La manera en la que me desvirgaron

Me fui  desvirgado pero este fue el inicio del descubrimiento de mi sexualidad y en el futuro mis queridos lectores verán como comencé a disfrutar más del placer anal y también del placer de gozar de las mujeres , me convertí en un adicto al sexo y a la gozadera y no me arrepiento, ahora al recordarlo estoy excitadisimo y no voy a poder terminar de escribir sin hacerme una paja en honor de la perdida de mi virginidad.

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Secretos…

Entramos riéndonos después de la última patrulla. Últimamente era con Pablo con quien mejor me llevaba del grupo, y en realidad me encantaba pasar el tiempo junto a él. Todo eran bromas y buen humor, nunca se mostraba arisco ni temperamental, así que nuestra amistad había crecido enormemente desde que él se había integrado. Ahora ya no pasábamos casi ninguna tarde solos, siempre teníamos la compañía del otro.

Ahora nos reíamos a carcajadas de la broma que le habíamos gastado a Peter, quitando la poca ropa que quedaba en su armario y escondiéndola en la nevera. Era infantil, lo sé, pero ayudaba a pasar el rato. Entramos a mi casa y saludé levantando la voz a mi padre, pero no tuve respuesta. Primero entró Pablo, y apenas terminé de cerrar la puerta volteé a decirle algo y noté que me miraba de una forma muy extraña. Ya no reía, pero la sonrisa permanecía en su rostro.

– ¿Qué sucede? –pregunté poniéndome un poco más serio, estaba a punto de hablar de nuevo cuando se quedó callado por un momento demasiado largo, pero me quedé helado cuando de repente sus labios se estamparon con los míos sin previo aviso. Sólo los rozó con fuerza, reclamando una respuesta que los míos no les daban. Cuando logré reaccionar puse mi mano en su cuello para alejarlo, haciendo que se pegara al marco de la puerta de la sala, que estaba sólo a un paso de distancia. Me miró con los ojos abiertos como platos mientras la cabeza me daba vueltas.

No podía entender lo que me sucedía. Nunca se me había cruzado por la mente algo así, pero si no lo quería, entonces ¿por qué mi cuerpo reaccionaba de esta forma? Aún lo mantenía agarrado firmemente del cuello cuando llevé mi mano libre hacia atrás para cerrar la puerta con llave. Me miró sorprendido sin decir ni una palabra. Podía notar la pequeña nota de miedo en sus ojos, pero no estaba lo suficientemente cuerdo para prestarle atención. Por alguna razón, todo en lo que podía pensar era en el calor de la piel de su cuello bajo mi mano.

Aflojé mi agarre lentamente y moví mis dedos hasta su mejilla, tomando su rostro por un lado. Cuando ya no fui capaz de contenerme, llevé mis labios a los suyos con tanta urgencia como él lo había hecho antes, necesitaba probarlo de nuevo. Su sabor en mi boca se sentía como fuego, y no podía esperar a quemarme. Tardó unos segundos en reaccionar, supuse que por la sorpresa, pero cuando finalmente me devolvió el beso, se sintió increíblemente… correcto. El chico besaba de las mil maravillas, moviendo sus labios y su lengua contra los míos como nunca nadie lo había hecho-

Llevábamos sólo la ropa con la que salíamos a correr, unos pantalones que nos llegaban hasta las pantorrillas,  así que el torso de ambos estaba al descubierto. Bajé mi mano por su pecho y sentí su corazón golpeando contra mis dedos como si intentara salirse de su cuerpo. En realidad el mío se sentía igual. Me alejé de sus labios, muy a mi pesar, y tragué en seco intentando no volver a ellos.

– ¿Papá? –grité con la voz más ronca de lo que pretendía, más alto de lo necesario para que pudiera escucharme desde cualquier habitación-. ¿Estás en casa? –pregunté rezando porque no hubiera respuesta. Pablo apretó los ojos un segundo y tras no escuchar nada, soltó el aire que guardaba en su pecho y volvió a besarme. Gruñí contra su boca y apreté mi cuerpo al suyo mientras mis manos recorrían su abdomen. Lo aprisione contra la pared sin poder evitarlo, sintiendo sus marcados músculos chocando con mi pecho. Era increíble lo mucho que había crecido el chico en estos últimos años. No alcanzaba mi tamaño, pero ciertamente estaba bien formado.

Dios, ¿qué estaba pensando? Él era todavía un adolescente. Tenía que pensar claramente. Aunque pareciera imposible hacerlo con la forma en la que me sentía.

Y es que una pequeña y molesta parte de mi cerebro seguía funcionando a pesar de todo. A pesar de su perfume embriagador y de sus manos recorriéndome como si no hubiera un mañana. Tenía que concentrarme. No podía hacer algo así con el chico. No era justo aprovecharme de él de esa forma. Apenas había cumplido los 18 años. Tragué en seco y di un paso atrás en contra de mi propia voluntad, pero no permitió que me alejara de su cuerpo más de diez centímetros, solo se movió conmigo y usó el espacio entre nosotros para deslizar sus manos por mi estómago y desabrochar mis pantalones rápidamente.

No podía creer lo que hacía, pero mis manos volaron hasta los suyos haciendo lo mismo. No podía evitarlo. El deseo era mucho más fuerte que yo, y eso lo demostraba la erección que liberó cuando bajó un poco mis pantalones, sólo lo justo para que la tela pudiera dejar de torturarme aprisionándome. No recordaba haber estado tan excitado en toda mi vida. La ansiedad por algún tipo de liberación casi me provocaba dolor. Quité sus pantalones prácticamente haciéndolos pedazos y volví a besarlo lo más rápido que pude. Su mano no dudó un tomar mi miembro firmemente y moverse de arriba a abajo mientras yo lo seguía besando, apretándolo de nuevo contra de la pared. Gemí en su boca y lo sentí sonreír contra la mía.

Pasé mis manos por sus hombros y lo atraje más hacia mí mientras caminaba de espaldas hasta toparme con el sofá. No estaba seguro de lo que estaba haciendo, ni de cómo hacerlo, sólo sabía que quería seguir sintiendo su piel contra la mía, sus labios quemándome el cuerpo y sus manos recorriéndome lentamente, haciendo que no pudiera dejar de gruñir contra sus labios.

Cuando me topé con el sillón, me senté lentamente, y sin despegarse de mi boca, Pablo se sentó a horcajadas sobre mis piernas. No podía creer lo bien que se sentía que me tocara de esa forma. Su mano se deslizaba por mi miembro al mismo tiempo que su lengua se mezclaba con la mía, y la presión de sus dedos era exactamente la que me hacía dar vueltas la cabeza. A este peso no aguantaría ni dos segundos en venirme. Ya sentía la piel tirante y los pies en las nubes, así que pensé que tendría que avisarle.

– No aguantaré mucho –le advertí con la voz entrecortada, pero solo siguió besándome, bajando por mi cuello para poder hablar contra mi piel.

– No me importa –susurró-. Solo quiero que lo disfrutes –y siguió bajando por mi pecho lentamente sin quitar su mano de mi pene duro y ansioso por cualquier cosa que quisiera hacerle. Levanté las caderas automáticamente cuando sentí su aliento sobre la piel tirante y deseosa, y luego solté un gruñido cuando sus labios me atraparon. Su boca era cálida, y su lengua áspera se sentía de maravilla contra mi piel. Eso acompañado al movimiento constante de su mano en la base, me estaban volviendo completamente loco. Una de mis manos se aferró a la frazada que estaba en el respaldo de sofá, prácticamente despedazándola, y la otra voló a la nuca se Pablo, dirigiendo el ritmo con el que me hundía en su boca y presionándolo contra mi cuerpo para lograr entrar más en su garganta.

No tardé ni dos minutos en comenzar a sentir que me correría. Así que quité mi mano e intenté hablar a través de los dientes apretados y el pacer que me estaba desordenando las ideas.

– Pablo… -murmuré. Levantó la mirada a mis ojos, indicándome que me escuchaba. Tuve que apretar la frazada con más fuerza para no venirme cuando sus ojos me encontraron-. Me corro… -solté como pude, tenía que advertirle por lo menos para que quitara la cara. Pero no lo hizo. Solo siguió mirándome a los ojos mientras succionaba con mucha más fuerza, haciendo que comenzara correrme casi instantáneamente, viendo las estrellas. Definitivamente sabía lo que le gustaba a un hombre. Tragó todo lo que pudo sin que se lo pidiera y luego lamió de mi piel los restos que se escaparon de su boca.

Me mordí el labio y me deslicé por el sofá, sorprendido de que mis músculos aún funcionaran correctamente. Quedé sentado en el piso a un lado de él cuando volví a besarlo en la boca. Sentí mi propio sabor en sus labios, y aunque pensé que me disgustaría, fue todo lo contrario, solo era la prueba de lo que me había hecho sentir. Él permanecía arrodillado frente a mí, con uno de sus brazos apoyado en el sillón y el otro rodeándome el cuerpo, su mano deslizándose por el costado de mi torso. Llevé mis manos a su pecho y fui bajando lentamente por su abdomen hasta sentirlo entre mis dedos.

– No sé qué hacer –confesé susurrando un poco avergonzado en su oído, luego de morder el lóbulo de su oreja. Gimió cuando quité mis manos de su miembro y las llevé a su trasero.

– Puedes hacer lo que quieras –aseguró con la respiración entrecortada. Sonreí y me incorporé un poco para poder llegar a lo que quería. Primero llevé mis dedos a su boca y los introduje para que los lamiera. Los chupó como si se tratara de un pene, lo que hizo que se me volviera a endurecer mientras lo veía. Cuando estuvieron bien húmedos, los pasé por sus labios suavemente, y luego los llevé hasta su trasero. Quería sentirlo, quería tenerlo.

Primero frote con las yemas de los dedos alrededor, buscando el lugar exacto en el que debía moverme. Gimió y cerró los ojos cuando hice presión en su apretado agujerito, primero con un solo dedo, haciendo que entrara lentamente en su cuerpo. Estaba tan apretado que sonreí sin poder evitarlo, no solo era todo mío, sino que era solo mío.

– Relájate… -susurré en su oído, pero no noté ningún cambio. Así que llevé mi otra mano a su pene, que se veía tan tenso que pensé que explotaría de un momento a otro. Al sentirme, primero se apretó a mí alrededor, y luego, a medida que se acostumbraba al contacto, se fue relajando poco a poco, dejándome entrar cada vez más profundamente.

Me quedé quieto un momento cuando no pude presionar más, y luego quité mi dedo con suavidad, hasta casi sacarlo por completo.

Ahora hice presión con otro más, y lo vi cerrar los ojos cuando logré meter mis dos gruesos dedos en su carne. Gimió algo que en realidad sonó como un quejido, pero no podía concentrarme en preguntarle si estaba bien. Me gustaba demasiado la idea de tenerlo así, a mi merced, a mi alrededor. Así que seguí hundiendo mis dedos lentamente hasta que ya no tuve más opción que detenerme y esperarlo.

– Dime dónde –susurré en su oído, y luego curvé mis dedos un poco, buscando. Sentí como se tensaba cuando encontré su próstata, que se sentía hinchada bajo las yemas de mis dedos.

– ¡Ahí! –gimió con fuerza y apretó los ojos mientras yo quitaba mis dedos despacio hasta casi quitarlos de su cuerpo. Se hizo para atrás, presionándose contra mí mano-. Otra vez… -suplicó. Hice lo que me pedía y volví a rozar su punto, ahora con un poco más de confianza. En lugar de salir de nuevo, sólo me quedé alternando la presión con la que lo tocaba, adorando la forma en la que apretaba los ojos y gemía mi nombre intentando controlarse y hacerlo por lo bajo. Llevé mi boca a su cuello para besar su piel mientras mi mano comenzaba a moverse de nuevo por la piel de su miembro, que se mantenía rígido en mi mano.

– Vente para mí –susurré en su oído al tiempo que presionaba con más fuerza, tanto con mi mano alrededor de su miembro como con mis dedos dentro de su cuerpo. Comenzó a correrse inmediatamente después de mis palabras, moviéndose contra mi mano como si se tratara de una persona, pero no detuve el masaje a su punto en ningún momento. Lo miré mientras llegaba, memorizando su rostro contraído por el placer como una de las cosas más excitantes que había visto en toda mi vida. Cuando el orgasmo terminó, su recto latió alrededor de mis dedos y los fui quitando lentamente, notando como su cuerpo se había relajado.

Lo besé en los labios de nuevo cuando volteó su rostro hacia mí, y moví mi mano dudosa de nuevo por su pene, que ya iba bajando de volumen después de correrse. Me sentía de nuevo listo para lo que fuera, y no podía evitar pensar en sólo una cosa. Me incorporé sin dejar de besarlo, arrodillándome frente a él y tocando cada parte de su cuerpo que estuviera a mi alcance. Paseó sus manos por mi cuerpo y gimió contra mis labios cuando notó mi nueva erección, que esperaba algo más que su boca.

– ¿Puedo…? –murmuré alejándome un par de centímetros, pero no siendo capaz de terminar la frase antes de volver a sus labios.

– Puedes hacer lo que quieras –repitió. Sonreí y me puse de pie lo más rápido que pude, caminando directamente al gabinete del aparador. Me miró mientras tomaba la primera crema que encontraba y volvía a su lado lo más apresurado posible. La quitó de mi mano en cuanto estuve a su alcance y se encargó de abrir el pomo y estrujarlo sobre sus dedos. Me arrodillé de nuevo a su lado una vez más y me miró a los ojos mientras pasaba sus dedos lentamente por toda mi erección, desde la punta hasta la base, haciendo que un gruñido ronco saliera de mi pecho.

Llevé mis manos a su nuca y atraje su boca a la mía, queriendo sentirlo en mis labios antes de sentirme en su cuerpo. Mi lengua jugó con la suya, reclamando más y más espacio de su boca a medida que el calor aumentaba.

– ¿Estás seguro? –murmuré contra sus labios cuando comencé a sentirme demasiado ansioso como para esperar un segundo más. Asintió con la cabeza, así que con las manos, que aún mantenía aferradas a su nuca, lo obligué a que se inclinara hacia delante mientras me movía desde su costado hasta su trasero. Paseé mis manos por su espalda desde sus hombros hasta su trasero y separé sus redondas y firmes nalgas cuando me estorbaron.

Al igual que con mis dedos, me posicioné en su orificio e hice un poco de presión. La crema causó que lograra entrar mi cabeza a pesar de la evidente falta de espacio. Soltó un gemido que me hizo pensar que le dolía, así que me detuve un segundo y tomé el pomo de crema para embadurnar un poco más en mi piel antes de seguir entrando.

Cuando lo hice, arrojé el tubo a un lado y me aferré de sus hombros para darme más impulso y lograr entrar más profundamente. Del centro de su pecho soltó un quejido gutural que me volvió completamente loco, pero sus labios no se despegaron en ningún momento, reprimiendo cualquier clase de queja. Desde mi posición podía ver el costado de su rostro, con las facciones contraídas y las mejillas coloradas. Se veía tan masculino y tan vulnerable a la vez, que no pude evitar hundirme un poco más en él. Vi como su puño apretaba el cojín del sillón con mucha fuerza, y me preocupé un poco por él. Así que pegué mi pecho a su espalda para que mi boca quedara en su oído.

– ¿Estas bien? –pregunté casi sin aire, apenas conteniéndome de cogérmelo con toda mi fuerza hasta que me suplicara que me detuviera. Asintió con la cabeza y pasé mis manos por la parte delantera de su cuerpo, tocando su pecho y su abdomen suavemente. Había logrado entrar bastante poco hasta ahora, menos de la mitad del largo, así que todavía tenía tiempo de arrepentirse-. ¿Estás seguro de que quieres- cortó mi pregunta con un grito.

– ¡Sólo hazlo! –soltó entre dientes. Sonreí contra la piel de su cuello y lo embestí con toda mi fuerza, provocando que gritara mi nombre cuando entré completamente y mis testículos chocaron contra su carne. Gemí como nunca y apreté su torso contra el mío con las manos mientras mi cadera seguía intentando hundirme más en su cuerpo.

Respiró con dificultad, haciendo eco de mis jadeos, y noté la transpiración en su cuello. Jamás lo había visto transpirar antes. De seguro esto le dolía más de lo que dejaba ver, pero ahora ya era demasiado tarde para evitarlo. Hice que volteara su rostro con una mano para poder besarlo en los labios mientras comenzaba a moverme de nuevo. Su boca parecía distraída con todo lo que estaba sucediendo, así que después de un momento la abandoné y me dediqué a mordisquear el lóbulo de su oreja.

Al principio era bastante difícil siquiera moverme, por la presión, pero después de un par de embestidas comenzó a volverse más fácil. Tragué en seco y aumenté un poco la velocidad, incorporándome de nuevo en mis rodillas y paseando mis manos por su espalda. Esto era el paraíso.

Lo embestí un poco más fuerte y soltó mi nombre mezclado con un quejido profundo. Pude haberme refrenado más, pero en lugar de eso aumenté más el ritmo. Sabía que lo estaba disfrutando tanto como yo. Lo conocía demasiado bien. Después de unos minutos el placer comenzó a volverse amenazante. Lo sentía tan caliente y apretado alrededor de mi miembro, que sabía que no soportaría demasiado en su interior. Pero quería que se corriera conmigo. Quería que lo hiciera mientras estaba penetrándolo.

Lo tomé de los hombros para obligarlo a incorporarse, apretando su cuerpo contra el mío y moviendo las caderas un poco más, casi saliendo completamente antes de entrar de nuevo, una y otra vez. Dejó caer la cabeza hacia atrás, descansándola en mi hombro con los ojos cerrados. Puse una de mis manos en su pecho, pegándolo más a mí, y paseé la otra por su abdomen hasta llegar a su duro y palpitante miembro. A penas lo toqué dio un respingo y su respiración se cortó de repente, indicándome que hacía lo correcto.

Jamás había masturbado a un hombre que no fuera yo mismo, pero pensé que le gustaría lo mismo que a mí, así que comencé con un movimiento lento por todo el largo, rodeándolo con la mano completa y rozando mis dedos con más fuerza a medida que me acercaba a la punta. Gimió con la boca cerrada y luego escondió su rostro en mi cuello, girando la cabeza levemente.

Sincronicé los movimientos de mi mano con los de mi cadera, penetrándolo al mismo tiempo y velocidad, y no tardé en sentir que su corazón se volvía completamente loco, aún más de lo que ya estaba.

– Jack… -susurró, y me moví con más fuerza, arremetiéndolo sin contenerme. Arrugó los ojos y se relamió los labios, así que lo hice de nuevo. Me clavaba en él como mis instintos me lo pedían, con fuerza, como animales. Y no tardé en sentir que se contraía a mí alrededor y su miembro se tensaba entre mis dedos. Mientras lo sentía viniéndose, se inclinó hacia delante de nuevo, como dejándose caer, permitiéndome ver su musculosa espalda mientras lo embestía. Cuando se tensó completamente fue cuestión de segundos para que fuera demasiado para mí. Me vine dentro de su cuerpo, apretándome contra él con toda mi fuerza.

Soltó un gemido muy ronco antes de comenzar a respirar de nuevo, jadeando al igual que yo, intentando recuperar el aliento. Me relajé y apoyé mi cabeza en su espalda, aún lo sentía pulsando y contrayéndose a mí alrededor, y casi no podía respirar por la sensación. Le planté en beso en el centro de la espalda y luego fui subiendo hasta alcanzar la parte de atrás de su cuello. Me gustaba demasiado su sabor. Cuando moví mis labios por su cuello volteó la cara para besarme en la boca, aun jadeando de vez en cuando.

Me alejé muy lentamente, sintiendo cómo me golpeaba el frío al salir de su interior, y me senté en el piso a su lado, apoyando mi espalda en el sillón. Él hizo lo mismo, imitando mi posición. Vi como ponía su mano en su pecho intentando recuperar el aliento, y yo enredé las mías en mi cabello, intentando hacerme a la idea de lo que acababa de pasar. No me arrepentía, todo lo contrario, solo no estaba seguro de cómo asimilarlo. Pasamos casi un minuto en silencio, y luego finalmente hablé, rompiendo el silencio.

– ¿Qué les diremos a los demás? –le pregunté, pensando en nuestro grupo de amigos.

– ¿A qué te refieres? –me preguntó frunciendo el ceño.

– A nosotros.

– Bromeas ¿verdad? No tenemos por qué decírselos ahora si no quieres –dijo soltando una carcajada. No pasé los últimos dos años fantaseando para que ahora tener que decírselo a todo el mundo.

¿Dos años? ¿Por qué rayos tardaste tanto? –sonrió de la forma más sexy posible.

– Solo no creí que estuvieras preparado hasta ahora –su tono era tan calmado.

– Pero piensa en todo el tiempo que perdimos –me quejé. Sonrió de nuevo y se acercó a besarme una vez más. Esta vez fue un beso más profundo, más real, que me puso la carne de gallina. Se alejó un segundo para mirarme a los ojos mientras hablaba.

– Pienso que tenemos tiempo de sobra –susurró justo antes de volver a mis labios. Y era cierto. Lo teníamos. Teníamos todo el tiempo que quisiéramos tener.

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Mi culo desvirgado

Sobre las 2 de la madrugada del 07-03-10 salí de casa con la intención de probar una polla por primera vez en mi vida. Esta idea llevaba varios días rondándome por la cabeza y cada vez cogía más fuerza.

Ese día había estado buscando información por internet porque estaba más cachondo que otras veces y finalmente me decidí por un lugar de cruising muy conocido en Zaragoza (al otro lado del Ebro). Fue fácil dar con el sitio.

Me sorprendió la cantidad de coches que había, tras dar una vuelta por el lugar me decidí a ponerme detrás de dos vehículos. No tenía ni idea de cómo funcionaba el asunto. Así que encendí la luz interior de mi coche para dejarme ver, no hubo respuesta, pero espere.

Me sorprendió que al abrirse la puerta del coche de delante salieran 3 personas. Esos tres campeones se habían clavado un trío en un coche no muy grande. Ya me había parecido ver movimiento pero no me acerque. Se fueron. Al rato apareció un coche y paró detrás del mío y el chico que iba dentro salió y divago andando entre los 2 coches.

Yo no estaba preparado para salir a charlar con él. Aun con todo se acerco a mi coche y saludo, no parecía muy lanzado ni directo, lo que no me animo a progresar en aquello.

Se fue ante mi poca decisión. Luego decidí buscar dicho coche y fui en la dirección en la que él se fue. Lo encontré pero lo estaba intentando con otro. Sinceramente me alegre de que no le saliera bien. Cuando se fue, me costó decidirme a seguirlo. Finalmente lo hice, se había ido al final del camino por lo que tras dar la vuelta pare detrás del suyo.

Me costó salir del coche y tras 2 minutos sin reacción por su parte estuve por irme porque ya me había acercado a su coche para saludarle pero no me contesto. Decidí entablar una conversación y sacar algo de información de cómo funcionaba el asunto este del cruising.

YO: Como funciona esto por aquí, hay alguna regla que seguir?
YO: Es que es la primera vez que estoy por aquí.
EL: No.(Salió del coche para hablar cara a cara).
YO: Bueno y como va esto?
Él: La gente intenta entablar una conversación a ver que surge pero en general son muy tímidos.
Yo: Vale, gracias por la ayuda y perdona por lo de antes pero es que no tenía ni idea de que hacer.
EL: Que andabas buscando?
YO: Mamar una polla.
EL: Quieres mamar esta.
YO: Seria mi primera polla pero solo quiero comerla.
EL: Sin problema. Nos sentamos en la parte trasera del coche.
YO: Bien.

Me invitó a entrar en la parte trasera de su coche y acepté gustosamente pese al notable estado nervioso en el que me encontraba. Me dio un poco de conversación para que me relajara porque supongo que noto mi nerviosismo y cuando me tranquilice (en apenas un par de minutos), me puso la mano encima del paquete y empezó a sobarlo sobre mi pantalón, me sorprendió mi reacción porque me puse cachondo enseguida. Supongo que el estado en el que llevaba varios días favoreció esta situación.

Y me sorprendí llevando mi mano a su nabo para sobarlo sobre su pantalón, lo que aun me excitó más y eso que no habían pasado ni cinco minutos y ya le estaba pidiendo que se bajara todo porque quería mamársela. Lógicamente no puso ninguna pega e inmediatamente empecé a metérmela en la boca, reclinándome sobre su miembro de forma que el siguió sentado y yo quede reclinado sobre él. Primero poco a poco para saborear ese momento, y con cada acometida de mi cabeza en su polla lograba introducírmela un poquito más, le cogí gusto rápidamente y no tarde mucho en tragármela hasta el fondo.
Me pregunto:
EL: Si realmente era mi primera comida porque lo hacía muy bien.
YO: Si, me limito a hacerlo como me gusta que me lo hagan a mí.
EL: Pues la comes de lujo. Sigues?
No dije nada y me limite a mamársela otra vez, el suspiraba bastante y yo ya llevaba un buen rato comiéndosela (igual 10 minutos), notaba los músculos de mi boca bastante cansados pero quería que se corriese por lo que me acerque un poco más para poder tragármela toda entera porque eso le excitaba muchísimo. Él aprovecho para volver a sobarme la polla ya qué yo tenía el pantalón abierto pero también al acercarme le facilite sin quererlo que me sobara el culo porque como estaba el pantalón desabrochado no tenía ningún impedimento.

Estuve por apartarle la mano pero realmente no me pareció peligroso ni tan siquiera cuando empezó a meter más la mano en busca de mi ojete, al que en no mucho tardar había llegado y masajeaba con notable habilidad. Estuve tentado de decirle que parara pero como me gustó y a él eso le excitaba mas, le deje hacer pero él no estaba dispuesto a dejar pasar que mi culito virgen siguiese mucho más tiempo en ese estado.

Yo inconscientemente pensé que si aceleraba el ritmo de la mamada y su profundidad no tardaría en correrse así que me respingue aun más sobre su polla y el aprovecho para literalmente follarme la boca hasta sus pelotas (eso me puso definitivamente cachondo) y para intentar meterme el dedo en el culo. Yo ya estaba cachondo por lo que le deje hacer y lógicamente lo consiguió tras ensalivarlo un poco.

Tras la follada de mi boca tragándomela todo entera, me quede con arcadas por lo que pare para descansar un poco (se me había quedado el estomago muy mareado y no me apetecía nada seguir comiéndosela, ya llevaría como 20 minutos y era mi primera vez) lo que aprovechó para acabar de quitarme el pantalón y cambiarme de posición. Supongo que llegados a este punto su objetivo era romperme el culo y dudo que se conformase solo con una mamada.

EL: Te apetece probar por el culo?
YO: Eso no duele (me daba palo dejarlo todo empalmado y por el momento lo del culo no había sido desagradable ni doloroso).
EL: No si se hace despacio y con cuidado, y lo hare con cuidado.
YO: Tú lo has probado?
EL: Si y te gustara, es muy agradable.
YO: Bien pero con cuidado.
Me pidió que me pusiese tumbado de espaldas sobre el asiento y con parte de mi espalda y mi cabeza contra la puerta del coche. Por supuesto le hice caso, y tras colocarme así empezó a introducirme el dedo, y en efecto lo hizo con cuidado, fue una sensación extraña tener metido todo su dedo en mi culo pero resulto curiosamente agradable. Antes de llegar a ese punto tuvo que pedirme que me relajara si no quería que me hiciese daño.
Pasados 5 minutos estimo que mi culo estaba listo para su polla por lo que me pidió que se la mamara, le pedí que me follara la boca (salvo por las arcadas, que te follen la boca es una sensación cachondisima) pero sin llegar hasta sus pelotas, lo hizo y en no más de 2 minutos su glande apuntaba al agujero de mi culo previamente preparado por su dedo. Volvió a ser muy cuidadoso (cosa que le agradezco enormemente). Su polla enfundada en un condón tenía como su único destino mi ojete, y él estaba dispuesto a disfrutar de mi desvirgacion anal por cada milímetro de polla que introdujera en mi culo. Doy fe de que así lo hizo.

Me la metió muy despacio, primero note como su glande se abría paso en la entrada de mi ojete, y como mi ojete se iba adaptando a su polla, que muy lentamente iba introduciéndose en mi culo. Notar como su polla me penetraba me estaba volviendo loco de placer y de orgullo y sentir como esa preciosidad invadía partes de mí jamás abiertas al disfrute de mi sexualidad, era una sensación nueva y muy morbosa. Fue un autentico placer sentir como su ñardo me partía el culo y disfrute muchísimo sintiendo como milímetro a milímetro iba entrando en mi agradecido culo hasta que llego a un punto donde la resistencia de mi culo se hizo nula.

No sé si me había clavado la mitad o unos 2/3 de su manguera pero sé que desde ese punto me la clavó ya de una única embestida, estoy seguro de que fue así porque se quedo clavado con todo su pollón bien incrustado en lo más profundo de mi culo durante unos segundos que a mí me hicieron el culo horchata y también porque al lograr penetrarme con la totalidad de su polla soltó un suspiro de absoluta satisfacción.

Tras disfrutar de ese momentazo, empezó un lento pero eficiente mete-saca. Me pregunta en varias ocasiones si así iba bien el tema, siempre le dije que sí. Todo esto nos llevo como unos 5 minutos, supongo que tras ese lapso de tiempo entendió que mi culeado culo estaba preparado para la siguiente fase: un mete-saca (siempre sin sacar su polla de mi culo, que se estuvo allí dentro durante toda la jodienda) más vivo, que coño más vivo, trepidante, veloz y placentero como no había sentido nada en toda mi vida.
Seguí disfrutando de sus profundas acometidas pero a un ritmo muy superior, lo que aun me ponía más cachondo, si eso era posible. Notar como a sus empentones mi cabeza golpeaba la puerta me hacía sentir como una putilla cachonda, me excitaba que me tratara sin cuidado. Como nunca había sentido en mi vida.
A los 8 minutos redujo el ritmo porque no quería correrse todavía y estuvo un par de minutos follándome más lentamente.
Sinceramente en ese instante yo solo deseaba que me siguiese rompiendo el culo durante toda la noche. Me temo que mis jadeos y suspiros así como las frases que le dedicaba le pusieron más cachondo y volvió a aumentar el ritmo de la ruptura anal, yo ya no cabía de gozo en mí.
YO: Clávamela hasta el fondo.
YO: Esto sí que es bueno.
EL: Tu sí que estas bueno.
YO: Dale más duro.
YO: Muévete más rápido.
Toda esta situación hizo que acelerara su follada, por lo que seguí dedicándole bonitas frases de ánimo, era una delicia sentirse ensartado por aquel trozo de carne que entraba y salía de mí culo a toda velocidad y sin ningún tipo de contemplación, en no más de 5 minutos me dijo:
EL: Me voy a correr.
YO: Córrete en mi boca.
EL: Mejor que no. No te gustaría.
YO: Como quieras.
Finalmente se corrió en mi culo (con el condón puesto) pero en la parte más adentro de mi culo, vamos que ya no le cabía mas polla dentro porque no tenía más que meterme y lo hizo dejándola allí unos segundos, me tenia encalomado por su polla en lo más profundo de mi ser puesto que nadie me había enculado nunca hasta ese día (cosa a la que estoy dispuesto a ponerle remedio por la vía rápida, esto es demasiado bueno como para no repetirlo en más ocasiones). Y de nuevo volví a notar sus pelotas contra mi culo, otra sensación difícil de olvidar por lo agradable que resulta.
Serian las 5 de la madrugada, estuvimos hablando un rato como unos 25 minutos.
YO: Me lo follas otra vez.
EL: Claro.
Esta vez ya sabía lo que me esperara por lo que tras introducirme el dedo le dije que me la clavara hasta el fondo y sin contemplaciones y así lo hizo.
Yo: Clávamela hasta el fondo que ya está abierto.
EL: Hecho.
Fue una gozada, una follada de ritmo trepidante desde el primer momento de la misma, supongo que debido a que yo estaba muy cachondo como una perra y no paraba de decirle guarradas, dame más duro, híncamela hasta el fondo, quiero sentir tus pelotas junto a mi culo, mi culo es tuyo, hazle lo que quieras, híncamela, rómpeme; lindezas de ese estilo.
EL: No te masturbas? Lo vas a flipar.
YO: Vale.
Ya me lo propuso en la primera vez pero no la tenía muy dura, en esta ocasión estaba como una estaca, así que empezó a pajearme a un ritmo brutal. No tarde mucho en correrme sobre mi tripa, de forma muy abundante. Todo esto le debió poner muy cachondo, porque se corrió enseguida. Lástima porque esta segunda follada fue también magnifica pero solo duro 5 minutos.
Si no lo has probado, te estás perdiendo una sensación espectacular. Soy hetero pero desde ese día mi culo es gay.

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Los Hermanos de mi joven esposa

Yo me llamo Brian Néstor y mi esposa se llama Diana Elizabeth, ambos éramos sumamente románticos, pero también teníamos nuestro carácter, aunque nunca nos habíamos disgustado, sabíamos de las reacciones del otro frente a otras personas, reacciones que a veces eran violentas.

Con este antecedente, ambos sabíamos que quizá algún día nos disgustaríamos y entonces no saldríamos muy bien librados del altercado, pero tratábamos de ignorar ese problema latente.

Nos casamos jóvenes, hace un año y medio, cuando mi esposa tenía 17 y yo 18 años, pero el altercado fue cuando teníamos un año de casados.  Sucede que ya eran como eso de las 5 de la tarde, yo acababa de regresar de trabajar en un taller mecánico, salimos temprano porque solo me toco hacer una afinación a un Camaro 2010, yo no estaba muy de buen humor ya que en el trabajo se la pasaron escondiéndome el lavador de inyectores, y por eso entregue un poco tarde el trabajo y el cliente se molesto conmigo por no entregarle pronto su auto.

Así que llegue a la casa, la cual solo era de un piso, tenía un jardín al frente, en el servía para estacionar dos autos, mi chevy, y el corza de Diana, al entrar a la casa estaba un baño completo, y la sala, mas al fondo estaba la entrada hacia los 2 cuartos, el principal tenía también baño completo y al fondo estaba la cocina y el cuarto de servicio; Así que llegue y de inmediato me fui desnudando ya que quería llegar a echarme un baño y descansar, pero grande fue mi sorpresa cuando escucho voces de varias mujeres en la cocina y acto seguido me encuentran allí en pelotas en la sala; Mi esposa se puso roja y sus amigas se despidieron sin quitarme la vista de encima e incluso comiéndome con la mirada, yo soy blanco, pero sonrosado, mido apenas 1,70 peso 69kilogramos, ojos grises, completamente lampiño y de complexión normal, me gusta hacer ejercicio así que aunque no estoy grueso, si estoy marcadòn, y tengo un culo redondeado y parado, debido a que hago flexiones con pesas con los pies separados uno frente a otro, quizá eso fue la razón porque no apartaran la vista de mi cuerpo, yo nunca antes había sentido vergüenza, pero esa vez me hicieron me sonrojara y me cubriera mis partes, acto seguido que se fueron las amigas de mi señora, cerró la puerta y me dijo .  .  .  “de modo que te gusta exhibirte a las mujeres”, y así siguió diciendo cosas y se me acerco, notaba que su cara se iba poniendo mas y mas roja así como su forma de hablar iba incrementando su agresividad;   Al principio paso todo tan rápido que yo no terminaba de salir de mi aturdimiento, pero cuando se me puso frente a mi cortándome toda forma de escapar y dándome unas bofetadas seguidas de un rodillazo  en mis genitales, yo reaccione instintivamente dándole un empujón, trastabillo un poco pero su tacón se atoro en la alfombra y fue a dar hasta la mesita de la sala, se pego con el filo de la mesita en las costillas y enseguida escuche su fuerte alarido de dolor, luego yo quede hincado por las punzadas  en mi ingle, así que ella, enseguida se salió a la calle. Yo no le di mucha importancia, pensé que se abría ido con alguna de sus amigas, así que me prepare de comer y luego me dispuse a ver la tv así desnudo, porque planeaba encontentarla y sobarle sus costillas con algún antiinflamatorio en cuanto regresara de la calle, así que también fui a sacar de sus cosas un pene de plástico con el que pensaba introducírselo por el ano en cuanto yo metiera mi miembro en su vagina, creyendo eso la aria gozar bastante; Así que estaba yo desnudo sentado en el reposed, con el pene de plástico sobre la mesita de la sala, le deje una nota sobre la mesita en la cual le decía que ese pene se lo introduciría por el culo, también se me ocurrió que antes de hacerle el amor podría darme un buen baño, y así lo hice, pero eróticamente deje la puerta abierta para que me viera por si acaso llegaba cuando yo estuviera duchándome, yo soy de los que dilatan como 30 minutos bañándose, es que me doy varias enjuagadas y me tallo el cuerpo varias veces, así que despreocupadamente me empecé a bañar; No pasaron ni 10 minutos, cuando escuche que la puerta de la entrada se abría, no escuche los tacones de mi mujer, pensé que quizá se debía a que tenia jabón en los oídos y por eso no la escuche, continúe duchándome ya que presentí estaba siendo observado, luego de un instante me enjuague la cara y volteé pero no había nadie viéndome, eso me desconcertó y pensé seguiría algo enojada, así que en lugar de vestirme salí a la sala, vi la tv encendida y note que desde alguna parte alguien le subía el volumen al máximo, entonces se me hiso raro eso, me acerque a la sala pero ya no estaba el pene de plástico, me dirigí a la cocina, y no había nadie, así que decidí regresar a buscarla a alguno de los cuartos, cuando veo que sus dos gallardos hermanos estaban en la sala y me miraban con bastante odio, Luis el más grande de ellos me dijo “¿así que pensabas meterle este pene por el culo a mi hermana?, ¿no era ya bastante con que le pegaras, aun querías desquitarte destrozándole el ano?”, Yo le explique, que no quería destrozarle el ano, que ese juguete era de su hermana y que yo solo quería hacerla gozar más, y también le explique que yo solo la avente y ella tropezó y se pegó con la mesita en las costillas, pero ya para entonces ellos no me hacían caso y se me habían acercado diciéndome que me pondrían una buena mola para que aprendiera a respetar a su hermanita.

Carlos que había estado callado, hablo y me dijo. . .  “Brian  no solo la  avergonzaste frente a sus amigas, sino que seguiste haciéndole daño, pero eso cambiara, te aremos ver lo mal que estas al no haber medido las consecuencias”.

Les dije que no entendía porque su comportamiento, que mejor se fueran de mi casa, a lo que Luis me dijo, “claro que nos vamos a ir de tu casa Brian, pero primero te vamos a dar un correctivo de actitud”, entonces les dije que no les tenía miedo, que me dejaran vestir y les daría gusto peleando contra ellos, pero de a uno por uno, y apenas termine de decir eso, ellos se me abalanzaron, me aventaron patadas, muchas esquive, pero algunas si me dieron, yo estaba en clara desventaja, ellos traían zapatos y yo estaba completamente desnudo. Al cabo de unos 5 minutos ya me tenían todo golpeado, y aunque yo si les había propinado buenos golpes, no fueron los suficientes como para hacerlos desistir. Así que luego me amarraron boca abajo sobre la mesita de metal de la sala, sentía el frio del cristal de la mesita, y se los hice saber, me ignoraron y me taparon la boca con mi camiseta del trabajo, después ensalivó Luis el pene de plástico y me lo introdujo en el culo, yo lloraba del dolor y por más que sufría ellos no se apiadaban, luego Carlos se quitó el cinturón y empezó a darme de cinturonazos en la espalda y en las nalgas, al punto que ya no sabía que era peor si el tener el pene artificial desgarrándome el culo o los cinturonazos lacerando mi espalda y trasero. Me dio aproximadamente 15 cinturonazos, nunca había sentido tanto dolor en mi vida. Luego en algún momento se le antojo a Luis dejar de meterme el pene artificial y penetrarme el culo, así que escuche su cremallera bajarse y enseguida sentí su pene abriéndose camino en mi interior, empezó primero despacio, y después fue poco a poco más rápido, así estuvo cogiéndome por unos 20 minutos, decía que se sentía súper estrecho mi culito, que él nunca se había cogido a un hombre, pero que yo tenía un culo bien durito, rosadito y cerradito, esas palabras hicieron que Carlos se bajara el pantalón y se empezará a masturbar junto a mi cara, luego de unos pocos minutos me aventó su esperma a la cara, yo a pesar del dolor que sentía con que Luis me penetrara empecé a sentir como mi pene se iba erectando, luego sentí el esperma de Luis en mi interior, y me saco su pene, solo para que Carlos me penetrara también, Carlos me dijo que era virgen que yo sería su primera vez, así que me portara a la altura.

Primero le costaba mantener la erección, entonces se arrodillo y sentí su lengua saborear mi culo, la sensación me era nueva, mi ano se fue expandiendo, luego Carlos se erecto y me cogió por espacio de una media hora, yo pensé que no acabaría jamás, y de repente empezó a jadear más rápido y mi pene se puso a mil, eyacule sobre la alfombra y el dentro de mí, pero se reusó a sacarme su pene y a los pocos minutos se le puso erecto otra vez, y como se dieron cuenta que yo también había eyaculado, decidieron desamarrarme, y quitarme la mordaza de la boca, aunque Luis me sujetaba firmemente de las manos, pues era consiente que me habían golpeado y violado (desvirgado), aun así Carlos decidió ponerme boca arriba sobre el sillón, y penetrarme mientras veía fijamente mi pene, y noto que enseguida me puse erecto, así que el continuo con el mete y saca,  y luego que estaba por eyacular, saco el pene se los hecho en la mano y me los puso en la boca, en acto reflejo instintivamente apreté mis labios para no probar su esperma el con la otra mano me apretó los testículos haciendo que abriera la boca de dolor, y me los hecho en la boca, cubriéndome la boca con su misma mano, así estuvo unos 4 minutos aproximadamente hasta que noto que yo tragaba, entonces sin quitarme la mano de los testículos, empezó a sobármelos y a tocarme el pene, eso me desconcertó al igual que desconcertó a su hermano mayor Luis, pero nadie dijimos palabra sobre eso, así que Carlos se arrodillo y me empezó a chupar el pene, así estuvo hasta que me hiso eyacular en su boca, luego se enderezo y me dio un beso, al tiempo que sus manos me apretaban las nalgas, así se quedó tendido sobre mí, por lo que Luis soltó mis manos y levanto a Carlos, le dijo que ya se habían dilatado mucho, y se lo llevo a aconsejarle, aunque alcance a escuchar que debían de borrar las evidencias por si acaso se me ocurría demandarles, pero la evidencia era yo, así que me sujetaron y me llevaron al baño, yo casi no podía dar un paso, porque me dolía muchísimo el culo y los golpes que me habían dado empezaban a hacer meya en mí, por eso me ayudaron a llegar al baño, luego llenaron el pequeño jacuzzi, su intención era evidente, hacer que el agua me lavara el culo, por lo que  llenaron el jacuzzi con agua caliente, no quemante pero si caliente y le echaron champú, luego ellos me metieron al jacuzzi y se desnudaron también, ya en el jacuzzi me cogieron otra vez los dos,  me enjabonaron,  se enjabonaron y luego de una hora, sonó el celular de Luis, era mi esposa preguntándoles si ya podía venir a la casa, él le dijo que lo hiciera en unos 60 minutos porque ahorita estaban borrando las evidencias de la golpiza que me habían dado, lo cual en parte era cierto. Terminamos de bañarnos y sacaron hielos del refri los envolvieron en tela y me los pusieron en el lugar de los golpes, también ellos se pusieron hielos. Al poco rato ya se me habían desinflamado los golpes y a ellos también, así que se fueron, no sin antes darme una buena agarrada de culo, incluso dijo Luis – “de haber sabido que te cogeríamos abríamos traído condones”.  Me dijo que de ahora en adelante yo sabía lo que me pasaría si le ponía una mano encima a su hermana.

Luego de un rato que se habían marchado, llego mi esposa, y no me dirigió la palabra, empezó a trapear el piso, ya que allí si había bastante sangre, motivo que hiso que se impactara y volteara a  verme tratando de adivinar de que parte mía provenía esa sangre, así que era evidente lo mal que se sentía al pensar como me habían dejado sus hermanos, me preparo unos tés y pidió pizza, que ya sabe que me gusta, y  me miró fijamente al tiempo que me pregunto, “¿Qué te hicieron?”,  yo solo baje la mirada no sabía que contestarle, ella se fue a su cuarto y encontró el pene artificial en el lavabo, tenía sangre, de inmediato binó hacia mi llorando y diciendo que eso era terrible, que me llevaría de inmediato con un urólogo, yo solo solté unas lágrimas de mis ojos y no hice por levantarme de la sala. Ella me dijo que solo me darían un correctivo, pero que nunca pensó me sodomizaran, y que ella estaba sumamente consternada, luego que me levante vio que tenía mordidas marcadas en mis nalgas y espalda, y quería ayudarme, pero yo se lo impedí, simplemente me fui  a acostar y no fui a trabajar hasta el tercer día,  no me sentía nada bien, en ese tiempo no hable con mi mujer.  Diana  trataba de hacerme plática, pero yo no participaba.

Así que un día luego de platicarlo con sus amigas, decidió decirme que ella me entendería si en parte me había gustado sentir el consolador, que era normal, ya que había investigado que nuestro punto G de los hombres es la próstata que se encuentra junto al ano y que desde allí se le puede estimular provocando así  erecciones involuntarias, eyaculaciones, y múltiples orgasmos masculinos, que si yo así lo deseaba ella podría metérmelo de cuando en cuando, o incluso cómprame un vibrador. Al notarme cada vez más ausente, decidió llamarles a sus hermanos, y le contesto Carlos , ella le reclamo el porque me habían sodomizado, que eso nunca fue lo acordado, entonces Carlos pensó que yo le había contado a ella que me habían penetrado y solo se confesó, le dijo que él no tenía pensado penetrarme, que de hecho era virgen, y  al darme cinturonazos mi carne blanca se tornó más rosada,  que mi piel era como de terciopelo muy suavecita, completamente lampiño, y que el primero en penetrarme fue su hermano Luis, y  luego él también me penetro perdiendo conmigo su virginidad. Mi esposa se quedó de una pieza, pues ella suponía solo me habían metido su consolador, y se enteró que además los dos me penetraron, me amarraron a la mesa, me taparon la boca y ya después me desamarraron, ya para entonces  no opuse resistencia, que incluso había eyaculado también.

Todo eso era demasiado para mi joven esposa, y se desmayó en el sillón, por lo que yo tome el teléfono y le dije seriamente a Carlos que ellos fueron los culpables de que se enterara que me habían sodomizado, ya que el consolador lo dejaron sin enjuagar en el lavabo, y que ella no sabía que me habían penetrado también. Por un momento pensé que Carlos no contestaría y entonces me dijo, “Ya la regué, perdóname por decirle a mi hermana lo que te hicimos, ahora quizá se divorcie de ti, pero si quieres platicarlo, podríamos vernos en un restaurant, te invito a cenar y ya después lo que quieras”; También me dijo que nunca pensó que se enamoraría de un hombre pero que yo lo había cautivado y que quería hacerme el amor.

Al otro día fue Luis a verme a mi trabajo y me reclamo el porqué le había avisado a su hermana de lo que me habían hecho. Yo a esas alturas ya estaba harto de su comportamiento y aunque él era 2 años mayor que yo, le dije que no me estuviera molestando, que me debería de agradecer que no los denuncie y que tampoco le dije a mi esposa, que ellos por sus descuidos lo hicieron evidente, pero que si lo que quería era pleito, pues que con gusto le respondería; Él se me abalanzo, y yo lo esquive, por fin me pude ir desquitando de lo que me habían hecho, claro que al final me gano, el media como 1,75 se había criado en el campo y según se dé chico era un peleonero, y yo las peleas que había tenido en mi vida las podía contar con los dedos de una mano, así que al final se impuso la maña. Pero orgullosamente no se fue limpio, es más se fue casi igual de amolado que yo. Luego de que terminamos de pelear, él me dijo que esa forma de ser mía le causaba una rara atracción y aunque me duela reconocerlo a mí también me atraía ese joven atlético blanco, de ojos cafés que se erguía frente a mí, así que nos dimos un fuerte abrazo y un beso aún más fuerte, luego me agarro las nalgas y yo a él, al tiempo que su mano derecha hurgaba  dentro de mi tanga, bajándome los pantalones, le impedí que no siguiera pues estaba en mi trabajo y nos podían ver. Así que nuestro encuentro quedo para después. . . .

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