Feria de Sevilla 2015

Esta historia me acaba de suceder por ello debo contarla antes que se me olviden los detalles.

Había quedado con mi grupo de amigos y vecinos de la infancia, entre ellos se encontraban Gonzalo, Fernando, Sergio, Víctor y Alejandro. Habíamos quedado en la caseta de Gonzalo donde degustamos más de un rebujito y de dos. A eso de las 2 de la mañana acalorados estábamos en la calle más borrachos que sobrios cuando Gonzalo que estaba de frente a la calle nos hizo un guiño para que el resto nos diéramos la vuelta, al darnos la vuelta nos encontramos con una chica rubia con el pelo rizado que llevaba una falda negra corta y una blusa color carne transparente que dejaba ver su negro sujetador, el cual sujetaba unos pechos bien formados.

– ¿ Donde vas solita, caperucita? – dijo Gonzalo con voz descarada.

Ella se paró y nos miró a todos pero se quedó mirándome fijamente

– ¿Pedro eres tú? – dijo señalándome.
– ¿yo?
– Coño te pareces un huevo a un amigo mío – dijo mientras se acercaba a nuestro lado – perdona que te hable así pero es que estoy muy nerviosa ya que me he perdido de mis amigas, las cuales van todas guapísimas con sus trajes de flamencas.

– ¿ Cómo la has perdido? – dijo Fernando.
– Pues mira es que no soy de aquí, soy de madrid, estábamos en la caseta de un amigo y fui a saludar y cuando me dí la vuelta ellas habían desaparecido, y el caso es que me quedo en casa de una a dormir.
– ¿ y no sabes donde encontrarla?
– ¿ llamalas al móvil?
– Es que como iban tan guapísimas y los móviles son tan grandes en mi bolso llevo yo los móviles de ellas. ahora iba a la caseta donde estuvimos antes a ver si estaban allí, pero no me acuerdo que calle era pero si se que era por aquí.
– Menuda faena, bueno mi nombre es Fernando, este es Simón, Gonzalo, Sergio, Víctor y Alejandro
– Yo soy Elena.-
– ¿Quieres que te acompañemos? Elena.
– Todos nos pero tú sí – me dijo cogiéndome del brazo – no os vayais que enseguida os lo dejo.

Estuvimos caminando un rato hasta que le vino a la memoria una caseta. Entramos y fuimos a la barra buscando a las amigas pero la caseta estaba más vacía que el parlamento de gente honrada. Pedimos una jarra de rebujito y nos sentamos a esperar a ver si venían. Estuvimos un rato esperando y hablando conociéndonos más. El rebujito se no subió pronto a la cabeza, lo descubrimos al levantarnos para ir al aseo. cuando llegamos a la puerta de los aseos Elena se resbaló y rápidamente la cogía agarrandola por la cintura desde la espalda para que no se cayera, ella se sorprendió y sin separar las manos de sus cintura se dio la vuelta y me dijo.
– Que brazos mas fuertes tienes.
– Para que no te me alejes – dije
– Tranquilo que no quiero alejarme – dijo mientras que rodeaba mi cuellos con sus brazos – es más, quiero estar más cerca.

Diciendo esto empezamos a besarnos de forma muy suave, mi mano derecha empezó a acariciar su culo por encima de la falda negra, sus manos jugaban con mi cabello mientras que nuestras lenguas se tocaban y acariciaban. Al rato de estar besándonos bajó una de las manos hacia mi paquete y empezó a palpar, luego dejó de besarme abrió la puerta del aseo y con el dedo índice me invitó a entrar al aseo con ella. Dentro del aseo con el pestillo echado me bajó los pantalones y empezó a mamarme la polla de arriba a abajo. Lo estaba flipando en colores la forma que tenía ella de lamerme la polla para metersela entera en la boca succionando y masajeando mis huevos a la vez con una mano y con la otra se tocaba la entrepierna. De repente llamaron a la puerta “ Salid de una vez , ¿Qué estáis haciendo ahí dentro? “ rápidamente guardé mi polla en mis pantalones y ella se colocó bien la falda y una vez listo salimos del baño ante la atenta mirada del camarero.

Salimos de la caseta y nos fuimos calle abajo hacia la calle del infierno. En la zona de las atracciones nos fuimos a la casa del terror, compramos dos boletos y entramos al instante. Elena se descojonaba de cada uno de los actores que estaban dentro de la atracción, mientras que yo la abrazaba por detrás de la cintura, pegando mi polla morcillona contra su culo chiquito.
Llevamos un rato dentro cuando vimos una esquina oscura medio escondida y ella apoyándose contra la pared hizo que mi cuerpo se acercara a ella y empezamos a besarnos. Mi manos se metieron rápidamente por debajo de su falda y sus manos no tardaron en meterse dentro de mi pantalón sacando mi polla al fresco. Mis manos pasaron de su cintura a sus pechos y mi boca de su boca a sus pechos, disfrutaba del manjar que me daban su pechos cuando escuché una voz detrás mía que nos dijo “ ¿Qué estáis haciendo? Iros a follar a vuestra puta casa !!” nosotros nos reímos y salimos de la atracción ante la atenta mirada de hombre vestido de momia y de la gente que esperaba para entrar en la atracción.

Corrimos Cruzando la carretera y llegando a la barriada de Tablada, allí nos paramos en la esquina de un bloque y ella se abrió la camisa enseñándome que aún tenía bajado el sujetador y yo le saqué mi polla del pantalón enseñándole que no me había subido la cremallera ella sonrió y tomó mi polla con sus manos y comenzó a hacerme una enorme paja suavemente yo introduje mi cabeza en su pechos y comencé a comermelos. Nuestra excitación era bárbara que ella me pidió que me sentara en un peugeot negro lleno de polvo que había aparcado enfrente. me senté en el capó del coche y ella bajándose las bragas se subió al parachoques delantero y cogiendo mi polla se la metió dentro de su coño. Mientras que ella se balanceaba metiéndose mi polla en su coño yo le mordía los pezones, cosa que le gustaba ya que me pedía que siguiera chupando los pechos, ella se corrió un par de veces antes de que yo le dijera que se la quería meter por el culo. Al momento ella se quedó para pero luego aceptó, se bajó de encima mía y yo me bajé el pantalón del todo luego ella se puso con las manos apoyadas en el coche yo apunté mi polla a su ano, no sin antes chupar un dedo para meterselo por el ano para lubricar bien para mi polla que aunque estaba húmeda por los flujos de Elena nunca viene mal.apunté con mi polla y le metí mi rabo entero en su culo, ese culo no era virgen más de una polla había entrado pero quizás no con el grosor de la mía, no es que tenga una polla gordisima pero es algo ostentosa, tras un largo rato bombeando dentro de su culo ella me pedía más y yo aumentaba la velocidad mientras que con mis manos le cogía y le pellizcaba los pechos, e incluso le puse mi manos en la boca para que lamiera mi saliva mezclada con sus flujos. al poco a esa velocidad empecé a correrme dentro de su culo el cual escupía por encima de mi polla todo mi semen. tuvimos un momento de relajación y cuando ella se movió para arreglarse puede ver las marcas de sus manos y la de mi culo sobre el peugeot, y ver también como habíamos tenido público varios chavales de las ventanas colindantes, quizás salga en youtube en algún vídeo y todo.

FUE UN POLVO ESPECTACULAR.

Tras el polvo la acompañé a la parada de taxi para irse a la casa de su amiga a ver si habían regresado, dándonos un morreo nos despedimos, no volví a verla en toda la feria pero aún me acuerdo de mi madrileña cachonda.

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Playa nudista

Siempre había deseado ir a una playa nudista, pero nunca me había atrevido porque ningún amigo o amiga quería venir. Así que un sábado, prontito por la mañana, decidí ir yo solo. Me había informado donde estaban las playas nudistas en la costa mediterránea, y cuando me decidí por una, subí a mi coche, cargué en el maletero una toalla, algo de crema protectora y una mochila para guardar mi ropa, y allí que me fui.

Al cabo de hora y media de carretera, por fin llegué a mi destino. Aparqué delante de un cartel en el cual estaba escrito estas dos palabras que me hicieron poner bastante nervioso, y pensar en volverme por donde había venido…”ZONA NUDISTA”. Me quedé un rato en el coche, decidiendo que hacer, hasta que por fin me hice el ánimo, y salí del coche. Me desnudé, y una vez había agarrado mi toalla y la crema protectora, cerré bien el coche y me adentré en la playa.

Aquello era desde luego una experiencia totalmente nueva para mí. Todo el mundo andaba, tomaba el sol, jugaba a las palas, al volley… ¡Pero desnudos! Aunque era algo esperado, no dejó de sorprenderme. Hasta ahora había ido a las playas “textiles” donde todo el mundo llevaba su bañador, las mujeres su bikini… Pero ahí estaba rodeado de cuerpos desnudos, incluyendo también mujeres muy atractivas. Eso produjo en mí una reacción que no había esperado.

De repente empecé a tener una fuerte erección, y una sensación entre miedo y vergüenza se apoderó de mí. Muy apurado, estiré mi toalla en el suelo, y me tumbé boca abajo, procurando disimular. Intenté ponerme crema en la espalda, sin mucho éxito ya que no llegaba bien, y menos tumbado en el suelo, de forma que lo único que hice fue desparramar algo de crema sobre mí.

-”¿Te ayudo?”.

Una voz femenina se dirigía a mí, y sin esperarlo, unas manos suaves empezaron a dispersar la crema por mi espalda, por mis hombros, mi nuca, y mi culo… Cuando noté eso último, me giré algo sobresaltado, y ahí estaba ella. Una chica joven, bastante morena de piel, pelo moreno con mechas rubias y unos ojos que me miraban de forma divertida.

Evidentemente, estaba desnuda, mostrando ante mí dos tetas, turgentes, con pezones rosados, y aunque estaba en cuclillas, se podía distinguir una delicada mata de vello que se perdía entre sus piernas, bien contorneadas y que hacían intuir un culito turgente

-”Hola”- dijo sonriendo, divertida- “Me llamo Mika ¿Eres novato por aquí verdad? Lo digo por tu forma de ponerte crema, apuesto a que estás haciendo agujeros para poner sombrillas, jajajaja!”

Ante esa carcajada, yo no pude evitar reírme también, aún sorprendido por su espontaneidad y tranquilidad, viéndome ahí tumbado en una situación un poco aparatosa. Se tumbó boca arriba a mi lado, y estuvimos hablando un buen rato. Trató de tranquilizarme, diciendo que no me preocupase, que era normal la primera vez, que ella el primer día también iba excitada, pero que se le notaba menos. Eso lo dijo haciendo un gesto como diciendo “yo no tengo lo que tu tienes”, por lo que estallamos en otra sonora carcajada.

La verdad es que me lo estaba pasando bien, era una chica divertida, y su buen humor me ayudaba a superar un poco mi timidez. Sin embargo, como veía que no me daba la vuelta, me pegó una palmada juguetona en el culo, y cogiéndome de la mano, me dijo que ya era hora de darse un baño y refrescar mi espalda que ya estaba muy roja. Consiguió levantarme, y pese a que no estaba erecto en ese momento, aún se mantenía en un estado “morcillón”, que Mika se quedó mirando, y sonriendo me dijo:

-”Es bonita, no tenías porque ocultarla.”

Le dio un par de toques rápidos con la punta de los dedos, y nos metimos en el agua. La verdad es que aquello le vino bien a mi espalda, el frescor del agua apaciguó un poco el escozor que empezaba a sentir, haciéndome encontrar bien. Mika empezó a tirarme agua, el típico juego en la playa, y yo también le salpiqué, cada vez más, hasta que se me tiró encima para hacerme una ahogadilla. Salí para respirar, y al sacar la cabeza, ella me cogió por la nuca y me puso entre sus tetas.

Eso me pilló por sorpresa, y besando mi pelo, me preguntó si me gustaba. Yo, algo nervioso le dije que si, y tras reírse, me dio la mano, y nadando nos alejamos a unas rocas cerca de la playa. Allí encontramos una pequeña cala, y se metió en un sitio sombreado, y arrastrándome hasta un lugar fresco, se giró hacia mí, y me cogió la polla con su mano, acariciándola suave, pero firmemente.

-”Esto quizás consiga que te sientas menos cohibido”.

Acto seguido, empezó a besarme, y yo me dejé llevar, recorriendo con mi lengua cada recoveco de su boca, y comenzando a masajear ese culito suave, que mis manos recorrían de arriba abajo. Separé mis labios de su boca, y empezó a besarme el pecho mientras mi erección era cada vez más fuerte, y siguió bajando, jugando con mi ombligo, y finalmente, empezó a besar mi vello púbico, para pasar a jugar con mi miembro.

Comenzó a lamerlo como si fuera un helado, desde los huevos hasta la punta, y después se metió en la boca solo la cabecita, mordisqueándola con suavidad, hasta metérsela toda entera en la boca. Así estuvo unos minutos, hasta que decidí por fin actuar por mi cuenta. La tumbé en la arena, y comenzando a lamer su cuello, mis dedos se escurrieron por su rajita, no siéndome difícil introducirlos debido a su humedad. Metí dos dedos mientras mi pulgar jugaba con su clítoris, cuando ella empezó a respirar entrecortadamente debido al placer que le producía.

Sus pezones se endurecieron, y aproveché para mordérselos y lamérselos. Con mi mano libre, abarcaba con dificultad la otra teta, aquello era delicioso. Cuando consideré que ya tocaba devolverle el placer oral que ella me había dado, deslicé mi lengua desde su canalillo, hasta su rajita, y ahí empecé primero con fuertes lametones, para que sintiese bien mi calor, y comencé a introducir mi lengua dentro de ella, para seguir después localizando el clítoris, con el cual me entretuve unos minutos. Aquello era delicioso, estaba disfrutando del sexo con una mujer explosiva en un ambiente paradisíaco.

En un momento dado, Mika me tumbó boca arriba, dejándose caer sobre mí, y con la ayuda de una de sus manos, se introdujo mi miembro en su rajita, que entró sin excesiva dificultad hasta el fondo dentro de su ser. Cerró los ojos y abrió ligeramente la boca, dejando escapar un suspiro placentero, y ahí comenzó a moverse, mirándome de nuevo con la mirada pícara y divertida que le caracterizaba, y agarrando mis manos para ponerlas en sus pechos duros y grandes, que saltaban a cada movimiento.

El ritmo cada vez era mayor, los dos empezamos a gemir, pero ella no quería acabar en esa postura. Se puso a cuatro patas, y me dijo que quería hacer el perrito, para que cuando acabase, lanzase mi esperma sobre sus nalgas y espalda.

Empecé a bombearle muy fuerte, gritando los dos de placer, sin soltar yo sus pechos, cuando no pudimos más ninguno de los dos. Ella terminó escasos segundos antes de que yo lanzase mi carga donde ella me había pedido, y nos quedamos un rato exhaustos sobre la arena, besándonos con pasión y abrazados, momento en el que me confesó que ella también había perdido su timidez al nudismo así.

Se hizo tarde y había que volver, así que fuimos otra vez a nado hacia la playa principal, y recogimos nuestras cosas. Ese fue nuestro primer encuentro, de muchos que tendríamos ese verano, cuando decidimos hacer un tour por las principales playas nudistas del Mediterráneo, pero eso, es otra historia.

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Premiado por una buena acción

Regresaba tras disfrutar el fin de semana en la playa. Conducía por una carretera secundaría para acortar camino y evitar el tráfico del regreso por la autovía. De pronto, enfrente de mi camino, unos chicos, cuatro o cinco de entre 12 y 14 años hacían gestos en el arcén, casi en la vía, para que me detuviera. Así lo hice. Se me acercaron pidiendo auxilio para uno de sus compañeros que se encontraba a un lado con algunos rasguños. Me explicaron que otro coche había pasado rápido a su lado provocando que se cayese de la bicicleta y que ni siquiera había parado a ver lo ocurrido.

Me acerqué al muchacho que lloraba por el dolor del golpe, se quejaba de la pierna pero tenia rasguños por todo el cuerpo. No parecía tener nada roto, pero tampoco podía asegurarlo. Pregunté donde vivía y me indicaron que en un pueblo a dos o tres kilómetros a un lado de la carretera. Lo subí a mi coche con cuidado y pedí a una de las muchachas que me guiara hasta la casa del chico. Al resto les di indicaciones de que llevaran la bicicleta a casa de su amigo.

Con las indicaciones de la muchacha encontramos la casa del chico. Allí se encontraban la madre y una tía, hermana de esta. Les expliqué con brevedad lo ocurrido según me habían contado y aunque traté de hacerlo de modo calmado se pusieron muy nerviosas. Aconsejé que deberían llevar al muchacho a algún centro médico, pues aunque no parecía tener nada roto, el chico se quejaba de la mucho de la pierna y un brazo. Me comentaron que el lugar más cercano era Albacete, a unos 30-40 kilómetros de allí y que su marido, camionero, se encontraba trabajando y tardaría un par de días en ir.

Albacete no estaba en mi camino y trastocaba mi planes de llegar pronto a casa, pero creí mi obligación ofrecerme a llevarles allí, lo cual aceptaron con agradecimiento. Tardamos algo más de media hora en llegar a la puerta de urgencias del Hospital y allí permanecimos mientras le hacían pruebas al muchacho.

Tras un largo rato de leer revistas de hospital y pequeñas frases de una conversación intrascendente salió un medico. Dirigiéndose a mí nos dijo que tras hacerle varias radiografías, mi hijo se encontraba bien. Le corregí de su error informándole de quien era su madre y mi relación con esa familia. Dirigiéndose ya a ella le informó que tan solo se apreciaba una pequeña fisura en la tibia, que con una venda fuerte sería suficiente para sujetar la pierna y que el muchacho se moviera lo mínimo posible. Sin embargo, aunque no apreciaba nada, aconsejó que se quedara esa noche en observación por el golpe recibido en la cabeza, si bien en principio no había de que preocuparse.

Se miraron ambas mujeres.

    ¿qué hacemos? – preguntó la tía a la madre del chico
    Yo me quedo y ya volveré mañana en el coche de línea o como pueda. – le respondió.
    No sé que hacer.
    No es necesario que estemos las dos. Si quieres puedes irte. Ya te contaré mañana por la mañana.
    Ya sé que es abusar mucho de usted – dijo la tía dirigiéndose a mi – ¿le importaría llevarme a casa de camino de vuelta?
    Sin problema – contesté. Después de todo apenas suponía desviarme de mi camino a casa y perder quince minutos más ese día ya daba igual.

Nos despedimos de la madre que no dejaba de darme mil gracias por la ayuda prestada a su hijo y a ella misma.

El camino de regreso se me hizo más corto, en parte por conocer mejor el trayecto y en parte por los intentos de tener una conversación que A…, la tía del muchacho, intentaba tener conmigo ya sea hablándome del niño o de otras cosas de su familia o bien queriéndome hacer ver mi buen comportamiento ante la situación. Yo intentaba responder con monosílabos cualquier tema sobre mi.

Llegados al pueblo me indicó que vivía en la casa contigua a la de la familia del muchacho aunque pasaba la mayor parte del día en la casa de su hermana. Paré el coche en la misma puerta, dándome las gracias hizo ademán de bajar del coche, pero antes de abrir la puerta me pidió que entrara en la casa pues deseaba entregarme una cosa.
    No, no es necesario. – respondí
    Claro que es necesario. Deja que te agradezcamos todo lo que has hecho por nosotras hoy.
    No hace falta, era mi deber.
    No, has hecho mucho más que eso y te has portado muy bien llevándonos al hospital y quedándote como si lo haría un familiar o un amigo. No me puedes rechazar que te mostremos nuestro agradecimiento.
    Pero es que ya es tarde para mí…
    Por favor.- Insistió.

Me sabía mal no permitirle mostrarse agradecida, además, ya llegaba de noche a casa seguro. Así que paré el motor y le acompañe hasta su casa pensando que querría ofrecerme algún dulce típico del pueblo o algún producto similar.

Entramos en la casa y me pidió que esperara un momento en el salón mientras ella entraba en una habitación. Tras una pequeña espera salió sin nada en las manos y se me acercó. Sin apenas tiempo de reaccionar me dió un beso en los labios.

    ¿que haces? – dime mientras me apartaba.
    Es mi forma de premiarte por lo que has hecho hoy. Déjame que te dé las gracias a mi manera.- decía mientras se me abrazaba.
    Esto no, no es necesario – dije mientras hacía por separarme sin mucha firmeza
    no estoy haciendo nada que no quiera hacer.
    Pero yo no puedo… no está bien…

Volvió a besarme sin que yo reaccionara inicialmente. Estaba algo confuso por lo que estaba ocurriéndome y por qué no reconocerlo, algo temeroso. Dejé que me besar y abrazar por ella. Sus besos y el contacto con ella me producían una sensación excitante y aunque aún no tenía muy claro de qué iba aquello, pensé que no era cuestión de desaprovechar la oportunidad de disfrutar al menos de un buen morreo y de apretarme contra esa mujer que si bien apenas me había fijado en ella empezaba a resultarme atractiva. Así que me dejé llevar por las circunstancias.

Se separó un poco y tomándome de la mano dijo – ven conmigo.

Como sonámbulo, obedecí dejándome conducir hasta la habitación de la que había salido antes que resultó ser un dormitorio. Me condujo hasta la cama sin colcha y nos sentamos a un lado. Entre besos me dejé ayudar a desvestirme por ella. – Ahora yo, espera – dijo. Se levantó y empezó a desvestirse sin permitir que le ayudara mientras se quitaba la suya y apartándose cuando intentaba tocarla o ayudar a despojarse de alguna prenda. – Quieto – me ordenó en alguna ocasión que puse mis manos en ella. Quedaba claro que ella era quien controlaba la situación.

Yo observaba como se iba despojando de su ropa, lo hacía con ligereza  y a la vez calculando cómo y en qué orden mostraba cada nueva zona de su cuerpo a mi vista.

En toda la tarde no me había fijado en ninguna de las dos hermanas de modo especial y en todo momento mi pensamiento estuvo en volver lo antes a casa. Ahora contemplaba si perder detalle como A… se estaba desnudando ante de mí con toda naturalidad, como si fuéramos dos conocidos de siempre. Era algo mayor que yo, por esas fechas pasaba algún año de la treintena. Era de poca estatura, poco más alta que su sobrino, si bien su cuerpo era proporcionado, algo ancha de caderas y culo y unos pechos que era el deseo de mis manos.

–    ¿Qué te parece? – Dijo cuando terminó de desvestirse. Apenas me permitió observar su completa desnudez pues se echó sobre mí y entre besos y abrazos nos acomodamos en la cama. Tras un corto momento de exploración mutua, puso su mano sobre mi pene aunque no hiciera falta más intervención por su parte para que estuviera erecto y yo más que excitado.
–    Deja que yo haga todo – ordenó echándose sobre mi e introduciendo mi pene en su vagina. Comenzó a moverse con movimientos lentos, casi con cuidado, muy despacio pero entrando cada vez más dentro de ella. Ese movimiento lento nos permitía seguir besándonos. La sonrisa burlona de sus labios me daba a entender que aquello también era de su agrado. Poco a poco aumentó la cadencia de movimiento que era acompañada por su respiración entrecortada y con algún gemido ahogado hasta coger un ritmo acompasado.

–    Termina tú – Seguía ordenándome mientras se echaba a un lado y dejaba que me pusiera sobre ella.

–    Como aún podía mantener un poco más mi erección me volqué sobre ella. Yo estaba en mi mayor estado de excitación mientras ella se meagarraba con fuerza a mi con sus piernas y brazos y dando en cada movimiento un pequeño grito. Aguanté cuanto pude llegando al final con varias fuertes embestidas que le provocaron gemidos mayores. Terminé derramando la mayor parte de mi semen sobre su pubis.

Me hice a un lado de la cama y durante unos segundos recuperé la respiración. A… se echó a mi lado con una pequeña risa como la de una niña que ha hecho una trastada. Podía sentir los latidos de su corazón y del mio acompasados. Ella jugaba con el vello de mi pecho o bien me daba pequeños besos en el cuerpo.

–    Ha estado bien – dijo rompiendo el silencio producido.
No respondí.
–    ¿Te gusta cómo damos aquí las gracias?
–    Reconozco que es la primera vez que alguien me agradece algo de este modo. ¿es siempre así?
–    No seas tonto. –  me dio un pequeño empujón fingiendo que se enojaba.
–    ¿sabes? Cuando me pediste entrar en la casa para darme algo pensé en que ibas a sacarme algún dulce típico de la zona o algo similar.
–    ¿acaso no te parece esto dulce? – dijo dándome profundo un beso.
–    En serio ¿Por qué lo has hecho?
–    ¿Qué más da por qué? – parecía sentirse incomoda por mi pregunta – ya te dije que quería darte las gracias ¿ahora me vas a pedir explicaciones?
–    No es eso. No ha pasado nada que yo no haya podido evitar de haberlo querido. Pero no me parece normal, al menos a mí nunca me ha pasado, acostarse con un desconocido por el simple hecho de agradecerle un favor.
–    Hoy te has portado muy bien con nosotras esta tarde – dijo mirándome directamente – No sólo te has preocupado de atender a mi sobrino sino que nos has acompañado y nos has dado tranquilidad a mi hermana y a mí aunque lo de mi sobrino fuera luego un pequeño golpe nada más. Lo que has hecho no lo hace cualquiera aunque pienses otra cosa. Has demostrado ser un buen hombre y me apetecía hacerlo contigo. Pensé que a ti también te gustaría.
–     Claro que me ha gustado.
–    ¿quieres quedarte esta noche? – Dijo poniéndose sobre mí como si quisiera aprisionarme e impedirme cualquier movimiento.
–    No, de hecho debería marcharme ya pues mañana tengo que trabajar y quisiera dormir para ir algo descansado. – amagué incorporarme pero ella puso resistencia.
–    Quédate un poco más. Hagámoslo otra vez. – pidió – déjame.

Sin cambiar de posición se introdujo mi pene echándose de nuevo sobre mi. No hacia movimiento ninguno o casi ninguno pues eran estos eran muy suaves, como un ligero masaje.

–    me gusta tenerte dentro. – Dijo mientras me besaba.

Me gustaba esa sensación de total contacto con su cuerpo caliente que intentaba prolongar con un fuerte abrazo que nos entrelazaba. Podía notar como se aceleraba su latido. Así permanecimos un buen rato hasta que se incorporó y empezó a moverse a un lento ritmo acompasado como si quisiera aprovechar todo el goce de cada movimiento. Mis manos sujetaban su culo atrayéndola hacía mi acompañando su ritmo prolongando el momento de mayor penetración o bien masajeaba su pecho cuando en ocasiones se acercaba a mi. En ocasiones se echaba hacia atrás apretando para ser penetrada más. Su jadeo iba a más. Cuando pareció terminar se echó sobre mí dándome un prolongado y húmedo beso mientras con sus manos sujetaba mi cabeza.

– Termina tú – dijo. Como la otra vez prolongue cuando puede mi erección terminando en esta ocasión dentro de ella con una fuerte embestida y un profundo gemido por su parte quedando ambos agotados.

–    Quédate –  dijo cuando nos recuperamos un poco.
–    Sabes que no puedo. – prolongué varios minutos ese momento permaneciendo abrazados entre esporádicos besos y caricias de ambos.

Me levanté y comencé a vestirme mientras ella me observaba.

–    Me tengo que ir ya.

Se levantó y me acompañó hasta la puerta sin cubrirse ni calzarse.

–    ¿Puedo llamarte? … para preguntar por el chico. – dije para justificar mi petición.

Apunté su número en la agenda de mi móvil y evitando ser vista desde fuera nos despedimos con un beso.

Al día siguiente llame al trabajo diciendo que me encontraba mal pues aunque llegué no muy de noche a casa no puede dormir pensando en A… y mi cabeza no dejaba de pensar en lo ocurrido y que no quedaría en solo en una tarde.

dwriterxxiARROBAyahoo.es

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Una enigmática mujer

Un sensual jadeo hizo que mi polla creciera y comencé a follarla como nunca mientras ella susurraba, gritaba, gemía. Sentir su cuerpo caliente chocando contra el mío era una delicia, sentir sus manos y observar su linda cara que expresaba puro placer. En apenas dos minutos me corrí dentro de aquella chica disfrutando de un polvo que nunca podré olvidar, ella tuvo un orgasmo a continuación.

 

La primera vez que la vi me quedé electrizado, completamente hipnotizado y absolutamente enamorado. Sí, sí, ya sé que esto puede parecer irreal, utópico o el sueño de un loco, pero fue así, la imagen de aquella mujer que guardo desde entonces en mi mente nunca la podré olvidar. Aquella tarde lluviosa en el mes de agosto, mi mujer (Carla) y yo llegamos a la recepción del hotel de Cancún donde teníamos reservada una suite para celebrar nuestros diez primeros años de casados. Recuerdo que estábamos charlando con el recepcionista sobre las actividades que había en el hotel: gimnasio, playa, piscina, pista de baile, restaurante y todo eso, cuando de repente apareció ante mis ojos una auténtica preciosidad de esas que te dejan planchado y anonadado.

Lo primero que sentí de ella fue su embriagador olor, sí, ese olor a un perfume suave pero que mezclado con su piel se convertía en un imán para mis instintos animales. La segunda cosa que sentí fue su voz, una dulce voz que tan sólo dijo: – Por favor, la 327. Aún recuerdo hasta el número. Nada más olerla y oírla mi siguiente percepción fue admirarla y ¡oh alegría para mis ojos!, ahí estaba ella, tan hermosa, tan bella, tan divina. Su larga cabellera negra, su lindo perfil, esos labios gruesos y que se adivinaban tan tiernos, una naricilla respingona, aquella blusa… ay, aquella blusa celeste, que resaltaba un poderoso y vigoroso pecho que desafiaba las leyes de la gravedad y qué decir de la hermosura (y esto es lo que más me atrajo de ella) de un culo con unos impresionantes muslos embutidos en unos vaqueros Levi’s 501 que acababan estrechándose por tus tobillos para terminar con unas sandalias de tacón fino.

Recuerdo cómo tuve una tremenda erección con tan sólo mirarla, es algo que sólo sucede con las mujeres increíblemente sexy como lo era ella, algo que a la mayoría de los hombres nos lleva a perder la cabeza. Yo en ese momento hubiera entregado mi alma al diablo por estrecharla entre mis brazos. La insinuante mirada que me dirigió y su resplandeciente y blanca sonrisa acabaron por hechizarme, tanto fue así que me quedé embobado mirando cómo desaparecía hasta que se cerraron las puertas del ascensor. Mi mujer, que no es tonta, se percató de mi descarada observación a aquella maravilla de mujer y no hizo falta que dijera nada, tan sólo un morrito y el ceño fruncidos.

Aquella imagen de ella no se me borraba de la cabeza. Intentaba recordarla en cada movimiento, en cada postura, en cada detalle de su anatomía. Hay muchos que piensan que eso es deseo sexual o simplemente el amor, yo no sé lo que es, tan sólo algo tan atrayente que es como una droga que tienes que tomar irremediablemente. No tuve que esperar mucho para volverla a ver. Fue en la cafetería del hotel, una vez que mi esposa y yo nos habíamos acomodado en la habitación, justo media hora después de su primera “aparición”. Recuerdo como sin haberla visto, mis ojos, mi subconsciente o mi instinto hicieron que volviera la cabeza hacia el final de la barra para descubrirla de nuevo. Su silueta de perfil sentada en un taburete la hacían escandalosamente deseada.

Aquellos ceñidos vaqueros envolvían con un arte sublime unas fantásticas piernas que ella cruzaba y descruzaba sabiéndose observada por todos. Su pecho parecía querer reventar aquella blusa y salirse juguetón. Sus labios bordeaban una pajita dentro de una copa gigante donde degustaba una bebida exótica de un color fucsia. Sin duda que ella se sintió vigilada por mí y de reojo y manteniendo esa mirada penetrante, con unos ojos divinos, me dedicó una segunda sonrisa, algo que hizo que una nueva erección delatase la excitación que me invadía. Yo trataba de disimular una y otra vez, pero no quería perderme ningún detalle, quería guardar su imagen en mi memoria para siempre y puedo jurar que lo consiguió.

No he visto jamás unos ojos tan expresivos como los suyos ni unos labios tan adorables… Dicen que la cara es el espejo del alma, pues ella debe de tener un alma divina. Después de acabar su bebida, firmó la nota del barman con el número de su habitación, que yo no olvidé (la 327) y levantándose con gran sensualidad del taburete, se dirigió hacia mí. Notaba como el corazón quería salirse de mi pecho, estaba a punto de reventar al igual que mi aprisionada polla bajo el pantalón que pedía ser liberada cuanto antes. La imagen de sus muslos avanzando y chocando entre sí cada vez más cerca, me hacían enloquecer. El movimiento acompasado de sus caderas era toda una danza erótica para mí. Su cara, su preciosa cara, cada vez más cerca de mi se veía brillante, resplandeciente… Lo triste llegó cuando pasó de largo y sólo quedó en mí, su olor y una imborrable imagen de aquel monumento andante…

Esa misma noche, en el pub del hotel apareció de nuevo ante mis ojos. Recuerdo como yo estaba en la barra del bar cuando apareció en lo alto de la escalera con un vestido blanco largo hasta los pies y muy ceñido a su cuerpo, tanto, que sus curvas se veían aún más vertiginosas, todo ello acompañado de un más que apreciable escote que destacaba en aquel vestido de tirantes y su pelo moreno ondulado que caía sobre sus hombros desnudos. Estaba ahí de pie frente a todos, como desafiante, mostrando su belleza y conocedora de la admiración que por ella sentían todos… yo el primero. Se sentó en la barra dejando una raja en su vestido donde asomaba uno de sus morenos muslos. Ella debía saber en qué medida me encontraba yo enganchado de su belleza y cuanto la adoraba, pues las mujeres cuando están requetebuenas, lo saben y sienten esa atracción que por ellas sentimos todos.

Ella era mi diosa particular y nada ni nadie importaban a mí alrededor. Otra vez su deslumbrante sonrisa y su linda mirada se dirigieron a un pobre pecador como yo… me estaba martirizando… Pidió una bebida y mientras esperaba, sus pies acompasaban el ritmo de la música mientras miraba distraída hacia la pista de baile. Cuánto me hubiera gustado bailar con ella aquel ritmo lento y sensual que sonaba como música celestial… estrechar su cintura, sentir las formas de su endiablado cuerpo… notar cómo su pecho se pegaba al mío y cómo su respiración susurraría en mis oídos. Estando en ese ensimismamiento, la voz de Carla, mi esposa, me preguntó:

– Te gusta… ¿no?

Mi reacción fue más que de evidencia y casi no supe que responder…

-¿Cómo? ¿Eh?… yo… esto… no, no…- Ja, ja, ja, ¿cómo que no?, pero si te la estás comiendo con la mirada… – me respondió.- ¿Yo?, bueno, no sé…, no me había dado cuenta… – – Vamos tonto, si se te nota tanto que no lo puedes evitar, tú y casi ninguno de los que están por aquí admirándola. – ¿Tú crees? – Claro… pero, si es lógico, es una chica preciosa y además muy sexy…

Era cierto, la palabra mejor para definir aquella maravilla del universo era decir “una chica sexy”.

– ¿En serio? ¿Crees que es sexy? – Mucho, es muy guapa y tiene un tipo de miedo, eso salta a la vista…

Carla, mi mujer, trabaja desde hace tiempo en una boutique y conoce bien a las mujeres, por lo que el hecho de que viniera de ella que aquella chica era especialmente sexy era todo una crítica profesional muy bien considerada.

– ¿Por qué no te animas y le invitas a bailar? – me preguntó. – Pero Carla… ¿cómo me pides eso? – ¿Acaso no lo deseas? – Esto… sí, claro, pero me parece feo hacerlo así, delante de ti…  – No seas tonto hombre, sácala a bailar… me divertiré viéndote…

En el transcurso de esta pequeña diversidad de opiniones, alguien se me adelantó y la sacó a bailar, algo que terminó con toda posibilidad… Sonrió y aceptó a la invitación que le hizo aquel joven. Me dedicó una última sonrisa y se perdió en la pista de baile… No me atreví a comentar nada más sobre el tema con mi mujer sobre aquella chica durante toda la noche.

A la mañana siguiente y siguiendo las instrucciones de uno de los recepcionistas del hotel, acudimos a una pequeña playa apartada, completamente solitaria, donde mi mujer podría hacer topless sin que nadie la molestase y al mismo tiempo me sirviera a mí para olvidarme de la obsesión que me martirizaba sobre aquella chica, aunque eso era harto difícil, no había otra cosa que rondase mi cabeza que ella, ella y ella, más aún cuando mi mujer había sido la mayor instigadora no sólo a no olvidarla sino a perseguirla durante la noche anterior e intentar sacarla a bailar, algo que no pudo ser.

No me lo podía creer, justo cuando llegamos a la playa y nos quedamos tomando el sol, apareció ella con una bolsa en el brazo, un pareo de flores y un top de tirantes. Para colmo se acercó hasta donde estábamos nosotros y nos saludó con su simpática sonrisa y agitando su mano cariñosamente como si nos conociera de toda la vida. Extendió su toalla, sacó un libro de su bolsa, se desprendió del pareo y apareció su fantástico y alucinante culo tapado con un mini tanga rosa increíble. Al agacharse me mostró a tan solo un par de metros de mí, unos muslos perfectamente torneados, morenos y esbeltos y como aquella diminuta braguita se introducía dentro de su redondo trasero.

Mi erección fue una vez más, incontrolable. A continuación se despojó del top de tirantes y se quedó en topless con sus dos hermosas tetas al aire. Yo creía morirme, no me lo podía creer. Con lo grande que es el mundo y sobre todo aquella zona, pero parecía que me estaba persiguiendo ella a mí en vez de al revés… La miré, me miró, la sonreí, me sonrió… cuando me quise dar cuenta y volví la mirada hacia donde estaba mi mujer, entendí que se había dado cuenta de todo. Yo no sabía dónde meterme, aquella situación era muy comprometida y estaba totalmente azorado. Fue Carla la que me tranquilizó:

– Tranquilo hombre, que no me mosqueo, tienes buen gusto… la chica es preciosa…

A mí me temblaba todo el cuerpo, no podía evitar la erección bajo mi bañador ni disimular lo apurado que estaba ante la situación. Volvió a preguntarme:

– ¿Qué pasa cariño? ¿Estás incómodo? – Desde luego que se había dado cuenta y yo ya no lo podía disimular más… – Sí, lo siento… – No, no lo sientas, es algo natural y no se puede luchar ante eso…

Sus palabras no dejaban de confundirme y no estaba muy seguro de por qué me decía todo aquello, estaba desorientado… Ella continuó…

– Dime, ¿no te gustaría hacer el amor con ella? – ¡Pero Carla! – contesté con cierto enfado, aunque en el fondo era eso lo que más deseaba… – Vamos, no me engañas… tus ojos te delatan y es lógico, la chica es una monada…

Yo creía estar viviendo un sueño o quizás una pesadilla, no me creía que todo aquello estuviera sucediendo realmente.

– Carla, creo que te has vuelto loca… – le dije. – ¿Por qué? ¿Acaso no es verdad?, sé cuánto te apetece acariciarla, rozar su cuerpo desnudo y lamer toda su piel, sé que cuando hemos hecho el amor estos días tus pensamientos eran hacia ella, sé que la deseas profundamente y que eso te está volviendo loco… –

Hizo un silencio me observó durante unos segundos y después me lanzó una de sus comunicativas sonrisas, al tiempo que me decía:

– Me gustaría que hicieras el amor con ella…- Carla, no entiendo nada de todo esto, ¿me estas proponiendo que me acueste con otra mujer? o ¿se trata de una broma de mal gusto? – Para nada, cariño, lo que más deseo en este momento es que seas feliz y que disfrutes con esa linda chica.

Las palabras de mi mujer me desorientaban y no sabía muy bien de qué iba todo aquello, aunque suponía que iba en serio… Mientras tanto aquella preciosa chica se dirigía hacia el mar dispuesta a bañarse y yo no me perdí detalle de cómo esa especie de ángel se sumergía en las cálidas aguas de un mar cristalino. Después de nadar y jugar un rato en el agua, volvió a su toalla y se secó cuidadosamente toda la piel al tiempo que me miraba y me sonreía. Yo parecía estar atrapado en un juego maléfico entre las dos mujeres: una me torturaba con sus movimientos más que sensuales y la otra con sus intencionadas palabras.

Esa chica recogió sus cosas y con su cuerpo todavía húmedo se colocó un vestido corto que se abotonaba por delante y en cada botón parecía verla guiñarme un ojo o eso a mí me parecía. Después con esa habilidad innata de las mujeres se despojó de la braguita de su bikini por debajo del vestido sin dejar ver nada pero ofreciendo esa sensualidad que le deja a uno con la boca abierta sabiendo que bajo aquel vestido tan solo estaba su lindo cuerpo desnudo.

Después de ella nosotros recogimos nuestras cosas y nos dirigimos al comedor del hotel donde servían el almuerzo al aire libre. De nuevo esa mujer estaba allí como esperándonos, la continua visión de aquella chica se estaba convirtiendo en una persecución para mi cabecita y hacer que la deseara aún más por cada minuto que pasaba delante de mis ojos.  Sus morenas piernas cruzadas, su pelo mojado, sus ojos verdes y su deslumbrante sonrisa eran motivo más que suficiente para tenerme totalmente hechizado. Saber que no llevaba nada bajo el vestido hacían torturar aún más a mi cabeza.

Tras todos estos tortuosos avatares de encuentros ante mí deseada desconocida, preso de su hermosura, de sus insinuantes exhibiciones ante mí y sobre todo de su carga erótica, mi locura llegó al límite cuando aquella tarde tras el almuerzo y mientras mi mujer y yo nos encontrábamos en la habitación del hotel viendo la tele e intentando apaciguar el calor sofocante con el aire acondicionado de nuestra suite, llamaron a la puerta.

Fui a abrir y cuando al otro lado me encontré con ella, sí, sí… con ella, creí que iba a desmayarme. Su mano apoyada en el quicio de la puerta con ese descaro de niña traviesa, su otra mano apoyada en la cadera, sus piernas cruzadas a la altura de los tobillos y envuelta en aquel ceñido y corto vestido veraniego como única prenda y que remarcaba las curvas de un juvenil y ardoroso cuerpo terminaron por dejarme sin habla.

– Hola – fue su única palabra a la que yo no pude responder.

Mi mujer conocedora de toda la maniobra y a buen seguro que la creadora de todo el montaje, la invitó a pasar con toda la naturalidad del mundo. Se dieron dos besos como si fueran dos grandes amigas y a continuación la tomó de la mano para acompañarla hasta el borde de la cama donde la invitó a sentarse. Le ofreció una copa de champán que aceptó con su inconfundible y seductora sonrisa. Yo no podía creer que todo aquello estuviese sucediendo realmente y más a un cuando me ofrecieron una copa y estábamos los tres brindando, sin saber todavía muy bien por qué.

El siguiente paso de mi mujer fue el de poner música ambiental, bastante sugerente, al tiempo que me tomaba de una mano y se apretujaba contra mí, mientras colocaba mis manos sobre su cintura y me besaba en el cuello. Comenzamos a bailar delante de nuestra preciosa invitada que nos sonreía sentada sobre la cama. Los movimientos de mi esposa denotaban una tremenda excitación, algo que se había apoderado del ambiente.

– Bien, ahora con ella… – dijo mi mujer y tomando mi mano y la de aquella impresionante mujer nos unió para continuar con el baile pero esta vez junto a mi precioso y deseado bombón mexicano.

Cuando sentí su cuerpo caliente pegado al mío creí morirme y cuando sus blanditas tetas me oprimían el pecho, mi pene quería salirse del pantalón, algo que ella percibió y que no le disuadió de separarse de mí, sino todo lo contrario y cuando quise darme cuenta, nuestros cuerpos estaban fundidos bailando al son de una música melosa.

Yo estaba en el cielo, o en la gloria, pero no creía estar viviendo la realidad sino un sueño. Estaba en la habitación de un hotel en Cancún, con mi esposa y con una joven desconocida a la que tenía enredada entre mis brazos muy pegadita a mí y a la que furtivamente acariciaba sobre un ligero vestido, una hermosa mujer que me había vuelto loco desde el primer día y que ahora tenía completamente pegada a mí, una chica joven, de no más de veinticinco años con una hermosura salvaje y exótica y que la convertían en una especie de bomba sensual…

– Qué calor hace aquí… – alcanzó a decir mi mujer.

Sin apenas darme cuenta y cuando me giré para verla, me di cuenta que mi esposa estaba completamente desnuda. A continuación separó a aquella chica de mi cuerpo y se colocó frente a ella. Lentamente y como si de un rito se tratase fue despojando a aquella joven de su vestido, soltando los botones uno a uno. De pronto su única prenda cayó al suelo y quedó al igual que mi mujer, completamente desnuda de espaldas a mí. Ese ángel adorado estaba ahora frente a mí mostrando una linda piel desnuda, una espalda erguida, una hermosa y estrecha cintura y un vigoroso y espléndido trasero.

Mi mujer la hizo girar sobre sí misma para ofrecerme toda su desnudez , esta vez de frente a mis ojos. Su anatomía era perfecta, la belleza de su cara acompañaba a un precioso y armonioso cuerpo que ya había observado en la playa pero que ahora, desnudo, era aún más bonito. Unas tetas perfectas no muy grandes y ligeramente caídas, lo justo, una cintura estrecha, un vientre liso, unos preciosos muslos y un sexo precioso en un cuerpo alucinante. Las manos de mi mujer comenzaron a acariciar aquel cuerpo. Estaba pegada a la espalda de la chica y una mano acariciaba sus pechos por los costados mientras la otra jugueteaba con su ombligo.

– Desnúdate cariño – me ordenó.

Como un autómata me fui desnudando hasta despojarme de toda mi ropa y quedar despelotado igual que ellas. Mi erección era mayúscula, algo que hizo que esa mujer mirara mi polla con deseo mientras se mordía los labios. Carla me sonreía tras el perfecto cuerpo desnudo de aquella joven, mientras sus manos jugueteaban por toda la anatomía de la chica al tiempo que me preguntaba:

– Está buena… ¿no?

Yo apenas podía creerme nada y menos podía contestar, sólo me limité a sonreír a modo de aprobación a sus palabras y mi mujer continuaba con el juego…

– Mira qué labios… – me decía mientras le metía el dedo índice en la boca y la chica lo chupaba como si fuese un rico caramelo…después Carla bajó su mano dibujando su silueta por sus brazos, por su cintura, por sus tetas hasta rozar su sexo ligeramente con sus dedos. – Mi esposa, ordenando aquel maravilloso embrollo, me invitó a unir mi cuerpo al de ellas y así lo hice sin dudarlo.

Nuestros tres cuerpos chocaron y comenzaron a acariciarse por todos lados, notaba como mis manos buscaban ese nuevo y desconocido cuerpo y otras manos abarcaban el mío. No sabía muy bien si era mi mujer o la chica la que me tocaban pero en esos instantes sólo estaba recibiendo un placer tan intenso que me hacían perder la orientación de todo.

– Arrodíllate. – ordenó Carla a la chica. – Ésta obedeciendo se agachó frente a mí quedándose de rodillas y mirándome a los ojos fijamente. Carla no tuvo que decirle nada más. La hermosa desconocida me agarró dulcemente la polla, con delicadeza y comenzó a masajearme al tiempo que con la otra mano rozaba mis huevos.

Sacó su lengua y jugueteó con ella sobre mi glande proporcionándome un gusto tremendo y poco a poco se fue metiendo todo mi miembro en su boca y saboreándolo lentamente comenzó a mamarme como nunca lo había hecho nadie. Apretaba sus labios contra mi verga y sus ojos se iluminaban observándome.

Mi esposa se sentó en la cama y se limitó a observar la operación, parecía estar disfrutando con el show y aprovechaba para rozar con sus dedos su mojado chochito. Mientras tanto la impresionante mujer que me tenía loco, ahora estaba volviéndome aún más loco cuando su boca estaba literalmente comiéndose mi polla. Justo cuando estaba a punto de correrme, esa mujer se incorporó de pie y comenzó a besarme y pegando su cuerpo al mío sus manos no dejaron de acariciarme, sobarme y pellizcarme por todo el cuerpo, sus uñas rozaban mi espalda con un deseo que me dejaba atontado.

Se tumbó en la cama, abrió sus piernas y sus brazos y ofreciendo un espectacular cuerpo desnudo me invitó a tumbarme sobre ella, todo esto sin decir palabra, una mirada y una sonrisa eran su único lenguaje y el mío también, pues tan sólo me limité a obedecer.

Miré a mi esposa que estaba masturbándose sobre la cama fogosamente mientras nosotros nos colocábamos junto a ella. La chica tomó mi miembro con su mano y lo fue colocando hacia su deseada cuevita y como un adolescente me metí dentro de ella como si la vida se me fuera en el intento.

Un sensual jadeo pronunciado por ese bombón, hizo que mi polla creciera dentro de ella y comencé a follarla como nunca mientras ella susurraba, gritaba, gemía. Sentir su cuerpo caliente chocando contra el mío era una delicia, sentir sus manos acariciando mi espalda y observando su linda cara que expresaba puro placer. En apenas dos minutos me corrí dentro de aquella chica disfrutando de un polvo que nunca podré olvidar, ella tuvo un orgasmo a continuación ya que ahora volví a oír su voz cuando me gritaba:

– Sí, sí, sí, sí… qué bien… – Sin separarme de ella noté que mi mujer estaba tras de mí besando mis muslos, luego mis huevos y finalmente sacando su lengua me chupaba por todo el culo, algo que hizo que tuviera otra erección casi inmediata. Continué follando durante toda la tarde a aquella chica y mientras ella descansaba mi mujer ocupaba su lugar… Fue increíble hasta que mi cuerpo dolorido y mi polla exhausta dejaron de funcionar. Los tres nos quedamos dormidos, desnudos y abrazados, sudorosos, agradecidos, victoriosos…

A la mañana siguiente aquella impresionante mujer me despertó con un beso en los labios, estaba vestida y tan solo se despidió de mí con un guiño…

– Espera… por favor… no te vayas, no se tu nombre… – le rogué. – Poniendo su mano en mi boca me hizo callar, giró ligeramente mi cuerpo, hasta quedar mi culo frente a su cara, sacó un bolígrafo escribió algo en mis posaderas y desapareció.

Salí desnudo hasta la puerta de la habitación, pero ella se había esfumado como el humo…. Corrí hasta el baño y girando sobre mí mismo me miré en el espejo para intentar leer lo que ella me había escrito, tan sólo pude leer su dirección de correo electrónico: Ese es el único dato que conservo de ella, pero desde entonces no me he atrevido a escribirle.

Todavía hoy recuerdo su olor, su inconfundible olor… y su cuerpo… que cada vez que le veo en mi mente siento como una descarga por todo mi cuerpo…

Autor:Tartufo

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Amanecer del año nuevo a puro sexo

Ella comenzó a bajar y metérsela, comenzó a introducirlo más, se agachó y se le salió un poco, volvió a enderezarse e introducirlo, comenzó a subir y bajar lentamente hasta que terminó cabalgando fuertemente, yo mientras tanto le había metido mi mano en la vagina y la masturbaba notando como salían torrentes de sus jugos. Cabalgó hasta que sintió el semen caliente en su culo.

Estimados amigos, anoche he estado chateando con un amigo y me dio ánimos para que les contara como terminó la primera madrugada del año nuevo. Como ustedes abran leído en mi relato anterior, recibí el comienzo del año en un hotel alojamiento, con un amigo disfrutando de una hermosa noche de sexo, lo que me había quedado pendiente era contarles que pasó luego con la chica que nos trajo el champagne a la habitación.

Cuando ella llamó, no recuerdo a que hora fue, él le abrió la puerta como yo lo  había hecho antes, totalmente desnudo, asomó la cabeza para ver quien era y al verla le abrió para que pasara, traía un balde con hielo y una botella de champagne y además una bandeja con un pan dulce cortado en rodajas. Esto en un obsequio de la casa nos dijo. Depositó todo sobre una mesita y yo le agradecí lo que traía dándole un beso en los labios, en esos instantes salió mi amigo del baño al cual había entrado para higienizarse, ella no pudo evitar mirar el hermoso miembro que tiene, que a pesar de tenerlo en esos momentos un poco flojo, se le notaba que tenía un lindo tamaño.

El se acercó y le dio un suave beso en la mejilla, deseándole un buen año, seguidamente las dos nos sentamos en el borde de la cama y él lo hizo en una silla delante nuestro, abrió la botella y sirvió los vasos, ella solo había traído uno ya que había traído dos anteriormente. Comenzamos a charlar y nos enteramos que la chica tenía 40 años (aunque no los aparentaba), que tenía un hijo de 18 y que estaba separada desde hacía muchos años, nos contó que su hijo vivía con los abuelos y como no tenía familia cerca, al estar sola el fin de año, aprovechó para trabajar y ganarse unas extras.
La chica al recordar a su familia comenzó a lagrimear e hizo un ademán como para levantarse e irse, le pedimos que se quedara un rato más, que comprendíamos el momento que estaba pasando y que no perdiera la esperanza de encontrar al hombre de su vida.

En esos momentos mi amigo se había parado al lado mío y tenía su mano apoyada en mi hombro, yo lo tenía agarrado por la cintura con su hermoso miembro a pocos centímetros de mi cara, ella me dio un beso agradeciendo lo que le habíamos dicho y al acercarse vio muy de cerca el hermoso pene a pesar de que la luz de la habitación era tenue, yo había metido mi mano desde atrás por entre sus piernas y le estaba acariciando los huevos, cosa que había hecho crecer su pene. Ella lo observó apoyada en mi hombro y le pregunté cuanto hacía que no tenía algo así, ella contestó con un suspiro que hacía mucho tiempo que no tenía relaciones sexuales, que muchas veces al ver a hombres que ingresaban al hotel e imaginarse lo que harían con las mujeres que los acompañaban, se había metido en el baño para calmarse.

Solté a mi amigo y le pedí que se parara, al verla frente a nosotros le dije que era una tonta, que tenía un lindo cuerpo y que no tenía que desperdiciar su vida por un fracaso matrimonial, notamos que el delantal que tenía nos dejaba ver un lindo par de piernas y se lo dijimos, ella nos agradeció con una sonrisa, me levanté y le desabroché el delantal diciéndole que estaba toda transpirada y que se pusiera más cómoda, se dejó hacer, le saqué el delantal y vimos que tenía unos lindos pechos sujetos por un corpiño y un culote, me le puse detrás y le desabroché el corpiño cayendo al piso, luego le bajé el culote levantando ella los pies para que se lo pudiera sacar.

Mi amigo que se había acostado en la cama, nos miraba sonriente ya con su pene bastante duro, al ponerme frente a ella vi que tenía unos pezones hermosos de más de un centímetro, sus pechos eran un poco más grandes que los míos, bastante firmes y al mirar hacia abajo, observé que tenía un lindo matorral sobre su conchita.

Se lo acaricié y noté que estaba toda mojada, se lo comenté y me contestó que había transpirado mucho y que no había tenido tiempo de darse una ducha, bueno entonces vamos a la ducha, le agarré la mano y nos fuimos las dos hacia el baño. Comenzamos a enjabonarnos mutuamente y me confesó que era la primera vez que hacía una cosa así con una mujer, yo le enjaboné toda la entrepierna y le acaricié la conchita escuchando de ella leves gemidos de placer.

Ella repetía todo lo que yo le hacía, en un momento al quedar frente a ella, la agarré por el cuello y acerqué su cara a la mía dándole un profundo beso de lengua a lo que ella me respondió de la misma manera, eso parece que terminó de descongelarla, se agachó y me besó la vagina acariciándome toda.

Seguidamente nos secamos y salimos del baño dirigiéndonos a la cama donde mi amigo que había visto todo a través de la puerta que habíamos dejado abierta y ayudado por los espejos que rodeaban a la habitación, nos esperaba sonriente y con su pene bastante duro. La acostamos entre medio de los dos y comenzamos a atenderla como correspondía a una invitada, comenzamos por sus pechos, luego me dirigí hacia su conchita, mi amigo le acercó el pene, ella se lo agarró y comenzó a acariciarlo suavemente sin dejarlo de mirar, fue acercando su cara y comenzó a besarlo todo hasta que finalmente se lo introdujo en la boca y comenzó a chuparlo frenéticamente.

Mientras tanto yo me había metido entre sus piernas y le estaba dando una linda lamida a su conchita sintiendo como comenzaba a salir una hermosa oleada de flujos de su interior, parecía que no acababa nunca de gozar. Mi amigo le avisó que si seguía mamándosela de esa manera le acabaría en la boca, ella lo soltó y le pidió disculpas, se puso un forro y se puso delante de ella, le abrió las piernas, se las levantó sobre sus hombros y acariciándola la comenzó a coger lindo, yo me puse casi sentada a su costado cerca de su cara y le di un beso, luego comencé a chuparle las lindas tetas que tenía, ella me metió dos dedos en mi conchita que estaba totalmente mojada; al rato se los llevó a la boca para sentir mi perfume, comenzó a gemir cada vez más hasta que en un grito comenzó a tener un orgasmo que según ella había sido el mejor de su vida. Mi amigo siguió bombeando en su interior hasta que se descargó totalmente, luego se subió sobre ella arrodillándose sobre sus pechos y descargó el forro y ella con sus manos lo desparramó por sus pechos y se lamió los dedos sintiendo el sabor de él.

Nos dio un profundo beso a los dos y nos agradeció la forma en que la tratamos el primer día del año. Mi amigo que todavía estaba arrodillado sobre ella, me miró sonriente y yo entendí lo que quería, acerqué mi boca a su miembro y comencé a mamarlo sintiendo la mano de la chica que me acariciaba la cola y mi conchita desde atrás, cuando la tuvo dura, él se acostó de espaldas, me le monté también de espaldas, metiéndome su verga en mi vagina y cabalgando un rato mojándosela toda, la saqué y él la agarró manteniéndola parada. Me fui sentando lentamente metiéndomela por atrás, cuando la tenía casi toda dentro me recosté hacia atrás acariciándome la conchita. La chica al ver esto se puso entre mis piernas y abrió los labios de mi vagina y comenzó a lamerla hasta yo tener un orgasmo enorme, no paraba de saborear mis jugos, ella llenaba su boca y los desparramaba sobre sus pechos.

Mi amigo mientras tanto trataba de bombear su pene dentro de mi culo dado que por la forma en que yo me había acostado sobre él lo limitaba bastante, le pregunté a la chica si alguna vez lo había probado por atrás y me contestó que su ex marido lo había hecho de una forma brutal y que la había lastimado mucho, debiendo ir a ver luego a una doctora para que la curara.

Le ofrecí probar y que ella controlara la entrada, dudó un poco y luego dirigiéndose al delantal sacó un pequeño sobre de gel de los que les dan a los clientes, me pidió que le pusiera un poco y luego se sentó mirando a la cara a mi amigo, le sostuve el pene y ella comenzó muy despacio a bajar y metérsela, estuvo un buen rato para que le entrara la cabeza y luego muy lento comenzó a introducirlo más, en un momento se agachó hacia delante y se le salió un poco, se quedó unos instantes quieta y luego volvió a enderezarse e introducirlo más, se lo metió más de la mitad.

Comenzó a subir y bajar lentamente hasta que terminó cabalgando fuertemente, yo mientras tanto le había metido mi mano en la vagina y la masturbaba notando como salían torrentes de sus jugos.

Cabalgó hasta que sintió el semen caliente en su culo, se quedó quieta un largo rato y luego lo fue sacando muy despacio. Nos quedamos acostados los tres abrazados con ella en el centro y nos comentó lo lindo que la estaba pasando con nosotros, que sería un comienzo de año muy bueno si todo continuaba de la misma manera. Seguidamente nos dijo que tenía que irse dado que le habían pedido a su compañera que la reemplazara por un rato y ya había pasado mucho tiempo.

Nos dirigimos los tres hacia el baño y nos dimos una ducha juntos, la secamos y la acompañamos a la puerta, antes de salir nos dio su teléfono y nos pidió que la llamáramos cuando quisiéramos, que nos recordaría toda la vida. Nosotros volvimos a la cama y nos abrazamos exhaustos por la forma en que habíamos cogido. Personalmente nunca me había imaginado que el primer día del año estaría en un hotel alojamiento disfrutando de un trío con una mujer desconocida.

Alrededor de las ocho de la mañana, salimos de la habitación y nos dirigimos a la cochera, encontrando a la chica que ya había terminado su turno de trabajo, le ofrecimos llevarla, aceptó, al salir antes de llegar a su casa, paramos en una estación de servicio y nos tomamos un buen desayuno para reponer las energías perdidas.

Autora: Ansiosa

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Mis amigas I

Ella no se había quitado la ropa, y pude comprobar no llevaba ropa interior. Sin poder resistir la tentación decidí tomar iniciativa, me levanté y se la clavé directo al ano.  La cabeza entró absorbida por ese agujero y el resto fue entrando mediante los chillidos de ella. Al final, una vez dentro, empecé un mete saca hasta que el ano quedó no solo dilatado sino abierto completamente.

Mi nombre es Javi y tengo 19 años. Desde hace algún tiempo he tenido algunos encuentros sexuales con bastantes amigas mías. Todas las conocí por Internet y acabaré contando las historias por esta misma vía.

Soy moreno, mido 1’72 y peso aproximadamente 68 kilos. Según las chicas con las que he hablado, mi aspecto físico no queda totalmente a la vista hasta que no me saco la camiseta. A todas las chicas les chifla que me la saque.

Gina era una chica de unos 18 años, morena, de tez oscura y con los ojos marrones. No sé qué medidas tiene exactamente, pero se que su cuerpo es especial. Tiene unos pechos redonditos y una cadera digna de ver. Está delgada, pero aún así conserva un culo delicioso.

La conocí un día entrando a un chat sobre bares de Barcelona, y la encontré con el apodo Gen. No se porqué me atrajo su forma de escribir o su propio sobrenombre, pero acabé charlando con ella. Hablamos durante dos horas seguidas y prometimos continuar hablando la madrugada siguiente. Cuando nos encontramos de nuevo estuvimos conociéndonos mejor a través del chat, y entonces supe que vivía a tan sólo a dos calles de la mía. Eso fue el paso que me llevó a quedar con ella un día caluroso de verano.

Quedamos en un establecimiento al lado de nuestros pisos y cuando la vi me enamoré de su cuerpo. Al verla le levanté la mano, ya que me dijo que llevaría una falda muy corta negra y un top también muy corto del mismo color. Al ver quién era se dirigió hacia mí y nos dimos un beso en los labios. Ella ya me avisó que solía saludar así a sus verdaderos amigos, y aunque acabábamos de conocernos y yo la tenía como conocida simplemente, ya me fue bien que me besara.

Empezó a contarme todas sus relaciones con chicos y que no había recibido lo que ella quería. No vino a cuento, pero parecía que quería contármelo así que le seguí el rollo. Llegó un momento en que no aguantábamos el calor de verano y me dijo que se estaba ahogando que si tenía aire acondicionado en mi casa. Le dije que sí, y que si quería podíamos subir, que estaba solo y no esperaba a nadie. Ella accedió encantada así que subimos y activé el aire. Pero fue activar el aire y ella apagarlo. Recordaré toda la vida lo que me dijo:

– ¿Puedes hacerme un favor? – Claro, lo que quieras…- dije yo. – ¿Podrías darme un beso? La besé como nos habíamos besado anteriormente, pero al separarnos me dijo: – Un beso de verdad.

Ahí yo, perplejo, cogí y la besé. Durante el beso noté que su mano se posaba en mi espalda y empezaba a acariciármela por encima de la camiseta. Yo ya no podía más, mi cuerpo me pedía guerra y ella la necesitaba, así que la tiré en el sofá y me saqué la camiseta.

Ella me miró y sonrió pícaramente, así que me tiré encima suyo y empecé a acariciarle su precioso culo por encima de la pequeña falda. Su mano ahora se dirigía hacia mi culo y empezó a acariciármelo por encima de los tejanos.

– Quítate la ropa. –me dijo de golpe.

Yo, excitado como estaba, obedecí sus órdenes, me quité la ropa y quedé en calzoncillos. Ella se enderezó y sacó mi pene, erecto, de 18 centímetros de largo. Pocas veces lo había visto tan duro, la situación de hacerlo con una semi desconocida me excitaba todavía más. Ella, dejándome de pie, empezó a lamer la punta de mi pene y fue bajando, como si de un caramelo se tratara.

A partir de entonces empezó a chupármela lentamente, de una forma sensual mientras jugaba con sus dedos en mis huevos. Cuando ya no pude más le pedí que parara, la retiré y ella se puso de espaldas.

– Ahora deberás darme placer tú a mí, ponte detrás de mi culo y lámeme el coño y el ano.

Al decirme esto no tuve otro remedio que seguir su consejo y ponerme detrás de ella y mientras estaba tirada en el sofá, boca abajo, yo le iba lamiendo su ano, empecé a meter un dedo y le acariciaba el coño con los otros dedos. A todo esto ella no se había quitado la ropa, y como pude comprobar no llevaba ropa interior. Sin poder resistir la tentación decidí tomar iniciativa, me levanté y se la clavé directo al ano.

La cabeza entró absorbida por ese agujero y el resto fue entrando mediante los chillidos de ella. Al final, una vez dentro, empecé un mete saca hasta que el ano quedó no solo dilatado sino abierto completamente. Entonces utilicé mi técnica, después del dolor siempre llega el placer, y le pregunté para que me dijera que continuara…

– ¿Quieres que pare? ¿Te duele mucho? – ¡Sigue maldito cabrón! ¡Sigue!

Así que seguí y seguí hasta que no pude más. Acabé dentro de ella, y caí exhausto al suelo.

– Ahora tendrás que limpiar lo que has hecho, ¿no? Venga cabrón, después de lo que me has hecho pasar tendrás tu castigo.

Se sentó encima de mi cabeza, y de su ano empezó a brotar todo el semen que yo había metido en el, junto con el sudor y sus propios líquidos vaginales acabó siendo una mezcla que recuerdo, era deliciosa.

Tras ese polvo anal tuvimos varias experiencias más, aunque ya las contaré más adelante si queréis que os las cuente. Si os ha gustado y queréis que continúe enviadme comentarios.

Autor: Iattez

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