El Jardinero del Motel

Hola, mi nombre es Gonzalo, soy de Venezuela y tengo 21 años. Esto me pasó cuando yo tenía 18 años.

Siempre he sido fibrado ya que mi familia es muy deportista, y he estado inscrito en el gimnasio desde los 15 años.

Mi padre y madre siempre están de viaje y de vez en cuando me piden que me vaya en bus para encontrarme con ellos. En esta ocasión mi madre me pidió que vaya a Maracaibo (desde Caracas). Tomé un bus al día siguiente y después de 1 hora de viaje, comenzó a salir humo del motor. El conductor se disculpó por el inconviente y nos dijo que el ibamos a tener buscar alojamiento en algún lugar cercano ya que la compañía no tenía más buses disponibles para ir a buscarnos.

Cerca de donde quedamos varados había un motel que se veía bastante decente. Fui allí y pedi un cuarto para quedarme la noche. En esto vi a un tipo de unos 21 años, fibrado, rubio y con un culo apretado y redondo. Iba sin polera por lo que se le notaban sus abdominales marcados y las venas en sus brazos. Me miró con sus ojos azules y quedé absorto en ellos. El conserje me pasó las llaves de la habitación y desperté de mis fantasías. Mientras caminaba hacia mi habitación vi un pequeño jardín que pertenecía al motel y allí estaba el chico que había visto antes regando las plantas; me quedé mirandolo (babeando) y cuando se dio cuenta de que lo miraba me sonrió con unos dientes perfectos que casi hacen que me derrita. Camina avergonzado hacia mi habitación.

Al entrar, me tiré en la cama y me masturbé desenfrenadamente pensando en el rico chico que estaba a unos pocos metros afuera de mi habitación. Después de una hora de pensar en él, decidí salir a buscarlo, y allí estaba aún, regando las plantas. Me acerqué a él y le pregunté como se llamaba. Me respondio “Marco, y tú como te llamas?”. Después de entablar una conversación con él en que hablamos de todo, ya no podía soportar la erección que había estado cubriéndome por ya bastante tiempo, entonces me despedí y fui a descargarme a mi habitación.

Despues de un rato decidí salir de nuevo. Al salir vi a Marco dándome la espalda y desabrochandose los pantalones para mear. Sus pantalones cayeron, y no estaba usando ropa interior. Vi su culo perfecto, redondo y apretado. Di un suspiro al ver su tremenda polla colgando (se veía colgando entre sus muslos); no podía creer el ejemplar de hombre que estaba parado a unos cuantos metros de mi. Comenzo a mear y sentí un potente chorro caer en unos arbustos al borde del jardín.

Mientras lo miraba pasaban mil pensamientos por mi cabeza y no podía decidir entre si ir a a yudarlo con ese descomunal pedazo de carne (se veía como de 17cm flácida) o correr a mi habitación. Sentía mi corazón latir y mi polla me pedía ir hacía él. Me acerqué a el, me arrodillé y puse mi cara en el líquido dorado.

Marco me pregunto, “Te gusta puto?”

Yo le respondí, “si, pero quiero más”

Me agarro la cabeza y me tiró hacia su polla flacida. Chupe y chupe hasta que estaba totalmente erecto. Admiré ese mounstro de 25 cm de largo y 9 cm de ancho. Era realmente enorme. Me tiro del pelo y me hizo tragarme su polla, pero solo alcanzaba a tragarme 1/3 de ella. Mientras me follaba la boca desesperadamente, gemía como loco. Después de 2 minutos de saborear su rica polla, me agarro la polera y me llevó a mi habitación, la cual cerró con llave.

Me lanzó a la cama y se tiró encima mio, metiéndome la polla en la boca de nuevo. Me la metía tan profundo, que tenía arcadas , pero no me importó porque era realmente delicioso. Después de 15 minutos de chupar, mi mandíbula ya no soportaba más la grandeza de su verga, y se lo hice notar. Me respondió, “callate puto, aquí tu chupas hasta que yo te diga”. Seguí y seguí hasta que ya como a la media hora de chupar me dijo “me voy a correr”!!!! Vi sus enormes pelotas y me traté de meter una a la boca pero no cabía. Saboree toda su pene, desde el prepucio hasta el ano. Comenzó a liberar chorros enormes de leche, liberó como 10. Mi cara, pelo y boca quedaron cubiertos de su leche (como en esos videos de negros con pollas enormes) y me la trague toda.

Marco: “Ahhh, eso estuvo muy bueno”

Yo: “Que bueno que te gustó, te lo puedo hacer cuando quieras”

Marco: “Aún falta una cosa más”

Yo: ¿Qué falta? (lo miré con cara de asustado)

Apuntó con sus ojos hacia su polla, y cuando miré, vi que se empezaba a agrandarse.

Marco: “Ahora viene la mejor parte”

Me tiro contra la cama (boca abajo) y me bajó los pantalones y la ropa interior. Comenzó a chupar mi ano. Yo gemía como loco, nunca había sentido tanto placer. Metió su lengua unos centímetros dentro de mi y me folló con la lengua. Después de unos minutos de hacer esto puso la cabeza de polla contra mi ano.

Yo: “Por favor no!!”

Marco: “Esto va a pasar, quieras o no”

Yo: “Por favor usa lubricación”

Marco: “Tienes razon”

Puso su polla en mi boca y la matió lo más profundo que pudo (no llegó ni a la mitad), la sacó cubierta de saliva y la apuntó hacia mi año.

Marco: “Así esta mejor”

Comenzo a empujar, yo grité de dolor. Empujo mi cabeza contra la almohada y me dijo, “Muerde la almohada, porque esto te va a doler”. La mordí. Dió un fuerte mpujón y metió su cabeza, mordí la almohada con tal fuerza, que se rompio la tela. Me salían lagrimas y sentía como si mi culo se hubiese roto.

Marco: “Aguanta más, solo metí la cabeza”

Siguió empujando sin piedad. Sentía como cada centímetro de carne se hundía dentro mío. Era tan gruesa!!!!! Mis gritos se ahogaban en la almohada. Siguío empujando hasta que metió cada uno de sus 25 centimetros dentro mio. Ni siquiera espero a que mi culo se acostumbrara, comenzó inmediatamente a follarme con fuerza. Cada embestida se sentía como el infierno. Sentía sus testículos chocar contra mi culo, y no podía creer que ese monstruo estuviese dentro mío. Se sentía como un bate de beisbol.

Me agarró de los muslos con sus musculosos brazo y me levantó contra la pared para seguir follándome. Después de 20 minutos de follarme sacó su verga.

Yo: “¿Qué pasa?”

Marco: “Quiero que sientas el dolor de nuevo”

Me tiro contra la cama y me hizo posicionarme en cuatro patas. Me abrio el culo con sus manos y langueteó mi año. Apoyó su polla contra la pared del ano y dio una brutal embestida en que metió toda la verga dentro de mi culo. Fue tanto el dolor que sentía que me iba a desmayar. Me folló por una hora sin para, cambiando de posición constantemente, contra la pared, en cuatro aptas, con el encima mio en la cama, etc.

Después de un largo rato en que yo ya había comenzado a sentir placer, me susurró al oído, “Ahora voy a llenarte de leche”. Aceleró sus embestidas y sentí como se agrandaba su polla dentro mío y sentí un enorme chorro de líquido llenarme. Salía uno tras otro sin para; después del cuerto chorro, saco su verga y me la metio en la boca para que me la tragara toda.

Marco: “Gracias, realmente necesitaba eso… pero aún no terminamos”

Vi su verga y se estaba agrandando de nuevo. Me tiró contra la pared y me folló por toda la noche. Me dió un espacio de 2 horas para dormir y descansar. Eran las 8 de la mañana cuando sentí un dolor fuerte en mi culo, abrí mis ojos y allí estaba Marco tratando de follarme de nuevo. Seguimos así por 2 horas, hasta que yo tuve que irme a buscar el bus. Marco anotó su número de teléfono en un papel y me dijo, “cuando quieras repetir esto, estoy disponible”.

Iba en camino al bus cuando veo un auto azul acercarse. Era Marco, y con su cara de chulo, sacó su lengua la pasó por sus labios.

Marco: “Adonde es que vas?”

Yo: “Voy a Maracaibo”

Marco: “Yo voy para allá también, quieres que te lleve?”

Yo: “Ok”

Me subí al auto y comenzamos el viaje. Después de media hora de manejo, me dijo, “Desabrochame le pantalón”. Se lo desabroche y vi a su monstruo salir disparado hacia arriba.

Marco: “Chupamela”

Comenze a chuparsela mientras el manejaba… pero eso es otra historia que quizas les voy a contar otro día.

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Desahogo

Me empezó a coger de una manera descomunal, me hacía pegar unos gritos de placer, me gustaba que me dijera cosas sucias y que pensara que me estaba violando, esa siempre ha sido mi fantasía. Mientras estaba cogiéndome me iba introduciendo un dedo por el ano, logró dilatarlo y empezó a meterme su pene lentamente, yo lloraba pero el dolor se convirtió en una sensación deliciosa.

Esta historia la cuento a manera de desahogo, ya que la necesitaba compartir de alguna manera sin que nadie se diera cuenta. Mi nombre es Karina, tengo 23 años, soy gerente de departamento de una importante empresa en Costa Rica, soy muy pura vida como decimos por acá y tengo un físico envidiable, ya que mis medidas son 92-61-90.

Realmente me gusta vestir con ropa interior muy diminuta y provocativa para tentar a los demás, ya que mi cuerpo ayuda a ese cometido, pero si soy de atracción colectiva. Ah se me olvidaba, mido 1.75mts, rubia de pelo lacio y ojos verdes, gozo de unas piernas que son la perdición de quien esté conmigo en ese momento. Me inicié en el sexo a temprana edad y lo he gozado hasta el día de hoy.

El relato que les voy a contar es sobre una historia que me pasó hace 3 años y que dio inicio como un simple juego de oficina. En el trabajo teníamos que usar traje de sastre (ejecutivo), ya que es una empresa dedicada al comercio y las mujeres de el departamento teníamos que usar siempre una falda corta por encima de las rodillas, se me veía muy sexy el mismo y aprovechaba para ponerme panty medias con ligueros, ya que eso me hacía sentir muy bien y cómoda. No faltaban las miradas e indirectas de mis compañeros de trabajo, eso incluía invitaciones a cenar o cualquier pretexto para salir conmigo.

Mi jefe en ese momento me tenía mucho respeto y era personal de confianza, ya que él vio más allá de mis cualidades como mujer, aunque yo sabía que me deseaba, ya que con la mirada decía muchas cosas, inclusive una vez que estaba dejando unos papeles sobre el escritorio notó que tenía un botón de la blusa un poco abierto y dejaba al descubierto mi sujetador de encaje y todo el escote, él un poco apenado me dijo tímidamente: “Kari que bien te queda ese escote”, yo estaba acostumbrada a todo tipo de piropo, pero no de mi jefe, así que salí un poco apenada de la oficina. Juan, el nombre de mi jefe, era un hombre de respeto, ya que él era el jefe de los gerentes de los puntos de venta, de carácter fuerte, decidido, varonil, siempre elegante y siempre usaba las mejores colonias, eso me volvía loca, ah cuenta con 34 años.

Una tarde me llamó y me dijo que teníamos que planear juntos la campaña que se iba a lanzar al mercado nacional, para contrarrestar a la competencia, yo le dije que tenía clases en la universidad, pero me rogó para que no fuera, así que llamé a una compañera y le dije que me disculpara con el profesor, la cual accedió. Llamé a mi jefe y le comuniqué, entonces me dijo que llevaría la cena. Empezamos a trabajar a eso de las 7pm y estábamos ya solos en el piso, hicimos un receso a las 9.15pm y empezamos a hablar un poco sobre nuestras vidas y demás, pero llegó el tema del sexo, de cómo era sexualmente y si tenía compañero o novio en ese momento, yo le indiqué que no me gustaba el compromiso y que estaba bien así, disfrutando el momento.

Del pequeño estante de licores que tenía en la oficina sacó una botella de tequila y empezamos a tomar, la cuestión es que yo me estaba calentando un poco y él también. Estábamos en el suelo y me recosté al escritorio de mi jefe boca abajo, dejando mi culito a la vista de él, pero me sentía un poco mareada a raíz de todos los tragos que me había tomado, cuando siento que me levanta la falda y me empieza a tocar frenéticamente mis glúteos y me arranca de un sólo tirón mis braguitas y empieza a abusar de mí, quedé sorprendida de ese asalto, pero a la vez me satisfacía.

Me dio media vuelta y me empezó a hacer sexo oral frenéticamente, me decía perra como me gusta que estés rasurada, pareces una niña, me encantas, no me gustan las palabras sucias en el sexo, pero eso me excitaba aún más, no sé porqué. Me sentía impotente a ese momento, pero vaya que lo estaba disfrutando, de una manera bestial, me quitó la camisa y el sujetador, agarraba mis tetas y me las mordía como si fueran dulces, me decía hoy vas a hacer mía, desde hace tiempo te deseo y de hoy no pasas perra. Huy eso me calentó aún más. Me bajó del escritorio y me puso en el suelo, se desnudó por completo y me puso su pene el cual remojó con tequila y sal, en la boca, medía unos 16cm y realmente me sentía abusada, pero a su vez muy suya, me gustaba.

Después de eso me empezó a coger de una manera descomunal, me hacía pegar unos gritos de placer, pero yo le demostraba miedo, porque me gustaba que me dijera cosas sucias y que pensara que me estaba violando, eso siempre ha sido mi fantasía. Al rato me puso en 4 patas y me dijo:

“Dime que no te gusta lo que te hago y nunca más te lo vuelvo a hacer”, yo me quedé silenciosa y me empieza a coger tan duro que mi vagina explotó, tuve un orgasmo descomunal. Mientras estaba cogiéndome en 4 patas me iba introduciendo un dedo por el ano, algo nuevo para mí en ese momento, logró dilatarlo, me dijo: vas a ver perra que es que te cojan bien por una noche, ensalivó mi ano y empezó a meterme su pene lentamente, yo lloraba al principio, pero el dolor se convirtió en una sensación deliciosa.

Al rato ya iba a terminar y agarró mi cabeza contra su sexo y todo su semen cayó en mi cara y en mis tetas, me tragué todo ese néctar delicioso. Me dijo, espero que te haya gustado, al final yo se que tú lo deseabas tanto como yo, estaba exhausta y un poco fuera de sí, pero le di la razón. Descansamos como 3 horas y me fue a dejar a mi apartamento, por dicha era viernes y al día siguiente no se trabajaba. Nuestros encuentros sexuales continuaron tanto en la oficina como en mi apartamento.

A él le dieron un mejor trabajo en otra empresa y yo ocupé el cargo que el dejó vacante, gracias a mi buen trabajo, tanto profesional como en la cama. Espero que les haya gustado y espero que me envíen sus comentarios. Después les contaré alguna otra de mis aventuras ejecutivas.

Con Amor.

Autora: Karina

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El negro Mauro

Sofía se relajó respirando profundamente y tomando el grueso pene lo colocó a la entrada de su lubricada raja. El hombre dio un berrido de gusto y se dejó caer sobre ella, enterrándole casi la totalidad de su descomunal verga, mientras mi esposa lanzaba un gemido de placer al sentir perforada sus entrañas.

Con Sofía, mi esposa, desde hace tiempo veníamos manejando la fantasía sexual de verla haciendo el amor con otro hombre, pero no nos habíamos atrevido, por temor a que esto cambiara nuestra relación de pareja y además, debíamos encontrar a alguien que le agradara a ella.

Sin embargo, después de conversarlo bastante, nos decidimos a dar el paso deseado. Nos fuimos a una discoteca en un conocido hotel de la ciudad y ella, conforme a lo convenido, se acomodó sola en la barra a poca distancia mía, para poder observar lo que pasaba

No le fue difícil llamar la atención, ya que ella es muy atractiva a sus 28 años, blanca, de cuerpo hermoso, estatura menuda de 1.60 mts., cabello pelirrojo, corto, y cara bonita muy bien maquillada, resaltando sus labios rojos, seductores y provocativos. Vestía una diminuta falda y una blusa semitransparente, sin botones, amarrada con un lacito que dejaba ver sus senos medianos y duros.

Empezó a tomarse una copa y al rato ya se le habían acercado varios tipos, pero ella los alejaba diplomáticamente, porque al parecer, no le agradaba ninguno.

Me distraje pidiendo un trago y al volver a mirar, la vi hablando con un tipo de color negro, de unos treinta años, mediana estatura y musculoso. Me sorprendí con esto, puesto que nunca habíamos considerado que podía ser con un negro, pero al parecer le caía bien ya que a pesar de no escuchar lo que decían, por el bullicio de la gente, los observé muy animados y bastante cerca el uno del otro.

El tipo, muy afable en sus ademanes le ofreció un cigarrillo y a pesar de que no me gusta que fume, me calentó el hecho de verla coqueteando con otro hombre en mi presencia. Por momentos reían y ella disfrutaba el juego mirándome disimuladamente.

Al cabo de varias rondas de tragos, ya mi esposa había establecido confianza con el negro, pues entre risas, se abrazaban y se secreteaban rozándose las mejillas.

Al sonar música romántica, él la invitó a bailar y salieron a la pista. El tipo la rodeó con sus brazos por la cintura, apretándola fuertemente y ella rodeó sus manos en su cuello. Empezaron a bailar y a pesar de la penumbra y las otras parejas yo podía ver desde mi puesto que seguían hablando.

En una de esas, se miraron frente a frente y el negro la besó en la mejilla, mientras ella descaradamente acercó sus labios hasta los de él, entreabriéndolos. El negro apoyó su boca en la de mi esposa, deslizando su lengua dentro de ella y comenzaron a besarse apasionadamente. Sofía entrecerraba los ojos sujetándolo fuertemente por la nuca, mientras él masajeaba sus senos erguidos. Por momentos era ella la que introducía su lengua en la boca de él y con una mano le acariciaba el bulto en su entrepierna.

Después de un buen rato bailando, besándose y masajeándose, se sentaron y ella con el pretexto de ir al baño, hizo que yo la siguiera.

Al acercarme, la sentí bien cachonda y medio borracha. Su cuerpo estaba sudoroso y tenía un olor a licor y macho. Me dijo que quería seguir adelante pues el tipo le gustaba muchísimo, estaba hospedado en el mismo hotel y le había propuesto subir a su habitación. Sofía le había dicho que era casada y que yo estaba ahí, a lo que él le dijo que podía subir también. Yo le dije que estaba dispuesto a todo y ella me dio un beso de agradecimiento.

Regresamos a la discoteca y al presentármelo, tuve una buena impresión del negro. Se llamaba Mauro y era brasileño. Estaba en un viaje de negocios y había salido a divertirse un rato. Me comentó que mi esposa estaba muy buena y que le había llamado la atención su físico menudo, porque era diferente a las que él conocía.

Mientras conversábamos, ofrecí varias rondas de tragos. Sofía se veía ansiosa y no pudiendo ocultar la desesperación sexual que la poseía, insistió en la invitación de Mauro. Así que pagamos la cuenta y subimos a su habitación.

Era una suite muy espaciosa y una vez en ella entablamos confianza. Nos sentamos a tomarnos unos tragos que él sirvió y continuamos charlando amenamente. Sofía y Mauro, se sentaron juntos en el sofá y ella sin ningún tipo de prejuicio, lo acariciaba.

Al acabarse mi trago, decidí servirme otro y me levanté para ir al bar. Al regresar, los observé que no perdían el tiempo: el negro estaba volteado hacia ella y se besaban apasionadamente. Los sensuales labios de Sofía desaparecían bajo los de Mauro, que metía sus manos en la blusa masajeando sus pechos erizados. Fue un largo y profundo beso que los dejó jadeantes.

Ella me miró y yo asentí. Entonces se paró y se quitó la ropa, quedando solo en hilo dental. El negro entretanto también se quitaba la suya. Me quedé sorprendido cuando mostró su tremendo pene. Era descomunalmente grande, de unas 12″, grueso, muy negro y con la cabeza morada.

Se abrazaron nuevamente y se besaron otra vez estableciendo un tremendo juego de lenguas durante un buen rato. Luego él bajó su lengua por el cuello de ella hasta llegar a sus senos, apoderándose de sus pezones y chupándoselos, haciendo que mi esposa gimiera de placer. Esto le produjo el primer orgasmo de la noche.

Al cabo de un rato, Mauro la tomó de la mano, llevándola hasta la habitación. Sofía se acostó boca arriba, mientras el negro agarraba su tremenda herramienta y la acercaba a su cara. Ella, que no la había visto bien, lo detuvo apoyando su mano en la pelvis de él. Pero ante la insistencia del tipo, la agarró, primero muy tímidamente y luego empezó a recorrerla en toda su longitud hasta que la sujetó fuertemente empezando a pajeársela.

Sofía se quedó mirando la tremenda herramienta del negro pensando si semejante macana le cabía en la boca, pero al final de cuentas era lo que menos le importaba. Sacó su lengua mojando con ella la punta del glande y luego abrió más sus labios arropando la cabezota. Sus movimientos se hicieron más eróticos cuando alojó casi la totalidad del pene y empezó a darle largas y profundas chupadas de arriba abajo.

Aquello me puso a mil, pues nunca me había imaginado a mi esposa mamándole la verga a otro hombre con tanto placer. A pesar de que a mí me encanta, ella nunca me había hecho sexo oral como ahora se lo hacía a Mauro. Inclusive, había momentos en que le chupaba las pelotas cargadas de espumosa leche metiéndoselas una por una.

El negro echaba su cabeza hacia atrás gimiendo con el tremendo placer que Sofía le daba, meciéndose suavemente introduciendo y sacando sus 12″ de la sensual boca de mi mujer, que estaba completamente concentrada en su papel de mamadora enrollando su lengua en el glande mientras sentía su vagina mojada por el deseo.

El tipo, emocionado, la agarró por la cabeza y empezó a cogérsela por la boca. Las piernas de Mauro se tensaron y empujó más profundamente en la garganta de Sofía, hasta que sus vellos púbicos se aplastaban contra los labios de ella empezando a sacudirse. Mi esposa presintiendo que se iba a venir, sacó de su boca la verga del tipo, saboreando el hoyuelo que lagrimeaba el líquido pre eyaculatorio.

El negro sin aguantar más, le quitó el hilo dental y se acomodó entre sus piernas. Sofía se relajó respirando profundamente y tomando el grueso pene lo colocó a la entrada de su lubricada raja. El hombre dio un berrido de gusto y se dejó caer sobre ella, enterrándole casi la totalidad de su descomunal verga, mientras mi esposa lanzaba un gemido de placer al sentir perforada sus entrañas.

El tipo le empujó las piernas hacia atrás y apalancó su verga dentro de ella hasta el último centímetro. Yo sentí la mía ponerse más dura de lo normal al observar al negro enterrar su torpedo de carne en la dilatada rajita de mi esposa, que ya alojaba las 12″ dentro de ella. Nunca la habían cogido tan profundamente. Le estaba entrando hasta los más íntimos rincones de su sexo.

Sofía cruzó sus piernas alrededor de su espalda y empezó a pedirle que le diera verga. El negro sacaba su pene mojado por los jugos de ella y volvía a embestir con mayor fuerza hasta pegar sus vellos púbicos a los de mi esposa, adquiriendo un ritmo enloquecedor.

Mauro comenzó a gozar el delicioso cuerpo de mi esposa dedicándose mientras tanto a comerle los senos a besos, mordidas y chupones. Ella lo abrazaba por las nalgas atrayéndolo hacia su vulva para una mayor penetración, brindándole sus entreabiertos labios. El negro se apoderó de ellos en un largo y apasionado beso y luego establecieron un tremendo juego de lenguas.

Al cabo de unos diez minutos de este sexual y acompasado forcejeo, sus cuerpos sudorosos se convulsionaron con la proximidad del orgasmo. El negro lanzó una última y profunda arremetida contra su vulva, mientras sus testículos se contraían lanzando su descarga de leche caliente hasta lo más profundo de sus entrañas e inundándole la vagina. Mi mujer aullaba y vibraba con un tremendo orgasmo, como jamás lo había tenido. Sus jugos se juntaban con los de él, chorreándole hasta las nalgas.

Nunca me había imaginado algo tan excitante. Acababa de ver a mi mujer mamarle la verga a otro hombre y éste se la culeaba en mi presencia, pero aquello me tenía con la verga bien parada y unas ganas tremendas de cogérmela yo también, así que empecé a desnudarme.

Volví a mirarlos y esperé a que terminaran. Los observé abrazados, aún moviéndose con los últimos espasmos de semejante polvo, acariciándose y besándose. Luego, el negro desensartó su largo y brillante pene de la vagina de mi esposa que chorreaba el viscoso líquido y entró al baño.

Sofía lanzaba profundos suspiros e inmediatamente me monté sobre ella. Aún jadeaba y su cuerpo estaba sudoroso y totalmente deseable. Dirigí mi pene a su vagina. La tenía tan húmeda, caliente y pegajosa por la leche del otro tipo, que al penetrarla, se le fue enseguida hasta el fondo. De hecho, la tenía ancha, amoldada al grosor de tolete de Mauro.

El placer que sentí fue indescriptible. Me abrazó y me besó apasionadamente arqueando su pierna tras mi espalda. Sus labios tenían un raro, pero erótico sabor, que me imagino era por la chupada que le había dado al negro y a pesar de todo conservaban su frescura y color rojo.

Empecé a bombearla con fuerza mientras ella movía sus caderas acompasadamente, hasta que exploté en un delicioso orgasmo, inundando su vagina con una segunda descarga de leche y revolviéndola con la del otro macho.

Nos quedamos abrazados unos minutos, mientras yo observaba el semblante de satisfacción en su bello rostro. Acabábamos de tener el mejor sexo en nuestra vida de casados. Finalmente, nos separamos y ella también entró al baño.

Al cabo de un rato, ni ella ni el negro salían de allí, por lo que fui a mirar qué sucedía. Pero, eso lo contaré en otra oportunidad.

Autor: El Garoto

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