La próxima vez que agarre a mi vecina

Le puse cremita en su culo y acomodé mi verga en su culito, me dijo que siguiera despacio, primero eran pequeñas embestidas, cuando ya estaba listo para terminar ella me detuvo, se puso en cuatro patas y me pidió que la penetrara por adelante, no podía retenerlo y de mi pene empezó a brotar semen y eso que ya había terminado una vez. Ella llegó a su orgasmo conmigo.

Vivo en una ciudad costera de América latina. Como ya se imaginaran el sol y la playa activa la lujuria a límites insospechables. Ella: Es una morocha de 1.67 de tez blanca, casi pálida, dotada por la naturaleza de grandes tetas y hermosos ojos. Infelizmente casada con un hombre que le da muy poca importancia y atención sexual. Yo: Soy un rubio de ojos azules, robusto y de 1,80 como casi todos los que escriben estas historias. Tengo poco menos de 30 años y una novia muy aburrida que se la pasa viajando por su trabajo.

Todo sucedió casi por casualidad (digo casi porque no creo en las casualidades). Ella se sentaba como todas las tardes a tomar algo de sol en el patio de su casa y yo llegaba de trabajar algo cansado por un mal día de trabajo. Hay un pequeño cerco que divide su casa de la mía, creo que en más decorativo que por algún tipo de seguridad. La vi e instintivamente la saludé a desgano como buen vecino.

Esa noche sentado a la computadora no podía sacarme de la cabeza su cuerpo semidesnudo y su mano frotándose el bronceador por las piernas. Para cuando quise acordar tenía una hermosa erección, pero por mi condición de permanentemente calentura no me asombró. A las 10 llegó mi novia e intenté desquitarme con ella la calentura, pero con una penetración vaginal no podía saciar toda la carga sexual que mis pensamientos me habían dejado.

Intenté convencerla que me dejara penetrar su ano, pero todos mis intentos fueron inútiles, a lo que me tuve que conformar con un regalito extra de que se tomara mi leche lo que consistía en llegar cerca del final en su boca y que me masturbara los últimos segundos para terminar, que para lo que estábamos acostumbrados era mucho. Eso era a cambio de que no la iba a ver por dos semanas por uno de sus famosos viajes de trabajo.

A la mañana siguiente dejé a mi novia temprano en el aeropuerto y paré a desayunar en un pequeño café en el centro mientras esperaba mi hora de trabajo. Cual fue mi sorpresa al encontrarme allí a mi vecina cargada de bolsas de ropa y zapatos. La invité a sentarse a mi mesa y me contó que estaba preparándose porque esa tarde salían a una convención con su marido en no se que lugar de Centro América. No pude evitar mirar sus pechos que se balanceaban al compás de su cuerpo mientras me hablaba, vaya a saber uno de que. Creo que se dio cuenta por lo que me dijo que tenía que irse y yo también tenía que trabajar. Lo mejor que me ha pasado en la vida es lo que a partir de este momento los voy a contar.

Llegué a casa a mi rutina de PC y esta noche ya sin la posibilidad de que apareciera mi novia y no pude evitar mirar hacia la casa de mi vecina, me acerqué y la invité a tomar alguna bebida y conversar. Una hora más tarde nos encontrábamos recostados en el sillón frente al televisor, vestía una remera blanca que marcaban mucho sus pezones y una pollerita corta a la que asomaban sus bien formadas piernas. Sus ojos perdidos en el televisor no podían descubrir el deseo con el que se clavaban mis ojos en ella. La rodeé con mi brazo y ella respondió recostado su cabeza sobre mi. Mi pene quería salirse del pantalón y yo trataba de ir despacio para no arruinar la situación. Quise avanzar sutilmente para ver como estaba el terreno.

Lentamente acomodé mi mano en su pecho y empecé a besarle el cuello, ella con la mirada fija en la pantalla solo se limitaba a gemir, a medida que sus gemidos se incrementaban yo incrementaba mi manoseo sobre sus pechos. Metí mi mano por debajo de su remera, sus pechos estaban tan erectos como mi pene. Me susurró al oído: no te detengas. Lo que fue la palabra mágica para que me pusiera en marcha.

Le quité su remera y las liberé del sostén, eran mucho más firme de lo que las había imaginado y con unos pezones como los que nunca había imaginado. Primero los lamí suavemente y luego comencé a darles pequeños mordiscos.

Ella comenzó a frotar mi pene por sobre mi pantalón y para cuando pude darme cuanta lo tenía en su mano. Me propuse llevarla a mi cuarto para poder estar más cómodos, pero ella tenía otros planes. Al levantarme del sillón mi pene quedó a la altura de su cara y ella se lo llevó a la boca comenzó a besarlo con mucha intensidad, tanta que me hacía doler. Mi pene aunque es de un largo normal es muy grueso y entraba muy apretado en su boca, ella lo llevaba hasta su garganta, mientras que con la otra mano me acariciaba los testículos. Yo me limitaba a acariciar su cabeza.

Se dio cuenta que ya no podía retenerlo y me miró dando a entender que terminara en su boca. Se lo tragó, no dejó salir ni una gota de semen de su boca. Siguió con mucha energía hasta que no dejó ni una gota. Ella me pidió que le indicara donde estaba el baño y lo único que pude hacer fue levantar la mano y señalar en dirección de su puerta. Ella entró y cerró la puerta tras ella. Y prendió la ducha. No sabía que hacer, estaba medio desnudo en la sala de mi casa, había descargado mi pene en la boca de mi vecina que entraba a mi casa por primera vez, y ahora estaba duchándose en mi baño, tenía que tomar las riendas de este asunto.

Cuando salió del baño yo la estaba esperando para tratar de poner en claro las cosas. Ella sin embargo las tenía mucho más clara que yo. Envuelta en mi bata de baño me dijo, no creas que soy una chica fácil, solo es que me pareció que los dos necesitábamos un poco de diversión, pero esto no te compromete a nada. Yo asentí con la cabeza y me le acerqué para tomarla y ella empezó a corretear por la casa, y terminó metida en mi cuarto.

Me miró con cara de asco y me dijo: ¿solo una cama individual? ¿Acá lo haces con tu novia? Eres un miserable, ven para mi casa. Me empujó y pasó por el patio saltando la pequeña cerca de menos de un metro y se metió en su casa. Yo no sabía que hacer hasta que sonó el teléfono y su voz del otro lado me decía si esperaba una invitación impresa.

Al llegar a su casa, me condujo directamente a la habitación se tiró y sentó al borde de la cama y se me quedó mirando. Tomé la iniciativa y comencé a besarla, su boca, su cuello, sus pechos; la recosté sobre la cama y recorrí su vientre, sus muslos y llegué a sus orificios, la besé con desesperación, tomé el control de la situación, la tiré sobre la cama y me puse sobre ella. Mi pene entraba con mucha potencia y ella gritaba como poseída. Me pidió que la insulte, que la trate como su perra.

Yo comencé a llamarla puta callejera, cerda chupa pija, y a decirle que la iba a coger por todos los agujeros. Ella cada vez gritaba y se retorcía más y comenzó a moverse ella también. Cada vez que yo embestía ella despegaba su cuerpo de la cama para que la penetración sea más profunda. Solo se podían escuchar nuestros gemidos y gritos.

En ese momento sentí la necesidad de penetrarla por el ano. Le susurré al oído: prepárate que te voy a romper el orto ella se asustó, pero asintió con su mirada. Y me señaló una crema sobre la mesa de luz. La puse en el borde de la cama con las piernas sobre mis hombros le puse cremita en su culo y en mi miembro y lo acomodé en el orificio de su culito.

Ella me miró con miedo y yo me apoyé con toda mi fuerza. Soltó un pequeño grito mientras que una lágrima corría de su mejilla. Le pregunté si estaba bien y me dijo que siguiera despacio. Le di un minuto para acomodarse y empecé mi trabajo, primero eran pequeñas embestidas que fueron aumentando de ritmo hasta convertirse en embestidas bestiales.

Cuando ya estaba listo para terminar ella me detuvo, se puso en cuatro patas y me pidió que la penetrara por adelante, ya no podía retenerlo más y me pidió lléname de tu lechita. Solo con oír estas palabras fue como si se abriera una canilla de mi pene de la que empezó a brotar semen como muy pocas veces y eso que ya había terminado una vez. Ella llegó a su orgasmo conmigo y me quedé con mi miembro adentro de ella por un minuto.

Ella se incorporó y yo me dejé caer a su lado, metió mi miembro flácido en su boca y quitó todo resto de nuestra pequeña fiestita. Se metió nuevamente a la ducha y yo quedé tirado en su cama a los 15 minutos apareció totalmente desnuda y nos besamos hasta dormirnos. A la mañana me despertó con una pequeña mamada, luego me dijo, baja rápido a desayunar que tenemos solo hasta el medio día. (En Sudamérica preparar el desayuno es agradecimiento)

Hicimos el amor durante toda la mañana y me dijo que esperara hasta que regrese para seguir con los jueguitos.

Autor: Daniel

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Mi esposa visita dos clientes

Daniel aprovechaba para magrearte las tetas y Alberto te besaba el cuello. Te decían todo tipo de guarrerías, lo putilla que eras y lo bien que follabas, no parabas de gemir de suplicarles que te siguiesen follando de que no parasen, los vecinos de las habitaciones contiguas estarían excitadísimos escuchando tus palabras. Así estuvisteis un buen rato hasta que os corristeis como animales.

Te habías levantado muy pronto, como siempre que tenías que ir a Barcelona. Además esta vez tenías que visitar a dos clientes e ibas a hacer noche allí. Te pusiste el traje oscuro con falda larga que te hace esa figura tan esbelta y sensual, con la camiseta roja si mangas que resaltan esas tetas que gustan tanto a los hombres y que les hacen volverse para mirarlas y que más de uno ha tenido ocasión de tocar y chupar.

El taxi te esperaba en la puerta, ibas con el portátil y con el bolso, el taxista, un chico joven y bastante apuesto, al verte se bajó y muy atento te abrió la puerta. Tú notaste como te miraba y clavaba sus ojos en tu culo, que se marcaba claramente a través de tu falda. Al entrar en el taxi te quitaste la chaqueta, hacía calor, y disimuladamente el taxista movió el espejo para poder observar tus tetas. Tú te diste cuenta pero fue una sensación que te gustó. Llegaste al aeropuerto, bajaste del taxi y al cabo de cinco metros giraste la cabeza y viste como el taxista miraba tu culo. Entraste en la terminal y pensaste que había sido un buen comienzo de día.

El vuelo no salía hasta dentro de una hora, así que fuiste a tomar un café. Al llegar a la barra te fijaste en dos ejecutivos muy atractivos que estaban desayunando. Tendrían alrededor de 30 años. Terminaste de desayunar, subiste al avión, metiste el portátil en el maletero y te sentaste junto a la ventanilla, dispuesta a dormir como siempre hacías. Pero en eso que llegan los dos hombres que habías visto en el bar y se sentaron junto a ti. De cerca eran más apuestos.

Te saludaron amablemente y se sentaron. Empezaron a hablar entre ellos, parecían dedicarse a la consultoría. Al cabo de un rato uno de ellos te preguntó si solías hacer el puente, a partir de ahí seguisteis hablando de todo un poco hasta llegar a Barcelona. Uno se llamaba Daniel y el otro Alberto. Durante el trayecto tuviste que ir al baño, ellos se levantaron para dejarte salir pero notaste como ninguno se retiraba lo suficiente para no frotar tu culo con sus pantalones. Esto te puso cachonda. Menudo día, pensaste, primero el taxista y ahora estos dos.

Al llegar a Barcelona fuisteis a coger un taxi y te preguntaron hacia dónde ibas. Casualmente su oficina estaba cerca de la tuya y cogisteis el mismo taxi. Tú te pusiste en medio. Durante el trayecto ibas acercando tus piernas a las suyas y notabas como ellos se iban excitando. Llegado a ese punto te preguntaron si te gustaría cenar con ellos. Tu respuesta no podía ser otra que el sí.

Más tarde pensaste si debías haber aceptado su invitación, pero no te podías engañar, deseabas algo más que cenar con ellos. Desde siempre habías reprimido tu necesidad de sexo, salvo contadas excepciones, en las que te habías comportado como una verdadera calentorra, eso que tanto gusta a los hombres. Estuviste todo el día pensando en la cena.

Te llevaron a cenar a un restaurante del barrio gótico. Después de la cena tomasteis una copa en un pub cercano y te propusieron ir a su hotel. Tú en un primer momento dijiste que no pero en seguida te convencieron. Realmente ya estabas convencida de antemano porque los dos te ponían muy cachonda.

Subisteis en el ascensor y Daniel se puso detrás de ti y empezó a tocarte ligeramente las tetas. Tú cerraste los ojos y echaste la cabeza para atrás, mientras Alberto te besaba el cuello y frotaba su polla contra ti.

Llegasteis a la habitación y entre los dos te cogieron y te llevaron a la cama. Alberto se tumbó y tú te fuiste directamente a su pantalón, le bajaste la cremallera y sacaste su polla. Tus ojos al verla se iluminaron, era muy grande y gorda, y eso que no estaba todavía dura. Te la metiste en la boca y notabas como iba creciendo, parecía que no iba a parar. Él con su mano te estaba tocando las tetas, tú seguías con la camiseta puesta. Daniel mientras se dedicaba a ir subiéndote la falda poco a poco y besándote cada palmo de tus piernas. Cuando llegó a tu culo te bajó las medias y te dejó el tanga. Tenías la falda subida hasta la cintura, se la estabas chupando a uno mientras te tocaba las tetas y el otro te sobaba el culo y te metía la lengua en ese coñito tan lubricado.

Estabas muy caliente, os terminasteis de desnudar y cambiasteis de posición. Ahora tú se la chupabas a Daniel y Alberto te trabajaba el coñito, metiendo dos dedos mientras te chupaba el clítoris. Estabas en el séptimo cielo. Tras un rato así empezaste a gemir y convulsionarte, teniendo el primer orgasmo, un orgasmo largo e intenso. Pero no te dejaron descansar, te sentaste encima de la polla de Alberto y le cabalgabas salvajemente, Daniel por su parte te la metía en la boca y te estrujaba las tetas mientras te decía lo guarrilla que eras.

No podías más y te corriste por segunda vez. Al mismo tiempo Daniel se corría en tu boca, tú le mirabas con ojos de lujuria, el semen te resbalaba por los labios, pero tú no querías desperdiciar nada y lo recogías con tu lengua. Le chupaste la polla hasta dejarla bien limpia, Daniel cayó rendido. Alberto por su parte seguía follándote, de repente se salió de ti y te dijo que te pusieses de rodillas. Acercó su polla a tu cara y tras darle dos lengüetazos un chorro de esperma inundó tu boca y cara.

Tras este primer combate descansasteis un rato, pero tú no tenías suficiente y empezaste a juguetear con sus pollas, te las metiste las dos en la boca, nunca creíste que pudieras hacer esto y pensaste en lo putilla que eras.

Ellos se pusieron rápidamente a tono, quién se iba a resistir a esa boquita de mamadora, para eso te habías entrenado tanto. Esta vez decidieron follarte a cuatro patas, Daniel te lubricó el coño con su boca y te metió su rabo hasta el fondo. Se te escapó un pequeño gritito, mitad placer mitad dolor. Alberto se puso delante de ti y te empezó a follar por la boca mientras te masajeaba las tetas y te tiraba de los pezones. Tras 10 minutos en esta postura Daniel se puso debajo y tú le montaste. Notaste de repente que Alberto te empezaba a chupar el ano y a meterte un dedo.

Al principio tuviste miedo pero en seguida empezaste a notar placer. Notabas la punta de su capullo en tu culo, cómo iba penetrando ese agujero estrecho. Para ti era una nueva sensación, nunca te habían follado por el coño y culo a la vez. Empezaron con un ritmo tranquilo pero en seguida se hizo más rápido, tú sentías algo increíble, mezcla de dolor y placer.

Daniel dijo que quería follarte el culo, así que cambiasteis de postura. Esta vez te sentaste encima de Daniel, dándole la espalda. Te la metió por el culo. Te subieron las piernas para que Alberto te la pudiese meter por el coño. Esta postura te gustaba aún más que la otra, gemías a cada embestida.

Daniel aprovechaba para magrearte las tetas y Alberto te besaba el cuello. Te decían todo tipo de guarrerías, lo putilla que eras y lo bien que follabas, tú no parabas de gemir, de suplicarles que te siguiesen follando, de que no parasen, los vecinos de las habitaciones contiguas estarían excitadísimos escuchando tus palabras.

Así estuvisteis un buen rato hasta que os corristeis como animales. Os quedasteis los tres abrazados, derrotados tras el maratón de sexo, había sido tu mejor experiencia. Te levantase, te duchaste y te fuiste, no hubo preguntas entre vosotros.

Al llegar a tu hotel pensaste en si volverías a repetirlo. Cogiste el móvil y llamaste a tu marido. Te preguntó qué tal el día y tú le dijiste que había sido muy duro y aburrido. Te habías convertido en una experta mentirosa.

Autor: Baco

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Orgía interracial

No me importa nada más que los dos hombres que entran y salen de mí, noto que la chica está debajo nuestro, entre las piernas de su negro, lamiéndole las bolas y tragándose todo el jugo que de nuestros cuerpos, noto como empiezan mis dos hombres a convulsionarse, señal de que se derramaran dentro de mí, primero el negro me avienta su enorme cantidad de leche y luego mi culito se ve inundado.

“Estoy esperando que llegue por mí… él siempre es puntual y esta noche estoy en verdad excitada, él me ha dicho que me prepare para una noche loca de pasión desenfrenada, que iremos a uno de esos sitios donde las parejas pueden ir a disfrutar de un rato de buen sexo entre ellos o compartiendo con otras parejas… me dijo que quedó con una pareja que me excitará, él sabe que no tengo sexo con mujeres, pero que no me importa compartirlo a veces… como sé que a él no le importa compartirme… si siempre que tenemos encuentros así, acabamos haciéndolo con más pasión y desenfreno… como para demostrarnos que somos el uno para el otro.

Llega por mí y me dice que le excita mucho cómo estoy vestida… la verdad es que me puse un tanto vulgar… pero eso le excita… un ajustadísimo vestido de lycra negro, sin medias y unas botas altas de taco alto, de aguja… no lo sabe, pero debajo del vestido no llevo nada y si me inclino dejo ver no sólo parte de mis nalgas, sino que también enseño mi cosita… la cual he rasurado para él totalmente… me pongo un abrigo así que él no nota en realidad que sólo me tapa el vestido y eso a medias, porque se me olvidaba mencionar que lleva los escotes muy amplios.

La verdad es que parezco una cualquiera… pero como dije sé que eso lo excita mucho… así que salimos y en poco tiempo llegamos al lugar y entramos… y es entonces cuando me dice que hará realidad una de mis grandes dudas, ni siquiera deseos o fantasías, porque no es así, pero que esa noche probaré algo que me despierta mucho la curiosidad.

Así que pregunta por Sofía y Daniel… y nos llevan al cubículo donde ellos esperan, es de esos como de prostíbulo, con luces rojas y muchos aparatos para dar placer, desde dildos y consoladores hasta esposas y látigos, pero todos los cubículos son así, por lo que no me asusto… como la primera vez que entré ahí…

Lo que sí me sorprende es que cuando entramos, me topo con una pareja bastante inusual: ella es una chica oriental, al menos sus rasgos lo son, pequeña, con cuerpo delgadito, pero bien formada, vestida casi igual que yo, solo que su vestido es de un rojo encendido que apenas se distingue con las luces; él en cambio me deja con la boca abierta, totalmente vestido de blanco.

Es un tipo como de 1.95 de estatura, complexión gruesa, muy musculoso, con aspecto de jugador de fútbol americano, piernas fuertes, brazos más fuertes, cuello amplio, sin un solo cabello en la cabeza; labios gruesos y una mirada lasciva que me hace sentir desnuda al momento; pero lo que más me llama la atención es que es negro, de un negro carbón que me deja sorprendida… puesto que a mi pareja nunca le hablé de ello, pero sí, las fotos porno que a veces vemos o las películas, cuando sale alguna persona de color me llama la atención.

Nos presentamos y entonces, para romper el hielo, o más bien por el deseo de mi pareja de “tirarse” a la chica, empiezan los dos por trenzarse en un beso profundo, lo que me indica que esos dos ya habían estado juntos antes y solo sonrió: yo también tengo mis secretitos… así que no me molesta en realidad.

Entonces se acerca a mí ese monumento negro y me quita el abrigo… admirando mi cuerpo… y sin más me agarra de las nalgas y me pega a su bulto, lo que me hace gemir de sólo pensar que sea tan grande como se siente a través de la tela.

Sin más me besa y mete su lengua hasta mi garganta mientras me masajea las nalgas hasta subir el vestido lo suficiente para notar que no traigo nada debajo…. por lo que me dice al oído que así le gusta que sean las mujeres… sin inhibiciones… y me sube más el vestido hasta la cintura y me carga para colocarme en una mesa e inmediatamente comenzar a devorarse mi recién rasurado coñito… lo que me enloquece ya que está muy sensible… y mueve la lengua de tal modo que en segundos logra que me corra de manera estrepitosa y ruidosa, por lo que los otros dos nos voltean a ver… y después de unos segundos, al voltear a verlos, descubro que mi amado esta clavándose en el culito de la chica que se retuerce y grita de placer.

Entonces veo que mi pareja en ese momento está desnudándose… tiene un pecho poderoso, tal y como imaginaba pero cuando se quita el pantalón y el resto de la ropa, veo sorprendida el tamaño de su tronco… grueso, muy grueso y largo y entonces me dice que me toca tragarme su “varita” por lo que me pongo en cuatro sobre la mesa y empiezo a llenar de saliva todo su grueso tronco hasta que me atrevo a deslizarlo por mi boca… no cabe todo, pero sí lo suficiente para hacerlo gemir una y otra vez y entonces me agarra del cabello y me mueve al ritmo que le gusta, una y otra vez, mientras de su garganta salen todo tipo de sonidos, mezclados con una serie de obscenidades que quizás en otro momento me molestaran… pero no ahora.

A punto de correrse, me detiene y sin ninguna delicadeza me jala hasta hacerme bajar las piernas de la mesa y me coloca a espaldas de él sobre la mesa… y me levanta un poco una de mis piernas hasta tener lo suficientemente bien abierta mi rajita como para empezar a recibirlo y empieza a taladrarme con ese enorme pene… tan es así que me duele un poco pero sólo en lo que tarda en entrar, porque en cuanto mi vagina se adapta a él, empezamos a movernos de tal modo que cada arremetida me roza todo mi coñito y me causa un placer infinito y de repente se pone salvajemente loco y empieza a embestirme de tal modo que me aprisiona con su enorme cuerpo contra la mesa y entra y sale frenético de mí… haciendo que comience a tener innumerables orgasmos… y conforme se acelera, empieza a decirme obscenidades, comienza a llamarme “zorra” y mil cosas más… lo que increíblemente ¡me excita!

Después, y sin previo aviso, sale de mí y me voltea de frente a él y me taladra de nuevo pero ahora sentada yo en el borde de la mesa, él pone sus brazos debajo de mis piernas y después de varias arremetidas, y sin aviso, me carga y comienza a moverme, a hacerme brincar contra él, lo que lo hace entrar más profundo y a mí me vuelve loca… por lo que por fin pierdo toda conciencia y me vuelvo puro deseo y empiezo a pedirle más y más… le pido que no pare, que me parta en dos, que deseo sentir como cabalga mi cuerpo… que siga así y no pare.

Así que, frenético, empieza a caminar por el cuarto haciéndome brincar contra su tronco… una y otra vez, más y más y más… y entonces es que me vuelvo consciente de que escucho como gimen apresurados la otra pareja… y les escuchamos acabar…. pero nosotros aún no estamos en eso, así que, un par de minutos después escucho a ese hombre que me tiene clavada decirle a mi amado que se acerque y me cargue.

Así lo hace y entonces, al ver como ese negro entra y sale de mí, siento como se endurece el miembro también grueso de mi amado y le digo entre gemidos que me lo de, por lo que se pone contra la mesa y empieza a introducírmelo en el culo… lo que me duele como nunca pero le pido que no pare… así que una vez dentro empieza a moverse suave y es entonces que los dos, aprisionándome salvajemente empiezan a darme con todo una y otra vez por lo que yo soy un manojo de orgasmos simultáneos.

Si bien no acaba uno cuando estoy con el que sigue… y no paro de gemir… no me importa nada más que los dos hombres que entran y salen de mí… entonces noto que la chica está debajo nuestro, entre las piernas de su negro, lamiéndole las bolas y tragándose todo el jugo que de nuestros cuerpos emana, hasta que, salvajemente noto como empiezan mis dos hombres a convulsionarse, señal de que se derramaran dentro de mí… y así ocurre, primero el negro me avienta su enorme cantidad de leche y luego mi culito se ve inundado… tanto que escurre de los dos lados y la chica se come todo mientras yo me derramo también en un último orgasmo final.

Luego ambos salen de mí y me recuestan en el sofá, con delicadeza… y espero a recuperarme de la acción hasta me duermo unos minutos mientras ellos conversan… luego me despierto y comenzamos a platicar de nuestras vidas… completamente satisfechos todos. Un rato después nos vestimos y salimos de ahí, vamos a cenar y cada quien a su casa ¡totalmente plenos…!
Espero te haya gustado.

Autora: Chiquita Bonita

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El profe nuevo

Lo abracé contra mi pecho y le comencé a sobar la raja con el dedo medio. Se estremeció al sentir otra mano en ese rincón tan íntimo que sólo él había explorado en privado. Lo besé, suavemente y luego otra vez con intensidad, mi dedo se adentró cada vez más en su deliciosa caverna carnosa, cálida y estrecha.

Un par de años después de terminar la universidad, habiendo estudiado filosofía, había acaparado varias experiencias laborales, pero aún no tenía un rumbo a seguir. Fue entonces que me presenté a un trabajo como profesor de filosofía en un colegio privado, para los últimos años de secundaria, donde me contrataron por un año.

Yo, joven de 26 años, me había mantenido en forma desde chico, entre natación, artes marciales y en los últimos años sólo en el gimnasio. De 1.80 metros de altura, cabello negro y grueso, cejas pobladas, piel canela y culo duro y redondo. Desde los primeros días, los chicos me vieron como algo nuevo, ya que la mayoría de sus profes era bastante mayores y especialmente las niñas me prestaban atención. Sin embargo, eran los jovencitos en quien yo me fijaba en secreto.

Aunque las niñas se subían las faldas, yo esperaba atentamente al momento en que los chicos, vestidos para la hora de deporte, subieran una pierna sobre la silla de al lado, si había una vacía, para que sus shorts subieran y me dejaran ver el interior de sus cremosos y suaves muslos, mostrando el inicio de la zona donde el sol no los había tocado, desarrollados por jugar futbol y correr, pero manteniendo la suavidad de sus 18 años. A veces, como hacen los chicos, se sobaban los abdominales, las camisetas subidas, dejándome ver parte de sus deliciosos cuerpos juveniles. A veces hasta tartamudeaba un poco de la excitación.

Yo me llevaba muy bien con todos y habían algunos que pronto pasaron a ser parte de mis sesiones masturbadoras–no soy pedófilo, ya estos chicos estaban bien desarrolladitos. Eran:

Daniel – flaco, pero marcado, blanquito, de hermosos ojos grandes verdes y un culito respingado que daba que babear y unos abdominales marcadísimos. Oscar – mezcla de padre chino con madre negra, súper deportista, sus piernas, pantorrillas, muslos y culo, todos hiper definidos por todos los juegos de futbol que jugaba y amaba. Siempre usaba los pantalones bajos y al levantar la mano siempre podía verse el elástico de sus calzoncillos, lo cual me alocaba. Ricardo – un alumno de último año quien, aunque corto de estatura, ya había entrado en el fisiculturismo y sus deliciosos pechos y brazos musculosos y su cara honesta y risueña a veces me empalmaban durante clase.

Muchas veces me corrí la paja pensando en verlos besarse, tocarse, penetrándose y en penetrarlos yo mismo. Su calentura, sus caras retorcidas de placer, gimiendo ante la experimentación de nuevas sensaciones. Todo comenzó cuando Daniel vino a hablarme sobre un problema en casa. Con las mejores y más inocentes intenciones, accedí a hablar con el después del colegio en la sala de profesores. Me contó sobre el divorcio de sus padres y sobre su hermano mayor, con quien se llevaba muy bien, pero con quien había estado peleando. Se veía preocupado, vulnerable, y me explicó que por eso habían bajado sus notas.

Le di buen consejo–comunicarse con ellos, hacerles saber sus preocupaciones, pero de manera madura y calmada, honesta y que no permitiera que eso afecte sus estudios. Me abrazó. Cogió mi cuello con sus brazos y puso su cabeza sobre mi hombro, diciendo, “Gracias.” Tener a este machito adolescente, que metía chiste de vez en cuando en clase, muy hombrecito, en esta posición, me erectó a mil. Él no me soltó, y podía sentir su cuerpo cálido sobre el mío, separados sólo por mi camisa delgada y su camiseta de algodón. El calor de fin de verano hacia todo pegajoso y letárgico. Le devolví el abrazo y repentinamente volteó su cara hacia mi cuello. Su respiración cálida y suave me excitó más.

Le sobaba la espalda cuando de repente él, ganado por la arrechura, y viéndome con los ojos cerrados, conteniéndome, puso sus labios tiernamente junto a los míos. Entonces yo tomé la iniciativa y lo besé suave y largo, sobando sus labios con los míos, sintiendo como él me apretaba más fuerte y como en sus shorts su verga adolescente se endurecía como nunca antes.

Acaricié su nuca y el beso se volvió más intenso, nuestras lenguas lamiéndose dulcemente entre sí. Hacían sonidos mojados, excitantes. Eran ya pasadas las 5:30 y no había nadie más que el personal de limpieza. Le seguí acariciando la nuca, luego la espalda bajando hasta justo antes de llegar al culo que yo tanto deseaba (no quería asustarlo, así que ahí paré por el momento). Le pregunté si quería acompañarme a mi salón de clase, él accedió. Allí, cerré las cortinas. Ya lo habían limpiado, así que no nos interrumpirían. A veces los alumnos se quedaban hasta tarde con profesores trabajando un tema o una asignatura.

Me dijo “Profe, me ha encantado desde que lo conocí…en realidad no he hecho mucho, sólo un par de cosas con Oscar”. Ellos eran muy amigos. Casi eyaculo ante esa información. Lo besé suavemente, sólo con los labios, sobándolos húmedos y lisos. “Yo también te he estado mirando. Eres lindo.” Nos besamos con fervor, yo acariciando su espalda, su pecho, su vientre. Estábamos ya muy calientes, la sangre hirviendo. Le quité la camiseta para mostrar su hermoso y desarrollado cuerpo juvenil. Le lamí el estómago plano, duro, del ejercicio diario, donde ya había indicios de vellos. El suspiró. Sabía que era mío. Le bajé el short y el slip, su pinga ya dura y lubricando saltando a la vista. Le lamí la cabeza repetidas veces, ante sus gemidos, y comencé a succionar sólo la cabeza suave, pero firmemente, sintiendo su forma redonda y caliente entre mis labios, saboreando su inexperta y juvenil erección, bajando por el tronco poco a poco. El chico casi grita del placer. Educación complexiva.

Comenzó a mover sus caderas hacia mi garganta, bombeando llevado por la naturaleza arrecha, dejando el pensamiento lógico y entrando en el placer animal hasta ahora desconocido para este jovencito. Aún adolescente, tenía una verga de 16cm, que prometía crecer a tamaños deliciosos. Seguí estimulándolo, mi boca en su glande, sintiendo sus movimientos, sus gemidos leves. Era mucho placer. De repente, me dijo “Déjeme chuparlo.” Me encantaba que me tratara de Ud.

Me abrí el pantalón, el desnudo excepto por sus zapatillas de futbol, yo vestido aún. “¡Que grande!”, exclamó viendo mi erección de 18cm. La lamió tímidamente, su boca inexperta llegando a tragarse sólo la mitad, pero compensando la succión con sus ricos labios carnosos. Se veía muy hermoso extasiado mientras se pajeaba chupándome la verga. Seguía haciendo sonidos cortos que hacían vibrar mi verga. Su ceño se fruncía y su cara se torcía de arrechura haciendo expresiones riquísimas. A veces abría los ojos y me miraba con ansias, mi pene duro y ardiente entre sus labios rosa.

Sabía que tenía que poseerlo, tomar su virginidad, su pureza juvenil. Se lo propuse. Me dijo: “En la ducha, me meto el dedo, me gusta mucho… pensé que era algo malo y nunca se lo conté a nadie.” Pobrecillo. Y que delicia. “No tiene nada de malo”.  Lo abracé contra mi pecho y le comencé a sobar la raja con el dedo medio. Se estremeció al sentir otra mano en ese rincón tan íntimo que sólo el había explorado en privado. Lo besé, suavemente y luego otra vez con intensidad, mi dedo se adentró cada vez más en su deliciosa caverna carnosa, cálida y estrecha. Le besaba el cuello también, liberando su boca para que pueda gemir suavemente en mi oreja “mmhmmm me gusta, profe, me gusta.” Su cuerpo olía a sudor, sexo juvenil, y esos sprays corporales baratos que usan los muchachos para después de educación física. El olor a ano limpio, lampiño, joven, a sudor masculino, invadía el salón.

Yo tenía una botella de aceite en mi maleta, que usaba para el cuerpo o el cabello (soy medio hippie). Tenía un suave olor como a madera y flores tropicales. Puse su torso boca abajo sobre una mesa del salón y comencé a untar su hoyo con él. Daniel no podía creer el placer que experimentaba. Me abrí la camisa–le gustó mi cuerpo delgado, pero marcado y los vellos que tenía entre los pectorales. Me acarició suavemente con sus dedos desde el cuello hasta la verga.

Su cara seguía con esa expresión de anticipación incontenible que viene con el despertar del desenfreno sexual. Mi alumno había aprendido muy bien. Luego me unté el aceite en la verga, que estaba a fierro. Le decía que le iba a gustar, que no se preocupara y se relajara, pero creo que todo era en vano; lo habría aceptado de todas maneras. El quería que le ensarte la pinga de todas maneras, lo había estado deseando, sin saberlo, hacía tiempo.

Comencé lento, dejando que su hueco se acostumbrara a la cabeza, sobando su espalda y sus glúteos, diciéndole lo rico que se sentía. “Si profe, aaooh, siiii”, gemía él. No duraríamos mucho. Poco a poco, aconsejándole que relajara los esfínteres, terminé de enterrársela, a pelo, piel con piel (él era virgen y yo me había hecho exámenes hacía poco, así que estaba sin complicaciones). Entre mi calentura por hacerlo en el colegio, semi vestido y con un alumno (uno de mis favoritos, encima), bombeaba suave, pero fuerte, la extensión entera de mi pinga frotando los límites de su hoyo, mi cabeza rozando con su túnel de éxtasis, y presionando  ese botón de placer de la próstata, que mi alumnito, tan joven, nunca había alcanzado.

Daniel explotó con un grito, el placer de una gruesa y venosa pinga masajeando los músculos más íntimos de su culo fue demasiado. Al sentirlo apretar su ya estrecho ano (que delicioso fue romper esos tejidos delicadamente para que se ensanche el túnel y acomode a mi pene), yo también me vacié, viendo su cara de arrecho al soltar su leche caliente sobre la alfombra, su cuerpo joven estremeciéndose, temblando de sexo. Su cara fue lo más rico, joven, inocente y puta a la vez. Le dejé todo el chicle adentro.

Desnudo, sus entrañas llenas de mi semen caliente, se paró y nos besamos una vez más, yo acariciando ese culo paradito, suavecito de joven que acaba de follar, sobando su raja y sintiendo mi esperma escurrirse entre sus nalgas. Le ayudé a ponerse su ropa otra vez, la ropa de educación física con el logo del colegio, mientras le propinaba suaves besos en los labios y hombros, acariciando cada pedazo de piel expuesta, piernas ya velludas, pero aún tersas, torso, cuello, rostro. “Gracias, profe,” me dijo con un besito. Y se fue.

En clase los días siguientes había miradas, sonrisas, pero nada fuera de lo común que nos delatara. Este no es el final de esta historia prohibida.

Autor: oushoh

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El muchacho del gimnasio

Mi culo palpitaba pidiendo verga, pasamos a un 69 él encima de mí ofreciéndome su verga y él chupando la mía mientras metía sus dedos en mi culo, yo chupaba su verga desesperado, me sentía en la gloria, se volteó y me dijo que me iba a culear que me iba abrir el culo con su verga, que ahora iba a tener la verga de un macho, buscó un condón, lubricante y su verga entró completa en mi culo.

Lo que les voy a relatar me sucedió hace unos días atrás, siempre leo relatos especialmente los de acá que son muy buenos y hoy me tocó narrarles mi experiencia… Tengo treinta años, bien parecido, blanco, cabello castaño oscuro, 1.78 m, delgado, pero con definición muscular.

Al salir del trabajo es mi rutina ir al gimnasio, el cual queda muy cerca de mi trabajo y caminando llego en cinco minutos… Allí libero estrés, me pongo en forma, me deleito con cuerpos esculturales, y por supuesto ver variedad de vergas en los vestidores y el sauna, claro disimuladamente, ya que soy un tipo serio y no demuestro mi condición…pero me encanta verlas, las hay gordas, cortas, blancas, morenas, largas, en fin me encanta ver a los tipos como le brincan las vergas cuando caminan y salen mojaditos de las duchas, a mi mente se vienen variedad de fantasías y deseos… Desde ya hace unos días he cruzado algunas miradas con un chico del gimnasio y ustedes saben como son esas miradas, yo entreno solo y en muchas ocasiones lo he pillado mirándome y él también a mí, no sé ni cuál es su nombre únicamente hemos cruzado palabras cuando yo le he preguntado si algún equipo está ocupado o cuanto le falta para empezar yo a utilizar la máquina.

El es un tipo un poco más alto que yo, algo tímido, blanco, totalmente masculino, de buen cuerpo y una cara linda que eso me mata. Yo siempre llego antes que él al gimnasio y me impacienta cuando veo que no llega, me encanta ver tan lindo ejemplar y ese jueguito de miradas que es tan excitante…pero un día el decidió ir mas allá de esas miradas, lo cual me pareció excelente… Un día por casualidad él entrenaría los mismos músculos que yo y me pidió si podía hacerlo conmigo, yo sin replicar gustoso le dije que si, que ya había realizado una serie y que comenzara de una vez…mientras entrenábamos aproveché y entablamos una conversación, muy normal, hablamos de cosas genéricas, fue muy amena, Daniel, porque supe su nombre, aparte de lindo era muy simpático…terminamos la rutina de ejercicios y ya nos disponíamos a irnos, al instante me preguntó que donde vivía, yo le respondí e inmediatamente me dijo que el tenía carro y esa era su vía y con gusto me daba la cola a mi casa, cosa que igualmente acepté con gusto respondiéndole que si…

Subimos al estacionamiento al lado del gimnasio, su carro estaba como en el cuarto piso, llegamos y entramos al auto, estando ambos sentados inclusive antes de encender el vehículo nos quedamos mirando fijamente, no hubo palabra alguna y parecía que se detenía el tiempo justo ahí… como un impulso mutuo nos besamos, besos que fueron entrando en calor y fueron más apasionados y calientes, chupábamos nuestras lenguas y labios, estaba completamente erecto, nos tocábamos como locos y él tenía su verga dura como una piedra… me dijo que estaba en su apartamento solo y que allá estaríamos más cómodos…

Mientras conducía a su apartamento yo me pegaría de su verga hasta llegar a su apartamento, me encanta mamar…él llevaba unos shorts, el cual yo deslicé junto a su bóxer para saltar de un brinco una verga erecta como de unos 18 centímetros, sin circuncidar, la tomé y pelé su prepucio para mostrarme una cabeza brillante mojada y chorreando gran cantidad de líquido preseminal y desprendiendo un olor a macho que me vuelve loco y me excita demasiado… lengüeteé su cabeza probando ese rico liquido saladito, él suspiró de placer, y la introduje en mi boca, mamando como un becerro, de arriba abajo, lengüeteaba su frenillo y todo el borde de la cabeza del pene, emitía un quejido de placer, bajé más su short y alcancé a chupar sus huevos velludos, introduje uno a uno en mi boca, masajeándolos con mi lengua.

Él seguía conduciendo emitiendo pequeños quejidos, mientras yo metido allí abajo mamando esa gloriosa verga que olía a macho, a sudor y orine, una combinación de olores que me hacia tragar esa verga con más gusto y placer… me sentía extasiado…así estuve mamando bajando la intensidad porque él me dijo que estaba a mil y si seguía así se vendría en mi boca. Llegamos a su apartamento y todo a penas comenzaba, entramos y junto con cerrar nos comimos a besos de lengua mientras nos quitábamos la ropa, todavía recuerdo su olor a macho al pasar la lengua por su cuerpo, no nos habíamos duchado después de entrenar…chupé sus pezones, su cuello mientras mis manos tocaban ese cuerpo musculoso…

Estábamos por fin completamente desnudos, tenía completito para mí este macho escultural…él fue bajando de chupar mis pezones, por mi abdomen hasta que se encontró con mi verga erecta, empezó a mamarla como un loco, se la metía hasta la garganta y yo con mi mano dirigía su cabeza para darle una culeada por la boca… le dije que quería que me culeara, quería tener esa verga completita, hasta el fondo en mi culo, pasamos a su dormitorio y me acostó en su cama boca arriba y empezó de nuevo a mamarme mi verga como un loco, sentía que si seguía iba a explotar… hasta que bajó hasta mi culo y empezó a lengüetearlo sutilmente para luego forzar su lengua en mi culo, yo gemía de placer…su lengua estaba apoderada de mi culo intentando entrar en él…

Mi culo se dilataba y palpitaba pidiendo verga…luego pasamos a un 69, él encima de mí ofreciéndome su verga para mamar y él chupando la mía mientras metía sus dedos en mi culo, yo chupaba su verga  desesperado, me sentía en la gloria, se volteó y me dijo que me iba a culear, que me iba abrir el culo con su verga, que ahora iba a tener la verga de un macho…buscó un condón y lubricante, untó mi culo y su verga de lubricante, tomó mis piernas (yo boca arriba en la cama) y las abrió colocándolas en sus hombros, alcanzó una almohada y la puso bajo mis nalgas…

Ahora sí, mi culo quedó completamente a merced de su verga (lo que yo deseaba), acomodó su cabezota en mi dilatado culo, y solo al sentir lo caliente de su verga en mi culo gemí de placer, le dije culéame, entiérrame tu verga, pero hazlo hasta el fondo, quiero hasta tus huevos en mi culo, empezó a empujar y… el dolor fue mínimo en comparación al placer que me daba la verga de Daniel…me clavó completo, su verga entró completa en mi culo…me sentía lleno, completamente clavado, le dije déjamela adentro un rato.

En minutos empezó a meter y sacar… la sacaba completamente y la metía de golpe en una sola embestida… él tomó mis brazos presionando mis muñecas sobre la cama, estaba inmóvil, solo recibía verga por mi culo… en cada arremetida yo gemía y podía ver la expresión en su cara, lo cual me excitaba aún más… él gemía como un toro, yo solo decía que quería verga, ¡dame más verga!…y el arremetía con más fuerza, yo empecé a pajearme… él dándome por el culo y yo pajeándome, ya sentía que iba a explotar… le dije que venía leche, ¡viene leche Daniel!…el empujó su verga hasta el fondo levantando mi culo con el empujón…expulsé chorros y chorros de leche, ¡fue una venida del coño!…sentía que botaba litros de leche…

El inmediatamente sacó su verga de mi culo, se quitó el condón y empezó a pajearse y en cuestión de segundos descargaba su leche, yo apresuré y coloqué mi cara, saqué mi lengua y llegué a probar unos cuantos chorros de esa leche exquisita. El cayó encima de mí y nos besamos, me dijo que día a día soñaba con tenerme y hacerme suyo, nos levantamos a ducharnos sin parar de darnos besos… estábamos exhaustos y caímos rendidos en la cama. Era fin de semana y amanecí con él hasta el otro día. Y esto fue el comienzo de una caliente relación…Hoy tengo ganas de que me rompa el culo…y siento mis cojones cargados de mucha leche…

Espero les haya gustado mi experiencia…

Autor: Sergio

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Desvirgué a mi prima Vera

Su calzón estaba totalmente mojado empapado de sus jugos vaginales, cuando corrí el borde del calzón y quedó ante mí esa visión maravillosa de su sexo expuesto ante mis ojos, quedé atónito sus vellos negros desordenados estaban rizados y mojados, su respiración nerviosa y su excitación me ponían al máximo.

Esto me sucedió cuando yo tenía 25 años y vivía en casa de mis tíos ya que era mi barrio desde pequeño, y ya estaba acostumbrado a él, así que como era el sobrino preferido todos me querían.

Vivía con mis dos primas Verna y Luisa y un primo más mis tíos obviamente, todo transcurría normal, pero ya mi prima Verna había cumplido los 18, las dos me querían mucho, y yo a ellas pero con Verna nos unía algo especial era mi preferida, eso sí nunca se me había pasado por la mente nada de lo que sucedió luego, la quería sólo como mi primita pequeña, pero como el tiempo pasa implacable no me di ni cuenta cuando era toda una mujer al menos por el cuerpo, porque sólo tenía 18, y tampoco me hubiese fijado en ello si no fuese por lo que les relataré, siempre jugábamos a las cartas, dados, ludo etc.

Nos entreteníamos hasta altas horas de la noche incluso cuando ya todos dormían, sólo mi prima Luisa nos molestaba a veces, nos llevábamos realmente bien, cierto día estaba parado en la ventana que daba una vista preciosa al puerto, todos los días lo hacía, y siempre llegaba Verna al lado mío conversábamos un rato y ya, pero un lunes como a las 8.30 de la noche me estaba fumando un cigarrito frente a la ventana y llega mi prima y en vez de ponerse a mi lado me pidió permiso para pasar delante de mí hacia el otro lado, estaba recién bañadita su pelo mojado perfumó el aire al pasar delante de mí.

No sé si a Uds. les ha pasado pero ese olor a mujer fresca es realmente excitante, y su colita pasó como era de esperar pegada a mí, y les digo nunca me imaginé tener un sólo pensamiento fuera de contexto para con mi primita, pero tampoco imaginé el efecto que causaría en mí y en el futuro ese roce de su colita con mi pene, el cual despertó de una forma automática de un sopetón, sobre todo porque Verna pasó lentamente como queriendo alargar el momento del roce, sólo pasó eso, pero desde ese día, la forma de mirar a mi primita Verna cambió radicalmente.

Me fijé cuidadosamente en su cuerpo y mi libido comenzó a imaginar a la mujer más no a la primita, un cuerpo realmente espectacular y no les miento sólo sus pechos eran pequeños se perdían en mis manos y eso me encantaba me gustan los pechos pequeños, su culito era colosal y fue de lo que realmente me enamoré era redondo con un par de nalgas carnosas y duritas imaginen sólo 18 años, unas piernas largas llenitas de muslos carnosos y firmes con pantorrillas hechas con él más fino pincel, una cintura que rodeaba con una mano era trigueña su pelo frisado entre castaño oscuro que le caía por los hombros unos labios carnosos y deliciosos hacían de mi prima una delicia, un verdadero manjar y lo más importante, ¡era virgen! Cosa que me fascina.

Me encanta desvirgar jovencitas, ya tengo una pequeña fama bien formadita, en fin, ya el destino estaba trazado pero jamás iba yo a ser el que diera el primer paso primero me moría, así que sólo soñaba con ese conejito, pensando que a sus 18 añitos ella jamás se tiraría arriba mío era casi imposible, pero luego de ese día lunes, al día siguiente y al otro y al otro nunca más fallé en la ventana, para ver que sucedía si volvía a pasar por delante de mí algo pasaba, y lo hizo el día miércoles mi corazón latía al 100 por ciento mientras ella pasaba pegada a mi bulto que estaba bien abultado, y ella ni se inmutó, el día jueves tenía pensado presionar mi pene contra su culito cuando ella pasara, tenía todo planeado.

Cuando llegó, mi corazón quería salirse de mi pecho y cuando la tuve a tiro de cañón me faltó coraje y no me atreví, ¡pero si era mi primita!, Luego me arrepentí tanto que me quería matar pero bueno vendrían más días, pasaron dos días y el sábado estábamos jugando cartas cuando ella me dice por qué me llamaban tantas chicas a la casa le contesté que salía con ellas y todo eso, me preguntó si tenía alguien especial a lo que contesté que sí pero sólo en mi corazón, quién era preguntó tímidamente, algún día te lo diré al oído le dije y seguimos jugando al tiempo que mi vista no dejaba de mirar sus calzoncitos blancos de algodón, que ella tímidamente no ocultaba, me miraba de reojo para ver si yo estaba viendo lo que yo hacía con descaro.

Al día siguiente me tocó a mí jugar el mismo juego y cambié mi buzo por unos short anchos con los cuales jugaba fútbol, dejando un testículo afuera de la malla interior y abriendo bien las piernas para que su vista fuera nítida, mientras jugábamos su vista estaba perdida en mi entrepierna, miraba de reojo y movía sus piernas nerviosamente, y sus palabras se alborotaban al hablar, yo la miraba derechamente a los calzones que ya estaban húmedos.

Qué delicia es ver unos calzoncitos blancos de algodón mojados hasta el gris, al transcurrir esta situación yo no me había percatado que se me había producido una erección de proporciones y sólo me di cuenta cuando Vernita se incomodó mucho, me sonrojé al máximo y sólo atiné a decir que iba al baño, no aguanté más y me di el primer pajazo en nombre de mi prima salí del baño aliviado me despedí de ella y me fui a dormir, al rato me levanté porque no podía dormir y sentí al pasar por el cuarto de mis primas un quejido inconfundible, mi prima se estaba dando una paja y yo sabía a quién iba dedicada, si hubiese estado durmiendo sola entraba en ese momento y terminaba él capitulo pero estaba Luisa con ella.

Al día siguiente ella estaba como tratando de evitarme yo me hice el desentendido y tampoco reparé en ella en todo el día, ese domingo pasó así, tranquilo, el lunes, yo estaba tranquilo frente a la ventana con mi buzo azul zapatillas blancas sin calzoncillos y una polera delgada, ella llegó me dio un beso en la mejilla y me pidió permiso, su blusa blanca delgada estaba por fuera de su faldita tableada sobre las rodillas su culito se le veía increíblemente paradito, yo estaba fumando así que tiré la colilla por la ventana, mientras pasaba yo olía su aroma en el aire, cuando sentí que su culito estaba justo frente a mi pene el cual estaba previamente acomodado verticalmente hacia el ombligo, comencé a presionar lentamente, si se retiraba o pasaba rápido hasta ahí llegaba mi aventura y yo estaba desvariando.

Cuando presioné un poco más y mi pene ya estaba flanqueado entre sus glúteos, sentí bruscamente como retrocedía y se iba hacia el comedor quedé paralizado me entró un pánico salvaje y un arrepentimiento, qué había hecho, pensé que se había enfurecido o algo así. Salí un rato a caminar y me olvidé del asunto.

Cuando volví como a las dos horas ella estaba viendo televisión y me dijo si quería jugar cartas, me calmé un poco y volvió mi alma al cuerpo, comenzamos a jugar carta mayor y castigos, perdí y me ordenó caminar como perrito, perdí de nuevo y canté un tango cuando ella perdió le dije que fuera mi esclava y besara mis pies, lo que hizo de inmediato. Perdí otra vez y ahora yo debía besarle los pies, mi plan funcionaba, comencé a besarle dedo por dedo chupando lentamente cada uno de ellos quiso sacar el pie y yo se lo impedí besando sus tobillos y pantorrilla le levanté el pie un poco y seguí subiendo por la rodilla, cuando estaba enfilando hacia el muslo interior me detuvo y sacó otra carta luego yo volví a perder sin decirme castigo alguno tomé rápidamente su pierna reiniciando mi tarea inconclusa ya mi lengua recorría su muslo besándolo y babeándolo sin parar mi lengua corría entre sus piernas las cuales trataba de cerrar.

Cuando llegué a la entrepierna chupé sus costados sin ir directamente a la conchita chupaba y chupaba, sus contracciones y pequeños gemidos como gatito eran pólvora que gatillaban mi erotismo, eran tan cortos y aguantados sus gemidos por razones obvias que gozaba más al no poder explayarse en sus sentidos, su calzón estaba totalmente mojado empapado de sus jugos vaginales, cuando corrí el borde del calzón y quedó ante mí esa visión maravillosa de su sexo expuesto ante mis ojos, quedé atónito sus vellos negros desordenados estaban rizados y mojados, su respiración nerviosa y su excitación me ponían al máximo.

Mi pene quería romper el pantalón levantó la cabeza y me tomó la mía con las dos manos como queriendo arrepentirse, en ese momento mi lengua recorrió desde debajo de su concha hasta el clítoris y sus labios vaginales con destreza y hundiéndose y saliendo de su interior sus manos jalaron mis cabellos y se volvió a recostar estaba entregada mis manos abrían su rajita y mi lengua se apoderaba de sus labios y su clítoris, la metía y la sacaba chupaba con maestría ese repollito delicioso, Vernita se metió un dedo dos tres, toda la mano estaba en su boca. Tratando de acallar sus gemidos casi incontrolables, mi lengua y mis dedos se metían y la lubricaban una y otra vez mi lengua sintió algo caliente e inconfundible bajar por la cueva virgen de mi primita su primer orgasmo se había consumado, en ese momento no tenía condones y pensé desvirgarla y darla en su cuerpo pero un ruido nos alarmó alguien se había levantado ella corrió al baño y yo me quedé viendo TV.

Era mi prima Luisa, me preguntó qué estaban dando y respondí, una serie, siguió a la cocina volvió con un vaso de agua y tras ella Verna se fue acostar, las dos embarcaron rumbo a su dormitorio y ahí quedé yo con la leche que se me salía por los ojos, sólo pude descargar mi segundo pajazo en nombre de Vernita.

Pasaron dos días y nada ocurrió nos mirábamos y nos mirábamos, creo que ella se humedecía con sólo verme, yo igual, el día viernes estaba en la ventana como a las 10.30 y la sentí llegar no dijo nada sólo pasó por delante de mí un poco rápido, cuando la sentí al medio y mi pene estaba calzado en medio de sus nalgas le tomé la cintura y la detuve mis manos rodeaban sus caderas, la atraje hacia mí al tiempo que me movía lentamente y dejaba mi pene más dentro de sus duros cachetes, cuando la tuve ensartada metí mis pies entre los suyos y los separé lo más que pude, sus nalgas cedieron espacio para que mi pene se sintiera más libre y enseguida me agaché y subí lentamente mi pene que estaba al palo recorrió por su ano y parte de su conchita.

Su cuerpo se estremeció estaba apoyada en el borde de la venta y sus manos temblaban, mis dos manos subieron por su vientre y se apoderaron de un pecho cada una, mis manos los cubrían por completo qué sensación más exquisita, sus pezones se erectaron y comencé un movimiento de masaje con mi dedo pulgar e índice, su cabeza estaba echada hacia atrás apoyada en mi hombro y por primera vez la besé en los labios, los besé tiernamente ella los abría y sacaba su lengua, no sabía besar, chupé y succioné su lengua le metí la mía me comía sus labios y acariciaba sus pechos mientras mi pene subía y bajaba por su ano y su cuevita mi mano derecha bajó rápidamente y se apoderó de su vagina.

El calzón cayó al suelo rápidamente y le metí la mano en la entrepierna sobando toda su concha que ardía como animal en celo, mi dedo anular se metió por la jugosa entrada que no tenía pizca de resistencia, era todo agua viscosa, mi mano estaba empapada, seguía besándola y metiendo mi lengua hasta el fondo de su garganta mientras ella se movía enloquecida de placer, yo ya no aguantaba más, un temblor y un gemido gutural y mordisco en mis labios me indicaron su primer orgasmo, si la penetraba en ese momento no aguantaría ni dos minutos así que la dejé tal cual estaba y bajé hasta su entrepierna, mi cabeza se introdujo por la parte de atrás volteé y mi boca quedó justo a la entrada de su concha.

Gotas calientes cayeron en mis labios, el sabor salado me volvió loco de placer, me abalancé y comencé a chuparle la concha como poseído por Eros, metía mi lengua hasta donde podían mis dedos, chupaba sus labios y esa lengüita la saboreaba como si mañana se acabara el mundo, qué delicia hacer el sexo oral a una vagina virgen, cuando sus gemidos se estaban convirtiendo en llantos de placer, cómo se la estaría chupando que ya no podía más.

Me levanté me limpié un poco la boca, que estaba llena de jugos vaginales y uno que otro vello púbico la besé con profundidad y pasión, separé sus piernas me bajé un poco el buzo y saqué mi rojo y aguantado pene, que no es ni grande ni chico un poco más que normal, lo dirigí hasta la trajinada vagina metí el glande en la entrada y la cabeza roja y palpitante se ensartó de inmediato. Entre gemidos y suspiros Vernita me preguntó: me va a do…, sólo un gemido siguió a la cortada pregunta, mi tronco completo se lo había metido de un solo empujón, estaba tan lubricada esa concha que ni siquiera le dolió, sólo un mmmmmmm… siguió a la desflorada, metí y saqué hasta el fondo mi pene, tomé las bases de sus nalgas con mis dos manos y las levanté y comencé a bombearla una y otra vez, sacaba mi vara roja hasta el glande y se lo volvía a introducir.

La ventana estaba empañada y sus cara pegada al vidrio, mis huevos se calentaron con el flujo de su orgasmo en ese momento me acordé de mi primita y sus 18 años mientras la ensartaba una y otra vez recordé que no se cuidaba por supuesto, y yo no tenía condón, ella estaba en otra dimensión y yo no aguantaba más, saqué mi pedazo de carne de su bien atendida vagina, mi pene estaba mojado por completo y comencé a pasar el dedo por su ano, su esfínter se lubricó rápidamente, mi dedo anular se introdujo en su vagina y se mojó y rápidamente, lubricó por dentro el pequeño agujero negro que estaba por estrenarse.

Mi primita se estaba reponiendo recién de semejante desvirgada y ni se imaginaba lo que vendría si todavía se estaba recuperando del polvo vaginal, apoyé la cabeza de pene en su ano y la introduje a duras penas mientras con la otra mano separaba un poco los glúteos para que la penetración fuese más fácil, mi prima quiso darse vuelta pero la apuntalé contra la pared y le introduje medio sable dentro de su ano que estaba tan apretado que ya me venía, le dolió un poco y me apretó la mano y me pedía que se lo metiera despacio, le dije que no se preocupara, lentamente me salí un poco para metérselo un poco más, una vez más salí y una vez más la penetré más profundo, hasta que la clavada fue completa.

Tenía toda la herramienta albergada en su ano y su esfínter dilatado al máximo casi no respiraba volteaba y me miraba como pidiendo suavidad, la besé y volví a la carga, metí y saqué con fuerza y con cariño, tal fue su soltura que sólita se separó un poco de la pared y paró más su colita, con una mano comenzó a separar sus nalgas lo que dejó mi mano libre, la tomé por la cintura y comencé a bombearle el culo como no lo había hecho con nadie, qué manera de durar y qué manera de desvirgar a mi prima por lado y lado.

Tal fue la penetración que mi pene estaba sensible, cuando se acercaba el orgasmo no aguantaba las ganas de gritar, la clavé de tal forma que toda mi leche se metió en su ano, cuando saqué el pene estaba hirviendo y rojísimo, mi primita se volvió y me llenó de besos, me subí rápidamente el buzo y les puse sus calzones, porque estaba goteando leche rosada por sus comisuras, mi leche y sus pequeñas sangraduras eran el único testigo de lo que había sucedido aquella noche, había desvirgado a mi primita de 18 años y ha sido hasta ahora el mejor polvo de mi vida, no sé si por qué era prohibido o porque realmente estaba enamorado de ella. Lo único que sé es que fue real y duró mucho tiempo hasta que viajé fuera del país, antes de irme le dije al oído, tú eres mi mujer especial.

Tal vez cuente luego algo más, quizás…

Autor: Daniel

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El viaje de mi esposa

Empezaron con un ritmo tranquilo pero en seguida se hizo más rápido, tú sentías algo increíble, mezcla de dolor y placer. Daniel dijo que quería follarte el culo, así que cambiasteis de postura. Esta vez te sentaste encima de Daniel. Te la metió por el culo. Te subieron las piernas para que Alberto te la pudiese meter por el coño. Esta postura te gustaba aún más que la otra, gemías a cada embestida.

Te habías levantado muy pronto, como siempre que tenías que ir a Barcelona. Además esta vez tenías que visitar a dos clientes e ibas a hacer noche allí. Te pusiste el traje oscuro con falda larga que te hace esa figura tan esbelta y sensual, con la camiseta roja si mangas que resaltan esas tetas que gustan tanto a los hombres y que les hacen volverse para mirarlas y que más de uno ha tenido ocasión de tocar y chupar.

El taxi te esperaba en la puerta, ibas con el portátil y con el bolso, el taxista, un chico joven y bastante apuesto, al verte se bajó y muy atento te abrió la puerta. Tú notaste como te miraba y clavaba sus ojos en tu culo, que se marcaba claramente a través de tu falda. Al entrar en el taxi te quitaste la chaqueta, hacía calor, y disimuladamente el taxista movió el espejo para poder observar tus tetas. Tú te diste cuenta pero fue una sensación que te gustó. Llegaste al aeropuerto, bajaste del taxi y al cabo de cinco metros giraste la cabeza y observaste como el taxista miraba tu culo. Entraste en la terminal y pensaste que había sido un buen comienzo de día.

El vuelo no salía hasta dentro de una hora, así que fuiste a tomar un café. Al llegar a la barra te fijaste en dos ejecutivos muy atractivos que estaban desayunando. Tendrían alrededor de 30 años. Terminaste de desayunar, subiste al avión, metiste el portátil en el maletero y te sentaste junto a la ventanilla, dispuesta a dormir como siempre hacías. Pero en eso que llegan los dos hombres que habías visto en el bar y se sentaron junto a ti. De cerca eran más apuestos. Te saludaron amablemente y se sentaron. Empezaron a hablar entre ellos, parecían dedicarse a la consultoría. Al cabo de un rato uno de ellos te preguntó si solías hacer el puente, a partir de ahí seguisteis hablando de todo un poco hasta llegar a Barcelona. Uno se llamaba Daniel y el otro Alberto. Durante el trayecto tuviste que ir al baño, ellos se levantaron para dejarte salir pero notaste como ninguno se retiraba lo suficiente para no frotar tu culo con sus pantalones. Esto te puso cachonda. Menudo día, pensaste, primero el taxista y ahora estos dos.

Al llegar a Barcelona fuisteis a coger un taxi y te preguntaron hacia dónde ibas. Casualmente su oficina estaba cerca de la tuya y cogisteis el mismo taxi. Tú te pusiste en medio. Durante el trayecto ibas acercando tus piernas a las suyas y notabas como ellos se iban excitando. Llegado a ese punto te preguntaron si te gustaría cenar con ellos. Tu respuesta no podía ser otra que el sí.

Más tarde pensaste si debías haber aceptado su invitación, pero no te podías engañar, deseabas algo más que cenar con ellos. Desde siempre habías reprimido tu necesidad de sexo, salvo contadas excepciones, en las que te habías comportado como una verdadera calentorra, eso que tanto gusta a los hombres.

Estuviste todo el día pensando en la cena.

Te llevaron a cenar a un restaurante del barrio gótico. Después de la cena tomasteis una copa en un pub cercano y te propusieron ir a su hotel. Tú en un primer momento dijiste que no pero enseguida te convencieron. Realmente ya estabas convencida de antemano porque los dos te ponían muy cachonda.

Subisteis en el ascensor y Daniel se puso detrás tuyo y empezó a tocarte ligeramente las tetas. Tú cerraste los ojos y echaste la cabeza para atrás, mientras Alberto te besaba el cuello y frotaba su polla contra tí.

Llegasteis a la habitación y entre los dos te cogieron y te llevaron a la cama. Alberto se tumbó y tú te fuiste directamente a su pantalón, le bajaste la cremallera y sacaste su polla. Tus ojos al verla se iluminaron, era muy grande y gorda, y eso que no estaba todavía dura. Te la metiste en la boca y notabas como iba creciendo, parecía que no iba a parar. Él con su mano te estaba tocando las tetas, tú seguías con la camiseta puesta.

Daniel mientras se dedicaba a ir subiéndote la falda poco a poco y besándote cada palmo de tus piernas. Cuando llegó a tu culo te bajó las medias y te dejó el tanga. Tenías la falda subida hasta la cintura, se la estabas chupando a uno mientras te tocaba las tetas y el otro te sobaba el culo y te metía la lengua en ese coñito tan lubricado. Estabas muy caliente, os terminasteis de desnudar y cambiasteis de posición. Ahora tú se la chupabas a Daniel y Alberto te trabajaba el coñito, metiendo dos dedos mientras te chupaba el clítoris.

Estabas en el séptimo cielo. Tras un rato así empezaste a gemir y convulsionarte, teniendo el primer orgasmo, un orgasmo largo e intenso. Pero no te dejaron descansar, te sentaste encima de la polla de Alberto y le cabalgabas salvajemente, Daniel por su parte te la metía en la boca y te estrujaba las tetas mientras te decía lo guarrilla que eras. No podías más y te corriste por segunda vez. Al mismo tiempo Daniel se corría en tu boca, tú le mirabas con ojos de lujuria, el semen te resbalaba por los labios, pero tú no querías desperdiciar nada y lo recogías con tu lengua. Le chupaste la polla hasta dejarla bien limpia, Daniel cayó rendido. Alberto por su parte seguía follándote, de repente se salió de tí y te dijo que te pusieses de rodillas. Acercó su polla a tu cara y tras darle dos lengüetazos un chorro de esperma inundó tu boca y cara.

Tras este primer combate descansasteis un rato, pero tú no tenías suficiente y empezaste a juguetear con sus pollas, te las metiste las dos en la boca, nunca creíste que pudieras hacer esto y pensaste el lo putilla que eras.

Ellos se pusieron rápidamente a tono, quién se iba a resistir a esa boquita de mamadora, para eso te habías entrenado tanto. Esta vez decidieron follarte a cuatro patas, Daniel te lubricó el coño con su boca y te metió su rabo hasta el fondo. Se te escapó un pequeño gritito, mitad placer mitad dolor. Alberto se puso delante de ti y te empezó a follar por la boca mientras te masajeaba las tetas y te tiraba de los pezones.

Tras 10 minutos en esta postura Daniel se puso debajo y tú le montaste. Notaste de repente que Alberto te empezaba a chupar el ano y a meterte un dedo. Al principio tuvíste miedo pero en seguida empezaste a notar placer. Notabas la punta de su capullo en tu culo, cómo iba penetrando ese agujero estrecho. Para tí era una nueva sensación, nunca te habían follado por el coño y culo a la vez.

Empezaron con un ritmo tranquilo pero en seguida se hizo más rápido, tú sentías algo increíble, mezcla de dolor y placer. Daniel dijo que quería follarte el culo, así que cambiasteis de postura. Esta vez te sentaste encima de Daniel, dándole la espalda. Te la metió por el culo. Te subieron las piernas para que Alberto te la pudiese meter por el coño. Esta postura te gustaba aún más que la otra, gemías a cada embestida. Daniel aprovechaba para magrearte las tetas y Alberto te besaba el cuello. Te decían todo tipo de guarrerías, lo putilla que eras y lo bien que follabas, tú no parabas de gemir, de suplicarles que te siguiesen follando, de que no parasen, los vecinos de las habitaciones contiguas estarían excitadísimos escuchando tus palabras.

Así estuvísteis un buen rato hasta que os corrísteis como animales. Os quedásteis los tres abrazados, derrotados trás el maratón de sexo, había sido tu mejor experiencia. Te levantase, te duchaste y te fuíste, no hubo preguntas entre vosotros.

Al llegar a tu hotel pensaste en si volverías a repetirlo. Cogíste el móvil y llamaste a tu marido. Te preguntó qué tal el día y tú le dijíste que había sido muy duro y aburrido. Te habías convertido en una experta mentirosa.

Autor: Baco

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El semen de mis hijos IV

Mi jefe la metió más, quedando su pene debajo de mi cara y me dijo: Amor, no te vayas a hacer despedir, yo me alarmé, necesitaba mucho mi trabajo, me cogió la cabeza, obligándome a meterme su pene en mi boca, comprendí el chantaje y empecé a mamárselo, lo hice bien para que no pensara en despedirme. Luego de un rato sentí como se contraía, hasta que eyaculó dentro de mi boca.

Hola soy Mónica, esta es la cuarta parte de mis relatos. La primera: Me bañó con su semen. La segunda: El semen de mis hijos II. La tercera: El semen de mis hijos III

Luego de la última experiencia todo iba a cambiar, al siguiente día estaba recostada cuando de pronto sentí como me despertaba el manoseo en mi cuerpo, al reaccionar vi a Lorenzo y a Daniel, mis dos hijos, manoseándome todo el cuerpo, después de conocerlos y de saber que de nada serviría prohibirles, decidí permanecer estática, pero trataba de taparme con mi cobija, de pronto Daniel se alejó y me dijo: ¡Párate!, yo le dije que se salieran para cambiarme, a lo que ellos me aclararon que estaban con los testículos llenos de semen, y por su enfermedad necesitaban eyacular pronto sino enfermarían, yo accedí a ponerme de pie, el problema es que mi pijama no tapaba mucho que digamos, Daniel se acercó y me metió la mano en la pijama para cogerme los senos, me dijo que yo colocara las manos atrás y agachara la cabeza, ya así lo hice, solo quería terminar esto lo más rápido posible, ellos no paraban de masturbarse.

De pronto Lorenzo que me miraba dijo: estoy a punto de venirme, a lo que Daniel me dijo que me diera vuelta, yo así lo hice, sin entender mucho, luego él me cogió el cuerpo y me lo arqueó un poco, quedando agachada pero sin doblar las rodillas, en eso siento que me masajean la cola por encima de mi delgada pijama, desde aquí todo cambió, porque eso me gustó, me excité, esa fue la sensación que jamás me imaginé que sentiría en ese momento, de pronto siento como me empieza Lorenzo a lanzar chorros de semen encima de la pijama, me caían en la cola y en la espalda, eran bastantes, su problema hacía que produjera mucha cantidad de esperma, quedé empapada, demasiado semen tenía en min pijama, en ese momento me di cuenta que los dos se guardaban sus miembros, por ende me imagino que los dos se habían venido encima mío.

Me ubiqué de nuevo, Daniel dijo: eres muy linda mamá, y se acercó y me dio un pico en la boca, luego Lorenzo se acercó y me dio otro, me sentí muy extraña, ellos nunca me daban picos en la boca, me dijeron que bajara, que tenían que hablar conmigo, les dije que me bañaba, me cambiaba y bajaba, ellos dijeron que solo me bañara y bajara, que lo que me tenían que decir era urgente, me quité la pijama llena de semen y entré a bañarme, al salir con la toalla, bajé y me dijeron donde sentarme. Lorenzo empezó a hablar: mamá, para ti es difícil masturbarnos en todo momento, tenemos que aprender a hacerlo solos.

Cuando escuché eso, mi corazón saltaba de tranquilidad, me gustaba lo que escuchaba, entonces continúo diciendo: pero el problema es que no tenemos la motivación para excitarnos tanto como para que nos podamos masturbar, queremos que tú nos ayudes con esa motivación. No comprendía muy bien la idea de mis hijos, no comprendí que era lo que me pedían, yo respondí que si, que les ayudaría con lo que fuera.

-Gracias mami, sabíamos que podíamos contar contigo, entonces para nosotros es muy excitante imaginarte con ropa sexy, así que si tú usas la ropa que te digamos, con solo usarla, eso nos va a excitar mucho, igualmente si hacemos algunos cambios en la casa, como que vamos a dormir todos juntos, en la misma cama, y vamos a colocar semen en tu shampoo y crema dental, y no vas a volver a cerrar jamás la puerta del baño.

Yo quedé callada, no podía decir nada, quedé muy impresionada, después de escuchar todo eso, se notaba que lo tenían muy bien planeado. No alcancé a responder cuando Daniel dijo: sabemos que vas a aceptar todo porque tú dijiste que no querías que fuéramos donde las putas, ellas harían todo esto.  Pronto dije: claro que no quiero que vayan con esas mujeres, voy a hacer todo lo que quieran, pero prométanme que jamás irán por allá. Lo prometemos, dijeron casi en coro. Daniel: entonces mami, por favor, ve y te cambias, cuando te estabas bañando te dejamos una ropa especial para ti en tu cama.

Me levanté, y me fui para la habitación, al llegar empecé a sacar la ropa, me senté pronto, pues la sorpresa era mayúscula, era un vestido muy pegado al cuerpo, era una minifalda que mostraba mucho la forma de mi cola, tenía un escote muy fuerte, mis senos quedaban muy expuestos, pero lo peor eran las medias, que no eran enterizas, sino llegaban solo hasta mi colita, era ligueros, los tacones eran muy altos, era tacón de 7.5, eso es muy alto, me dispuse a cambiarme, al terminar, me sorprendí como me veía de diferente.

Salí de la habitación y apenas me vieron dijeron: mamá, pareces una puta, yo me ofendí y le dije que ese no era vocabulario decente, ellos me explicaron que es que ellos se imaginaban que estaban con una puta y así no tenían necesidad de ir por allá, me dijeron que me fuera a trabajar, yo les dije que me veía muy vulgar, que no me hicieran eso, ellos dijeron que me veía linda, que saliera a trabajar, me empujaron a la puerta y salí, debido a que mis senos son muy grandes, me tocaba estar pendiente de acomodármelos ya que el escote se movía y me daba miedo que se me viera algún pezón.

Salí y noté como las miradas de todos llegaban a mí, me paré en el paradero y jamás había llamado tanto la atención, estoy casi segura que todo los conductores me miraron ese día, cuando llegó mi bus me subí, el problema era que me tocaba de pie, todo parecía confabularse en mi contra, afortunadamente no estaba tan lleno y nadie aprovechaba la situación para pegárseme, pero el problema fue que debido a los tacones tan altos, y todos estaban sentados, les mostraba el inicio de mi colita a quien quisiera ver, me sentí muy apenada, era impresionante ver como todo los hombres se tocaban su entre pierna, subía más gente, pero yo me acomodaba para no quedar cerca de ninguno de ellos, como no quería darle la espalda a ninguno de los hombres que llegaban, me fui arrinconando hasta quedar dándole la espalda a unos hombres que estaban sentados en la última silla, el bus saltaba, y mis senos parecía querer salir del vestido.

Luego de un eterno camino llegamos, al ir a pagar me sorprendí cuando el conductor me dijo un piropo y no me cobró, yo me bajé y me dispuse a entrar a mi oficina.

Al entrar todos estaban afortunadamente tan ocupados que no notaron como iba vestida, entré rápidamente a mi escritorio, en la entrada de la oficina del jefe (yo soy su secretaria) y me alegré por no haber causado más espectáculo, entró al rato mi jefe leyendo su periódico, de pronto me miró para saludarme y se quedó perplejo, no dejaba de mirar mi vestido, me dijo: Mónica, ¡cómo estás de linda hoy!, ven, sigue a mi oficina que necesito decirte unas cosas, yo entré, pero él me hizo entrar primero, cuando caminaba sentía como clavaba su mirada en mi cola, me senté rápidamente al frente del escritorio, él se sentó en su silla y me dijo que quería que yo me hiciera al lado de él para no gritar lo que me iba a dictar.

Yo conocía muy bien las verdaderas intenciones, solo era por morbosearme, me paré al lado de él y me dijo que mirara para el otro lado, que le diera la espalda, empezó a dictar cosas de poca importancia, luego me dijo: Mónica, tienes una colita muy linda. Yo le dije gracias y me puse muy roja, ¿Porque te has vestido así? me preguntó, le dije que había querido venir diferente, él me dijo: Mónica, quiero que hoy trabajes aquí en la oficina, no quiero que salgas, le dije que tenía mucho trabajo en mi escritorio, me dijo que no me preocupara por eso y para finalizar dijo: Mónica si tú me demuestras mucha lealtad yo te puedo dar la vida que tú quieras, menos trabajo y más sueldo.
Esa idea de más sueldo me agradaba mucho, ya que un aumento es el sueño de muchos, le dije que yo era muy leal, entonces dijo:

Ok, Mónica entonces ven y siéntate aquí en mis piernas, me puse muy roja, y le dije que no, ¿para que?, entonces me habló fuerte y me dijo: quiero que trabajes aquí al lado mío, ¿eso tiene algo de malo?. No, nada, le respondí y me acerqué, me senté de medio lado, y sentía ese gran bulto, él me acomodó y quedé sentada de frente al escritorio, al igual que él, me dijo que escribiera en el computador, mientras me dictaba, su pene lo sentí, estaba en medio de mis nalgas, me recostó un poco hacia delante para que pudiera escribir en el pc, empezó a dictarme y él se movía suavemente, yo sentía como me presionaba ese pene en mis nalgas, en un momento me dijo, mira, necesito llamar a alguien, pero no quiero que mis empleados te vean aquí, ¿me voy? le pregunté, no, respondió, métete en el escritorio y no digas nada.

Yo lo miré, esperando que me dijera que era broma, pero él me empujaba hacia abajo del escritorio, me metí quedando en una posición muy incómoda, me dijo que no dejara de mirarlo, por si me hacía alguna señal, así pues quedé agachada y mi vestido muy recogido, mis senos quedaban a su vista, se podía ver todo el volumen de mis senos, por lo espichados se veían aun más grandes, llamó a varios empleados, los cuales entraron y mi jefe metió mucho más la silla, quedando yo presionada, tan presionada que mi cabeza quedó sobre la silla al frente de su enorme paquete, él les dijo a los empleados que le expusieran unas nuevas propuesta, ellos empezaron a hacerlo y mi jefe de forma sorprendente se empezó a desapuntar el pantalón, se bajó la cremallera, yo lo miraba y él muy serio me hizo el gesto que hiciera silencio, se acomodó su ropa interior y sacó su pene, estaba muy gordo y grande, yo no hacia nada, de pronto se empezó a tocar, bajaba su mano suavemente, acariciándolo y subía la piel que cubría su pene, lo hacia sin afán, su pene se ponía muy duro, de pronto se agachó y me dijo:

Mónica, necesito que me ayudes con una manito, que necesito escribir en el computador, me cogió una mano y la puso en su pene, sacó sus manos y empezó a escribir en el computador, yo seguí masturbándolo, me sentía muy extraña, no conocía esta personalidad de mi jefe, estuve así un rato, de pronto bajó más la silla y la metió más, quedando su pene debajo de mi cara, se volvió a agachar y me dijo: Amor, no te vayas a hacer despedir, pórtate bien, yo me alarmé, no entendía porque me hablaba de despido, necesitaba mucho mi trabajo, luego bajó sus manos y me cogió la cabeza, obligándome a meterme su pene en mi boca, comprendí el chantaje y empecé a mamárselo, lo hice bien para que no pensara en despedirme.

Luego de un rato sentí como se contraía, hasta que eyaculó dentro de mi boca, me tragué todo el semen para no mancharme, además era poco semen, en comparación con lo que arrojan mis hijos, ordenó a sus empleados salir, ellos así lo hicieron, me sacó del escritorio y me dijo: Mónica, de hoy en adelante quiero que me lo mames una vez al día de esta misma forma, ¿comprendes?, yo me quedé en silencio, entonces dijo: Amor no me hagas ponerme de mal genio, ¿entiendes?, si señor, entiendo. Muy bien, ahora sal de la oficina y tómate el día libre, como ves vas a ganar mucho si te portas bien.

Salí, recogí mis cosas y al salir todos me miraban, yo sentía que sabían lo que había pasado, pero era solo impresión mía, no era más que lo llamativo de mi ropa. Salí y cogí un taxi para no brindar más espectáculos.

Al llegar a mi casa la casa estaba sola, entré a mi habitación y lloré desconsolada por horas, no entendía en que momento se había hecho un caos mi vida. De tanto llorar, me quedé dormida, de pronto sentí la puerta, eran mis hijos, había dormido un rato largo, yo rápidamente me levanté, ellos entraron a mi habitación y se sorprendieron de encontrarme, ¿que haces tan temprano en la casa?, les dije que mi jefe no había ido y yo había terminado rápido mi trabajo, ellos me dijeron que mejor para que los ayudara, yo les dije que claro que si.

Entonces ellos me dijeron que iban a llenar de semen mi shampoo y cremas de la piel y mi crema dental, yo les pedí que no lo hicieran que no era necesario, Lorenzo dijo: Mami, claro que es necesario, nos excita mucho pensar que tienes semen nuestro encima de ti, en ese momento me dieron ganas de ir al baño a hacer pis, y les dije que con permiso, iba al baño, se corrieron y entré al baño, cuando iba a cerrar la puerta me dijeron que recordara que no podía jamás volver a cerrar la puerta, yo les dije que iba a hacer pis, que no podía con la puerta abierta, ellos me dijeron que una puta lo haría, y que yo era su puta como me habían explicado en la mañana, así que arremangué mi vestido, me bajé con gran vergüenza y humillación la tanga y me senté a orinar.

Ellos me cogieron y me pararon de una, me dijeron, no señora, tú desobedeciste, querías cerrar la puerta y cuando una puta desobedece hay que castigarla, ahora como castigo vas a orinar de pie, yo les dije que no, que no podía, entonces ellos me dijeron: mira mami, si vuelves a negarte a algo, te lo juramos que salimos por esa puerta en busca de putas y no volvemos, eso me aterrorizaba y les pedí despulpas, les juré que no me volvería a negar a nada, que como prueba vieran como orinaba de pie, ellos dijeron así nos gusta y se acercaron y me dieron un beso en la boca.

Me sentí nuevamente extraña, ya que era raro sentir sus húmedos labios pegados a los míos, empecé a orinar como nunca lo había hecho y ellos veían como salía hacia el piso de la ducha un chorro de orina a presión, al terminar me alcanzaron papel para limpiarme, me dijeron que los masturbara ahí mismo, me arrodillé y ellos se sacaron sus vergas, empecé a hacer lo mío, me dijeron que alcanzara una taza para recoger su semen, así lo hice, al eyacular guardé todo ese semen, ellos lo cogieron y empezaron a frotarlo en todas mi cosas, pero sobró mucho, así que me dijeron que lo guardara.
Lo guardé y me ordenaron irme a acostar, que ellos ya irían a dormir conmigo, fui y me acosté sabiendo que ya venían, me sentía altamente humillada, al rato ellos llegaron totalmente desnudos, con su miembros al aire, cada uno se hizo a un lado y me dijeron que yo era la mejor mamá, me abrazaron y sentía sus miembros grandes pegados a mi mientras me abrazaban y me cogían mis senos y mi cola.

Lorenzo dijo, mami, ¿me das un besito de buenas noches? le dije claro amor, entonces él dijo, es que vimos una película donde daban unos besitos especiales, ¿nos darías uno así?, si amor, les dije, como es, Lorenzo me cogió la cara con las dos manos y me dijo, abre la boca por favor, así lo hice, me dijo que la abriera más, totalmente, así lo hice, me dijo que sacara la lengua, entonces él me la cogió con sus labios y empezó a succionarla suavemente, era como si le hiciera un sexo oral, eso me excitó mucho, me soltó, y me dijo que así era, Daniel me dijo, ahora yo mami, y me volteé hacia el lado de él, y me cogió la lengua y me la chupó.

Para ese momento podía sentir sus penes enormes. Les dije que si les ayudaba a desocuparse, ellos dijeron que en un momento, primero querían excitarse más, y para eso querían ver mis senos, la verdad me daba algo de pena, pero no quería desobedecer y me abrí la blusa, mis enormes senos quedaron expuestos, ellos empezaron a jugar con ellos, los manoseaban y los besaban, eso me excitaba un poco, luego me dijeron que me colocara boca abajo, así lo hice y ellos me bajaron el pantalón de la pijama, quedando mi colita con solo mi tanguita, me dijeron que levantara más la cola, así lo hice y sentí como me jalaban de arriba la tanga para que se metiera más entre mis abultadas nalgas.

Me dijeron que mis nalgas estaban muy blancas, que necesitaban más color, y empezaron a darme cachetadas en las nalgas, cada vez eran golpes más duros, ya me dolía mucho la colita, me dijeron que gritara que yo era un perra y una puta, yo no podía, me sentía muy extraña, entonces más duro me deban, empecé a gritar, me dijeron que tenia que sentirse creíble, y que inventara algo más en esa frase, ellos me golpeaban en mis nalgas: yo gritaba: ay, me duele, soy una perra, una putaaaa, ayayay, ellos me dijeron que le agregara algo excitante a esa frase, o sino me golpearían hasta sangrar.

Yo gritaba: Si señor, soy una puta, ayayay, me duele mucho, soy una perra y seré la mujer más obediente del mundooo, en ese momento me dijeron que les hiciera sexo oral, entonces me empujaron debajo de las cobijas, quedé rodeada de sus penes, hice mi trabajo, hasta que me llenaron de semen la boca y la cara, se dieron la vuelta y me dijeron que durmiera que mañana me esperaba un día muy especial.

Autora: Mónica

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Las cogidas a mi tía

Javier la atrajo hacia él y le comenzó a mamar las chichotas, mientras sus manos las tenía en sus enormes nalgas, cayeron a la cama y se besaron, puso a Paty en cuatro patas, le quitó la tanga y comenzó a mamarle su rajita, en eso se escucharon los primeros gemidos de mi tía, muy leves, pero los escuchaba, él no aguantó y se la clavó en esa posición, yo podía ver el rostro de mi tía y el movimiento de sus chiches, mientras masajeaba mi verga ya bien mojada y dura.

Me llamo Daniel y soy un chavo de 24 años, flaco y alto, vivo en un edificio que es propiedad de mi abuela y en donde viven un tío y mi tía Patricia la protagonista de la historia. Ella tiene su departamento justo en frente al mío por lo que la comunicación con mi mamá que es su prima, y conmigo es muy estrecha, al grado de que yo me llevo muy bien con sus hijos los cuales son tres, uno de 15, otro de 13 y un niño de tan sólo 2 años.

En cuanto a mi vida sexual considero que es muy placentera pues tengo una novia con la que por lo menos hago el amor una vez a la semana, pero pronto mis perversiones y deseos sexuales fueron aumentando, fue entonces cuando comencé a fijarme y obsesionarme más en el culo de las mujeres y así fue como descubrí como estaba de buena mi tía Paty, ella es una mujer que actualmente tiene 34 años, se casó joven porque según las pláticas indiscretas que he escuchado salió embarazada.

Paty a pesar de sus tres hijos tiene un cuerpo bastante aceptable, ella es una mujer que ciertamente ha aumentado unos kilos, pero la beneficiaron, pues sus caderas se ensancharon al grado de tener un culo de aproximadamente unos 100 centímetros, en verdad que luce unas nalgas riquísimas pues su cintura aún es algo estrecha, yo calculo que unos 65 ó 67 cm y de sus pechos mejor no hablamos, pues son unos enormes melones de aproximadamente 95 centímetros los cuales quizás no están completamente firmes, pero en realidad se ven muy antojables.

Todo esto que les describo lo comencé a notar apenas hace un par de años, pues antes de iniciar una vida sexual activa no tenía tan desarrollado el morbo. El caso es que yo me di cuenta a partir de que acudía mucho con mis primos a jugar video juegos, además de que constantemente tenía que ir a su departamento por cosas, fue así como pude cachar varias veces a Paty en ropa ligera.

Pero mi morbo se acrecentó al imaginarme el cómo se cogían a mi tía su novio Javier, pues Paty estaba completamente idiota con su nuevo novio, además de que era el primero después de su separación con su esposo. Mi tía se la pasaba cogiendo con Javier en su departamento y para esto no tenía ni una precaución pues sin importarle que estuvieran sus hijos ella se encerraba en su recámara y se aventaba tremendas cogidas, esta situación provocó muchos problemas en sus hijos al grado de que tuvieron que irse sus dos hijos mayores a vivir con su papá, pues era insoportable oír los quejidos de su madre cuando se la cogían, yo inclusive fui testigo de los gemidos de placer que emitía mi tía cuando se la cogía Javier, situación que me incomodaba al estar con mis primos, pero que provocaba que fuera a mi departamento a masturbarme recordando esos ricos gemidos.

Al irse sus hijos, Paty tuvo el campo libre para coger a gusto con Javier, incluso se cambió a la recámara de mis primos la cual es más grande y cómoda, yo seguía siendo testigo de cómo se cogían a mi tía y trataba de hacerme presente cada vez que Javier iba a verla, pues Paty me pedía que cuidara a su hijo menor el cual llevaba un rato con mi mamá, pero el niño se aburría y tenía que llevarlo de nuevo con su mamá y esos eran los momentos precisos para observar cómo se cogían a mi tía, mientras le daba algún dulce a mi primito y lo dejaba viendo tele, iba a la recámara de Paty y me ponía detrás de la puerta a escuchar como se la cogía Javier, las primeras ocasiones me limité a escuchar los gemidos de placer aiiiiiiinnnnnn, aiiiiiiinnnnn, ahhhhh, auuuuhhhhhhh, esos eran los momentos ideales para sacar mi enorme verga y chaquetearme.

Esto se volvió una constante al grado de querer ver más. Para mi fortuna mi recámara está comunicada con su recámara por medio de una ventana la cual permanece clausurada, es decir está pintada con una pintura blanca que impide la visibilidad, pero yo me las ingenié y tallé la pintura de mi lado. Sólo faltaba hacerlo del lado de la recámara de Paty, cuestión que tardó un tiempo en que pudiera hacerlo, pues no era tan fácil hacer esa tarea; pero el caso es que la oportunidad se dio y pude tallar la pintura y quedó un espacio por el cual se podía ver su recámara. Oh y vaya espectáculo.

Me frotaba las manos porque llegaba el momento de ver algo, y no tardó mucho, alrededor de las 6 de la tarde ella salió de bañarse, traía una toalla amarrada a la cintura y las enormes tetas al aire libre, en ese momento mi verga se puso más dura de lo que ya estaba de por sí, se sentó en la cama y comenzó a secarse el cabello, después tomó la crema y la untó en sus deliciosas piernas amarillas, tomó una parte de la toalla y se secó su puchita la cual no podía ver bien, tomó un calzón rojo y se los puso enseñándome unas enormes nalgas, después se puso el brassier, contemplé ese espectáculo mientras sacudía mi verga, no esperé más y saqué más leche que nunca.

Este tipo de sesiones las tenía diario, pero el mayor show era cada tercer día en que iba Javier a cogérsela, la primera vez que vi como se la cogía me excité demasiado, pues entraron a la recámara y comenzaron a besarse y Javier fue al punto, se bajó el pantalón y dirigió a mi tía Patricia hacia su verga, mi tía se veía que la chupaba muy rico, Javier como pudo le bajó el pantalón y comenzó a meterle el dedo en el culo, así estuvieron por unos 5 minutos, período en el que no aguanté y ya me había venido de lo excitado. Mi tía Patricia se paró y pude ver una rica tanga color melón, mientras Javier se quedaba sentado en la cama y se despojaba del pantalón y la camisa, y mi tía se quitaba la blusita y su sostén de donde salieron sus enormes melones.

Mi verga ya estaba dura otra vez y lo estuvo más cuando Javier la atrajo hacia él y le comenzó a mamar las chichotas, mientras sus manos las tenía en sus enormes nalgas, cayeron a la cama y se besaron, Javier hizo un giro y puso a Paty en cuatro patas, le quitó la tanga y comenzó a mamarle su rajita, en eso se escucharon los primeros gemidos de mi tía, muy leves, pero los escuchaba, Javier no aguantó y se la clavó en esa posición, yo podía ver el rostro de mi tía y el movimiento de sus chiches, mientras masajeaba mi verga ya bien mojada y dura, Javier no se contuvo ni 5 minutos y se vino, al igual que yo, se retiró de Paty y se acostó unos segundos.

Al cabo de unos minutos Javier comenzaba la segunda cogida, ahora levantó a mi tía y la puso en su verga, mi tía se daba unos sentones muy ricos, mientras escuchaba sus quejidos, ainnnnn, auuuunhh, ainnnnnn, auuuhhh, mi leche salió de nuevo, de lo tan excitado que estaba, Javier estuvo así por unos 8 ó 10 minutos y terminó dentro de ella. Yo me retiré del pequeño orificio y limpié mi semen, después de un rato volví a ver hacia su recámara y ya estaba ahí su pequeño hijo con ellos, por lo que interrumpieron sus cogidas.

Así es como yo tengo un extraordinario espectáculo diario y en vivo, en otra ocasión les contaré cuando me llegó mi turno.

Autor: Daniel

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Mi cuñado

Coloqué mi húmeda verga sobre la entrada de su hermoso culo, y con un movimiento certero logré la ubicación que estaba esperando. Con sus manos abrazó mi espalda y me trajo hacia la gloria. Todo estaba hecho. Mi verga reinaba en las profundidades infinitas de su ser. Hasta ese momento me percaté que estábamos sudados sobre la alfombra y yo me sentía el rey del mundo.

Me llamo Alejandro, tengo 25 años, soy de Mérida Venezuela y actualmente vivo en Caracas. Soy profesional, muy de closet, aunque no me considero reprimido, sólo cuidadoso, porque para mi corta edad tengo un muy buen puesto dentro del gobierno, y me rodeo de gente acartonada que critica la vida de todo el mundo como una prueba evidente del reproche que sienten hacia la suya propia.

Me gradué de abogado en julio de 2003 en la Universidad de los Andes y pronto conseguí empleo con el gobierno, en poco tiempo he ascendido bastante lo cual me mantiene muy ocupado y sin mucho tiempo para mí. Durante toda mi carrera tuve una relación con una chica de San Cristóbal, ella se graduó de arquitecto, pero consiguió trabajo en Maracay y aunque nos queda relativamente cerca, mantenemos horarios de trabajo tan disímiles que poco nos vemos. Mantenemos esta relación porque de alguna forma funciona para ambos. No nos agobiamos, no nos vemos a diario de tal forma que cuando estamos juntos prevalece la calidad de tiempo no la cantidad.

Supongo que ya estaréis aburridos de mi descripción tan exhaustiva, pero debo enmarcar bien las cosas para que entendáis de qué hablo. Hace unos meses específicamente para finales de julio mi novia me dice que su hermano está finalizando ya la carrera y que consiguió hacer su período de pasantía en una prestigiosa empresa con sede acá en Caracas. Yo conocedor de la solicitud que procedería a continuación me negué de inmediato. “Tu hermano es un animal, sabes lo mal que siempre nos hemos llevado, no aguantaría una semana viviendo con el bestia ese” ante tal reacción mi novia, a la que por cierto casi nunca le niego nada se mostró comprensiva y me dijo que tenía razón. Que olvidara que me lo planteó.

A los pocos días recibo otra llamada de mi suegra, una vieja insufrible que no termina de aterrizar, pidiéndome que ya que me había negado a hacerle el favor de recibir a su “angelito” en mi apartamento que por lo menos lo ayudase en conseguir habitación; después de excusas a medias accedí. Entre mis múltiples ocupaciones se me pasó por completo lo solicitado y en pocos días estaba la puta vieja recordándome que ante mi inclemencia, mi cuñado no tendría donde llegar. Comencé a preguntar en el despacho si alguien sabía del alquiler de un cuarto, un apartamento, un puente, un banco en el boulevard de sabana grande, en ese momento   me daba igual. No se concretó nada así que para resumir, inexplicablemente accedí a que mi cuñado llegase a mi apartamento, y que allí estaría sólo mientras conseguía un lugar para vivir.

Yo en el fondo no entendía como el muy cabrón aceptaba mi ayuda sabiendo lo mal que nos caíamos. En fin, siendo la primera semana de agosto, me llama mi novia para pedirme el favor de buscar a mi cuñadito al aeropuerto… casi vomito cuando escuché tal petición, nada más aguantarme la cola de ida y vuelta por la puta trocha me ponía de muy mal humor. Aquí correría sangre. Intenté negarme, pero casi por inercia terminé dejando el despacho temprano para buscar a un amigo que me acompañara al aeropuerto a recoger al estúpido de mierda de mi cuñado. Verme envuelto en un tráfico de mierda, ya de entrada me hacía maldecir al cabrón ese.

Busqué a Daniel un amigo que es de Caracas, pero que conocí en Montreal el año pasado. Cuando llegué al aeropuerto lo que vi me dejó un poco contrariado. Ángel (así se llama adivinen quien… acertaron mi cuñado), siempre ha sido un chico full atractivo, aunque es de mi misma edad tiene más pinta de chico y para mi asombro el maldito se había rebajado unos 12 a 15 kilos. Y yo que siempre he tenido buen cuerpo me había engordado como 6 kilos. Eso no estaba bien. Lo recibí lo más diplomático que pude y no dejaba de impresionarme su aspecto. Él es alto como de 1,83 sólo que ahora que está sumamente delgado, se ve más alto, y lo que más noté fue que a pesar de haber rebajado se le veía un soberano culote que fácilmente se le marcaba en el  jeans que cargaba y que es característico de toda su familia.  Mi amigo Daniel estaba impresionado con el carajo, pues como supondrán yo sólo le había hablado pestes de Ángel y ahora sencillamente parecía eso. Un maldito ángel.

Al llegar al carro mi amigo Daniel se mostró esplendido con este y muy a mi pesar mi cuñado respondía a los comentarios positivos de Daniel. Yo solo pensaba “aquí hay algo que no está bien”.  El camino de regreso se me hizo eterno, llovió muchísimo y puse un CD de el grupo Bond lo cual estaba seguro calmaría mi mal carácter. Mi amigo Daniel al escuchar la música comienza a comentar sobre el grupo confiado en que mi cuñado seguirá la conversación. No obstante lo único que escuchó de parte de Ángel fue “esas cuatro tipas están bien buenas”; suficiente para bajarle los ánimos a mi amigo y para levantar los míos pues verle la cara de desilusión a Daniel era como refrescante, al tiempo que ratificaba mi idea sobre mi cuñado, era básico, corriente y muy predecible.

Finalmente llegamos a Caracas, dejé a Daniel en su tienda y me fui a mi casa. Mi cuñado no dejaba de decir estupideces. Al fin llegamos al apartamento, le señalé el cuarto  donde dormiría, me cambié porque estaba mojado y me fui a trotar, necesitaba trotar, pensar, trotar y pensar. Cuando regresé de trotar ya más calmado encuentro a mi amigo Daniel en mi apartamento, quien había venido a ver como se adaptaba mi cuñado y por supuesto para ponerse a la orden, diciéndole que él conocía los mejores culos de toda Caracas, a lo cual mi cuñado respondía con una euforia tan exagerada que rayaba en lo falso.    Me acosté deseando que el día terminara pronto. Al rato sentí que Daniel se fue y supuse que se habría llevado a mi cuñado,  pero luego Ángel llegó, me comentó no se qué cosa y se acostó.

Así pasaron varios días y las cosas entre Ángel y yo se hacían cada vez más insoportables, comía y no lavaba los platos, desordenaba el baño, se ponía mi mejor ropa, se instalaba en Internet, en el teléfono y peor aún llevaba putas o amigas, para mí eran putas, al apartamento.  Pero la gota que derramó el vaso fue que un día después que llegué del trabajo me metí a bañarme para ir al cine y al salir ni mi cuñado ni mis llaves ni mi carro. Lo mataré. Lo llamé a su celular  histérico, le dije que si no me traía mi carro nos íbamos a entrar a coñazos.  Al llegar entra en compañía de Daniel pensando quizá que al ver a Daniel me iba a contener y no le diría nada, pero se equivocó y cuando se me acercó a darme las llaves, Lan… le mandé el primer coñazo y el carajo cayó al mueble. Ángel se para y reacciona y se me viene encima yo listo para mandarle el otro y en eso se mete mi amigo Daniel, se armó la trifulca. Verga que locura, después de un forcejeo, unas cuantas mentadas de madre y la boca de mi cuñado sangrando, todo se fue calmando.

Llamé a mi novia le expliqué todo, salí del cuarto y le pedí a mi cuñado que se fuera en el acto de mi apartamento. Daniel se metió y también él llevó. A él también le dije que se fuera a la mierda. Los carajos se fueron y yo me sentí un poco mal. Por más que no lo pasaba, el carajo estaba solo en una ciudad que no conocía, y no se había llevado nada. Llamé a Daniel para disculparme y pedirle estuviese pendiente de mi cuñado, pero este me respondió entre una y otra grosería que Ángel no quiso aceptar su ayuda  y que sólo le pidió que lo dejara cerca de la estación del metro de plaza Venezuela.

Me sentí muy preocupado el carajo estaba sin medio, solo, y alterado, nada bueno podría salir de esa mezcla. Agarré mi carro y comencé a dar vueltas por plaza Venezuela. Estuve mucho rato intentando que me contestara el teléfono,  pero no respondía. Al mucho rato atiende el teléfono y se escuchaba mucha bulla, le ofrecí mis disculpas y me mandó nuevamente a la mierda. Sólo me dijo que por favor le prestara real hasta el otro día mientras resolvía. Accedí y le pedí que me informara donde estaba para llevarle el dinero.  Su respuesta me dejó en el sitio. “Es una tasca que se llama el Pullman o algo así”. Con ya tres años en Caracas sólo he ido a discos gay dos veces, una en carnaval  y diciembre, pero por supuesto que sabía que el Pullman era una tasca gay.

Intenté explicarle que no entraría a ese antro ni que me pagaran, que no entendía que hacía él en una tasca de maricas y que si quería los reales se los entregaría en otro sitio.  Ángel me respondió que al frente quedaba un hotel y que allí estaría que lo buscara allá. Con toda la arrechera del mundo tuve que acceder y me acerqué hasta el matadero ese. Jurando que esta se la cobraría a mi novia, a mi suegra, al perro y a toda esa puta familia, entré y para mi mal, atendía una alumna de la UCV donde imparto unas horas de noche en una cátedra que por razones obvias no diré.

La “alumna”  al verme de lo más atenta me dice que el joven al cual busco estaba al frente en la tasca. Sentí que la vergüenza me embargaba le dije a ella sin dar muchas explicaciones que si le podía hacer entrega de un dinero. La joven me contestó que sí, y allí si intenté brindar una explicación lógica de lo que ocurría.  Ella me dijo que según entendía de lo narrado yo no debería dejar a mi cuñado allí, que ella me acompañaba a buscarlo. Yo no podía creer lo que estaba haciendo, pero entré con una pena y rabia enorme a buscar a mi cuñado. Y allí lo vi, el sitio estaba casi vacío porque era jueves y mi cuñado estaba en la barra solo, fumando y bebiendo.  Me acerqué con temor pues no sabía cómo reaccionaría  y al ver que no estaba agresivo saqué el dinero del bolsillo se lo puse en la mesa, me di media vuelta y avancé, en eso la chica del hotel me dice que no lo deje que ese era un sitio peligroso. Me regreso ya con ganas de mandarle otro coñazo y le digo que no debería estar ahí, que me disculpara y que se viniese conmigo.

El muy idiota me hace un ademán indicándome que me retire, me acerco y le digo que se vaya a la mierda, en ese momento levanta la cara y me dice: “me vas a dejar morir” (malandro, esa expresión no la oía desde la universidad y por si alguien no la entiende significa que le preste ayuda que no lo deje sin apoyo o una mierda así),   me volteo, miro hacia donde está la chica del hotel quien parecía una espectadora muda de toda aquella situación. Me siento al lado de mi cuñado y le pregunto que si por casualidad no se ha dado cuenta que está en un bar de maricas y me dijo que era lo único que estaba cerca y que al primero que se le acerque le clava un coñazo. La chica se acerca y le digo que lo acompañaré un rato, ella me informa que se va, que cualquier cosa está al frente.  Al cambiar el juego de luces de la tasca alcanzo a verle algo rojo en la boca a mi cuñado, me acerco y pude ver que tenía el labio roto e inflamado.

Me di cuenta que era a causa del golpe que le había dado, de forma casi instintiva levanté mi mano y le toqué el labio para ver lo que mi brutalidad había hecho.  Estuve como tres segundos con mis dedos sobre sus labios en eso él reaccionó, me miró a los ojos y se apartó. Ya esto no tiene sentido le dije, levántate y nos vamos, después de insistir un poco lo alcé pues ya mi cuñado estaba algo tomado, lo levanté y puse su brazo por encima de mi cuello y lo ayudé a salir. Esto como era de suponer suscitó las miradas indiscretas de cuanto bicho de plumas había en ese antro. Ya a estas alturas  eso no me importaba. De alguna forma el hecho de sacar a mi cuñado sano y salvo de allí me quitó un peso de encima.  Nos dirigimos al apartamento, pero ante la insistencia de mi cuñado nos detuvimos a comprar algunas birras para subirlas al apartamento. Al llegar al conjunto residencial se tornó en  una verdadera odisea hacerlo subir al apartamento,  pero al final llegamos.

Al entrar mi cuñado puso música y yo un poco más relajado y un poco alegre por el consumo de las cervezas no objeté nada al respecto. Ángel se sienta en la alfombra de la sala yo busco unas cervezas y le acerco un cenicero, enciendo un cigarro y le extiendo el fuego a él para que encienda el suyo. Debo señalar de manera obligatoria que para este momento mi cuñado ya no traía remera sobre su cuerpo, solamente un jeans gastado que le quedaban de puta madre;  yo andaba en un jeans negro con botas tipo militar y una camisa blanca manga corta. No sé qué coño me pasó, pero me dolió mucho verlo con la jeta partida y sin más busqué un algodón y alcohol (isopropílico, ya del etílico teníamos bastante), y me senté frente a él, él sólo observaba, uno, dos, tres intentos y listo se dejó limpiar la herida, no sé de donde coño me salió esa extraña empatía por Ángel, pero allí estaba yo,  limpiándole la herida que yo mismo le había ocasionado.

Ahora si pareces marica limpiándome le boca. Marica eres tú que te fuiste a meter en una disco de pargos. Pero igual me fuiste a sacar de allá.  No quería que salieras cogido de ahí, si vas a dar el culo por lo menos que se beneficie  primero la familia. (Levanta la cara, sonrisa a medias, baja la cara).

Estaba tan cerca de Ángel que podía sentir su aliento a caña, era extraño, pero estaba trastornado con esa situación tan peculiar. Quizá no me creáis, pero aunque la situación pudiera parecer típica o recurrente no era nada planificada, y quizá era la espontaneidad de la misma la que nos hacía dejarnos llevar a ambos. Hubo un silencio incómodo que me hizo reaccionar y me levanté a buscar más caña, él reacciona y me estira la mano   como para que yo lo levante, yo le agarro el brazo y él me hace contrapeso hacia su cuerpo, de verdad me venció y me hizo inclinarme hacia él, en todo momento mantuvimos el contacto visual. Ahora si estábamos latentemente cerca el uno del otro, sentía en mí un mar de disyuntivas, de conflictos, de sentimientos encontrados, ya no se podía más y lo besé. Fue un beso casi imperceptible, apenas rocé sus labios y me incorporé en mi postura… Se me hizo eterna su reacción, ya casi esperaba que me soltara un coñazo, su mirada me confunde, ya imaginaba que él se lo diría a mi novia y a toda su familia o peor aún a la mía…

Ángel se acerca, me agarra por las pretinas del jeans y me atrae hacia él nuevamente, me mira a los ojos y suavemente me besó. Nuevamente no entiendo, me aparto, lo miro y… que el diablo me lleve… me fui con todo, lo besé con tanta pasión, con tanta fuerza, con tanta hombría. Él me aparta y grita ¡coño el labio!… sin darme cuenta le estaba lastimando la boca.

Juro que no miento me habría conformado con ese beso… para mi bastó y sobró. Había entendido a José Ángel Buesa cuando dijo: “la vida se me va en un beso”. De pronto mi perspectiva había cambiado tanto, mis paradigmas se habían roto. Ese ser que me causaba tanta animadversión se transformaba ante mis ojos en el objeto de mi deseo y de mi afecto lo cual era una idea bastante perturbadora. Allí en mi blanca alfombra acostado con brazos de macho, con torso de macho y con una mirada que oscilaba entre el reto y la ternura estaba Ángel… Merecido su nombre.

Por puro instinto me acerqué me acomodé sobre su cuerpo, me metí en su cuello y allí quería quedarme. Respiraba profundo al contacto de mi barba de dos días con su cuello lo cual me excitaba sobre manera. Ya no aguanté más y comencé con la acción. Lo besaba, lo tocaba, lo olía, lo miraba, y lo volvía a besar. Lo estaba bombardeando de sensaciones, no quería dejarlo pensar, no quería que se arrepintiera, no quería dejar lugar para  dudas. Empecé a bajar su cremallera y besaba su abdomen plano y de hierro; él de momentos   se detenía y yo arremetía con más ánimos hasta que por fin el pantalón cedió. Que portento de figura. El mejor cuerpo que he visto.  Lo quería para mí. Tenía que ser para mí.  Una idea nubló mi mente. Ángel tenía que ser mío. Desde ese momento enfilé mis esfuerzos en una sola dirección. Tenerlo.

Sin pensarlo siquiera me saqué el jeans, mi interior estaba mojado, había lubricado cantidades y no lo iba a desperdiciar… tomé su mano y la llevé hacia mi verga, sentí morir cuando el calor de su mano arropó la cabeza de mi verga. Otra vez me puse sobre él y lo besaba todo. Lo miré a los ojos y vi un dejo de duda en su mirada. No había tiempo que perder. Lo comencé a pajear, su verga era grande, delgada, y estaba tibia. Levanté sus piernas, las acomodé suavemente sobre mis hombros, y hundí mi lengua en la perturbadora profundidad de su culito. Ángel jadeaba, pero jadeaba como un macho cabrío, como un señor varón, como un verdadero hombre, yo pasaba mi barba sobre su raja y al carajo se le iba la noción de lugar y tiempo, con sus manos hundía aún más mi cabeza en su culo y yo estaba a rabiar.

Yo quería su aprobación para intentar lo pensado, pero no podía arriesgarme a un no, esa no era una opción razonable en mi mente, así que coloqué mi húmeda verga sobre la entrada de su hermoso culo, y con un movimiento certero logré la ubicación que estaba esperando. Palidecí de sólo pensar que lo iba a lograr, me quedé contemplando mi trofeo y él terminó la labor. Con sus manos abrazó mi espalda y me trajo hacía la gloria.

Todo estaba hecho. Mi verga vibraba en sus adentros. Mi verga reinaba en las profundidades infinitas de su ser. Hasta ese momento me percaté que estábamos sudados sobre la alfombra, las ventanas estaban abiertas y yo me sentía el rey del mundo. Lo abracé, lo besé, unas embestidas más y acabé dentro de él. Él se vino en seguida sobre su abdomen y yo me quedé sobre su cuerpo. Un olor a sudor, a caña, a colonia quemada sobre la temperatura corporal, a semen, a saliva y a deseo. Así caí rendido en la fragancia infinita de su cuello. Diez, quince minutos, no sabría decir, nos levantamos. Me metí a mi cuarto. Él se metió al baño, lo oí ducharse por bastante rato, imagino que tratando de limpiar su culpa… su culpa que era mía, y que extrañamente era una dulce culpa.

Sentí cuando salió del baño, para este momento no sabía que esperar, no sabía que quería, pero fuese lo que fuese quería que fuese con él. Me puse un bóxer y me acosté con la incertidumbre en mi cabeza. Miraba la tele, pero no veía nada, la única escena que se repetía una y otra vez en mi mente era la que acababa de protagonizar con mi cuñado, ya hasta decirle cuñado se me hacía extraño. Siendo las dos de la mañana exactamente abrió la puerta de mi cuarto, yo me incorporé, sin decir palabras levanté mi cobija y toqué dos veces mi colchón a modo de invitación, él se metió en mi cama bajo mis sábanas, apagué la luz, apagué la tele, él se volteó y quedó dándome la espalda, me coloqué por detrás, lo abracé con ternura, resuelto, con decisión y me dormí en el olor perturbador  de su cuello, que aún recién bañado conserva ese aroma característico de su piel.

Al otro día estuve tentado a no ir a trabajar, aún así fui y no saben cómo me arrepiento de haberlo hecho, lo dejé en la cama dormido y ya cuando me iba, aún y cuando todo para ese momento seguía confuso  para mí, lo besé en los labios, lo besé en la herida que empezaba a formar costras, lo besé y me sentí… No joda…   En la tarde avisé a mi secretaria que no volvería ese día, aún y cuando los martes es la reunión de gabinete. Mi intención: pasarla con él, regresé y no estaban ni él ni sus cosas. Abortó las pasantías y se regresó a San Cristóbal, le dijo a su familia que tuvimos un pedo de tragos y que yo era un tonto, más nada. Hace dos días me enteré que se va a Bogotá a hacer sus pasantías. Lo he llamado, fui a San Cristóbal con la excusa más idiota del mundo y no pude verlo…

Marica si lees esto, y ojalá que así sea, sabrás que estoy desesperado, que merecemos hablar, entiendo tu posición, pero esto me va a volver loco. Es algo que sé que no se me va a pasar, no quiero que se me pase. Voy manejando en el tráfico y se me salen las lágrimas sin ninguna razón, no quiero ir a Sub Way, no quiero ir al gym, van casi quince días que no voy al cine, estoy entregado a la caña, coño viejo por lo menos accede a verme aunque sea una sola vez. Voy a terminar con la nena. Coño dame un chance mi Ken.

Autor: Alejandro

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