De Virginia no tiene nada

Mi mujer tomó mi pene y apuntando hacia la cara de la muchacha comenzó a jalármela rápidamente, diciéndole a Virginia parece que la lechita está lista abre tu boquita que te has ganado el derecho de probarla, esa frase me excitó demasiado y me provocó una serie de gemidos que culminé con cinco espesos y largos chorros de semen que inundaron la boca de Vicky y parte de su cara.

Llegué a mi casa cerca de las 7 de la noche, encontré a mi mujer platicando con una joven de apariencia humilde. Soy un hombre de 27 años, casado con una hermosa mujer de 26. Digo hermosa puesto que posee un rostro espectacular, ojos de color verde demasiado expresivos, facciones exquisitas y una boca muy sensual, el cuerpo no es algo del otro mundo, pero tiene todo en su lugar.

Al verme mi esposa me presenta a la muchacha que le iba ayudar en las cuestiones del hogar, ya que ambos trabajamos y es difícil mantener la casa en buen estado. Su nombre es Virginia y el hecho de provenir de familia humilde, no le quitaba a la muchacha vislumbrar un par de cocos apetitosos y unas nalguitas respingadas que coronaban sus cortas pero torneaditas piernas, todo eso lo pude apreciar en sólo segundos que la revisé de pies a cabeza, gracias a su faldita y blusita.

Pasaron varios días y era raro que me topara con la muchacha, pero una ocasión fue suficiente para encender mis más bajas pasiones. Mi esposa y yo tenemos una buena vida sexual, pero el hecho de ir a recoger una toalla a tu lavandería y apreciar a pocos metros de distancia el cuerpo desnudo y mojado de una muchacha de 18 años mientras se baña enloquece a cualquiera, y más si ese cuerpo tiene unas piernas torneadas un monte de venus nutrido de vello pero sólo en el área de bikini, un par de cocos grandes, firmes y terminados por un pezón moreno pero muy chiquito. Estuve sólo un par de minutos y me retiré.

Esa situación me hizo subir a mi recámara y sorprender a mi esposa en la ducha, con mi pene saliendo de mi bóxer. Después de una deliciosa mamada, culminada con una media hora de penetración pude dormir a gusto.

Pero debo reconocer que el recuerdo del cuerpo de Virginia no me lo podía quitar. Un día mi esposa me comenta que le llamó la atención el cuerpo de Vicky, a lo que contesté extrañado – en serio fíjate, no le he puesto atención. Hazte el tonto, cabrón, pero torpe hubiera sido decir – si, si, si que tetotas tiene verdad. Mi vieja me hubiera agarrado los huevos y se hubiera hecho una torta con ellos. El caso es que me confesó que la vio sin querer cambiándose de ropa y que extrañamente eso le excitó, a lo que me reí y no di importancia.

Estúpida actitud, por que horas después pensé, hubiera sido buena idea seguir hablando de eso y a lo mejor lograba provocar el animar a mi esposa a tener un trío y no precisamente los que traen guitarras. Pero ahora como iba hacer para que se volviera a dar la plática sin necesidad de yo iniciarla, porque eso me podría causar problemas. Lo bueno fue que mi esposa tardó sólo dos días en señalarme las pantorrillas de Vicky cuando sobre una escalera limpiaba unos vidrios. Subimos a nuestra recamara y le propuse tratar de jugar con ella, yo claro, que pensando en el hecho de que a mi esposa la había excitado verla desnuda, maldito sacrificio, lo que tiene que hacer uno por su mujer.

Increíblemente mi mujer aceptó y le llamó a Virginia. Entraron juntas a la recamara mientras yo estaba en el baño y me sorprendieron con el pene de fuera al salir del él. Lo que provocó el asombro de Vicky y el de mi mujer. Pero mi esposa aprovechó el incidente de gran manera, ya que me dijo no lo guardes espera, parece que Vicky lo quiere conocer, a lo que ella con mucha vergüenza dijo que no era cierto, esas frases provocaron una gran erección en mi pene por lo que mi esposa insistió y le dice a Vicky – mira parece que el pene de mi marido también quiere conocerte. Me acerqué a ellas que estaban sentadas en la orilla de la cama y me quité el bóxer por completo, mi esposa tomó la mano de Vicky la llevó a mi pene, temerosa empezó acariciar la cabeza de mi pene y luego lo tomó con gran firmeza para iniciar una especie de jalada que me puso a mil.

Mi esposa explicó a Virginia que debía probarlo ya que tenía un delicioso sabor y ayudaba a que se fuera preparando una lechita deliciosa. Vicky no entendió bien, pero aceptó, así que abrió su boquita y comenzó a introducirse mi pene en forma un poco torpe. Por lo que mi esposa le dice – mira esto se hace así. Mi mujer empezó a darme unas mamadas de campeonato tanto que incluso sentí ganas de venirme, por lo que inmediatamente le dije que dejará a Vicky practicar. Vicky aprendió rápido ya que me hizo sentir delicioso y más cuando con su boca bien mojada introducía todo lo que podía guardar de mi pene.

Me sentía soñado, pero la razón de esta situación supuestamente era que mi esposa se excitara con el cuerpo de Vicky, así que le saqué mi pene de su boca y la puse de pie, ella temerosa pero cooperativa levantó sus brazos le quité su blusa y mi esposa el brasier, dejando ver ese par de hermosas tetas, mi esposa las tocó desde atrás y yo comencé a bajarle su falda, hasta dejarla en puro calzoncito. La acostamos y mientras mi esposa besaba los cocos, yo le quitaba el calzón y comenzaba a explorar su panochita. La cual estaba bien selladita y tenía un suave olor. Le abrí sus labios superiores dejando ver un lindo y pequeño clítoris y una vulva empapada, no tardé más que segundos en empezar a comer semejante manjar.

La escena era espectacular, mi esposa como loca comiendo coco, yo lengüeteando clítoris y Vicky gritando de placer. Mi esposa se desnudó y puso su vulva en la boca de Vicky, quien sin pensarlo empezó lamer. En ese momento paré de comer conchita y me decidí a penetrarla, sin pensar ya la tenía adentro de ella, no supe la reacción de Vicky puesto que tenía la boca ocupada y el cuerpo de mi esposa no me permitía ver su cara.

Lo que sí me tocó ver fue la cara sorpresa de mi esposa ya que al abrir sus ojos, que tenía cerrados por el placer, le tocó ver el pene de su esposo en otra vagina, pero creo que la situación provocó que no se escandalizara, lo que hubiese sido el colmo.

Mi esposa se retiró de la cara de Vicky y comenzó a decirle a Virginia a poco, mi marido tiene un pene delicioso a lo que ella contestaba sólo con su cabeza. Después de un rato saqué mi verga de la concha de Vicky para penetrar a mi esposa que se encontraba en cuatro patas besando la boca de la muchacha, mi esposa tuvo un orgasmo bastante escandaloso, así que decidió ceder su lugar a Virginia, yo me acosté en la cama y mi esposa sentó a Virginia en mi pene, ella empezó a moverse con gran habilidad hasta que terminó mojando completamente mi cuerpo.

Mi mujer puso de rodillas sobre la cama a Vicky y estando yo de pie mi mujer tomó mi pene y apuntando hacia la cara de la muchacha comenzó a jalármela rápidamente, diciéndole a Virginia parece que la lechita está lista abre tu boquita que te has ganado el derecho de probarla, esa frase me excitó demasiado y me provocó una serie de gemidos que culminé con cinco espesos y largos chorros de semen que inundaron la boca de Vicky y parte de su cara.

Para culminar con el cuadro la muchacha viéndome a los ojos se tragó todo lo que le había caído a su boca y el resto de manera muy cachonda, terminó en sus senos. La experiencia hizo que terminara acostado sin poderme mover, mi esposa aprovechó para llevar a la ducha a Virginia y al parecer seguir con una sesión de tocamientos mientras se refrescaban.

Lo vivido ese día fue impresionante, creo que los tres nos liberamos extremadamente, disfrutamos en forma exagerada y permitió que mi esposa y yo diéramos un sabor a nuestra vida sexual. Por ultimo logré llegar a varias conclusiones, una que mi esposa no es tan cerrada como pensaba, dos que Vicky no tenía nada de virginia y tres que esta experiencia no iba a ser la única.

Autor: David Café

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