El hijo de Patricia

Amor Filial Hetero, Madre e Hijo. Patricia no podría detenerse más, estaba lanzada al placer total, las paredes de su concha se estiraron, hijo, la tienes tan grande, los gemidos acompañaron a Simón en cada embestida de la verga contra la carne de su madre. Patricia respiró vigorosamente, por la excitación tenía los pechos enrojecidos, que apretó contra el pecho de su hijo y las manos fijas al culo empujándolo más dentro.

Read more

Me gusta / No me gusta

Como me cogí a mi cuñada

Infidelidad. Esa hermosura de culito se deglutía mi verga centímetro a centímetro  ella hizo presión para atrás con las nalgas, y se la enterré hasta los testículos, al final dejó de forcejear, estuve como 20 minutos dándole por el culo, no se la saqué nunca desde el primer empujón, mis dedos no dejaban de acariciar su clítoris, se corrió dos veces en mi mano, no daba más y  me volví a venir en su culazo.

Read more

Me gusta / No me gusta

Primeras Experiencias A Solas

Para todo hay una primera vez. Experimenta.

Afuera llovía copiosamente, Kenia llegaba del trabajo en un viernes por la noche. El día, y la semana en general, estuvieron bastante pesados, así que lo único que quería hacer era llegar a su departamento, llenar la tina con sales aromáticas y darse un buen baño relajante, lo tenía merecido.
Llegó hasta el 271 de su edificio y entró, la obscuridad reinaba, sin embargo conocía ese departamento centímetro a centímetro, llevaba mas de 3 años viviendo ahí. Su mano alcanzó el apagador de pared y de inmediato las sombras fueron desterradas, iluminando con potencia el recibidor.
Kenia dejó su bolso en la mesita de café al centro de la salita de estar así como sus tacones, maldijo por lo bajo el tener que usarlos diariamente, pero ahora que sus pies y su espalda estaban libres del yugo de la moda y la formalidad se sintió aliviada, y de mejor humor. Aunque faltaba por liberarse de algunas cosas mas.
Ya en la cocina preparó la tetera con algo de té negro y azahares, el cual calentaría después de su merecido baño, y se dirigió a su objetivo, el cual era como el de la mayoría de apartamentos en el edificio, solo que el de ella y unos cuantos vecinos afortunados, tenía una bañera bastante amplia. Tomó un poco de sales de a lado del bidé y las esparció por la bañera, acto seguido empezó a llenarla con agua caliente. El sonido del agua cayendo sobre el azulejo de la tina la relajaba, siempre tenía ese efecto sobre ella. La tina tardaría unos minutos en llenarse por completo así que fue a la habitación contigua, que era su habitación a desnudarse.
Era un habitación espaciosa con todo bien distribuido, el ambiente olía a su perfume, su maquillaje y a retazos de su intimidad. En una de las esquinas del cuarto, Kenia tenía un espejo de cuerpo completo enfrente del cual se vestía por la mañana y se desvestía por la noche, recorriendo centímetro a centímetro su cuerpo en busca de algún gramo de mas, normalmente no lo encontraba y eso la ponía feliz antes de meterse a la cama, completamente desnuda, por que así se sentía con mas libertad. El roce de las sábanas con sus pezones siempre le había causado un gustillo que no comentaba con nadie, ni siquiera sus amigas mas íntimas; esto también le pasaba con el vello de su entrepierna, pues cuando no lo depilaba le gustaba sentir el roce de la tela con el intrincado valle que custodiaba su entrada, su intimidad.
Su blusa de seda blanca Yves Saint Laurent estaba bastante húmeda por la incipiente tormenta, aunque ya no era así pues ahora llovía a cántaros afuera de su apartamento, y debido a esta humedad, la blusa se pegaba a sus formas revelando unos incipientes pezones reacios a quedarse pequeños y temerosos atrás del sostén. Retiró la blusa después de desabotonarla, acto seguido retiró la falda y las medias de seda también, a juego con la blusa, y se miró al espejo. Así en ropa interior o menos le gustaba estar por el apartamento, al fin y al cabo vivía sola y nadie podía recriminarle tal acto de libertad. Ahora la imagen que le devolvía el espejo era de una mujer de veintipocos, de tez clara, cabello castaño obscuro y ojos claros. Pero que también tenía una figura torneada, la cual era la envidia de muchas compañeras de trabajo por que sin ser escultural, sus senos desafiaban con éxito la gravedad así como sus gluteos, ahora enfundados en una tanga con encajes y transparencias color negra, a juego con el sostén, el cual contenía unos senos bastante prominentes y de formas bastante definidas, rematados por unos pezones claros y ahora desafiantes. Retiró el sostén de su pecho con el rebote de sus senos que esto conllevaba y sintió lo que algunas chicas llaman el alivio del fin del día, y ella sabía exactamente por que. Los examinó y contenta con el resutado acarició levemente los pezones erectos ya por el cambio de temperatura, y, acto seguido bajó su tanga con movimientos diestros, y al hacerlo reveló un pubis despejado, sin un solo vello, y su intimidad levemente húmeda, pues siempre que se examinaba se excitaba un poco. Recordaba que alguna amiga le había confesado,en una plática un poco subida de tono que ella se depilaba el sexo para poder masturbarse mejor, sin que el vello intimo se interpusiera en sus toqueteos solitarios. Kenia nunca lo había comprobado, pero suponía que así debería ser.
Se volteó y el espejo le devolvió una vista majestuosa de sus torneadas piernas, depiladas al igual que su pubis, y rematadas por un par de nalgas bastante firmes y llamativas, las cuales eran las responsables de muchas miradas a lo largo del dia, como se lo había confesado un compañero de trabajo.
Conforme con el resultado que le devolvía el espejo, cosa que en ocasiones no era así, se dirigió al cuarto de baño, donde la tina estaba a punto de llenarse. Cerró la llave del agua y probó la temperatura con el dedo índice. Estaba en su punto; ni muy caliente ni fría. La espuma acariciaba la orilla recubierta de azulejo de la tina, Kenia sabía que cuando entrara en ella se desbordaría un poco de agua, pero le encantaba hacer eso.Introdujo una pierna hasta un poco arriba de la rodilla y consiferó que ya podía entrar por completo, así que lo hizo. En el momento en que el agua acarició su vulva sintió un choque eléctrico en esa parte tan íntima de su anatomía, no sabía por que pero le agradó. Una vez con el agua por arriba de sus senos reclinó la cabeza en el borde acolchado de la bañera y se dispuso a relajarse, las sales olían a pétalos de rosa y canela, su aroma favorito. Empezó frotando sus brazos para retirar el leve sudor que el día había dejado en ellos, lo hacía con suavidad, como desearía que lo hiciera algún chico en ese momento. Kenia nunca había cedido a los placeres del sexo en solitario por que pensaba, erróneamente que el sexo sustituía a la masturbación; sin embargo después de esta experiencia comprobó que no se debe ver a la masturbación como algo aparte del sexo, sino como un complemento para una vida sexual plena.
Llegó hasta sus senos, le gustaba sentir su dureza y redondez bajo el agua, y juguetear un poco con los pezones, sin embargo eran toqueteos muy rápidos con fines únicamente higiénicos, además de la prisa cotidiana al asearse.
Pero hoy nadie tenía premura, nadie la presionaba para que llegara al cuarto para las 8, hoy podía consentirse todo lo que quisiera así que se aventuró a acariciar un poco mas, esos pezones que coronaban orgullosamente sus delicados pero firmes senos. Sus pezones volvieron a ponerse duros lentamente, era curioso sentir eso bajo el agua, pero no le desagradó, al contrario, continuó acariciando levemente, y en ocasiones haciendo una leve presión sobre ellos, acariciaba en círculos y pasaba de los pezones a las aureolas rosadas. El jabón ayudaba a incrementar las sensaciones que iban por momentos hasta su intimidad ya completamente húmeda, parte por la excitación de estimular sus pezones sensibles y parte por que el agua llegaba a sus senos, cubrendo por completo su parte íntima.
Kenia no sabía si continuar pues nunca se había sentido tan excitada acariciando su cuerpo, no sabría que hacer si se excitaba mas, pero quería saber que pasaba y mordiéndose el labio inferior empezó a bajar una de sus temblorosas manos hacia su entrada vaginal, pasando por sus costillas, su vientre y casi al final su pubis, terso como un durazno, y esa sensación se incrementaba con el agua.
Al igual que sus senos, Kenia solía tocar su intimidad para lo estrictamente necesario, pero en cuanto rozó su clítoris, el cual ya se mostraba enhiesto y desafiante, una descarga bastante placentera recorrió su cuerpo desde su sexo hasta la punta de los pies y la punta de la cabeza, pasando por los pezones, los cuales se endurecieron un poco mas.
Cerró los ojos y empezó a fantasear, con algunos chicos que conocía, compañeros de clase y uno que otro amigo, sentir sus gruesas manos sobre sus senos y su sexo, así como su miembro eran fantasías que podía permitirse en un momento como este, mientras frotaba con delicadeza ora sus labios, ora su clítoris, el cual respondía con violentas sacudidas de placer que recorrían su cuerpo como avisando que venía algo mas intenso. Y en verdad estaba por llegar.
Su sexo era virgen de sus delgados y finos dedos, aún así, no presentó mayor inconveniente cuando Kenia introdujo un dedo hasta la segunda falange, y al ver que no pasaba nada mas que sentir gustillo, introdujo todo el dedo, y empezó a meterlo y sacarlo como si de un miembro muy delgado se tratase. Pronto un dedo no fue suficiente y después de alternar su atención a su clítoris enhiesto, se decidió a introducir dos dedos en su excitad sexo.
Las paredes vaginales se sentían tersas y húmedas, eso era nuevo para ella, nunca había sentido su interior de esa manera. Estaba gozando de los placeres carnales de la forma mas íntima posible, pues estas sensaciones no las compartía con nadie, solo ella las podía sentir y eran intensas, tanto que empezó a gemir de una forma recatada, como reprimiéndose.
Pasados unos minutos su ritmo cardiaco era acelerado al igual que su respiración, sentía la sangre galopar desbocada en su rostro, uno podría adivinar que estaba sonrojada con carices de lujuria, y estaría en lo cierto.
Una mano se movía a un ritmo vertiginoso en su sexo mientras la otra deleitaba a sus senos con toques y roces que solo podía conferir una chica.
Su orgasmo estaba cerca.
Cuando ya su mano estaba al borde del quirospasmo torturando su enrojecido clítoris, una sensación muy placentera y violenta que salió de su sexo recorrió por completo su cuerpo, sus muslos se tensaron, su espalda se arqueó y hasta los dedos de los pies se tensaron. Las oleadas de placer recorrían su blanca piel y llegaban a sus lugares mas íntimos. Su mente se desconectó por unos segundos de su cuerpo, mas sus manos prolongaban las sensaciones de placer que tanto le estaban gustando. Sus gemidos debían ser audibles en los pasillos del complejo departamental, sin embargo a ella no era consciente de nada mas que de el placer que sentía en su orgasmo. Era una de las experiencias sexuales mas intensas que había tenido, y lo había logrado solo con sus manos. Jadeante y cansada recostó su cabeza en la orilla de la bañera, disfrutando de los restos de su orgasmo. En ese momento, cuando acariciaba con suavidad ya, su ahora relajado clítoris sonó el timbre.

Me gusta / No me gusta

Me llevaron a esto y me encantó (epilogo y ultima historia)

Holas amigos de Marqueze… Espero que me hayan podido leer en los relatos anteriores, sino háganlo, no tienen desperdicio…

Arrancamos con la primera historia donde entregué mi culito a mi amigo por primera vez, en la segunda ya estaba hecho toda una putita y me cogieron mi amigo y otro más, con una pija increíble… Y en la tercera se desbocó todo en una orgía hermosa donde me hicieron una doble penetración y disfrutamos terriblemente…

El ultimo día que mi amiga estuvo cerca de casa, antes de viajar de vuelta, me llamo mi amigo para que nos juntemos y no me hice rogar… Quería que me cojan, estaba super caliente y toda la semana me estuve clavando en el culo todo lo que encontraba a mano: zanahoria, unos pepinos grandotes…

Quedamos a las 10 de la mañana y fue puntual. Como siempre me dio una bolsita, fui al baño y me puse todo lo que había ahí: tanguita, blusita transparente blanca, tacos altos, lapiz labial…  Cuando salí del baño, estaban en casa mi amiga, su marido y mi chico. No había llegado aún su amigo el más pijudo de todos…

Cuando mi amiga me vió se me acercó, me dijo: “hola mi amorcito” y me besó en la boca. Nos fundimos en un beso caliente y húmedo y comenzamos a tocarnos, cosa que aproveché para sacarle la ropa y tirarla en la cama. Nos cruzamos en un hermoso 69, yo arriba de ella, y comencé a comerle la conchita mientras le dedeaba el culo, cuando siento que su marido comienza a comerme el culo a mí, cosa que sentí y agradecí internamente… Mientras mi chico se acercó a mi por el frente y me dió a mamar su pija… Yo alternaba entre la concha de mi amiga y la pija de mi chico, hasta que esa conchita explotó y acabó en mi lengua.

No tardó mucho en hacer lo mismo mi chico, me llenó la boca de leche y me encantó y me tragué sin derramar una gota.

A todo esto, el marido de mi amiga ya estaba usando mi culo como quería: me estaba clavando un vibrador grandote y me fue poniendo un dedo junto a ese, para arrancarme gemidos y grititos de puta…

-AYYY SIII SIII JUGA CON MI COLA POR FAVOR..!!!!! HACELA TUYA..!!!! AAHHHHHH!!!!!!!!!!!!

-Quiero probar algo con tu culito, me dejás..???

-HACEME LO QUE QUIERAS, ES TU REGALO DE DESPEDIDA..!!!

Me levantaron entre los dos y me pusieron boca abajo, me pararon bien el culito y comenzaron a trabajarme con los dedos de una manera increíble… Sentí que tenía dos o tres dedos de cada uno de ellos dentro del culo, mi amiga comenzó a comerme las tetitas. Ella sabe que cuando me las comen no respondo de mí, así que me desaté..

-METANME TODOS LOS DEDOS, LA MANO, TODOOOOOOOO!!!!!!!!!! AGRANDENME EL CULOOOOOO!!!!!!!

-Ahí vamos, puta hermosa.!! (sentí que me abrían mas, me tiraban aceite, me dedeaban)

No sé cuando sucedió, pero llegó el otro macho pijudo y comenzó a cogerla a mi amiga, mientras siento que mi chico me introduce 4 dedos en el culo y le pido más… Y de a poco fue pasando su mano por mi dilatado ojete… Ahí mis gritos y suplicas no se hicieron esperar…

-AAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH ME ESTAS MATANDO MI AMOOOOOOORRRRRRRRR!!!!!!!!!! A FONDO POR FAVOOORRR!!!!! AAAAAAAAAAASSSSIIIIIIIIIIIIIIIIII!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

El marido de mi amiga me puso la pija en la boca, la cual no podía chupar como quería porque estaba gimiendo y gritando desaforadamente… Mientras mi amiga era clavada por el culo con la pija de 27×7 y gritaba tambien, todo se descontrolaba.. Saqué la pija de la boca y pedí:

-JURAME QUE ME VAS A DAR ASI TODO EL DÍAAAAAAA!!! En ese momento el marido de mi amiga acabó en mi boca y me la tragué como me gusta…

Me estuvo cogiendo con su mano durante un rato largo y cuando estoy por acabar, mi amiga se acerca y me chupa la pija, tomandose toda mi leche. Se me acerca y me besa y me pasa la lechita que tenía en la boca, la cual me vuelvo a tragar… Y al instante aparece el macho pijudo y me llena la boca de leche de su acabada, ya llevaba 4 leches tragadas y esto recién empezaba.

Cuando me sacó la mano, mi culo quedó vacío y necesitado, mi chico me agarró de atrás y me clavó. Yo no sentía mucho por la abertura que tenía, pero parece que a el le gustó porque me avisa que va a acabar, la saca de mi culo y me llena la boca. Ese día estaba predestinado a tomar todo lo que saliera de sus pijas…

Mis piernas ya estaban medio flojas, por lo cual me agarron entre dos y me sentaron en la pija del mas pijudo, ahí comencé a sentir y gozar nuevamente…

-POR DIOS MI AMOR QUE HERMOSA PIJA!!! COGEMEEEE!!! MOVETE, MI MACHO!!!!!

El marido de mi amiga me lubricó y me ensartó la pija junto con a otra y me estub¿vieron cogiendo lo que para mí fueron horas, hasta que de auno fueron acabando, no sin avisarme y darme su leche en la boquita que disfrute en tragarla toda… Mi amiga estaba cogiendo con mi chico y cuando acabó me la dio a tomar tambien…

Estuvimos cogiendo hasta las 7 de la tarde, yo no podía más, casi no me movía, pero ellos se encargaban de sacudirme y llenarme de leche, de pija, de vibradores, me vestían y me cambiaban, para después arrancarme la tanguita o levantarla fuerte para que se me clavara en el culo…

Gocé como una puta hermosa, me volví loco de tanta pija y tanta leche, y terminé contando más de 9 acabadas todas en mi panza…

Ahora arreglé con mi amigo llevarlo al trabajo todas las mañanas, por lo cual estaciono y antes que se baje le como la pija y él se encarga de darme su ración de lechita calentita para mi desayuno. En una de esas mañanas mientras le chupaba la pija, me bajé el pantalón un poco y le mostré la tanguita que llevaba y el vibrador metido en la cola, el lo prendió y me pidió que lo tuviera todo el día puesto… Así lo hice, acabé como 4 veces y se le agotaron las baterías, pero lo disfruté tanto como disfruto su pija cada vez que puedo.

Me volví su puta, hago lo que me pida y eso ME ENCANTA..!!

Me gusta / No me gusta

El ginecólogo

Se desabrochó el pantalón y se bajó los calzoncillos. Ante mi vista apareció el bulto esta vez descubierto. Lo acercó a mí sin dilación y yo cerré los ojos al notar cómo se hundía dentro de mí. Los golpes fueron incesantes, uno tras otro hasta conseguir que yo me corriera. Una fuerte sacudida y un resoplido así como la hinchazón de su glande me advirtieron que él tan bien se estaba corriendo.

Las visitas al ginecólogo no me gustan mucho. Bueno, corrijo, ahora sí me gustan. Os explicaré como se produjo el cambio de opinión. Siempre había tenido una mujer como doctora ginecóloga y confieso, que eso me desagradaba menos, pues para mí, ir al gine es desagradable. Imaginaros el rato que pasamos subidas a ese potro y con las piernas abiertas de par en par un buen rato. Nada agradable, lo dicho. Pedí cita para el ginecólogo en una revisión anual. Me dieron día y hora y lo normal. Me duché, me depilé un poco para estar más presentable y me puse mis braguitas acompañada de una falda. También lo normal, y más, si tenemos en cuenta que mi ginecóloga, no me hacía quitarme la falda. Bastaba con subírmela.

Era jueves por la tarde y llegué a la consulta a eso de las 6,30. No había nadie en la sala de espera, aunque yo estaba citada para las 7 h. Me senté a ojear una revista y en ello estaba cuando una enfermera se acercó a mí y me dijo casi al oído que si estaba esperando para ginecología. Conteste que sí, que estaba citada a las 7. Me dijo que esperara y que enseguida me decía si me podía recibir el Doctor Ramírez.

Me quedé perpleja. El doctor Ramírez. No era ese el nombre de mi doctora habitual, pues ella se llamaba Esperanza Buendía. Antes de que pudiera preguntarle nada, salió disparada hacia la consulta. Con la misma rapidez que entró en ella, salió. Me dijo que el doctor me esperaba. La pregunté qué había pasado con la doctora Esperanza y me dijo que había dejado la clínica. El doctor Ramírez la sustituía y él me atendería. Me temblaban las piernas. Que vergüenza me daba entrar a esa consulta con un hombre allí. No sabía si era mayor, joven o de mediana edad. Yo tengo 28 años y lo que menos deseaba era encontrarme a un ginecólogo de edad avanzada. No me gustaba que tocara mis partes íntimas, pues estaba segura que se recrearía en exceso abusando de su posición.

Se abrió la puerta y un hombre de unos 35 a 40 años apareció ante mi vista llamándome por mi apellido. Asentí y me invitó a entrar en la consulta. Lo hice y me dijo que me sentara. El se sentó en el otro extremo de la mesa y comenzó a ojear una carpeta con papeles, supongo que mi historial. De vez en cuando emitía unos sonidos que  a mí  me parecieron de aceptación y asentimiento. Mientras él seguía hojeando aquella carpeta, me indicó que me levantara y me fuera detrás de un biombo que había a su izquierda, que me desnudara completamente y que me subiera en el potro y me cubriera con una sábana blanca que encontraría allí, en el biombo. El, iría enseguida.

Protesté y le dije que si me tenía que desnudar completamente. El me dijo que sí, que era necesario hacer una revisión completa y eso, como era lógico, conllevaba una citología y una oscultación de mamas. Me dirigí hacia el biombo, dejando encima de la silla mi bolso, de mala gana y un poco asustada. No me gustaba la idea de desnudarme del todo y esperar a que llegara aquel hombre, que si bien era mayor, tenía buen aspecto y parecía agradable aunque muy seco como casi todos los médicos. Y tampoco me gustaba que la enfermera no estuviera allí. Aunque tampoco lo vi anormal, pues con la Dra. Esperanza, ella se ausentaba.

Me situé detrás del biombo y comencé a desnudarme. Primero mi blusa, mi falda, mi sujetador y por último mis braguitas. Deje toda la ropa doblada encima de una silla que allí había. Tomé una sábana pequeña, que estaba doblada, me la enrollé en la cintura y salí de tras del biombo. Llegué al potro sin que el Dr. levantara la vista para mirarme y me encaramé en el potro, con dificultad pero lo logré. A continuación, me cubrí el vientre con la sábana y apoyando los talones en los extremos de la silla, esperé.

El médico no tardó en aproximarse allí, y noté con cierto rubor cómo se fijaba en mis pechos desnudos. Traté de mirar hacia otro sitio pero me lo impidió el tacto de la sábana al ser retirada por él de mi cuerpo. Quedé completamente desnuda, allí, a su vista, y con las piernas abiertas y mi vulva ofrecida. El me dijo que estuviera relajada y tranquila a la vez que me daba unas palmaditas en el interior de mi muslo derecho. Se puso unos guantes y me tomó por la parte inferior del culo para atraerme hacia fuera, de tal manera que mi culo quedaba casi sin apoyo. Se acercó a mis pechos y con los guantes aún puestos, él tocó, despacio, uno a uno, los apretó, los levantó. Yo estaba un poco nerviosa y él lo notó. Me dijo que me tranquilizara, que tratara de pensar en otra cosa.

Yo pensaba que como iba a tratar de pensar en otra cosas, si me estaba tocando los pechos, si estaba allí desnuda ante un hombre que no conocía de nada. Decidió quitarse los guantes, aún no sé por que razón, bueno si lo sé, quería tocarme los pechos sin ellos, quería sentirlos sin algo que le impidiera el tacto en su máximo exponente. Una vez se deshizo de los guantes volvió a tocarme los pechos, palpo, apretó y…acarició. Sí, acarició, yo lo noté pero no dije nada. Se entretuvo en mi aureola, en mis pezones y le cambió el gesto de la cara.

Un tanto violento se alejó de mí y fue a una mesa cercana donde tenía utensilios.  Le vi que tomaba un bote en la mano y un trapo. Lo agitaba y echaba líquido en el. No presté más atención. Dejó el trapo en la mesa y volvió a donde yo me encontraba. Fue directamente a mi vagina. Sin guantes, sin nada en las manos, posó una de ellas encima de mi vello púbico. Yo me retraía y él me pidió que por favor tratara de estar relajada. Noté como su dedo se posaba en mi raja y lentamente lo fue introduciendo dentro. Apreté los labios y traté de estar quieta.

Sacó el dedo y se fue directamente a mi clítoris. Pude notar como hurgaba en el. No dije nada. Dejé que hiciera su trabajo, aunque su trabajo me parecía que ya lo había excedido. Al cabo de unos segundos noté un hormigueo en mi vientre. Los tocamientos a los que estaba sometido mi clítoris dieron un resultado que jamás pensé se producirían en mí. Sentía placer. Si hubiera sido un hombre, mi pene se hubiera hinchado. El lo advirtió.

Abandonó mi clítoris y volvió a introducir su dedo dentro de mi vagina. Ahora lo metía y lo sacaba. Yo no pensaba nada, estaba como alucinada allí, suponiendo que eso era lo correcto, aunque a mí no me había pasado nunca algo así en ninguna de mis anteriores visitas al ginecólogo. En un momento y debido a mi excitación se me escapó un gemido de placer. El lo notó y no se violentó, al contrario, me preguntó abiertamente si sentía placer. Contesté que no sabía.

Si lo sabía, pero no supe que decir. El apoyó una mano en mi vientre y lo apretó a la vez que entraba con su dedo en mi interior y lo sacaba. Definitivamente sentía placer, cada vez más. Me lubriqué y él lo advirtió. Dijo que tenía que tomar una muestra de mi flujo, pero que iba a esperar un poco para que me secara un poco por dentro ¿-? No comprendía nada. Me preguntó si yo fumaba y le dije que algunas veces. Se alejó y volvió con un cigarrillo y me lo ofreció. Me dijo que me lo fumara tranquilamente, que nadie se enteraría y que a él también le apetecía fumar.

Lo tomé, lo encendí y aspiré una gran bocanada de humo que me librara del calor y del sofoco que sentía en mi cuerpo. Agradecí aquel cigarrillo. En aquel momento, le hubiera dejado hacerme lo que él hubiese querido. Estaba sobreexcitada, no sabía que me pasaba. Traté de averiguar dentro de mis pensamientos el por qué estaba tan excitada, que era lo que me había provocado tanta salidez. Evidentemente, los tocamientos a los que fui sometida, pero me daba morbo, si tal vez fuera eso, morbo, me daba morbo ver a un médico allí, delante de mí, tocándome y procurándome placer, aunque todo, desde la más absoluta cortesía médica. O al menos eso creía yo. El no hizo referencias al sexo para nada.

Vi que se acercaba otra vez hasta mis pechos y los tocaba nuevamente. Me dijo que tendría que hacerme otro día, una mamografía, pero que en principio todo estaba bien. No pude evitar ver el bulto que pugnaba en el interior de su pantalón, pues su bata estaba abierta. Estaba empalmado. Le miré a la cara y él me devolvió la mirada sonriendo. No supe descifrar a qué se debía su sonrisa, pero confieso que me violenté un poco más. Se acercó a la mesa y trajo el trozo de trapo que había impregnado con el líquido de un bote, me dijo que oliera aquello, y así lo hice. Olía como a alcohol o algo así, era un olor suave y agradable. Volvió a ponerlo en la mesa y se acercó a mí. Me dijo que iba a ver si ya estaba algo más “seca” e introdujo, lo que me parecieron, dos dedos dentro de mi vagina. Negó con la cabeza. Me dijo que aún seguida muy lubricada.

Yo entré en una relajación absoluta, dominando mi cuerpo, mis pensamientos, pero muy relajada. Le vi que se acercaba con el aparatito que nos meten dentro para abrirnos y extraernos la muestra para la citología. Mis palabras resonaron secas, roncas, como dando órdenes. ¿No irá a meterme ese tubo? Fue todo lo que pregunté. El me dijo que sí, que era necesario, que yo debía saberlo, que era para extraer la muestra para la citología. Que no me haría daño. Trató de penetrarme con el tubo y me quejé a lo que él, se detuvo. Giró sobre sus talones y dejó el aparato en la mesa. Volvió hacia mí, se desabrochó la bata, se la quitó, tomó un  pie y lo ató con una especie de correa al estribo de la silla donde yo estaba, a continuación el otro. Dejó mis piernas inmóviles, no podía moverlas de allí, no podía cerrarlas. Volvió a penetrarme con sus dedos y ahora sí, ahora sentía placer. Un placer intenso.

El miró a mis ojos y yo a los suyos. No dije nada. Se afanó en lo que estaba haciendo y lo desarrolló meticulosamente. Parecía que nos entendíamos con la mirada. Aquella mirada. Tocaba mi clítoris con su dedo y lo presionaba a la vez que introducía otro dentro de mí. Gemía, yo estaba en la consulta del ginecólogo y estaba gimiendo, gimiendo de placer. Nos miramos los dos. Me estaba haciendo una paja el muy cabrón. Me estaba masturbando tranquilamente aprovechando su situación y la mía.

El no lo dudó. Se desabrochó el pantalón y se bajó los calzoncillos. Ante mi vista apareció el bulto esta vez descubierto. Era un pene normal, con alguna cana en su vello púbico. Lo acercó a mí sin dilación y yo cerré los ojos al notar cómo se hundía dentro de mí. Los golpes fueron incesantes, uno tras otro hasta conseguir que yo me corriera. Una fuerte sacudida y un resoplido así como la hinchazón de su glande me advirtieron que él tan bien se estaba corriendo.

Una vez vestida y fuera de la consulta, me puse a pensar lo que allí había ocurrido. No podía imaginar que yo me hubiera dejado follar por aquel médico sin protestar. Lo acepté, me dije, son cosas que pasan. Lo cierto es que me gustó y mucho.

Terminada la visita al ginecólogo y sin decirnos nada de lo que allí había ocurrido, me dio cita para la semana siguiente. Quería volver a reconocerme. Me preguntó si yo tenía algún problema y le dije que no, que lo que él dijera, que la semana siguiente iría otra vez.

Mi segunda visita fue a cosa hecha. Fuimos los dos a follar. Yo lo sabía, y quería. Le dejé que jugara conmigo el tiempo que quiso y luego me satisfizo plenamente. Aún recuerdo su lengua jugueteando con mi clítoris…

Tengo que decir, para terminar, que aún sigo yendo al ginecólogo. Voy a ver a Ramírez una vez cada mes. Es nuestro secreto. Mi marido no sabe nada ni tampoco lo sospecha. Me cita los jueves, parece ser que es la tarde que menos gente tiene, aunque sospecho que no soy la única con la que tiene un lío, pero no me importa. Lo paso bien con este hombre, me gusta dejarme llevar por sus expertas manos y por los preámbulos que monta con sus juegos.

Aquella primera tarde de jueves, cuando fui a su consulta, no podía ni imaginar lo bien que me lo pasaría. De momento nos vale con una vez al mes, en el futuro no sé que pasará. Estamos a gusto y yo espero impaciente el último jueves del mes.

Autor: Coronelwinston

Me gusta / No me gusta

Antes de irte

Te toco, estás durísimo, también estás muy excitado, quiero metérmelo a la boca, chupártelo, besártelo, lamértelo. Que rico sabes, está durísimo. ¿Te gusta así? le doy vueltas a mi lengua en la punta y te lo chupo despacio, si mi amor, como te gusta, así te hago, que rico, te paso la lengua despacio por todo tu pene, por tus testículos, te los beso, te chupo.

…” ¿Ya te vas?  ¿Estás recogiendo todo para irte? ¿Que harás? ¿Vas directo a la casa? ¿Estás muy cansado? quería verte un ratito… si, si… ya sé que no será posible hoy… ¿sabes? estaba recordando lo que hicimos el otro día… que rico, ¿que tal si te sientas unos minutos y lo repasamos? ¿Quieres?  Bueno, tú cierra los ojos y yo te voy recreando la escena”…

Tenías mucho trabajo ese día y yo pasé por tu oficina a verte unos minutos… estabas solo, ya se habían ido todos.

Me dijiste que te sentías estresado, que te dolía el cuello, todo… yo me paré detrás de tu silla mientras tú terminabas un reporte, te empecé a masajear los hombros, la espalda… luego te echaste hacia atrás en tu butaca y yo empecé a besarte el cuello, las orejas… te acariciaba el pecho… me paré frente a ti y te desabroché la camisa.

Nos besábamos rico… me senté en tus piernas y te besaba en la boca, el cuello, el pecho… tú me acariciabas el cabello, la espalda… yo ya te aflojaba el cinturón y el pantalón… tú metías tus manos por debajo de mi vestido y me apretabas con fuerza las piernas, me besabas y me mordías los labios, mi lengua…

Tu lengua daba vueltas dentro de mi boca y contabas con tu punta mis dientes… me chupabas y me mordías la lengua, los labios…

Tus manos están metidas debajo de mi falda agarrándome con fuerza por detrás, tratando de hacer a un lado mi bikini negro, trazando con tus dedos mi hilo dental… yo ya estaba súper excitada, lo sientes…

Metes un dedo y lo deslizas con mi flujo hacia arriba y hacia atrás, quieres meterlo donde más me resisto, lo mojas otra vez con mi flujo y vuelves a intentarlo… ahora me confundes, no sé cual sensación me gusta más, si la de tus dedos en mi entrepierna o tu dedo tratando de entrar por detrás… sigue, sigue, no quiero saber la diferencia… se siente divino…

Te toco, estás durísimo, también estás muy excitado… quiero metérmelo a la boca, chupártelo, besártelo, lamértelo… Mmmm… Mmmm… Que rico sabes… está durísimo… Mmmmm… ¿Te gusta así? le doy vueltas a mi lengua en la punta, te aprieto duro con mis manos y te lo chupo despacio… si mi amor, como te gusta… así te hago… uuufff… que rico… te paso la lengua despacio por todo tu pene, por tus testículos, te los beso, te chupo…

Mmmm… Me quiero sentar encima tuyo… despacio, despacio… se siente tan rico, mételo despacio, ¡sácalo!, mételo otra vez, despacio… muévete un poco… sácalo, agárrame duro las caderas, empújame hacia abajo, con fuerza, empújalo bien adentro… aaahhhh… si, si… duro, duro, dame duro…

Agárrame duro… sácalo… mételo… sácalo… mételo… con fuerza, duro… que me duela… oooh baby, así, así… sigue, sigue, sigue masturbándome con tus dedos y penetrándome así de duro… me encanta… sigue, sigue… uhm, uhm… oooh yes, yes… si, si… Hazlo, hazlo… Aaaaaaaaaah… que rico…

Wauu baby… que divino… arréglate el pantalón, toma, ponte la camisa… yo me voy, hablamos más tarde…

Estabas divino ese día, ¿sabes? siempre lo estás… que descanses mi amor… feliz fin de semana.  Bye…”

Autora: Mimi

Me gusta / No me gusta

Arroyo turbulento

Cuando me di vuelta le pedí que chupara los dedos de mis pies y que subiera por mi cuerpo hasta quedarse con la leche que asomaba en mi pija. Fue obediente y lo premié con una nueva penetración, acompasada con castigo en sus nalgas, con golpes suaves con una varilla, que lo llevaba a cerrar su ano aprisionando mi pene enterrado en su recto. Sentí como una boca que mamaba a mi ritmo.

El arroyo venía crecido, sucio y turbulento por la lluvia y la tormenta que había pasado, pero estaba bien porque habíamos ido a coger, no a bañarnos. No había nadie en el balneario, por lo que cerré la camioneta y nos metimos en el bosque con una lona y un botiquín para emergencias donde yo tengo profilácticos, cremas cicatrizantes, un jabón desinfectante y repelente para mosquitos…

Soy Manuel (35) y me acompañaba Leandro (19). Nos fuimos desabotonando todo a medida que buscábamos un lugar para ocultarnos. Quedamos desnudos y realmente Leandro tenía un buen físico, ejercitado por el trabajo de campo y las pajas que se mandaría con Alejandro (20) y Tomás (18). No tuve que sugerir nada porque su lengua lamía mis huevos y mi agujero frenéticamente. Le puse un condón en su pija que parecía un mástil y no necesitaba ni que la tocara. La saliva fue el lubricante y entró sin dolor en mi culo, hasta que sentí la necesidad de ir de cuerpo…Leandro era una máquina de buen ritmo para entrar y salir de mi culo, aunque no tenía romanticismo. A los quince minutos, mi agujero ardía y yo tenía que cagar. Esto tampoco era romántico, pero cumplía con la necesidad que no siempre dicen los homosexuales. Quizá porque no éramos gays, sino chicos, sin chicas para coger.

Cuando regresé Leandro estaba desnudo boca abajo y jugaba con las cosas del botiquín.  Saqué la pomada y me puse unos guantes de látex que llevo para los accidentes. Estaba muy caliente su agujerito por lo que le di rápido tratamiento con un dedito, dos, tres, cuatro y sus gemidos de dolor y gozo. Mi pija estaba tiesa y los 21 cm. no eran despreciables por lo que le pedí que se sentara sobre ella, mirándome para que pudiera ver su carita aniñada cuando mi mástil desaparecía entre sus nalgas. El mismo controlaba su movimiento, ya que yo estaba acostado boca arriba. Mi glande o cabeza de pija es grande, pero cuando vence el anillo o esfínter deja que la pija entre hasta los huevos.

Después de un rato, agotados por el calor y el esfuerzo, nos acostamos sin movernos para recuperarnos.

-Me gustó que me dilataras con los dedos -dijo Leandro -pareces un maestro. Necesitaba que me abrieran ya que hace un tiempo que no lo hago y a veces en el apuro, Alejandro me desgarra con lo que me sale algo de sangre y me duele varios días. -Es práctica cuando el sexo se hace con alguna seguridad -respondí. Por ejemplo, no se deben iniciar chicos ya que se los puede lastimar y no saben cuál es el límite. Creo que Tomás es muy joven y por eso no debe hacerlo.-Te equivocas, ya que fue Tomás el que me pidió que lo dejáramos entrar a nuestro club secreto de pajas y cogidas -me respondió.-Aunque te lo pida y quiera ser iniciado, debe esperar a tener una idea clara de lo que es amar o tener sexo -dije. -No sabía -pero lo íbamos a hacer en el galpón cuando llegaron ustedes con el tornado. Creo que Alejandro y yo lo hacemos porque no tenemos novias o chicas aquí.

Cuando tengamos, posiblemente dejemos de hacerlo y cojamos mujeres, aunque te digo que recién, cuando me empalaste con tu pija, me encantó. Sentí como si mi culo fuera una concha caliente. Leandro encendió un cigarrillo y fumaba lentamente mientras con un palito trataba de levantar del suelo al profiláctico que yo había usado…mi leche estaba dentro, pero por fuera se veían sucios unos 19 cm.

-Cómo hay que hacerlo bien y con seguridad -preguntó Leandro dándose cuenta que le faltaba conocer algunas cosas más.-Es difícil explicar cuando uno tiene ganas de coger. -Pero bueno que uno se relaje y si es posible, antes de ser penetrado, haya evacuado la caca y los gases. Así no hay tensión cuando se va abriendo el agujero con una crema y los dedos. El ano y el recto se preparan, bien lubricados, para el entra y sale de la pija de un macho.

-Con Alejandro hacemos el vuelta y vuelta -pero yo prefiero que él me trabaje el culo -comentó pensativo Leandro. Muchas veces, cuando vemos películas subidas de color, vemos unas erecciones de novela y unas cogidas increíbles después de usar “chiches” o dilatadores o vibradores. -Sí. Algunas veces son de película y otros ayudan para dilatarse ya que uno puede controlar cuánto se mete y cómo…en eso es mejor que la pija que uno quiere clavarla y mandarla al fondo sin esperar que la pareja esté preparada. Es algo que los dos o los que sean deben gozarlo juntos. -Me gustaría una fiestita así ya que estás por aquí.

Le diría a Alejandro y a Tomás, ¿qué te parece?  -propuso Leandro. -No sé. Tendría que conseguir algunas cosas para que lo que hagamos les sea útil  -dije con ganas de volver a coger a Leandro a quien había puesto, acostado de costado, para que fuera más fácil conversar, detener mi bombeo y volver a empezar.

A los 20 minutos, Leandro me rogaba que lo coja fuerte, profundo y rápido. Abría las piernas y hasta los dedos de los pies, mientras que sus manos arrancaban los yuyos del borde de la manta. Terminé dentro de él y nos quedamos abrochados, quietecitos un buen tiempo, hasta que mi pija se achicó y dejé que saliera de la cuevita de Leandro. Después, él comenzó a besarme por todas partes: la boca, las orejas, la nuez de Adán, la espalda, las nalgas y mi agujero…

Cuando me di vuelta le pedí que chupara los dedos de mis pies y que subiera por mi cuerpo hasta quedarse con la leche que asomaba en mi pija. Fue obediente y lo premié con una nueva penetración, acompasada con castigo en sus nalgas, con golpes suaves con una varilla, que lo llevaba a cerrar su ano aprisionando mi pene enterrado en su recto. Sentí como una boca que mamaba a mi ritmo.

-Ya es tarde y tenemos que volver -dijo Leandro. Tengo que prender el fuego para el asado de esta noche. Espero que te quedes, aunque no hay hotel, ni residencial en mí pueblo. Hablaré con mis viejos para que te puedas acomodar en mi pieza, como hacen mis primos cuando nos visitan.

La propuesta no era mala y por primera vez, me di cuenta que el tornado nos había dado otras oportunidades en ese pueblito perdido entre campos de soja y trigo. Nos limpiamos cerca del arroyo y enterramos los cuatro profilácticos que habíamos usado para que no anden flotando en el agua o enciendan la curiosidad de otros chicos inocentes. Este lugar era el balneario natural de las familias del pueblo y no pretendíamos que supieran que era un escondite, mejor que el galpón que ahora no tiene techo, para encuentros amorosos. El balneario no es sólo para bañarse, como la cama no es sólo para dormir, sino que lo diga Leandro quien se masajeaba lentamente su culito un poco dolorido.

Autor: Patricio

Me gusta / No me gusta

Mi borracha soledad

Oleadas de placer guiando las entradas y salidas de mis dedos cada vez más rápidas, un grito que se va desencajando y la explosión liberadora me recorre, mil descargas eléctricas rondando mi cuerpo y siento que voy llegando, que desde lo más profundo de mí va saliendo ese grito prolongado mezcla de dolor y el placer arrancado por tu ausencia.

Aquí sentada rodeada de objetos inanimados, tan fríos y sombríos como la propia expresión de mi rostro. Sintiéndome tan sola, desorientada y a la deriva. Quemándome en el interior del más primitivo deseo por tí, que no estás. Tengo un grito atravesado en el pecho y grandes deseos de llorar, pero mi rostro continúa fríamente sereno, incapaz de generar emoción alguna. Mis ojos secos, mi garganta muda, quizá no pueda llorar más, quién sabe si hasta esa capacidad he perdido o me la han quitado. No sé…no quiero saber.

Luego de colgar contigo caminé desnuda hasta mi sala, botella de tequila en mano, me senté en el suelo a intentar pintar lo que estoy sintiendo. Quiero exorcizar, sacar, destruir o mandar a volar toda la rabia, el dolor, los celos y esta maldita pasión por ti que me está consumiendo. Sin embargo, hoja tras hojas es un fallido intento. Ningún trazo, ningún color logra reflejar esta mezcla de sentimientos explosivos. Por tí estoy aquí sentada, con la piel fría y el pecho ardiendo, bebiendo tequila y hablándole al silencio…intentando llorar por ti.

Eh…tú…dime… Contéstame ¿Cómo dibujo ese grito intenso, largo, salvaje, vehemente, atormentado, puro, maldito y sagrado que llevo atravesado en el pecho? ¿Cómo con colores y trazos, ilustro ese grito agónico que revela la más absoluta e incomprensible soledad? Si pudieras contestarme eso, si alguien pudiera contestarme y liberarme de tí. Mientras bajo un trago del amargo y ardiente licor, comienzo a pintar mis pies del más profundo rojo.

Disfruto del cosquilleo que hace el pincel en mi piel y del vago mareo que el tequila provoca en mí. Como en una sensual danza voy trazando líneas en mis piernas, me encanta sentir el frío de la pintura bajar en leves chorros desde las rodillas hasta el interior de mis muslos. Mientras, recuerdo tu sonrisa y recojo la pintura con el pincel y mis dedos para esparcirla desde los muslos hasta las caderas, recorriendo lentamente mis ingles de arriba hacia abajo.

¿Dónde estás ahora que te necesito tanto? Suelto el pincel, quiero pintarme con los dedos y pienso que son tus manos las que recorren mis nalgas apretándolas levemente, haciendo círculos. Sumerjo completamente mis manos en el bote de pintura negra. Disfruto sentir su espesura cuando la esparzo sobre mi vientre, dibujando el camino de la lujuria y el deleite hasta mi monte de venus, camino del solitario deseo.

Estoy palpitando por ti, recordando tu mirada triste y enigmática y mis ganas de verte feliz. Rodeo con las manos mis senos, enmarcándolos, tiñendo de negro los sonrosados pezones. Mil sensaciones recorren mis pechos, con cada caricia piden más, y la impúdica danza de mis dedos se va haciendo en cada segundo más salvaje.

Tendida en el suelo, junto y separo mis piernas, gozando de sentir como continua resbalando libremente la pintura por mi piel. Acaricio mi cuello y mis hombros, abrazándome y recordando tu olor, y tu manera despechada de beber por ella. Yo bebo por tí, por mis ganas insatisfechas de tí, busco el tequila y me doy un trago directo de la botella dejando que un nuevo chorro baje entonces desde mi boca hasta el pecho y descienda lascivamente hasta mi sexo ya húmedo por ti.XOX1

Pinto tu rostro en el mío, es el contorno de tus ojos y tu boca el que siguen mis dedos merodeando en mi perfil. Mi clítoris erecto, insoportablemente sensible sintiéndose tan solo como yo, me reclama atención palpitando salvajemente.

Mis dedos llegan hasta el rodeándolo con ternura, y me estremezco de puro gusto. Lo frotan suavemente en candente ritmo como bailando al son de tambores africanos, mis caderas se unen a su danza, restrego con fuerza el sexo hacia mi mano, buscando…pidiendo…luchando por conseguir más placer. Mis nalgas chocan contra el frío suelo, y de mi boca van saliendo suaves gemidos cuando con mi otra mano acaricio mis pechos y vientre resbalando por mi piel mojada de pintura y alcohol.

Necesito más, mucho más, aumentar el ritmo, dejarme llevar por la danza…los tambores retumban en mi cabeza los puedo escuchar llenando esta habitación. Froto las paredes de mi vagina, me penetro con dos dedos y a la velocidad del rayo el éxtasis recorre mi espina dorsal.

Me muevo en total abandono y frenesí viendo uno y mil cuerpos danzando alrededor de una hoguera, contorsionándose como el mío al ritmo de tambores. Gemidos hechos canciones, mientras en mi interior se va librando una guerra sin cuartel y mientras lo comprendo todo. Aquí a través de mí te voy amando a ti, queriéndote inventar un nuevo mundo a fuerza de colores, trazos y versos. Esta es mi lucha por ti sin que te des por enterado…y entones se retuerce mi cuerpo ante la final llegada del placer.

Oleadas de placer guiando las entradas y salidas de mis dedos cada vez más rápidas, mis pechos tensos…un grito que se va desencajando y la explosión liberadora me recorre, mil descargas eléctricas rondando mi cuerpo y siento que voy llegando, que desde lo más profundo de mí va saliendo ese grito prolongado mezcla de dolor y el placer arrancado por tu ausencia.

Es entonces cuando en mi borracha soledad, desnuda, húmeda y satisfecha, puedo al fin… llorar por tí.

Me gusta / No me gusta

Encadenándome con la señora empleada

Yo aún no quería terminar, aguantaba por la masturbación, así que después de que ella terminó la volteé, ella me miraba de una manera bastante extraña, mezcla de sorpresa, alegría y excitación, me acerqué y la besé, ella me correspondió, comencé a chupar sus tetas, mientras empecé de nuevo a meterle mi verga en su vulva, esta vez me movía sin sacar mi pene de su caliente conchita.

Esta historia ocurrió cuando tenía 18 años, para ese entonces me encontraba de vacaciones, era enero, y en ese mes, aquí en Lima – Perú hace un calor insoportable, más aún por cierto fenómeno atmosférico que ocurría por aquel entonces. Mi madre se encontraba hospitalizada por un problema de salud, una operación a la vesícula, mis hermanos estaban trabajando al igual que mi padre. Un día domingo por la noche, mi padre nos dijo que había contratado a una señora, amiga suya, para que venga a lavar la ropa y ha asear la casa (yo recién había ingresado a la universidad y me tenían aún consentido). Mis hermanos asintieron y yo feliz de la vida. Mi padre me dijo que tenía que quedarme toda la mañana cuidando la casa porque de todas maneras había que tener cuidado con la señora, no vaya a ser que se robe algo.

Al día siguiente mi padre me levantó temprano, a las 7 AM. para presentarme a la señora, se llamaba Matilde, parecía de unos 37 años, era de contextura llenita y medía más o menos 164 cm., me sorprendió sus grandes y voluptuosas tetas y su trasero redondo y también grande, que además sobresalían ya que usaba un polito largo, pero algo ajustado y una falda de paño, de las que usan las señoras, pero también ajustado. Bueno, después de la presentación, y de algunas bromas pues yo acostumbraba dormir hasta las 11 AM. Por esos días, estaba de vago pues, mi padre se fue, la señora se fue al patio a lavar la ropa que ya estaba seleccionada y yo me dispuse a ver televisión. Ese día no paso nada, ni siquiera hablamos mucho, ella se fue a las 12 del mediodía y yo me fui a comer a la pensión que tenía.

Al siguiente lunes, Matilde vino de nuevo, pero esta vez mi padre ya no me levantó, me dejó dormir. Debo contar que mi cuarto queda exactamente al frente del patio, y por el calor yo dormía solo con mi calzoncillo y con la puerta abierta para que entre el aire del patio. A eso de las 9 AM, me di cuenta que Matilde daba miradas de vez en cuando a mi cuarto, y yo entre sueño y sueño miraba para ver que hacía. La veía lavar la ropa, dando la espalda a la puerta de mi dormitorio, así que veía el vaivén de su trasero en cada sacudida de ropa, además de un par de veces ver como se agachaba a recoger la escobilla, quedando de perfil, dejando a mi vista sus tetas que se traslucían por su polito mojado.

Todo aquello me produjo una erección, había acabado de lavar toda la ropa y que se disponía a limpiar el piso de la casa, a lo que asentí, yo estaba echado en el sofá viendo TV, entonces ella se acercó con la aspiradora y comenzó a limpiar la sala, que era donde yo estaba, yo apagué la TV por la bulla y me puse a leer, mientras que de reojo veía los movimientos de Matilde, esta sí que era una mujer de provincia, por el rostro, no era tan bonita, pero tenía un cuerpo muy bien formado, cuando se agachaba veía bajo su polo el inicio de sus tetas, así como podía apreciar mejor su redondo trasero, eso me iba poniendo más excitado a cada minuto que pasaba. Yo ya no aguantaba, pero como ya he dicho en un relato anterior soy demasiado tímido como para intentar algo, así que me levanté y me fui al baño a masturbarme, imaginándome a Matilde en mi cama, solo con su calzoncito, imaginándomelo amarillo y húmedo, sus tetas, me volvía loco de a poco esa señora, terminé en un chorro de leche caliente sobre el lavatorio.

Para el siguiente lunes yo hice un plan para intentar algo con Matilde, estaba esperando excitadísimo toda la madrugada del lunes que sean las 0700 para que venga Matilde. A las 0900  me levanté y vi que Matilde ya estaba lavando la ropa, como siempre estaba con su falda de señora, color marrón, pero apretada, seguramente porque como ya dije ella es llenita, llevaba también una blusa esta vez, de color blanco. Me dispuse a realizar mi plan, estaba totalmente excitado pensando en mi plan. Saludé a Matilde desde mi cama, diciéndole que hacía mucho calor, a lo que ella me dijo que si; que por que no me levantaba ya.

Yo le contesté que estaba echado solamente y que el airecito del patio me refrescaba; también le pregunté si podría hacerme el favor de limpiar mi cuarto, a lo que ella se rió y me dijo que era un vago, le pedí por favor, que estaba de vacaciones y otras tonterías más, ella me dijo que lo haría. Yo le di las gracias, y me quedé allí en la cama, esperando que limpiase mi cuarto en ese mismo instante; ella me dijo desde el patio que aún le faltaba lavar más ropa, pero que las dejaría remojando así que limpiaría mi cuarto en ese mismo instante, yo me excitaba cada vez más viendo como mi plan daba resultado.

Matilde entró a mi cuarto y empezó su labor, yo estaba medio tapado en la cama, entonces le empecé a preguntar si era casada, me dijo que su esposo estaba de viaje y que no le mandaba nada de dinero, que tenía una hija de 13 años, que estaba en su casa. Yo le dije que debe de ser difícil estar así, madre soltera, ella me daba la razón, todo esto sin dejar de limpiar mi cuarto, entonces ella comenzó a preguntarme que iba a estudiar y en donde, yo le respondía, mientras que me iba soltando de la frazada que me tapaba, quedando casi expuesto mi miembro.

Matilde en eso se sentó a un lado de mi cama para limpiar mi mesita de noche, yo me aventuré a acercarme un poquito a su trasero que estaba a centímetros de mi pene, pero con mi calzoncillo claro, mientras seguíamos conversando de su tierra natal, cada vez me acercaba más a ella, y como no me decía nada, yo seguía. En eso Matilde se mueve un poquito hacia atrás sentándose casi sobre mí, ahora si estábamos pegados, yo no dije nada, me quedé mudo, ahora sí que estaba excitadísimo, y mi pene empezó a escaparse de mi calzoncillo, la cabeza de mi pene estaba recostado sobre su trasero, separados solo por su falda, la señora no me decía nada, era imposible que no se diera cuenta de lo que pasaba.

Ella se movía para limpiar el velador, y yo la seguía con la mirada, mi pene se fregaba con su culo, ella no decía nada, solo sonreí, me atrevía a más, le acaricié sus pechos, bajé, levanté su falda, no tenía ¡interiores! , vi vagina, sus labios, comencé a abrirlos y pude ver su interior rosado, húmedo y brilloso. Yo la acariciaba con mis dedos, estaba enloquecido por el olor que su vagina emanaba. Ella se paró y sin más se sentó sobre mí, pude sentir un enorme calor en mi pene, veía sus tetas queriendo salir de su brassier, le susurré que se sacara su brassier, ella lo hizo.

Las sensaciones me embriagaban, veía sus pezones marrones, casi negros y enormes moviéndose al compás de ella, el calor infernal que sentía mi pene, y su falda que tapaba el acto de mete y saca que estábamos haciendo, no me pude resistir y comencé a soltar chorros de semen dentro de la señora Matilde, ella cuando sintió esto empezó a hacer unos gestos que eran mezcla de placer y gozo, mientras que con sus manos me arañaba mi pecho, fue una corrida fabulosa, ella me pidió que no se la sacara aún, que quería sentirla adentro un ratito más, estábamos sin movernos, ella sobre mi simplemente.

Después de unos minutos nos levantamos, ella se vistió y yo fui a asearme, después ella hizo lo mismo. Luego fui a arreglar mi cama, Matilde se puso a hacer su labor, lavar, cuando salgo de mi cuarto no me resistí al ver como se movía para lavar la ropa, me acerqué por su espalda y comencé a moverme al compás de ella mientras mis manos la abrazaban acariciando sus tetas, ella me decía que ya no joven, que se le hacía tarde, yo no hice caso y comencé a besar su nuca, mordisquear sus lóbulos, Matilde ya se dejaba hacer, así que la llevé a mi cuarto de nuevo, pero de una manera bastante extraña ya que caminaba detrás de ella siguiendo besándola y sacándole su blusa, parecía que hacíamos un trencito.

Cuando llegamos a mi cama la eché boca abajo, ahora sí que estaba bastante consciente y comencé a sacar toda su ropa, dejándola desnuda por completo, le besaba su espalda bajando lentamente hasta llegar a su trasero, le besé sus nalgas, y a explorar con mi lengua todo lo que encontraba entre aquellos enormes cachetes, además de acariciar su vulva con mis dedos, ella sorprendentemente no se quejaba de nada, se dejaba acariciar su ano sin ninguna queja, más bien todo lo contrario, gemía débilmente. Yo me desvestí rápidamente y me eché sobre ella, dirigiendo mi pene a su vagina, esta vez era yo el que tenía el control, empecé un vaivén furioso de mete y saca, a la señora parecía gustarle, ya que mi pene a cada salida se veía más brilloso por los fluidos que de ella brotaba.

Después de estar en esa posición por un largo rato ella empezó a insultarme, diciéndome también que no parara por favor, sentí claramente cuando ella terminó, me mojó hasta mis bolas. Yo aún no quería terminar (aguantaba por la masturbación, lo descubrí luego), así que después de que ella terminó la volteé, ella me miraba de una manera bastante extraña, mezcla de sorpresa, alegría y excitación, me acerqué a su rostro y la besé, ella me correspondió, era raro, pero nunca nos habíamos besamos, comencé a chupar sus tetas, mientras empecé de nuevo a meterle mi verga en su vulva, pero esta vez me movía sin sacar mi pene de su caliente conchita; y además de esto le chupaba desesperadamente sus enormes tetas, esto a ella le gustaba muchísimo ya que agarrándome de los cabellos empujaba mi rostro a sus tetas.

Después de estar así por un buen rato sentía en mi paladar un sabor dulzón de sus tetas, y de pronto ella empezó a moverse hacia arriba, parecía una loquita, sintiendo junto al sabor parecía que lo único que la sostenía era mi pene, me pidió que se la sacara, le dolía demasiado, así que así lo hice, pero le dije que yo aún no acababa así que ella se puso en posición de perrito y me dijo que ahora si le rompiera su culo, a lo que yo sin más ni más me dispuse a hacerlo, a la tercera embestida, ella me acariciaba con su mano mis bolas, haciendo que termine en todo su ano, realmente fue una experiencia gloriosa con la señora Matilde.

Luego nos quedamos un momento echados en la cama abrazados, ella me decía que hace mucho su esposo la había abandonado en realidad, y estaba bastante deseosa de sexo, después de descansar nos duchamos, juntos, pero yo ya no tenía fuerzas para nada, así que ella me lavó todo, y yo a ella, sin tener sexo en la ducha, solo acariciándonos, nos vestimos, yo me fui a ver TV y ella a terminar de lavar.

Algunos días de semana me daba mis escapadas a casa de Matilde, en las tardes que era la hora que su hija se iba a jugar, repitiendo muchas escenas de sexo, y todos los lunes también, claro, hasta que mi madre volvió a casa y solo lo hacíamos de vez en cuando, pues nos podía atrapar, ella me comentó cierta vez que su edad era 43, parecía bastante menos. Nos vimos hasta que ella se tuvo que ir a vivir a Chachapoyas con unos familiares. Bueno este fue mi relato queridos lectores, espero que les haya gustado, ya saben mi nombre es Javier y tengo actualmente 23 años, espero  sus comentarios.

Autor: Javier

Guarda un buen video en tu PC, luego nos cuentas http://www.videosmarqueze.com/

Me gusta / No me gusta