Cómo me inicié en el sexo pago

Hola amigos, me recuerdan? Soy “el pervertido”, quien ha ayudado a una linda putita a escribir sus memorias, pues una amiga de ella me pidió la misma ayuda para publicar sus memorias, iniciando así una nueva serie donde conoceremos las cachondas historias de Valeria.

Hola, me llamo Valeria y vivo de proporcionarle placer sexual a los hombres dispuestos a pagar por mis favores sexuales; mi mejor amiga me presentó a su amigo que le ayuda a publicar sus memorias, le solicité su ayuda para yo publicar mis propias historias y su sugerencia para comenzar fue mis inicios, mis primeros pasos como puta.

En la universidad yo tenía varios amigos con los que tenía sexo, algunos vivían en el mismo barrio y otros que conocí en fiestas a donde me invitaban ellos mismos. Hablando con mis amigas del colegio intercambiábamos chismes y nos enterábamos de las andanzas de muchas de ellas, algunas de ellas solamente tenían sexo con sus propios novios y les eran fieles y otras tenían sexo con varios amigos sin compromiso.

Yo era una de las chicas que tenía sexo sin compromiso con varios amigos. Muchos de ellos los conocí porque entre los hombres no se guardan los secretos de cuando tienen sexo con una chica y entonces todos ya sabían que yo era una chica fácil, que me encantaba el sexo y que era muy fácil llevarme a la cama.

Una vez uno de esos chicos con los que yo tenía sexo con frecuencia me dijo que tenía una prima que era como yo que practicaba sexo sin compromiso pero que además recibía regalos o dinero a cambio de sus favores. Yo me escandalicé y le dije que eso era prostitución, a lo que contestó que eso no tenía nada de malo pues si lo llamaban el oficio más antiguo del mundo y si fuera malo no habría sobrevivido por tantos siglos. Me contó que su prima tenía amigos mayores que eran los que le pagaban o le daban regalos y que como los jóvenes no tenían el dinero para pagar entonces yo podría solicitar otra clase de favores, como la ayuda con tareas o que me invitaran a paseos, como él hacía conmigo, pues él me ayudaba con las tareas, cuando se iba de paseo me llevaba, a veces me invitaba a comer en la casa con sus padres, me invitaba a comer hamburguesa, pizza o helados.

Recordé que en el barrio donde yo vivía había un hombre bastante maduro que vivía solo y más de una vez noté que me miraba morbosamente pero me daba miedo que fuera un violador, le pregunté a uno de los vecinos a quien le tengo confianza acerca de quién era ese hombre, me dijo que tenía un pequeño restaurante cerca a la zona Rosa.

Una tarde cuando salía de mi casa me encontré con el hombre que salía en su auto del garaje de su casa y me miró morbosamente, lo miré y seguí caminando por la calle, y unos metros más adelante él me alcanzó en su auto y me gritó que si me podía llevar a alguna parte yo le dije que tenía que ir a la zona Rosa a encontrarme con mi primo, aunque eso era una mentira solamente era para tener la excusa de subir a su auto, se ofreció a llevarme ya que él iba para ese lado, y yo “inocentemente” acepté, durante el camino me preguntó de mi universidad, de mis gustos por el estudio, por la comida, pero yo noté que me hablaba en un tono más cariñoso que normal.

Me dijo que tenía un restaurante en la zona Rosa y que como yo iba para ese lado me invitaba a conocerlo, acepté y cuando llegamos me invitó a sentarme en una mesa y me ofreció una ensalada de frutas mientras él se tomaba una Coca-Cola. Noté que miraba con lujuria mis tetas pero hice la que no lo notaba, me preguntó si podía volver después de encontrarme con mi primo pero le dije que no, entonces me invitó a volver al restaurante el día siguiente.

Al día siguiente volví y me invitó a comer otra ensalada de frutas y me dijo que yo era una chica muy linda, que se estaba enamorando de mi, coquetamente le dije que me parecía un señor serio y amable, me preguntó si podíamos ser amigos y yo le dije que sí, me advirtió que debido a nuestras diferencias de edades eran muchas pues eran 24 años de diferencia deberíamos ser muy discretos en nuestra amistad lo cual me pareció bien pero yo ya entendía perfectamente cuáles eran las verdaderas intenciones de ese hombre sexualmente conmigo. Me preguntó si tenía algo que hacer más tarde, le dije que estaba libre, y me invitó a recorrer la ciudad en su auto mientras charlábamos, dentro de la plática me preguntó cosas de mi intimidad, si tenía novio, yo directamente le conteste que no tenía novio, que ya no era virgen y que me gustaba mucho el sexo, se sorprendió ante tan franca respuesta de puta, contestando inmediatamente con su morbosa cara que en eso nos parecíamos porque él no tenía esposa ni novia, no era virgen y también le gustaba el sexo.

Me propuso ir a su casa, en este momento ya tenía claro que su deseo era follarme por lo cual inmediatamente le dije que sí pero que cómo íbamos a ser amigos tenía que pedirle un favor muy especial, que me prestara dinero para comprar unos zapatos que me gustaban, él se ofreció a regalármelos pero yo le dije que mejor me diera en efectivo y que yo misma los compraba lo que el gustoso aceptó.

Llegamos a su casa al anochecer, allí me ofreció un jugo de naranja y me dijo que él me podía ayudar económicamente si yo quería a cambio de que fuéramos muy buenos amigos y ofreciera mis favores sexuales, a lo cual le dije que sí pero que nadie en el barrio se enterara. Fue en ese momento, cuando él sacó de su billetera el dinero para mis zapatos y un par de billetes más para que me comparara cualquier cosa que yo quisiera iniciando desde ese momento mi vida de puta de pago.

Una vez por semana yo llegaba a su casa a tener sexo a cambio de dinero, una vez me dijo que si yo quería podía obtener más dinero porque había un cliente de su restaurante que me podía interesar, le dije que me lo presentara, a los dos días me citó a su restaurante para presentarme al hombre que tenía unos 35 años que  le gustaban mucho las nenas como yo y que si yo quería me podía ayudar económicamente, encantada de la vida acepte con la condición de ser muy discretos.

Ésa misma tarde me llevó a un motel para follarme y desde entonces me llama entre dos y tres veces por mes para disfrutar sexualmente con mi lindo cuerpo.

Al terminar la universidad fui a un bar donde las chicas se ofrecen para dar satisfacción sexual a los hombres a pedir trabajo y esa misma semana llevé los documentos que me pedían y empecé a trabajar todos los viernes y sábados por la noche que es cuando más clientes van.

Actualmente trabajo de día en una empresa que se especializa en la venta de muebles como asistente de oficina, en otro relato les platicaré como fue que entré a trabajar a esta empresa y con cuantos me tuve que acostar para lograrlo, los viernes y sábados por la noche voy al bar a ofrecerme para que me follen todos los que paguen por mis caricias y ocasionalmente voy de noche a otro bar que conocí con una de mis amigas, que tiene los mismos morbosos gustos que yo.

Cualquier comentario al respecto favor de hacérselo llegar a mi amigo el Pervertido, él me los hará llegar y posiblemente algún día les conteste personalmente.

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Ayuda al Camión (Dedo al Camión 3)

Ayuda al Camión
Por Rebelde Buey

Estaba desesperado. Había reunido a mis dos íntimos amigos, a mi primo y a un vecino de confianza para que me ayudaran, para que me dieran ideas, plata, lo que sea con tal de sacar a mi novia del emputecimiento en el que estaba sumergida.
Los miré uno a uno, tragando saliva. Resultaría difícil no quedar como el rey de los cornudos.
—Se trata de Violeta…
Me miraron preocupados.
—¿Le pasó algo?
—No. Bueno, sí. Pero nada grave. O sí, muy grave…
—¿Qué pasa, Henry? ¿Se van a separar?
Estábamos en el living de mi casa, sentados en los sillones.
—Está en problemas. Tiene un especie de… adicción…
—¿Drogas…?
Los miré. No sabía cómo decirles.
—Es adicta… al sexo.
Uno de mis amigos sonrió como si yo estuviera bromeando.
—No es lindo. Ni excitante. No es solo adicta al sexo… -me sentía tan incómodo de revelarme así delante de ellos. —Es adicta al sexo con… camioneros… Está como obsesionada… Es una historia larga, pero… Se la pasa cogiendo con camioneros…
Primero rieron. Luego vieron mi rostro destruido y entendieron que, por extraño que pareciera, era verdad.
Me eché a llorar.
—Henry, disculpá… -me dijo uno de mis amigos. —Pensé que era una joda…
—No lloro por ustedes, pero ella… Tengo que hacer algo… no quiero perderla…
—¿Te va a dejar? -quiso saber mi primo.
—No. Ella me sigue amando. Y yo también. Pero no puede salir de esa puta parrilla…
—¿Qué parrilla?
—Trabaja en una parrilla y el dueño la hace coger con los camioneros por 100 pesos… Y ella se deja…
—No puede ser…
—Hasta yo… Para cogérmela yo también tengo que pagar… Necesito ayuda…-imploré.
Todos conocían a Violeta y, aunque la veían siempre de polleritas y remeras ajustadas, con sus tetas a punto de explotar y la carita de puta alegre, les resultaba imposible de creer.
—¿Querés que le hablemos?
—Es al pedo hablar. No le importa nada. No es que no me quiera, es que no lo puede evitar… Es como una droga, no puede dejar de cogerse camioneros…
Yo estaba con la cabeza gacha, llorisqueando, y no pude ver cómo entre los cuatro se cruzaron miradas.
—¿Cómo es el sistema…? -me preguntó mi primo.
—Los camioneros comen algo, se anotan en una lista y cuando les toca el turno, pagan comida y polvo y se llevan a mi nena a su camión…
—¿Por cuánto tiempo?
—Media hora…
Se volvieron a mirar.
—¿Y hay alguna restricción… o cualquiera puede ir y…?
—Creo que cualquiera. No sé. Mientras se le pague al hijo de puta de Antonio, el parrillero…
En ese momento entró al living Violeta y nos sonrió. Ya se habían saludado antes y ella iba y venía por la casa sin saber lo que hablábamos nosotros. Llevaba puesto un mini short colorinche, enterradísimo entre las nalgas, que la exhibía demasiado. Esa era otra cosa que me molestaba de todo el asunto: el hijo de mil putas de Antonio, además de prostituirla, le había cambiado la forma de vestirse y comportarse. Ya en el barrio se rumoreaba que era una putita.
Mis amigos la siguieron con la mirada, especialmente cuando se agachó a acomodar unas cosas en una mesita. Mi primo, fanático de los culos grandes y redondos, se quedó colgado del mini short de mi novia, que casi le dejaba media cola afuera.
—¿Vieron? -les dije cuando se fue. —¿Vieron lo cambiada que está?
—Yo no la veo muy cambiada -dijo mi primo. —O por ahí un poquito más delgada, con mucho mejor cola que antes, creo está más buena que nunca…
—¡Cambiada de actitud, boludo!
—Ah, sí, sí -admitió a modo de disculpa.
Los miré a los cuatro, suplicante. Eran mi gente de mayor confianza.
—¿Y? ¿Me van a ayudar o no?
—Por supuesto, Henry. Algo se nos tiene que ocurrir. Pero decime… la parrillita esa… ¿dónde queda…?

Idearon rápidamente un plan. Me pidieron 400 pesos, 100 para cada uno. Irían en la semana a ver cómo era el sistema ese, por el que el Antonio prostituía a Violeta. Santiago, uno de mis amigos, consiguió un camión. Pagarían, llevarían a mi novia a la cabina y tratarían de convencerla. Por supuesto, ellos no le harían nada. Eso me aliviaba. Si bien me iba a costar 400 pesos, al menos esa noche ella no sería tan usada como de costumbre.
Llegamos a la parrillita y mis amigos y mi primo se anotaron en la lista. Casi se atragantan cuando la vieron llegar de un camión con su uniforme de ese día, una mini falda tableada y cortísima, que le dejaba media cola al aire, y una tanga demasiado metida en la raya. Arriba, un top corto donde las tetotas se peleaban por salir.
—Hola, mi amor -me saludó mi novia. —¿Trajiste platita para hacerme el amor?
—N-no… -balbucí. —Pero mis amigos… -Ella giró para verlos y les sonrió. —Vienen a hablarte.
—Que se anoten en la listita, mi amor… -dijo con cierta indiferencia.
Media hora después, mi amigo Dani se llevaba a mi gordita hermosa al camión, previo pago de los 100 pesos que le había dado. Dani era el más pirata de todos, a excepción quizá de mi primo, por lo que verlos entrar a la cabina me despertó una alarma. ¿Y si se llegaba a propasar con ella?
—Tranquilo -me dijeron los otros tres. —A Dani lo conocés desde la primaria. ¿Cómo te va a hacer una cosa así?
Me calmé. Todo este asunto me estaba poniendo paranoico. Fue una media hora de chicle, nunca se terminaba. Por un lado mejor, pensé, todo este tiempo estaría tratando de convencerla.
Pero cuando regresaron, también lo hizo la paranoia. Porque conozco a Violeta y en la cara le vi que había cogido. Mi amigo venía feliz y relajado. Algo andaba mal.
—Santiago -anunció Viole con el papelito en la mano, y le sonrió a mi vecino cuando éste se levantó de un salto. Le vi el bulto que le hacía el pantalón y lo noté muy poco concentrado en su misión real.
—¡Ey! -reclamé mientras se alejaba con mi novia de la cintura y le magreaba disimuladamente las nalgas. —Tratá de convencerla…
Los vi entrar al camión y otra vez algo se me atragantó. Giré ansioso hacia Dani, el que recién había estado con Viole.
—¿Y?
—Formidable… -respondió con una sonrisa de satisfacción plena.
—¿Cómo formidable?
—Quiero decir, difícil… Mirá, traté de hablar, pero es imposible, tenías razón…
—¿Y qué hiciste media hora ahí?
No esperé a que me contestara. Fui corriendo como un loco hacia el camión. Llegué agitado y subí al estribo y me asomé por la ventanilla. Santiago estaba con los pantalones por los tobillos bombeando a mi chiquita, que lo atendía con sus piernas abiertas y abrazándolo por la cintura. ¡Se estaba cogiendo a mi novia!
—¡Santiago! -grité indignado.
Pero el hijo de puta se la seguía garchando y masajeándole las tetotas, mientras ella entrecerraba los ojitos.
—¡Santiago, dejá de cogerte a Violeta! -volví a gritar. Se ve que no me escuchaban porque mi amigo seguía dándole maza y penetrándola como una animal. Entonces golpeé el vidrio de la ventanilla. —¡Hijo de puta, largá a mi novia!
Ahí saltaron del susto. Santiago me miró con culpa pero no se salió de entre las piernas de mi amorcito. Levantó los hombros y puso cara de disculpa.
Y se dio media vuelta y continuó fifándosela.
Golpeé de nuevo, inútilmente. Decidí abrir la puerta del camión. El turro la había trabado. Forcejeé con la manija mientras miraba angustiado cómo mi amigo seguía bombeándola hacia arriba y hacia abajo, entre las piernas de ella. Su culo peludo moviéndose contra mi nenita hermosa y ella con las piernitas arriba, recibiendo verga, asiéndolo de la cintura y trayéndolo hacia sí para que la penetración fuera más profunda. Volví a forcejear.
Permanecí en el estribo del camión la media hora que duró esa cogida, asomándome angustiado por la ventana y tratando de abrir. En ningún momento Santiago dejó de cogérmela y le acabó adentro un par de veces.
Al salir de la cabina me encontró como amansado, resignado, seguramente, y con una erección que no me correspondía. Intentó explicarme algo pero yo me quedé allí, sin reacción, y él y mi novia volvieron hacia la parrillita. Nadie me vio entrar al camión. No me iban a cagar otra vez, mi primo y mi otro amigo me iban a tener adentro para evitar que me la zarpen otra vez.
Los sorprendí cuando entraron. A Violeta y a mi amigo Juanjo.
—¿Qué hacés acá? -me retó ella. —No me vengas a hacer lio al trabajo.
—Vengo a impedir que estos hijos de puta me sigan cagando.
—¿Pero qué decís? ¡Son tus amigos!
—Sí, Henry, ¿cómo te vamos a cagar? -me dijo Juanjo sorprendido, mientras se abría el cinturón del jean.
—¡Se están cogiendo a mi novia desde que llegaron, hijos de puta! ¡Se suponía que solamente iban a hablar!
—¿Y qué querés que hagan si ya le pagaron a Antonio, mi amor? -Encima mi novia los defendía.
—¿Quién te entiende, Henry? Estamos tratando de ayudarte -y luego se refirió a Violeta en otro tono: —Girá la colita más para acá, mi amor… así…
—¡Dejá a Violeta en paz! ¡No te la cojas, Juanjo!
—¡No me la voy a coger, boludo! -me quiso tranquilizar mi amigo, pero ya tenía la pija dura en la mano y a mi novia sin el culote puesto. La tomó de la mano y la guió hacia él.
—Henry, dejá de hacer papelones… ¿querés?
—Estoy tratando de ayudarte con Violeta. -Juanjo le hizo pasar la pierna por arriba y la ayudó a mi novia a ponerse por encima de él, de frente, con la conchita deliciosa a punto de clavarse.
—¡Te la vas a coger, hijo de puta! ¡Dejala!
—¡Te digo que no me la voy a coger! -prometía. Tomó de la cintura a Viole y la acomodó sobre su pija, puerteándola, y le marcó a ella el movimiento hacia abajo. Violeta solo se dejó caer sobre esa pija durísima y el entierre de la verga en esa conchita fue impecable. —Mmm…
—¡Turro de mierda, te estás cogiendo a mi novia!
—No…. No… -jadeaba el hijo de puta mientras hacía subir y bajar a Viole sobre su pija. —No me la estoy… uhhh… cogiendo…
—¡Te la estás cogiendo, hijo de puta, te estoy viendo!
—Te juro que… no me la estoy… uhhh… uhhh… síii… asíii…. -Su verga venosa salía de mi novia y volvía a entrar, y los líquidos de ella le sacaban brillo a la cogida.
—¡Henry, no seas desubicado! -me retó mi novia, que lo cabalgaba como una puta.
—Me dijeron que iban a convencerla de salir de acá. -dije a mi amigo con un nudo en la garganta.
—No, Henry. Te dijimos que íbamos a ver cómo era todo este sistema. Esto es parte del sistema… -y le gimió bajito a ella: —Uhhh… qué buena que estás, corazón…
Tuve el impulso de pegarle una trompada, pero el guacho empezó a acelerar sus embestidas y vi claramente cómo su pija horadaba una y otra vez esa conchita que era de mi propiedad. Eso me distrajo y ya no supe qué contestar. Viole fue más práctica.
—Además ya pagó, mi amor… ¿No creés que es justo que me coja un poquito…?
Ahora Viole se daba vuelta y le ofrecía la espalda, siempre sentada sobre su verga. Mi amigo la elevó un instante, con la pija en la mano.
—Correte, Henry -me regañó mientras la agarraba de la cintura a ella para bajarla y clavársela otra vez. —Estás muy cerca y no me dejás mover la pierna para mandársela bien al fondo…
Me corrí.
—Ahhhh… -comenzó a gemir mi novia cuando la pija de Juanjo le entró en esa nueva posición.
—Gracias -mi amigo finalmente empujó a mi novia hacia abajo y se la clavó hasta los huevos.
—Ay… Síii… -gimió ella. —Así, Juanjo…. ¡qué buena pija…!
—¡Viole! ¡Al menos tené la decencia de callarte!
Pero siguió gimiendo como una puta en celo mientras mi amigo se la garchaba sin compasión, disfrutando de mi novia con cada embestida, sintiéndola toda para él.
—Sostenémela un poquito de ahí para que no se me vaya para adelante -me pidió. Lo hice, ¿qué podía hacer? Mi amigo la agarró de las nalgas y con cada penetración le abría la cola para metérsela más adentro. Violeta gozaba de verdad, aunque también podía ser la actuación aprendida en este trabajo.
Lo que no era actuación, estoy seguro, fue cuando media hora después se la cogió el último de los cuatro a los que yo les estaba pagando: mi primo. Es que a ese hijo de puta mi novia siempre le había tenido ganas. Y eso lo sabía yo de una charla tonta que había tenido una vez con Violeta. Ya dentro del camión, mi primo se impuso ante mi primera queja y no me dejó margen de negociación:
—Cuerno, no me rompas las pelotas porque a tu novia le tengo ganas desde hace años y pienso darle sin asco. -Me quedé helado. —Cerrá la jeta, no hagás quilombo y portate bien.
No me sentí tan humillado como debiera. Quizá porque ya él era el cuarto que se la iría a coger y estaba claro para todos que yo era un flor de cornudo.
Mi primo puso a Violeta en cuatro patas hacia adelante, con el culazo hermoso y redondo a su total merced. Le subió la poco decente minifalda y apoyó el sobrecito del preservativo sobre su cintura, ahí donde muere la espalda. “Menos mal”, pensé. “Por lo menos éste me la va a coger con forro”
Pero lo que hizo en realidad mi primo fue quedar con sus dos manos libres, y entonces le abrió con hambre las nalgas a mi novia.
—¡Qué pedazo de culo que tenés, Violeta! No sabés cuánto hace que le quiero entrar. -Mi novia echó una risita halagada y paró más la cola. Mi primo la manoseó lujuriosamente, gozando cada centímetro de carne, y cada segundo que la tenía para sí. Agarró su pija enorme y durísima y se la fue acercando despacio hasta que comenzó a penetrarla.
Con el movimiento de pelvis que hizo mi chiquita para que la penetración fuera más adentro reparé en que el sobrecito del preservativo seguía sin abrir en su cintura.
—Uhhh… -gemía él. —Qué rica estás… Estás tan buena como siempre te imaginé…
—Primo, te la estás cogiendo sin forro. -le reclamé más resignado que firme, patético. —Ponete el forro, por favor…
—Uff, no seas escandaloso -minimizaba, y seguía meciéndose hacia ella una y otra vez, despacio, pero penetrándola cada vez más profundo. —Ahhh… Qué buena que está tu novia, cuerno…
—No seas hijo de puta, ponete el forro, aunque sea.
—Ay, mi amor -terció Violeta. —No seas tan pesado, al fin de cuentas es de la familia.
Mi primo no dejaba de enterrarle la pija hasta los huevos ni por un segundo. La sacaba casi íntegra y la volvía a meter despacio pero sin detenerse jamás. Y el hijo de puta disfrutaba ese roce húmedo y me lo demostraba con cada jadeo.
—Te voy a acabar adentro, Viole… No sabes las veces que soñé con hacerte eso…
—Ay, sí, llename de leche…
—¡Pero ustedes están locos! ¡Viole, te puede dejar embarazada!
—No estoy ovulando, mi amor… Y ya te dije que no me molestes cuando trabajo para Antonio…
—Primo, no me podés hacer esto… -le supliqué.
—No quiero, cuerno… -le abría las nalgas y miraba lascivo la penetración que él mismo le propinaba a mi novia. Y gozaba. —Pero no sé si voy a resistir la tentación… -Con cada pijazo que le clavaba jadeaba más y más. —No sabés… ahhh… lo que es … Uhhh… esto… mmm… Es el mejor polvo que me eché en mi vida…
—¡Dejate de joder, mirá si la embarazás!
—Te la lleno, cuerno, te la lleno… -anunció y comenzó a acelerar las embestidas. Mi novia jadeaba al ritmo de mi primo.
—¡No seas hijo de puta…!
—Te la lleno… Disculpame, primo, pero te la lleno de leche…
Y aceleró más y empezó a bufar sonoramente, y de pronto el recontra hijo de putas de mi primo empezó a deslecharse adentro de mi novia.
—Síiii… -se emocionó Violeta. —Llename… ¡Llename de leche, papito!
—¡Sos un hijo de puta! -le grité al borde de las lágrimas.
—¡Te la estoy llenando, cuerno! ¡Te la estoy llenando! -me anunció mi primo mientras la seguía bombeando. —¡Mirá!
Y yo miraba. ¿Cómo no iba a mirar? Me sentía furioso, indignado, contenido de violencia y a punto de explotar en un llanto, pero hipnotizado por esa imagen surrealista de la verga de mi primo latiendo dentro de la delicada conchita de mi novia. Y sabia que cada latido era un chorro de semen directo a sus entrañas, y cada quejido de ella no era otra cosa que una súplica de placer, porque también sabía que le excitaba sentir adentro la leche tibia de sus machos.
Me fui en seco sin poder evitarlo y un lamparón de humedad afloró en mi pantalón, avergonzándome. En cambio, el hijo de puta de mi primo seguía bombeando a mi chiquita mientras la asía de las nalgas con sus garras y la surtía sin compasión.
Pensé que todo iba a terminar ahí. Mi vejación no podía ser peor.
¡Qué equivocado estaba! Mi primo sacó el buen pedazo de verga del que dispone y lo apoyó sobre las nalgas de ella. Estaba brilloso de fluidos y todavía duro. El peso de esa pija sobre su cola, y el chasquido que el semen viscoso hizo contra su piel fue toda una premonición.
—Uuuy… -dijo mi novia, mimosa.
—Te voy a romper el culo, muñequita. Siempre quise hacerte esa colita hermosa que tenés.
“Já”, me ufané en mis pensamientos. “Si le quiere hacer el culo está jodido, solo le pagó 100 pesos a Antonio, y para hacerle también la cola debería haber pagado 150”
—Mmm… me encantaría, primito… -respondió mi novia.
La respuesta de Violeta no me gustó ni medio.
—Mi amor, no te puede hacer la cola -le recordé. —Él te pagó nada más que 100 pesos.
Mi primo se enojó.
—Callate, cornudo, no seas botón.
—Es que es una pija tan rica…
—¡Viole, sos una hija de puta, a mí no me dejaste!
—¡Callate, te dije, cuerno!
—Si te dejás hacer la cola por cien pesos le cuento a Antonio.
Me sentí tan extraño declamando semejante cosa. Pero ya todo estaba muy fuera de lugar. Mi primo me miró con odio. Quizá si no estuviera recomenzando la cogida a mi novia, otra vez, me habría pegado. Viole gimió al recibir esa pija, pero me sonrió y me tranquilizó:
—Nunca le fallaría a Antonio, amor… Nadie puede hacerme la cola si no paga 150.
Sonreí triunfal. Sí, le sonreí triunfal a mi primo, que estaba de rodillas detrás de mi novia, penetrándola otra vez, haciéndola gemir y pedir más pija. Sí, triunfal, aunque no sé por qué.
—¡Qué pedazo de cornudo…! -sentenció mi primo. Y mi triunfalismo flaqueó. Comenzó a ensalivar el ano de mi novia, masajeándolo, de paso, pero solo para ensalivarlo de nuevo y otra vez.
—¿Qué hacés?
—Voy a romperle el culito a la puta hermosa de tu novia…
—No podés… Ya escuchaste a Viole, tenés que pagar 150.
—Vengo acumulando ganas desde hace tres años, primo…
Me miraba y seguía dilatando el agujero de Violeta. El turro le apoyó la punta de la verga en la entrada del ano. Solo lo apoyó, y empujó casi nada, como para marcar presencia.
—Tenés que darme antes los 50 pesos que faltan, corazón -anunció mi novia, rindiendo obediencia a su proxeneta parrillero.
—Ya lo sé. -Le apoyó más fuerte la cabeza de la pija y le metió unos dedos en la conchita.
—¡No lo hagas, hijo de puta! Viole, no lo dejes, o le aviso a Antonio.
—No va a hacer falta, alcahuete… -se quejó mi primo. Le metió media cabeza de pija en el ano ya bastante dilatado de mi novia y me dijo lo más campante: —Prestame 50 pesos.
La turrísima puta se desinfló con una sonrisa de satisfacción total.
—Sos un hijo de puta… -le festejó. Yo no quería entender.
—¿Qué? ¿Cómo?
—¡Que me preses 50 pesos, cuerno! -me ordenó muy firme, casi con violencia. —Dame la guita que le quiero romper el culo a tu novia.
—¡No me digas cuerno! -fue mi reacción desesperada, confundida.
—¡Dame los 50 mangos, la re puta que te parió!
—¡Viole, decile algo!
—Ay, Henry, dejá de portarte como un chiquilín. Después te los devuelve.
No me los iba a devolver nunca, lo sabía.
—Dale, cuerno, que tengo la verga dura y el culo de tu novia a punto de caramelo… Te prometo que no le va a doler….
Violeta se rió.
Y yo me vi como un autómata sacando mi billetera despacio, incrédulo, viendo cómo mi gordita putona, culo para arriba, me miraba a los ojos y me tiraba un besito silencioso.
—Tengo un solo billete y es de cien.
—Mejor -dijo mi primo. —Así le queda de propina. No quiero que tu novia piense que soy un miserable.
Le di los 100 pesos.
—Así me gusta, cuerno.
Mi primo agarró los 100 pesos y sacó su propia billetera. Sacó de allí un billete de 50 y se guardó el de cien. Vi que tenía al menos 200 pesos más.
Vencido, vi como mi primo tomó el billete de 50 y lo enganchó en el elástico de la bombacha de mi novia, en la cintura, donde termina la espalda. El elástico hizo un chasquido y mi novia se contorsionó de placer.
—Putita… -le dedicó mi primo. —Ahora sí…
Volvió a ensalivarse la pija y el ano de ella. Lo masajeó un ratito y le fue enterrando la cabecita de a poco pero firmemente.
La buena de mi novia bufó callada y se esforzó por dilatarse. No le costó mucho. Aunque esa noche no le habían hecho la cola todavía, no le faltaba práctica. La cabeza de la pija de mi primo entró íntegra y allí descansó unos segundos. Y luego siguió perforando.
—Vení, cuerno, mirá -me invitó orgulloso.
Aunque lo odiaba, fui.
—¿Ves? -me preguntaba mientras le iba enterrando muy muy despacio la pija por el culo. Yo no daba crédito a mis ojos. Jamás había visto a mi novia penetrada desde una distancia tan corta. Y fue más corta aun: —Acercate, primo. Mirá bien de cerca cómo le lleno el culo de verga.
Le hice caso y puse mi rostro pegado a las nalgas de mi Viole, mientras la pija de mi primo seguía taladrándola a cuatro centímetros de mis narices.
—Escupile -me ordenó de pronto mi primo. Y me señaló el ano de Viole, que estaba tapado por el grosor de su miembro, metido bien adentro de ella. Yo escupí ahí donde él me dijo, y entonces él retiró la pija unos centímetros. —Escupí de nuevo, dale.
Y se la empezó a enterrar otra vez. Repetimos la acción un par de veces, yo escupiendo sobre su pija, y él sacándola y metiéndola.
—Ahora ayudame, cuerno, mantené la bombacha de tu novia al costado, que no me moleste.
Tuve que rozar la mano de él, que estaba agarrando las nalgas de mi novia como si fueran una masa, abriéndole lo más posible sus gajos para comenzar a penetrarla más seguido. Y yo le sostuve la tanguita en el costado, para que él la sodomizara más cómodo.
—Uhhh -gimió ella.
Mi primo retiró un poco la pija.
—Escupile de nuevo, cuerno.
Escupí. Y mi primo arremetió otra vez perforando el ano de mi Viole.
—Ahhhh…. Siiiii…
—Qué buen orto que tiene tu mujer… -bufó él. —¡Escupí, cornudo! Ayudá a tu novia.
Me tuvo así, lubricando su propia cogida unas cuatro o cinco veces más. Para escupir tenía que acercar mucho mi rostro, y como él nunca terminaba de sacar su pija, todo me quedaba muy cerca. Tenía un plano tan detallado de la penetración a la que sometía a mi novia que me fue inevitable despedir otro chorrito de semen dentro de mi pantalón.
Mi primo comenzó a bombearla más y más rápidamente. Yo seguía sosteniendo con una mano la bombachita para que él no estuviera incómodo mientras se la cogía. Con el correr de las estocadas, la pija de mi primo se fue tornando más y más audaz, e iba cada vez más rápido y más profundo.
Violeta jadeaba y gritaba como una puta. Bueno, lo era. Pero gozaba de verdad. La pija de mi primo la taladraba ya con violencia y le entraba y salía completa sin delicadeza, y cada envión del hijo de remil putas le enterraba la pija hasta la garganta, y la hacía gemir. La estuvo sodomizando durante diez minutos, quizá menos, en los que mi primo se solazaba con la cola de mi novia “te estoy haciendo el culo, Viole. Por fin te lo estoy haciendo…” y mi novia, bien puta: “sí, primito, sí… siempre quise saber cómo se sentiría tu pija adentro mío…”
Hasta que él anunció que se venía.
—Me voy, mi amor… Te lleno el culo de leche…
—Sí, papito, sí -suplicaba Violeta.
Mi primo cambió apenitas su posición, elevándose para lograr una penetración más profunda todavía. Y comenzó a redoblar velocidad. Ya a esa altura bufaba como una locomotora y con cada embestida que penetraba a mi novia, en el mismo movimiento le separaba las nalgas, logrando llegarle literalmente hasta los huevos.
—Te lleno el culo, Viole, te lo lleno…
—Sí, sí, sí, sí…
—Cuerno, soltá la bombacha y agárrame la pija que le acabo a tu mujer…
Quise poner una cara de ofendido pero no me salió.
—Dale, boludo, que nunca vas a tener otra chance como esta.
Solté la tanguita y con dos dedos hice un círculo sobre la pija de mi primo, ahí donde nace, que era el único lugar que no penetraba la cola de mi novia. Mis dedos quedaron como un anillo en la base de su pija, chocando constantemente contra la cola de mi amada con cada embestida con que la sodomizaba.
—Apretá, cuerno. Quiero que sientas venir la leche. -Le hice caso y apreté. —Así, así, cuerno, muy bien… Uhhh… -era puro morbo toda la situación. Yo agarraba la base de la pija de mi primo y la piel que tocaba no se movía, pero sentía cómo la carne de la pija, la que estaba dentro de esa piel, corría hacia adelante y atrás como un pistón, clavándose a mi novia. —Muy bien, Henry… sentí cómo te la cojo… -Seguía columpiándose dentro del culo de mi Violeta con violencia. —Qué buen cornudo resultaste, yo sabía… sentime, primo, sentime… -Y vaya que lo sentía. Era una barra de pija que le incrustaba a mi novia en el culo y mis dedos eran escribanos que certificaban fehacientemente la superioridad de él como macho por sobre mi patética inferioridad de cornudo.
Entonces mi primo le mostró a Violeta:
—Mirá lo que hace tu novio, preciosa.
Violeta giró y el morbo de verme anillando la pija que la estaba taladrando fue demasiado.
—Mi amor… -musitó. Y comenzó a acabar como una yegua hija de puta, y eso le disparó lo propio al turro de mi primo.
—¡Te la lleno, cuerno! -me dijo con sonrisa sádica. —Apretá más fuerte que te la lleno de leche.
Obedecí y le apreté más la pija, ya con tres dedos. De pronto sentí la pija latir con una fuerza increíble. Estaba a punto de venirse.
—Me viene la leche, primito… -al borde de acabar, trataba de erguirse un poco para penetrar a mi novia más de arriba y seguir clavándosela más profundo, si es que eso era posible. La redondez gordita de la cola de mi chiquita era de una perfección que me enloquecía. Y era mi perfección. Ver esa cosita inmaculada perforada por el pistón de mi primo me humillaba pero me excitaba como nada. —Me viene la leche, pedazo de cornudo…
Aferrado a las nalgas ya rojas de mi novia, mi primo comenzó -por fin- a llenarla literalmente de leche y yo pude ver cómo la pija se le dilataba y contraía, y sentí fluir los chorros entre mis dedos como si se tratara de un sachet de mayonesa.
—Te estoy llenando de leche, mi amor… -le decía mi primo. Violeta ya estaba acabando morbosamente mientras no dejaba de mirarme anillando a su macho.
—Te la lleno de leche, cuerno, te la lleno de leche… -me repetía mi primo mientras se la seguía bombeando y la inundaba con los últimos chorros. —Te la lleno de leche…
Se derrumbó sobre ella, empapado de sudor y exhausto. Yo quedé medio descolocado, pero con mis pantalones totalmente mojados en mi propio semen.
Un minuto después él se irguió y antes de sacarla dijo:
—¿Querés hacerla acabar vos, ahora?
Semejante compensación no me la esperaba, y asentí agradecido. Aunque no sabía si se me iba a parar, ya que recién había acabado sin tocarme. Me desabroché el pantalón.
—No, cuerno, no seas iluso… -sacó su pija del ano de mi novia, la pobre estaba totalmente dilatada, como yo nunca había visto, y embadurnada de semen, por dentro y por fuera. —Dale -me invitó. No le entendía. —Dale -me insistió.
Me tomó desde arriba de la cabeza y me empujó hacia la cola de mi novia, a ese ano explorado y explotado, cubierto de él. Violeta gimió tan encantada de placer que pensé que iba a acabar de nuevo.
—¿No querías darle placer a ella? Vas a ver que le va a encantar.
Y la hice acabar por primera vez en mi vida con solo tocarla.

Al regreso volvíamos los seis en el camión: Violeta, mi primo al medio y yo, manejando. El resto atrás. Nadie hablaba.
Justo antes de entrar al pueblo mi novia se recostó en el asiento, apoyando su cabeza entre las piernas de mi primo, que viajaba a mi lado, y comenzó a chuparle la pija con total naturalidad, como si nada. Miré la escena de reojo. Supuestamente no debía… Antonio no la dejaba… No debía estar haciendo eso…
Pero mi primo me hizo notar un detalle, que me llenó de esperanza.
—¿Ves? -me dijo al oído. —Ya no obedece tan ciegamente a ese Antonio… Con dos o tres sesiones como la de hoy, yo creo que te la sacamos de la parrilla sin ningún problema…
—¿Qué? Pero… ¿Se la quieren seguir garchando, hijos de puta…? -le hablaba en un murmullo, mientras mi chiquita tragaba carne ahí abajo. Mi indignación era total. —¿Y encima quieren que yo lo pague?
Al otro día les di a mis amigos 400 pesos para que vayan a la parrillita a seguir convenciendo a mi novia de que abandone esa vida perdida. Y el fin de semana, otros 400. Me la cogieron dos o tres veces por semana durante un mes y medio, siempre a costas mías, que tuve que empezar a trabajar horas extras para juntar el dinero para que me la sigan cogiendo.
Pero mi primo tuvo razón porque los resultados llegaron. Un buen día él mismo me planteó una solución, algo que a mí jamás se me hubiese ocurrido y que, les debo ser franco, me daba un poco de miedo. Aunque eso, amigos, ya será historia del próximo capítulo.

Fin

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Mi novio me apostó

Jamás me había vestido así, pero sabía que lo tenía que hacer y salí. Se pueden imaginar que me decían de todo, el equipo de Leo me quería comer con la vista, y los amigos de Martín no podían creer que estuviera así vestida, por suerte no había más gente porque habían cerrado el club para ellos.

Me presento, soy Gabriela, tengo 24 años, estaba muy feliz porque me casaba en noviembre. Pero ocurrió un problema en estos días que puede cambiar mi futuro casamiento y mi vida.

Mi novio es un abogado de un estudio Jurídico importante de Buenos Aires. Lamentablemente es un jugador compulsivo y perdió mucho dinero en el juego. Estaba endeudado con un compañero de trabajo.

Leo era la persona, que Martín mi novio, le debía plata, para contarles algo de Leo les voy a decir que era un baboso, no conmigo solamente sino con cualquier chica que se le presentara, pero siempre notaba una mirada de degenerado sobre mí, en cualquier reunión o fiesta del trabajo. Les voy a resumir esto porque no es lo que les interesa y tampoco yo tengo muy claro como la situación llegó hasta este punto.

Un día, Leo fue con una propuesta que para mi novio era la solución, ellos siempre jugaban al fútbol 5, Leo tenía un equipo y Martín mi novio también. Siempre hacían desafíos por unas cervezas, por alguna cena, pero nunca más que eso, y por suerte siempre ganaba el equipo de mi novio. La propuesta de Leo fue la siguiente: lo desafió a un partido como siempre, si mi novio ganaba, la deuda estaba saldada, pero si no, sería de él toda la noche.

La primera reacción de mi novio fue querer pegarle, pero Leo con una sonrisa irónica le dijo no creo que tengas muchas alternativas, porque si no aceptas ejecuto los cheques que me diste y vas a estar vos y tu noviecita viviendo debajo de un puente. Martín lo quería matar, pero sabía que no solucionaría nada. El partido sería el viernes por la noche y aceptó. Cuando me lo contó a mí a la noche, me dijo que por favor aceptara, que era imposible que perdieran y era la solución, aparte me dijo que estábamos en bancarrota, pero que me quedara tranquila que era imposible perder.

No se por qué, acepté, pensando en que me casaría en unos meses y tendríamos la casita que siempre soñamos, una familia feliz como siempre soñé. Llegó el sábado por la noche, y fuimos hacia la cancha con mi novio y sus amigos, ninguno sabía de la apuesta, solo mi novio, pero la cosa cambió cuando llegamos a la cancha. Leo ya estaba con sus compañeros, se acercó a mi novio y le dio la mano para sellar la apuesta. Me miró a mí y me dijo: – Hola bebé – ni le contesté, me parecía un baboso.

Lo miró nuevamente a Martín y le dijo, ok, la apuesta esta hecha, pero así vestida tu novia no sirve para nada, si querés que te de la chance de jugar el partido, que se ponga esta ropita, sino no empezamos el partido, y le dio una bolsas con ropa. Anda ahora a cambiarte o nos vamos y el lunes decime en que puente van a estar viviendo, le dijo mientras se reía. Sabiendo que no tenía alternativa tomé las bolsas y me fui a cambiar.

En el baño cuando abrí las bolsas no lo podía creer, la ropa era una minifalda tableada negra, que apenas me tapaba la cola, un top negro, medias tipo bucaneras (esas que llegan a 3/4 de las piernas), sandalias muy altas las que se anudan en el tobillo, y una tanguita roja muy chiquita.

Jamás me había vestido así, pero sabía que lo tenía que hacer y salí ya vestida.

Se pueden imaginar que me decían de todo, el equipo de Leo me quería comer con la vista, y los amigos de Martín no podían creer que estuviera así vestida, por suerte no había más gente porque habían cerrado el club para ellos.

Me senté en un costado y empecé a sufrir con el partido.

No les voy a contar el partido, pero se imaginarán que el equipo de Leo ganó tranquilamente, ya que había traído un par de excelentes jugadores, el resultado fue 10 a 3.

Mi novio se quedó dentro de la cancha sin poder creerlo, Leo se acercó a mí, me agarró de la mano y me llevó hasta donde estaba mi novio, me dijo:

Bebé dale un besito a tu novio y decile que volvés tarde, lo único que atiné, es mirar a mi novio con cara de odio y casi llorando.

Continuara…

Autor: gabriela2004

gaby200432@hotmail.com

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A mi mujer la culearon dos tipos

Cuando le entró toda me decía que sentía un placer muy grande el sentir ese pollón dentro de su culo, a pesar del gran dolor del principio, este lentamente desapareció para ser un placer increíble. Después de un rato acabó dentro de su culo llenándola de semen nuevamente mientras el jefe acababa en su boca tomándose el semen del jefe y pidiéndole más.

Hola me llamo Roberto de 42 años y estoy casado hace 8 años con Mónica de 30 años.

Nuestro matrimonio a sido con altos y bajos, pero todo superable hasta que un día mi mujer llegó a casa de su trabajo muy apenada, le pregunté que le pasaba y me contó que le ofrecieron una jefatura en la empresa en donde ganaría casi cuatro veces más.

Yo me alegré mucho por que hacía falta un extra de dinero, pero me dijo, hay un problema, le pregunté cual, me contó que el jefe le pidió que para tener el puesto tenía que estar con él en la cama.

Yo quería matar a su jefe, pero ella me calmó diciéndome que si yo hacía algo la echarían y sería peor, no lo podía creer, le pregunté que pensaba, ella no lo quería hacer, pero el dinero era demasiado atractivo…

Conversamos el tema casi toda la noche, tenía que dar una respuesta al otro día, decidimos que lo haría, pero me tenía que contar con lujo de detalles, ella me dijo que me contaría todo.

Cuando llegó el día ella estaba muy nerviosa yo también, la acompañé hasta el punto de reunión, era un bar en el centro de Santiago.

Cuando llegamos él estaba sentado esperándola, ella se acercó y él la besó de inmediato en la boca, mi mujer al principio se resistió, pero él algo le dijo y ella se acercó y lo besó.

Se sentaron, él la tocaba por todas partes, yo veía como le metía la mano en su entrepierna y mi mujer habría sus piernas para que el jefe no tuviera problemas de tocarla, mi mujer comenzó a gozar lo que le hacía.

Luego le tocaba sus grandes pechos y sin que le dijeran nada mi mujer bajó su mano y le comenzó a tocar su bulto que estaba duro… se pararon de la mesa y se fueron a su departamento.

Mi mujer me contó después que cuando entraron al departamento del jefe había algo que ella no esperaba, estaba otro hombre, ella quiso retirarse, pero el jefe le dijo que si se iba la despedía…

Ella entró y el amigo del jefe la comenzó a besar, mi mujer me decía que se comenzó a excitar con la situación, el jefe le besaba su culo bajándole sus cola less, quedando a la vista su gran zorrita muy  mojada…

El jefe le metía toda la lengua y ella gemía de placer, el amigo sacó su pene y se lo colocó en la boca a mi mujer y ella sin decir nade lo comenzó a chupar, mientras lo chupaba sintió que el jefe le comenzaba meter su pene por la zorrita y ella abrió sus piernas con sus manos para que entrara más fácil.

Quería que se la culearan con ganas, estaba muy caliente, y deseaba sentir esas dos vergas en todo su cuerpo.

El jefe le daba duro y mi mujer chupando el pene del amigo como toda una experta, el amigo del jefe acabó en su boca, se tomó toda la leche sin dejar una gota, y con su lengua se relamía lo que quedó en sus labios…

El jefe, me dijo, que dio un gran alarido y ella sintió como la llenaba de semen caliente la cuevita pero ella quería más y  se la comenzó a chupar al jefe como una desesperada y el amigo se lo trató de meter por el culo (cosa que a mí nunca me ha dejado).

El amigo empujaba con el enorme pedazo de verga, se la dio a mamar para lubricarla y pujó nuevamente y ella gritaba:

– Métela maricón culeame por el culo, rómpemelo, está virgen, hacémelo pedazos, partime en dos, pareces un puto incapaz…

Cuando le entró toda me decía que sentía un placer muy grande el sentir ese pollón dentro de su culo, a pesar del gran dolor del principio, este lentamente desapareció para ser un placer increíble…

Después de un rato acabó dentro de su culo llenándola de semen nuevamente mientras el jefe acababa en su boca tomándose el semen del jefe y pidiéndole más.

Luego de descansar un rato ella se vistió se las chupó de nuevo y regresó a casa…

Ahora tiene el cargo de jefa, pero me he dado cuenta que está consiguiendo muchas cosas a través del sexo porque todos los viernes llega exhausta y siempre ha comprado algo nuevo…

Pero eso se los contaré otro día.

Comenten a mi relato, gracias.

Autor: Roberto

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