El rellano

La miro a través del espacio de la puerta semi abierta, temblando con el miedo y la emoción de siempre ante su llegada. Desnudo con tan solo el collar abrochado en mi cuello, mis manos y rodillas al suelo, y la correa del collar doblada en la boca, la espero emocionado para ofrecerle el mango de la correa. Pero ella al salir del ascensor no da mas pasos. Se detiene en el rellano mirándome como mis ojos asoman tras la puerta semi abierta. Lleva una bolsa de compras y justamente se coloca de pie a espaldas de la puerta del vecino, frente a mí. Milena ladea la cabeza y sonríe al verme ruborizado tras el escaso espacio que deja la puerta entre abierta. Me pregunto por que no entra, ¿que hace allí parada en el rellano?. Entonces chasquea los dedos y señala con el índice el lugar del suelo donde debo acudir.

Oh noo!!!, se que no puedo dudar ante una orden. Así que abro la puerta empujándola con la nariz, y gateo hacia el rellano. Esta idea es nueva y puedo entender que quiere humillarme mas aún. Nuestra relación promete convertirse en un largo viaje a la humillación, y yo no estoy seguro hasta dónde podría llegar. Salgo con cautela y me pregunto a mi mismo, ¿qué haría si el vecino saliera a través de su puerta en estos momentos?. Mi dueña esta delante de la puerta del vecino, y yo solo espero tener tiempo para salir corriendo en el caso de que este salga. Esta claro que mi dueña quiere añadir una dimensión audaz a este humillante escenario. Desde que nos conocimos y accedió a jugar a este juego, me ha prohibido estar de pie y vestirme en su presencia.

Me arrastro mientras mis oídos se quedan atento a cada sonido que pudiera salir de la puerta de los extraños. Sorprendido de mi mismo por ser capaz, todo me parece diferente desde aquí abajo. Me siento pequeño. Gateando sobre la alfombra sucia de bienvenida hasta llegar a mi dueña, demuestro conocer la rutina de nuestra relación de ama y mascota.

Aquí estoy yo, en el pasillo de un edificio de apartamentos, completamente desnudo, y sobre mis manos y rodillas. Rojo de vergüenza y temblando de miedo de ser atrapado en esta posición tan humillante. Sin embargo me levanto en cuclillas delante de ella. Pongo mis manos recogidas a la altura de mi cuello, como el perro que quiere andar. De mi boca le ofrezco el mango de la correa como siempre hemos hecho. Milena acaricia mi cabello y luego coge el mango satisfecha por mi ofrenda. Mi erección roza sus jeans negros ajustados, haciendo que me olvide por un rato de los vecinos. Es agradable tocarla con mi sexo totalmente erecto. Una vez tomado la correa en sus delicadas manos, ella me sonríe la indiscreción pensando que ha sido a propósito.

– Guau Guau Guau!!!

Le digo en un mensaje codificado expresando lo feliz que soy por verla.

– Aquí!.

Dice mi dueña dando palmadas a un costado de su muslo izquierdo.

Me arrastro a su lado izquierdo y tomo mi lugar. Intento no pensar más acerca de los vecinos. Los castigos de mi dueña se habían convertido en eficaces soluciones para mi conducta, y por ello hago esfuerzos para evitarlos. Apoyado en mis codos, antebrazo y rodillas, dejo caer la mirada al pie izquierdo calzado con unos estiletos clásicos en cuero negro. Mientras espero el primer paso, ajusto y reajusto mi postura con las rodillas. Se que ella espera mi culo lo suficientemente alto para que mi equilibrio sea perfecto. Me mira por encima del hombro mientras yo rezo por no ser visto por los vecinos a través de las mirillas de las puertas. Sigo ajustando mi postura deseoso por ser dirigido a nuestro apartamento lo antes posible. Miro a mi dueña y la veo mirando a su alrededor, mirando orgullosa y casi que parece que espera a que alguien aparecería. Luego me mira y acorta la cadena de mi collar para acercarme mas a su costado. Mi formación de esclavo y mascota obediente son mis objetivos principales. Puedo sentir que esto va ser el comienzo de una fase nueva.

Atento a su primer paso, comienzo arrastrarme con las rodillas y antebrazos tratando de recordar todo lo que tengo que hacer. El fin es rastrear correctamente. De esta manera arqueada soy más consciente de mi desnudez. Mis bolas y mi pene se balancean debajo mientras me muevo. Me imagino cómo debe verse y lo que un vecino podría pensar si me viera así. Mi dueña tira de mis preocupaciones controlando mi mente. Con un tirón de la cadena me recuerda de que no estoy en posición de preocuparme de mi vergüenza, y que solo le debo obediencia. Dejo una larga linea pre-eyaculatorio como una baba casi transparente cayendo en los pisos del rellano. Esto es una característica mía la cual Milena adora. Mi excitación es tal, que doy fugas de semen por todas partes. El final de mi pene siempre es acompañado con una cadena larga y pegajosa que nunca parece terminar. Ella me me ha dicho que es un divertido tema de conversación entre algunos de sus amigos.

Por fin termina el arrastre por el rellano, y una vez dentro del apartamento, la puerta se cierra tras nuestra. Ahora me siento mas seguro y feliz.

Llevamos con esta relación dos semanas, y mi dueña ha aprendido de mi todo lo que tiene que saber para controlarme mas allá de mis límites. Sabe manipularme, degradarme y hacerme realizar los actos más repugnantes. Mi dueña ha aprendido a controlarme a través de mis órganos sexuales. Con la mano izquierda me da placer y me mantiene al borde del orgasmo, manteniéndome siempre jadeante. Mantiene mis pelotas hinchadas y mi polla dura babeante como si follara al aire cuando no me toca. Cuando estoy autorizado a usar su mano disponible, eso si, en los momentos más extraño, siento que vivo solo para ello. Nunca sé cuando se deja caer de una silla de descanso, pero cuando lo hace, salto a la carrera hasta su dulce mano izquierda. A veces tengo que probarlo, es decir… beso y lamo su mano para pedir su aprobación en primer lugar. Chupo los dedos a la espera de que ella abra la palma hacia arriba. Cuando veo que he logrado su aprobación, entonces puedo colocar mi erección en su palma. Y esperando que los dedos se estrechen alrededor de ella, puedo empezar a follar su mano. Ella no tiene que hacer nada, solo mantiene una mano vaga alrededor de mi erección, y yo soy quien debo moverme ridículamente en un frenesí exagerado en busca de eyacular entre sus dedos. Una vez que su mano reciba el semen espeso, me veo obligado a limpiar la mano con mi lengua de tal manera que debo tragarme mi propio semen. En los momentos que mi dueña ve la televisión, podría follar su mano por una hora o más, siempre y cuando no eyacule. No se me esta permitido cuando no me ordena poner una toalla o paño en el suelo. Por ello a veces el gozo puede ser frustrante y peligroso en caso de escape.

Es la mano derecha la temo. Su mano derecha es la causa de mis penas. Penas que se han vuelto en un profundo dolor durante el poco tiempo que nos conocemos. He llegado a tenerle pánico, y haría casi cualquier cosa para evitar su mano derecha. Ha conseguido hacerme llorar, también ha encontrado formas ingeniosas de mantenerme en lugar deseado. Totalmente manipulado apenas tengo margen para el error. Esa es la mano del castigo, de la corrección, la que dirige la orquesta de mi humillante vida, la mano que causa dolor intenso en mis pelotas y la de los azotes.

Hoy mi dueña tiene una invitada y yo estoy preparado para entrar en su sociedad. Tanto su mano derecha y la izquierda han sido hábiles entrenadores para prepararme en esta nueva vida. Me ha prometido la experiencia más humillante que aún no haya experimentado. Si embargo soy incapaz de imaginar de que pueda soportar más vergüenza de lo que ya he sido obligado a asumir.

Al principio de nuestra relación mi dueña sabía el propósito de los roles. Ser su mascota desde el inicio ha sido fundamental para el desarrollo de mi tolerancia a la vergüenza, pero aún así mi dueña busca en mi mas entrega. Siempre ha sido muy creativa a la hora de usar sus técnicas. A veces suaves y a veces crueles con el único objetivo de llevarme a la degradación total. Su promesa una vez que haya entrenado bien mi posición de mascota, es la de que un día me llevará a una gran fiesta con todos sus amigos para presentarme en sociedad tal como soy, como su mascota.

– Muy bien perrito!

Dice mientras camina hasta su sillón.

– Hoy es un día muy importante para ti, quizás el más importante de toda tu vida.

Se sienta alegre e indica con un dedo mi lugar frente a ella. No dudo y me dirijo hacia mi dueña gateando tan perfecto como pude. Tal como me ha enseñado con la esperanza de impresionarla. Me gusta excitarla. Me coloco en el lugar indicado con los brazos extendidos. Hago lo posible para que mis nalgas queden lo mas alto posible. Muevo el culo en un gesto felicidad. A cada paso mis pensamientos son una fuente de imaginación perversa y retorcida.

– Esta será la primera vez que te mostraré a otra persona.

Dice mientras la miro extrañado, pero intentando no perder la sonrisa. No es que una sonrisa le importe, pero forma parte de la postura ordenada. Todo lo que quiere de mí es una profunda obediencia, una total sumisión. Mientras habla no deja de mirarme midiendo cuidadosamente mi perfil…

– A partir de esta tarde nuestra relación ya no será un secreto…

Las gotas de sudor comienzan hacer cosquillas por mi cuerpo. No me gusta esa idea.

– Una compañera de trabajo va a conocer nuestra relación. ¿Que te parece?…

– Guau, guau.

Le contesté.

– Escúchame bien!, te quiero obediente y ridículo.

– Guau, guau.

– Lo digo en serio!. No me defraudes hoy!.

– Guau, guau.

– Estoy muy nerviosa y no quiero ningún problema… Así que por favor, compórtate por tu propio bien. Todo lo que has aprendido con migo lo debes mostrar con mi amiga, por qué si no voy a …

Mi dueña casi gruñe, pero luego se calma. Puedo sentir sus ojos por encima de mi cuerpo en busca de una razón para castigarme y continuó…

– Es mejor actuar con rapidez hoy. Y nunca, nunca, nunca, dudes. Es decir… ni siquiera una fracción de un segundo.¿Me entiendes?! eh?..

– Guau, guau!.

– No quiero tener que advertirte dos veces, y no estoy bromeando, chucho… Espero que usted se mueva cuando lo diga, y de inmediato.

– Guau, guau!.

Intento ladrar de nuevo para hacerle comprender que no la voy defraudar. Entonces mi dueña se calma, y dice con un tono más agradable…

– Mi mascota, me estoy preparando para que la gente me conozca tal como soy. Pronto formarás parte de ello. Muestra relación ya no será ningún secreto, y tu solo te concentrarás en entretener a los huéspedes, no quiero ver ninguna pizca de vergüenza en ti…

Empiezo a sudar delante de mi dueña que está muy relajada en sus propios pensamientos y continua sus palabras…

– La próxima semana te llevaré a conocer a mi familia. En mi coche estarás desnudo. No habrá necesidad de vestirte. Te sentará en el asiento frente a mí y mirarás por la ventana como un perrito normal. Ladrarás a los autos y otros perros….

No doy crédito a lo que me dice. Mi mente es un remolino de sensaciones abrumadoras. Estoy totalmente desconcertado. ¿Entenderán otras personas mi relación con Milena?

– El próximo sábado por la mañana comenzará tu entrenamiento real, y en dos semanas voy a tenerte haciendo cabriolas por las calles principales mientras te paseo con la correa…

Contemplo dentro de la imaginación esa escena a la vez que me pregunto, ¿hasta qué punto vamos a llegar?. Ella me prometió una vez cuando me ajustó un collar de perro por primera vez, que sólo ella sería capaz de quitármelo, y que mi entrenamiento sería mas real de lo que yo me imaginaba.

– En fin … La persona que va a venir hoy es de confianza.

Mi dueña mira el reloj situado en la cocina y…

– Ella estará aquí en cualquier momento!.

Mi dueña se levanta y se estirara un poco.

– Aquí!

Ordena que me lance a su lado.

– Buen chico.

Dice orgullosa.

Se agacha y alcanza su mano izquierda debajo de mi vientre, mientras yo trago saliva en un aliento. Sus dedos encuentra mi erección y pellizcan, agarran, frotan y acarician dejándome en un frenesí salvaje. Me trae cada vez más cerca, más cerca, más cerca y más cerca de la eyaculación. Moviendo mis caderas empiezo a restregarme a su mano juguetona fuera de control. Entonces cuando estoy a punto de perder el conocimiento, esa mano desaparece. Roto y en sudor, me quedé follando al aire. Y esa delicada mano se fue a mi boca.

Ya no me preocupa la futura situación prometida, ahora mismo soy capaz de cualquier cosa. Bueno, mas bien me siento desplomado por culpa de la repentina ausencia de su mano. ¿Es posible repetir esta sensación con otras mujeres desconocidas?. Me caigo hacia adelante casi desmayado hacia su mano cerca de mi boca, y empiezo a lamer sus dedos lo mejor que pude. Ella me vacila y sube su mano para que la siga con mi lengua. Debo chupar la mano que amo. Me levanto sin dejar mis rodillas juntas en el suelo. Solo mis manos se alzan a la altura de mi pecho, intentando parecer agradable y gracioso. Deseo que mi dueña vea mi pene. Es como una forma de reclamar por lo que estoy sufriendo. Un por favor, un no me dejes así… Libérame del semen acumulado!!!

Su mano sube y baja a diferente niveles buscando la broma y reírse un rato. Mientras, yo sigo lamiendo con el único objetivo de limpiar y tragar el néctar de mis propios lívidos. Es mi trabajo limpiar mis propios placeres, como también besar la mano que me castiga. El significado de ambas manos, castigo y placer, son determinantes para mi adiestramiento. En conjunto, el uso y el abuso de mí a su voluntad, exigiendo un aprendizaje de mascota, son capaces de encontrar todas debilidades de la manera mas rápida. Tengo mi vida en sus manos. Vivo entre la felicidad y el miedo. Mientras yo busco el afecto de una, no olvido evitar la confrontación con la otra. Las manos de mi dueña están redefiniendo mí comportamiento. Y la próxima semana ya tendrá dos semanas para completar su misión, que es de convertirme en una mascota humana real. Una nueva especie.

– Espero verte listo para lanzarse hacia ella en el rellano.

Dice mientras se mira la mano.

– Limpias como de costumbre…

Ella mueve los dedos y sonríe. Luego se seca la mano sobre mi lomo.

– Aquí!

Gateo cuidadosamente. Mi erección punzante babea por una emoción negada. Son dos semanas al borde de un orgasmo siempre negado. Su promesa de que no voy a querer mas nada en este mundo mas que un orgasmo, se está cumpliendo. Ella me ha prometido que antes de un orgasmo, haré las cosas más repugnantes que haya hecho aún. Disfruta viendo mis bolas hinchadas de pasión por la liberación. Y eso que podría levantarme y negarme a tener esta relación. Pero no, realmente no puedo, sería el fin y nunca mas podría verla. Sin embargo me quedo con orgullo. Puede que pervertido, pero mi vida está llena de emociones. Mi dueña me ha llevado a un punto desde el cual no puedo volver nunca. A tal punto en el que las dudas dejan de existir.

– Ahora, cuando mi amiga llegue, la saludarás como sabes.

Dice mientras mira por la ventana.

-Creo que los vecinos salieron esta mañana y no han regresado aún …

Ella me mira…

– ¿Sabes lo que eso significa?

La miro extrañado.

– Eso significa que puedes esperar en el pasillo su llegada. ¡¿No es excitante?! .

De repente se dirige a la puerta y la abre de par en par. Luego chasquea los dedos y me llama.

– Déjame ver tus cabriolas por el pasillo. Llega a la puerta del vecino y da vuelta.

No es un desafío agradable, pero no queda de otra. Además, dijo que los vecinos no están en casa.

– Recuerda lo que te dije acerca de dudar.

Agrega con fuerza en un grito desafiante. No puedo hacer nada, debo de ir a la puerta. Me mudo humildemente con temor, temblando, pero una patada me empuja hacia adelante.

– ¿Qué es lo que te he dicho?. ¿Usted nunca aprende o qué?.

Grita mientras me patea una vez mas.

– Vamos, vamos!!!.

Tal vez los vecinos del frente no estén, pero otros vecinos viven abajo, así que estoy muy asustado. No quiero que los gritos de mi dueña se oigan por los pasillos. Debo de ser prudente y cumplir su orden antes de que fuera demasiado tarde. Por un lado mi temor y la vergüenza, y por el otro la necesidad de obedecerla.

– Eso es, sigue hasta la puerta del vecino.

Cuando lo alcanzo, mi dueña grita…

– Llama a la puerta.

No me atrevo a obedecerla, quisiera dar la vuelta y correr. Pero la voz de mando me mantuvo a raya.

– Vamos! Si no tocas la puerta, ahora mismo te cierro y te dejo fuera con esa pinta.

Levanto la pata hacia puerta del vecino, pero… no me atrevo a tocar.

– Maldita sea …! No hay nadie en casa de todos modos. ¿A que esperas?.

Aturdido como nunca antes, se que tengo que actuar y no puedo …

– ¿Qué te pasa, no confías en mí?, ¿Eh?, ¿Es eso?.

Antes de que sus gritos llame mucho la atención al resto de las plantas, llamo a la puerta.

– Más fuerte!.

Exige mi dueña y yo cumplo.

– Caramba!. Tenía razón.

Exclama en voz baja. Luego con un tono de decepción dice…

– Está bien, ven aquí.

Doy la vuelta con entusiasmo, y mientras me acerco a ella, me advierte…

– Te voy a castigar más tarde por vacilar una orden. Sabes que no tolero la vacilación. Tu castigo será severo te lo aseguro.

Sus palabras hacen eco en el rellano. Yo no puedo hacer otra cosa que esperar y escuchar sus advertencias. Temo por la llegada o salida de algún vecino en otras plantas. Al menos al que le toqué, nadie respondió. Y yo estoy seguro de que a mi dueña no le hubiera importado que alguien hubiera contestado.

– Usted se quedará aquí para conocer a mi amiga. Agitarás ese culo con alegría y no olvides contestar con ladridos. ¿Entiendes?.

– Guau guau.

Respondo con entusiasmo.

– Usted irá hacia ella y harás lo mismo que con migo. Ya sabes… Cosas como… El espectáculo de su pene … el culo … Quiero verte juguetona!

– Guau, guau.

– Irás a una de sus manos y lamerás sus dedos.

– Guau, guau.

– Te quedarás en frente de ella y en una oportunidad, caerás sobre tu espalda y separarás las piernas como si estuvieras buscando que te froten la barriga. Me encanta cuando haces eso.

– Guau, guau.

– Pero no entorpezca su camino.

– Guau, guau.

– Ahora voy en busca de la cámara. Quiero hacer algunas fotos en el rellano.

Dice mi dueña mientras busca en el interior del apartamento. Esta aún no me invita a entrar a la casa,. ¿Que pretende?. Cuando vuelve con la cámara empieza a dar diferentes órdenes para mis poses, y así ir tomando fotos. Me quedo sorprendido por obedecer todas sus instrucciones aquí en este rellano. Siempre con el peligro de ser visto por algún extraño. Dios mío, esto es el colmo. Mi agonía se alarga mientras toma fotos y mas fotos a cada gateo y cabriolas que doy.

Terminado con las fotos se inclina y toma mi erección en su mano izquierda. Me permite hacer algunos de mis movimientos en un frenesí de violar su mano cerrada alrededor de mi falo. Pero pronto me instruye a esperar. No quiere mas movimientos. Luego con otra mano acaricia mi lomo, y da de nuevo permiso a moverme.

No me gusta la idea de ser visto desnudo por un extraño, pero sin embargo lo voy hacer. De eso es lo que se trata. Es esa parte del proyecto y motivo de ser humillado. Para eso estamos aquí en el rellano.

Me estremezco ante Milena con un hormigueo pero me anticipo a la espera de su siguiente orden. Ella es muy practica en el arte de los azotes, y me atrevo a decir que se ha convertido en un objetivo el cual tengo que evitar a toda costa. Estoy temblando con la piel de gallina a cada uno de sus sonidos. Podría salir corriendo y no lo hago. No puedo evitar de estar atento a todas las indicaciones que hace en este rellano público de modo que parece que estamos calentando el encuentro con otros extraños. Me había prometido ir con cuidado, tomando las cosas con calma, dándome tiempo para ajustarme y adaptarme a la nueva función. Poco a poco iríamos a un nuevo nivel. Sabía que voy estar público en cuestión de días con todas las decisiones impuestas por el destino. Me roe el estómago y se me desordena mis pensamientos con ideas enloquecidas. Ya no cabe duda de que Milena después de todo, aquí esta con migo en el pasillo con todas nuestras acciones más descaradas.

Ella me está dejando como un yonqui adicto a la vergüenza. Miro a mi alrededor y me pregunto quién soy yo. No puedo creer ni entender quién soy. Es cierto que mi mente está totalmente dominada por mi pene, y Milena lo sabe. Entiende y conoce las funciones de mi pene y pelotas muy bien. Sabe dominarme a través de ellos. Su mano izquierda me reduce a nada, y la derecho me espabila a su atención. Mi ser se ha reformado para adaptarse a sus caprichos. Soy su juguete, su mascota a sus pies. Totalmente re-creado para su diversión y lo más importante, para su auto-estima.

Hago movimientos con el descuido de la mano de Milena. Follar su puño como el marido a su esposa en su noche de bodas, es mi premio. En el pasillo se hace eco por los sonidos de mi feliz baile. Y si alguien lo oye, no me importa. Mi dueña me permite continuar durante bastante tiempo con la condición de no tirar mi carga. Soy un espectáculo para ella, una imagen muy obscena que la mantiene entre lágrimas de risa. No le interesa si los vecinos están o no en casa, ¿por qué iba a hacerlo?. Con los ojos cerrados sigo girando mi pelvis como un par de adolescentes haciendo el amor en el pasillo. Ella completamente vestida y aburrida, mira el espectáculo con la mano quieta agarrando mi falo. Pronto comienza ha tararear una melodía. Una piscina de lubricante ya se había formado en la alfombra debajo de mi órgano. La piscina esta conectada y alimentada por el lubricante exudado de mi erección a largos filamentos gruesos de pre-eyaculatorio balanceándose y balanceándose con cada movimiento completo. Tanto la mano de Milena y mi erección se empapa de néctar. Mis rodillas se deslizan en mi sudor. Lucho para mantener el equilibrio suficiente para mantener mi pene en su puño. No hay cama de matrimonio, igual podría haber sido más dulce, más subida de tono, haciéndole el amor de verdad, hacer de Romeo, no se… Pero ahora soy el hombre más feliz en la tierra.

Me viene en mente el orgasmo. A pesar de que rara vez se me permite un orgasmo, yo lo vivo como inicios continuos. Vivo en un orgasmo intenso sin dar toda mi carga. Mi vida pasa a través del ritos de orgasmos. Ella podría llevarme a la calle llena de gente en este momento, y yo seguro que ciego de esta sensación hubiera accedido. Pero…

Derepente se abre el ascensor!!!!

Su amiga se presenta en el rellano…

– Vaya a saludar.

Dice mientras limpia la mano en mi espalda.

Su mano derecha da una bofetada rápida a mi mejilla despertándome del dulce tormento. . No he podido recuperar el aliento, y sin aliento gateo hacia la desconocida. No tengo tiempo para considerar mis incapacidades mentales, simplemente corro con fe ciega.

– Guau, guau. Guau, guau guau., Woo ..

Ladro alegre sin aliento a pesar de que aún no puedo distinguir a la persona que se acerca. Esta cuanto me ve cae contra la puerta del vecino y se echa a reír a carcajadas. Sin duda que las risas podría atraer a todos los vecinos del edificio.

– Dios mío!

Dice con un continuando ataque de risa.

Me arrastro con la vergüenza insoportable en este rellano, y ya cerca de ella me subo de rodillas. Levanto mis brazos y los pongo en cada lado de mi cara. Estoy lo mas humillante esperado frente a una total desconocida, tal como mi dueña prometió. Ojalá termine pronto esto. siento una vergüenza que nunca había experimentado antes. Sin embargo, continuo.

– Guau, guau

Saco mi palpitante erección hacia ella. Me sacudo de un lado a otro enviando los jugos por todas partes, sacudiendo las cintas de semen en un intento de parecer adorable. Entonces la desconocida mira a mi dueña con los ojos llenos de lágrimas de reír tanto…

– Que lindo … nunca me imaginé algo así, ¿Y aquí en el rellano?.

– Guau, guau!

Me ofrecí para hacer aún más lindo. Muevo mi erección sacudiendo mis caderas enviando mi lío por todas partes.

– Oh, esto es muy irreal… No me lo puedo creer.

Dejo mis patas delanteras en el suelo y me preparo para el siguiente paso. Me caigo a un lado y ruedo sobre mi espalda hasta abrir mis piernas. Me traigo las rodillas hasta los hombros, y mis manos se mantiene recogido a cada lado de mi cara. Arqueo la espalda en el deseo de ser frotado por sus manos Mi erección rebota hacia arriba y abajo entre mi vientre y el culo buscando ser provocativo. La miro con la boca abierta y la lengua bailando en el aire. La mujer que ríe intenta recobrar la compostura.

– Preciosa … dios mío es precioso!

Me mira mientras se limpia las lágrimas de sus ojos. Apenas puede controlar la risa, pero lo intenta. Sin embargo yo sigo moviéndome como un verdadero perro.

– Increíble!

Fue todo lo que pudo decir. Finalmente se seca los ojos y termina con un suspiro.

Me detengo y miro hacia mi dueña sonriendo, luego miro a su amiga que anda hacia mi dueña para besarle la mejillas. Me levanto y voy en busca de la mano caída de la extraña para besar sus dedos. Comienzo a lamerlos, chupo cada dedo. Había capturado pronto los dedos a la vez, y luego cada uno de forma individual. Después del amamantamiento, ella los saca de mis labios lentamente. Me encanta su sabor. Su olor y sabor son un maravilloso descubrimiento.

– Creo que mi perro está encantado por su visita.

Dice mi dueña.

– Guau, guau.

Añado tímidamente tratando de mostrar lo mucho que lo quería entrar a casa con ellas. Estoy muy preocupado por los pasos y murmullos de extraños en otras plantas del edificio.

– Bueno, toma mis dedos.

Dice la amiga bajando la mano para que yo los vuelva a lamer. Los tomo con los labios y la lengua de inmediato. Se que son deliciosos, pero se están oyendo los pasos de gente acercándose por las escaleras. Estoy asustado pero a la vez caliente. Por un lado estoy a punto de levantarme y correr, pero por el otro no debo ni puedo dejar de succionar los maravillosos suaves y largos dedos de la amiga. Puedo ser visto así, lo presiento, me siento morir…

– Adelante.

Mi dueña pronto sugiere.

Tiene una sonrisa en su rostro. Dice que la he complacido, y que le encanta verme en un total éxtasis. Seguido entra en el apartamento tras su amiga. Yo voy detrás gateando sintiéndome a salvo de mas extraños. Más nervioso que nunca, feliz y lleno de emociones. Oigo la voz de un vecino y los pasos cada vez más cerca. Miro las escaleras desde el rabillo del ojo a medida que avanzamos, deseado no ver a los vecinos.

Miro a mi dueña y esta silba. Seguido gateo y llegó hasta los talones de Milena. Pronto me siento seguro en cuanto mi dueña cierra la puerta. Las miradas de las damas hacia mí me hace sentir algo extraño, sobretodo en el momento que su amiga se lame los labios en un gesto de maldad.

Milena sabe lo avergonzado que estoy así desnudo, ante una completa desconocida. Me mira y mira a su amiga, y sonríe en cuento me ajusto en mi postura a su lado. ¿Qué otra cosa puedo hacer?

– ¡Qué bonito perrito!

Estoy cargado de sudor, caliente como siempre y escuchando los piropos de la desconocida.

– Aprende rápido.

Contesta mi dueña. Palabras que me llenan de orgullo mientras ambas damas ríen.

Luego Milena le sugiere algo de comer. Habla de las ensaladas que había preparado con antelación, como siempre hago a su llegada. Aparte de su cachorro también le sirvo como empleado doméstico. En cuanto Milena muda el pie izquierdo la sigo hasta la cocina. Su amiga camina detrás de mí mientras comenta halagos sobre mi trasero. Me aseguro que mis huevos sean visibles. También muevo mi culo lo mejor que puedo a cambio de su cumplido. Me siento muy emocionado por su crítica, mas bien eufórico. Cuanto mejor gateo, más larga es mi erección.

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El hombre dálmata

El avión privado de mi dueña está apunto de hacer su aproximación a la pequeña pista de este sencillo aeropuerto. El cielo azul cristalino de este trópico se deja encandilar por los rayos del sol de la tarde. Este hace que la superficie blanca de la pista sea borrosa y brille generando un destello que a su vez anuncia la llegada de la avioneta a punto de aterrizar.

– La señorita Nagore estará aquí pronto, Tobi.

La voz de la ama de llaves Samira, narra lo que vemos.

Samira es una nativa de la isla que trabaja para mi dueña Nagore en la mansión de verano.

– Usted está deseoso de verla, ¿Verdad?

¿Gusto? . Por supuesto, pienso. Con la llegada de la señorita Nagore, la isla ganará mucha vida. Nagore posee la totalidad de 50.000 hectáreas de la isla. Técnicamente parte de la isla de Dumaran es de ella. Nunca ha habido ninguna intervención del gobierno filipino contra Nagore. Como se ha señalado, es propiedad privada de la realeza, como si ella fuera la reina. La heredera de una desaparecida monarquía.

El tren de aterrizaje se extiende y las solapas de las alas se recogen. Pronto se transforma en algo parecido a un ave acuática preparada para romper el espejo de la superficie de la pista, que con los rayos del sol parece un estanque. El canto de los neumáticos toca el suelo por fin.

Una pequeña mano morena tensa la correa enroscándosela así misma. El grueso collar de cuero me aprieta el cuello recordando lo perro obediente que soy de la mano de Samira. La correa pasa por una argolla en mi collar sobre mi nuca, pero esta no parte de allí. Esta sigue por mi arqueada espalda hasta llegar a al aro que envuelve la base de mis pelotas. Se que Samira me quiere arrodillado en posición mas sumisa sobre el suelo. Por ello estoy sobre mis rodillas y antebrazos sobre el suelo de la terminal. Por mucho tiempo he aprendido que la resistencia es inútil … Me debo a una completa obediencia…. Ella me mira mientras tensa mas la correa….

– Buen chico.

La mano izquierda de Samira sostiene la cadena enroscada que pasa por la argolla de mi collar. Siento su puño ya tocando mi cuello casi. Y a veces da una leve caricia para avisarme de su aprobación de mi postura.

En su mano derecha lleva el palo de la obediencia, que no es mas que medio metro de largo de bambú envuelto en cuero, con un hilo delgado de piel colgando al final. De el he aprendido a temer su aplicación. La simple tira de seis pulgadas de cuero crudo puede quemar de forma intolerable cuando se utiliza para la corrección, particularmente en las zonas más sensibles de la anatomía masculina.

– Bonita y grande para la señorita Nagore, ….ahora!.

Samira baja su vara y utiliza la tira colgada para acariciar la parte inferior de mi pene. Con esto inicia el proceso de levantamiento.

Al estar completamente desnudo y obligado sobre las rodillas y los codos, la erección firme no tarda en cuanto pienso que pronto volveré a ver a mi dueña Nagore. Se que si viene con huéspedes, le gustará impresionarlos con mi nueva forma de vida como su mascota canina Tobi. Y sería muy importante mostrar mi devoción con un pene tieso. Samira lo sabe y me lo recuerda con esa vara.

– Quiero un pene gordo para la señorita Nagore!

Samira alienta con el bambú tocando y tocando hasta que mi libido da salpicones al suelo.

Todas las reservas relativas de mi ser hace mucho tiempo han sido expulsados de mi psique. Cuando Samira quiere una erección, yo debo darle una erección. Ella tira de la cadena delgada que va desde la parte posterior del collar de mi cuello, pasando por mi espina dorsal, siguiendo donde se pierde un poco por mi linea glutea, hasta conectarse a una anilla de metal que rodea la base de mi bolsa escrotal. Puedo oír campanas musicales que dan los cascabeles del aro en mis testículos en respuesta del movimiento. El sonido siempre trae una sonrisa a Samira cual se ríe con esa risa suave que la caracteriza. La visión de un hombre hispano tirado de una correa bajo su control la divierte constantemente. Siento la frustración de estar bajo su tutela, especialmente cuando me muestra frente a las personas de la terminal de este aeropuerto. Pero estos sentimientos de vergüenza me llevan a un peligroso terreno de rebeldía. Y no me gustará defraudar a mi dueña Nagore.

Una vez lograda una erección completa, separo mas mis rodillas para mostrar mejor mi pene alterado por los toques suaves del bambú de Samira. Se que pronto estaré gimiendo de alegría en cuanto mi dueña salga de su avión que ya está recibiendo la escalera para el descenso de los viajantes.

Samira tira de la cadena para avanzar hasta la puerta de llegadas. Mientras gateo orgulloso, y mi pene se arquea hasta mi vientre. Samira da por hecho mi erección. Aunque ella tiene derecho al conocimiento íntimo de mi anatomía, no lo comprueba visualmente y sigue andando. Yo la sigo tirado de esa cadena que levanta mis testículos tras mis nalgas a medida que tira de la correa.

La puerta corredera de la terminal se abre cerca de nosotros, y delante de nuestras narices vemos la pista . Samira se detiene y me tira de la correa para no seguir gateando mas. Está dispuesta a esperarla aquí.

La cabina de la avioneta está abierta y de ella sale radiante mi dueña Nagore Duval. Me estremezco en un escalofrío mientras ella se mete a la luz brillante del sol. Una mano elegante se eleva al ponerse unas gafas de sol que me decepciona porque cubre sus ojos azules que tanto adoro. Sin embargo su forma magnífica de belleza se me presenta cada vez mas cerca. Mi dueña lleva una amplia falda de algodón plisado blanco, una blusa de seda sin mangas adornado con un patrón de flores tropicales, y unas botas de piel beis claro de un fino tacón alto, a juego de un pequeño bolso del mismo material.

Con sus 32 años, la señorita Nagore es una de las mujeres más ricas del mundo. Pero no es su pulcritud y sus recursos financieros lo que me lleva a estar desnudo y bien llevado sobre una correa por su ama de llaves. Es su poder como mujer dominante el que hace que tenga la piel de gallina. Es su presencia que controla mi erección a su favor. Su belleza, no se. Estoy enamorado de su olor, aura y pensamiento. Su vida es mas importante que la mía. En su isla paradisíaca ella me controla y yo obedezco. Es demasiado tarde para mí echarme atrás. Mi destino está sellado. Soy su mascota, y me siento orgulloso.

– La señorita Nagore Duval!

Samira exclama.

La nativa es de plena confianza para mi dueña. Me adora como si también fuera su mascota. Ya bastante se ha divertido en el papel de ama y perro mientras mi dueña estaba de viaje.

¿Quien soy yo?. Pues ya vez… Conducido sobre una correa por una mujer que apenas tiene la capacidad intelectual para escribir su propio nombre. Cuando no está mi dueña ella me dirige a la educación canina. Así ha sido siempre durante años. Mi persona no existe y por lo tanto no tengo mas alma, que la mismas que cualquier perro.

Las mujeres filipinas de la isla pueden disfrutar de mi exposición. Desde que estoy a los cuidados de Samira. He sido manipulado y burlado por algunas nativas de la isla. Incluso tras nuestra hay dos niñas que ríen divertidas al verme de esta manera. Si embargo las mas maduras pasan de largo con una sonrisa. Ya todos me conocen como la mascota humana de la señorita Nagore.

No soy una novedad desde varios años. Esto a ellos no les afrenta, y poco les importa las manías y caprichos de mi dueña. Desde varios años esto se ha convertido en algo natural, y es de saber para todos, que la famosa señorita Nagore posee un esclavo como perro humano para su diversión.

La población es mínima. Estamos hablando de que los habitantes de la isla trabajan para mi dueña. Y calculo una centena entre hombres y mujeres. Todos ocupan diferentes oficios que puede ofrecer esta isla privada.

Por fin mi dueña se acerca a nosotros. Y no viene sola…. Esta anda acompañada.

– Hola, Samira. Tiene Tobi un aspecto muy bronceado…

Samira saluda de forma oriental bajando la cabeza.

– Tal como usted ha querido, señorita Nagore.

Los acompañantes esperan algo atrasados, y Nagore mas cerca, acerca su mano a mi rostro. Esto es una señal para lamer con entusiasmo su mano como mi señal de saludo. Se los lamo y juguetón toqueteo con la nariz sus preciosos dedos. No es necesario anunciar palabras. Mis cuerdas vocales solo dan gemidos de alegría y de alguna manera doy a entender mi queja por su ausencia.

– Ha sido un buen chico, Tobi?

Me hago en posición vertical sobre mis rodillas, encojo mis manos enguatado por las manoplas de cuero, y le muestro lo duro y tiesa que está mi pene a pesar de los invitados del avión que me miran. Cuando los cascabeles del anillo testicular sonaron, una risa colectiva nos invade de repente.

– Está feliz de verme!.

Presume ante sus invitados.

Samira da el extremo de mi correa a mi dueña e invita a seguirla. Mi dueña sujeta firmemente la correa en su izquierda y su otra mano se coge de brazos con uno de los invitados. Con ella de brazos camina Lucas, su nuevo novio. Detrás ya conocidos, la doctora Yumi, una guapa japonesa cuya carrera goza de una impecable reputación como cirujana. También esta la doctora Carmen, que años antes me ayudó con la transición de mi comportamiento actual. Y por último una pareja muy jóvenes desconocidos para mi. .

Hay un cochecito que remolca un vagón techado con un toldo. Su casa es una caminata corta por un asfalto que el cochecito estará a punto de circular. Por otro lado la tripulación del vuelo se asegurará de que su equipaje llegue a la gran casa de Nagore en uno de los vagones.

Samira hace señas para ayudar a la tripulación. En cambio yo no podría hacer nada, pues mis brazos están cubiertas del látex grueso, mis manos son inútiles sin poder mover mis dedos enguatado de esta manera. Del mismo modo las piernas dobladas están rodeados de material fuerte que me hace cómodo gatear a cuatro patas.

Con un tirón rápido me acerca a su talón . Como su perro fiel la sigo hasta el vagón. Mis movimientos en el gateo hace sonar los cascabeles, y las risas de los invitados me van siguiendo como una tortura humillante.

Nos subimos al vagón en los cuales caben seis personas en cada banqueta. Son dos banquetas las que hay en en vagón. Uno en cada lado, el cual al sentarse mi dueña con su novio, y al lado Yumi, al frente cara a cara quedan la pareja de jóvenes y Carmen. Yo sin embargo me quedo en el centro a cuatro patas mirando el final del vagón. Eso si, sujetado de la cadena por mi dueña.

Ella queda a mi derecha sentada de manos con Lucas. Yumi al otro lado de Lucas me da una palmada en mi trasero.

– Echabas de menos a tu dueña?.

Yo solo gimo tímido en respuesta.

Yumi se muestra burlona y me sigue mortificando. Ahora coge de la cadena que se esconde por la linea anal, y tira alto para levantar la anilla de mis pelotas.

Frente a ella, a mi izquierda está la joven chica desconocida para mi. Esta clava su mirada en la enrojecida carne de mi escroto. Su novio a su lado se ríe a carcajadas al ver como Yumi hace tirones repetidos para que mis pelotas boten arriba y abajo.

– Limpia Tobi!

Carmen, también a mi izquierda y mas a la altura de mi cabeza, llama mi atención. Se lo que quiere en cuanto adelanta el pie posado en su cruce de piernas. En cuanto mis codos tocan el felpudo del vagón, mi rostro se encuentra de frente a unos escarpines negros de tacón fino y alto, que apenas cubre sus dedos y talón.

Ella los tambalea para que yo atrape con mi lengua alargada el cuero de sus preciosos zapatos. Mmmm, había olvidado el sabor de los calzados de las mujeres de la civilización. Y es que aquí en la isla casi todas la mujeres andan de pies desnudos, sandalias y otros calzados tradicionales. Y ahora estos escarpines es un premio bien preciado, después de tanto tiempo. Los seis pueden ver mi devoción a los zapatos de Carmen. Y mi dueña le pasa la mano tras la espalda de su novio y suspira alegre mientras me observa.

El cochecito va andando, y con el va remolcado el vagón. Mientras va circulando por el camino que nos llevará a casa de mi dueña, Yumi deja de tirar de la cadena y se entretiene acariciando mis testículos. Ella charla con la chica joven, cual llama por el nombre de Zuleima. Pero mientras charla sopesa, aprieta, rasca con las uñas y acaricia mis expuestos testículos que quedan a merced de su alcance. Yo obediente mantengo siempre mis piernas bien separadas. Así le doy mas acceso para cualquier capricho. Incluso la desconocida tiene todo el derecho de tocarme. Pero no lo hace. Ella se enrolla en una conversación con Yumi.

El novio de Zuleima solo escucha, y se le nota algo incómodo cuando sus rodillas tocan con el bote del vagón a mi costado. En cambio Carmen disfruta en silencio del paseo, mientras yo lamo sus escarpines. A veces levanta el empeine, y el talón se descubre de sus zapatos. Ese es el gran momento para buscar olores y descubrir mas de ella. Hay una fragancia que me embriaga y junto a las acaricias torturadoras de Yumi, siento que mi pene va a explotar en cualquier momento.

Mi mente trabaja en varios estímulos. Por un lado la alegría de ver de nuevo a mi dueña Nagore, y a su vez ver como ella sostiene la cadena que siempre me ha dado una gran sensación excitante por ser tirado de la cadena como su perro. Y allí la tengo sentada a mi costado mirando como lamo los zapatos de Carmen. La psicóloga que me ha llevado ha este compartimiento. Fue Carmen quien acabó con mi vida humana. Ella es la que ha ayudado a Nagore a instruirme a una nueva era. Por ella soy lo que soy, un ser que se siente realizado y es tremendamente feliz de esta manera.

Desgraciadamente el coche se detiene en la entrada de la mansión. Y con esto Yumi deja de jugar con mis pelotas. En cuento se detiene, todos bajan uno a uno. Por último bajo yo tirado por mi dueña.

En cuanto estoy a lado de mi dueña, del cochecito con el piloto sale Samira para mi sorpresa. Ella se dirige a mi dueña y con reverencia invita a mi dueña e invitados a seguirla.

– Samira, lleva te al esclavo con tigo y dadle su comida. Nosotros aún no vamos a entrar. Voy a acompañar a mis invitados a los jardines para enseñarles el mirador.

– Como quiera la señorita.

Samira coge el extremo de la correa que le da Nagore y tira para que la siga por la puerta principal. Mientras, mi dueña se aleja con sus invitados por un camino agradable por los jardines que tan bien cuidados tiene todo el año.

Estoy seguro que mi dueña quiere que sus dos nuevos invitado, Zuleima y su novio, vean el precioso mirador que tiene al final de los jardines. Desde allí se puede ver sus plantaciones de plátano y toda la costa este. Yo he sido testigo de la hermosa vista que tiene ese lugar.

Al final se alejan y tirado por la nativa Samira entro a la casa.

Samira calza unas sandalias con tiras de tela y cuero. Ella esta vestida de forma tradicional con un pareo largo hasta los tobillos estampado. Su ombligo queda descubierto con una camisilla blanca con flores pintadas. Esta es solo sujetado en dos tiras finas que se enlaza bajo la espalda, dejando ver algo de su espalda al descubierto. Su pelo largo y negro es suelto salvo unos mechones a los lados recogido en trenzas para acabar atrás del cogote con una traba con forma de margarita.

A mi dueña le gusta ver a sus criados de forma natural. Ella busca que su mansión de verano tenga hasta el último detalle de ese toque exótico que tanto le gusta de esta isla. Por ello la ama de llaves, las cocineras y limpiadoras visten el tradicional atuendo de los nativos.

Samira me lleva hasta la cocina, donde nos encontramos con Mika, que es una de las limpiadoras de la mansión. Esta está con las tareas de la cocina ayudando a la ausente Monle.

En el lenguaje tagalo, Samira se dirige a Mika. Esta le responde con el mismo idioma que no entiendo.

Mika se acerca y coge de la mano de Samira la correa del perro. Se presenta alegre y sonriente, mientras tira de ella para que la siga hasta mi rincón habitual a la hora de almorzar. Allí me espera mi cuenco doble. Una de carne mechada revuelto con huevo duro y verduras, y el otro lleno de agua.

Mika deja el extremo de la correa sobre la pequeña percha de madera que señala el lugar donde me alimentan a diario.

Samira ya había salido de la cocina, y Mika sigue trabajando con los supuestos preparativos para la comida de los invitados. Me supongo que tantas bandejas de variedades son para los invitados. Parece como si se organizara una fiesta. El caso que veo demasiadas cosas como para seis personas.

Yo no tardo en limpiar mi cuenco con solo la ayuda de mi lengua y de repente aparece la hija de Monle. La muchacha saluda a Mika y por ser mezclada, habla en español. Sobre todo por que Mika lo entiende….

– Samira me ha llamado para preparar mi obra de arte! Por cierto, ¿donde esta mi madre?.

Mika se ríe a la primera frase que me ha dejado confundido, y contesta…

– Tu madre está en el muelle para recibir a los demás invitado.

¿Mas invitados? pienso yo. Pensé que ya habían venido en su avión privado. Ahora entiendo tanta comida. Y efectivamente… Mika abre la puerta que comunica la cocina con la nave de banquetes. Y si, esta todo preparado para una fiesta. Asombrado eche un vistazo rápido antes de que se cerrara la puerta y Mika desapareciera por el interior de la nave.

Debo de llevar mucho tiempo en la caseta antes de la llegada de mi dueña. Mi ausencia en la mansión me impedido ver estos preparativos.

Es la hija de Monle que se asegura de que he terminado y a su vez coge la correa de la percha.

– Vamos perrito, que te tengo que preparar para una sorpresa.

Todo me está cogiendo de sorpresa. Derepente veo que el día esta lleno de mas novedades. Es normal que mi dueña venga a la isla con compañía, pero no me esperaba que organizara una fiesta. Y es que por lo entendido, un lujoso yate está por atracar en su muelle. ¿Quienes van a venir?….

Tirado de la correa que sostiene esta chica joven de tan solo 17 años, la sigo por otra puerta hasta el ascensor particular de Nagore. De allí subimos hasta llegar a la planta de arriba. En cuanto se abre la sigo hasta su salón de arte.

Amaya es la hija de la nativa cocinera Monle y a su vez hija de un amigo español de Nagore que se ha desentendido de ella. Por ello Nagore la acoge como una hija y le proporciona una educación con un profesor privado en la isla. Ella nunca ha querido salir de la isla. Siempre se ha mostrado muy feliz en la mansión de Nagore. Y sobre todo no se despega casi nunca de su madre.

Mitad española y mitad filipinas, Amaya es una gran escultora y pintora. Esto es una virtud que ha descubierto agradecida mi dueña. Casi todo lo que adorna su mansión de verano, tiene su firma. Amaya incluso tiene hecha una estatua de mi físico desnudo en los jardines de Nagore.

Hoy va vestida con unos mini short blanco y camisilla ajustada negra de tiras. Esta chica a pesar de su temprana edad, es muy esbelta y guapa. Sus bonitos pies desnudos calzan unas zapatillas de playa, y estas chacolean a cada paso. Sus rasgos son orientales, pero su piel mas clara que las demás nativas.

Una vez dentro del salón, compruebo que Amaya tiene varias cosas preparadas para mi. No tengo ni idea lo que va hacer con migo. Pero veo pinceles, pinturas, cuerdas, restricciones, y mas cosas que no me da tiempo de analizar.

– Vas a ver la sorpresas que vas a dar!

Dice mientras me quita la correa pasándola por la argolla de mi collar y al final destrabando el enganche de mi anillo escrotal.

Yo estoy confundido a la espera en el centro donde tiene tantas cosas regadas. Ella coge de mis coletas que llevo a cada lado, y los peina con un cepillo.

Desde que soy el perro de Nagore, he sido permitido llevar el pelo largo hasta los hombros. Normalmente lo llevo recogido en dos coletas de colegiada. Esto divierte a mi dueña.

Una vez peinado me doy cuenta que Amaya se entretiene haciéndome trenzas en cada cola. Al final quedo con dos trenzas a cada lado. No tarda mucho en hacerlo. Y quedo con una gran raya en el centro por lo bien tirante que están las coletas. El toque final de ni nuevo peinado es un elástico o coletas con pétalos blancos y puntos negros para cada trenza.

– Panza arriba!

Como un rayo obedezco y me quedo panza arriba con las piernas recogidas y muslos abiertos. Los codos flexionados los dejo con la base de las manoplas mirando al techo sobre mi pecho.

Ella desabrocha mis rodilleras de cuero y después me libera de las manoplas. Hace tiempo que no me veo los dedos y por fin que me los quita, me veo machucados y rugosos mis diez dedos de las manos.

Mientras los muevo, Amaya me tiene preparado otras manoplas. Estas son diferente para mi asombro. No son de cuero, son como medias de algodón blancas con círculos negros. Me las pone en cada mano y en cuento me miro la palma, me veo unos parches de cuero que simula la huella de un perro. Son mas cómodas y bastantes curiosas con ese detalle que protege las palmas de mi mano.

Luego coge algo parecido, pero mas grande. Son medias de algodón que al ponérmelo compruebo que me llega hasta medio muslo. Así hasta vestirme las dos piernas.

– Vuelta!

Una vez vestido con los guantes y medias, obedezco su orden de ponerme de nuevo a gatas. En cuento me pongo a gatas me veo en las medias un parche de cuero en cada rodilla. Pero también me llama la atención que en cada planta del pie hay huellas de perro igual que en mis manoplas. Soy como un dálmata ahora. Y es que las medias son blancas con manchas negras igual que mis manoplas. O por lo menos eso me parece.

Ahora en su mano tiene un cilindro 3/4 de pulgada y catorce cm de largo. Este aparenta metálico. A lo largo tiene una apertura que se abre. Lo abre y lo deja abierto bajo mi vientre en el suelo. Sus manos van a mis pelotas y quita los dos cascabeles pequeños de la anilla escrotal. No pretende quitarme la anilla. Las anillas siguen apretando mi saco dejando los dos huevos mas expuestos. Otra mano acaricia el pene despierto. Me presiona y siento mi glande tocando mi vientre. Ella pretende verme mas excitado y duro y lo consigue. Entonces coge la punta y lo lleva hacia mi detrás dejándola en horizontal que salga fuera de mi nalga. Tiene que mantenerlo con una mano, para que no se le escape y vuelva a mi vientre, y con la otra coge el cilindro. Lo lleva hasta mi pene y abraza con el grosor. ¿Como es posible?. Al final lo consigue y lo cierra con sus trabas.

Este cilindro aprieta todo el falo hasta la base, pero deja descubierto el glande. Mi glande es mas ancho, y las curvaturas del mismo casi quedan sobre los bordes del cilindro.

– Uf, perfecto. Pensé que no te iba.

Amaya que no deja de mantener mi pene hacia atrás de mis nalgas, suspira para luego coger una tira de cuero elástico con una traba en cada extremo. La traba la engancha en el final del cilindro, donde empieza mi glande ya enrojecido. Este tiene su diminuta argolla para trabarlo, y luego pasa la correa fina en el interior de otra argolla mas grande, en el otro extremo del cilindro pegado a la base junto a las pelotas. Desde allí sigue para aplastar mis pelotas y dividirlas en dos bolas prensadas por la linea elástica. En cuanto lo introduce en el interior de la argolla de la anilla escrotal. Entonces lo suelta…

Al soltar, mi pene cae vertical señalando el suelo. Totalmente comprimido por el cilindro y echando gotas de lívido en su salón taller de arte.

Ella coge un plug anal con forma de chupete de bebés.

– Lame!

Me ordena en cuanto me lo pone delante de mi cara.

Yo lo lamo y chupo para salivarlo lo mejor que puedo. Una ves satisfecha me lo aparta de mi boca para introducirlo en mi ano. Su mano derecha aparta con los dedos las nalgas, y su izquierda introduce la goma inflada igual que la de un chupete, pero mas grande.

Una vez dentro, gimo angustiado. El exterior del plug es una argolla para tirar, en caso de sacarlo, el cual ella aprovecha para pasar el resto de cuerda que antes había soltado. Una vez pasado, tira y mi pene vuelve a ser horizontal en paralelo al suelo y techo. Ella pretende que la cuerda siga por mi espalda, e intenta con esfuerzo engancharla en la argolla de mi collar por la nuca.

La cuerda es cuero elástico, y si no tirara de ella mas de su longitud, esta terminaría en mi espalda. Pero ella lo consigue tirando fuerte y lo traba en mi collar sobre la nuca. Pronto compruebo lo tirante que queda…

Mi pene en horizontal tras mi culo. Es como si tuviera una cola. Esta es imposible que bajara debido a la correa elástica. Mis pelota separadas en dos sobre el pene cilindrado, son prisioneras entre la correa y el anillo escrotal. El plug total mente introducido roza la próstata. La cuerda se pierde el la linea de mis nalgas, y cuando llega a mi cuello me obliga a mirar alto, casi ahogado por el collar. Si bajo la cabeza, mis pelotas y pene cilindrado suben mas alto de mis nalgas. Y es doloroso….

– Precioso!

Dice mientras acaricia lo único que queda expuesto de mi pene, mi glande enrojecido y furioso por estallar.

Dios! estoy muy excitado!, no puedo resistirme. Ya no solo sus dedos jugando en mi glande. Estoy tan restringido por mi sexo, que cada movimiento que hago es como una paja.

– Bueno, ahora vamos a ponernos a trabajar!

¿Es que no ha terminado? ¿Que mas va hacerme? Me pregunto confundido.

En cuento deja de mortificarme por mi glande, ella se lava las manos en una tarrina de crema blanca. Recoge un poco en sus manos y me los distribuye por lo que me queda de cuerpo desnudo en un suave masaje.

La crema no es otra cosa que un maquillaje blanco que me va pintando todo el cuerpo. Así un buen rato hasta quedar totalmente de color blanco excepto glande y pelotas.

Luego se levanta y se dirige al fregadero del taller. Se lava las manos en disolvente y vuelve de nuevo.

Ahora coge un bote de pintura negra y un pincel. Lo primero que me pinta es el hocico de negro. Me repasa los bordes del labio y pinta con paciencia varias manchas de dálmatas en mi cara. Luego hace lo mismo con mi cuerpo, dejando que quede totalmente combinado con las medias y manoplas de algodón. Así estamos mucho rato, con mucha paciencia. Y efectivamente, en cuanto veo mi cuerpo, compruebo que Amaya es una experta, por que le pone mucho realismo a las manchas negras. Es increíble, pero parece que salen de mi piel.

Contenta se levanta para ver mas alejado su obra de arte.

– Perfecto!

Se vuelve acercar y coge un bote de pintura rosa. Con otro pincel coge la pintura rosa y se dirige a mi trasero.

Me pregunto que va hacer….

Enseguida noto el pincel acariciando mis pelotas. Parece que pretende pintármelas de rosa. Ahora si que le está dando mas realismo, estoy sorprendido de la imaginación de Amaya. Con esto mi atrás va hacer mas perruna. Esto me hace hasta gracia…

El pincel es una tortura que me estimula al límite. Oghhh! una gota cae. Es extraño lo extremadamente excitado que me tiene este atuendo. Y es que pensar que ella está detrás viendo mi glande hinchado y goteando lívidos a cada momento, me lleva a un éxtasis humillante que me enloquece. A veces su puño tropieza en mi glande, y de vez en cuando se tiene que limpiar en sus pantaloncitos cortos, las gotas con que la mancho excitado.

– A ver si te controlas un poquito, que no te estoy haciendo nada.

Me da la advertencia, pero como no termine ya de pintarme las pelotas, podría correrme enseguida.

Y ufff!, por fin termina.

Se hecha para atrás y observa el tono que me ha dado en mis pelotas.

Mi pene que palpita deja caer una estela de lívido al suelo. Ella que lo ve se acerca y lo corta con su índice. Luego tapona la ranura de mi glande para secarlo. Pero al apartar su dedo de el, queda otra estela de excitación que en cuanto se aleja, se corta sola.

– ¿Aguantará hasta la fiesta?

Ella misma se lo pregunta…

– Mejor te dejo un rato…

Se levanta y coge dos ventiladores de pie. Pone uno en cada costado mío. Ambos enchufados los enciende.

– No te muevas como estás… Ahora te quedas solo secándote. Ya vendrá Samira para buscarte.

Ella me de instrucciones de no tocarme y moverme y como si nada se aleja del salón. Ya la puedo oír bajar por el ascensor.

Ahora estoy solo con algo de frío por culpa de los ventiladores. Eso si, la cabeza alta, para no sufrir mucho de lo que tira la correa en mi espalda. Me siento frustrado por no poder eyacular por la tremenda excitación. Todavía siendo sus manos en mi cuerpo, como si la huella tuviera su propio peso sobre mi. Mi glande estimulado por cada palpitación es una gota o estela lasciva que cae al suelo. Es curioso, pero si me esmero podría eyacular con solo seguir palpitando.

Yo me imagino que mi dueña debe estar al llegar, o quizás se fue el muelle, no lo se. Pero me gustaría que me viera pronto de esta manera. Hoy he avanzado otro paso para parecerme mas a su mascota. Estoy muy contento con este atuendo de dálmata. Y es que mi dueña siempre a apreciado a esos perros, y ahora soy casi un dálmata. Ojalá me viera pronto, ojalá venga ya.

Lo único molesto en mi vida es su novio. Aunque tampoco soy muy feliz por las visitas. Quizás Yumi y Carmen por ser mas conocidas, son buenas visitas. Sobre todo Carmen, que fue la psicóloga que me ha llevado hacer lo que soy.

Carmen ha llevado mi caso muchos años atrás. Desde que por desgracia dejé de ser la pareja de Nagore, yo he sufrido una tremenda depresión. Y fue la misma Nagore que me recomendó a su amiga Carmen. Desde entonces entramos en una confesión profunda que ha sacado lo que llevaba por dentro. Mi devoción por Nagore era de un extremo amor, que me humillaba hasta lo mas limitado que puede llegar alguien hacer por el ser amado. Carmen me descubrió. Y como es imposible que Nagore me ame como hombre, Carmen dio con una solución que nos ha favorecido tanto a mi como a Nagore. Ahora soy su perro….

Samira (2ª parte de El hombre dálmata)

Los preparativos para el banquete y la fiesta van por buen camino. He conseguido anticiparme a todo acontecimiento, y creo que ya lo tengo controlado. La señorita Nagore estará satisfecha por todo el empeño que hemos puesto para que no falte de nada.

Las mesas están alineadas como le gusta a la señorita. La presentación ideal y los deliciosos platos para sus invitados. Ya casi todos están en el salón de fiestas cogiendo sitio. Nagore me ha dado el rato libre para vigilar a su mascota. Mientras Mika y Monle serán las encargadas del servicio. Son por lo menos 3 chicas y 2 chicos los que harán de camareros toda la tarde.

Algo cansada subo por las escalinatas hasta llegar al salón de arte. A la joven Amaya me la tropiezo por el pasillo acomodando unos nuevos lienzos…

– ¿Has terminado con Tobi?

– Ah si, ya lleva unos 15 minutos que lo tinté. Debe de estar seco ya…

– Aún es pronto. Nagore me ha dado instrucciones de que lo traiga en cuanto terminen del almuerzo. Ella lo quiere para la fiesta.

– Pues en el salón de arte está, Samira.

No quiero hacer perder tiempo a la joven Amaya y ando incitada para ver el trabajo de esta. En cuanto llego a las puertas lo veo…

– Precioso!!!

Exclamo en voz alta para que Amaya me escuche, y esta se ríe.

Amaya baja las escalinatas con un cuadro, y en lo que va desapareciendo de mi vista me guiña el ojo en complicidad. Yo le sonrío y vuelvo la mirada a la entrada del salón para poder creer lo que veo.

– Que gran trabajo ha echo Amaya con tigo!

Entro al interior del salón y lo primero que me llama la atención, es como su pene asoma de un cilindro detrás de sus nalgas. Es como si fuera la cola del dálmata!, Es una gran idea la verdad. Pero… Que bien pintado está. Parece que el color y las manchas negras salen de su piel como un tatuaje. Increíble!.

– Uf, debes tener frío con estos ventiladores.

Apago los dos ventiladores y los aparto.

Al volver quedo asombrada de ver su trasero. Su pene me apunta en cuanto estoy detrás del esclavo. Este palpita y me halaga crearle un estímulo. ¿Que se le pasará por la cabeza al esclavo?.

Me agacho y veo como su glande hinchado queda libre del cilindro. Al verlo mas de cerca compruebo del porqué apunta atrás. Y es que la cuerda parte de su cilindro hasta su collar. El pobre tiene la espalda arqueada y la cabeza alta para sufrir menos el tirón y el apriete en sus pelotas. Y es que sus pelotas están divididas por el aplastamiento de la correa. Pobrecito…

– ¿Te duele, Tobi?

El tan agradecido me lo niega moviendo la cabeza a los lados. Tengo la impresión que disfruta de su nuevo atuendo.

En su glande hay una gota casi transparente… Pero… ¿Que ven mis ojos?. El suelo está manchado de lívido!

Yo que tengo mi vara de bambú, le doy unos toques sobre el glande.

– Eres un perrito malo!

Lo doy tantos toques como sílabas empleo en mi frase cuando me dirijo a el. Y el por cada toque suelta salpicadas de lívidos. Incluso el muy degenerado gime.

Le dejo de dar golpes y el mueve su pene con palpitaciones. Me pregunto si está apunto de correrse.

– Tobi!, ¿Te vas a portar bien?

En cuanto afirma moviendo la cabeza, su pene se mueve tirado de la correa. No puedo evitar de reírme…

– La verdad que Amaya ha hecho una gran obra de arte de ti.

No puedo contenerme de tocarlo. Le paso la mano en su culo pintado y al verme la palma compruebo que no quedo pintada.

– Umm, parece que el tinte seca bien.

Entonces acaricio sus pelotas rosadas. Estas son increíbles!. Parecen que van a reventar… No me quiero imaginar cuanto semen podría salir de allí. Y es que desde que la señorita Nagore no estaba, este pobre no ha eyaculado.

Su pene no para de palpitar, y me da impresión de que quiere que lo coja. Palmita de manera que choca en mi muñeca. Incluso me mancha de gotas.

– Shhhh!

Tiene que calmarse. Me da miedo de tocarle en glande, y estalle.

– ¿No te irás a correr, Tobi?

Este niega con la cabeza y parece un animal poseído. Yo paro de acariciarle y me muevo a su costado apoyada en mis rodillas. Cuando me encuentro con su rostro, me doy cuenta que Tobi me mira de reojo el muslo, que de un descuido queda descubierto por la raja del pareo. Le doy un toque con la vara en los cachetes del culo, y el corrige para mirar al frente.

Me doy un respiro, o mas bien le doy un respiro para verlo de perfil y mas cerca. Es asombroso el trabajo detallado en la pintura. Tiene hasta su hocico al detalle, las trenzas y las trabas en su pelo, las manoplas y medias que combinan con la pintura, pero…

– ¿Que es esto?.

En el suelo Amaya se ha dejado los dos cascabeles. Los cojo…

– Parece que se ha olvidado de un detalle.

Me inclino en busca de su pene, y busco con los dedos una argolla sobrante del cilindro. El sitio perfecto es donde empieza el glande…

– Aquii está!

Engancho un cascabel solo en la punta final del cilindro. Termino, y este con sus palpitaciones lo hace sonar. Encantador!

Tobi tiene los ojos cerrado, parece que hace un esfuerzo para no eyacular. Lo veo muy excitado y gime de forma mas intensa. Su respiración se oye con fuerza. No se si podré jugar mas con el.

– Shhh! Calma!

El hace lo posible por calmarse, y yo paciente espero sin tocarle un rato. Pero su glande es como un caramelo que apetece incluso chuparlo. ¿Le podré tocar un ratito mas?…

Voy de nuevo a la ataque… Con mis dedos cojo su glande.

– Tranquilo Tobi!

Aprieto su glande, y una gota blanca sale lentamente. Por poco creí que se había corrido, y por ello suelto su glande rápido. Tobi respira hondo y luego gime…

– Mejor vamos a darte un paseo por el salón para que te calmes.

Me levanto y cojo una correa de perro que hay sobre la mesa y se lo engancho en su collar.

– Vamos!

Lo llevo de la correa a dar vueltas por el salón de arte.

Estoy muy sorprendida de lo excitado que está y me da un poco de pena. No se, pero creo que el cilindro le está dando un estímulo a su favor. Y es que mientras gatea tirado por mi, el se preocupa en tener la cabeza levantada y arquea todo lo que puede su espalda. Ahora tiene otro andar. Se me hace raro verle gatear así. Es posible que la correa en su espalda le tira demasiado.

– Valla!

Cuando miro sus nalgas, me doy cuenta que por cada paso que da, su pene se mueve arriba y abajo. Esto me hace reír mucho.

– Tu colita se mueve cuando caminas!

Se le ve muy gracioso, me encanta llevarlo de la correa por el salón. Que ganas tengo de que Nagore lo vea. Que dirán los invitados!!!! De pensarlo me río…

Me detengo en seco y se me ocurre preguntarme si el esclavo es capaz de una reverencia con esa correa en su espalda.

– Al pie!

Este se gira poseso, y apoyando los codos al suelo, busca besar mis sandalias. Sorprendida veo que puede bajarse y besar mi sandalia, pero eso si… La correa de su espalda se estira al máximo y trae en alto sus pelotas y pene. Desde lo alto los puedo ver detalladamente. Yo de pie y el a gatas besando mi sandalia, veo como sus partes se muestran tras sus nalgas, como si me los ofreciera.

– Vamos!

Besado mi sandalia, tiro de la cadena y lo hago andar mas por el salón.

Así estamos un rato hasta que para mi sorpresa Mika aparece por la puerta.

– Samira!, Monle necesita ayuda. Si no te importa bajas a la cocina, que Nagore ma ha mandado a llevarme a su mascota a su habitación.

– ¿A su habitación?, ¿La señorita no tenía planeado llevarlo a la fiesta?.

– Si pero pretende por lo visto ir a buscarlo ella misma. Como el almuerzo va para rato, quiere que su mascota descanse en su jaula.

– Vale, no te preocupes. Yo misma lo lo llevaré a su jaula, y luego bajo.

MIka se retira y yo tiro del esclavo para salir del salón.

Por el pasillo vamos acompañado por el sonido de su cascabel. Derepente me vuelvo a encontrar con Amaya.

– Muchacha has hecho un gran trabajo!

– Nagore me ha dado la idea, la verdad.

Ella responde con esa modestia que la identifica. Entonces me inclino coger su glande en mis dedos y…

– Este detalle de la cola es un gran invento. Ya no le hace falta una cola enchufada al culo.

– Bueno, habrás visto que tiene su plug.

– No, ya. Pero insisto que es genial, Amaya.

Amaya se ríe y mira como un poco de semen mancha mis dedos.

– Ay!

– ¿No se habrá corrido?

– No creo…

Limpio del glande una gran gota y compruebo que que no hay mas gotas.

– No creo. Esto ha sido una gran gota!

Amaya también cree que no se ha corrido y decide no tocarlo por si acaso. Yo hago lo mismo me aparto de el y tiro de la correa para llevarlo a su destino.

– Lo voy a dejar en la habitación de Nagore.

– Vale, yo ahora termino, y en cuanto empiece la fiesta me voy al muelle.

– Nos vemos!

Me despido de una atareada Amaya, y me dispongo a seguir por el pasillo. De vez en cuando miro su cola y veo mas gotas saliendo…

– ¿Te has corrido, Tobi?

El lo niega.

Tranquila sigo hasta la habitación de Nagore.

Allí esta su jaula, al pie de la gran cama de la señorita. Aprovechando la puerta abierta le invito a entrar.

– Hasta luego, Tobi. Tu dueña pronto te irá a buscar.

Salgo de la habitación deprisa preguntándome que es lo que querrá Monle.

Continuará….

Nagore (3ª parte de El hombre dálmata.)

Los alimentos son una delicia. Yo misma me digo la suerte que tengo de tener a Monle a cargo de la cocina. Cada retorno a mi apreciada isla es una satisfacción ver como cada vez Monle se supera con los manjares tradicionales combinados con un toque español. Ojalá pudiera ir con migo a Bilbao. Y es que cuando tengo que atender mis obligaciones desde mi casa principal, en mi pensamiento siempre está presente los guisados de Monle.

A Lucas le ha encantado el almuerzo. Apenas a mediado palabra desde que llegamos a sentarnos. Con mi mano busco en sus muslos encontrarme con su mano. El me mira, y rompe su voz en una pregunta…

– ¿Y tu esclavo?.

Su tono es algo molesto, y yo que lo conozco le quito algo de fuego.

– ¿Por que te molesta tanto que yo tenga un esclavo?. Tu siempre has sido muy liberal para las relaciones…

El me interrumpe.

– No cariño, a mi nunca me ha molestado que tuvieras un esclavo. Es la fiesta en si…

– ¿Que pasa con la fiesta?

– ¿Es que tienes que mostrar a todo el mundo tu poder con un ridículo esclavo enfermo?

– ¿Y que importa eso? Yo no me doy halagos por ello. Ya sabes que Carmen en su vida privada es domina, y en su casa de Donosti vive con dos esclavos voluntarios. Conoces la reputación de Yumi. Y también sabes que muchos de los que están aquí han tenido experiencias parecidas… ¿Que te preocupa?.

– Me preocupa lo que represento.

– No te entiendo.. ¿No tendrás celos?

Me río.

– Cariño, lo digo por lo que pueden pensar de mi. Sabes que odio esos temas que tienes con tus amigas. Y no quisiera que los invitados de la fiesta me miren como si me imaginaran a mi en la misma situación de tu esclavo en nuestra vida privada.

Ahora si que me río…

– Lucas!, todos saben que tu has nacido para dominar. Eres el hombre decidido y firme que me has conquistado. Creo que tu actitud orgullosa te está sacando malas ideas.

– Pero el ha sido tu pareja…

– Ya sabes que el no significa nada para mi. No creo que tenga que recordártelo mas.

– Nada, no me hagas caso. Yo solo espero que cumplas con lo acordado.

– Descuida, Carmen y yo nos vamos a encargar de todo.

Mientras los labios de Lucas se junta con los míos, pienso mucho en ese detalle. Esto va ser un golpe muy duro para Tobi. Son tres años con esta relación de ama y mascota. Aunque el sabe que esto podría tener un fin, no estoy muy segura de que lo consiga superar.

Tobi, quien antes fue Antonio, un hombre libre cual yo quería mucho, nunca ha conseguido recuperarse de nuestra rotura. Fueron años duros de acoso y vergüenza ajena. El pobre a llegado hasta el límite por mi, y no le ha quedado mas remedio que aceptar esta forma de vida para poder superar su gran problema psicológico de dependencia. Al final el plan de Carmen es como una terapia para que el poco a poco despierte a la realidad. Pero no, todo ha sido un atraso para su ser. El ha aceptado con gusto ser mi perro fiel.

En un principio fue muy divertido, pero mi vida esta llena de formas nuevas que me ocupan. Y siento que me aburro de esta situación. Pronto Lucas y yo nos casaremos, y esto puede ser mucha carga para los dos.

Yumi tiene otra vida. Y siempre he pensado que la custodia podría ser favorable para el. Además, ¿a quien mas podría confiar?. Podría haber sido Carmen por derecho, pero ella no le interesa. Sin embargo Yumi es una activa amante de la ginarquía.

– Lucas, tengo que dejarte un rato.

El insiste en mas besos.

– Lucas!, venga, tengo que hablar con Yumi.

Al final me suelta y va en busca de su copa.

– Ya sabes!

Me dice con guiño.

– Que si!

Me levanto riendo de sus bromas y voy en busca de Yumi.

Ya la mayoría están de pie con las copas llenas. A un paso me veo a Carmen muy ocupada con los halagos de un caballero. Le doy un guiño y sigo de largo.

La música empieza a sonar, a medida que los tonos de voz de los invitados se elevan en risas. Mika pasa cerca con unos ganchitos en su bandeja, y me afirma de que mi esclavo está en mi dormitorio. Yo aprovecho y le pregunto por Yumi. Esta me contesta que está en el patio de la nave.

– Yumi!

Le hago señas.

Ella se levanta del banco y viene casi corriendo hacia mi.

– Nagore, ¿Vamos a ver a tu mascota?.

– Si, vamos.

En lo que caminamos por el interior de la mansión, yo le comento lo hablado con mi novio. Yumi ya me había avisado de iba ser un proceso de la cual mi mascota va tener su última palabra. Aunque yo soy el que le doy a elegir dos posibilidades, solo dos.

– ¿ Y si le hablamos después de la fiesta?

– No, es que quiero que en la fiesta esté con tigo

– Bueno, ya… no se lo veo todo muy rápido para el.

En ese momento entramos en mi habitación.

– Por dios! Y encima decírselo en su mejores galas!

Dice riendo a carcajadas en cuanto lo ve en mi jaula al pie de la cama.

– Es hermoso, Yumi. Te vas a llevar una gran partido.

Estoy asombrada por lo bien que le sienta este atuendo. Me acerco rápido para verlo mejor. Abro la jaula y doy palmas en mi muslo para obligarlo a salir.

– Vamos Tobi!

Con mucho cariño lo llamo. Hoy no quiero ser severa. Se que el pobre ha estado muchas semanas sin verme.

El gatea eufórico a lanzarse a besos a la puntera de mis botas. Cuando lo veo desde arriba, veo su pene y pelotas prensadas y tiradas de una correa a su espalda.

– Mira su colita!

Yumi también lo ve y casi cae de la risa. Ella se sienta en mi cama y se sostiene la tripa de risa a carcajadas.

– Anda, saluda a Yumi.

Tobi se da la vuelta, y gatea hasta Yumi que lo espera con su pie calzado con unas finas sandalias de un tacón de vértigo. El baja su cabeza y lame y besa las cintas de sus sandalias.

– Es todo un dálmata!

Exclama Yumi que le facilita la suela para que se las limpie.

Pobrecito, su pene húmedo demuestra lo desesperado que está. ¿Como le voy a dar la noticia?

Me siento al lado de Yumi en la cama y suspiro.

– Ay Yumi, que pena me va dar.

Tobi nos mira confundido de vez en cuando, pero no deja de limpiar las sandalias de Yumi.

– De pie!

Le ordeno.

El se pone de rodillas frente a nosotras, y con las manos simula un perro adiestrado cuando estás sobre dos patas. Tiene la espalda muy arqueada debido a la correa que le tira, y su pena se esconde hacia atrás. La mejor manera de que esté visible, es que esté a cuatro patas.

– Tobi, tenemos que hablar. A si que tienes el permiso de responder. ¿Entendido?

– Si, mi ama.

Tobi me mira con los ojos llorosos como si lo supiera.

– Sabes que esto no podría durar toda la vida…

Mis palabras les agua mas sus ojos.

– Lucas y yo hemos decidido que no podemos mantenerte con nosotros. Y como ya te habrás dado cuenta, apenas te atiendo. Siempre te he dejado a la confianza de Samira, y he querido de alguna forma llevarte a otras puertas de posibilidades para ti….

Tobi mira a Yumi y luego me mira mas confundido.

– Samira no merece cargar con mis caprichos sexuales. Carmen no te necesita. Y por ello he pensado en dos posibilidades para ti. Eso si, usted tiene hoy por primera vez el derecho a elegir.

Tobi, ruborizado por la presencia de Yumi, asienta con la cabeza.

– ¿Me has entendido?

– Si, mi dueña… ¿Cueles son las posibilidades?

– Pues… Una, te puedes levantar, quitarte ese atuendo y vestirte para salir por esa puerta hasta la fiesta como un hombre libre. Eso si, después de tu salida de la isla, no nos veremos mas. O…. Dos, puedes seguir siendo un perro, el cual pienso regalar a Yumi. Y saldrás por la puerta como tal de la mano de Yumi. Eso si, te irás con ella a Japón y tendrás la posibilidad de verme en alguna visita.

Los ojos de Tobi se abre en su asombro.

Es curioso, pero parece que a mi esclavo no se le pasa por la cabeza una posible libertad. Lo veo muy prisionero de su condición sexual. Y creo que por seguir viéndome, no será fácil de que escape de su instinto masoquista por tener algo de mi.

Su cara es todo un recital de súplica.

– Mi dueña, yo no quiero la libertad si por ello no puedo verte. Si no puedo conquistar su amor, me conformo con ser motivo de burla. No me importa esta humillación, si por ello estoy cerca de voz. Si con despreciarme no me olvidas, pues despréciame. Yo al menos así existo para usted.

– Por ti no siento nada. Y ya lo sabes. Tu has elegido ser lo que eres, yo no te he obligado…

– Lo se mi dueña.

– Ya no me llames dueña, ni ama. Ahora soy para ti, señorita Nagore. Y dentro de un par de semanas Señora Nagore.

Yumi se ríe.

– Disculpe, señorita Nagore.

Yumi interrumpe y con el índice señala el suelo…

– Esclavo! Quiero verte en posición de reverencia.

Tobi obedece a Yumi, y apoya sus codos y barbilla al suelo. El de rodillas deja el culo alto. Y de el sale su colita de un cilindro muy gracioso.

– Tobi, ¿Quieres que sea tu dueña?

– Si.

– Si que?

– Si, mi dueña. Quiero ser suyo.

– Muy bien, a partir de ahora es público. Estarás con migo en la fiesta, y pasado mañana vendrás con migo a Tokyo.

Tobi traga saliva y asienta con la cabeza.

– No te oigo…

– Si, mi dueña. Voy donde usted vaya.

Yumi se levanta y anda hasta ver a su esclavo mas de cerca. Se agacha a su altura y acaricia su torso desde abajo.

– Siempre me ha gustado su complexión física.

Yo le explico lo bien adiestrado que lo hemos tenido con la gimnasia, y los estrictos alimentos que lo mantiene en forma. También su pene es constantemente tirado de correas y cuero, por lo que su tamaño cada vez se le ha visto mas aumentado.

Yumi va a por su pene en el cual el glande, que estuvo escondido en el cilindro, sale de forma automática al exterior. Como una masa rosa, empuja hasta los dedos de Yumi. Y la humedad se hace evidente.

– Yumi!, se me ocurre que le debo un premio.

– No te entiendo.

– El pobre no se si ha eyaculado en lo que he estado fuera. Y siempre que nos volvemos a ver, le premio con una buena corrida.

– Por mi no hay problema. Merece usted el honor.

Entonces invito a Yumi a que vuelva a sentarse a la cama y le doy una orden al esclavo…

– Tobi, dame tu culo!

El se pone de costado con el trasero para mi y su cabeza para Yumi. Aunque el está en el suelo, yo puedo llegar con la mano a su pene que le sale de su culo debido a la tira de la correa. Entonces masajeo su glande hinchado. Se que no va tardar mucho, por mucho empeño que Tobi ponga para prolongarlo. Estoy segura que mis empleadas han jugado con el, y que seguramente ha tenido exceso de lívidos hace unas horas.

Yumi lo tortura mas acercando su sandalia de nuevo. Tobi con los codos al suelo se los lame con ganas.

Ya está gimiendo con fuerza, y sospecho que está como loco por prolongar el placer.

– Tobi, te recuerdo que tienes permiso para eyacular.

Tal como está con su cilindro, yo solo tengo que masajear el glande con apretones de vez en cuando. Por cada apretón el respira con fuerza.

– Vamos Tobi, venga!

Yumi se ríe al ver que el gime mas fuerte.

– Vamos nene…

Masajeo y aprieto mi pulgar como en un ordeño.

Yumi se hace mas cerca y toca sus testículos con las yemas de los dedos.

– Esta caliente!

Y curiosa por lo que sintió Yumi, le sigue acariciando los huevos.

– Uff! está apunto! Esto va ser una gran lechada.

Sigo con el glande, y lo masajeo con mas velocidad. Yumi dibuja con el índice círculos en cada huevo separado por la correa.

Hasta que….

Flasp!! Flasp!! Flasp!!!!!!

Tres espesas manchas de semen salen disparado hasta mi cómoda.

Flasp!!!!!

La mano me la ha dejado llena de semen! Yumi dio un salto de susto.

Las dos nos reímos mucho de la situación, y Tobi casi cae de costado. Parece que le cuesta horrores mantenerse a gatas.

-Limpia!!!

Tobi sabe que después del premio viene el sacrificio. Se gira casi asfixiado hasta tomar con su lengua todo el semen que corre entre mis dedos. Yumi mientras toca el glande hinchado para ver si saca algo mas.

– Es casi amarillo la mefa que ha sacado!

Yumi sorprendida me dice en cuando ve el suelo manchado de semen.

– Te vas a llevar todo un semental…

Nos reímos a carcajadas, mientras Tobi termina de limpiar mi mano.

Yumi saca del bolso unas servilletas diminutas, y le seca el glande que poco a poco se le esconde en el cilindro. Yo cojo el extremo de la correa de su collar del suelo, y se lo doy a Yumi.

– ¿Vamos a la fiesta?

Ofrecido el mango de la correa, nos levantamos de la cama para decididamente salir de la habitación.

– Vamos Tobi!

Tobi ahora va tirado por su nueva dueña, mi querida amiga Yumi.

Continuará…..

La fiesta ( 4ª parte de El hombre dálmata.)

Por las conversaciones de mi futura dueña y mi amada Nagore, descubro el motivo de la celebración. Parece que Nagore es aceptada como una de las actrices principales de una nueva película. No se que grado de aceptación tendrá esa película, pero lo cierto es que hay una gran expectación.

Nagore comenta alegre con mi nueva dueña en lo que bajamos del ascensor, el papel que va tomar en nueva peli. Yumi, que sostiene en su mano la correa la sigue atenta sin comentar casi nada. El ascensor se abre y a salir ambas, me dirigen al temido exterior. Rumbo a la fiesta.

He estado acostumbrado a las visitas en cada llegada de Nagore a la isla. Lo cierto es que no recuerdo ninguna vez que llegara sola. Casi siempre celebra la llegada del verano en cada visita, y mas sobre todo cuando los lugareños expresan tanta alegría por cada visita de la propietaria. Pero ahora es diferente… Con tristeza esta puede ser mi última fiesta en la isla. Ya no podré ver mas con entusiasmos esos días de sorpresa cuando veo llegar a mi dueña en su pequeño avión privado. No se si algún día volveré a la isla, no lo se. No se que pasará una vez que Yumi me lleve a su vida en Japón.

Miro sobre el suelo los pasos de los hermosos pies de Yumi. Tiene una manicura perfecta con esas uñas de un brillo muy elegante. El corte perfecto de cada uña y el contraste que da en su piel morena. Todo hace juego con esas preciosas sandalias de un color metalizado y plata. Agazapado en la vergüenza a medida que me voy acercando a la fiesta, observo cada detalle de sus elegantes sandalias. Su tacón de vértigo y fino… El como de forma perfecta, la cinta envuelve un hermoso pie por el empeine hasta su tobillo. Son cintas finas que de lejos parece no llevar zapatos y andar descalza y en puntillas, como si fuera una bailarina.

Un nudo en mi garganta me ahoga. La correa se tensa y mi collar me obliga a seguir los pasos cada vez mas acelerados de Yumi.

En el salón de estar veo a Samira que baja la cabeza para saludar a ambas damas. Nagore y Yumi apuran mas los pasos y nos dirigimos a la apertura trasera de la mansión. De allí se oyen ruidos de gente riendo bajo un ambiente de música latina. Ahora es cuando trago saliva y me ruborizo como nunca me había pasado. Casi que Yumi tiene que arrastrarme y tirar con fuerza de mi correa.

– Vamos!

Su orden severa no me deja mas opción, y gateo a sus pasos hasta la entrada de la gran carpa.

Me siento un cerdo camino al matadero. No se hasta que punto podré soportar esta humillación. Y es que ahora estoy en una situación diferente a la de antes. Ya no se trata de mi amor por Nagore, ni esa enferma obsesión que me ha llevado ser su mascota para sumergirme en esta fantasía sexual en la cual solamente así, puedo tener contacto con mi amada Nagore. Ahora no cuento con esa fuente que me obliga a cumplir con los deseos de Nagore. Nagore me ha regalado a otra dueña. Me ha rechazado definitivamente para darme dos posibilidades la cual podría haber elegido ser libre. Y ahora estoy aquí, justo en la entrada donde muchos invitados cerca nos miran.

Ya no voy tirado por Nagore como he estado acostumbrado. Ahora la responsabilidad pasa por Yumi que divertida sonríe ante la mirada burlona de los primeros invitados al verme. A medida que me van viendo, unos a otro se dan un codazo para llamar la atención. Al final todos me ven y de ellos salen carcajadas que me devoran la sensibilidad.

Totalmente pintado con todo el atuendo de un dálmata, gateo apenado y con la mirada perdida en los numerosos zapatos entre la multitud. Puedo calcular una cuarenta personas en ese momento, no lo se. Pero los hay de todas las edades casi. Hombres y mujeres que ríen al verme, e incluso algunos se les nota mas acostumbrados a ver estas situaciones.

Unos de los primeros zapatos que reconozco, son los escarpines de la psicóloga Carmen. Junto a ella hay un hombre que la halaga educadamente. Cerca veo sentada en las mesas a la pareja que vino con Nagore en el avión. El resto de pie con las copas en las manos, sus rostros me suenan. Pero la mayoría desconocida para mi.

Me pego a los gemelos descubiertos de Yumi. Todo mi costado se rozan en su rodilla derecha. Puedo sentir la falda suave acariciando mi loma. Así pegado a ella busco esconderme de mi vergüenza, pero ella da tirones para separarme un poco y no tropezar con migo. En ese momento sorprendido veo a mi izquierda dos jóvenes guapas que me que lanzan besos y guiños. Las dos muchachas burlonas al ver que mi mirada se cruzan con ellas se acercan a Yumi…

– Yumi, ¿Que es lo que traes ahí?

Dice una de las muchachas. Esta es morena, pelo largo y suelto, ojos verdes sobre unas facciones finas, como una hermosa joven con mirada de impacto.

– Zelanda, que te parece el regalo que me ha dado Nagore.

Yumi contesta orgullosa.

Nagore se retira pronto del lado de Yumi, y en cuanto se acerca a Lucas, estos ante mi vista se besan y caminan mas alejados de nosotros. Apenado mi mirada baja a los pies de Yumi y los zapatos de ambas jóvenes.

Una de ellas, a la que Yumi llama Zelanda, se da la libertad de acariciar mi loma. La otra mira mi atrás y ve sorprendida, como poco a poco mi glande va saliendo de mi cilindro.

– Que original la de hacer de su polla una cola de animal.

Dice la otra joven castaña. Esta también tiene unas facciones finas como Zelanda y es algo mas alta.

– Está un poco recién ordeñado, pero según Nagore se recupera pronto.

Dice mi nueva dueña Yumi.

Pronto unos dedos rebuscan en mi casi asomado glande. Zelanda me está hurgando y automáticamente, el glande se libera del cilindro y asoma fuerte con los lívidos que me caracterizan.

– Preciosa idea!

La chica que rebusca en mi sexo se muestra encantada por la idea de la artista personal de Nagore.

Pero de repente aparecen mas gente….

– Oye! ¿No le duele los cojones con estas correas?.

Otra chica que señala con el dedo índice sobre mi escroto, pregunta.

– No lo vez?, pero si está gozando!!!

Responde Yumi.

Mi pene erecto ahora es el centro de atención para un círculo de seis mujeres. Estoy desconcertado y tímido ante tanto atrevimiento. Ahora mismo Zelanda aprieta entre sus dedo mi glande y lo mueve en círculo.

– A ver, como mueve la colita el dálmata!

Todas ríen a carcajadas.

Aparecen mas manos sobre mi lomo y algunas nalgadas suaves. Ya no se de quien son. No me da tiempo de controlar quien me toca. Entonces Yumi tira de la correa y me parta del montonsito de curiosos.

– Zelanda y Lorena, si quieren salimos a afuera de la carpa al fresquito.

Yumi llama la atención de esas dos amigas y me lleva con ellas a las afueras de la carpa del salón de fiestas.

Pero antes…

– Ay déjame verlo de cerca!

Dice en aparición para mi sorpresa, Carmen.

Esta me da dos cachetes en mi mejilla y luego levanta mi barbilla…

– Que bien pintado está!

– La verdad que la chica Amaya ha hecho un gran trabajo.

Le responde Yumi que se agacha para atrapar mi glande…

– ¿Te has fijado en el detalle de la cola?.

– Si, la verdad que en un principio pensé que tenía una cola penetrada. Al verlo ahora, veo sorprendida de que se trata de su pene envuelto en ese cilindro virado hacia atrás.

Yo, bien adiestrado, separo mas los muslos ante la mirada de mas curiosos que van apareciendo cada vez que nos detenemos.

Estoy perdido y humillado con una erección imposible de esconder bajo el cilindro. Bajo la cabeza y miro las puntas de los escarpines de Carmen en cuanto esta me suelta el rostro y se levanta para hablar con Yumi.

Yumi educadamente presenta a su dos amigas de la fiesta Zelanda y Lorena.

De repente aparece Nagore y su novio Lucas.

– Carmen, al final le he dado la noticia.

Dice Nagore recogida en los brazos de Lucas.

– Ya veo que ha elegido su destino. Supongo que esta es la clase de vida que desea.

Dice Carmen.

– Yo creo que el mas que amor, o esa obsesión por Nagore, lo que tiene es un deseo enfermo de ser un asqueroso esclavo.

Interrumpe Lucas con una sonrisa.

– Yo creo que las dos cosas están en su mente simple.

Dice riendo Carmen

– Aquí hace algo de calor… Si quieren me acompañan a salir de la carpa.

Invita Yumi.

– Bueno luego voy… Voy un rato a charlar con Leonardo…

Dice Carmen en el cual antes de terminar la frase aparece Leonardo.

– Que tal la fiesta, Carmen!

Dice galante, Leonardo.

– Muy divertido la verdad, y ahora mas! ¿Te has fijado que tenemos mascota?

Ríe Carmen.

El señor Leonardo hace de forma burlona una acaricia en mi loma y pregunta…

– ¿Tiene nombre?

– Tobi, se llama Tobi.

Responde Yumi

Este ríe y luego, de forma galante, recoge las manos de Carmen en su codo, y se la lleva hasta unas mesas.

Nagore y Lucas van al encuentro de otra pareja no muy lejos y se adelanta de nosotros. Yumi por fin decide apartarme de la multitud y me lleva de la correa hasta el exterior de la carpa.

Al salir vemos mas gente que me clavan su mirada. Puedo ver como murmuran descaradamente sobre mi atuendo.

Yumi encuentra un banco libre y se sienta. Zelanda se sienta a su lado y al lado de Zelanda, Lorena. Al final las tres con las piernas elegantemente cruzadas quedan sentadas al aire libre en los mismos jardines de la mansión. La cadena de mi cuello se arquea hasta llegar al fino cuero del mango que sostiene Yumi. Esta me permite bajar mi cabeza y posar mis codos al suelo. Nunca se me ha permitido sentarme como normalmente lo haría un perro. Tampoco el atuendo me lo permite. Así que lo mas fácil es arquear mas mi espalda para evitar la tensión de la correa, y con el culo en pompa y mi sexo mas expuesto, bajo posar mis codos de tal manera que mi barbilla se une en mis dos manos de palmas al suelo. Es la manera que debo tomar, son normas indicadas por Nagore la cual me ha entrenado con habilidad.

La barbilla baja y mi mirada perdida a un horizonte a ras del suelo solo tropieza con los dedos libres de la sandalia de Yumi sobre el suelo. Sin embargo si subo la mirada puedo ver la suela del la otra sandalia que se tambalea con los movimientos de su tobillo. Por desgracia sus muslos están muy juntos con sus piernas cruzadas. No puedo ver mucho bajo su vestido. Ella está tan pegada al respaldo del banco, que sus posaderas y la posible hendidura de la falda, están bien ocultas.

A mi costado Zelanda sube sus piernas y los posa en mi espalda. Aprovecha el arco para acomodar los talones de sus zapatos de ante negro con plataforma interior de la marca Lodi. Sus piernas estiradas bajo unos pantalones de punto gris marengo descansan relajados en mi espalda. De reojo puedo ver la arrogancia con la que me mira. Está muy confiada, y la situación humillante con la que me muestro ante todos los invitados, no le asusta. Puedo suponer que tiene bastante experiencia de estas situaciones.

Al lado de Zelanda está Lorena, cual tiene a disposición de su vista todo mi trasero levantado y mi pene atrapado en el cilindro casi señalándola. Esta esta elegantemente vestida con un vestido negro poliéster de tirantes. Los bordes de la falda contiene unos bonitos estampados blancos. Sus piernas largas y rojizas al sol, calzan unos bonitos zapatos “Gloria Ortiz” de salón, de piel con tacón fino y alto.

– Tu perro se está corriendo solo!

Dice acompañado de una sonrisa Lorena.

Zelanda se inclina al lado de Laura y observa mi pene en erección y palpitando.

– Que va! Lo que suelta son gotas de excitación. Verdad?

Dice Zelanda preguntando a Yumi.

– Ya Nagore me ha advertido de su obsesión sexual. La humillación y su punto exhibicionista le vuelve loco. Debe de estar encantado de estar con nosotras.

Responde Yumi riendo al final.

No le falta razón, y es que mi mirada se entretiene no solo el calzado de Yumi, si no a la vez veo como mas mujeres andan por los jardines mirándome y riéndose de mi situación. Algunas son discretas y otras se atreven a cercarse aunque no conozcan a mi nueva dueña. Las que se acercan pasan lentamente de largo, y clavan su mirada en el cilindro del pene que sale de mi culo, apuntando casi hacia arriba por la tensión de la correa. Todas sorprendida por el tamaño, y el grosor del glande descubierto. Y sinceramente… poco a poco me voy sintiendo cómodo con lo que represento. Me gusta lo que soy, disfruto de ello. Y es que lo que una vez era por estar cerca de mi amada Nagore, poco a poco se está convirtiendo en un descubrimiento de mi ser. Se trata de una manera de vida la cual me voy sintiendo mas cómodo y agradable. Totalmente sumiso y esclavo sin mas voluntad que la de obedecer.

Se que mi pena por Nagore se me quedará clavado para siempre. Y siempre sentiré rabia por ser desechado por un nuevo novio. Por un lado sabía que algún día se iba cansar de tenerme como mascota. Ya por ultimo tenia mas relación con la ama de llaves, que con Nagore. Ni siquiera cuando pasaba mas tiempo en la isla, me dejaba acompañarla a la playa. Al final, Samira le pedía permiso a mi dueña para sacarme en su día libre. Lo que un día era una privacidad con mi dueña, con los años se ha convertido en compartir nuestro estilo de vida con el resto de las nativas de la isla. Al fin al cabo siempre he sido la gran novedad divertida de la isla.

Y ahora estoy viendo a mi derecha a Nagore sentada en la fuente con Lucas. Las manos de ambos se juntan. La mirada de Nagore a los ojos de Lucas son como cuchillos en mi alma. Se la ve muy enamorada, nunca la había visto tan entregada con alguien. Y esta vez me duele mas…

No es el primer novio que comparto con Nagore. Hace unos seis meses estuvo con un italiano, Leandro, el cual nunca le importó que ella tuviera un esclavo o mascota humana. Ellos cuando veraneaban juntos en la isla, nunca le han molestado que duerme en la jaula al pie de la cama de Nagore. Hacían el amor a menudo e ignoraban mi presencia en la jaula. Para mi lo mejor es estar callado y esperar. Fue duro… pero no tanto como la mirada de Nagore ante Lucas. A diferencia de la relación pasada, veo amor en ella.

Triste, mi pene se va escondiendo en el cilindro…

– ¿Se quitará fácil la pintura?

Pregunta Laura mientras la palma de su mano derecha se posa en los cachetes de mi culo.

Curiosamente mi pene responde asomando el glande por el cilindro de nuevo.

– Con agua, aceite y trementina sale según me han dicho. Lo que cuando oscurezca se lo llevaré a Samira para que me lo limpie. Me lo pienzo llevar esta noche a mi apartamento, limpio y desnudo.

Dice Yumi. Luego sus dedos tocan la hebilla de mi collar y…

– El collar lleva el nombre de Nagore. Habrá cambios para el, y los atuendos de hoy supongo que se los dejaré a Samira.

Dice Yumi.

Las yemas de los dedos de Laura juegan en mi escroto aplastado por la correa. Pero algo le llama la atención. Aparta la correa a un lado y libera un testículo hacia el otro lado. Ahora los dos huevos quedan al lado derecho de la correa, y esto hace que se tense mas hacia el plug anal.

– ¿Y este anillo?

Dice Laura cuando descubre un anillo escrotal de oro blanco y un grabado que lee…

– Mascota de Nagore…

Para leer el grabado me retuerce los testículos para poder verlo completo.

– Bueno, ya Nagore me dirá si quiere recuperar ese anillo…

Se ríe Yumi.

Ahora mi saco descansa en la palma de la mano de Laura. Pero una gota moja en la muñeca mientras desesperado palpito para golpear mi glande en su mano.

– Será asqueroso?!!!!

Dice Laura apartando la mano.

Las risas hacen que me ruborice, y ahora mas cuando Laura me da una palmada en el culo…

– Eres un perrito malo!

Zelanda se apunta a la corrección y me da un taconazo en la espalda.

La diversión se interrumpe cuando aparece por sorpresa la señora Paula.

– Hola Yumi!

– Paula! Que tal?, Donde te habías metido?

– Tuve que ir al apartamento para hablar por teléfono con los niños….

Paula es una habitual veraneante de la isla. Tanto ella como su marido ya me conocen, pero esta al verme pintado como un dálmata se ríe a carcajadas.

– ¿Que le han hecho a la mascota de Nagore?

– No, querida. Ya este perro no es de Nagore…

– ¿Me he perdido algo?

– Nagore hace unos días tenía planeado desprenderse de el… Y hoy hemos decidido hablar con el esclavo para darle dos opciones.,,, Irse libre, o ser mío. Y el ha decidido ser mío. ¿Que te parece?

– Curioso la verdad.. Aunque no debe de extrañarme sabiendo que ella tiene planes de casarse en otoño.

Las palabras de Paula me apenan mucho. Realmente me destroza el alma.

– Si la verdad, que con Lucas las cosas le han ido mucho mejor. Y ahora que han firmado para un gran film, las cosas no pueden ir mejor para esta chica.

Triste desconsolado quedo mirando el suelo. No muy lejos están los zapatos de ante y lino de Paula de la firma Casadei. Son la verdad preciosos con piel metalizada tono oro y revestimientos en lino. La decoración frontal en su empeine está acabada con cristales de swarovski como las de Yumi, pero en color miel. Lo encantador de sus zapatos o sandalias, son los vertiginosos tacones de aguja de color brillante y plata.

Quizás de la fiesta, Paula es la que mas elegante. Con sus 42 años luce un vestido de seda con cinturón de plumas muy corto, demasiado corto. Pero su cuerpo atlético y esbelta la rejuvenece a pesar de algunas arrugas en su mirada. El vestido es algo atrevido. Seda color verde, cuello en V y cinturón elástico adornado con plumas. Sus piernas quedan libres al aire con los relieves bien dotados y bronceados. El vestido apenas tapa los muslos.

– ¿Y Thomas?

Pregunta Yumi.

– Está en la entrada con Leonardo.

De repente Carmen hace aparición a nuestro encuentro.

– Hola Paula, desde que vi tu marido te estaba buscando. ¿Que tal los niños?

– Muy bien gracias.

Paula tiene dos hijas al cuidado de su niñera en Madrid.

Yumi hace las presentaciones de sus dos amigas a Paula. Y al final ya no queda nadie sentado en el banco. Las cinco mujeres de pie comienzan a intercambiar palabras. Mika aparece con una bandeja de bebidas diferentes y cada una de las cinco mujeres cogen su copa. Entonces las conversaciones se centra en temas cotidianos que empieza a aburrirme.

Aprovecho para desviar mi atención hacia la fuente, donde esta Nagore. Triste veo como ella se ausenta de la presencia del resto de invitados, para fijar su mirada en Lucas. Esto me duele, pero como en un instinto masoquista, yo no pierdo detalle de cada beso y cada abrazo que recibe de Lucas.

La cadena holgada de mi collar, descansa a un lado de mi rostro. El mango de cuero cogido por la mano de Yumi, me recuerda mi sitio. Ahora que las mujeres hablan de temas diferentes que no sea mi humillante situación, mi erección vuelve a esconderse en el cilindro. Esta es la prueba de mi tristeza al ver a Nagore tan lejos de mi, besando a Lucas.

Derepente la silueta de una mujer algo entrada de peso pasa por delante de Nagore y Lucas. No le doy importancia como otras mujeres y hombres que han pasado hasta que… Dios! Un hombre desnudo anda tras ella con tan solo un collar de perro y un corsé de cuero negro, bien apretado en su cintura. Ahora parece que no soy el único con este rol. Ese hombre le lleva el bolso en un codo, y una bandeja con su bebida. A la señora no la conozco. Pero tampoco debería extrañarme, ya que Carmen ha traído algún que otro hombre que juega con este capricho sexual. No he sido el único en esta isla.

– Mira quien vino! Aclama Yumi que también se percata.

– Oh! Parece que ya ha llegado el último barco al puerto. Responde Paula.

Lo cierto que tras ella se van acoplando mas gente que ya llevan unos 20 minutos en la fiesta. Supongo que hace mas de media hora su barco a atracado en el muelle. Cada vez veo mas gente que hasta igual, Nagore no conoce.

La mujer es la única que porta un esclavo. Esta se dirige a un grupo de personas que ríen al ver a su sumiso. En el podría verme reflejado al ver como las miradas pasan por encima de su ser, como si el fuera un objeto de uso. El grupo de personas están sentadas sobre unas cómodas sillas de mimbres al rededor de una mesita llena de copas. La señora se sienta bajo la humacera de tabaco en una de las sillas. Su esclavo al lado se arrodilla ofreciendo la bandeja cerca del alcance de la señora. Y ella coge su copa.

El grupo de gente parece estar acostumbrado de verlo y una mujer a su lado le tira cenizas de su cigarrillo en la cara. Para mi asombro el esclavo intenta atraparlo en su boca.

– Vamos a saludar a la señora Marlene, hace tiempo que no la veo…

– Estupendo nos acercarnos al grupo… Allí esta también mi marido sentado.

Le responde Paula.

Yumi quiere saludar a esa señora, y enseguida tirado de la cadena, la sigo a su costado. Al otro lado Paula y tras mía, Zelanda y Laura. Las cuatro y su mascota, que soy yo, nos vamos acercando al grupo.

En ese grupo veo que Carmen y Leonardo se sientan al lado el marido de Paula, Thomas. Luego seguido una mujer desconocida, a su lado la señora Marlene con el esclavo. Mas seguido, veo otras jóvenes desconocidas, y un chico mas joven que cierra el círculo.

La cara de sorpresa de Marlene a ver a Yumi llegar alerta al resto que sonríe cortés en un saludo discreto. Las dos chicas jóvenes a la izquierda de Marlene clavan su mirada en mi. Una de ellas se tapa la boca para disimular la risa. En ese momento Mika está recogiendo los restos de la mesa y Leonardo le dice….

– Mika, trae unas cuatro sillas mas para las señoras.

– Enseguida señor.

Mika no muy lejos coge unas cómodas sillas de mimbre y las reparte en el círculo de invitados.

Yumi parece alegrarse mucho por ver a Marlene, y en cuanto esta se levanta, mi dueña le da dos besos…

– Hola querida, ¿llegaste en el segundo barco?.

– Si querida, ¿Y que tal fue tu viaje a España? Espera… Ponte a mi izquierda esclavo!

El esclavo obedece, y en sus rodillas avanza al otro lado de su dueña. Yumi se sienta colocando su silla al lado derecho de Marlene.

– He estado por varios alojamientos con Nagore. Galicia, Bilbao y Barcelona. Ha sido una aventura..

Yumi corta con una sonrisa.

Yo me acomodo en el suelo apoyando mis codos y con la restricción de levantar mi culo para destenzar un poco la correa de mi espalda. Paula se sienta al lado de su marido Thomas. Zelanda se sienta al otro lado de la señora cual parece que conoce y la llama por el nombre de Ainoha. Sin embargo Laura es entretenida por una chica que pasaba cerca, de tal forma, que se aleja del grupo.

Al esclavo de Marlene, las dos chicas jóvenes le tira sus mecheros en la bandeja que sostiene, para que este les encienda sus cigarrillos. Por las presentaciones las dos chicas y chico que las acompaña, llevan como nombre Maite, Cristina y Eneko.

Yo quedo en el suelo entre mi dueña y Ainhoa. Esta última no duda en acariciar mi loma y hace comentarios de burlas con Zelanda.

Ainhoa calza unos lujosos zapatos de piel tono dorado con ribete púrpura. Sobres las largas piernas blanquecidas lleva una falda de poliamida y lana color negro. Mas arriba un top color marfil abrochado frontalmente con botones dorados. Es muy alargada y delgada. Su pelo negro cae liso entre trenzas y trabas que hace una especie de peinado imposible. Ella me mira como si me estudiara. Puedo adivinar que se trae pensamiento impuros sobro mi.

Su mano baja por la linea de mis nalgas y busca hundirlos. Las uñas largas me hacen daño. Al final consigue tocar la argolla final de mi plug. Pero ella de forma cruel intenta hundirlo mas. Eso llega a dolerme y gimo.

Yumi charla de forma continuada con Marlene. Ambas dueñas se olvidan de sus respectivos esclavos. Mientras Ainhoa me tortura con caricias, al otro esclavo arrodillado, Maite y Cristina le están mortificando con pequeños puntapié en sus partes expuestas. El pobre hace un gran esfuerzo por mantener la copa de su dueña en la bandeja, mientras se retuerce de dolor por las patadas de Maite. Para colmo Cristina le pellizca los pezones. Eneko ríe divertido por la estampa que están dando.

Yo sigo sintiendo los dedos en mi bolsa escrotal. Ainhoa juega con ellos como si se relajara con una pelota del estrés. Con una mano fuma relajada mientras habla con Zelanda, y con la otra se relaja con caricias desinteresadas. Mi pene es ahora un mástil que sobresale del cilindro de forma mas descarada. Los bellos de mi piel se levantan y siento una electricidad que me recorre el cuerpo. Poseído, quiero hacerme mas adelante para tomar su zapato. Aspiro fuerte y noto diferentes aromas de los varios calzados que rodean las patas de la mesa. Intento relajarme pero mi glande reacciona dejando caer una húmeda tira pegajosa. Por suerte ella solo aprieta en mis pelotas y no se da cuenta.

Aprieta mi glande, aprieta mi glande, me repito en mis pensamiento. Pero ella solo juguetea en mis pelotas sacadas para un lado de la cuerda por la curiosidad de Laura. Ainhoa solo le interesa los comentarios de Zelanda. Ni siquiera mira lo que está haciendo. Mientras tanto mi dueña se funde en una divertida anécdota contada por Marlene. Todo se vuelve en la normalidad en cuando aparecen temas interesantes Ya los esclavos no son el centro de atención. Somos mas bien nosotros los que estamos atento a cada detalle. El esclavo de Marlene tiene la mirada baja de la cual estoy seguro de que entretiene viendo los zapatos de sus torturadoras de turno. Yo bajo la mesa puedo ver su erección acariciada ocasionalmente por Maite. Si embargo a mi solo me está apretando las pelotas Ainhoa.

Pronto estas acaricias y apretones desaparecen. Las risas ya no es debido por nuestra patética situación. Ahora son los temas divertidos los que los mantiene ocupados, como para darse cuenta de que estamos aquí. Ya no somos nada, y mis ideas se duermen en horizonte vacío. Tengo pena, mucha pena. Mi vida a partir de esta fiesta va a cambiar. No se que destino me espera en Japón con Yumi. Pero aún en estos momentos, solo me preocupa si alguna vez mas podré ver a Nagore.

Dios mío, ¿que me espera en el futuro después de esta fiesta?

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