El vestido

Empezó a meterla y sacarla de su culo con gran facilidad ya que Vanessa es una gran adicta al sexo anal y tiene su culito bien entrenado. Con las embestidas sus tetas se salieron por completo del escote y botaban libremente, esto puso más cachondo al dependiente que aceleró las embestidas. Vanessa también aceleró sus gemidos que casi eran gritos de placer.

Vanessa había ido a comprar un vestido por la mañana y me telefoneó desde la tienda. Yo estaba en la oficina trabajando cuando me llamó. Me dijo que había pasado por la tienda y vio el vestido que me gustó el día anterior. Era un vestido de vinilo negro muy corto con vuelo y escote tipo balconette, perfecto para las tetas grandes de mi mujer. Ella es rubia pelo largo, ojos verdes, cinturita y culo redondo y respingón.

Me dijo que llevaba puestas las mules de charol negras con tacón finísimo y alto, unas de mis preferidas, soy fetichista del calzado femenino y ella sabe que me ponen a mil. Me decía que estaba en el probador con el vestido de vinilo puesto y que le quedaba muy bien, yo al imaginármela me estaba poniendo cardíaco y tuve que irme al lavabo porque mi erección se empezaba a notar.

Me decía que las tetas se le veían casi por completo por el escote y por detrás el vuelo del vestido si se agachaba un poco, dejaba ver el comienzo de sus nalgas. Yo ya estaba empalmado oyendo eso por el teléfono y le dije que se lo comprase y que luego en casa me lo enseñase.

Según le decía eso escuché a un hombre decir algo y a mi mujer responderle: muy bien, gracias. Le pregunté que con quien hablaba y me dijo que con el dependiente. Le vi el día anterior y también vi que no le quitaba el ojo de encima a mi mujer. Era un chico de color, con aspecto atlético, que por cierto, a mi mujer le traen loquita los hombres así. El dependiente se había asomado al probador para darle otro vestido a mi mujer y que se lo probase quedándose pasmado al ver a Vanessa con el vestido negro puesto. Yo les escuchaba por el teléfono:

– Estás impresionante con ese vestido. – ¿Te gusta? – Me gustas tú, estás buenísima. – Ya lo veo ya, tu entrepierna te delata, ufff es enorme…

Yo me estaba poniendo a mil imaginando la escena cuando escuché a Vanessa decirle al dependiente que saludase a su marido que estaba al teléfono y que iba a ser oyente del mayor polvo interracial de la historia de la telefonía móvil.

– Hola.- Hola, le respondí.- Tienes una mujer impresionante, está buenísima y además le gusta pasarlo bien.- Lo sé, es muy ardiente. – Voy a darle lo que no le han dado nunca, no cuelgues y aprende como hacerla disfrutar.

No sé si me fastidiaba más la chulería del tío o él no poder estar allí para verlo, la cosa es que yo quedé al margen cuando mi mujer me dijo que dejaba el teléfono abierto en el suelo para que lo escuchase todo. Lo que escuché por el teléfono, lo que me contó mi mujer al llegar a casa y…, bueno luego se sabrá, la cosa es que por unas cosas o por otras les relato lo ocurrido.

El dependiente entró en el probador y sujetando a Vanessa por la cintura la apretó contra él besándola el cuello y la boca mientras le sobaba el culo por debajo del vestido. Vanessa mientras le sacaba la polla a su amante y se asombró de su tamaño:

– ¡Vaya tranca que tienes! – ¿Te gusta eh? Te voy a partir en dos, zorra.- Umm, hazme lo que quieras, soy tu puta.- ¿Si? ¿Quieres ser mi puta?

Yo me estaba masturbando oyendo esto y los gemidos de los dos. Vanessa se agachó en cuclillas y se metió la polla negra en la boca, casi o le cabía pero la saboreaba por completo. Mientras le masajeaba los huevos y le recorría con las manos toda la longitud de su polla. El dependiente dio la vuelta a mi mujer y la hizo apoyarse en la banqueta quedando el culo abierto y a la vista, él se agachó y le empezó a lamer la raja del culo y en especial el ano.

– Tienes el culo dilatado, se nota que lo usas mucho, puta.- Siii, me encanta que me follen el culo. – A ver si te cabe mi polla

Se puso de pie y agarrándose la polla apuntó el ano de Vanessa y apretó hasta meter el capullo dentro, yo oía a Vanessa decir:

– Ahhhh, siiii, métela toda cabrón,…. me gusta, es enorme, me llena toda. – Pues todavía queda, toma zorra, toma polla.

Empezó a meterla y sacarla de su culo con gran facilidad ya que Vanessa es una gran adicta al sexo anal y tiene su culito bien entrenado. Con las embestidas sus tetas se salieron por completo del escote y botaban libremente, esto puso más cachondo al dependiente que aceleró las embestidas. Vanessa también aceleró sus gemidos que casi eran gritos de placer.

– Como me pones zorra, estás buenísima, desde hoy eres mi puta. – Siiii, soy tu puta, haz conmigo lo que quieras, eres mi dueño, ahhh. – Verás cuando te vean mis clientes, no vas a parar de follar.

Yo me quedé intrigado y Vanessa también ya que le preguntó a que clientes se refería.

– Detrás de los espejos hay cámaras de video que graban a las putitas como tú que vienen a que les folle una buena polla negra como la mía. Yo después las ofrezco a mis clientes y tú desde ahora eres mi mejor puta. – Ahhh, siii, sigue, sigue…

Así estuvieron un rato follando, luego él se sentó y ella lo cabalgó dando un espectáculo increíble con sus grandes tetas botando arriba y abajo y la gran polla negra taladrándole esta vez el coño. Cuando él se iba a correr la hizo levantarse y arrodillarse delante de él.

– Trágate toda mi leche puta, traga…-Siiii, ummm, que buena está tu polla, no me entra en la boca.

El dependiente se corrió en la boca y en la cara de Vanessa llenando su cara de leche espesa y caliente que le escurría por las tetas y que ella se untaba como si de una crema se tratase.

Fue un polvo increíble que por cierto, vi en el video cuando ella vino a casa. También trajo el vestido rojo que le regaló además del negro. El rojo era también de vinilo, pero este era totalmente ajustado. No quiso probárselo para enseñármelo. Dijo que lo probaría en la fiesta a la que íbamos a ir por la noche, se lo pondría junto con unas sandalias de charol rojo de tiras y de altísimo y fino tacón.

Se pueden imaginar que la fiesta era una orgía. Lo que pasó en la fiesta se lo contaré en el próximo relato si ustedes quieren, claro. Ahora tengo que dejarles, mi mujer se está poniendo sus mules negras brillantes y veo que están un poco sucias de semen, habrá que hacer algo. Hasta pronto.

Espero sus comentarios.

Autor: Tacones

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