Mi cuerpo y mi pasión te pertenecen

Mi clítoris y mis labios vaginales estaban hinchados por el placer y mi cuerpo se estremecía rítmicamente con el tuyo. Me encantaba lo que me hacías, y no podía contener mis quejidos de placer. Tu palo carnoso, estaba dentro de mí, sentía sus palpitaciones y su roce, mientras se hacía paso dentro de los jugos de mi cuerpo, hasta el fondo de mi cueva de amor.

Como te necesito, como te deseo. Aún recuerdo la última noche que pasamos juntos. Después de aquella tonta discusión, me sentí muy culpable de la manera en que te había peleado innecesariamente. Lo curioso es, que nada mejor que una pelea para excitarme, y eso, tú lo sabes muy bien. Recuerdo recién salí de la ducha, me esperabas en el sofá y me atrajiste a ti. Recuerdo todo muy bien… y el solo hacerlo me hace sentir estremecer y desearte nuevamente. Mi pequeña pieza de dormir de encajes, que tanto te gusta, cayó al piso. Seguida de tus pantalones.. y luego, de la ropa interior de ambos.

Sentí entonces tus dedos rozando mi espalda mientras me besabas fuertemente y nuestras lenguas se mezclaban, juguetonas, en nuestras profundidades. Me acostaste de espaldas en el sofá, y pude sentir el roce mojado de tu lengua deslizándose lentamente por la piel de mi espalda. Tu mano se abría paso, mientras tanto, por mi entre pierna tocándome, torturándome con mis propios jugos.

De pronto sentí una cachetada en mis nalgas, con la palma de tu mano comenzaste a golpeármelas suavemente y luego más duro, dejándolas con una sensación de picazón y deseo insaciables. Entonces sentí tus dientes rasgando su piel, sacándome los mejores gritos de deseo y de placer. Me revolcaba desesperada ante lo que me hacías, y a ti te encantaba. Seguías mordisqueando la curva de mi trasero a la vez que empezabas a deslizar tu dedo índice por mi conchita subiendo hasta el agujerito de mi ano.

En mi desesperación busqué tu polla. La deseaba, quería apretártela fuerte entre mis manos y lamerla completita con mis labios. Logré agarrarla y comencé a masturbarte mientras tú seguías haciendo delicias con mi cuerpo. La tenías tan dura, era un palo carnoso y caliente. Me golpeaste una vez más las nalgas, esta vez bien fuerte.

No me lo esperaba y mi cuerpo se retractó de manera involuntaria. Aprovechaste la ocasión, y te arrodillaste entre mis piernas… comenzaste a rozarme lascivamente con tu polla, mi hinchada conchita, hasta que firmemente y de un sólo empujón la metiste completa adentro. Mi clítoris y mis labios vaginales estaban hinchados por el placer y mi cuerpo se estremecía rítmicamente con el tuyo. Me encantaba lo que me hacías, y no podía contener mis quejidos de placer. Tu palo carnoso, estaba dentro de mí, sentía sus palpitaciones y su roce, mientras se hacía paso dentro de los jugos de mi cuerpo, hasta el fondo de mi cueva de amor.

Me agarrabas por la cintura y me empujabas hacia tí, para meterlo más profundo. Mordias mis nalgas, te agarrabas de mis tetas, que colgaban o me cogías por el pelo, hacías de todo para torturarme desesperadamente. De pronto sentí como me lo sacabas. Me quejé desesperada, ya que queria más. Pero tú estabas decidido, me agarraste la cintura firmemente y pusiste la cabeza de tu polla en el agujerito mojado de mi ano.

-No! estás loco… allí no!… insistí Pero no hiciste caso, pusiste presión. -¡Que no te dije ya!…

De nuevo, no hiciste caso, esta vez te retiraste un poco, y volviste a querer meterlo, esta vez haciendo más presión. Intenté relajarme y mediar la situación. Siempre había deseado que me lo metieras por detrás, pero no sabía si podría tolerarlo. Mientras lo pensaba, metiste más presión y sentí la punta deslizarse un poco. Del susto, intenté apartarme un poco, pero me tenías muy agarrada. Respiré muy profundo, cerré mis ojos y comencé a moverme rítmicamente en círculos, sintiendo tu polla rozando la circunferencia de mi agujerito, y de vez en cuando entrando la punta y sacándola.

Te gustó el juego, pero también te desesperó y en un empujón metiste la punta completa, me agarraste fuerte y ante mi grito, de miedo, dolor, y placer, te enterraste dentro de mi ano completamente, lo metiste lo más que pudiste, gritando de placer mientras lo hacías. Te encantaba lo que me hacías. Yo seguía asustada, pero definitivamente también me gustaba tenerte tan apretadito dentro de mí.

Comenzaste un movimiento de lado a lado… y me sacaste un orgasmo, el más fuerte y agotador de toda mi vida. Empezaste entonces a sacar y a meterlo suavemente, mientras le dabas un masaje a mis hinchadas nalgas. Seguiste rítmicamente, hasta que en un momento de desespero lo sacaste completo y te corriste, llenando mis nalgas de tu leche caliente.

Desde esa noche no he podido dormir, esta noche vienes y te deseo más que nunca, seré tuya otra vez. Mi cuerpo te pertenece y mi pasión también. Cariños.

Autora: Baby Pasión Latina

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