Amigas borrachas

Amigas borrachas

Como se suele decir las cosas pasan porque pasan no existen las casualidades. Ni siquiera el sexo con amigas.

El otro día iba en el autobús cuando me sucedió esto. Había quedado con mi amiga Anna en el centro así que tomé el autobús para llegar ya que en coche era imposible. Iba ensimismado en mi mundo pensando cuando entró una chica mulata en el autobús que era hermosísima. Ella llevaba una vaporosa blusa amarilla que contrastaba con su moreno cuerpo. Llevaba también unos pantalones que torneaba su culo, un culo completamente respingón y bien formado.
Para mi suerte se puso muy cerca mía y poco a poco me acerqué a ella, hasta que mi polla ya morcillona chocó contra su culo, ella se dio la vuelta, me miró y volvió a mirar al frente, no hizo ningún movimiento de desaprobación así que seguí. En cada vaivén le iba llevando mis polla unos centímetros a la raja de su culo de tal forma que la unión entre el culo de ella y mi polla se acercaba.
La muchacha se estaba poniendo cachonda ya que habiendo sitios libres no se quitaba de delante mía, le gustaba lo que le hacía y eso me daba más morbo, me estaba excitando.
Cada vez que el autobús llegaba a una parada rezaba para que no se bajara y ella no se bajaba.
Llegamos a la última parada, el autobús se desalojó quedándonos ella y yo los últimos, sin apenas movernos, yo para que no se me viera la erección y ella para que se le bajara el calentón. Ella se bajó, después yo comencé a caminar precisamente la misma dirección que ella. Ella caminaba y aprovechaba cada escaparate o cada reflejo para mirar si la estaba siguiendo, y aunque pareciera lo contrario no la estaba siguiendo únicamente íbamos en la misma dirección. Yo aminoré la marcha para que ella pudiera perderse entre la gente y fue lo que hizo a los pocos minutos la perdí de vista entre la marabunta de gente.

Seguí caminando y nada más girar la esquina de una calle en una terracita me la volví a encontrar pero no estaba sola, estaba acompañada de mi amiga Anna.

– Hombre Simón por fin llegas.- Me dijo Anna.
– Esta es mi amiga Jasmine.- Me la presentó Anna, era la misma chica del autobús.

Ambos nos dimos dos besos colorados, por lo que había sucedido en el autobús.
Estuvimos hablando y me estuvo contando de su vida. Ella había llamado a Anna para desfogarse por problemas con su ex novio y demás cosas, y él le había dejado, nos explicó serena, entonces Anna, ella y yo decidimos considerarlo muerto, y brindar por su olvido y su descanso eterno, y celebrar su entierro de bar en bar. Así que allá nos fuimos, y para qué contaros: vasos, vinos, alcohol, chupitos, copas, y risas, alguna que otra vomitona, abrazos y besos de amistad, eterna aquella noche.
Requiescat y brindemos por nosotros y nuestra noche.

Al llegar a la discoteca Boss ya íbamos muy borrachos, y seguro que me sería muy difícil entrar pero mis dos compañeras lo solucionaron con su cuerpos de infarto. La sala de baile estaba llena pero se podía estar muy bien y empezamos a bailar en la pista.

Llevaba un buen rato en la pista bailaba no paraba de rozar a Jasmine, los coqueteos eran cada vez más continuos entre los dos y los roces y parecía gustarles esa sensación porque ninguno nos inmutamos, continuando lo que ocurrió en el bus.
Tal era la situación que en un momento de la música ella se giró y le vi una sonrisa picarona en su cara, me aventure a rodearla por la cintura con mis manos y a besarla en su cuello para luego llegar hasta sus labios prominentes.

Anna seguía bailando a dos metro de nosotros con un chaval mientras que Jasmine me siguió el juego y continuamos bailando, besándonos y estregándose nuestros cuerpos sin parar.

Yo cada vez estaba más cachondo y empalmado y ella se arrimaba más a mi cuerpo súper excitado.

Como ya estaba fuera de mi, me atreví a introducir mis manos por el interior de su blusa amarilla para sobar sus enormes pechos juguetones y ella gemía de placer y se retorcía excitada.

Como había tanta gente bailando, medio borracha y a lo suyo nadie se percató de la escena.
Yo que quería guerra no quise desaprovechar la ocasión y conseguí abrir un poco su pantalón , lo justo para meter cuidadosamente mis dedos entre su tanga y acariciar su pubis lubricado durante un buen rato mientras seguíamos bailando y disfrutando de la música.

De repente llegó Anna y Jasmine sacó mi mano de su pantalón. Las dos empezaron a bailar alrededor mío con mucha sensualidad. No paraba de rozar sus cuerpos contra el mío, colocando sus culos contra mi paquete. Si ya tenían un calentón antes bailando con Jasmine ahora con las dos mi calentón era brutal y creo que fui la envidia de toda la disco por lo menos del chaval que había dejado con dos palmos de narices Anna en la pista. Jazmine sintió como mi paquete estaba cada vez más marcado en el pantalón, y parece que se lo dijo a Anna al oído. Ambas me echaron una mirada picarona. Se notaba que habían decidido algo.
Cada una me cogió de una mano y me llevaron fuera de la pista de baile. No pararon hasta llegar a la entrada de la discoteca, donde estaba el portero.

– Dónde vamos?.- pregunté
– A pasarlo bien.- Dijo Anna mientras que me besaba la boca y Jasmine intentaba introducir su lengua en mi boca también, supongo que todos los tíos de la cola por entrar se pusieron palote viendo como dos pivones le comían la boca a un muchacho.
Paramos un taxi y entramos los tres yo en medio de las dos muchachas.

– A la avenida…- íbamos a la casa de Anna.

En el viaje le comía la boca a Jasmine mientras que Anna acariciaba mi polla por encima de mi pantalón e incluso desabrochó mi bragueta para acariciarla mejor. Luego comencé a comerle la boca a Anna mientras que Jasmine con mi mano se acariciaba los pechos, supongo que el taxista estaba flipando en colores además de enviarme por estar comiéndome la boca con las dos mujeres que pronto iban a ser mías.

Llegamos a casa de Anna, cada una se bajó por una puerta del coche y yo pagué al taxista el cual no perdió detalle del culo y el cuerpo de cada una de mis acompañantes por los espejos retrovisores.

– ¿Cuanto es?.- le dije.
– ….24 euros, amigo.- respondió mientras miraba a mis amigas por el espejo juntas en la puerta del bloque de Anna.
– Tome 25 y quédese con el cambio.- le pagué y salí del coche.
“ Suertudo” escuché mientras que el taxi se alejaba por la calle, me quedé mirando a las dos muchachas a cual más buena.

Subimos a la planta de Anna y entramos en la casa, nada más entrar en el salón Anna me echó en un sofá mientras Jasmine ponía música, luego ellas se pusieron a bailar de la forma más sensual posible. Anna viendo el ruido de la música puso rumbo a la puerta y la cerró con llave imposibilitando la entrada de nadie en su casa, en general a sus compañeros y luego cerrando puertas que daban a las paredes de los vecinos, mientras, Jasmine se movía al ritmo de la música y clavaba su mirada en mí. Al volver, Anna volvió a hablarle al oído, lo que hizo que Jazmine me mirase con cara aún más picarona.
Poco duró esa mirada. Jazmine agarró a su amiga de la cara y le buscó la boca. Ambas empezaron a besarse mientras sus manos se desplazaban por el cuerpo de la otra. En ese momento creí que estaba soñando. Eso no podía pasarle a un tipo normal como yo. Estaba sentado viendo como dos pivones se comían la boca. Era increíble. Mis manos querían irse a mi polla. En serio, necesitaba tocarme. No sé cómo me mantuve quieto, no sin sufrir lo insufrible.
Las manos de Jasmine se fueron a la espalda de Anna. Comenzó a desnudarla, en ese momento, delante mío había veía a mi amiga Anna en ropa interior siendo desnudada por su amiga. Sus tetas eran perfectas, bien colocadas, muy grandes y con unos pezones perfectos, esa información ya lo sabía de otras ocasiones. Ella me miró y comenzó a desnudar a su amiga para hacer exactamente lo mismo. Unos segundos después, su amiga lucía igual que ella, sólo que con un cuerpo con la piel más bronceada y un culo de infarto.
Se acercaron a mi lado y empezaron a desabrocharme el pantalón. Mi polla ya estaba dura como una piedra. Sus manos acabaron en ella y en mis huevos, mientras sus ojos buscaban los míos. Esas miradas me ponían mucho.

Jasmine fue la primera en probar mi polla con la boca. Empezó suave, succionando la, jugando con su lengua de arriba y abajo. Mientras, Anna se había sentado a mi lado en el sofá. De rodillas, sus tetas estaban a la altura perfecta. Mi boca las buscó mientras sus manos llevaron a las mías hasta ese par de preciosidades. Al poco, bajó del sofá y se colocó junto a su amiga. Dos bocas perfectas me estaban haciendo la mejor mamada posible. Chupaban y chupaban y yo, contra todo pronóstico, aguantaba.
De pronto, ambas se levantaron y se fueron al sillón de enfrente, donde abrieron sus piernas y colocaron su coños frente a mí. Capté la indirecta rápidamente.Sus coños eran perfectos. Depilado el de Jasmine y poblado de pelos el de Anna, pero eso ya lo sabía de otras ocasiones, ambos con unos labios preciosos. No pude resistir a lamer primero el de Jasmine y después el de Anna. Jugaba primero con uno para después meterle varios dedos al otro. Pese a que la música estaba alta, pero podía escuchar los gemidos de ellas.
Cuando no pude más, me desnudé y coloqué mi polla frente al coño de Anna . Se la metí con mucha suavidad, y seguí con un ritmo suave, sin prisa, disfrutando del tacto de aquel coño que ya estaba muy húmedo. Su amiga se había subido al sillón y había colocado su coño delante de Anna, poniéndole el coño en la boca. Mi amiga Anna no paraba de pegarle lametones mientras yo iba subiendo el nivel de embestidas en su coño. Acabé dándole mucha caña, hasta le di varios azotes en el culo de Jasmine. Ella disfrutaba como una loca.
Jasmine se cansó de esperar. Se bajó y me empujó al suelo. Instantes después, ella ya estaba encima mío. Saltaba y me cabalgaba dando movimientos de cadera hacia adelante y hacia atrás. Anna se sentó encima de mi cara y colocó su coño delante de mi boca, mientras la suya se fundió con la de su amiga. Era una cadena de placer mutuo yo le comía el coño a Anna mientras que ella le comía la boca a Jasmine y ella recibía mi polla dentro de su coño y yo notaba su húmedo tacto en mi polla. Decidimos cambiar de postura, sentándome yo en el sofá y después sentándose Anna sobre mí. Le di mucha caña. Mientras, su amiga se colocó echada sobre el sillón, con sus manos y su lengua jugando con sus bonitos pechos. Anna tuvo un orgasmo momento que aproveché para sacarle mi polla y meterle la polla a Jasmine. Me la follé embistiéndola con ganas mientras Anna ya le recuperada le comía las tetas llegando ella a tener un gran orgasmo. Yo seguía follándomela y metiéndole al coño de Anna unos dedos cuando noté algo. Me iba a correr y se los dije. Ellas como unas jodidas expertas. Recularon y me pusieron de pie luego ellas se pusieron frente a mí jugando con mi polla. Sus boquinas abiertas pedían leche, y yo se la di. Me pude correr en sus bocas, dándole quizás más leche a una que a otra. Dio lo mismo, pues se besaron instantes después. Dejaron mi polla reluciente, sin una gota de semen. Después nos fuimos al baño agarrados de las manos y nos lavamos en la ducha mientras que nos besábamos y nos tocábamos. Miraba al espejo y veía a un tío desnudo en la ducha con dos pivones desnudas, una mulata y una caucásica y me daba envidia, luego caía que ese tío con esos dos pivones era yo y además me los acababa de follar.
Salimos de la ducha y nos fuimos a la cama de mis amigas seguir follando. Quien lo iba a pensar que me lo iba a pasar fenomenal.

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Los cuernos de Blanca

Era una noche de estas que tus amigos estaban tan borrachos que se ponían a desvariar, y me marché.

Caminando por la calle hacía mi casa me encontré de frente a siete amigos, cuatro chicas y tres chicos, que estaban de celebración ya que gritaba “viva” y esas cosas. Cuando me crucé con ellos una chica rubia muy mona que llevaba una camiseta blanca de “Love NY” con diamantes que le estaba holgada dejando ver su sujetador negro y unos vaqueros ajustados, me miró fijamente y con su labios de color carmín me dijo.

– Mi prometido es un cabrón.- se notaba que estaba algo borracha, al igual que sus amigos, lo cuales se habían adelantado y dos de sus amigas estaban detrás ya que una de ellas se estaba quitando los zapatos ya que con la papa no podía andar.

– Ya será menos.- le respondí mientras que ella se agarraba a mi brazo para no caerse.

Me contó su historia:

– Llevábamos 5 años saliendo, 3 viviendo juntos, nos casamos este año dentro de 3 meses, y ayer me entero que me ha puesto los cuernos con media empresa. Que me los llevaba poniendo desde el primer día. Unos cuernos detrás de otros, ¿te lo puedes creer?

– Vaya, no serḉa verdad niña, tu sabes que las terceras personas mucha veces mienten.

– No lo creo. Por eso he salido con mis amigos para celebrar mis cuernos. ¿Cómo te llamas? – me preguntó ella.

– Simón.

– Yo soy Blanca.- dijo ella dándome dos besos mientras que sus amigos seguían delante parados liándose un cigarro y sus amigas habían empezado a andar hacia nosotros.

– Vente a tomar algo, Simón.- Dijo una de sus amigas, ya descalza, había estado escuchando la conversación.

– Venga, sí. tómate algo, que la chica necesita consuelo.- dijo la otra chica

– Venga, sí. Tómate algo – volvió a decir Blanca .

Como era temprano y no tenía nada que perder, me fui con Blanca y sus siete amigos.

En la discoteca la música estaba muy fuerte y era espantoso. Conseguimos entrar y llegar a la barra donde invité a Blanca a una copa y conseguimos mantener una conversación. Estuvimos analizando lo que sabía y como era su prometido, yo actuando de abogado del diablo.
Por el volumen de la música tuvimos que hablar muy de cerca, mi boca casi tocaba su oreja, notaba su aliento en la mía y supongo que ella el calor de la mía, rozamos mejilla con mejilla, poco a poco de manera más natural. Como dije, estaba borracha y confusa: necesitaba que alguien le diera una visión neutra. Sacarse sus problemas, sus dudas y sus amigos no eran muy buenos ya que siempre barrieron hacia ella y no le darían la visión que le podría dar yo de sus problemas. Ella necesitaba sentirse guapa, y lo era, necesitaba sentirse deseada, necesitaba que alguien hiciera divina y no mortal, ella quería perderse una noche siendo mortal para encontrarse, y ser diosa.

Ella aprovechó mi cercanía para sentir el contacto de mi piel, el calor de mis palabras en su cuello. Yo sentía su olor en mi nariz, me dejé guiar, comencé a jugar con su lóbulo, rozándolo con mis labios mientras le hablaba, y ella se dejaba rozar, y acercó su cuerpo a mí, sus pechos entraron en contacto con mi pecho, girando poco a poco la cabeza, dejando de ser la prometida y convirtiéndose en sí misma. En ese sensual cortejo, ella me acercó su cuello, yo no lo dudé y comencé a besarlo despacio, suave, lo humedecía con la punta de mi lengua.
Ella se separó por un momento, fue cuando aproveché, que tenía su cara enfrente para besar sus labios, su labios de color carmín. Y ella se dejó besar, nuestros labios se juntaron y nuestras lenguas comenzaron a jugar. posé mis manos en su cintura, a ella le había cogido de sorpresa el beso, una mano la tenía en la barra y el otra mano se había quedado aprisionado entre nuestros cuerpos.
Ella me dio en el hombro un toque y dejamos de besarnos, bajo el rostro, no por arrepentimiento de lo que había sucedido sino para asimilar lo que estaba ocurriendo, era deseada por otro hombre que no era su novio.

Después de tres copas y varios besos tomamos un taxi. Nos fuimos a mi casa. Nada más entrar en mi casa Blanca se descalzó y comenzó a andar por ella buscando mi dormitorio. Cuando la encontró se sentó en la cama, demostrado donde quería que fuera el final de la noche.

Me miraba desde la cama invitándome a unirme a ella. Yo me puse delante de ella, le acaricie la cara, ella besó mi mano, y luego bajé la mano por su cuerpo rozando su cuello, ella se dejaba acariciar, su pecho, su cintura acabado en su pantalón. Con mis ojos clavados en los suyos posé mis manos en su pantalón vaquero. Comencé a desabrochar sus botones uno a uno mirándole a los ojos. Ella lo quería así no veía remordimiento en su ojos, fui sacando su pantalón hasta que salió por su pies luego fui metiendo, muy despacio, la mano debajo de sus tanga hasta alcanzar su sexo. Su coño estaba húmedo, más de lo que esperaba. Posé mi mano en la entrada dispuesto a acariciarlo, ella abrió la piernas para facilitar la caricia, poco a poco metía mis dedos en su coño y ella se apretaba los labios con los dientes pidiéndome que mis dedos fueran más lejos. Su rostro era una mezcla entre el deseo y la ira, entre las ganas y el luto supongo que tenía a su novio en mente.

Blanca me miró, comenzó a desabrochar mi pantalón, luego bajó mi cremallera y sacó mi polla de mis boxers. Acaricio mi polla de arriba abajo y luego abriendo la boca comenzó a comerme la polla, hacía desaparecer mi polla en su boca, mientras la humedecía más y más. Deje de meterle dedos y ella me cogió del culo e hizo que me moviera hacia ella, metiendo mi polla más adentro de su boca, Yo balancee mi cuerpo para follarme su boca de color carmín ella seguía comiéndome la polla. Me comía la polla y yo le fui acariciando los pechos luego le levanté la camiseta y le desabroche el sujetador. Me quité mi camisa quedándonos lo dos desnudos y saqué mi polla de su boca.

Ella se tumbó en la cama y yo me tumbé a su lado. Nos besamos una vez más mientras que nuestra manos acariciaban el cuerpo del otro luego me incorporé y le abrí las piernas. Le metí poco a poco mi polla, haciendo que mi cuerpo poco a poco cayera sobre su cuerpo, ella suspiró cuando estuvo toda dentro.

Mi polla en su coño comencé a follármela, ella gemía con cada golpe de mi polla dentro de ella, disfrutaba follándome su coñito húmedo y caliente. Daba cobijo a mi polla mientras que mi polla entraba y salía de su coño. Mis manos estaban encima de la almohada mientras ella acariciaba mi pecho bajando hasta mi trasero y apretando fuertemente con su manos llegando a arañarme el culo de la presión que estaba haciendo, gritando de placer.

“ Déjame arriba” me dijo ella y sacando mi polla de su coño me tumbé a su lado, ella se puso encima mío colocando mi polla dentro de su coño y poco a poco se la metió dentro soltando el mismo suspiro cuando estaba dentro, luego comenzó a mover las cadera hacia adelante y atrás, yo coloqué mis manos en su rostro pero ella me bajó las manos hasta sus pechos. Comencé a besarlos y a pellizcarlos algo que le causaba mucha excitación que era lo que yo pretendía. Aumentaba el ritmo de sus caderas sobre mi polla, y yo le mordía los pechos o cogía sus pezones con mi dientes y le daba bocado con los labios en sus pechos llegando a hacerle pequeños chupetones.

Ella seguía dándole caña a mi polla y yo dejé de acariciar sus pechos para únicamente morderlos mientras que ponía mis manos en su culo, en su redondo y pequeño culito, apretándolo contra mí con mis manos, abriéndole las cachas e incluso comencé a meterle un dedo en su ano. Ella seguía gimiendo y no hizo ninguna desaprobación de lo que mi dedo le hacía en su ano por lo que humedecí el dedo y se lo fui metiendo en el culo. Ella cabalgaba sobre mi polla y yo le metía un dedo en su ano mientras que nuestras respiraciones se solapan una con la otra llegando ella a gritar de placer.
Ella tuvo un orgasmo brutal el cual la dejó sin fuerzas, yo con cuidado la deposité sobre la cama.Ella se dio la vuelta dándome la espalda, creía que se había terminado cuando ella me abrió su culo y me dijo susurrando “ Métemela por el culo, por favor”, “ pero ten cuidado, que soy virgen… se lo había prometido a mi novio pero…” Coloqué mi polla en la entrada de su ano y comencé poco a poco a metérsela, le metía la punta y la sacaba, le metía la punta y algo más y la sacaba, le metía la punto y algo más y la sacaba, poco a poco mi polla entraba en su culo hasta que finalmente entró toda sacaba un poco lo justo para que no se cerrará el ano y luego empujaba muy fuerte, Blanca gritaba de placer ante cada acometida mía “ más fuerte” me dijo y la tomé de la cintura y comencé a follármela más fuerte, cada embestidas con más fuerza hasta que finalmente me corrí algo dentro de ella pero el resto fuera llenándola de semen.

Me levanté y ella estaba demasiada cansada para ello.La cogí en brazos llevándola a la ducha la cual abrí encendiendo el agua. Cuando estuvo saliendo el agua caliente la posé en el plato ducha y comenzamos a besarnos,a mojarnos y limpiarnos el sudor y el semen. Veía su cuerpo y los chupetones que le había propinado a lo largo del cuerpo y los arañazos que ella me había hecho, me agaché y comencé a darle besos en su coñito comiéndomelo, metiéndole la lengua y jugando con su clítoris, ella tuvo un orgasmo . Salí de la ducha y tomé una toalla para ella, la sequé su cara, sus pechos y su culo, le abrí las piernas para secarle su coñito, luego ella cogió la misma toalla y comenzó a secarme a mí la cara, el pecho la polla. Soltó la toalla en el suelo y me tomó de la mano, me llevó a mi cama en la cual se tumbó dándome la espalda “ Abrázame” y la abracé. Nos quedamos los dos desnudos abrazados dormidos.

Al despertar, ya no estaba pero había dejado un mensaje en el espejo del cuarto de baño pintado con su pintalabios de color carmín.

“ Muchas Gracias”.

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Una escapada en pareja, escena II

Escena II

Después de una larga siesta, relajados y dispuestos para afrontar la noche que se presentara, comenzamos a prepararnos, en mi caso jeans, camisa de lino oscura y deportivas, la piel estaba bastante dorada y por el sol de la tarde, había adquirido un brillo que junto a la crema hacia que me sintiera mas atractivo.

Gema quería arrasar de nuevo, minifalda lamé de oro, top anudado al cuello en color negro, dejando la espalda desnuda, y sandalias oro anudadas al tobillo, se las regalé hacia poco tiempo para una fantasía sexual, y cada vez que se las ponía acababa, acababa con ellas en la cama.

Revisó su bolso de mano, comprobamos que todo estaba en orden, toda la ropa estaba en la habitación pequeña y el baño estaba inmaculado, solo con los complementos del hotel, nos habían recomendado una terraza donde habitualmente se tomaban las primeras copas de la noche, desde allí si no había cambios, pasaríamos a una disco en la playa.

Gema salió la primera, le di tiempo para que pudiera coger un taxi, seguidamente hice la misma operación que ella y cuando llegué ya la vi con un gin tonic en la mano. Me posicione hasta que me vio, me sonrió, yo sonreí a una chica rubia que tenia frente a mi, junto a una pareja, sin darme cuenta se perdió de mi vista, volví a mirar a Gema , que charlaba con unos chicos y se me acercaron dos chicas como de 27 años pidiéndome fuego.

Una de ellas era la que había estado viendo antes, me justifiqué con que no fumaba y les dije: si queréis os puedo invitar a una copa.

Se presentaron, Marta y Sabrina, al momento estábamos como si nos conociéramos de toda la vida.  Les hablé que estaba pasando unos días de playa y que estaba alojado en el “Gran Hotel”, al instante descubrí que tipo de acompañantes tendría esta noche cuando a ellas se les dibujaron una sonrisa que no pudieron reprimir, sabían que era el tipo de cliente que buscaban , y al que no podían dejar escapar un día entre semana,.

Me disculpé y me acerqué al baño con la intención de hablar con Gema, al instante me abordo, le dije que me llevaría a estas dos al hotel, ella me dijo: “cabronazo, estas te van a follar, hasta dejarte seco”, y se rió.

Hubo mas copas, estas chicas realmente eran esponjas. Marta, rubia con el pelo planchado, con un short corto color negro de encaje y muy ajustado que le hacia un culo perfecto, piernas torneadas con sandalias negras, parecidas a las que llevaba Gema, y blusa de seda que trasparentaba su ropa interior. Entre ellas, hacían bromas  diciendo lo locas que se volvían cuando tenían una copa de mas, se acercaban chicos que las saludaban, y que iban y venían.

Sabrina con vestido de tirantes en color amarillo ácido y sandalias del mismo color, la piel tostada y brillante y el pelo negro, tenia ojos negros de mujer latina, algo exagerada en pintura de ojos, pero lo ideal para salir de fiesta.

Yo les animaba a mas, se disculparon y me dijeron que iban al baño, vi como Gema estaba expectante y entró tras ellas, al instante salio y me guiñó un ojo, levantándome el pulgar e indicándome que se marchaba al hotel, como diciendo “OK”, propusieron ir a la disco, cuando salimos de la terraza pretendí dirigirme hacia las luces que se veían cerca, ellas dijeron que no, que iríamos a otra que esta de moda, andamos unos pasos y pararon junto a un pequeño descapotable bastante coqueto, muy femenino, me instale en el asiento de atrás, Sabrina se sentó conmigo, no se como Marta conducía con aquellas sandalias, al instante  me estaba metiendo mano, me besaba con una lengua dura y caliente, metí mi mano bajo su vestido y sentí una piel suave y caliente, besé sus hombros, y les dije, mejor nos vamos al hotel y tomamos champagne en el chill-out privado, si os portáis bien puedo “ser generoso” para vosotras, ellas aceptaron con una euforia contenida, dejamos el coche en el parking del hotel.

Se notaba que habían “visitado” en otras ocasiones el hotel, subimos en el ascensor, jugueteando y armando jaleo, intente levantar el vestido de Sabrina, pero me dijo: No te precipites, mientras tocaba mi entrepierna, que ya comenzaba a despertarse, a mi me preocupaba que me llamaran al orden desde recepción.

Ya dentro, lo primero fue pedir que nos subirán varias botellas de champagne con mucho hielo y unos canapés, ellas estaban entusiasmadas con la suite, sabiendo que les había tocado un gran premio, Marta dijo haber estado en esta suite con unos amigos, cuando llegó el camarero y mientras dejaba las botellas en el bar de la terraza, vi como se filtraba la luz por la ventana de al lado, estaba claro que Gema no quería perderse el show.

Me tumbe junto a Sabrina, y Marta se puso a servir el champagne, dejando su magnifico trasero a la altura de mi cara y mano, la cogí por detrás y mordí en un cachete, ella me recrimino de forma poco creíble, acaricie sus piernas, tenia los muslos magníficos creo que no había tocado algunos tan suaves y duros en mi vida, tiré de ella dejándola caer sobre mi, al momento se lengua perforaba mi boca, Sabrina la acariciaba mientras nosotros nos besábamos, entonces las acerque para que se besaran y se dieron un morreo que seguro formaba parte del repertorio que tenían ensayado, levante el vestido de Sabrina y para mi grata sorpresa el tanga era del mismo color, me encanta que las chicas lleven la ropa interior en conjunto con el vestido, al momento se quedo solo en braguitas y  sandalias, con tetas mas bien grandes, morenas, brillantes, no tarde en estar chupando aquellos pezones oscuros, al instante comenzaba a meter mi polla en aquel coño caliente que me apretaba como queriendo atraparme, Marta se había desnudado, su pecho era algo mas pequeño, de los que pueden rozar la perfección, la cintura pequeña y aunque de piel mas blanca, el sol le había dejado un color dorado que le hacia ser la mujer que imaginas desnuda cuando aun la estas viendo vestida.

Montó a horcajadas sobre la cara de Sabrina, quería que le chuparan el coño, Sabrina estaba ocupada, follada por un hombre y con una chica encima, Marta la cogía de la cabeza y tiraba de ella, mientras yo la manoseaba  desde detrás, veía su culo moviéndose rítmicamente, empujando con las caderas sobre la cara de su amante, saque la polla del coño de Sabrina y cogí las caderas de Marta, la atraje hacia a mi y metí mi verga entre sus cachetes, yo quería penetrar sus culo, pero acabo alojándose entre sus labios vaginales, entró suavemente, follábamos montados sobre Sabrina que nos acariciaba a los dos mientras besaba a Marta, ahora yo salía de Marta para volver a Sabrina y así, hasta que  comenzó a soltar borbotones de semen por la espalda de una hasta caer entre las pierna de la otra, ellas se restregaban sexo con sexo y fue Marta la primera en llegar al orgasmo, sin que se desmontara comenzó a meter sus dedos en el interior de su amiga, mientras yo frotaba su clítoris con mi dedo mojado en el semen que caía por la espalda de Marta, el orgasmo fue inminente, caímos rendidos los tres en la cama, por un momento me había olvidado por completo de Gema que estaría viéndonos y seguro tocándose mientras miraba aquel espectáculo.

Marta se levantó y se fue desnuda hacia la terraza, la veía de espalda desnuda, iluminada por el interior de la habitación, su cuerpo era atractivo, sentí ganas de poseerla, entró en la habitación y nos dijo que tenia preparado algo, eran tres copas de champagne, brindamos por el amor y el sexo, se tumbó en una colchoneta, cogí una botella y dejé caer champagne por su boca, el espumoso bajaba por su cuerpo como un alud, Sabrina comenzó a beber de aquel manantial, cosa que yo imité, lamimos su cuerpo y su ombligo, que se llenada de burbujas, su sexo se ofrecía como fruta del paraíso,  acabé chupando su clítoris y metiendo la lengua, hasta que de nuevo Marta explotó en un nuevo orgasmo, yo de nuevo me encontraba preparado para entrar en el juego, y esta vez mi polla si entró en el culo, no el de Marta, si no en el de Sabrina, lo lubricaba con champagne y embestía cada vez mas excitado; ellas se besaban de nuevo, mi final estaba por llegar y no tardó, mas corto que el primero, pero la espalda quedo salpicada de gotas que bajaban lentamente mezcladas con los restos de champagne , metí mi mano y acaricié .

Ahora tocaba pagar la diversión, se dieron una ducha y se recompusieron, no se si seguirían de fiesta o buscando otros “amigos”, para mi había sido suficiente, las acompañé a la puerta y nos despedimos. Gema esperó el tiempo oportuno y entró en la habitación, venia desnuda con la piel brillante de sudor, me besó y me dijo: Queda algo de champagne para mi? he tenido cuatro orgasmos cabronazo, estoy muerta, nos tumbamos y nos quedamos abrazados en la terraza hasta el amanecer.

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Mamada de mi alumna en público

La historia que voy a contar sucedió en la cena de graduación de una escuela de jóvenes damas en la que estuve haciendo una sustitución. Estuve dándole el último cuatrimestre latin.
Estas chicas ya se graduaron, pasaban de niñas a mujeres.Entre estas chicas se encontraba Erika que era una chica delgada con pelo largo rojizo, su piel era blanca llena de lunares, con unos pechos y un trasero muy voluptuoso. Tenía un cuerpazo y además le gustaba lucir su cuerpo, aunque llevara el mismo uniforme que el resto, ella por su cuerpo lo lucía con estilo.
En la cena llevaba un vestido color coral compuesto por un escote que dejaba ver más de lo que ocultaba y una falda que dejaba ver más pierna que la falda del uniforme.Me senté en la mesa junto con los profesores, ella estaba sentada a tres mesa, desde mi puesto podía verla reir y hablar con el resto de sus compañeras.
Cuando acabó la cena nos fuimos a una discoteca que estaba cerca del restaurante llamada “ Louisiana” , estuve en la barra hablando con el profesor de geografía mientras que con el rabillo del ojo veía como bailaba con dos compañeras haciendo un sandwich lésbico poniendo palote a todos los muchachos del local mientras que se ponían ciega a cubatas. La discoteca estaba llena no cabía ni un alfiler. Ella con sus amigas seguía bebiendo, el profesor de geografía se había ido y estaba solo en la barra bebiendo un whisky de 12 años en una esquina junto a una columna.
Siguió pasando la noche y la perdí de vista cuando sentí un golpe en la espalda, al darme la vuelta me encontré a Erika, medio borrachuza.

– Perdón.- Dijo ella
– No hay perdón. – Le respondí
– Señor Templans, buenas noches.- Dijo ella
– Buenas, ¿ Cómo te lo estás pasando?.
– Bien
– Me alegro, ¿te puedo invitar a una copa?
– Claro, yo tomaré un capitán Caribe con Cola.
– Dos capitán Caribe con Cola, por favor. – le dije al camarero
En seguida vino el camarero con las dos copas, nosotros estuvimos hablando de esto y de lo otro hasta que le dije algo que siempre había pensado.
– Déjame que te dé un consejo de estética, sobre tu cabello. Recojete el pelo, despeja la nunca.
– ¿Quiere que me recoja el pelo?
– Si, por favor. lo haría yo pero el resto de gente que finge que no nos están mirando pensarán que estamos liados o que hemos echado un polvo.
– vale.

Erika se recogió el pelo con una mano dejando al descubierto sus hombros.

– Me encanta acertar – le dije, ella se rió con su sonrisa social, le hice acercarse a un espejo que estaba detrás de la columna y me puse detrás suya.
– Es un presagio. Debes cortarte el pelo.
– ¿Lo dice enserio?
– Los hombros de una mujer son la fachada de su encanto.- le dije echando le mi aliento en su nuca.- y su cuello, si es atrevida tiene el misterio de una ciudad fronteriza una tierra sin dueño, donde combaten la mente y el cuerpo – le dije marcando la mente con mi dedo en su cabeza y el cuerpo posando mi mano en su esternón cerca de su pecho – además resaltará tu cuerpo, sobretodo con este vestido. con el cual estas guapisima.
– Mi madre dice que me queda muy ceñido, ¿usted lo cree? – me alejé de su lado y miré su cuerpo de arriba abajo entreteniendo en sus curvas, y luego la miré a lo ojos a través del espejo y le dije al oido.
– Estas guapisima.- agarrandola de la cintura le dí la vuelta pegando su cuerpo al mío, pegando mi paquete a su cuerpo.Comencé a bajar las manos por su cintura cogiéndole su redondeado trasero. Acerqué mi boca a sus labios. Comencé a besarla.
Ella al principio se quedó algo cortada pero comenzó a participar en el beso. nuestras lenguas se tocaban y se humedecía, había perdido la cabeza y me estaba besando con una alumna.Mi polla estaba erecta dentro mis pantalones y dejé de besarla.
Ella me miró fijamente y yo guié una de sus manos en mi paquete, ella cogió mi polla por encima de mis pantalones y abrió mi cremallera. Sacó mi polla, mirándome a los ojos me dijo “ ahora vengo” y empezó a acariciar su cara con mi polla.
Miré alrededor, la discoteca estaba llena y oscura aunque había varios destellos de luz, la columna nos cubría. Mi alumna me había sacado mi polla de mis pantalones y se la estaba restregando por la cara.
Comenzó a besarla y pasarle la lengua sobre la punta mientras que con sus dedos jugaba con mis testículos, acariciandolo y estrujandolos. Tras un largo rato besando mi polla empezó a metersela en su boca succionandola, yo puse una mano en la barra para no caerme y otra encima de su cabeza para que se introdujera más mi polla en su boca. Ella tenía en su boca mis 20 cm de polla y aún podía mover la cabeza a los lados como si estuviera exprimiendo mi polla. Mi excitación era muy grande y le puse las dos manos en la cabeza y comencé a empujar para meterle la polla más violentamente y más rápido, su nariz chocaba contra mís pelos, ella me seguía el juego consiguiendo así que me corriera dentro de su boca, en lo más profundo. A ella le sorprendió pero luego comenzó a chupar todo líquido blanquecino que salía de mi polla.
Guardó mi polla dentro de mis calzoncillos, luego subió la cremallera y se levantó.

– Gracias – dijo ella lamiéndose y tragandose los resto de semen que le quedaban en los labios, cogiendo su copa y dando un sorbo se marchó a bailar con su amigas.

A los pocos días vino a visitarme, venía con el pelo corto y una camiseta de licra ajustada con tirantes negra que dejaba ver su sujetador negro y una falda corta que dejaba ver que no llevaba bragas sino tanga y bajando por sus largas piernas unos zapatos con algo de tacón. Entró en el despacho cerrando el pestillo tras ella, se quitó los zapatos y… esa es otra historia que os contaré en otro momento.

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Lujuriosa Violencia

El otoño traía consigo la monotonía de los incontables días nublados, los atascos en la autopista y, en definitiva, el fin del buen rollo del verano.

El fin de semana presentaba como contraste, una cena con amigos y una posible marcha posterior. Sara y Luis acudieron a la cita de forma informal, y sin lucir excesivas galas. La cena transcurrió divertida y llena de conversaciones, pero a la hora de salir de marcha la gente empezó abandonar el barco. Todos estaban en la treintena, y desde que abandonaron la decena anterior salir de marcha era cada vez más un bien escaso hostigado por escusas, compromisos y cansancio.

Sara, con su carácter alegre y juvenil insistió y consiguió convencer a otra pareja y un amigo soltero. Tras tomarnos unos mojitos en un garito, animamos al pequeño grupo a bailar un poco. Formamos un círculo y el vaporoso vestido de Sara ondulaba como pañuelos en un baile de danza del vientre con su larga melena aleteando con la inercia del movimiento. Su delgada figura, de 170cm de estatura, destacaba en aquel pub en el que la gente se dedicaba más a beber y hablar que a otra cosa.

Pronto, la pareja amiga se despidió arguyendo que al día siguiente tendrían tenían que estar pronto en la casa de los suegros. Nos tomamos otra copa con nuestro amigo soltero.

Cuando éste se fue al baño, Luis le dijo a su novia:

–          Ahora que nos hemos quedado solos los tres, ¿hacemos un trío?

Ella sonrió ante la pregunta fácil llevada por el tópico y contestó:

–          Claro que sí.

Luis estaba estupefacto. No pudo preguntar nada más porque Sara se fue a bailar, y en la pista, le eludía con sus giros y vueltas danzarinas. Llegó el amigo, y la chica le dijo algo en oído, a lo que él contestó negando con la cabeza. Alucinando le preguntó que qué le había dicho.

–          Me ha preguntado si quería otra copa, pero le he dicho que no. Creo que me voy a ir, porque estoy cansado.

–          ¡Qué dices tío! ¡Venga, te invito!

–          Gracias, pero no en serio.

Luis se quedó observando al amigo, y pensó que quizás no era el mejor sujeto para lo que él tenía en mente. Atractivo no era, y el pelo que nacía de sus orejas y nariz pudiera ser un indicio de porqué seguía soltero. El susodicho se despidió, y la pareja se quedó sola.

–          ¿Querías emborracharle para luego…?

–          ¡No! – interrumpió ella – Todo iba de broma, ¿no?

La pareja estuvo un rato hablando sobre el tema. En el taxi de vuelta a casa, Luis la besaba y acariciaba sus blancas piernas.

–          ¿No me digas que no te pone imaginarte un trío? – reclamó con su mejor sonrisa.

–          ¿Con nuestro amigo? ¡¿Estás loco?! – dijo abriendo mucho los ojos.

–          ¡Ajá! Pero igual con otro chico, u otra pareja… – razonó pensando que quizás otro candidato sí fuera apto para ella.

–          Venga Luis, seguro que te morirías de celos.

El chico insistió más sobre el tema, hasta que ella puso fin a la discusión.

Ya en la cama, Sara, juguetona, le mordió el dedo índice. Él, conocedor de lo que aquello significaba, la besó y le puso otra vez el dedo en la boca. La chica lo chupó, y se encontró con que su novio le había puesto otro dedo en la boca.

–          Imagínate que son dos pollas…

–          Te gustaría, ¿eh? – le respondió al tiempo que se metía los dos dedos en la boca, uno por cada lado.

Un revoltijo de sábanas y ropa volando fue el resultado de la muda respuesta.

A la semana siguiente, Luis estaba inquieto. La fantasía de un trío le corroía con un nerviosismo tal como si tuviera la piel llena de hormigas. El chico, empezó a conectarse a salas de chat de cornudos, sexo, y ciber-sexo. Probó distintas variantes de apodo, pero el resultado siempre era el mismo: preguntas muy directas, y tíos que querían follarse a su novia sin más. Aunque suene extraño decirlo, empezó a hablar de temas normales con un chico. Sara estaba a punto de llegar a casa, así que le dio su dirección de Skype, y la puerta de casa se abrió a la vez que él cerraba el navegador de Internet.

Durante aquella semana se conectó a diario al popular programa de mensajería instantánea.

Sin novedades.

El viernes, mientras que hacía un pedido en Amazon, una ventana emergente de Skype se le abrió. Resultó ser el chico con el que había chateado, y este es el extracto de la conversación:

PEDRO: que rica tío (le estaba enseñando una foto de ella con un top amarillo)

LUIS: está hecha toda una putita

LUIS: no te cortes con los comentarios

LUIS: que ya sabes que nos conectamos para esto…

PEDRO: Luis, pero esas tetitas, son para no llevas sujetador

PEDRO: ¿no sale a la calle sin el con esas blusas?

PEDRO: para que podamos disfrutas de esos pezones

PEDRO: puff, que rica tío

LUIS: en verano alguna vez

PEDRO: le gusta provocar, no??

PEDRO: vaya culazo

PEDRO: ahora se ve mejor

PEDRO: mmm

PEDRO: que riiiica

LUIS: sí, suele provocar

PEDRO: me ha puesto la polla dura

LUIS: aunque en la cama es una tigresa

LUIS: te puedes imaginar lo cachondo que me pone imaginarla con otro u otros hombres

PEDRO: voy a tener que sacármela, imaginar que me la come masajeando mis huevos

LUIS: mmmm

PEDRO: que chochito más rico tiene que tener

LUIS: se llama Sara

PEDRO: me lo imagino bien húmedo

PEDRO: de los que se mojan

LUIS: suele llevarlo bien arreglado jejeje

LUIS: y es pequeñito

PEDRO: mmm, para meter mis manos buscando sus pezones

LUIS: ella a veces me dice que tiene cuerpo de adolescente

PEDRO: y jugar con ellos entre mis dedos

PEDRO: y lo tiene

LUIS: tú tienes 26, no?

PEDRO: me tiene la polla bien dura

PEDRO: sí, tengo 26

PEDRO: tiene una boca de mamona

LUIS: y te pone que sea más joven?

PEDRO: seguro le encanta comer polla

LUIS: sí, y se le da muy bien

LUIS: jejeje

PEDRO: no lo dudaba

LUIS: a veces tengo que apartarla, o me correría

PEDRO: jeje

LUIS: ¿te la estás tocando viendo a Sara?

PEDRO: si me estoy pajeando imaginando que me la come

LUIS: se me pone dura sólo de imaginarlo

PEDRO: pufff

LUIS: mírala en la cama lista para ti

PEDRO: pufff

PEDRO: así me gustaría follarla

PEDRO: abrir sus piernas y comer de su rajita

PEDRO: bien abierta

PEDRO: mmm

PEDRO: meter mi polla en ella

PEDRO: mira, esta es María, tiene 24

LUIS: joder, está muy buena. ¡Vaya tetas!

PEDRO: podríamos cambiar parejas, ¿te gustaría?

LUIS: ya lo creo…

La conversación siguió calentándose, y ambos chicos terminaron dándose los teléfonos. Quedaron en una discoteca el sábado. Era precipitado, pero Luis prefirió no pensárselo mucho más y lanzarse. Estaba deseando por igual follarse  a María y ver cómo hacían lo propio con Sara. El plan era muy sencillo: poner contentillas y cachondas a sus chicas y ver si se lanzaban a hacer un intercambio de parejas.

La discoteca estaba a rebosar, y Luis estaba nervioso como si tuviera un examen de final de curso. Los minutos pasaban, y sus nuevos amigos empezaban a retrasarse. Sara le miraba sin entender muy bien porqué se encontraba tan nervioso.

Le vibró el móvil, y leyó el siguiente mensaje: “Lo siento tío pero nos ha surgido algo y no podremos ir. Otro día”.

Desanimado, el chico intentó pensar en otra cosa y disfrutar de la noche de fiesta. Justificó su actitud con la excusa de estar cansado, y aquella noche volvieron pronto a casa.

Durante la siguiente semana se convenció de que no merecía la pena el esfuerzo ni el riesgo de ampliar las posibilidades dentro de la pareja. Decepcionado, no habló más con Pedro y se propuso disfrutar él y sólo él de Sara al fin de semana siguiente.

“¿Con la cantidad de chicos que se fijaban en ella, y él estaba mendigando que otro, y no él, estuviera con ella?”, pensó.

Un fin de semana más Luis y Sara se encontraban, copa en mano, en una discoteca.

Los blancos y finos brazos de ella relucían naciendo del top negro sin tirantes que llevaba puesto. El sujetador push-up con relleno no hacía sino juntar y alzar sus pechitos formando un diáfano y apretado canalillo que contrastaba con su blancura con la prenda negra. Parte del encaje de la prenda íntima se dejaba ver por la parte de arriba.

Un ancho cinturón competía en tamaño con su minifalda vaquera, la cual era el inicio de la autopista de dos carriles que eran sus largas y fuertes piernas. Unos tacones, no demasiado altos, finalizaban el precioso y sexy conjunto de la criatura.

Sara apuró su cubata, lo dejó en la barra e hizo señales a su novio para ir a bailar.

–          Esta noche estoy dispuesta a todo – le dijo sonriente a Luis.

–          ¿Sí? Pues prepárate para follarme al llegar a casa

La pareja estuvo bailando un rato entre besos y promesas de una noche loca. Sara se ausentó para ir al baño y, solo en aquellos momentos, su novio se retiró a la barra.

–          ¿Luis? – le dijo una voz desconocida.

–          Sí… ¿nos conocemos?

El chico, moreno tan alto como él aproximadamente, era corpulento y con un rostro desconocido.

–          No exactamente. Me imaginado que eras Luis porque creo que la chica con la que estabas es Sara. ¿Me equivoco?

–          Vas bien, pero me estás empezando a dar miedo.

–          Ja, ja, ja – rio de forma estruendosa – No tienes nada de qué preocuparte. Soy Pedro… del chat.

–          ¡Joder! Vaya sorpresa. Pensaba que ya no nos conoceríamos

–          Ya, lo siento…. María se rajó en el último momento y no pudimos venir.

–          Una pena. ¿Y qué haces tú por aquí?

–          Pues verás, para ser sincero le he dicho a María que me iba con unos amigos, pero en realidad me he venido aquí solo.

–          ¿Y eso?

–          Pues, sinceramente, por si os encontraba. Llevo toda la noche observándoos.

El corazón de Luis latía con fuerza. Le faltaba un poco de aire. El shock de ver a Pedro contrastaba con las emociones encontradas de los deseos de semanas pasadas y su decisión actual de pasar del tema. Se sentía perdido, y hasta un poco mareado por la situación.

–          Escucha Luis. No tenemos mucho tiempo. ¿Sigues interesado en lo que hablamos por Skype aunque no esté mi novia?

–          Yo…

–          Ahí viene Sara. No hay tiempo. Si la respuesta es sí, calienta bien a tu chica y prepárate para todo lo que pueda venir. La señal será un pulgar levantado. Chao.

El chico desapareció tras un grupo de jóvenes que charlaban.

–          ¡Hola cariño! – volvió achispada Sara. – ¿Hablabas con alguien?

–          Eh… Ah, no.  Me iba a pedir otra copa. ¿Quieres una?

La pareja se fue desinhibiendo cada vez más gracias al alcohol, la excitación y la música.

Sara se apoyó en el cristal para bailar y se fijó en un chico que la observaba.

–          Mira cariño, tengo público.

Luis miró a través del cristal y se encontró ante la cara sonriente del corpulento Pedro.

–          Ven aquí y déjate de público.

Cogiéndola del cuello la acercó a sus labios y se besaron muy pegados. Ella se contoneaba al ritmo de la música. Sin dejar de besar. Sin dejar de bailar.

–          Ufff Sara, no veas qué cachondo me tienes.

–          Yo también cariño.

–          ¿Sí? ¿Aún harías cualquier cosa?

–          Ja, ja,ja. No me tientes…

–          ¿Por qué no le animas un poco la noche a tu espectador y le provocas un poco bailando? – ella le contestó con una sonrisa pícara.

Desde su posición fuera del cristal, Pedro vio cómo Sara se apoyaba de nuevo en el cristal. Sin mirarle directamente a los ojos. La chica movía la cadera de lado a lado haciendo que su minifalda subirá hasta casi revelar su ropa interior. Levantó sus brazos, y agachándose un poco, se contoneó de forma hipnótica. Pedro prendió su vista en el escote azucena que saltaba con cada sacudida.

Sara se giró, y dando la espalda al cristal  hizo saltar su trasero con vibraciones de sus rodillas como si perreara de forma elegante.

El baile era cada vez más desenfrenado y tras dar un giro sobre sí misma, Pedro desapareció de su vista. Miró a Luis, y este le hizo un gesto de “OK” levantando un pulgar.

Notó unas manos sobre sus caderas y se giró para besar a Luis. A pocos centímetros de hacer contacto se detuvo. ¡Aquel chico no era Luis! Se trataba del espectador de su baile más allá del ventanal.

–          Baila como lo hacías antes – le dijo al oído.

Sara dio un paso hacia atrás, pero el chico la tenía bien cogida por la cintura. Miró a su novio, y éste levantó una mano y las cejas, sacando morritos, en un gesto permisivo. Confundida por tanta permisividad, no se dio cuenta, pero su cuerpo se había sincronizado con el ritmo de la música de forma automática.

–          Me llamo Pedro.

–          Yo Sara – le dijo sonriente.

Los cuerpos estaban pegados y se movían al unísono. La delgadez y blancura del cuerpo de ella desaparecía entre la corpulencia de él.  Ella notaba como aquel chico se debía de estar excitando, y algo nerviosa le dijo:

–          Ese de ahí es mi novio…

–          Me lo imagino.

–          ¿No te da cosa bailar así?

–          Mira Sara… si no dice nada es porque lo consiente. ¡Seguro que hasta le gusta!

–          ¿Qué le gusta? – dijo con cara de sorpresa.

–          Claro. Sino, baila un poco más provocativa y verás cómo él sonríe. Si no es así, me voy y te dejo tranquila.

Ella frunció un segundo el ceño y se dio la vuelta. El chico se pegó por detrás, agarrándola de la cintura y por encima de la cadera. La falda se movía formando elipses al son de la música. Sara podía sentir a través de la tela el poderoso bulto que se rozaba y apretaba contra ella.

Miró a su novio, y esté le devolvía la mirada con una sonrisa en los labios.

–          ¡Tenías razón!

–          Ja, ja, ja. Ya te lo dije. Bueno, ahora no es necesario que me vaya ¿no?

Dejando a Pedro con el ceño fruncido, Sara se despegó de él y se acercó a Luis.

–          ¡Hola cariño! – le dijo tras darle un beso rápido.

–          Hola, ¿te estás divirtiendo?

–          Sí… ¿y tú?

–          Ya lo creo. Estoy cachondísimo.

–          ¿De verme bailar con el chico este?

–          Ya lo creo… – su chica le miró confundida.

Pedro observaba a poca distancia como la pareja hablaba. La pareja se besó apasionadamente, y cuando ya daba por hecho que era tiempo retirarse, de repente Luis se fue dejando a Sara sola.

Ésta  se acercó a él con una sonrisa que podría iluminar una ciudad.

–          ¿Y tu novio? ¿Se ha enfadado?

–          No, que va. Se ha ido, que estaba cansado.

–          ¿Y no te da miedo quedarse aquí solita?

–          No… tú me cuidarás ¿verdad?

–          Yo lo que te voy a hacer es follarte bien duro. ¡Qué buena que estás!

–          Joer, ¿qué directo, no?

–          Directa al coño te la metía.

–          Ja, ja, ja. ¿Aprovechas que no está mi novio para decirme esto?

–          No Sara. Eres una putita y tu novio un cabronazo que se podría cachondo sólo de escucharme.

–          Qué dices… no me lo creo.

–          ¿No? Recuerda que antes no me equivoqué – dijo con una sonrisa de satisfacción. – Mira, te propongo algo. Vamos a ver a tu novio a ver qué dice de lo que te he dicho. Si se enfada, me disculpo diciendo que era una broma y ya está.

–          ¿Y si no?

–          Bueno, haré realidad todo lo que te he dicho…

Aquella pareja que no era pareja se tomó una copa más, y se encaminó andando, dada su cercanía, hasta la casa de Sara y Luis.

El chico no se había propasado, y se había comportado como un caballero. Casi como un amigo.

Al llegar a la casa, intentaron no hacer mucho ruido.

–          No sé si estará durmiendo – susurró ella.

–          No lo creo…

Luis se encontraba tumbado en el sofá viendo la televisión.

–          ¡Hola cariño! – dijo ella jovialmente.

–          Hola. No sabía que ibas a traer visita…

–          Eh… – Sara se puso nerviosa sin saber cómo explicar aquello. – Pues…

–          Luis – intervino Pedro. En aquel momento Sara se extrañó de que pronunciara su nombre. En ningún momento se lo había dicho. ¿Les habría oído hablar? ¿Cómo es que lo sabía? Le restó importancia pensando que quizás en algún momento lo hubiera pronunciado y no se acordara – Le he dicho a tu novia que está bien buena y que es una putita.

El chico sonreía, pero los otros dos se quedaron callados mirándose. La tensión ionizaba el ambiente.

–          Es verdad – dijo Luis con un atisbo de sonrisa.

–          ¡¿Qué dices?! – estalló su novia.

–          Cariño, las cosas como son.

–          Pe… pe… pero…

–          Me la quiero follar bien duro.

–          Está cachondísima, no sé quién follaría duro a quién.

–          ¡Eres un cabrón! – le gritó indignada.

–          Sarita, Sarita, Sarita. Ya ves que siempre tengo razón.

Pedro intentó coger a Sara por la cintura pero esta la rechazó.

–          ¡¿Qué haces?!

–          ¿Cómo que qué hago? Aquí ahora mando yo. Voy a follarte delante del cabronazo de tu novio.

–          Joder Luis, ¿no vas a hacer nada? –

–          Ja, ja, ja. Venga cariño, disfruta…

Mientras miraba a su novio, Pedro aprovechó la guardia baja para cogerle la cara y plantarle un beso. Ella se resistía, pero no podía escapar de la presa. La soltó, y ambos respiraron con dificultad. Con rápidos movimientos el chico forcejeó con su pantalón y se lo bajó hasta los tobillos. Empujó a Sara en los hombros y la hizo arrodillarse. Con una mano se sacó del calzoncillo su miembro.

–          ¡Vaya polla! ¡Es muy grande! – dijo Sara al ver aquel grueso pene de unos 18 de longitud.

–          Pues me la vas a comer.

El prepucio casi le rozaba la cara. Miro a su novio, que sonreía con complacencia, y agarró aquel falo con dos manos. Lo masajeó un poco y lo apoyó en sus labios. Besó aquel gran fresón y tras echar una última ojeada a Luis, se lo metió en la boca.

Sentado en un butacón, Luis podía ver a su chica arrodillada frente aquel desconocido. Vestida tal y como había regresado de salir de marcha, tenía aquel pollón agarrado con una mano y lo lamía de arriba abajo. Se lo metió en la boca, y tras unas pocas chupadas a la punta, Pedro le dio un beso, que esa vez ella no rechazó. Conociéndola como la conocía, sabía que su chica estaba muy excitada.

–          A partir de ahora te llamaré Putita. ¿Te gusta mi rabo putita?

–          Es muy grande…

–          A ver hasta dónde te cabe.

Agarró su pelo formando una coleta con su mano y se la metió en la boca. El chico le empujaba la cabeza lentamente, pero ella sólo pudo meterse apenas la mitad. Chorretones de saliva se derramaban de su boca y cuando él le echó la cabeza hacia atrás, ella respiró hondo.

Le miró a la cara y sonrió.

Otra vez se metió la polla en la boca, pero esta vez sólo la puntita. Pedro agarró su pene por la base y se masturbó a toda velocidad en la boca de la chica sin dejar de soltarle el pelo.

Se la metió y sacó de la boca a fuerza de moverle la cabeza. Tras un largo suspiro, volvió a engullir y esta vez Pedro, movió la cadera con rapidez follándole literalmente la boca.

Con desesperación, Pedro agarró el top negro de la chica y forcejeó para sacárselo por arriba. En el violento proceso le arrancó también el sujetador. Las tetitas de Sara, dos bolitas perfectas y naturales, estaban coronadas por dos pezones pequeños y rosados, que al verlos, provocaron que su amante se mordiera el labio.

Sara notó las grandes manos del chico apretándole los pechos y dejándole una estela roja en su blancura. En aquel momento se sentía en el punto máximo de lujuria y se había olvidado completamente de que el chico era un desconocido y que su novio le estaba viendo a pocos metros.

El hombretón la besó haciendo de su lengua una cálida serpiente huidiza. Dándole un pequeño tirón en el pelo la hizo incorporarse. No notó el dolor y en seguida su boca se taponó con labios y lengua ajenos.

El chico le agarró la falda con los pulgares y tiró hacia abajo con fuerza. Sin llegar hasta los pies, se detuvo al final de las nalgas y las hizo botar entre risas.

–          Putita, ¡qué culito tienes! ¡te lo voy a destrozar!

Le dio un azote dejando caer la falda y tanga al suelo y se apretó contra su cuerpo. Su grueso miembro se coló entre las piernas, y sin llegar a meterse, la atravesó saliendo por el otro lado.

Pedro se movió como si la estuviera penetrando. El roce de aquel pene sobre sus húmedos labios vaginales la excitó todavía más y la hizo desear ser penetrada. Él le apretaba las nalgas con fuerza como si se estuviera comiendo un sándwich.

Le besaba el cuello mientras que ella decidió mirar a su novio. ¿En qué momento se había desnudado? Sin ropa, se masturbaba lentamente viendo la escena.

–          Disfruta cariño  – le dijo.

No tuvo tiempo de responder ya que Pedro le hizo volverse y la atravesó dándole la espalda. Podía ver la punta de su pene salir por delante. Agarrándola del cuello se la folló sin introducirle el pene. Ella gemía y él se apretaba fuerte contra su culo. Esta vez fue ella quien buscó sus labios. Él se rio y la lanzó sobre el sofá para terminar de desvestirla.

Como si fuera Moisés abriendo las aguas, Pedro le abrió las piernas a Sara y lanzó su cabeza hacia aquel valle. Le encantaba aquella chica, tan diferente de su novia, y le tenía cardiaco de excitación. Lamió los fluidos de su pequeño y depilado coño saboreándolos como si fuera un helado. Notó las manos de ella sobre su pelo. Sonrió recordando las reticencias iniciales. Le apretó con dos dedos la bulba y le introdujo un dedo que entró con facilidad.

Giró, y se colocó más cerca de su cabeza. Ella, sabedora de porqué lo hacía, agarró el pene y lo chupó como pudo en aquella postura. La chica se tuvo que parar cuando él colocó la palma sobre su coño y la masturbó a toda velocidad. El salón propagaba ecos de aquel sonido acuoso.

Ella gemía fuerte y de repente se paró cuando él la ayudó a levantarse y la empujó hacia el sofá. Calló de lato, pero pronto la voltearon hasta colocarla a cuatro patas.

Imaginándose lo que se aproximaba, Sara puso el culo un poco en pompa y en seguida notó el chascar de dos azotitos. Respiró hondo al notar un roce en el culo y después oyó un salivazo. Pedro colocó su cabeza entre las nalgas chupando coño y culo por igual. Al retirarla, no tuvo tiempo de respirar hondo de nuevo porque el chico se la metió por el coño.

Aquella polla la llenaba y le hacía sentirse plena. En contra de lo que se imaginaba, entró con facilidad en su vagina y agradeció la consideración del chico por hacerlo poco a poco.

Esta cordialidad duró poco. Con un pie en el sofá y otro en el suelo, Pedro aceleró el ritmo. Ella le miraba con su cara de niña buena transformada en un rictus de deseo. Le dio un pequeño e inocente tortazo en la cara, y tras reírse, le agarró del pelo.

Las nalgas del chico martilleaban sobre el culito, el cual de vez en cuando se veía sometido a azotes. Pedro la agarró de la cintura, y aumentó la velocidad. Parecía un martillo neumático follándose a la novia de Luis. El bombeo iba acompañado de un largo gemido por parte de ella ante aquel violento mete-saca.

Frenó el ritmo y le apretó las dos tetitas con las manos como si estuviera comprobando su consistencia.

De repente, agarrándola por la cintura, Pedro se dejó caer sobre el sofá de espaldas llevándose consigo a la chica. Ella pasó una pierna por encima de las de él, apoyándose con los pies en el sofá y las manos en las caderas. De espaldas, estaba dispuesta a empezar a cabalgar, pero el chico no le dio tregua. Movió su pene hacia arriba y abajo sin descanso al tiempo que le chupaba un pecho.

–          Putita, qué buena estás. Cómo me gusta tu coño y tus tetitas.

Justo frente a ellos, Luis podía ver perfectamente cómo aquel enorme pene perforaba el coño de su novia. Él la masturbaba el clítoris incrementando el placer hasta límites insospechados.
El cornudo se masturbó más rápido disfrutando de la escena, mucho más excitante que cualquier vídeo porno que hubiera visto por Internet.

–          Ven putita, túmbate – le exhortó con una sonrisa de satisfacción.

Ella obedeció y se recostó bocarriba en el sofá. Con una pierna apoyada sobre aquel varonil pecho, Pedro la penetró en profundidad. Al principio lentamente y luego con fuertes golpes de cadera.

–          ¡Me va a salir por la boca! – se quejó con los ojos abiertos como platos.

Ambos se rieron y continuaron con la follada. Él le bamboleó las tetas y le pellizcó los pezones. Aumentó el ritmo y cuando parecía que iba a correrse, se paró encima de ella para besarla la boca.

Pedro se levantó, y dio la vuelta con sus potentes bazos a la chica. Ella, totalmente tumbada sobre el sofá se dejó hacer. Sintió el pene entre sus nalgas. Le rozó la vagina y cogió aire para prepararse. En el último momento Pedro cambió el ángulo y apoyó su prepucio contra el ano de ella.

–          ¡Por el culo nooooo! – gritó alarmada.

–          ¡Calla putita! ¡disfrutarás como una perra! – acompañó su negativa con azote en la, ya enrojecida, nalga.

–          ¡Me va a doler, que la tienes muy grande! – imploró ella.

Luis se levantó de la butaca.

–          Tranquilo colega, que está controlado. Ya verás cómo le gusta – le calmó levantando una mano en gesto pacificador.

Primero apretó un poco contra el ano. El prepucio fue pasando poco a poco. Se la metió por el culo poco a poco mientras ella gemía de forma prolongada.

Sin llegar a metérsela toda, incrementó la velocidad ante los lamentos de ella.

Colocando una mano por debajo de su cuerpo, encontró su clítoris y la masturbó a toda velocidad.

–          Jooooooder – gritó. – ¡Me voy a correr!

–          ¡Ves cómo te dije que te iba a gustar!

En aquella apretada gruta, Pedro sintió como un terremoto el orgasmo de Sara. La presión en el ano era tan fuerte que no pudo aguantar más y sacó todo lo despacio que pudo su pene.

–          ¡Toma mi leche putita! – dijo tras levantarse y acercar su cuerpo a la cara de ella.

Con la cabeza de lado y aplastada contra el sofá, no podía llegar a aquel pene.

–          Sí, putita, síiiii – gritó Pedro mientras se masturbaba a toda velocidad.

Sara notó como gotas de magma seminal caían sobre su boca. Sacó la lengua y degustó su sabor dulzón. Un par de chorros fueron a parar contra su cara, dejándole vetas hirvientes sobre el rostro.

El chico se retiró y ella se giró para ver su novio. Pensó, con cansancio, que quizás ahora le tocaría ocuparse de su cornudo novio. Éste sonreía y podía apreciarse brillo sobre su pecho.

–          Veo que ya te has ocupado de ti mismo – le dijo con una sonrisa cansada.

–          Es que no veas cómo me habéis puesto. – En ese momento regresó Pedro del baño.

–          Sara, eres una maravilla. Me ha encantado.

–          A mí también, pero casi me partes por la mitad.

–          Ja, ja, ja. No te quejes, que te ha gustado. Después de esto creo que le debo a Luis que se folle a mi novia.

–          ¿Tienes novia? – dijo Sara.

–          Sí, y creo que debería irme ya. – Les dejó una tarjeta de visita sobre el brazo del sofá.

–          ¡Espera Pedro!

–          Dime.

Sara se levantó y al poco estuvo de caerse cuando le fallaron las piernas. Se acercó a su amante y le dio un beso.

–          ¡Qué cabrona! – dijo Pedro al notar restos de semen en su cara.

–          Je, je, je.

Empezaba a amanecer y sonó la puerta al cerrarse y dejar a la pareja sola.

–          Oye, ¿no conocerías a Pedro de antes, verdad?

A lo que Luis le contestó, únicamente, con una enigmática y muda sonrisa.

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La discoteca más loca de Brasil

“¡Tío, esto es una verdadera cueva de perdición!” Pablo no se equivocaba. Tras franquear la estrecha puerta, controlada por una amable transexual de nombre Joanna, un universo paralelo de oscuridad se abría ante nosotros.

Un largo pasillo, flanqueado a derecha e izquierda por algo parecido a columnas de piedra, como en el tren de la bruja de cualquier feria de pueblo, nos introducía en el paraíso del pecado. De fondo, música tecno a todo volumen.

Hacía ya un tiempo que oíamos maravillas de los domingos en Aloca, posiblemente la discoteca más underground de São Paulo, Brasil. Decían que en ese lugar todo podía suceder y todo estaba permitido.

Aunque oficialmente era un club de ambiente homosexual, como lo atestiguaba la bandera del arco iris en la entrada, sus fiestas del domingo por la noche eran famosas por reunir a lo más decadente de ambas aceras, gente ávida de nuevas experiencias… O gente para quien ya pocas experiencias podían suponer algo fuera de lo normal.

Así que aquel domingo a medianoche, después de un fin de semana flojito por lo que a fiesta y ligues se refiere, los tres mosqueteros, como nos hacíamos llamar, nos dispusimos a dejarnos abrir la mente… y bueno, lo que hiciera falta.

Los tres mosqueteros éramos, por supuesto, tres: Pablo, el más lanzado, capaz incluso de conseguir que una puta le prestara dinero para el taxi después de haber pasado la noche en casa de ella… de gorra. Santi, el más tímido, eterno buscador del amor de su vida, pero sin negarse a una aventura de vez en cuando, siempre que incluyera grandes dosis de alcohol y perversión. Y yo… Bueno, yo soy yo, por sus pecados lo conoceréis. Los tres trabajábamos en comercio internacional y vivíamos en São Paulo por aquel entonces.

Ahora que ya nos habéis situado, podemos volver al pasillo de Aloca. Aunque todavía era pronto para los estándares del lugar (nos habían dicho que lo mejor empezaba a partir de las tres de la madrugada), aquello ya era un hervidero de gente variopinta.

A la izquierda, en la barra, se amontonaban los chicos jóvenes pidiendo una copa tras otra. Algunos, incluso empezaban a meterle mano al de al lado mientras intentaban ligar con alguno de los espléndidos camareros.

A la derecha, una zona chill-out con algunos sofás donde se sentaban grupos de chicas que habían venido con su amigo gay. Pero aquellas chicas más bien parecían el típico tío que lleva a su sobrino pequeño al parque de atracciones, cuando lo que quiere es subirse a la mayor montaña rusa.

Nos fuimos directamente a la barra a pedir los primeros cubatas de la noche, aunque antes de entrar ya nos habíamos tomado unas cuantas cervezas Brahma, que son como agua pero sirven para preparar el cuerpo para cosas más fuertes.

Ya con nuestros cubalibres en la mano, nos dirigimos al fondo del pasillo, donde entre cadenas y demás parafernalia de tipo medieval se encontraba la puerta del infierno.

El infierno era la sala principal de Aloca. Desde la puerta, que estaba elevada algunos metros sobre la pista, se podía observar el gran espacio cuadrado con dos escenarios.

En uno, que ocupaba la esquina más alejada de la puerta, el primer DJ de la noche estaba haciendo bailar a unas pocas decenas de personas. El otro, que ocupaba toda la pared a la derecha de la puerta, de momento estaba ocupado por dos travestis que mostraban sus encantos a todo aquél que quisiera observarlos.

Mientras los tres bajábamos por las escaleras, calculé mentalmente la proporción chicos-chicas: Alrededor de 85 a 15 por ciento. Pero el 80 por ciento de los chicos parecían gays puros, así que nuestras posibilidades con el sector femenino aumentaban sensiblemente.

Ya abajo, el ritmo y el espíritu de lo prohibido estaban empezando a apoderarse de nosotros. Por eso casi ni me extrañó cuando una mano me manoseó el culo. Rápidamente me giré, esperando encontrarme a un chico con el que reírme un rato, pero se trataba de una chica, bajita, delgada y con una cara de perversa que me estremeció.

Sin pensarlo dos veces la agarré por detrás y la atraje hacia mí para darle un morreo de varios segundos, al que ella respondió sin ni siquiera mediar palabra. Luego me señaló a sus amigas, que ya estaban subiendo las escaleras y nos miraban, riendo. Me dio a entender que estaba con ellas; yo le susurré al oído “nos vemos luego” y la dejé ir, no sin antes devolverle el manoseo en su culo, por supuesto.

Cuando volví a girarme, mis amigos estaban todavía con la boca abierta. “Vale, empiezas ganando tú, uno a cero” dijo Pablo, mientras Santi reía. Eso sí que era un buen comienzo, la noche prometía.

 

Ive been cheated by you since I don’t know when

So I made up my mind, it must come to an end…

 

¿Eran las cantantes rubias de Abba las que salían al escenario? Bueno, rubias sí lo eran, cantantes es más discutible, y su sexo… Eso era lo más difícil de adivinar. Pero el rojo de su ropa interior combinaba bien con el gran sofá-corazón que había aparecido como por arte de magia detrás de ellas.

La entrada de los astros de los años setenta surtió un efecto inmediato: chicos y chicas se apresuraron a terminar sus copas y bajar a la pista para corear Mamma mia, Waterloo y tantos otros éxitos.

Mientras Pablo y Santi se quedaban en una esquina para seguir adaptándose a la locura del lugar, yo preferí sumarme al gentío y acercarme lo más posible a las imitadoras de Abba. Allí el alcohol ya había empezado a surtir su efecto y todos bailaban con todos, lo que por otro lado es corriente en las discotecas brasileñas.

Mientras apartaba de mí alguna mano sudorosa, me fijé en una chica que acababa de subirse al podio: Tenía la mirada perdida y llevaba un vestido gris semitransparente que ondeaba con sus movimientos sencillos pero contundentes. Era alta, morena y representaba aquella mezcla de razas tan típica en Brasil: Ojos indios, cara redondeada, figura alta y esbelta… Una pequeña belleza.

Nuestras miradas se cruzaron, y vi en ella aquella chispa de diablilla que me dice que una chica quiere guerra. Entre la multitud, conseguí acercarme a ella y subirme al podio a su lado. Ella, por supuesto, lo advirtió y siguió mis movimientos con una media sonrisa.

Me puse a bailar con ella, le agarré las manos para seguir los complejos ritmos que empezaban a mezclar la furia de los setenta con lo oscuro del tecno industrial. Mano con mano, brazo con brazo, pecho con pecho… la cosa empezaba a calentarse cuando le pregunté su nombre: “Kleci”. Nunca lo olvidaré.

Le dije que por qué no bajábamos del podio y nos tomábamos algo juntos, a lo que ella accedió. Me cogió de la mano y me arrastró entre la multitud hacia cerca de la barra. Allí me preguntó: “¿Tú no eres brasileño, verdad?” “No, soy de Barcelona…” Ella acababa de llegar de Alemania, donde había estado estudiando y viviendo con su hermana en Berlín. Según ella, la mejor etapa de su vida. “Me gustas, me recuerdas a la gente que conocí en Europa”, yo le correspondí con un “me gustas, eres lista, directa y… no puedo dejar de mirarte”. Tras esto, le di un beso en la boca, que fue gustosamente correspondido.

Aquel beso fue como si le hubiéramos dado al interruptor de la pasión. Volvimos a besarnos, una y otra vez, abrazados al lado de la barra. Le pasé las manos por debajo del vestido, acariciándole el culo y ella empezó a acariciarme por encima del pantalón. “Joder, qué chica más lanzada”, pensé, pero todavía no había visto nada.

Pasamos un par de minutos metiéndonos mano, como quien no quiere la cosa, en medio de la multitud. De pronto, ella me susurró: “Conoces el piso de arriba?” Yo le respondí que todavía no había tenido tiempo de verlo, mientras le seguía pasando la mano entre la entrepierna y notaba como cada vez estaba más caliente y húmeda. Ella dijo: “Tiene un cuarto oscuro, ¿quieres ir a verlo?” A lo que yo sólo pude responder: “¡Por supuesto!”.

Para llegar al piso de arriba había que salir de la pista, cruzar la barra principal de ambiente mazmorril y subir por unas estrechas escaleras de caracol. Nadie hubiera dicho que alguien, además que los camareros, podía pasar por ahí. Pero Kleci sabía muy bien lo que estaba haciendo. Me llevaba agarrado de la mano, yo la seguía mientras le manoseaba el culo de vez en cuando.

Ya arriba, el mundo había vuelto a cambiar. Aquí el ambiente era todavía más claramente gay: Dos transexuales tremendamente maquilladas servían copas en la pequeña barra, mientras aquí y allá parejitas de hombres se dedicaban a lo suyo. Muchos iban vestidos de mujeres, de putas, policías, bomberos o cualquier otra fantasía.

Kleci me dirigió a una esquina cerca de la barra. Una cortina de color negro disimulaba una abertura ancha como para una persona de lado, tras la cual se abría el espacio más prohibido del Aloca: El cuarto oscuro.

Franqueada la entrada, nos recibió un ambiente dantesco en el mejor sentido de la expresión. Por la oscuridad, sólo se distinguían bultos aquí y allá, en las posiciones más variopintas. También se oían gemidos. Kleci y yo avanzamos poco a poco a lo largo del angosto pasaje que penetraba varios metros en la oscuridad.

Aquella situación me estaba poniendo a mil, y parecía que a mi chica también, puesto que hacía un buen rato que su entrepierna casi chorreaba de lo húmeda que estaba. Por supuesto, yo le iba pasando la mano por encima de las bragas y de vez en cuando me llevaba los dedos a mi boca, y luego a la suya. De vez en cuando también nos dábamos un beso furtivo.

Cuando llegamos al extremo del pasillo, Kleci se giró y me dijo a la oreja: “Você quer me comer”? (¿Quieres follarme?)… La respuesta os la podéis imaginar. Por suerte, llevaba un condón en la cartera para emergencias.

Nos acomodamos –es un decir, claro- entre la pared y una pareja de gays bastante ruidosa. Ella con la espalda contra la pared, yo de pie en frente. Entonces se agachó, me desabrochó el pantalón con manos expertas, me sacó la polla y empezó a chupármela a toda prisa.

Aún con lo extraño del lugar, no me costó que se me pusiera durísima, Me puse el condón, le aparté las bragas y le metí un poco los dedos en el coño, me los chupé… sabía riquísimo, estaba mojadísima… Volví a metérselos hasta que me dijo “Mete seu pau e foda-me, seu filho da puta!”, que no necesita traducción. Pensaba obedecer, pero primero le quité las bragas, le di unas chupadas en el coño mientras me agachaba, y me guardé las bragas en el bolsillo.

Luego volví a incorporarme y le metí la polla. Primero suavemente y luego más fuerte. Kleci empezó a gemir como una posesa mientras se agarraba a mí con todas sus fuerzas y arqueaba su cuerpo. ¡Y qué cuerpo! No podía dejar de tocar y lamer sus tetas, grandes y redondas, con las medidas justas.

Sus gemidos atrajeron la atención de otras personas alrededor, podía sentir sus miradas aunque no les viera la cara. Era una situación sumamente peculiar pero excitante: Me estaba follando a una ninfómana que estaba buenísima mientras varios gays nos miraban con lujuria. Varios gays y alguna chica también, como pude comprobar más tarde.

El polvo fue increíble. La fui penetrando cada vez más fuerte, a la vez que le ponía los dedos en la boca y ella iba gritando cada vez más. Luego le metí un dedo en el culo y Kleci soltó un verdadero aullido que hasta mis amigos, abajo en la pista, debieron oír.

Pero ahí no se acabó la cosa. Todavía estaba recuperándose, pero se acercó y me susurró al oído: “Agora você vai gozar na mina boca, vai” (ahora te vas a correr en mi boca). Se arrodilló otra vez, me quitó el condón y empezó a chupármela con frenesí. Aquella chica era una auténtica bomba dando y recibiendo placer.

No tardé ni un minuto en correrme con todas mis fuerzas en su boca. Ella siguió chupando hasta que salió la última gota. Luego se levantó y me dio un beso en la boca, con lengua. Pude notar su sabor a polla y a mi semen. Yo estaba en la gloria, cualquier cosa me hubiera parecido bien en aquél momento.

Nos quedamos un rato abrazados, mientras la acción seguía a nuestro alrededor. Varios chicos soltaban gritos contenidos mientras se podían intuir parejas en varias posturas. Mientras, yo seguía fascinado acariciando el culo de Kleci por debajo del vestido (y sus bragas en mi bolsillo, por supuesto).

Al cabo de un rato, me sentí con fuerzas para recobrar la iniciativa. Dije: “¿Vamos a tomar algo abajo?” Ella asintió, le di la mano y deshicimos parte del camino. Pero Kleci estaba muy interesada en las parejas de chicos manoseándose y follando. De vez en cuando podía intuir como les pasaba la mano por el culo, una pierna o lo que enganchara por el camino. Los chicos que nos cruzamos no parecieron muy interesados, hasta que volvimos a oír un gemido agudo inconfundible: ¡Había otra chica en la sala!

Nos acercamos hacia la fuente de los sonidos. Efectivamente, un chico y una chica se estaban enrollando, ya bastante cerca de la cortina. La tenue luz que llegaba de fuera permitía intuir un cuerpo de chico medianamente alto y musculoso, y una chica muy delgada, pero nada más. Estaban colocados como nosotros habíamos follado antes, con ella de espaldas a la pared.

Otra vez, Kleci tomó la iniciativa: “Nos quedamos un rato aquí?” me dijo. Y yo le respondí que encantado, que podíamos acercarnos un poco más. Avancé y me situé a la izquierda de la chica, también de espaldas a la pared. Kleci entendió la estrategia en seguida, me siguió y quedó abrazada a mí, de cara a la pared y a la derecha del chico.

Con aquellos dos follando de pie junto a nosotros, no tardamos en ponernos cachondos otra vez. Yo le masajeaba el coño a Kleci, que volvía a estar mojadísima, y empecé a meterle los dedos. Mientras tanto, ella empezó a acariciar la polla del chico de al lado, acompañando sus entradas y salidas del coño de su chica.

Viendo que la veda estaba abierta, yo no me quedé quieto. Mientras le metía los dedos a Kleci con la mano derecha, con la izquierda empecé a explorar la chica delgada misteriosa que tenía al lado. Podía sentir sus gemidos muy cerca, así que en seguida encontré su cuello y empecé a acariciarlo.

De allí bajé un poco: Llevaba una camiseta ajustada, le acaricié un rato la espalda hasta que me acerqué más y empecé a sobarle las tetas, primero por encima y luego por debajo de la camiseta. Ella se dejaba hacer, mientras seguía gimiendo al ritmo de las embestidas “acompañadas” de la mano de Kleci, que intuyo que no sólo acariciaba la polla vecina.

El momento era genial, Kleci tenía su mano izquierda en mi polla y la derecha en la polla del colega, con escapadas al coño de mi vecina. Y con la boca nos íbamos enrollando a cada momento. Mientras tanto, yo tenía mi mano derecha en el coño mojadísimo de Kleci, y la derecha en las tetas de mi vecina misteriosa.

Entonces, y una vez más, Kleci volvió a cambiar la situación para hacerla más placentera, si eso era posible. Me apartó la mano de su coño, se arrodilló y comenzó a chuparme la polla con avidez. Yo la agarré por los pelos para acompañar su mete-saca, pero ella sabía exactamente qué estaba haciendo, y nuestro vecino también. Se giró un poco más hacia nosotros, y se fijó en cómo mi chica me estaba chupando.

Sin ningún disimulo, el chico sacó la polla del coño de nuestra vecina, y se la enseñó a Kleci, que estaba esperando exactamente eso. Se quitó mi polla de su boca y tragó la del otro chico sin mediar palabra. Yo aproveché el momento para meterle los dedos a mi vecina, que soltó un gemido y se me acercó ligeramente. Empecé a besarle el cuello hasta que nos fundimos en un beso intenso con lengua de lo más lascivo.

Mientras tanto, Kleci nos iba chupando alternativamente al vecino y a mí, guiada por mi mano agarrando sus pelos, que la llevaba y traía entre polla y polla.

Al cabo de un rato, mi vecina buscó la polla de su amante con la mano y se la volvió a meter en el coño. Había decidido que quería follárselo a él y que ya estaba bien de interferencias. Yo quité mis dedos de su coño, pero me quedé sobándole el culo y las tetas a partes iguales. Y dándole algún morreo de vez en cuando.

Como no teníamos otro condón, Kleci tuvo que conformarse con seguir chupándomela, pero no pareció importarle demasiado. Ocupada ya de pleno sólo con mi polla, volvió a hacer un trabajo magistral y consiguió que me corriera al cabo de poquísimos minutos, una corrida bestial que acabó sobre todo en su boca, pero también en su cara, que tuvo que limpiarse con un pañuelo.

Agotados, sudados, nos quedamos abrazados un rato más mientras oíamos y sentíamos a la otra pareja a nuestro lado. Pero ya no nos quedaba energía, o por lo menos a mí. Cogí de la mano a Kleci y la saqué fuera del cuarto oscuro. La luz roja de Aloca nos cegó un rato, pero pronto nos acostumbramos y bajamos la escalera de caracol hasta el mundo “real” de la sala principal. Allí nos recibió el último número del show de las Abba Drag Queens.

 

There’s no soul out there…

No one to hear my prayer…

 

Allí estaban mis amigos, Santi y Pablo. Tenía muchas ganas de contarles la experiencia y saber cómo les había ido a ellos, pero Kleci me interrumpió: “Yo tengo que irme ahora”. “¿Ya?”. De pronto le había entrado la prisa. “¿Volveré a verte?” “Es posible”, dijo. Tomó mi teléfono móvil y anotó un número.

 

Gimme gimme gimme a man after midnight

Won’t somebody help me chase the shadows away!

 

Nunca volví a verla.

Encantado de recibir sus comentarios y propuestas.

Por: Doctor de la Noche

DoctordelaNoche @gmail.com

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De como mi amiga Jennifer me convirtió en una puta como ella

Siempre había sido una chica normal. No tenia un cuerpo bonito y tampoco iba vestida como para que los hombres se sintiesen atraídos por mi. Tenia 32 años y había conservado el mismo novio desde que tenia 14 años. No había probado a ningún otro hombre, ni tan solo un beso. Y con mi novio…bueno…la verdad es que había meses donde ni le hacia una paja. Mamadas? Jamas, eso era de guarras. Y follar? Nada…1 vez al año como máximo.

Pero todo esto cambió cuando conoci a una chica en el bus de camino al trabajo, Jennifer. Ella era la tipica mujer que siempre me había caído mal: cuerpo perfecto (iba todos los días al gimnasio), vestía como una guarra y se llevaba siempre a los tíos cachas. Este tipo de chica me caia mal porque siempre me habían tratado mal, pero ella no, me empezó a tratar bien. A diario nos veíamos en el bus y nuestra amistad mejoraba, a si que me dijo de salir de fiesta un sábado. Como ella vivía cerca de la discoteca, me dijo que ya que estábamos, me podía quedar a dormir en su casa. Se lo comente a mi novio y tan solo me dijo que me lo pasara bien, así que cuando llego el sábado me fui a casa de Jennifer. Cogí mi “ropa de salir”, que eran unos tejanos amplios y un jersey de cuello alto y fui para allá. Cuando llegue me dijo que dos amigos suyos pasarían a buscarnos para ir a tomar unas copas antes de ir a la discoteca, y que nos deberíamos empezar a vestir. Ella se puso un vestido corto (de aquellos que cuando te sientas se te ve el coño), unas medias, un tanga de hilo rosa y unos zapatos de tacón. Yo me tome un baño y me dispuse a coger mi ropa, pero con los nervios…no se que hice que se me cayó toda dentro de la bañera… Al caerse toda dentro grité, con lo que Jennifer entró en el baño. Cuando lo vió, reacciono rapido y me dijo que ella me prestaría ropa. Al verme desnuda, vio todos los pelos del coño, a si que me dijo: “pero para dejarte mi ropa primero te tienes que sacar toda esa pelambrera”. Así que ella cogió una cuchilla y me lo afeito todo. Me sentía un poco golfa, era lo que siempre había criticado..pero me mire y me sentí bien. Después ella me dio ropa de la suya…y me sentí aun mas golfa…de ropa interior me dio unos sujetadores super pùsh-up de color negro, un tanguita de hilo de color rosa, unas medias y un vestido corto. Corto por arriba, por donde me salían las tetas, y corto por abajo donde podía notar el aire por mi coño. Me mire en el espejo y era lo que siempre había odiado…pero me gustaba lo que veía, me notaba muy sexy.

Sin tiempo para mas, los amigos de Jennifer llegaron…como no, eran 2 tios cachas . Y nos fuimos a tomar unas copas. Allí nos reunimos con mas amigos y amigas de Jennifer. Todos siguiendo el mismo patrón. Tíos cachas y tias guarras. Cuando se sentaban les podías ver el tanga a todas. Alli fuimos bebiendo y empecé a notar que los tíos me iban sobando. Al principio pensé en mi novio…pero con el alcohol y los cuerpos de esos tíos…se me iban pasando las ganas de pensar en él. Al cabo de un rato nos fuimos a la discoteca.

Allí uno de los tíos que nos habían venido a buscar en coche me empezó a sobar, pero esta vez al máximo…hasta que note uno de sus dedos entre mi tanga y mi coño, el cual ya estaba empapado…nunca me había sentido así…de mojada y de ganas de que un tío me cogiese. El me cogía por la espalda y yo notaba un gran bulto en mi espalda, lo cual me calentaba aun mas. De pronto note su aliento en mi oreja: “vamos a al coche que me tienes que ordeñar”. Mi calentura subió aun mas y mis pensamientos ya solo estaban en que ese macho me follase.

Al llegar al coche, el se apoyo en el capo y se saco una polla de como 3 veces el tamaño de la de mi novio, y unos huevos gigantes. Yo quede asombrada y tan solo pude arrodillarme..y..por primera vez en mi vida, me meti una polla en mi boca. La empece a lamer como posesa…y le empece a comer los huevos…eran tan grandes..casi ni me me entraban en la boca.  Seguí chupando y me iba calentando mas y mas…mi coño estaba a punto de estallar…a si que me saque la polla de la boca y le suplique: ” fóllame por favoooor”. A lo que me contesto: “Ya te follare en casa de la Jenni, ahora solo quiero que me ordeñes para después poder reventarte el culo”….al decir eso me excite aun mas y le seguí chupando ese enorme falo…hasta que empece a notar abundantes chorros en mi boca (se esta corriendo, pensé)…intente tragármelos..pero no pude..me empezaron a salir por todos los huecos de mi boca…al mismo tiempo note un calambrazo en mi coño y note como si me hubiera meado. Me quede allí arrodillada en el suelo..mientras el escondió su hermosa polla y me dijo que volvíamos dentro..que la fiesta aun no había terminado.

Al llegar a la discoteca fui al baño a secarme los rastro de semen que tenia por mi escote, pero vi que había manchas en mi vestido que no se podía limpiar. Nunca me había sentido tan puta, pero tan bien a la vez. Allí en en lavabo me encontré con Jennifer: “Vaya, veo que ya has conocido a Johan…la tiene grande eh…ahora nos vamos hacia mi casa, que ya es tarde”. Que cabrona…ella lo sabia todo…sabia que caería en manos de Johan….

Nos fuimos al coche Jennifer, yo, Johan y el otro chico (Anthony). Los chicos se pusieron en los asientos delanteros y nosotras atrás. Nos ordenaron que nos sacásemos los tangas y que se los diésemos, y así lo hicimos. Los cogieron y los guardaron en la guantera, la cual estaba llena de tangas…serán de otras noches pensé…. Al llegar a casa de Jennifer, ella se fue a su habitación con Anthony y yo a la mía con Johan…estaba ansiosa para que me follara…

Se quito la ropa  y se estiro en la cama. Pude ver perfectamente sus músculos…y esa polla…ya estaba otra vez tiesa….

“Vamos…a que esperas” me dijo, y me puse a chupársela otra vez…me encantaba tenerla en mi boca. Mientras el empezó a manosearme (por fin!! pensé)..empece a notar sus dedos cerca del mi coño…pero cambio de dirección y se fue a por otro hueco…por el culo.

De repente dijo: “Creo que no te voy a follar por el coño hoy…” Se me quito de encima y me ordeno que me pusiera de cuatro patas…estaba tan caliente que le hice caso…no me hubiera imaginado nunca en esa posición de sumisión. De cuatro patas y con un tío dándome ordenes. De repente note su capullo en las puertas de mi ano….tenia miedo…pero al mismo tiempo estaba tan caliente….de repente lo note “aaaaah” note un enorme cuerpo dentro de mi ano, empezó a moverse lentamente y el daño empezó a desaparecer…hasta que se convirtió en placer…el iba incrementando el ritmo…”te gusta eh, zorra” me decía….”siiii, me enantaaaa…follame follame por favoooor” y siguió yendo mas rápido….hasta que note un liquido calentito dentro de mi… y él cayo sobre mi cuerpo…los dos quedamos tumbados en la cama boca abajo.

El me dijo: “aaah…si…desde que Jennifer me contó que venias y me enseño tu foto..ya tenia ganas de darte por el culo para que vieras lo que es la vida de una autentica guarra”. Pero yo casi ni lo escuche…tenia la sensación de tener el ano muy abierto..pero tenia el coño a punto de estallar…quería que me follase!!!! Después volvió a hablar: “Imagino que tendrás el coño pidiendo a gritos que lo folle, pero tendrás que esperar. En chicas como tu yo solo pongo la polla en su boca y en el culo, no en el coño. Si quieres que te folle de verdad tendrás que tener un mejor cuerpo, tendrás que ir al gimnasio….comprarte ropa bonita…ya se que la de hoy te la presto Jennifer…hasta que no seas una chica como las del grupo que has visto hoy…solo te la meteré por el culo. Todas ellas eran como tu, y míralas ahora en que las hemos convertido. A si que ya sabes…a pedirle dinero a tu noviete y a hacer todo eso. Jennifer ya me ha dado tu numero de teléfono, te llamare una vez a la semana para que quedemos y vea si te tengo que dar por el culo o ya puedes tener el honor de que te meta mi verga por el coño”. Después de decir eso se levanto, se vistió, salio de la habitación y oí como llamaba a Anthony para irse. Yo me quede dormida con el semen de Johan saliendome del culo.

A la mañana siguiente me levante y salí de la habitación cojeando por como Johan me había dejado el culo. Al salir me encontré a Jennifer que ya se había levantado: “ahora ya conoces a fondo a Johan, imagino que te habrá convencido….yo antes era como tu, pero los conocí y ahora soy mas feliz. Para empezar, ponte esta ropa interior para volver a casa, encima te puedes poner tu ropa normal, ya esta seca. Por tu novio no te preocupes, seguro que ni se entera”. Era un pequeño tanga de hilo un sujetador, ambos de color amarillo. La tela era tan fina y transparente que era como si no llevara nada.

Cuando me lo había puesto me dijo: “Ahora agáchate, ya veras que gustito”. No entendía nada, pero me agache, con lo que el hilo del tanga me rozo el ano…y….mi coño volvió a empezar a chorrear…y mi ano pedía ser perforado una vez mas…Jennifer dijo: “Johan estrena los culos como nadie eh! jajaaj Tranquila que te la seguirá metiendo por ahí aunque seas como una de las chicas del grupo. Mañana quedamos y nos vamos de compras y a apuntarte al gimnasio”. Asentí con la cabeza y apreté fuerte las piernas, ya que aun llevaba todo el calenton encima…no sabia como me lo iba a quitar de encima…ya que no creo que mi novio fuera capaz de saciarme.

Allí note que mi vida había cambiado…pero necesitaba mucho esfuerzo para llegar a donde quería…tener a Johan dentro de mi coño.

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¿Sarita con dos Negros?

–          ¿Sarita con dos negros? – preguntó impactada Bea.

–          No exactamente, pero algo así… – le dijo sonriente su amiga Amaranta.

–          ¿Y cómo lo sabes?

–          Me lo contó ella misma…

–          ¡Anda ya!

 

Mientras sus dos amigas hablaban de ella frente al espejo del baño de una discoteca, Sara sonría desde dentro de uno de los urinarios.

Tan sólo había pasado una semana, y aún notaba las consecuencias de lo que ocurrió. Dejó de prestar atención a los cotilleos de sus amigas y se transportó mentalmente hasta los recuerdos de aquella noche.

 

1 SEMANA ANTES…

Sara, a sus veinte pocos años salía cada fin de semana de marcha con un grupo de amigas. Se lo pasaba bien, pero la rutina empezaba a hacer mella en ella. Siempre iban a los mismos locales, tomaban las mismas copas, se emborrachaban las mismas personas y solían ver a los mismos chicos. Estaba un poco cansada de siempre lo mismo.

A la 1 de la madrugada convenció a su amiga Amaranta para ir a otros sitios y luego volver con el resto del grupo.

Saltaron de un garito a otro en su afán por conquistar nuevas tierras hasta que se quedaron más  rato en un lugar de música latina. Ambas chicas eran guapas, y los chicos no pararon de acercarse a ellas.  Algunos de los moscones les preguntaban si eran hermanas, ya que ambas eran muy delgadas y vestían pantaloncito corto y top; Amaranta rubia y Sara morena.

Amaranta se empezó a sentir un poco agobiada y le pidió a su amiga volver con el resto del grupo. Justo en ese momento, Sara bailaba con un chico de color, y le dijo que fuera yendo ella, que ella ya iría cuando acabara la canción.

En cuanto ambos empezaron a liarse, Amaranta les dejó solos y se fue.  El chico, de nombre Ibra, hablaba español con un marcado acento senegalés. Delgado y con los músculos bien definidos era toda una pantera a los ojos de Sara.

Ibra intentó meter mano a Sara, pero ella le paró.

–          Aquí no – le dijo ella con una sonrisa pícara.

–          ¿Aquí no? ¿Eso es que tú quieres? ¡Ven!

El chico la cogió de la mano y salieron del local.

–          ¿Dónde vamos? – preguntó Sara achispada.

–          A donde yo vivo. Aquí cerca – le contestó con una amplia sonrisa llena de felicidad.

Sara envió un SMS a su amiga Amaranta, diciéndole que no la esperara porque estaría con el chico que había conocido. Le rogó  que no dijera nada al resto.

El bloque de pisos de Ibra parecía de protección oficial y estaba muy necesitado de reformas. Aquella primera impresión asustó un poco a la joven Sara, pero tras echar un vistazo a los músculos de su conquista, se quedó más tranquila. Estaba en buenas manos.

El interior del piso no tenía mejor aspecto, aunque no pudo inspeccionarlo mucho ya que Ibra se lanzó a besarla tan pronto como cerró la puerta de entrada.

De repente, unas voces en un idioma desconocido les interrumpieron. Sara se giró asustada y pudo ver como otros dos negros más discutían con Ibra.

–          ¿Qué pasa? ¿Por qué discutís?

–          No discutimos. Ellos amigos: Omar y Salif.

Los chicos le dedicaron una amplia sonrisa de un blanco puro. Omar tenía la cabeza rapada y era enorme. Su cuerpo de oso destacaba por brazos tan anchos como sus piernas. Salif, con su pelo rizado y su bigotito, era muy delgado; No tenía la musculatura de Ibra.

Su análisis se vio interrumpido cuando Ibra pronunció su nombre, y los otros dos lo repitieron.

–          Sara. Amiga. – Le dijo Omar dándole la mano.

Ella se la estrechó, y su blanca extremidad desapareció entre los dedos de aquella manopla oscura.

Ibra le cogió las manos y se las izó para que diera una vuelta. Sara, divertida, giró sobre sí misma lentamente. Los chicos le dedicaron palabras en un idioma desconocido mientras disfrutaban viendo su culito respingón y pequeños pero erguidos pechos girar.

Alguien le dio un azotito en el culo, y ella se giró de golpe cortando el aire con su larga melena morena.

–          ¿Quién ha sido?

–          ¡Yo! – dijo Ibra.

Para sorpresa suya, Omar le dio un pellizo en el culo.

–          ¡Yo! – dijo tras su fechoría.

–          Yo – imitó Salif, tocándole también el culo.

Los cuatro se rieron. A Sara le intrigaba qué pudiera pasar aquella noche. Nunca antes había estado con un chico de color, y en ese momento estaba ni más ni menos que con tres. ¿Protegería Ibra su premio, o lo compartiría siguiendo las costumbres promiscuas que ella pensaba que tenía su pueblo?

Ibra apresó uno de sus pechos entre sus manos y la besó con su enorme lengua.

Sara notó como otras manos le tocaban los pechos hasta que Ibra le subió el top y la dejó en sujetador.  Salif se lo desenganchó sin que ella tuviera tiempo a reaccionar, y Omar le chupó una de sus tetitas nada más emergió de su sujetador.

Rodeada por aquellos tres negros, notaba manos por todas partes. Sus pequeños y rosados pezones desaparecían en una vorágine de dedos que no se detenían ahí, sino que también trabajaban su culito amasándolo como si hicieran pizza.

Ibra tenía uno de sus pechos casi entero dentro de su boca mientras que la marabunta de manos ya no sólo se concentraba en su culo, sino también en la parte delantera de su pantaloncito.

Alguien le estiró de los shorts hacia arriba para marcar más su culito. No contentos con eso, varias manos manipularon la prenda. A medio bajar, le apretaron las nalgas y le dieron un par de azotitos. Salif le dio un beso lo más abajo que pudo, y finalmente Sara se quedó en tanga.

Salif se arrodilló tras ella y le hundió su cabeza entre  las piernas. Sara gimió cuando el chico le besó y mordisqueó por encima del tanga, y se excitó mucho cuando la cálida lengua del senegalés se abrió camino y encontró su hirviente sexo.  Su lengua, tremendamente húmeda, hacía milagros entre sus piernas.

Ibra se bajó el pantalón, y su gran polla negra asustó a Sara.

La chica le quitó la camiseta a su hombre y se deleitó con aquel cuerpo ajeno a la grasa. Acarició su prieto pecho y deslizó sus níveas manos por las cordilleras que eran sus abdominales. Sus manos llegaron al ombligo y se detuvo al ver la pequeña manguera de su amiguito. Riéndose, se inclinó hacia delante y agarró aquel ariete más útil para derribar castillos que para hacer el amor.  Masturbándole con amplios movimientos de su mano, se llevó la punta a la boca y empezó a chupar.  Tenía la sensación de estar en la feria comiéndose una de esas manzanas cubiertas de caramelo. Era sin duda el pene más grande con el que había tratado a sus veinte pocos años. Por un instante se imaginó lo que sería tener ese falo en su interior, pero prefirió desechar esos pensamientos rápidamente  ante la preocupación que le daba poder dar cobijo esa tubería.

Omar contemplaba la escena totalmente excitado.  Aquella chica blanquita estaba de pies, inclinada y con el culo en posición de hacer una sentadilla. La jovencita le estaba chupando la polla a su amigo Ibra con ansiedad mientras que Salif le comía el coño desde detrás.

No queriéndose quedar aparte, el chico se desnudó y se agarró el pene. Si bien no era tan largo como el de Ibra o el de Salif, sí que era más gordo. Se acarició la verga mirando la escena  y notando como vibraba la herramienta erecta en su mano.

Sara, a tientas, agarró con la mano libre el grueso pene de Omar.  Sin mirarlo, lo masturbó con movimientos secos mientras que sus labios seguían ocupados de Ibra.

De repente Sara se detuvo a la vez que la lengua de Salim. Otro miembro del chico estaba reemplazando el contacto con su zona erógena. La chica se agarró a la cintura de Ibra, y puso el culo un poco en pompa. Poco a poco, el afilado miembro de Salim se introdujo en su interior. Aquel no era un chico enamorado ni un amante fiel; ¡Un negro bien salido estaba a punto de follársela! Una vez introducido su miembro al completo, Salim empezó un mete-saca que en pocos segundos alcanzó un ritmo digno de película porno. El culo inmaculado de ella chocaba contra la oscura pared del chico cada vez que se la metía.

Él le agarraba las nalgas, mientras que ella, volvió al antiguo oficio de chupársela a Ibra. Le chupó con la lengua los negros testículos y ascendió hasta coronar con su boca la cima de su glande. En su boca sólo se metía la punta, pero con su mano le masturbaba toda la inmensa polla del chico.

Ambos chicos gemían, mientras que Omar se masturbaba sentado en una silla.

–          ¡Ahora yo! – gritó Ibra.

El chico musculoso se sentó en un sofá que había en el suelo al tiempo que Salim la cogía en volandas. Izándola metiendo sus brazos bajo sus rodillas, la colocó justo encima de Ibra.  Ella, según bajaba, agarró con una mano la polla descomunal de su nuevo amigo y la colocó en la entrada de su vagina. Respiró lentamente varias veces y por fin empezó a meterse aquel tren bala dentro de su túnel sexual.

En cuclillas, Sara sólo pudo hacer el leve ejercicio de mover su cintura arriba y abajo metiéndose lo mínimo de la extremidad de Ibra. Salim se acercó a ella por delante, y en un idioma que ella desconocía le debió de decir algo así como que se la chupara. Sin necesidad de entender las palabras, ella le cogió aquella figurita de portal de Belén que tenía por polla y se la metió en la boca. En la parte alta de cada salto se metía una polla en la boca, y en la bajada otra en el coño. Sara gemía sin parar con tonos agudos.

Desde el suelo, Ibra podía ver como las pequeñas y blancas tetas de Sara saltaban con cada embestida. No le gustaba mucho tener que ver el pene de su amigo por encima de su cabeza, pero en aquel momento le daba igual por el placer que le estaba dando aquella blanquita.

Sara pasó de cuclillas, a sentarse sobre el pene de Ibra y metérselo casi entero. Estaba tan cachonda, que aunque notaba cierta resistencia, disfrutaba con aquella follada. El negro aumentó el ritmo de sus caderas y hasta sus testículos golpearon contra ella.

Salim se inclinó hacia delante, y agarró las nalgas de Sara. Las hizo subir y bajar bien rápido haciendo que se incrustara con furia la polla de su amigo.

–          ¡Qué buena eres follando! – dijo su macho alfa.

El susodicho agarró la agarró por la cintura, y sin necesidad de dejarla en el suelo, la levantó en el aire con la fuerza de sus potentes músculos.  Ella le rodeaba el cuello con sus brazos, y la cintura con sus piernas. En ningún momento se la había sacado de la vagina. La hizo saltar sobre su polla con la fuerza de su cadera. Ella, en éxtasis, saltaba y recibía aquel gran gusano de Dune como si fuera su madriguera.

Al ver que Salim estaba cerca, se descolgó de un brazo, y en el aire, se la chupó como pudo al otro chico.

–          Yo. – Dijo Salim tras intercambiar palabras en Senegalés con Ibra.

Ibra la dejó con delicadeza sobre el colchón del suelo. Ella, a cuatro patas, no tuvo tiempo para cambiar de postura porque Salim e Ibra taponaron sus agujeros vaginal y bucal respectivamente con sus miembros.  No podía creer que se la estuvieran follando dos negros y que le estuviera gustando tanto. Aquello iba más allá de todas sus experiencias sexuales.

Salim hizo amago de metérsela por el culo, pero ella no le dejó. Si dejaba a uno, los otros querrían, y aquello podría ser una destrucción anal.

Ambos chicos se turnaron follándola hasta que en un momento dado, mientras se la chupaba a Salim, notó un tiró en el pene del chico. Sin avisarla el chico había empezado a correrse. Notó el primer chorro de semen impactar en su garganta provocándole una arcada por la presión y cantidad. Al abrir la boca, un borbotón de líquido blanquecino se derramó desde sus labios. Ni corta ni perezosa siguió chupándosela hasta dejarle seco. El chico se alejó justo en el momento que Ibra se la sacaba del coño. De repente notó como un latigazo caliente le golpeó la espalda. Después otro, y otro. Ibra se estaba corriendo sobre su espalda con la fuerza de un camión de bomberos.

Agotada, se levantó para ir al baño y limpiarse junto con Ibra y Salim. En aquel momento se acordó de Omar y su ancho pene. El chico seguía masturbándose y justo cuando ella se acercaba, se corrió derramando borbotones blancos sobre su propio cuerpo. Ella suspiró, más de alivio por no tener que lidiar con aquel cipote que por otra cosa.

 

1 SEMANA DESPUÉS

Bea y Amaranta seguían hablando en el baño de la discoteca. Cuando Amaranta terminó de contarle la  historia que Sara le había contado, la expresión de Bea era muy distinta.

–          ¿Así que al final realmente se folló sólo a dos negros? – preguntó Bea.

–          Se podría decir que sí. ¡¿Te parece poco?!

–          Ufff, vaya con Sarita.

Una vez reunidas con el grupo, tras invitar a Sara a una copa, Bea le pidió ir las dos solas a otro garito. Sara le sonrió, y Bea anheló poder vivir la misma aventura que su amiga.

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Orgia en la disco con Maria Jesus

Las cosas con María Jesús de a poco comenzaron a salirse de causa. Ella cada vez necesitaba follar más y más. Nos veíamos cada vez más seguido y ella cada vez hacia cosas más locas. Un poco después de la orgía que tuvimos con ella mis amigos y la negra una noche quedamos en salir juntos.
Cuando llegue a casa de María Jesús esta llevaba un vestido negro con finas rayas blancas. Era corto y ajustado. Además llevaba medias altas  transparentes, un tanga negro de encaje, liguero para sujetar  las medias y un sujetador que con dificultad intenta sujetar sus enormes pechos que lo desbordaban por todos lados. La puta, a sus 36 años sigue siendo muy atractiva. Además está orgullosa de sus pechos, que los tiene bien puestos.

Llamamos un taxi y nos fuimos a comer. Como ella vive en una urbanización apartada de la ciudad y el viaje al restaurant duro 30 minutos. Durante el viaje, el taxista, un hombre de unos cuarenta años no dejaba de mirar las tetas de María Jesús del retrovisor. Ella lo notó. Esto la calentaba y ella decidió seguirle el juego acomodándose las tetas todo el tiempo.

Cuando llegamos al restaurant, no se podía aparcar en la puerta y el taxi nos dejo en una calle lateral. El taxista nos dijo que la  carrera del taxi sumaba unos cuarenta euros. Entonces María Jesús se bajo del taxi, abrió la puerta del copiloto y le abrió la bragueta al conductor. Esté no se lo esperaba y se quedó congelado.  Entonces María Jesús comenzó a masturbarlo y después empezó con una mamada que el taxista disfrutó como un loco. Con sus manos sujetaba la cabeza la cabeza María Jesús mientras se la mamaba hasta hacer que se corra dentro de su boca. Después ella le dijo. Lo que te hice vale más que cuarenta euros, ya puedes irte. Eso hizo él. Yo que me había calentado también le dije – Zorra que puta eres.

Al entrar al restaurant el camarero se dio vuelta para mirar a María Jesús.  Con su vestido corto y su escote que dejaba entrever sus preciosos pechos no era para otra cosa.

Al sentarnos, le metí mano por debajo del vestido y levantando ligeramente su braga le metí un dedo en el coño y le dije – Esta noche mi polla estará esperándote preciosa. Ella me respondió – Igual no tienes que esperar que regresemos a casa  cariño. Entonces con la otra mano le acaricié una teta por encima del vestido.
Entre el mete-saca en su coño y las caricias en sus tetas, María Jesús empezó a cerrar los ojos y me dijo – Ahora no cariño.
Ordenamos, y comenzamos a comer. Además de nosotros había otra mesa con un grupo de chicos y otras tres chicas. Una de ellas resulto llamarse Andrea. Tenía unos 30 años y estaba sentada al lado de estaba un chico mulato. De vez en cuando el chico le susurraba algo al oído y ella se reía ostensiblemente.

La cena ya estaba bastante avanzada. Lo curioso es que a pesar de las conversaciones entre ellos, sus miradas siempre se dirigían al mismo lugar del comedor, las tetas de María Jesús. Tanto ellos como las chicas habían bebido y estaban distendidos.

Un chico en particular no le quitaba ojo a las tetas de María Jesús. Ni se molestaba en hablar con los que tenía a su lado. Sólo bebía y miraba hacia ella. María Jesús hizo un gesto indicándole que se acercara y el chico vino a nuestra mesa. Entonces los dos empezamos a tocarla. Los tocamientos fueron a mayores y su mano ya estaba en contacto con la braga de María Jesús. Ella entonces separo sus piernas debajo de la mesa. El chico mulato de la otra mesa se dio de lo que estaba pasando en nuestra mesa y le hizo un guiño a Andrea y ésta le sonrió.
El chico y yo estuvimos un rato toqueteando a María Jesús, hasta que ésta se levantó para ir a los servicios. Como era de esperar, al levantarse todos los ojos de los machos del lugar se dirigieron hacia ella y sus tremendos melones. Las desnudaban con los ojos y sus mentes seguro que llegaban aún más lejos. Inmediatamente, Andrea se levanto de la otra mesa y también se dirigió a los servicios.
Mi polla se puso un poco más dura todavía.

Al cabo de unos diez minutos María Jesús y Andrea volvieron al comedor.

De nuevo, las miradas de todos los concurrentes se clavaron en ellas. El chico mulato le susurro algo al oído de Andrea y ella le respondió con otro susurro pero además dio unas palmaditas encima de la pierna derecha de aquel hombre.  A él le debió gustar lo que oyó ya que acto seguido posó su mano en la pierna de Andrea y la acariciaba mientras le daba un nuevo sorbo a su vaso de vino.

La cena llegó a su fin sin más incidencias que los tocamientos. ¡Qué no es poco!

Al salir del restaurant observé que María Jesús cogía del brazo a Andrea y se dirigían un taxi entre grandes risas. Las dos mujeres subieron al taxi conmigo, pero justo antes de arrancar, se acercó el mulato y subió también.

Ellas indicaron al conductor que se dirigiera a una discoteca.  Al llegar no parecía ambiente pero entramos. El interior era bastante oscuro pero pude localizar a un grupo de hombres que estaban al fondo del local.

María Jesús y Andrea se sentaron en los taburetes de la barra con las piernas cruzadas. La imagen no podía ser más erótica: Dos chicas de minifalda y con buenos escotes mostrando sus piernas y algo más a todos los hombres del local.
Yo en lugar de sentarme junto a María Jesús me acerqué a Andrea y me senté a su lado. El chico mulato hizo lo propio con María Jesús. Mientras ella se reía. Pero éste, además, posó su mano encima de una pierna de ella y se la acariciaba suavemente. A ella le debieron de gustar las caricias porque separó sus piernas para que él continuase en la parte interior de sus muslos. Entonces yo empecé a meterle mano a Andrea. Ella  también abrió sus piernas para facilitarme la labor.

Entonces, los dos sacamos nuestra las pollas y se las ofrecimos a las chicas. Ellas las tomaron y se las metieron en la boca.

A esas alturas, el resto de los clientes en el local se había acercado a nosotros con la intensión de  los cuerpazos de María Jesús y Andrea fuesen también suyos. Ellas dos nos mamaron hasta que nos corrimos en sus bocas. Entonces dos de los chicos las giraron y ellas cambiaron de polla. Entonces otras dos pollas empezaron a penetrarles el coño por detrás. Tal y como les entraban las pollas se puede decir que las dos hembras estaban muy abiertas y excitadas.

Entonces,  la chica que atendía aquella barra se sumo al grupo. Cuando aquella chica salió de detrás de la barra comprobé que tenía un cuerpo de escándalo. La camarera se acercó a mí y con una mano se puso a acariciarme la polla mientras con la otra mano me abrazaba el pecho besándome detrás de la oreja. Entonces, acerqué mi mano hacia atrás y le toqué la falda a la altura de su coño. Estuvimos unos instantes tocándonos hasta que la camarera se bajó las bragas y me hizo una seña para que yo la embistiera por detrás. Acerqué mi polla a su coño y poco a poco se lo fui metiendo hasta dentro. Empecé a meter y sacar. Mientras tanto María Jesús y Andrea mamando sensacionales a los dos hombres más mayores mientras sus culos desnudos quedaban al aire para disfrute de los que las rodeaban.

Entonces, el tipo que tenía a María Jesús por detrás se corrió y el que ella tenía delante terminó haciéndose una paja con su mano y gimiendo de placer. Después María Jesús se acercó a mí y empozó a acariciarme la polla y los huevos mientras yo penetraba a la camarera. En algún momento también le llegó a acariciar sus hermosas tetas. Estuvimos así hasta que yo me corrí dentro de la camarera. No bien yo había terminado con la camarera, dos chicos me la quitaron y poniéndola boca arriba empezaron a follarla por el coño y por la boca. Sus tetas se bamboleaban al ritmo de la penetración. Estaba muy provocativa.

Entonces María Jesús se recostó en el suelo y alzó los brazos esperándome. Me acosté sobre ella y la penetré. Su coño era más amplio que el de la camarera pero María Jesús sabía cómo retorcerse para provocarme un placer aún mayor. No aguanté más y acabé corriéndome dentro de María Jesús al mismo tiempo que ella tuvo un último orgasmo.

En cuanto nos repusimos del esfuerzo, nos vestimos y salimos del local. Era ya por la mañana y fuimos directos a casa  con un taxi.

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¿Qué le puede pasar a tu novia de marcha?

Últimamente, todos los fines de semana de Sara estaban siendo parecidos. Si no era una cena con amigos, se trataba de una comida con la familia o un cumpleaños. Estaba deseando hacer algo diferente, y cuando su amiga Clara le propuso salir de marcha, Sara aceptó sin pensárselo.

 

Clara tenía sus dudas sobre que su amiga aceptara, ya que las últimas semanas siempre le había dado escusas a razón de otros compromisos. Para más inri, aquel fin de semana no había convencido a más amigas, así que saldrían las dos solas.

 

Tras despedirse de su novio Luis, Sara quedó en una plaza con Clara, y ambas se fueron juntas a cenar en taxi. Al principio estaban un poco cortadas, pero pronto la sangría empezó a hacer efecto y las desinhibió, soltando su risa fácil por cualquier cosa.

 

Después de cenar, muy animadas ambas jóvenes, decidieron ir a un par de pubs a bailar y escuchar buena música. Tanto Clara como Sara se centraban en pasárselo bien, y no se daban cuenta que eran el centro de atención del local donde entraran. Ambas veinteañeras, delgadas y vestidas con prendas que resaltaban sus siluetas, eran el foco de todas las miradas (tanto masculinas como femeninas).

 

A las 4:00am, ambas iban algo desfasadas por causa de los gin tonics, y bailar sin parar. Habían acabado en un garito en el que la gente era algo más mayor que ellas, aunque había menos gente y tenían más espacio para bailar. A lo largo de la noche varios chicos se habían acercado a ellas con intención de ligar. Ambas habían coqueteado un poco, pero finalmente habían dado esquinazo a todos.

En aquel local, de nombre “Disco Bar Sí”, Clara fue más allá de coqueteos con un chico. Él era bastante más alto que ella, quien estiraba su vestidito blanco para llegar a sus labios mientras que el desconocido la besaba sin cuartel.

Poco a poco Clara y su nuevo amigo fueron desplazándose hasta una esquina dándose el lote, mientras que Sara se empezaba a aburrir y bailaba moviendo apenas los brazos.

–          Hola, parece que nuestros amigos se lo están pasando bien… – le dijo un hombre sonriente.

–          Sí. Por lo menos ellos se divierten – contestó Sara suspirando.

–          Me llamo Alberto, encantado.

Ambos se dieron los dos besos de rigor, y el hombre le dio conversación. Le comentó que habían salido un grupo más grande de amigos, pero que a esas horas ya se habían cansado de fiesta y sólo quedaban su amigo y él. Le dijo que tenía 36 años y la invitó a bailar.

 

Contra todo pronóstico, aquel hombre resultó ser un excelente bailarín, y Sara pronto estuvo yendo y viniendo de un lado a otro en sus manos al ritmo de la salsa y otros bailes latinos.

Su faldita amarilla y top negro engarzado en su delgado y delicado cuerpo danzaban, hasta que de repente Alberto la acercó hacia sí, y juntó sus labios con los de ella. Se quedó conmocionada sin saber qué hacer y sin devolverle el beso. La lengua de Alberto se abrió paso entre sus labios y penetró en su boca. Estaba caliente, y buscaba con desesperación su lengua.

 

El hombre se contoneaba sin perder el ritmo mientras la besaba, y ella pronto no pudo resistirse y le devolvió el juego de lenguas.

Pasaron los minutos, y ambos se separaron respirando con dificultad. Sara hizo amago de apartarse, pero él la apretó más contra sí mismo.

–          ¿Notas lo que me has provocado? – le dijo haciéndole notar el bulto de su pantalón – ahora no puedes irte, o lo verá todo el mundo.

–          Esto no está bien… tengo novio….

–          Pues yo no le veo aquí.

–          Me está esperando en casa.

–          Y yo estoy esperando esto.

Alberto le volvió a meter la lengua en la boca, y bajando sus manos hasta donde la cintura se convertía en culo, se restregó contra ella al ritmo de la música.

 

El tiempo pasó sin que se diera cuenta, y de repente se giró al notar el contacto de su amiga en el hombro.

–          Me voy a ir ya. Me cojo un taxi.

–          Me voy contigo.

–          No, no, no. Aprovecha y pásatelo bien, que yo no le diré nada a nadie – le dijo guiñándole un ojo.

Su ligue la abrazó protectoramente, y siguieron dándose el lote. No sabía cuánto tiempo habían estado así, pero al mirar en derredor, el garito estaba casi vacío. En la barra pudo ver al amigo de Alberto, y tras consultar el reloj, comprobó que eran las 5:00am.

–          Me tengo que ir ya…

–          Lo entiendo. No te preocupes, te llevamos.

Ambos la escoltaron hasta el coche de Alberto, y ella se sentó delante mientras que el amigo intercambiaba mensajes con Clara desde atrás.

De vez en cuanto Alberto le acariciaba la pierna, subiendo peligrosamente su falda.

–          Es una pena que no vivas sola y te pueda acompañar a casa… – le dijo sonriente.

–          Ya… ¿para asegurarte que no me pasa nada, no? – dijo ella con cara de pillina.

–          No… Para que te pasara algo. Algo muy bueno.

Los dos se rieron, y cuando llegaron a casa de Sara, se despidieron con un beso.

–          No voy a estar pesado detrás de ti para no molestarte. Ya tienes mi teléfono. Si quieres quedar algún día, ya sabes… – le guiñó un ojo, y se quedó esperando hasta que entró en el portal.

 

Al llegar a casa, se metió en el cuarto y su novio Luis le saludó al despertarse.

–          ¿Qué tal la noche cariño?

–          Bien…

–          ¿Qué pasa?

–          Nada…

–          Venga, que nos conocemos. Cuéntamelo…

Sara se puso a llorar, y le confesó todo lo que había pasado. Luis se quedó mirándola impertérrito y se acercó a ella. En lugar de reñirle, metió una mano debajo de su falda hasta tocar su tanguita.

Al comprobar que estaba húmedo, sonrió.

–          Veo que te lo has pasado bien….

–          Lu…

El sonido del móvil de Sara la interrumpió.

–          Míralo, seguro que es él. Tranquila, no estoy enfadado. Más bien excitado.

–          ¿Excitado?

Miró el móvil y comprobó que el whatsapp era efectivamente de Alberto.

–          Venga cariño, léemelo en voz alta. ¿Qué dice?

–          ¿No te enfadarás?

–          No, te lo prometo.

–          Dice “Me lo he pasado muy bien esta noche. Ya he dejado a Alex en su casa y ahora me voy a la mía a terminar la noche sin ti, pero pensando en lo que podríamos haber hecho. Un beso preciosa. Alberto”.

–          Se ve que le has causado sensación. Seguro que le hubiera gustado follarte.

–          ¡Luis!

–          ¿Por qué no le dices que venga?

–          ¿Estás loco?

–          Venga, total ya te has liado con él. No le dejes a dos velas. Trae el móvil.

 

Luis le quitó el móvil, y ante el pánico de ella le mandó el siguiente mensaje:

MÓVIL DE SARA: “Hola soy el novio de Sara. ¿Por qué no vienes y terminas lo que has empezado esta noche? No estoy de coña”.

MÓVIL DE ALBERTO: “¿Estás de coña?”

MÓVIL DE SARA: “No. Mira”.

 

El chico le dijo a Sara que se acercaran y ambos se pudieron al lado del radio-reloj-despertador. Luis hizo una foto de ambos con el móvil de su novia y se la envió a Alberto.

MÓVIL DE SARA: “Esta foto es de ahora mismo. Llama y verás”.

A los pocos segundos sonó el móvil.

–          Cógelo tú – le dijo Luis.

–          ¿Sí?

–          Hola Sara, soy Alberto. ¿De qué va todo esto?

–          No lo sé, se ve que no le ha sentado mal a mi novio lo de esta noche.

–          Ya entiendo. ¿Me lo puedes pasar?

–          Sí, claro.

–          Hola, soy Luis.

–          Hola. ¿Te puedo hablar sin tapujos?

–          ¡Claro!

–          Si no estáis jugando conmigo, diría que te ha puesto cachondo que me liara con tu novia esta noche.

–          Así es.

–          Seguro que hasta te has puesto palote imaginándotelo.

–          Pues sí. Y ella ha llegado bien mojadita.

Sara le preguntó que de qué hablaban.

–          Tranquila. Ahora te lo cuento.

Volvió a la conversación telefónica.

–          ¿Qué ocurre?

–          Nada, Sara, que quería saber qué ocurre.

–          Le puedes decir que esta noche me voy a matar a pajas pensando en ella.

–          ¿Sólo eso?

–          Ya veo que te da morbo todo esto. Que sepas que le he metido la lengua hasta la garganta y se ha retorcido de puro placer. La he apretado bien contra mi polla para que supiera lo que le esperaba si quería algo más…

–          ¿Qué más?

–          No. No voy a seguir. Tú te la vas a follar ahora, y yo estoy conduciendo de vuelta a casa, así que no me hagas sufrir y terminemos con esto.

–          ¿Por qué no vienes aquí y así lo terminas tú?

–          ¡¡¡¡Luis!!!! – exclamó Sara.

–          Sólo si Sara quiere y me lo pide ella.

–          Espera.

 

Luis le explicó que le había puesto mucho la situación, y la chantajeó diciéndole que si le decía al chico que viniera a casa, que le perdonaría la infidelidad.

 

Sara, confundida accedió.

–          Vale, pero prométeme que ni te enfadarás ni te echarás atrás.

–          Hecho. – Le pasó el teléfono a Sara.

–          Hola Alberto.

–          Hola preciosa. Tienes un novio algo pervertido ¿eh?

–          Sí, je, je, je.

–          Pues nada, que os lo paséis bien esta noche. Adiós.

–          ¡Espera!

–          ¿Sí?

–          Quiero que vengas y me folles delante de mi novio como lo hubieras hecho si hubiera ido a tu casa.

–          Ja, ja, ja. Ahora voy guapa. Prepárate.

 

Sara colgó y le pasó el piso por whatsapp. Antes de girarse hacia su novio para ver qué cara tenía, éste la abrazó desde detrás y le metió la mano bajo la falda. Sus dedos, conocedores del terreno, encontraron su sexo y empezaron a masturbarla por encima del tanga.

–          ¿Qué haces?

–          Prepararte para tu amiguito…

Estuvieron así un rato, hasta que Sara se zafó con la excusa de ir al baño a arreglarse.

Luis estuvo viendo la basura que echaban a las 5:30am de la madrugada a aquellas horas cuando Sara recibió un whatsapp que la sobresaltó: “estoy abajo”.

 

Sara pulsó el botón del telefonillo para abrirle, y se quedó detrás de la puerta de la casa mirando por la mirilla. Cuando el chico llegó arriba, ella abrió la puerta quedándose detrás y se llevó el dedo a los labios para pedirle silencio.

 

Luis se levantó del sofá y se presentaron.

–          ¿Así que tú eres el que se ha liado con mi novia esta noche?

–          Que yo sepa, sí. – dijo sonriendo – ¿Y tú eres al que quieren que se follen a su novia?

–          Que yo sepa, sí…

Los tres se rieron mientras se miraban nerviosos.

–          ¿Y cómo sé me vas a dejar hacerlo y no te vas a poner celoso?

–          Tú prueba… – le dijo Luis.

 

Alberto se acercó a Sara, que estaba apoyada en la encimera de la cocina, y hundió sin miramientos su mano entre sus piernas. La masturbó por encima de la ropa mientras ella se retorcía entre risas, y él miraba fijamente a Luis.

El hombre la cogió en brazos, y al verle el tanga, Luis se acercó para acariciarle el culito respingón. Alberto la volvió a dejar en el suelo, y sus manos saltaron como cepos hasta sus pequeñas pero duritas peras. Se las apretó por encima del top, mientras su novio se pegaba a su culo. Alberto le pellizcó un pezón, y le bajó la falda dejándola en tanguita. Sus anchas manos le apretaron las nalgas ante la mirada de su novio.

 

Entre ambos chicos la desnudaron. Mientras Luis le toqueteaba las tetas, Alberto se besaba con Sara, que con habilidad le estaba bajando la cremallera.

Pronto, Alberto estuvo con el culo al aire y su enorme polla ente las manos de su ligue.

–          Así cariño. Enséñale cómo te gustan las pollas – le arengó su novio.

Ella le masturbó un poco hasta que su novio la hizo arrodillarse. Tenía  a escasos centímetros el pollón de Alberto… y no dudó en metérselo en la boca.

–          ¿Te gusta que se la coma a otro? – preguntó Alberto.

–          Claro. Lo hace muy bien… y lo bueno hay que compartirlo.

Sara se la chupó un poco a su novio, pero el otro chico la paró haciéndola levantar.

–          Joder, ¡qué culito tienes! – exclamó mordiéndose el labio.

Restregó su miembro contra el blanquito trasero de la chica, al tiempo que la masturbaba lentamente. Luis le chupaba los pezones, y ella se dejaba hacer como una auténtica putita.

 

–          Vamos a la cama que estaremos más cómodos. – dijo Luis.

Los tres se encaminaron hacia el dormitorio, no sin dejar de meter mano a Sara por el camino.

Alberto se acomodó en la cama, y Sara se acercó a él lentamente con el culo en pompa. Aquel pequeño trasero miraba al cielo y era toda una tentación que no pudo dejar de manosear Luis.

El invitado vio las tetitas de la chica bambolearse mientras se acercaba, hasta que ella buscó su boca. Le besó como una tigresa mientras no dejaba de acariciarle el pecho.

Las manos de Sara se deslizaron hasta el pene de Alberto, y lo acariciaron con delicadeza.

–          Aprovecha a tocarlo ahora, porque pronto lo tendrás dentro. – le dijo el chico.

Luis se tumbó boca arriba e invitó a su chica a que se sentara encima para que le comiera el coño. Sara le aplastó con sus pastosos labios inferiores mientras su novio se removía debajo haciéndola disfrutar.

Alberto no perdió la oportunidad y guio su pene hasta la boca de su ligue de aquella noche.

Sara se la chupaba con hambruna mientras él le sobaba las tetitas.

–          Uffff, para, para. Creo que ya va siendo hora que me folle a tu novia.

Alberto la ayudó a levantarse y la tumbó boca arriba sobre la cama. Le agarró una pierna, y tras levantársela, ubicó su pene en la entrada inferior de ella y empezó a metérsela sin más juegos.

El fuerte mete-saca hacía que Sara gimiera fuera incapaz de hacer nada más que agarrar el falo de su novio con la mano.

–          ¿Te gusta que me folle así a tu novia?

–          Sí, ¡dale más caña!

Por un lado Alberto le hizo caso y se la metió con más profundidad y al mismo ritmo. Por otro, Luis consiguió que su chica le hiciera caso y se la chupara mientras era follada por aquel desconocido.

 

Sara miraba, con una polla en la boca, directamente a Alberto a la cara; quien a su vez en ese momento se concentraba en su ejercicio sexual mirándola fijamente a los pechos. Dos tetitas que subían y bajaban al ritmo de cada embestida.

–          Tienes una novia que es toda una putita. Mira cómo disfruta. ¿A qué te gusta Sara?

–          Síííííííí.

–          ¿Quieres que te folle más?

–          Síííííííí.

–          ¡Pídemelo!

–          Mmmmmm, ¡fóllame más Alberto!

El chico le bajó la pierna que tenía en alza, y la volteó haciéndola posar de lado. Agarrándole la nalga derecha que estaba más alzada se la metió limpiamente hasta al fondo con fuerza.

A la tercera embestida se retiró un poco y le hundió la cabeza entre las piernas. Al emerger de aquella cueva, el chico tenía la cara llena de los fluidos de Sara. Se acercó hasta ella, y le besó con pasión en la boca ante la mirada de Luis quien se masturbaba mirando.

–          Ahora ya has probado lo cachonda que estás.

–          Sí, me tienes muy cachonda.

–          ¿Cuál es tu postura preferida?

–          A cuatro patas.

–          ¡Pues vamos!

Sara se colocó en la postura del perrito. Su esbelto cuerpo se arqueaba con gracia, y con aún mayor placer recibió aquella polla que tanto le estaba haciendo disfrutar. Alberto la atraía y alejaba de sí cogiéndola con las dos manos por su estrecha cintura.

Desde donde Luis estaba podía ver cómo los huevos del chico martilleaban contra los labios de su novia.

–          ¿Debes de estar deseando follártela, verdad?

–          ¡Sí!

–          Pues si esperas un momento, en seguida disfrutarás más que nunca…

 

Alberto continuó follándosela en varias posturas por un buen rato. En un momento dado, y con el cuerpo empapado en sudor, le dijo a Luis:

–          Cuando yo te diga, acércatela y fóllatela sin aguantarte nada y a toda velocidad. No dejes pasar ni un segundo. ¿Listo?

–          ¡Sí!

En aquella clásica postura del misionero, el chico aumentó el ritmo, y con un gemido gutural empezó a correrse. No habían pasado ni unos segundo cuando gritó.

–          ¡Ahora!

Luis corrió a colocarse sobre su novia. Puso el pene en la entrada que tan bien conocía, y se deslizó solo.

Nada más empezar a follar se percató que aquello era diferente. Sara no sólo estaba ardiendo, sino que los espasmos de su reciente orgasmo se constreñían la polla. Aquel calor no era sólo suyo, del mismo modo que sus fluidos, que incorporaban la corrida de Alberto.

Pensar en todo aquello le puso aún más cachondo y sentir aquella follada al máximo. No tardó mucho en correrse dentro del coño de su novia.

Ambos se quedaron abrazados unos segundos mientras Alberto se vestía.

–          Encantado. Podéis llamarme cuando queráis. – le dio un pico a ella.

–          Sara, a ver si nos vemos otro día de marcha.

–          Sí…

El hombre se fue, y la pareja se quedó dormida desnuda y abrazada, oliendo a sexo y totalmente exhaustos.

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