va a ver la tanga, solo me miró y me dijo te ves hermosa. Estaba claro cual era el objetivo, no había más palabras que decir, lo que de dijera estaba de más o no tenía sentido.

Nos encontrábamos listas, antes de salir, me pasó una pequeño bolso y unas gafas oscuras, nos las pusimos y salimos, no podía creerlo, iba directamente a prostituirme, no sé si iban a pagar por mí o yo por él aunque lo último era más difícil, mientras caminábamos se nos abría el vestido, mostrando gran parte de mis muslos, aunque eso era lo mínimo porque me preocupaba que realmente se nos viera todo ya que la tanga era transparente, le dije a mi amiga que al menos abrocháramos un botón, solo me miró y sonrió, felizmente para mi nadie me vio salir de la casa, cuando subimos al taxi para llegar al metro y nos sentamos, me empecé a sentir desnuda, porque el vestido se abrió hacia los lados y mostramos toda nuestra bondad al chofer, quien ni tonto ni perezoso nos dijo que nos veíamos hermosas y que nos llevaría gratis si le hacíamos el favor. A lo cual mi amiga le respondió que era mucho para tan poco viaje, enojado el chofer nos dijo que parecíamos putas. Mi amiga le replicó diciéndole, no parecemos, somos, ante cual quedé con la boca abierta, pensé que eso era solo para nosotros pero no, me equivoqué. Cuando llegamos al metro bajamos del taxi y el chofer se despidió diciéndonos, chau putas, ante lo cual mi amiga le mostró el dedo medio de su mano.

Al subir al metro todos nos miraban, dado que nos veíamos muy provocativas por nuestra ropa al caminar, cuando subimos a los carros, nos sentamos en lugar donde había solamente hombres, fue una locura cuando nos sentamos porque los vestidos se abrieron para ambos lados y los ojos de los hombres se dirigieron inmediatamente a nuestra intimidad, me empecé a sentir realmente desnuda, pero algo en mi empezó a cambiar esas miradas me empezaron a excitarme, gracias a los gafas que eran muy oscuras, no delataron mi morbo por esos hombres que estaban excitándome cada vez más, a tal punto, que como toda una putita, empecé a abrir mis piernas mostrando cada vez más mi interior que sin darme cuenta pasé mi mano por todo mi coño el que ya delataba mi excitación, estaba mojado, unos de los pasajeros se acercó y nos dijo que éramos todas unas putas, mi amiga lo único que le dijo que era un amor. Los hombres no dejan de mirar y hacer sus comentarios de nuestras figuras.

Terminado nuestro recorrido con el metro, salimos y nos dirigimos caminando a nuestro destino final, mientras caminábamos los hombres nos decían de todo, especial cuando estaban en grupo, mi amiga solo reía, en cambio yo estaba nerviosa pero excitada, nunca había sentido tanto morbo más por la forma en que andaba vestida. Mi amiga me preguntó como me encontraba, le respondí que nerviosa pero excitada, luego preguntó, ¿y tu coño como está?, le dije que mojada, solo dijo: eso me gusta, ¿viste que eres tan putita como cualquiera?

Llegamos a nuestro destino, era un departamento grande, mientras subíamos por el ascensor empecé a tiritar de puros nervios, cuando llegamos al piso donde estaba el depa, mi amiga me toma de la mano y me dice, ven, me lleva a la escalera de escape, luego ahí, me dice con voz de orden: Ábrete de piernas, yo solo obedecía, me desabrocha un botón y me pasa su mano por mi coño, solo dije, uuuuuuuuuuuuuuuuf, luego corre la tanga y me masturba hasta tener un orgasmo, ahora me dice sácate esa tanga y colócate esta, me pasa una nueva de igual modelo que la anterior, pero antes de ponerme me dice léela, leo el triangulo dice soy puta, la miro con la boca abierta, ella pone su dedo índice en la boca en señal de silencio y luego me da una sonrisa, está todo claro me dije, soy una puta. Nos dirigimos al depa, tocó el timbre, abrió una chica de unos 20 años que vestía una tanga igual que la mía, pero no decía soy puta, nos hace pasar, saluda a Teresa y le dice, bueno tu sabes, si le dice Teresa…

Coge una venda que estaba en un mueble, me la coloca en los ojos y me dice: te tengo que presentar, como eres nueva, tienes que entrar con los ojos vendados para que valoren tu cuerpo, me toma de la mano y me lleva a la habitación, ya en ella me presenta y les cuenta que solo he tenido un solo hombre en mi vida, mi esposo. Después de eso, se aleja de mí, me doy cuenta por sus pasos, un hombre me ordena darme una vuelta en si misma, me la doy, luego escucho que le dicen a mi amiga, muy buena tu amiga, tiene buen cuerpo, luego de eso me ordena sacarme el vestido, lo hago, entre nerviosa y excitada, quedé solo en braga o en la tanga que decía soy puta, el hombre dice, que bonita se te ve esa frase en tu cuerpo y lo mejor es que eso eres, nuevamente me ordena darme una vuelta y nuevamente felicita a mi amiga, ahora me ordena sacarme la venda de los ojos, me la saco toda nerviosa, abro los ojos y solo dijo, oooooooooooooh, estaba en medio de cinco hombres sentados en cómodos sofás…

Todos eran espectaculares aunque tenían más de 40 cada uno, para que hablar de sus vergas que eran más grandes que la de mi esposo, me hicieron perder, luego mi nerviosismo diciéndome que estuviera tranquila, que nada malo me iba a pasar, y que de a poco me iba a acostumbrar y que me iba a gustar, de mi amiga no supe nada, hasta el otro día, cuando me llamó y me dijo: como está la puta, solo le dije que muy cansada. Ok, me dijo, voy a la tarde a visitarte y llevarte lo tuyo.

Para que contar que hice con esos hombres si ustedes se lo han de imaginar, le mamé a los cinco sus vergas y me tomé sus exquisitos líquidos, cosa que con mi esposo no había hecho nunca, me las metieron por todos lados de a dos a veces de tres, algunos me dieron latigazos en mi coño, culo, pechos, estómago y cara, al final me hicieron lo que ellos llamaban el terremoto y que terremoto, consistía en: en darle mi culo a la polla más grande, me tenía que sentar en ella, mi coño a la que seguía, para lo cual tuve que levantar mis piernas, mi boca a la más gruesa de las tres que quedaban y mis manos las otras dos, todo de una vez, mientras que a quienes masturbaba me trabajaban los pechos, uuuuuuuuuuuuf, de que manera lo hacían y jugaban con mi clítoris.

Este juego para mí fue apoteósico, poder chupar la verga que tenía en la boca, masturbar las dos vergas que tenía en mis manos, sentir esas vergas en mi coño y culo que no dejaban de moverse, aparte del castigo que recibía en mis pechos y clítoris, no perder el control era muy difícil, no se cuantos orgasmos tuve, casi todos se vinieron al unísono, fue como estar en las nubes, cuando estaban a punto de acabar cada uno me empezó a decir…

Ximena ya eres una puta, después que acabaron quedé tirada en unos de los sofá, estaba cansada, decir eso es poco porque estaba muy cansada, no me di cuenta como me quedé dormida, cuando desperté estaba sola en el depa, no había nadie, empecé a buscar el baño, me tomé una rica y reponedora ducha, me vestí con el vestido con el cual había llegado y la tanga que decía soy puta, realmente cuando me dirigía a mi casa con esa tanga puesta me sentía que le decía a la gente que era una puta, ok, si ahora lo soy, aunque mi amiga prefiere decirme que somos damas de compañías.

En la tarde cuando llegó mi amiga y conversamos del tema, me dijo que lo que había hecho era prostituirme, había inscrito mi nombre en una agencia de señoritas de compañía y que donde estábamos era un depa de fiestas, también me entregó un cheque con una cifra bastante grande de dinero y me dijo: ahora somos amigas y putas, recuérdalo, luego me dijo ábrete de piernas, me sacó la tanga que tenía puesta, no era la que decía soy puta y me empezó a comerme el coño, (eso merece ser contado en otra oportunidad), desde entonces somos, amigas, amantes y putas, lo mejor es que mi esposo no sabe nada, pobrecito lo engañé con cinco de un viaje y además tengo una amante mujer.

Mi amante me ha dicho que pronto tendremos otra fiestecita.

Autora: Ximena

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Desvirgué a Lu

La pendeja aprendía más rápido que su mamá. Ya no pude aguantar más y me desleché dentro de su culito que no alcanzó a contener el torrente y la leche desbordaba alrededor de mi pija, mientras yo seguía bombeando para sacarme hasta la última gota. Volvimos a acostarnos abrazados y le contaba cómo tenía que hacer para que pudiera llenarle la concha de mi leche.

Ya les conté cómo conocí a Marta, y como me relacioné con la novia de su hijo que ahora es su ex novia, el boludo ya tiene otra nueva que está tan buena como la anterior, aún no he encontrado la forma de acercarme a la nueva novia, pero el tiempo es muy sabio, ya llegará el momento.

Marta tiene cinco hijos: una mujer alrededor de treinta, casada con un hijo, mujer algo menor soltera y bien cogedora, varón bien seguido, casado con una mujer que está buenísima, y más espaciados Carlitos y Marilú (Lu). Los dos últimos viven con Marta, Carlitos anda por los 21 y Lu tiene algo de diecinueve años.

Esta niña es la pasión de Marta, Lu no es fea, apenas si le falta crecer un poco, no es muy alta, más bien flaquita, un hermoso par de tetas, un culito que cuando anda de entre casa con breves shorts se ve bien aunque chico, y unas piernitas como de pollo, hasta sus muslitos son escasos, pero si le dan tiempo echará unos muslazos como los que luce su madre. Lu es bonita de cara y tiene una boquita estrecha, a diferencia de su madre que tiene una bocota como para llenarla de verga.

También les conté que al principio de mi relación con Marta cuando yo iba a Buenos Aires nos quedábamos en un hotel, y que muy pocas veces Marta se quedó a dormir conmigo, es muy convencional y pudorosa, cogíamos hasta las dos o tres de la mañana y luego volvía a dormir a su casa, aunque los hijos no precisaran tanto cuidado.

Con el tiempo Marta me llevó a dormir a su casa, la primera noche ella estaba tan cohibida que resolví no cogerla esa vez, y yo al día siguiente me volvía a Mendoza. Pero la vez siguiente todo anduvo bien y cogimos como siempre. En la ocasión que relato ahora yo había ido por una semana entera a Buenos Aires, y como saben en los días laborables Marta estaba afuera casi todo el día. En esta oportunidad le surgió un viaje de trabajo por un día; se iba luego de almorzar y regresaba al otro día por la tarde. Le ofrecí acompañarla o volver a Mendoza, pero me dijo que mejor la esperara, y así lo hice.

La llevé a Aeroparque alrededor de las 14:00 y luego me fui al centro, al cine; cené bien en un restaurante muy lujoso, bebí bastante vino bueno y regresé a lo de Marta, llevaba dos películas porque sé que me cuesta dormirme temprano.

Me llevé la botella de whisky, hielo y vaso al living, dispuesto a ver buen cine hasta que me viniera el sueño. Ajeno al mundo que me rodeaba, apenas advertí que el boludo salió con su nueva novia anunciando que ya no regresaba. Lu estaba con su noviecito en su cuarto, la puerta cerrada como hacía habitualmente.

El policial que estaba viendo era muy bueno, con gran misterio, y el scotch era incomparable, no había nada mejor paz y descanso. Casi al finalizar el filme Lu sale de su habitación con el novio y lo acompaña hasta la puerta de calle; a poco regresa y se queda mirando el final de mi policial. Luego me pregunta: ¿Qué estás tomando?- -Whisky, ¿querés?-Nunca he tomado,como mi novio, nos tenemos muchas ganas, pero hay muchas veces que deseo que no fuera virgen, y ninguno de los dos sabe cómo se hace…

Me preguntó si yo sabía, mientras se acercaba y se recostaba contra mí en el sofá. Por supuesto que sé le dije, pero no pretenderás que lo haga con vos. Ya me pasaba su mano por mi pierna cuando me dijo que por qué no, que ya era una mujer, que tenía los diecinueve cumplidos.

Pero sos casi como mi hija. No soy tu hija, vos lo hacés con mi madre, nada más. Y seguía pasando su mano por mi pierna, cada vez más cerca de mi verga que empezaba a reaccionar y pararse.

Esto no podía ser, traté de separarla, pero no me dejó, al contrario se acercó más a mí. Y yo no soy muy resistente. Le pasé un brazo por los hombros y la acerqué; me miró a los ojos y me ofreció la boca abierta. ¿Qué podía hacer?, la besé y juntamos nuestras lenguas; mi pija ya estaba bien dura y parada, y se me notaba a través del pantalón; además ya había resuelto cogerme a la criatura inocente.

Lu llevaba un top y un short muy chicos ambos, estaba descalza y con el pelo suelto. Le acaricié el espacio de piel entre el short y el top, y seguí subiendo mi mano hasta sus tetas que palpé sobre el corpiño mientras le llevaba la mano hasta ponerla sobre mi verga, y ella se prendió, novedad: me dijo que la tenía muy grande, ya lo sabía, pero le pregunté con qué la comparaba. Con la de mi novio me dijo, no creas que no se la haya tocado siempre sobre la ropa como ahora a vos.

Sin hablar le desprendí el corpiño y amasé sus tetas en directo, los pezones estaban muy duros y parados. Me bajé el cierre de la bragueta y le dejé poner la mano adentro, por suerte llevaba bóxer y pronto encontró el camino hacia mi pija sin nada entre medio, me la sacó y la miraba extasiada, yo ya le chupaba los pezones y las tetas enteras.

Le pedí que me la besara, luego que me la lamiera, que me la chupara, me dijo que no sabía cómo. Y yo otra vez de docente de mamada, explicando toda la técnica de una buena felatio, que Lu aprendía como la mejor alumna. No estamos en el lugar más cómodo, le dije mientras la alzaba en mis brazos y la llevaba hacia la cama de su madre.

Allí la acosté y me saqué la ropa hasta quedar sólo en bóxer para tenderme a su lado, la nena me miraba embobada, he mantenido mi físico en forma gracias al deporte y a la gimnasia, y estoy bien tostado, de verdad no aparento mi real edad. Los dos de costado enfrentados le saqué el top, el corpiño que ya estaba suelto, y mientras seguía chupándole las tetas le bajé el short.

Le tocaba la conchita por sobre la tanga y percibía los labios mayores y menores hasta llegar a su clítoris que noté duro e hinchado. Me moría por comerme ese bocadito caliente, así que le arranqué la tanga y puse mi cara entre sus piernas para darle lengüetazos en la concha mientras le apretaba el culito con las dos manos; le lamía el clítoris y la penetraba con la lengua en forma alternativa.

Me decía: dale seguí que me gusta mucho, nunca me pasó esto. Pobre no sabía expresar que estaba teniendo un brutal orgasmo, tal vez no el primero porque debía haberse masturbado más de una vez, y seguro que conocía el término orgasmo, pero no acertaba a ligarlo con lo que estaba sintiendo. Trató de darse vuelta para chuparme la verga en sesenta y nueve, pero a mí esa posición no me gustó nunca, la boca del hombre cae mal y no sabés si estás dando o recibiendo, mejor cada cosa a su tiempo.

Quiero que me cojas, me dijo, poneme toda esa pija dentro de mi concha. Con la pre lubricación la tranca empezó a entrar de a poco, le dolía, pero no decía nada; a los pocos centímetros hallé una barrera cerrada. Era el himen que no se quería dejar desflorar.

Dale, la quiero toda adentro, me dijo. Me decidí y empujé, forzando, desgarrando, apenas se quejó, se contenía para no parecer una chiquilina inexperta, aunque lo era. Ya con toda mi verga dentro de la conchita recién estrenada me quedé un rato sin moverme, dejándola que se adaptara al pedazo de pija que tenía en su vaginita nueva.

Percibí que le gustaba y ella empezó a mover sus caderas despacio a la vez que acababa como una potranca en celo, yo me movía apenas y no contaba sus orgasmos que se sucedían sin interrupción cada cuarenta segundos.

Cuando sentí que ya no podía contener mi eyaculación se la saqué, Lu quería que se la dejara adentro y la siguiera cogiendo. No, le dije, esperá que me toca a mí, serví dos whiskys con poco hielo. Bebiendo la hice poner boca abajo y empecé a masajear su culito, le abría las nalgas y le rozaba el ano con un dedo, luego le unté gel en el culo.

Me preguntó qué quería hacer. Le expliqué, no quería acabar dentro de su concha por el peligro de un embarazo que no sabríamos cómo justificar, entonces mi intención era penetrarla por el culo y llenarla de mi leche por allí.

Vi su cara de miedo, la tenés muy grande, me vas a romper toda; la tranquilicé diciéndole que me dejara hacer, que yo sabía más que ella, le pedí que se relajara mientras le iba metiendo primero un dedo y luego dos más tarde tres, que entraron bien gracias al gel que era maravilloso, movía mis dedos en círculo para dilatarla mejor, cada tanto paraba y le miraba el agujerito que se notaba cada vez más grande.

En un momento la coloqué en el borde de la cama con las rodillas apoyadas en el piso y le pedí que se separara las nalgas, quedó ante mi vista el precioso orificio bien abierto. Me acomodé hasta quedar en posición para penetrarla y le empecé a mandar mi verga con mucho cuidado. Le advertí que le iba a doler al principio, que aguantara si era tan mujer y quería hacerme gozar.

Se quejaba en silencio mientras mi pija la iba invadiendo, no abría la boca, no decía nada, pero yo sé que le dolía bastante. A medida que mi verga la penetraba se iba adaptando a tenerla adentro de su culito que era más estrecho que su concha. Mi poronga estaba en la gloria tan apretada por esa carne que se iba abriendo a su empuje.

Cuando sentí que Lu aceptaba lo que se había tragado su culo me empecé a mover bien lento, sentía que ese culo me succionaba la verga, le masajeaba el clítoris, ella también se empezó a mover y a acabar nuevamente a repetición, trazaba círculos con el culo y me acercaba al paraíso.

La pendeja aprendía más rápido que su mamá. Ya no pude aguantar más y me desleché dentro de su culito que no alcanzó a contener el torrente y la leche desbordaba alrededor de mi pija, mientras yo seguía bombeando para sacarme hasta la última gota. Volvimos a acostarnos abrazados y le contaba cómo tenía que hacer para que pudiera llenarle la concha de mi leche, debía tomar unas píldoras que le iba a comprar, pero que no lo supiera Marta, y debía también llevar un control estricto de sus reglas. Así te voy a poder coger por todos lados sin riesgo. Así nos dormimos.

Ya entrada la mañana me desperté y Lu me estaba chupando la verga.

Autor: Jorge

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Mi ardiente cuñada II

Me senté en la grada y abrí un poco las piernas… ella se sentó cogiendo mi verga dirigiéndola a su concha hasta que entró totalmente dando un suspiro de placer, en esa posición yo podía tener a entera disposición sus pechos en mis manos y su cuello para mi boca.  Érica se inclinó hacia adelante para que viera mejor sus curvas, se puso las manos en sus rodillas y empezó un sube y baja.

De nuevo yo, para continuar con un relato anterior llamado “Mi ardiente cuñada” publicado el 9 de marzo de 2009 en esta página el cual ha gustado y he recibido muchos mensajes.

Recuento relato anterior: soy de Cali, Colombia.  Tengo una novia hermosa, linda cara y excelente cuerpo, pero no es nada comparado con el cuerpo de su hermana.  Érica, una mujer con curvas despampanantes, piel trigueña, ojos llamativos, pelo negro azabache, 1,65m de estatura, operada con talla 38 B, de senos coronados por unos pezones de 1 cm cuando están erguidos y un culo, culazo, redondito, paradito y tonificado producto del gimnasio y de una cirugía.  Fuimos a una finca, con su familia, y después de unos cuantos tragos, copas y demás, nos fuimos a dormir.  Yo dormí en el cuarto de ella porque el destino así lo quiso.

Ahí, su cuerpo se entregó a mí y mi mente voló  hasta el infinito seducidos por el peligro y la necesidad de hacernos, cada uno del otro.  Olí su aroma, pero no completo, saboreé su piel pero no toda, vi su cuerpo pero no lo miré, toqué su piel pero con un solo dedo… en últimas y por la situación mi deseo se cuadruplicó y mis ganas de tenerla conmigo eran más grandes.

Relato: Nos fuimos de la finca con la complicidad de las acciones de la noche anterior pero no se notaba, cada uno trataba de disimular pero de vez en cuando las miradas y sonrisas se cruzaban con deseo.  En el camino íbamos en 4 autos distintos y en el mío mi novia, Érica y yo.  Por el espejo la miraba mientras la peinaba el viento.  Cuando nuestras miradas se cruzaban, corrientazos pasaban por mi cuerpo y mi pene saltaba.  Llegamos a Cali, mi ciudad, después de 40 minutos de trayecto.  La llegada a Cali, a la casa de ellas, terminaba con un viaje excitante y lleno de placer… pero no tardaría mucho en verla desnuda.

Érica es una mujer que le encanta la rumba.  Se la pasa de fiesta en fiesta, de parranda en parranda, tomando y bailando… me imagino como quedaran los hombres al verla bailar.  Pasaron unas semanas y yo estaba en esos días que quería salir solo, con mis amigos y nada de novias ni fiscalías.  Ese fin de semana quedé de salir con ellos a una discoteca muy de moda en mi ciudad.  Llegamos, entramos y empezamos a bailar y tomarnos unos tragos, una rumba normal.  Era como media noche, calculo yo, cuando siento que me tapan los ojos y me susurran al oído “¿quién soy?”.  Pues con la música a todo dar y la algarabía de la rumba no diferencié la voz sensual y calidad de Érica.  Si, ya se lo imaginaban, era ella, la mujer de mis sueños, la que tengo en la cabeza cuando le hago el amor a mi novia, la que su cuerpo me derrite.

La miré y mi corazón palpitó fuerte.  Describiré como estaba: tenía un vestido enterizo de muy fina tela, muy corto, color blanco en su totalidad, ceñido a su culo y cintura dejando ver unas curvas de guitarra, pero bastante flojo de la cintura para arriba.  Tras de el, se podía disimular unos grandes senos, un poco abiertos hacia los lados con sus pezones erectos sin ningún sujetador, la gravedad no hacía efecto en ellos.  Su espalda estaba descubierta por un escote en V sujeto de lado a lado con 2 cadenitas doradas. Usaba unos zapatos de tacón mediano, amarrados con 2 cuerdas de cuero alrededor de sus pantorrillas, como tipo romano… Una diosa.

Yo me paré de mi asiento para saludarla y darle un abrazo para sentirla junto a mí.  Érica estaba bastante tomadita, se le notaba en su voz y sus movimientos. Érica: “hola, que mas” Yo: “bien, bien y tú? Como estás de linda” Érica: “¿linda no más? Pues como me miras parece que me quisieras comer… otra vez jajajajajaja”; Yo: “jajajajajaja si créelo que si” Érica: “¿ah sí? Y entonces” decía Érica en son de burla y con risas entre sus palabras.

Solo la miré y la saqué a bailar.

En la pista, bailando reggaetón, sus movimientos sensuales no solo me atraían a mi, esos movimientos eran un imán de miradas deseosas de los hombres a su alrededor.  Subiendo y bajando, moviendo su culo mientras sus manos pasaban de su cuello, por sus senos hasta sus piernas, sensual.  Su mirada en mis ojos, su culo moviéndolo contra mi pene, su cabello en mi cara, transpirada.  Yo por mi parte, metía un poco mis manos por la abertura de su vestido, tocaba su espalda y los lados de su cuerpo disimulando un poco cuando alcanzaba a tocar el comienzo de sus senos.  Érica pasaba su brazo por detrás para tomar mi cabeza y arañármela jalando de mi cabello… era una yegua en celo pero cada vez que me acercaba se retiraba… estaba jugando conmigo la descarada.

Terminamos de bailar y fuimos a sentarnos pero ella cogió rumbo a su mesa donde estaba con sus amigos.  Yo quedé extasiado, excitado, arrecho.  Mis amigos hacían comentarios sobre ella morbosos y cochinos.  Ella me miraba y seguía con sus amigos.  Al rato, llegó a mi mesa y se sentó conmigo para hablar un poco.  Me pareció extraño y quedé con algo de temor que se hubiera arrepentido de lo que hicimos y hacíamos. Ella comenzó: “¿Le has dicho a tus amigos quién soy?”

Yo: “claro que no, una amiga no más, ¿por qué?”;  Érica: “pilas, mis amigas creen que sos otro amigo”; me dio risa de saber lo que le estaba haciendo a su hermana, pero no me importaba. Érica: “ah, y a veces me da cagada con mi hermana porque…” Yo: “no me importa, vos me atraes mucho”;  Érica: “si, vos también… ahora hablamos” se paró y se fue… Ummmm, todo terminó, imaginé.

Siguió la rumba unas horas más hasta que cerraron el local a eso de las 2 am.  Pagamos la cuenta, nos despedimos entre los amigos y salimos no sin antes echar una mirada buscando a Érica, pero no la encontré.  Parecía que la noche había concluido.  Salimos del sitio y en las afueras estaba ella con sus amigas.  Me le acerqué a despedirme y me preguntó que para donde íbamos a rematar.

Yo: “no, ya para la casita, ¿y vos?” Érica: “pues también, pero no quiero irme todavía” Yo: “vamos a tomar algo y yo te llevo” Érica: “dale”.

Se despidió de sus amigas y nos fuimos para mi auto.  Salimos del parqueadero y fuimos en busca de algún lugar en donde pudiéramos parar a tomarnos otros traguitos pero nada de nada, todo estaba cerrado o ya no vendían licor.  No sabía que hacer pero dejarla en la casa ¡No!, nunca.

Después de darle casi la vuelta a la ciudad me dijo que porque no íbamos a rematar a un motel ya que eso se acostumbra en la ciudad.  En los moteles uno puede seguir tomando y bailando sin tener que tener sexo (a veces).  Yo: “Mmmmm bueno dale” haciéndome el rogado.  Me pareció buena idea, no la de seguir tomando, sino de ir a un motel.

Entramos a un motel muy bueno, cerramos la puerta, pusimos musiquita bien rica, pedimos unos cocteles y nos sentamos a hablar.  Poco a poco, mientras hablábamos, nos íbamos despojando de nuestras ropas en la imaginación de cada uno, tal vez recordando lo que habíamos hecho en días anteriores.

Érica: “bueno, bailemos un poco pues…”

Empezamos a bailar mientras el silencio se apoderaba de nuestras bocas.  Nos comunicábamos con movimientos y roces acertados.  Nuestras caras se acercaban y nos dejábamos escuchar la respiración y uno que otro quejido bajo mientras nuestros cuerpos no paraban de vibrar.  Más y más pegados, más y más entrelazados, más y más excitados, más y más sedientos de placer…

No aguantamos más, el licor, la música, la ocasión, lo prohibido… y nuestros labios se juntaron de la manera más sensual que se puedan imaginar… suaves besos, suaves mordiscos, suaves gemidos mientras apretábamos los cuerpos.  Mis manos estaban en sus tonificadas piernas subiendo la poca tela que tenían para descubrir su culo… un monumento.

Mi pene estallaba, los besos más jugosos, babeábamos literalmente a cantaros.  Mis manos recorrían sus curvas y llegaban a sus senos… subiendo hasta su cabellera.  Mientras la besaba recorría su cabellera por la parte trasera de sus orejas, la rasguñaba suavemente, le halaba el pelo para chuparle su cuello; ella por su lado no dejaba de masajear mi gordo pene que ya botaba jugos por ella.

Le di vuelta frente a la cama y le solté las dos cadenas que sostenían su vestido.  Inmediatamente este cayó de la parte superior de su cuerpo.  Yo me retiréun poco para verla de espaldas… el canalillo de su espalda, coronados por dos huequitos inferiores, sus curvas, su piel morena, su cabellera hasta la mitad de su espalda… imagínense. Ella volteaba su cara para verme de reojo, mordiendo su labio inferior con sus dientes mientras se terminaba de bajar el vestido.  Wowww, no tenía bragas… luego me di cuenta que era para que no se le marcaran en el vestido.  Solo le dije que se dejara los tacones…

Érica se dio la vuelta, se sentó en la cama y me hizo señas que fuera.  Cuando llegué, me quitó la camisa, me desabrochó el pantalón y sacó mi verga, mi excitada y venosa verga para comenzar a besarla… Ummmm su boquita estaba hirviendo.  Ella me pasaba su lengüita por la cabeza de mi pene, solo por ahí, la parte más sensible… aaajjj me estaba matando.  Yo no soportaba, la quería tener en mis manos, quería sexo duro para saciar las ganas que tenía de su cuerpo.

Me terminé de quitar todo y le dije que se acostara en la mitad de la cama, con las piernas abiertas y que se tocara un poco… a mi me puede matar que una mujer se masturbe… que se toque… me encanta, es uno de mis “fetiches”.  Verla ahí, a la mujer con que últimamente he soñado tocándose sus grandes senos con sus frágiles manos, mojándose los dedos con sus jugos para luego probarlos… jadeando y blanqueando los ojos Hummmmm.  Me acosté en medio de sus piernas dispuesto a hacer lo que más me gusta hacerle a una mujer… sexo oral.  Empecé a besar o a rozar, sería la palabra, con mis labios sus piernas… la parte interna de sus piernas.  Érica se estremecía y se erizaba.  Bajaba hasta su vagina pero sin tocarla.  Besaba la parte superior, donde se juntan los labios de su hinchada vulva y daba un toquecito con la punta de mi lengua en su hinchado clítoris.  Aaahhhhhhh, aaahhhh, ahaaaa, daleeee me pedía.  Pero yo seguía por otros caminos.  Volvía a subir por sus piernas hasta sus tacones para chupar sus dedos y el cuero de sus zapatos…

Érica solo me miraba con los ojos achinados mientras sus manos juguetonas daban círculos en su vulva y pellizcos en sus pezones.  De nuevo bajaba para pasar por su concha y seguir directo a sus pezones.  Besaba sus tetas, por todos lados, por los costados, por encima y por debajo… sus pezones los atrapaba con mis dientes mientras ella con sus manos trataba de meter mi verga en su interior.  Bajaba por su vientre, su ombligo, dejando un canal de saliva por donde recorría.  Su aroma a animal en celo, a hembra caliente, me iba embriagando cuando me acercaba a su vulva… pero ya quería saborearla.

Su vulva chorreaba líquidos espesos con sabores embriagantes.  Con mis dedos abrí sus labios para con mi lengua tener mejor control de su placer… chupaba, besaba, mordía y movía su clítoris mientras sus manos me apretaba hacia ella… aaaaaahhhhhhhhh, Siiiii, siiiiiiiii sigue mi goooorr…ddd…oooooo gritaba mientras agarraba las sábanas y mordía sus labios…. Seguí haciéndolo porque me encanta su sabor, porque me excita, porque puedo tener un orgasmo con solo verla gozar.  Calculo unos 15 minutos dándole lengua a su caliente vagina, cada vez que sentía que se iba a venir paraba y besaba sus senos mientras mi pene chocaba con su clítoris, sin penetrarla.  Aaaahhhhhh,  uummmmm… volví a bajar para que terminara en mi boca, para que me inundara mi cavidad oral… aaahhhh ssiiiii aaahhhiiiiii sssiiiii qquuee  rrriiccooooooa aaaaahhhhh  mmmeee  vveennnggooooooooo…. Y un manantial de sabor ahogo mi boca y mis sentidos.  Érica temblaba, nunca había visto a una mujer así, casi convulsiones…. Que ricoooo.

Yo estaba empezando así que pasados 1 o 2 minutos le di vuelta y me monte en su culote… dos balones totalmente redondos  uuummm si que me gustan.  Desde ese ángulo, metí mi verga erguida entre sus piernas para buscar su vagina.. Aaaahhhh exclamó cuando mi verga le tocó su sensible vulva.  No fue difícil meterla hasta el fondo.  Yo estaba desesperado y caliente.  Empecé a meterla y sacarla, auuhhh delicioso, ella cerraba más las piernas para que el roce fuera mayor y hacerme venir… pero no quería venirme… seguí bombeando y cada metida hacía que soltara un quejido Ahhhh ss ii ii aaa.  La puse en 4 para ver la redondez de su culo y bombearla más mientras le cogía sus senos… grande senos… ella me miraba como pidiéndome más mientras yo veía su culo encima de mi verga que entraba y salía brillante de su vagina.

Aaahhhhh, ssiii, daleeee  yo no aguantaba massss…me  vvenn goooo  Éricaaaaaa aaaaajjjjj aaaa ssiiiiii, cuando estaba a punto saqué mi verga llena de mi leche caliente apretándola con mi mano y volteé a Érica para verle sus tetas… ella entendió lo que quería… y se puso con sus grandes tetas bajo mi verga para que yo con un simple movimiento descargara mi leche sobre ellas, su cara y su boca…

Aaaahhhh  uuuuuuuuummmmmm, aaassssiiiiiiiiiiiii.  Me corrí como pocas veces, cantidades enormes de leche y chorros con fuerza desmedida salían de mi pene venoso, rojo y palpitante.  Yo siempre había querido hacer eso con una mujer pero nunca lo había hecho, fue mi primera vez.  Érica se chupaba la boca y se reía con ojos asombrados de la cantidad de leche que tenía encima.

Descansamos un rato y ella se metió a la ducha para asearse.  Mi calentura iba creciendo mas, no soporté verla bañándose, restregándose jabón espumoso por sus senos, mojando su cabellera, tocándose su concha…. Hummmmm, así que fui a su encuentro.

Nos bañamos juntos mientras nos besábamos y nuestros cuerpos se tocaban.  Nuestros cuerpos fueron creados para el placer… para nada más.  Salimos y nos dirigimos al jacuzzi el cual habíamos preparado con anterioridad.  Nos metimos y hablamos un rato de cosas sin importancia ni sentido.  Sus pies masajeaban mi erecto pene debajo del agua haciendo que la cabeza saliera como submarino. Érica asombrada la miraba y decía “Uuuyyyy que rico, de nuevo para la guerra”… a los segundos de estar ahí, ella se dirigió a mi y puso sus grandes senos alrededor de mi pene, subiendo y bajando… en ese momento yo estaba en las nubes, en el séptimo cielo, viendo como la diosa de ese cielo, me miraba sonriente mientras sus gordos, parados y excitantes senos albergaban a mi pene.  El jacuzzi era muy pequeño para los dos así que nos metimos en el turco, lleno de vapor pero excitante.  Ella brillaba de sudor, como si acabara de hacer ejercicio… estaba ruborizada del calor, cosa que me encantaba.

Me senté en la grada y abrí un poco las piernas… ella se sentó dándome la espalda, cogiendo mi verga cual mástil de velero y dirigiéndola a su concha.  Érica se empezó a sentar sobre mi palo, hasta que entró totalmente dando un suspiro de placer auuhhh uuuuummmmmm que deliccciiaaaa decía Érica.  En esa posición yo podía tener a entera disposición sus pechos en mis manos y su cuello para mi boca.  Érica se inclinó hacia adelante para que viera mejor sus curvas, se puso las manos en sus rodillas y empezó un sube y baja.  Aaahhhhhhh, subía y bajaba sin inconvenientes.  Luego se recostó a mí para yo morderle el cuello, tocarle sus senos y con la otra mano, sobarle su gran clítoris mientras ella se movía adelante atrás sin parar.  Mmmmeee  enenccaaantaaaa  sssiiii aasiiiii  aaahhhhhh pppuutttaaa queee rriicccooo…

Gracias a que soy alto, de 180cm, pude meter mis brazos bajo sus piernas para levantarla en esa posición que estaba cuidándome de no resbalarme.  Cuando lo logré giré y ella se apoyó en el muro donde estábamos sentados.  Ahí, ella quedaba casi en el aire lo cual me dio mucha movilidad. La cogí con fuerza y empecé un desenfrenado mete y saca de su concha.

Aaaahhhh ssiii, Aaaaaaaaaaaaaahhhhh, uuummm yo estaba como loco, sosteniendo su peso pero dándole salvajemente,  mete y saca mete y saca… sus senos colgaban y rebotaban de la forma en que la penetraba… su vulva palpitaba y ella gritaba de placer… Auuhhh, Siiiii,   aaaaaaaaa.

Yo estaba en las mismas y me iba a correr de nuevo, lo cual se lo dije, y ella en palabras entrecortadas me dijo… yyyooo  tt aaaam bbiii en  nnnn  dalllleeeeee… al escuchar esto aceleré mis movimientos, ahogándome por el vapor del turco… aaaaahhh sssiiiiiiiii aaahhhh eeesssttoo  eesss  llooo mmmeejjooorrrrrrrrrr  aaahhhhhh, y nos vinimos los dos juntos, como coordinados, como cuerpos que trabajan parejamente y coordinados, quedando exhaustos al borde del desmayo.  Que rriiccooo.

Descansamos un poco, dormimos juntos, abrazados como pareja.  Nos bañamos y salimos del lugar a eso de las 5 30am, casi de día rumbo a su casa… cuando nos despedimos me confesó que fue delicioso lo cual yo le di la razón y quedó en darme una sorpresa… que más adelante les contaré…
Escríbanme o agréguenme al MSN.

Autor: Maniconcoco

maniconcoco@hotmail.com

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La caída moral I

Lo acosté sobre el sillón, lo desnudé en segundos y me lancé a mamar su verga que ya parecía un tubo de oxigeno con grandes venas que parecían a punto de explotar. En ese momento nada en el mundo importaba más que su verga. Ni mi esposo,  ni mis hijos, solo deseaba mamar como posesa indicándole a mi nuevo macho que su verga era lo único en la tierra que importaba para mí.

Hola a todos. Al fin me animo a contar mi historia. La triste historia de mi vida.

Mi nombre es Ana y tengo 39 años. Fui casada y tuve 2 hijos hermosos y un marido espectacular, una casa medianamente linda, y todo lo que una ama de casa de clase media desearía tener. Vacaciones en Brasil, actos escolares de mis hijos filmándolos, cenas familiares en casa de mis padres y de mis suegros, etc.

Mi marido era gerente de producción de una importante Pyme de la ciudad de Buenos Aires y su sueldo nos permitía mantener el nivel de vida que deseábamos. Pero no todo es miel en la vida y la situación económica de Argentina en general nos arrastró como a tantos. Para no ser despedido aceptó cargos de menor jerarquía y consecuentemente su sueldo disminuyó.

Fue ahí cuando decidimos que yo buscara trabajo, pues soy secretaria ejecutiva recibida, y al hacer números nos convenía pagar una niñera de medio día por las tardes pues a la mañana ambos niños iban a la escuela. De ese modo solo quedarían al cuidado de la canguro desde el mediodía hasta media tarde, momento en el cual uno de nosotros dos siempre llegaba a casa. Por suerte no me costó mucho conseguir trabajo, pues si bien mi curriculum era inexistente soy una mujer atractiva y eso en Argentina pesa mucho a la hora de conseguir trabajo.

Peso 56 kilos, tengo cintura estrecha y unos senos hermosos, que aun siguen firmes, con pezones oscuros y grandes, tobillos finos y  unas nalgas apetecibles.

Entré a trabajar de secretaria de Jorge R, un empresario del gremio de la madera con oficinas en Recoleta. Mi entrevista fue rara. Me preguntó el motivo de mi búsqueda de trabajo, disponibilidad horaria y si manejaba computadoras. No pude dejar de notar que su mirada iba de mi cara a mis piernas  a cada instante y eso me ponía nerviosa, pero salí de la entrevista con el puesto en mis manos.

Mi marido feliz descorchó esa noche una botella de espumante para festejar con mis hijos y yo en esa cena familiar. Esa creo que fue la última vez que se nos vio felices y unidos. Al cabo de tres semanas de trabajo yo estaba despatarrada en un sillón  en la oficina de Jorge gimiendo como una cerda mientras él me lamia el culo.

Pero, ¿como llegamos a este punto? Así:

Una tarde a la semana de haber ingresado a trabajar me comentó de la llegada al otro día de un grupo de ejecutivos malayos que llegaban a la ciudad para cerrar con él un importante contrato de importación de madera a Malasia. Me sugirió amablemente que me pusiera más linda de lo que se me veía a diario (fueron sus textuales palabras)

Así y lo hice y pude hacerlo sin problemas pues German, mi marido, salía a su trabajo una hora antes que yo. Me vestí lo más sexy que pude, dejé a los niños en la escuela y partí a la oficina. Jorge me esperaba con un enorme ramo de flores y no paraba de decirme lo hermosa que estaba.

Los malayos llegaron puntuales y se me pidió que tomara apuntes de la reunión para la posterior redacción del contrato. Uno de ellos hablaba castellano medianamente bien y me dijo ” Ana, tu jefe tiene la secretaria más hermosa que yo haya visto”  A lo que este respondió rápidamente ” Y no sabe lo fabulosa que se ve sin ropa ” Yo quedé boquiabierta ante la respuesta de mi jefe pero mantuve la calma.

Cuando estos se retiraron me dijo que lo había hecho como una estratagema más para forzarlos a que se sientan bien y firmaran, cosa que hicieron. Sirvió dos copas más de vino, me tomó de la mano y me llevó al sillón, donde me tranquilizó diciéndome que era normal en las negociaciones, que me quedara tranquila. Llegué a casa con el ramo de flores, muy nerviosa y dos horas más tarde de lo normal.

German levantó una ceja al ver las flores y dirigió su mirada al reloj de la pared en una crítica muda. Le expliqué la situación a lo que no dijo nada,  cenamos en silencio y se fue a dormir,  luego de acostar a los niños yo pasé una hora más tomando algo fuerte en el living,  pensando en todo lo sucedido en el día mientras mi mente iba de las flores al vino espumante y la mano de Jorge en la mía tranquilizándome.

Al otro día,  sobre mi escritorio encontré una tarjeta de mi jefe pidiéndome que contratara rápidamente un servicio de catering para cuatro y para las 13 hs momento en que llegarían los malayos para almorzar y despedirse de nosotros. El resto del personal fue beneficiado con un día franco pues no quería que nada saliera mal.

Me encargué rápidamente de todo y el catering llegó puntual, solo restaban los visitantes, cuando sonó el teléfono y eran ellos avisando que su vuelo se había adelantado, Jorge sonrió y dijo que la fiesta sería para dos en vez de para cuatro,  lo cual me puso nerviosa pero acepté con una sonrisa.

No entraré en detalles de lo que fue la comida y adelantaré mi relato al brindis final que hicimos en el sillón. Yo estaba sumamente mareada pero deseaba ser amable con quien me había dado trabajo y simplemente,  me dejé llevar. Cuando quise acordar estábamos con las bocas a centímetros una de otra. Su beso fue dulce y hasta inocente, por lo cual grande fue su sorpresa cuando abrí mi boca y saqué mi lengua para buscar la suya a lo que respondió inmediatamente.

Sus manos se posaron en mis muslos y ahí fue cuando me alejé y dije “Jorge…” No digas nada, respondió. Solo déjate llevar por el momento. El alcohol terminó de hacer efecto y en cuestión de minutos estaba yo solo en ropa interior reclinada en el sofá y por lo que pude observar en el espejo con una cara de puta terrible.

Levanté mi cola y me despojé de la tanga ante la mirada extasiada de Jorge, abrí mis piernas lo más que pude y simplemente lo miré, su lengua comenzó a lamer mis pies, mis pantorrillas, mis muslos y finalmente llegó a mi concha que ya rebalsaba de flujo. En un instante de raciocinio pensé en German y en los niños pero fue ese el momento en que su lengua comenzó un trabajo en mi clítoris que hacía años German no me brindaba.

Y mi moral cayó derrumbada, definitivamente y para siempre. Giré sobre el sillón ofreciéndole mi culo con las nalgas abiertas mientras mi mano entre mis piernas frotaba mi vulva de manera desesperada.

Mi vida sexual matrimonial no era mala. Solo era el morbo de la situación, el ver mi alianza de casada al meter mi dedo en mi vagina y ofrecérselo a beber. Lo acosté sobre el sillón, lo desnudé en segundos y me lancé a mamar su verga que ya parecía un tubo de oxigeno con grandes venas que parecían a punto de explotar.

En ese momento nada en el mundo importaba más que su verga fantástica. Ni mi esposo,  ni mis hijos,  ni mis once años de casada. Solo deseaba mamar como posesa indicándole a mi nuevo macho que su verga era lo único en la tierra que importaba para mí…

Si les gusta mi relato tengo que decirles que sigue, pues de esto hace ya tres años y en la actualidad he perdido a mi marido a mis niños y mi casa por hacerme adicta a las vergas ajenas…

Hice cosas que solo en la imaginación uno puede pensar que existen. Pues bien, yo las hice en la realidad…

Seguiré en mi próxima entrega contándoles como terminó ese encuentro en ese sillón de oficina y como fui inducida al sexo salvaje, a la degradación moral ya solo desear semen,  semen y más semen.

Contaré como mi marido sospechó, como se enteró y como llegué a hacerlo con Jorge, sus amigos y amigas, en el propio dormitorio de mis hijos.

Hasta la próxima…

Autora: Ana

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Vero, siempre serás mi mujer

Ella me acariciaba los huevos y se tragaba toda mi verga. Yo estaba muy excitado, la tomé de los brazos y la subí a mi cuerpo, ella se metió mi verga de un solo movimiento y comenzó a moverse de arriba abajo, así que la tomé de las nalgas y le dije que se moviera de atrás para adelante. Ella se movía tan rico que no podía creerlo, en verdad me estaba cogiendo a mi suegra.

Hola amigos lectores. Les voy a platicar una fantasía que se mi hizo realidad un día que no me lo esperaba.

Soy casado desde hace más de 7 años, estoy en mis 32 años. Mi esposa, sinceramente, no es muy buena amante, además el embarazo no le sentó muy bien a su cuerpo que luce ahora una pancita que no se quiere ir. Es una mujer inteligente y ya saben lo que se dice “no se puede tener todo en la vida”. Ahora que lo veo en perspectiva, creo que hubiera preferido una mujer más sencilla y simple, apegada a su casa y con total devoción por su marido, eso me hubiera gustado.

Así es mi suegra, Vero se llama. Una mujer entrada en sus 50 años, con un marido que resultó ser un patán y un vago, mantenido, y muchos otros etcéteras.

Es una mujer muy dulce y noble, pero para estas alturas de su vida se cansó de aguantar los malos tratos de mi suegro y un día llegó a mi casa con su maleta, aduciendo que se había peleado con su esposo y que las diferencias a esa edad eran irreconciliables. Yo por supuesto no tuve problema en recibir a mi suegra en casa, ella siempre fue muy hospitalaria conmigo y realmente nos llevamos muy bien. Veo en ella las cosas que le faltan a mi esposa, humildad, sencillez, nobleza.

Desde que llegó a casa las cosas cambiaron, claro, mi mujer y yo no teníamos las mismas relaciones sexuales que antes y es obvio que se pierde algo de la privacidad a la que estábamos acostumbrados. Pero esto no es del todo malo, porque llegó el día en que “sin querer” abrí la puerta del baño cuando escuché la regadera, yo sabía que no podía ser mi esposa porque es la hora en que está trabajando. Me metí al baño y tras la nube de vapor y el cristal pude ver la figura de esa mujer, Vero. Me quedé atónito porque nunca la había visto desnuda y lo que vi me sorprendió. A esa edad, mi suegra conserva una hermosa figura y una piel firme, así que pude ver sus nalgas paraditas brillando con el agua, pero el conjunto me volvió loco porque tiene unas piernas hermosas.

Yo estaba decidido a hacerle saber que la veía, pero sentí un remordimiento que me hizo salir con sigilo del baño, sin que se diera cuenta; de cualquier forma dejé la puerta un poco abierta para que pudiera seguirla viendo sin que ella lo notara.

Salió del baño con su toalla puesta y me preguntó si yo había abierto la puerta, así que le tuve que en efecto, había sido yo quien había entrado por accidente, me disculpé, pero me sorprendió ver que su reacción fue bastante desinhibida, yo esperaba otra reacción.

Desde ese momento, Vero se volvió la dueña de mis pajas, cada vez que me hacia la paja recordaba su cuerpo entre la espuma y el vapor, mientras que los problemas con mi esposa crecían más y más.
Un día mi esposa salió de viaje desde un miércoles y regresaba hasta el viernes, por lo que con toda la alevosía compré lo necesario para hacer margaritas de mango, que sabía que le encantaban a mi suegra, no se podía rehusar. Era noche de futbol y dispuse todo para que pudiéramos ver el partido en la sala de la casa, Vero también me ayudó con el dip y palitos de verduras para botanear.

Vimos el partido completo y mi Vero ya tenía 3 margaritas encima, yo noté de inmediato que estaba algo pasada de copas porque tropezaba cada vez que se paraba. En una de esas veces que se paró al baño dejó la puerta un poco abierta, lo suficiente para que desde lejos pudiera asomarme para verla, así que eso me excitó muchísimo. Para cuando Vero regresó del baño yo estaba cambiando los canales a la TV. Mi esposa y yo contratamos los canales de adultos para nuestras sesiones de sexo en casa, lo disfrutamos mucho. Yo con toda la intención pasé por estos canales y había una chica a la que le estaban haciendo el sexo anal; la chica gritaba y se retorcía. Yo pasé de largo ese canal y seguí avanzando, cuando ella me comentó que nunca había tenido sexo anal.

Ese comentario me sacó completamente de mis casillas, me tomó por sorpresa, en serio no lo vi venir. Regresé al canal porno y ahí estaba yo en mi sala con mi suegra un poco borracha viendo pornografía. Comenzamos a platicar de cómo habían sido sus relaciones con su esposo, me platicaba lo aburrido que era el sexo para ella y no entendía cómo una mujer podía gritar de placer, entonces yo le pregunté directamente: “Nunca has tenido un orgasmo?”. Vero, un poco apenada me respondió que no, así que yo le dije que eso tenía que cambiar y que teníamos que trabajar en conjunto para que ella tomara el control de su vida sexual.

Primero le dije que su marido era un viejo zoquete y egoísta que no se preocupaba por ella, el sexo es de dos y tiene que disfrutarse por ambas partes. Ella me platicó que incluso tenía algunas batas de dormir muy sexis que nuca se pudo poner porque al pendejo de su marido le parecía muy puta (claro que el viejito se acostaba con sus secretarias), y según esto él no podía ver así a la madre de sus hijos. Pendejo, verdad?

Yo le dije que se pusiera una de sus batas y ella accedió, pero me dijo que era sólo porque estábamos en confianza y me hizo jurarle que nunca le diría esto a nadie, yo por supuesto acepté.

Lo que vieron mis ojos después no lo voy a olvidar nunca, ella salió de la recámara con un baby-doll puesto y una tanguita de seda debajo, sin brassiere. Yo por supuesto, salté del sillón por la sorpresa y supongo que ella vio mis ojos porque estaba sonriendo. Se tapaba el cuerpo con pena pero yo la convencí y le dije que tenía un cuerpo espectacular. Le dije que hacía mucho tiempo ya que deseaba verla así y ella me dijo que no esperaba que yo la viera con esos ojos, sobre todo porque estaba vieja y fea.

En ese momento no pensé en nada más que ponerle la mano encima, ella tomó mi mano y la puso en su pecho, así que yo sabía que tenía luz verde para actuar. Intenté no abalanzarme sobre ella, aunque ganas no me faltaban, pero si había accedido a tener sexo conmigo yo a cambio debía hacerla sentir como nunca antes. Así que la besé, la besé mucho en todas partes, tocaba su cuerpo por debajo de la bata y ella me subía su pierna. Yo estaba súper excitado y sabía que en cualquier momento podía venirme y eso no era lo que queríamos.

Bajé por su cuerpo y me encontré con un pequeño nudo que desaté con facilidad y lo que quedó en mi cara fue ese par de tetas que yo ya había podido ver en algunas ocasiones por la mañana cuando ella aún no se podía su brassiere. Pero eran mucho más bonitas de lo que imaginaba, era un par de tetas bien formadas, medianas, con pezones chicos y negros. Pasé mi lengua sobre ellos con delicadeza, con suavidad y ella lo agradecía frotándome las piernas en mi cuerpo. Después un rato jugando con ellas me dispuse a seguir bajando, pero ella me detuvo y pude ver en sus ojos que nunca había hecho algo así.

Yo le pregunté directamente: “Nunca te han hecho el sexo oral, ¿verdad?”. Ella asintió y le dije que se relajara, que yo sabía cómo hacerla sentir muy rico, así que seguí bajando por su abdomen. Saltaba de cosquillas, pero yo no dejaba de acariciar sus piernas y sus pies. Tomé su pie y comencé a acariciarlo, le daba besos pequeños para ir sintiendo sus reacciones y le gustaba, así que me metí su dedo gordo a la boca. Esto fue algo que me excitó mucho más y comencé a meterme en sus piernas.

Pasaba mi lengua por sus ingles y la parte interna de sus muslos, también le pasaba la lengua encima de su rica rajita aún con la tanga puesta. Sentí que estaba relajada y dispuesta, así que hice un poco de lado la tanga y comencé a lamer su clítoris que para ese momento ya estaba bien hinchado y rosa, ella me acariciaba el cabello y me apretaba contra su flor, mientras yo succionaba y con mi lengua frotaba su clítoris. Seguí concentrado en ella cuando sentí que se paraba y me pidió que me acostara en el piso, así que jalé una colchoneta y me acosté, pero ella apuntó su boca a mi pene y yo alcancé a voltearla para hacer un 69. Sentía como disfrutaba porque me la mamaba con tanta pasión, movía la cadera contra mi cara y sentí que se iba a venir, se quiso separar pero yo apreté con fuerza sus nalgas y empujaba su panocha contra mi cara cuando sentí que estaba terminando, su cuerpo se puso rígido y yo dejé de mover la lengua y sólo presionaba su clítoris.

Ella cayó rendida en la colchoneta y se quedó inmóvil un momento, yo no sabía que esperar, si estaba arrepentida o enojada, o triste. Abrió los ojos y me regaló una sonrisa divina, yo pude ver su cara de satisfacción y la abracé muy fuerte. Me dijo que yo era lo máximo y que me agradecía tanto el haberle enseñado tantas cosas. Quise cambiar el canal a otra cosa, pero ella no me dejó y comenzó a chuparme, un poco torpe, pero comprometida. Yo le dije cómo me debía agarrar y qué cosas nos gustan a los hombres, ella me acariciaba los huevos y se tragaba toda mi verga. Yo estaba muy excitado, pero no quería terminar así. La tomé de los brazos y la subí a mi cuerpo, ella se metió mi verga de un solo movimiento y comenzó a moverse de arriba abajo, así que la tomé de las nalgas y le dije que se moviera de atrás para adelante. Ella se movía tan rico que no podía creerlo, en verdad ¡me estaba cogiendo a mi suegra!

Me senté con ella aún encima y podía lamer sus tetas, la agarraba de las nalgas y las apretaba contra mí. Acariciaba sus piernas y sentí que iba a terminar, ella se agitaba más y me di cuenta que también ella iba a venirse, así que aguanté un poco más y me apretó fuerte en un abrazo y sentí como se movía su vagina, eso me hizo venirme de inmediato y terminé yo también.

Nos quedamos acostados, tranquilos y no platicamos del tema. Yo me levanté y le traje un vaso de agua, ese tipo de detalles nunca los había tenido el patán de su marido, así que me gané su cariño, aún más que antes.

Desde entonces, ella vive en mi casa y rara vez tengo algún problema con ella, yo trabajo en mi casa, así que de vez en cuando tenemos tiempo para hacernos el amor. Ambos disfrutamos mucho de lo que tenemos juntos, ella ahora es una experta en muchos sentidos y desperté su lado salvaje. Incluso se ha depilado la panocha para mí. De vez en cuando nos echamos un “mañanero”, muy rico porque su cuerpo aún está calientito cuando llego a su cama y me meto por debajo de las sábanas.

Chupo sus pies y sus piernas hasta que llego a su panocha y puedo oler ese aroma que sólo tienen por la mañana. Me subo y le hago el amor tan rico, ella me aprieta con sus piernas y siento sus pies en mi espalda, tiene una forma de apretarme que con el movimiento la hace llegar al orgasmo muy rápido. Algunas veces la pongo de lado, pero me encanta ponerla de “perrito” porque tiene unas nalgas divinas, el culo depilado y puedo tocar sus pantorrillas, no hay nada que no me guste de esa mujer. Ahora hemos comenzado a coger por el culo, a ella le gustó mucho y sinceramente, a mi me encanta venirme en su culo porque es otra sensación.

Cada vez que podemos nos hacemos cosas, si ella está cocinando yo llego por atrás y le bajo la lycra y su panty, la bajo un poquito y puedo chuparle el culo y su clítoris por atrás, a ella le encanta que haga eso y a mí también porque puedo acariciarle las tetas, las piernas y hasta los pies. Luego tomamos una silla y se sube en mí, se mueve como yo le enseñé y siempre me baña con sus jugos, luego se voltea y con sus mismos jugos me lubrico y se lo meto por el culo para terminar.

Yo sé que mucha gente escribe aquí sus fantasías, pero esta no lo es. Es real y quiero que sepas, Vero, que me encanta cómo me haces el amor. Siempre vas a tener un lugar muy especial en mi corazón y como me dijiste tú, yo siempre voy a ser tu hombre.

Te amo, Vero.

Autor: Alberto

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Una lección de biología

Se tumbaron las dos juntas y abiertas de piernas, ofreciéndome sus coñitos para que las penetrara. Yo no me lo pensé dos veces y empecé a meterles mi pene. Estábamos disfrutando de lo lindo, así que estuvimos así un buen rato. Yo estaba a punto de llegar al orgasmo, por lo que cogí sus cabezas y las acerqué para que me comieran todo el semen. Luego nos tumbamos los tres en la cama extenuados.

Hola, me llamo Marcos. Tengo 18 años y os voy a contar lo que me pasó.

Era un miércoles por la tarde. Yo había quedado en mi casa con una chica de clase, Gadea, para explicarle una lección de biología. Ella era una chica que tenía un cuerpo diez, todo hay que decirlo. De cara no era muy guapa; pero lo recuperaba todo con su culito respingón y sus pechos bien formados.

El caso es que Gadea vino a eso de las seis. Yo me ofrecí a guardarle el abrigo. Ella aceptó encantada y se lo quitó. Estaba muy sexy: llevaba un jersey ajustado que le resaltaba todavía más sus pechos y que dejaba al aire su ombligo y unos pantalones también muy ajustados. No pude evitar mirarla y ella se dio cuenta de ello.

La llevé a mi habitación y le ofrecí una silla donde sentarse. Cada uno sacó sus libros y yo empecé a explicarle la lección. De vez en cuando le miraba los pechos y me excitaba cada vez más. Hubo, incluso, alguna vez en la que me volvió a pillar.

Cuando llevábamos una hora, Gadea se levantó y me preguntó a ver si le podía dejar alguna ropa más cómoda que la que llevaba. Yo le respondí que sí, que le podía dejar algún camisón de mi madre, y fui a por el. Le dije que me iba a la cocina para que pudiera cambiarse tranquilamente. Pero ella me contestó que no hacía falta, a ver si no había visto nunca antes a una chica en ropa interior. A mí, claro, no me quedó más remedio que quedarme.

Entonces empezó a desnudarse, hasta quedarse en ropa interior. ¡Y menuda ropa interior! Llevaba un sujetador negro pero casi transparente y un tanguita, también negro. Y cual fue mi sorpresa, cuando me dijo que si ni me importaba, que prefería quedarse así. Yo acepté encantado y continuamos la lección.

Pero al cabo de un rato, ella me sugirió que me quedara en ropa interior yo también. Yo me puse muy nervioso. Ella, al ver esto, empezó a reírse y me empezó a quitar todo. Cuando me fue a quitar el pantalón, me quitó también, no sé si intencionadamente o no, el slip, quedando al descubierto mi pene, el cual llevaba duro bastante tiempo ya. Yo, medio enfadado, medio vengativo, le dije que si ella me había visto a mí totalmente desnudo, yo también debía verla así. Gadea sonrió pícaramente y se quitó todo lo que le quedaba.

Tenía unas tetas más perfectas de lo que nadie pudiera imaginar. Eran redondas, con unos pezones rosados y pequeñitos. Tenía el vello de su coño recortado con la forma de un rayo. Yo me quedé mirándolo fijamente.

Ella me preguntó a ver si me gustaba y yo le dije que sí. Entonces ella se acercó, me tumbó en la cama, y se sentó encima de mí, de tal forma que su coñito quedó encima de mi boca, y dijo que empezara a chupar. Yo saqué mi lengua y empecé a lamerle todo lo que estaba a mi alcance. Tenía un gusto raro, pero yo seguí.

De repente, Gadea se dio la vuelta, se tumbó sobre mí y empezó a comerme mi miembro. Yo estaba a punto de explotar, cuando alguien entró en mi casa: era mi hermana.

Entró en mi habitación (para entonces yo ya estaba pensando en que se chivaría y en que mis padres me castigarían) y nos vio a mi “compañera de clase” y a mí desnudos y tirados en la cama. Pero, en vez de decir nada, se desnudó y se nos acercó preguntando si nos importaba formar un trío. Los dos aceptamos gustosamente.

Entonces, ellas me rodearon y mientras Gadea me volvía a comer mi miembro, mi hermana me ofrecía su coño para que se lo lamiera. Luego, intercambiaron sus posiciones y fue mi hermana la que me lo chupaba (y de que forma). Yo no aguanté más y eyaculé en su boca. Ella se lo tragó todo sin rechistar.

Pararon un momento, pero inmediatamente se tumbaron las dos juntas y abiertas de piernas, ofreciéndome sus coñitos para que las penetrara. Yo no me lo pensé dos veces y empecé a meterles mi pene. Estábamos disfrutando de lo lindo, así que estuvimos así un buen rato. Yo estaba a punto de llegar al orgasmo, por lo que cogí sus cabezas y las acerqué para que me comieran todo el semen. Luego nos tumbamos los tres en la cama extenuados.

Después de un tiempo, mi hermana se levantó, se vistió y se fue de la misma manera que había venido. Gadea y yo nos quedamos solos. Ella sugirió volver a hacerlo y yo acepté rápidamente. Así pues, ella se sentó sobre mí, metió mi miembro en su coño y empezó a cabalgar. Cuando estaba a punto de terminar, ella se sacó el pene y lo metió en su ano. Al principio los dos gritamos un poco de dolor, pero a medida que mi pene se iba adaptando a la abertura, disfrutábamos más. Eyaculé enseguida y los dos nos volvimos a tumbar.

Al rato, ella se levantó y se vistió. Yo hice lo mismo. Luego nos pusimos a estudiar biología de nuevo.

Autor: Marcos

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De vacaciones en Barcelona

Yo boca arriba con Maite cabalgándome y Paulita con su conchita encima de mi cara. Maite acabó y se fue al baño. Me quedé con Paula. La puse en cuatro y la penetré por atrás. Mientras la cogía, le tocaba las tetas, y ella se acariciaba el clítoris, le dije que iba a correrme. Me sacó el forro y me empezó a pajear. Se puso mi verga entre las tetas y me la chupaba. No tardé en correrme entre sus melones.

Hola, soy de Buenos Aires, y este relato que les escribo a continuación es 100% verídico, salvo los nombres que están cambiados.

Esto sucedió en Barcelona, en agosto del 2007. Me dicen el mono, cuando ocurrió esto tenía 26 años. Soy morocho de ojos verdes, flaco y mi pija es normal (o un poco más). Estaba de vacaciones por esta bonita ciudad, había ido solo, cuando decidí llamar a la amiga española de mi cuñada. Me había dado el teléfono, por las dudas, por si necesitaba algo. La llamé a Maite un jueves a la tarde, muerto de calor, y me atendió super feliz. Ella ya me había visto en fotos, pero nunca habíamos hablado ni una sola palabra.

Quedamos en que al otro día íbamos a ir a cenar con 2 amigas más de ella a un bar cercano a la Plaza Cataluña. Nos encontramos el viernes a las 9 de la noche y mi primera impresión al ver venir a las 3 fue: ¿Cuál será?

Maite no era la más linda, pero se veía bien, de pelo castaño, 1.65 de altura (aprox.), 20 añitos y con un físico impresionante. Un par de tetas bien puestas y un culito divino. Las otras dos amigas tenían la misma edad: la que vino con el auto, Carol (porque las chicas vivían a 30 min. de Barcelona) era morocha, linda de cara, con pocas tetas y un culo normal. La tercera se llamaba Paula, no era linda, pero tenía una cara de puta terrible. Era la más petisa de las tres y la más tetona.

En el bar pedimos una comida típica de allá y tomamos sangría (menos la que manejaba). Con Maite empecé a tener onda de entrada. A medida que pasaban las horas y las copas, las charlas se ponían más calientes: que si ya habían debutado (las tres gritaron juntas, ¡obvio!); que si les gustaba chupar pija (¡Si!); que si a la primera salida ya follaban y también lo afirmaron. ¡Uff qué palo que ya tenía! En un momento en que las otras dos estaban medio distraídas, empezamos a brindar con Maite, yo le tocaba la cara, le rozaba los pechos, ella no me decía nada. Estábamos todos calientes por la charla.

Pagamos y fuimos para el auto. En el trayecto me quedé a atrás con Maite y en la primera de cambio le encajé un beso terrible. Se notaba que ella también estaba caliente porque me metía la lengua hasta la garganta. Carol, al no poder tomar alcohol, dijo que nos dejaba en el boliche y se iba a dormir (que lástima, después me enteré que era la más puta de las tres). Ya en el boliche, Paula, Maite y yo nos pedimos unos tragos, y fuimos a la pista a bailar. Yo bailaba con las dos pero de vez en cuando le encajaba besos a Maite.

En un momento entre Paula y Maite me hicieron un sándwich. Quedé mirándola a Paula, mientras Maite me apoyaba y me refregaba sus tetas; yo me acerqué a la boca de Paula y nos dimos un pico. Se hizo la tonta y se fue a pedir otro trago y yo me quedé transando con mi chica. La calentura dio paso a grandes toqueteos.

Ya la habíamos perdido a Paula así que solo me ocupaba de Maite. Le tocaba las tetas, el culo, la apoyaba, ella frotaba su culo en mi pija. Había un lugar que estaba medio oscuro y hacia allí fuimos.

Nos empezamos a matar, yo le chupaba las tetas, le tocaba la concha, le metía los dedos adentro. Ella estaba super mojada. De repente, me bajó el cierre del jean, sacó mi pija y me empezó a pajear. Miró para todos lados, y como nadie nos veía, se agachó y me empezó a chupar la pija. Yo estaba en la gloria. Me estaba haciendo una mamada espectacular. Chupaba, chupaba y me pajeaba. Me pajeaba y me lamía los huevos. Cuando ya no aguanté más le dije que se haga a un lado que iba a correrme; ella dijo: venga tío, córrete en mi boca. Y ahí mismo le largué todo mi semen en su boca, que la muy puta tragó todo.

Luego de eso volvimos a la pista a buscar a Paula, la petisa se estaba besando con un muchacho. Le dijimos que nos íbamos y dijo que se venia con nosotros. A la salida ya con Maite íbamos abrazados como novios, y Paula preguntándonos qué onda, que si íbamos a ir a coger, etc. Paramos un taxi y se metió primero Maite, luego yo y después Paula. Le dijimos al taxista hacia donde íbamos. El viaje duraba media hora, y los 3 estábamos super calientes. Maite me dijo que me quede a dormir en su casa, que sus padres sabían que iba a tomar algo con el cuñado de su amiga argentina y que si me quedaba a dormir en la casa de ella no habría problema ya que tenían una habitación de huésped. Yo acepté gustoso.

En el taxi, Paula se había quedado dormida y yo seguía a full con Maite, la besaba, le tocaba las tetas. Cuando estábamos por llegar Maite le dijo a Paula si quería bajar y ella dijo que si. La casa de Maite era muy linda, muy grande y de dos pisos. Por lo que nos quedamos abajo mientras los padres de ella dormían arriba.

Nos fuimos a la cocina, Maite trajo un vodka y unas barajas. Mientras tomábamos, jugamos a que, al que le tocara el as de espada, tenia que hacer una prenda. La primera en perder fue Maite, y con Paula decidimos que nos haga un streap tease. No lo dudó, y se empezó a sacar la remera, quedando en corpiño, luego el jean (todo esto siempre bailando sensualmente) y después se sacó el sujetador, mostrándonos sus preciosas tetas, con dos pezones bastantes oscuritos. No se quiso sacar la bombacha así que continuamos con el juego.

El próximo en perder fui yo. Me fui afuera de la cocina para que las chicas discutan de la prenda.

Cuando volví miré la cara de Paulita llena de excitación. La prenda consistía en que tenía que hacerles un streap tease yo a ellas, pero me tenía que quedar en pelotas. Obvio, no lo dudé, cuando quedé en bóxer, las chicas me miraban con mucha atención. Y ni les cuento cuando me lo saqué. Mi pija ya estaba parada. Maite aprovechó para agarrármela y subir y bajar la mano. Ahí tomé conciencia que esto iba a terminar en quilombo. Supongo que mientras yo estaba afuera las chicas habían acordado que querían fiesta, o no se. Lo que si sé es que continuamos con el juego y cada vez se puso más lindo.

Perdió de vuelta Maite y le dijimos que se tenia que masturbar delante de nosotros. Otra vez se sacó la ropa, y se quedó desnuda. Estaba casi toda depilada, con un pequeño vello bien recortado. Ahí cuando se empezó a masturbar. Yo me manoseaba el paquete y Paulita le miraba la concha alucinada y mordiéndose el labio inferior. Maite estuvo tocándose unos 2 minutos y se volvió a cambiar. Ya el ambiente era una caldera. Cuando perdió Paula lo festejé. Es que hacia rato que quería ver ese gran par de tetas. Cuando se sacó la musculosa y quedó en corpiño mis ojos ya estaban desorbitados. Pero mi locura fue total cuando se sacó el sujetador. No lo podía creer, nunca había visto unas tetas tan lindas.

Eran grandes, pero no estaban nada caídas, y tenía unos pezones rosados que apuntaban hacia arriba. No tenia marcas por lo que supuse que tomaría sol en topless. Le dijimos que se apriete los pezones y así lo hizo. Luego se puso la musculosa y dijo: “bueno, bueno, ya está, sigamos con el juego”.

De vuelta perdí yo. Ahora la prenda consistía en que le tenía que practicar sexo oral a Maite. Fui hacia ella, la agarré de la cintura, y le estampé un beso. Después le saqué la remera, ya no tenía el sujetador, y el jean. Quedó en bombachita, se la corrí a un lado y la empecé a pajear. A todo esto Paulita nos miraba y se tocaba las tetas. Le saqué la bombacha a Maite y mientras le besaba las tetas, comencé a bajar, pasándole la lengua por todo su cuerpo. Cuando llegué a su concha, le pasé la lengua por los laterales y luego me dediqué a chupar su clítoris. Mientras hacia esto le metía dos dedos en el agujero de su concha. Estuve como 2 minutos haciendo esto, mientras Maite gozaba como loca.

A todo esto recordé que estaba la petisa. Me doy vuelta y la veo con los pantalones y la bombacha por el tobillo, sin sujetador, con los ojos cerrados y masturbándose muy fuerte. La dejo a Maite y le digo a Paula: “¿te ayudo?”. La petisa sonrió y yo me la abalancé, y le empecé a chupar las tetas. Luego bajé hasta la concha. Maite no se quedó atrás y me agarró la pija y me la empezó a chupar. Estuvimos así un tiempito cuando Maite agarró un forro que yo tenía en el jean, me lo puso en la pija y se sentó arriba. La escena era la siguiente.

Yo boca arriba con Maite cabalgándome y Paulita con su hermosa conchita (bastante peluda) encima de mi cara. Maite acabó al toque y se fue al baño a higienizarse. Me quedé solo con Paula. La puse en cuatro y la penetré por atrás. Mientras la cogía, le tocaba las tetas (que bamboleaban de lo lindo), y ella se acariciaba el clítoris. Estuve cogiéndomela así durante un buen rato. Le dije que iba a correrme. Me sacó el forro y me empezó a pajear. Se puso mi verga entre las tetas y me pajeaba con ellas y me la chupaba. No tardé mucho en correrme entre sus melones.

Después nos tranquilizamos. Ya no podíamos más del cansancio. Paula se despidió de nosotros y se tomó un taxi hacia su casa. Ya eran las 6 de la mañana. Le di un beso en la boca a Maite y me fui a dormir a la habitación de huéspedes. No podía más, había tomado mucho y el cansancio me estaba venciendo. Cuando me desperté y me cambié para irme, me encontré en el living a Maite con sus padres.

Me los presentó y me invitaron a que me quedara a almorzar. Les dije que tenía que seguir con la recorrida de la ciudad. Les agradecí que me hayan hospedado, y le di un beso y un abrazo a Maite y le dije “gracias por la noche inolvidable que me hiciste pasar”.

Después me acompañó hasta la estación de tren y nos despedimos, sabiendo que era la última vez que nos íbamos a ver.

Autor: el mono

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Secreto de familia

Ana en un principió se quejó pero conforme Enrique se lo metía más y más el dolor se convirtió en goce. Por lo que los dos empezaron a moverse con un ritmo intenso y salvaje haciendo que los huevos se estrellaran en cada vaivén contra el chocho de ella, lo que los condujo a concluir en un orgasmo enorme debido a que él inundó con su leche ese culo estrecho pero delicioso.

Hace 18 años que Enrique se casó. La mujer con la que contrajo nupcias era divorciada y tenía una pequeña (de nombre Ana) de tres años en aquellos tiempos.

Al pasar del tiempo la mujer de Enrique fue perdiendo interés en las relaciones maritales, pero él mantenía su energía, por lo que a veces se encontraba sumamente desesperado puesto que le era fiel a su esposa. Más sin embargo por su desesperación algunas veces espiaba a su hijastra por el cerrojo de su puerta cuando esta salía de ducharse.

Al paso del tiempo la niña se transformó en una hermosa mujer, con unos pechos enormes y bellísimos, un trasero increíble pues estaba bien levantadito y redondeado, y no se diga sus piernas esos dos tremendos troncos alargados y carnosos y bien formados mismos que conducían a un coño con abundante vellosidad.

Muchas ocasiones Ana se paseaba por la casa en ropa muy ligera, permitiendo ver debajo, los maravillosos encantos que portaba, por tal motivo su madre le llamaba la atención pues se daba cuenta de lo provocativa que se mostraba.

Un día su esposa recibió una llamada de la casa de sus padres, debido a que su madre se encontraba muy enferma, motivo por el cual se vio obligada a efectuar un viaje para visitar a su progenitora y auxiliarla en su convalecencia pues su padre era mayor y no podía el solo atenderla.

Un día debido a que sólo contaban en casa con una ducha, después de que Ana salió de ducharse cubierta con una pequeña toalla que apenas le cubría sus partes, entró Enrique para también tomar un baño y ya desnudo poco antes de abrir la ducha éste escucho un golpe fuete afuera del cuarto de baño, tal como si alguien se hubiera caído, así que rápidamente tomó su bata (que también era algo corta) y salió para ver que había sucedido.

Cual fue su sorpresa al ver a Ana que se encontraba tirada en el suelo boca abajo y doliéndose. Así que rápidamente Enrique acudió al lado de Ana para levantarla. Esta al percatarse que se acercaba su padrastro hacia ella se puso de rodillas dejando al descubierto sus redondas nalgas y su coño al mismo tiempo que dejo de quejarse. Con la inercia del movimiento Enrique siguió acercándose a ella a la vez que contemplaba ese espectáculo tan maravilloso, continuó hasta quedar directamente detrás de ella preguntándole que había sucedido. Ella le contestó que se resbaló y que se había lastimado un tobillo, así que ella giró sobre sus rodillas y se sentó sobre el suelo pidiéndole que se lo sobara.

Entonces Enrique, que ya estaba muy perturbado por tener frente a él a esa mujer tan hermosa, difícilmente entendía lo que ella comentaba y al mismo tiempo empezó a sentir un endurecimiento en su pene, mismo que permitía ser visto por encima de la bata y que aunque quería disimular su situación fue imposible por su gran tamaño. Así que éste le pidió a la chica que levantara el pie para inspeccionarlo.

Pero cual fue la sorpresa de éste cuando la chica sentada en el suelo con un movimiento de su pie deja al descubierto su pene que ya se encontraba completamente erecto e instantáneamente ella se metió entre las piernas de Enrique, quedando su cabeza casi directamente a la altura del pene tomándolo con las manos y acariciándolo.

Enrique estaba hecho una estatua inmóvil, solo miraba las maniobras efectuaba la chica y sin decir una palabra se dejó envolver por el juego de ésta, permitiéndole hacer todo lo le apetecía. Por lo que tomó el pene después de juguetear con él y lo empezó a humedecer con su lengua que estaba de frente al glande y posteriormente lo introdujo lentamente en su boca hasta realizar un acto mágico pues por completo no dejó nada a la vista y así repitió el acto varias veces proporcionándole unas mamadas increíbles.

Fue tanta la excitación de Enrique que no pudo contener la eyaculación y terminó dentro de la boca de Ana, misma que devoró toda la leche que le fue proporcionada.

Enrique se encontraba tan excitado que continuaba con la erección y obedecía a todo lo que Ana le ordenaba. Así que esta le pidió que le mamara su velludo chocho. Y como autómata Enrique se inclinó sobre ella para efectuar lo que le había pedido.

Así que para empezar le pasa muy suavemente sus dedos sobre los labios vaginales y luego con el dedo medio acaricia su clítoris causando en ella una gran excitación para posteriormente introducir lentamente su lengua dentro de la húmeda vagina y con el dedo pulgar continua acariciando el clítoris y ella como para no dejar que Enrique se retirase sin que ella llegara al orgasmo le sujetaba la cabeza.

Posteriormente de que Ana quedó satisfecha, pues había conseguido varios orgasmos con la tremenda mamada de chocho que le dio Enrique se colocó de rodillas, dejando a la elección de él el camino que éste quisiera seguir. Y éste se decide por el camino más difícil y estrecho, mismo que ya se encontraba lubricado después de la mamada que le había dado.

Así que empezó introduciendo lentamente su verga en ese estrecho culo, hasta que por fin no quedó nada a la vista. Ana en un principió se quejó pero conforme Enrique se lo metía más y más el dolor se convirtió en goce. Por lo que los dos empezaron a moverse con un ritmo intenso y salvaje haciendo que los huevos se estrellaran en cada vaivén contra el chocho de ella, lo que los condujo a concluir en un orgasmo enorme debido a que él inundó con su leche ese culo estrecho pero delicioso.

Después de quedar los dos satisfechos y tendidos sobre el suelo se metieron a la ducha juntos en donde terminaron ese increíble encuentro.

Así fue hasta que regresó la esposa de Enrique y todo volvió a la normalidad, pero esto sucedió siempre que tuvieron la oportunidad quedando como un secreto de familia.

Autor: Víctor

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