Dora, flor de mujer

La cogí un rato más, pero la verdad no aguanté más, me salí, ella se agachó, me la agarró y me la empezó a chupar, yo con las manos en la cintura la miraba, el espectáculo era increíble, una mujer madura, bastante buena, con una cara viciosa terrible me la chupaba y me la frotaba para hacerme acabar, no aguantaba.

Era jueves, había salido tarde de la oficina y pensé, ¿qué puedo cenar esta noche?, la plata en la billetera no era mucha, pero tenía la tarjeta sin gastos y decidí agasajarme con una buena cena. Caminé unas cuadras, me tomé el colectivo, bajé en Santa Fe y Godoy Cruz y caminé hasta el Jumbo.

Agarré un chango y empecé a caminar entre las góndolas, miré que comer y pensaba como lo iba a comer, al horno, a la parrilla, la noche estaba buena, temperatura media, poco viento y lindo para prender un poco de fuego y comerme algo. Mientras caminaba pensaba que también podía alquilar una película para ver. Había algunas que tenía ganas de ver nuevamente. Pero no me decía.

Pasé por la góndola de pastas y cuando levanté la vista, una señora, bien arreglada me miró, y sentí que cuando lo hizo me dolían los ojos. Castaña, de unos 45 años, tacos altos, engañoso, pero tenía lindas piernas, bien vestida aunque se notaba que tenía unos kilos de más, muy linda de cara, pero cara de viciosa, buenas tetas, y culo algo grande, pero que te hacía mirar inevitablemente, bajé la mirada porque la verdad es que no pude sostenerla y cuando me pasó, me di vuelta, la miré y pensé, ¡qué actitud tiene esta mujer!…

Seguí mi camino, mirando y pensando que cenar y a los 10 minutos me la volví a encontrar en otro pasillo, nos miramos nuevamente, le sonreí y ella me devolvió la sonrisa y ahí sí, le sostuve la mirada y con descaro le miré las tetas… seguí mi camino. Cuando había decidido qué comer y estaba buscando la salsa para la pasta, me hablan de atrás diciéndome:

-Sorentinos… mmmmm te sugiero salsa rosa… quedan muy bien.

Me asusté porque estaba muy concentrado y giré sobre mismo rápidamente para identificar quien era. Era ella que con una sonrisa me dijo:

-Discúlpame, no te quise asustar… era una sugerencia. -Nooooo, ¡todo bien! es que no te vi y estaba concentrado viendo que hacía. ¿Así que rosa? Si la verdad es una buena idea, voy a ir a comprar la crema. Si no tenés algo mejor que hacer te invito a cenar…- La verdad que, aunque soy bastante caradura, no sé cómo me animé a encararla así. –Jajaja. Que atrevido… pero bueno,  ¡dale! acepto, me gusta la idea. Pero si no tenés problemas vamos a mi casa. –Bueno, pero antes pasamos por la mía porque tengo que dejar algunas cosas, a menos que vos me traigas, yo no tengo auto. -Sí, no hay drama.

Compramos las otras cosas, mientras hablábamos y nos poníamos al corriente de nuestras vidas. Ella, 45 años, se llamaba Dora, separada en segundas nupcias, Abogada, trabajaba en el departamento de legales de una empresa importante. 3 hijos. Buena onda, muy linda sonrisa, culta y bastante actualizada, muy, muy piola. Caminamos, llegamos a la caja, pagamos y fuimos al estacionamiento a buscar su auto. Guardamos las cosas, entramos.

-¿Donde vivís vos?  -Acá cerca…toma por Cabildo y yo te aviso cuando doblás…

Mientras manejaba, la miraba, hablábamos y le miraba las tetas, eran grandes, muy lindas. Cuando levanté la vista, mi mirada se encontró con la de ella y me sonrió.

-¿Son nuevas? -¿Si, se notan? Tienen 1 año, me las hice antes de separarme, me decidí porque las tenía bastante caídas y me las quise operar, la verdad me gusta cómo me quedaron, ¿vos que pensás? -¡La verdad están muy bien! -¿Si? gracias y tienen poco uso…

Uffff decirme eso y que se me parara la pija fue una sola cosa, me tomó 1 segundo imaginarme todo. Al rato me dijo que mejor fuéramos a su casa, si había algo perecedero lo poníamos en la heladera y después lo sacábamos cuando me traía. Después un rato llegamos a su casa, ella vivía en zona norte, muy linda casa, muy lindo barrio, entramos. Dejamos las cosas y me puse a cocinar, empecé a sacar las cosas y a colocarlas sobre la mesada.

-Tenés agua, tengo sed. -Si sacá de la heladera, ahí arriba tenés vasos.

Saqué el vaso, abrí la heladera me agaché para sacar la botella y cuando me levanté ella estaba con unas bolsas atrás de mí y entonces al girar me la llevé puesta levemente, la miré y ahí nomas le estampé un beso a media lengua. Ella apoyó las bolsas en el piso, y con las dos manos me agarró de la nuca y casi literalmente me comió la boca a besos, su lengua ancha, me la pasaba por toda la boca, me metía la lengua hasta al fondo, me recorría toda la boca, me daba besos profundos babosos. Yo seguía con la botella de agua en una mano y el vaso en la otra. Se despegó de mí y me miró.

-Huuyyy que lindo, no te podés mover… todo para mí… – ¿Ehhh? ¿Qué?

Se agachó… sin mediar tiempo a nada y yo sin entrar en razón, bajó el cierre, me desabrochó el pantalón, bajó el calzoncillo y me agarró la pija que ya me dolía de lo parada que estaba.

-Veo que no tenés drama, vas al grano directamente, sos mujer de armas tomar. -Lindo, a mi edad, jugar al romanticismo es para otra cosa, yo tengo ganas de coger y de cogerte, hace rato que no me como una pija y esta me la voy devorar.

Sin medias tintas… me la empezó a chupar, le pasaba la lengua por la cabeza, me la mordía un poquito, me chupaba la cabecita, me la escupía, me la frotaba y se la metía en la boca, cuando subía me frotaba la cabeza de la pija toda mojada, y eso me ponía a mil… imposible describir la sensación. Dejé la botella y el vaso sobre la mesada, ella seguía agachada, me miraba con cara de puta, me pasaba la lengua y me miraba, sabía muy bien lo que hacía, lo tenía aprendido a la perfección. Me la volvía a escupir. Yo relajado disfrutaba, si hay algo que me gusta en el sexo y que disfruto mucho es una buena chupada de pija, no todas las mujeres lo saben hacer bien, bien y cuando un hombre se encuentra con una que lo sabe hacer hay que disfrutarlo.

-Si seguís así me vas hacer acabar y la verdad, te quiero coger… -Bueno… dale… vení…

Nos pusimos en bolas, nos sacamos la ropa y esas tetas increíbles, grandes, firmes, nuevas, la aureola del pezón oscuro medio, pezón grande, duro, se las chupé a morir, le pasé la lengua, la mordisquee, apreté, escupí y estuve ahí durante un rato largo, la senté en la mesa, yo agarré una silla y me acomodé, le corrí la tanga y me empecé a comer esa concha. Debo decir que no soy bueno chupando conchas, pero le pongo mucha garra y mucho empeño y entonces reemplazo talento por ganas y a las mujeres les gusta…

-Acabo… acabo hijo de puta… dale, dale, dale que te acabo todo en la boca… ay, hijo de puta como me las estás chupando… con que ganas… dale, dale pásame la lengua ahí… si, si méteme un dedo, ayyyy, si el otro en el orto que me encantaaaa. Dale, dale no pares… ¡por favor!

¡Acabó y como!… eso me dio tiempo a mí a relajarme un poco, porque su chupada me había dejado muy caliente… me incorporé, nos besamos… me agarró la pija, me la frotó un rato… se me puso durísima nuevamente, me senté en la silla y ella se trepó, se empezó a mover y cabalgar, no me había dado cuenta, pero seguía con los tacos puestos…

-¿Qué haces con los tacos puestos? ¡Sos una putita!-Siiii me encanta…una mujer debe ser bien, bien puta…

Me cogía con alma y vida, en cada embestida, se la metía toda adentro, se balanceaba atrás y adelante, me agarraba la nuca y me besaba, me metía toda la lengua, yo le agarraba las tetas, las masajeaba, las mordía, se la chupaba.

-Dale… puto… dame pija que quiero mucho… ¡me encanta coger!-¿Si?  ¿Y qué pasa? ¿Nadie te coge? -No, nadie hace mucho que no cojo, ¡ese consolador ya no lo aguantaba más! Dale, dale que te cojo todo…

Nos incorporamos, se puso contra la mesada de espaldas y subió una pierna a la silla, tenía toda la concha para mí, me agaché, se la chupé un rato más y se la volví a meter, todo al fondo de un tirón…

-Aaahhhgggg que hijo de puta. -Ayyyy estás empapada conchuda, no podés estar tan mojada.-Siiii te dije que estaba muy caliente y quería pija…

La empecé a coger, lento, profundo para que sintiera ella y yo también, se la sacaba toda y se la volvía a meter. La agarré del pelo…

-¿Te gusta putita? – a esa altura estaba… sacado… estaba fuera de mí… -Ayyyy si… ¡qué lindo que es coger!

La cogía con alma y vida, sin parar, fuerte que sintiera como mis bolas pegaban contra su concha… fuerte… tironeaba del pelo…

-Ayyyyy sí… aaahhhhhhggg, como me estás dando…! Aaahhhhggg. -Uuuuuffff ¿Te gusta? ¿Querés pija? Toma pija. -Ahhh… ooohhhhh, uuuhhhhhh.-¿Qué hago con todo esto que tengo aquí dentro… te lo puedo tirar en la boquita? – Ayyyyyy sii… dale… me gusta… ¡Me la das en la boquita!

La cogí un rato más… pero la verdad… no aguanté más… me salí… ella se agachó… me la agarró y me la empezó a chupar… yo con las manos en la cintura la miraba… el espectáculo era increíble… una mujer madura, bastante buena, con una cara viciosa terrible… me la chupaba y me la frotaba para hacerme acabar… no aguantaba…

-Ayyyyy acabo… acabo todo…-Mmmmm, ashhhhfg, seee, dale, mmmmm, si dale… acábame toda. Aaahhh,  chup, chup… chahha dale…

Y acabé… disparé leche para todos lados… ella muy puta, abrió la boca lo suficiente para ver cómo salía la leche de mi verga, pero lo suficiente también para no dejar que se escapara nada… ella se la comió toda, me la chupó toda, me la dejó impecable… se tragó todo…

Cocinamos, comimos y miramos tele y volvimos a coger… al final me quedé a dormir, no me fui… esa noche cogimos en el sillón, en el baño, en la cama… después de pedir y tocar y chupar me entregó el orto…

Pero eso será para otro momento.

Autor: Connor

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Cinco pañuelos de seda

Por fin su lengua entra dentro de mí, cálida, aprieta su cara contra mi sexo. Me imagino el dulce y salado sabor de su sexo, hicimos un 69 y entonces, justo entonces, ya no puedo más y me sobreviene un orgasmo que me deja exhausta. Es tan fuerte que, cuando pasa, con sólo el roce de sus dedos sobre mi clítoris, arqueo la espalda y sacudo las caderas, desesperada ante su contacto.

La mujer del corsé rojo se sube pausadamente los guantes negros de cuero hasta los codos. El corsé se adapta tan perfectamente a su anatomía, que le realza los pechos hasta casi dejar al descubierto sus pezones. Es consciente de que está enseñando sus firmes nalgas y eso le gusta. Unas botas altas, negras, también de cuero, ocultan parcialmente unas largas piernas que se adivinan atléticas.

El tanga, también rojo, es tan mínimo que apenas alcanza a ocultar a mis ojos su sexo rasurado. Su oscuro cabello se desparrama como una cascada sobre sus níveos hombros desnudos hasta la mitad de su espalda… Es muy guapa. Me avergüenzo hasta de mirarla, porque yo me siento inferior. Por eso le sugerí esta idea. Tiene unos enormes ojos azules y apenas va maquillada. La miro. Le pido con la mirada que no se demore más, que venga ya a mí… necesito que me haga suya… dejo escapar un débil gemido…

Ella se acerca despacio a la cama. Yo, feliz, me dejo llevar, inconsciente de lo que me espera. Es la primera vez que me atan a una cama. Antes ella sacó unos pañuelos de seda y con ellos me fue atando a cada extremo de la misma. Solo se puso los guantes porque se los había comprado hace años y no se los ponía nunca. Quería tener un recuerdo para esos guantes. Pero a mí no me gustan, yo prefiero su tacto… pero no le digo nada. No quiero hablar, quiero que ella actúe por su cuenta.

Se sitúa a los pies de la cama. Se arrodilla. No me mira. Se inclina sobre mis pies y, fugazmente, me lame el dedo gordo del pie derecho con la punta de su lengua – yo me estremezco de placer, para luego cubrírmelos de besos a medida que va ascendiendo por el pie hasta el tobillo, y de éste, sube por la pierna hasta la rodilla. Son besos leves, apenas me roza la piel con sus labios, pero yo, que ya la estoy viendo venir, comienzo a sentirme más húmeda. Al inclinarse alcanzo a ver la voluptuosidad de sus pechos, que luchan por salir de la cárcel de su corsé. Quiero adorar esos pechos. Ojalá me deje hacerlo… yo no puedo decir nada, no puedo pedírselo. Hicimos ese pacto.

Deseo que continúe, que me coma, pero ella, quizás intuyendo mis ansias, decide hacerse de rogar y apoya su cabeza en mi muslo mientras desliza la palma de su mano enguantada y extendida desde el interior de mi muslo hasta mi bajo vientre, sin rozarme ni un solo vello púbico. (A ella no le gustan los sexos depilados. A ella le gusta todo…).

Su mano izquierda descansa sobre la cama, a mi lado. Yo quiero que me la acerque a los labios, pero no hablo. No digo nada, la dejo hacer. Quiero que me disfrute con total libertad. Entonces descubre con satisfacción que mi sexo ya brilla por la desbordante humedad que emana de él. Sonríe y me despeina ligeramente el vello de esa zona mirándome pícara a los ojos… ¡Ah, cuánto anhelo su tacto!… Me tiembla todo el cuerpo, cada vez que me toca me estremezco.

Se levanta y se dirige a la cómoda. Abre uno de los cajones y saca otro pañuelo de seda. El quinto pañuelo de seda. Me pongo a hacer pucheros, no quiero que me tape los ojos, No, por favor… ¡quiero, necesito verla, quiero devorarla con los ojos! ¡No me tapes los ojos!… pero mi grito es mudo, como no podría ser de otra manera. Ahora la oscuridad lo rodea todo. Cierro los ojos y me rindo a mi suerte, a ella.

Siento su cara cerca de la mía, puedo sentir su respiración y la caricia dulce del inconfundible olor de su piel. Un dedo suave, forrado de cuero, me perfila los labios: primero el labio superior y luego el inferior. Yo lo intento besar, pero ella, juguetona, lo retira rápidamente, dejándome oír su risa suave. El olor del cuero mezclado con el de su piel me está volviendo loca. Vuelve a colocarme la mano en los labios y me pide que le quite el guante con los dientes. Así lo hago, dedo a dedo. Por fin lo consigo.

Un ligero murmullo y entonces siento que ella apoya la mano que acabo de desnudarle en mi sexo, suavemente, ¡tan suavemente que me desespera! El clítoris se me hincha, anhelando su contacto. Ella ríe. Me lo acaricia una, dos, tres veces… yo levanto las caderas, como pidiendo más, pero ella parece que ha decidido que aún no. Se coloca sobre mí, a cuatro patas. Siento su largo pelo rozándome la piel. Comienza a besarme los pechos, de forma incontrolada, siento el roce de sus labios aquí y allá. Luego me las agarra de la base y las sujeta de tal forma que las une. Hunde su cara entre mis pechos. El calor de su respiración me estremece, siento cómo cada vez me estoy humedeciendo más y más. Me da varios lametones en ambos pezones. Aprieta más mis generosos pechos y se introduce los dos pezones a la vez en la boca. Me los chupa, los dos al mismo tiempo. Después le dedica su particular homenaje a cada uno de ellos, por igual. Yo estoy tan excitada que creo que me voy a volver loca.

Cuando acaba con mis tetas, las suelta y se alza un poco, lo suficiente como para besarme el cuello e ir bajando por la clavícula. Noto la abundancia de sus pechos sobre los míos. Ella vuelve a ascender y me besa en los labios, nuestras lenguas se entrelazan mientras su mano ve descendiendo lentamente hasta mi sexo, para quedarse allí acariciándome los labios, los de abajo. Ahora se aleja de mí y desciende sobre mis caderas, me abre los labios superiores y sopla levemente, como hacia dentro. Me recorre un escalofrío y me entra la risa. Ella también ríe…

Por fin su lengua entra dentro de mí, cálida, ágil y profunda. Y aprieta su cara contra mi sexo. A mí me entra la absurda sensación de que mi sexo debe de ser una fuente, una especie de manguera, de la cantidad de flujos que noto por ahí abajo. Me imagino el dulce y salado sabor de su sexo, me imagino cuando mucho antes de esto, hicimos un 69 y entonces, justo entonces, ya no puedo más y me sobreviene un orgasmo que me deja exhausta. Es tan fuerte que, cuando pasa, con sólo el roce de sus dedos sobre mi clítoris, arqueo la espalda y sacudo las caderas, desesperada ante su contacto.

Entonces ella me besa profundamente para que yo pueda saborear mi propia miel. Estoy agotada, pero al mismo tiempo tan excitada, que tengo que controlarme para no morderle los labios. Me está volviendo loca el no poder verla, el no poder tocarla…

Luego ella se sienta sobre mi cara, con todo su sexo abierto ante mí… y por culpa del maldito pañuelo que tengo atado a la nuca no puedo verla, disfrutar de la visión de sus pechos vistos desde abajo. Sus labios vaginales entran en contacto con los de mi boca. Los aplico dulcemente sobre ellos y comienzo a buscarle, a acariciarle su hinchado clítoris con mi lengua. Sus jugos comienzan a desbordarme, trato de tragármelo todo, pero me es imposible, es demasiado. Noto cómo se deslizan en frágiles gotas por entre mis comisuras. Las saboreo hasta la saciedad. Su olor me inunda, su sabor calma mi sed, sus gemidos son música celestial, sus manos me queman…

Finalmente ella se corre en mi boca. El espeso líquido se cuela por entre mis labios antes de que me dé cuenta. Eso me desespera porque quiero más, pero ella se levanta, se acurruca a mi lado, abrazándome con las piernas, con los brazos, con todo. Siento su cálido sexo en mi cadera mientras que con una mano me acaricia el vientre… y entonces, Morfeo entra por la puerta… y nos acoge a ambas entre sus brazos.

Autora: Aliena Del Valle

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Mi madre, el sexo más delicioso

La mamé y mamé y ella gemía, tenía mi pene a más no poder de caliente, me coloqué encima de ella, le levanté las piernas y se la metí hasta el fondo, ella gimió y empecé a moverme primero lentamente luego más rápido. Aquello era un volcán devorándose mi pene, la cogi y ella gemía más y más hasta que sentía que me venía y me corrí totalmente llenándola de leche.

Lo que contaré es un hecho totalmente real, creo que pasa en todas las familias o en la mayoría, solo que no se cuenta por la moral y perjuicios, tampoco yo quisiera que se enteraran los que me conocen, menos mis familiares.

Aparte de esta experiencia también las tuve con mi tía y mi prima; también mi hermano me contó que se había cogido a mi prima lo que contaré posteriormente.

Todo empezó cuando tenía 18 años, hace pocos años, yo, Enrique, no me había fijado en mi madre Laura; que en esa época tendría 39 años, la cosa es que habían ido a una fiesta con mi padre y se habían embriagado toda la noche, yo estudiaba por las tardes, todos mis hermanos, que son 4, en la mañana; mi padre se fue al trabajo como pudo, así que me quedé solo mi madre y yo, ella dormía por su estado de licor.

Estaba tirada en su cama cuando entré y noté que se le había subido la pollera hasta las rodillas, me excité y intenté despertarla pero seguía durmiendo, entonces con algo de miedo le subí más y seguía durmiendo, le subí todo hasta la cintura y vi su calzón amarillo, estaba excitadísimo viendo su tremendo culo.

Mi madre tenía unas buenas piernas y un culo grande, sus medidas serán aproximadamente 92-62-96, así que empecé a masturbarme viéndola allí sin atreverme a tocarla, quise ver más y le hice el calzón a un lado y por primera vez vi su concha tan peluda y rica, de verdad fue un espectáculo fenomenal, tenía una concha velluda y me masturbé a más no poder y me corrí muchas veces.

Creo que desde esa vez es en que intentaba verla siempre en cuando estuviera ebria, pero no volvió a pasar más si no hasta después de 2 años, claro desde aquel momento veía a mi madre como una hembra.

Sucedió que al año mi padre murió y un año después y algunos meses después de su muerte sucedió lo que tanto quería, cogerme a mi madre.

Había una fiesta organizada por el hermano menor de mi madre, o sea mi tío, a la cual fuimos ella y yo en representación de mi padre, todos tomamos mucho, mi madre también tomó mucho, bailamos, luego nos fuimos a casa a descansar totalmente ebrios.

Ella se fue a su cuarto y yo me fui al mío que quedaba en el segundo piso y en la primera planta, la cosa es que no podía dormir, veía a mi madre tan bella y deseable y pensé que nada se estaba interponiendo entre ella y yo y que ella era viuda libre, y debía estar en deseos de un hombre.

Me revolcaba en mi cama fantaseando cogerla, me masturbé dos veces recordando aquella vez en que vi sus partes íntimas; hasta que no pude más y decidí bajar a su cuarto, estaba durmiendo totalmente, me acerqué y tropecé con uno de sus zapatos que había tirado en el piso cerca de su cama, así que despertó y me miró sin decirme nada.

Estaba totalmente excitado teniéndola ahí, así que me tiré encima de ella, le saqué los senos, medianos pero bien redondos y ella me dice: ¿Mi hijito quiere su tetita?

Yo le dije ¡si!

Y empecé a mamarle y ella empezó a gemir, creo que se estaba excitando, empecé a acariciarla más y más, ella cerró los ojos sin decir nada, trataba de hacerse la dormida pero sabía que me sentía, así que le levanté su pollera hasta la cintura y empecé a acariciar su concha por encima de su calzón, estaba caliente así que se lo bajé hasta las rodillas y la acaricié, tenía realmente mucho vello y eso me excitaba más, luego puse mi cabeza entre sus piernas y empecé a mamarle la concha, tenía un sabor algo agrio pero excitante.

La mamé y mamé y ella gemía, esta vez notoriamente, y decía, ¡umm! ¡Ahhhhh! A ratos pronunciaba el nombre de mi padre, ya no podía más, quería metérsela toda, tenía mi pene a más no poder de caliente, y una corriente de éxtasis circulaba por mi cuerpo como si alguien pudiera matarme pero sintiendo placer, me coloqué encima de ella, le levanté las piernas y se la metí hasta el fondo, ella gimió y empecé a moverme primero lentamente luego más rápido.

Aquello si era un volcán devorándose mi pene, la cogi y ella gemía más y más hasta que sentía que me venía y me corrí totalmente llenándola de leche y mojando también sus vellos, ella me apretó fuerte con sus piernas, y estuvimos así algunos minutos luego yo reaccioné.

Me puse mi ropa y subí corriendo a mi cuarto muy feliz y a la vez confundido, quizás remordimiento, no se, pero a mi madre la dejé con las piernas abiertas, el calzón en la rodilla y llena de semen, no se como se habrá arreglado.

A la mañana siguiente no tenía cara para verla directamente ni ella me miraba mucho, no dijimos nada y seguimos normalmente así hasta después de dos años, pero eso lo contaré luego.

Autor: Coldcito

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La despistada de lentes

Después de un buen rato de manoseos ella se levanta un poco y agarra mi periscopio y se lo ensarta con un certero movimiento que al instante lo devoró en su totalidad, se movía como una verdadera puta, yo solo alcanzaba a ver las tetas en mi cara brincando como liebres y de vez en cuando me caían una o la otra en mi boca lo que aprovechaba para lamerlos.

Que tal, como andan todos quienes leen mis “infidelidades”, nuevamente aquí estoy con todas las ganas del mundo de exponerles un encuentro más con alguien que se había quedado pendiente y que en consecuencia… mejoró la relación y el conocimiento mutuo entre yo y la “despistada” de lentes de la historia anterior.

Como recordaran mi nueva “amiga” había cedido ante mi propuesta y ahí, en plena carretera (a un lado) me había permitido “ponerle mayonesa al camarón” y a pesar de algunas traiciones de su mente en el momento preciso, se llevó una soberana cogida que no se la quita ni “diablo”, y quedó hambrienta por seguir probando mi “helado de carne”, a lo cual ahora les contaré como estuvo ese segundo encuentro.

Antes de iniciar quisiera mencionar que en el periodo de tiempo entre esa primera vez y la segunda, le di dos veces el “clásico aventón” y los ánimos subían de tono rápidamente en cada viaje, ya que al primer “aventón” yo conducía lentamente sobre la carretera para poder platicar más tiempo y apenas enfilamos, ella sin dudarlo un segundo se “abalanzó” sobre mí empezando a manosear mi parte prohibida” por encima de la ropa, yo la vi un tanto sorprendido y ella levantó la mirada y viéndome por encima de sus anteojos, solo dijo: tú sigue manejando.

Eso era nuevo para mí, ya que conducir en esas condiciones me ponía un poco nervioso, sin embargo yo iba lentamente y ella dedicada a lo suyo, que mientras más avanzábamos era más caliente el cachondeo ya que ella me abrió el cierre y sacó mi verga y ahora la acariciaba a mano limpia y a escasos milímetros de su cara. Era un show para la historia, mientras yo cambiaba velocidad, ella hacía lo mismo pero con una palanca de carne…

Llegó el momento en que estaba yo tan excitado que decidí detenerme, entré a un pequeño camino de tierra, y ahí, le empecé a sobar las tetas y ella nuevamente entró a un estado como de “letargo” donde parecía un “títere” y yo me daba vuelo, ella entre su “semi-desmayo” seguía sobando mi “pistola” cuando de momento dio un grito y recobró la “razón”, nuevamente se apartó bruscamente de mí, ¿que a toda madre, tú ya te viniste y yo que?… la abracé, así de traje, corbata, con la verga  fuera y ella no tuvo más que terminar lo que había comenzado, además no faltaba mucho.

Por la posición medio incómoda ella no se como me agarró, que fueron solo dos o tres “pajazos” y para afuera, tiré unos chorros que cayeron en su pantalón y en la manga de mi saco (era un Celso Cellini que me dolió hasta el alma) y ella dijo haciendo unas muecas: me da mucho asco el “semen”, mientras se limpiaba el pantalón con un “trapo” que sacó de su bolsa de mano, así mismo yo también limpié mi saco lo mejor que pude (con su trapo), aunque cuando llegué a mi casa estaba todo “tieso” y lo tuve que mandar a la tintorería.

Mi esposa me dijo, cuando le comenté que se me había ensuciado el traje, cabrón; ese traje tiene una puesta, eres un marrano, pero ni creas que yo lo voy a llevar, llévalo tú… En fin al otro aventón (como ya me imaginaba) ahora no hizo nada durante el viaje pero si me dijo que me metiera otra vez a la “tierra”, al oír esto lo primero que hice fue quitarme el saco y levantarme las mangas de la camisa.

Ella solo se reía diabólicamente, (ella no tiene idea de cuanto cuesta un traje), llegamos al lugar “maldito”, me estacioné y al darme la vuelta para quedar frente a ella, no perdió el tiempo y me recibió con las tetas expuestas al aire, el sostén bajado y la blusa abierta, eso me dejó la pupila muy dilatada pues de “sopetón” aparecieron ante mi vista ese par de tetas desafiantes de la gravedad y por un momento me quedé perplejo e inmóvil, después ya acepté la realidad y por enésima ocasión me dediqué a super manosearlas hasta el cansancio.

Llegué a meterle una mano entre la cintura y el pantalón y pude sentir sus nalgas, metí la mano por atrás y su rayita, ella, supongo que comenzó a venirse después otra vez me sacó la mano y se vistió. Esta vez me había dejado “peor que un farol” pues no me había dejado “desflemar” y solo había gozado ella. Aun así yo estaba listo para el gran encuentro que relato a continuación: este día solo llegué a mi casa directo al sanitario y me hice dos o tres movimientos “chaqueatorios” y ahora si “desfleme” ahí, directo al retrete.

Ahora si se llegó el gran día, (fue un día saliendo de trabajar a las 17:30hrs), la esperé en el estacionamiento, llegó, se subió y emprendimos la marcha a darle rienda suelta al deseo carnal desenfrenado que tanto había esperado. Yo mecánicamente me dirigí al motel de mis “movidas” pero ella cuando le dije a cual íbamos no aceptó pues podía ser descubierta (según…) entonces me dijo que conocía otro más céntrico… yo solo le pedí que me diera la dirección y ahí vamos… el lugar era lo de menos mientras hubiera cama.

Llegamos y si efectivamente ahí estaba un “hotelito”, pero de muy baja “calaña”, yo todavía incrédulo le pregunté… ¿Aquí?, si aquí dijo con cara de “me urge”. Así que el cuidador me dio un cuarto, metí el auto y finalmente entramos a la “suite”.

El lugar estaba hecho un “asco”, la cama toda revuelta, el espejo del tocador roto, y así por el estilo, pero bueno, yo a lo que iba así que me tiré bocarriba en el camastro y mi amiguita no tardó en quitarme los zapatos y bajarme el pantalón que tiró por ahí, otra vez me dolió pues yo siempre lo cuelgo en un gancho, y mi trusa también quien sabe donde voló, yo me quité mi corbata y mi camisa y los colgué cuidadosamente en un clavo que era el perchero del pen house y así acostado y totalmente encuerado ella me dejó un momento para desvestirse, lo cual hizo de prisa y tirando por los aires sus trapitos y acto seguido apareció gateando sobre la ya vencida cama hasta emparejar nuestros medios.

Se montó sobre de mí e inició a besuquearme y a restregar su “cosa” en la mía, y no se si será un fetish pero ella estaba también totalmente en traje de “Eva” pero con los malditos anteojos… Pero bueno eso era lo que menos me importaba.

Después de un buen rato de manoseos ella se levanta un poco y agarra mi periscopio y se lo ensarta con un certero movimiento que al instante lo devoró en su totalidad, y como les dije… no es ni chico ni grande, pero no se quedan con hambre, pero para ella parecía insuficiente pues una vez atravesada cual mariposa de colección se dedicó a jinetear con una rapidez increíble, se lo metía y sacaba a una frecuencia elevada y se movía como una verdadera puta, yo solo alcanzaba a ver las tetas en mi cara brincando como liebres y de vez en cuando me caían una o la otra (los pezones) en mi boca lo que aprovechaba para lamerlos.

Les aseguro que no exagero al decir que se meneaba rapidísimo y gemía, gritaba, me arañaba los hombros… con decirles que con el movimiento tan fuerte, la cama se fue moviendo y ahora la cabecera golpeteaba en la pared al ritmo de los bombazos y la cama rechinaba peor que una puerta de la casa de los “Adams”… Ella no paraba de gozar, lo podía ver, le escurría el sudor y los lentes estaban opacos por el vapor que emanaba de ella… yo hice hasta lo imposible por aguantar más, pero otra vez… cuando ella se recuperó se desensartó y se acostó.

Ahora así no le dije… ya estoy que me vengo, no me hagas esto, déjame terminar… ella sonrió y que se pone en cuatro patas diciendo, apúrate pues nos tenemos que ir… no me dijo dos veces, me coloqué atrás de ella, se la presenté y como ambos objetos en cuestión estaban muy húmedos, con un ligero impulso le entró hasta las pelotas, creo que hasta me agarré de la pata de la cama para no irme completo, entonces inicio el movimiento.

Le empecé a sobar sus enormes tetas, que casi llegaban al piso en esta posición y veía claramente el agujerito de su culito cada vez que le sacaba mi monstruo, eso ya fue el final, unos segundos así y la desenchufé, coloqué mi estoque en medio de sus nalgas y me empecé a correr dándole una buena dosis de lo que venden en los bancos de fertilización que le cayeron en la espalda, en las nalgas” y en las piernas…

Ella volteó feliz y me agradeció infinitamente el no haberle zumbado mi semen en su interior y como premio ella me limpió cuidadosamente mi “magnum 357” hasta dejarla reluciente y sin rastro alguno de la “pelea”. Nos pasamos a bañar y como era de esperarse en ese lugar “pulgoso”

El agua estaba fría, aun así nos bañamos rápidamente, creo que hasta estuvo bien el agua fría para la “calentura, yo levanté mi “exclusivo” pantalón, me vestí quedando nuevamente impecable, ella también se vistió, me volvió a ver con ganas, nos fuimos y obviamente pusimos una nueva fecha para otro “acto” aunque si quedó claro que esta vez yo pondría el lugar ya que ese “hotelucho” era realmente “asqueroso”…

En el próximo les platicaré como sigue el “negocio” ya que entre las cosas que dijo durante el lapso de su letargo fue que le gustaban un “mogollón” los hombres, y que la “cogieran” y cosas como de una ninfomaníatica… ahí platicaremos.

Reciban nuevamente un gran saludo de quien es feliz “picando” agujeros ajenos…

Autor: El_gato_volante

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