El regalo de cumpleaños

Comenzó a introducirme la cabeza de su pene con absoluta suavidad. Entró con mucha facilidad y siguió hundiendo hasta llegar al fondo. Yo no podía contener la excitación, sentía convulsiones de placer. Siguió bombeando dentro de mi hasta que dijo, me vengo, sentí un chorro de semen inundando mis entrañas. Siguió un poco más hasta asegurarse de haber expulsado todo.

Comenzaré por describirme. Soy un joven de 25 años. Soy muy pobre por lo que comparto un departamento con un amigo de mi edad. Él se llama Damián y es gay, es un chico tranquilo y casi nunca lleva a nadie al departamento sin embargo tiene mucha experiencia. Compartimos el departamento desde hace varios meses y sé que me tiene muchas ganas, en verano duermo con unos slips elastizados bastante ajustados al cuerpo y apenas tapado por una sábana o nada y puedo sentir como él me observa y hasta se pajea mirándome mientras yo me hago el dormido.

Pero por más que nos llevamos muy bien nunca había pasado nada hasta el día de su cumpleaños. Ese día yo no sabía que regalarle y no le compré nada, a la noche  vinieron unos amigos de él, varios de ellos gays tomamos cerveza hasta emborracharnos, comimos, contamos chistes, etc. Cuando ya era tarde, se fueron yendo hasta que quedamos solos de nuevo. Estábamos tan ebrios que no podíamos mantenernos parados, sobre todo yo, y él me llevó abrazado hasta su cama donde me acostó y me quitó los zapatos. En un torpe movimiento, simulando estar más ebrio de lo que estaba, él se tiro a la cama junto a mí. En eso yo le dije:

-¿Sabes? No sabía que regalarte para tu cumpleaños. -Pero lo pensé muy bien y ya se que te daré.-Yo no necesito un regalo. Contestó él.-Pero este te gustará.- ¿Qué es? Preguntó intrigado.-Esto. Respondí pasando suavemente mi mano desde mi cadera hasta mi pierna.

-¿Qué cosa?-Esto, mi cuerpo, para que hagas por hoy lo que quieras con el.- ¿De verdad? -Absolutamente, quiero darte el gusto, se que te va a gustar.-Claro que sí. Respondió. -¿Pero puedo hacer todo lo que quiera?-Todo lo que quieras hacerme o que te haga, solo dilo.-De acuerdo, entonces, quiero que beses. Me dijo para saber si era en serio.

No lo dudé ni por un instante. Tomé su cabeza y junté nuestros labios en un beso excitante. Él metió su lengua en mi boca como probando si era en serio y yo le correspondí de la misma forma. Comenzó a quitarme la ropa y yo su ropa apasionadamente hasta quedar ambos semidesnudos. En eso me detuvo y me tiró contra la cama como indicándome que me quede acostado. Bajó hasta mis slips y me los bajó con la boca. Mi pene estaba ya erecto y comenzó a mamarlo como todo un profesional. Comenzó lento y seguía cada vez más fuerte. Yo ya no daba más de la calentura y él eso ya lo sabía, entonces me hizo detenerme, tomó un pomo de vaselina y se untó una buena cantidad. Y me dijo:

-Quiero que me penetres.

Yo obedecí como si fuera una orden. Me puse detrás suyo y comencé a penetrarlo suavemente hasta alcanzar un buen ritmo. Qué fantástico que se sentía penetrarlo escuchándolo gemir como una yegua. Después de un rato así no puede aguantar más el, mete y saca, y terminé viniéndome dentro de él. Me tira a su lado, ambos estábamos empapados en transpiración, la cama estaba hecha agua del calor. Pero él todavía no había terminado así que me decidí a hacerlo.

Bajé hasta su pene que estaba erecto, y duro como hierro, en el camino le besaba y lamía su pecho y su cuerpo que estaba salado y húmedo por la transpiración. Y mientras él miraba comencé a chupársela. Lo tenía a mil, y eso me calentaba mucho a mi también. Me pedía que lo mirara a los ojos mientras se la chupaba, eso lo excitaba más. Pero la tenía tan dura que estaba a punto de explotar. Él me decía:

-Sigue, sigue. Pero yo lo detuve como lo hizo él. Era su cumpleaños, así que quería entregarle el regalo mayor. -Aunque me encantaría que terminaras dentro de mi boca, quiero que termines en un lugar mejor que habías deseado desde hace mucho tiempo.

Temblando de excitación me contestó:

-Por favor dime que no es un sueño.-Claro, que no, solo trae ese pomo de vaselina, y por favor se suave.

Así lo hizo. Me puso boca abajo en la cama, me separó las piernas, agarró el pomo y me rellenó de vaselina como un a un pavo. Exageradamente mucho, pero mejor estar preparados.

-¿Estás seguro de esto? Preguntó…-Ya abre tu regalo de una vez. Le respondí.

Se puso detrás de mí y comenzó a introducirme la cabeza de su pene con absoluta suavidad. Entró con mucha facilidad y siguió hundiendo suavemente hasta llegar al fondo. Yo no podía contener la excitación, sentía convulsiones de placer. Siguió bombeando dentro de mi en cámara super lenta. Después de un rato de tanto placer comencé a sentirme algo ansioso por tanta delicadeza así que comencé a pedirle:

-Más duro,… -¡Más duro!,… ¡Más duro!

Y así lo hizo hasta alcanzar un ritmo que renovó muestra mutua excitación. Yo comencé a gemir como él lo hacía, en parte por placer y en parte porque le gustaba. Siguió aumentando el ritmo hasta que dijo,

-Me vengo, me vengo. -Hazlo. Respondí, y  en eso sentí un chorro de semen caliente inundando mis entrañas.

Siguió bombeando un poco más hasta asegurarse de haber expulsado todo y salió de dentro de mí. Ambos estábamos tan cansados que solo nos quedamos tirados donde estábamos y pasamos la noche juntos.

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Autor: Test1784

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