Despedida

Era un día como cualquier otro. Regresaba a mi casa después de un arduo día en la escuela. Sin embargo, cuando entré en mi casa me encontré con alguien que no debía estar.

-¿Qué tal? ¿Cómo has estado?

Se trataba de Javier, un viejo amigo de la infancia. Lo saludé animadamente y luego me puse a ver televisión. Mi amigo había ido a platicar con mi madre, por lo que pude escuchar, la razón era que próximamente él y su familia se mudarían. Me puse a pensar en lo ridículo de la situación, él y yo vivíamos muy cerca y solo nos habíamos dejado de hablar al entrar a bachilleratos diferentes. Y ahora realmente no iba a haber forma de hablarnos.

Ese día se quedó a comer, aunque la verdad no hablamos mucho. Él se fue cuando ya anochecía y me empecé a preocupar. Después de todo, había sido mi mejor amigo en la primaria y secundaria, y pronto no lo volvería a ver.

-Bueno, nos vemos -se despidió él al irse.

-Ojalá -le respondí algo triste.

-Verás que sí -me dijo él sonriendo.

El fin de semana volvió a ir a mi casa. Ya era tarde y mis padres habían salido y no regresarían hasta el día siguiente. Él me preguntó si se podía quedar un rato conmigo, y yo le respondí que no tenía ningún inconveniente. Nos pusimos a ver televisión y platicar. Fue una charla banal, hasta que él me preguntó si tenía algo con que jugar. Inmediatamente le respondí que solo una baraja de mi padre (tengo otros juguetes, pero esos no se los prestó a todo el mundo). Nos pusimos a jugar con ella, ganando el tres juegos y yo dos.

-¿Qué te parece si apostamos? -me preguntó él.

-¿Qué clase de apuesta? -le pregunté con curiosidad.

-Pues el que gane le pide al otro lo que quiera -me dijo.

En ese momento vi que se pasó la mano por el bulto, pero no le hice mucho caso. He aprendido que para muchos hombres es más un movimiento involuntario que una verdadera insinuación.

-Vale -le contesté, sin siquiera estar seguro de que pediría en caso de que ganara.

Nos pusimos a jugar nuevamente, y me di cuenta que él realmente había estado jugando. En pocas manos acabó conmigo.

-Bueno, ¿y qué es lo que quieres? -le pregunté.

-Ponte de pie -me dijo.

Yo lo obedecí, sin saber muy bien lo que quería. Quizás pude haberlo intuido, pero nunca me hubiera imaginado eso de Javier ni en mis sueños más locos. Él se levantó y se pasó detrás de mí, donde no podía verlo. De repente sentí como se recargaba en mí y restregaba su pene sobre mi trasero. Yo me sentía confundido, pero no podía negar lo excitante que era la situación, sentir su duro pedazo de carne sobre mi culo. Me excité rápidamente, especialmente al sentir que él lo estaba disfrutando. Así estuvimos un rato hasta que él eyaculó, lo cual me di cuenta gracias a sus gemidos y a la detención de sus movimientos.

Cuando hubo terminado se volvió a sentar y después de unos segundos lo imité. No sabía qué pensar, mi mejor amigo había hecho conmigo algo que jamás hubiera pensado, pero me había encantado.

-Perdóname -me dijo algo apenado sin mirarme a la cara-, pero estaba muy caliente y como no hay ninguna chava por aquí… Quizás hubiera sido mejor cogerme otra cosa.

¿Realmente estaba arrepentido? Me parecía ridículo, pero decidí seguirle el jueguito.

-Sí, tal vez -le dije fingiendo molestia.

Él me volteó a ver y yo traté que mi cara expresara enfado. Lo debí de hacer muy bien, porque su expresión de pedir perdón se intensificó.

-Quiero la revancha -le dije en tono un poco desafiante.

-¿Qué? -preguntó él sorprendido.

-No voy a dejar mi honor así -le contesté-. Si gano a mí me toca cogerte como lo hiciste tú.

¡Qué honor ni qué nada! Lo único que quería era gozar con él.

-Va -me respondió-. Pero si pierdes te toca masturbarme directo.

Iniciamos el siguiente juego mientras sopesaba mis posibilidades. Si ganaba podría restregarle mi verga sobre su culito con la ropa puesta, pero si perdía podría agarrarle el pito directamente. No me costó ningún trabajo decidirme. El problema fue que Javier parecía preferir que le restregara alguien más el pene en el trasero a que se lo agarraran, ya que estaba jugando terriblemente mal. Sin embargo, no le fue suficiente, porque aún así yo perdí.

Él se puso muy nervioso, y yo fingí sentirme frustrado y enojado, aunque por dentro me moría de la emoción y la excitación. Le dije que se sentara en el sillón. Yo me senté a su lado y me puse a desabrocharle el pantalón. Tardé un poco en sacar su pene, el cual estaba flácido y embarrado de su semen. Empecé a masturbarle lenta y cuidadosamente, disfrutando de cómo aquello se iba poniendo poco a poco duro. No era muy grande, pero tampoco despreciable. Realmente lo gocé. Me imaginaba teniéndolo en mi boca y dentro de mi culito, pero sabía que tenía que ir lento y con cuidado.

-¡Ah! ¡Uh! Lo haces muy bien -me dijo Javier-. ¡Ah! Apuesto que disfrutas mucho tus pajas.

-Sí -le contesté intentando sonar indiferente, lo cual era bastante difícil-. Aunque prefiero hacerlo acompañado.

-Creo que es una pérdida -opinó él-. Apuesto que ninguna chava puede hacerte sentir lo que haces con tus manos.

-¿Y quién dijo que lo hago con chavas? -inquirí yo.

Él me volteó a ver muy sorprendido. Yo lo miré directamente a los ojos sin dejar de masturbarlo. Yo sabía que eso me abriría la puerta o me la cerraría totalmente.

-¿Has tenido sexo con otros hombres? -me preguntó con sorpresa total.

-Sí -le contesté naturalmente-, ¿tú no?

-No -me contestó con voz temblorosa.

-Pues deberías intentarlo -le dije-. Es de lo mejor.

Nos quedamos callados unos momentos, pero yo sabía que ya había traspasado el umbral. Podía ahora masturbarlo sin ningún recato, y era fabuloso sentir cómo su pene se movía en mi mano. Ya no tenía que fingir nada. Ahora podía dejar que mi rostro mostrara el deseo que sentía.

-Creo que debería intentarlo ahora -dijo finalmente él.

Acercó su mano temblorosa hacia mi bragueta, y empezó a acariciar mi pene sobre el pantalón. Mi pito ya llevaba un buen rato bien duro, pujando por salir mientras él me lo sobaba. Estuvimos un rato así hasta que yo me puse de pie y me quité el pantalón. Él me miró con detenimiento por un momento. Me senté sobre sus piernas y comencé a frotar mi pene contra el suyo. Abandoné toda reserva y le di un beso que me correspondió magníficamente. Era increíble lo bien que se sentía el hecho de que nuestros penes estuvieran frotándose mientras jugábamos con nuestras lenguas.

Un momento después sentí su pene dentro de mí. Ambos estábamos ya completamente desnudos. Me puse de a perrito en el suelo y él me penetró después de haberse colocado un preservativo. Era genial sentir como su pene entraba y salía de mi ano.

-No te detengas -le dije entre gemidos.

-No lo haré mi amor -me dijo mientras recargaba todo su cuerpo sobre el mío.

Yo volteé lo más que pude la cabeza y nos volvimos a besar. Lo que me había dicho me había hecho sentir tan deseado, que decidí que le daría a Javier la mejor noche de su vida.

Cuando sacó su pene de mi interior yo me volteé, le quité el condón y arrodillado empecé a chupar su pene. Tenía el sabor más exquisito que había probado en mi vida. Decidí que no dejaría ni un cachito sin probarlo. Pasé mi lengua por todo su glande, luego por su falo y finalmente sus testículos. No tenían mucho vello y era maravilloso sentir la suavidad de su piel con mi lengua. Mientras tanto, mis manos se entretenían acariciando sus nalgas. Javier tenía un excelente culo que recorrí con cada uno de mis dedos.

Poco después le di la vuelta y él recargó sus manos en el respaldo del sillón, por lo que quedó medio empinado con el trasero al aire. Comencé a besarle las nalgas mientras se las seguía acariciando. No obstante, la tentación fue muy fuerte y no pude evitar empezar a saborearlas con mi lengua. Tenían un sabor difícil de definir, el cual me encantó. Javier solo gemía y yo notaba las contracciones involuntarias de su ano. Le di un beso negro y empecé a meterle toda la saliva que podía en su hermoso agujerito. Fue tanta que lo podía follar con la lengua sin ningún problema. Le quité la boca de su culo y comencé a meterle el dedo medio de mi mano derecha. Costaba algo de trabajo, pero la recompensa era ver la cara de placer que ponía mi amigo, el cual no paraba de gemir. Sospechaba que nunca una chica había tenido el valor de llegar a su punto G. Tomé su verga con mi mano izquierda y empecé a masturbarlo sin dejar de meterle el dedo.

-Nunca imaginé que se sentiría tan bien -me confesó entre gemidos.

-Sí, y eso que todavía no pruebas lo mejor -le contesté sonriendo.

Le saqué el dedo de su culo, saqué un condón para ponermelo y puse la cabeza de mi pene a la entrada de éste.

-No estoy seguro -me dijo, aunque su voz transmitió el mayor deseo posible.

-No te preocupes -le dije mientras lo seguía masturbando-. Te va a acabar gustando.

Fui introduciendo mi pene poco a poco. Era maravilloso sentir mi pene dentro de ese pequeño agujero en el cual no había entrado nadie con anterioridad. Javier, por su parte, parecía dividido entre el placer que le provocaba mi mano y el dolor que le producía mi pene. No podía dejar de gemir pero unas lágrimas resbalaban por sus mejillas.

Cuando todo mi pene estuvo totalmente dentro inicié un mete y saca muy lento. Mantuve esa velocidad hasta que noté que Javier ya no tenía dolor y ahora todo era placer para él. Empecé a aumentar la velocidad mientras él no paraba de gemir. Cuando alcancé la velocidad máxima él se vino en mi mano. Sentí las contracciones de su recto apretar fuertemente mi pene, aunque yo no estaba aún listo para venirme.

Tomé todo su semen y se lo unté en su pecho y abdomen. Medio volteé su cara después de eso y comencé a besarlo. Jugamos con nuestras lenguas mientras yo seguía cogiéndolo.

Después le saqué mi pene de su culo y lo senté en el sillón. Me arrodillé sobre el sillón para que mi verga quedara a la altura de su pecho, me quité el preservativo y comencé a masturbarme. Él miraba mi pene extasiado, esperando los chorros que salieran de él.

-Inténtalo tú -le dije mientras soltaba mi pene.

Tomó mi pene con una mano temblorosa y comenzó a masturbarme. Lo hacía bien, aunque quizás podría mejorar algo. Sin embargo, lo dejé continuar hasta que me vine. Mis chorros de leche salieron y cayeron en su cara y pecho. Bajé la mirada para verlo y vi como limpiaba con su lengua el semen que había cerca de su boca.

Me senté sobre sus piernas y lo volví a besar. Nuestras lenguas jugaron un rato enredándose una con otra. Cuando terminamos de besarnos él me dijo:

-Fue lo mejor que me ha pasado en la vida.

-Bueno, considéralo tu despedida -le dije mientras acariciaba su pecho.

Él me sonrió. Yo sabía que esa era la primera y última vez que tendríamos sexo, y eso me entristeció un poco porque había sido genial. No obstante, decidí llevar en mi mente por siempre el recuerdo del día en que me había cogido a mi mejor amigo.

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Despedida de solteros improvisada

Por lo mojado que tenía el culo entró alcanzando el tope sin mucha dificultad, y empezar con el mete y saca que aprovechó el octavo chico para seguir follándole el coño, estaba siendo doblemente penetrada, sintiendo dos pollas en sus entrañas, y seguía chupando las otras que le iban poniendo en la boca, con sus manos masturbaba las que podía, ni una puta lo podía hacer mejor que ella.

Había pasado el fin de semana en un pueblo de la sierra de Huelva con toda mi reunión de amigos, nos quedamos en casa de Macarena, pues ella tenía una casa allí. A la hora de venirnos, teníamos muchos coches para la gente que éramos, así que nos repartimos, y a mí me tocó bajar con Macarena, por lo que salimos los últimos, mientras cerrábamos la casa, teníamos por delante unos cuantos kilómetros hasta Huelva, así que empezamos el camino.

Se estaba haciendo de noche, viajaba con poca gasolina, por lo que decidimos parar en una vía de servicio a echar gasolina y a picar algo, llegamos, llenamos el depósito y nos fuimos a comer algo en un hostal adjunto. Ella iba muy atractiva, con el pelo castaño suelto, y un vestido de color azul que le sentaba muy bien, era alta, con buenos pechos y largas piernas. Cuando entramos en el comedor sólo se encontraban hombres cenando, y noté como devoraban a Macarena con la mirada, tanto el camarero, como otros seis que estaban juntos al parecer de celebración de una despedida de solteros.

Nos sentamos, pedimos y empezamos a picar algo, hasta que cuando estábamos esperando el plato, uno de la mesa de los seis se acercó, y nos invitó educadamente a su mesa, pues estaban de celebración y allí según él nadie pagaba ese día, nos miramos y aceptamos la invitación. Festejaban la despedida de soltero de uno de ellos, todos eran treintañeros, nos dijeron que estaban esperando a unas señoritas que esperaban de un local del pueblo de al lado, para alegrar la fiesta, nos quedamos con ellos tomándonos una copa mientras esperaban el cambio de tercio, eran gente sana, gente de pueblo con ganas de juerga.

Yo estaba sentado en un extremo, mientras Macarena estaba en el otro, sentada entre dos, los cuales le llenaban la copa de cava sin parar, mi nivel de cava tampoco era corto. Este exceso de alcohol, hacía que las vergüenzas se fueran disipando, y más de uno le fue metiendo algo de mano, aunque ella se resistía educadamente. De repente sonó el móvil de uno, y al rato volvió diciendo que las niñas que esperaban no podían venir, todos quedaron callados, excepto ella, que se empezó a reír, gritando: ¡Con las ganas que tenéis y os han dado calabazas!, todos sonrieron.

Uno de ellos se levantó, y se dirigió hacia el camarero, le dijo algo y retornó, el mesero, cerró por dentro la puerta del comedor, y se vino hacia nosotros. Al ver esto yo pregunté en voz algo fuerte, por lo que ocurría, y uno de ellos respondió que querían que Macarena hiciera un striptease, para que el que se casa, no se sienta mal. Ella se asustó y excitó al mismo tiempo, diciendo entre risas que le daba vergüenza, a lo que uno respondió que le pagarían los seiscientos euros que iban a cobrar las señoritas. Ella me miró, y riéndose se levantó, y brindó aceptando el reto, todos se revolucionaron, y la subieron encima de la mesa, la cual ya estaba vacía, pusieron música erótica, y le indicaron que ya podía comenzar.

Macarena empezó a bailar, a contornearse más exageradamente si cabe por el alcohol ingerido, después de mucho contorneo, se desabrochó la cremallera del vestido azul, y uno de ellos la acarició, a lo que ella le replicó quitándole la mano, y diciéndole que la tratasen bien, que ella no era ninguna puta, todos se lo prometieron. Ella entonces prosiguió, se quitó el vestido, y quedó ante los ocho, en bragas y sujetador, era la primera vez que veía a mi amiga en ropa interior, y a pesar de todo, mi excitación iba en aumento ante el espectáculo, igualándose a la de los seis hombres o la del camarero.

Uno de ellos gritó: ¡Las tetas, queremos verte las tetas!, y ella, obediente, se empezó a acariciar los pechos con sus manos, para después sacárselas por encima del sostén, tenía unos redondos senos, rematados por unos gruesos pezones. No pasó mucho hasta que otro gritase: ¡Ahora el chocho, queremos verte el chocho! Macarena, se lo pensó más, y continuó un rato bailando, hasta que se bajó despacio las bragas, quedando desnuda, enseñando todas sus intimidades al grupo de tíos, más yo, y que ese momento, era de los más excitado, por poder ver a una amiga mía desnuda ante mis ojos.

Entonces tras esto, se arrodilló en la mesa, y preguntó que cómo había estado el espectáculo, todos casi encima de ella dijeron que muy bien, uno de ellos replicó que había que seguir con él, y se bajó los pantalones, a lo que todos contestamos con una risa excitada, rodeamos la mesa, y los ocho chicos nos desnudamos, yo era ya uno más de ellos. Ella se quedó un momento asustada, no pensaba que la cosa iba a llegar a tanto, aunque su nivel de alcohol no le dejaba pensar mucho. A esto que el novio, se acercó más que ninguno a ella, colocándole su polla a la altura de sus pechos, y le ordenó a Macarena que se la acariciase, ella algo reticente le cogió el miembro, y lo fue acariciando con delicadeza de abajo a arriba. Después, él le ordenó que se lo metiera en la boca, que eso entraba en el precio pagado, y ella lentamente se agachó, y se lo metió en la boca poco a poco, empezando a mamarlo por todos sitios, hasta empezar a masturbarlo con la boca. Yo no me podía creer lo que veía, parecía una chica normal, pero ahí resultaba ser una zorra acostumbrada a chupar las pollas de los chicos.

Después, soltó la polla del novio, y continuó con el siguiente, cogió la polla con la mano y con la lengua se fue hacia el glande y lo saboreó, para después empezar a acelerar el ritmo, mamándosela ricamente, aunque con esta chupada, mi disfrute también llegó, pues al estar de rodilla y agachada sobre ese chico, ante mí dejaba ella ver su rajita húmeda coronada por su culito apretadito. A continuación fue por otro, tomó con la mano su verga, y se la introdujo hasta el fondo, hasta donde podía llegar sin ahogarse, sus jugos se le caían de la vagina, empapando la mesa y los gritos de placer del tío, excitaban más aún al personal. Más tarde fue por el cuarto y el quinto, mamándoselas con bastante energía.

Pasado el quinto, llegó hacia mí, me miró, se rió, y me preguntó si yo también quería, yo le respondí que ya que estaba que hiciera algo por mi polla, ella sonrió, y me dijo que a ver qué podía hacer por ella, la tomó con una mano, y la empezó a masturbar lentamente, yo le empecé a acariciar las tetas. Me estaba tocando con cuidado mi pene, disfrutando de la masturbación manual, hasta que acercó su boca, y enseguida se la metió en la boca, hasta cubrirla entera y no dejar nada fuera, la había engullido entera, era una pasada de placer, después se la sacó y me dio unas cuantas de mamadas, lo suficiente para dejarme excitadísimo, a punto de reventar. Después de un rato, continuó su trabajo, y se fue por el séptimo y octavo, dejando a los dos cardiacos, con los lametones que les dio. Ya todos habíamos tenido nuestra mamadita, nuestro goce era exagerado, pero llegados a ese momento, para ninguno era ya suficiente, queríamos más, y Macarena iba a ser nuestra víctima.

Tras acabar con el último chico, el novio se subió a la mesa, Macarena se fue hacia él, y se la chupó un poco más, hasta que él la cogió y la tumbó en la mesa, ella ya sabía lo que iba a pasar, pero como una prostituta más, se disponía a recibir de lo suyo. Entonces él, se la metió progresivamente en su coñito, hasta llegar al tope, para después empezar a bombearla, allí estaba, desnuda y con el novio encima, metiéndosela y sacándosela sin parar, la follaba furiosamente, en un mete y saca que le estaba llevando al orgasmo por los gemidos que emitía Macarena. A la vez que sucedía esto, el chico segundo y tercero aproximaban a la boca de ella sus miembros, y se lo introducían de todas formas, primero uno y después otro, hasta llegar a meterle las dos a la vez, los demás seguíamos tocándonos nuestros miembros.

Antes de correrse el novio, se quitó, y se puso el segundo, y empezó a tirársela, después pasó el tercero, el cuarto y el quinto, que sumado a que todos íbamos pasando nuestras pollas por su boca, todo esto estaba haciendo que ella llegara a múltiples orgasmos. Llegó mi momento, y ella al verme me dijo que esperase, que yo era el último, esto me dejó en principio algo planchado, pero después le empecé a dar vueltas a la cabeza, y soñaba con que me reservaba algo especial, y esto me puso muy contento, así que continuó el desfile, y el séptimo empezó a taladrarla.

Llegado el octavo y último, ella se levantó, y colocó al chico boca arriba sobre la mesa, y Macarena se sentó poco a poco encima de él, estaba tan mojada que su pene se deslizó increíblemente rápido hasta el fondo de su vagina, ella ya había tenido varios orgasmos, y estaba muy lubricada, aunque ningún chico llegó a correrse dentro de ella. Ella empezó a moverse arriba y abajo, subía todo lo que podía y luego se la clavaba hasta el fondo sin parar, cada vez más rápido, ella gemía como una perra en celo. Yo estaba al lado de ellos, esperando mi turno, ella me ordenó que subiera, y una vez arriba, tomó con una mano mi pene y se lo introducía en la boca cuando el vaivén de la follada le dejaba.

Entonces ella me miró sonriente, y me dijo que me había dejado lo mejor, y me ordenó que me pusiera detrás de ella, y que su culo era mío, sólo el escuchar eso me puso cardíaco, pero aguanté y me puse detrás de ella. Tomé mi polla con la mano, y empecé a hacer círculos entorno al culo de Macarena, esto la volvía loca, lo tenía completamente mojado de todos los jugos que se le habían resbalado, así que enseguida puse la punta de mi polla en su ano, y la metí con mucho cuidado, ya que aunque se notaba que había practicado más veces sexo anal, estas relaciones habían sido muy esporádicas.

Aunque esta vez, por lo mojado que tenía el culo, entró relativamente fácilmente, alcanzando el tope sin mucha dificultad, para después empezar con el mete y saca a ritmo medio que aprovechó el octavo chico para seguir follándole el coño, estaba siendo doblemente penetrada, sintiendo dos pollas en sus entrañas, mientras seguía chupando una a una otras que le iban poniendo en la boca, y con sus manos masturbaba las que podía, ni una puta lo podía hacer mejor que ella.

Aquello era demasiado, una polla en cada agujero, se notaba una mezcla de pollas en sus partes, Macarena no podía parar de gemir, hasta que alcanzó un nuevo orgasmo, momento que aprovechamos para sacar nuestras pollas de su interior. Después la bajaron de la mesa, y la colocaron de rodillas en el suelo, y todos la rodeamos, ella bramaba de placer, y a la vez empezamos a masturbarnos en su cara, hasta que uno tras otro fuimos bañando su cara y cuerpo de nuestras leches. Los hombres, al verla gritar de placer al recibir el semen, exclamaron: ¡anda la tía, qué reputa es! A ella le dio igual que la insultaran, al acabar todos, estaba en un mar de semen. Se levantó, se fue al lavabo del comedor, se lavó, se vistió y el camarero del hostal le entregó el dinero, y continuamos el viaje hacia Huelva.

Autor: Fary

pabloeresmas@hotmail.com

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Dos despedidas y un remordimiento

Las coloqué a ambas enfrentadas una sobre la otra y me dediqué a las zonas húmedas, las estuve follando con mis manos, dedos, un buen rato hasta que de nuevo Raquel me dijo que parase y volviese a la posición anterior, una de ellas se colocó sobre mi cara, la otra se colocó entre mis piernas y por fin empezó a comerme, el afortunado novio había tenido una noche movidita y tenía remordimientos, mientras nosotros nos habíamos follado a su prometida durante toda la noche.

Era nuestra primera despedida de soltero. Habíamos estado toda la noche en el típico restaurante con striptease, y luego nos habíamos ido a la discoteca de siempre a emborracharnos a la salud del próximo casamiento.

Lo que no nos imaginábamos era lo que sucedería después: A eso de las 4 de la madrugada nos fuimos los últimos de la fiesta a acompañar a Juan, el novio a su piso, el motivo de nuestra celebración era su próxima boda y el motivo de la boda no era otro que el inesperado embarazo de su chica… bueno el caso es que Juan iba a casarse en una semana y nosotros le organizamos la jornada que parecía estar acabando. Por su parte Luz la futura esposa también estaba de despedida con sus amigas, la mayoría salían con nosotros, así que esa noche estábamos todos desparejados…

Al llegar a su piso volvimos a recurrir al alcohol y en menos de una hora estábamos todos tirados por el suelo con una tormenta enorme en nuestras cabezas. Luis, el mayor de todos propuso entonces alquilar en un video club cercano unas películas porno para verlas en el salón, pero Juan medio en coma dijo que no era posible que teníamos que marcharnos todos, que había quedado con Luz en que el piso estaría desocupado a las 6 para que ella volviera a dormir. Todos empezamos a quejarnos, pero empezamos a levantarnos para irnos cuando Luis propuso una solución, llamaría a Luz por teléfono y le diría que se quedase a dormir en su piso donde Juan podría encontrarse con ella. A Juan le pareció bien y el propio Luis se ofreció para llevarle en el coche. Los demás nos quedamos en el piso entre bebidas y revistas porno que Juan tenía en casa y al poco rato llegó Luis que ya había llevado a Juan a su piso y traía más whisky y las películas del videoclub.

Ya sólo quedábamos 4 y lo cierto es que nuestro estado era lamentable. Solo con slips totalmente bebidos y viendo películas porno en el video. Incluso José, que era el que estaba en peor estado, empezó a tocarse la polla delante de todos que empezamos a reírnos al ver que no conseguía ponerla en marcha debido al colocón que tenía.

Así estábamos cuando llamaron al timbre, Luis se levantó de un salto y salió como una bala hacia la puerta. Al instante entró en el salón con… Luz. Ella se quedó un poco cortada, pero enseguida esbozó una sonrisa cuando vio el cuadro que ofrecíamos. David y yo estábamos en slips en el sofá viendo la tele, con un enorme bulto que no acertábamos a ocultar, José estaba dormido con la polla fuera en medio de la alfombra, en la tele una rubia se comía a dos fornidos tipos mientras otra rubia la comía a ella… por su parte Luis estaba también en slips con una gran erección que no se preocupó en ocultar.

Ana miró a este buscando una explicación y preguntó por Juan, la respuesta de Luis no me pareció nada convincente y creo que a ella tampoco, dijo que había un malentendido y que Juan estaba en su piso donde debía reunirse con ella, pero su pícara sonrisa delataba que el muy cabrón no había hecho esa llamada y que probablemente había dejado a Juan en su piso durmiendo la borrachera. Ana nos invitó entonces a que nos marcháramos aunque Luis la invitó a sentarse a tomar algo, ella estaba también muy bebida y rechazó la oferta, retirándose al dormitorio donde al poco rato empezamos a oír sonar la ducha. Yo me levanté pensando que todo había acabado ahí, pero Luis me paró y cogiendo una botella de whisky me dijo que no me moviera de allí que nos quedásemos donde estábamos.

El muy cabrón se levantó y se metió en el dormitorio de ella sin pedir permiso. No podía creerlo, Luz iba a casarse en una semana y Luis no mostraba ningún respeto a la mujer de un amigo… pero mi sorpresa fue mayor cuando empezaron a pasar los minutos y Luis no salía, así hasta media hora, cuando de pronto se abrió la puerta… Luis salió envuelto en una toalla y me hizo una señal para que me acercase, me levanté extrañado y al oído me dijo: Vamos entra tú, está a tope… y no enciendas la luz…

-¿Qué? ¿Qué me estás contando? – joder, no seas estúpido… o le digo a David que pase él, te he dicho que está en la cama como una moto y que no enciendas la luz, que crea que soy yo. – ¿Entendido? ¡No me lo podía creer! Se había tirado a Ana y me decía que entrase yo ahora a hacer lo mismo… lo cierto es que dudé un momento, pero… fue un momento muy breve la verdad… al cerrar la puerta tras de mí no veía nada, y enseguida tropecé con la cama… entonces ella susurró:

– Venga Luis… acabemos esto de una vez…

En silencio me arrodillé sobre la cama y mi mano rozó una de sus piernas… ella se incorporó y me cogió del cuello tumbándome y haciéndome sentir entonces todo su cuerpo desnudo a mi alcance… me coloqué como pude y empecé a besarle desde el cuello, bajando por sus pechos hasta llegar a su coño, que desprendía un excitante olor a sexo, ella se estremecía y no paraba de susurrar el nombre de Luis… yo me estaba volviendo loco y mientras no dejaba de acariciarla con mi boca me bajé el slip y me incorporé para poder darle lo que tanto pedía. En cuanto me puse entre sus piernas, ella me agarró de la cintura y me abrazó con las piernas… era la chica más caliente con la que había estado… no dejó de gemir y comerme la boca en todo el rato que estuvimos en esa postura, luego giró sobre si misma y me colocó detrás de ella, y así acabamos ese inesperado polvo…

Yo estaba en la gloria aunque preocupado por como salir de la habitación sin encender la luz cuando esta se encendió de pronto. En la puerta estaba Luis apoyado aún con la toalla y una enorme sonrisa se dibujaba en su rostro, me giré a ver la reacción de Luz que no fue otra que guiñarme un ojo mientras se iba a la ducha con la botella de whisky en la mano… Fue una experiencia inolvidable… Luis y yo volvimos al salón donde la cosa seguía igual y al poco rato salió ella con un camisón y descalza, la complicidad entre nosotros se hizo entonces evidente y pasamos un buen rato riendo con los demás…

Ninguno de los tres comentamos lo ocurrido, y yo pensé que la fantasía de esa noche había concluido hasta que Luz comenta lo ridículos que somos los tíos cuando estamos borrachos mientras señala a José que continuaba tumbado en el sofá con el slip bajado y su arrugada polla en la mano, eso si… completamente dormido… Todos empezamos a reír y Luis dijo que a ese no se la levantaba hoy ni una grúa… Eso provocó un silencio en la sala y todos miramos a la chica…

– ¿Qué? ¿Qué estáis mirando?  -¿Vamos a que no eres capaz de ponérsela dura?… continuó Luis… -Venga ya no te pases… dijo ella notablemente enfadada… ya está bien por hoy, todos a casa… dejadme sola… -Vamos. No seas así, disculpa… pensaba que podía ser divertido… tu última noche de soltera… pero da igual, además no habrías sido capaz… Esto hizo cambiar su rostro…  -está bien, tendréis un show, pero luego os vais enseguida…

La muy zorra se incorporó y de rodillas se acercó al sofá donde el pobre José no sabía lo que le esperaba… sin pensarlo se arrodilló frente a él y le bajó del todo el slip para abrirle las piernas y situarse entre ellas. Entonces giró su cabeza hacia nosotros y nos enseñó su pícara sonrisa, Luis, David y yo nos acercamos hacia ellos y yo no pude dejar de pensar en lo excitante que era la situación, Luz estaba para comérsela de rodillas con un camisón que le dejaba casi todo el culo al aire y con unas finas braguitas de encaje que marcaban el precioso bizcocho que yo antes había probado…

La tía empezó a meterse la picha de José en la boca y a chuparla como si fuera un helado… todos estábamos entonces muy borrachos, pero aún así empezamos a sentir la excitación de l momento… Ella continuaba con lo suyo, pero ahora estaba gimiendo de forma exagerada, yo me tocaba la polla encima del slip y David hacía lo mismo, pero ya la tenía fuera, el más inteligente fue Luis que empezó a sobar el culo de Luz subiéndole lentamente el camisón… ella no protestaba y aunque parecía increíble estaba logrando empalmar al afortunado José que sin embargo aún no despertaba.

Era una gozada ver a esa chica devorando así la polla de José y yo estaba casi a punto de correrme otra vez, miré hacia Luis y mi sorpresa fue enorme al ver como estaba ya sin miramientos bajando las bragas de Luz. Esta se giraba para ayudar e incluso se quitó el camisón quedando totalmente desnuda, todo fue un sueño a partir de entonces…

Nuestra amiga continuaba con la polla de José en la boca, Luis empezó a comerle el coño situándose detrás de ella y David la agarró por el pelo para meterle la polla en la boca, esta no se resistió y no sólo empezó a comérsela sino que me buscó con su mano y me acercó girándose para meterse mi polla en la boca dirigiéndome una sonrisa, así estuvo hasta que Luis me cogió del hombro y me dirigió hacia él, el muy cerdo estaba metiéndole la polla mientras con un dedo le masajeaba el culo lleno de saliva y de sus propios jugos, ella continuaba en la tarea de chupársela alternativamente a José y a David, mientras Luis se aparta y me dirige una señal para que tomase su lugar, aunque me señala directamente a su pequeño orificio y me anima a probar…

Evidentemente esa fue la mejor idea de la noche al momento me encontraba enculando a mi amiga, mientras esta se comía la polla de dos de los amigos de su novio, fue todo un espectáculo, y para colmo Luis se colocó como pudo sentado en el suelo bajo ella con la intención de ocupar su único espacio libre, tarea esta que emprendió enseguida en cuanto todos nos coordinamos un momento… la chica ya no hacía más que gemir como una loca, y olvidó a los otros dos. David empezó entonces a meneársela con fuerza con la clara intención de acabar, enseguida se corrió sobre su cara de forma copiosa dejándole el pelo pegado a la mejilla, yo no pude aguantar más y acabé también en ese instante, aunque no salí de su interior hasta que no desapareció la erección, sin embargo Luis y ella seguían moviéndose como condenados en esa misma posición, Luz aunque ocupada recordó su tarea inicial y volvió a prestar atención a José, metiéndose hasta el fondo su polla en la boca y moviendo la cabeza al ritmo de la follada de Luis…

Esta tía es un espectáculo, vaya suerte tiene el capullo de su futuro marido. David y yo volvimos entonces a acercarnos al grupo y empezamos a masturbarnos mientras le metíamos mano en el culo y las tetas, así estuvimos los 5 un buen rato hasta que todos explotamos en unos tremendos gemidos, Luis dentro de ella y David y yo sobre su espalda…

La chica se apartó y se sentó frente a nosotros en el sillón para descansar un rato, su respiración era rápida se la veía auténticamente preciosa con sus piernas abiertas y llena de semen por todas partes, nosotros estábamos tumbados en el sofá junto con José que continuaba dormido, al poco Luis dijo que había sido fantástico, pero que por desgracia ella había perdido la apuesta ya que José no consiguió acabar. La diosa que estaba ante nosotros esbozó una leve sonrisa y negó con la cabeza mientras abría lentamente los labios dejando escapar abundantes chorros de semen que resbalaban por su barbilla hasta caer a su pecho donde lo recogía con los dedos y lo volvía a meter en la boca… Todos aplaudimos y reímos a carcajadas mientras no sospechábamos lo que había pasado en la despedida de las chicas…

A la mañana siguiente Juan, el futuro marido de la chica que tres de sus mejores amigos nos habíamos tirado en su despedida de soltera nos llamó a Luis y a mí por teléfono para quedar, se le notaba muy excitado y nos dijo que era urgente, que tenía que contarnos algo relacionado con la noche anterior. Cuando le vimos no paraba de comerse las uñas y se le notaba visiblemente preocupado. Nos llevó a un lugar discreto de la cafetería y de pronto soltó que algo muy grave había ocurrido la noche anterior y que tenía dudas en casarse. A mí se me cayó el mundo encima y Luis no dejaba de pisarme por debajo de la mesa… Al final nos confesó que la noche anterior al llegar a su piso, había sido infiel a su prometida… De inmediato le pedimos más explicaciones y empezó a relatarnos lo ocurrido:

– Anoche cuando me dejaste en el taxi para ir a casa no estaba tan mareado como parecía de hecho casi llegando me sentí mejor y decidí ir andando para refrescarme. Al llegar a mi piso vi las luces encendidas y pensé que era Luz que estaba esperándome… pero resulta que no era así, ella había ido a dormir a casa de su madre por lo visto y había dejado allí a cuatro de sus compañeras de trabajo que estaban con ella en la despedida. Cuando entré estaban ya en pijama y en el salón se notaba que había corrido el alcohol y algún que otro pastel con forma erótica, incluso tenían un enorme vibrador sobre la mesa con un lazo de regalo. El hecho es que en uno de los cuartos estaban Ana y Vero al parecer dormidas y al llegar salió a recibirme Cristina y Raquel que por cierto tenía una borrachera enorme, estaban las dos sólo con una camisa, y con braguitas que en el caso de Cristi era un increíble tanga rojo…

Como comprenderéis me puse muy contento al ver la situación y propuse seguir bebiendo, así estuvimos los tres un buen rato en el salón hablando de mi futura boda y otras tonterías hasta que Raquel empezó a mirarme de forma extraña, poco a poco iba acercándose a Cristi y en un momento dado le dijo algo al oído, entonces ambas se levantaron y dijeron que iban a acostarse que era muy tarde, yo contesté que dormiría en el sofá del salón a lo que ellas simultáneamente dijeron que de eso nada, tú te vienes a la cama con nosotras… de hecho es tu despedida de soltero ¿no? No podía creerlo, seguro que se estaban riendo de mí, y en cuanto me levantase cerrarían la puerta y no pararían de reírse en toda la noche… así que dije que no, que gracias, pero que no me interesaba, Cristina se mostró algo enfadada aunque Raquel no paraba de sonreír mientras se mordía el labio inferior ya sabéis como…

El caso es que Cristi se dirigió a la puerta del dormitorio y Raquel la detuvo justo en el marco de la puerta mirándome fijamente en todo momento, entonces y sin dejar de mirarme acercó su mano a Cristi y levantó la camisa permitiendo que su increíble culo me mostrase el tanga rojo que antes intuía bajo la camisa, la tía guarra me puso a cien y para colmo se puso a bajar la mano por la espalda hasta llegar al mismísimo culo de su amiga quien giró la cabeza para dejar en el salón una última mirada antes de entrar a su habitación dejando la puerta entreabierta…

Como podréis comprender eso fue demasiado, soy… era un tío fiel hasta entonces, pero no de piedra… estuve un rato dudando, pero al final me asomé a la puerta sin hacer ruido, no veía nada, ni tampoco escuchaba ruido alguno, así que me atreví a meter un poco la cabeza cuando de pronto las dos saltaron sobre mí y agarrándome de los brazos y el cuello me arrojaron sobre la cama, ellas se tumbaron sobre mí, una a horcajadas y la otra bocabajo sobre mi pecho… no dejaban de reír y la voz de Raquel me dijo al oído: -si no te mueves no olvidarás nunca esta noche, si nos tocas sin que te lo digamos se acabara todo y mañana le diremos a tu novia que llegaste e intentaste pasarte con nosotras…

Evidentemente, accedí… en definitiva era mi última juerga de soltero. Lo que sucedió a continuación fue el sueño de cualquier ser humano, os lo aseguro. Aunque por sugerencia de Cristi me privaron del sentido de la vista. Y no hizo falta ninguna venda en los ojos, ni nada parecido, simplemente cerraron las ventanas y cortinas y no se veía nada en absoluto. Bueno al poco rato la vista empezó a acostumbrarse a la oscuridad y distinguía la silueta de mis acompañantes que como podéis imaginar empezaron a desnudarse. Era evidente que Raquel tenía la voz cantante, daba órdenes a Cristi y a mí con total autoridad. ¡Vamos desnúdate cielo! Y no se te ocurra tocarnos hasta que te lo diga. — Ellas también se estaban desnudando. No me lo podía creer. Aunque estuve un rato sin oír nada no tardé en quedarme desnudo tumbado sobre la cama, esperando… de pronto noté que se acercaban a la cama y algún susurro entre ellas… alguna me pasó un trapo sobre la cara… sin duda era la ropa íntima de alguna de mis compañeras…

Entonces noté otra prenda esta vez acariciándome la polla que por aquel entonces estaba como la torre Eiffel… como es lógico olvidé mi promesa y alargué una mano con la intención de pillar algo… la voz de Raquel me advirtió que las reglas iban en serio y que sería mi última oportunidad, aún así me llevé un castigo… se apartaron de mí y sobre la misma cama estuvieron un buen rato sin llegar a tocarme… pero… ¿os imagináis que hacían mientras tanto? Pues si amigos… empecé a oír suaves besos, que dieron paso a sonoros lengüetazos, escuché como sus respiraciones se iban acelerando y se convertían en leves jadeos… escuché como ya no estaban quietas y los movimientos de sus cuerpos llegaban a mí a través del colchón… y un indescriptible olor a hembra, a sexo invadió la habitación… se lo estaban pasando en grande y me tenían a mí de mero observador sin posibilidad de intervenir y con el riesgo de que me echaran si lo hacía… eso es una tortura… deliciosa, pero tortura…

Así estuvieron más de media hora, os lo juro… y sobre todo se escuchaba lo que creí adivinar como los jadeos de Cristi, sin duda Raquel era la voz cantante también en esto… cuando se calmaron un poco volví a escuchar susurros y sonrisas… y una, dos, tres, cuatro manos me tocaron por primera vez, me tumbaron hacia arriba y empezaron a acordarse de mí… sentí… como un cuerpo desnudo se tumbaba a mi derecha y a mi izquierda la otra chica también se colocaba, pero por la maniobra que realizó lo hizo con la cabeza hacia mis pies, poco a poco fueron uniéndose sobre mi cuerpo que a duras penas soportaba el peso… aunque evidentemente no iba a quejarme… las dos tías se colocaron haciendo un 69 entre ellas sobre mi cuerpo desnudo… y empezaron a retorcerse, a restregarse sobre mií… con mi boca rozaba un muslo, una mejilla, un pecho y más abajo un inquieto cuerpo me aplastaba la polla sobre mi abdomen y una maraña de pelo me acariciaba las piernas…

En ese instante quise parar el tiempo… y quedarme así para siempre… menos mal que no lo hice… Raquel dijo a mi oído… ¡vamos nene… sólo con las manos… adelante…! Era increíble… empecé a recorrer una espalda hasta llegar al culo, con la otra mano investigué entre un par de piernas pasando por entre un buen par de tetas (o eran 3), en cuanto localicé un coño… creo que el de Cristi… aunque da igual, noté que estaba siendo atendido por otra mano… no se de quien, así os podéis imaginar, empezaron a oírse de nuevo los gemidos, metí la mano en todo lo que encontré, bocas, pelo, coños… cuando pude colocarme en otra postura me hice dueño de la situación… las coloqué a ambas enfrentadas una sobre la otra y me dediqué a las zonas húmedas, las estuve follando con mis manos, dedos, un buen rato hasta que de nuevo Raquel me dijo que parase y volviese a la posición anterior…

Por supuesto accedí y entonces una de ellas se colocó sobre mi cara tumbándose hacia delante y dejándome su chorreante intimidad a mi alcance, la otra se colocó entre mis piernas y por fin… empezó a comerme suave, pero concienzudamente… yo para no ser menos me dediqué a lo que tenía más a mano… bueno más a boca y así estuvimos un buen rato… la chica que yo me estaba comiendo no me tocó ni una sola vez y por supuesto no llegó a chupármela… sin embargo la otra lo hacía por las dos…

Era una pasada y cuando estaba a punto de acabar se separaba y empezaba a acariciarme los huevos y el interior de los muslos… me tenía a punto y a 100 pulsaciones y los gemidos de la que tenía encima ya se oían por todo el piso, entonces dijo algo y reconocí a Cristi. Efectivamente fue una noche inolvidable…

No podíamos creerlo, el afortunado novio había tenido una noche movidita y tenía remordimientos… mientras nosotros nos habíamos follado a su prometida durante toda la noche… su relato nos evitó tener que confesarle lo ocurrido… cosas que tiene la vida…

Autor: jmanceb

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Una historia real con una chica real

Le dijo al chico que se acercase, le agarró su polla con la mano mientras me seguía chupando. Yo intentaba tocarle su coño, pero no podía por la posición, así que le dije que se diera la vuelta, los dos haríamos un 69 mientras ella seguía masturbando al chico. Puso su coño sobre mi cara y empecé a lamerlo como un salvaje, le metí un dedo en la vagina y no aguantamos ninguno más.

En todo lo que os voy a contar no hay nada de cyber ni de fantasía, todo es absolutamente real y os lo cuento tal y como yo recuerdo que sucedió.

Todo empezó en un chat, nos conocimos, estuvimos varios días hablando y le propuse que siguiéramos por teléfono. A esa llamada se sucedieron otras muchas y esta relación se fue haciendo cada vez más morbosa y arriesgada. Llegó un punto en el que los dos estábamos totalmente enganchados a aquellas llamadas telefónicas.

¿Nos llegamos a conocer? La respuesta es sí, llegamos a conocernos, pero siento decepcionaros, no hubo ningún gran polvo salvaje, ni múltiples penetraciones por todos sus agujeros. Digamos que fue algo más sutil, más morboso. Después de muchas llamadas, después de habernos masturbado tantas veces mientras hablábamos por teléfono, a los dos nos rondaba una idea que ninguno nos atrevíamos a plantear abiertamente: Conocernos en persona.

Las conversaciones comenzaron a tomar un nuevo rumbo. La mayoría de las veces, cuando ya estábamos a tope y empezábamos a masturbarnos, las expresiones empezaron a ser en primera persona:

– Me gustaría que estuvieras aquí… que me vieras mientras me lo hago… – Me gustaría que estuvieses frente a mí, masturbarme delante de ti… ver como te tocas mientras yo me masturbo… Quiero ver tu cara desencajada por el placer que estás sintiendo… Quiero que me mires fijamente mientras te corres…

La verdad es que todo aquello me excitaba cantidad. Una de mis grandes fantasías, que aunque parezca mentira nunca he conseguido con ninguna de mis parejas, es ver masturbarse a una chica hasta el final. Sin tocarnos, solo uno delante del otro, masturbándonos y mirándonos hasta llegar al orgasmo.

Las conversaciones siguieron en esta tónica hasta que un día me atreví a planteárselo directamente. Cuando estábamos más excitados, cuando empezó a describirme lo que estaba haciendo:

– Estoy sentada en el sofá, llevo una falda que tengo levantada hasta el ombligo, me he bajado la parte superior y tengo las tetas al descubierto… Ummmmm, tengo los pezones durísimos… tengo las bragas bajadas hasta las rodillas… Como a ti te gusta… Con la mano izquierda sujeto el teléfono y con la derecha me estoy tocando… Ummmm… Cómo me gustaría que estuvieras aquí, delante de mí, quiero verte… quiero que veas la cara de puta que se me pone cuando estoy caliente… (A ella le encantaba hablar así cuando estaba excitada).

No resistí más y se lo solté:

– Necesito conocerte, solo quiero verte una vez, saber quien eres… necesito hablar contigo cara a cara… – ¿Quieres verme, verdad?  ¿Quieres conocerme?… – Si, quiero sentir como se me pone dura mientras hablo contigo, quiero ver tu cara, observar tus gestos… – ¡Javi…Javi…! (era la palabra clave cuando ella se iba a correr) ¡JavI…Javi…!  Aaaahhhhhh… Ahhhh.

Mi deseo de conocerla, de tenerla frente a mí, le había excitado tanto que no se había podido aguantar. Cuando recobramos ambos el aliento continuamos la conversación. Los dos teníamos infinitas ganas de conocernos, de saber quién éramos, pero los dos teníamos miedo. Nuestra relación telefónica llevaba ya más de seis meses y temíamos romper el encanto, al fin y al cabo no nos conocíamos y los dos nos habíamos hecho ya una composición que cómo podía ser el otro. Temíamos que todo eso se rompiese. Además, los dos teníamos pareja, no queríamos hacer nada de lo que luego pudiésemos arrepentirnos. Decidimos concedernos dos días para pensarlo pausadamente, y al cabo de ese tiempo, volvernos a llamar.

Durante esos dos días los dos pensamos en muchas cosas. En nosotros, en nuestras parejas, en nuestra relación telefónica que algún día tenía que terminar… Al fin acabó el plazo acordado y la volví a llamar:

– ¿Has pensado mucho en nuestro posible encuentro? – Sí, le he dado muchas vueltas. He estado pensando y pensando… Sopesando si de verdad quería conocerte y… Creo que sí, quiero que nos veamos…

Me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo, tenía la esperanza de que dijese que no. Tenía terror a ese encuentro, pero a la vez lo estaba deseando. Nos contamos todos nuestros miedos y nuestras dudas y al final decidimos ponernos condiciones:

– Sería un único encuentro. Ninguno de los dos volvería ni siquiera a llamar por teléfono al otro. Iba a ser el final de nuestra relación. Los dos teníamos nuestra vida hecha, ella estaba a punto de irse a vivir con su pareja, y ninguno de los dos estaba dispuesto a renunciar a su pareja. Nuestra relación era puramente morbosa, sentíamos placer simplemente porque éramos dos desconocidos. – Si al vernos, no nos gustábamos, cada uno se iría por su lado. No habría que dar explicaciones, ni el otro podría insistir en nada. – No habría penetración. Debía ser un encuentro muy morboso, eso era lo que nos unía, y lo suficientemente imaginativo como para que no tuviese por qué haber penetración.

El resto de condiciones, y puesto que tenía que ser un encuentro muy morboso, las puse yo:

– Bien, quiero que para esa cita te pongas una minifalda muy cortita, la más cortita que tengas, y vayas sin nada debajo. (Ella sabía que era lo que más me gusta, solo imaginar a una chica así en un lugar público me pone a 100 y aceptó. Le encantaba la idea). – Quedaremos en un lugar donde haya mucha gente (en concreto fue en una plaza del centro de Madrid), tú te situarás en un lugar que determinaremos. En principio no me verás, no sabrás quien soy. Quiero que te sientas observada, que te exhibas delante de mí sin saber donde estoy. Te llamaré al móvil y te iré diciendo lo que tienes que hacer. (Yo sabía que una de las cosas que más le gustaba era esa, exhibirse, sentirse observada por un hombre que la desea).

Para poderla reconocer cuando la viera, me describió como iría vestida: un vestido negro, muy corto, que solo utilizaba en vacaciones y unos zapatos altos rojos. Acordamos que llevaría una bolsa de Mango (una marca publicitaria), para que yo la pudiera reconocer.

Y llegó el día… Una hora antes de la cita, la llamé, quería saber si seguíamos con lo acordado:

– SÍIII… Llevo todo el día pensando en ello. Me estoy pintando, quiero que me veas muy guapa… Me acabo de poner el vestido, es tan corto que casi se me ve el culo… quiero que nada más verme se te ponga dura… que cuando te vea note tu bulto en el pantalón… que me mires con ojos de deseo… que te brille la mirada de lo caliente que te pongo… Me estoy excitando, UFFFF… me está subiendo el calor…

– Tranquila, tenemos tiempo… Te espero…

Llegué a la plaza y me situé en lugar estratégico desde donde podía divisar a la perfección el lugar donde se iba a poner. Estaba al lado de una columna, y cuando la tuviese que llamar me podía esconder tras ella para que no me pudiese ver. Ella no me hizo esperar, apareció por el otro extremo de la plaza y la reconocí enseguida. No era una mujer despampanante, era gordita tal y como me había dicho, pero tenía unas piernas torneadas y bien formadas, su cara, aunque llevaba gafas de sol, era muy agradable, se notaba un gesto de complicidad que me encantó (aunque parezca raro, las partes de las chicas que más me gustan y me excitan son su cara y sus piernas. No es necesario que sean perfectas, solo que tengan “eso” que sólo un hombre es capaz de detectar).

Sabía moverse, se la veía un poco nerviosa, pero decidida. Se situó en el lugar indicado. Miraba a su alrededor intentándome reconocer. Me escondí un poco y me quedé observándola. Me encantaba, la veía preciosa a pesar de que no era la mujer más bella del mundo, deseable… Me escondí tras la columna y la llamé al móvil:

– Quiero que te exhibas… quiero que vuelvas a atravesar la plaza sabiendo que te estoy mirando, que me estás excitando… Cuando llegues por la mitad más o menos deja caer la bolsa y agáchate lentamente para cogerla, quiero que todo el mundo te vea, te desee… Cuando llegues a los bancos del otro extremo, te sientas… que se te vean bien las piernas, déjalas unos segundos separadas, quiero que sientas como mi mirada se clava entre ellas…

Así lo hizo, el bulto de mi pantalón se hizo notable, tenía la mayor erección de mi vida. Cuando se sentó en el banco mantuvo un momento separadas sus piernas, estaba demasiado lejos y no pude ver nada. Casi todas las miradas de la plaza se centraron en ella, ella seguía mirando, intentando descubrir quien era yo. Uno de los chicos que había por allí se acercó y vi como ella le daba largas.
La volví a llamar, era la hora de presentarme:

– Ufffffff… me tienes a tope. No sé si voy a aguantar. Quiero que vuelvas a atravesar la plaza y salgas por la calle que hay frente a ti. Al final de la calle está la terraza de un bar, siéntate en una mesa, deja pasar unos minutos y vuelve a abrir las piernas… Creo que me vas a conocer enseguida por el bulto que llevo en el pantalón…

Mientras ella atravesaba la plaza me dirigí a la terraza. Me senté de frente a la salida de la plaza y la vi aparecer. Me encantaba… Llegó a la terraza y dudó donde sentarse. Había bastantes mesas y muchas de ellas estaban ocupadas por hombres solos. La vi nerviosa y se sentó en la que tenía a su lado. Ohhh… yo no había calculado bien, me pillaba de espaldas. El camarero se acercó y pidió una bebida. Cuando el camarero se dio la vuelta, miró a su alrededor y desde la posición en la que estaba aprecié como se abría las piernas. ¡No podía ver nada!, no aguanté más y me dirigí a su mesa. Cuando llegué estaba cruzando las piernas, me acerqué por su espalda y me senté en la silla que había frente a ella. Ella se asustó:

– Tranquila, soy Javi… – Ahhh, estoy muy nerviosa, me he asustado…

Me miró de arriba abajo y se detuvo en el bulto de mi pantalón que no podía disimular:

– Ya veo que estás disfrutando, ummmm… – Mucho, pero todavía no he visto nada. Cuando te sentaste en el banco estaba demasiado lejos, y ahora, estaba a tus espaldas… Quiero verlo de cerca… Voy a sacar unas llaves que tengo en el bolsillo, las dejo sobre la mesa y luego las tiro al suelo, cuando me agache a recogerlas te abres, quiero verlo todo… – Espera… estoy muy nerviosa…

Me saqué las llaves y las dejé sobre la mesa. Para tranquilizarla empecé a hablar de las ganas que tenía de conocerla, de lo maravillosa que estaba, de las miradas de deseo que estaba provocando… Su gesto iba relajándose, estaba menos tensa, y le hice la pregunta crucial:

– Bueno, ¿qué te parezco?  ¿Me imaginabas así?

Sentí terror ante su respuesta, se quedó parada, me volvió a mirar fijamente de arriba a abajo y se quitó las gafas:

– Eres tal y como me imaginaba… me gustas… Me sonó a gloria… – Tira las llaves… estoy preparada…

El que empezó a ponerse nervioso fui yo… Tiré las llaves, me agaché lentamente, las cogí, volvía a incorporar mi cabeza, miré hacia el frente y… Dios… Me sentía en el cielo… era el paraíso lo que estaba viendo… Llevaba el pelo cortito y se podía apreciar en todo su esplendor, algunos pelillos en su parte inferior se rizaban en forma de caracolillo y brillaban, sin duda estaba mojada.

Mi erección era inmensa, cuando me volví a sentar ella volvió a clavar sus ojos en mi entrepierna, no me podía levantar en ese estado, todo el mundo lo notaría. A ella le hacía gracia, según me contó había fantaseado muchas veces con esa situación. Seguí la conversación que habíamos iniciado con la intención de calmarme un poco. Pero fue imposible, empezamos a recordar nuestras hazañas telefónicas, a hacer comentarios cada vez más subidos de tono, estábamos demasiado calientes. Ella me preguntó:

– ¿Y ahora qué?… yo no puedo quedarme así…

La verdad es que no lo tenía muy claro, miré a mi alrededor, vi un taxi parado frente a nosotros, la cogí de la mano y nos introdujimos en él. Le dije al taxista que nos llevase a un parque que suelen visitar las parejas. Cuando el taxista volvió su vista al frente, deslicé mi mano entre sus piernas y empecé a acariciarla disimuladamente. Ella empezó a separar sus piernas y a dejarme el paso libre. Seguí subiendo hasta llegar a su sexo. Me entretuve enredando mis dedos en su vello, bajé y… le rocé su clítoris. Ella, para ahogar su grito, se lanzó sobre mi boca y me empezó a besar frenéticamente. La comencé a masajear ligeramente, pero noté que estaba muy excitada y pronunció la palabra clave: ¡Javi! Eso significaba que estaba apunto de correrse. Como yo sabía que una vez que llegaba le costaba trabajo volver a empezar paré. Ella aprovechó para continuar la frase:

– Ponte la bolsa encima… ¡A ver si se nos va a olvidar cuando nos bajemos!

Y me puso la bolsa encima de mis piernas aprovechando para colocar la mano bajo ella. En ese momento, fue ella la que empezó a tocarme por encima del pantalón. El taxista empezó una aburrida conversación a la que yo tuve que asistir como oyente, de vez en cuando decía sí o no, pero me era difícil concentrarme en ello. Ella hubo un momento en que intentó bajarme la cremallera, pero encontró dificultades y desistió porque el taxista seguía hablando conmigo. Siguió tocándome cada vez con más intensidad hasta que llegamos al parque. Desde atrás pagué al taxista y salí con la bolsa tapándome el paquete disimuladamente.

Buscamos un banco, no demasiado apartado, y ni siquiera cruzamos palabras, directamente pasamos a la acción. Nos besábamos frenéticamente y nuestras manos buceaban en el interior de nuestras ropas. Ella me bajó la cremallera e introdujo su mano, yo me coloqué la bolsa encima, pero se podía apreciar perfectamente la operación. Por mi parte le tocaba las tetas, incluso metí mi mano bajo su vestido para ello, y alternaba con toques en su sexo, estaba totalmente abierta de piernas. Tal y como hacíamos por teléfono empezamos a hablarnos al oído:

– Me encanta tu polla, la tienes durísima… – Me moría por tocarte el coño… Lo tienes empapado… quiero comértelo… – Soy tu puta, quiero ser tu puta… haz conmigo lo que quieras… Pero vámonos allí detrás…

Cuando nos tranquilizamos y nos levantamos para dirigirnos detrás de unos arbustos, vimos como un chico nos estaba mirando. Él se puso nervioso, estaba paseando a su perro e hizo como que lo llamaba. No estaba lejos de nosotros y se le podía apreciar el bulto sobre su pantalón del chándal.

– Vaya, teníamos compañía… ¿Has visto cómo está? – Es guapo, me gusta que nos haya visto… – ¡Ven!…

La agarré de la mano y la llevé a una caseta que no estaba lejos, la coloqué en la pared que estaba de espaldas al chico y volví a empezar a meterle mano. El chico siguió disimulando con su perro y avanzó hasta una posición en la que podía seguir viéndonos. Yo sabía que una de sus fantasías incumplidas era estar con dos hombres a la vez, pero no sabía si sería demasiado fuerte planteárselo. Dudé:

– ¿Te atreves? – ¿A qué? – También con ese chico…

Mostró su cara de sorpresa, la vi confundida, no sabía qué hacer… Estaba tan excitada que era capaz de hacer cualquier cosa, no se atrevía, dudaba, pero me quería decir que sí… No me lo pensé dos veces, me di la vuelta hacia el chico:

– Si quieres ver el resto, nos vamos detrás de esos arbustos…

El chico se puso rojo, cambió la mirada… Ella me miró como enfadada, nerviosa, confundida… La cogí de la mano y la dirigí hacia los arbustos, cuando dimos unos pasos se paró, volvió a mirar hacia el chico, no sabía que hacer… volvió la cabeza hacia delante y tiró de mí hacia los matorrales.

Cuando atravesamos los arbustos nos tumbamos mientras nos besábamos, le quité la parte superior del vestido y empecé a comerle las tetas. De reojo miraba hacia arriba, pero el chico no aparecía. Seguí bajando y llegué a su coño… lo lamí por todos sitios como si quisiera comérmelo de verdad. Sentí que iba a llegar y paré. Me quedé sentado, tenía la polla fuera y totalmente erecta, ella se abalanzó sobre mí y empezó a chuparla. Oohh… estaba en la gloria. No pasó un minuto en esta posición cuando apareció el chico. Ella también lo vio y se quedó parada. Temí que se marchara. El chico se quedó parado y muy educado nos dijo:

– ¿Puedo mirar? – Vale, pero solo mirar. Mientras miras te tienes que masturbar y para nada la puedes tocar a ella a no ser que ella te lo pida. – De acuerdo.

Bajó, se sentó a nuestro lado y se bajó los pantalones. Tenía la polla durísima y empezó a meneársela. Ella dudó, pero volvió a meterse mi pene en la boca, lo chupaba mientras miraba al chico masturbarse. No pasaron unos minutos cuando le dijo al chico que se acercase, le agarró su polla con la mano mientras me seguía chupando. Yo intentaba tocarle su coño, pero no podía por la posición, así que le dije que se diera la vuelta, los dos haríamos un 69 mientras ella le seguía masturbando al chico. Puso su coño sobre mi cara y empecé a lamerlo como un salvaje, le metí un dedo en la vagina y no aguantamos ninguno más. Yo le dije que me corría, pero no retiró su boca, se tragó todo mi semen mientras ella se corría con mi pene en su boca y el chico soltó un chorro de semen que casi nos manchó.

Debo aclarar que no nos hemos vuelto a ver, ni siquiera nos volvimos a llamar. Aquella noche nos dimos un beso de despedida y juramos que siempre nos recordaríamos.

Me encantarían vuestros comentarios.

Autor: jav32es

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Sin querer fui la puta de todos

Mientras me ensartaban por el culo, el novio me puso su pinga en mi boca, pasé de verga en verga hasta que mis tetas quedaron llenas de chupones y mi concha y culo colorados, puse a los cuatro alrededor mío y se los mamé uno por uno, y uno por uno soltó su precioso líquido en mis tetas, el cual lamía y tragaba hasta que mi cuerpo quedó todo pegajoso de tanta leche.

Siempre que oía hablar a los hombres que iban a despedir a un compañero de mi oficina que se iba a casar, hablaban entre ellos y yo no podía escuchar nada de lo que decían y luego todos se reían, así que comprenderán mi curiosidad por enterarme.

Un día, me encontré con un amigo de la facultad que no veía hace tiempo y en la conversación salió que uno de sus compañeros se iba a casar y al preguntarle en que consistía la despedida, me comentó que iban a reunirse tres compañeros más el agasajado.

¿Que hacen en esas despedidas? le pregunté. Me respondió que tomaban unos tragos y que le gastaban bromas al novio. ¿Puedes invitarme? le dije. ¿Invitarte? preguntó, ignorando yo el porqué del brillo en sus ojos. Toma, esta es la dirección del departamento donde se va a realizar, te esperamos el viernes a las 8 de la noche.

Ese día estuve pensando que iría a pasar esa noche, seguro que estos degenerados iban a invitar a una de esas mujeres que se desnudan y baila con cada uno de los invitados. Todo eso no me escandaliza ya que soy una chica liberal y sin prejuicios, así que llegué a mi casa temprano, me bañé y luego de buscar en mi ropero, elegí una minifalda de cuero, arriba me puse una malla de licra que hacía que se formaran muy bien mis senos, me puse unas medias color carne y mis zapatos taco 9.
Tenía que ir bella, no vaya a ser que inviten alguna chica más y esté vestida mejor que yo.

Me dirigí en un taxi a la dirección que me dio mi amigo y al llegar subí en el ascensor hasta el piso 8 y un poco nerviosa toqué la puerta. Al entrar ya se encontraban tres hombres y mi amigo en el interior, todos se pusieron de pie muy caballerosamente y me saludaron.

Enrique, ¿cual de ellos es el novio? le pregunté a mi amigo. Es él Kathy, su nombre es Ricardo. Yo le dije que esta noche se debía divertir bien ya que después no podría hacerlo y todos se rieron a carcajadas, lo que me dejó un poco desconcertada ya que no pensaba que lo que había dicho fuera muy gracioso.

Enrique mi amigo me dijo, siéntate Kathy que te voy a preparar un trago que traje de mi ultimo viaje a Iquitos, es un combinado de chuchuhuasi y llonque. Yo no conocía ese trago pero asentí con una sonrisa.

Para mis adentros pensaba en que momento comenzaría el show. Me alcanzó un vaso con un líquido de color café que en un primer momento pensé que era Kalua, pero cuando lo bebí sentí un calor en la garganta e inmediatamente mis mejillas se pusieron coloradas y parece que me subió a la cabeza rápido ya que no había aun cenado.

Todos los chicos estaban ubicados frente a mí en la salita, por lo que en todo momento tenía que estar con una mano en mi falda para que no vieran mis braguitas. A medida que pasaba el tiempo, las bromas pasaron de color castaño a castaño oscuro y todos se reían a carcajadas. Yo les dije que por que no ponían música para bailar, y ellos dijeron, si, que baile con el novio.

Al parecer esas despedidas no tenían nada de particular ya que ni siquiera habían invitado a una striptisera. Ricardo, el novio, me tendió la mano para sacarme a bailar, pero cuando me paré sentí el cuerpo todo adormecido y la cabeza me daba vueltas. Para que nadie note mi estado, trataba de reírme y hacer como que nada me sucedía.

Ricardo bailaba conmigo y me apretaba contra su cuerpo, tanto que podía sentir su aliento en mis mejillas. Cuando menos lo esperaba me robó un beso mordiendo con sus labios los míos. De pronto me hizo dar un giro y caí en los brazos de otro de los invitados que en vez de poner su mano en mi cintura la puso en una de mis nalgas y el resto estaban parados esperando su turno para bailar conmigo, acompañando con palmas la melodía.

Luego le tocó el turno a mi amigo que me abrazó de tal forma que podía sentir el bulto que tenía en el pantalón y se movía de tal forma que la verdad, me estaba excitando.

El licor de la selva que había ingerido me estaba provocando unos calores en mi cuerpo que difícilmente podía disimularlos, además era el centro de atención de esos cuatro machos que ya estaban un poco pasados de copas y distaban mucho de la caballerosidad mostrada a mi llegada. En una de esas vueltas que me dio uno de ellos caí sentada en uno de los sillones y como casi no podía mantener el equilibrio, caí con las piernas algo abiertas y la cabeza hacia atrás.

Cuando levanté la cabeza, los pude ver frente a mi apreciando la blancura de mis braguitas, flanqueadas por mis medias de encaje.

En ese momento me sentía deseada y olvidándome de mis tapujos les pregunté, chicos, ¿como nos podemos divertir esta noche? Que desvistan al novio, dijo uno de ellos y pusieron una silla al centro de la sala y lo sentaron a Ricardo. Pusieron una de esas músicas de cabaret y Enrique me tomó de la mano y me dirigió donde estaba el novio y me puso enfrente de él.

Sonriendo e improvisando comencé a moverme y a inclinarme hacia Ricardo, desabotonando su camisa. Él me miraba embelesado y mientras hacía esto uno de ellos no se quien, se colocó detrás de mí pegando su pelvis en mi culo y se movía al ritmo de la música.

Mientras desvestía al novio, este me agarró los pechos y en mi cuerpo podía sentir un montón de manos, una mano la tenía fija en mi concha, otras me sobaban las piernas y pude sentir una lengua que me pasaba por las piernas entre las medias y mis braguitas.

Ricardo se puso de pie y sus amigos gritaban que le baje el pantalón. Lo desabroché y se quedó solo en un bóxer que no podía ocultar la tranca que tenía debajo y en ese momento sentí que mojaba mis braguitas.

Los demás me tenían agarrada de tal forma que casi no podía moverme y empezaron a desnudarme en un mar de besos, lamidas y metidas de dedo en mi ano.

En un momento me quedé desnuda, frente a cuatro hombres que querían hacerme suya, pero para ser justos querían que el novio empiece, así que le bajé los bóxer, me arrodillé y empecé a mamarla.
¡Yo también quiero!, gritaban los otros, así que uno de ellos se sentó en un sillón y me dijo, ven mi amor siéntate aquí, mostrándome una tranca bien parada. Yo muy obediente me senté introduciendo en mi conchita su palo y cuando estaba en esa posición se acercó mi amigo Enrique con la pinga hacia mi cara y la metió mientras yo la lamía.

Los otros dos ya estaban también desnudos y se pusieron al costado de Enrique así que agarré ese par de ricas vergas, una con cada mano y comencé a correrlas.

Primero sentí una descarga de semen que inundo mi chucha y seguidamente Enrique se separo de mi y empezó a chisguetear su lechada en mis labios.

Como ya había hecho acabar a dos, uno a los que había estado masturbando me hizo poner en cuatro patas y me empezó a lenguetear el ano, mientras sentía como de mi conchita goteaba semen de la anterior descarga.

Luego estando en posición de perra, dejó de dilatarme el ano, se puso detrás de mí en posición de luchador de sumo y me metió su inmensa verga y empezó a bombear, lo que me hizo sentir en la gloria, que rico era ser puta pensé, que delicia comerse tantas vergas a la vez.

Mientras estaba siendo ensartada por el ano, el novio al que le había estado dando una paja, se arrodilló frente a mi y me puso su pinga en mi boca para que se la mame.

Así estuve pasando de mano en mano, o debería decir mejor de verga en verga hasta que mis tetas quedaron llenas de chupones y mi concha y culo todo colorados, al final de la noche los puse a los cuatro alrededor de mí y se los mamé uno por uno y entre ellos se disputaban para meter su verga en mi boca.

Y uno por uno soltó su precioso líquido en mis tetas y mi cara, el cual lamía y tragaba hasta que mi cuerpo quedó todo pegajoso de tanta leche.

Espero que a Ricardo le haya gustado su despedida de soltero y yo sin querer fui la puta de todos, de pura curiosa que soy. Ahora espero que me inviten a otra despedida, aunque sea para bailarle un ratito al novio.

Autora: sleepkiss

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