Un viaje descubridor

Me encontraba en un viaje por trabajo, la típica clase de viajes que uno detesta. Viajas solo, vas a un hotel solo tienes un par de reuniones totalmente intrascendentes y te has de volver sin que te de tiempo si quiera a ver algo de la ciudad a la que te diriges. En esta ocasión me dirigía a Santiago, ya había cenado por lo que llegaría al hotel para dormir y poco más.

Subí al avión buscando mi asiento y por una vez en mi vida me sonrió la fortuna, una chica espectacular estaba sentada junto en mi asiento en la ventanilla. Tendría entre 25 y 30 años un pelo moreno largo y sedoso, unos ojos marrones claros, llevaba un jersei pero esos dos bultos eran tan llamativos que cualquier hombre moriría por ver tan solo el envoltorio y unas piernas larguisimas en un pantalón muy ceñidito acompañadas de unas botas de piel espectaculares muy altas. No podía ver de momento su culo pero todas las pistas me indicaban que sería un monumento digno de adoración.

Me puse ya algo nervioso al verla, me senté a su lado y creo que llegue a decir un “hola” ella que leia una revista tampoco me prestó demasiada atención pero también contestó educadamente con otro “hola” después de darle vueltas y vueltas a como romper el hielo decidí que mi móvil cayera accidentalmente al otro lado de sus pies para tener una excusa para empezar conversación.

– Uy… perdona se me ha caído el móvil debajo tuyo, te importaría dármelo por favor…
– sí, está bien… aquí tienes- no puso cara de muy receptiva pero aprovechando que dejaba la revista en ese momento, decidí insistir.
– Muchas gracias me llamo Oscar, siento ser un plasta pero me ponen un poco nervioso los aviones y bueno hablando siempre pasa todo más rápido, por que vas a Santiago si se puede saber…?
Inicialmente dio un suspiro y pensaba que iba a mandarme a cagar pero después me observó detenidamente y su expresión corporal cambió por completo, tenía una cierta sonrisa en la cara que aún la hacía más atractiva.
– Hola… Nerea, encantada pues trabajo en una revista de moda de diseñadora y me han llamado a última hora para una reunión así que allá voy ni siquiera tengo hotel.
– Vaya ya decía yo que ibas muy conjuntada, tienes muy buen gusto jeje… o.. oye pues yo también voy por trabajo por una reunión mañana, si quieres supongo que en mi hotel… habrá sitio.
– Es una posibilidad si y gracias ya me he dado cuenta de que te gustaba mi ropa
Me pongo rojo) no…bu…bueno eres una chica llamativa, perdón estarás acostumbrada a que se fijen en ti, no quería molestarte…
– jajaja no he dicho que me moleste solo lo resaltaba, tampoco has hecho nada malo no?
– jaja no, no…
– bueno parece que ya estamos llegando y está lloviendo uff la verdad es que no me apetece ponerme a buscar nada bajo la lluvia, podemos probar la opción de tu hotel.
– Claro! por supuesto vamos juntos en el taxi y allí preguntas ( esto se pone interesante!)

– Uff como llueve, llevo paraguas, te importa coger mis maletas no puedo llevarlas con el paraguas a la vez…
– no no claro que no, (cogí las maletas pero cuando me descuidé ella ya había salido andando con el paraguas para parar un taxi así que fui como pude con todos los bártulos bajo la lluvia)
– Dile la dirección del hotel vamos.
– Sí, sí (le dije la dirección al taxista) por el camino estuvimos hablando de mi ella me hice varias preguntas, sobre mi vida personal, si tenia pareja en que consistía exactamente mi trabajo, cuanto ganaba … al llegar al hotel ella salió rapidamente para preguntar si habia habitación y me dijo a mi pagando el taxi y cargando con todas las maletas.
cuando entré – no, quedan habitaciones… que voy a hacer ahora a estas horas a saber que encuentro y encima lloviendo y mañana tengo que madrugar… peor no puede empezar el viaje.
– bu..bueno sé que nos acabamos de conocer pe…pero si quieres podríamos compartir la habitación, soy de fiar… de verdad.
– Compartirla… no quiero molestarte además sería muy incomodo compartir la cama con un chico nos acabamos de conocer y no quiero abusar…
– no no de verdad, no me importaría además seguro que hay algún sofá o a una mala pues un cojín y en el suelo y me pongo yo a mi no me importa de verdad.
– Que? de verdad, dormirías en el suelo? umm jo me sabe muy mal pero tampoco tengo otra, está bien, eres un encanto-muak (me dio un beso en la mejilla y pude aspirar su aroma)
– De verdad Nerea, será divertido no? jeje-
Entramos en la habitación no estaba nada mal una cama grande que parecía que no iba a poder catar aunque quien sabe… pero no había ningún tipo de sofá, solo una silla y el suelo que al menos tenía moqueta. Nos pusimos a deshacer la maleta cuando de repente ella empezó a gritar.
– Nooo, mierda noo, me lo he dejado en casa y ahora que…
– El que? que pasa, que te has dejado?
– Una crema especial para limpiar las botas y mira como las tengo llenas de barro de la lluvia no puede presentarme así a la reunión de mañana…
– Bu..bueno pero con agua se podrá apañar no?
– Agua? esto es piel si se mojan mucho se estropean no se pueden lavar con agua
– Bu..bueno y solo se pueden limpiar con esa crema? algo más se podrá hacer…
– bu..bueno hay una cosa que vale porque es más densa que el agua pero no sé no me veo haciéndolo a mi y no creo que nadie pueda hacerlo.
– El que? el que? vamos si puedo ayudarte cuenta conmigo Nerea que seguro que se puede hacer…
– Bueno… con la saliva se pueden limpiar, te importaría mucho lamerlas…??
Me quede en shock unos segundos y solo pude decir- bueno…yo…
– Ay pero como se me ocurre, debes pensar que estoy loca, mejor me voy cojo las maletas y me voy.
– no, no espera si es la única opción lo haré claro pero no te vayas a donde vas a ir tan tarde…
– de verdad… que chico tan bueno eres que suerte que he tenido contigo la verdad, eres un cielo, quieres lamerlas mientras las llevo o me las quito.
-Bu..bueno me da igual
– bueno pues a si mismo jeje, ven aqui ponte aqui en el suelo me siento en la cama y así las tienes más accesibles.
– Vale… (comencé a lamer las botas un poco nervioso, sin saber muy bien que estaba haciendo pero he de reconocer que era situación por otro lado bastante excitante la miraba desde bajo y parecía tan perfecta)
-Así, oye lo haces muy bien no te dejes los tacones eh que no puedo ir a una reunión de moda sin estar perfecta.
– no… no… claro
– Umm la verdad es que las estas dejando muy bien y pensar el dinero que me habría ahorrado en crema si te hubiera conocido antes, jajajaj es una broma jajaja
Me puse un poco rojo) bu..bueno que tal Nerea están bien??
– están muy bien, ayudame a quitarmelas y las dejamos en un lado a secar vale cielo?
-cla..claro (le quite las botas poco a poco disfrutando de poder tocarlas y las deje en una esquina de la habitacion. Bu..bueno que te apetece hacer, quieres que pongamos un poco la tele o que bajemos a tomar una copa o algo…
– Pues lo que tengo ahora son ganas de ir al baño pero menudo fastidio porque solo he traído esas botas y si voy descalza me constiparé…
-Bu..bueno puedo llevarte si quieres te cojo al brazo y te llevo jeje
– Uy no, tengo una contractura en la espalda solo podrías llevarme si mantuviera la espalda recta, bueno si hay una forma y como eres tan tan bueno seguro que me dices que si a que sí??
– que… bu..bueno si jeje que tengo que hacer??
mira ponte al pie de la cama a 4 patas y asi me llevas a caballito sin que yo toque el suelo y llevo la espalda recta, venga vamos ahora verás que divertido.
Lo dijo ya con tanta naturalidad y autoridad que no pude ni replicar nada asi que me coloqué y esperé a que subiera encima)
– buen chico, jajaja lo haces todo muy bien sabes, no entiendo como no tienes novia, con lo servicial que eres, venga llevame al baño.
– si..sii – a mitad camino note un pellizco en el culo, ayy mire de reojo hacia arriba y la vi sonriendo.
– jajaja perdona es que tienes un buen culo, jajjaja gracias por llevarme al baño cielo, llevame hasta la taza.
Se apoyó en mi espalda e incluso en mi cabeza con los pies y se subió a la taza, muy bien ahora ves fuera y te llamo cuando acabe pero no te levantes que va a ser un segundo y no vale la pena que vas a tener que ponerte a 4 patas enseguida.

Continuará

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Orgia con Maria Jesus y la profesora

En mi relato anterior conté como las cosas evolucionaban hacía el desenfreno con María Jesús. Yo me daba cuenta, pero no sabía cómo no dejarme arrastrar junto con ella por la pendiente. Las cosas no terminaron bien. Pero antes de ello hubo tiempo para otra orgía desenfrenada. Fuimos unos días de vacaciones a una casa que ella tiene en la playa. Una noche fuimos a jugar al billar  y nos encontramos con mi antigua profesora de universidad. La que había follado conmigo y un compañero en su despacho. Ella estaba con su marido jugando.

María Jesús y ellos se conocen desde hace cuatro años. Nos pusimos a jugar juntos. La profesora se sorprendió de verme con María Jesús. Yo inmediatamente recordé mi aventura con ella. Las dos mujeres estaban muy atractivas. Como era verano, María Jesús tenía un vestido que marcaba sus ostensibles tetas, culo y muslos. Además como siempre se comportaba provocativamente, como un putón verbenero. La profesora, casi una cabeza más baja que María Jesús y más estilizada, y casi diez años mayor, sin embargo era el centro de atención de local. También llevaba un vestido de verano que mostraba bastante. Pero ella era mucho más sugerente que María Jesús. Es que tiene otra clase. Es una mujer en toda clase, mucho más delicada, elegante y bella; definitivamente más atractiva. Más puta aún que María Jesús, pero con más clase.

Después de divertirnos un rato juntos, el matrimonio nos invitó a la hermosa casa que tienen ellos en la playa. De camino a la casa, salieron del local de billares cinco hombres detrás de nosotros.¡¡Y qué pedazos de hombres!!! Con María Jesús nos miramos un poco asombrados. Dos eran unos negros grandotes como de 1.90 dado que eran más altos que yo, había para elegir, porque otro era un mulato, también alto y musculoso, de pelo enrulado, los otros dos eran blancos, tostados por el sol. Al rato se habían sumado a nuestro grupo. La profesora y María Jesús no se sentían incomodas. La profesora dijo algo en secreto a su marido y agarro del brazo al chico mulato e invitó a todos a su casa. Yo viendo que éramos siete hombres y dos mujeres hice un amago de negativa, pensando en que no habría suficiente agujeros para todos, pero María Jesús me dijo que era libre de irme, que ella se quedaba. Decidí quedarme, pero no por María Jesús, sino por la profesora a la que le tenía ganas.

Los hombres que se nos habían sumado también estaban desesperados por follarse a las dos. Junto antes de llegar a la casa, nos encontramos con una puta haciendo la calle. Una chica de Europa del este, Tamara. Nos ofreció sus servicios. Uno de los hombres le mostro cien euros y la invitó a sumarse al grupo. La profesora y su marido accedieron a ello y así el grupo se equilibró un poco.

Al llegar a la casa, los negros estaban calientes por la cara que ponían cuando miraban a las mujeres. Para calentarlos más, al llegar, María Jesús se sentó con los muslos encima de uno de ellos. La profesora estaba sentada con su marido al lado, él con el brazo sobre los hombros de ella, hablándole al oído mientras que Tamara estaba haciendo rueda, sentada, conmigo y los otros muchachos. El ambiente era relajado, el ideal para concretar actos de lujuria.

Al llegar a la casa, el marido de la profesora había puesto música. En un momento, María Jesús se puso de pie y comenzó a contonear su cuerpo al compás de la música. Estuvo unos pocos minutos bailando delante de todos, girando a efectos de mostrarnos su culo y sus grandes tetas. Luego sin dejar de bailar se dirigió lentamente hacia donde se encontraba Tamara. Esta ya estaba desnuda hasta la cintura, la parte superior de su vestido se encontraba arrollada sobre su falda. Tamara se puso de pie, y comenzaron a bailar juntas al compás de la música, María Jesús comenzó a manosear a Tamara y a frotar su lengua sobre las tetas de ésta. Tamara ya sólo llevaba una tanga y medias de rejilla color negro y tacones altos. Ella y María Jesús se contoneaban de píe, delante mío y de cuatro hombres más. La profesora estaba con su marido y con el mulato.

Nosotros cinco teníamos las pollas totalmente erectas fuera del pantalón, manoseándoselas. Los dos negros estaban más avanzados en el proceso, estaban en pelotas. Pude notar que las pollas de los negros eran descomunales, al menos de 30 cm. Los dos negros no pudieron aguantarse; separaron a Tamara y María Jesús y se ubicaron uno delante de ella y otro detrás.

Uno le dijo -¡Quiero ver qué tan puta que eres, mámamela! Después de decir esto, se acostó sobre la alfombra boca arriba, sacudiendo su enorme verga. El otro negro, de dos tirones la dejó desnuda. María Jesús no se hizo esperar, sin más se arrodilló encima del cuerpo del negro que estaba acostado, se abrió de piernas y le puso su coño delante de la cara. Mientras lo mamaba, el negro usaba su lengua mojada y caliente para y hundírsela en la vagina, y sus dedos para frotarle el clítoris.

María Jesús actuaba como una depravada. Sacudía la polla del negro en su cara, la dejaba empapada con su saliva, la recorría con su lengua por toda su extensión, ni siquiera las bolas se escapan de sus lamidas y sus succiones. Entonces miró al otro negro y le dijo – Acuéstate acá, junto a él. Después que el negro siguió sus instrucciones quedó de tal manera que al alcance de las manos de ella y de su boca había dos suculentos pedazos de carne negra a las que se dedicó  golosamente a chupar y a masturbar.

Frente a ella estaba yo cogiendo como un animal con Tamara que estaba en cuatro patas y mamaba las pollas dos de los chicos. Por otro lado, la profesora estaba  detrás de mí. Aun vestida, mamaba la polla del mulato que estaba recostado en un sofá, mientras su marido la penetraba. Después de un rato, María Jesús terminó con sus dos tetas bañadas por la leche de los negros. Yo y mi compañero acabamos en la boca y la vagina de Tamara. Y la profesora llego a un primer orgasmo mientras su marido la inundaba con su leche.

Entonces la profesora dio vuelta al mulato y empezó a lamerle el culo mientras masturbaba a su esposo. Enseguida paso a mamar  a su esposo mientras con sus dedos jugaba con el culo del mulato. Luego, acercó la polla de su marido al culo del chico. Y este lo penetró mientras ella la hacía una mamada y se tomaba su leche.

Con la situación mi polla se empino nuevamente. María Jesús entonces me acostó y se arrodilló con las piernas abiertas encima de mí. Tomó con su mano mi polla, la colocó a la entrada de su vagina y se dejó caer lentamente centímetro a centímetro hasta que mi polla terminó enterrándose totalmente en su vagina. Entonces comenzó a contonearse un poco en forma circular lentamente, otro poco hacia delante y hacia atrás. Se levantaba unos centímetros y se dejaba caer nuevamente. Yo tenía mis manos apoyadas en la curva de sus caderas. Y le chupaba sus melones aun manchados con la leche de los negros. Unos de los chicos se había parado delante de María Jesús y está comenzó a mamarle la polla. Pero ella quería más. Llamo a otro chico y le dijo – Chúpame el culito y después métemela. El chico obedeció inmediatamente.

Mientras tanto yo podía ver como los dos negros se alternaban para darle por el culo a Tamara. Esta, a pesar de hacer la calle se negaba a que la penetren completamente. Ante las envestidas de los negros, hacía gestos de dolor y se quejaba. Estos llegaban a meterle algo más que la mitad de sus pollas. Parecía imposible que alguien se tragara esos pedazos enteros, mucho menos por el culo.

Por su parte la profesora estaba en el sofá, completamente desnuda sentada encima del mulato y con la polla de su marido metida en el culo. Mucho mas no pude ya que María Jesús y yo llegamos a un orgasmo simultaneo.  Cuando me repuso, un negro seguía insistiendo con el culo de Tamara, alcanzó a meterle tres dedos. Pero a pesar de ello su polla no entraba mucho más que 20 cm en el culo.

Al mirar a la profesora, vi que esta, ya desnuda, se follaba al chico al que antes María Jesús mamaba. Ella estaba sobre él y ponía su culo bien respingado hacia atrás. Apoyando sui pecho sobre el tórax del macho que tenía abajo, quien aferraba sus nalgas con ambas manos. Entonces me acerque a ella y le lamí el ano, después arrimé los dedos a los bordes de su ano y lo abrí lo más posible para facilitar la tarea de penetración. Apoyé mi glande en la entrada. Después de la penetración de su marido, el ano de la profesora ya estaba dilatado y lubricado con su leche.  Fácilmente, centímetro a centímetro mi polla penetró su recto hasta que choqué con sus  nalgas. Su marido estaba junto a nosotros. Ella lo agarraba de la mano y le decía –  qué bien que me están follando, otra vez por los dos lados. También me decía – Chaval, revuélveme bien el culo. Al mismo tiempo movía su cuerpo, ondulando lentamente, logrando entre los tres el ritmo adecuado. Así ella llego al orgasmo y nos dijo – No se corran adentro, quiero tragarles la leche. Y así fue. Uno después del otro nos ordeño las pollas y se tragó todo el semen si desperdiciar una sola gota.

Después de correrme vi que uno de los negros sacaba la polla del culo de Tamara y se corría en su espalda. El otro estaba penetrando por el culo a María Jesús. La penetraba algo más que a Tamara, pero no completamente. Mientras tanto el mulato le comía las tetas y el otro chico tomaba el lugar del negro en el culo de Tamara. Esta agradecida, parecía disfrutar con esta polla de proporciones normales dentro de su ano. El negro, al no poder penetrar completamente a María Jesús por el culo la penetró por la vagina. En dos embestidas se la metió entera y la inundó con su leche. Ella disfrutó de un orgasmo brutal, sacudida por violentas embestidas. El mulato mientras tanto tenía su polla entre las tetas de María Jesús. Así se masturbó hasta que un chorro de leche brotó de la polla dejando parte de las tetas bañadas en semen.

Después de esto, todos nos quedamos descansado y bebiendo. Las mujeres fueron al baño a higienizarse un poco. Cuando volvieron al salón, la profesora se dirigió hacia donde estaba su marido. Se sentó sobre la falda de su marido. Comenzaron a manosearme. María Jesús se puso enseguida como una fiera en celo dispuesta a follar de inmediato. Les dijo a Tamara que nos mamará las pollas, que ella nos follaría de uno en uno. Pero la profesora no acordaba con su plan. Se fue a la alfombra con su marido y se llevó consigo a los dos negros. En la alfombra se montó a horcajadas sobre su marido y le ordenó a los negros que le lamieran el culo. Mientras tanto, yo sodomizaba a Tamara. Las pollas de los otros tres sucesivamente iban pasando al coño o al culo de María Jesús.

El marido de la profesora tenía las tetas de esta frente  su cara y con su lengua friccionaba lo pezones. Los negros le chupaban el culo con desesperación. Tenían ganas de penetrar el tentador culo de la profesora.  Entonces ella le dijo a uno – Métemela en el culo, quiero que me lo partas.  Me encanta que me follen por el culo. Sus palabras hicieron que este perdiera el control. El negro se arrodilló detrás de ella, escupió sobre su polla y sin ninguna clase se miramientos la penetro. Ella contrajo sus músculos y con su culo empujo para que la polla entrase aún más. Increíblemente, en instantes ya se había tragado la polla de 30 cm toda en el ano. Los próximos movimientos fueron muy rápidos. La profesora tenía una terrible calentura. Le decía a su marido que la enloquecía sentir como que su polla y la del negro se tocaban por dentro.  Así siguió disfrutando sometida a una doble penetración hasta acabar.

Al ver como la profesora se tragó la polla del negro entera, María Jesús quiso repetir la hazaña. Tomó la polla del otro negro que estaba sentado masturbándose, y literalmente se sentó sobre ella, intentado tragársela por el culo. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos no lo consiguió. Se le caían las lágrimas, su cuerpo estaba completamente tenso, se partía de dolor, pero solo consiguió comerse 25 cm.

Entonces, la profesora se acercó al negro y le susurro sugerentemente que mejor lo hiciera con ella. El negro se salió del culo de María Jesús y esta comenzó a gritarle puta a la profesora y a rogar que le dieran por culo.  Rápidamente, ocupé el lugar del negro. Mi polla se deslizó por su recto, en dos embestidas completé la penetración. Mientras tanto, el mulato sacudía su pedazo delante de la cara de María Jesús esperando que se lo mamara, pero ella concentrada en el placer que le proporcionaba mi polla en su culo lo tenía un poco abandonado. El mulato le dijo – Mámame la polla, puta, que me muero. Ella abrió su boca y él se encargó de metérsela. Los otros dos chicos se satisfacían haciéndole una doble penetración a Tamara.

Yo le di a María Jesús por el culo por un buen rato, pero tanto el mulato tenía ganas de comérselo también. Con movimientos rápidos intercambiamos lugares, corriéndonos los dos de forma sucesiva dentro del culo de ella. Una vez terminamos, nos reemplazó el marido de la profesora. Pero este comenzó a penetrarla con los dedos y luego con su polla.

Mientras tanto la profesora le lamía y chupaba el glande de la polla del negro que se había llevado. Con una mano además masturbaba al otro negro. Entonces ella sentó al primer negro en un sillón y se metió sola la polla en el culo. Cerró los ojos y se tragó los 30 cm de un solo empujón. Su cuerpo se tensó completamente y ella esbozó una sonrisa entre sus labios. Entonces ordenó al negro que la cogiera de sus piernas y se parase. Así la polla le entraba aún más. Increíblemente la más pequeña de las tres mujeres, las otras dos le sacaban casi una cabeza y eran más macizas, era la única capaz de tragarse semejante polla. Pero no solamente eso. En la posición que estaba quedaba el agujero de su vagina completamente expuesto. Sobre él se abalanzo el otro negro. Entonces, parados los dos le hicieron una doble penetración. Era increíble ver como esa mujer se podía tragar al mismo tiempo semejantes pollas. Las mismas deberían estar desgarrándola completamente. Sin embargo ella parecía feliz, disfrutaba como una loca. Al correrse los dos negros dentro de ella, la profesora tuvo un orgasmo en que momentáneamente se desvaneció. Tras unas convulsiones que parecían un ataque de epilepsia, sus ojos se desorbitaron. Los negros la depositaron en el sillón. Su marido se acercó a ella y ella se abrazó fuertemente a él, dándole un beso en la boca.

Al volver en sí, la profesora se sentía en la gloría, Y María Jesús estaba corroída por la envidia. Había tenido otro orgasmo con la polla del marido de la profesora en su culo, y chupando a dos de los chicos que bañaron nuevamente sus tetas de leche. Tamara seguía siendo el recurso de los que no encontraban lugar en la profesora o en María Jesús.

María Jesús que no soportaba ser el centro de atención dijo que quería más polla por el culo.  Entonces la profesora y el marido se acercaron a ella. La pusieron en cuatro patas y comenzaron a lamerla. Mientras el la penetraba con sus dedos, la profesora hizo que María Jesús le chupase y ensalivase los suyos. Luego tomo el lugar de su marido. La penetró por el culo con tres dedos, los movía en forma de círculo, luego hacía adentro y afuera. Con la otra mano hurgaba en la vagina de María Jesús. Al rato, los cinco dedos estaban dentro del culo. Y con una serie de embestidas, que sacudieron el cuerpo de María Jesús, ambas manos estaban dentro del cuerpo de María Jesús. Los siete hombres miramos el espectáculo. Mientras, nos íbamos pasando a Tamara de uno a otro. María Jesús grito – ¡Me rompes! y la profesora metió su brazo casi hasta el codo en el culo de María Jesús. Al mismo tiempo con la otra mano le pellizcaba el clítoris. María Jesús seguía gritando – ¡Me matas, puta, me revientas toda! Así la profesora la hizó llegar al orgasmo. María Jesús estaba completamente sudada. La profesora tenía su brazo manchado de mierda y sangre del culo de María Jesús. Entonces la cogió de los pelos, le dio vuelta la cabeza y de dijo límpiame con la lengua. Has tenido lo que te mereces puta, cuando aprendas tendrás pollas como yo. Después de que María Jesús le limpiase la mano, ésta con un violento empujón la tiro de espaldas al piso. Entonces se puso en cuclillas sobre la cara de María José y le dijo – puta de mierda estoy tan caliente que me voy a mear. Y le meó en la cara, María Jesús completamente fuera de esa abrió su boca para tragar parte del meo.

Después un agotamiento inmenso se apoderó de María Jesús. Sim embargo, los hombres aún estábamos calientes. Un negro se puso a sodomizar a Tamara. Estaba ya tan fuera de sí que esta vez no reparo en los ruegos de ella y acabo desgarrándola. Después de él el otro negro hizo lo mismo. Las lágrimas brotaban de los ojos de Tamara y la sangre lo hacía de su culo. Por otro lado, la profesora chupaba alternamente mis tetillas y las del mulato. También masajeaba nuestros penes. Así nos puso fuera de sí. Entonces no dijo. A hora les toca hacer de putas. Nos hizo arrodillar junto a ella y nos puso a mamar a su marido junto con ella. Luego se acercaron los otros dos chicos. Entonces ella se quedó con su marido y nosotros pasmos a ocuparnos de los chicos. La situación me calentaba. La verdad es que disfrutaba chupando una polla. Después de un rato, ella nos dijo – ahora los mamare hasta exprimirle las pollas y ustedes sentirán lo que es correrse con una polla en el culo. Sentó a los chicos en el sillón y sin demasiados prolegómenos terminamos ensartados por el culo. Los chicos estaban tan calientes, que repararon en que ramos hombres. Entonces se puso en cuatro y nos mamó a los dos.

Al mismo tiempo su marido la penetraba vaginalmente por detrás.  Así llegamos los seis al orgasmo. Ella abrió la boca y el semen de nosotros dos cayó dentro de ella, luego la cerró para tragar toda la leche.

Luego todos quedamos en una especie de embriaguez y agotamiento. Al rato los cinco hombres se vistieron y se marcharon. Sin antes pagarle los cien euros a Tamara. A María Jesús que estaba en un sillón no podía moverse del dolor le pusieron otros cien euros entre las tetas. A la profesora los negros propusieron darle mil euros. Esta dijo que el que cobraba el dinero era su marido. Entonces los mil euros le fueron entregados a él. Tamara y María Jesús no podían moverse, con lo cual la profesora y su marido las alojaron en sendas habitaciones de invitados. Yo me quede en la casa con ellos. Como permanecimos allí varios días hasta que las dos mujeres se repusieran del todo, termine convertido en el juguete sexual de la profesora y su marido, gozando del placer de follar y ser follado. Esos días fueron el detonante final de mi relación con María Jesús, quien nunca me perdonó que mostrase tan abiertamente mis preferencias por la profesora.

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Ya eres mío. Capítulo I.

INTRODUCCIÓN

(es un poco rollo pero se entiende mejor el primer capítulo que está más abajo)

  • Te repito que no tengo porqué darte explicaciones, no quiero volver a verte por la casa y ya está. A ver si te mete de una vez en la cabeza que hemos cortado. – dijo Elena desde el otro lado de la puerta.
  • Pero, Elena… – dijo Alberto con los ojos húmedos – ¿Cómo puedes decir esto de repente, después de tanto tiempo?
  • Mira, no tengo ganas de seguir hablando con un fracasado como tú. Mañana mismo enviaré tus trastos a casa de tu madre. Por mi parte no quiero volver a verte el pelo. – dijo Elena cerrando la puerta de golpe.

Alberto se dio la vuelta y se marchó por donde había venido. No entendía lo que había ocurrido unos días atrás. Hasta hace poco, él y su novia habían compartido piso en el pueblo de ella, fue una de las condiciones que ella le había impuesto para establecerse, desde el inicio de su relación años atrás. El pueblo era un lugar apartado de cualquier ciudad grande, de interior, rodeado de tierras valdías. Al acabar el instituto, Elena decidió estudiar magisterio en la universidad más cercana, mientras que Alberto se colocó como vendedor de seguros en la misma capital. Aunque esperaron a que Elena terminara la carrera para compartir piso, Alberto era feliz. El pobre no había tenido constancia de un par de flirteos que Elena había tenido con chicos de su clase. Bueno quizás sí que llegó a intuir algo, pero era de carácter tranquilo y sumiso, los explicó como naturales para una bella chica, al dejar el pueblo e ir por primera vez a una gran ciudad.

Y esto es así porque Elena era una verdadera diosa griega. Alta, de aproximadamente 1,74 mts, delgada, con una sorprendente talla 100 de pecho y un culito respingón moldeado por años de ejercicio , la hacía más que apetecible. Desde siempre había llevado su largo pelo negro suelto, liso, dándole un aspecto aún más fiero a sus misteriosos ojos verdes. Elena siempre había cuidado mucho su apariencia, procurando siempre vestir ropa cara y de buena calidad. A pesar de tener tan despampanante cuerpo, era muy discreta y casi nunca dejaba entrever algo, guardándolo como un tesoro oculto bajo. Si no destacaba por las minifaldas o los tops que nunca se ponía, sí que era una maravilla verla en sus zapatos de tacón. Eran su verdadera pasión, casi un fetiche que coleccionaba par a par.

Respecto a su forma de ser, Alberto había ido notando un progresivo cambio. Desde que volvieron al pueblo y se mudaron a vivir juntos, su relación parece que se había ido apagando. Elena había pasado de ser una chica sencilla, quizás algo presumida, a ser una completa ególatra. No le importaba a quien tenía que pisar con tal de cumplir sus deseos. Era caprichosa y se le había ido haciendo difícil pensar en otra persona que no fuera ella misma. Alberto seguía pensando que su cambio de actitud se debía a la influencia de sus amigas del pueblo, en concreto por la influencia de una tal Rafi, una vecina de sus padres. Ambas se habían hecho poco a poco muy amigas, y parecía que Elena había acabado por copiar la forma de ser de su antigua vecina.

Era cierto que él se había ido dejando. Hacía tiempo que no iba al gimnasio y se encontraba fofo, y cansado. Estaba claro que su aspecto no era el mejor para sus 27 años, pero no había hecho nada para remediarlo. Para colmo, Rafi había ido quedando con Elena cada vez más a menudo para salir por la noche con sus amigas. Algunas noches al principio las acompañaba pero después dejó de hacerlo y empezó a quedarse en casa. A diferencia de ella, Alberto no tenía apenas conocidos en el pueblo, habiéndolo dejado todo por irse a vivir con Elena.

Ya en su casa, Alberto comenzó a recordar como se habían desencadenado los acontecimientos de los últimos días. Un día, volviendo de la ciudad, la encontró en la cama con otro. No podía creer que le hubiera podido hacer esto en su propia cama. Elena estaba completamente sudada, a cuatro patas sobre la cama y siendo penetrada por un chaval joven musculoso y desconocido. Pero lo más extraño de todo es que no pararon al verle y Elena en ese momento cuando consiguió correrse, casi en las narices de su querido novio. Nunca la había visto tan excitada y con esa cara, mezcla de placer y malignidad.

  • Pero Elena, ¿qué coño estás haciendo?
  • ¿A ti qué te parece, gilipollas? Follándome a un hombre de verdad…

Todo fue muy rápido. Alberto, no pudo hacer otra cosa que marcharse de la casa con lo que tenía encima puesto. Era en general un hombre tranquilo, y decidió cortar por lo sano. Después del último encuentro de esta mañana en su antigua vivienda no le quedaban ganas de volver a intentar aclarar las cosas con Elena pero todavía la seguía queriendo muchísimo, y había decidido no separarse de ella tan fácilmente a pesar de los cuernos. Todo estaba así cuando al día siguiente recibió una inesperada llamada en la habitación del hostal, que cambió todo y que a continuación nos será contada.

CAPÍTULO 1

  • ¿Alberto? ¿Eres tú? – dijo una voz conocida desde el otro lado
  • Hoooola Elenita… – dije con la voz temblando
  • Sabes perfectamente que no me gusta que me llames así, atontado. – dijo Elena tras una pausa – me he enterado por mis amigas que te has alojado en el hostal y después de hablar con ellas, me han convencido para que te de otra oportunidad…
  • ¿De verdad? – No podía caber en mi gozo, pero estúpidamente no me daba cuenta de que yo no había sido el infiel en esta historia.
  • Pero no creas que todo será como antes. Si realmente estás dispuesto a volver a casa, habrán cambios que deberás de asumir.
  • Claro, lo que quieras. – dije sin pensar
  • Cuando te hayas arreglado un poco, ven a verme. – dijo colgando el teléfono.

Me quedé pensativo con el teléfono en la mano. ¿A qué tipo de cambios se refería? Pero no estaba para pensar, la excitación me podía, y una hora después ya me encontraba con mi mejor aspecto llamando al timbre de mi ex-casa. Elena abrió la puerta mostrando un vestido negro corto y ceñido que se ponía en algunas ocasiones especiales. Llevaba puestos unos zapatos negros de tacón de aguja que yo le había regalado (como casi todos) e iba con el pelo recogido. Sus uñas, pintadas de color negro resaltaban la delicadeza de sus manos y pies. Parecía que sus pechos iban a salirse del vestido, erguidos, jóvenes, hipnotizantes.

  • Siéntate ahí, Alberto. – dijo señalándome el sofá.

Yo obedecí y me senté sin abrir la boca, extasiado por su belleza. Esperaba una charla corta y después un revolcón en la cama. La verdad es que la había perdonado ya y estaba deseando volver a poseerla de nuevo. Pero nada más lejos de la realidad..

  • Mira Alberto, la cosas han ido cada vez de mal en peor. La verdad es que desde hace un tiempo no funcionamos y ya estaba harta de ti. Me había decidido a dejarte, quedándome yo con el coche que compramos juntos y la casa que nos construimos con ayuda de nuestros padres, claro está . Pero mira por donde , Rafi, la que te cae tan mal, me ha dado una solución aún más ventajosa que espero estés dispuesto a aceptar.

Se giró un poco y cogió una carpeta negra que contenía una serie de folios que me entregó en mano.

  • Te recomiendo que lo leas todo muy, pero que muy bien porque una vez lo hayas firmado no habrá vuelta atrás. Además esta será la última oportunidad que te doy.
  • Contrato de esclavitud, sirviente, Ama Helena…¿pero qué locura es esta?

Elena no pudo menos que esbozar una sonrisa…

  • Vamos no te hagas el tonto, sé que esto te gusta.
  • Pero no es lo mismo, una cosa es en la cama y otra muy distinta en la vida real.
  • No te preocupes por nada, Rafi y Nani ya lo han aplicado a su novio y marido respectivamente y les va muy bien, créeme…
  • No me lo puedo creer…
  • Decídete ahora mismo: o te conviertes en mi esclavo y haces todo lo que yo te diga o ya puedes olvidarte de mi. Siempre se necesita alguien para que te limpie la casa y haga las tareas domésticas.

Aunque todo aquello me parecía muy raro, no pude pensar y decidí firmar el contrato. Con una mirada pícara, Elena destapó un bolígrafo con la boca y me lo dejó para firmar. Una vez lo tuvo en la mano, se levantó y me miró directamente a los ojos.

  • Vete al cuarto de baño y ponte la ropa que te he dejado sobre el borde la bañera. Te quiero ver allí, a cuatro patas y con los ojos tapados.

Sin rechistar y con la esperanza de que todo fuera una broma o un juego erótico más, me dejé llevar y me metí en el cuarto de baño. No pude dejar de sorprenderme al ver un juego de corpiño, liguero, tanga, medias y tacones. Todo era de color rosa y negro, y no lo había visto antes por su armario. Una vez me lo puse todo me vi ridículo, toda la ropa sexy de Elena me quedaba pequeña, incluidos los zapatos de tacón. Me puse a cuatro patas y esperé a que me llamara durante unos 15 minutos.

Pero cual sería mi sorpresa cuando me percate de que la puerta se abría y vi a Rafi y a Elena entrar dentro del cuarto y ponerse a hacerme fotos a diestro y siniestro.

  • ¿Pero esto qué es?
  • Tú cállate, guarra. – dijo Rafi sin parar de hacer clics

Tras unos instantes, se marchó por la puerta y abandonó la habitación.

  • Con estas fotos, idiota, me aseguraré de que cumples tu palabra. En cuanto dejes de desobedecerme, las mandaré por email a todos tus conocidos y familiares, y mucha gracia no creo que les vaya a hacer. – dijo sonriendo

Mi primera impresión fue de rabia. Quise tirarme al cuello de ella y obligarla a eliminar las fotos. Pero ya había escuchado la puerta principal cerrarse tras la salida de Rafi. Me tenían atrapado y no pude hacer otra cosa que agachar la cabeza, a cuatro patas como estaba.

  • Así me gusta, cornudín. – dijo Elena acercándose y acariciándome la cabeza – quítate inmeditamente esa ridícula ropa y baja al comedor.

Cuando me hube quitado toda la ropa, bajé al comedor y me quedé erguido ante la figura de Elena, sentada con las piernas cruzadas en el sofá central. Estaba tomando una copa, que saboreaba lentamente. De pronto, crucé mi mirada con la suya, y de un salto, Elena se planto delante mía dándome un bofetón que me hizo temblar.

  • ¿Cómo te atreves a mirarme directamente a los ojos? Seguramente no te ha dado tiempo a leerte bien el contrato que firmaste antes. – dijo comenzando a caminar hacia el sillón de nuevo. – Siempre que estés en presencia de una mujer, por muy joven que sea, tendrás que bajar la mirada como sumisión. ¿Entendiste?
  • Sí, Elena. – una sonrisa diabólica se dibujo en su rostro a escuchar su nombre.
  • A partir de ahora responderás siempre Sí, ama a cualquier mujer que te ordene algo. Como no aprendas rápido juro que lo vas a pasar muy mal…
  • Sí ,ama Elena. – dije yo intimidado
  • Muy bien – dijo ella levantándose del sofá. – Las reglas son muy sencillas, yo mando y tu obedeces. En las clases de ultrafeminismo que recibí en la universidad hicimos algo más que escribir pancartas y leer a Sutton. Allí aprendí que no está bien que un gusano como tu gane más dinero que yo, así que dejarás el trabajo desde hoy. No te preocupes, yo soy ahora la única que lleva los pantalones en esta casa y me ocuparé de ti. – dijo acariciándome la barbilla. – En un principio había pensado que fueras desnudo, sin no ataduras dentro de casa, pero visto lo que paso con el marido de Nani, he reconsiderado mis ideas y voy a ponerte algunas cositas… – dijo mientras cogía una bolsa de encima del sofá.

La vi agacharse y colocarme un par de grilletes de cuero cerrados con un pequeño candado en mis tobillos, no pude evitar comenzar una erección que luego me acarrearía problemas. Lo mismo hizo con mis muñecas y con el cuello:

  • Con este collar vas a estar guapísimo. En el está escrito el nombre de tu dueña, Elena, por si algún día se te olvidara… – dijo riendo.En ese momento sacó un cablecito unido a una especie de goma y un microchip que colocó rápidamente en la base mi pene que se hallaba erguido. Con falta de tacto, tomó una bolsa de hielo que tenía en un cubo cercano y presionó en mi miembro reduciéndolo a la mínima expresión.
  • Sé que eres un pajillero empedernido. Pero esos tiempos ya se acabaron, ahora tomo yo las riendas de tu pene. – dijo empezando a colocar un aparato de castidad masculino. – No tienes ni idea del bien que hace a una pareja la castidad…masculina.

Cuando terminó de colocarlo, pude ver como giraba su mirada hacia arriba desde su altura y sacando la cadenita que le colgaba entre sus abundantes senos me dirigió una palabras acompañadas por una mirada de alegría radiante y poder que nunca podré olvidar:

– Ya eres mío…

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Academia Femdom 1: Secuestro

Corría una brisa fresca en la mañana en que me dirigía a casa de Clara. El cielo estaba despejado y ninguna nube lo empañaba dando buen augurio para un día de playa en su chalet de la costa. Clara era una buena amiga a la cual hacía tiempo que no veía. Habíamos sido compañeros de facultad hacía unos años y allí habíamos forjado amistad, la cual podía haberse transformado en otra relación más seria pero que nunca llegó a cuajar. El motivo de la ruptura había sido mi rechazo ya que, aunque siempre habíamos coqueteado en mayor o menor medida, nunca había llegado a sentir una verdadera atracción por ella, a pesar de que motivos no me faltaban. En el email que había detonado mi actual visita tras años de separación aparecía una foto suya, atestiguando que con 26 años recién cumplidos seguía siendo tan bella como siempre: de un 1’70 aproximadamente, con buena figura curvilínea, pechos generosos y un culito respingón muy deseable. Su pelo era moreno rizado, y su piel tostada por el sol, conjuntando con unos penetrantes ojos verdes. En mi defensa he de decir que cuando recibí su proposición en la universidad, principalmente para tener sexo, me encontraba empezando una relación con Laura, una chica que acababa de conocer.

Según dijo Clara, había estado mucho tiempo esperando a que yo declarara mis intenciones y estaba ansiosa por conocer mi respuesta. No pude hacer otra cosa que negarme ya que tenía esperanzas en mi nueva aventura. No se lo tomó muy bien y decidió desaparecer de mi vida durante unos pocos años hasta hace tres días, invitándome a visitarla en la casa de la playa que tenía a unos 200km. De la ciudad para pasar un fin de semana y escapar del calor que nos atenazaba. Huelga decir que aún hoy en día, continuo con la pareja de entonces, sin embargo las cosas han ido de mal en peor debido a sus celos y habíamos decidido darnos un tiempo para reflexionar. Sin embargo, Laura parecía tener más agobio que dudas y parecía que realmente estaba todo acabado, incluso había vuelto a casa de sus padres. Por ello creí que unos días alejado de aquel ambiente me ayudarían a relajarme y sin pensármelo dos veces recogí mis cosas, desconecté teléfonos y tomé el coche para dirigirme al sur.

Cuando llegué a su chalet, me estaba esperando y me saludó con una sonrisa agitando su mano. Llevaba puesto un vestido cortísimo con transparencias y unas sandalias a juego. El escote remarcaba su talla de sujetador, una 100, a ojo, y dejaba entrever el canalillo que separaba sus pechos. La brisa marina comenzó a soplar de nuevo, haciendo agitar su pelo rizado.

  • ¡Buenos días! Pero que cambiado estás y eso que sólo han pasado unos años. Estás muy guapo.
  • Gracias – dije un poco cortado – te veo con muy buen aspecto. – Dije acercándome a ella y dándole dos besos. Cuando Clara me dio un abrazo pude sentir el intenso olor de su perfume a frutas tropicales, que ya había olvidado.
  • Pero pasa, te voy a enseñar el chalet. – dijo cogiéndome de la mano y llevándome hacia la entrada.

Aunque al principio me la imaginaba con un marido y dos o tres hijos, ella me había dejado claro que nunca se había llegado a casar. Tras salir con dos chicos al terminar los estudios, había encontrado trabajo en la redacción de un periódico local y por lo tanto, ocupaba el antiguo chalet de sus padres, que ya casi no venían nunca. Éste estaba formado por un gran espacio de césped verdinoso, una casa de dos plantas acabada en pico y una piscina en un lateral. Unos muros altísimos separaban el recinto del de sus vecinos. Mi mirada se distrajo al encontrar una caseta de perro grande que parecía recién pintada. Estaba vacía, parecía como si hiciera tiempo que su dueño había desaparecido del lugar. De pronto me acordé del perro de clara. Era un pastor alemán de grandes dimensiones con el que jugábamos por aquel entonces.

  • Se escapó hace ya un tiempo y como no me he visto con fueras para comprar otro, dejé la caseta tal y como estaba.

Le sugerí que me parecía algo extraño que la caseta pareciera tan nueva haciendo tanto tiempo que su dueño faltaba.

  • Quizás pronto me compre otro perro para que me haga compañía, no sabes lo sola que me encuentro algunos días aquí. – Dijo con una sonrisa.

Entramos dentro y me ofreció un café, disponiéndonos a hablar de nuestras vidas. Yo le comenté que actualmente me encontraba sin trabajo y como mi relación con Laura había casi tocado fondo.

  • Yo por mi parte, no me puedo quejar en lo profesional. Trabajo como redactora y cobró un buen sueldo. Sin embargo, a veces noto que la casa se me cae encima, especialmente los fines de semana, antes tenía a Basil para que me hiciera compañía, pero ahora…por otra parte, mis relaciones con los hombres han ido de mal en peor y es que me recriminan que soy demasiado competitiva y mandona en casa y acaban hartándose de mi.
  • No recuerdo haber tenido peleas contigo cuando estábamos en la universidad.
  • Bueno, cariño, eso será porque tú nunca tuviste problemas para amoldarte a mis deseos y siempre fuiste un amigo fiel. – Dijo mirando por la ventana ausente. – Mi trabajo es para mi lo más importante, y no puedo permitir que un par de polvos lo echen por tierra. -Dijo volviéndome a mirar y poniéndose seria. Pude notar como un brillo de enfado en sus ojos había aparecido por unos instantes, pero su sonrisa lo borró a continuación.

Pasaron los dos días y el fin de semana tocaba a su fin. Parecía que habíamos recobrado nuestros tiempos de facultad y que volvíamos a ser uña y carne. Vimos películas juntos y nos tumbamos en la playa para ver luego el atardecer. La noche de sábado, Clara me invitó a salir a una discoteca de la playa, cosa que yo acepté gustoso. He de reconocer que estaba despampanante, maquillada con esmero y con un carmín fuego en sus labios. Llevaba un corto vestido negro que apenas tapaba su ropa interior, dejando entrever algunos encajes de vez en cuando. Esta vez, había vestido un sujetador que realzaba sus ya de por si abundantes senos. El pelo lo llevaba recogido en un tocado que dejaba admirar sus hombros desnudos. Unos zapatos negro vinilo de tacón de unos 8 cm. remataban el modelito, dándole un aspecto despampanante. Nunca la había visto tan atractiva como entonces (antes ella había odiado los zapatos de tacón), el cambio que se había producido en ella me hizo dudar un poco de mis intenciones amistosas, aunque sólo fuera por un instante.

La noche había ido y bien y tras bailar un rato, nos habíamos sentado en un sofá en la zona de copas. Ya habíamos tomado unas cuantas copas y no parábamos de hablar entusiasmados de nuestro primer encuentro en la universidad. De pronto, entre el ruido de la pista de baile Clara aprovechó la oscuridad para sentarse encima mía y comenzar a besarme el cuello. En mi embriaguez me dejé hacer, hasta que me metió la lengua en la boca. Fue como un rayo lo que me iluminó la mente y me hizo retroceder ante su ataque. Tras despegarse un momento, se inclinó y me dijo al oído que estaba caliente y que quería follar.

  • Clara, me parece que has bebido demasiado…sabes que sigo con Laura y que no puedo darte lo que pides.

La mirada de odio volvió otra vez a sus ojos. Automáticamente se despegó de mi y se levantó para recoger las cosas. Su tono de voz había cambiado, desapareciendo toda su dulzura.

  • Vamos, llévame a casa. Quiero dormir y aquí ya no nos queda nada por hacer.

En el camino de regreso no dijo una sola palabra. Cuando abrió la puerta de su casa se giró y me pidió perdón por todo, indicándome que podría dormir en la habitación de su hermana si quería y que ya partiría al día siguiente. Cuando ya iba a subir las escaleras para acostarme me la encontré sentada en el salón principal preparando unas bebidas.

  • Vamos, tómate la última conmigo. Que no haya funcionado no significa que no podamos despedirnos como amigos, ¿no?

Acepté a regañadientes y me senté a su lado. Brindamos por el futuro mirándonos a los ojos. Había un silencio absoluto, los relojes marcaban la medianoche y sólo esperaba terminarme la copa para huir de ese ambiente tan asfixiante. Poco a poco empecé a notar un calor extraño que me hizo marear. Intenté incorporarme pero noté como me faltaban las fuerzas, me mareaba, no podía siquiera emitir palabra alguna. Mis brazos y piernas pesaban mucho y no podía hacer otra cosa que contemplar lo que ocurría a mi alrededor medio drogado.

Al verme en ese estado, Clara sonrió maliciosamente.

  • No creas que he olvidado los dos desplantes que ya me has hecho. Pero no te preocupes, lo tenía todo preparado de antemano. Sabía que te volverías a negar por culpa de esa zorra de Laura, pero ya no te me volverás a escapar.

Clara se levantó y avanzó hacia una cajonera. Sus zapatos de tacón resonaban en el suelo de mármol. En estado semiinconsciente, no podía hacer otra cosa que dejarme llevar. Su culo se movía acompasando sus pasos. Clara volvió y con unas tijeras comenzó a cortar mis pantalones y camisa, y a dejarme completamente desnudo.

  • Esto ya no te va a servir más. – dijo maliciosamente.

A continuación, la oí subir arriba y la vi bajar con mi maleta y mis cosas. Vació todo el contenido de la maleta en la chimenea, la cual se encontraba ya preparada para su uso y le prendió fuego. Poco a poco me iba poniendo nervioso, mi DNI, mi teléfono móvil y otros documentos estaban ardiendo junto a mi ropa para siempre, y no podía ni pestañear. Clara se acercó poco a poco a mi con algo en la mano, que no logré identificar. Se arrodilló justo delante miá y me separó las piernas. Un aparato de castidad de plástico apareció ante mis ojos con horror.

  • Una faceta que tú no conocías de mi es mi pasión por la dominación femenina. Siempre he sido un poco vergonzosa y no me he atrevido a contárselo a nadie. Pero creo que tú eres el candidato ideal para ser mi…primer esclavo. – Dijo mordiéndose el labio carmesí – Antes de colocarte este cinturón de castidad, voy a colocarte otra cosita en su interior. Sólo podrás tocarte cuando yo te deje y del modo que yo diga…después de haberme rechazado dos veces, podré ver como te arrastrarás para pedirme que te deje correrte en mis zapatos de tacón.

A continuación, me colocó una especie de gomilla con un chip en el flácido pene, el cual introdujo en el aparato cerrándolo con una llave que a continuación se colgó del cuello y que reposó entre sus calientes pechos. Seguidamente sacó de una bolsa oscura que se encontraba entre mis piernas y que no había descubierto antes, una serie de tobilleras y muñequeras de cuero negro, con una anilla y un candado que las cerraban y nos las dejaban abrir, colocándomelas una a una. Para finalizar, sacó lo que parecía ser un collar y una correa de perro que me colocó.

  • En esta correa pone tu nombre a partir de ahora, LAMEDOR. Más te vale no intentar quitártela nunca, porque si no, te daré tal paliza que no podrás ni arrastrarte por el suelo.

Se alejó un par de pasos hacia atrás y pareció satisfecha. Colocó los brazos en sus caderas y me dejó a entender que esta situación duraría.

  • Por si no te has dado cuenta, estúpido perro, tu vas a ser el próximo animal que ocupará la caseta del jardín. No te preocupes que ya lo tengo todo preparado para que te instales – dijo con una sonrisa.Poco a poco noté como algunas facultades volvían a mi y comencé a poder mover la lengua aunque no podía ejecutar sonido alguno, era como si mis cuerdas vocales siguieran entumecidas. Clara se sentó tranquilamente y encendió uno de sus cigarros. Al ver como intentaba desesperadamente levantarme, soltó una carcajada. No pude hacer otra cosa que dejarme caer al suelo y ponerme a cuatro patas para intentar sostener mi cuerpo.
  • Así me gusta, veo que vas aprendiendo. Será mejor que te acostumbres porque vas a ser mi perro durante mucho, mucho tiempo. – Dijo expulsando el humo de su boca.Fue tirando poco a poco de su cadena, acercándome más y más a su entrepierna.
  • Para agradecerme el entrenamiento al que voy a someterte y que te haya acogido podrías darme unos besos, ¿no? Vamos, ¡lame los zapatos!

A pesar de encontrarme débil, tenía consciencia de lo que hacía y por nada del mundo iba a humillarme hasta esos extremos. Viendo como me negaba a sacar la lengua, sacó lo que parecía ser una fusta de detrás del sillón. Era negra, de cuero cordado, acabada en una pala cuadrada. De pronto se levantó y empezó a fustigarme por toda la espalda mientras colocaba un tacón en cada mano del suelo para que no intentara escapar. Mi cabeza quedaba entre sus piernas, aprisionada.

  • Así que te has vuelo rebelde, ¿eh? -dijo cuando acabó de darme 10 veces. – ¡lame ahora mismo, perro de mierda! ¡Más vale que sirvas para algo!

Mi espalda estaba ardiendo y a pesar de mi estado, sabía que no tenía otra alternativa que hacer lo que ella me decía. Cuando soltó mi cabeza, fui bajando poco a poco hasta tocar con mis labios sus zapatos que seguían aprisionándome las manos.

  • Así, saca la lengua y embadurna bien los tacones. Esto lo tendrás que hacer cada vez que me veas llegar de la calle a modo de saludo, como una buena mascota, ¡vamos! – grito viendo mi indecisión.

Poco a poco fui sacando la lengua y fui abrillantando sus zapatos manchados de polvo. Clara se relajó un poco y se volvió a acomodar en su silla esta vez con las piernas abiertas. Cuando se cansó de verme humillado, fue tirando poco a poco de la cadena hasta que hizo coincidir mi boca con sus bragas, teniendo su sexo al otro lado del tejido. Desde allí podía sentir su calor y oler sus flujos, los cuales se habían producido por toda la situación, ella amaba el control.

  • Ahora baja mis bragas y demuéstrame que realmente sabes servir a una mujer.

Esta vez no iba a pasar por ello, y debió notarse como me iba retirando poco a poco, porque una mirada de furia me dejó petrificado. Clara tomó un pequeño mando que tenía colgado al cuello junto a la llave y apretó el botón. Una fuerte corriente eléctrica atenazo mi miembro, haciendo que cayera al suelo presa del dolor. Con la punta de su zapato, levantó poco a poco mi cara.

  • Esta es la sorpresa de la que te hablé antes. Más vale que no me decepciones o tendré que utilizarlo más veces. La fusta y el látigo te parecerán caricias al lado de lo que te voy a hacer.

Poco a poco logré incorporándome. Por mis ojos caían lagrimas de impotencia por no poder utilizar la fuerza física contra Clara y poder escaparme, pero estaba claro que no tenía ninguna posibilidad. Hice amago de levantar mis manos para bajar su culotte de encaje piernas abajo, pero una bofetada me paró en seco:

  • Con las manos no, animal. Hazte a la idea de que no las vas a necesitar más para utilizarlas como hasta ahora. Aprende a utilizar tu boca y tu lengua…

Con delicadeza, mordí la parte superior del culotte y ayudado por los movimientos de Clara, fui bajando hasta llegar a sus zapatos. A continuación, ella pegó mi cara con su sexo y se frotó intensamente. Sin otra salida, saque mi lengua e intente hacer el mejor trabajo de toda mi vida, porque viendo las cosas como pintaban, realmente temía por mi seguridad.

  • Eres un perro rebelde, pero pronto todo eso va a cambiar. – dijo Clara mientras yo seguía complaciéndola como podía. – Tengo unas amigas que están interesadas en tu caso y me van a echar una mano para domarte.

En ese momento no entendí a lo que se refería. A pesar de todo lo sucedido, no podía dejar de albergar la esperanza de que todo aquello fuera una mera venganza y de que Clara al día siguiente me dejaría marchar si me “portaba bien”. Cada vez que tocaba su clítoris notaba como se ponía más y más húmeda. Sus piernas me aprisionaban de tal forma que apenas me dejaban respirar, mientras que con la mano libre me asía el pelo, y me empujaba hacia el fondo de su sexo. De pronto se arqueó levemente y comenzó a dejar escapar pequeños gemidos. Ignoro si le había tenido algún orgasmo, pero al rato Clara se levantó, se puso de nuevo el culotte y satisfecha, me sacó al césped. Debido a sus fuertes tirones, no pude hacer otra cosa que acompañarla y dejarme llevar a cuatro patas. Sentía con cada paso, el césped fresco bajo mis manos. Apenas podía sostenerme sobre el suelo y varias veces tropecé, recibiendo varios fustigazos como castigo.

Por fin, llegamos a la caseta de perro, vi como una inscripción con el mismo nombre, LAMEDOR, aparecía en la puerta. Confiada en mi debilidad, soltó la correa y levanto el techo y las paredes de la caseta, dejando a la vista una base de cemento con cuatro argollas.

  • Vamos, LAMEDOR, se bueno y sube aquí arriba.

Para evitar más castigos hice como me ordenaba. Vi como fijaba uno a uno cada uno de los candados de mis extremidades a las argollas de acero, dejándome inmovilizado a cuatro patas. De repente, abrió el bolso y sacó una mordaza de bola, la cual fue colocándome poco a poco.

  • Buen perrito. Todo esto es necesario, porque por si no te has dado cuenta, estás recobrando poco a poco tus facultades. – dijo terminando de poner la mordaza. -Seguramente estás algo confuso y no entiendes nada de lo que ocurre pero lo único que has de saber a partir de ahora es que serás entrenado, domado y esclavizado para convertirte en mi nuevo perro, LAMEDOR. Empiezo a creer lo que dicen de que el hombre es el mejor amigo de la mujer…¿o debería de decir…el perro? – dijo sonriendo maliciosamente.

Con cuidado, volvió a colocar la pieza de la caseta con las paredes y el techo y me sumí en una oscuridad profunda. Sólo notaba su voz en el exterior.

  • Será mejor que duermas, lo que puedas, porque mañana vendrán a buscarte bien temprano para empezar tu entrenamiento. Será mejor que aceptes tu nueva condición de perro y te olvides de tu vida para siempre y más te vale que sea rápido porque no tengo ni una pizca de paciencia.

Escuché la hierba crujir bajo sus tacones y luego de un repiqueteo de estos en el suelo de mármol de la entrada, la puerta se cerró de golpe. Estaba totalmente acobardado, en pocas horas había sido secuestrado y convertido en un simple perro y lo peor de todo era, que no había hecho nada más que comenzar…

FIN PARTE 1

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¿A que sabe la sumisión?

Eran las siete de la mañana y a los pies de la cama trataba de complacer el sueño de mi ama. Llevaba dormida dos horas y tenía miedo que volviera a despertarse. En los últimos días le había costado dormirse, mi labor era sencilla masajes en los pies y en especial en los callos que tenía al final de sus perfectos dedos. Lo había conseguido y no estaba dispuesto a que mi sueño provocara el despertar de mi divina ama. No dormí en toda la noche pero con mis atenciones había logrado que mi dueña consiguiera encadenar tres horas de sueño.

Divina despertó y un giro brusco de sus pies daba a entender que pronto querría bañarse y desayunar. Preparé el baño a la temperatura que más le gusta y prepare sus tostadas ligeramente rayadas. Cuando todo estuvo dispuesto me acerque a cuatro patas al borde de la cama y elle subió dulcemente a mi lomo que no a horcajadas. Me dirigió al baño y me dijo:

Supongo que esta el baño en condiciones. Quédate en la puerta no quiero perros molestando

Esperé. Oía como el agua tropezaba con su piel y salpicaba, como descalza pisoteaba la alfombra del baño. También Oí un chasquido y entendí su significado. Recogí su bata y se la preparé, de nuevo me puse a cuatro patas y la lleve a la cocina. Al llegar me dio una bofetada, creo que algún vaso no estaba del todo limpio o tal vez el agua de la bañera no estaba en condiciones. Debo estudiarlo detenidamente, más tarde me lo preguntará y si no acierto tendré el castigo oportuno. Para los castigos mi ama es muy concienzuda sabe darme o no darme lo que realmente vaya a molestarme sin que mi condición sumisa me permita beneficiarme del castigo.

Permanecía agachado a su lado a la espera de sus ordenes, de vez en cuando se derramaban algunas sobras al suelo unas veces por atención a su esclavo y otras porque caían de su boca, todas debía recogerlas del suelo con la boca. Este fue un día de suerte ya que mi ama no se termino su tazón y puede tomar algo de leche revuelto con migas de pan, mi señora gusta de hacer gachas en la leche.

Fregué los platos, recogí la cocina. Mientras mi ama leía. Fui a por el periódico y alguna revista. Divina se enoja cuando no tiene lectura y la novela que leía estaba a punto de terminar. Me vestí y tapé mi collar con un pañuelo. Mis vecinos sonríen al verme con el pañuelo, les sonrío. Compré también lo que mi ama sugirió le gustaría comer. Lo hace durante el día anterior en forma de clave debo estar atento y saber descifrar sus apetencias. Ayer durante una película de Ganster, dijo:

-Que bien comen estos Italianos, verdad perro.

-Guau.

Creo que en la escena la comida eran spaguetti a la boloñesa, no lo pude ver bien ya que estaba de espaldas a la tele, me encontraba masageando sus cayos. Esta tarde lo sabré, cuando después de comer me acaricie el lomo o tire de mi correa y me sacuda un bofetón. Es una estupenda adiestradora y sabe despertar mi atención. Todo lo que se se lo debo a mi Diosa.

Llegue a casa y bese los pies de mi Ama, ella no dijo nada. Empecé mis tareas. El Baño, la cocina y la comida. Cuando terminé me acurruqué a los pies de mi ama, ella siguió leyendo algunos cotilleos. Sus acertados comentarios me acercaban a la prensa rosa, una Duquesa de avanzada edad se acababa de casar y este acto colmaban las páginas de las revistas del corazón.

Estaba a punto de empezar el sueño del borrego cuando note un suave tirón. Mi ama estaba vestida y me dijo:

Perro holgazán hoy no has hecho ejercicio ni tus necesidades. Levanta el culo que nos vamos.

Si mi ama

y zas guantazo. No recordé que cuando el tratamiento de mi ama hacia mi es de perro debo ladrar.

Guau.

Cogimos el coche y nos fuimos a un descampado algo solitario. Mi ama no le gusta que nuestros juegos sean públicos y por eso al salir tratamos de ser discretos. Al llegar jugueteo conmigo lanzándome una pelota. Después de jugar un rato y de mear y cagar bajo un árbol volvemos a casa.

Le sirvo la comida a mi dulce Ama y parece que no le desagrada. Creo que acerté en el menú. Mi Diosa se dispone a comer:

Perro no molestes, fuera de aquí .

y me da un puntapiés. A cuatro patas desaparezco y salgo a la terraza. Desde allí puedo oír su chasquido para cambiar los platos. Al terminar mi Justa Diosa cogiéndome de la barbilla, me dice:

Perrito cocinero veo que ayer estuviste atento. Si, para hoy quería Spaguetti a la boloñesa, lo ves cuando te esmeras sabes complacerme. Esta noche tendrás tu premio, ahora come los restos,recoge, limpia y te espero en el salón. Así fue.

En el salón mi Dueña estaba recostada viendo la tele. Señaló sus manos y comencé a estirar sus dedos. Alterné ambas manos, pasaron mas de 20 minutos. La dueña de mis sueños me dijo:

También tengo espalda.

Empecé un masaje a lo largo de hombros y espalda. Rascaba, acariciaba y besaba. A mi hermosa Ama le entró sueño y el sofá no le era suficientemente cómodo, me dispuse como un caballo y monto hasta el dormitorio. Allí señalo los cayos de sus pies y comencé su masaje. Vi como al cabo de una hora estaba dormida, de su boca salía un precioso y suave sonido. Aproveché y dormí también. Despertó y no me vio chupando sus pies, acto que tanto le relaja. Con sus dos pies me dio una fuerte patada, caí al suelo rodé y desperté.

¡Inútil, vago y estudido perro!. Hogazan no te mereces mi protección, hoy mismo te abandono desnudo en una gasolinera.

No era una amenaza fue un hecho, minutos después aparcó el coche en una gasolinera que estaba a dos kilometros de casa y me dijo.

¡Fuera Perro bobo! No quiero verte más.

En la gasolinera sólo y desnudo sabia lo que me esperaba. Busque las calles menos transitadas y conseguí llegar a casa sin toparme con autoridad alguna. Una vecina mayor se quedó mirándome.

Traté de saludarla como si la situación fuera de lo más normal:

Hola vecina

No contestó, frunció el ceño y me siguió con la mirad, no se si exactamente me miraba el culo o la espalda. Subí por el ascensor y entré en la casa me arrastré a sus pies, le supliqué como lo hacen los perros sumisos, besé sus pies y le juraba que no volvería a comportarme como un holgazán.

Mi Ama en principio me apartaba con su pié aunque por fin permitió que le besara sus pies. Me llenó de satisfacción su perdón. Y no sería la única buena noticia de la noche. Puso una película y se dispuso a verla mientras indicaba sutilmente lo que quería. Un masaje a veces en los pies otras en las manos o espalda, un vaso de agua, algunos caramelos. Me lo decía con una mirada un sonido o una indicación. Eran muchos años y conocía sus apetencias con solo mirarla.

Al terminar la película. Me cogió por la barbilla y me dijo:

Perrito, ¿recuerdas que esta mañana te prometí un premio?

Guau.

Se quitó el pantalón del pijama, la lencería y se recostó plácidamente. Me sorpresa fue enorme cuando descubrí que esa noche me iba a permitir acariciar su santuario. Así lo hice siguiendo sus indicaciones, mi lengua se movía como ella disponía unas veces se movía de arriba a bajo otras chupaba y la mayoría de las veces se movía rápidamente. Así estuvimos mas de una hora. Yo estaba muy excitado. Me miro de arriba abajo y me permitió correrme con sus pies. Me restregué como un perro en celo mientras ella movía su pie para facilitarme el Orgasmo. Me derramé y agradecido besé sus pies.

La noche había terminado como hacía mas de un mes no terminaba, con mi sexo flácido. Le llevé al baño y luego al cuarto. Allí me miro y me dijo.

perrito esta noche quiero dormir sola vete al salón y puedes dormir en el sofá.

Le besé el pié y dormí plácidamente en el salón.

Esclavo de sus sueños.

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Cornu2 (1ª historia)

Cornu2 será una serie de historias narradas en plan guión cinematográfico, muy visuales, que nos presentarán escenas de dominación femenina sobre sus pobres maridos cornudos. Espero que las disfrutéis.

I Historia. Patricia y Mario.

Escena I

Vemos a una mujer joven, de unos veinticinco años, delgada, no muy alta, con cuerpo de muñequita, que está mirándose en el espejo. Se parece mucho a la actriz porno Jenna Haze, con esa cara afilada de niña mala, ese tipo de cuerpecito irresistible, las mismas piernas finas y delicadas. Está probándose vestidos, todos muy cortos. Parece que le gusta uno de color fucsia con amarre en la espalda y transparencia en la cintura. Comprobamos que se entrevé su ombligo y su abdomen liso y firme bajo el panel de red.

―¡Mario! ¿Vienes por favor?

Mario es su marido. No tarda en llegar, con su delantal y la cara de imbécil. Parece que estaba realizando tareas del hogar.

―¿Si cariño?

―¿Me traes las pantimedias color carne que me compraste ayer, las caras? Ah, y tráeme también los tacones fucsia de puntera abierta. Rápido que no tengo toda la noche.

Mario asiente como un criado y corre rápido al armario. Busca entre los infinitos pares de zapatos que pueblan el interior del armario y coge los fucsia que pide su mujer. Vuelve corriendo al dormitorio y saca un cartón cuadrado de uno de los cajones del sinfonier negro con tiradores plateados: las pantimedias envueltas aún en su envoltorio.

―Pónmelas anda ―dice ella mientras se sienta sobre la cama y eleva uno de sus pies de princesa. Se ve que es una amante de la pedicura más refinada.

Él se le acerca con los tacones y se dispone a ponerle uno. Ella reacciona con enfado y le propina una bofetada sonora a su marido.

―¡Idiota! ¡Primero las pantimedias! ¡No sirves para nada!

Él asiente disculpándose y abre el envoltorio. Las pantimedias son unas bronceadas de 20 deniers, reforzadas por arriba, con costura en la entrepierna y puente de algodón en forma de rombo. Las extiende y se las coloca a su mujer. Primero una pierna y luego otra, despacio, para no hacerle ninguna carrera. Ella se incorpora y se levanta el vestido. No lleva braguitas. Vemos que está depilada al estilo brasileño, o sea, cero vello. Su marido le sube las pantimedias hasta la cintura y se las alisa. Le quedan perfectas. Al girarse vemos que tiene el culo ideal, con ese hueco en forma de corazón justo entre el sexo y el nacimiento de los muslos. Se le puede ver el coño desde atrás sin la necesidad de que se incline hacia delante. Aunque está cubierto por ese irresistible rombo de algodón de las pantimedias.

―Estás preciosa.

―Lo sé. Anda, colócame los tacones que llego tarde.

―¿Cuándo volverás?

―Llegaré a la hora que me de la gana, cornudo ―dice ella dándole un golpe seco en la cabeza―. Si fueras un hombre, no tendría que salir por ahí a buscarme una polla de verdad que me folle en condiciones. ¿No te da vergüenza que seas incapaz de satisfacerme?

―Sí, lo sé, lo siento mucho.

―Venga, levanta y termina de fregar los platos.

Mario se levanta y se va a la cocina, mientras ella se termina de peinar y dar los últimos retoques a su maquillaje. Se echa varias gotas de perfume y sale del cuarto. El brillo de las pantimedias le da un aspecto muy sexy. Sus pies metidos en esos taconazos, los deditos abriéndose paso por la puntera, el vestido que apenas oculta la línea de demarcación de las pantimedias con cada leve movimientos… Ese culito que se mueve con descaro. Parece que está a punto de partirse, por su aspecto frágil y delicado, un espectáculo, vamos.

―¿Patri, dónde vas?

―A un club nuevo que se llama “La novia de Cucky”. Hay muchos chulazos, negros, latinos, la crema de los corneadores, nene. Si te portas bien, un día vendrás conmigo.

Ella le da un beso en la mejilla y sale de la casa.

Escena II.

El dormitorio está a oscuras. Son las cuatro y media de la madrugada. Mario está durmiendo en la cama. De pronto se oye la puerta de entrada de abrirse. Hay risas. Es su mujer que viene con algún tío. Ella lanza un gritito de entusiasmo. La voz del hombre es grave y poderosa. Le dice algo de que está muy cachondo, pero no se oye muy bien. De pronto entran en el dormitorio de matrimonio y se enciende la luz. Patricia está algo bebida, se nota al caminar, cómo se tambalea. La acompaña un negro de metro noventa, de rostro curtido, guapo, de ojos claros. Viste una camiseta ajustada de mangas cortas que le marca un cuerpo musculoso. Sus brazos son dos troncos robustos con bíceps como globos. Ella se vuelve hacia él y le besa. Se mordisquean los labios, se chupan las lenguas, se lamen. Se están literalmente comiendo la boca uno a otro. El negro la toquetea a su antojo. Tiene una mano tan grande que le cubre casi el culito entero cuando se lo manosea. Patricia parece una muñeca de porcelana en manos de un gorila. Ambos están que arden.

―¿Cariñito? ¿Estás dormido?

―Mmm.

―¿Cariñito? Hola. Anda, despiértate que vas a ver lo que es un hombre.

Él se hace el remolón, pero en realidad lleva despierto desde que entraron, escuchando cómo luchan sus lenguas, como burbujea la saliva en sus bocas. Mario se incorpora y mira la escena. Su mujer besando y dándole pequeños bocaditos a los gruesos labios de un negrazo impresionante.

―¿Éste es tu marido?

―Sí, pero tranquilo. Es inofensivo. Quiero enseñarle por qué no follo más con él ―dice Patricia, acercándose al oído del negro―. La tiene muy pequeña.

El negro se ríe. Le divierte la situación. Patricia se arrodilla y le desabrocha al negro los vaqueros. Los calzoncillos son unos boxers blancos ajustados de Emporio Armani. Parece que tiene una herramienta de infarto. Patri mira a su marido sonriendo.

―¿Estás preparado para ver una polla de verdad, cariño?

Le baja los calzoncillos. El negro tiene un pollón como un calabacín gordo y grande, rodeado de un ramaje de venas. Al estar tan cerca de la cara de Patricia comprobamos que la desproporción de su miembro es imponente. A Mario se le abren los ojos como platos, está en estado de shock.

―Vamos, putita. Chúpamela bien, que vea tu marido lo aplicada que eres.

Incluso a Patricia, harta de ver pollazos, le impresiona el calibre que gasta el negro. Abre la boquita y se mete solo una porción del glande. No le cabe entera, imposible. La imagen no tiene desperdicio: ella vestida así de sexy, con sus piernas bronceadas, los taconazos de vértigo, su minivestido de furcia barata, clavada de rodillas, tratando de engullir ese embutido de carne sin poder, mientras el negro se quita la camiseta, mostrando un torso tatuado, musculoso, fuerte y al fondo el marido, arrinconado encima de la cama, a pocos metros del show, protegiéndose con la almohada, asustado.

―Mira, cariño, ¿ves? ―dice Patri con la polla del negro en la mano, agitándola―. ¡Esto es un polla! ¿Ves? Vamos, ven, acércate y bájate los pantalones, venga. Quiero que veas bien la diferencia.

Mario se acerca gateando y se baja los pantalones del pijama, muy obediente. Se quita los calzoncillos blancos de algodón baratos y deja a la vista una pichita blanca, flácida y no más grande que un dedo meñique.

―¡Joder! ¿Cómo te has podido casar con eso, tía? ―exclama el negro, riéndose a carcajadas y señalando el diminuto pene de Mario.

Ella también se ríe y coge ambos miembros con las manos. Primero mira el de su marido, como un pequeño gusano tímido entre sus dedos, y luego gira la cabeza y ve la pedazo de polla del negro.

―¿Ves a lo que me refiero con lo que no me satisfaces? ¿Lo entiendes ahora?

―Sí, lo veo, lo veo, cariño. Te comprendo perfectamente.

El negro se está partiendo de risa. No puede creer lo patético que es ese cornudo. Patricia desprecia con un ademán la presencia de su marido y sigue chupándole el pollón al macho. El negro la está cogiendo de los pelos, obligándola a mamar más rápido.

―Eso puta, abre bien esa boca sucia que tienes. ¿Ves cómo te cabe casi entera? Mmmmm, tiene buena boca la zorra de tu mujer, mírala. A pocas le entra tanto, mierda. ¿Te gustaría sujetarle la cabeza, cornudo? Ven.

El marido se acerca y agarra la cabeza de su mujer. La desliza hacia delante y hacia atrás. El negro se queda quieto, y deja que el cornudo siga el ritmo de la mamada. Se echa hacia atrás, está disfrutando de lo lindo. Patricia se queja de gusto cada vez que el pollón le llega hasta el fondo de la garganta. Es una escena humillante.

Acto seguido, el negro se cansa de tanta mamada y coge a Patri por los aires y la lanza a la cama como si fuera un montón de basura.

―Me trata como a su puta. ¿No vas a hacer nada al respecto? Eres mi marido, cielo, tienes que defenderme ―ríe Patri mientras se retuerce como una gata.

Mario con la cabeza agachada se aparta y se pone a un lado. Patricia se abre de piernas y el negro se pone de rodillas frente a ella. Como a cámara lenta, primero le frota el clítoris con la punta de la estaca por encima de las pantimedias, luego se la mete un poco, presionando el rombo de algodón que cada vez está más húmedo, luego otra vez le acaricia los labios con la polla  y se la vuelve a meter, esta vez un poco más, empujando las medias hacia dentro. Patricia gime cada vez que la siente, tan grande, tan gorda. El negro se dispone a quitarle las pantimedias.

―¡No! ¡No me las quites! Rómpelas un poco, pero fóllame con las pantimedias puestas, por favor, me pone mucho ―ruega Patricia mientras mira de reojo a su marido que es un fetichista de la lencería femenina―. Qué lástima, pobrecito, con lo que te gusta que me ponga pantimedias en la cama y nunca quiero, ¿verdad? Y ahora mira a este cabronazo negro, disfrutando de tu fantasía, aprovechándose de mí, haciéndome lo que le da la gana, delante tuya.

El negro se acerca y se detiene un poco en comerle el coño a Patricia. A ella le vuelve loca sentir la lengua desgastándole el puente de la costura de las pantimedias con tanta fuerza, con tanta brutalidad. Por fin el negro decide romperle la lycra y abre con sus poderosos dedos un agujero que deja a la vista el coño depilado y rosado de Patricia. Ahora la lengua del negro vuelve a la carga con unos lametazos impresionantes. De vez en cuando se detiene y le escupe en el clítoris, humillándolo, maltratándolo. Patri grita de gusto. Sus quejidos son agudos como los de una colegiala.
―¡Qué bien me lo come! ¡Joder, Mario! ¡Este tío es una máquina con la lengua! ¡Ni te lo imaginas! ¡Ahhhh! ¡Mmmm! ¡Cómo me está comiendo el coño, el muy cabrón! ―Patricia mira directamente a su marido mientras abre las piernas todo lo que puede, totalmente entregada―. ¿Por qué no sabes comérmelo así? ¡Dime! ¿Por qué?
El negro sonríe mientras sigue fustigando con su lengua el clítoris de Patricia. Los gritos de gozo están llegando a ser escandalosos.
―Cariño, por favor. No grites tanto, los vecinos, por favor ―dice Mario con las manos en posición de rezo, suplicante.
―¡Cállate imbécil! ¡Te da miedo que sepan lo cornudo que eres! ¿Es eso? ¡Mira y aprende! ¡Eso es lo que tienes que hacer!
El negro aparta la cabeza de la entrepierna de Patri y arrastra el cuerpo de ella hacia él, para poder clavársela con comodidad. Coloca una almohada bajo la zona lumbar de ella para que las caderas estén en una posición más alta y empieza a metérsela despacio. Ella gira los ojos y los deja en blanco cuando la polla del negro se abre paso en su interior. El contraste es delicioso. Ella tan delgadita, tan mona, con sus exquisitas piernas tostadas y suaves dejando que la rompa esa manquera de venas, negra e insultantemente grande. El negro lame los taconazos fucsia mientras mueve sus caderas con movimientos expertos. El brillo de las pantimedias sobre los músculos marrón chocolate le imprime a la escena un aire “high class” de porno glamouroso. Además, la decoración del dormitorio entre vintage y moderno, con mucho colores negros, papel sexy en la cabecera, lámpara de araña también negra, hace que todo sea mucho más erótico, de sexo lujoso, perversión sofisticada.

―¡Fóllame bien, vamos ! ¡Méteme ese pollazo negro hasta el fondo! ¡Fuerte que no me rompo! ¡Vuélveme loca! ¡Síííííííííííííííí!

Las nalgas bien formadas y musculosas del negro se contraen cada vez que ataladra el frágil cuerpecito de ella. Es tan grande, tan fuerte, la está jodiendo bien a la muy puta. Vemos que la ancha espalda del negro está tatuada con un águila con las alas extendidas. El sudor está perlando su piel de chocolate.

―¡Te voy a machacar ese coño blanquito que tienes pedazo de perra! ¡Te vas a acordar de mí mientras vivas, puta! ¡Puta de mierda, abre esas piernas bien abiertas!

―¡Joder! ¡Mario! ¿Te gusta ver cómo me folla un hombre? ¿Verdad? ¿Te pone? Y además me está follando a pelo, nene… ¿No te pone cachondo pensar que me deje embarazada? ¿Qué pensarían de ti al ver que tienes un hijo negrito? Seguro que serías un padrazo, ¿eh cornudo? ¡Un padrazo de primera!

Mientras Patricia sigue humillando a su marido verbalmente, las posturas van sucediéndose una detrás de otra. El negro es un follador profesional. Primero se la está tirando en posición profunda: ella con las piernas en alto, apoyadas encima de los hombros redondeados y poderosos del negro, mientras él deja caer su cuerpazo con fuertes y rudos golpes de caderas, taladrándola hasta lo más hondo. Ahora el negro le da la vuelta como a una muñeca de trapo y la pone boca abajo. Le flexiona una pierna al costado mientras se la folla de rodillas por detrás. El negro parece un toro bravo, con los huevos gordos y grandes balanceándose como dos cocos. Esa postura parece enloquecer a Patri, ya que le permite notar el clítoris rozar constantemente con las pantimedias y con sus labios. Al cabo del rato, el negro decide acostarse boca arriba y dejar que ella se siente sobre su verga. Patri está cabalgando mientras le araña los pectorales de acero al cabronazo del negro. Salta sobre él como loca, sacudiendo su melena con rabia mientras deja que se le empale la estaca hasta el estómago.

―¡Me matas! ¡Dios mío! ¡Me estás destrozandooooo!

Patricia se está sacudiendo como si le estuvieran dando descargas eléctricas.

―¡Cariño! ¿Qué te pasa? ―le pregunta asustado Mario.

Ella sacude la cabeza de un lado a otro y abre la boca pidiendo aire. De pronto estalla de placer.

―¡ME VOY, ME VOY, DIOSSS, ME VIENEEEE, ME VIENEEEEE! ¡AAAARGHHHHHH!

El negro le saca la polla y le frota el clítoris con la mano derecha. Un chorro de meado y secreción glandular brota como una fuente del coño de Patricia. Ella se agita como una posesa mientras el líquido moja el torso del negro a quien parece excitarle mucho.

―¿Ves cómo se corre tu mujer? ¡Como una perra, joder!

―Cariño, ha sido inexplicable. Nunca me había corrido así, mierda. Este tío es una pasada, una pasada ―jadea Patri volviendo la cabeza hacia Mario, con todos los pelos en la cara.

El negro está como fuera de sí, está caliente perdido. Coge a Patricia en vuelo y la pone ahora de cuatro mirando hacia su marido. Sin mediar palabra se va abriendo paso por el culo de ella hasta romperlo. Ella grita de dolor mientras se agarra a Mario, quien la sujeta con cariño, preocupado.

―Patri, ¿te duele mucho, cielo? ―le pregunta muy atento el cornudo a su mujer.

―Es un dolor delicioso, nene. El hijo de puta me está dando bien por el culo, joder. Me vuelve loca, me encanta. Ahhhhhh, siiiiii ―le responde Patricia mirando a su marido a los ojos―. Así folla un macho, ¿lo ves Mario? ¿Ves lo que siempre te digo? ¿Por qué no eres así? ¿Por qué no eres así de hombre conmigo?

Los embistes son ahora salvajes. La cama se mueve como si hubiera un terremoto en la habitación. Ella está abrazada a su marido, gritando, encajando, recibiendo toda la caña que le están dando. El negro empuja como loco, fuera de sí, con un movimiento de sierra violento y brutal. Le da cachetes en las nalgas. Le frota el clítoris con una mano mientras con la otra le pellizca los pezones, rudo, muy rudo. Le está partiendo el culo bien partido. Está sudando como un cerdo, apretando los dientes. Ella mete una mano entre las piernas y acaricia los huevos de su macho, los araña con sus uñas largas y cuidadas, propinándole cosquilleos irresistibles a su amante.

―¡¡ME CORRO PUTA, ME CORROOOOO!! ―grita el negro mientras aprieta las caderas.

Ella cierra los ojos extasiada.

―Lo noto, mmmm. Toda su leche, calentita. Me está llenando toda. Mmmm. Vamos, Mario, corre, antes de que me salga. Cómeme el culo, lame con tu lengua las sobras del macho. Así, buen chico. ¡Cómo disfrutas que te ponga los cuernos! Eso, la lengua hasta dentro. ¿Sale la leche? ¡Pruébala! ¡Trágatela!

Mario rebaña con su lengua todo el semen que rebosa del ojete dilatado de su mujer.

―¿A qué sabe, Mario? ¡Dilo bien alto!

―A hombre, cielito, sabe a hombre.

―Así me gusta, cornudín. Y ahora dale las gracias a este macho por follarme como tú jamás podrías. ¡Venga que te oiga!

Mario se gira, tiene restos de semen alrededor de la boca. Mira al negro con timidez.

―Gracias, gracias por follarse a mi mujer, señor. Yo no puedo hacerlo así de bien y ella se lo merece.

El negro está riéndose mientras asiente.

―Joder, cornudo. Dilo otra vez, que me la estás poniendo dura otra vez. Ven puta, chúpame la polla un rato más mientras tu marido me vuelve a dar las gracias. Esto me pone, joder. Me pone berraco. Por cierto, ¿no se puede poner tu marido un vestidito de criada o algo? Mmmm, sería cojonudo.

―Ay, siiiiii. Qué divertido. Corre a la cocina y ponte el delantal rosa, puedes ponerte una felpa de encaje blanca, jajajaja, siiii. Venga, cielito, hazlo por mí.

La cosa parece que no ha terminado, que solo acaba de empezar…

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