Perdida en la isla

Por fin pudo realizar el viaje de sus sueños, unas merecidas vacaciones que perseguía desde hace muchos años, a veces pensaba que demasiados años.

Y es que ella, a sus cuarenta y tantos años bien cumplidos, pasando como trabajadora desde muy temprana edad, novia y esposa sin posibilidades de disfrutar como los dos estados vividos y que terminaron en una separación ya superada por ella, hijos emancipados y libres y muchas ganas de vivir, sentía la necesidad de hacer aquellas cosas que siempre había soñado y que nunca había podido realizar.

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Mi primera vez con un desconocido de Facebook

Hay mucha primeras veces, la primera vez q caminamos , o que pronunciamos mamà y papà, pero hay una primera vez que nunca se olvida, esa ves en que pierdes tu virginidad.

Recuerdo haber intentado tenerla en muchas ocasiones, pero siempre hubo alguna interrupción antes de llegar a la faena, pero sucedió cuando menos lo esperaba, en un país ajeno a mi, luego de cumplir la tan esperada mayoría de edad.

Él era un completo desconocido para mi, solo habíamos hablado x Facebook, pero estuvo insistiendo durante mucho tiempo, y ya se, dirán que estoy completamente loca y lo acepto.

Recuerdo bien aquella tarde, había quedado con el novio de una amiga para los ensayos del grupo de baile pero fue una perdida de tiempo, así que quede con este chico que conocí en facebook. Debido a que iba a llegar tarde y en mi inmensa locura, comencé a caminar por aquel lugar comercial donde habíamos quedado y termine haciéndome un tatoo,  el cual quedo horrible, porqué el tatuador estaba mas concentrado en tratar de follarme que en el tatoo, pero bueno eso no importa ahora.

Nos encontramos y me pidió que fuéramos a otro lugar y como era de esperar me llevó a un motel, y sabiendo lo que se aproximaba, entré al baño llena de nervios y al salir se me acercó y aventó a la cama lo que me asusto, pero seamos sinceros, me excitó demasiado.

Poco a poco comenzó a besarme, a pasar sus fuertes manos por mis piernas, lo cual me fue humedeciendo rápidamente. Cuando menos lo esperaba, se subió encima de mí y comenzó a arrancarme la ropa, era muy rudo y yo me iba poniendo como una moto y con mucha timidez comencé a a desabrochar su pantalón. Al parecer, le gustó mi iniciativa, ya que comenzó a lamer y morder mis pequeños senos y fue bajando hasta mi vagina. Estaba llena de nervios pero con aquella excitación no podía negarme a nada, así que lo deje jugar como quisiese con mi cuerpo. Una vez en mi sexo, comenzó a jugar con mi clítoris, lo chupó, succionó y mordió. Era alucinante, mi temperatura se salía de control y poco a poco comenzó a meter uno por unos sus dedos en mi vagina mientras jugaba aún con mi clítoris, lo cual me hacía arquearme y retorcerme de la excitación. Estaba realmente mojada y caliente, aunque también un poco avergonzada de estar así frente a un completo extraño. Mi cuerpo y la putilla dentro de mi, pedía mas.

Cuando menos me lo esperaba sacó su pene del pantalón. Era enorme, lo cual me intimidó xq me habían repetido un montón de veces que la primera vezs duele demasiado, pero ver aquella monstruosidad que estaba totalmente dura me incitaba a quererla dentro de mi boca. Me sorprendí a mi misma cuando me acerqué y la tomé entre mis manos. Y aunque era enorme , no pude evitar pasar mi lengua por la cabeza de su pene y lentamente fui metiéndolo en mi boca … lo observé y noté que le gustaba lo que hacía, así que comencé a chuparlo rápidamente, jugaba con él como una niña con juguete nuevo, movía mis manos de arriba hacia abajo al compás de mi boca, jugaba con sus testículos y pasaba mi lengua desde la base de su pene hasta la cabeza.  Rodeé un par de veces la cabeza de su pene con mi lengua, incluso la pasé pon el orificio en la parte superior del pene, eso le encantó, lo puso a 1000 y rápidamente me abrió de piernas para penetrarme.

Su pene se poso en mis labios vaginales y comenzó a abrirse paso en mi interior. Al comienzo dolió pero luego se sintió bien una ves toda dentro  comenzó a moverse regularmente y lentamente fue aumentando el bamboneo dentro de mi. Se sentía demasiado bien como aquel pene enorme separaba mis paredes vaginales para entrar, me volvía loca, estaba frenética y mi cuerpo pedía mas. Subió mis piernas a sus hombros y comenzó de nuevo, era maravilloso, no podía disfrutar más , probamos una o dos posiciones más hasta que se vino, yo estaba exhausta y me acosté junto él, me besó y me preguntó si me había gustado. Yo, incapaz de hablar, asentí con la cabeza, y el, muy delicadamente me beso y me dijo al odio: -Déjame ser también el primero en en cogerte x el culo, aquello me tomó x sorpresa y obviamente se noto en mi cara xq comenzó a reír y me dijo q no me asustar que igual si no quería no pasaba nada, estaba exhausta pero tengo que aceptar que soy un poco golosa así q le dije q lo intentáramos y lo bese a el le tomo x sorpresa mi beso y me tomo fuerte x la cintura y comenzamos nuevamente a tocarnos y jugar con nuestros cuerpos me tomo completamente x sorpresa cuando me puso en cuatro, abrió mis nalgas y comenzó a pasar si lengua por mi ano  pero se sentía bien su pene estaba duro de nuevo pero esta ves si fue mas despacio, primero metió poco a poco sus dedo y luego comienzo con su pene entro primero la cabeza , la saco y poco a poco de esa manera lo fue entrando hasta que lo metió completo…. tengo que confesarlo dolió menos de lo  esperado, una ves con toda aquella monstruosidad dentro de mi ano comenzó a bombear y poco a poco acelerando el rito, confieso que aun no entiendo como una cosa tan grande y gorda puede entrar x completo en un agujero tan pequeño pero se siente delicioso. bombeo hasta que se vino, termino dentro sentía como su pene palpitaba y se ensanchaba dentro de mi, mientras un líquido caliente salía de su polla a mi interior, se sintió muy bien pero una llamada interrumpió era tardísimo y ya me tenía que ir a casa.

Toda sudada y agitada, entré a ducharme y él entró unos minutos después se sentía raro estar en la ducha con un hombre pero no estaba incomoda ya sentía como que le conocía, en la ducha no pudimos aguantarlo y tuvimos un ultimo polvo fue exquisito sentir el roce de nuestros cuerpos mojados u enjabonados y una vez más su aliento en mi cuello.

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Una Fiesta

Mi nombre es Jenny y esta historia me pasó la pasada semana.

Fui a una fiesta en casa de una amiga del instituto. En la fiesta había un montón de gente, algunas compañeros/as de la clase, otras de otra clase y amigos de amigos. Yo estuve bebiendo con mi amigas toda la noche. A mitad de esta me empecé a encontrar mal y mi amiga, la dueña del piso me dijo que me acostara en su cama  a descansar. Entré en el cuarto que estaba alejado del salón donde estaba concentrada la gente y me quite mi pantalón y mi sujetador para estar más cómoda y me tumbé a dormir.

No se cuanto tiempo estuve dormida pero al rato noté que la puerta se había abierto y se había cerrado, supuse que era mi amiga, escuché entre sueños que se la persona que había entrado se estaba desnudando porque escuché la ropa caer y se tumbó a mi lado. De repente noté que una de sus manos se posaba sobre uno de mis pechos, mi amiga solía abrazarme mientras dormía a si que no le di importancia, pero de repente empezó a acariciar mi pecho consiguiendolo y masajeandolo, me iba a dar la la vuelta pero la cosa empezó a gustarme, nunca había tenido una experiencia con otra chica y la verdad que siempre me había dado morbo.Esa mano me estaba acariciando los pechos y con el dedo pulgar me estaba tocando el pezón, mi conchita se estaba mojando de la excitación, Esa mano bajó hasta debajo de mis bragas y metió sus dedos bajo mis bragas. Lo movía dentro tocando mi clítoris. De repente en mi culo noté un bulto, mi acompañante no era mujer sino un chico, debía ser el novio de mi amiga que pensaría que era su novia, iba a darme la vuelta pero… me estaba gustando lo que me estaba haciendo y lo dejé estar. Mi acompañante, me quitó las braguitas, me puso boca arriba, se puso a los pies de la cama y comenzó a comerme mi coñito. Mi cuerpo se estremecía, con su lengua, cuando rozaba mi clítoris.

Yo seguía dormida controlando mis espasmos. Su lengua era larga y gruesa, sabía como utilizarla para encontrar los sitios placenteros. Estaba a punto de llegar al orgasmo, cuando paró,  se quitó del todo la ropa, y luego se tumbó encima de mí;  comenzó a pasar su polla por mis labios sin meterle, algo que estaba deseando. poco a poco fue metiendo su polla en coño  sin dificultad, y entonces me folló muy deprisa durante unos minutos. Yo estaba temblorosa, él seguía follándome con su verga.

Él seguía follando cuando tuve mi segundo orgasmo de placer, él sacó su verga de mí,  se corrió en mi cara, notando su chorro caliente por mi cara,  por mi boca y por mi pelo. Al poco rato me subió las bragas, se vistió y dándome con una klinex en la cara me limpio el rostro y luego se marchó de la habitación.

 

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Me hizo su puta

Hola a todos!! soy fiel seguidora de relatos marqueze siempre estoy al tanto desde mi cel
Voy a empezar diciéndoles q tengo 20 años soy alta 1.74 tez morena clara, ojos cafes muy bonitos me han dicho jeje buen cuerpo sobre todo mis pechos…
Siempre entro a chats a buscar hombres me encanta tener sextel. Un día de tantos encontré a uno en especial y me llamo desde el principio me gusto su voz y la forma en la que me hablaba me decía, me hablaba muy imponente y muy grosero me decía que era una PUTA, UNA PERRA, UNA PROSTITUTA DE LA CALLE, QUE ME QUERIA follar, al principio me dio mucho miedo pero acepto que esas palabras me pusieron bien cachonda, su voz de mando me impactaba tanto que por tel hacia todo lo que me decía, una vez hasta me masturbe en la azotea de mi casa porque el me dijo.Después de muchas veces de masturbarnos juntos por tel, quedamos de vernos un día, yo fui al DF a verlo.

Como una hora antes de llegar al DF, me llamo yo venia en el autobus y empezo a excitarme a decirme que estaba esperandome en la terminal que me iba a dar una follada que jamas olvidaría, me puso bien mojada en menos de 15 min… fui al baño del autobus a masturbarme, cuando termine me quite la ropa interior y me puse un pants rosado muy clarito casi blanco, bien ajustado se transparentaba que no llevaba tanga y de la parte de arriba me baje el cierre de la sudadera para q se viera algo escotado de los pechos.
Llegue a la terminal y ahi estaba él, lo abracé lo bese muy rico y apasionadamente y le dije aqui esta tu puta amor quiero que me folles ya, puse sus manos en mis nalgas y le dije ten mi culito amor. Me tomo fuerte del brazo y me dijo vamonos puta que no sabes las ganas q tengo de cojerte yo le dije al oido que no traia ropa interior y me dijo pinche puta acaso quieres que te vean todos??, en la estacion del metro no habia mucha gente me jalo hacia un stand y como estaba oscuro me bajo los pantalones me dio una nalgada bien dura y me dijo dame tu pefume puta (se referia a un perfumito q muchas veces cuando me llamaba me metia por el culito como consolador) lo saque y se lo di y me lo metió por el culo de un solo golpe, y me subio los pantalones, me dijo que asi me iba a ir hasta llegar al hotel.

Subimos al metro, como iba algo lleno nos fuimos a la parte de atras y ahi iba poniendome su verga en mis nalgas diciendome al oido mira como me pones pinche prostituta. Ya no podia aguantar las ganas.

Llegamos al hotel, nos registramos subiendo el ascensor me saco las tetas y empezo a mordermelas mmmm… antes de abrir el cuarto me dijo quitate la ropa perra, yo le dije que no que nos podrian ver, me dijo quitatela o te la quito, como no quise me puso contra la pared y me quito la sudadera y me bajo los pantalones, abrio el cuarto y me avento a la cama, empezo a decirme: ” PINCHE PUTA, QUERIAS QUE TE VIOLARA AHORA VAS A VER, Y MAS TE VALE QUE ME OBEDEZCAS SINO QUIERES QUE TE VAYA PEOR”, saco una camara y la puso arriba de la tele, empezo a quitarse la ropa e inmediatamente me jalo y me levanto de la cama de los pelos, me dijo “ANDA PERRA OFRECEME TU CULO” yo con mucho miedo agarre y le dije ten mi amor aqui esta, me empezo a nalguear como loco y me dijo ofrecemelo bien sino quieres que te nalgue mas. Me apoye en el buro y pare mi culito y le dije ten mi amor, aqui esta mi culito nalgueeame mas mi amor, eso quiero, meteme la verga, quiero que me cojas duro hasta que me saques sangre. Eso lo puso bien caliente, agarro y me quito los aretes y me los enterro en las nalgas y empezo a nalguearme con el cinturon. A mi me dolia muchisimo pero si le decia que no mas duro me nalgueaba asi q solo pedia mas, despues me saco el perfumito del culito y empezo a meterme su verga de un solo golpe, aaaah q rico me dolia muchisimo al principio y a el le excitaba que le dijera que me dolia asi estuvo dandome duro, mientras le decia violame soy tu puta!!, dame mas quiero mas verga mi amor!!…
Cuando terminamos me avento a la cama me abrio las piernas y empezo a meterme la verga en mi vagina le dije q no que esperara que se pudiera el condon pero me dijo “CALLATE PINCHE PUTA, A LAS PUTAS SE LES VIOLA SIN CONDON” Me dijo pideme que te la meta sin condon y asi fue le dije eso y empezo y si te embarazo que vas a hacer pinche puta, pideme que te embaraze, todo lo que me decia yo lo hacia y lo repetia y si le pedi que me metiera la verga sin condon y que me embarazara….me metia la verga sin piedad por mi vagina y me decia “MUEVETE RICO PUTA, MUEVETE COMO UNA PINCHE PROSTITUTA” Dime que eres una puta culera!! aaaaah que rica verga aun la siento dentro de mi.

Le gusto??? aun no termino aun hay mas pero ya me dio flojera escribir jajaja…

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Dos desconocidos

Quería gritar de placer, me movía locamente, para que me penetrara hasta que me reventara. Apretaba mis manos contra sus huevos para que la polla del viejo no se desplazara ni un milímetro fuera de mi coño. Mi culo se apretaba en cada embestida que me daba el viejo. El placer me invadía hasta las piernas, explotando cuando sentí su leche que chorreaba desde mi coño hasta los muslos.

Mi marido se empeñó en que le acompañara en ese inesperado viaje de trabajo. Su única combinación posible era en tren. Preparé lo imprescindible y después de un día complicado, estaba deseando dormir durante la noche de viaje que nos esperaba. Una vez instalados en el vagón, y mientras mí marido cogía suavemente el sueño con el vaivén del tren, me dispuse a ir al W.C. situado al final de un estrecho y larguísimo pasillo.

Antes de cerrar la puerta tras de mí, ya mi marido dormía plácidamente. No quise volver a entrar al percatarme que había salido sin bata y, aunque el camisón era minúsculo, me animé a recorrer el pasillo segura de que, a esas horas, todo estaba ya tranquilo y desierto. Así fue, pero al salir del W.C., un hombre, apoyado con su espalda en la ventanilla del pasillo, fumaba sin prisas, jugando con las bocanadas de humo. Intenté, de forma refleja, tirar de la escasa tela del camisón hacia abajo, pero me fijé que ese hombre tenía cierta edad y me inspiró más confianza que alguien más joven y descarado.

Aunque se percibía, con cierta facilidad, toda mi anatomía por las transparencias de la vestimenta, me decidí a regresar a mi departamento, cansada y sin paciencia para esperar a que este viajero dejara el camino libre. Muy educadamente abandonó su pose relajada sobre la ventanilla para incorporarse, firmemente, intentando dejarme el mayor espacio posible para que pasara con un amable “buenas noches”.

Un inesperado movimiento del tren, seguramente al cambiar de vía, precipitó sus manos sobre mí, quemándome con el cigarrillo en el hombro. Con una pequeña pero molesta quemadura, me insistió a acompañarle a su departamento en el vagón para aplacar la quemazón. Me transmitió tanta confianza por su amabilidad y por su profesión de sanitario, que accedí con la misma seguridad con la que me dirijo a la consulta del médico.

En la litera superior leía su compañero de viaje, apreciablemente, más joven que él, que saltó de la cama, al verme, únicamente con unos slips de los que no pude evitar inspeccionar el volumen que tan generosamente los rellenaban.

Explicado el incidente, los tres nos encontrábamos en el estrecho espacio del departamento, mientras buscaban lo necesario para desinfectar y aplicar una crema analgésica. El joven, sin mediar palabra, me bajó el tirante del camisón, fijando descaradamente la vista en lo que se apreciaba debajo. Se aproximó a mí de tal manera, que pude sentir palpitar su polla apretada contra mis piernas.

Al aplicarme la crema, dejó a la vista, prácticamente, mis pechos a la vez que le lanzaba una mirada cómplice a su compañero. Aplicada la crema sobre la quemadura, siguió extendiendo lo que había quedado entre sus dedos por mi pecho buscando los pezones que ya estaban totalmente erectos. Una corriente eléctrica se desplazó desde mis tetas a mi vagina que comenzó a palpitar sintiendo, al instante, como se iba humedeciendo. Sus manos ya habían dejado al descubierto mis tetas que masajeaba con insistencia.

Su compañero, situado detrás, empezaba a acariciarme el culo, mientras me besaba en el cuello.

Pensé en mi marido, un breve instante, pero era ya tal la excitación y el deseo de que me follasen que sólo me podía centrar en las palpitaciones de mi coño. Mientras el joven me chupaba las tetas, el viejo me giraba la cabeza para comerme la boca con una lengua cálida y excitante. Mi lengua se entrelazaba, generosa, con la de aquel hombre. El otro ya se deslizaba, despacio, hacia mi coño, apartando el tanga y encontrando un exuberante clítoris que pedía ser lamido, chupado, succionado, mordido…

Aparté mi lengua de la del viejo para recuperar la respiración y dejar escapar un intenso jadeo. Mi mano buscó la polla del viejo deseando, ansiosa, chupársela. Estaba caliente, con la punta húmeda y me pareció exquisita al tacto y de un tamaño más consistente del que yo estaba acostumbrada.

Me situé en la litera inferior, con las pernas abiertas, para que ese joven me siguiera comiendo de la forma que lo estaba haciendo que me volvía loca. El viejo se situó a la altura de mi boca con una polla dura y arqueada deseando que se la chupara. Cada embestida de mi garganta a esa caliente polla, se correspondía con una descarga en mi coño al sentir esa lengua penetrándome y succionándome el clítoris. Sin esperarlo, sentí mi coño totalmente lleno por una polla que me calmaba la quemazón que sentía por dentro. Ahogué un intenso grito de placer chupando con más insistencia la polla que el viejo me había metido en la boca.

La polla del joven embestía, con rapidez, mi coño mientras yo chupaba, con la misma insistencia, la verga del viejo, que me dirigía con un vaivén de su mano sobre mi nuca.

Iba a explotar en un orgasmo que intuía intenso y duradero como nunca, cuando en esa milésima antes la joven polla abandonó mi coño para introducirse en mi boca. El viejo se adueño de mi entrepierna que empezó a chupar como si de un hambriento se tratara. Sus lametazos me recorrían como una descarga que me aflojaban las piernas.

El joven me rozaba la punta de su polla por toda la cara, comprobando, divertido, mi ansía por chupársela entera. De un golpe rápido me la introdujo, hasta el final, en mi boca, corriéndose, a continuación, por mi cara, cuello y tetas. El viejo, entonces, me giró y situándome de culo sobre la cama me folló, con fuerza, por todas partes mientras su compañero buscaba aún mi boca para que le limpiara bien la polla blanquecina.

Quería gritar de placer, me movía, locamente, para que me penetrara hasta que me reventara. Apretaba mis manos contra sus huevos para que la polla del viejo no se desplazara ni un milímetro fuera de mi coño. Mi culo se apretaba, con desesperación, en cada embestida que me daba el viejo. El placer me invadía hasta las piernas, explotando cuando sentí su leche que chorreaba desde mi coño hasta los muslos.

El joven me había dejado con la miel en los labios o más abajo y, cediéndole el lugar al viejo, éste me había llevado al éxtasis.

Estuve, boca abajo, sobre la cama unos minutos inmovilizada. Con total mimo me limpiaban su leche. Les oía, como a lo lejos, hablar entre ellos mientras yo disfrutaba de las suaves oleadas de placer que parpadeaban en mi coño.

Cuando me recuperé se presentaron: Juan y su hijo, el mayor, del que no recuerdo su nombre.

Volví a mi departamento en el vagón. Mi marido dormía y yo, a pesar de mi agotamiento, tardé en dormirme disfrutando, una y otra vez, de las escenas que acababa de vivir con dos desconocidos.

Esta fue mi primera experiencia sin mi marido que un tiempo después me llevaron a otras que ya contaré.

Me gustaría saber tu opinión y si tú hubieses estado en el tren como te habrías comportado conmigo.

Autora: Isa037

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De relato a follar un rato

Era una noche aburrida y calurosa y  Sara (27 años) y yo estábamos viendo vídeos tontos por Internet para pasar el rato.  Me conecté al Messenger, más que nada por costumbre, para ver el correo. Mientras veía los avisos de comentarios de nuestro último relato erótico publicado, una ventanita del Messenger apareció, llamándome la atención con su sonido particular.

Era un chico, y se presentó como Jose. Nos dijo que era fan de nuestros relatos y que había comentado algunos bajo el apodo de Almeriense82.

El chico era muy simpático, y al rato empezó a hablarnos de temas más calientes. Nos dijo que estaba en un hotel por motivos de trabajo. Nos suplicó que pusiéramos la Webcam para ver a Sara, confesándonos que se le había imaginado miles de veces y masturbado pensando en ella. Sara le avisó que iba en pijama, y para nada sexy, y él dijo que daba igual.

Pusimos la Web cam, y le vimos sin camiseta en la habitación de un hotel. Al ver a Sara, delgadita, enfrascada en su pijamita de verano con tirantes de una sola pieza dijo:

JOSE: ¡madre mía! ¡La realidad supera mi imaginación!

SARA: ¡ya será para menos!

JOSE: ¡no! ¿quieres ver si es verdad?

Mi novia asintió, él bajó la cámara y pudimos ver que de cintura para abajo iba desnudo. El chico se aguantaba un pollón enorme, de unos 20 cm, en plena erección.

SARA: ¡¡vaya polla!!

JOSE: qué pena que no seáis de aquí, que sino no sólo te la enseñaba, sino que te dejaba hacer lo quisieras con ella.

El chico dijo el nombre de la ciudad.

SARA: ¡pues justamente vivimos ahí!

Nos dijo el nombre del hotel, y tras consultarlo en Google, comprobamos que estaba a tan solo 8 minutos a pie de nuestra casa.

JOSE: si me dais la dirección, voy ahora mismo.

Mi chica dudaba un poco, pero se la di. La Webcam se apagó y mi chica y yo nos miramos.

LUIS  (yo): ¡va a venir en nada!

SARA: ¡me voy a ducharme y vestirme!

Cuando mi novia salió de la ducha, me dijo que se vestiría sexy. Me fui yo a la ducha mientras ella se vestía.

* * *

Mientras me duchaba, sonó el telefonillo. Sara abrió y esperó en la puerta. Iba vestida con una minifalda escocesa y una camisa escotada, junto con un sujetador con relleno que le juntaba y alzaba los pechos, dando cierto aire de colegiala.

Abrió la puerta al chico sonriente que hace nada habíamos conocido como Jose. Se dieron dos besos de presentación y el chico se lanzó para meterle mano. Sara le contuvo un poco diciéndole que la puerta estaba abierta.

Al cerrarla, Jose se lanzó sobre su cuello y la apretó con pasión contra su cuerpo.  Sara se zafó y se fueron al comedor justo en el momento que salía de la ducha con tan solo un pantaloncito corto.

En el comedor, Jose y yo nos presentamos, y el chico nos admitió que iba muy caliente y no podría esperar a follar.  Se sentó al lado de Sara en el sofá, y le acarició un muslo con ambas manos. Se besaron lentamente, y la mano del chico subió por debajo de su falda hasta llegar al tanguita de mi novia. La coló por la parte de arriba, y acarició el coñito depilado de mi chica.

Con un brazo pasado por detrás de su cuello, Jose besaba y masturbaba a mi chica. Le comía la boquita y sus tiernos labios con besos largos, y con choque de espadas, dando mandobles con las lenguas fuera de la boca.

Excitada, Sara dirigió su mano sobre el pantalón del chico. Le acarició agarrando su pene por fuera del pantalón y restregando la palma de su mano por encima.

Sara se quitó la camisa y el chico juntó los pechos de ella con las manos y hundió su cabeza entre los mismos deshaciéndose en chupetones y mordiscos.  Ella se dejaba hacer y se contoneaba frente al chico.  Le empujó hacia atrás, haciéndole tumbarse en el sofá. Rápidamente le montó, le restregó las tetitas por la cara y le morreó con pasión.

Mi novia le quitó la camiseta a Jose, y le dio rápidas chupaditas en los pectorales y los pezones. Le besó, y mientras lo hacía, sus tetitas rozaron las de él. Volvió a la carga, y estaba vez sí succionó los pezones del chico.

El chico se recostó en el sofá, se quitó el cinturón y Sara se reclinó para desabrocharle el pantalón y bajarle la cremallera.  Al aire emergió una tranca enorme en plena erección. Debía de medir más de 20 cm.

Sara la agarró se la acercó a la boca sin tocarla con las manos e introdujo el capullo entero en su boca Se la chupó sin tocarla, a base de movimientos de cabeza y jugueteando con la lengua.

Jose se agarró la polla, metió la punta en la boca de mi chica, y empezó a masturbarse. Sara le detuvo, se la agarró, y le empezó a mamársela muy rápido, metiéndose lo que podía dentro de la boca.

Sara se levantó, empujó al chico y se encaramó encima. Encajó su cabeza entre sus piernas y Jose jugó con su lengua sobre los labios inferiores de ella. Sara gemía y se contoneaba disfrutando de la comidita que le hacía aquel chico.

Cambió de postura y ambos se pusieron en la del 69, estando ella arriba. Entre gemidos, Sara se la chupaba mientras que Jose se dejaba la lengua en su coñito.

SARA: mmmm, ¡fóllame ya!

Jose se sentó en el sofá y ella le cabalgó cual amazona en celo. Se fue metiendo aquel pollón poco a poco, y cuando encajó, cabalgó despacito.

Sara le tocaba los huevos mientras aceleraba el ritmo. El chico no se estaba quieto y no paraba de besarla por todos lados, especialmente sus tetitas.

Pararon un momento, y Sara se giró, cabalgándole de espaldas mientras que Jose le succionaba un pezón como si fuera un lactante.

Se besaron con las lenguas por fuera mientras el chico le acariciaba el clítoris al tiempo que la penetraba.

Se pusieron de lado y Jose no paraba de estrujarle las tetas.

Yo me la estaba cascando a toda velocidad, y cuando no aguanté más ,me corrí sobre la cara de mi chica llenándola de grandes churretes de semen.

Aquello pareció excitar a Jose, el cual desenchufó su pene, y se corrió encima del coñito de Sara dejándole la entradita de su coño bien blanca.

Permanecieron unos minutos abrazados de espaldas hasta que Sara se fue a limpiar.

JOSE: ¡haz un relato de esto! – me dijo.

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Con otro desconocido por email

Después de un par de encuentros con una persona que conocí por email, me contactó otra persona (le diremos “Beto”) y comenzamos a platicar en el messenger. Comenzamos a platicar sobre todo lo que queríamos hacer y después contarnos nuestras fantasías y planear algunas para nosotros esperábamos el momento adecuado.

El momento adecuado sucedió cuando la persona con que compartía la casa salió a trabajar, dejándome la casa libre por un par de horas. De inmediato le mandé un mensaje y en unos minutos estaba en la puerta de mi casa.

Cuando lo vi no me pareció muy agraciado, pero verlo era realmente excitante, pues sabía a lo que había venido ese hombre… a cogerme.

Pasamos a la casa y lo guié directamente a mi habitación, se quedó parado en la puerta, diciéndome cuanto le gustaba la forma de mi cuerpo, yo ardía con lo que me decía, así que le dije:
-“Pues, toma la iniciativa, yo no se que hacer en estos casos aún”

Eso bastó para que entrara, cerrara la puerta y me comenzara a besar el cuello mientras me agarraba las nalgas y frotaba su miembro contra el mío, yo tan pronto pude me dí la vuelta para que su paquete quedara entre mis nalgas y comenzara a darme unos fuertes arrimones.

Me pidió poner algo de música por si hacíamos algo de ruido, así que di un paso hacia el frente para poner la música, pero no cambié la postura, seguía inclinado y como no se acercaba, le dije que lo hiciera y siguió dandome arrimones mientras yo seleccionaba una canción.

De pronto sus manos fueron al botón de mi pantalón y yo entendí su intención, así que comencé a quitármelos, el por su lado, también se los quitó y quedamos solo en ropa interior. Podía sentir la punta de su miembro queriendo atravesar mi ropa, yo ya no aguanté mas y comencé a bajarme los calzoncillos, el hizo lo mismo y en un segundo sentía la punta de su miembro haciendo contacto ahora directamente con mi culito.

Yo presionaba contra su miembro desesperado por sentir su penetración, pero la postura era algo incómoda al ser yo mas alto, asi que me pidió que me acostara boca abajo en la cama, yo obedecí pero el nunca se despegó de mí, por lo que caímos a la cama sin quedar acomodados. Pero el ya estaba sobre mí, poniendo sus rodillas a cada lado de mis caderas y apuntando su miembro a mi culito.

El empujó, yo me relajé y la gran cabeza de su miembro entró completa. Me ardió demasiado y le pedí que usáramos un poco de crema. El me puso un poco de crema y se puso un poco también, giré la cabeza para ver que pasaba atrás y lo vi sosteniendo su miembro apuntandolo a mi culito, cerré los ojos y un empujón después, estaba todo adentro de mí.

El descansó todo su peso sobre mí para empalarme a fondo y cuando lo hizo le pedí que me la dejara un momento hasta adentro (me encanta eso), lo que hizo por un momento, pero ya quería cogerme así que comenzó a subir y bajar mientras me oprimía contra la cama.

Mis pies, brazos y cabeza prácticamente no tenían apoyo en la cama por la posición en la que nos acostamos, así que no tenia nada de que agarrarme o de donde empujarme para acomodarme a sus embestidas constantes y cada vez mas fuertes, por lo que estaba a su merced.

Comenzó a darme penetradas mas largas, saliendo y entrando mas, pero entrando con fuerza y hasta el fondo, haciéndome gemir sin remedio. Cada puyazo me hacia gemir y todavía no terminaba ese gemido cuando ya me había vuelo a penetrar , por lo que aun intentando, no pude controlarme y comencé a gemir como nunca.

De repente tomaba pequeños descansos dejándomela hasta dentro, pero eso no era descanso para mí pues me hacía estremecer de placer. Me lamía la espalda, me mordía las orejas y me decía lo rico que estaba mi culito y como le encantaba cogérselo. Así estuvo cogiéndome unos 40 minutos hasta que me avisó que se vendría, sentí como su miembro entro todavía mas, creció y comenzó a soltar su líquido espeso.

Se acostó sobre mi, rendido de cansancio en lo que se recuperaba. Yo seguía empalado hasta el fondo.
Un par de minutos después por fin salió de mí y pude recuperar el aliento, lo invité a darnos un baño, nos vestimos y se fue. Yo fui a mi cama y me quedé dormido por horas.

Como dato curioso, lo vi unos días después, pero la lluvia estaba tan intensa que tardó mucho en llegar y ya casi llegaba la persona con quien compartía la casa. Llegó, corrimos al baño, me bajé los pantalones y me puse de rodillas sobre la taza, el sacó su miembro y sin mas, me la incrustó hasta el fondo. Pero no teníamos tiempo, así que solo me dio unas 6 o 7 metidas y tuvimos que subirnos los pantalones y el salió huyendo. Unos 3 minutos después llegaba a la casa la persona con quien compartía la casa.

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Al otro lado del cristal

–¿Cómo quieres que me vista, amor? –le pregunta Ana al desconocido, al otro lado del celular.

Después de escuchar las últimas solicitudes de su próximo amante ocasional, Ana cuelga el teléfono. Son las diez de la mañana. Tiene cerca de dos horas antes de su encuentro, así que aprovecha para lavar los trastes, dejar tendida la cama y alistarse. Cuando termina, se da una ducha. Le permite al agua sus caricias tibias. Después, sale y se arregla. Desnuda, elije la ropa que el extraño le pidió y de frente al espejo de su cuarto, comienza a vestirse. Se coloca la tanga oscura y el sostén que la acompañará. Desliza por sus piernas la minifalda escocesa de color rojo y la contempla. Es muy corta; demasiado corta. Sonríe, así es como le gustan. Se coloca su blusa negra de mangas y se mira el ombligo descubierto. El piercing es brillante y lucirá muy sexy así. Ahora los tacones. En esta ocasión, serán descubiertos y de correas. Le gusta cómo resaltan sus tobillos y marcan sus muslos en cada paso que da. Ahora, se mira completa y se siente húmeda.

Ana tiene veintisiete años. Su cabello negro le cae como cascada por debajo de los hombros, casi a la altura del omóplato. Es delgada y de piel morena clara; procura cuidarse pero no es una mujer obsesionada con el ejercicio. Y sus piernas… sus piernas torneadas que siempre han sido la fijación de los hombres. Ana recuerda que desde muy jovencita le gustó lucirlas; por ello, ha usado faldas cortas todos los días desde entonces. “Once años para ser exactos”, piensa divertida y se sonríe. Se detiene un momento para contemplarse y respira. “Bien, ahora el maquillaje”. Algo sencillo y sutil; algunas sombras en los ojos, un labial que no llame mucho la atención y listo. Ana toma su bolso y sale del departamento.

Camina por la calle hasta la parada del camión, sabiendo que los hombres a su alrededor le acarician las piernas con sus miradas lascivas. Ana sonríe. Aquella sensación le excita. Se detiene en la esquina y mientras espera al autobús, piensa en las últimas dos preguntas que le hizo el chico con el que se encontrará.

–¿De verdad no cobras por esto?

–No –había respondido ella.

–Y cómo es que teniendo novio haces estas cosas.

Ana sabía la respuesta.

–Porque me gusta ser una puta –contestó–, por eso nada más.

**********

Cuando Ana entró a la preparatoria sintió que un mundo nuevo se abría ante sus pies.

Ana vivía con su madre y con su hermano, quien era cuatro años más chico que ella. En aquel entonces, no llevaban una buena relación y pasaban la mayor parte del tiempo en silencio. Por otro lado, Ana casi nunca veía a su madre. Era una mujer muy ocupada para estar con ellos. Después del divorcio, ella se dedicó a trabajar, mientras su padre se regocijaba con su amante juvenil en algún lugar de Estados Unidos. Por ello, Ana y su hermano tuvieron que aprender a resolverse las cosas por sí mismos.

Ana resultó ser la sensación para los chicos de su clase y para los de último año. Era la única que iba con minifaldas todos los días y su coquetería natural, le ayudaba a tener siempre con quien platicar.

Conoció entonces a un chico del sexto semestre que se llamaba Lalo. A las pocas semanas se supo que Ana y Eduardo eran novios. Él se mostraba siempre protector y cariñoso, detallista y seductor. Ana estaba enamorada. Pero conforme fue pasando el tiempo, la insistencia de Eduardo respecto al sexo se incrementaba cada vez más. Sin embargo, ella tenía cierto temor que, a la hora de la hora, no la dejaba avanzar. Aquello fue irritando a Eduardo, tanto que en una ocasión, amenazó con dejarla. Ana le pidió que reconsiderara, lo intentaría de nuevo la próxima vez. Y así fue. Lo intento. Y volvió a fracasar. Eduardo, desnudo por primera vez ante ella, estaba completamente furioso y le dijo que ese era el fin. Llorando, Ana le pidió su comprensión y admitió abiertamente que sí quería pero tenía algunos miedos de por medio. Él no cedió. Entonces, Ana hizo algo que no se había imaginado hacer: se arrodilló ante su novio. Y le suplicó.

Eduardo vio una oportunidad. Acarició el cabello de Ana y la atrajo hacia su pene, que aún no perdía por completo su rigidez. Ella sintió un temor que le recorrió el cuerpo y supo lo que Eduardo quería. Eduardo le pidió que le diera su mano. Ella lo hizo. Acarició los dedos de Ana y los llevó a su pene. Ana quiso retirar la mano, pero la apretó ligeramente y ella comenzó a ceder. Con movimientos lentos, comenzó a masturbarlo. Después de algunos segundos, Eduardo volvió a jalar a Ana hacia su pene y entonce sí, ella lo vio muy, muy cerca de su rostro. Ana dudó, pero algo dentro de ella quería acercarse. Entonces lo hizo, y con cierto temor aún, le dio un ligero beso al pene de Eduardo, quien se estremeció. Ella sacó su lengua y lo probó. Se acercó cada vez y de pronto, se lo metió completo a la boca. Aquel miembro invasor dentro sus labios, le produjo una sensación que la excitó muchísimo y sin darse cuenta, Ana se encontró a sí misma masturbando y mamando la verga de su novio sin poder detenerse.

Eduardo comenzó a jadear.

–¡Me vengo, me vengo! –Exclamó.

Al no saber qué hacer, y para evitar otro percance, Ana siguió haciendo su labor. De pronto, los gemidos de su novio se convirtieron en un grito y estalló. Ana sintió la descarga de un líquido espeso y tibio que le cubría toda la boca. El pene de su novio se sacudía dentro de ella. “Esto es maravilloso”, pensó Ana y saboreó el semen de su novio. El sabor le resultó tan placentero que la hizo tener una sensación cálida y húmeda entre las piernas. Su cuerpo entero se estremeció. Ana supo, que desde aquel momento, sería una adicta a aquella sustancia blanca y ajena. Había disfrutado tanto la ocasión que la siguiente vez que lo intentaron, Ana pudo finalmente hacer el amor con su novio. Por segunda ocasión, Eduardo había terminado en su boca. Fue aquella tarde cuando Ana descubrió un mundo nuevo, un mundo de lujuria y pasión. Eduardo había sido tan dulce que se sintió de verdad amada y protegida. Sin embargo, algo inesperado sucedió.

Después de aquella tarde de viernes, Ana había intentado llamarle durante el fin de semana sin lograr hablar con él. “No importa”, se dijo con ternura y esperó con entusiasmo al lunes para verlo y decirle cuánto lo amaba. Pero Eduardo no la había buscado en toda la mañana y lo que fue peor: cuando Ana fue a buscarlo en el receso, encontró a Eduardo abrazando a una de sus compañeras.

Durante las siguientes semanas, Ana buscaba desesperada a Eduardo, pero él la ignoraba, se escondía de ella y no le contestaba el teléfono. Hasta que sucedió lo que tenía que suceder.

Una tarde, Eduardo se encontraba en casa con dos amigos más. De pronto, tocaron a su puerta. Eduardo abrió y se encontró de frente con Ana. Aquella imagen lo incomodó muchísimo. Ana estaba llorando. Ella le preguntaba que qué había pasado, que si había hecho algo mal, que la perdonara, que… los amigos de Eduardo miraron desde el sillón.

Eduardo no aguantó y la hizo pasar a la casa, guiándola al piso de arriba. Los dos amigos no pudieron evitar sonreírse cuando la vieron desde abajo mientras la chica subía los escalones. Su minifalda les dejó ver la ropa interior de color blanco y parte de sus nalgas redondas.

–Qué buena está la vieja del Eduardo.

–¡Shh! Creo que ya no es su vieja.

–¿No?

–No… a ver, vamos.

Cuando se aseguraron de que el cuarto de Eduardo quedó completamente cerrado, subieron con sigilo para espiar. Mientras tanto, al otro lado de la puerta, Ana le rogaba a Eduardo por una explicación. El chico no sabía qué decir, o más bien no sabía cómo decirle la verdad. ¿Acaso tenía otra novia y no se lo había dicho? “No, no era eso”, le dijo una voz muy dentro de él. “Tú sabes que sólo querías cogerte a esta niñita, la más sexy de toda la escuela. Tú has hecho lo que nadie más”.

Entonces, Ana se arrodilló desesperada y comenzó a desabrocharle el pantalón.

–¿Qué haces? –Preguntó Eduardo, tratando de apartarse.

–Déjame demostrarte que te quiero –sollozaba ella.

De alguna manera, Ana logró desabrocharle el pantalón, se acercó y de un solo movimiento, bajó el boxer y sacó el pene de Eduardo. Entonces, se lo llevó a la boca y comenzó a chupárselo. Eduardo fue cediendo ante aquella sensación.

De pronto, la puerta se abrió. Ana vio entrar a los dos amigos de Eduardo e intento quitarse de esa posición para que no la vieran. Sin embargo, Eduardo la tomó del brazo y le impidió que se levantara.

–Dice Omar que ya no es tu vieja.

–Depende de ella –respondió Eduardo.

–¿Qué quieres decir? –Preguntó Ana, alarmada, mientras los dos chicos se ponían junto a Eduardo, frente a ella.

–Que te vas a tener que esmerar para convencerme.

–¡A qué te…!

Entonces, los dos chicos desabrocharon sus pantalones. Ana supo que la pregunta estaba de más.

–No, no, Eduardo, no me hagas hacer esto…

–Anda, nena –dijo él acariciando su cabello– Hazlo por mí… por nosotros.

Ana vio que dos penes extraños se acercaban poco a poco hacia su rostro y comenzaban a hacerle caricias en las mejillas. Ella intentaba apartarse, pero Eduardo hacia presión, sin lastimarla, sobre su cabeza

–No, por favor… –sollozaba ella, mientras la mano de su novio, le giraba la cara hacia la derecha. Su amigo se acercó más y su pene erecto hizo contacto con los labios de la chica. Comenzó a empujar suavemente y Ana no tuvo más remedio que abrir la boca y recibir a aquel nuevo invasor. Mientras tanto, sus manos se dedicaron a trabajar sobre el pene de Eduardo y el de su amigo.

Ana comenzó a sentirse excitada y así arrodillada, fue quitándose la ropa. Entonces hicieron con ella lo que quisieron. Ana no supo de quién era el pene que la penetraba en la vagina, de quién era el que estaba en su boca, de quién el que estaba dentro de su culo. Ana cerró los ojos y se entregó por completo. De pronto, sus amantes cambiaban de posición y ella tenía nuevas sensaciones, nuevos orgasmos, nuevos sabores.

–Qué rica está tu vieja –dijo alguien.

–Ella ya no es mi vieja –respondió Eduardo–, yo no ando con putas.

Y entonces, los tres chicos se rieron a carcajadas, burlándose de ella. Ana, mientras era cogida por ellos, sintiendo un placer físico que no tenía límites, sintió que en su pecho el corazón se le hacía pedazos. Aún sabiendo que la estaban usando y que Eduardo la había engañado, la lujuria extrema que le invadía la obligó a someterse a sus amantes. Al final, todos y cada uno de ellos, terminaron en la boca de Ana y sentir tanta cantidad de semen, la hizo incluso llegar al orgasmo.

–Vete –le espetó el chico–, tú y yo, ya no somos nada.

Humillada, y con sentimientos encontrados, Ana sólo tuvo fuerzas para tomar sus cosas, vestirse con rapidez y salir corriendo de la casa. A los pocos meses, Eduardo y sus amigos terminaron la preparatoria y Ana no volvió a saber de ellos.

Aquella tarde, Ana se encerró en su habitación y tomó una ducha caliente. Dejó que el agua la acariciara por completo y se quedó durante unos minutos ahí, como ida, como perdida en su interior. Al cabo de un rato, se dio cuenta de dos cosas que ahora estaban claras para ella: tenía el corazón roto y tardaría en sanar; el engaño y la degradación física no se irían tan fácilmente. “Me siento ultrajada”, se dijo, “pero no puedo negar que me gustó ser la puta de varios hombres”. Ana supo que ya nada sería igual. “Eso soy y eso quiero ser”, se dijo. “Soy Ana y soy una puta”.

Entonces, comenzó a llorar.

**********

Ana aborda el camión. Le toca irse de pie una parte del camino. No le extraña que no le cedan el lugar.

–¿Sí le van pasando para atrás por favor? –Dice el chofer.

La gente se recorre y se acomoda a lo largo del pasillo. Los hombres observan a Ana, algunos con disimulo, otros con descaro. A ella no le importa; de cualquier manera es muy excitante. De pronto, algún hombre pide permiso para pasar. Ana siente como se restriegan contra sus nalgas. A veces, alguna mano extraña le roza los muslos o descaradamente se introduce por debajo de su falda. Siente las caricias; a veces son suaves, otras apresuradas y a veces forzadas.

Ana se sienta junto a un chico más joven. Ella mira hacia la ventana y de pronto siente la mano del chico sobre su muslo derecho. Lo está acariciando. Ana sonríe y lo deja seguir pero decide no voltear a verlo. Prefiere pensar en su amante. ¿Cómo será? Desde hace algún tiempo, Ana gusta de buscar chicos por Internet. Elije a alguno a través del chat y queda con él para verse en algún lugar público. Por lo general, juega a que es su novia. Comparten muchos besos y caricias. Ella suele sentarse con las piernas abiertas para enseñar su ropa interior. Le gusta ver la cara que ponen a su alrededor. A veces, cuando están por subir al auto, el chico en turno la abraza, la besa y desliza sus manos hacia las nalgas de Ana. Sube la minifalda y acaricia sus muslos desnudos así a los ojos del público. Ya en el hotel, Ana es una chica sumisa. Le gusta de todo, menos las cosas dolorosas y “raras”. Suele complacer a los chicos. A veces le piden, previamente, sexo anal y ella accede. Más allá de eso, nada. Pero eso sí, la única condición que ella pone: “Cuando termines, hazlo en mi boca”. Ana se considera adicta al semen, disfruta del sabor y la textura, y siente un inmenso placer al recibirlo, más si es de un extraño al que, probablemente, no vuelva a ver.

Ana recuerda que durante la preparatoria, después del incidente con Eduardo, se dedicó a salir con varios chicos. No volvió a tener novio en ese periodo pero sí algunas aventuras. En la universidad, Ana conoció a Manuel, quien se volvería su amigo con derechos. Tuve otros, sí, pero con Manuel era distinto. Era un gran amante y compartían sus experiencias con otras personas.

Ana tuvo un trabajo en una agencia de publicidad. Ahí, conoció a uno de los clientes jóvenes y prometedores, un arquitecto en vías de iniciar su carrera. Se trataba de Miguel, su novio actual. De alguna manera, Miguel y Ana se enamoraron y al paso de los meses, se fueron a vivir juntos. Ana dejó de ver a sus amigos cariñosos; creyó que aquella etapa había terminado y se entregó por completo a Miguel.

Ana y su novio tenían una vida sexual plena y el acuerdo era que, siempre que estuvieran en el departamento, Ana estaría desnuda en todo momento. Aunque no se tratara de un momento íntimo e hicieran lo que hicieran, ella se quedaba sin ropa y a veces, podía estar así durante todo el día si no salían a la calle.

Con el paso de los meses, el trabajo de Miguel le exigió mayor demanda de tiempo y comenzó a estar muchos días fuera de la ciudad, viajando a las obras que llevaba a cabo el despacho de arquitectos donde trabajaba. Coincidió, también, que Ana se quedó sin trabajo y se dedicó a la labor del departamento y a sus asuntos personales: la lectura, el ejercicio, el Internet y algunas otras cosas que la mantenían ocupada.

Al principio, resintió mucho la ausencia de Miguel y en el sexo, tuvo que acudir a su propio placer. A veces, Ana podía estar viendo imágenes eróticas en la red y masturbándose con intensidad. Poco a poco, fue buscando otras formas de entretenerse y acudió al cibersexo con personas de otros lugares, completamente desconocidos entre sí. Ana creyó que no tenía nada de malo. Fingían ser novios interactivos, tenían “sexo”, se escribían cosas y si quería, los borraba de su lista de contactos.

Fue en ese entonces cuando Ana se reencontró con su viejo amigo Manuel y bastó una salida a tomar café para que Ana se entregara de nuevo a sus placeres. Aprovechando que su novio pasaba mucho tiempo fuera, y aunque lo quería mucho, Ana se dio cuenta de lo que en realidad le gustaba ser: una puta.

Al principio, Ana salía con amigos y personas conocidas. Después, fue conociendo y entregándose a los desconocidos en las discotecas y más adelante a través del Internet. Tal era el caso del chico de hoy. La sensación de estar con alguien desconocido era algo excitante para ella. Se habían descrito físicamente, Ana le dijo lo que le gustaría hacer, escuchó las peticiones del chico y quedaron para esa misma mañana. No se dijeron sus nombres, se reconocerían por la ropa. Él llevaría una camisa blanca y jeans azules. Era alto y delgado. Se encontrarían a la puerta de un café y dejarían que todo fluyera según el ritmo de las cosas.

El chico que está al lado de Ana en el camión se levanta. Ana no lo mira pero sonríe, como agradeciéndole por las caricias sobre sus muslos. Ana introduce su mano entre las piernas y se descubre húmeda. Comienza a acariciarse. Suspira. Mira hacia la ventanilla y después cierra los ojos. En lo que llega a su encuentro, Ana piensa en aquella última ocasión que vio a Manuel, antes de que el chico se fuera a otro país por cuestiones laborales.

**********

Manuel era un chico agradable e intenso, así lo definía ella. Habían compartido muchas cosas juntos, eran cómplices de sus aventuras. Ana se preguntaba algunas veces cómo había sido que, conociéndose tan íntimamente bien, nunca se hubieran enamorado. Tal vez, eso era lo que hacía funcionar la relación.

Pues resultó que Manuel le dio la noticia de que lo transferían a otro país, así que deseaba pasar algún tiempo con ella. Coincidió que era el cumpleaños de Ana y en alguna ocasión, le había contado a Manuel una fantasía que hasta ese momento no había podido realizar. Aquella última vez, Manuel tenía la sorpresa perfecta.

Manuel la invitó a casa de unos amigos suyos a las afueras de la ciudad. Le dijo que sería de sábado a domingo.

–Vente muy sexy –le había dicho.

Ella no tuvo problema. Habló con su novio, quien para variar estaba fuera de la ciudad, y le dijo que saldría con unas amigas y que pasaría la noche fuera de casa. Todo en orden. Manuel pasó por ella y tomaron la carretera hacia la casa de “las amigas”.

Ana se veía tremendamente sensual. Traía puesta una minifalda negra muy ajustada que apenas le cubría el trasero, zapatillas de tacón, top negro y tanga de color blanco. Tenía el cabello suelto y sombras ligeras en los ojos. Durante el trayecto, Manuel aprovechaba para acariciarle los muslos y de vez en vez, se regalaban un beso tierno y apasionado.

Al cabo de unas horas, llegaron al lugar. El clima era caluroso. Era una casa con un jardín que rodeaba la estructura y en la parte posterior tenía una piscina. Ana escuchó voces.

–¿Y eso? –preguntó sorprendida.

–Es una sorpresa –respondió Manuel con un beso en su mejilla.

Así, tomados de la mano, Ana y Manuel cruzaron a la parte de atrás.

–¡Llegó la festejada! –exclamó un chico.

Entonces, aplaudieron. Ahí, frente a ella, había ocho hombres, amigos de Manuel. La única mujer era ella.

–¡Bienvenida, princesa! –dijo el chico–. Yo soy Roberto y ésta es tu casa… cuando gustes.

–¿Mani? –le preguntó Ana a su amante.

–Bueno –dijo Manuel–, esta es una fiesta privada para ti por ser tu cumpleaños y, pues, como me dijiste alguna vez que tu fantasía era estar con varios hombres pues…

–¿Es en serio? –insistió Ana. En verdad estaba sorprendida. En unos momentos, sintió la adrenalina en todo su cuerpo, se puso nerviosa, no supo bien a bien qué decir. Lo único cierto era que de inmediato, Ana se sintió sumamente húmeda.

–Es cierto –dijo Manuel–. ¿O no, chicos?

–¡Sí! –dijeron ellos.

–Tómate algo y relájate, preciosa –dijo Roberto, extendiéndole una cuba–, siéntate acá con nosotros.

Ana se acercó adonde estaban los demás y se sentó en una silla. Su falda era tan corta que todos pudieron apreciar su ropa interior de color blanco. Sus muslos parecían brillar con la luz del sol; lucían suaves y hambrientos de caricias. Ana se sentó con las piernas ligeramente abiertas y así se quedó. Pudo sentir las miradas lujuriosas de los chicos. Durante un rato, ellos platicaban y Ana escuchaba y reía. De vez en cuando comentaba algo y aunque estaba muy sonriente, no podía evitar sentirse nerviosa. A veces, alguno de ellos pasaba y le acariciaba una pierna. Otro la abrazaba y le daba un beso en la mejilla. Aún con los nervios, Ana estaba muy excitada y el calor que su bebida producía en su cuerpo, fue ayudándola a relajarse. Así, con el paso de las horas, fue sintiéndose más en confianza. Manuel notó que ella se relajó cuando abrió por completo las piernas para quedarse en esa posición. Entonces, se acercó. Acarició su mejilla y la besó apasionadamente en la boca. Deslizó su mano a las piernas de Ana, acarició los muslos y la subió. Ana sintió que Manuel apretaba su vagina húmeda y que la acariciaba en círculos, y no pudo evitar emitir un ligero gemido de placer.

–¿Y para nosotros no hay besos? –preguntó alguien. Los demás exclamaron “sí, sí, sí” y Ana y Manuel se rieron.

–¡Oigan, oigan! –dijo Roberto–. La verdad es que Ana ya se siente más relajada y en confianza. Yo opino que la motivemos para que se quite el top.

–¡Sí, sí! –exclamaban todos sin parar.

Ana sonreía nerviosa. Se estaba animando pero…

–Sí quieres yo te ayudo –le susurró Manuel en el oído. Ella asintió.

Suavemente, Manuel se acercó a su rostro y lo llenó de besos en las mejillas. Se miraron un momento y la besó en los labios. Mientras se entregaban al encuentro de sus lenguas, las manos de Manuel descendieron hacia los senos de Ana y los acariciaron por encima de la ropa. Poco a poco, Manuel fue introduciendo sus manos dentro del top, lo levantó y lo deslizó sobre sus hombros. Ana levantó los brazos, sintiendo las caricias de Manuel en su espalda. Aquello la hizo estremecer. Cuando abrió los ojos, se sentía invadida por una excitación nueva al ser observada por tantos hombres. Sus senos eran redondos, pequeños pero firmes. Manuel acarició los pezones, se agachó y los chupó. Ana gimió sintiendo las manos de su amante entre las piernas.

Manuel quiso hacerse para atrás, pero Ana lo retuvo y con besos en la boca lo animó a continuar. Un silencio alrededor se hizo y lo único que había eran miradas sobre ella. Ana puso su mano en el pene del chico por encima del pantalón y comenzó a acariciarlo. Entonces, Manuel levantó a la chica de su lugar, puso sus manos en la minifalda y la deslizó hacia abajo, dejándola sólo con la tanga. Sus nalgas eran redondas, firmes y paradas. Manuel las acarició y removió la parte trasera de la ropa interior. Jugó con ella y de la misma manera, la fue llevando hacia abajo hasta despojarla por completo. Ana se quedó con los tacones, se sentía húmeda, excitada; a partir de ahora, ya nada la detendría.

–Deléitanos a todos, putita –le susurró Manuel. Ana sonrió. Buscó el camastro más cercano y se acostó. Cerró los ojos, abrió las piernas y comenzó a acariciarse todo el cuerpo. Bajó una mano por su vientre y se masturbó delante de todos. Al cabo de unos minutos, Ana gimió y cuando alcanzó el orgasmo, no pudo contener un grito intenso de placer. Por unos momentos, su cuerpo tembló hasta encontrarse relajado nuevamente. Entonces, Ana llevó sus dedos hacia la boca y lentamente, los chupó.

Los chicos se quedaron boquiabiertos. Uno de ellos se acercó y la ayudó a ponerse de pie no sin antes acariciarla y darle un beso en los labios. Ana se quedó desnuda el resto de la fiesta. Hubo mucho baile y todos ellos pudieron ir gozando de sus labios y su piel. A veces, alguno de ellos se la encontraba en un pasillo de la casa, la sujetaba y la besaba mientras recorría su cuerpo con las manos.

En algún momento de la tarde, Ana entró al baño, pero uno de los chicos se escabulló con ella. No la dejó preguntar, sólo se introdujo, la colocó de espaldas al lavamanos y la penetró. Empujaba fuerte y la jalaba del cabello. Ana no supo cómo reaccionar al principio, pero decidió que era mejor entregarse a él. Entonces, comenzó a disfrutarlo y a gemir.

–Desde que te vi, te quise coger –dijo él.

–Entonces, cógeme –dijo Ana–, cógeme así.

–¡Ah, qué rico, putita! ¡Te gusta!

–¡Me encanta!

–No sabes ni mi nombre.

–Tú cógeme. Así, así…

El chico aceleró el paso y comenzó a gemir. Ana se volteó y sentada sobre el retrete, llevó ese pene extraño a su boca y lo dejó eyacular sobre su lengua. Entonces, saboreándolo, miró al chico y se tragó el semen.

–Qué rico, putita.

–Delicioso –dijo ella.

Ana se levantó y lo besó en los labios.

–No le digas a los demás de esto.

–Claro que no, putita –respondió él guiñándole el ojo.

El chico se abrochó el pantalón y antes de salir le dijo:

–Por cierto, me llamo Daniel.

Ana se río.

Fue hasta la noche, cuando dentro de la casa, ella se entregó por completo a esos hombres, todos juntos y a la vez. Ella cerró los ojos y se dejó llevar. De pronto, se veía a sí mismo sobre el cuerpo de alguno de ellos. De pronto, alguien llegaba y la penetraba por atrás. Ana recibía a otro en la boca. Sentía que se salían y que intercambiaban lugar. Ana no supo quién la penetraba por delante, quién por detrás, o a quién le hacía sexo oral. No supo de quién eran los labios, las manos, el cuerpo. No supo cuántas veces había llegado al placer.

Al final, Ana se arrodilló delante de todos y con un vaso de cristal en las manos, los hizo eyacular uno por uno. Cuando terminaron, Ana se levantó y comenzó a bailar de manera muy sensual. Ellos la animaron y entonces, Ana tomó despacio el vaso y bebió todo su contenido. Los chicos le aplaudieron y Ana se sonrío.

–Qué rica eres –dijo alguien.

–Y esto apenas comienza –dijo otro, acercándose y poniéndola de nuevo sobre la mesa.

La noche se prolongó y Ana se dedicó a recibir a aquellos hombres, a sentirlos, a ser su objeto de deseo. Ana se tragó el semen de todos, no una, sino varias y aquello la dejó extasiada; se percibía saciada, llena y viva. Pero al cabo de un rato, la sensación fue abandonándola para entregarla por completo al cansancio. Poco a poco, cada uno de ellos se fue a dormir y ella pasó la noche en una cama. No supo a qué hora la venció el sueño ni si había estado acompañada.

A la mañana siguiente, Ana despertó cansada y adolorida. Manuel la llevó a su casa y durante el trayecto no cruzaron ninguna palabra. Cuando llegó la hora de despedirse, se dieron un beso y Ana descendió del auto. No hubo adiós, no hubo gracias, no hubo sonrisas. Aquella vez, fue la última que vio a Manuel.

Así, al otro lado de la puerta, Ana se quitó la ropa y se dio un largo baño, dejando que el agua tibia la cubriera una y otra vez. Al salir, se secó y desnuda, se acostó en la cama para no salir en todo el día. Ana se abrazó de una almohada. Suspiró. Se aferró más al cojín, buscando unos brazos que le correspondieran. Entonces, cerró los ojos.

Ana comenzó a llorar.

**********

Ana vuelve en sí. Se ha dejado llevar por sus pensamientos y ha tenido un orgasmo prolongado. Abre los ojos. Mira a su alrededor y se da cuenta de que el camión se ha vaciado casi en su totalidad. Nadie la ha visto al momento de terminar. Mira de nuevo hacia la ventana, más allá de su propio rostro, más allá de sí misma. El sol desciende sobre sus mejillas y la hace enfocar hacia el cristal. Por primera vez en todo el trayecto, Ana mira su reflejo. Pareciera como si se estuviera viendo por vez primera. Ana se reconoce. Hasta ese momento, se da cuenta de la tensión que había acumulado durante el camino. Por primera vez, se siente relajada. Ana sonríe. Algo ha pasado en su interior. Mira su propio rostro y pareciera que el reflejo ha adquirido otro semblante, otras facciones, un rostro distinto al de ella, el rostro de un hombre quizá. Entonces, con sus pensamientos, habla con él, tierna y dulcemente.

Existo gracias a ti a través de la hoja. Podría decirse que soy una mujer encerrada tu cuerpo. Podríamos decir muchas cosas. Hasta hoy, nos vemos frente a frente. Me has imaginado, me has soñado, me has llevado a los límites de la perversidad. Me he dejado llevar por las circunstancias, lo he gozado, ha sido muy intenso, pero la verdad, es que nunca me has preguntado qué pienso, qué siento o qué espero de todo esto. La verdad, también, es que yo nunca había hablado sobre el tema. A estas alturas, ya no espero nada, tan sólo que me dejes ir. No es tu culpa; tampoco mía, pero es que yo también quiero dejarte para no volver.

Tardaste mucho en hacer esto; tal vez por miedo, por tu moral prejuiciosa hacia tu persona, tal vez porque no soportabas la idea de que esto te excitara; o tal vez, simplemente, porque yo no quería hablar sobre mí.

Mi vida en el papel ha sido sólo esto. Y lo he disfrutado. Pero hoy, por primera vez, me detengo para aceptar que siempre me he sentido sola. Hoy, existe algo en mí que me dice que todo puede ser diferente. Hoy, por primera vez, me pregunto: “¿para qué todo esto, cuál es el fin, es que no podrá terminar nunca?” Hoy, ya no deseo pensar en lo que pasó, no quiero pensar en Miguel, no quiero estar con nadie, quiero perderme en un lugar en el cual, tú tampoco me encuentres y ser ahí otra de la que he sido hoy. Sí, eso es lo que anhelo. Sé que me estás viendo sonreír. A ti, sí te puedo decir un “adiós”, porque de alguna u otra manera, hemos vivido esto los dos, tú desde ese otro mundo que yo no conozco. Tal vez, ni siquiera me llamo Ana. Hoy, quiero encontrar mi propio nombre. Yo veré este lado del vidrio con mis propios ojos y eso será todo. Adiós, adiós te digo. Adiós. Encontraré la noche oculta de mis piernas y amanecerá en este lado del cristal.

El camión llega a la plaza donde Ana ha quedado con aquel desconocido en el teléfono. El chofer la mira descender. Ana camina hacia el lugar. Los hombres a su alrededor clavan su mirada en sus muslos, en sus muslos morenos y desnudos, en esa minifalda roja que se levanta levemente con su andar y que permite la contemplación de sus nalgas redondas.

Ana sabe que el chico ya debe estar ahí. Pero ya no se pregunta cómo es. Ana tiene otro semblante, otro rostro, otro destino. Ana se desvía y entra a la plaza. Va directamente a su tienda departamental favorita. Mira la ropa, la estudia, la conoce. Hay muchas minifaldas de varios tipos. Ana las ve y les regala una sonrisa. Es una sonrisa coqueta, tierna. Ana sigue hacia el fondo de la tienda y observa algo que le llama la atención. “Sí, eres tú al que vine a buscar”, se dice para sus adentros. Ana se va al probador y cuando sale, lo hace sonriendo. Por primera vez, Ana se ha puesto unos pantalones de mezclilla.

–Me los llevo puestos –le dice a la cajera.

Ana paga y sale de ahí, sale de la plaza, sale de sí misma para entregarse a sus pasos, al camino incierto, a la sorpresa.

Ana camina por una calle solitaria. Ahí, en algún lote baldío, Ana abre su bolsa, avienta su minifalda escocesa y sigue caminando. Sonriendo. Libre. Libre de sí misma, sin ver el lugar donde la falda se pierde para no volver jamás.

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Las palabras salieron sobrando

Hola a todos esta es mi primera vez que escribo, espero les guste. comenzaré describiendome, mido 176, soy delgado-atletico, piel trigueña, ojos negros, grandes, me gusta el estilo de barbita de 3 dias, varonil y me gusta la discreción, en cuanto a mi rol me considero bisexual.

Naci en un pueblo vecino de la Cd. de Guadalajara Jalisco, ciudad donde nace este mi primer relato hacia ustedes. Lo que a continuación les contaré sucedió hace 10 años, actualmente tengo 29 años.

Siempre he sido una persona muy curiosa e inquieto, por lo que un pueblo me podía ofrecer a mis 16 años no era suficiente para satisfacer mis deseos de conocer “nuevos horizontes”, esto en más de un ámbito porque para ese entonces me consideraba 100 hetero; así que en mi primera expedición fuera de mi pueblo decidí tomar el camión hacia Guadalajara (algo muy intrépido para alguien de mi edad en aquellos ayeres) y llegué a plaza del Sol el dinero que traía en ese momento ya lo tenía muy bien repartido para mi boleto de regreso, y comprar algún libro, ya que la lectura siempre me ha fascinado y más ahora en los relatos sexuales jajaja.

Llegue a la librería, estuve allí una hora viendo que ejemplar me acompañaría en mi regreso a mi pueblo, pues bien lo compre pase por una nieve de yogurt y esta satisfecho por ese día, estaba preparado para tomar el camión que me llevaría a tomar el foráneo para regresar a casa.
Estaba por llegar a la Av Lopez Mateos cuando de pronto antes de salir de plaza del Sol sentí un impulso que me llevo a deterne en seco, y mi corazón se comenzó a acelerar sin encontrarle un claro motivo, así que me dispuse a observar el entorno y al mirar a mi espalda me encontré con una mirada de un chavo muy misterioso de buen ver, de buen cuerpo, 1 o 2 años más grande que yo, mas o menos de mi estatura, cuando nuestras miradas se encontraron mi corazón se comenzó a acelerar aún más y sin darme cuenta ya estaba caminando hacia él, sin poder despegarle la vista, antes de llegar, se puso de pie y comenzó a caminar en sentido contrario al mio, en ese momento me detuve, reaccioné. ¿qué estaba haciendo? él dio unos pasos más, se detuvo, miro hacia atrás me vio, con un leve gesto de su rostro me indicó que lo siguiera. Sin pensarlo obedecí, lo comencé a seguir, mi respiración también se aceleraba y mi pulso iba aumentando pues estaba siguiendo a un total desconocido, cuando me percaté de que mi polla comenzaba a crecer, no sabía en realidad que estaba pasando pero mi cuerpo estaba respondiendo, no sé si a la adrenalina de que fuera un desconocido o fuera algo más que me dictará mi intuición.

En el transcurso nunca nos emparejamos siempre estuvimos a 2 metros de distancia yo detrás, ocasionalmente él volteaba para comprobar si lo seguía cosa que me excitaba cada vez más y más.

Pues mi intuición tenía razón nos dirigimos hacia los sanitarios del segundo piso, el entró se colocó en un mingitorio yo hice lo mismo dejando uno libre entré ese sujeto y yo, mire de reojo y tenia su polla de fuera un hermoso ejemplar de unos 18 cm, cut, morena clara, algo gruesa que fue el detonante para que la mia saliera en su encuentro, gruesa, de 17 cm, uncut, caliente y totalmente empalmada para ese momento.

La respiración, el pulso y mi polla, toda mi persona estaba excitada, ¿que podría pasar? ¿ estábamos en un baño público, acaso no llegaría nadie más para interrumpir el momento? pues así fue en el espacio vació llega un señor y se interpone en el logro de nuestra pre fantasía, sin pensarlo 2 veces metí mi verga la pantalón y con la mirada ahora yo le sugerí seguirme, ahora era yo quien miraba hacía atrás buscando que el dueño de semenjante polla no se quedara atrás, busque otros baños en la planta bajo pero no encontré ninguno, seguiamos con los 2 mts de distancia lo que nos libraba de toda sospecha (a lo menos eso creí yo), la frustración, la desesperación, el morbo, la excitación todo estaba confluyendo en mi persona, de pronto una idea ilumina mi mente, “la solitaria plaza milenium” que se encontraba a escasas 3 o 4 cuadras de donde nos encontrábamos, me arriesgue a salirme de la plaza del sol, pensé que ya no me seguiría pero paso lo contrario después de un momento dubitativo decidió seguirme, nos fuimos por Lopez Mateos esas 4 cuadras me parecían eternas yo seguía con la polla totalmente empalmada y mi fiel seguidor a lo que podía observar por el tamaño de su paquete pude asegurar que la calentura seguía al máximo, finalmente llegamos a dicha plaza que efectivamente se encontraba sola casi en su totalidad, de inmediato busque los baños y él me siguió. yo entre primero y después de un par de minutos él entro no pusimos nuevamente algo alejados en mingitorios ya con las vergas de fuera al 100 de duras ambas ya no pude más así que me acerque y tome su verga como si fuera un trofeo y comencé a masturbarlo como desaforado, pero en un segundo hice una pausa y reaccioné de que eso era demasiado arriesgado en cuanto alguien entrara no tendríamos ni oportunidad de disimular, lo jale hacia un baño y comenzamos a besarnos con una lujuria, que de solo recordarlo me vuelvo a empalmar, nuestras manos se ocupan de lo suyo tocando todo lo que se podía siendo nuestra verga el mayor punto de enfoque.
De pronto se escuchan unas voces, 2 hombres que hablaban de negocios habían entrado me quede petrificado no supe que hacer, él se subió a la tapa del sanitario de inmediato quedó reclinado por obvias razones yo quede debajo pero nunca dejarnos de masturbarnos y tocarnos el uno al otro finalmente, nos dejaron solos de nuevo procedimos con lo jamás detuvimos jaja para acercarnos al culminio de dicha faena.
Nuestros labios se presionaban los unos contra los otros nuestras lenguas se rozaban sin parar y nuestras manos tocaban verga, nalgas, pezones, estábamos casi desnudos en esos sanitarios, cuando unos profundos jadeos se comenzaron a manifestar en él, cosa que me prendió mas aún. Nuestras pollas ya mojadas se comenzaron a derramar chorros y chorros de esperma, mis piernas se doblaron, muy lentamente nuestros lenguas se despidieron. finalmente nos apartamos.

Nos vestimos, salimos del baño cada uno siguió su camino, jamás lo volví a ver, nunca intercambiamos palabras pero este pueblerino había iniciado su camino de regreso a casa con una sonrisa de lado a lado, un libro en la mano y con una mente abierta a una serie de experiencias que lo estaban esperan más adelante.

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Con un desconocido por Email 2

Después de nuestro primer encuentro le envíe unos emails pensando en vernos otra vez y repetir, pero siempre me daba indirectas o me decía que no estaba en la ciudad, entendí que tal vez no le había gustado.

En la mañana abrí mi correo y mi sorpresa fue grande al ver que me enviaba un mensaje por el chat.

Nos saludamos y me dijo que ya se encontraba en la ciudad, que estaba muy dolido de la espalda y que estaba pensando en ir a unos masajes… a menos que yo estuviera dispuesto a darle ese masaje y “tal vez algo mas”.

De inmediato le dije que si  y quedamos de vernos a las 7 de la noche en el mismo lugar al que pasó por mi la última ocasión. Platicando me dijo que tenía ganas de que le diera un masaje en la espalda, que luego ya se daria la vuelta y le diera un masaje completo y…
-“De ahí repetimos como la vez pasada”.

Sus palabras me calentaron demasiado y saber que tenia que esperar hasta las 7 me desesperaba, no sabía que hacer asi que me metí a bañar para rasurarme un poco, arreglarme y ponerme lo mas atractivo para el.
Me sentía como una chica que se arregla para conquistar a un hombre.

A las 7 en punto estaba llegando cuando su carro venía llegando también, platicamos un poco de tonterías y nos fuimos directo al mismo motel de la vez pasada.

Esta vez si traía vasos y nos preparó unos tragos algo cargadas mientras yo ponía en la tele el canal porno para ir entrando en calor.

Le pregunté si le molestaba que me metiera primero a la ducha, el, un poco aliviado de que yo tomara la iniciativa, me dejó desnudarme y meterme a la regadera.

Poco tiempo después entró en la regadera y me moví para que el se bañara. No lo tocaba mucho ni nada porque no quería apresurar nada pero si hubiera querido me hubiera podido hacer lo que quisiera en la ducha.

Al final me pidió darle un masaje en la espalda mientras lo enjabonaba y al terminar me metió a la regadera para enjabonarme las nalgas. Yo estaba poniéndome supercaliente mientras el me sobaba y apretaba, pero muy pronto me dijo que me enjuagara y que nos fuéramos a la cama.

En la cama el se acostó boca abajo y me dio una botellita de aceite, y procedí a darle un buen masaje en la espalda. Después de al menos 30 minutos, comencé a darle masaje en las piernas pero llegando a los muslos comencé a acariciarle las bolas y el se levantó un poco por lo que comencé a masturbarlo un poco.

Se volteó y vi su pene totalmente erguido. Apenas le estaba empezando a poner aceite en el pecho y después de un pequeño masaje en el pecho, fui bajando hasta tomar su pene y me incline de inmediato a mamarlo.

De repente me subió un poco para que nuestros miembros quedaran a la misma altura y frotarlos uno contra el otro. La verdad es que en mi rol pasivo no me gusta mucho usar mi pene, pero al ser pasivo siempre digo que sí a todo.

Después de un momento me dijo que siguiera mamándosela así que bajé de nuevo a metermelo en la boca. Unas cuantas chupadas después me dijo
-“Ya quieres que te coja?”

Yo como a todo le dije que sí y sabiendo donde estaban los condones, fui y tome uno y se lo puse. Intenté sentarme y metérmela solo, pero no pude, así que me dijo “Pues como la vez pasada” y me puse de inmediato de perrito en la orilla de la cama.

Puso la punta de su miembro contra mi culo, apoyando pero sin empujar ni nada mientras alcanzaba su trago y el aceite, mientras tanto yo sintiendo ese calor y sabiendo lo que vendría en cualquier momento.

Me separó las piernas y comenzó a hacer presión, yo estaba flojito para dejarlo entrar con facilidad pero aun así no entraba y me la empujaba tan duro que al final estaba acostado boca abajo en la cama cuando me empezó a entrar. Si la primera vez el había estado nervioso, esta vez estaba muy excitado. Su miembro lo sentía mucho mas duro y grande que la primera vez mientras siguió empujando hasta que me lo metió completa y no paró de empujar hasta que tenía todo su peso sobre mi .

Como la vez pasada, me lo dejó enterrado hasta adentro y me hizo apretar y cerrar mi esfínter, a momentos me daba unas bombeadas pero creo que lo que le gustaba era ver mi cara llena de placer de sentirme empalado y ver como yo solo me movía contra sus caderas en un esfuerzo para cojerme yo mismo, pero el me la dejaba metida hasta adentro.

A veces se sentaba en mis muslos sin sacarla casi nada, agarrando mis nalgas disfrutando del espectáculo, pero despues de un momento, se hizo un poco hacia arriba y yo comence a bombearme un poco con su miembro mientras subia y bajaba las nalgas desesperado por sentir su cogida.

El no pudo aguantar mas y comenzo a cogerme de manera cadenciosa, me lo metía hasta adentro y lo sacaba despacio hasta casi sacarlo por completo para volverlo a meter con calma y dejármelo un momento bien enterrado.

Yo estaba a punto de venirme así que me quede quietecito, tratando de calmarme un poco y aguantar la exitación para no venirme y el al verlo se recosto totalmente sobre mi y me dijo…
-“Tu vas a hacer todo lo que yo diga?” –  usé un gemido para contestar un “si”

-“Quiero que hagamos 3 cosas” decía mientras me tenia totalmente empalado a su merced.
-“Quiero que hagamos un trio con una chavita”, no me pareció muy exitante pero le dije como siempre que si.
-“Quiero que participes conmigo y con mi esposa”, eso me pareció mas cachondo y como a todo, le dije que si.
-“Quiero hacer una orgía y cuando la haga, quiero que tu vengas”, eso me pareció mucho mas exitante, por supuesto le dije que si.

Me armé de valor y le dije entre gemidos pues me tenía empaladísimo
-“Te propongo una cuarta… por si no encontramos una chica para el trío… igual consigue un amigo y yo me encargo de atenderlos a los dos….”,
-“lo Harías?” dijo y como a todo lo que me dice, le dije  que si.

Eso pareció calentarlo mucho y ahora si empezó a cogerme, me digo que quería ver como me venía y le propuse que frente al espejo como la vez pasada, dijo que si y empezo a salirse de mi para bajarse de la cama, pero yo no lo dejé, me fui haciendo para atrás sin dejar que se saliera de mi y al bajar los dos de la cama yo seguía bien empalado, tanto que el dijo
-“Wow, sin que se saliera…”

Y caminando empalado me llevo al espejo en donde me apoyé en un silloncito y comenzó a bombearme, yo quería verme en el espejo pero no podía abrir los ojos y ver una imagen, el placer no me dejaba, después de un momento me la sacó por completo para volverla a meter y me dijo:
-“Se rompió el condón, con razón se sentía tan rico”, se puso uno nuevo y me dijo:

-“Lo quieres intentar boca arriba?. yo respondí lo de siempre
-“Si”.

Caminé a la cama me senté en la orilla y levanté mis piernas, el me tomó de los tobillos y se subió a la cama poniéndose casi de pie y levantándome me dejó apoyado casi sobre mis hombros y me lo metió completo y sin mas empezó a bombearme con mucha fuerza y velocidad mientras me comenzó a masturbar, yo no pude aguantar mucho mas y despues de unos minutos terminé con un chorro super potente que hasta el se sorprendió, manchándome el pecho y la cama mas alla de mi cabeza, el se quedó totalmente dentro de mi mientras me vine y me dijo:
-“Quieres un minuto?”, le conteste como siempre que si y me sirvio un trago mientras el seguia con el miembro super duro, le di unos tragos y me dijo:

-“Seguimos?” , le dije que si y me volví a poner en la posición que nos habíamos quedado, de inmediato me lo metió y comenzó a bombearme ahora si con mucha mucha fuerza, me pregunto “En dónde quieres que me venga?” y le contesté:
-“En mi cara”…

Eso lo emocionó mucho y comenzó a cogerme por un buen rato a todo lo que daba, yo solo me puse flojito y lo dejaba sentir todo el placer que pudiera con mi cuerpo. (Es curioso, la sensación es algo incomoda para mi, pero saber que mi macho esta teniendo muchísimo placer me excita hasta el punto de superar eso.) Después de una buena cogida veo que se sale de mi y de pie se quita el condón y comienza a masturbarse, da un movimiento y se queda hincado a mi lado con su miembro justo a la altura de mi rostro, cuando abrí los ojos y lo ví,  sabía que se vendría en mi cara, cerré los ojos y saqué mi lengua excitándolo a venirse, hasta que por fin sentí unos chorros de líquido caliente y espeso en mis párpados, en mi boca, en mi legua, en toda mi cara y el dando unos tremendos gruñidos de excitación de ver como se había venido en la cara de alguien mas.

Yo me quedé ahí un momento, debo aceptar que me sentia de alguna manera humillado, sometido… desnudo en una cama con un desconocido que despues de cogerme como había querido se había venido en mi cara, abrí los ojos y vi que tenia el condon sobre mi abdomen, ahí lo había tirado sobre mi cuerpo….  me imaginé la foto y me pareció terriblemente cachonda….

Me levanté y me fui a la regadera y comencé a bañarme, a quitarme todo el semen de la cara y a lavarme el cuerpo, el se metió cuando yo salí y se bañó mientras me vestía y luego se cambió, platicamos sobre cualquier tontería mientras bajamos al carro y me fue a dejar al mismo lugar en donde me había recogido, nos despedimos y quedamos de hablar después.

Si me vuelve a mandar un correo…  ya les estaré contando.

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