El polvo de nuestras vidas

Penetré su ano. Ana suspiró, pero no mostraba signos de dolor, empujé de nuevo, al poco la tenía ante mi, totalmente penetrada por el culo, mi ritmo se acrecentó, mientras la enculaba, jugué con su clítoris, y ella mostró generosamente cuanto aquello la complacía, me incorporé sobre ella, y empecé a encularla con gran vigor,ella no paraba de gemir, terminé corriéndome salvajemente en su ano.

Mi nombre Jordi, tengo 33 años y vivo en Barcelona. Soy lector habitual de la sección de relatos eróticos y hoy me he decidido a escribir sobre la aventura sexual más apasionada y salvaje que yo haya vivido jamás. Todo lo que voy a escribir es real y ha ocurrido durante el mes de agosto del año pasado .Trabajo en una oficina de una pequeña empresa en Barcelona, y durante el mes de agosto, transcurrieron dos semanas en las que yo era el único que acudía a mi trabajo, el resto de compañeros se hallaban disfrutando de unas merecidas vacaciones.

Cada mañana nuestra primera actividad consiste en bajar al bar de la esquina a desayunar… yo, aunque en solitario, seguí practicando nuestra sana costumbre… pero tuve que cambiar de Bar, ya que nuestro local habitual, había cerrado también por vacaciones. Así es que entré en mi nuevo bar y me senté en una mesa a ojear, despreocupadamente, la prensa diaria. Esa mañana era yo el único cliente. No había mucho trabajo, así que no era urgente el volver apresuradamente a la oficina. Entró una mujer. Dos clientes…Sin poder evitarlo, sin más, empecé a seguirla con la mirada, era el tipo de mujer que sin que uno sepa muy bien porque, despierta sus más recónditos y atávicos instintos, y ahora recuerdo que desde el primer momento en que la vi, solo una palabra recorría mi cabeza: “sexo”.

Primeramente se dirigió hacia la barra, de espaldas a mí, con lo cual pude devorarla con la mirada, sin miedo a ser descubierto. Calzaba zapatos blancos de tacón, acabados en una larga punta. Vestía unos pantalones tejanos, que debo decir, le dibujaban un trasero espléndido, y añado, que ella también sabía moverlo muy bien. En la parte de arriba un jersey fino de color negro, bastante ceñido. Su cabello era rizado de color castaño con mechas más claras. Pidió en la barra, se volvió y vino a sentarse en una mesa justo enfrente de la mía.

Ahora si podía ser descubierto, pero sinceramente, no me importó, volví a estudiar su cuerpo, sus movimientos, realmente ella me excitaba. Le calculé unos cuarenta años aproximadamente, eso si, muy bien llevados, pero tenía esa cara de mujer experimentada en la vida, que al menos a mi, me da mucho morbo. Ojos despiertos y mirada, diría yo, divertida, alegre, de mujer desenfadada. Tez morena, marcadamente bronceada. Llamaron también poderosísimamente mi atención sus pechos. Eran de un tamaño bastante considerable, muy bien puestos para su edad, alzados, y tal como he dicho antes llevaba un jersey ceñido, sin sujetador, que le marcaba notoriamente los pezones. Os digo, que me puse tieso en ese mismo instante.

Hago un inciso para deciros sobre mi, que aunque más joven, he vivido lo mío, estoy rodado vaya, curtido, y leo bastante bien entre líneas. Tengo novia aunque actualmente reside en el extranjero y nos vemos unos pocos días cada dos meses. Soy de carácter abierto, bastante seguro, decidido, afable, simpático, es fácil entablar conversación conmigo y físicamente normal, no muy alto, de complexión fuerte, me gusta mucho practicar deporte. Cara de bueno y ojos claros…Así es, que ella se sentó delante de mi, de lado, ofreciéndome enteramente su exquisito perfil. Contemplé, disfruté, de sus zapatos de tacón, de sus piernas, de sus pechos, de sus erguidos pezones, de sus finas manos…A esas alturas ella ya se había percatado de que había llamado mi atención, y yo de que ella me había fichado.

El camarero le sirvió un zumo de frutas y se retiró. Sin más ella se dirigió a mí, para comentarme lo vacía que estaba la ciudad y la poca gente que quedábamos en el centro, rápidamente entablamos animada conversación. Hablamos de vacaciones, de trabajo… en media hora ya sabía como se llamaba, que era divorciada, tenía 42 años, estaba de vacaciones, pero en dos días se iba de viaje a la islas con una amiga, tenía un hijo de 15, que estaba veraneando con su ex-marido. Debo admitir que a medida que me iba hablando, los ecos de la palabra “sexo” iban resonando a lo largo y ancho de mi cabeza, y de que me costaba horrores no desviar mi mirada hacia sus atributos delanteros. Ella lo sabía. Yo le conté que estaba trabajando, que era el único esos días en mi oficina, y que mis vacaciones debían esperar hasta setiembre.

Ella, a la que llamaremos Ana, me escuchaba con atención, sabiéndose excitante y sensual. Ella me siguió el hilo, así que a esas alturas ya ambos sabíamos que es lo que había. Yo me hallaba completamente erecto, el problema iba a ser mío a la hora de levantarme, por suerte, mi camisa estaba por fuera del pantalón. Le pregunté sobre sus planes para el día, y ví claramente que no tenía mucho que hacer, o al menos, nada que no pudiera hacerse en otro momento. Así que me decidí a atacar, educado, correcto pero decidido…

– Ana, sabes perfectamente que desde que has entrado en el Bar, no he podido dejar de mirarte. – Sí, lo sé. ¿Te gusto? – Sabes que sí. Desde el primer momento me has atraído. – Tú también (me confesó) Pedí la cuenta.

– Acompáñame Ana.- ¿A donde? – Ven conmigo mujer y sonreí…y vino, y yo me la subí a la oficina. – ¿Seguro que estás solo? Me preguntó ella. – Seguro Ana.

La hice pasar a una sala de reuniones que está únicamente amueblada con una mesa redonda y unas pocas sillas. Me acerqué a ella, en esos momentos, creo que mi erección era patente a todas, todas … la cogí por la cintura y la atraje suavemente hacía mi. No se resistió. En ese momento ya tuvo que notar mi verga, totalmente tiesa… sin más demora bajé mi mano y la posé en su excitante trasero, y volví a atraerla hacía mi… ella estaba tan excitada como yo…busqué su boca con mis labios, y nos besamos, apasionadamente, mezclamos nuestras lenguas. Sin dejar de besarla, empecé a desabrocharle sus pantalones y se los bajé, lucía unas bragas tipo tanga de color negro que dejaba al aire un culo respingón impresionante. Mis manos gozaron de ese culo en toda su amplitud.

– ¿Tienes preservativo? Inquirió ella.

Yo hombre precavido (vale por dos), siempre llevo uno en la cartera. Empecé a juguetear con ella. Ana estaba completamente mojada, tan excitada o más que yo. Le acaricié los labios de su vagina, y mis manos se deslizaron, por debajo de su ceñido jersey, hacia sus más que deseadas tetas, comencé a pellizcarle suavemente esos pezones, que en esos momentos se encontraban izados, duros, tiesos. Me entretuve largamente sobando esos hermosos pechos, ella no paraba de gemir, suspirar y jadear suavemente.

La imagen era la siguiente, Ana de pie con las manos apoyadas en la mesa, con los zapatos de tacón puestos, los pantalones bajados, el tanga en su sitio, ligeramente ladeado, el jersey levantado en su parte delantera, mostrando sus dos generosas tetas con sus más que ardientes pezones, la espalda arqueada, sus ojos entrecerrados, y su boca jadeante, suplicante. La chupé y la sobé sin tregua, las tetas, el trasero, el ano, las piernas, su vagina, introduciendo mi lengua hasta lo más profundo, jugando, mordisqueando su clítoris.

– Hazme lo que quieras me susurró.

Esa simple frase, nos hizo entrar en una segunda fase de nuestro polvo. Vi claramente el tipo de juego al que quería jugar. Ana deseaba fervientemente, que yo pasara a ser el claro dominador. Entendí el mensaje… y el juego siguió…La tomé por los cabellos y la arrodillé. Ella no hizo ademán de resistencia en ningún momento.

– Chúpamela, Ana.

Escuche, un simple ‘Sí’, que repitió varias veces con la respiración entrecortada, mientras con su lengua recorría mis huevos, cogí mi verga con las manos y la introducí entre sus labios. La aceptó con patente excitación, placer y ansia. Empezó a mamármela muy enérgicamente. Reconozco que es algo que me da mucho morbo hacer, sujetar a mi compañera por los cabellos, y empujar su cabeza hacia mi pene, follarle fuertemente su boca y no permitir que se zafe de mis movimientos. Así lo hice con Ana, y eso a ella también la excitó. Me ponía a mil, contemplar su cara, que a su vez, me miraba viciosa, mientras, hambrienta, me la comía.

Fue una mamada maravillosa, pero no permití que terminara… Saqué mi pene de entre sus labios, y la ayudé a levantarse, la situé exactamente en la misma posición, en pie, apoyada con las manos en la mesa, deslice su tanga hacia abajo, y empecé a lamer, a chupar, a comerla entera, entre las piernas, el culo, su ano, su vagina estaba completamente mojada, chorreaba… y Ana no paraba de gemir, de jadear… de forma ahora, bastante, bastante escandalosa…

– Te voy a penetrar…

Entre gemido y jadeo, me pareció escuchar un ‘Por favor’, así es que lo más rápidamente que pude, me coloqué el condón… y me situé detrás de Ana. Mi polla estaba tiesa y dura como un bastón, la tengo bastante gruesa, pero Ana estaba muy dilatada por la excitación y la penetré de un solo y enérgico empujón…

¡Como gimió! Empecé a bombear muy fuerte, muy rápido, Ana no paraba de gemir, cada vez más fuerte, me pedía más y más, yo deslizaba mis manos hacia sus pechos y mientras me la follaba, no paraba de sobarle las tetas y pellizcar sus pezones, estábamos ambos disfrutando, sin duda, de un polvo increíble. En la cima de la excitación, introduje un dedo suavemente en su ano. Observé que eso aumentó sus gemidos, así es que seguí jugando con su hermoso culo …

A ella la excitaba aquello, si cabe todavía más, cada vez que metía un dedo en su ano, gemía y jadeaba más … no era un ano virgen, eso me pareció claro, así es que le saque mi pene, y sin dejar a que terminara un suspiro de frustración, de desesperación, apunte con mi glande hacia su ano, ella lejos de resistirse, se dejo ir completamente sobre la mesa, y con ambas manos se abrió las nalgas.

Eso ya me puso frenético, aunque intenté frenar mi acometida para no dañarla. Después de un par de intentos fallidos, penetré con mi glande extremamente duro, su ano. Ana suspiró, pero no mostraba signos de dolor, empujé de nuevo, al poco la tenía ante mi, totalmente penetrada por el culo, y yo empujaba con movimientos lentos y rítmicos… pero aquello funcionaba de maravilla… así es que poco a poco, mi ritmo se acrecentó, mientras la enculaba, jugué con su clítoris, y ella mostró generosamente cuanto aquello la complacía.

Al poco, me incorporé sobre ella… la sujeté firmemente por las tetas y empecé a encularla con gran vigor … ella no paraba de gemir, de gritar… de pedir más y más … y así terminé corriéndome salvajemente en su ano.

En nuestra breve conversación posterior, ambos admitimos, que había sido el polvo de nuestras vidas.

Al rato, nos despedimos sin más, de eso hace dos semanas, y no he vuelto a saber nada más de ella.
Autor: KdS

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Un tanto inocente

Notaba como la polla de Manuel entraba y salía. Nos la estábamos follando de forma salvaje, sin contemplaciones. A Marta le debería doler bastante, pero calló y aguantó. Puso todo de su parte para que quedásemos los dos satisfechos. No pudimos aguantar mucho más. Primero Manuel y después yo, echamos una cantidad descomunal de esperma sobre los pechos y el vientre de Marta.

Con 23 años, Marta, mi pareja desde el instituto, tenía un cuerpazo impresionante. Unas tetas grandes y flácidas, un culo respingón y unas piernas firmes y largas. Morena y con cabello largo. Una de esas chicas que no pasan desapercibidas. Siempre se quejaba que los hombres que hablaban con ella le miraban más las tetas que sus ojos. Un tanto inocente pero le gustaba coquetear.

Nuestras sesiones de sexo no eran muy frecuentes pero si muy intensas. Constantemente fantaseábamos con terceras personas, situaciones imposibles realmente excitantes. Recuerdo el día que Marta me comentó que en el trabajo tenía nuevo jefe. Un hombre de unos cincuenta años, canoso y bien conservado para su edad. Realmente era muy bueno en el trabajo, cosa que produjo cierta admiración en Marta.

A diario me comentaba las incidencias en el trabajo, de como empezaba a tener confianza en su nuevo jefe y como él la ayudaba a mejorar en el día a día. Supongo que es inevitable que en esta situación se produjera una mutua atracción que empezó con bromas, comentarios subidos de tono y confidencias de pareja.

Una tarde Marta me llamó, muy alterada para explicarme que su jefe la había acosado y que se le había insinuado. Después de calmarla un poquito, mi cabeza empezó a dar vueltas sobre el tema. Al principio estaba muy cabreado con la situación. Se me pasaron multitud de escenas por la cabeza, pensaba que Marta tendría que dejar el trabajo, denunciarlo, no se… La cuestión es que al cabo de dos horas, lo que era indignación se había convertido en excitación. No podía sacarme de la cabeza la imagen de los dos follando en las oficinas o de ella chupándole con ganas la polla.

Cuando Marta llegó a casa, le confesé mi nuevo estado de ánimo respecto a la situación. Ella también había cambiado su indignación por un cierto orgullo de poder gustar a otro hombre hasta el punto que le propusiera mantener relaciones sexuales. No tardamos ni 10 minutos en pensar una situación en la que estábamos los tres follando como locos. Con sus ojos cerrados, ella ya se estaba tragando su polla hasta los huevos, se giraba para que se la follase como una puta. Después de correrme sobre su vientre me confesó que era peligroso que fantaseásemos con estas situaciones puesto que podría pasar algo. Aunque que estaba de acuerdo con ella, no podía evitar plantearle nuevas situaciones con él cada vez que follábamos. Ella se molestaba un poco, pero en seguida entraba en situación y se mostraba ansiosa de sexo y extremadamente viciosa.

Continuamos así un par de semanas, hasta que muy seria me dijo que ya no le apetecía que metiésemos a su jefe en nuestros juegos. Y se acabó. Yo no podía entender el porqué renunciar a esas magníficas sesiones de sexo.

Los dos siguientes meses nuestro ritmo sexual cayó en picada. Ella me daba excusas, pero como ya habíamos pasado situaciones semejantes en el pasado no le di mucha importancia. Lo que no había parado ni un momento era mi imaginación, empezaba a sospechar que Marta tenía algún tipo de relación con Manuel, su jefe. Lejos que preocuparme, no hacia más que masturbarme pensando que no solo yo me follaba a Marta. Un sábado por la mañana le expuse a Marta mis sospechas. Ella lo negó, aunque me confesó que alguna vez él la había intentado besar y que en una cena de trabajo la había sacado a bailar y que le notó su erección al pegarse a él.

Le pregunté porque no se lanzaba y follaba con él. Que le sería muy fácil y que después podríamos realizar algún trío o intercambio de parejas si es que su mujer quisiera. Marta se levantó furiosa y fue tajante al decirme que no quería hablar más del tema.La verdad es que dejé el tema apartado hasta que una mañana Marta empezó a preguntarme si eran los martes que iba a jugar a fútbol sala, y que si este martes iría, y que si pasaría por casa o si iría desde el trabajo. Evidentemente sospeché que algo pasaba porque Marta nunca me interrogaba de esta manera. Era evidente que ese martes no iría a jugar a fútbol sala y tampoco iría a trabajar. Vivimos en un segundo piso, que después del principal y el entresuelo se convierte en el cuarto y último. La escalera sigue hasta la terraza. Decidí que la esperaría arriba, para comprobar que se estaba cociendo.

Desde arriba, se oía perfectamente la gente entrar por la portería. Después de dos falsas alarmas, reconocí a Marta que subía por las escaleras, sola. Entró en el piso, gritó mi nombre y al cabo de unos larguísimos 20 segundos, salió corriendo escaleras abajo. A los dos minutos Marta y un hombre subían silenciosamente las escaleras. Ella delante y el detrás, era Manuel. Al llegar al rellano de nuestro piso, vi la cara de ansiedad de Marta. También su desahogo de llegar a nuestro rellano sin que ningún vecino la viera con ese desconocido.

Cuando estaba por abrir la puerta, él puso sus manos en sus caderas y la besó el cuello. Sus manos subieron rápidamente hasta sus pechos. Con habilidad le subió el jersey y le sacó el sostén por encima. Los pechos de Marta estaban al descubierto y el los amasaba con lujuria. Ella se volteó y le dio un beso muy profundo y con mucha saliva. Introdujo su mano dentro del pantalón hasta acariciar la polla de Manuel. Mientras le decía algo imperceptible a la oreja, consiguió abrir la puerta e inmediatamente la cerró.

Ahí me quedé, nada sorprendido y muy, muy excitado. No sabia que hacer. Estaba muy nervioso… Estaba claro que tenía que entrar en casa y pillarlos in fraganti. La espera se me hizo larguísima pero no debieron ser más de medio minuto. Me acerqué a la puerta, preparé la llave. No quería hacer ruido… Esperaba que estuvieran en la habitación… pero al abrir la puerta… allí estaban en pleno pasillo. Manuel con los pantalones en los tobillos, Marta sin nada de ropa, de cuclillas haciéndole una mamada mientras el alargaba su mano por su espalda hasta encontrar la vagina chorreante de Marta.

La cara de los dos fue un poema al verme. A Marta se le entrecortó la respiración, se sacó la polla de la boca, se levantó y empezó a balbucear. A Manuel se le cortó la erección al instante. Estaba intentando subirse los pantalones pero no podía por los nervios. Yo sin embargo, estaba tan excitado que no oía lo que intentaba decirme Marta. Mi tranca estaba a reventar, mi mirada perdida viendo aun la situación que hacía solo unos segundos… medio aturdido me bajé los pantalones y deje al aire mi polla totalmente erecta. Estoy seguro que Marta ni la vio mientras intentaba hablarme. Suavemente le agarré la cabeza, le di un beso corto en los labios y con una ligera presión en sus hombros conseguí que volviera a la posición de cuquillas de hacía un momento. Sus labios quedaron a escasos milímetros de mi polla. Como aun no reaccionaba tuve que tranquilizarlos a los dos.

– No pasa nada… Esto es lo que hemos estado esperando…- le dije a Marta. – Manuel, tranquilo… Vamos a follarnos a esta viciosa…

Inmediatamente noté como los labios de Marta empezaban a besarme la polla, abriendo la boca se la introdujo poco a poco. Su lengua repasaba una y otra vez las rugosidades de mi miembro. Cerré los ojos, disfrutando de aquella sensación… Noté los dientes de Marta haciéndome una presión casi dolorosa. Abrí los ojos… Allí estaba Manuel, detrás de Marta, introduciéndole sus dedos e intentando hacer que levantase el culo para facilitarle el trabajo.

Mi sorpresa fue tremenda cuando vi que intentaba entrar un dedo a través del esfínter de Marta. Ella nunca me había dejado… Allí estaba, abriendo su culo para facilitarle el trabajo. A cada intento, notaba sus dientes en mi carne. Se sacó mi polla de su boca para lanzar un alarido de placer entre fuertes respiraciones. Se incorporó, nos cogió a los dos de la mano y nos dirigió al salón. Nos sentó en el sofá, los dos con una erección tremenda, y empezó a mamárnosla alternativamente. Alargué la mano hasta llegar a su culo, estaba un poco dilatado… Lo introducí lentamente, noté como Marta lo acomodaba con un suave movimiento de cadena. Lo empecé a meter y sacar.

Me levanté del sofá mientras ella seguía a lo suyo con Manuel. La hice poner de cuatro patas encima del sofá. Ella seguía enganchada a la polla de nuestro amigo. Le introduje la punta de mi polla en su ano. Ella presionó hacia mí para que se la metiera… y así lo hice… De su boca salió un alarido de placer y también de dolor… Yo estaba como loco, bombeando salvajemente aquel agujero tan deseado y hasta aquel momento prohibido.

– Ahora me toca a mí! – exclamó Manuel.

Se levantó, se puso detrás de ella y se la empezó a follar. Su vagina estaba muy dilatada, al igual que su culito. Marta ayudaba a la penetración, dando fuertes golpes de cadera que se estrellaban en la cintura de Manuel, después que su polla se introdujera en alguno de los agujeros de Marta. Cogí la cara de Marta y la dirigí a mi polla. Abrió la boca y se la metió. Inmediatamente le vino una fuerte arcada, mi polla tenía ligeros restos de heces… Pero prosiguió, limpiándola salvajemente con su lengua.

Ya limpia, me senté en el sofá. Marta se incorporó y se sentó encima de mí. Mi polla entraba y salía de su chocho con extrema facilidad. Entonces noté en mi polla, la presión de los dedos de Manuel que volvían a estar en el culo de Marta. Ya tenía los dos agujeros ocupados. A medida que Manuel metía otro dedo, la presión sobre mi polla era mayor. Le metió hasta cuatro dedos, justo antes de metérsela. Notaba como entraba y salía. Nos la estábamos follando de forma salvaje, sin contemplaciones… A Marta le debería doler bastante, pero calló y aguantó. Puso todo de su parte para que quedásemos los dos satisfechos… No pudimos aguantar mucho más. Primero Manuel y después yo, echamos una cantidad descomunal de esperma sobre los pechos y el vientre de Marta. Estaba destrozada… se levantó como pudo y fue a darse una ducha. Manuel, empezó a vestirse. Dijo un ‘hasta la próxima…’ y se fue.

Allí me quedé, en el sofá, esperando que saliera Marta … Una vez bajada la excitación, me sentía mal, no podía creer lo que había pasado … Oí a Marta llorar dentro del lavabo… estuvo hora y media. Salió rápido y se metió en la cama. Después de ducharme, entré en la habitación. Sin decir nada, me metí en el lado de la cama que estaba libre, al cabo de un buen rato me dormí.

Autor: gengiskan

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Cena semanal

Me puse entre sus piernas, y con la misma técnica que había hecho correr un ratito antes a Ana, empecé a introducirle un dedo, no me costó nada, estaba muy mojada y dilatada, la fricción de mi pulgar, y las caricias de Ana a los pechos hizo que se corriera bestialmente, nos sentamos en la cama, María totalmente desnuda, Ana con su tanga, y Juan con las bragas de su mujer en la mano.

Quisiera empezar este relato contando que tengo ahora 41 años, y que estoy casado desde hace 18 con Ana, una mujer de mi edad más o menos. Ambos somos lo que se podría definir como una pareja normal, no nos consideramos feos pero tampoco espectaculares, ella tiene unos pechos más bien grandes, mide 1.70.

En lo que se refiere al sexo, mi fantasía siempre ha sido verla a ella haciendo el amor con otro hombre, y ella lo sabe, pero no quería ni entrar a discutir esta posibilidad, por lo demás, nuestras relaciones son totalmente satisfactorias, Tenemos una pareja de amigos, Juan y María, que, con los que compartimos vacaciones y una cena semanal.

Tenemos con ellos mucha confianza, y nos permitimos algunos comentarios subidos de tono, pero nada especial en este sentido Como decía, cada semana aprovechamos un día para cenar juntos, así mantenemos esta relación, ya que de lo contrario nos veríamos solo por vacaciones Esta semana tocaba en casa de Juan y María. Nos preparamos hacia las 8 de la tarde para ir a su casa, Ana se puso un vestido amplio, abierto por delante con una cremallera de arriba a abajo, muy vaporoso, con un escote importante y que le llegaba por encima de la rodilla, y unas braguitas tipo tanga (casi siempre usa tanga), con un sujetador de esos sin tiras a juego, todo ello de color rojo.

Al llegar a su casa, acabamos de preparar la cena y cenamos con una considerable cantidad de alcohol, como era normal, eso nos permitía que después la conversación fuera más picante, explicando chistes verdes o haciendo comentarios sexuales.

Estábamos liados con una charla en la que Ana decía que me conocía tan bien, que solo con el tacto serian capaces de saber si era yo el que le tocaba una mano, o la cara, o no, y los demás decíamos que esto era imposible, y que una simple caricia no podía distinguirse. Entonces María propuso que se tapara los ojos, y que lo probáramos, a lo que ella accedió. Asó que buscamos una venda y María se la puso en los ojos, atada por atrás.

Juan se acercó a ella y le cogió la mano, a lo que ella inmediatamente le cogió el brazo y dijo; “eres Juan”, pero todos gritamos que no valía, ya que ella no podía tocar. María propuso atarle también las manos, ella no quería, pero al final accedió, le tumbo en un sillón de estos que se estiran y quedan como una cama, y la puso la venda y le ató las manos a los brazos del sillón, quedando completamente estirada y le sacó los zapatos Cuando la vi así, mi miembro se puso duro inmediatamente, era una postura que muchas veces habíamos practicado en nuestros juegos sexuales, y el estar con nuestros amigos, me excitaba, además, María dijo que le gustaba hacerlo, ya que allí Juan le ataba de aquella manera alguna vez, sin más comentarios, lo que creo calentó el ambiente en general, ya que Ana dijo “Ahora te quito el sitio yo”.

Empezó de nuevo Juan, esta vez le tocó los pies, de una manera muy delicada, ella dijo que era María, y esta dijo, “¿ves como no es posible que aciertes siempre?”, pero ella disculpó su equivocación porque los pies son poco sensibles, que en la mano no fallaría, Mientras ella hablaba, se iba moviendo, y muy despacito, el vestido iba subiendo, creo que sin que ella se diera cuenta. Seguimos el juego, esta vez le tocamos los tres la mano, y curiosamente solo acertó cuando le tocó Juan, ya que confundió a María conmigo. Repetimos en los brazos, las piernas y la cara, con un éxito similar, pero cada vez tenía el vestido más arriba, además en la posición que estaba, dentro de poco rato se vería claramente su tanga. María vio lo mismo que yo, y con señas me lo indicó, pero yo le dije que callara, que no pasaba nada. En esto que seguimos con más toqueteos, pero al revés, era ella la que tenía que tocar sin desatarse, acercó la mano Juan para que procediera, y falló de nuevo, diciendo que era la mía, pero su vestido ya no ocultaba el tanga, cosa que en señas hice ver a los demás, que reímos, ella preguntó que pasaba, pero dijimos que nada, cosas nuestras.

Para animar la situación, le dije a María y a Juan que ahora le tocaría un pecho, y ella le dijo a Ana, “A ver si ahora sabes quien es”, yo me puse a su lado, y muy rápidamente le cogí un pecho, soltándolo en menos de un segundo, entonces ella dijo “ha sido Juan”. Quedamos todos asombrados, ya que no pensábamos que pudiera pensarse nunca que Juan se atreviera, ella insistió, preguntando si había acertado, a lo que Juan le contestó que no, que ya le habría gustado, pero que no, a lo que ella contesto que era tonto, y que solo era un juego. En este momento, su tanga ya era totalmente visible, y todos pudimos ver la mancha que se le había formado en su coño, marca inequívoca de su excitación.

Fue cuando María le dijo a Ana que se la había subido el vestido, y que se le veía el tanga, pero ella respondió “os gusta?” . Quedamos sin saber como reaccionar, pero Juan dijo, a mi si, me encanta, y lo que esconde, seguro que más, Ana respondió que era un pillín….

El ambiente era más que caldeado, quedamos todos sin movernos, pero Ana dijo, pensáis continuar o me dejareis aquí atada, entonces María dijo que ya no había más zonas para probar, que le habían tocado por todas partes, pero ella dijo que solo en las zonas que no tapaba su vestido, y que si molestaba, que se lo abriesen, que era fácil, solo una cremallera.

Uf, como estaba el ambiente, no sabíamos que hacer, en esto que María se acercó a ella, sentándose a su lado, y le desbrochó lentamente el vestido, Todos mirábamos las partes de su cuerpo que iban apareciendo, su escote, el nacimiento de sus pechos, sus pechos completos tapados solo por el sujetador… Se la veía preciosa, con el tanga y sujetador rojo a juego, con sus pechos que parecían salir, y sus pezones rígidos mostraban su calentura.

Entonces ella era la que guiaba, nosotros estábamos cortadísimos, y propuso un juego, que consistía en que los tres le acariciáramos un pecho, y si no acertaba, le quitaríamos el sujetador. Empezó María, que si acertó, luego me tocó a mí, que también acertó, pero Juan no se atrevía, a lo que le volví a tocar yo, entonces ella dijo que era Juan. Ya había fallado, tenía que sacarse el sujetador, pero ella le dijo a Juan otra vez que era un tonto, y que aprovechara, que esta situación no se daría muchas veces, y quiso que se lo sacara Juan. Le costó, primero vencer la vergüenza, a pesar de que los tres le animábamos, y después porque ella atada, y con el vestido solo abierto era difícil llegar a los corchetes, pero lo consiguió, cuando acabó, Ana preguntó a todos si nos gustaban sus pechos, todos contestamos a la vez que si, que nos encantaban.

No se cual de los cuatro estaba más excitado, pero creo que era María, ya que propuso el siguiente juego, que consistía en hacer lo mismo pero con sus tanga. Yo no tenía claro que aceptara, no es lo mismo que te toquen los pechos que el coño, pero ella dijo que si, pero que si acertara, tendría que ponerse ella en el sillón, y entre todos la desnudaríamos. María se puso roja como un tomate, no sabia que decir, pero su marido le dijo que era justo, y que si le gustaba el espectáculo, también podía darlo ella. Al final aceptó, Ella abrió sus piernas a no poder más y dijo, quien va a ser el primero. A empujones conseguimos que Juan se acercara, y con mucha timidez, empezó un trabajo de experto, acercándose, no se si por timidez o por calentarla, muy despacio, primero por su muslo, y muy despacio fue llegando a su coño, de golpe empezó a acariciarla con fuerza, por encima del tanga, ella se movía, agitaba todo el cuerpo, y Juan se iba animando, sus movimientos se convirtieron en gemidos, y violentamente se corrió, cerrando repentinamente las piernas y apretando la mano en su interior.

Todos quedamos callados, ella se estaba reconduciendo de un orgasmo que seguro no esperaba tener al llegar a aquella casa, esperábamos ver si identificaba correctamente a Juan, y ella dijo “María, no sabía que tu marido era tan hábil con los dedos, y por encima del tanga”, todos reímos, y yo le dije a María que se preparara, que creo que le tocaría la siguiente parte del juego a ella, mostraba una actitud mezcla de excitación y vergüenza.

El siguiente fui yo, empecé por apartarle el tanga, dejando a la vista de todos su coño mojado y excitado, María preguntó si era multiorgásmica, supongo que para saber si podría verlo repetido, ella le contestó que si, y que antes de que ella empezara pensaba correrse alguna vez mas. Le introduje un dedo, tal como lo hacía siempre, para que tuviera muy claro que era yo, ya que esta vez lo que quería es que acertara, y poder ver y jugar con María. Con el dedo pulgar le acariciaba su clítoris, mientras que tenía otro dedo dentro, yo sabia que esto le gustaba, y no me equivoqué, en pocos segundos estalló en un sonado orgasmo, incluso temimos que los vecinos nos oyeran, pero que más daba ya. Entonces ella dijo, ya sabes cariño que masturbándome eres el mejor, nadie me lo ha hecho nunca tan bien como tú. Había acertado otra vez. Entonces María le preguntó: “Te han masturbado muchos chicos?”, ella respondió que cinco más, sus antiguas parejas, y que lo que aprendió de ellos me lo enseño a mi, y que por eso sabia tanto. Nunca habíamos hablado con ellos de anteriores amantes, ni nada tan atrevido. En eso que María dijo, “sabéis que durante un año me acosté con una chica?”, quedamos asombrados, nos contó que cuando estudiaba compartía habitación con una chica que era lesbiana, y que se hicieron amantes, yo le pregunté si era bisexual, y me contestó que no lo sabia, pero que con ella había tenido una relación muy placentera. Nos comentó también que en aquella época ya tenía a Juan por novio, y que él lo sabia, y no solo no le importaba, si no que incluso una vez presenció su encuentro.

Vaya cosas que descubríamos, mi mujer contaba cuantos amantes había tenido, y María que era bisexual, o por lo menos que había practicado sexo con una mujer. Ana estaba ya impaciente, quería que un tercero, o tercera le tocara el coño, y conseguir que María fuera desnudada y acariciada por todos. Sin más, le dijo a María que quería probar a una chica, que ella nunca había estado con ninguna, pidiéndole que se acercara y empezara, pero esta respondió que no tenía porque ser ella, que eso tenía que adivinarlo, pero diciendo esto, María se acercó, se puso de rodillas al suelo, y mientras con una mano separaba su tanga, acercó su cara al coño, haciendo maravillas con la lengua, se notaba que sabía lo que hacia, y se corrió brutalmente de nuevo. Ana dijo que de aquella manera, nunca se lo había hecho un chico, y que tenía que ser María. Acertó, como yo, y creo que todos deseábamos, y tanto mi mirada como la de Juan se dirigieron a María, pero Ana dijo que no empezaran sin desatarla, que quería colaborar.

Entre todos le sacamos las cuerdas y el vendaje de los ojos, ella aprovechó para acabarse de sacar el vestido, quedando solo con el tanga.

María estaba muy nerviosa, esperando su turno, nos pidió que fuéramos a la habitación, que estaríamos más cómodos, y así lo hicimos, Ana, casi desnuda, Juan detrás de ella, y yo el último.

Entramos, y los cuatro nos estiramos en la cama, menos mal que era muy grande.

Ella dijo, “Quien empieza?”, Juan dijo que el honor les correspondía a Ana y a mi, y que él miraría, se levantó de la cama y se sentó en una butaca. Entre Ana y yo, empezamos, muy lentamente a acariciarla, a excitarla más si se podía, antes de desnudarla, íbamos jugando con su cuerpo, sin tocar ninguna zona sensible, ella ya no podía más, su cara lo decía todo, estaba súper excitada, yo tampoco podía aguantarme más, quería ver, tocar, acariciar a María, llevaba un jersey muy fino y sin mangas, y unos pantalones de piel, muy ajustados.

Le levanté el jersey, primero descubrí su cintura, después fui subiendo, ya aparecía el borde de debajo de su sujetador, era blanco, sencillo, sin florituras, amagaban unos pechos pequeños, pero que se le marcaba sus pezones, por cierto muy rígidos. Le saqué por completo el jersey, dejando que su sujetador fuera la única pieza que tenía de cintura para arriba, mientras hacía todo esto, Ana la acariciaba, se acercaba a los pechos, le marcaba el contorno del sujetador. Yo la imité, y nos dedicamos cada uno a un pecho, sin que en ningún momento se los tocáramos. Dirigí mi mano a sus pantalones, desabroché el botón y bajé la cremallera, mientras tanto, Ana seguía con sus caricias. Le bajé los pantalones, dejando al descubierto unas bragas blancas, tipo bikini, pero que trasparentaban claramente los pelos del coño, y que estaban ya empapadísimas de sus jugos.

Yo ya no podía más, estaba en una cama desnudando a una mujer junto a mi  mujer, que solo llevaba un tanga, y su marido sentado, mirando, decidí actuar, y empecé a acariciarle un pecho, ella reaccionó con un suspiro, supongo que lo necesitaba ya, con el sujetador en medio, acaricié suavemente un pezón, mientras que Ana hacía lo mismo con el otro, María gemía de placer, y no paraba de moverse. Quería verlos y tocarlos sin impedimentos, así que deslicé mis mano por su espalda, y se los desabroché, ella no paraba de moverse y gemir, en sus ojos se notaba que necesitaba más, Ana le acabó de sacar el sujetador, y yo me abalancé sobre sus pechos, los estrujé entre la mano, se los amasé, le pellizcaba los pezones, mientras sus gemidos eran cada vez más audibles. Tenía ganas de comérselos, y así lo hice, me dediqué a un pezón, mientras Ana hacía lo mismo con el otro.

Pero todos queríamos más, mientras hacía esto, bajé mi mano hasta llegar a sus bragas, eran muy suaves, de algodón, acaricié por encima su coño, ella reaccionó abriéndome las piernas, era un charco, estaba empapadísimo, Ana le preguntó si también era multiorgásmica, supongo que para saber donde podría llegar aquello, ella, entre suspiros dijo que si.

Yo quería tocar directamente su coño, así que abandoné el pecho, dejando los dos para Ana, y me dispuse a sacarle la braga, que cuando estuvo del todo fuera, las lancé a su marido, que lo primero que hizo fue llevárselas a su cara, y olerlas.

Me puse entre sus piernas, y con la misma técnica que había hecho correr un ratito antes a Ana, empecé a introducirle un dedo, no me costó nada, estaba muy mojada y dilatada, la fricción de mi pulgar, y las caricias de Ana a los pechos hizo que se corriera bestialmente.

Una vez repuestos, nos sentamos en la cama, María totalmente desnuda, Ana con su tanga, y Juan con las bragas de su mujer en la mano. Este le pidió a Ana que le diera su tanga, pero ella le dijo que no, se las había ganado.

En eso que María nos mira a todos y nos dice, Os importaría que nos quedáramos Ana y yo un ratito solas, quiero estar con una chica, hace mucho que no lo hago, y quiero un poco de intimidad.

Miré a Ana, que asintió con la cara, Juan y yo nos fuimos al salón, comentando la situación muy excitados, pudimos oír sus gemidos, sus gritos, durante una hora larga, no sabíamos que hacer, para distraernos pusimos un video, pero no le prestábamos atención. Al rato, el silencio era total, supusimos que habían acabado, en eso que mi mujer, cubierta con un batín vino al salón, y me dijo, anda, ve a la habitación, María te está esperando, y mirando a Juan le dijo, el se va a follar a tu mujer, ¿no te importa verdad?, es que yo voy a follar contigo.

Autor: AnnaG.

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