Diana mi putita caliente III

A Diana le encantaba jugar, sentirse bien cachonda todo el día y coger rico a cualquier hora del día siempre que tuviéramos tiempo. A mí me encantaba que fuera así…pasaba con la verga dura casi todo el tiempo…ella no me dejaba descansar, le encantaba tomar leche y que me corriera sobre sus tetas…la verdad era una de esas mujeres que ni en sueños.

Le gustaban los jueguitos…hicimos varios que tal vez algún día les cuente muchos, pero el que recuerdo ahorita y es el que me trae con ganas desde hace rato es de una vez que la mandé al gimnasio con bolas chinas en su conchita. Fue algo que le encantó…me dijo que con sólo caminar del auto al gimnasio ya sentía rico y que cuando se puso a hacer bicicleta tenía muchas ganas de meterse algo…y más o menos lo hizo…me dijo que acomodó el sillín de la bicicleta para cachondearse más y contaba que el movimiento cuando pedaleaba casi la hace gemir como puta cachonda en medio del salón. Sentía que se humedecía y disimuladamente se tocaba las tetas al buscar la botella de agua…me cuenta que tenía muchísimas ganas de mover la cadera como follando la bicicleta pero hizo lo posible por aguantar.

Luego de la bicicleta fue al baño y vio en el espejo que los pezones se le marcaban y le encantaba estar así de caliente y que se le viera la cara de puta. Entró al vestidor y se revisó la conchita, metió las manos dentro de las braguitas y vio que sí estaba bien húmeda, llevó sus dedos a la boca para probar sus jugos y jugó con su clítoris un poco porque se sentía caliente…como si lo que más quisiera en el mundo en ese momento fuera verga pero tuvo que resistirse para no acabar por dos razones: la primera que escuchó gente afuera y la segunda que no le di permiso de correrse en el gimnasio y ella es una perra obediente.

Aún con las bolas chinas dentro se puso a hacer ejercicios con máquinas. Ella sentía como todos los hombres la veían, seguro se notaba que su conchita estaba mojada, que sus pezones estaban duros o que de vez en cuando intentaba disimular pequeños gemidos, pero el asunto es que con cada movimiento se sentía más cachonda y más observada. Para ella fue un alivio terminar su sesión de ejercicios para volver a casa…tenía ganas de coger rico. Aún así decidió cachondearse un poco más y pasó por una carretera en mal estado, mientras conducía sentía las bolas chinas vibrar con los movimientos del carro dentro de ella, dice que lo costó mantenerse agarrada del volante, pero que fue la única manera de detenerse a meterse dedo hasta acabar como puta en medio de la carretera.

Cuando llegó a casa estaba como cura en prostíbulo, muriendo de ganas por coger. Yo lo sabía así que me demoré un poco, la desnudé y le dejé las bolas chinas dentro, me comí sus pezones ricos, la besé y jugué con su cola también…ella me pedía que se la metiera de una buena vez, que ya no quería aguantar más, que llevaba mucho tiempo con ganas de una verga y que quería correrse, que la tortura era mucha. Pero yo soy cruel y la hago esperar un poco más. Empecé a darle pequeños lametazos en la conchita, a morder un poco, a frotar y soplar suavemente y ella me seguía pidiendo verga, pidiendo que la partiera en dos. Saqué lentamente las bolas chinas de su cuerpo y gemía con cada movimiento sutil, antes de terminar de sacarlas le di a chupar mi verga para que la mojara un poco y luego dejé libre su agujero para que entrara mi verga. La puse en cuatro y sin esperar mucho empecé a penetrarla con fuerza…no tardó en sentir que contraía rico sus músculos y que gemía como poseída corriéndose y me dijo que no me detuviera que la siguiera bombeando.

Aproveché lo cachonda que estaba y le empecé a meter un dedo en la cola y me dijo “qué haces? Deja mi cola en paz” y yo le dije que si quería que la dejara en paz dejaba de cogerla. Ella contestó que no me atrevería y entonces me detuve, saqué mi verga de su conchita y empecé a frotarla sin penetrarla. Ella seguía gimiendo rico y me pedía que se la metiera. No lo hice hasta que me dijo “está bien está bien sigue jugando con mi culo pero métela ya por favor”. Así que la volví a penetrar duro y seguí jugando con su culo, le metí un par de dedos que había mojado en lubricante para dilatarlo y luego le empecé a meter las bolas chinas que anduvo todo el día. Le encantó…me pedía que siguiera, que se iba a volver a correr y así lo hizo…sentí como su conchita apretaba más fuerte mi verga y no pude aguantar más y acabé dentro de ella. Intenté sacar mi verga para que chupara y un chorro le cayó en la espalda…ella se dio vuelta y me limpió rico la verga. Metió sus dedos en la conchita y sacó leche para llevarla a su boquita. Seguía con las bolas chinas dentro y comenzó a sacarlas lentamente…gimió con cada una de ellas y me prometió que algún día me iba a dejar romperle la cola.

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Diana, mi putita caliente II

Luego de esa primera vez con Diana yo no podía dejar de pensar en su cuerpo desnudo, en su mirada caliente, en su voz tan sexy cuando gime, en el sabor de su cuerpo y en la forma tan rica como cogíamos…la verdad es que me pongo a mil con pensar en ella.

Los días siguientes en el trabajo ella me provocaba…le encantaba verme incómodo con la verga dura y con otra gente cerca…ella sabía que me podía poner a mil con sólo una mirada o unas cuantas palabras bien dichas al oído y le encantaba hacerlo. Siempre llevaba escotes que dejaban poco a la imaginación y cuando estaba hablando conmigo se acomodaba para que le viera las tetas, me rozaba la verga con su cola o con sus manos cuando nadie veía. Si estábamos solos se acercaba donde estaba yo y me acariciaba sin ningún reparo y yo sentía que iba a estallar con tanta leche que quería salir para llenarle esa carita o esa conchita rica y caliente que tiene.

Siempre que podía me decía “quiero chuparte esa verga y dejarte seco”…”no puedo esperar que salgamos quiero sentirte dentro mío ya”…”hoy ando tan caliente que vamos a tener que coger en el estacionamiento”…yo de verdad no podía creer ni en mis mejores fantasías encontrar una mujer así de cachonda, pero ella lo era, una vez que andaba con falda me dejo ver la tanguita negra que andaba y luego fue al baño y me dejó el tanga sobre el escritorio cuando no había nadie cerca. Claro…cuando había gente cerca ella se comportaba como toda una dama, simpática e inteligente y eso me encantaba, es que realmente ella resultó para mí una mujer casi perfecta.

Con esa calentadera que me hacía en el trabajo, luego descargaba toda mi leche sobre ella en las noches. Un día le propuse algo…le dije que usara uno de los juguetes que teníamos para nuestras sesiones de sexo…que también los usaba ella sola y me lo comentaba al teléfono mientras lo hacía…pero bueno volviendo al hilo del asunto, que tomara uno de los juguetes y lo llevara dentro de su conchita al trabajo, básicamente fue así, nos despertamos temprano y me dio una rica mamada, yo me puse a jugar luego con su conchita, a lamerla, a jugar con su clítoris…a masturbarla con mis dedos…y ella me decía que siguiera que ya iba a acabar, entonces le pregunté “qué pasa si te dejo así putita?” y contestó “pues pueden pasar dos cosas, que vaya a terminar usando uno de mis juguetes en la ducha y no te deje ver de castigo o que me coja el primero que me encuentre el día de hoy”, a lo que respondí “y si te dejo así y te propongo un juego?”, así que le propuse dejarla así cachonda, en este tiempo la seguía dedeando, y que usara uno de los juguetes metido en su conchita todo el día y en la noche cogeríamos hasta el cansancio. No quería porque estaba muy caliente pero en un momento se decidió a hacerlo.

La acompañé a ducharse para asegurarme que no acabara lo que había empezado y yo estaba al palo, casi la penetro pero no sé cómo me aguanté, luego tomó unas bolas chinas que tenía y las metió a su conchita…estaba muy muy húmeda y gemía un poco, terminó de vestirse con un tanga, un pantalón tallado, sujetador y una blusita escotada…no se iba a poner el bra pero los pezones se le marcaban muchísimo y no quería que todos se dieran cuenta lo caliente que estaba…aunque creo que su mirada la delataba. Cada vez que caminaba me tomaba del brazo con fuerza “creo que voy a acabar con un gran orgasmo antes de llegar a la oficina”.

Ese día pasó con ganas de verga todo el tiempo, cada vez que podía me pedía que la cogiera, le daba vergüenza meterse al baño a masturbarse hasta correrse así que cada minuto estaba más caliente y le costaba disimularlo, cambiaba la pierna cruzada con frecuencia, luego me dijo que sentía rico el movimiento, así se estimulaba más pero tenía que parar cada pocos minutos para no acabar ahí mismo. Estaba muy mojada, por suerte andaba un pantalón oscuro, si no fuera así se habría notado mucho que estaba húmeda, yo palpé esa humedad sobre el pantalón y la froté un poco…”sos malo, me tienes así como perra en celo y me ponés más caliente” me dijo.

Cuando salimos del trabajo estaba como loca…me seguía pidiendo que la penetrara o que al menos acabara lo que empecé en la mañana y la hiciera correrse masturbándola, nos metimos al auto para regresar a su casa, yo me senté en el asiento del conductor y ella en el del acompañante, se sacó el pantalón para quedar sólo en tanga con la blusita, mientras viajábamos se sacó el sujetador y se puso la blusita encima, se iba tocando y poniéndose más caliente…lo que me calentó aún más y empezó a acariciar mi verga quería que yo me sintiera tan cachondo que se la metiera ahí mismo, comenzó a hacerme una paja por sobre el pantalón y me pidió que por favor me desviara por un camino oscuro, le hice caso y unos minutos después me dijo “por favor detente y cógeme ya que no aguanto las ganas de sentir tu verga en mí…por favor sólo detente y cógeme ya…no me hagas esperar más que llevo todo el día como una perra en celo…me siento como toda una puta y quiero ya sentir mi orgasmo…por favor no me hagas esperar más”. Al oír eso no pude esperar más, nos estacionamos y ella se puso a darme una mamada y yo le acariciaba la conchita desde mi asiento y jugaba con uno de sus pezones…le dije detente y sacate las bolas chinas…ella lo hacía y con cada bola que salía gemía y gritaba y decía cosas tan ricas que no se pueden escribir y que se sientan de la misma forma…cuando terminó de hacerlo me dijo…”por favor metela ya”.

Salimos del auto, yo con la verga fuera de mis pantalones y ella en tanga y blusa sin sujetador y nos acomodamos en el asiento de atrás…si a eso se le puede llamar acomodarse… y ella me montó…me cabalgó con furia, gemía y gritaba rico…”metela más duro”…”más profundo amor…cógeme duro como la puta que soy”…”quiero sentir tu leche llenándome la conchita” y yo se la metía sin piedad, la besaba, jugaba con sus tetas a como podía, le acariciaba la cola, le metí un dedo por la cola y le dije “la próxima vez me vas a dar ese culo para que te lo rompa”… y contestó ” pero soy virgen por la colita…temo que me duela”, le repliqué “te gusta comportarte como una putita conmigo…la próxima vez me darás la cola”…se quedó sin decir nada y gimiendo como animal en celo, pidiendo que no me detuviera y cuando dijo “estoy a punto de acabar”…paré un segundo…”sigue por favor” me pidió, así que se la volví a meter duro por un par de minutos y acabo largo y rico gimiendo de placer…yo estaba sin acabar así que me chupo la verga hasta tomarse toda mi leche saboreando también sus jugos…”pronto me vas a entregar tu colita” le dijo y se quedó callada abrazándome y moviendo la cabeza afirmativamente.

Así estuvimos un rato hasta que nos vestimos y nos dirigimos de nuevo a la casa donde descansamos ya que Diana se sentía agotada del día tan cansado que tuvo, aunque le encantó ese día…

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Diana…mi putita caliente

Es difícil comenzar estas historias, pero tan pocas veces se encuentra una mujer tan caliente y tan buena que valga la pena contar algunas de las experiencias que creo es mi deber hacerlo…porque no se imaginan cómo es Diana, es una diosa. Voy a intentar describirla aunque no creo que pueda expresar lo buena que está…digamos que es ese tipo de mujer que despierta en mí las mayores perversiones, que el día que la conocí pensé “quiero cogerla fuerte, es que de verdad me encantaría cogerla como si fuera una película porno”.

Pero bueno a ver si logro describir a Diana, tiene un rostro hermoso, me encanta su mirada sobre todo cuando está cachonda, inclusive me gusta su forma de reír y el timbre de su voz, esta chica mide como 1.70 y es flaca pero tiene suficiente carne para ser considerada una de esas mujeres sexys, es que de sólo recordarla me empiezo a calentar, un cuerpo de campeonato mundial, tiene unas tetas que me caben perfectamente en las manos y más bien sobra un poco de carne que dan ganas de chupar y de morder y de lamer…ufff unos pezones deliciosos, rosaditos que en este momento lo que quiero es lamerlos hasta el cansancio. Unos muslos bellísimos y una cola…uff pero que cola, cuando la vi dije…me encantaría rompérsela, pero es que de verdad cuando la conocí sólo podía imaginarla amarrada a mi cama y llena de leche pidiendo más verga.

La conocí en el trabajo, llevaba tacones altos, un pantalón tallado y una blusa con un escote que me puso loco, casi se le salían las tetas y yo pasé todo el día admirándola, realmente tenía la ilusión de que ese escote revelara más que su intención pero no sucedió. Nos pusimos a hablar y me di cuenta que no sólo estaba hecha una diosa sino que era inteligente y me caía bien, nos reímos montones, pasaron los días y claramente yo no pude aguantarme las ganas y la invité a salir, al principio dudó un poco pero aceptó. Admito que estaba nervioso de encontrarla fuera del trabajo, ella me gustaba pero yo no sólo quería una mujer que me gustara, quería una que fuera una putita además, que le gustara coger rico, que pudiéramos disfrutar ambos de una buena cogida, que se prestara para uno que otro jueguito perverso que me pidiera verga y me mantuviera cachondo pareciendo una dama pero siendo una perra y no sabía que esperar con ella.

Nos encontramos y ella se veía espectacular…y no voy a entrar en detalles acá pero digamos que las cosas salieron bien y estábamos de vuelta en su apartamento ella sobre mí en el sofá besándonos, desde que la vi yo estaba con ganas de meterme entre sus piernas, de sentir esa conchita, de probar sus tetas, de sentir el calor de su cuerpo y estaba con la verga a tope…ella se frotaba contra mí y me ponía más duro si eso era posible, tenía sus piernas abiertas y se movía tan rico, le encantaba sentir mi verga dura, yo empecé a jugar con sus tetas, las que me tenían loco desde el primer día, la blusa no le duró mucho puesta y no andaba sujetador, no pude evitar ponerme a estimular sus pezoncitos, a lamerlos y apretarlos, y no tardaron mucho en ponerse duritos. Ella seguía frotándome, como cogiéndome en seco y me decía al oído “quiero verga…quiero sentir tu verga como me atraviesa…cógeme rico que quiero sentirte”.
Fue difícil pero me detuve, nos separamos por un momento y me levante del sofá con la verga marcada en mi pantalón…ella era una putita caliente, pero yo no sabía que tan putita y que tan caliente y quería probarlo, quería darme cuenta que tan perra podía llegar a ser, que tanto quería sentir como la penetraba. Ella estaba sentada en el sofá jugando con sus pezones y con las piernas abiertas y se quitó la falda, sólo andaba una tanga y me dijo que me acercara…me soltó el pantalón y empezó a darme una chupada de verga que si no ha sido la mejor de mi vida definitivamente llegó al top 3, la forma en que lamía, en que besaba, en que succionaba, como jugaba con mis verga y mis testículos…estaba excitadísimo y ella también. Le dije…”quiero ver cómo te tocas…quiero que juegues con esa rica conchita tuya” y ella se detuvo, yo le tomé la cabeza y empuje mi verga…ella se atragantó y volvió a lamer, me miró a los ojos y eso me puso a mil, la tomé con más fuerza por un poco tiempo y luego la solté. Ella se sacó mi verga de la boca y me dijo que prefería que yo jugara con ella, y le respondí…”si estás tan cachonda tócate…te prometo que luego vas a sentir mi verga penetrándote”.

Lo dudo un poco…quería que jugaramos los dos, pero luego de su pequeña duda abrió sus piernas y empezó a acariciar su conchita por sobre la tanga a jugar con sus pezones, a lamerse un poco y me pedía que se la metiera o que al menos la dejara chupar y yo estaba demasiado caliente pero esperé y ella metió su mano dentro de la tanguita y empezó a masturbarse bien rico…me acerqué y le quité el tanga para poder ver como se tocaba y yo con la verga a mil empecé a tocarme un poco y ella me decía que la dejara tocarme, que la dejara comer de mi verga y en ese momento le dije, pídemelo como toda una putita y te dejo comer verga, con su respuesta me daría cuenta que tan perra podía ser mi preciosa y cachonda Diana y me dijo “deja a tu putita caliente comer de tu rica verga”…con eso me di cuenta que podía hacer con ella lo que quisiera, así que la recompensé dándole verga para que chupara.

Me hizo soltar buena leche y se sacó la verga para que le cayera en las tetas aunque un poco también le cayó en el rostro y ella como una buena perrita la recogió y se la tomó toda para luego seguir chupándome hasta ponerme duro y me dijo “ahora quiero que me la metas” mientras se ponía en cuatro…yo espere un segundo y ella agregó “dale a tu putita una buena cogida” así que no pude más y empecé a penetrarla con fuerza, la tomé del pelo y le empujé la verga fuerte y profundo por unos minutos ya cabo rico y gritando, como ya había acabado una vez pude seguir cogiéndola por buen tiempo y ella gemía y gritaba como una perrita caliente, seguía pidiendo verga y me pedía con más fuerza, le encantaba y quería más…a mí me encantaba darle el gusto, logré que se corriera de nuevo y cuando ya iba a terminar yo me pidió que me corriera en sus tetas con gusto lo hice y la vi probar mi leche una vez más.

Esa primera noche fue genial, aunque hubo muchas más y muchos juegos…tal vez la vez que me dejó romperla la colita por primera vez merezca otro relato, pero primero voy a dejar este hasta acá y ver que tal lo reciben los lectores de la página.

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Los hermanos de mi joven esposa II

Fueron las pasadas fiestas decembrinas cuando la familia de mi esposa vinó a la casa, yo al saber que pasarían con nosotros el 24 y 25 de diciembre, estaba que no cabía de contento, tanta felicidad seguro debía de ser pecado.

Primero llego Carlos con su novia Liz, luego llegaron mis suegros, y por ultimo hizo su arribó Luis quien venía acompañado de su prometida Claudia y de sus jóvenes cuñados Cristian Alixander, Alfonso y Brighton, todos ellos de ojos azules igual que Claudia, eran delgados, de pelo semi rubio, de piel blanca, y facciones finas, y por lo visto eran bastante alegres, porque enseguida empezaron de parlanchines. Otra cosa curiosa es que todos se veían de la misma edad, lo cual me desconcertaba, pero decidí no hacer ningún comentario al respecto.

Todos habían llevado vivires para enriquecer la cena de navidad, pero él que se destacó al hacer venado al horno fue Cristian quien estudiaba para ser Chef, yo nunca había probado el venado, me agradó la carne aunque un poco recia para mi gusto, tenía un muy buen sabor;

Como era de esperarse en cuanto supimos que estudiaba Cristian para ser Chef, le pedimos que nos preparara más cosas igual de suculentas, asintió enseguida y en cuestión de horas ya tenía todos los ingredientes listos para preparar jaiba, pez espada, una sopa de mariscos y empanadas de camarón, el solo hecho de pensar que comería camarón me hizo pensar que en la noche andaríamos todos como burros en primavera; De pensar que solo había dos mujeres y 7 hombres eso sería una verdadera orgia.

Pasaron las horas y el hambre ya empezaba a ser demasiado evidente, pues en nuestras platicas el tema de conversación giraba en torno a la comida, que si alguien habían preparado tal o cual cosa, que cual era la comida más rara que habíamos degustado, etc, etc, por ello decidí ir a la cocina haber en que le podía ayudar a Cristian y aprovechar para comer algo de lo que estaba preparando, debido al calor que hace en la cocina, vi a Cristian sin camiseta, se le marcaba bien sus músculos del abdomen y su pans se le ajustaba marcándole el contorno del calzón, y dividiéndole las nalgas, no sé cuánto tiempo me quede como hipnotizado observándole, pero fue evidente, porque el, a pesar de darme la espalda, sonrió soltando una leve risa y me dijo – “¿estarás todo el tiempo observándome el culo o vendrás a ayudarme a terminar la cena?”, yo también solté una risa nerviosa por ser tan obvio, y me acerque a ayudarle, le ofrecí una disculpa, él me dijo que no había problema, que no le quitaba yo nada con verle, que ya estaba demasiado acostumbrado a que lo vieran de esa forma, por eso no le daba mucha importancia.

Continuo la cena todo normal, pero yo no podía dejar de pensar en Cristian, a mi izquierda se encontraba Diana sentada y a mi derecha se sentó Cristian. Al paso de unos minutos por debajo del mantel deslice mi mano hacia la pierna de Cristian, si él se incomodaba mi estrategia era fingir que me apoyaría para levantarme, pero no se incomodó, solo sonrió un poco, así que empecé a subir mi mano, poco a poco hasta llegar a su entrepierna, y comencé a acariciársela sobre el pans, se le empezó a poner dura, y dejo de platicar tanto como era su costumbre, ya que empezaba a tener uno que otro espasmo de excitación, sus otros hermanos se dieron cuenta del cambio de actitud de Cristian, pero decidieron no decir nada, entonces decidí desamarrar su jareta del pans y meter mi mano, así lo hice y sentí su pene a traves de una pequeña tanga, eso me indicó que el iba preparado para buscar un encuentro así, entonces metí mi mano debajo de su tanga y le toque su pene, mismo que ya había lubricado por la excitación, empecé a subir y bajar su prepucio, así hasta que, me trataba de detener con la otra mano para que no siguiera, era inminente una eyaculación, saque mi mano tome 3 servilletas y la baje otra vez, y continúe masturbándolo lentamente hasta que se vinó en mi mano, pero las servilletas lograron absorberle su eyaculación.

Eenseguida me levanté y me fui al baño, no precisamente a tirar las servilletas, más bien quería saborear sus esperma, me las metí en la boca en cuanto estuve en el baño, su esperma sabía muy dulce, me gustó mucho, luego de que tome todo lo que pude, tire las servilletas al escusado y me lave la boca, regrese a la mesa, y me incorpore a la convivencia, note que Cristian estaba algo sonrosado, quizá se sentía mal por lo que pasara unos minutos antes, entonces le puse otra vez mi mano en su entrepierna y note que no había anudado la jareta del pans, por lo que mi mano incursiono una vez más en su entrepierna, así que le toque su pene, el cual ya estaba flácido y retirándole el prepucio con un dedo empecé a sobarle el glande, creo eso lo éxito muchísimo, porque con su mano me toco también mi pene, y tuve que detenerle pues se podía dar cuenta mi esposa. Después fui a sacar colchones inflables y a extender el sillón cama para que pudieran acostarse nuestros invitados, en la recamara principal nos quedaríamos mi esposa y yo en la cama matrimonial y en un colchón con ruedas se quedarían mi cuñado Luis y su prometida Claudia, en el otro cuarto se quedarían mis suegros, en el sillón cama de la sala se quedaría mi cuñado Carlos y Liz, y en tres colchones inflables se quedarían Cristian, Alfonso y Brighton. Al otro día me levante como a eso de las 6am al baño y decidí ir a la cocina por un vaso de leche, pero volteé a la sala y gracias a que tenían prendida la luz de una pequeña lamparita, daba una luz muy tenue pero que servía para alumbrar los contornos de las personas y un poco más, vi que mi cuñado Carlos estaba en un colchón inflable junto con Brighton, y su novia Liz dormía muy profundamente, lo cual me hiso suponer que le dio pastillas para dormir, Alfonso hacia como que dormía pero estaba al pendiente de lo que pasaba con su hermano Brighton, y Cristian el me seguía con la mirada, decidí acercarme a Cristian, y en ese instante el levanto sus cobijas invitándome a meter con él, pude ver que estaba completamente desnudo, y luego le pregunte si podía llamar a sus otros hermanos, él se sorprendió, y se portó indiferente, así que me incorpore y fui a donde estaba Alfonso, lo toque, y el brinco de lo nervioso, empecé a desnudarle, podía sentir su temblor, no sé si de miedo o de excitación, luego le di un beso en su boca, y cuando lo tuve desnudo le hice sexo oral tanto en el pene como en el culito, luego le dije que se pasara al colchón de Cristian, y me fui con Carlos y Brighton, me metí en medio de los dos, y empecé a meterles mano, luego Carlos ya quería penetrarme y yo le hice la seña que fuéramos al colchón donde estaban Cristian y Alfonso, se pararon Brighton, y Carlos y nos reunimos en el colchón los 5, y empecé a penetrar a Cristian, mientras Carlos penetraba a Alfonso, y a Brighton le metí el pene de plástico de mi esposa, por lo visto esos tres hermanos eran vírgenes, nunca habían estado con un hombre o con una mujer, por eso nos fue más fácil ganarles la voluntad de que se dejaran penetrar, empezaron a gemir al poco rato, y pensé que se despertarían los demás invitados, pero creo Cristian a mis suegros y a las mujeres les había echado una especie de pastilla adormilante , el único que se despertó fue Luis, y al vernos a todos cogiendo, decidió cogerse a Brighton, así estuvimos un rato, luego nos cambiamos de hermano y cogíamos a otro, hasta que logramos cogernos cada quien a los tres hermanitos, ni se diga las veces que eyacularon al ser cogidos, luego les hicimos nos chuparan el pene, al principio no querían, pero cuestión es que se animara Cristian que los demás también lo hicieron, con un poco de asco, pero lo hicieron, se notaba su inexperiencia, porque a veces como que querían morderlo, también terminaron haciéndonos sexo oral en el culo. Ya como a eso de las 8am nos fuimos a bañar todos juntos y mi cuñado Carlos le interrogo a mi cuñado Luis si sabía que sus cuñaditos les gustaba el pene y que por eso los había invitado?, a lo que Luis respondió – “como iba yo a saberlo, yo creo ni ellos lo sabían, pero ahora que lo experimentaron, seguro les gusta el camote”, lo que no dejamos fue que ellos experimentaran que se siente penetrar, quizá porque no queríamos que se nos acabara la oportunidad de penetrarles, ya que a ellos seguro que también les gustaría penetrar, pero ese gocé simplemente se los prohibimos, cada vez que querían darnos la vuelta para saber que se siente penetrar, nosotros nos reusábamos diciendo que aún no habíamos terminado, que quizá después dejaríamos a ellos que nos lo hicieran también, pero por el momento nosotros éramos los que habíamos iniciado y los que debíamos de quedar satisfechos. Por fin a las 10am dieron señales de vida mis suegros y nuestras mujeres, parecían todos aletargados, pero se compusieron luego de echarse un buen baño, dijeron que tuvieron pesadillas, y nosotros cambiamos la conversación, no vaya a ser que se dieran cuenta que todos escucharon los mismos sonidos y que cayeran en cuenta que no habían sido pesadillas, sino que había sido real. Otra vez en la tarde del 25 me ofrecí a ayudarle a Cristian, pero esta vez todos los demás idearon que también querían ayudar y que sería mejor que se fueran a hacer las compras las mujeres y mis suegros, que según esta vez las queríamos consentir, así que debía ser sorpresa lo que prepararíamos, y les indicamos que no regresaran hasta que les llamáramos, entonces se fueron al cine a matar el tiempo, y en eso nosotros nos apuramos a hacer la comida – cena y enseguida nos desnudamos, y nos empezó a grabar con su celular mi cuñado Carlos que ya para entonces tendría unos 19 años y los cuñados de Luis tendrían unos 18 años, todos empezamos a coger y probamos nuevas posiciones, en algunas la penetración era más profunda, Luis propuso usar condón, pero nadie le hicimos caso, ya que los muchachos habían sido vírgenes y nosotros no teníamos sida ni ninguna enfermedad de tipo sexual, pues decidimos hacerlo al natural, los chicos empezaban a ser más propositivos y después también empezaron a ser parlanchines igual que lo eran cuando platicaban sobre otras cosas, eso era novedad para mí, pues cuando tenía yo sexo con mi esposa casi no hablábamos según yo para no desconcentrarme, pero esa nueva experiencia rompió ese tabú que tenía yo y mis cuñados, y entonces esa orgia fue un verdadero jolgorio . Los cuñaditos de Luis aunque no les gusta mucho la mecánica se hicieron contratar por el dueño del taller como chalanes, y pese que se supone deben de ayudar a quien sea de los mecánicos, ellos solo están conmigo. Ya también se hicieron de novias, hasta se mandan cartitas de amor, y quizá si las estimen, pero su gusto por el sexo gay sigue igual de presente en sus vidas. Además ninguno de los 6 somos afeminados, es decir no se nos nota que somos gays, o bisexuales, no es como la gente piensa que son los gays, al menos nosotros somos normales como cualquier persona, pero con nuestro gusto sexual distinto, si a veces echamos un taco de ojo con algún buen galán que veamos, pero sabemos ser discretos, normalmente no pasa de unas miradas y ya.

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Relato 100 de Picante100

Vi el culo de Elena y de una vez, puse mi polla en su ano y la metí lentamente, Elena dio un alarido, descansé unos instantes, cuando se tranquilizó se la enterré entera en el culo abierto, ella gemía y gritaba, con mis dedos le acariciaba el clítoris, su orgasmo no se hizo esperar, al sentir mis dedos húmedos con su corrida me corrí tambien, llené su ano con abundante leche.


Ya llegó el relato 100 de Picante100, parece que fue ayer cuando comencé a escribir y ya han pasado muchos meses e incluso algún año. Para este relato no sabía que escribir pero voy a convertir en protagonistas a algunas de mis lectoras, sé que no serán todas, así que primero enumeraré a algunas, por lo menos a las más habituales a la hora de comunicarse conmigo. Está mi buena amiga María de Madrid, está también Estado Virgen (una gran escritora), Sherezade (una gran escritora también), Eva de Madrid que me ha dado muy buenos ratos y fue la protagonista de uno de mis relatos más leídos (La Bailarina) y Diana, chica bisex de Toledo, protagonista de una de las series de relatos que he realizado, y como ella se define y quiere llegar a ser, la más puta de la red, y una mujer encantadora.

Sé que me dejo a gente, pero en cuanto a lectoras éstas han sido las más habituales a la hora de comunicarse y algunas de las protagonistas de alguno de mis relatos, de todas formas desde aquí quiero dar un beso y un cariñoso abrazo a tod@s, lectores, lectoras, otros autores, webmasters de las páginas donde me han publicado relatos y a todo el mundo al que la lectura de mis escritos han provocado un sentimiento de placer.

Para celebrar mis 100 relatos en verano había establecido con unas de mis lectoras ir a una playa nudista del sur de la península (Para que quede claro no tienen porque ser ninguna de las que arriba agradezco su colaboración). Se habían embarcado en la aventura Nerea, Sherezade, Elena y por supuesto Diana que se apuntaba hasta a un bombardeo.

Las había esperado en la estación de tren más cercana y ahí vinieron las cuatro, iban a ser unas vacaciones impresionantes. Nada más llegar fuimos al bungalow que habíamos alquilado para pasar el mes de agosto, a poca distancia había una playa nudista que íbamos a frecuentar. A la llegada al bungalow como si un interruptor en nuestra libido hubiera sido encendido todos nos desnudamos quedándonos sin una sola prenda.

Como éramos un chico y cuatro chicas, para hacer la gracia Diana las dijo al oído algo a las otras tres chicas y se alinearon como si fueran la tropa y para seguir con el juego las pasé revista. Primero estaba Nerea, una chica de estatura menuda con un cuerpo voluptuoso con las curvas muy bien situadas, morena de pelo y unos labios carnosos que enloquecían al que los besaba, por supuesto los probé al pasar delante de ella. Luego venía Sherezade, castaña, ojos marrones y labios normales pero el conjunto de su cara parecía el de una niña muy pícara pillada unos besos húmedos y con lengua mientras con sus ágiles dedos repasaba mis pezones, Sherezade besaba los pezones y acariciaba el ombligo y la cintura, Elena me besaba la polla y los huevos y acariciaba los muslos. Diana por último besaba y adoraba mis pies y acariciaba lo que quedaba. Luego boca abajo fue lo mismo y en el mismo orden.

Me habían puesto como una moto, así que para relajarnos sugerí que fuéramos a la playa, nos pusimos solamente la ropa necesaria para no dar el cante en la playa y cuando llegamos a ella nos desnudamos, colocamos las toallas y al agua nos metimos corriendo. Siempre había pensado que Diana era la más volcánica de todas, pero nunca pensé que tanto. Estábamos bañándonos y Sherezade se me acercó y comenzó a besarme, mi polla no tardó en empalmarse y entonces Elena se agachó debajo del agua y cogiéndola con la mano y acariciándola consiguió que no se arrugase al contacto del agua y comenzó a besarla y a masajearla mientras me masturbaba con la mano primero y luego con la boca, yo acariciaba a Sherezade los pechos mientras la besaba apasionadamente.

Miré a mi alrededor y vi como Nerea tenía la vista como perdida, pero era porque Diana se había arrodillado detrás suyo y la estaba haciendo un beso negro. Se giraron para que yo pudiera observar el espectáculo, la abría las nalgas con las manos y primero pasaba la lengua a lo largo de la raja del culo para cuando llegaba al ano pararse y darle pequeñas puntaditas que hacían que la chica jadease. Diana con dos dedos mientras tanto la masturbaba. Así estuvimos un rato pero como nos dimos cuenta que aquello llevaba mal camino salimos del agua y fuimos a una duna que había tras la cala donde no nos podía ver nadie y así dar rienda suelta a nuestras fantasías.

Llegamos y Diana se abalanzó sobre Nerea la tumbó boca arriba y ella se puso a horcajadas sobre ella en un 69 perfecto. Mientras tanto yo me coloqué también boca arriba pero esta vez fue Sherezade la que me fue lamiendo la polla mientras Elena se colocaba sentada sobre mi boca y yo le abría el coño como si de una almeja se tratase y le pasaba la lengua a lo largo de ella comprobando lo mojada que estaba, con un dedo le acariciaba el ano cogiendo parte de estos flujos y lubricándoselo con el. Las dos mujeres me la mamaban a dúo mientras una me cogía con su boca los huevos la otra lamía el falo.

Yo miraba al lado y veía como Diana y Nerea estaban en una competición por ver quien se daba mayor placer. Yo me solté de las dos mujeres que me daban placer y cogiendo a Diana y poniéndola a cuatro patas se la clavé de un solo golpe en el coño mientras ella comía el conejito de Nerea, lo repasaba empezando por las ingles y haciendo movimientos que terminaban apretando el clítoris con sus labios.

Mientras Sherezade me lamía a mí el agujerito trasero con suma maestría haciendo que me pusiera cada vez más caliente y Elena colocaba su coño encima de la boca de Nerea que jadeaba cada vez más y ayudaba a Diana a comer el coño de la chica. Yo salía del conejito de Diana después de conseguir que ella se corriera y penetraba a Nerea de una sola estocada colocando sus piernas en mis hombros comenzaba a follarla, Diana sustituía a Sherezade comiéndome el culito y Sherezade y Elena se colocaban sobre la boca de la chica que yo me follaba para alternarse y recibir su lengua en sus conchitas.

Cuando terminaba de llevar a Nerea al orgasmo sacaba mi polla y vi el culo de Elena que lo tenía justo delante y lo vi bastante mojadito y brillante así que resbalé mi polla entre sus piernas como masturbándome con sus muslos y de una vez, puse mi polla en su ano y la metí lentamente, Elena dio un alarido, descansé unos instantes, cuando se tranquilizó se la enterré entera en el culo abierto, ella gemía y gritaba, le bombeaba y con mis dedos le acariciaba el clítoris, su orgasmo no se hizo esperar, al sentir mis dedos húmedos con su corrida me corrí también, llené su ano con abundante leche… quedamos los dos exhaustos,  Una pareja joven se acercó y el tío dijo:

-Me parece que vas a necesitar ayuda.

Yo le dije que no, pero que si lo que quería era follar con nosotros que esa noche les esperábamos en nuestro bungalow y le di la dirección.

Bueno lectores y lectoras de mis relatos este ha sido mi relato número 100, pero como veo que puede dar más de si pues le continuaré en próximas entregas, es imaginario, pero si queréis podéis escribirme, sobre todo mujeres.

Autor: Picante100

Picante100@hotmail.com

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Si él puede yo también

Quería que yo le chupara su pene, así que sin desvestirnos le bajé el pantalón, me arrodillé y se lo empecé a mamar, él gozaba, apenas gemía, de repente se vino dentro de mi boca, me llenó parte de la cara de semen y el resto me lo tragué, ya me había acostumbrado con Albeiro, y me tomó, chupó mi culo y me enterró, ni siquiera me lo metió por la vagina.

Un saludo a todos, he leído esta página de casualidad y me gustó, hoy quiero contarles mi historia. Yo siempre me he reído del machismo, de cómo los hombres creen que al tener otra mujer se creen reyes, pues bien nosotras también tenemos el derecho de hacerlo, solo que no lo divulgamos. Ojalá este relato lo lean mil mujeres. Me llamo Diana, soy venezolana, pero vivo en Colombia desde los 2 años de edad, eso si se los digo no soy bonita, mido 168, soy delgada, mi nariz es chata, mi cabello color café, ojos normales, piel canela, tengo 28 años no muy buenas curvas, pero así uno que otro me piropea, soy casada hace 5 años.

Esto comenzó cuando tenía 23, hace cinco años, todos los hombres siempre tienen un compinche o un amigo, de los cuales se hablan de las viejas que han tenido, de sexo hasta hablan de sus esposas, muy bien lean con detenimiento, mi esposo tiene varios amigos así, uno de ellos se llama Omar se conocen desde chicos, tienen la misma edad, 30 años, antes de casarnos, su amigo, siempre andaba con nosotros, él con su novia y mi esposo y yo, él un día me llamó a la casa y me dijo que quería hablar conmigo, pensé que era de Javier (mi esposo), le dije que viniera a mi casa, que estaba sola con mi mamá, él llegó como a la media hora, le hice seguir.
Mi mamá estaba recostada, le pregunté que era lo que tenía que decirme, antes que todo me hizo prometerle que no le diría nada a nadie, después que lo prometí, oh sorpresa, empezó a decirme que yo le gustaba mucho, que sabía que estaba a punto de casarme con su amigo, pero que me quería, que soñaba conmigo, yo solo pude decirle que no fuera tan descarado, que él tenía su novia y que yo ya me iba a casar, él me insistió tanto que yo nerviosa, y con alegría de saber que aún atraía a otro hombre le dije que se fuera, que olvidáramos eso, me casé, el día de la fiesta Omar me sacó a bailar y me empezó a decir que estaba muy bella, que me deseaba con toda su alma, le dije que por favor se callara, que me irrespetaba, que eran efectos de los tragos, pero en realidad él no tomaba, así que hablaba en serio.

Pasamos así la noche, como al mes me enteré que mi esposo andaba con una mujer, así que llamé a Omar, le dije que siendo el mejor amigo de Javier, y que supuestamente yo le gustaba, necesitaba que me dijera la verdad, así que después de un tiempo de negarlo me dijo que si, que él hasta ahora estaba en conquista de una muchacha cerca del trabajo de ellos, lo normal como tonta lloré un tiempo, a los dos días Omar me pidió que habláramos, me citó en un pequeño restaurante, volvió a repetirme, lo mucho que me quería, yo con rabia de mi esposo le puse cuidado de un momento a otro se me acercó y me besó, yo me dejé sin protestar, le dije que esto era algo raro que había pasado, que lo olvidara.

Regresamos, nos sentamos en el sillón, él se apretó junto a mí, sentía su calor, me dio un beso, quise protestar pero lo acepté, al fin de cuentas mi marido no me era lo fiel que me había prometido, me dio otro beso, esta vez en los labios, se lo devolví, realmente estaba muy caliente, la conversación anterior y sus besos aumentaron mi calentura, él no desaprovechó y me dio un beso en una de mis tetas, sentí como un escalofrío y lo apreté más a mi, noté que su bulto ya era enorme, se lo acaricié mientras él me desnudaba, saqué su verga, era gruesa y muy venosa, él bajó mi última prenda, y metió su lengua en mi vagina…

Me la chupaba mejor que mi marido, yo gozaba de lo lindo, me acomodó sobre el sofá y me enterró su pene, en verdad me dolió, era grueso, yo gemía como prostituta pero gozaba, se derramó dentro de mí, sentí su leche, me volteó y me iba enterrar por detrás pero le dije que no, que aún era virgen, terminamos en la ducha después me fui para la casa.

Seguí saliendo con él, como a los tres meses de estar con Omar, llegó un muchacho a trabajar donde yo trabajaba, era alto, medía como 1.72, era moreno, de ojos cafés, buen cuerpo, yo lo llevé a presentarlo a toda la compañía, seguimos hablando, tanto nos la pasábamos que un día se me declaró, yo lo acepté enseguida pues era muy simpático le dije que era casada, dijo que no le importaba, llevábamos quince días de salir y me invitó a un bar, fue un jueves, me tocó inventar excusas para escapármele a mi esposo y a Omar, nos fuimos a las 3 de la tarde, era horario de trabajo. Alberto como era mensajero pues nos encontramos, nos tomamos una cervecita y bailamos, él me apretaba con fuerza y yo me dejaba oprimir por sus brazos y sentía su paquete por encima de mi ropa, a las 5 de la tarde salimos, yo estaba excitada y mareada, nos fuimos a una residencia (Hotel), entramos al cuarto él me abrazaba y me besaba.

Me llevó a la cama y de inmediato empezó a chupar mis senos, los dos nos fuimos desnudando, me desvistió toda y que sorpresa cuando él quedó sin ropa, tenía un pene como de 23 cms y gruesa,  era negra, bajó su lengua a mi vagina, cuando yo estaba ya un poco dilatada acercó su pene y me lo fue metiendo, era muy grande, yo lloré del dolor, pero me alegraba tener todo eso para mí sola, cuando ya me lo enterró toda yo sentía como un tronco, empezó ese mete y saca, yo estaba gritando de placer y dolor, cuando se derramó dentro de mí, me dejó tanta leche que yo la sentía fuera de mi vagina, me la sacó, yo estaba adolorida.

Vi como su pene estaba en reposo pero aún así era enorme, así que me acerqué e hice algo que nunca había hecho. Lo tomé en mis manos y empecé a chupárselo lo tenía con mis dos manos y empecé a notar como crecía en mis manos, yo lo chupaba mientras él metía sus dedos en mi vagina, nos acomodamos como un 69 pero él comenzó a chupar mi cola, metía su lengua enorme y poco a poco metía su dedo, después él se puso encima mío y de nuevo metía sus dedos en mi culo, me ardía la vagina, él logró meterme tres dedos, de nuevo me chupó el culo, pero esta vez me ensalivó toda.

Al ver sus intenciones le dije que no lo hiciera pero él acercó su pene y fue hundiéndolo poco a poco en mi culito, yo grité al sentir como entraba, sentí como si mi culo se reventara, no podía más del dolor así que empecé a insultarlo y cada vez lo tenía más adentro, de repente ya mi culo estaba abierto y sentía correr algo entre mis piernas y era sangre, me había roto, me lo metía y lo sacaba, de repente sentí como su leche me bombeaba, era tanto semen que me salió de mi culo y se confundió con mi sangre, nos fuimos a la ducha, llegué a casa, me ardía mi vagina y mi cola, me tomé unas aspirinas, les confieso que duré adolorida más de una semana, esos días me negaba a tener relaciones con Omar y mi esposo.

Seguí saliendo con este chico casi 6 meses, con Omar duré casi el mismo tiempo pues Omar se fue del país, Alberto se retiró de la empresa y a los 20 días se fue mi último amante. Desde ese momento me juramenté no perder oportunidades, de no ser boba y serle fiel a Javier cuando él tuvo una aventurita recién casados, conocí a otro chico, me invitó a comer, así que acepté, él me conquistó con regalos, joyas, me trataba muy bien,  a los dos meses me lo pidió, yo le dije que sí, me llevó a una residencia muy fina, allí llegamos, me dijo que él quería cumplir una fantasía conmigo, le pregunté que cual era, dijo que quería que yo le chupara su pene, así que sin desvestirnos le bajé el pantalón, me arrodillé y se lo empecé a mamar, él gozaba, apenas gemía, de repente se vino dentro de mi boca, me llenó parte de la cara de semen y el resto me lo tragué, ya me había acostumbrado con Alberto, y me tomó, chupó mi culo y me enterró, ni siquiera me lo metió por la vagina, seguí con él tres años.

Hace un mes mi hermana me presentó a un amigo suyo, muy guapo, alto, como de 1.74, buen músculo, mi hermana me contó que él un día le hizo sexo y que la hizo gritar, ¡me intrigó tanto!, esa misma tarde él me empezó a hablar de muchas cosas, yo me tomé unas cervezas con él, me llevó a su apartamento, allí me hizo el calentamiento de rigor, pero esta vez fui yo quien tomó la iniciativa, me fui agachando hasta encontrar el cierre de su pantalón donde escondía aquello que hizo llorar a mi hermana, lo saqué de su encierro, era enorme, grueso muy cabezón y rosado, se lo empecé a chupar, él cerraba sus ojos sintiendo placer, a todos los hombres les encanta eso, se lo chupé como si se me fuera acabar, de repente sentí que ya me iba a lanzar su semen apreté bien mis labios pero su semen era tanto que escurrió por los lados de mi boca…

Me acostó en el suelo, me desnudó toda, me dijo que me daría por detrás, le dije que lo hiciera, me puso como perrito, pero como ya mi culito habia probado varias vergas entró como si nada, pero su verga era tan cabezona  que la sentía casi en mi estómago, esperaré a ver cuánto dura esto, no me importa si mi marido se entera de esto, yo era muy fiel pero él me la jugó a mi. A todas las mujeres les digo no nos dejemos del yugo machista de los hombres, si ellos lo hacen nosotras también podemos…

Autora: Diana

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Seduciendo a mi suegra IV

Metí la nariz todo lo profundo que pude para saturarme de la fragancia de hembra que se desprendía y comencé a comerme, casi literalmente, su sexo. Absorbí su clítoris entre los labios, lo lamí, lo mordí de forma delicada. Introduje mi lengua dentro de su vagina, cada vez más hondo, follándola como si mi lengua fuera mi pene. Jimena volvió a enloquecer con lo que le estaba sucediendo.

Las Vecinas.

Esa mañana me había despertado Tina que acariciándome la verga. Cuidando de no molestar a Rosa la cogí entre mis brazos y la entré en el baño con los suyos alrededor del cuello mientras ella me besaba. Miré en el espejo nuestra imagen y aprecié morbosamente su cuerpo, disfrutando de la forma, volumen y textura de sus nalgas y sus rollizos muslos.

En la ducha la puse con las manos apoyadas en el muro y empapada mi mano con crema me apoderé de su culito embadurnándolo. Primero con la palma y después con uno, dos y tres dedos sucesivamente haciendo que su ano se dilatara. Tina susurraba quedamente:-Rómpeme el culo, mi amor, es para ti. Me excité tanto al oírlo que colocando mi polla en su lubricado esfínter la empujé entrando de a poco hasta ensartarla toda dentro de ella y desflorar ese culito virgen. A la vez, mientras la abrazaba para follarla mejor, los dedos de la mano libre se apoderaron de su chucha buscando la zona sensible del interior de su vagina. Su culito era tan prieto que me aprisionaba el pene sin dejar que acabara en él.

Sentí su orgasmo por los espasmos y fluidos de su conchita. Saliéndome la arrodillé ante mí y sin una palabra se tragó mi verga. Asiendo su pelo comencé a follar su boca. Tina ayudó a mi placer dejando su boca blanda, bien abierta y chupando con su lengua que se enroscaba sobre mi pene hasta que estallé dentro. No perdió ni una gota. Cuando acabé del todo la polla quedó fláccida y me entraron ganas de mear. Salió un torrente caliente que bañó sus tetas durante largos segundos.

Como a las cuatro de la tarde abro mi correo personal y leo el E-mail de Diana:- Hola mi amor ¿Cómo estás? Estoy preñada de 10 semanas. Me siento muy feliz. . ¿Me follarás cuando esté gorda? Mi culito y mi coñito echan de menos tu polla.

Como soy un devoto del sexo, o quizá un enfermo de él, la primera reacción la noté en mi pene: se puso duro de repente. Me imaginé a mi puta con las tetas hinchadas por la leche y el vientre redondo con la piel tensa. Ordeñaría esos pechos henchidos, bebería esa leche. Mentalmente la coloqué como una perrita y rememoré sus dos orificios: la chucha con sus sobresalientes labios y el maravilloso agujero de su culito. Me entraron unos locos deseos de follarme a una buena hembra. A una hembra madura. Ellas eran las que excitaban mi más morbosa pasión.

La segunda reacción fue proceder a comprar comprimidos del día después para las dos panochitas. Y también dos kits anticonceptivos: no quería más bebés. Y si había dejado preñada a Diana, con sus 43 años, las probabilidades de dejar en el mismo estado a cualquiera de mis dos chochitos crecía exponencialmente.

En el momento que estaba desembalando el paquete para comprobar si se correspondía con lo que había pedido, mi secretaria me anunció que la Sra. Jimena de X (la mujer de mi vecino inglés Charles X) estaba en la oficina y pedía verme y que como era la hora de salida ella era la última y que si yo deseaba algo que ella debiera hacer.Hice pasar a Jimena, nos saludamos con dos besos en insinuados en las mejillas, la invité a sentarse el sofá, le rogué que de excusara un momento y salí para hablar con Celia sobre algo que deseaba que hiciera primera hora del día siguiente.

Al entrar de nuevo la vi inclinada sobre mi mesa de trabajo contemplando una pequeña terracota de una mujer desnuda regalo de un amigo artista. Estatuilla que me sigue a todas partes. Mientras, yo tuve unos segundos para contemplarla: llevaba puesto un vestido camisero de color claro, de esos abotonados por delante con un cinturón ancho de cuero negro resaltando un culo grande y precioso. Al girarse aprecié también sus atractivas tetas. No sé qué número de brasier usaba pero mostraban su gran volumen y densidad. Llevada el rostro bien maquillado, el pelo recién arreglado en la peluquería. Lo visible se completaba con zapatos de aguja y medias de malla amplia.

-Mi amor, Charles te pide que le disculpes su tardanza.

Habíamos quedado citados para estudiar unos documentos y más tarde ir a cenar los tres juntos. Jimena continuó hablando con ese deje chileno tan delicioso:-Tardará una media hora. Pero, Carlito, te tengo que reprender muchííísimo mijito. Dejas que una mujer, curiosa y chismosa por naturaleza, pueda curiosear tus cosas íntimas.

Al instante supe que había descubierto la preñez de Diana y sus frases soeces y mis relaciones con Tina y Rosa. Lo confirmé cuando Jimena continuó:-Diana ya me dijo que esperaba tu bebé pero no sabía que se lo hacías anal ni que te culeabas a las empleadas. Maldiciéndome por mi falta de cuidado le pregunté, con una sonrisa, qué pensaba. Me contestó, entre risueña y bromista:-Pienso en  varias cosas muy sucias. Lo primero comportarme como una guarra ramera y follarte ya.

Se acercó y poniendo sus dos manos en mis nalgas las apretó con fuerza a la vez que me plantaba un morreo sin preocuparse de estropear el carmín que llevaba. Su lengua, literalmente, me invadió. Tras unos besos apasionados me empujó haciéndome sentar en el sofá. Yo permanecía paralizado, asombrado, esperando su próximo avance.

Se colocó a horcajadas sobre mí abriendo sus piernas y apoyando las rodillas en el borde del sofá. Comenzó por deshacerme el nudo de la corbata y la arrojó al suelo. Desabotonó la camisa mientras, inclinando su cabeza besaba y mordía mi cuello. Por un momento se detuvo para mirar las marcas que iban dejando sus dientes. La notaba febril, con los ojos brillantes, finas gotas de sudor perlaban su labio superior y su frente y un rictus lascivo lucía en su rostro.

Sacó la camisa y desabrochó mi cinturón. Siguió bajando la cremallera y, después, introduciendo los dedos entre la piel y la ropa, con un brusco tirón, deslizó a la vez pantalón y calzón dejando mi verga y mis bolas al aire. Tras arrodillarse apoyada en el suelo se tragó mi polla y la mamada fue esplendorosa. Jimena la chupaba como una viciosa, su lengua se deslizaba acariciando deliciosamente desde el glande a los testículos y llegando cerca de mi ano, buscándolo y cuando lo encontraba me introducía la puntita y me daba chupetones circulares. Con una mano me apretaba la base del pene evitando que estallara dentro de su boca. En un momento yo no pude más: quería derramarme pero ella sabiamente lo evitaba. Experimenté a la vez dolor y placer, intensos, enloquecedores. Por fin se tragó mi polla y aflojó la presión de su mano y entonces estallé en un gran orgasmo. Duró largos segundos y la verga palpitaba como un potro desbocado.

Jimena se tragó todo el semen y lamiéndola después me la dejó seca y limpia. Mientras yo me reponía de la agresión ella se puso de pie y me dijo:-Este es mi primer regalo y ahora te voy a mostrar el segundo. Se iba desnudando: primero el cinturón, después se desabotonó el vestido, se desabrochó el brasier dejando libres grandes tetas, esplendorosas, algo caídas por su propio peso pero las más deseables de todas de las que yo había disfrutado. Le pregunté si ese era mi segundo regalo. Dijo:-No y procedió a deslizar su calzón. Se inclinó para sacárselo y al enderezarse lo vi: su coño estaba hinchado y húmedo y cubierto de un vello tupido y sedoso.

-Este es mi regalo, me he dejado crecer los pelitos para ti como me pediste, mi amor. Ahora quiero tus dádivas de placer.

Terminó de desnudarme y me hizo tumbar boca abajo sobre la alfombra colocándome unos almohadones bajo mi cabeza. Ella se quitó las prendas que le quedaban y comenzó a pasarme la lengua por todo el cuerpo y a mordisquearme de forma absolutamente deliciosa. Tras esto me hizo ponerme a cuatro patas, introdujo su cabeza entre mis nalgas y se dedicó a chuparme el culo. Una vez que notó relajado mi esfínter y, untando los dedos con su saliva, procedió a introducir primero uno solo y después otro dentro de mi culo.

El efecto fue casi inmediato: mi polla creció y se puso muy dura. Al notarlo Jimena me la acarició e hizo que me colocara boca arriba sobre el suelo y en la postura apropiada guió con su mano mi verga hasta encajarla a la entrada de su cueva y lazando un gritito se ensartó en ella. Mi pene entró en su vagina como un cuchillo en un bloque de mantequilla que se derretía. Comenzó a cabalgarme: primero despacio para terminar follándome a un ritmo salvaje.

Era excitante verla: las tetas se movían al compás de su follada y aproveché para estrujarlas y pellizcar sus pezones. Sin permitir que mi polla saliera de su vagina se giró y siguió cabalgando apoyando las manos sobre mis piernas pero ahora de mostrándome sus redondeados brazos, una espalda bien formada, la cintura bastante más estrecha que sus poderosas nalgas, sus rollizos pero torneados muslos y, sobre todo, quedé extasiado con la vista de su precioso y sonrosado agujero del culo. Jimena siguió su galope hasta llegar al éxtasis final: un orgasmo fuerte y largo acompañado de un contenido grito.

Sentí como su vagina palpitaba lanzando un río de fluidos que me empaparon el vello púbico y los testículos. Deseé de inmediato saborear su coño, comérselo. Apretando sus cachetes la hice girarse y la atraje hasta que su vulva quedó sobre mi rostro. Estaba dilatada, abierta, exquisita. Metí la nariz todo lo profundo que pude para saturarme de la fragancia de hembra que se desprendía y comencé a comerme, casi literalmente, su sexo. Absorbí su clítoris entre los labios, lo lamí, lo mordí de forma delicada. Introduje mi lengua dentro de su vagina, cada vez más hondo, follándola como si mi lengua fuera mi pene. Jimena volvió a enloquecer con lo que le estaba sucediendo.

Se libró de mi boca, se giró de nuevo de espaldas a mí, que estaba tendido en la alfombra y con su mano guió mi verga hasta colocar el glande en la entrada de su culo y la hizo entrar poco a poco aguantando el dolor de tan excitada como estaba, cabalgándome, gritando sin contención, perdiendo casi el sentido.

Acabé dentro culo con la leche que me quedaba y, casi al mismo tiempo, le llegó otro orgasmo intenso, mojándome otra vez la entrepierna y los testículos.

Caímos casi desmayados el uno junto al otro sobre el suelo. Jimena me dijo:

-Hoy has cumplido alguna de mis fantasías…pero no todas.

Autor: Carlos

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Diana y Jana, las turistas

Yo embelesado miraba la excitante escena de las dos morréandose a un palmo de mi cara. Tras unos instantes Diana acompañó la cabeza de Jana hasta posar sus labios en mi glande, Jana le fue susurrando al oído lo que debía hacer y Jana terminó abriendo sus labios entregando su cálida boca a mi palpitante verga henchido de gozo al sentir el contacto de su humedecida lengua.

Acababa de dejar a mis amigos en el terminal B del aeropuerto de Barcelona. Eran las 15:00 en pleno verano, el calor era sofocante muy húmedo e intenso, el aeropuerto era un bullicio de gente, taxis, autobuses y coches. Turistas foráneos y locales iban y venían mientras que cada minuto despegaba o aterrizaba un avión repleto de pasajeros. En esas iba divagando en el coche de vuelta a casa, escuchando la buena música en FM, cuando las vi.

Eran dos chicas jóvenes de unos 20 años, una pelirroja y la otra morena. Llevaban sendas maletas y estaban haciendo dedo justo al lado de una parada de autobús vacía. Iba vacío así que paré por si iban en mi dirección y también, porque no decirlo, interesado en verlas de cerca. La morena se acercó rápidamente. Llevaba un pantaloncito negro que realzaba un espléndido culo y una camiseta gris de tirantes muy ajustada que marcaba unos pechos medianos, pero bien erguidos. Me miró con una gran sonrisa y preguntó en castellano justillo.

– Jola, puedes tu llevar to Calella?

La miré a los ojos, tenía unos preciosos ojos azules, sin poder evitarlo también me fijé en sus marcados pezones tras la tela. Decidí intentar llevarlas un tramo sin desviarme demasiado de mi ruta y dejarlas en una vía más directa en la salida de Barcelona.

– Calella no, pero si puedo acercaros a una vía mejor.- ¿Más cerca? – Sí,… ¡subir! – Ok…

Llamó a su amiga la pelirroja y yo saliendo me apresuré a abrir el maletero. Aproveché para presentarme dándoles un beso en las mejillas a cada una. La morena se llamaba Diana y la pelirroja Jana. Esta última bastante pecosa, llevaba una cortísima falda roja a cuadros y un ajustado top que apenas contenía unos grandes pero tersos pechos de anchos pezones, su culo era prieto y redondo. La verdad es que estaban las dos buenísimas. Diana era algo delgada pero preciosa de cara con sus tremendos ojos azules y Jana era más rellena pero con unas buenas curvas.

Nos montamos en el coche, Diana siempre sonriente delante a mi lado y Jana bastante más seria detrás. Por el camino Diana la más lanzada iba hablando y yo obsesionado por sus marcados pechos le lanzaba furtivas miradas y aprovechaba cualquier cosa relevante del paisaje urbano para llamar su atención tocándole su muslo desnudo. Jana mucho más tímida no hablaba y se limitaba a mirar por la ventanilla aunque me di cuenta de que no perdía ojo de mis atenciones hacia su amiga. Por lo que me dijo Diana, las dos eran amigas, estudiantes de medicina, y vivían en Dublín (Irlanda). Iban a pasar 15 días en Calella (costa brava) y su intención era divertirse a tope. Pasados unos minutos llegamos a la carretera que les dije y paré en una orilla para que se bajaran.

– Bueno aquí os dejo yo. (Dije en tono de decepción) – ¿Where’s Calella? (preguntó Jana preocupada) – Let me… Jana… (Siseo Diana) – Please, no dejes aquí… Calella no está lejos. (Me pidió Diana poniendo cara de pena)- No, lo siento… tengo que… (No me dejó terminar, Diana cogió mi mano y la puso en su muslo) – Yo agradecerte mucho si tu llevas… (Ahora había deslizado mi mano hasta su ingle)

Y tragué saliva, el mensaje era claro, favor con favor se paga y Diana me insinuaba un rato de diversión.

– ¿Y tu amiga?, ¿ella también? … Pregunté sonriendo, ya lanzado a por todas, al tiempo que le frotaba el coño por encima del short.

Su amiga viendo e imaginando lo que estaba ocurriendo, interrumpió con una serie de frases rápidas que no entendí bien, pero que estaba claro que no compartía las intenciones de su amiga y se salió del coche. Diana me dijo que esperara que ella lo arreglaba y también salió, Jana visiblemente disgustada discutía y gesticulaba mostrando su descontento. Pero Diana muy segura y dominando la situación la fue tranquilizando y de pronto la abrazó y se enroscaron en un profundo beso. Joder, eran lesbianas, ahora entendía la actitud recelosa de Jana. En ese momento volvieron a entrar.

– Todo ¡OK!, dijo Diana sonriéndome. – OK, ¿las dos? … pregunté de nuevo mirándola interrogante y volviendo a apoyar mi mano en su muslo. – OK, Jana también… dijo girándose para mirar a Jana como ordenando un gesto afirmativo.

Yo también me giré para ver la reacción de Jana, que asintió, con resignación, bajando levemente la cabeza.

-Está bien, pero primero quiero un anticipo… Dije llevando su delicada mano a mi entrepierna y amarrándola por la nuca acerqué su rostro para besarla y introducirle hondamente mi lengua sintiendo el frescor de su dulce saliva y la exquisita rugosidad de su lengua.

Por el rabillo del ojo vi. en el retrovisor la enrojecida e indignada cara de Jana que sin duda estaba que trinaba. Eso acabó de poner mi virilidad a tope sacando un ohhh de exclamación de Diana al notar el gran bulto que crecía bajo su mano. Pero allí no paraban de pasar coches a nuestro lado y eso me ponía nervioso, así que separándola volví a arrancar y a los pocos kilómetros paré en una zona industrial recogida de miradas y interrupciones.

– Bien aquí estaremos solos, ahora mi anticipo… – Primero quiero veros las tetas, ¡quítate la camiseta! Ordené a Diana.

Diana se la quitó sin rechistar, sus pechos eran medianos tirando a pequeños, firmes con forma de pera y sus pezones en forma de cono apuntaban hacia arriba bien erguidos.

– Jana… ahora tú… dije con autoridad.

Jana miró a Diana en busca de una ayuda que no llegó y lentamente se sacó también su blusa dejando a la vista unos espléndidos pechos semiesféricos de grandes aureola. Ufff, no podía desaprovechar la ocasión, dos lesbianas dispuestas a complacerme, era increíble. Con suavidad acerqué mis labios hasta tocar el pecho más cercano y lentamente recorrí con mi humedecida lengua todo su contorno hasta culminar con leves chupeteos de todo su pezón hasta meterlo en mi boca y envolverlo con mi lengua. Diana se estremeció…

– Ohhh… my good.

Yo caliente del todo continué un rato alternando los dos pechos hasta llegar a su cuello y continuar por detrás de la oreja para susurrarle…

– Vamos atrás con tu amiga…

Salí, le abrí la puerta y agarrándola de la mano nos metimos atrás con Jana, que estaba bastante agria de cara, quedando yo en medio de las dos. De nuevo volví a chuparle los dos pechos alternativamente hasta sacarle a Diana de nuevo gemidos de placer. Me giré ahora hacia Jana, que giró la cara, pero permitió que ahora sus pechos recibieran mis suaves lametones denotando la erección de sus pezones el placer que aún sin quererlo sentía. Yo estaba súper excitado pero sabía que en el hotel tendríamos más tiempo para deleitarnos. Así que me bajé los pantalones y dejé a la vista mi erecto pene.

La verdad es que estaba enorme, con la cabeza bien morada y brillante por el líquido preseminal. Intenté coger la mano de Jana para que me la tocara, pero me rechazó así que me giré hacia Diana y le bajé la cabeza con la clara intención de que me la chupase. Al revés que su amiga Diana sí que tímidamente empezó saborear mi glande con breves lamidas. Yo presioné más su cabeza obligándola a abrir la boca al máximo hasta que con esfuerzo logré introducir la cabeza en su boca iniciando entonces un rítmico vaivén dirigido por mi mano. Poco a poco logré que se la tragase hasta la mitad, pero le venían arcadas así que liberándola le dije.

– Descansa un poco, que ahora es el turno de tu amiga…

Volví a intentarlo con Jana pero se negaba con gesto de asco y se apartaba… Iba ya a obligarla cabreado cuando Diana viendo mis intenciones se decidió intervenir.

-Esperar no… Dejarme a mí… me dijo parando mis manos.

Se acercó a Jana que estaba a mi izquierda y besándola le fue susurrando cosas al oído. Yo embelesado miraba la excitante escena de las dos morréandose con el torso desnudo y sus pechos agitándose a un palmo de mi cara. Tras unos instantes Diana acompañó la cabeza de Jana hasta posar sus labios en mi glande sin querer todavía abrirlos, pero Jana haciendo de maestra de ceremonias le fue susurrando al oído lo que debía hacer y Jana terminó abriendo sus labios entregando su cálida boca a mi palpitante verga henchido de gozo al sentir el contacto de su humedecida lengua.

Yo estaba por venirme, debido al morbo de la situación. Jana aprendía rápido guiada por Diana y ya se tragaba mi polla hasta el fondo, lo sacaba, lo relamía y lo volvía a succionar envolviéndolo con su lengua y… oohh! … ahora las dos a dúo sorbían con desparpajo toda su longitud, de arriba a abajo, una por cada lado.

Esa imagen me enloqueció y empecé a venirme con fuerza de forma bestial salpicando sus rostros hasta que Jana con su boca tapó mi surtidor y fue absorbiendo el néctar que fluía a cada espasmo mío de placer. Cuando las palpitaciones cesaron se la sacó para poder coger aire y Diana aprovechó para terminar de degustar y limpiar los restos de semen que desde la punta del glande se diluían tronco abajo.

Al terminar me miraron desde abajo sonrientes con la cara todavía manchada, les dije gracias en inglés y atrayéndolas hacia a mí, las besé alternativamente, percibiendo el acre gusto a semen de su saliva y nuevamente me recosté relajado viendo como ellas se fundían enfrente mío en un largo morreo al tiempo que se limpiaban y saboreaban las salpicaduras de semen de sus caras. Después de un rato nos adecentamos y volvimos a nuestros asientos para proseguir la marcha.

– ¿Nosotras gustarte bien?, me preguntó Diana.- Sois preciosas… cuando lleguemos al hotel os follaré a las dos.

Ella sonrió lascivamente y yo arranqué rápidamente, tenía prisa por llegar al hotel. Por el camino el tema central fue el sexo. Me enteré que ninguna de las dos era virgen. Diana sólo había tenido un par de relaciones con chicos y en ambos casos no disfrutó nada ya que estaba medio borracha y ellos se corrieron enseguida.

Jana tuvo una mala iniciación por parte de un primo suyo mayor que la desvirgó a lo bruto. Diana se consideraba más bien bisexual ya que también le gustaban los hombres aunque ahora su pareja era Jana, que si sentía bastante aversión por los hombres.

Me confesaron que les había impresionado mi pene y que era la primera vez que chupaban uno aunque Diana sí que había pajeado alguno que otro. Por mi parte era la primera vez que lo hacía con dos tías a la vez y también la primera vez con lesbianas.

Hablando con ellas no pedía dejar de pensar en lo que podía dar de sí la tarde con ellas en la habitación del hotel.

Pero eso ya será otra historia para contar.

Autor: Atzar

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Seduciendo a mi suegra III

Metí el glande hasta que chocó con el himen. Con suaves metidas la fui disponiendo para el sacrificio, de pronto empujé bruscamente rompiendo su telita, lo hundí del todo en la raja. Dio un pequeño grito. Rosita una vez pasado el dolor comenzó a moverse conmigo. Agitaba su cabeza, mientras gemía guturalmente. Cuando sentí llegar su orgasmo estallé llenándole su vagina con un torrente de leche.

Las empleadas ven y oyen todo.

Tras lo sucedido en el Valdivia, Diana venía cada noche a mi dormitorio en cuanto las niñas se habían dormido y el resto de los habitantes de la casa estaban recogidos en sus habitaciones y cada noche y muchos amaneceres hacíamos el amor como leones.

A Diana le gustaban las sesiones de besos morosas, con mucha lengua y saliva y cuando notaba mi pene altivo, mientras yo me sentaba en el borde del lecho, se arrodillaba y me la mamaba rico, como dicen aquí, y cuando notaba que estaba a punto de recibir mi leche dejaba de hacerlo y me imploraba que se lo metiera en su concha. La encontraba siempre muy mojada.

Yo evitaba acabar al tiro ensartándole la verga de golpe y hasta el fondo llegando mis testículos a hacer presión sobre su vulva y presionando fuertemente la parte superior de la base del pene sobre la parte superior de su coño y una vez contralado el deseo vehemente de regarla con mi leche comenzaba un metesaca primero lento, luego más rápido, más tarde lento otra vez, manteniendo el control y haciendo que ella lo perdiera con mis acometidas llevándola a una serie de orgasmos sucesivos. Ambos nos gritábamos frases cargadas de lascivia:

-¡Te gusta mi polla gorda, perra¡ -¡Oh sí me gusta que me folles como un animal,  soy tu puta! ¡Préñame ya!

En ocasiones colocaba sus pantorrillas sobre mis hombros y sacando mi pene, abundantemente lubricado por sus líquidos, de su coño se lo metía en su maravilloso culo, pero siempre imploraba que me corriera en su vagina. La complacía siempre porque también deseaba que se quedara preñada de mí. ¡Qué locura!

Por las mañanas el polvazo era más rápido. Algunos amaneceres, al despertarme abrazado a ella con las manos en sus tetas le colocaba mi pene medio erecto y morcillón entre sus nalgas subiéndole antes su camisa de dormir para que notara mi carne, Diana colocaba una de sus piernas sobre las mías y entonces la embestía penetrándola.  Otros, si ella se despejaba antes, me comía la verga y el culo con gran amor usando de sus labios, su lengua y su saliva. Cuando su lengua se abría camino a través de mi ano, mi pico y yo nos levantábamos de inmediato encontrando su cotorra húmeda, hinchada… Solía ser muy temprano y veíamos salir el sol por encima de los Andes.

Era para estar enamorados y nosotros lo estábamos. Cuando acabábamos ella me cogía el pene y lo lamía degustando nuestros mezclados líquidos como una gatita lengüetea su platito de leche. Tras lo cual nos deseábamos buenos días mientras nos besábamos. El servicio era tratado con cariño y cuidado y esto nos era retribuido por su parte. O eso creíamos.

Nuestra vida trascurría como la de una familia feliz, muy feliz. Mi amante lucía contenta, siempre de buen humor y además aprendía velozmente una curiosa mezcla de chilean-spanglish. Mi hija menor ya llamaba a Diana mami y Jill, la mayor, comenzó a imitarla. Invitamos varias veces a nuestros vecinos Jimena y Charles, invitaciones que fueron devueltas con placer y también a compañeros del trabajo que venían acompañados de sus parejas.

Un día domingo por la mañana cuando las niñas habían salido de paseo con la nanny nos colocamos en las tumbonas de la piscina y como siempre que nos sentíamos  solos comenzamos a toquetearnos hasta que el calentón nos hizo zambullirnos. Allí continuamos el juego. Le quité el biquini y comencé a chupar sus pezones que gracias al agua fría y las caricias se notaban espléndidos. Diana respondió deslizando mi calzón y alcanzando con su mano mi pico. A continuación se sumergió y consiguió meterlo en su boca. Al sacar la cabeza para respirar no aguantó más y desprendiéndose ella misma de la parte del biquini que le quedaba se abrazó a mí con sus brazos mientras sus muslos apretaban mi cintura. Llevé con la mano mi verga hasta la entrada de su chocho y empujé valientemente sintiendo una sensación que solo se da follando en una piscina: el pene pasó del frío líquido a la ardiente cueva de mi puta. ¡Qué excitante obscenidad! Culeamos apasionadamente durante un buen rato como si el mundo se hubiera parado hasta que me gritó:

-¡Me estás volviendo loca, acaba ya dentro de mí!

Al escucharla perdí el control y me derramé en sus entrañas mientras ella comenzaba un largo orgasmo. Salimos de la piscina, desnudos, y buscamos las toallas para cubrirnos mientras recuperábamos el aliento y el sol nos calentaba.

Al cabo de unos momentos me levanté de la tumbona y entré en la casa descalzo a buscar algo de ropa seca y coger unas chelas para beber. Andaba con cuidado intentando no hacerme daño en los pies y a punto de entrar en la cocina escuché dos voces que me frenaron. Eran las dos empleadas, Tina y Rosa (Las familias de Tina (Ernestina) y Rosa se habían instalado hacía unos pocos años en la comuna Padre Hurtado procedentes de un pueblito cerca de Melipilla y su edad en el momento en que esto sucedía era 18 ó 19) que hablaban entre ellas. No percibían mi presencia y conversaban en un tono abierto con frases cuyo sentido me dejó estupefacto:

-Jia, jia mijita tú estai volada. El señor anda prendido de la misia. Estai frita. Decía Rosita.-¿Y vos no? Yo ahora estoy botella. Solo encuentro huevones y flaites que no sirven, pero vos estai por botar el diente d’leche jia jia.-No me importaría botarlo  con el señor pero él anda to´ó e’día califa detrás de la gringa.-También va la misia. En cuando creen que naide los ve se besan bacán. Ná de topones, puros lenguaos. Además la señora cree que tiene pata’e lana y que no oímos cuando se va a romper el catre con el señor. Ara mismito los he visto desde la sala de arriba. Han estao culiando en la piscina. Carlito ha salido altivo ¡Qué filorte pá dar puñalás de carne!. Me ha dejao goteando.

Logré enfriar mi ira y volví quedamente a donde me esperaba Diana. Al ver que no traía la bebida se levantó ella después de ponerse algo de ropa y entró en casa. Volvió enseguida y al poco rato llegaron las dos parlanchinas, medio serias medio risueñas llevando las cervezas y un aperitivo. Nuestras miradas se cruzaron y yo aproveché para darles un buen repaso.

Físicamente eran bastante diferentes: Tina tenía la piel color bronce  muy claro, pelo corto negro liso, ojos a juego, también negros, un toque achinados, labios rojo oscuro generosos, estatura entre metro sesenta y sesenta y cinco, pantorrillas y tobillos bien formados, y muslos, por lo que se veía por debajo del borde del uniforme, torneados, caderas y culito muy agradables de ver, grandes sin ser enormes, pechos que hacían notar su volumen y una cintura fina. En resumen: una panochita apetecible para los admiradores  del sexo femenino y tierno.

Rosa tenía el aspecto más aniñado con un color de piel más claro que Tina, pechos pequeños que sólo se anunciaban a través de la tela que los cubría, ojos de color café claro, grandes que parecía que miraban siempre con sorpresa,  pelo oscuro sin llegar al negro, largo y algo ondulado dos o tres centímetros más alta que su compañera. Pantorrillas y muslos estilizados pero un culito bien proporcionado y unas nalgas que se pronunciaban cuando andaba. Tina era más expresiva y vivaz pero Rosa tenía el encanto que da la ingenuidad. Era también una linda panochita o como decimos en España un guayabo, un chochete.

Nosotros, Diana y yo, continuamos saciando nuestra sed de amor y sexo. Un día jueves comiendo con ella en un restaurante de Providencia (una avenida de moda) me preguntó:

-Charlie ¿tú sabes cuánto te quiero? ¿Cuánto te necesito?. Estas preguntas retóricas siempre me ponen a la defensiva pues son preludio de cuestiones más serias. Así que le contesté:-jaja No sé. Ummm… Bueno sí. Diana continuó-: No solo es el sexo, que sí lo es, sino amor lo que creo que compartimos. Y son las niñas, la responsabilidad que tenemos con ellas. En resumen, he decidido divorciarme de Frank cuanto antes. ¿Y tú te quieres casar conmigo?

Como un caballero y sin pensármelo dos veces le dije que sí. Diana continuó diciéndome que entonces me tendría que dejar solo unos días mientras arreglaba todo en los Estados. Así que las niñas y yo la despedimos el día domingo en Pudahuel.Me había dejado solo como una fiera hambrienta pero con dos ovejitas cerca.

Durante la cena en la cocina devoraba con la vista a mis ovejitas: Tina se dio cuenta enseguida y empezó a exhibirse delante de mí. Era la chispa que le faltaba a mi fuego. Les pedí que trajeran una botella de Champaign. Rosita la puso sobre la mesa con la copa correspondiente y le indiqué que pusiera dos copas más para ellas. Retozona Tina preguntó:

-¿Qué va celebrar el señor?-El señor solo no va a celebrar nada. Van a ser Tina, Rosita y Carlito los que van a conocerse mejor esta noche. Sus caritas se arrebolaron al entender que habían quedado al descubierto. Levanté una mano y continúe:-Salud p’a todos y a beber.

Tras la primera copa vino la segunda y ya las dos panochitas se sintieron más seguras:

-Me di cuenta el otro día al oíros que sois unas personitas interesantes. .-¿Le gustó lo que oyó? preguntó la atrevida Tina.:-Sí pero también lo que vi.

Tina se acercó a mi en el sofá y se acurrucó sobre mi regazo. Llamé a Rosita que se acurrucó a mi derecha. Estaban encantadoras las dos con las mejillas arreboladas ahora por el bienestar y la confianza que da el vino y la amistad. Besaba a Tina en las mejillas hasta llegar a la comisura de sus labios y para no hacer de menos a Rosa me volví y directamente le puse mis labios sobre los suyos y ella me respondió dejando sus labios blandos y entreabiertos. Mi lengua entró y encontró la suya, tan delicada como un pajarito. Tina, mientras me besaba en el cuello que se le presentaba franco y sentí su mano abriéndome la camisa y acariciando el pecho. Las cogí de sus manitas y las subí al dormitorio. Allí les dije que quitaran la ropa para bañarnos juntos. A la vez que me desnudaba veía como ellas hacían lo mismo.

Los pechos de Tina eran grandes, con una textura exquisita, areolas rojo oscuras pequeñas y pezones como garbancitos del mismo color. Su monte de Venus estaba cubierto por un bello negro sedoso  y abundante que escondía su chucha. Rosita apenas tenía tetas pero sus pezones eran grandes y parecían sensibles, su bello menos abundante dejaba ver los labios de su chocho, tan precioso que estaba deseando comérmelo. Al inclinarse por un momento observé el agujerito de su culo con algunos pelitos a su alrededor. Mi pene estaba ya completamente duro. Nos metimos en la ducha como en un sándwich, dejando correr agua templada, nos enjabonamos unos a otros. Yo les lavé sus culitos, suave muy suave, metiendo en ellos los dedos con mucho cuidado moviéndolos dentro en círculo.

Tras los culitos lavé sus coñitos teniendo mayor cuidado con el de Rosita al comprobar que su himen estaba entero. Le froté dulcemente el clítoris que se iba poniendo erecto. A Tina al contrario le metí primero un dedo y al notar que no había obstáculo le metí otro entrando profundamente en su vagina. Ellas, cuando se lo pedí, me lavaron el culo. Tina me enjabonó y luego me introdujo dos de sus deditos en él. Di un pequeño respingo. A Rosita le dejé el pene. Me lo descapulló con una mano y, tras sopesarlo y mirarlo extasiada, con la otra me lo enjabonó.

Caímos en la cama todavía húmedos por el agua. De inmediato me apoderé del chochito de Rosita chupándolo con primor. Metiendo la lengua y pasándola por sus labios menores y mayores y más tarde de su clítoris. Tuvo un orgasmo mientras susurraba de gusto:-Iiiiiiih. Se quedó desmadejada por unos momentos, sin aliento. A Tina la coloqué de espaldas en la cama y comenzamos un 69. Lo hacía rebién la panochita. Yo tenía que contralarme para no acabar en su boca. Noté como  me acariciaban y me pasaban la lengua por la espalda y la nuca. Era mi Rosita. Tina llegó al orgasmo y fue el una hembra plena, dejando sus líquidos en mis labios y cara. Tina, recuperada dijo:

-Ara te tocó a ti, Carlito. Y tumbándome se metió el glande en su boquita y después de chuparlo con abundante saliva llamó a la Rosa:-Ven Rosita ayúdame. Rosa besó y chupó mis bolas, mordisqueó mi pene. Se lo comían entre las dos delicadamente. -Ya es tiempo de que Carlito te convierta en una verdadera mujercita. No debí tener miedo. Yo te tendré la mano.

Tina le hablaba preparándola para que yo la montara. Me coloqué sobre ella y con la mano coloqué mi verga en la entrada de su vulva. El glande fue succionado dentro hasta que chocó con el himen. Con suaves metidas la fui disponiendo para el sacrificio: de pronto empujé bruscamente rompiendo su telita: lo hundí del todo en la raja. Dio un pequeño grito.

Poco a poco se fue acoplando mi pico con su vagina. Rosita una vez pasado el dolor comenzó a moverse conmigo y yo le cogí sus nalgas para follarla profundamente. Agitaba su cabeza, fuera de sí, mientras gemía guturalmente. Cuando sentí llegar su orgasmo estallé llenándole su vagina con un torrente de leche.

Entre Tina y yo limpiamos el vientre y la chucha de la desmadejada Rosa que blandamente se dejaba hacer mientras sonreía feliz. La pusimos dentro de uno de mis pijamas que le quedaba grande: arremangamos las mangas para que tuviera las manos y los pies libres. Cerró sus ojos y empezó a respirar plácidamente de inmediato. Tina me reclamó:-Carlito, quiero tu leche dentro de mí.

Yo, que por la mañana temprano había follado con Diana no sabía si iba a poder complacerla pero ella me puso frente a la boca sus pechos y me incitó a comérselos: la verdad es que eran grandes, duros y exquisitos. Después, recogiendo en su boca la saliva mezclada de nuestros besos embadurnó el canalillo de sus tetas y colocando el pene allí comenzó a masturbarme. Mi pene reaccionó y al rato nos colocamos de nuevo en un 69. Le succioné toda su chucha, clítoris y todo y se vino en mi boca gimiendo de gusto.

Mi pico estaba listo de nuevo y colocándola como una perrita le acaricié sus preciosas nalgas, sus muslos tan llenitos, el culito cuya piel, lo mismo que la de sus labios vulvares tenía un color más oscuro. Le coloqué la punta en el ano tras ensalivárselo y empujé. Estaba muy prieto y solo llegué a encajarle el glande. Tina ayudaba para que entrara todo. No se quejaba aunque de su garganta salía un ay sofocado al morderse los labios.

Notando el dolor que le estaba produciendo desistí y entré con mi pene en su vagina y comenzamos un culeo que aumentaba de intensidad mientras más nos calentábamos. De pronto noté su vagina contrayéndose en un orgasmo poderoso y yo respondí acabando dentro de ella. Al fin caímos uno al lado del otro.

Nos besamos cariñosamente dándonos gracias mutuas, y así, tan amorosamente, nos dormimos los tres juntos.

Autor: Carlos

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Seduciendo a mi suegra II

Hice girar a Diana de espaldas a mí y la ensarté de nuevo. Además en esta posición podía acariciar mejor su clítoris notándolo grande y excitado, todo lo cual me llevaba casi al paroxismo mientras ella emitía gritos, incluso aullidos y aumentaba el ritmo de sus nalgas.

En el capítulo anterior les relaté lo que me sucedió: había culeado a mi suegra la misma noche del funeral familiar. Yo sabía que la había follado, bien follada. Es más, que había abusado de ella y de su culo, pero no recordaba con exactitud todos los detalles. Así que a la mañana siguiente después de pasar por la ducha y afeitarme, entré muy mohíno en la cocina donde todos estaban desayunando. Diana, mi suegra, me recibió seria, pero amable y mi suegro me animó a desayunar y a afrontar el día.

Quiero dedicar unas palabras a explicaros unos pocos detalles acerca de Diana: en ese momento ella tenía 43 años (o sea que me llevaba únicamente 8 años), y se advertía que estaba en femenina plenitud. Ella era, como es frecuente en los hogares yanquis de clase media alta, la que llevaba los pantalones y además controlaba la mayor parte de los recursos económicos y los administraba. Llevaba la voz cantante en los asuntos relevantes y todo se le solía comentar. Pasaron unos días, pocos, durante los cuales me fui recuperando asumiendo mi nueva situación y sin que por parte de Diana se mencionara lo ocurrido si bien es verdad que me trataba de manera distinta, con más atenciones, algo más cariñosa, aunque sin perder su habitual seriedad y con mis dos niñas suplía a la madre recién perdida.

Ella convocó la reunión para hablar del futuro que había que afrontar y en ella yo expresé mi decisión de volver a Santiago con mis hijas y reemprender mi vida. Diana no se opuso a ello sino que, para mi sorpresa pues yo creía que iba a exigir que las niñas se quedaran con ella en los Estados Unidos, dijo que era la opción acertada,  pero que esperaba que le permitiera acompañarnos y permanecer con nosotros por tiempo indefinido hasta que la situación se estabilizara completamente.   Mi suegro no abrió la boca sino para afirmar tibiamente que era lo mejor para todos, por lo que pude deducir que esto ya lo habían discutido entre ellos.

Yo les agradecí su ofrecimiento de ayuda, pero que lo tenía que madurar y que les contestaría. También le advertí a Diana cuando estuvimos a solas, de manera suave, pero tajante que no iba a tolerar intromisión alguna en mi vida por ningún motivo. Al oír esto se le encendió el rostro y me dijo:

-Mira Carlos lo que pasó anoche lo excuso por el estado de ánimo que sufrías y por las circunstancias de la situación. Los hombres sois unos animales en lo que respecta al sexo y yo no debería haber acudido a ti ofreciéndote tantas facilidades para que exteriorizaras tus instintos. – Diana, le contesté, no me puedo avergonzar de lo que hice pues ni siquiera pensé lo que te estaba haciendo, pero la verdad es que estás tan buena que olvidé mi infortunio y te confundí con mi esposa, tu hija.

Al oír esto comenzó a llorar quedamente:

-Sí lo sé, pero tus caricias, las vejaciones a las que me sometiste han roto todas las barreras y desde anoche siento que hay en mí una hembra en la que no me reconozco, pero que me gusta. Perdóname…

La abracé y le besé sus párpados probando el sabor de sus lágrimas y noté como un escalofrío le recorría su precioso cuerpo. Ella quiso besarme en los labios, pero la detuve:

-Por ahora no avancemos por este camino. Ya tendremos tiempo de platicarlo y de exponerte mis condiciones. -Bien, me dijo. Pero porfió para besarme abrazándome y al fin nos fundimos en un largo morreo que hizo que mi verga comenzara a crecer. Llamaron a la puerta y nos recompusimos como bien pudimos.

Después lo pasamos ocupados con la meticulosa preparación del viaje y el cuidado de las niñas y nada más ocurrió, a pesar de que el trato de Diana hacia mí se había hecho más cariñoso hasta que entramos en la casa de Vitacura. Como dije en mi anterior relato vivimos en la zona alta con pocos vecinos. Los más cercanos son un matrimonio con dos hijas Vicky y Anne. Sus padres son Jimena una chilena encantadora de unos 48 años y su marido John, bastante mayor que ella inglés por los cuatro costados, culto y pragmático.

Jimena, a pesar de su edad, conserva una lozanía impresionante y es poseedora de unas grandes tetas y unas nalgas como las que me gustan. Es una coqueta consumada, con mucha labia, ¡vamos! Una calienta pollas. Era de esas que estando en la piscina te pedía con una sonrisa pícara que pusieras un poco de crema en su espalda porque ella no podía: llevaba el brassier desabrochado.

En una ocasión en la que los dos estábamos solos en su piscina, bueno también estaba su hija Vicky chapoteando, me montó el número de la cremita y yo, dulce colaborador en un principio, aproveché para darle una dosis de la medicina que ella estaba necesitando: después de crema en la espaldita pasé a cremita en las corvitas y cremita en la musladita y comprobando que el que calla otorga, de pronto metí la mano bajo el bikini llegando antes de que tuviera tiempo más que de respingar a su concha, que encontré depiladita y algo húmeda y comencé a masturbarla acariciando su clítoris y el interior de su vulva. Ella no hizo nada sino levantar un poco las nalgas y aproveché el momento para entrar con mis dedos más profundamente en su vulva. Continuamos durante unos minutos hasta que estalló en un orgasmo que fue intenso por cómo se movía con mis dedos todavía dentro y la  cantidad de líquidos que derramó en mi mano.

Cuando recuperó cierta presencia de ánimo y el aliento me dijo balbuceando:

-Algunos hombres sois unas bestias, el pico se te ha puesto grande… ¡Tírate al agua para refrescarte coño (así nos llaman en Chile a los españoles), maldito!

Me enfureció y apretándole la mano hasta hacerle dar un gritito le espeté:

-¡No me gusta que hables de esa manera soez, no me gustan las zorras que se depilan la concha! Por esta vez pase, pero cuando decida culearte quiero que te hayas dejado crecer una buena panocha en esa cueva de amor deliciosa que tienes.

Quedó muda de asombro y apenas acertó a decir perdón y sonreír al ver a Vicky salir de la piscina. Lo encajó bien pues en otra ocasión en que estábamos todos reunidos en la piscina, riéndose y agitando el tarro de crema con una mano mientras con la otra se sujetaba el bikini:

-¿Qué caballero va ser mi valet hoy? A lo mejor se gana un premio. Charles respondió: -Yo ya tengo muchos premios, gracias. Así que fui yo su valet y así supe que habíamos firmado la paz y yo había ganado esa batalla.

Mientras tanto los días pasaban, tempus fugit, y el dolor suavemente se desvanecía. Mis instintos se manifestaban de nuevo. Me gustaban las mujeres que me rodeaban: Diana, mi suegra, Jimena, sus hijas y dos huasitas recién llegadas del campo que estaban al cuidado de la casa. Cada una por motivos iguales y distintos a la vez.

Había comenzado a estudiar a Diana, que de verdad se estaba comportando: me organizaba el hogar, se cuidaba de mis niñas: Lynn y Jill, para averiguar hasta qué punto la podría dominar y aunque la casa era grande el número de sus habitantes no era pequeño, eso que no he contado a la Nanny ni a Juan, un huaso socarrón, algo viejito, que cuidaba los automóviles y vivía en una pequeña estancia del garaje. Me acercaba a ella con cualquier motivo, especialmente en la cocina cuando estaba indefensa trasteando le olisqueaba el cuello y le decía:

-¡Qué bien hueles Diana! Y a continuación lo besaba mientras ella elevaba discretamente su grupa para sentir el volumen de mi pene.

Me fui unos días a Río por asuntos del trabajo y con tantas garotas a mí alrededor, en la oficina, en las playas, en las terrazas de los cafés que el último día llamé a casa y le dije:

-Diana mañana arréglalo todo para que tengamos la noche libre. Te he preparado una sorpresa. Y corté sin que pudiera preguntarme nada.

En la sala de llegadas de Pudahuel la encontré: estaba plantada ante mí tímida y deslumbrante con su melena suelta y no se había maquillado. Dejé de empujar el carro, la prendí de la cintura y le besé levemente en sus labios. La gente que había alrededor se volvió a mirarnos: Diana llamaba la atención, era grande y llevaba una sucinta ropa interior que se trasparentaba ligeramente a través del vestido de seda puesto para la ocasión. El tejido de la falda se le introducía por el canalillo de sus estupendas nalgas.

Al entrar en el automóvil me cogió el rostro entre sus manos y comenzó a besarme repetidamente. Estuvimos así unos minutos y después manejé hasta coger la costanera Norte y Vicuña Mackenna entrando en el aparcamiento del Hotel Valdivia en una calle lateral. Una discreta empleada nos condujo, sin que nadie más nos viese hasta la suite Palacio Moro y al cerrar la puerta tras nosotros sin más comenzamos a arrancarnos la ropa y a besarnos. Le mordía sus labios y ella me respondía buscando mi lengua con la suya más profundamente a cada beso.

Me tendí en la cama y la hice colocarse a propósito de un 69 y comencé a lamer su vulva de arriba abajo, hasta llegar al clítoris que ya estaba hinchado, lo absorbí en mi boca apretándolo por su base, suavemente, con los dientes y acariciándolo a lengüetazos. Diana se volvió loca: me comía la verga con frenesí. Al poco estalló en un poderoso orgasmo que hizo chorrear su vulva y arquear su espalda convulsivamente. Cuando acabó me di la vuelta enseñándole la espalda y el culo y le mandé que metiera su lengua en mi ano y que lo lamiera, a lo que siguió un beso negro espléndido, maravilloso, con delectación, mientras con sus manos buscaba mi pene.

Ya no pude aguantar más y cambiando de postura me preparé a penetrarla colocando mi capullo en la entrada de su sexo y lo hice suave y lentamente: fue otro deleite. Tenía una vagina ancha y mi pene, que es bastante grueso entró con gran facilidad siendo mojado por la abundante secreción debida a su primer orgasmo. Sentía como mi verga era acariciada al vaivén del mete saca con apenas una leve presión sobre ella. Estuve a punto de eyacular, pero lo contuve hundiendo a tope mi pene y presionando su base contra la parte superior  de su cueva del amor.

Continuamos follando al unísono y pronto me gritó:

-¡Fóllame, gusano, lléname de leche, yo soy tu perra!

Ya no pude resistir y la leche fluyó como un río dentro de sus entrañas mientras ella gritaba en medio de su orgasmo. Fue monumental. A pesar del cansancio continué bombeando y nos colocamos, sin sacarle la verga, apoyados sobre un costado en la cama. Susurraba:

-Me has dejado muerta… cabrón.

Mientras la bombeaba le acariciaba el clítoris. Esto la volvió a calentar y movía sus caderas rítmicamente para que la culeara más profundo. El roce de su vagina tan delicioso lo sentía mi verga que se puso otra vez muy dura. Hice girar a Diana de espaldas a mí y la ensarté de nuevo. Además en esta posición podía acariciar mejor su clítoris notándolo grande y excitado, todo lo cual me llevaba casi al paroxismo mientras ella emitía gritos, incluso aullidos y aumentaba el ritmo de sus nalgas. A punto de perder el sentido de la realidad le saqué la verga y ayudándome con una mano le coloqué el capullo rozándole el ano. Al sentirlo, agradecida, empujó su culo y me ayudó a penetrarla.

Culeamos unos minutos más y cuando sintió que se acercaba al clímax me gritó que mi semen lo quería dentro de su vagina. Rápidamente la hice colocarse a cuatro patas y le metí el pico por donde me había pedido. Esta posición era gloriosa: veía como la verga entraba y salía de su cueva, sus caderas amplias y tan femeninas, su ano dilatado y húmedo… gritábamos al unísono mientras ella alcanzaba el éxtasis del amor y yo casi llegaba… al fin estallé y cuando dejamos cada uno de palpitar caímos rendidos sobre unas sábanas mojadas por nuestros flujos y nuestro sudor y, sin articular una palabra más, nos dormimos.

Como sólo había tomado un ligero desayuno antes de salir de Río me desperté sobre las doce de la noche hambriento, llamé al servicio: nos prepararon el jacuzzi, cambiaron y arreglaron la ropa del lecho y nos sirvieron la cena fría que había encargado.

Salimos del baño, cenamos tranquilamente, intercambiando sonrisas, caricias, algún que otro comentario intrascendente. Diana me miró y dijo:

-Eres un bicho y te amo.  Hoy ha sido uno de los días más maravillosos de toda mi vida. Haré todo lo que me pidas sin reprocharte nada, pero te ruego que nunca me abandones.

Autor: Carlos

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