De toda la vida

Nos conocíamos desde hace bastantes años. Ella se había casado muy joven, enamorada de su marido, pero forzada por un embarazo no deseado, yo en cambio había vivido mucho más la vida, habiéndome casado mucho más tarde, después de haber disfrutado de una larga juventud, que derivaba en viajes, juergas, amistades y numerosas mujeres.

Cuando me casé, ella llevaba ya diez años de casada y mantenía un matrimonio llevadero, sin broncas, ni malos rollos, pero para una persona como yo, que tantos años me había negado a dar ese paso, y una vez decidido a hacerlo me parecía increíble que siendo todavía tan jóvenes se sintiera ya esa monotonía.

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A la salida del cine

Cuando salimos del teatro eran cerca de las 6 de la tarde, caía un torrencial aguacero, de esos que saben caer en ciudad de México, diluviaba y para colmo de males no pasaba un bendito taxi, durante cerca de media hora estuvimos esperando uno y nada, mi apartamento se encontraba a unas 10 cuadras, no pudiendo hacer nada más, nos pusimos los paquetes sobre la cabeza tratando de protegernos y cogidas de la mano, en medio de charcos y ese aguacero nos encaminamos corriendo rápidamente a casa, al llegar a la portería observé a mi Marianita, parecía un angelito empapado, temblaba por el frío y por nuestras cortas ropas, su blusita blanca mojada le marcaban sus generosos pezones como dos cuernos desafiantes, yo debía estar en iguales condiciones, ensopada de pies a cabeza.

Tomamos el ascensor hacia el apartamento y allí la besé dulcemente, ambas tiritábamos de frío, tan pronto entramos nos quitamos los zapatos y dejamos los paquetes, el apartamento estaba vacío pues mis padres solo regresaban a las 11 de la noche, corrí al baño pues me urgía una evacuación, tenía mis riñones a punto de reventar, subí mi falda, bajé mi panty y me senté a desalojar una meadita retenida; como el apartamento estaba solo no me preocupé en cerrar la puerta, al instante entró Mariana buscando una toalla para secarse, el agua le escurría por todos lados, se friccionaba la toalla en su cara y su pelo, yo sentada meando la observaba, ella se quedó mirándome y me dijo:

-marica, necesito una ducha caliente, tengo el culo congelado-, yo solté la risa, nunca había oído a mi novia expresarse así, aquello me agradaba.  ¿y qué esperas amor?

Pues dúchate-, le respondí.

Me paré y salí hacia la cocina pues allí estaban los tacos del calentador del agua, los subí y cuando regresé ya Marianita empezaba a desnudarse, a sus pies se formaba un charco de agua, se desnudó completamente tiritando, yo la observaba desde la puerta con deseos y muerta de risa,

– ¿de qué te ríes niña?, continué riéndome y le dije que el agua se demoraba como media hora en calentarse, que tenía que esperar en pelota a que se calentara el agua, se secó completamente su hermoso cuerpo pasando la toalla una y otra vez por su concha, ¡¡¡quería comérmela allí mismo!!!, le alcancé unas chancletas, me pasó la toalla y me sequé un poco, muerta de la risa me fui a la cocina a prepararnos algo caliente, estaba recargada sobre el fogón calentando el agua, cu instante, sabía lo que mi novia se dispondría a hacer, separé un poco mis piernas y al instante sentí las frías manos de Marianita recorrer mis piernas y mis nalgas.

Apagué el fogón y me incliné sobre la mesa de la cocina, empinando mis nalgas y dándole más libertad a mi amada, sentía el aliento tibio contrastando con sus gélidas manos recorriendo desde mis tobillos hasta mi cintura,

-que coño y que culito, ummm

– ¿quieres que me lo coma amor?- oía a Marianita,

-desde luego mi vida, devóratelo-, le respondí casi como una orden. Inmediatamente sentí sus dos manos posadas en mis nalgas y separando mis glúteos, me alistaba a recibir su lengua, pero mi novia se contuvo, continuaba allí observando y oliendo mi ano y mi concha,

-¡¡¡que culoooo!!! -, decía ella y cuando menos lo esperaba sentí su cálida lengua posada en mi ano, sus manos se crisparon sobre mis nalgas y su maravillosa lengua empezó a proporcionarme una de las mejores lamidas de mi vida, pasaba alternativamente su lengüita por mi ano y mi raja, que ya comenzaba a rezumar sus jugos, sentía mis pezones erectos, casi me recosté totalmente en la mesa, mientras Mariana me follaba con su rica lengua, entraba y salía dentro de mis pliegues de una manera exquisita arrancándome oleadas de placer, subí una de mis piernas sobre la mesa dejando a su entera disposición mis cavidades, al instante sentí sus dedos jugando con mi clítoris mientras su lengua continuaba penetrándome en mi ano.

Marianita era una experta, chupaba delicioso, sabía exactamente cuales eran mis puntos eróticos y los explotaba al máximo, mi concha húmeda permitió que dos de sus dedos se deslizaran suavemente en mi vagina, como pude me quité la blusa y mis pezones se endurecieron más al sentir el frío contacto de la mesa, mi amante continuó comiéndome con sus dedos, su lengua no se despegaba de mi ano y su otra manito comenzó a frotar su abultado clítoris, se estaba masturbando, creí que ya no aguantaba más, sentía mi vagina ardiente y oía el murmullo de los dedos de Marianita entrando y saliendo de mi concha totalmente lubricados con mis jugos, la sensación era maravillosa, Mariana quitó sus dedos de mi rasurada y negra vulva y acercó su cara en el momento justo para recibir en su boquita mi derrame, mis fluidos, aquella mujercita me volvía loca, su lengua se comía literalmente mi concha, escupió en mi ano y sentí su dedo anular abriéndose paso en mi interior,

-¿te gusta mi vida?

– mami, no pares, fóllame, méteme el dedo, cógeme, por favor, ¡¡¡dame mas!!!, respondí jadeante y en medio de una gran excitación. Mariana se paró y se pegó a mis espaldas sin dejar de mover su delicioso dedito en mi culito, aquello era lo máximo, revolvía deliciosamente su dedo en mi ano mientras su lengua jugueteaba con la mía, no era un beso, ambas sacamos las lenguas y nuestras puntas se encontraron traspasándonos la saliva y nuestros alientos, saqué más mis nalgas para sentir aquel maravilloso dedo cogiéndome,

-que rica estas amor-, me decía mi amante,

-¿quieres algo más grueso?-, sabía perfectamente a que se refería y desde luego acepté encantada su oferta.

Mariana me dijo que no me moviera de allí y se dirigió a mi cuarto, yo aproveché para acabar de desnudarme completamente, sentía mis huequitos urgidos de algo más, no se como decirlo, al instante regresó Mariana con uno de mis consoladores de correa anudados a su cintura, venía lubricándolo con una de mis cremas de mano, no era muy grande, pero si bastante grueso, volvía aquella barra de plástico en lo más profundo de mi, llevándome a uno de mis mejores orgasmos.

Continué con aquel juguete dentro de mi besando, acariciando, susurrándole al oído dulces palabras a mi Marianita, me paré y comprobé que mis piernas me temblaban,

-anda amor, vamos a ducharnos-, le dije y cogidas de la mano, pero sin quitarse el consolador nos metimos a la ducha, allí mientras el agua corría me arrodillé y comencé a chupar aquel juguete, parecía como si fuera parte de mi mariana, se lo quitó y terminamos de bañarnos, nos secamos mutuamente en medio de besos y caricias, la llevé a mi cama donde me dediqué a devolverle los favores recibidos, quería devorarme su concha y eso fue exactamente lo que hice, recorrí cada rincón de su cuerpo, adoré cada pliegue de su vagina, aspiré el aroma de su sexo, me perdí en su deliciosa concha, saboree mil veces su ano, recorrí mil veces su cuerpo, bebí el néctar de sus jugos, reconfirmé una vez más cuanto la amo, cuanto la deseo, cuanto la necesito.

 

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El lápiz y mi jefe

Comienzo a mamarle la polla, me agarra por el pelo y me tira al suelo apoyando mi cabeza y levantando mis piernas. Solo estoy sujeta por el cuello y la cabeza. ¡Me duele! Comienza a follarme tan fuerte que no paro de gritar. Me azota el culo y las tetas y no deja de llamarme puta ladrona. Yo estoy disfrutando como nunca, en el fondo estoy cachonda y a punto de correrme.

Hace un tiempo ya, que fui ascendida. Pero mi primer trabajo fue como secretaria. Me dedicaba a hacerle las tareas a un señor bastante arrogante y ya mayor. Yo quería entrar en la empresa por que sabía que el puesto de directora ejecutiva quedaría libre e iba a luchar por el. Así que me dediqué a esperar 2 años hasta que al final lo conseguí. En esos dos años, me aburrí mucho. Mi trabajo hablando claro era un coñazo y tenía mucho tiempo para navegar por internet.

Tenía un pequeño despacho con una mesa, ordenador, etc. Lo típico para una secretaria, y a través del mío se accedía al de mi jefe. Me tiraba todas las mañanas navegando por internet, veía de todo. Desde páginas de libros hasta páginas porno. Aquello tenía mucho morbo ya que si me pillaban podían despedirme. Muchas de las mañanas tenía que macharme al baño a masturbarme y soy un poco escandalosa.

Me gusta chillar y gemir cuando disfruto. Así que más de un día hubo trabajadores que me escucharon. Yo estoy segura de que luego se pajeaban ellos pensando en mí, pero no es eso lo que quiero contaros.

Pasaba el tiempo y el hecho de masturbarme en el baño ya no tenía tanto morbo. Así que una mañana comencé a ver videos lésbicos y a meterme un lápiz por la faldita tocándome el clítoris. Tenía “uniforme” para trabajar. Debía ir con camisas blancas y faldas de tubo por debajo de las rodillas.

Yo soy una chica morena y alta. Tengo unos buenos pechos, seré sincera y confesaré que me los operé dejándolos bien redondos y gordos. Una talla 100. Mi cuerpo es delgado (de ahí que tuviera poco pecho) y soy de tez morena con unos pezones bien negros y gruesos.

El caso es que cuando me excito mis pezones se salen de orbita y traspasan cualquier sujetador que pueda llevar, con mi camisa blanca, imagínense lo que se notan. A esto que estoy con el lápiz entre mi rajita, sale mi jefe para mandarme hacer unas llamadas y percibo que no deja de mirarme los pezones. Me ponía muy cachonda que pudiera haberme pillado pero no lo hizo. Notaba que su pene se ponía morcillón, se que mis tetas le encantaba y yo me encargaba de lucírselas. Volvió a meterse en su despacho y yo seguí moviendo el lápiz por mi clítoris. Notaba como se hinchaba y me ponía más y más cachonda, hasta comenzaban a salirme gemiditos.

Noté que mi mente se transportó y se salió de órbita dejándome dominar por mi cuerpo. Me levanto con mi lápiz metido en mi rajita y llamé a mi jefe a la puerta. Él se levantó para recibirme y noté su polla dura en su pantalón. Me puso más cachonda aun. Me senté en la silla y le dije:

-Mira José es que tengo una duda con un pedido.

(Me apoyaba en su mesa y le mostraba mis tetas y pezones hipererectos, a la vez que movía mis piernas y subiéndome la falda un poco)

-Dime Irene, ¿que ocurre? ¿Con que pedido?

Yo notaba que sus manos no estaban sobre la mesa y supuse que se estaba tocando la polla, esa gran polla que parecía tener. Atrevida de mí…salté con esto:

-Ay José es que hoy tengo mal día, y me duele mucho aquí (me agarré un pezón que al tenerlos tan gordos se pueden agarran de sobra) -¿Donde dices? -Mira aquí… (Y me agarro los dos)

Él se queda plasmado mirando y continúo diciéndole:

-Es que es un dolor tan fuerte que me repercute en la conchita y no se que hacer. (Me subo la falda y me abro de piernas) -Pero, ¿que tienes ahí? (se levanta y se agacha ante mi apartando mi tanga negro hacia un lado) ¡Estás robando material de oficina! ¡Este lápiz es de la empresa! ¡Voy a tener que castigarte!

Yo me sorprendo de lo agresivo que de repente se a puesto y me asusto. De repente me da un bofetón y me dice:

-Ahora por puta ladrona vas a chuparme la polla y sin rechistar. Zorra, ¡que eres una zorra ladrona!

Yo obedezco sin decir nada, estoy asustada y a la vez tan cachonda. Comienzo a mamarle la polla, él empuja su cabeza fuerte contra ella y me la hinca hasta que me dan arcadas. Me tapa la nariz y noto que me ahoga mientras me da bofetones y me chilla lo puta que soy.

De repente me agarra por el pelo y me tira al suelo apoyando mi cabeza y levantando mis piernas. Solo estoy sujeta por el cuello y la cabeza. ¡Me duele! Comienza a follarme tan fuerte que no paro de gritar. Me azota el culo y las tetas y no deja de llamarme puta ladrona. Yo estoy disfrutando como nunca, en el fondo estoy cachonda y a punto de correrme.

Él nota que se va a correr y me agarra de los pelos abriéndome la boca y me escupe obligándome a que me la trague. Noto que me ahogo pero me gusta.

Se viste y me dice…

-Recoge y limpia esto, continua con tu trabajo. Aquí no ha finalizado tu castigo, ya te llamaré cuando me apetezca follarte de nuevo.

Si os ha gustado me encantaría recibir vuestras opiniones.

Autora: Sirena

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Mamada espectacular en la calle

Me calentaba mucho sentir su lengua jugar en mi pene y su dedo en mi culo, yo ya estaba a punto de correrme pero haciendo un esfuerzo por no hacerlo ella lo notó  y comenzó a mamármelo más rápidamente mientras hacía vibrar su mano en mis huevos, la inundé de leche  en toda la cara y su boca, esto la contentó y comenzó a limpiarme la verga lentamente.

Eran las 3 de la mañana yo regresaba un viernes de la casa de un amigo, era un largo trayecto no muy seguro por que había muchas zonas verdes y callejones más bien escondidos donde se podía hacer de todo, sin embargo siempre que bebía me lo caminaba para refrescarme y por que no sabía que de interesante pueda pasar en una caminata en la noche,  en fin.

Doblé por un callejón y había una joven, yo calculo que tendría 18 años, era muy sexy, vestida con falda corta y una camiseta más bien pequeña ajustada, no tenía senos grandes pero si una boca gruesa y provocativa,  ella se disponía a encender un cigarrillo así que me apresuré a saludarla y le ofrecí fuego para su cigarro mientras sacaba uno de mi bolsillo.

– Hola soy Teresa, gracias, – Soy Julián, con gusto ¿quieres te acompañe?

Ella aceptó que la llevara puesto que era un lugar muy peligroso  para una joven sola, mientras andábamos le coqueteaba con  la mayor intensidad posible, ella se reía y aceptaba mis comentarios mirándome con una cara de lujuria que me encendía a cada paso y eso ya se reflejaba en mi verga, que podía notarse mi gran erección sobre mi pantalón, yo luchaba por caminar normal tratado de ocultar mi calentura, pero no fue suficiente ya que ella notó mi pantalón abultado.

– Vaya, ¿es que te excita caminar o que?  – No lo que pasa es que me excita la compañera de caminata…

Dije esto por instinto ya que no pensaba de la calentura, ella me dijo que me detuviese y yo pensé” ahí la cagué” eso pensé yo pero ella me puso contra una pared y me besó muy tiernamente yo la abracé mientras ella bajaba mis manos al pantalón,

– Pero mira que dura está…

Yo besaba su cuello mientras ella acariciaba mi verga de arriba hacia abajo por encima del pantalón, luego levantó mi camisa y comenzó a besarme el pecho bajando hasta mi pantalón, lo desabrochó  y me desvistió dejando mi erección al aire, comenzó a acariciar con su mano derecha mis huevos mientras que con la otra me masturbaba delicadamente, lamió mi cabecita para luego introducir su boca hasta la base de mi pene tocando con sus labios mis huevos, la sacó y comenzó a mover su lengua rápidamente sobre  mi cabeza y lamer de arriba abajo mi verga mientras que tocaba con su dedo mi anito, sensación que no me disgustaba puesto que no lo hundía, solo lo acariciaba circularmente por fuera.

Esto me calentaba mucho,  sentir su lengua jugar en mi pene, y su dedo en mi culo, yo ya estaba a punto de correrme pero haciendo un esfuerzo por no hacerlo ella lo notó  y comenzó a mamármelo más rápidamente mientras hacía vibrar su mano en mis huevos, la inundé de leche  en toda la cara y su boca, esto la contentó y comenzó a limpiarme la verga lentamente, mientras me acariciaba el pecho subió su boca a mi cara y me besó, mientras apretaba mi pene contra su vagina yo la tomé del culo y la agarré fuerte besándole el cuello, bajé hasta su pecho y le subí su camisa mientras corría sus sujetadores lamí sus pezones duros y los mordisqueaba lentamente mientras acariciaba su vagina por encima de su ropa.

Me coloqué mi camisa y la recosté sobre la pared mientras abría sus piernas y quitaba su pantalón, comencé a lamerla sin introducir mi lengua, acerqué mis dedos y comencé a meterlos suavemente primero uno después el otro hasta que logré introducir tres, comencé a masturbarla mientras movía mi lengua rápidamente sobre su clítoris, ella se estremecía y apretaba mi cara sobre su vagina.

– Uffff, no pares, que rico…

Yo seguía lamiéndola y decidí con mi segundo dedo devolverle el favor anterior, lamí mi dedo de la mano izquierda y comencé a introducirlo en su ano no paré de hacer esto hasta que se estremeció fuertemente y soltó un grito, “aaaahh, si, uuummm“, seguía haciéndolo mientras ella paraba de estremecerse, besé su boca sacando mis dedos de su vagina y metiéndolos entre nuestras bocas,  nos vestimos  y besamos nuevamente mientras seguíamos caminando para luego dejarla en su destino, no antes sin la promesa de encontrarnos ahí todos los viernes en la noche.

Soy el borracho si quieren darme sus comentarios o comentar experiencias.

Autor: El borracho

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Lo que me gustaría hacer

Me gustaría que me agarraran entre varios hombres todos mucho más grandes que yo, que sea como una fiesta sorpresa, que me desnuden y me empiecen a tocar entre todos, mientras yo toco las pijas calientes y bien, bien duritas de cada uno, y los pajeo, que me toquen las tetas, que me toquen la concha, me metan los dedos y me chupen toda.

Hace bastante tiempo que entro a la página a leer los relatos, pero nunca antes había escrito… Me animé… y acá estoy para contarte mi historia.

Vivo en Buenos Aires, mi nombre real no es Pamela, pero así me voy a hacer llamar para preservar mi identidad ya que hay gente conocida que frecuenta esta página. Tengo 19 años, estudio y trabajo. Debuté sexualmente con mi primer novio. No la pasé mal, pero luego de eso me tomó dos años volver a hacerlo porque no me había gustado mucho. Cuando lo volví a hacer simplemente, me encantó y a partir de ahí me “desperté” sexualmente.

Me encanta chupar pijas, amo el sexo oral. Sé que para mi edad tengo bastante experiencia sexual (comparándome con mis amigas que son bastante “monjitas”), pero me gustaría tener más… soy muy ambiciosa. Me gusta hacerlo a cualquier hora, y en cualquier lado, cuando alguien me calienta me convierto y no me importa nada, sólo que me den… y no dejen de darme. También disfruto del sexo telefónico, lo hice muchas veces y me pone muy loquita, será porque me masturbo a toda hora y me encanta que un hombre se caliente y se masturbe por mí. Me gustan los hombres más grandes, y yo se que a los hombres grandes les calientan las jovencitas, a mí me encanta calentar hombres de la edad de mi papá. Creo que me gustan más que nada porque no tienen prejuicios y no tienen problema en enseñarte cosas nuevas.

¿Cómo me gusta que me la pongan?… Bien fuerte, bien rápido y con bronca, no me hicieron nunca la cola, pero me muero de ganas porque me rompan el agujerito, cuando me pajeo siempre me meto un dedo en mi culito virgen y se me moja toda la concha… me calienta muchísimo.

Cuando me están cogiendo me gusta que me traten mal, que me digan malas palabras, me gusta sentirme puta, pero ya te dije que soy muy ambiciosa y me gustaría ser más puta de lo que soy. Tengo muchas fantasías ¿te cuento algunas?… Me gustaría que me agarraran entre varios hombres todos mucho más grandes que yo (5 ó 6… cuantos más sean más puta me voy a sentir), que sea como una fiesta sorpresa, que me desnuden y me empiecen a tocar entre todos, mientras yo toco las pijas calientes y bien, bien duritas de cada uno, y los pajeo, que me toquen las tetas (las tengo bien grandes), que me toquen la concha… me metan los dedos y me chupen toda.

Me encantaría chupar dos pijas juntas, mientras uno de ellos me chupa la concha… después me sentarían arriba de una de las pijas y me la comería toda con la concha, toda la verga enterita adentro, y que otro me empiece a chupar el agujerito del culo y me lo vaya dilatando… mientras los demás se pajean en mi cara y trato de chupar la mayor cantidad de vergas posible… Me gustaría que mientras me estén cogiendo por la concha… el que tenga la pija más gruesa y grandota de todos me la apoye en la entradita de mi culito y me la ponga toda bien adentro del culo y que se muevan y me cojan los dos al mismo tiempo… Que se vayan turnando todos los tipos y que me llenen de leche por todos lados. Me encanta que me acaben en la boca y tragármela ¿te lo había contado?

Otra fantasía que tengo es la de estar con una mujer, que sea más grande que yo y tenga experiencia con otras mujeres… que me chupe la concha y chupársela… Tengo muchas fantasías más… todos las tenemos ¿no? Me gustaría coger en un bacón y que la gente que pasa me escuche gozar; coger con alguien mientras otra persona nos escucha por teléfono, que me filmen chupando una pija o cogiendo… Te cuento todo esto y ya me estoy colando los dedos en la concha de la calentura. Siempre me arrepiento de no tener un consolador, mmmm… qué lindo que sería tener una pija grandota acá, adentro de mí, o tenerte chupándome la concha y el culo… me meto un dedito…

Voy a seguir contándote de mí, mientras me froto el clítoris… No soy muy alta, mido 1.60, tengo los ojos verdosos, el pelo largo y con rulos, soy gordita así que tengo las tetas grandes y un buen culo que como ya te había dicho tiene muchas ganas de que lo rompan… Me gustan todas las pijas, pero las que más loca me vuelven son las cabezonas. Grito mucho en la cama, me gusta que me hagan gritar.

Me meto cosas en la concha cuando me pajeo, siempre improviso algún consolador… Me encantaría tener esas bolitas que están todas unidas con un hilo y tenerlas adentro de la concha todo el día… Ya te había dicho que me encanta provocar a los hombres, buscarlos y que se calienten conmigo. Me pongo remeritas blancas sin corpiño… o pantalones ajustados sin bombacha.

No tengo novio, me peleé hace un tiempo y no cojo desde julio, porque tenía un amigo con el que cogía siempre pero el muy forro se puso de novio y no quiere engañar a la novia, así que si antes me pajeaba todas las noches antes de irme a dormir, ahora me pajeo a cada rato.

Bueno, ahora me tengo que ir a estudiar porque tengo un parcial la semana que viene, pero prometo que otra vez te vuelvo a escribir… y si te gustó todo lo que te conté, y tenés ganas de hacer un comentario, te voy a estar esperando… por ahí terminamos pasándola muy, muy bien.

Autora: Pamela

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Iniciando el intercambio

Rosa se estaba acariciando su sexo por encima de la braguita y con la otra se pellizcaba los pezones. Yo tenía una erección de campeonato, miraba como Fernando acariciaba el cuerpo de mi mujer, la situación me producía un extraño cosquilleo en el estómago, mezcla de celos y sensaciones nuevas viendo como mi mujer gozaba sin reparos empezando a emitir pequeños quejidos de placer.

Hola, todo empezó por el morbo que tenía por crear situaciones comprometidas con mi mujer, viendo como podía excitar a otros hombres a la vez que nos excitábamos nosotros. Somos un matrimonio de cuarenta y dos años y nos encontramos en una situación física todavía aceptable. Mi mujer es morena y se conserva muy bien, mide 1,70 m y tiene un cuerpo muy apetecible. Su pecho es de tamaño medio, lo suficientemente grande como para no poderle abarcar con la mano. Las piernas están bien formadas y su culito está bien redondo y nada caído,

A mi cada día me excitaba más la situación pensar como mi mujer podía calentar a otros hombres. La primera experiencia la tuve sin conocerlo mi mujer. Un día iba a venir a casa  un técnico para arreglar el calentador de agua que estaba estropeado; se me ocurrió dejar sobre la mesa de la cocina unas braguitas diminutas de mi esposa  y al lado un álbum de fotos íntimas que nos habíamos ido haciendo. Cuando llegó el técnico se puso a hacer su tarea y yo discretamente me fui al salón desde donde disimuladamente podía observar lo que hacía sin que fuera visto. Pude comprobar como nada más salir cogió las braguitas y las olió restregándoselas por la cara y volviéndolas a dejar en su sitio a la vez que se tocaba su entrepierna por encima del pantalón. La situación me estaba haciendo poner muy caliente, deseando que se fijase en el álbum de fotos, cosa que ocurrió de inmediato.

Abrió el reportaje por la primera hoja y pude comprobar la cara de sorpresa que ponía, allí aparecía mi mujer con un salto de cama negro muy corto y trasparente. Después pasó a la siguiente foto, donde aparecía con el mismo conjunto y con ligueros, medias negras y zapatos de tacón altos. Vi que no pudo evitar tocarse con una mano mientras que iba pasando más hojas donde aparecía mi mujer totalmente desnuda y en diferentes poses. Yo observaba totalmente excitado pensando en que cuando se fuese me iba a masturbar. Una llamada de teléfono me hizo salir del trance al igual que al técnico que poco después me decía que había terminado y que si podía pasar un momento al baño. Yo le dije que si y me situé junto a la puerta cerrada para ver si podía oír que hacía. Por el ruido acompasado que fue poco a poco haciendose más virulentito pude suponer que se estaba masturbando con la visión en sus retinas del cuerpo de mi mujer

Un día le dije ponte ese vestido que se abrocha por delante, dejando desabrochados más botones  de lo que sería normal. Escogí de su lencería unas diminutas braguitas  blancas y totalmente transparentes, de esas que cubren escasamente el bello púbico. Ella me preguntó que quería hacer y la dije que  ya se lo diría.

Nos montamos en el coche y nos acercamos hasta una gasolinera donde yo me había fijado que el dependiente miraba siempre a mi mujer desnudándola con la mirada. Cuando estábamos llegando le dije que se desabrochase un botón más con lo que el vestido quedaba abierto justo a la altura de su braguita dejándose ver una trocito blanco de su minúscula braga.

Una vez en la gasolinera le dije al dependiente que por favor limpiase la luna del coche y yo me metí en la tienda para desaparecer de la escena y observar disimuladamente todo lo que ocurría. Enseguida pude comprobar como invertía más tiempo de lo necesario en limpiar los cristales, dándose una buena ración de vista con las morenas y bien torneadas piernas de mi mujer; pude comprobar que tenía una gran erección y que disimuladamente se restregaba contra el coche sobre todo después de que mi mujer se girase para coger una revista del asiento trasero y situársela a la altura de la cara para que él pudiera mirar con más descaro. Transcurrido un rato pensé que ya era suficiente y salí de la tienda y pagué la gasolina. Al entrar en el coche casi me da algo, mi mujer tenía el vestido totalmente abierto a la altura de la cintura, sin duda se abrió más al girarse para coger la revista. Se veía totalmente su braguita blanca, trasparentando el bello púbico que incluso se asomaba por encima del minúsculo triangulo de la braguita, se notaba también una incipiente corrida pues la braga marcaba un ligero brillo provocado por la humedad de sus flujos.

Le pregunté que tal la experiencia a lo que ella me contestó que no había sido nada del otro mundo, pero al llevar mi mano a su entrepierna en forma de caricia pude comprobar que estaba totalmente mojada, cosa que me excitó de gran manera. Arranqué el coche y nos fuimos pero inmediatamente di la vuelta y le dije:

– Vamos a la gasolinera otra vez, seguro que el empleado está masturbándose pensando en ti.

Al llegar pudimos ver que salía del servicio, marcándose todavía un gran abultamiento en su pene.

Mi mujer dijo, seguro que ya se ha masturbado pensando en la ración de sexo que le he dado y esto me está poniendo muy caliente, empezando a tocarse por encima de la braguita.

Yo no sabía que hacer pues la polla me iba a estallar, así que nos alejamos un poco y bajando del coche le dije a mi mujer que se tocase y me dijese lo que había sentido.

Se abrió totalmente el vestido y empezó a tocarse metiéndose los dedos en su vagina y con la otra mano acariciándose el pecho por encima del sujetador que fue separando poco a poco, mientras que me contaba que notaba como el coche se movía al restregar su paquete contra la puerta y que en un momento dado alcanzó a ver su cara que delataba la excitación que estaba teniendo. Yo mientras la observaba me masturbaba disfrutando del espectáculo hasta que sin poder aguantar más eyaculé sobre su vientre. Mientras ella aceleró el ritmo de sus dedos hasta estallar en un ruidoso orgasmo.

Después de ese rato tan agradable nos compusimos las ropas y nos fuimos a seguir disfrutando del caluroso día de verano.

Otro día en que el cuerpo nos pedía guerra  decidimos ir a cenar y ver como nos podíamos divertir. Mi mujer se puso un vestido ceñido y bastante corto, sin llegar a ser una minifalda. Debajo se colocó unas braguitas negras transparentes y un liguero también negro con medias hasta medio muslo. Realmente estaba preciosa entrándome ganas de poseerla allí mismo. Una vez en el restaurante nos dimos cuenta que en la mesa de enfrente a mi mujer había una pareja ya entrada en años y que el hombre no dejaba de mirar disimuladamente a mi esposa. Yo le dije, cruza las piernas y le enseñas algo más. Al hacer esto la falda se le subió de forma considerable dejando ver el dibujo del final de las medias y parte del liguero. El hombre miraba absorto notándose que se estaba excitando por el rubor de su cara.

En esto estábamos cuando observé que había otro espectador: el camarero, que no perdía detalle de las piernas de mi mujer. Se lo hice saber a ella que inmediatamente descruzó las piernas, lo que provocó que involuntariamente el vestido se subiese más dando una magnífica visión de sus muslos hasta el final de su liguero  y el comienzo de su  braguita, seguro que se vería el pequeños triángulo de la braguita trasparentando todo el bello. En ese momento pudimos comprobar el efecto de la nueva visión pues al hombre de la mesa de enfrente se le cayó la copa de las manos y el camarero se acercó disimulando con la intención de atendernos. No dejaba de mirar disimuladamente, desde su sitio podía ver perfectamente el principio de las braguitas e incluso como se trasparentaba el bello púbico. Se le notaba como poco a poco iba apareciendo un gran bulto en su pantalón. Una vez que tomó la nota se alejó de nuevo. Entonces mi mujer me dijo que si no estábamos yendo demasiado lejos pues estaba enseñando todas  sus piernas y su conejito a través de la transparente braguita y que el hombre de la mesa de enfrente se estaba tocando su paquete sin que su mujer se diese cuenta de nada. Poco después vimos que se levantaba e iba al baño tardó unos minutos en volver y mi mujer me dijo: seguro que este también se está haciendo la mejor paja del año a cuenta de mi chocho.

Yo le dije que estaba bien, que podía llegar hasta donde quisiera a lo que me contestó que la última provocación llegaría con el postre. Así fue cuando el camarero trajo los postres mi mujer giró totalmente el cuerpo en su asiento con el pretexto de preguntarle como eran los postres. En ese momento dejaba ver totalmente su braguita, ya totalmente humedecida y que se había introducido entre sus labios mayores con lo que se veía sin ningún problema parte de su sexo enmarcado por el vello púbico. La reacción del camarero fue instantánea  produciéndole una gran erección, cosa que después supe a mi mujer la excitó muchísimo. Después de tomarnos nota y explicar el contenido de los postres con todo lujo de detalles y tardando todo el tiempo que pudo se fue. En ese momento mi mujer le llamó otra vez y le dijo que en la factura debería descontar la ración de sexo que se había dado. El camarero se puso totalmente colorado y nos pidió disculpas, diciéndonos que la había resultado imposible no mirar y que era una mujer muy bella. A continuación nos dijo que le gustaría presentarnos un día a su mujer y que nos daba su teléfono móvil por si queríamos llamarles en algún momento.

Unos días más tarde, en que estábamos un poco aburridos, nos acordamos del camarero y decidimos llamarle. Atendió inmediatamente la llamada y comunicándonos que era una agradable sorpresa nos propuso quedar a comer y que él nos invitaba para de alguna forma pagar la ración visual que mi mujer le había dado de su coño.

Quedamos en un restaurante de la playa, nos presentamos y yo me quedé realmente perplejo de la belleza de Rosa su mujer. Es una mujer de nuestra edad, rubia, y con unas voluptuosas formas, sobresaliendo sus bien formadas piernas y su pecho bastante más grande que el de Ana, mi mujer. Iba vestida con un vestido corto de playa, con lo que al sentarse me permitía contemplar con tranquilidad sus bonitas piernas, pero sin llegar a ver mas, a pesar de los intentos disimulados que hice.

Al final de la comida, nos propusieron darnos un baño pues hacía mucho calor. Nosotros tuvimos que contestar que lo sentíamos mucho pero que no habíamos traído ropa de baño, a lo que Rosa nos dijo que no había problema pues ellos vivían muy cerca de allí y que ella era representante de ropa de baño y lencería y que tenía mucha ropa en casa por lo que nos podría prestar algo.

Decidimos aceptar la invitación y nos dirigimos a su casa. Una vez allí le dijo a mi mujer que pasase a una habitación contigua y que se pusiese lo que quisiera. Mientras los demás esperábamos en el salón tomando unas cervezas. Como tardaba mucho en salir la preguntamos que pasaba y nos dijo que la daba un poco de vergüenza salir y mostrarse en bañador delante de todos. En ese momento Rosa dijo, no te preocupes si quieres yo también me desvisto y sin pensarlo se sacó el vestido quedándose delante de nosotros  con un bikini rojo precioso. Yo no podía dejar de mirar su cuerpo, sintiendo un cosquilleo entre las piernas. Entonces mi mujer salió, pero todos protestamos pues llevaba un bañador de cuerpo entero y aunque no estaba mal no era de lo más erótico. Rosa entonces dijo: déjame a mi que te voy a dar algo más atrevido, en efecto, cuando salió de la habitación no podía creerlo, estaba con un mini bikini azul que la tapaba escasamente las aureolas de los pezones dejándose ver parte de su pecho por los laterales y en la parte inferior asomaba parte del vello de su sexo. Fernando, el camarero, miraba con lujuria y yo estaba empezando a tener una extraña sensación de placer y celos viendo a mi mujer casi desnuda en la habitación del apartamento de nuestros amigos. Fernando estaba totalmente empalmado tratando de disimular el bulto entre las piernas. Yo mientras me tocaba disimuladamente mi paquete sintiendo un gran placer por la situación al ver a mi mujer casi desnuda delante de Fernando.

Ana dijo que no era justo lo que hacíamos pues ella estaba casi desnuda y los demás vestidos. Rosa entonces dijo:

– No te preocupes me voy a poner un modelo que seguro os gustará a todos.

Se metió en la habitación y al instante salió con un bikini que nos dejos a todos de piedra, yo casi me corro en ese mismo momento. Era un bikini de un material nuevo totalmente transparente. Se veían perfectamente las aureolas de sus pechos erizadas por el seguro placer que ella misma estaba teniendo al mostrarse de esa manera. La parte inferior del bikini dejaba ver un triangulo de vello púbico perfectamente recortado y  totalmente rubio, por lo que pude comprobar que era rubia de verdad.

La situación se había puesto muy caliente. A Fernando se le notaba una mancha en el pantalón que indicaba una ligera corrida, sin quitar en ningún momento la vista del sexo de mi mujer y mirando fijamente los pelillos que salían de entre la braguita.

A mi no se si me daba más placer el ver a la mujer de Fernando prácticamente desnuda o a mi mujer de esas manera delante de todos. El caso es que deje de tocarme disimuladamente pues veía que me iba a correr.

Mi mujer de pronto dijo que se iba a poner algo más decente y que bajásemos a la piscina pues se encontraba algo incomoda con la situación. Así lo hicimos.

Ya en la piscina mi mujer me comentó que había tenido un orgasmo viendo como la miraba Fernando y por la gran excitación que marcaba su paquete a pesar de sus intentos por disimularlo. También me dijo que se había dado cuenta de que yo me estaba tocando la polla por encima del pantalón, preguntándome que si era por verla a ella o por Rosa. Yo la dije que por ambas, pero que la primera excitación me la produjo ella al aparecer con el minúsculo bikini y que me daba mucho morbo que la mirase Fernando y que se le saliesen pelillos por encima y por los lados de la braguita.

En la piscina primero estuvimos nadando un rato y después empezamos a jugar entre nosotros, lo que provocaba algunos roces accidentales que empezaron a subir la temperatura. Yo vi como en un giro aparentemente involuntario Fernando se agarraba al pecho de mi mujer saliéndose en ese momento sus preciosas tetillas del sujetador. Fernando se disculpó pero siguió jugando. Su bañador no podía ocultar su pene totalmente empalmado.

En otro momento del juego Rosa me tocó la polla sin disimulos y arrimándose al oído me dijo: veo que estás bien armado, quizá luego pueda saborear algo mas. Yo me puse muy nervioso y no sabía exactamente que quería decir. Mientras veía como Fernando jugaba con mi mujer agarrándola por detrás y pegándose completamente a ella. Mi mujer debió percibir el grado de excitación de Fernando pues en un acto reflejo se separó rápidamente de él. Se la veía azorada pero con cara de excitación parecida a cuando nosotros hacíamos el amor.

En un momento que pudimos estar juntos me dijo que Fernando la había restregado la polla por su trasero y que se había excitado mucho pues sin ningún reparo y como si fuese accidentalmente la había agarrado su sexo dejando su mano más tiempo del que sería normal por accidente, incluso la pareció que había subido y bajado suavemente sus dedos acariciando sus labios mayores.

Yo le dije que si la parecía que la cosa se nos escapaba de las manos nos podíamos marchar. Ella me contestó que mejor si nos íbamos, lo que comunicamos a nuestros amigos que propusieron subiésemos a su casa a cambiarnos.

Fernando nos dijo amablemente que podíamos ducharnos antes de irnos, por lo que pasamos mi mujer y yo al baño. Una vez dentro mi mujer me dijo que por favor le comiese el coño pues estaba muy caliente. Yo empecé a tocarla excitándola más pero quizá pensando que la fiesta podría ser mejor dejé de hacerlo con el pretexto de que continuaríamos en nuestra casa.

Después de ducharnos, ya vestidos esperamos por cortesía a que se duchasen nuestros amigos y despedirnos.

Al poco tiempo salieron  del baño y de nuevo volvimos a quedar sorprendidos. Rosa salía vestida únicamente con un minúsculo tanga negro transparente mostrándose totalmente desnuda y sin complejos. Fernando salía con un batín corto abrochado pero notándose un abultamiento en la entre pierna por lo que se deducía que no llevaba nada puesto debajo y que estaba totalmente empalmado. Yo no sabía que hacer ni adonde mirar, así que busqué la mirada de mi esposa para ver como reaccionaba y que podríamos hacer. Entonces me llevé una gran sorpresa, se había metido la mano debajo de su falda y daba toda la impresión que se estaba masturbando disimuladamente, por lo que decidí sentarme a su lado y empezar a besarla y toquetearla por todos los lados. Mi mujer cerró los ojos arqueando su cuerpo para atrás, relajándose en el sofá. Lentamente la fui acariciando las piernas mientras iba subiéndola poco a poco la falda hasta dejar a la vista su diminuta tanguita humedecida ya por el flujo de sus jugos.

En ese momento se acercó Fernando con la bata completamente abierta y luciendo una erección enorme, cosa que hice saber a mi mujer diciéndola que abriese los ojos y contemplase el tamaño de semejante instrumento. A ella le pareció gustar pues respondió con una pícara sonrisa volviendo a cerrar los ojos. Entonces Fernando sin ningún tipo de reparo empezó lentamente a acariciar el sexo de mi mujer por encima de la braguita, metiendo delicadamente los dedos entre los bordes y a aproximándose cada vez más a su clítoris. Yo no salía de mi asombro pues nunca había vivido una experiencia igual, estaba compartiendo a mi mujer con otro hombre y sin embargo la situación me excitaba terriblemente al igual que a mi mujer que se había dado cuenta de la situación abriendo los ojos y con una sonrisa aprobando lo que estaba haciendo Fernando que ya se había lanzado a mordisquear los pezones de mi mujer.

Mientras tanto Rosa sentada en un sillón enfrente de nosotros se estaba acariciando con una mano  su sexo por encima de la braguita y con la otra se pellizcaba los pezones que aparecían totalmente erectos. Yo tenía una erección de campeonato, limitándome a mirar como Fernando empezaba a acariciar todo el cuerpo de mi mujer, sustituyéndome sin ningún reparo. La situación me producía un extraño cosquilleo en el estómago, mezcla de celos y sensaciones nuevas viendo como mi mujer gozaba sin reparos empezando a emitir pequeños quejidos de placer.

Decidí incorporarme más activamente a la fiesta y sacando mi pene del pantalón empecé a masturbarme mirando a mi mujer totalmente entregada  a las caricias de Fernando. En eso estaba cuando los jadeos de Rosa me hicieron fijarme en ella, se estaba masturbando contemplando también el espectáculo. Se había quitado la braguita y se metía frenéticamente dos dedos en su vagina mientras con la otra mano no dejaba de acariciarse el pecho. En  ese momento me levanté del sofá y sin más miramientos me acomodé entre sus piernas empezando a dar lengüetazos sobre su sexo que estaba totalmente inundado de flujos vaginales. Sabia delicioso, con lo que me entregue a comérselo desaforadamente hasta que llegó al primer orgasmo. Entonces empezó a gritar ¡Fóllame, Fóllame! Le dije túmbate en el suelo y cuando me disponía a penetrarla, reparé que mi mujer ya estaba siendo follada por Fernando agitándose como una posesa del placer que estaba sintiendo. Eso me excitó aun más y empecé a bombear con fuerza a Rosa hasta que los dos explotamos en un ruidoso orgasmo.

Unos minutos más tarde nos despedíamos y en silencio nos marchábamos para casa cogidos de la mano. Ana llevaba una sonrisa que delataba el grado de satisfacción que había tenido y yo iba pensando en que todavía la quería más y en la comida de coño que la iba a hacer en cuanto llegásemos a nuestra casa, recordando todo lo que había sucedido en esa tarde.

Autor: Setiembre

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Cuñada voyeur

Ella continuó, y echaba frecuentemente miradas hacia la terraza, como mirando si alguien la observaba. Su sobeo al clítoris cada vez era más rápido, y el pepino entraba y salía a gran velocidad, hasta que le vino un prolongado orgasmo, no la escuchaba gemir, pero tenía cara de placer, de lujuria, de disfrute. No pude aguantar más y derramé mi leche en el suelo de gres de la terraza.

El siguiente relato ocurrió una noche de septiembre de hace tres años, mi novia por aquellos entonces, Ana, tenía un hermano, Jorge, y este una novia, Rocío, los cuatro solíamos salir e ir a todos lados juntos. Por esa fecha, decidimos alquilar dos pisos en la playa, en El Portil, era el final de la época estival y nos resultó más económico. Cogimos dos apartamentos juntos, pared con pared, nuestras terrazas estaban unidas. Yo estaba de vacaciones ese mes, mi novia y su hermano trabajaban en la empresa familiar, e iban y venían a Huelva, Rocío no trabajaba, era estudiante.

Un viernes, mi novia me llamó para decirme que iban a llegar tarde, ella y su hermano, pues por razones de trabajo tenían que ir a Sevilla, y que después ya cenarían allí, que pensaba que en el El Portil estaría sobre las dos de la madrugada. Cuando colgué era la once de la noche, fui a casa de Rocío y cenamos juntos, viendo la televisión, hasta que a las doce y media me fui a mi apartamento. Así me dispuse a esperar a Ana, no sabía que hacer, estaba aburrido, en la televisión no había nada.

Mientras esperaba a que llegara la hora, me asomé a la terraza. Observé un rato el cielo, la plaza de la calle, y finalmente la terraza de Rocío a ver si estaba y conversábamos un poco, pero no había nadie allí, me asomé al muro a ver si la veía y pude ver aparte de su terraza, parte del salón, se observaba luz en el salón, pero no había nadie, así que cogí el teléfono inalámbrico y llamé por teléfono, sonaba cerca, pensé que el teléfono lo tenía en la terraza y volví a mirar, el inalámbrico estaba, pero ella no lo cogía, hasta que mi posible futura cuñada salió en ese momento, me quedé sorprendido, llevaba una camiseta de tirantes blanca que no llegaba a cubrir las braguitas también blanca, estaba muy bien, con su pelo castaño recogido, su cara no muy guapa pero si morbosa, su medianos pechos marcados en la camiseta, con su esbelta figura, con su mediana estatura, y su culito respingón dentro de sus braguitas.

Di un salto hacia atrás, pues temí que me hubiese visto asomado, Rocío me contestó dulcemente, con un dígame que entrecortó mi respiración, me metí para el salón y le dije que era yo,  le pregunté si sabía cuando volverían, y me dijo que sobre las dos, que estaban en Sevilla, después le pregunté si tenía alguna peli para dejarme, y ella me dijo que no tenía nada, que pensaba ver la tele, me dio vergüenza decirle que viésemos la tele juntos, así que colgué.

Nada más terminar de hablar, el recuerdo de la visión en braguitas de mi cuñada era mi único pensamiento, hasta que pasado un rato decidí volver a mirar, asomé la cabeza por el muro con un poco de temor por si estuviera en la terraza, pero observé que estaba sentada en el sofá mirando la tele mientras comía frutos secos, seguía en braguitas y con la camiseta que dejaba ver sus tetas sin el sujetador y con unos pezones que pinchaban la tela, como queriendo traspasarla.

Estuvo un rato así, hasta que se levantó y se fue al cuarto, al momento volvió con una cinta, la metió en el video y la puso a rebobinar, mientras fue a la cocina y trajo una fuente con fresas, se comió algunas y le dio play al mando, posteriormente se dejó caer en el sofá, se tendió con la cabeza apoyada en el cojín, aquello era muy erótico.

La película tardaba en entrar en acción, los prolegómenos se hacían muy largos, Rocío abrió las piernas un poco más, las braguitas habían cogido la forma de los labios mayores. Al momento empezó la acción, una chica negra le chupaba la polla a un tío, mi cuñada no tardó mucho en actuar, se llevó una mano a sus braguitas y los dedos se introdujeron debajo, un rato estuvo arrascándose, como si le picase, hasta que pasó a frotarse insistentemente, mi cuñada se estaba masturbado delante de mí. Empezó con suavidad, los dedos se veían a través de la tela de las bragas, se notaba como acariciaba su raja, su clítoris, en esos momentos mi polla parecía que iba a estallar, yo la animaba mentalmente, le decía que siguiera, que estaba muy bien lo que hacía, mientras me bajé los pantalones y mi mano buscó mi verga empalmada y la deslicé por ella.

Minutos después, Rocío paró, sacó la mano de las braguitas y temí que hubiera terminado su masturbación, pero para mi satisfacción levantó un poco el cuerpo, se quitó las braguitas y me dejó ver toda la hermosura de su coñito en el que resaltaba una fina línea vertical de vello moreno, tenía los labios mayores bien afeitados, y los menores muy enrojecidos, con su clítoris resaltando encima. Se abrió de piernas y la mano de mi cuñada, se empezó a mover con más rapidez, su culo se movía en círculos, su cuerpo se levantaba de vez en cuando, su mano se ocultaba apretada por las piernas.
Al rato, Rocío con una mano buscó algo, mientras aumenté la velocidad de mi masturbación hasta que mi cuñada encontró lo que buscaba en la fuente de fresas, debajo de estas había un pepino grande, se lo llevó a la boca y lo chupó como quien saborea un refrescante helado, así durante unos minutos, hasta que separó lo más posible las piernas y lentamente se fue introduciendo aquel pepino en la vagina, le entró casi entero, el coño de Rocío se lo tragaba placenteramente, ella suspiraba y se dedicaba a su órgano con las dos manos, una en el clítoris y la otra metiéndose y sacándose el pepino el cual lo introducía con gran agilidad.

De repente miró hacía donde yo estaba, le era imposible verme pues su terraza estaba oscura, muy oscura, al menos eso pensaba yo. Ella continuó, y echaba frecuentemente miradas hacia la terraza, como mirando si alguien la observaba. Su sobeo al clítoris cada vez era más rápido, y el pepino entraba y salía a gran velocidad, hasta que le vino un prolongado orgasmo, no la escuchaba gemir, pero tenía cara de placer, de lujuria, de disfrute. No pude aguantar más y derramé mi leche en el suelo de gres de la terraza.

Cuando terminé, volví a coger la posición de espía, ella permanecía tumbada en el sofá, descansando unos instantes, a continuación volvió a mirar hacia donde yo estaba, cogió las bragas, limpió con ella el pepino y cada cobijo de su coño. Más tarde salió a la terraza, yo me oculté rápidamente tras la pared. No tardó mucho en empezar a llamarme por mi nombre, no le contestaba, entonces Rocío se asomó a mi terraza, me vio con los pantalones bajados, sonrió al observarme y después me lanzó sus braguitas, me dijo que las oliera, cosa que hice, olían a sus fluidos, a su coñito, posteriormente me preguntó si me había corrido, no le pude mentir y le contesté que sí, entonces Rocío me pidió que limpiara los restos de mi semen con sus braguitas y se las devolviese, dicho y hecho, limpié todo el semen del suelo y le di sus bragas empapadas, ella las cogió y se fue.

No me atreví a mirar su terraza porque ella estaba allí, pero minutos después llegó Jorge, sentí como ella entró en el salón, volví a asomarme, él la besó, se pusieron a hablar, él de espalda a mí, no se extrañaba que su esposa estuviera con las bragas en las manos. Al rato se fueron a acostar, desaparecieron, no sin antes mi cuñada darme el último placer de la noche, ya que se levantó la camisa cuando iba al dormitorio para enseñarme en su plenitud su culito respingón. Momentos después llegó mi novia, estuvimos hablando un rato y nos acostamos.

Autor: Fary

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Experiencia muy satisfactoria

Mientras el agua corría entre nuestros cuerpos empezamos otra vez con el ritual de toqueteos, él me acariciaba los pechos, yo le chupaba la verga, le succionaba con tal fuerza que parecía que quería sacar todo su jugo y él no paraba de tocarme y lamerme hasta que no pudo resistir más y comenzó a hacerme una paja tocándome el clítoris con un dedo y metiendo dos o tres dedos por mi vagina.

Espero que al leer ésta, mi historia, comunique lo que sentí mientras vivía una experiencia que, sin ser la mejor del mundo, para mi significó un acercamiento a mi pareja.

Me presento: soy una mujer de 44 años, casada con un hombre de la misma edad, del que estoy enamorada y con el que llevo unida desde los 19 años, es decir toda una vida. Vivimos en una capital de la costa andaluza. Siempre hemos sido una pareja del montón y a pesar de que él ha necesitado sensaciones más profundas, yo nunca sospeché que esta falta de atención por mi parte pudiera significar un problema en nuestra relación.

Después de discutir en varias ocasiones, decidimos que debíamos ser más sinceros el uno con el otro y que debíamos contarnos nuestras inquietudes. Al principio, me costó mucho entenderlo y aún después de un tiempo hay cosas que no comparto con él, pero reconozco que el solo hecho de vestirme para excitarle, o por lo menos intentar excitarle dentro de mis posibilidades sin llegar a resultar ordinaria me causa placer. El caso es que  después de la tormenta siempre llega la calma y, aunque no soy muy liberal que digamos, si reconozco que me he desinhibido bastante, sobre todo porque en la playa ya no me da vergüenza hacer top less, o ponerme la braguita del bañador en tanga. A raíz de verme los pechos y los cachetes morenitos, ha sido cuando he empezado a gustarme a mi misma y a su vez a pavonearme delante de mi marido para que me mire y se excite.

Y ahora es cuando empieza mi historia;

La semana pasada nos fuimos a la playa como cualquier domingo, con nuestras sillas, sombrilla y comida incluida, allí tumbados los dos juntos, bajo el sol y a la vista de los demás bañistas que copan la zona en esta época del año, él no paraba de tocarme los pechos simulando que me extendía la crema, rozaba y rodeaba un pecho y se centraba en el pezón como para ponerlo duro, cosa que conseguía en segundos y a continuación se centraba en el otro para que no estuviera distinto. Paseaba la yema de sus dedos por entre los pechos, haciendo círculos concéntricos sobre las aureolas para terminar en el volcán de mis pezones.

En esta guisa estuvo varios minutos intercambiando pechos con vientre, jugando con el ombligo y sobre todo por la parte más baja metiendo, como el que no quiere la cosa y de forma “aparentemente” distraída los dedos entre la braguita, alcanzando lentamente el vello que puebla la parte superior de mi sexo, llegando incluso en una ocasión a profundizar y, bajando sus dedos de forma sensual y cálida, sentí como abrió  mis labios vaginales y llegó a tocarme el clítoris. La situación era muy embarazosa para mí y aunque me gustaba mucho porque me estaba poniendo cachonda, por otro lado me daba mucha vergüenza pensar que alguien nos llamara la atención porque se diera cuenta de que no era una simple untada de crema. A pesar de todo no puse impedimento y cuando pasado un rato nos tumbamos boca abajo, yo a él y él a mí, nos pusimos los bañadores metidos por la rajita del culo para que los cachetes también se pusieran morenitos. Yo sé que a Pablo también le dio un poco de vergüenza pero a su vez le excita que a mí me guste ponerle el bañador bien metidito. La verdad es que esta acción también me excitó muchísimo, sintiendo cómo se humedecía mi coño…

Pasamos la tarde y cuando llegamos a casa, mientras los niños se duchaban nos salimos los dos a la terraza y sin pensarlo, ni planearlo, nos pusimos muy cachondos porque comenzamos otra vez el toqueteo y, sentados frente a frente, el sacó su polla que rebosaba de amplitud y dureza saltando fuera del bañador de forma lasciva y yo, le devolvió el gesto abriéndome de piernas y situando una de ellas sobre el apoyabrazos de modo que dejaba todo mi coño a su vista, apartándome a un lado la braguita, me abrí los labios sintiendo cómo estos estaban abultados y húmedos.

El comenzó a frotármelo y a excitarme de tal forma que llegó un momento que no me di cuenta de que nos podían pillar los niños. Me lubricaba aún más con su saliva, metiéndose dos dedos en su boca, estimulaba los labios explorando todo su interior de modo que llegaba perfectamente al clítoris…así que decidimos irnos al baño y ducharnos juntos.

Mientras el agua corría entre nuestros cuerpos empezamos otra vez con el ritual de toqueteos, él me acariciaba los pechos, yo le chupaba la verga, le succionaba con tal fuerza que parecía que quería sacar todo su jugo y él no paraba de tocarme y lamerme hasta que no pudo resistir más y nos sentamos como pudimos y comenzó a hacerme una paja tocándome el clítoris con un dedo y metiendo dos o tres dedos por mi vagina.

Al principio iba suave para preparar el terreno pero cuando notó que yo estaba a punto, comenzó con fuerza tanto con los dedos que estaban masajeado el clítoris como los dedos que estaban en la vagina que yo notaba por el placer que recibía que me estaba tocando el llamado punto “G”.

Disfrutaba mucho y aunque Pablo me decía que lo disfrutara y que intentara que durara mucho, no pude evitarlo y la excitación aumentaba por segundos y le rogué que lo hiciera más fuerte y más rápido hasta que  caí en un orgasmo concentrado que me hizo ver las estrellas y aferrarme de tal forma a su miembro que casi la estrujo y comencé a hacerle una paja también con el ritmo acelerado hasta que vi que sus ojitos se nublaban y aunque me avisó de que se corría lo pude comprobar porque su cara iba cambiando satisfactoriamente.

Espero que les haya gustado.

Autora: Madurita

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Trío lésbisco

Chupé, lamí y succioné todo lo que aquella vagina me podía dar, juguitos deliciosos y Mariana se arqueaba conforme yo la hacía sentir placer. Mi hermana también se arqueaba conforme Mariana le mordía la vagina al acercarse al orgasmo. Mientras yo chupaba, le sobaba el trasero a mi hermana, quien estaba a mil.

Todo empieza cuando mi hermana gemela y yo íbamos caminando por las calles y de pronto, se nos apareció una hermosa señorita, se nos acercó y nos empezó a hablar como si la conociéramos desde hace mucho. Mi gemela y yo, le seguimos la plática, pues parecía muy simpática.

Seguimos hablando durante mucho tiempo, hasta que se hizo de noche y era hora de retirarnos. La invité a que nos acompañara a la casa, acabábamos de ganar una amiga así sin más, y algo así no pasaba todos los días. Llegamos a nuestra casa y nos sentamos en la sala, a tomar unas copas, las cuales se nos pasaron después de un rato y estábamos medio pasadas de copas. Fue entonces cuando decidimos ir a dormir, dejé que ella durmiera conmigo y mi hermana fue a su cuarto.

Ya después de un rato de habernos dormido, comencé a sentir un roce por mis pechos y mi vagina, pensé que sería la sábana o algo así, pero entonces, abrí los ojos y vi a nuestra nueva amiga Mariana tocando mis grandes pechos. ¿Qué estás haciendo?- le pregunté, mientras me alejaba de ella. Tú solo relájate y déjame recorrerte toda, quiero tocarte toda.- respondió ella mientras me levantaba la blusa. Como estaba medio pasada, no hice movimiento alguno y dejé que ella siguiera jugando con mis pechos y comenzara a apretar mis pezones, que estaban duros. Mariana se hincó sobre mis caderas y comenzó a besarme el cuerpo, los pechos, me lamió toda.

Noté como poco a poco me fui humedeciendo y entonces comencé a disfrutar las caricias de mi nueva amiga. Me lamió suavemente mis pezones, lo que los endureció al máximo, lamió mis pechos, todos ellos quedaron ensalivados por completo y después, Mariana bajó un poco y me quitó mi braguita, lentamente, deslizándola por mis piernas, lamiéndome toda, haciendo que mi vagina comenzara a chorrear más y más. Ya que me hubo quitado todo, comenzó a desnudarse poco a poco, de manera muy sensual. Se levantó de la cama y se paró junto a mí. Yo me senté y comencé a ver como bailaba sensualmente para mí. Se quitó su ropa, sus pantalones, bajó sus braguitas poco a poco y me dejó ver esa hermosa vagina.

Sin dudarlo ni un momento más, me arrodillé y comencé a chupársela, mientras ella continuaba quitándose la playera y desabrochando su sostén. Empecé a lamerle su sexo, era delicioso, empapado de juguitos gracias a mí, metí mi lengua poco a poco y gradualmente mis dedos. Así, así, sigue, sigue, que me corro, sigue mi amor- gemía ella mientras yo continuaba con mi labor. Me empujaba la cabeza hacia su sexo y yo lamía frenéticamente cada pedacito que se me ofrecía. La tomé de las caderas y la llevé hasta la cama, me senté junto a ella y comencé a besarla, ella tocaba mis pechos, mientras acariciaba mi vagina con la otra mano y yo hacía lo mismo con ella, nos humedecimos todas, besándonos apasionadas, hasta que finalmente nos quedamos dormidas.

A la mañana siguiente, nos levantamos al mismo tiempo y nos dimos un beso de buenos días. Mi hermana estaba en la cocina, haciéndonos el desayuno. Mi amiga y yo fuimos a donde estaba ella y yo, atrevidamente le conté lo que habíamos hecho; mi hermana se quedó quieta, sin decir nada, quizá porque le extrañaba que yo tuviera esas tendencias, no sé, pero inmediatamente noté como sus pezones se pararon poco a poco, igual que los míos. Las dos nos miramos fijamente y nos acercamos la una a la otra, poco a poco, era como caminar hacia mi reflejo. Nuestros cuerpos eran prácticamente iguales, las dos teníamos los pechos grandes y hermosos, bien formados, con un trasero grande también, que era objeto de deseo de muchos hombres y muchas mujeres.

Nuestra cara era prácticamente idéntica. Pero ahí estaba yo, parada frente a mi reflejo, viendo mis hermosos pechos. Mi hermana me tomó de las caderas y yo hice lo mismo, comenzamos a bailar sensualmente, mientras Mariana nos veía y comenzaba a excitarse. Ambas comenzamos a tocarnos el trasero, nuestras nalgas eran deliciosas la una para la otra, nos recorrimos nuestros cuerpos, completos, hasta el más mínimo detalle. Aplastando nuestros pechos, comenzamos a besarnos tiernamente, tomé a mi hermana por el cuello y le besé los labios, le metí toda mi lengua en esa hermosa boca suya y comencé a saborearla. Ella, por su parte comenzó a masajear mis pechos deliciosamente, tocando mis pezones a cada momento. Definitivamente era mi hermana, sabía lo que más me excitaba.

Mientras tanto, Mariana, nos veía; se había sacado un pecho del brassier y se lo sobaba suavemente, viendo como mi hermana y yo nos tocábamos apasionadas. Tomamos a Mariana de una mano cada una y la llevamos hasta mi cuarto. Nos paramos frente a ella y le dijimos: Anda, cógenos, que somos tuyas, haznos tus putitas, haznos tus gemelas de cama, cógenos como quieras. Y Mariana, sin hacerse del rogar, se acercó a mi hermana. La tomó de las caderas y la besó, metiendo su lengua en la boca mientras mi hermana se entregaba totalmente a su nueva dueña. Mariana se arrodilló y desabrochó el pantalón de mi hermana lentamente, besando sus piernas y besando su vagina a través de sus braguitas. Mi hermana solo gemía levemente.

Mariana continuó con su labor y ya que le hubo quitado el pantalón a mi hermana, comenzó a bajar sus medias, era algo excitante, Mariana tenía una forma muy sensual de hacer las cosas. Bajó las medias rozando las piernas a mi hermana, haciéndola excitarse cada vez más y más. A través de su calzoncito vi como comenzaba a humedecerse por los toques de su amante. Mariana, de un solo jalón acabó de quitar las medias y bajó las braguitas de un solo jalón también. Entonces subió y le arrancó la blusa a mi hermana y desabrochó su sostén, haciendo que sus enormes pechos saltaran. La besó un momento y entre las dos me desvistieron. Mi hermana bajó mis pantalones y mis braguitas rápidamente y comenzó a lamer mi vagina. Mientras Mariana me retiró mi blusa y mi brassier completamente y comenzó a lamer mis hermosos pechos.

Mis pezones estaban a punto de reventar y Mariana, comenzó a succionarlos como bebé, me excité tanto que me corrí en la boca de mi hermana, quien no había dejado de lamerme. Mariana, era tan excitante, lamía profesionalmente y mi deseo por ella aumentaba cada vez más y más. Entonces, fue cuando mi hermana y yo decidimos que era el momento de hacer gozar a nuestra amante. Las dos nos lanzamos sobre ella y comenzamos a besarla en la boca, le lamimos la cara. Metí mi mano bajo su pantalón y comencé a tallar su vagina, que estaba rebosando en líquidos. Ahora si te vamos a hacer correrte, mi amor, – dijo mi hermana, mientras le quitaba la blusa a Mariana y nos enseñaba sus hermosos pechos. Yo, por el momento, le había bajado los pantalones y le chupaba su sexo como la noche anterior, esa vaginita que tanto me había encantado de nuevo en mi boca.

Acostamos a Mariana en la cama y yo lamí su sexo, metiendo mi lengua y mis dedos al mismo tiempo, mientras mi hermana se había sentado sobre Mariana, dándole de comer su sexo. Yo chupé, lamí y succioné todo lo que aquella vagina me podía dar, juguitos deliciosos y Mariana se arqueaba conforme yo la hacía sentir placer. Mi hermana también se arqueaba conforme Mariana le mordía la vagina al acercarse al orgasmo. Mientras yo chupaba, le sobaba el trasero a mi hermana, quien estaba a mil, y tuvo un pequeño orgasmo en la boca de Mariana, quien se tragó todos sus juguitos. Yo, por mi parte, había hecho que Mariana se excitara a tal grado, que sus pezones estaban gigantescos, la lamí, hasta que de pronto, tuvo un maravilloso orgasmo que me llenó toda la boca de juguitos.

Ya que las tres nos corrimos, nos preparamos para la mejor parte del día. Mi hermana sacó un consolador que tenía escondido en sus cajones y se lo dio a Mariana. Las dos nos pusimos de a 4 frente a ella, enseñándole nuestras nalgotas y le dijimos: Ahora sí, preciosa, cógenos a las dos, danos todo. Y con toda decisión, ella tomó el consolador y de un sólo tiro se lo metió en la vagina a mi hermana, quien dejó salir un grito de dolor al principio. Yo veía como se cogían a mi hermana, mientras me masajeaba mi vagina. Mariana comenzó un mete y saca con el consolador, mientras mi hermana se apretaba los pechos con fuerza, para desahogar su gozo. Mariana dejó el consolador dentro de la vagina de mi hermana y comenzó a lamerle el ano, con tal sensualidad que me corrí al momento de ver eso.

Metió el consolador dentro del ano de mi preciosa hermana, poco a poco, cachito a cachito, hasta que ella se acostumbró a el y entonces, comenzó de nuevo con un mete y saca frenético, que hizo que mi hermana soltara unas lágrimas de dolor. Vi como mi hermana perdía fuerzas poco a poco y entonces, dejó salir un último grito antes de llegar a su orgasmo. Cayó rendida sobre la cama y Mariana le sacó el consolador. Ahora es tu turno de nuevo, te voy a hacer lo mismo que a tu hermanita- dijo ella mientras me ponía en cuatro. Lamió mi ano un poco, pero esta vez, no dudó ni un poco en meterlo todo de un sólo golpe. El dolor que sentí fue horrible, dejé escapar un grito de dolor, mientras Mariana me agarraba de las caderas fuertemente y comenzaba a metérmelo todo. Fue un dolor intenso, pero muy pronto se convirtió en placer extremo.

Mi vagina se humedeció al máximo y mucho antes de que ella pudiera sacarme el consolador, tuve un orgasmo descomunal y me corrí en su mano, llenándola de mi juguito. Mi hermana y yo nos levantamos al mismo tiempo y tomando el consolador, tomamos a Mariana de las caderas y se lo metimos todo. ¿Querías a tus gemelas preciosa?, pues aquí están las dos, te están cogiendo ahora. Y comenzamos a meterle el consolador en la vagina, Mariana se movía rítmicamente con nosotros y nos contagiaba su sensualidad.

Mi hermana y yo nos besábamos mientras seguíamos penetrando a nuestra amante. Le metimos el consolador hasta adentro, haciéndola pegar un grito de dolor intenso y después, tuvo su orgasmo. Las dos nos encargamos de limpiarle todo y después, las tres nos quedamos dormidas, Mariana con sus dos gemelas desnudas.

Autor: Audrey

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Puerta

Sin estorbos recorrí toda su raja repetidamente con mis dedos, reconociendo su tacto, su humedad y el crecido clítoris; provocando que ella lo agradeciese con deseo, arqueando la cintura y abriendo las piernas con entrega. Introduje con cuidado mi dedo anular en su vagina, despacio, pero sin obstáculos, en contra de lo esperado, por lo que apreté más al perder el temor a dañarla.

Los 22 años de Leti son, francamente extraordinarios. No es demasiado alta, ronda los 160 cm., pero sus proporciones mejoran cada día. Ni demasiado delgada, ni demasiado gruesa. Un cuello fino y largo ante delgados hombros. Senos redondeados y tensos, caderas marcadas bajo una delgada cintura y muslos torneados. De esta manera embutida en sus ajustados y cortos vestidos, despierta el deseo por donde pasa. Lo que añadido a su temperamento pone fuego en sus relaciones.

Ya desde jovencita, fue así. Cuando vino a estudiar a Salamanca a nuestra casa. Su madre, hermana de mi mujer, la envió bajo la tutela de su tía, para que terminase el instituto. Confianza a la que había que corresponder, aunque no resultaba nada fácil, puesto que ya a esa edad, la jovencita, estaba adornada por atractivos atributos que acompañaba de un desinhibido comportamiento en el movimiento y en las posturas me lo hacían complicado. Tenía la costumbre de andar por casa con una camiseta de manga corta que le llegaba a medio muslo y bajo la que solo usaba unas braguitas, dejando que se le notaran los bien marcados pezones a través del tejido, se adivinaran sus nalgas en la caída y el movimiento de la tela, y se transparentasen sus piernas al trasluz. Bastante tenía yo, con guardar la compostura y disimular no darme cuenta.

Aún, no comprendo como Ana, mi mujer, no trató de corregir la situación, pues debería haber supuesto el efecto que causaba. O, quizás si lo sabía, pero lo permitía morbosamente, consciente de que yo mantendría la distancia, pues aunque no tengo nada de puritano, si suelo ser comedido. Lo cierto es que inevitablemente, aquellas visiones me llevaban a la excitación permanente, que muy a menudo notaba en la presión consecuente bajo la tela de mi bragueta. Sobre todo cuando se sentaba con las piernas cruzadas sobre el asiento del sofá enseñando, a pesar de haber comenzado por taparse, las braguitas.

A pesar de mantener una línea de respeto en las formas y de no haber insinuado el más mínimo acoso, no podía evitar fantasear con ella cuando le hacía el amor a mi mujer. Pensar que la tenía en mi brazos y que la penetraba haciéndola disfrutar, de manera desenfrenada, y disfrutando, por mi parte, de su juvenil cuerpo en la misma manera; relacionándonos en lo demás con educación y cortesía, incluso cuando las situación, por familiaridad, se hacía complicada, como es el caso de que se sentase ocasionalmente en mis rodillas, o en ocasiones de proximidad, sus pechos rozasen mi espalda al leer algo por encima de mi hombro.

Todo se empezó a enredar, en cierta ocasión en la que tuvimos que desplazarnos un grupo de amigos, demasiado numeroso, en dos coches pequeños. Un primer grupo con mujeres se adelantaron en uno, y en el otro, las seguimos, quedamos con los más jóvenes. Éramos tantos, que nos tocó sentarnos unos encima de otros, con tal fortuna que Leti fue a hacerlo sobre mis piernas. Eso sí, con su natural desparpajo. Como es natural, me resultó imposible evitar la excitación que me produjo sentir su culito sentado sobre mis muslos. Traté de impedir que se enterase de mi erección encogiéndome de manera que no presionase sus nalgas. Cosa que iba consiguiendo a duras penas a lo largo del trayecto hasta que ella cambió a una posición en la que eludir el roce era imposible. Por lo que durante un rato sentí su trasero sentado encima de mi crecida pija, entre el deseo de que siguiese y el sentimiento de culpa de estar creando una situación de acoso.

Cuando bajamos del coche, en el espacio de tiempo que hubo hasta el retorno, no dejé de mirar su cara a hurtadillas presionado por la culpa y el miedo al rechazo, y aunque nada parecía salirse de lo normal, no podía dejar de pensar que era imposible que no se hubiese dado cuenta de lo ocurrido manteniendo en secreto la acusación y el rechazo, que ya aparecería en distanciamientos. Pero que se iba a hacer, si algo surgía acusaría lo comprometido de la situación. Lo extraño fue, que al volver, ella buscó de nuevo el mismo acomodo que en el viaje de ida, causando, claro está el mismo efecto que la primera vez. Pero, está claro, que en esta ocasión, yo estaba llegando al convencimiento de que también a ella le había resultado placentero el descubrimiento. Por lo que ahora ya no traté de disimular la postura, sino de dejar una posición en la que me pudiese notar si lo deseaba.

Y así fue, su culito se apretaba distraídamente contra mi erección, por lo que al poco tiempo, yo también me apreté contra su trasero sintiendo la presión que estaba ejerciendo en él, obteniendo como respuesta el mantenimiento de la postura, lo que generó más dureza en mi crecido pijo. Todo ello con el disimulo correspondiente a una situación como la referida, en la que sólo ella y yo nos estábamos enterando de lo que ocurría. Pero que no evitó que en un determinado momento, ella apoyada con los brazos en el respaldo del asiento delantero, pusiese su chochito sentado en mi erección. Estaba a punto de reventar cuando maldije el final del recorrido, que dejó en suspenso la alucinante situación.

Tres días pasaron hasta que nos quedamos solos en casa, en los que no cruzamos una sola palabra al respeto, alguna mirada de complicidad y el reconocimiento implícito del deseo. Así, que cuando mi mujer salió de compras ese día dejándonos ante el televisor, fue cuando rompí el silencio, que no sabía cómo interrumpir, este se hacía realmente espeso.

-¿No te gustaría sentarte sobre mis rodillas, mejor que ahí? – Pregunté, como salida, no sin cierto nerviosismo dada la situación, quedando a la expectativa de su respuesta, con cierto temor al fracaso y sus posibles consecuencias, a pesar del grado de seguridad que se había generado por aquel viaje. -Claro. – Contestó también con cierto azaro, que noté en el enrojecimiento de su rostro, pero que no evitó una tímida sonrisa. Quedando no obstante, sentada donde estaba, sin duda paralizada también por esos momentos de tensión.

-Ven, entonces. –Le pedí, animándola a salir de su indecisión. A lo que obedeció, dirigiéndose hasta mí y sentándose como le había pedido. -¡Bien!, así está mucho mejor. -Comenté, dejándola sentada en una de mi piernas, con las suyas entre las mías abiertas, pasándole una mano sobre la cintura para quedar viendo de este modo el programa de televisión, al que ya no prestábamos la más mínima atención a pesar de parecerlo.

La atraje un poco hacia mí, procurando tenerla cerca, intentando reiniciar una situación similar a la ocurrida en el coche. Lo que no tardó en producirse, pues su proximidad produjo el efecto previsto de inmediato, generando el empuje deseado entre los dos cuerpos, al que yo ayudé un poco desplazando mi pelvis, gesto que agradeció manteniendo por su parte ninguna resistencia al empuje. Así estuvimos cierto tiempo, sin atrevernos a más, hasta que, sin haber mediado palabra, por no saber qué decir, y sin mirarnos, con los ojos puestos en una pantalla que no veíamos, poco a poco, comenzamos un ligerísimo y lento movimiento, correspondido por ambos, en una búsqueda de sensaciones. La mía rozarle mi endurecido deseo por su trasero, y la suya sentir su empuje y su tamaño en las nalgas. Mientras tanto, apoyaba yo mi mano por encima de una de sus rodillas, con la que comencé a recorrer su tibia y suave piel, en lentos desplazamientos hacia la cara interior, y ella se acomodaba para dejarle sitio a la caricia.

No sé el tiempo que transcurrió hasta que nos relajamos absortos por el deseo, pero una vez ocurrido, sin darnos cuenta, yo tenía mis dedos dentro de sus bragas notando, sintiendo, su sedosa humedad y ella con un brazo sobre mi cuello y la otra mano, con el brazo extendido, apoyada sobre la rodilla de la pierna en que estaba sentada, mientras movía su trasero, muy lentamente, en círculo de modo que su nalga izquierda estaba masajeando mi paquete. Moví la mano hasta la cinturilla de sus bragas, deseoso de tocarla sin estorbos, y comencé a tirar de ellas hasta quitárselas, con la inestimable ayuda de sus caderas que hicieron los movimientos justos para facilitar su salida. Y después, sin estorbos recorrí toda su raja repetidamente con mis dedos, reconociendo su tacto, su humedad y el crecido clítoris; provocando que ella lo agradeciese con deseo, arqueando la cintura y abriendo las piernas con entrega. Introduje con cuidado mi dedo anular en su vagina, despacio, pero sin obstáculos, en contra de lo esperado, por lo que apreté más al perder el temor a dañarla.

Mis dedos en su coño estaban haciendo el efecto deseado haciéndole mover las caderas al compás de su roce y obligándola a llevar su mano hasta mi bragueta en la que buscó identificar y sentir mi polla a la que se agarró a través del pantalón, deseando reconocer su excitación y su forma, pasando la mano a lo largo de ella ansiosa y repetidamente. Sin duda, su sexualidad, sujeta hasta entonces a sus propias caricias se encontraba sobre excitada por la presencia, por primera vez, del otro sexo, con un resultado diferente al que sus masturbaciones, como se adivinaba por la facilidad de la entrada de mi índice y anular, le habían producido; pues en muy corto período de contacto, su pequeño cuerpo se retorcía de placer al paso de mis manos, runruneando, a la vez, como única conversación.

Comencé a desabrocharme el pantalón mientras chupaba sus duros pezones, erectos sobre dos pequeños senos, duros y tersos, después de extraer del bolsillo posterior un preservativo que dejé sobre la mesita de al lado, y tras abrir la bragueta tiré del pantalón y el slip hasta quitármelo, mientras ella se sentaba al lado en el sofá, sin dejar de mirar mi erección a la que llevó sus manos nada más que las mías volvieron a su chocho y sus pezones. Mientras sus pequeñas manos me rodeaba la polla, casi sin abarcarla, y me movía de arriba abajo desplazándose, arrastrando la piel que descubría, en un pausado, vaivén mi enrojecido glande, le pregunté si le resultaría violento que la penetrase.

A lo que contestó, con cierto rubor, pero con seguridad que le gustaría. Así que con un escorzo, mientras ella se entretenía con una mano recorriendo mi falo y la otra palpando mis testículos, alcancé el preservativo sin retirar la otra mano de su empapada raja, y tras romper su envoltura, comencé a colocármelo pidiéndole que terminara ella de extenderlo. Lo que hizo pasando su mano en repetidas ocasiones desde mi glande hacia abajo con presión suficiente como para que se fuese desenvolviendo, hasta que el recorrido llegó al límite de los testículos consiguiendo que aún se me empinara más de lo que estaba.

Tiré de sus hombros hacia atrás hasta que quedó recostada con la espalda en el brazo del sofá de modo que el cuello lo apoyaba en su parte superior. Empujé levemente sus rodillas hacia los lados y me ayudó separando las piernas que dejó suspendidas en el aire, medio encogidas. Me coloqué entre ellas apoyando mis manos a sus costados con una rodilla en el asiento del sofá y un pie aún en el suelo. Tomé mi endurecido pijo, con una mano mientras me apoyaba en la otra y lo fui orientado hacia su conejito tratando de entrar en el, con su ayuda la punta encontró el sitio y comencé a empujar despacio, pero continuadamente. A medida que entraba su cara esbozó una mueca de dolor y placer. Con los ojos cerrados, el ceño fruncido y la boca entre abierta exhaló un suspiro largo, casi en murmullo, para llegado al fondo, relajar el gesto en una expresión de satisfacción.

En la posición en la que estábamos, arqueé el cuerpo manteniéndome los más profundamente que podía, y alargué mi cuello para alcanzar su boca y entregarle, tras un beso mi lengua, de la que, me sorprendió por inesperado, comenzó a chupar suavemente mientras que sus caderas se agitaban debajo de mi empuje rítmico. Durante un corto período de tiempo fue incrementando el ritmo de su vientre hasta hacerse vivo, y acompañarse de exhalaciones, que del mismo modo elevaban el tono. De repente se abrazó a mi cuello con fuerza apretándose contra mí. A lo que correspondí hundiendo todo lo que pude mi pijo en ella con fuerza hasta después de tensarse como un arco, se relajó de repente, su cuerpo se convulsionó en tres espasmos, abrió los ojos y apareció una espléndida sonrisa en su rostro para decir: -Ahora tú.

La verdad es que no necesité mucho. Tras un pequeño inciso; en el que acomodé mis brazos de modo que apoyado en los codos mis antebrazos pasaban por sus costado bajo los suyos y mis manos se cerraban con la palma hacia arriba alrededor de sus hombros, comencé una serie de embestidas hundiéndome todo lo que podía en ella, que hicieron que el placer se fuese concentrando cada vez más en la punta de mi polla, hasta que reventó en convulsiones soltando el contenido almacenado en mis testículos como una sensación de celofán insonoro recorrió el interior de mi uretra, para quedar después desmadejado sobre su pequeño cuerpo.

Autor: perverso_s

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