El encuentro con Díaz

Yo seguía deleitándome y tratando de chupar esa polla tan gorda. Pude sentir como metía otro dedo, y otro, al final tenía cuatro dedos allí. Logrado esto, me hizo poner boca abajo, y sin ninguna piedad me mandó la polla hasta los pendejos y sentí sus cojones golpearse con los míos. Me estuvo follando así como unos diez minutos, con mi polla en su mano, la apretaba de esa manera ruda que le gusta a él.

Este fue el último E-Mail que recibí de Claudio y Marina, la pareja española que conocí en el chat y que me contaron sus experiencias.

Querido Omar: Marina y yo por el momento hemos dejado las juergas. ¿No te imaginas por qué? Marina va a tener un bebé. Igual nos mantendremos en contacto contigo, y te haremos saber, lo que suceda. La última aventura que tuvimos sucedió hace un mes, más o menos.

Yo fui por unos trámites a la Municipalidad de Madrid y al salir pasaron dos gendarmes en sus motos. Uno me gritó ¡Claudio! Me detuve y le dije: -¿No te reconozco? ¡Como lo iba a reconocer, con casco de motociclista, uniforme de gendarme y gafas! Me acerqué y me dijo que era Díaz un compañero de la secundaria. No me acordé enseguida, pero al pensar un poco tuve un vago recuerdo y le dije: -¿Tú eras el que venía a mi casa a estudiar y nos hacíamos unas puñetas de novela? Dijo que sí. Omar, había pasado tanto tiempo que ni me acordaba de su rostro y con ese casco estaba irreconocible. Le di mi dirección y le dije que pasara por mi casa, que tomaríamos un carajillo y le presentaría a Marina. A los pocos días sonó el timbre y era él. Se sentó en un sillón, y mientras tomábamos el carajillo me contó que se había casado y cogiéndose el paquete me dijo: con esta polla y estos cojones le hice seis hijos a mi mujer. Se notaba que estaba muy orgulloso de su polla. Omar te cuento que en los tiempos de estudios, nos hacíamos la puñeta mientras estudiábamos pero, solo eso.

El me cogía la polla y la jalaba y yo le hacía lo mismo. A veces poníamos las dos juntas y nos las jalábamos al mismo tiempo. Era lindo sentir sobre mi capullo el calor de su polla y la humedad que despedía y después la lefa (leche), salía y me mojaba la polla y yo se la mojaba a él. Nunca pasó de eso. Cosas de adolescentes.

Bueno con él recordamos eso, ese día que vino. Yo le comenté que con el puesto de policía, los travestidos, gay y leandras que se habría tirado. Me dijo que sí, pero que lo que más le gustaban eran las tías. Que a los gay sólo les dejaba que se la chuparan. Sí es lo que les gusta, me comentó. Marina demoraba, en realidad él llegó muy temprano. Y a los travestidos les rompía el ojete con mucha fuerza. El carajillo le dio calor y se sacó la chaqueta del uniforme y se desprendió algún botón de la camisa. Yo le dije te acuerdas que mi polla era más gorda que la tuya. -No, no me acuerdo de esas cosas, hace tanto tiempo… Se le notaba mucho el paquete. Dijo que quería mear y le indiqué el baño. El entró y yo quedé fuera. No cerró la puerta y pude oír una meada larga y con fuerza. Jaló la cadena y se dio vuelta para ir hacia el lavabo.

Ahí me vio en la puerta mirándolo. Tenía la verga en la mano, bastante dura y gorda. Me la voy a lavar, me dijo y procedió a hacerlo. Entré al baño y él dijo, mejor me bajo los pantalones así la podré lavar mejor, hoy tuve un día terrible y estoy muy sudado. Bajó sus pantalones y pude ver que se empalmaba más. Se acercó al lavabo y procedió a lavarse. La descapulló y pude verle la cabeza violácea y le dije: -¡Como te creció! ¡No me acordaba que fuese tan gorda! Se secó y se levantó el bóxer y cuando iba a subirse el pantalón se lo impedí y le dije: -Que te parece si recordamos viejos tiempos, vayamos a la alcoba. No dijo nada y me siguió. Allí me saqué la ropa y quedé desnudo. -¡Como has echado cuerpo!, me dijo. -Ahora te toca a ti, quiero verte en cueros. ¡Omar! ¡Se había convertido en un semental! Peludo como un oso, los cojones enormes y esa polla apuntando hacia arriba era gorda y larga. Nos sentamos en la cama y él dijo: -¿Quien empieza con la puñeta como en los viejos tiempos? Yo le cogí la polla con las manos y pude sentir ese calor tan agradable. Lo comencé a pajear lentamente y él al sentir que le gustaba también cogió mi polla e hizo lo mismo.

Me animé a más cosas que con él nunca había hecho. Me metí su polla en la boca y comencé una mamada muy lenta pues era muy gorda y larga y debía acostumbrar mi boca a esas dimensiones. El seguía con mi verga en la mano sin decir nada, finalmente dijo: -La chupas muy bien, igual que los maricas de la calle. Yo nunca chupé una polla. La saqué de mi boca y le dije: -Adelante mi polla es toda tuya, puedes chuparla o hacerle lo que quieras. El seguía indeciso sólo la cogía con su mano y con ese sube y baja característico de la puñeta. Yo me acosté en la cama boca arriba y le dije que se pusiera sobre mí, como el 69. Así lo hizo y me acomodó su verga en la boca. Su cara quedó sobre mi pubis. El dijo: ¡que dura la tienes! y me la apretó tanto que me hizo gritar. -Hombre no la aprietes tanto, métela en tu boca de una vez. La olió, besó el agujerito, la lamió y finalmente la introdujo en su boca. Enseguida la sacó, hizo una mueca de asco o rechazo. Yo le empujé la cabeza y se la hice tragar hasta la garganta. -Es la primera impresión, ya verás que te va a gustar. Chupa, lame y haz lo que te plazca. Así estuvimos un buen rato. Yo le tocaba el culo, pues de esa posición lo veía perfectamente, apretado y virgen y sus nalgas tan peludas que apenas me lo dejaban ver.

¿Todavía queda alguno?? Ja, ja, ja… Paró y me dijo que eso no, el culo que no se lo tocara. Que él no era sarasa y cosas así. También me dijo que no me corriera en su boca, que le daba asco la lefa. Bueno Omar te cuento que cuando me iba a correr la saqué como él quería y los chorros de lefa cayeron sobre mi pubis. Sentó sus espasmos y me dijo: -Me voy a correeeeer. La sacó de mi boca y con una mano se hizo una o dos puñetas y vi su líquido blanquecino salir a chorros sobre mi cuello y pecho. Quedó agotado y se desplomó sobre mí y al hacerlo sus pendejos quedaron emapapados. En eso llegó Marina y nos vio, uno sobre el otro y rastros de lefa por todos lados. -¿Qué es esto? ¿Hicieron fiesta y no me invitaron? Imagínate Omar. Díaz no sabía nada de las fiestas que hacemos con mi mujer y nuestros amigos. Quedó petrificado y se cubrió con una sábana sin saber dónde meterse ni que decir. Ni presentaciones pudimos hacer, Marina se despojó de la ropa, acomodó unos cojines sobre la cama y se sentó en ellos separando las piernas, invitó a mi amigo a que le chupara el coño. El no sabía qué hacer.

-Adelante hombre! le dije para darle confianza. Se puso boca abajo sobre la cama y empezó una lamida de coño, que a Marina la llevaba a las nubes. Marina con eso del embarazo no quiere que nadie la penetre, ni a mí me deja hacerlo… Le dije que flexionara las piernas, para que yo pudiera lamerlo a él. No puso objeciones y quedó con el culo hacia arriba y la cabeza enterrada entre las piernas de Marina. Yo me ubiqué atrás de él. Allí tenía un panorama espléndido de sus bolas colgando, su garrote que nuevamente estaba enhiesto y su ojete virgen. Comencé a pasar mi mano suavemente por esas nalgas, el perineo, toqué sus bolas y finalmente cogí el mástil y lentamente comencé a hacerle una puñeta, me ubiqué abajo y le lamí los cojones, mientras miraba ese pedazo de carne palpitante, lo lamí, me lo metí en la boca, mientras él seguía ocupado con el coño de Marina. Lamía y tocaba su orificio anal con mis dedos, cambié de posición y me coloqué atrás de él, le lamí los cojones y acerqué mi lengua lo que más pude a ese orificio.

El quiso protestar, pero Marina le cogió la cabeza y la apretó más sobre su coño. Empecé a lamerle toda la zona entre los cojones y el ojete, él gemía, no sé si por mi lamida o porque le gustaba lo que le hacía a Marina. Finalmente me animé y le metí un dedo, lo metía y lo sacaba. Con la otra mano le trabajaba la polla y le lamía los cojones. Cuando noté que su resistencia a apretar el esfínter se aflojaba probé con otro dedo. Entró con un poco de dificultad, me levanté y saqué de la mesilla de noche un pote con crema, le unté el culo y con mis dedos le metí crema para adentro. Quedó muy bien untado y resbaloso, faltaba lo mejor me embadurné mi polla con mucha crema, la tenía muy dura. Le separé los pliegues con los dedos y apoyé la cabeza de mi estandarte en ese agujero rosa pálido, cuando la apoyé y él lo notó, quiso protestar, pero Marina nuevamente le apretó la cabeza con sus piernas y quedó aprisionada contra su coño. Empujé un poco y ese canal estaba tan resbaladizo que la cabeza le entró bastante más fácil de lo pensado. El bruscamente separó las piernas de Marina y dijo: -¡Detente, no soy sarasa para que me hagáis esto!

Aproveché que se iba a dar vuelta y apreté, se la envié toda hacia adentro sin detenerme. Dio un grito de dolor tremendo. Protestó que fui muy bruto, que lo violé y cosas así, pero no hizo nada para que se le saliera o no supo cómo hacerlo. Busqué su polla y por el dolor se le había bajado. Marina, le dijo que siguiera chupándole el coño, que quería llegar al orgasmo. Y él comenzó nuevamente a pasarle la lengua, pero esta vez con mi polla enterrada hasta la raíz. Intenté sacarla y él hizo una exclamación de alivio. La metí de nuevo y busqué su polla, estaba idiota, pero quería empalmarse de nuevo. La cogí con la mano y la empecé a masturbar, mientras mi polla iba y venía de su culo. Al rato Marina se agitó mucho y me di cuenta de que estaba por correrse, Díaz tenía la polla por reventar por mis caricias y la presión que tenía dentro de sus intestinos. Me dijo te estás por correr, siento tu polla palpitar mucho allí adentro, ¡sácala, por favor! Era cierto la saqué, él se dio la vuelta y me acosté sobre él polla con polla.

No hubo necesidad de las manos, el frotarse una contra la otra, nos hizo correr, cosa que aproveché sus jadeos y puse mi boca sobre la suya. El me apretó las nalgas y nuestra lefa se mezcló entre nuestros cuerpos, mientras Marina nos miraba. Después no bañamos los tres y él me dijo: -Nunca me imaginé que alguien me ropería el culo y menos que me diera tanto placer. Fue fabuloso chuparle el coño a tu mujer y sentir esa sensación nueva en las entrañas. Al despedirse me dijo: -¡Me debes una, algún día vendré a cobrarte por haberme roto el culo!

Querido amigo esto no terminó ahí. Yo estoy cansado y ya escribí mucho es la medianoche. Otro día te digo lo que pasó después… ¡Estoy de vuelta y muy feliz! Marina se hizo la ecografía y vamos a ser padres de gemelas. Ya elegimos nombre: Rocío y Concha, ¿te gusta? Bueno había quedado en contarte lo último que pasó con Díaz. Como a la semana me llamó y me dijo que si estaba libre quería venir por casa a cobrarse la deuda… -Hombre, vente hoy a las siete que a esa hora llegará Marina. Le dije. -No, prefiero que ella no esté. Fue su respuesta. Me extrañó, pero le dije ¿bueno a las cinco te viene bien? A esa hora en punto llegó. Le quise servir una copa, conversar, etc. Pero no quiso. Me posó su mano en el paquete y me dijo: -Déjate de rodeos, si sabes bien a lo que he venido. Y me bajó la cremallera sacando mi polla sin preparar para afuera (sin preparar quiere decir sin empalmarse). Nos fuimos para la cama y comenzamos un 69, pero él quiso que yo me pusiera arriba. Nos empezamos a chupar las pollas él lo hacía como con desesperación y furia, al mismo tiempo que me metía la suya hasta la garganta, me tocaba el culo, que en esa posición lo tenía abierto y lo podía ver bien, como yo estaba arriba no podía ver el de él, solo podía lamerle las bolas y la raíz de su polla.

Humedeció un dedo con saliva y empezó a hurgarme el agujero, hasta que logró meterlo, al rato metió otro y me pasó la lengua, pero no le pareció suficiente y me pidió crema diciendo: -Quiero follarte como nunca nadie te ha follado en tu vida, como me lo hiciste a mí en presencia de tu mujer. Le di la crema, sacó un poco con un dedo y a mi ojete. Metió todo el dedo y crema para adentro, yo seguía deleitándome y tratando de chupar esa polla tan gorda. Pude sentir como metía otro dedo, y otro, al final tenía cuatro dedos allí.

Logrado esto, me hizo poner boca abajo, y sin ninguna piedad me mandó la polla hasta los pendejos y sentí sus cojones golpearse con los míos. Amigo, me dolió, porque fue toda de golpe, ni siquiera frenó al sentir la resistencia de mi esfínter. Me estuvo follando así como unos diez minutos, con mi polla en su mano, la apretaba de esa manera ruda que le gusta a él. Aunque a mí no me gusta, me hacía doler, tiraba tanto de mi prepucio que parecía que lo iba a arrancar. La sacaba toda y la volvía a meter siempre con fuerza nada suave, me empezó a doler el recto con esos empellones.

Al final no era nada placentero, mi polla con el prepucio casi arrancado, mi ojete golpeado con fuerza. Le pedí que se detuviese un poco porque me dolía mucho. Me respondió: -Me hiciste puto, ahora me estoy cobrando. En una de esas, que la sacó antes de que pudiera meterla me moví y cuando llegó no encontró mi agujero y pegó en la cama. No sabes cómo maldijo. -¡Carajo! ¡Coño! ¡Me cago en la leche! Y otras cosas por el estilo. Me dio vuelta y me levantó las piernas y me la metió de nuevo. En esa pose podía ver su polla muy hinchada, la cabeza la tenía morada de tanto golpearme. ¡Más gorda era imposible!

Me la metió toda, me cogió la polla nuevamente y me empezó una puñeta más suave, se desplomó sobre mí y me besó en la boca, yo le pasé las manos por la cintura y empecé a jugar con su agujero peludo. Nuevamente empezó el vaivén, no aguanté que sobara tanto mi polla y me corrí sobre mi vientre, su mano quedó toda mojada de mi lefa, la acercó a mi boca y me dijo que lamiera esa porquería que él no quería tener la mano sucia. No me quedó otra opción, lamí su mano mojada de mi lefa. Siguió metiendo y sacando como diez minutos más, a mí me pareció mucho más tiempo. Deseaba que se corriera de una vez y más le metía mi dedo en el ojete a ver si eso lo hacía correrse.

Finalmente me dijo: -¡Estoy caliente como nunca, pero no sé qué me pasa no puedo correrme! La sacó y vi que la tenía muy congestionada, le dije ponla bajo el grifo del agua fría, a ver si se te descongestiona un poco. Inventé esa excusa, para que no me follara más. Lo acompañé al baño y se la lavé con agua fría y jabón. Ni medio centímetro, nada seguía dura como un palo. Volvimos a la cama y se la chupé nuevamente, traté de hacer cualquier cosa antes que me follara nuevamente de esa manera tan fuerte. No podía correrse… Le dije ponte en cuatro patas a ver si logro que te corras. Así le separé las piernas y le lamí el culo, metiéndole mis dedos y también crema.

El dijo: -¿No pensarás follarme de nuevo? -Sí, a ver si eso te hace efecto y te corres de una buena vez. Pensé que se negaría, pero como no dijo nada, arremetí contra ese culo y a las tres o cuatro embestidas, dio un gemido y su lefa saltó a borbotones mojando toda la almohada. ¡Una cantidad increíble de lefa! Después me dijo que desde que lo follé por primera vez no folló más con nadie. Quiso guardar todo para mi culo, pero que no me la pudo largar adentro. Se desplomó sobre la cama y yo arriba de él.

La poca lefa que me quedaba le mojó las entrañas, cosa que no le gustó, pero ya estaba hecho. Mi polla me quedó muy en carne viva por la fuerza de su mano y además, apretaba ese esfínter como un condenado. Una vez terminado todo, puse mi culo a remojo con agua fría en el bidet y él también, se metió los dedos tratando de sacar los restos de mi corrida de allí adentro. Se vistió y al irse me dijo: -Estamos a mano, culo por culo. No sé si otro hombre me lo hará nuevamente, pero contigo disfruté mucho, fue fantástico lamerle el coño a tu mujer con tu polla en mi ojete. Pero más me gustó hoy sentir que tu culo fue mío por tanto tiempo, lástima que no me pude correr dentro tuyo, guardé toda mi lefa para ti y mira donde terminó. En la almohada.

Amigo Omar esto sucedió hace unos meses y no supe más de Díaz. Supongo que seguirá con su trabajo y quizás ahora no sea el follador de gays, travestidos y leandras. Tal vez se deje follar por alguno de ellos…

Recibe un abrazo de Claudio & Marina

PD: Cuando nazcan las bebés te avisaré.

Autor: Omar

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