Mi Demonio

Yo no quería otra cosa en el mundo de sentir esa maravilla dentro de mí y él comiéndome enterita. Me dio un beso que sonó en mi cerebro, estaba muy caliente, agarré su polla con mi mano, despacito, subía y bajaba. Él quería hacerme suya, así que decidí sentarme encima de él, me fui metiendo su verga poquito a poco, sintiéndola, llenándome enterita y mi hambrienta cuevita se la deglutió.

Me llamo Paula y vivo en una pequeña ciudad de española. Tengo el pelo negro, rizado, unos ojos azules grandes y he de decir que no soy ninguna modelo de portada, más bien normalita, pero a lo que voy.

Todo empezó hará 7 años en octubre, entré en un chat para pasar el rato y conocí a alguien, un chico bastante mayor que yo, que en ese momento me pareció un chulito engreído, pero seguimos charlando durante un periodo de tiempo, hizo que cambiara de opinión, por lo que nos dimos nuestros correos electrónicos y así conocernos, todo hay que decirlo que hoy en día, es mi gran amigo, mi confidente y, mi amante.

Las conversaciones iban subiendo de tono, siempre eróticas, las cosas que nos haríamos y demás, alguna vez que otra nos poníamos la webcam y las llamadas telefónicas aumentaban, llegó un momento en el que era una necesidad encontrarnos, vernos cara a cara, tocarnos, olernos, y ese día, después de muchas dudas por mi parte, llegó.

Esperó a que yo saliera del trabajo y quedamos en un bar, yo estaba como un flan, nerviosa, me había puesto una camiseta blanca con escote, que él decía que le gustaba (me la había visto por la cam), allá fui. Él acababa de llegar y se pidió una cerveza, yo inmediatamente después, entré, le cogí por detrás de la cintura, y me miró, no sabía ni dónde meterme, le di dos besos y me sonrió, no podía hacer otra cosa que mirar hacia el suelo, ¡qué horror, con mis 27 años y estaba muerta de vergüenza! Él lo comprendió, porque yo ya le había dicho que era tremendamente tímida.

Hablamos de banalidades y decidimos irnos a una venta que había por la carretera, más tranquila, donde tendríamos más intimidad. Nos fuimos, tomamos otra y ahí me besó en la comisura de los labios, me encantó, pero a la vez, me entró pánico, terror… me dije: “Paula, espabila”. Acabamos las consumiciones y salimos fuera, nos metimos los dos en mi coche, me dio un beso, dos, tres, hasta que yo accedí y abrí mi boca para dejarle que su lengua jugara con la mía y así pasamos un rato, hasta que él me miró y me dijo que le encantaba mi olor, era como él se había imaginado, el tacto de mi piel le volvía loco, no podía más, quería hacerme suya, pero ¿dónde podíamos ir? Uffff ¡Me quedé muerta! Como no lo hiciéramos en el coche, difícil.

Ahí, mi terror, floreció, me negué en rotundo, él estaba muy excitado, pero a mí me podía la razón más que el placer. Aunque nos seguimos proporcionando caricias y besos, durante un rato, a riesgo de miradas indiscretas que hacían que yo permaneciera alerta y en tensión por lo cuál, no me dejaba llevar por el roce de sus manos en mi pecho que me ponía los pelos como escarpias, de repente, paré de golpe y le dije que se fuera. Como es normal, se enfadó, me dijo que si era lo que quería, que él se iría. Fue todo un caballero.

Alrededor de una semana pasó sin tener noticias el uno del otro, hasta que él, dio el primer paso y me habló, todo volvió a la normalidad, seguimos conversando por mail, por MSN, por teléfono, hasta que un día me dijo de quedar, que tenía libre, así que me eché a las armas y le dije que sí, que haríamos parecido al otro encuentro, primero a tomar algo y después…. ya pensaría algo. Pasó una semana, y llegó el día clave, yo estaba otra vez muy nerviosa pero quería estar con él, me apetecía sentirle, me sentía protegida ¿Por qué no?

Me pasé todo el día esperando su llamada, y después de estar pendiente del móvil, llegó, yo había preparado todo, la lencería, la ropa, la depilación… todo. Llegamos al bar y la verdad que yo estaba más relajada, todavía no se por qué. Cuando acabamos las consumiciones, me dijo: “Paula, y ahora ¿qué has pensado?” Le dije:

“Sígueme con el coche y no preguntes” Nos fuimos a un paraje alejado de la ciudad como a unos 15kms donde yo sabía que las parejas iban a retozar, pero no sabía lo que nos encontraríamos puesto que eran las 7 de la tarde, así que yo iba por inercia, pero a la vez dudaba. Aparcamos en una especie de descampado y nos bajamos del coche. Me abrazó por detrás y me besó el cuello, sabía que eso me ponía cardíaca. Me agarraba con fuerza, quería que yo sintiera su respiración, me di la vuelta como buenamente pude y le di un beso, se me quedó mirando sin decir nada, sólo se limitaba a sonreír, hasta que le dije:

“Niño no me mires tanto que me da más vergüenza” ¿No tenía otra cosa que decirle? ¡Otro ataque de vergüenza!, me senté en una piedra y él vino hasta a mí, se metió entre mis piernas, a él, ya se le empezaba a abultar el pantalón que llevaba… se apretó contra mí y yo notaba cómo crecía, me encantaba… me estaba dejando llevar, nos empezamos a besar, con pasión, sin prisa pero sin pausa, me besaba el cuello, me metió las manos por debajo de mi camiseta y yo por debajo de la suya, qué suavidad. Ya estábamos los dos perdidos, así que cogí el toro por los cuernos y me lo llevé a la parte trasera de mi coche, nos sentamos, de lado, y nos empezamos otra vez a besar, dirigió sus manos a mi pantalón para desabrochármelo, siempre despacio, como pidiéndome permiso, yo sólo le hacía gestos de aprobación.

Le ayudé a quitarme el pantalón, quedándome sólo con el tanga y la camiseta, pasándome la mano por la rajita, encima de mi tanga, ¡madre mía! pensé que me iba a dar algo, me ruboricé y él se rió, estaba muy húmeda ya. Separó el tanga, y me rozaba con sus dedos, yo gemía, cerraba los ojos, qué placer. Me quitó el tanga, me agarró por la cintura colocándose entremedias de mis piernas, me asusté, no pensé que lo fuera a hacer, pero… en un tris, hundió su cabeza en mi rajita. Jamás había sentido algo así, nunca me lo habían hecho de esa manera, su lengua jugando con mi clítoris, haciéndome gemir como una descosida… de vez en cuando me besaba, haciendo que probara mis jugos, otras veces me metía uno o dos dedos en mi hoyito, luego me los daba a degustar, como si fuera una piruleta, un manjar.

Me tenía fuera de sí. Él todavía estaba vestido, así que me dispuse a quitarle el vaquero, su miembro estaba durísimo, deseable, yo no quería otra cosa en el mundo de sentir esa maravilla dentro de mí y él comiéndome enterita. Me dio un beso que sonó en mi cerebro, estaba muy caliente, agarré su polla con mi mano, despacito, subía y bajaba, ya estaba muy, pero que muy excitado. Él quería hacerme suya, así que me decidí a sentarme encima de él, de rodillas, me fui metiendo su verga poquito a poco, sintiéndola, llenándome enterita y mi hambrienta cuevita se la deglutió.

Empezó a moverme despacio, notando cómo entraba y salía, cogiendo ritmo, así nos tiramos un buen rato, sintiendo los sudores del uno y del otro. Yo estaba ensimismada cuando de pronto. ¡Un coche aparca al lado del nuestro! ¡Qué susto! Menos mal que los cristales estaban completamente empañados y no se nos veía, rápidamente me bajé de él, y en ese momento el coche se fue y él me dijo:

“No somos los únicos que vienen a hacer sus cosas, así que relájate y sigamos disfrutando de nosotros”. Y así lo hice, me hice a un lado, le cogí la polla con mi mano y la empecé a agitar, arriba y abajo, él gemía, le miraba a los ojos, porque sabía que disfrutaba.

En un momento, él cerró los ojos, y le lamí el capullo, no se lo esperaba para nada, se asustó y todo, pero yo seguía, metiéndome su verga en mi boca, chupándola cual polo helado, sin dejar de palpar sus huevos.

Me encantaba oírle gemir y suspirar. Mientras, él no estaba quieto, metiendo sus dedos entre mis piernas, me hacía perder la razón. Seguimos, disfrutando, cuando él se corrió y yo lo hice inmediatamente después. Quedamos agotados, sudorosos, nos besamos, era nuestro sabor el que teníamos en la boca. Así callados por un rato, mirándonos… y nos empezamos a vestir, él tenía que irse y yo debía volver también a casa. Salimos del coche, nos abrazamos. Me dio un beso en la frente, y nos despedimos. De esto ya han pasado casi 4 meses.

Espero que te guste Demonio.

Autora: Paula

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