Una tarde como sumisa

Habíamos quedado aquella tarde con un amigo en casa. Yo, me atrasé en la oficina y mi mujer me llamó para indicarme que nuestro amigo, había llegado y que me iban a esperar tomando una copa, les dije que no, que empezaran sin mi. A la media hora, llegué a casa y al abrir la puerta, lo primero que vi, fue a mi mujer con las piernas muy abiertas y desnuda de cintura para abajo. Sus tacones apoyados sobre la mesa , hacían que la imagen de sus largas y delgadas piernas ,fuera muy sensual. Nuestro amigo, se había encargado de ponerla muy caliente previamente, besándola y desnudando la mitad inferior de su cuerpo. Sin braguitas y abierta de piernas, el jugaba lentamente con su clítoris. Ella jadeaba y se movía casi al compas del roce del dedo con su pequeño punto de placer, soltando de vez en cuando un pequeño quejido casi imperceptible.

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